« t a as miene i M\M Peeoarlas OFIOINtS: Santa E gracia, 118, 3 . ' A.-MaSrid-3 !j F R A N Q U E O TOMO XXVI N Ú M S . 1-2 'II E N E R O - F E B / í E R O DE 1 9 3 6 1 CONCERTADO ESTA PUBI.I-" EXCLUSIVAMENTE CIENTÍFICA Y DK ÜS BOLETÍN AL. LA Í E V : RECE EL DÍA I . ° O í rosas LOS D FUNDADOR F. GORDO M ORDÁ3 REDACTORES Calvo (Moisés), catedrático de ¡a Escuela de Zaragoza; González (Raf* la Escuela de Madrid; Guijo {Fernando), veterinario militar.; Izquierdo (J López ( C a y e t a n o ) , ir.specto; general veterinario; Medina (Manuel), y e u R o m e r o (Fe!ipe¡, veterinario en Villafranca de la Sierra (Avila); Ruiz iC del Instituto de Biología Animai; S a l a z a r (Alfiedo), i-eterinario militar, T. S veterinario militar. COLABORADORES FIJOS Alvarez (Gabriel), •. rciniegá (Alvaro), directo.- del servicio pecuario d e \"i:::¡ya; Arroyo ( C r e s c e n c i a n o ; , veterinario militar; Calvo (Amando), directo' ,-;-, mata- dero de Oviedo; C a m p u z a n o (Tornái), catedrático de ¡a Escuela de Madrid; C a r d a (Pedro), veterinario militar; Castejón (Rafael), director déla Escueja de Córdoba, Cervera (Lean- dro), médico y veterinario en Barcelona; GaUástegui (Cruz), director de la misión de Galicia; Gargallo (Gerónimo), veterinario militar; GratacÓS (Joaquín), veterinario mu- nicipal de Barcelona; Gutiérrez (Manuel), veterinario en Cerecinos de Campos (Zamora); H e r n á n d e z A l d a b a s (Francisco), veterinario en La Línea (Cádiz»; H o m e d ó s (uuan), del Instituto de Biología Animal; Izquierdo (Amado), veterinario militar; López C o b o s (Fran- cisco), veterinario militar; Martí (Pablo;, inspector provincial veterinario; Martín (Fausto), veterinario er. Terrientes i ferttel); Ocáriz ( J o s é ) , veterinario militar; P a l i a r e s (Eduardo), director del Laboratorio municipal de León; Rodríguez (Tomás), catjdrático en la Escuela d e León; Rof Codina ( J u a n ) , inspector general veterinario: Ruiz F o l g a d o ( J u a n ) ; S a n z E g a ñ a ( C e s á r e o ) , director del Matadero de Madrid; Sierra (Emiliano), inspector provin- cial veterinario; T a p i a s (Santiago), subdirector d é l a Estación Pecuaria Central; Vela (|s|¡- COStrato), director del Matadero d e León; V e l a s c o ¡Nicáforo). veterinario en Valladolid; Vidal ( J o s é ) , del Laboratorio municipal d e Barcelona; Zulueta (Antonio de), profesor de. la Facultad de Ciencias de Madrid. CORRESPONSALES LITERARIOS Cuenta esta revista, para su mejor servicio informativo, con corresponsales literarios en todas las provincias de España, en las posesiones y protectorado de África y en las cuatro Escuelas de Veterinaria, gracias a lo cual puede publicar pronto todas ias noticias de algún interés para ¡a Clase; e igualmente cuenta con referencias directas del extranjero y, sobre todo, de la América Española, donde tenemos buenos y numerosos lectores y simpatizantes IMPRENTA SUC. RUIZ DE LARA - CUENCA 19 3 6 REVISTA DE HIGIENE Y SANIDAD PECUARIAS C o r r e s p o n d e n c i a y Giros: Santa Engracia, 118, 3.° A . M A D R I D - 3 Cuando se desee obtener por correo respuesta a una consulta o recibo de un pago-, se debe enviar un sello de tranta céntimos PRECIOS D E LA SUSCRIPCIÓN ANUAL ESPAÑA, PORTUGAL Y AMÉRICA OTROS PAÍSES Veterinario» . . • . . 2 5 ptaa. Salo la Reviata . . . . . . . . . . . . . 3 0 ptaa Eatudiantas 1 5 fd. Reviata y Boletín 3 5 Id. Únicamente se admiten suscripciones anuales, y éstas han de empezar a contarse siempre desde el mes de enero. Sin embargo, después de comenzada la publicación de un tomo, se pueden hacer suscripciones fraccionarias por trimestres naturales, abonando el sus- criptor cinco pesetas o dos cincuenta (según sea veterinario o estudiante) por cada trimes- tre que falte de pub.icar hasta la terminación del tomo, después de la cual la renovación ha de hacerse precisamente por un año. Se admiten anuncios a precios de tarifa, pero reser- vándonos siempre el derecho de admisión. SUMARIO DE ESTE NÚMERO TRABAJOS ORIGINALES: Julio Morros Sarda — Acción del alcohol sobre la avitaminosis B, pági- na 5; Ernesto López Sánchez.—Contribución al estudio de la bronquitis verminosa del cerdo > página 8; Hilario Helgitera (hijo).—El bacilo B. C. G. considerado genéticamente, p. 13. CRÓ- NICAS E INFORMACIONES: C. Sanz Egaña.—Noticias acerca de la medicina de los animales en la España cristiana de la Edad Media, p . 22; Manuel Sobrino Serrano.— Contribución al conoci- miento de la Patología quirúrgica general comparada, p . 64. NOTAS CLÍNICAS: Manuel Rodrí- guez Garzón —Tratamiento d é l a s encefalitis y meningitis, p. 89; Di. Roberto Roca Soler.—Pa- resias del rumen tratadas por el tártaro estibiado, p. 90; Coriza gangrenoso tratado con sue- ro antiestreptocócico, p . 60, y Trombosis de las arterias pélvicas en un ternero, p. 91. NOTI- CIAS, CONSEJOS Y RECETAS: ¿Cuál deberá ser la ración alimenticia diaria para los perros?, p. q i ; El moquillo canino y la influenza en el hombre, p . 91; Anestesia en el perro por el sodio evipan sódico endovenosamente empleado, p. 92. TRABAIOS TRADUCIDOS: Dr. A. Klbrecht — So_ bre bacteriología según las modernas observaciones e interpretaciones, p . 93. FISIOLOGÍA E HIGIENE, p . 103 a 106. PATOLOGÍA GENERAL Y EXPLORACIÓN CLÍNICA, p . 106. INSPECCIÓN BROMATOLÓ- GICA y POLICÍA SANITARIA, p . 106 a 110. AFECCIONES MÉDICAS Y QUIRÚRGICAS, p. n o a 115. E N - FERMEDADES INFECCIOSAS Y PARASITARIAS, p. 115 a 131. AUTORES YLIBROS: Análisis crítico, p . 131 a 140. Información bibliográfica, p. 140. SUEROS BS^*TOfcir31 VACUNAS Instituto Veterinario Nacional S, A, Alcántara, 65 Teléfono núm. 58074 Dirección telegráfica: INSTITUTO Sección de Inyectables Arecolina Eraotina ^ a ^ e 2 a m P ° ^ a s °^e 1 0 c - c - Pilocarpina f Peseías 3,70 Quinina Veratrina Aceite, alcanforado Pulmonil Areco-Eserina ! Caja de 2 ampollas de 5 c. c. Eserina Pesetas 2 Suero Cagny resetas 2 Cloruro d e Bario, caja d e 6 ampollas. Pesetas 5 C a c a d i l i n a Tónica l^$^m£&g?&á%2 Pesetas 8 Descuento 20 % - Timbre incluido PEDID CATALOGO Y PROSPECTO EXPLICATIVO INSTITUTO VETERINARIO NACIONAL es el LABORATORIO DEL VETERINARIO Biblioteca de Biología Aplicada Dirigida por el profesor PEDRO CARDA Ha aparecido el primer volumen de esta nueva Biblioteca que dirige el profesor don Pedro Carda Gómez Iliiüfiítiiriíni k I«Ü Animales domésticos Versión española de la segunda edición alemana de la obra clásica de NILS HANSSON Indispensable para todo veterinario y ganadero que haya de for- mular racionamientos económicos y de valor nutritivo, adaptado a las tablas más completas que se conocen en materia de equivalencia. PRECIO: 20 PESETAS Los pedidos al traductor don Pedro Carda Gómez: Plaza de las Salesas, 2, pral MADRID. EN PRENSA el segundo volumen de esta Biblioteca DOCTRINA DE LA HERENCIA Obra en la que se recopilan los fundamentos científicos de la genética y de la herencia patológica. Versión española del profesor Pedro Carda, de la segundiec i- ción de esta obra original del profesor doctor JACOB GRAF Veterinarios: Adquirid estas obras de gran utilidad en la práctica Contra la Peste Porci na e infecciones secundarias UN SUERO POTENTE UN VIRUS VIVO UNA BACTERINA COMPLETA • EL SUERO BUFFALO EL VIRUS INSTITUTO Y la BACTERINA que fa- cilita el UTO 1ET9UH MEIQNAL S. A. ALCÁNTARA, 6 5 - MADRID llenan estos requisitos • Pida precios e instrucciones ¡VETERINARIOS! El mejor HIERRO VIZCAÍNO para HERRAJE es el CORTADILLO de CHAPA ACERADA, RELAMIINADA y RECOCIDA, de la Casa l í ORMAZABAL \ C O Ü i dr Bill) Esta casa lo fabrica desde 5 cm. de grueso y 25 mm. de ancho en adelante, en postas a la medida necesaria para una herradura y en tiras hasta un metro de largo. Este cortadillo para horra je es cono- cido en toda España y de consumo exclumiwo en Rloja, Navarra? Aragón, Ba- dajoz (Zafra y Don Benito), üórdoba, Ás- turlas y Galicia, Valiadolid, Bur- gos, Salamanca, Zamora, etc. Su excelente calidad y reducido precio permiten producir herraje a mitad de precio que resulta empleando otros materiales Instituto Veterinario Nacional S. t. MADRID BARCELONA C A C E RES A l c á n t a r a , 65 Vía Layetana, 13 Avenida de A. Lerroux SUEROS VACUNAS INYECTABLES Agujas Termómetros Análisis CUIDADOSA PREPARACIÓN PRECIOS LIMITADOS SERVICIO RÁPIDO EL LABORATORIO DEL VETERINARIO Ciencia Veterinaria por técnicos Veterinarios Telegramas: INSTITUTO "NOGAT" PRODUCTO ESPECIAL M A T A -IRA T A S Las ratas y ratones pueden considerarse, hoy en día, lo mismo desde el pun- to de vista higiénico como en el económico,como los enemigos máa temibles preparaciones para matar y destruir toda clase de ratas y ratones, constituyen- do, con ello, siempre el producto más económico, rápido, fácil y eficaz que se conoce. 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Director: Prof. José Morros ( R E C I B I D O EL l o B E OCTIBRE DE 1935 En la patogenia de la avitaminosis B sabido es el papel primordial que juega el acumulo del ácido láctico, especialmente en el sistema nervioso. En otros lugares (1) (2) (3) (4) nos hemos ocupado de esta retención del ácido lác- tico, mecanismo mediante el cual se engendra su acumulación y hemos citado la bibliografía existente a este respecto. Teniendo presente la serie de cuerpos que se producen en la catabolia de los glícidos, algunos autores se han preguntado también, si la acumulación del ácido láctico no podría ir acompañada de una retención simultánea de otros productos intermediarios. Y así, para Vógt-Moeller (5), Geiger y Rosemberg (6) y Popoviciu y Munteanu (7), aparte del ácido láctico, el metil-glioxal es retenido en mayor proporción en el organismo avitamianósico y podría ser el elemento patogénico primordial del estado carencial B. Recientemente Tompson y Johnson (8) señalan en la sangre de las palomas y ratas carentes en vitamina B cantidades anormalmente elevadas de ácido pirú- vico, fenómeno independiente del estado de inanición que puedan presentar estos animales. La administración de vitamina Bl hizo cesar esta acumulación de ácido pirúvico. Otros investigadores han considerado igualmente si una desviación del me- tabolismo hidrocarbonado en el sentido de una hiperproducción de alcohol en los tejidos no sería un factor patogénico o ejercería, al menos, un efecto perju 6 dicial en el desarrollo d e la avitaminosis B. A este respecto dice Yiale que el alcohol de los tejidos aumenta en medio anaerobio. Experiencias d e Collazo y Morelli (9) demuestran la existencia de un aumento apreciable de alcohol etílico en la sangre de las palomas avitaminadas con arroz. Meyer (10) en 1932 ha intentado explicar las afecciones del sistema nervioso de los alcohólicos como síntomas de avitaminosis B, ya que, inversamente, la pelagra aparece esporádicamente en individuos alcohólicos principalmente. Según Gigon (II), el empapamiento del cuerpo por el alcohol origina un aumento de eliminación de vitamina B por la orina. El efecto acelerante de la fermentación de la orina normal sobre las heces es realmente reforzado cuando añadimos nueva cantidad de orina recogida después de la ingestión de alcohol. Y del hecho de que la orina calentada en el autoclave a 150 o durante dos horas no produce ya un efecto acelerante de la fermentación, se dedujo que las vita- minas eran portadoras de este efecto. Otros autores creen que la vitamina B se destruye en la orina y que, por otra parte, la ingestión de alcohol no acelera la aparición del beriberi, ni tampoco agrava su curso (Cooper y Yedder, citados por Ragnar Berg) (12). Era, pues, de interés investigar cómo reaccionan experimentalmente los ani- males en avitaminosis B por la saturación de alcohol, si se presentarían más pre- cozmente los síntomas de la enfermedad, y lo cual estaría de acuerdo con la hipótesis de que el alcohol conduce a la desimpregnación de la vitamina B. En este sentido Meyer (13), en 1933, repitió sus experimentos en ratas ma- chos adultos, con alimentación vitaminopriva en factor B más agua en un grupo y un 20 por loo de alcohol en otro, y obtuvo una aparición precoz de los sínto- mas del beriberi en los animales a cuya dieta se les adicionó agua, sacando la conclusión de que por la administración del alcohol son conservadas las reser- vas vitamínicas no condicionando en el organismo animal un superconsumo de dicha vitamina Bj, sino que más bien es un elemento ahorrativo que retarda, por el contrario, la aparición d e la avitaminosis Bj. Si se pueden aplicar estos expe- rimentos de las ratas al hombre y se permite comprender las llamadas afeccio- nes nerviosas alcohólicas como avitaminosis B—concluye el autor—no es el 7 alcohol en sí el que origina las llamadas polineuritis alcohólicas, sino que más verosímilmente es la nutrición defectuosa que existe al mismo tiempo. Esta po- dría estar condicionada por causas externas, por ejemplo, sociales, o ser una consecuencia del abuso del alcohol originando una gastritis alcohólica. Más recientemente Galamini (14), por el contrario, saca la impresión de que el alcohol acelera la presentación del ataque de polineuriris. EXPERIENCIAS Revisada la literatura sobre este asunto nos hemos planteado el problema de si el alcohol ejerce, en efecto, una acción retardadora del síndrome polineurí- tico, o si, por el contrario, acelera el cuadro avitaminoso conduciendo antes a la muerte. Sometimos palomas de 300 a 400 gramos de peso a una dieta privada de vi- tamina B. A partir del décimo día de régimen carencial, administramos a ocho de ellas 1 c. c. de alcohol de 96 o por vía oral diariamente. El descenso de peso en relación con las testigos (sometidas solamente a avi- taminosis B) se acentuó ligeramente y los síntomas polineuríticos, diarrea verde, etcétera, aparecieron más precozmente. La muerte tuvo lugar hacia los veintiún días del régimen carencial, mientras las testigos murieron, por término medio, alrededor del veintisiete día. Incluso en algunas de ellas, de fas tratadas con alcohol, la administración de levadura de cerveza inmediatamente de la presen- tación de las crisis no fué capaz de evitar el éxito letal. CONSIDERACIONES Contrariamente a los resultados de Meyer (13), nuestras experiencias son de- mostrativas de que el alcohol acelera el estallido de las crisis polineuríticas. Ahora bien, teniendo en cuenta las lesiones degenerativas existentes en el hígado de los animales en avitaminosis B (congestión pasiva asociada a necro- biosis de las células hepáticas, observado por nosotros, tumefacción turbia (Findlay) (15), degeneración grasa (Emmett y Alien (16), Voegtlin y Lake (17)); infiltración leucocitaria y extravasación de las células sanguíneas, encontrán- dose alrededor de las venas intralobulares áreas d e degeneración grasienta (observado en el hombre por Bernard y Bablet (18); otras alteraciones (Souba (19), Riquier (20), etc.. etc.), y considerando, por otra parte, la acciónjtóxica que el alcohol representa para el organismo, y en especial para el hígado, lógico es admitir que la célula hepática sea tarada en un grado mayor y aminorada nota- blemente su función vitaminopéxica, la vitamina B es peor fijada y utilizada, y, por ende, en los casos hipovitaminósicos se acelere el cuadro de la enfermedad. En este sentido podrían explicarse las afecciones del sistema nervioso (poli- neuritis, mielitis funicular, etc.), de los alcohólicos, hecho ya señalado por otros autores. CONCLUSIONES l.° La administración de alcohol, lejos de retardar, adelanta el cuadro y muerte de las palomas en avitaminosis B. 2° La opinión de que el alcohol es un alimento ahorrativo del factor B no va de acuerdo con nuestras experiencias, considerando, como más probable, la interpretación de los hechos por una modificación más intensa de la célula he- pática por la acción del alcohol que, aparte del agente tóxico que por sí repre- senta para el organismo en general, impide la mejor fijación y utilización de la vitamina B por el ser vivo. BIBLIOGRAFÍA i. MORROS (JULIO).—La Nueva Zootecnia, 193-1, 3, 355. 2. MORROS (JULIO).— «Vitaminas B, y B2 y metabolismo de los hidratos de carbono-. Tesis doctoral, Madrid, 1935. 3. CANO DÍAZ, P.—«Yitaminopatia B experimental en el perro». Tesis doctoral, Madrid, 1934. ^ . 4. COLLAZO, J. A., Y SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, J.—La Medie. Ibera, 1934, 28, S63. 5. YOGT MOELLER, I,—Bioch. Zeits.. 1931, 233, 248. 6. GEIGER, A. URD ROSEMBERG, A.—Klinis. Woch., 1933, 32, 1258. 7. Poroviciu ET MLNTEANU.—Comot- Kend. Soc. Biol., 1934, 115, 897. 8. TOJIPSOX, R. H. S. AND JOHNSON, R. E. Bioch. Jour.. 1935, 29, 694. 9. COLLAZO, J. A.—Rev. Med. Lat. Amer., 1926, 135, 12. 10. MEYER. A.—Schweiz. Med. Woschr. 1932, 1224. 11. GIGON.—Z. exper. Med., 1925, 47, 294; idem, 1925, 45, 655. 12. RAGNAR BERG.—«Vitamine», 2 aufi. 3 und 130. 1927. 13. MEYER, A.—Klinis. Woch., 1933,46, 1811. !4- GAIAMINI, A.—Boíl. Soc. Ital. Biol. Exper., 1934, 9, 33- 15. FINDLAY, G. M.—Journ. Path. and Bact., 1921, 24, 175. 16. EMMETT, A. D. AND ALLSN F. P.—Journ. Biol. Chem , 1920, 41, 53. 17. VOEGTLIN, C. AND LAKE. G. C—Amer. Journ. Physiol., 1919, 47, 558. 18. BERNARD, N. P. ET BABLET, J.—Compt. Rend. Soc. Biol., 1925, 92, 600. 19. SOUBA, A. J.—Amer. Journ Physiol., 1923,64, 181. 