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El abandono de los hábitos tradicionales de estilo de vida provoca una confusión en nuestros genes que nos hace más vulnerables a las enfermedades cardiovasculares, así lo han señalado expertos en una reunión conjunta celebrada recientemente por La Sección de Cardiología Preventiva y Rehabilitación de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC).
El desorden en los horarios de comidas, dormir pocas horas -lo recomendado es entre 7 y 8 horas-, el exceso de sal -en España se consume una media de 9,8 gramos por persona y día, el doble de lo recomendado por la OMS-, así como otros factores ambientales tales como el disponer de luz las 24 horas del día, provocan un desajuste en el ritmo de nuestros genes que desemboca en un mal funcionamiento de los mismos. El desacoplamiento entre lo que hacemos y lo que nuestra biología está esperando que hagamos en cada momento del día ocasiona un estrés metabólico que favorece la aparición de factores de riesgo cardiovascular, como la diabetes, la inflamación, las dislipidemias y la obesidad.
Según Javier Nieto, catedrático y jefe del departamento de Ciencias de la Salud Poblacional de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin, varios estudios demuestran que privarse de dormir las horas necesarias, acarrea somnolencia y disminución de la actividad física, estimula la aparición de desarreglos hormonales e incrementa la presión arterial y el riesgo de padecer diabetes y obesidad. En muchos casos, estos factores finalmente desembocan en una enfermedad cardiovascular. Señala un estudio poblacional realizado en España, que el 29% de las personas que dormían menos de seis horas diariamente resultaron ser obesos, el doble de los que dormían alrededor de ocho horas.
En cuanto al consumo de sal, 5 gramos diarios recomendado por la OMS, "resulta muy difícil controlarlo diariamente -señala el doctor Juan Manuel Ballesteros, vocal asesor de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición- ya que el 75% proviene de los alimentos, el otro 25% corresponde a la sal de mesa o la que usamos para cocinar, es decir, la que nosotros mismos elegimos añadir". Es por ello que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición ha puesto en marcha un plan de reducción del consumo de sal que contiene dos líneas básicas de actuación: Una dirigida a sensibilizar a la población destacando la importancia no sólo de añadir menos sal en nuestros platos sino también de fijarnos en el etiquetado de los productos; y otra línea, trabajando con la industria alimentaria para lograr reducir en un 20% la sal de los productos en España en un período de cuatro años.
Para José María Ordovás, colaborador científico del CNIC y director del Laboratorio de Genómica y Nutrición de la Universidad de Tufts (Boston), las tres claves básicas en nuestro entorno para prevenir que la estructura de nuestro ADN se altere (Epigenómica) o bien que nuestras mutaciones (Genómica) nos hagan más vulnerables a una enfermedad son: actividad física regular, dieta saludable y estilo de vida mediterráneo.
La Genómica del individuo se define en el momento de la concepción, mientras que la Epigenómica se va estableciendo durante el período fetal. Ambas dependen del ambiente de la madre. Si ésta sufre de estrés, fuma o tiene una alimentación poco saludable, hará que su hijo sea más vulnerable a las enfermedades. Además, el Epigenoma puede variar durante la vida del individuo dependiendo del ambiente al que esté expuesto, lo cual ofrece nuevas oportunidades preventivas y terapéuticas en el ámbito de las enfermedades cardiovasculares. Hasta ahora se han hecho diversas investigaciones Epigenómicas sobre la predisposición a padecer cáncer, pero aún queda mucho por descubrir en cuanto a enfermedades cardiovasculares.
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