Revista Electrónica de Salud y Mujer
    Noviembre 2010  
   
 
  Noticia breve: El trasplante renal de donante vivo tiene más ventajas para el paciente
   
portada RESYM
  En nuestro país se realizan al año más de 200 trasplantes renales de donante vivo, lo que supone un 12% de todos los trasplantes de este órgano. Es una cifra que ha ido en ascenso en los últimos años, pero que debería, según los especialistas, superar el 15% de todos los trasplantes el próximo año, "porque es una auténtica necesidad. Aunque somos líderes en trasplante de fallecido, hay que mejorar porque sigue habiendo muchos pacientes que no se pueden trasplantar a corto plazo", ha señalado el doctor Pascual, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital del Mar de Barcelona y vocal de Junta Directiva de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), en el XL Congreso de Nefrología.

"Mientras en otros países, como los nórdicos y EEUU, el trasplante de donante vivo era esencial para mantener un número adecuado de donantes para trasplantes -ha señalado- en España se pensó, erróneamente, que no era necesario incrementar el número de donantes vivos, pues la cantidad de órganos de personas fallecidas era muy importante. Hoy, se ha demostrado que sí necesitábamos hacerlo, y la sociedad ha respondido en consecuencia".

Actualmente el tiempo de espera medio para trasplante en España para pacientes con enfermedad renal se sitúa en 2 ó 3 años.

El riñón de un paciente vivo tiene, por lo general, una mejor calidad de la que presenta el de paciente fallecido, ya que los donantes vivos pasan por ser una muestra especialmente caracterizada por su buen estado de salud. A largo plazo, 20 ó 25 años después de la donación, la mortalidad de estas personas es incluso inferior a la de la población general.

En cuanto a las ventajas derivadas del trasplante de vivo, el doctor Pascual señala que "el riñón está en mejor condición y, para el receptor, la cirugía y el postoperatorio son más favorables que con un donante fallecido. Sobre todo, está en mejores condiciones en el corto plazo. Es excepcional el riñón que tarda días en funcionar cuando el órgano es de un donante vivo; en cambio, cuando es un riñón de un donante fallecido, el 40% no funciona al principio, y hay que esperar una serie de días para que ese riñón empiece a desarrollar su labor. Esto no condiciona la supervivencia a largo plazo, pero sí dificulta el manejo y hace que la morbilidad en el receptor a veces sea algo mayor".

En cuanto al seguimiento de los receptores, durante toda la primera etapa, que abarca el primer mes tras la operación, en la donación de vivo es mucho más favorable y presenta menos complicaciones, aunque éste, en sí, es similar; se trata un seguimiento muy estrecho, que tiene como fin prevenir el rechazo y las complicaciones inmediatas.

   
 

 

   
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