20. R1011ER, G. C— Studi sassaresi, 1925, 3, 481. Contribución al estudio de la bronquitis vermi- nosa del cerdo POR Ernesto López Sánchez VETERINARIO Los que nos dedicamos a la especialidad de las enfermedades rojas del cerdo habíamos visto infinidad de veces, al hacer las autopsias, que los pulmo- nes se encontraban invadidos, en más o en menos, de un verme cuyas caracte rísticas coincidían con el Strongyillus paradoxus (Metastrongyllus breveginatus). Desde hace unos quince años, fecha en que por primera vez vimos en los cerdos esta infección parasitaria, hemos reflexionado mucho sobre si estos ani- males podrían o no sucumbir bajo la acción o presencia de dichos vermes. Muy difícil nos ha sido siempre el poder formar un juicio exacto sobre la morbosidad de este parásito, porque, a decir verdad, no habíamos hecho tampoco un estu- dio concreto sobre las enfermedades infecto-contagiosas, y así sucedía que cuando al hacer los análisis para el diagnóstico nos encontrábamos con que los pulmones estaban invadidos por el Strongyllus no supiéramos qué pape atribuir a éste en la causa que hacía enfermar y morir los cerdos de la piara. En esta incertidumbre han transcurrido los años y durante ellos la verminosis se nos presentaba constantemente como un espectro de nuestra profesión. Para averiguar la acción patalógica d e dicho verme hubiese sido preciso el tener conocimiento exacto sobre las enfermedades de la peste y pasterelosis, ya que tanto éstas como la verminosis tienen una sintomatología muy parecida y dan lugar a unas lesiones del pulmón muy confundibles y casi constantes, y, sobre todo, que son perfectamente compatibles de asociación dentro de un 9 mismo paciente; pero como, desgraciadamente, no estábamos todavía en pose- sión de estos conocimientos, de aquí el que cuando en las autopsias nos encon- trábamos inesperadamente con este parásito pulmonar nos quedásemos perple- jos y no supiésemos qué dirección tomar con respecto al tratamiento de la enfermedad que teníamos ante la vista. Pensar solo en la bronquitis verminosa hubiese sido demasiado atrevimiento y más en aquellos tiempos en que las ga- naderías desaparecían casi totalmente a la acción de las enfermedades, y pres- cindir de ella en absoluto cuando en los diagnósticos se confirmaba, acaso no fuese tampoco lo más acertado. Así, en la obscuridad, hemos caminado profesio- nalmente todo el tiempo y así por la falta de luz en la investigación se han sucedido los tropiezos que las adversas circunstancias nos han querido pro- porcionar. Al escribir nuestro pequeño y modesto libro sobre las enfermedades rojas del cerdo, omitimos el consignar todo cuanto teníamos ya averiguado sobre la bronquitis verminosa, porque comprendíamos que al no poder hacer una mono- grafía clara y precisa sobre esta enfermedad parasitaria, sería enturbiar más la complicada sintomatología que el pulmón presenta en relación con las enferme- dades infecto-contagiosas en dicho libro consignadas, y, sobre todo, porque para hacer públicas nuestras notas sobre esta enfermedad hubiésemos deseado que nuestros juicios fuesen corroborados por antelación por personas de mayor autoridad científica en esta materia, como hoy ya lo han sido. La bronquitis verminosa es una enfermedad producida por parásitos anima- les del orden de los nematodos (vermes filiformes) y de la familia de los estron- gílidos. Una de estas variedades es la que ataca al cerdo y se la denomina Strongyllus paraduxus. En las investigaciones que hemos hecho sobre esta enfermedad, nunca he- mos podido transmitirla de cerdo a cerdo, ni aun haciendo ingerir a éstos gran- des cantidades d e vermes aislados y de materia infestante procedente de ani- males atacados. Esto nos obligó a creer que dicha enfermedad sólo es transmi- sible en las condiciones que la naturaleza tiene establecidas para la conservación d e la especie en estos seres inferiores y a afirmarnos más en la idea de que para que se pueda verificar el ciclo evolutivo en toda esta clase de parásitos, es pre- ciso, además del cerdo, la mediación de otras especies de animales, general- mente inferiores, de las cuales son huéspedes durante algún tiempo o por lo menos mientras se verifica alguna de las fases de este ciclo. Últimamente hemos podido conseguir producir la enfermedad en ganado estabulado, haciendo co- mer materia infestante idéntica a la que le sirve de contagio en los campos. El ciclo evolutivo de la bronquitis verminosa del cerdo se verifica de la si- guiente manera: Los vermes contenidos en los cerdos enfermos o simplemente infestados, sin que haya en ellos enfermedad, son expulsados durante los acce- sos de tos directamente por la boca o por los excrementos, ya en forma adulta o ya en huevos; éstos invaden los pastos de las praderas de donde ciertas varie- dades de pequeños caracoles toman dichos huevos, que en forma embrionaria conservan hasta que, comidos los caracoles por los cerdos, vuelven a avivar en ellos de nuevo los embriones para adquirir el estado de filaría y localizarse así en los pulmones después de ganar este sitio desde el estómago a través del sis- ema circulatorio. La acción de los vermes en los pulmones del cerdo es exclusivamente me- cánica y su importancia como patógeno está en relación directa de la cantidad e inversa de la edad de los cerdos atacados, dependiendo de estos dos factores el que unas veces sea completamente inofensivo y otras muy perjudicial a la salud. 10 A d e m á s de su acción mecánica pudiera también el estrongilo ocasionar trastornos de origen nervioso por la excitación que dicho verme puede producir en los animales en sus movimientos dentro de los bronquios y esta excitación parece indicarla ese rechinamiento de dientes que con frecuencia se presenta en los cerdos durante el proceso de esta enfermedad; pero su mayor importan- cia—como acabamos de decir—la tiene en las lesiones que de orden mecánico produce. En el ganado de cerda que está constantemente en régimen de pastoría es muy frecuente esta infección parasitaria, sobre todo en ciertas épocas del año, pero lo que pasa es que no suele ser apercibida porque el ganado, sobre t o d o el adulto, tolera perfectamente este parásito, y únicamente cuando las invasiones del mismo son excesivas es cuando en los cerdos se aprecia un estado de tos y de enflaquecimiento que da la apariencia de haber en la piara una de las e n - fermedades infecciosas de mayor gravedad, aunque sin ocurrir grandes bajas, porque, como ya hemos dicho, sólo son propias del ganado joven. La sintomatología de esta enfermedad tiene muchos puntos de contacto con la de la petse y también con la de la pasterelosis, y en un principio es muy fá- cil el confundirla con éstas, aun después de hechas algunas autopsias y de encontrar el estrongilo en los pulmones, pues puede muy bien existir en el cerdo este parásito y morir de peste o pasterelosis o de cualquier otra enfer- medad. La tos es el síntoma patognomónico de la bronquitis verminosa, pero se da el caso de que esta es otro síntoma constante en la peste y también en algunas de las formas de pasterelosis, y esto produce gran confusión al q u e no esté muy especializado. Sin embargo, aunque comprendemos que es muy difícil el distin- guir una enfermedad de otra por la forma de toser los animales, hay diferencias muy notables entre ellas que nos pueden servir de alguna orientación. Así, por ejemplo, en la peste y pasterelosis la tos suele ser seca, entrecortada, de poca intensidad y producida en pequeño número entre los cerdos de 1» piara, mien- tras que en la bronquitis es algo cavernosa, muy pertinaz y de gran duración, hasta el extremo de que los animales tienen que dejar de andar durante los accesos y, sobre todo, que son casi todos Tos cerdos los que tosen a la vez en algunos momentos, como cuando después del reposo se le hace poner en mo- vimiento. Cuando la bronquitis se presenta en forma grave y produciendo bajas, ya porque el infesto sea grande, o bien porque el ganado atacado sea joven, los enfermos aparecen con temblores y muy encogidos, con la co.la caída y en algu- nos se aprecia el rechinamiento de dientes. A primera vista da la sensación de peste, pero se diferencia de ella en que así como fn ésta los enfermos mueren entre los cuatro y quince días generalmente, en la bronquitis sólo duran un p a r de días y es raro el que muere antes y después de este tiempo. Por otro lado, en la peste no suelen faltar nunca los accidentes, las conjuntivitis y hasta las diarreas, como síntomas predominantes; en cambio en la bronquitis faltan siem- pre estos síntomas. A d e m á s , la forma de evolucionar una y otra enfermedad en las piaras es muy distinta, pues así como en la peste las defunciones aumentan proporcionalmente de un día para otro y a medida que la infección se va gene- ralizando en las piaras, en la verminosis sucede que la proporción de bajas es- aproximadamente igual durante el curso de la enfermedad y no tiene, por lo tanto, ese momento álgido que suelen tener casi todas las enfermedades que se propagan por contagio natural entre los mismos animales. En la peste y en una piara de 300 cerdos, por ejemplo, empiezan muriéndose dos o tres cerdos dia- rios, llega un momento en que esta cifra sube a quince o veinte y hasta más para descender otra vei hasta los dos o tres; y todo este proceso se desenvuelve alre- dedor d e los treinta días. En cambio en la bronquitis verminosa el número d e bajas suele ser constante mientras dura la enfermedad, y esta duración lo mismo puede ser de unos días que de varias semanas y que hasta de meses. De esta manera de evolucionar una y otra enfermedad se deduce el que haya siempre en la peste mucha enfermería y el que en la bronquitis no haya ninguna. Con la pasterelosis pudiera también confundirse la estrongilosis, puesto que las dos tienen en algunas ocasiones una forma de evolución muy parecida y un síntoma bastante común, como es la tos, pero la aparición de los estrongilos en. el pulmón y la carencia absoluta de lesiones de pasterelosis pueden servirnos de orientación para el diagnóstico. En cuanto a lesiones anatomo-patológicas de esta enfermedad poco pode- mos decir, porque únicamente aparece algo alterado el pulmón, y para eso no- siempre con igual intensidad porque depende de que en el mismo surjan com- plicaciones por el desarrollo de gérmenes saprofíticos ante la presencia de los vermes. Cuando la bronquitis aparece de una manera pura o sea sin que la pas- terela ni ningún otro germen haya producido lesiones en los pulmones, éstos se presentan con caracteres tan típicos que a simple vista y sin necesidad de cortes se puede asegurar la existencia d e vermes en el interior de los mismos. El aspecto que ofrecen los pulmones a simple vista es el de verdaderas hemorra- gias, capilares que por transpariencia al interior dan un color más sanguíneo que el de ordinario y sin que se llegue a producir en ellos !a verdadera hepatización Esto en su centro y base pero en cambio en sus bordes y vértices presentan zo- nas naturales con ligero abultamiento y llenas de un líquido claro espumoso. Los estrongilos no perforan nunca el tejido pulmonar como algunos autores señalan, pues sí bien es cierto que en ciertos casos hay verdaderas hepatizacio- nes con focos purulentos y con adherencias a las pleuras no es porque todo ello sea producido directamente por los vermes sino por la acción de agentes secundarios consecutivos a la bronquitis. Al principio de todo proceso los estrongilos se encuentran muy disemina- dos por los bronquios, porque gusta de la libertad de movimientos y percibir el aire de la respiración, pero a medida que se va reduciendo la estancia, por las alteraciones y hemorragias que en ellos provocan, emigran a las últimas ramifi- caciones o sea a los bordes del pulmón, siendo allí donde aparecen formando verdaderos pelotones y al simple corte de bisturí pueden recogerse por cientos con sólo apretar el corte con los dedos. En los puntos alterados podrán encon- trarse huevos o embriones de vermes, pero jamás adultos, porque dichos sitios no son ya su medio favorable de vida y por eso se van corriendo a las partes todavía sanas. El tratamiento curativo de I2 estrongilosis está hoy todavía sin resolver y no tenemos noticias de que alguien haya ensayado algún producto terapéutico con resultados completamente satisfactorios. Como este parásito está fuera del to- rrente circulatorio y fuera de la acción de todos los medicamentos que pudie- ran administrarse por vía gástrica a excepción de los que tienen las propieda- des de eliminarse por los pulmones, se hace muy difícil el empleo de los me- dicamentos específicos más usuales en el tratamiento de todas las enfermedades parasitarias e internas. Únicamente se puede confiar en los medicamentos, que, siendo específicos contra esta clase de vermes, se puedan administrar directa- mente por las vías respiratorias bien por inyecciones traqueales o bien por inhalación. Dadas las condiciones de este parásito que permiten conservarlo durante algún tiempo fuera del organismo animal no parece muy difícil el encontrar un. 12 medicamento que actuando enérgicamente contra la vitalidad del mismo sea tolerada su administración por las vías respiratorias. Pero aun encontrándolo tropezaríamos con el inconveniente grave que existe para tratar esta clase de animales con medicamentos que no sean aplicados por inyección. Con respecto al tratamiento profiláctico de la estrongilosis, los últimos es- tudios que se han hecho consisten en averiguar los terrenos infestados, que por regla general son los húmedos y bajos o sea los más favorables a la vida de toda clase de pequeños moluscos o caracoles y, una vez averiguados, hacer que los cerdos hagan los aprovechamientos de esos terrenos alternativamente por años, para lo cual se dividirán en tres partes y solo se aprovechará una por año, dejando las dos restantes sin introdcir en ellas ninguna clase de ganado receptible. Con estas medidas profilácticas el ciclo evolutivo del estrongilo queda trun- cado, pues al salir éste del caracol en huevo o embrión, por vía natural o muer- te del molusco, y no encontrar otro organismo animal en quien completar dicho ciclo, en un lapso de tiempo mayor del que esos embriones tienen de re- sistencia en vida latente, quedan destruidos por los agentes naturales y mueren. De esta manera quedan asépticos todos los años la parte de terrenos infestados que han de ser aprovechados por los ganados. Si hemos hecho una monografía de esta enfermedad no es por que en sí, o sea como entidad patológica, pueda tener una gran importancia en el ganado de cerda, sino por la desorientación que tanto a los ganaderos como a los vete- rinarios puede producir en muchos casos durante el estudio y tratamiento de las enfermedades infecciosas de esta misma clase de ganado, pues al ser esta enfermedad de bastante frecuencia y tener una sintomatología muy parecida a la de las enfermedades infecciosas y, sobre todo, una compatibilidad completa, pudiera muy bien caerse en un error de diagnóstico y salir mal librada la repu- tación profesional o el prestigio d e los sueros y vacunas empleados con antela- ción en combatir las enfermedades infecciosas. Después de nuestras modestas investigaciones sobre la bronquitis vermino- sa, sacamos la conclusión de que como entidad patológica no tiene importan- cia en el ganado de cerda, cuando este es adulto, pero que en cambio en el ga- nado muy joven puede revestir formas graves cuando la invasión parasitaria es grande y en todos aquellos casos que aun siendo la invasión pequeña coincide con el desarrollo o contagio de cualquiera de las enfermedades infecciosas pro- pias de este mismo ganado Todo cuanto hemos dicho sobre la estrongilosis se refiere al ganado de cerda, pero llamamos la atención sobre esta misma enfermedad del ganado lanar, ya que nos consta que en él tiene a veces mucha más importancia que en el cerdo. Sobre todo en los corderos produce este parásito en algunas ocasiones verdads- ras hecatombes y es una pena que de incógnito haga tantos estragos cuando es así que en muchas naciones amantes de su riqueza ganadera la conocen ya y combaten perfectamente. Véase, pues, por quien sea aficionado a esta clase de g a n a d o o por quien tenga el deber de salir en su defensa en lo que a las enfer- medades concierne si alguna de esas frecuentes morriñas que algunos años suele barrer las piaras de borregos, es producida por el Strungylus filaría o por algún otro de sus distintas variedades. 13 El bacilo B. C. Q. considerado genéticamente POR Hilario Helguera (hijo) Es sabido que uno de los más eminentes bacteriologistas, gloria imperece- dera de la Francia científica y de la humanidad, el profesor A. Calmette, hace un tiempo que lanzó al mundo la vacuna antituberculosa, de que fuera autor en colaboración con el profesor Guerin, asegurando su eficacia para prevenir ala maldita y destructora tuberculosis. Naturalmente que el sabio tisiólogo Calmette, que hoy duerme el sueño helado de la tumba, se extinguió en la vida con la profunda fe y el arraigado convencimiento de haber sido el descubridor de la vacuna ideal, en pro de la mejor salud y defensa de la humanidad. En su obra maestra: La Infección Bacilar y la Tuberculosis en el Hombre y en los Animales., donde trata los «procesos de infección y defensa» y del «estudio biológico y experimental de la Vacunación Preventiva», dice: «En una nota a la Academia de Ciencias (28 de diciembre de 1908), nos- otros habíamos llamado la atención sobre la propiedad que poseían los bacilos tuberculosos de origen bovino de cultivarse sobre papas cocidas y en la bilis de buey pura glicerinada al 5 por 100 y mantenidos a la temperatura de 38 en un exceso de bilis. Un poco más tarde (en 1909, 1910, 1913, I9'4)> nosotros mostramos que en esas culturas sobre bilis en series sucesivas, se obtiene una rasa de bacilos ate- nuados que pierde poco a poco toda virulencia para el buey, después para el mo- no, después para los roedores de laboratorio. * Dos páginas después, en la 778, dice: «Esta raza de bacilos biliados d e n o - minada para comodidad del lenguaje B. C. G., nosotros hemos pensado que puede ser eminentemente apta para realizir, sin ningún peligro y desde la más joven edad del animal sensible, una infestación, nosotros decimos hoy una pre- munición protectora contra las infecciones accidentales virulentas.» Más adelante, en la página 809, afirma que >, y el sabio Vallé con la vacunación a base de bacilo de equino, abundando asimismo los sabios que han cometido errores en distintos tópicos y.temas. forjar a una raza, hereditariamente fijada, como lo pregona el profesor Calmette, nos parece muy difícil y arduo en el mundo invisible de los infinita- mente pequeños. La admitida definición del antropologista De (Juatrefages, es que: «Z,a raza es un grupo de individuos de la misma especie, que han adquirido bajo influen- cias naturales o bajo la acción del hombre caracteres comunes transmisibles por herencia.» Para el más ilustre d e los zootecnistas franceses, Corvenin: «La raza no existe más que para una colectividad dotada de uno o varios caracteres propios y heredi- tarios. > Innovando ventajosamente, la ciencia Genética moderna ha sustituido a la raza por la línea pura, la que, según Johansen, «es el conjunto de todos los in- dividuos descendientes de un solo individuo homozigota de autofecundación rigurosa», o de división en los unicelulares. ¿Reúne esas condiciones de linea pura la pretendida «raza avirulenta-» B.C.G., que consagren la estabilidad con la transmisión hereditaria de las características similares? Indudablemente que no, por comenzar la fundación ren bacilos viridentos homozigóticos y no con un individuo avirulento, de cuya descendencia obtener una larga serie de generaciones semejantes, que le ofrecieran con el tiempo la fijación de una raza o línea con su avirulencia realmente hereditaria. En nuestro humilde concepto, pues, la raza que el profesor Calmette creyó formada con su «carácter avirulento», tan anhelosamente buscada, no existe, porque su bacilo no presenta la fijeza, tan esencial para el fin humanitario con •que pretendió forjar al B. C. G , y no existe en la realidad desde que ese bacte- '5 riologista dio por constituida y fija a su rasa con los descendientes de los baci- los Koch virulentos, que [si llegaron a presentar cierta (¡virulencia fué debido exclusivamente al cultivo en el medio desfavorable de la papa biliada gliceri- nada al 5 por 100 y nunca por ser este su carácter adquirido ni fijado en la fór- mula hereditaria de los bacilos, que si modificó así fué merced a las culturas especiales que no lograron reemplazar en la constitución hereditaria del bacilo B. C. G., el factor o factores condicionantes del carácter virulento por el gene o genes homozigóticos, fijantes de la avirulcncia perseguida tan ansiada- mente. La verdadera raza, la indudable línea pura, es la integrada por el bacilo des- cubierto por Koch, con su virulencia homóziga conocida, que ha venido repro- duciéndose naturalmente al través de miles de años, después de hacer su apari- ción probable al florecer la primera civilización humana agrupada y en los bóvidos, cuando sujetos del bosprhnigenius (Bojanus) fueron arrancados de la -vida salvaje por el hombre (hace probablemente de 8.0OO a Io.OOO años, según Elmer Merrill, director del Jardín Botánico de Nueva York) para su reclusión y domesticidad, desajustándolos por consiguiente de su medio selvático, secular e higiénico, ya que ni el hombre de las cavernas ni aun los mismos aborígenes de muchísimos siglos después, ni tampoco ese bos primigenias, padecieron jamás de la temible tuberculosis en la inmensidad de sus libres moradas. Y partiendo de una herencia virulenta tan natural, de tan elevado potencial genético, consolidado durante miles de años, de hemozigosis secular, como dañina y patógena, no es posible crear una raza pura anulando la característica virulenta para siempre, con solo 230 culturas artificiales de laboratorio y en el ínfimo período en el tiempo de trece años, que solamente abarcaron las crianzas microbianas del profesor Calmette. Por el contrario, ha d e persistir rigiendo al bacilo B. C. G. la ley atávica, propulsora y conservante tenaz de las mayores propiedades ancestrales, la que hará surgir sus efectos regresivos en el preciso momento en que una variante en el medio nutritivo, en la temperatura u otra circunstancia favorecedora y aun el estado dinámico del bacilo le permitan vol- ver a imperar, pues la acción impresa por el profesor Calmette, con los meros cultivos, desfavorables para la manifestación y el desarrollo de tal carácter, fué únicamente somática y no germinal. Mantenida, por tanto, en latencia la característica virulenta, bajo la presión de las culturas alcalinas y la temperatura contrarias, durante generaciones, si bien es admisible que haya alterado en parte «la constitución físico-química del bacilo» externamente, de ningún modo es aceptable la modificación profunda de su germen específico en tanta brevedad de tiempo, accionando insuficiente- mente para lograr la «inducción paralela», de Detto, transformista y, que fuera, estable al despojarlo después de la cultura artificial modificadora y por ello puede ser peligroso el bacilo y regresar en ciertas y determinad; s condiciones propicias, no estando, como no lo está, dotado del «carácter propicio y heiedi- tario» que se imaginara el profesor Calmette, en sus justos ensueños de gloria y d e noble filantrópico preservamiento para la humanidad. La posible regresión del bacilo hacia su virulencia antepasada, no es una improvisación nuestra reciente, al datar de julio de 1928, en ocasión de un ban- quete homenaje ante el profesor Yoronoff, en Montevideo, en el cual omitiéndose ideas sobre el B. C. G. tuvimos la audacia de exponer modestísimamente la opi- nión de la probable regresión a la virulencia en casos favorecedores, basado en el tiempo enorme en que el bacilo se venía reproduciendo en millones de gene- raciones, con su virulencia hereditaria muy fijada y por considerar que las ma- nifestaciones atávicas en los seres abundan por doquier. 16 El célebre Darwin, que hasta genetista fué, contempló en sus cruzamientos- entre castas de palomas domésticas, el surgimiento de nítidos caracteres d e la paloma columbio livia, ascentral, y en la cruza de varias razas de gallinas de corra!, creadas por avicultores de renombre, a características de la gallus batí- kiva, d e la India, también ancestral y que se consideraban perdidas para siem- pre por los criadores, después de la multitud de años transcurridos desde su creación. El pelo blanco y las orejas coloradas, que suelen notarse en algunos sujetos Shorthorns de pedigrée, responde con fidelidad al pelaje del ganado Kiloe, de Escocia, que fué utilizado hace trescientos años por lo menos, para la formación de esa casta de carnicería. Las pezuñas negras, la punta de las astas negras y «la cola en cimera», observado en algunos Herefords de pedigrée, tiene p o r causa a la herencia atávica de su muy remoto antepasado, el bos frontoms, des- cendiente directo del bos primigermis. La extremada pigmentación blanca de ciertos herefords de pura sangre re- gistrada, refleja la herencia ascendiente, muy lejana, del color de la vaca toda- blanca «Pigeon», una de las originarias de la casta iniciada por Benjamín Tom- kins hace doscientos años, como la invasión en otros Herefords de pedigrée, d e la coloración roja, respetando solo a la cabeza y al bajo vientre, blancos, a la transmisión del color rojo de la vaca «Motile-», la otra contribuyente a la forma- ción de ese grupo bovídeo, tan apreciado en todos los continentes. El pelo cerdoso, con «fibras cabrudas» de muchos corderos merinos y aun las intercaladas en el vellón de sujetos adultos, es un testimonio de la herencia atávica de su ancestral nómada y salvaje. El pelaje «gris manzana» apercibido en caballos franceses de sangre anglo- árabes y en ingleses de pura sangre, obedece a la corriente sanguínea del árabe primitivo, que intervino hace muchos años en su composición. En antropología, al prognatismo, a la platicnemia, a los huesos wornianos, a la insistencia del hueso incisivo, al mentón hundido, se atribuyen representa- ciones atávicas pitecoides. En las plantas cultivadas, especialmente en las cerealeras, de las agrupacio- nes que se explotan por su gran rendimiento, está conocida su fuerte tendencia hacia la menor productividad ancestral. La renovación periódica de semillas a que están obligados los agricultores, hortelanos, jardineros, etc., no obstante los esfuerzos constantes de selección, lo evidencia con absoluta claridad, sin deber abundar en detalles dilatorios. Baste el caso sugestivo acaecido al llamado «Mago de las Plantas», el eximio fitotécnico norteamericano Burbank, que vio regresar después de muchos años a sus cactus sin espinas, con la observación de sujetos espinosos, cuando poseía la creencia arraigada de haber cimentado una raza nueva fija, porque habiéndolo sorprendido por mutación, llenaba las exigencias de la escuela mutacionista d e De Vries y de la neomendeliana, que armonizan la «mutación» con una herencia fija y estable del carácter o caracteres mutantes. También en el mismo dominio de los microbios cultivados por el hombre^ se perciben las reversiones indudables. El sabio y glorioso Pasteur, a quien tanto debe la humanidad, cultivando al principio al bacilus anthracis del carbunclo, a una temperatura de 42°5-43°, su- puso haber forjado una «raza asporógena», porque la atenuación que le impri- miera el medio térmico le había obstaculizado el desarrollo de la facultad d e formar sus esporos o semillas reproductoras, al estar en la más impropia situa- ción de maduramiento; pero como este carácter era reversible, se manifestó 17 nuevamente cuando ese intuitivo investigador realizó sus culturas en una tem- peratura de 37°, que fué propicia para la esporulación normal. La vacuna anticarbuncosa, así atenuada en su virulencia, se la consideró raza de bacilos con semejante propiedad fijada, después de años de cultivos sistemáticos y; sin embargo, el bacilo componente regresó adquiriendo su viru- lencia ancestral, como lo sostiene el mismo profesor Calmette en su precitada obra, página 852, diciendo: «Este fué el caso de una vacuna carbuncosa de Pasteur, por ejemplo, a la cual por pasajes por ratones muy jóvenes, luego.por ratones d e más edad, lue- go por cobayos muy jóvenes, luego por cobayos adultos y sucesivamente por conejos, carneros, terneros y, en fin, bueyes, se le ha podido restituir la aptitud para matar al buey.» Tal afirmación del profesor Calmette la corrobora el eminente bacteriólogo francés Dr. Roux, colega y compañero del inolvidable Pasteur y director del famoso Instituto Pasteur de París, con su experiencia pertinente que relata así: «La virulencia es una propiedad que los microbios pueden perder y pueden también adquirir. Cultivada en el cuerpo de ratón de un día solo de edad, la bacteria (atenuada al punto de no más matar a ningún animal adulto) vuelve a su aptitud parasitaria. Con la sangre de este ratón, inoculada en otro de un poco más de edad, él perecerá. Pasando así de ratones más jóvenes a ratones más viejos, arribaremos a matar a los ratones adultos, los cobayos, después los conejos, después ¡os carneros, etc.». Píe aquí, pues, la virulencia atávica reivindicando su dominio mortífero y destructor, como el caso citado por Uhlenhuth, que »una cepa de bacilo carbun- coso de Bail, habiendo sido cultivada a alta temperatura, perdió la propiedad de esporular y la virulencia. «.Después de largos años en que pareció definitivamente modificada, sin embar- go, recuperó ambas propiedades bruscamente en los cultivos-» (1). Y por algo derivativo a la virulencia mortal, es que el famoso profesor ale- mán von Ostertag, aconseja que «la leche de animales carbuncosos debe ser excluida del consumo del hombre y eliminada previa esterilización. Lo mismo sucede con las vacas que han silo vacunadas con gérmenes vivos del carbunco, du- rante nueve días siguientes 1 la vacunación.-» No podría acontecer de distinta manera, al contar el carácter (¡virulento a su favor, la constancia en una larga cadena de siglos, en que, en los muchos millo- nes d e generaciones sucedidas, se ha grabado homozigóticamente en su germen, para acompañar siempre al bacilo en su producción natural. Linea pura parasitaria, que a igual de las otras causantes de enfermedades contagiosas, malignas, desempeña el seguro papel asignado a uno de los meca- nismos de la ley de limitación de Malthus, que integra, portando en su acción mortífera, de preferencia para los organismos jóvenes que ataca, el cometido natural y limitante a la ley de la multiplicación o del procreo, sobre todo cuando éste se expande desordenadamente, crece y se agrupa mucho. Si una porción considerable de años ha sido impotente para destruir con los cultivos artificiales a la línea pura carbuncosa ancestral y alcanzar el Ajamiento de una raza de bacilos de atenuación hereditaria estable y conveniente, que se trasmita invariablemente por herencia, ¿qué estabilidad puede brindar la pre- tendida raza bacilar del profesor Calmette, en su afán de fijarla en tan solo tre- ce años fugaces? Veamos el desfilar de los hechos. La avirulencia de su bacilo B. C. G., así como la inocuidad para p r o J u c i r l e - (1) Agenda du Chimistc. sión alguna en el organismo, han recibido el recio golpe de las comprobaciones contrarias El distinguido Dr. Estenio Hormaeche, profesor de Bacteriología de la Fa- cultad de Medicina y subdirector del Instituto de Higiene Experimental d e Montevideo, en su interesante trabajo: La virulencia de la vacuna antituberculosa de Calmettey Guerin (B. C. G.) sostiene: «.Que el B. C. G. es capaz de producir lesiones tuberculosas típicas, es cosa que ya no puede discutirse. No solamente la produce en los animales inyectados por distintas vías, sino que además en algunos niños vacunados, ya sea «per os», ya por vía subcutánea, origina una serie de síntomas que constituyen el cuadro de lo que podríamos llamar la enfermedad B. C. G. »Alergia a la tuberculina, monocitosis, aceleración del tiempo de sedimen- tación de los glóbulos rojos, reacciones a la resorcina de Vernes positivas, son sus principales signos humorales hasta ahora señalados; micropoüademia, som- bras en el hilio pulmonar y cuando inyectado por la vía subcutánea o intracutá- nea, abscesos gaseosos, las manifestaciones clínicas más frecuentes. «Enfermedad benigna, cíclica, evolucionando espontáneamente hacia la cura- ción, estos síntomas desaparecen con el tiempo; pe?o atestiguan al mismo tiempo que, capaz de reproducirse en el organismo y de producir lesiones a distancia, el B. C. G. no se produce como un saprofito batial. Posee, por el contrario, cierta vi- rulencia, comparable, por ejemplo, con ciertas virus como el del sarampión, la tos convulsa, etc., etc., que sin llegar a producir la muerte, originan, sin embar- go, un cuadro mórbido.» Es claro que no habiendo constituido el profesor Calmette la raza bacilar B. C. G. avirulenta, como lo pretendió, con esta herencia estabilizada y fija, el bacilo exhibe generaciones virulentas y agresivas, reivindicando por atavismo en todo o en parte su antepasado carácter virulento, en el mismo instante en que le es favorable. El «estudio crítico» del mencionado profesor Dr. Hormaeche, condensando los resultados de las experiencias y observaciones de varios bacteriologistas, de distintos países, nos facilita la comprobación fácil y exacta: Ramzin comprobó que una cepa de B. C. G., «inyectada a animales, produjo lesiones tuberculosas mas intensas que las normales. *thiari, Nobel y Solé sostienen que han obtenido la muerte del cobayo con le- siones tuberculosas intensas y progresivas por inyección iniraperitoneal de dosis de B. C. G. variando entre i y 10 rngrs.; Korscliun y sus colaboradores por pasajes y cultivos sucesivos, dicen haber obtenido un aumento de la virulencia para el cobayo; Willian Park y King han encontrado igualmente lesiones dtl hígado, del baso y aun del pulmón en cobayos y monos a los que administraron B. C. G. por diferen- tes vías. »En opinión de estos autores, cuyas estadísticas favorables a la aplicación del B. C. G. son bien conocidas y quizá las más convincentes de las publicacio- nes hechas hasta ahora, este no es inocuo y recomiendan proseguir los pasajes en papa biliada para evitar un retorno a la virulencia. »Meddlar ha conseguido aumentar la virulencia del B. C. G. cultivándolo en medios adicionados de suero de conejo fresco o inactivado. » Watson, Me. Intosh y Konst, en una serie de experiencias, dando un total d e 134 cobayos inyectados, con dosis variables entre 5 y 25 mgrs. de B. C. G., lian visto producirse la muerte por tuberculosis de 14 de ellos; otros tuvieron lesio nes anormales localizadas, el resto no tuvo lesiones. »E1 profesor Hutyra, de Budapest, ha confirmado las experiencias anteriores. »En numerosos ensayos procediendo con dos cepas distintas de B. C. G., ig recibida una de ellas directamente de Calmette, HA OBTENIDO LA MUERTE POR TU- BERCULOSIS de VARIOS COBAYOS; los pasajes en serie han sido positivos y ha podi- do aislar cepas de B. C. G. de virulencia exaltada, que, como las de Petrof, se han mostrado patógenas para el cobayo, no para el conejo. >Uhlenhuth ha observado también en el cobayo LA MUERTE DE ALGU- NOS ANIMALES INYECTADOS CON EL B. C. G. POR TUBERCULOSIS. »Gerlach no cree ya en la fijeza de la virulencia del B. C. G. Ha obtenido le- siones tuberculosas progresivas en el cobayo con pasajes positivos, etc.* El profesor Dr. Hormaeche presentó a la Sección de Bacteriología del Con- greso Internacional de Biología, celebrado en 1930 en Montevideo, el resumen de sus experiencias conteniendo la siguiente: «En cuatro años que hace que nos ocupamos del B. C. G. y habiendo inyectado centenares de cobayos, no hemos visto jamás lesiones tuberculosas progresivas. En el mes de noviembre próxi- mo pasado estalló en los cobayos de nuestro criadero una epizootia de linfangi- tis estreptocócica, en cuyo curso encontramos numerosos animales presentan- do lesiones agudas y subagudas. Algunos animales que recibieron B. C. G. de pasaje y que tuvieron al mismo tiempo estas lesiones estreptocócicas, presen- taron una tuberculosis grave a forma progresiva; en esas lesiones encontramos B. C. G. conjuntamente con estreptococos. La cepa B. C. G. aislada de ellas es virulenta no solamente para el cobayo sino también para el conejo, produciendo una tuberculosis típica que termina con la muerte, aun a la dosis de 0,0 l de miligra- mo, peso húmedo. La virulencia no es, sin embargo, muy grande para ningu- na de las dos especies, pues el plazo en que la muerte se produce puede llegar a ser hasta de seis a ocho meses. •¡¡Sassano y Medular han ensayado el cultivo del B. C. G. en un medio sinté- tico muy semejante al de Sauton, adicionado de sangre de conejo fresco; con el suero inactivo los resultados no son tan rápidos, aunque también positivos. Después de dos pasajes en este medio, el B. C. G. produce la tuberculosis progre- siva, a marcha crónica en el conejo. Después de ocho pasajes, ¿a virulencia obte- nida es tan extraordinaria que produce la muerte del cobayo, del conejo y aun de los bovinos a dosis inferiores a 1 miligramo. >Dreyer y Vollun han estudiado el problema de la exaltación de la virulen- cia in vitro en condiciones diferentes. Balones de un litro, conteniendo 500 c. c. de caldo son sembrados con B. C. G., depositando éste en el fondo del líquido. En esas condiciones el desarrollo se hace al principio penosa y lentamente, y a veces aun no se obtiene crecimiento. Cuando esto se produce, es posible acos- tumbrar el bacilo al medio y en estas condiciones, después de dos pasajes la cepa obtenida mata con tuberculosis generalizada al cobayo y al conejo. »He aquí, pues, otra cepa que tiene la misma particularidad de las nuestras. {Profesor Hormaeche). Much, inyectando cinco mgrs. al cobayo por vía peritoneal conjuntamente con un c. c. de solución de ácido láctico al 1 por 100, ha obtenido la tuberculo- sis generalizada; los pasajes han sido positivos. »Kirgchner y Tiedeman han observado varios casos de lesiones tuberculosas progresivas tanto en el cobayo como en el conejo. A veces los pasajes han sido negativos, probando una ves más que aun el B. C. G. de virulencia normal puede producir una tuberculosis progresiva en animales especialmente sensibles. Otras veces los pasajes han sido positivos y las cepas aisladas eran virulentas ya sola- mente para el cobayo, ya también para el conejo. >Lignieres ha obtenido la exaltación de la virulencia del B. C. G. cultivándolo sobre medie de Petroff; y en cobayos inoculados simultáneamente con una de nues- tras cepas de estreptococus caviae ha podido obtener pasajes positivos cotí lesiones intensas del peritoneo y aun de la pleura, en las cuales se encuentra B. C. G.\ i una confirmación de nuestros trábalos. (Pro/. Honuaeché). El profesor francés AI. Moussu, por su parte, cita el caso de « Una ternera vacunada y revacunada siguiendo el método de Cahnette, nacida de madre sana, en un establo sano, hizo a los once meses de la primera vacuna, en el punto de la inoculación, un absceso frío, que una vez extirpado pesó 1.07o gramos—Pequeños abscesos caseosos que había en las paredes del absceso, fueron inoculados a cobayos produciendo lesiones idénticas a las que se obtienen con la inoculación de bacilos vi- rulentos bovinos.» »EL AUTOR EXPLICA EL CASO COMO Q U E EL B. C. G. H U B I E S E R E C U P E R A D O SU PRIMI- TIVA VIRULENCIA (2).» Y el bacilo de Koch, desorganizado por el profesor Calmette, en su empe- ño por crear y fijar a una raza nueva, muestra aún más hasta donde alcanza su instabilidad. Del prenombrado trabajo del profesor Hormaeche, destacamos los hechos que siguen: *Kraus ha stñalado el hecho de que una cepa de B. C. G., conservada en su la- boratorio, se ha atenuado de tal modo, que ni aun a la dosis de 100 miligramos, preduce lesiones en el cobayo. »E1 autor se pregunta, muy razonablemente por cierto, si al perder su viru- lencia el germen, no perderá también sus propiedades inmunizantes. Este hecho ha sido confirmado por von Groer y W a t a n a b e . > Selter, que en ensayo de inmunización en los animales había obtenido buenos resultados en ig2 7, ha publicado posteriormente otras experiencias en que el B. C. G. fracasó completamente. Ha atribuido este resultado a que la cepa que empleó se ha- bía atenuado espontáneamente en los cultivos, lo que parece verosímil. »Un bacilo tuberculoso, completamente desprovisto de virulencia, esto es, que haya perdido toda actitud de reproducirse en el organismo, se comporta en realidad como bacilos muertos; no hay, pues, razón aparente para que pueda inmunizar mejor que ellos. Podría quizá encontrarse aquí la explicación de los fracasos señalados por muchos autores en la inmunización de los animales. «Son bien conocidos, además, los trabajos al respecto de Petroff y sus cola- boradores. > Según este autor, el B. C. G. cultivado sobre medios al huevo, puede diso- ciarse como las demás del bacilo tuberculoso en dos tipos de colonia, una virulenta denominada sy otra llamada R, que lo es tan poco como el B. C. G. normal. El aspecto macroscópico de ¿as colonias es también diferente, ocurriendo, pues, cor. el B. C. G. como con otros muchos microorganismos, pneumococo, bacilo disen- térico, tífico, bacillus antracis, que el microbio puede presentarse bajo dos for- mas siendo ambas reversibles.» »Así, pues, según Petroff los bacilos B. C. G. tienen en sí mismos los com- ponentes R y S y la evolución ulterior de cada individuo puede hacerse en un sentido u otro según las condiciones de medio. . • • • . • • • • • . . • • . » » • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • » • • • • • • • • • • . . . . . . «Tres autores, Krauss, Gerlach y Bruno Lange, recibieron de Petroff culti- vos disociados conteniendo colonias R y S. Parecería imposibe que ni aunen esas condiciones pudiera llegarse a un acuerdo y, sin embargo,he aquí el reul- lado de las investigaciones de estos tres bacteriólogos. •» Krauss, encuentra que en efecto la colonial produce la tuberculosis progre- (2) Academie de Agriculture de France. 21 hiva en el cobayo, en tanto que la del cipo R tiene la virulencia normal del B. C. G. Miemos dicho ya más arriba que en sus ensayos personales este autor ha obtenido colonias que eran de virulencia normal. «Gerlach, no ha podido producir la tuLerculosis progresiva ni con la colonia IÁ* n i con la colonia 5". Para este autor, las dos tienen, pues, la virulencia nor- xnal»del B. C. C. nBruno Lange, por último, encuentra ambas colonias, R y S, virulentas y como do so solo para el cobayo, deduce que se trata de un bacilo de tipo humano y, -por consiguiente, de una contaminación accidental del cultivo de Petroff. Keu- fed, se ha manifestado de acuerdo con esta opinión, que por nuestra parte (dice el profesor Hormaeche) creemos demasiado dogmática, pues no se puede esta- b l e c e r categóricamente de antemano que un bacilo casi privado de virulencia como es el B. C. G. deba necesariamente al recuperarla ser patógeno para to- jdas las especies animales sensibles al bacilo bovino», Son además conocidas las variaciones que se llegan a producir en las vacu • ¡ñas, preparadas con gérmenes vivientes y la lucha incesante de los bacteriólo- gos por conservar a conveniencia el grado de estabilidad iumunizadora. En nuestro país se han visto emplear a su tiempo vacunas de sabios contra enfermedades contagiosas del bovino y ovídeo, e inmediatamente producir una desoladora mortandad de los ovinos, etc., por la exagerada virulencia de la lla- mada vacuna preventiva, como en otros casos, no resultar la inmunización por debilidad u otra causa en la vacuna inyectada. La variación en las reacciones vacunadoras, en un mismo día, en animales de! mismo rodeo o majada, fuertes en unos individuos, débiles en otros; sin 'notarse en algunos, como fuerte reacción en un mismo sujeto bovino adulto, en un año, desapercibida al revacunarlo al año siguiente, para ser violenta en lia tercera vacunación y siempre en estado fisiológico el animal—sometido a igual sistema vacunador—como la pregonada inmunidad durante un año, que en algunas ocasiones sólo alcanza a lo, 8, 5 y hasta 3 meses, todo, todo sugie- Ire con elocuencia abrumadora que son en su mayoría hechos producidos por la inestabilidad de las crianzas microbianas, aunque se atribuyan comunmente, por los interesados, a casos de mayor o menor sensibilidad de los animales tra- 'tados, que podrán existir como ia excepción; pero nunca abundar, ni extender- l e hasta la generalidad. El bacilo al cambiarle el medio natural por el artificial de laboratorio, idea- j do por el profesor Calmette, no podía escapar a la instabilidad, ni quedar exen- to de pagar fuerte tributo a la Ley Atávica, que en este bacilo tiene su carácter virulento y maligno sistematizado al través de largas épocas d e miles de años; en muchos millones de generaciones en las cuales se fijó homozigóticamente en su constitución hereditaria, para reproducirse incólume en su medio natural o adaptativo. Pretender desbaratar a su linea pura, que consolidaran los siglos en innú- ¡ meras generaciones y despojarlo de esa fuerza hereditaria tan impresa y tan le- [ jana, con culturas más o menos ingeniosas en el efímero período de 13 años, i como lo ha querido realizar el profesor Calmette, es ir contra esa ley biológica que no es menos ley que las demás y acaso más imperativa naturalmente y que es forzoso tener muy en cuenta al organizar las creaciones modernas, so pena d e q u ; la presencia de sus efectos, en el momento menos esperado, impida o destruya la obra acometida por el hombre de cerebro más genial y descollante. En tal virtud, el conjunto bacilar B. C. G. del profesor Calmette, como lo hemos probado, ofrece el espectáculo de una población unicelular oscilante, sin herencia avirulenta y sin la misma correspondiente a la atenuación modera- da y precisa para la vacunación preventiva, segura, contra la temible tubercu- losis, siendo justo reconocer, sin embargo, que ha obtenido—merced a sus cul- tivos artificiales—a bacilos de virulencia atenuada, temporalmente desde que de ningún modo ha podido acreditar su fijeza hereditaria. ¿Existe la posibilidad de lograrla? Teóricamente, sí; prácticamente nos parece que no, porque una realización semejante requeriría no la tarea de un hombre, ni la de una generación en un siglo, sino la obra perseveradora de muchas generaciones, durante cantidad de siglos, actuando con singular acierto, mediante culturas apropiadas, seleccio- nes exactas y metódicas, etc., a fin de poder contrarrestar con el tiempo y do- minar después eficientemente a la fuerza atávica de la característica virulenta ancestral, en una larguísima sucesión de años, con que poder modificar a indi- viduos de la línea pura, influyendo gradualmente a su constitución hereditaria, para forjar con la descendencia de uno o de varios a la nueva línea de virulen- cia regulada y* trasmitida a satisfacción. Y ya en el dominio ideal de las teorizaciones, permítasenos pensar que acaso fuera menos teórico, menos largo y más seguro, la selección atinada de un bacilo de virulencia intermedia o de la necesaria pero estable, con su he- rencia así, surgido por mutuación o por una continuidad de débiles variaciones darvinianas, a ser factible su aislamiento en el seno fecundo y pródigo de la Naturaleza y el cultivarlo después en su medio natural, con que soñar en la or- ganización de una sólida línea pura con el carácter de virulencia moderada, exigida para la vacunación preventiva y por la eficiencia halagadora al noble, al filantrópico y al trascendental propósito defensor de la humanidad; de arre- batarle preciosas vidas a la muerte prematura. Crónicas e informaciones C. Sanz Egaña Noticias acerca de la medicina de les animales en la España cristiana de la Edad Media Trabajo presentado al X Congreso Internacional de Historia de la Medicina. Madrid, 23-29 septiembre 1935 NOTA PRELIMINAR Para adquirir una información relacionada con el estado de medicina d e los animales útiles al h o m b r e de la alta Edad Media de la España cristiana, he con sultado varios documentos, todos originales de la época y de autenticidad com- probada; algunos muy vulgarizados, como el libro de la montería, aunque nunca fué aprovechado por sus noticias de patología canina; otros, menos conocidos, aunque también impresos, como los tratados de cetrería, que contienen abun- dantes noticias de patología acipitraria, y, por último, un precioso manuscrito desconocido de los historiadores de veterinaria española, Llórente (*) y Morci- llo (**), que se ocupa exclusivamente de las enfermedades de los caballos; un tratado de mariscalería, según denominación de la época. Divido esta Memoria en tres partes completamente independientes, que son: 1.a Enfermedades de las aves. 2. a Enfermedades de los perros. 3. a Enfermeda- (*) Llórente y Lázaro, R.: Compendio de la bibliografía Veterinaria estañóla. Madrid, 1856. (**) Morcillo,).: Bibliografía Veterinaria Española. Játiba; 1883. 23 des de los caballos, indicando las fuentes bibliográficas en cada uno de los ca- sos y copiando las noticias de mayor interés histórico. I ENFERMEDADES DE LAS AVES Uno d e los capítulos más interesantes de la medicina de los animales en el medievo, especialmente en los siglos xm y xi.v, es el correspondiente al conoci- miento y tratamiento de las enfermedades de las aves de cetrería. El duque de Medinaleci (i) define así la cetrería: «Es el arte de cazar valiéndose de aves de rapiña; actualmente la cetrería es tema que pertenece a la historia; en cambio, en la Edad Media fué la caza que con más entusiasmo practicó la nobleza y la realeza, siendo motivo frecuente de acuerdos en Concilios y pragmáticas rea- les.» «Esta caza—dice Ortueta (2)—entró en España tal vez con la invasión de los godos, contribuyendo a su aclimatación las Cruzadas y la conquista de los árabes. Indudablemente, es de origen oriental, de donde pasó a Occidente.» En el citado trabajo del duque de Medinaceli, se dice también: «durante la Edad Media fué grande la afición que en España hubo por la cetrería. Los hijos de Fernando III el Santo, D. Alfonso, que le sucedió en la Corona, D. Enrique y Don Manuel, fueron grandes halconeros». Las aves de cetrería, o las aves de rapiña, dedicadas a la caza, merecieron especiales atenciones y cuidados, tanto en su captura y adiestramiento como en su alimentación y tratamiento de las enfermedades; el oficio de halconero, a quien confiaban estos menesteres, era pagado espléndidamente, y a cambio se le exigían amplios conocimientos acerca de los halcones; uno de los principales conocimientos era el «de las purgas et las melecinas que les deben dar para las dolencias que han>, según aconseja el príncipe don Juan Manuel. En la antigüedad se ocuparon de las enfermedades de las aves Varron, Pu- nió, el naturalista, Columela, Palatiius (3), los autores de la Geoponica (4); todas las noticias de estos autores se relacionan con las aves de corral, de casería, como dice Columela; estas nociones de patología aviaria pasaron de unos a otros libros, todos en torno de re rústica, sin grandes modificaciones. El deporte, la afición, tiene mayores exigencias que la utilidad; así los halconeros aprovecha- ron muy poco, quizá nada, de la ciencia o conocimiento de los tratadistas geo- pónicos de la antigüedad. En primer término, porque las aves de corral son de vida sedentaria, de alimentación granívora; en cambio, las aves nobles de cetre- ría son de ataque violento, carnívoras y voraces; costumbres de vida tan dife- rentes proyectan cuadros nosológicos también distintos. Por otra parte, el valor de las aves de caza permiten tratamientos costosos, complicados y entretenidos, que no son aplicables a las aves de corral, siempre de muy escaso valor. Los autores medievales que iniciaron el estudio de !a patología de las aves de cetrería, la acipriatría, son Federico II, rey de Sicilia (años 1196 1250) (5); sigue después Demetrio Pepagomeno (6), ilustre médico bizantino, que hace aplicación de sus conocimientos profesionales a la curación de !as enfermedades de los halcones; en el siglo xiv aparecen dos tratados españoles de cetrería, el del príncipe don Juan Manuel (7) y el del canciller Pero López de Ayala (8); en el siglo xv se escribe el libro de cetrería de Juan de Sant Fahagund o Fa- gund (8), halconero del rey don Juan II de Castilla y las glosas del duque de Alburquerque (9). Las obras de los ilustres aficionados príncipes don Juan Ma- nuel y canciller López de Ayala son muy interesantes para el estudio de la pato- logía de los halcones, y tienen un interés cronológico extraordinario, porque 24 tratan de temas q u e pasaron en silencio otros halconeros y tratadistas de cetre- ría, o han sido trabajos perdidos; como tratado excelso de patología acipitraria, hemos de considerar el libro de Sant Fagund, que recoge todas las enseñanzas d e los halconeros españoles, y añade muchas observaciones personales que des- pués nadie mejora, quizá p o r iniciarse en esta época la decadencia de la caza d e cetrería. Para este mi trabajo, he tomado como base el libro del canciller López d e Ayala, que centra muy bien la época y se anticipa en muchos años al tratado de Sant Fagund; he consultado la edición d e la Biblioteca Venatoria y algunos rranuscritos d e la Biblioteca Nacional; hago referencias a la obra del príncipe don Juan Manuel y a la del halconero Sant Fagund, para aclarar detalles; tam- bién he leído con provecho la obra burlesca del Evangelista (10). E n el mismo siglo xiv se escribió un libro d e venería y cetrería en Francia, por Gastón III, conde de Foix, más conocido por Phoebus (II), libro que ha te- nido gran éxito entre los aficionados y se ha reproducido muchas veces, en ma- nuscritos primero e impresos después; Moulé, el gran historiador francés de la veterinaria, dice, con reljción a la obra de Phoebus, lo siguiente: s desgracia- damente, en lo que a nosotros concierne, no podemos por menos de lamentar que el autor no sea más extenso en patología» De las obras conocidas del medievo, las escritas por los autores españoles son las que contienen una mayor documentación en las cuestiones de patología y tratamiento d e las enfermedades de las aves dedicadas a la caza. Y un estudio analítico d e las obras españolas citadas, nos demuestra que el texto de López d e Ayala representa un evidente progreso, tanto en la descripción de las enferme- dades como en señalamiento de los tratamientos. Tanto este autor como los demás de cetrería, en el estudio d e las enfermedades d e las aves para cazar, detallan cuidadosamente todos los conocimientos que en la época se tenían so- bre la patología aviar; cada enfermedad es objeto de una exposición de sínto- mas; en ocasiones se busca la explicación etiológica para entrar, mejor docu- mentado, a trazar su tratamiento o «melicinamiento»; en cambio, en la medicina canina d e la misma época echamos de menos la sintomatología, y después vere- mos cómo encontramos muchas dificultades para la identificación de las dolencias. Las enfermedades q u e describe López de Ayala en los halcones se pueden agrupar sistemáticamente en la siguiente relación: APARATO DIGESTIVO.—-Obstrucción del buche (faldón quel remanace el papo). Timpanitis del buche (falcon que tiene el papo lleno de viento.) Enteritis (de la purga común para purgar el falcon del cuerpo; del falcon que regita et tiene el pabo et tripas frías) Claocitis (1el falcon que tiene piedra). Yermi- nosis (del falcon que ha lombrices). APARATO RESPIRATORIO.—Coriza (del agua común que no es vidriada; del agua vidriada) Obstrucción traqueal (del falcon que ha filandras o fílomeras). APARATO LOCOMOTOR.—Gota o reuma del falcon que ha clavos en los pies). Ar- tritis (del falcon que se le fincan los pies o le arden). (Fractura del fémur del falcon que que se le quiebra la pierna). Fractura del ala (del falco» que se le quiebra el ala). FIERIDAS. TRAUMATISMOS.—Fleridas del ojo (del falcon que se le quiebra un ojo). Hernia (del jaleen que ha trópigo o finchason en el vientre). Fleridas (de los faleo- nes que son ferídos de aves. De la ferida del falcon. De la fistola que se hace en la llaga del falcon). INFESTACIONES E INFECCIONES.—Parásitos {de la comezón que tiene el falcon en las plumas. Como debe alimpiar el falcon del piojo). Difteria (del falcon que ha de güermeces). Tuberculosis (del falcon que deseca). 25 He de pasar en silencio la descripción de las enfermedades orgánicas, por- que de ellas se encuentian noticias más o menos completas en todos los auto- res de la época; en cambio, sólo en las obras de los halconeros españoles se en- cuentran noticias de dos enfermedades, que ahora consideramos infecciosas: una de ellas, la difteria, que representa grave calamidad para las aves domésticas; y la otra, la tuberculosis, también peligrosa para su vida. Los autores españoles, el príncipe D. Juan Manuel, López de Ayala, Sant Fagund, llaman «güermeces» a un proceso patológico que tiene toda la sinto- matología de la difteria aviar. En el libro del príncipe U. Juan Manuel se dice, con respecta a esta dolencia: «desque los güermeces parescieren en la lengua, o en las quejadas, o en el paladar, o doquier que los tengan, deben gelos sacar con una pénnola tajada en manera que quiera semejar a la pénnola con que es- cribe.» En esta breve descripción cabe confundir los güermeces con la vulgar cpepita» o inflamación catarral de la mucosa bucal. López de Ayala trae una descripción más detallada de esta misma enfermedad, que nos permite una per- fecta identificación. «Los güermeces son engendrados en la cabeza del falcon por muchas maneras: los primeros güermeces se engendran en la cabeza cuan- do el falcon es lleno de agua, et aquella agua corre por las narices a la boca, et escaliéntala, et con aquel podrimento face güermeces (flujo nasal) et no son de peligro» (coriza probablemente)... «Otros güermeces hay que son engendrados en la boca del falcon;... estos güermeces que digo son los más peligrosos; son blancos, et son en figura J e granos tan grandes como mijo et mayores, et son por toda la boca, et por los forados de la lengua, et entran fasta dentro de la garganta, et está en dubda si podrán guarescer o non... Otros güermeces hay que son en las orejas... Et los más de los falcones que los han traen abierta la boca et non la pueden cerrar, et cuando vieres así la boca abierta, luego ten guarda de estos güermeces sobredichos, et párale mientras en la boca, et en aquel lugar deyuso de la lengua donde las bestias tienen el gallillo, et cata si tienen aquel lugar finchado...» En cuanto al pronóstico, López de Ayala afirma su gravedad en estos términos: «Ca esta dolencia es mortal, et ha menester de ser curada sutilmente». En el libro de Sant Fagund concede mucha importancia a los güermeces y dedica cuatro capítulos al estudio de sus localizaciones; tratado tercero, en el capítulo VII, se ocupa: «de los güermeces que se hacen en los ojos», y describe la lesión en estos términos: «revuelvalen los ojos como cuando cortan las uñas y verán luego dentro los güermeces en los párpados de arriba et ayuso»; en el capítulo IX estudia «los güermeces que se les hace en el paladar» y escribe: «le abran la boca, et fállale has encima del paladar una finchazon que parece haba gruesa»; en el capítulo XI estudia «los güermeces que se engendran en los oídos», sin especificar caracteies de la lesión; por último, en el capítulo XIII describe «los güermeces que se les face en la garganta», cuya lesión consiste en que «escaliéntase la boca y fácesele cancre en ella, et unos granos como mijo o como lentejuelo». Sant Fagund señala también como lesión específica la pepita que los autores más antiguos silencian, y la define en el capítulo XIV en estos términos precisos: «derribe el falcon et fallarle has debaxo de la lengua otra lengua apegada a ella, que parece como de ternilla, de manera de uña>. De esta reseña clínica podemos asegurar que los güermeces corresponden a la difteria aviar en su evolución crónica con localizaciones en la mucosa buco- faríngea, ocular y nasal, con localizaciones en la piel o con formas mixtas, según estudia la moderna patología infecciosa. Ahora voy a intentar aclarar otra enfermedad que, atendiendo a los sínto- mas recogidos en la obra de López de Ayala, me atrevo a identificarla con la ;6 tuberculosis aviar; al hablar «del falcon que deseca» escribe lo siguiente: «Mu- chas veces acaesce que por malas viandas, et mal pensamiento, et no comer los falcones cuando deben o comer poco, o viandas frías, et non frescar, o non ser purgados al tiempo que deben, adolescen et créscenles dolencias et gástanse d e cada día, en guisi que muchas veces vienen a desecar... et después quel falcon comienza a desecar, aunque coma, non le aprovecha, nin tiene fuerza en sí, et ver- lo has triste et apretado, et sacúdese flojo, et non tira nin despluma, et gástase- le la carne»; como tratamiento aconseja «tenlo en regimiento, dándole poco a poco buena vianda, et cercetas, negretas, aviones, si es tiempo dellos, et dale palominos et paloma a degollar, et beba de la sangre, mas non coma la carne de la paloma, et dale la vianda que le hobieres a dar, mojándola en la leche de las cabras..., et tenlo en buena casa, et dale el sol en que piense de sí, et non cures de le mostrar el señuelo... et poner en carne fasta que sea recio, como quier que si en tales dolencias luego non mejorar, tarde cobrar». En la obra de Sant Fagund, en el capítulo XVI, 2.°, se trata de la tísica, y dice así: «esta en- fermedad se face en el pulmón; esto se face por el pico muy luengo, cuando to- ma carne en el pico quiérela tragar y non puede, cae agua por la caña (tráquea) y va al pulmón y es llagado. Esta dolencia es mortal». Poco, muy poco aclara las noticias de Sant Fagund la etiología y sintomatología de la tuberculosis aviar, es de valor histórico el título del capítulo, saber que «la tísica» aparece incluida en la patología acipitraria. Los síntomas que relata López de Ayala corresponden muy bien a la sinto- matología de la tuberculosis aviar. Zwick (13), con relación a esta epizootia, ha escrito: «los síntomas de la tuberculosis aviar no tienen nada de característicos; las aves tuberculosas se muestran tristes, enflaquecen lentamente, hasta llegar a los huesos...; la evolución de la enfermedad es con frecuencia crónica». He creído oportuno entretenerme un poco más en la descripción de estas dos enfermedades p o r q u e ni antes ni después de los autores españoles, los tra- tados de cetrería o halconería, escritos por Franchiers, Tardif, Phoebus... pasan en silencio estas enfermedades, bien estudiadas actualmente, en la patología in- fecciosa de las aves domésticas. El canciller López d e Ayala dedica varios capítulos a la cirugía acipitraria, principalmente, y quizá el más interesante a la torma de ingerirlas plumas que- bradas, para que «las aves cobren todos sus vuelos enteros». Mediante varios artificios que el autor recomienda, se puede ingerir una nueva pluma en el caño de otra quebrada, y aconseja: «quesea el plumaje de la su ave, ca non debes injerir al gerifalte peñóla de neblí, nin al neblí de gerifalte ca non se faria bien, mas a cada ave buscar peñóla semejante, et si es pollo faz mucho que sea la pe- ñola que has de injerir polla, et si mudado mudada». No puedo seguir copian- d o este curioso capítulo de cirugía estética de las aves que «as honra del falco- nero et del cazador», y se han de extremar en poner remedio «cual cumple» a este accidente. No quiero dejar de mencionar alguna fórmula del injerto penneano; en el caso más sencillo—dice López de Ayala—, buscada la peñóla semejante, «es- tonces toma el cuchillo que fallece et igualado con la peñóla quebrada do se ha d e enjerir... et toma la tal peñóla et córtala por el cañón, en guisa que cuando entrare por el otro cañón llegue fasta cerca de lo vivo, mas non llegue a ello, porque le non duela... et sácale aquel meollo que trae de dentro, et ponle de la trementina un poco, et entonces métela por el cañón del ave». Hay casos en que la operación era más complicada. «Otro si, si la peñóla o pluma es quebrantada por lo macizo, por cualquier logar que sea quebrada, o por lo mas delgado, o por lo mas grueso, taja lo que estoviere marrotado, et 27 toma la otra peñóla que traes, et concierta las peñólas en guisa que vengan nin más nin menos de lo que han menester, et taja las dos peñólas, también la del ave, como la que traes sosquinada por esta guisa. Et faz aquella cortadura de aquellas peñólas con gañivete bien agudo, et moja las dos peñólas en el lugar donde se han de injerir con agua tibia, por que enternescan, et desi toma la aguja de injerir que sea fecha asi et estas agu- jas han de ser bien delgadas... et tengan sus esquinillas levantadas al revés las unas de las otras, porque entre la peñóla et después non puedan salir... junta las peñólas una con otra, et faz que entre tanto el aguja en la una peñóla como en la otra, et se venga a juntar en medio del aguja». López de Ayala aconseja que los halconeros lleven consigo «Buenas agujas majores y menores, delgadas y gruesas, et de peñólas, cuchiellos, tijeras... porque si menester fuese le pon- gas luego remedio. Manera de cortar las plumas para Una aguja de engerir, en tamaño mayor hacer el injerto del natural. (Dibujos de edi. de Gutiérrez de la Vega) Todos los autores españoles de cetrería se ocupan de aconsejar medidas de higiene para conservar la salud de los halcones y dedican especial atención a la muda, fenómeno fisiológico que con frecuencia se acompaña de trastornos nutritivos que en ocasiones llega a ser causa de alarma; los cuidados y la ali- mentación que exigen las aves de cetrería acreditan de atentos observadores a esos tratadistas. Por último, López de Ayala, al final de !a obra añade: . En el desarrollo del libro se antepone la cirugía, aun comprendiendo 30 dice el prologuista, que «debiera ser ordenada antes la física, es decir, la medi- cina; pero razona la preferencia por la cirugía o «cerulgia»-, porque tiene más aplicaciones «para el meester del monte». A la cirugía dedican los monteros de Castilla veintidós capítulos, describien- d o todos los traumatismos, heridas mordeduras, «quebrantaduras» que pue- den sufrir los perros de caza. Las heridas son llamadas comúnmente llagas y desde el primer m o m e n t o establecen una división en llaga simple y llaga com- Ilustración adel Libro de monterías. Ms. Biblioteca del Palacio Nacional (lá- mina i. del manuscrito). La postura del perro herido es expresiva puesta; es simple, cuando sólo r o m p e la piel y la carne; compuesta, cuando «llaga al tiesto de la cabeza o quiebra los huesos del cuerpo». Al referir las causas y circunstancias de los traumatismos pasan revista a todos los cuerpos vulnerantes que pueden herir al perro de caza, se citan heri- das o llagas «fechas con espada o con cosa semejante», con piedra o con palo, con cuckiello; se citan «la jara o de otra cosa que entra en las manos o en los pies a los canes». Citan también las mordeduras o brocadura del oso, y de otro venado que puede lesionar a los perros. 3' Señalan las regiones corporales que ofrecen mayor riesgo y son heridas con más frecuencia. A las llagas de la cabeza (cráneo o cara) dedican siete ca- pítulos; también dedican sendos capítulos al tratamiento de «la llaga fecha en el cuerpo»; a «la llaga de la garganta»; a «la llaga que sea fecha en los pechos»; a «la llaga en el vientre de que salieren las tripas fuera»; a «la llaga que sea fecha en los brazos»; la que «sea fecha en los testículos et salieren fuera». Un capítulo hay dedicado al estudio de las mordeduras de oso o de otro venado, y no citan el jabalí. Las fracturas se estudian en dos capítulos, señalando la distinción de «que- braduras con llaga» y de «quebraduias sin llaga»; es decir, fractura con o sin rotura de piel. Citan los monteros un traumatismo original, la llamada «broca- dura», que «es apretadura del oso», y la definen en estos términos: «cuando acaesciere al can brocadura, que es quebrantadura, cuando lo toma el oso et lo aprieta». Los tratamientos aconsejados por los monteros son prácticos y racionales; como ejemplo, copiaré el tratamiento de una herida sencilla: «toda llaga que can hobiere en la cabeza, que se curada de esta guisa. Lo primero sea tirado el cabello en derredor de la llaga cuanto dos dedos, et sea alimpiada de los cabe líos o de otra cosa alguna que sea el de sacar, et sea cosida, tomando bien del cuero, et un poco de carne; et la aguja sea cuadrada, et non muy delgada... et sea hi dados tantos puntos como cumplieren habiendo de punto a punto una pulgada; et non sean muy apretados los puntos nin muy flojos; porque los apre- tados facen dolor et los flojos viedan el juntar las llaga. Et encima de ¡a llaga sean echados estos polvos que se siguen: fojas de murta, et fojas de encina, et fojas de acederas, et fojas de nisporas, et fojas de llantén, et cortezas de palma, et ordio quemado, et voladura de molino, et acienzo, et sangre de drago, et raíz de pintapelin, etraza... et s ó b r e l o s dichos poluos sean puestas estopas con vino caliente remojadas, et estopa seca sobre las dos estopadas de vino, et sea atado con una faja, et esto sea fecho cada día una vez; et si la atadura estudiere queda, será mejor de catarse de tercer en tercer día». Describen también un método curioso de hemostasia; refiriéndose a una he- rida de la garganta, con abundante hemorragia, aconsejan: «De llaga de la gar- ganta que fuere cortada la vena organal, et saliere mucha sangre, porque po- dría seer que cosiendo la llaga, que saldría tanta sangre que morría el can, por tanto sea curado en esta manera que se sigue. Luego sea puesto el d e d o mos- trador (índice) en la vena donde salle la sangre, et téngalo quedo, et mientras hi toviere el dedo, fagan esto que se sigue... batan una o dos claras de huevos mucho batidas, fasta que se faga mucha espuma, et sean enderezadas pildoras de estopa, la cual estopa sea picada con un cuchiello en un madero limpio, et de esta estopa sean formadas pildoras una tamaña como la cabeza del dedo pulgar, et otra mayor un poco, et en dende adelante otras mayores, et la me- nor sea puesta sobre la boca de la vena, et la un poco mayor sobre la primera, et teniendo todavía el dedo sobre las pildoras et sobrestás dos otras muchas, fasta que la llaga sea bien llena dellas. Et todas estas pildoras, que son estopa- das, todas sean puestas en las claras de los huevos, et sean mojadas en la Hagi en manera que la llaga finque bien enformada, et sea atada con una toca, que pueda andar unas cuatro veces en derredor, en manera que non se pueda des- atar. Et con la primer atadura esté fasta cinco días, o fasta siete. Et después que la sangre fuere quedada sea curada la llaga como dicho es en la llaga que fabla de perdimiento de carne et de cuero», El tratamiento de una herida del abdomen con eventración se describe en estos términos: «Lo primero, si fuere luego tomado, antes que las tripas sean 32 enfriadas, sean tornadas a su lugar propio; et hanse de tornar de esta manera: tengan el can de las manos, et d e los pies faz a arriba en manera que el vientre finque en hueco; et el que las hobiere a tornar meta el dedo mostrador de la mano izquierda dentro en el vientre; et con los dedos de la mano derecha meta las tripas pocas a pocas... fasta que las tripas sean dentro... Et si las tripas fue- ren enfriadas, et con ventosidat, sean caldeadas con vino bermejo que es lo mejor, en que sea cocha flor de manzaniella, fasta que la ventosidat sea tirada dellas, et sean tornadas a su lugar propio, según dicho es, et sea cosida la llaga ante que el can dejen, según que estaba cuando las tripas lo pusieron dentro». La reducción de una fractura se describe en estos términos: «Si quebradura d e brazo ó pierna acaesciere al can con llaga, lo primero tengan bien al can, et un home tome del brazo, o de la pierna con amas manos un poco encima de la quebradura, et otro home eso mismo tome de yuso de la quebradura, et tiren amos comunalmente, et el que lo hobiere a endereszar, eguale los huesos con amas manos en manera que las ponga en su propio lugar... et el que los huesos enderezó tome una toca, en que haya una brazada de luen- go, et de tres dedos d e ancho, et envuélvala en claras de huevos, que sea mu- cho batidas, et esprímala un poco, et ponga el cabo della sobre la quebradura, et tráyala a derredor tres o cuatro veces sobre ¡a quebradura, et después súbala contra arriba buena cantidat d e ¡a quebratura, segúnd el miembro, et después desciéndola otra buena parte de yuso de la quebradura, et así trayéndola arriba et ayuso en manera que haya hi tanto de paño porque las tablas que fueren hi puestas encima, que non puedan facer daño en lo sano... et con esa atadura esté fasta cinco días, et después sea tirada la cuerda, et la tabla que está sobre la lla- ga, et las otras tablas estén en su lugar, teniéndolas alguno, et allí d o la llaga, sean cortados los paños con tiseras o con cañivete fasta que paresca la Haga, et sea alimpiada con paño delgado et sea hi puesta esta melecina que sigue: miel, dos onzas; anzarote, cuarta de onza... esta melicina sea puesta en la llaga». Mucho confían los autores en los remedios que aconsejan, pero también confían mucho «en el ingenio del maestro que catase, que por eso a tal es dicho: que el ingenio del maestro al arte ayuda». La segunda parte del libro segundo se dedica a la medicina, «que es lo que fagan a los canes en sus dolencias para guarescer, et otro si para los traer sa- nos». Los capítulos que integran la parte medican no son también definidos, ni las enfermedades se describen con la precisión de las lesiones; en general, los monteros guardan silencio acerca de la etiología; tampoco describen los sínto- mas; la lectura de esta parte exige una laboriosa interpretación, no siempre cer- tera, aunque ayuda un poco la indicación anatómica del órgano enfermo. Ojos.—Conjuntivitis (de las enfermedades de los ojos).—Opacidades de la cór- nea {de las nubes viejas que son de grand tiempo). Traumatismos de la órbita {de las resquebrajaduras de las cuencas de los ojos.) OÍDOS.—Otitis, catarro auricular {de la hinchazón de las orejas.) Otitis verminosa {de los gusanos que se les facen dentro en las orejas.) GARGANTA.—Inflamación de la mucosa bucal, paladar y faríngea {de la enfer- niedat que les acaesce en las foetas, et en las gargantas.) Ulceras del paladar {llagas que se les facen en los paladares).—Cuerpos ex- traños en la garganta (del hueso que se les traba en las gargantas) INTESTINO.—Enteritis {del dolor de tripas—de la enfermedat que han dentro en los cuerpos o en las ijadas ) Disentería, diarrea {del dolor quel dicen disenteria). Vermes intestinales (gusanos que se les facen dentro en los cuerpos). SISTEMA NERVIOSO.—Rabia (de las mordeduras de los perros o si rabian por 33 ello).—Rabia paralítica (de la malencouia). Los autores dicen: «sabed que cuan- do se les ficiere la malenconía quel dicen rabia» muda. ÓRGANOS GENITOURINARIOS.— Retención de orina (cuando non pedieren verter las aguas). Ilustración delLtiro de la montería Ms. Biblioteca del Palacio Xacional (lá- mina 3.il). Tres monteros curan un perro herido. Ei cirujano cosiendo la herida Tumores en la vagina (cuando echan sangre por aquel lugar do facen fijos). PIEL.—Llagas, grietas {de las llagas et de las crietas; de las postiellas, que se- mejan cabezas de priegos). 34 Tumoración. Dermitis {de la hinchazón). Verrugas (de las berrugas, et de los nudos que son de manera de landres). Viruela (de las veniela*).—Dice Casas—autor moderno (15)—«que lo que en el perro se llaman viruelas, no es más que una alteración del canal intestinal acompañada de erupción cutánea» (púrpura hemorrágica). Sarna {de la sarna). Picaduras de insectos {cuando les mordieren las moscas y los tábanos). EXTREMIDADES.—Despeadura {quemaren las uñas, laceria). Los monteros dan también unas nociones de la obstetricia canina, los títu- los son expresivos y no dejan dudas: I, de los tiempos en que se engendran los canes; II, que deben facer a las perras cuando no pudieren parir; III, con que se alimpien las madres (matriz); IV, cuando quisieren que se empreñen aina; V, lo que deben facer a los maslos (machos) que no pudieren engendrar; VI, cuando se les daña aquel lugar faciendo fijos. También contienen medidas de higiene, aconsejan las viandas que deben comer los canes para engordarlos, asimismo de los cuidados que exigen su en- trenamiento cuando están casados. La mayoría de los tratamientos que encontramos en el libro son simples, racionales; pero no se vieron libres de interpretaciones supersticiosas. Al refe- rirse a la despeadura o infusura del perro aconsejan: «Et si les ficieren collares de un árbol que dicen sambucus (saúco), et les trojieren tres días uno en pos de otro facerles ha pro». Mucho más curiosa es la siguiente receta: «Et decimos así, que cuando les quisieren facer (a los perros) que estén quedos en las posa- das, et que non fuyan, tomen una cañavera que sea tan luenga como el rabo del can que quieren facer que non fuya et trasquílenle los pelos del rabo, et métanlos dentro en la caña; et después pongan la caña en la posada que esté so techo, ca esto les fará estar quedos et que non fuyan». En el recetario hemos encontrado repetidas veces perfecta similitud entre las fórmulas aconsejadas por los monteros españoles y las recomendadas por otros autores más antiguos. Las fuentes de información que se han de buscar, unas veces en la obra de Alberto Magno (16) y con más frecuencia en la obra d e Pepagomeno ya citada anteriormente; este médico bizantino aplicó, sin du- da alguna, a los perros, los remedios de la especie humana, y llegó a conseguir resultados excelentes; por tanto, sus consejos eran bien recibidos por todos los monteros y aceptados en las obras de los profesionales. En el libro que analizamos hay un gran número de recetas griegas que los monteros españoles han traducido; citaré los ejemplos más típicos: en el trata- miento del leucoma, Pepagomeno, según la traducción de Osmieczynski, acon- seja la siguiente fórmula: bilis de buey, 6 gramos; zumo de hinojo; miel, 9 on- zas; yema de huevo, 3 onzas. La receta española para la misma dolencia se for- mula así: miel, peso de medio dinero; azafrán, peso de un dinero de plata; fiel de buey, peso d e un dinero y tercio de plata. Muélanlo y mézclenlo con un poco de zumo de hinojo. Otro ejemplo. Para el tratamiento de las verrugas de la boca, Pepagomeno aconseja: resina, amoníaco, agalla, vinagre, papel quema- do. Mezclar y dar toques en la boca. La receta española para las «llagas que se facen en los paladares» se compone de: sal et de la miel et de las agallas, et del pergamino et del papel quemado tanto de lo uno como de lo al, et mezclar con el vinagre et después fréguenles las llagas con ello». Una reminiscencia de la obra de Alberto Magno hemos encontrado en el libro de la montería, receta que no se encuentra en el Kynosopluon de los auto- res bizantinos, a pesar d e tratarse de tema muy interesante en patología canina, referente a la receta para expulsar los gusanos intestinales, a ¡es vermífugos. 3S Alberto Magno aconseja esta receta: dar simiente de assince, polvo del cuerno d e ciervo, de gusanos, y todo adicionado de miel, los autores españoles amplían ' la receta en estos términos: «Tomen del cuerno del ciervo et quémenlo et mué- lanlo et mézclenlo con miel, et déngeío a comer ca esto les matera los gusanos. I O tomen una melecina quel dicen saradion et de la simiente del asensio, tanto 1 d e lo uno como de lo al, et cuénganlo con el agua et cuélenlo, et échenles dello j por las narices». En cambio, los monteros españoles se apartan de los antiguos, y con acierto, i en el tratamiento de la sarna, enfermedad rebelde en el perro, y proponen re- medios que no cita ningún otro autor. El tratamiento aconsejado consiste «que • cuando hobieren sarna, conviene que los hagan estar al sol el día que hiciere • calentura después que fueren pasadas las dos partes del día, et úntenlos con {aceite, et después tomen de una melecina quel dicen tayafin, et muélanla, et léchenles de los polvos sobre la sarna; et déjenlos estar así ese día que ge lo ficie- • ren, et después métanlos en el baño, et lávenlos con agua tibia Et después • q u e se enjugaren, úntenlos con aceite, et échenles otra vegada d e los polvos Jque dijimos, et fáganles este melecinamiento, segúnd que dijimos cada tercer Idía una vez. Et si no mejoraren con esto, et si no tomen del oropimente media •onza, et de la liguya, et de la piedra sufre, et de la cera, de cada uno una onza, • et muelan lo que se pudiere moler de estas melecinas, et cuéganlo todo bien • con del aceite, et laven los lugares bien de la sarna fasta que se alimpie, et ¡cuando fueren enjutos aquellos lugares úntenlos con desta melecina que diji- l m o s , et átenlos al sol; et déjenlos ni estar este-día todo el día, et fáganles estos j t r e s veces cada tercer día una vez». La aplicación d e los medicamentos se hace en tópicos locales, per os, y uti- l i z a n d o la vía nasal, es decir, vertiendo los líquidos en la entrada de las fosas inasales; en ningún caso se recomiendan los clisteles. También aconsejan tratamiento quirúrgico: la sangría, que podía hacerse en Mas venas que han en las orejas», en cuanto a la cantidad de sangre «sanqueles [tanta cuanto entienda que habrá menester», no da indicaciones concretas; la jcauterización se aconseja en el tratamiento de las úlceras del cartílago auricu- llar, en estos términos: Los monteros españoles han seguido la traza de Pepagomeno; han mejora- jdo el texto con observaciones personales y descripción detallada de los dife- r e n t e s tratamientos; la recopilación de textos antiguos, acompañada de labor Ipersonal, acusan todo el interés que en el medievo dedicaron al perro, como •elemento indispensable del deporte venatorio, tan arraigado en la realeza y no- jbleza de aquella época. NOTAS (>) La obra de Xenophonte De la caza y montería, puede consultarse en el tomo titulado Xenopkoniis scripta minora. Parí II. Opusculapolítica, equestria, venativa. Ed. F. K. Rubí (Bib. teubneriana). Leipzig. Trata únicamente de la crianza, cuidados y exterior del perro. Hac- ina traducción española en las obras de Xenophonte, por Diego Gracián, Salamanca, 1552. Reimpreso en La Ilustración Venatoria. Madrid, 1885. (2) El poema de Grattius Faliscus, «Cynegeticus», puede consultarse en el tomo titulado Poetae latini minores. Yol. II, que contiene entre otros trabajos: Gratti. Cygeneticon, fragm. Bib. Teubneriana^. Leipzig. El poema de AI. Aurelius Olimpius Nemesianus, «Cynegeticus», > ha incluido en una edición del Cynegclicon, de Grattius Faliscus, Venetiae, 1534. e (3) Varronis M. Terenti. Rerum rusticalum, iibri III.—Ed. Goetz. (Bib. Teubneriana). -eipzig. Marco Terentio Varron: Los tres librosdeAgricultiira.Trzá. esp. de B. Alemany. (Bib.Clá- ica). Madrid, 1931. (4) Columeía, L..' De re rustica, lib. XII, ed. Schneider. Lipsiae, 1794- Columela, Lucio J. Modérate: Los doce libros de Agricultura. Trad. esp. de V. Tinajero. Madrid, 1879. (5) Aristóteles: De animabilus historia. Ed. Dittmeyer (Bib. Teubneriana). Leipzig. Histo- ria general de aves y animales, de Aristóteles. Trad. esp. Funes, Valencia, 1621. 16) Cayus Plinius Secundus: Naturalts Historiae, libri XXXII. Ed. Mayhoff (Bib. Teub- neriana). Leipzig. Historia natural de Cayo Plinio segundo. Trad. Ldo. Jerónimo de Huerta. Madrid, 1624. 17) Aeliani Claudii: De natura animalium, libri XVII. Ed. Hercher. Leipzig, 1864. Yol. I. (8) La obra de Pepagomeno se encuentra recogida en dos impresos: i.° Rei accipitrariae scriplores nuneprimun editi. Ed. Xic Rigaltius. C. Marellius, 1612 (griego y latín). La parte Kynosophion ocupa las páginas 255-278 de la parte griega. Gilíes da una traducción latina en la segunda parte. 2° La obra de Aeliano, ya citada, contiene en el Vol II: Varia historia fragmenta. Accedunt rei accipilrariae scriptores Demitrii Pepagomeni, Cynosophiun. Lipsiae, 1866. (9) Phemon, Phaemon o Phoemon; se trata d e un filósofo griego de fines del siglo xm; su obra fe ha reunido en dos publicaciones, actualmente de difícil consulta. i.° Kynosophion ac opusculum de cure et conservatione canum, graece, et ¡atine,per Rud. Vienne, 1535. 2. 0 Phaenwnis veleriphilosophi, cynosophion, seu de cure canum líber, grace et lati- ne.—Interprete Andrea Aurifabro. Vilembergae, apud J. Lufft. 1545-—Aurifabra, médico de Breslau, tradujo esta obra del latín, de un manuscrito acéfalo recogido en el sitio de Rodas por un soldado que se lo vendió a J. Fresler, médico de Dantzig (L. Moulé. Histoire de le Médecine Vétérinaire. Au moye age. 2° período). París, 1900. Recientemente, Omieczynski ha escrito una tesis doctoral con el título Hundezucht und Hundekrankheiten in der Literaiur des Klassischen AUertums mit besonderer Berucksichtigung des Kynosophions. Berlín, 1924, y traduce del griego al alemán varios trozos del Kynosophion del siglo xm. Con relación al título y autor dice: «El título verdadero de la obra es Kuvoaos'.ov '> ~zy. XtílKUV SRJlzXatO^»» El autor no es conocido con seguridad; según Kreutzer, unos llaman al autor Demetrius; otros, Phamon; pero no hay pruebas demostrativas. Para Wellmann, el famoso médico Demetrio Pepagomeno,vivió en Constantinopla a me- diados del siglo xm, es el autor del libro de los perros. Krumbager (historiador de la litera- tura bizantina) estima sólo con poca seguridad que Demetrio haya escrito estas obras. 110) Mucho han discutido los críticos al final del siglo pasado acerca de que el rey Al- fonso mandó escribir este libro; el pleito lo falló el Sr. Gutiérrez de la Vega aiirmando que fué en el reinado de Alfonso XI, años de 1342-1350. Es seguro que este libro contenga mu- cho de lo escrito por Aifonso X fel Sabio), pues escribió «muy cumplidamente de toda la arte de la caza, también del cazar, como del venar, como del pescar>, esto dice el príncipe don Tuan Manuel en el libro de la caza (ed. Gutiérrez de la Vega. Bib. Venatoria, tomo III. Madrid, 1S79). El manuscrito ha sido perdido, la prueba es difícil, la conjetura es verosímil». (1 I) El libro de la montería que mandó «escribir el muy alto y muy poderoso rey don Alfonso de Castilla y de León, último de este nombre. Acrecentado p o r Gonzalo Argote de Molina». Sevilla, 1582. (12) Libro de la Montería del rey Alfonso XI, con un discurso y notas del Excmo. Sr. D. José Gutiérrez d e la Vega (Bib. Venatoria, tomos I-II). Madrid, 1877. (13) Discurso sobre la montería, p o r G. Argote de Molina, ed. Gutiérrez de la Vega (Bib. Venatoria, tomo IV). Madrid, 18S2. (14) Esta conducta del médico Pepagomeno de escribir un libro de patología animal, no es un hecho aislado. Teodorico de Luca, obispo de Cevia (1206-1288) ejercitó la medicina y la cirugía; escribió varias obras, entre ellas una sobre la hipiatría, titulada Mulomedicina ex dictis medicorum mulomedicorum sapientium compilata, y otra de acipiatría, con el título de Tractus de cura accipitrum. Dr. García del Real. Dis. de la Universidad de Madrid; curso '933-34. Madrid, 1933. (15) N. Casas: Enfermedades de los ganados, perro, aves, abejas. Madrid, 1842. (Ió) Albertus Magnus: Opera Omnia. Parisiis, 1890. Opus de animalibus. Vol. IV. III EXFERMEDADES DE LOS ÉQUIDOS El estudio de la medicina de los équidos en la Edad Media en España cuen- ta con importantes monumentos literarios de extraordinario mérito, algunos únicos en el mundo; pruebas del gran progreso que alcanzaron las prácticas en 37 r w 1 FT^j . l i é pwirfif i. ef-(<$M*J<*e Í <¿« . <$vx> c ft- ít fa'ieícn 0,i.,"[ am U ' 4*»ÍHÍ o>Lt». A «^rj« ^ j U p r u *"«u-í>0 t p » , H-IU"/W t*> mtbuL,-«¡'J&t'han itwin»H>tLi el W a j - JñiSFf T (í.-j-uír\'í i ¡si» fí en hícítM^v' tóíí* Lt rateo* «•" "ív^eícp «J*«0 T L I £ n.t.-i :-••' Un folio del manuscrito (fol. 62 r.). En la fi¿ura primera,"un caballo con intensa con- juntivitis. En la segunda, un caballo ciego, «que tiene en los ojos la gota serena». 38 el tratamiento de las dolencias de los animales útiles, en que rivalizaban o se complementaban los autores cristianos y los hispanoárabes, unos y otros nos hanJegado obras con importantes noticias sobre patología equina, hipiatría, que representan valiosos documentos para la historia de la Veterinaria. Entre los autores hispanoárabes tenemos al sevillano Abuzacaria Jahya A b e n - mohámed Benchmed, autor de un tratado de Agricultura (i). El original árabe se conserva en la biblioteca d e El Escorial; en 1802 se publicó una traducción castellana, por Banqueri, después traducida al francés por Clement-Muller. El capítulo X X X I I de la obra de Abou Zacaria es un verdadero tratado d e Veterinaria (Al' Beitharad) y comprende todas las enfermedades conocidas del caballo y gran número de remedios para su curación. Otro tratadista hispanoárabe es el granadino Aly ben Abderrahman ben Hodeil, que nos ha legado dos obras: sobre Hipología (2) y sobre Albeitería, cuyo original manuscrito se conserva en la biblioteca de la Academia de la Historia (fondos Gayangos). Los autores cristianos del medievo también nos legaron obras notables acerca de la medicina d e los équidos. A n t e la imposibilidad d e un estudio de- tallado, quiero concretar estas notas a informar la existencia de estos tratados y situar sus méritos en la evolución histórica de la ciencia veterinaria, princi- palmente en la terapéutica quirúrgica. Para el estudio de la medicina de los équidos en la Edad Media cristiana contamos con un d o c u m e n t o español de mérito único, el manuscrito de Alva- rez de Salamiella, que se conserva en la Biblioteca Nacional de París. La primera noticia que tenemos de este manuscrito corresponde al señor Ochoa (3)1 que lo reseña en estos términos: «.Libro de menescalcia et de Albeyte- ria et Física de las bestias, compuesto por Joan Alvarez de Salamiella.— Códice en folio y en pergamino, con un gran lujo de viñetas iluminadas y doradas, or- las e iniciales doradas, letras de varios colores, hojas 71, siglo xv, letra gótica,. regularmente conservado». Dos historiadores modernos de la Veterinaria han citado y consultado este manuscrito; Moulé (4) dice ser extremadamente interesante para la historia d e j la Veterinaria; Rieck (5) lo considera como «el único documento de esa época para la historia de la cirugía d e Jos animales». H e tenido ocasión de leer y con- sultjar varias veces, en la Biblioteca Nacional de París, el manuscrito original;. para redactar estas notas he utilizado una copia fotográfica. La obra de Alvarez d e Salamiella tiene un gran valor científico en el texto, describiendo las enfermedades más frecuentes en los équidos domésticos, acón- sejando tratamientos adecuados; este valor está acrecentado con las ilustracio- nes que acompañan al texto; al final de cada capítulo se representa el albéitar o mariscal practicando el tratamiento aconsejado: sangría, castración, ingestión de medicamentos, intervenciones quirúrgicas, cauterizaciones, herraje, sujeción y suspensión de los équidos...; desgraciadamente, por descuido o por la acciór> del tiempo, algunas de las iluminaciones se han estropeado hasta desaparecer; lo legible es tan excelente, que su consulta es indispensable para escribir la Historia de la Veterinaria. La obra c o m p r e n d e realmente dos tratados: uno de exterior, otro de patolo- gía equina, hipiatría; el texto empieza en el folio 4 con estas palabras: *ln nomine Domini nostri jfhesu-Christi amén. Este es el libro que compit- so Johan Alvarez d e Salamielha (*) por ruego et mendado de Moss. Jokan de Bearns Cavaler, Senescal de Begorre et Capitayne de Lorde por nre. Senhor lo Rey (*) En otras partes escribe Salamillas. 39 d Anglaterra et de Frauce, sober los dichos de ypocras et de otros autores que obran- ront de estas ciencias de menescalcía». En los primeros 10 folios, el autor expone sus teorías médicas, fundamenta- <* II*»*.".1^„^M_SWL»-— iá'.^Jü¡k¿.¿_ .».. ^ í i _ J Cauterización, después del despalme, en el «pul- món». El caballo tiene puesto ei acial. das en las de Hipócrates, reinantes en la época; concede tanta importancia a los conocimientos teóricos, que afirman «quien estas cosas que yo aquí posiere non sopiere et[non entendiere non debierie obrar de manescalcia si non a la ventura». Tratamiento de la lupia. El caballo está sujeto con trabas. A! folio l o dice: «Aquí comienza el libro de menescalcia et de albeyteria et física de las bestias que compuso Johan Alvarez de Salamieüas»; contiene esta primera parte 33 capítulos y corresponden exclusivamente a la «física de las bes- tias» que actualmente llamamos Exterior. 40 E n la primera parte, en «la física de las bestias» faltan cuatro folios (del 15 al 20) y trata «de las facciones que los caballos deben haber para ser buenos et d e deleite et beneficio de los señores et de los caballeros». La exposición está Suspensión del caballo para curar la «pierna quebrada». adornada con valiosas viñetas, domina el texto las preocupaciones y creencias de los hipólogos árabes, que saturaron durante muchos años la Veterinaria; con- viene anotar un hecho curioso. Alvarez de Salamiella acepta las ideas árabes a La figura de la cura del gabarro. El caballo está sujeto en el decúbito. través de los mariscales italianos, incluso utilizando frecuentes italianismos en su prosa; muestra conocimiento de las obras de Ruffus (6), Rusius (7), que tanta di- vulgación alcanzaron en la Edad Media. A l llegar al folio 12 dice: «Aquí comienza el II libro que fabla de las enfer- 41 medades de los caballos y de sus curas». El programa ha sido expuesto con toda claridad en estos términos: «Et quantas et quales son las enfermedades que pueden haber. E t como viene cada una, et de que, et como se gobiernan las cu- ras, et que deben hacer para guarecer con sangrías. E t las que con quemas (cau- terizaciones). Et las con que polvos. Et las con que yerbas. Et las que con em- plastos. Et las que con ungüentos. Et las que con unturas. Por ende es razón d e departir dellas». Todas estas cuestiones se desarrollan en cien capítulos. Esta segunda parte corresponde perfectamente a un tratado de patología equina. El manuscrito tampoco está completo; no falta ningún folio, pero el ama- nuense dejó de copiar las planas correspondientes a los folios 16 al 19, ambos inclusive, y el 66; busquedades insistentes no me han permitido encontrar nin- guna otra copia de este interesantísimo manuscrito. De la lectura del manuscrito se saca la conclusión de que Alvarez de Sala- miella era un experto veterinario, conocedor de las teorías patológicas de la épo- ca y clínico excelente; los tratamientos que dispone acusan prácticas, es muy detallista en las referencias y refuta indicaciones de autores anteriores, por esti- marlas equivocadas. Con ser muy interesante todo el libro de nuestro albéitar, donde sobresale la originalidad de Alvarez es en el libro II, como clínico y muy especialmente como cirujano, en el tratamiento de las enfermedades externas de los équidos. Conjuntamente con los tratamientos medicinales ,Alvarez aconseja la interven- ción quirúrgica, indicando el instrumento, incluso dibujando su figura y descri- biendo la intervención y cuidados post-operatorios. No se encuentra nada com- parable en la antigüedad ni muchos años después. A) NOCIONES DE CIRUGÍA En el manuscrito de Alvarez encontramos los antecedentes de la cirugía ve- terinaria en todas sus aplicaciones. Una ligera reseña confirmará mi afirmación. I.° SUJECIÓN.—Las intervenciones quirúrgicas en los équidos exigen previa- mente la sujeción del animal, que permita al veterinario operar tranquilamente sin peligro de su vida y contener las reacciones dolorosas y violentas del en- fermo. De los medios de contención que contamos en la actualidad, algunos eran conocidos y aconsejados por Alvarez, tanto empleados en la estación de pie como derribado el animal en el suelo. a) Acial.—La cirugía moderna clasifica el acial entre los medios de tormen- to, «un dolor vivo provocado artificialmente atenúa el producido por las ma- niobras quirúrgicas y determina una especie de intimidación momentánea que paraliza los esfuerzos de los animales» (García Izcara) (8). El acial tiene nombre arábigo; fué inventado por los árabes; no se cita en las obras de los hipiatras grecorromanos; en cambio, lo cita Abuzacaria Jhaya, al describir la operación d e la sangría: «se sujetará el bruto con traba y aciar»; en el manuscrito de Alvarez no describe el aparato ni su colocación, pero se dibuja en varias figuras. b) Trabas.—Atar o trabar las extremidades representa una precaución ele- mental para curar o explorar un caballo; en el manuscrito de Alvarez se repre- sentan varios caballos trabados: «echadas unas sueltas», según expresión de la época. También explica Alvarez cómo debe sujetarse «bestia xamura que no se deja herrar», principalmente de las piernas y evitar los peligros que acarrea esta operación (cap. 96, fol. 71), 42 c) Potro.—Con este nombre, un poco extraño, llamamos en Veterinaria un aparato para sujetar fuertemente, llegando incluso a la inmovilización, a los gran- des animales domésticos; el potro sujeta o inmoviliza los brutos en pie; la pri- mera indicación histórica de esta clase de aparatos se encuentra en la obra de - ^ -o a fa c d a. Lanceta aguda.—b. Lanceta. c. Legra, d.—Cauterio cutelar. Columela (De re rustica) con el nombre de machina; en las obras del medievo se cita este aparato; su representación gráfica aparece únicamente en el manuscrito de Alvarez y en una vidriera del siglo xm, existente en la catedral de Chartres. d) Suspensión.—Para facilitar la curación de algunas enfermedades—fractu- > / =o Cauterio cutelar para «verdugadas», «Espeto», cauterio fino.—k. «Cu- y. «Botaavan», p-.jjavante. chiello», cuchillo. ras—es necesario suspender al animal; en el manuscrito de Alvarez se encuen tran varias figuras con caballos colgados; con motivo del tra tamiento de la frac tura d e la caña (metacarpiano), dice: «para esto guarecer tomar el caballo e cuelgarlo por manera que non se puede echar et que finque algún poco los pies» <3 k l m t. Cauterio de pala.—k. Lanceta para l. Royetajegra.— m. Cornijuello, na- el lampasto. vaja. También aconseja la suspensión cuando «son tollidos los lomos» (luxación lumbar), en estos precisos términos: «tomad el caballo et congarlo en guisa que non se pueda echar» (cap. XI, fol. 40 v.). e) Sujeción en decúbito.— En ocasiones hay que tumbar los équidos, y Alva- rez recomienda en 2." INSTRUMEN- varios casos derri- ,-A ^ |~ " ' -• TOS DE CIRUGÍA.— bar el caballo, y se- " l I-"" ^^*""" Las i l u s t r a c i o n e s ñala las figuras có- ti *" -r- o ? f de Alvarez de Sa- mo ha de sujetarse lamilla dan una en el decúbito, me- Fieme, «lanceta de bastón exacta ¡dea del diante trabas y pla- o. Cauterio de pala. i n s t r u m e n t a l qui- talongas. rúrgico d e los al- b é i t a r e s del m e d i e v o y nos informa de sus n o m b r e s y figuras: a) Lanceta.—Había dos formas de lancetas, una llamada lanceta aguda, se- mejante a la usada actualmente en Veterinaria, salvo las cachas, y la lanceta con bastón, que ahora llamamos fieme. 43 f>) Bisturí.—Se llamaba generalmente cuchiello, o corniello, quizá por error cornicheilo; también reciben el nombre español de navaja. c) Legra.—Se considera como instrumento propio de albeitería, se le llama Rebajando las «suelas en la desainadura. El ma- riscal tiene un pujavante para dedolar ei casco. leguera, royneta—galicismo—. Según el profesor Bassi, de Turín, la legra fué ci- tada por vez primera por Ruffus, mariscal siciliano del siglo xin; su forma a n t i - gua es idéntica a la actual; una hoja cortante doblada en su extremo sirve m u y bien para las operaciones del casco. Esta es la figura como se debe sangrar. d) Tijeras.—Son citadas con el nombre de tiseras o tesoras, pero no apare- ce su figura. e) Cauterios.—Los cauterios llamados fierros, espetos, ofrecen varias^formas 44 según la aplicación del fuego en puntos, rayas, verdugones^ dice el autor; palas para cauterizaciones en superficie. f) Pujavante.—La forma del pujavante q u e dibuja Alvarez, el bota-avant, difiere mucho del moderno instrumento, aunque el uso sea el mismo: dedolar la superficie córnea del casco. g) Agujas.—El autor habla con frecuencia d e suturar y d e agujas, sin dar la figura ni la descripción. 3. 0 TERAPÉUTICA QUIRÚRGICA.—Podemos deducir d e la lectura del manuscri- to d e Alvarez q u e hay operaciones generales, como son: sangrías, cauterizacio- nes, incisiones, sedales...; operaciones que pueden hacerse en muchos órganos de la economía anima'; y operaciones especiales, intervenciones localizadas en órganos determinados, como son: castración, reducción de hernias..., todas per- fectamente descritas y detalladas gráficamente. a) Sangrías.—Mucho abusaron los hipiatras grecolatinos d e la sangría; siguen el mismo criterio imperado en la Edad Media. Alvarez titula el capítulo 88 así: Sangría del paladar en el lampasto. «que, e fabla d e las sangrías principales d e todo el ano», y al final de la obra repite el mismo tema en un apéndice titulado «que fabla d e todas las sangrías que se d e b e n facer a los caballos», reseñando las venas que se pueden abrir y las dolencias para que están indicadas. La técnica d e la sangría, según la topografía de la vena, está siempre indi- cada en cada caso por figuras, aconseja sangrar con lanceta o fieme, según los casos. Las regiones d o n d e se puede sangrar se describen en el capítulo final {folios 74-75) en estos términos: «Primeramente la sangría de sus la lengua, se face por una malantia q u e ha nombre peana. La segunda sangría del paladar se face porque una malantia que ha nombre lampasto. La III sangría d e suso del ojo se face quando ploran los ojos al caballo. La IIH sangría d e suso del ojo se face quando el caballo ha alguna tela den- tro en el ojo. 45 La V sangría es de cuello et facese por una malantia que a nombre adivas o por torzones que facen al caballo echar et levantar a menudo. Sangría en ia tabla del cuello. Se ve cómo sujeta la vena y pica por encima. La VI sangría es de los pechos et fazese quando el caballo es abierto en los pechos. La VII sangría es en derecho de los genoles et face se quando los caballos Cuidados postoperatorios de «la sangría de los pechos» son aguados o marfondidos. Otro si, se debe facer quando han alguna sarna viva de los gonolles a suso. La VIII sangría es de los costados que se face quando los caballos han los vientres enriados. 46 La IX sangría es entre las piernas, se sangra cerca los collones et face se •quando han los collones enriados o las cambas.» Sangra en los ta oríes El cab dio se sujeta con el «acial». La X sangría es de los cuartos de dentro et da la parte de fuera de todos los cuatro pies, facese cuando el aguadura o marfor.di miento desciende a las coronas de los pies. Esta es la figura como se sangra del cuello et con este arte. _E1 mariscal está armado de un fieme y bastón. La XI sangría es de las puntas de los pies, et facese cuando el aguadura o marfondimiento es destendido dentro de ¡os pies. La XII sangría es de la coa (?) del caballo, et tácese cuando el caballo traye la coa (?) fuertemente a la una parte y a otra. 47 Además de estas sangrías curativas, Alvarez recomienda la sangría preventi- va «porque los caballos non reciban estas ocasiones (adivas, torozones...) et otras muchas que semejan a éstas: que hagan sangría cada año». Recomienda princi- Tratamiento de las corvas, fuego en rayas y unción oleosa. pálmente dos sangrías, una el día 6 de marzo, y añade, los cinco primeros del mes «echar las bestias a pacer o denles hierba vieja, según la necesidad»; esta sangría se hace en el cuello, y «pueden sacar quanta sangre quisieran, según la edat et la fuerza del caballo;. La otra sangu'a se hace . c) Operaciones especiales.—En el manuscrito de Alvarez encontraremos in- dicaciones escritas y noticias de las principales operaciones propias de la ciru- gía veterinaria; para no prolongar demasiado esta reseña, sólo he de referir un ejemplo relacionado con la hernia, que acuse la pericia del autor y la precisión del escritor, el capítulo es corto y lo copio íntegro. • De la malandia que disen torondo, que se fase en el costado de espolada. .Fazese un malandia a muchos caballos que sale un torondo en el costado que Poniendo «sedaño» en el cuello para curar la «estinja» (tétanos). es grant como un huevo et fase de grant espolada quel dan fasta la ijada et tal espolada como esta se da con gran melancolía que (tiene) en sí el que en el an- da, et es tan fuerte et que como quier que non rompe la tella dentro por aque- lla rompedura sale el redeñuelo de cabo el vientre. Et por este lugar se faze el torondo. Pues conviene para guaracerle derribar el caballo en tierra et abrirle el cuer- po en derecho del torondo con una navaja muy subtilmente en guisa que no tanga en el redeñuelo et tornarlo a su lugar. E t tomar un filo fuerte et juntar la tela foradada et atarla con él. Et desarle quanto un palmo de los cabos fuera. Et tomar un fierro. Et quemarle mucho aquel forado de la tela que es atado et conserle el cuero et dexarle los cabos de los filos fuera de dicha costura, por- que cuando la tela vaya guareciendo irán los filos podreciendo et non se encie- rran dentro. Et facer un ungüento con que unten de estas cosas. Tomar sain viejo et cera et pez et incienso et retirlo en uno et echarlo en alguna cosa que se gele. Et desi untarlo con ello. Et desi echatle los polvos del esticercol dicho orne quemados de suso». 52 Se ve en esta lección que Alvarez procede más como cirujano que terapeu- ta; por cierto que el ungüento cuya fórmula señala se repite en casi todos los casos en que recurre a un cicatrizante. Comparte ccn este medicamento el «un- Tratamiento de la sarna. Esta es la figura de la sarna et la manera de untar al sol. güento de los moros que ha nombra de almacirina», a base de miel y verdet, una de las muchas influencias de la albeitería árabe en la cristiana. Uno de los capítulos, el 79, trata «de la maestría para descolmillar y des- palar»; contiene noticias de odontología veterinaria, Friccionando un caballo atacado d «purigo». B) NOCIONES DE PATOLOGÍA LOS conocimientos patológicos de Alvarez de Salamiella alcanzan a las prin- cipales enfermedades del caballo. Siendo imposible una descripción detallada, 53 me conformo con exponer una relación casi nominal de las enfermedades, agrupándolas, siguiendo el orden corriente en la actualidad, por su localización anatómica; he procurado identificar cada una de las enfermedades asignándole «1 nombre moderno; también he corregido un poco la grafía de las palabras. I.° ENFERMEDADES INFECCIOSAS.—La patología infecciosa que encontramos en el manuscrito d e Alvarez de Salamiella es muy escasa; sin embargo, pode- mos identificar las principales infecciones de los équidos. En uno de los casos la infección es muy fácil de identificar; tal ocurre con el muermo, lamparones, jar ciña, etc.; son nombres que, a través de los tiempos, se siguen aplicando a la misma enfermedad, o dicho de otro modo, tienen la misma significación nosoló^ica. En cambio resulta difícil identificar el radínculo con el carbunco, indudable- mente, el radínculo, que otros escriben radunculos, rodoncolos, son tumoraciones sanguíneas; el autor explica el proceso en estos términos: «quiere decir tanto con ynchadura ancha et de vermeja color que iende el cuero y la carne por Tratamiento de la sarna soróptica (cresce mucho la sangre al caballo). fondo por grant calentura que ha en si el caballo». Un autor, casi contemporá- neo, ¡Manuel Díaz (9), describe el radicuello con parecidas palabras, y dice al final: «este mal sana muy tarde si no en presto bien acorrido et en medecinas mucho sotiles y con diligencia muy curado». En Arredondo (lo) hay un capí- tulo (23, I.* parte) con el título: . Con reservas de mejores argumentos interpreto el radínculo como tumoración carbuncosa. Alvaras o mesiello, que nuestros clásicos llaman albarazos, se ha de identi- ficar con las placas cutáneas de la durina, en el segundo período de evolución; q u e d e ahora así afirmado en espera de un nuevo trabajo, en avanzada prepara- ción, demostrando que los albéitare. Francisco d e la Reyna aclara un poco más de la desainadura cuando dice: •se les derrite el sayn o unto dentro del cuerpo... también se convierte los hu- mores en mala digestión d e materias gruesas, que los miembros no puden dige- rir...» (12). Enfriamiento: el tollido de lomos, lumbago, «esto viene p o r razón que quan- do vienen sudando et métanlos en casa frír et da los el viento et no les hechan cubierta» Áfflit,—El capítulo 80 dice *de la malandia quel dicen afftit-», cuya descrip- ción falta en el texto; he buscado inútilmente una interpretación posible; Rieck 56 supone que indica tormento, dolor, sin dar una mayor explicación. Quizá ¿huér- fago? 3. 0 ENFERMEDADES ORGÁNICAS.—Cuya localización ha sido de fácil identifi- cación; sigo el orden anatómico. Sangría en caso de arestín. a) Aparato digestivo.—Faucellas, /atícelas (sapillos, estomatitis vesiculo- sa).— «Fasénzele en los bezos de parte de dentro, cerca de los quexares...*et fasensse como vexigas>. Tratamiento de la «muía (??». El mariscal tiene un cuchillo (cuchiello) y engüento. Barda (epulis, ránula, inflamación del canal de Warton) «fasesse en la boca d e yuso la lengua, cerca de los colmiellos;;. Enfermedad que se/ace en la lengua; el autor dice que se llama en arábigo sopera et nosotros le desimos peana. La descripción sintomatologica de la «so- 57 pera» o «peana» traen un poco de contusión para identificar la enfermedad; la confusión nace de estas palabras «una enfermedat en la lengua et desciende a las manos, a los pies... E t esta enfermedat se fase de sobre abundancia d e san- gre et flema». Podía creerse que se trata de la glosopeda, enfermedad rarísima en los équidos. Suárez (I2)> traductor al español de Rusio, a las heridas de la lengua {loesio linguae) las llama «piez2na»; no señala síntomas en las extremi- dades, corresponden a traumatismos en la lengua; García Conde (14) hace sinó- nimo la «peaña» con la ránula; con todo esto pretendo aclarar el significado; quiero poner de manifiesto una opinión, que Alvarez de Salamiella describe con el nombre d e «peana» una enfermedad de la lengua que coincidió con al- gún caso con lesiones de las extremidades, sin relación nosológica entre unas y otras lampastro (paladitis, gengivitis) «el lampastro es una malantia que se face encima de la boca del caballo entre los dientes». Torzón.—Del caballo que coma mucha cebada (gastroenteritis, cólico). Fal- ta en el manuscrito la descripción y tratamiento de estas enfermedades. Extirpación del tumor llamado «figo» (espundia). Que ha gusanos en el vientre (cólico verminoso). «Uuando el caballo ha gu- sanos en el vientre assí lo conocerás que se echa et levanta et vuelcase bien a menudo». b) Aparato respiratorio.—Adivas (Parotitis, paperas).—Esta enfermedad . Luxaciones,—Accidentes observados con frecuencia en el caballo. Alvarez fl»^"*"* WIUTtf Aposito de una fístula de la caña. El caballo está su- jeto con trabas. describe las dos más importantes: Escanilladura (luxación del menudillo, arti- culación metacarpofalangiana); enfermedad que «quiere desir tanto como las camellas de las quartiellas que son desabintadas una de otra».—Luxación coxo- femoral que se le sale el hueso de la lun; desgraciadamente, no ha sido copiado este capítulo. Hernia.—Ya he descrito el «torondo que se fase en el costado de la espo- lada», copiado con todo detalle. Lesiones nerviosas.—Parálisis del pene, de los que traen su natura de fuera; «son muchos los caballos que traen su natura de fuera et eso los aviene por ra- zón de escalentamiento que les fazen las yeguas o las muías quando fasen forni- cio con ellas et non la pueden cojer entra dentro». Prolapso del intestino. El capítulo se titula: De los caballos que se les sale el estentino por el fondo. El texto no fué copiado. Los conocimientos de Alvarez en el arte de la mariscalcia son algo más que observaciones prácticas engarzadas en una tradicional rutina; el autor escribe 62 la cosecha, conoce también la labor ajena y, en ocasiones, la censura en térmi- nos precisos cuando escribe: «Hay otras muchas curas que yo he visto facer y las he fallado en muchos libros et las he probado, et porque no son ciertas non las quiero escribir en este libro». Tratamiento local del «nervio tajado o amputado». Toques en la llaga con un hisopo. El capítulo L X X X V I (fol. 65 v) explica «de como es fecho el caballo»; des- graciadamente, el manuscrito está falto d e los folios 66 (recto y vuelto), d o n d e A'.Ü'hh* l í t f V t l i h t i**ttt,»í.t *M<*W«»WT: Tratamiento del «alcance». Herraje con «ferradura curta». desarrollaba sus nociones anatómicas; en lo conservado se limita a reseñar los óganos principales del caballo, sin señalar detalles ni relaciones anatómicas. También resulta interesante la lectura del capítulo L X X X I V , d o n d e da con- 63 sejos higiénicos y para tener ¡as bestias bien sanas; el remedio consiste en d a r agua empanada (pan migado en agua templada); esta receta puede ser el origen del agua en blanco, tan frecuentemente recomendada en las convalecencias de los équidos. El manuscrito de Alvarez representa un resumen completo d e la cultura albeitaresca de la Edad Media, que después supieron desarrollar con amplitud extraordinaria, d u r a n t e los siglos xvi y XVII, prestigiosos maestros españoles. NOTAS (i) Abuzacaria Jahya Abenmohamed Benehmed: Libro de Agricultura. Ms. árabe. (Bi- blioteca del Escorial.) Libro de Agricultura. Su autor, el doctor excelente Abou Zacaria Iakia abeu Mohamed ben ahmtd ibn el awam, sevillano, traducido al castellano y anotado por José Antonio Banqueri. Madrid, 1802. (2) Aly Ben Abderrahman ben Hodeil: La parare des cavallier et rinsigne des preux. tra- ducción francesa de L. Mercier. París, 1924. Ídem. Libro de Albeiteria. Ms. árabe. Bib. Academia de la Historia. (3) Eugenio de Ochoa: Manuscritos españoles de la Biblioteca Real de París, 1844. Además de copiar la portada, contiene estas notas bib'iográficas del manuscrito de Alvarez de Sala- miellas: «Este códice está encuadernado con las armas reales de la Casa de Francia. No hallo noticia de este autor ni en Jimeno, ni en don Nicolás Antonio ni en el señor Torres Amat.» (4) Moulé: Histoire de la Médecine vétérinaire au mayen age.—II Partie: La Mldecine vétl- rinaire en Europe. París, 1900. (5) Rieck, W.: Das Veterinar\-lust rumentarium im Wandel der Zeiten. Berlín, 1932. (6) Ruffus, mariscal del Rey Federico II de Sicilia, escribió en el siglo xm, hacia 1240 ó 1250 (Molin), un libro sobre Medicina de los caballos, de un éxito extraordinario, como lo demuestra el número considerable de manuscritos e impresos que se conocen. He consulta- do: Libro del arte de Aíarescaichi per conoscere la natura dctti cavalli, composto por Giordo Ruffo. Calaurese. Venetia, 1563. (7) Rusio, hipiatra italiano; vivió y ejerció la profesión en Roma; a mediados del si- glo xiv escribió un tratado de Patología equina, también de gran éxito y mucha divulgación. He consultado: Opera de l'arte de Malescacio, per Lorenzo Rusia. Venetia, 1543. Hay una traducción española en la Recopilación del licenciado Suárez. Toledo, 1564. (8) García Izcara, D.: Cirugía veterinaria. Madrid, 1916. (9) Manuel Díaz: Libro de Albeyteria, Zaragoza, 1545. (10) Arredondo: Obras de Albeyteria. Madrid, 1669. (11) C. Sanz Egaña: «Veterinaria árabe española». Revista de Vetei inaria de España, nú- mero 3. 1930. (12) De la Reyna, F.: Libro de Albeyteria. Zaragoza, 1533. (13) Licenciado Alonso Suárez: Recopilación de los más famosos autores griegos y latinos que trataron de la escelencia y generación de los cavallos, etc. Toledo, 1564. (14) García Conde, P.: Verdadera Albeyteria. Madrid, 1685. (T5) Sampedro, G : Instituciones de Albeiteria. Madrid, 1849. (16) Risueño: Diccionario de Veterinaria. T . III. Madrid. 1832. (17) Frohner, E. y Silbersiepe, E.: Compendio de patología quirúrgica para veterinarios. Segunda ed. trad. española de P. Farreras. Barcelona, 1933. 64 Manuel Sobrino Serrano Contribución al conocimiento de la Patología qui- rúrgica general comparada i T R A U M A T I S M O S , CONCEPTO GENERAL V DIVISIÓN Nada hay tan difícil como dar una definición exacta de los traumatismos, y no pudiendo dedicar en los estrechos límites de estos apuntes, todo el espacie que sería necesario para la exposición y crítica de las numerosas definiciones que existen, nos contentaremos con dar una, defectuosa como todas. Puede de- cirse que traumatismo, o lesión traumática, es el conjunto de desórdenes pro- ducidos por los agentes mecánicos, físicos o químicos sobre los tejidos. Así comprendido, el concepto de traumatismo tiene una gran extensión, pues abarca no solo las heridas y contusiones, que son traumatismos por anto- nomasia, sino los trastornos producidos por el calor o el frío, la electricidad. los cáusticos, etc. Heridas y su tratamiento.—Las heridas, como dicen Lecene, Proust y Tixier, son soluciones de continuidad producidas por un agente mecánico. Nosotros definiremos las heridas como soluciones de continuidad abierta o visible de los tejidos subyacentes. Etiología.—Las heridas pueden ser producidas por una multitud de cuerpos vulnerantes, como cuchillos, hachas, punzones, agujas, palos, proyectiles, astas y otra multitud d e objetos de innecesaria enumeración. De la forma del agente vulnerante, de su velocidad, de su incidencia c o n los tejidos, resultan diversas clases de heridas. Así, los instrumentos afilados, como cuchillos, bisturíes, etc., producen heridas incisas, de forma lineal, de bordes regulares y limpios y con predominio de la longitud sobre la profundi- dad y anchura. Los instrumentos punzantes, como los estiletes, punzones, agu- jas, clavos, etc., así como los cuchillos y bisturíes que obran perpendicularmen- t e a la superficie del cuerpo, producen heridas punzantes, picaduras o punturas, en las cuales la dimensión predominante es la profundidad. Por último, los agen- tes mecánicos obtusos, palos, lanzas de carro, piedras, etc., suelen producir he- ridas anchas, de bordes mortificados e irregulares, o sea heridas contusas. Si el objeto vulnerante obtuso obra oblicuamente sobre los tejidos, puede desgarrar o arrancar éstos, originándose una variedad de las heridas contusas. Entre estas clases de heridas, caben multitud de combinaciones. A las heridas d e bordes regulares y limpios, como las punturas y las heri- das incisas, se las denomina también heridas simples. Las que se acompañan de lesiones de órganos profundos, como músculos, vasos, nervios, tendones, liga- mentos, etc., se las llama compuestas, y las que se unen a procesos locales o generales infecciosos u otra clase de accidentes, complicadas. Según que las heridas se acompañen o no de pérdida de substancia, se la- man, exéresis o diéresis, respectivamente. Las heridas p u e d e n ser, penetrantes cuando comunican con una cavidad se- rosa (pleura, peritoneo, pericardio, articulaciones 1 ). Hay también heridas que constan de los elementos de las simples, incisas, d e punción y contusas, diver- 65 sámente agrupadas; se llaman mixtas y entre ellas estudiaremos las de arma de fuego y las producidas por el asta de toro. Según su dirección respecto al eje de la región en que asientan, las heridas se llaman transversales, oblicuas o longitudinales. En toda herida es necesario estudiar los fenómenos primarios o primitivos y los secundarios o consecutivos. Los primeros son tres: el dolor, la separación de los bordes y la hemorragia. Dolor.—Las partes del organismo que producen más dolor al ser secciona- das, son la piel y los nervios. Tanto más abundante es una región en nervios sensitivos, tanto más dolorosa es su sección. El dolor producido por una incisión, está en razón inversa de la velocidad con que es manejado el instrumento y de lo afilado de su corte; a mayor velo- cidad y mejor corte, menor dolor. Este varía también con la especie y con los individuos; el caballo y el perro son muy sensibles al dolor y los perros de cría más aún, en cambio los bóvidos, óvidos y suidos aguantan cruentas operaciones con escaso sufrimiento, sobre todo los bueyes de trabajo, en tanto que las vacas lecheras presentan una mayor sensibilidad, en especial en la ubre. Este dolor de las heridas, que se denomina primitivo, porque es producido directamente por el agente traumático, varía también con la región lesionada; la piel de los miembros, las aberturas naturales (boca, nariz, ano) y los órganos genitales externos, son más sensibles que el tronco. A d e m á s del dolor primitivo, las heridas producen otro consecutivo que se debe a la irritación de los nervios sensitivos puestos al descubierto por el aire, por procesos inflamatorios o excitaciones traumáticas (roces sobre la herida, presencia de coágulos sanguíneos, etc.) En las heridas incisas, aún con todas las variaciones indicadas, el dolor es bastante vivo; en las punzantes es escaso y si son causadas por instrumentos muy aguzados o muy afilados y animados de gran velocidad, el dolor es nulo y a veces está substituido por una ligera sensación de frío. El dolor primitivo de las heridas contusas es muy variable; puede ser muy grande si la herida carece de importancia y en cambio en heridas muy graves el dolor es escaso o nulo porque las partes traumatizadas quedan afectas en una región más o menos extensa de ¡¿quemia y de un estado de estupor, con en- friamiento e insensibilidad. Separación de los bordes.—En las heridas incisas depende la separación de los bordes de la dirección de la incisión respecto de los órganos seccionados, de la profundidad de la lesión, de que haya o no pérdida de substancia y de la naturaleza de las partes heridas. Las incisiones paralelas a los órganos divididos, longitudinales en los miembros no seccionan las fibras elásticas de la piel ni los haces tendinosos y musculares no hacen más que separarlos, por lo cual, aunque la lesión tenga gran extensión, los bordes pueden quedar aproximados. En igualdad de circunstancias, el cirujano dá a las incisiones esta favorable direc- ción. Todo lo contrario sucede en las heridas transversales; las fibras elásticas seccionadas se retraen, los músculos se contraen tónicamente y los bordes que- dan más o menos separados. Cuanto más largas son las fibras del músculo sec- cionado, mayor es la retracción. La profundidad de la lesión influye favorablemente sobre la separación de los bordes y lo mismo sucede con la pérdida de substancia. Las heridas punzantes y las contusas no producen, por regla general, separa ción de bordes. Hemorragia.—Las heridas incisas pueden producir importantes hemorragias, especialmente en aquellas regiones muy vascularizadas, cuando son transversa- 66 les a la dirección general de los vasos de la región. Como es sabido las he- morragias se dividen por los vasos seccionados en arteriales, venosas y capila- res o parenquimatosas. En las primeras, la sangre sale a chorro discontinuo con sacudidas isócronas con el sístole de los ventrículos, la sangre es de color rojo rutilante o claro y sólo puede ser obscura si existe disnea. En las hemorragias venosas, el chorro es menos fuerte que en las arteriales y la sangre es de color más obscuro, presentándose el chorro continuo. En las he- morragias capilares o en sábana, por lesión de los pequeños vasos arteriolas vé- nulas o capilares, se caracteriza por la aparición, después de secar con una com- presa d e gasa sobre la superficie traumatizada d e pequeñas gotas de sangre, gotitas que al crecer se unen unas a otras cubriendo toda la superficie del trau- matismo. Las heridas punzantes producen poca hemorragia, a menos de herir los gran- des troncos vasculares, pues en tal caso pueden producir hemorragias graves, llamadas hemorragias internas. Las heridas contusas ocasionan poca hemorragia, pues aun cuando lesionan los vasos (lo mismo que en las desgarraduras o arrancamiento) sucede que al romperse el vaso, las túnicas interna y media, primeras que ceden, se retraen e invierten hacia dentro obturando el vaso, en tanto que la externa cede, se disla- cera y se retuerce en forma de tirabuzón, reforzando así la acción hemostática d e las otras dos. Lo que algunos autores llaman fenómenos o síntomas secundarios locales o sea las diversas maneras de cicatrizar las heridas así como lo que denominan síntomas generales (trombosis arteriales y venosas, parálisis, fiebre traumática, etcétera) serán objeto d e otro capítulo. Anatomía patológica.—En toda herida y en general en todo foco traumáti- co, pueden considerarse para el estudio de las lesiones tres zonas: central, me- dia y periférica. La central está formada por los elementos anatómicos destruidos por el trau- matismo. La media contiene elementos anatómicos que no habiendo sido tan directamente lesionados como los de la zona anterior, están todavía vivos, pero su vitalidad está todavía amortiguada por una especie de estupor o anestesia que amenaza mortificarlos y los hace ser fácilmente atacables por los gérmenes. E n la zona periférica, los tejidos conservan toda su vitalidad. En las heridas por punción, la zona central o destrucción de los elementos anatómicos, es muy pequeña y si el instrumento es muy fino o está muy afila- d o , como una aguja de inyección o un trocar muy fino, puede penetrar desvian- d o los elementos anatómicos sin destruirlos, volviendo a ocupar dichos elemen- tos su posición primitiva debido a su elasticidad, en cuanto la aguja o trocar se retira. A medida que el instrumento va siendo más grueso y menos afilado, la penetración se realiza, no por desviación de los tejidos, sino por desgarro y des- trucción. Esto mismo podemos repetirlo al hablar de heridas incisas ocasiona- das por instrumentos de bordes poco afilados. En las heridas contusas la zona central o de mortificación es más o menos extensa y profunda según la intensidad del traumatismo. Los casos más senci- llos se reducen a una simple escoriación cutánea de la piel de fácil y rápida cu ración, pero en otros casos el traumatismo, además de destruir la piel, tritura y aplasta todos los tejidos colocados debajo, el tejido subcutáneo, los músculos, los huesos, nervios y vasos. La cavidad de la herida, irregular como sus bordes, está ocupada por sangre y linfa extravasada y trozos de tejidos mortificados. Los bordes de estas heridas son desiguales, desgarrados y anfractuosos. La zona media es extensa; en ella los tejidos están atacados de estupor, son insensibles, 67 están fríos y constituyen un excelente terreno para la proliferación de toda cla- se de gérmenes, se pueden esfacelar con mucha facilidad los tejidos y presentan un color violáceo. Tratamiento de las heridas.—Vamos a dar unas nociones generales aplica- bles a toda clase de heridas. Las punzantes se tratan, si están libres de infección, haciendo penetrar por el orificio traumático unas gotas de tintura de yodo recientemente preparada y ocluyéndolo después con colodión elástico, con pasta de Airol o con un aposi- to y un vendaje. Esta clase de heridas cuando no son asépticas constituyen una amenaza para el desarrollo del tétanos (se recomienda al alumno vea el trata- miento preventivo de éste) y de otras infecciones. En este caso debe mantener- se la herida abierta y lavarla diariamente con una solución antiséptica. Las heridas incisas, después de desembarazar su cavidad con cuerpos extra- ños, coágulos sanguíneos, etc., deben desinfectarse, ya por un lavado antisépti- co o por la tintura de yodo. En seguida se realizará una hemostasia definitiva cuidadosa (en primer lugar se habrá hecho una hemostasia provisional) y se su- tura, procurándose una exacta coaptación, para lo cual se unirán las partes, capa con capa, músculo con músculo y piel con piel. Debe dejarse en la parte más declive un desagüe, constituido por una mecha de gasa esterilizada o un tubo de drenaje de goma, vidrio u otra substancia, cuyo extremo que penetra en la heri- da estará cortado en bisel. Las suturas de la herida se suelen hacer con catgut, las que han de quedar dentro, pues este se reabsorbe y con seda las externas o también las internas cuando tengamos la seguridad de que no existe infección en la herida, ya que en estas condiciones la seda se enquista. Por último, la herida debe ocluirse con un vendaje y una cura aséptica o antiséptica, poniendo al animal en condiciones de que no pueda arrancarse los vendajes y las suturas. En las heridas contusas, una vez hecha la hemostasia provisional y un am- plio lavado con una solución antiséptica caliente (solución de sublimado al I por 4.000, excepto en los bóvidos que no toleran los compuestos mercuriales, creo- lina al 2 por loo, euclorina al I por 1,000 o agua oxigenada al 1/3), deben regu- larizarse seccionando o extirpando las piltrafas de tejido o los trozos y colgajos que amenacen necrosarse, de manera que se aproxime la forma de la herida en todo lo posible a la de una incisión. Después de la corrección de la herida, se realizará la hemostasia definitiva de manera cuidadosa y se efectuará una nueva desinfección con tintura de yodo. No siempre deben suturarse las heridas contusas; si se ha conseguido una buena regularización del traumatismo y éste se encuentra en condiciones satis- factorias de asepsia, puede suturarse parcialmente dejando amplios drenajes. Pero si no estamos seguros de la vitalidad de los tejidos o si éstos han de que- dar muy tensos para llegar a contactar, no debemos suturar sino taponar la heri- da con gasa antiséptica iodofórmica, xerofórmica o alnoviformo. La frecuencia con que hay que renovar las curas, es muy variable; en las he- ridas hechas por el cirujano en todas las buenas condiciones de asepsia, la pri- mera cura d e b e practicarse a los ocho o nueve días y las sucesivas con un intervalo de cuatro días. En cambio, en las heridas accidentales e infectadas, debe cambiarse el aposito todos los días y aun a veces si la secreción purulenta es mucha, dos veces al día. No entramos en más detalles acerca de la asepsia y antisepsia de las heridas, manera de conseguir la hemostasia, suturas, etc., puesto que estos asuntos se tratan con la extensión debida en la asignatura de operaciones. Proceso curativo de las heridas.—Según la naturaleza d e los tejidos lesiona- dos y las condiciones del traumatismo, varían notablemente los fenómenos de reparación de la parte lesionada. Hay tejidos como el óseo, el conjuntivo, el vascular y el epitelial, que tienen la propiedad de regenerarse reproduciendo, después de pasar por una fase embrionaria, un tejido con idéntica estructura al destruido, pero existen otros como el cartilaginoso, muscular, adiposo, piloso y glandular, que no gozan de esta propiedad, y el organismo para reparar la solu- ción de continuidad, tiene que apelar a la formación de un tejido fibroso espe- cial llamado nodular o cicatricial. Generalmente ambos procesos, el de regene- ración y el de cicatrización, se unen, pues es raro que un traumatismo no lesio- ne más que una clase de tejidos. A u n q u e anatomo-patológicamente la reunión de los traumas es en lo esencial siempre idéntica, se admiten dos modalidades clínicas de curación de las heri- das: la reunión o cicatrización por primera intención y la cicatrización por segunda intención, y aun se suele mencionar otra tercera, la cicatrización sub- costrácea que difiere muy poco. Licatrizaeión por primera intención.—Es la más breve y conveniente. En seis u ocho días puede curar una herida por extensa que sea si lo hace por este mecanismo; para ello se necesita poseer ciertas condiciones. En primer lugar, ha de ser la herida aséptica, es decir, no contener gérmenes infecciosos o contener- los en tan escasa cantidad que no puedan producir fenómenos patológicos. Además, los bordes de la herida y sus planos internos han de coaptar exac- tamente, sin que ninguna materia extraña (coágulos sanguíneos, tejidos mortifi- cados) se interponga entre ellos. También es imprescindible que estos bordes y planos no estén amenazados de mortificación, bien por la atrición sufrida o por carecer de materiales nutritivos. En una herida que presenta las condiciones dichas, las cosas ocurrirán, pro- bablemente, como admite el ilustre Cajal: «Inmediatamente de producirse una herida, tiene lugar una hemorragia más o menos copiosa y una linforragia; la sangre y linfa rellenan la cavidad de la herida, sobreviniendo en seguida la coa- gulación, no sólo en la sangre extravasada, sino en el interior de los vasos capi- lares seleccionados, coagulación que se extiende hasta contactar con las asas vasculares más inmediatas. A continuación se observa una inflamación, a veces ligerísima, pero que nunca falta, en los capilares próximos no trombosados, con sus caracteres ordinarios de vasodilatación, retardo de la corriente sanguínea, reblandecimiento del cemento endotelial, circulación de los leucocitos por la periferia de los vasos, diapedesis y exudación del plasma. Esta exudación se hace cada vez más abundante y en dos días empuja al coágulo sanguíneo que queda como un tapón en la parte más superficial de la herida y aun a veces se desprende por las acciones exteriores, quedando en su lugar la parte más super- ficial del exudado plasmático coagulado y desecado.» «También el plasma contenido en la profundidad de la herida se coagula, pero este coágulo es blando y contiene muchos leucocitos estravasados y algU' nos hematíes alterados. A los dos o tres días empieza el proceso de reparación con la aparición en las asas capilares no trombosadas, de fases de división ca- rioquinéticas en las células endoteliales, se forman en estas unos pequeños mame- lones o puntas de crecimiento, al principio macizos, que crecen en la dirección de la herida y que se anastomosan con otros mamelones iguales que nacen del plano opuesto del trauma.» «Más tarde, la corriente sanguínea ahueca estos cordones macizos o mame- lones que quedan así convertidos en nuevos vasos capilares». Según Cajal, pa r a la formación de estos vasos, nunca se aprovechan los trozos de vasitos trombo- sados que están condenados a la reabsorción. 69 Al poco de iniciarse la regeneración de los capilares, empieza también la del tejido conjuntivo, que ha de constituir por sucesivas transformaciones el tejido nodular o cicatricial. Está casi totalmente desechada la teoría de que sean los leucocitos mononucleares los formadores del tejido conjuntivo; hoy se con- cede a los leucocitos, especialmente a los polinucleares, otros importantes pape- les, pues se cree que por la acción de los fermentos proteolíticos que segregan, son capaces de disolver los tejidos mortificados; pueden asimismo, por fagoci- tosis. de fragmentos celulares, ayudar a limpiar el trauma (macrofagocitosis) y aun es posible que por este mismo mecanismo y por la secreción de substancias bactericidas, puedan actuar sobre los escasos gérmenes que una herida aséptica pueda tener (microfagocitosis). Los leucocitos destruidos, son englobados por las células gigantes y las epitelioides, a las que sirven de alimento. En la formación del tejido conjuntivo, se admite y mantiene la ley de la es- pecificidad celular. «La formación del tejido conjuntivo, se inicia por una espe- cie de retorno al estado embrionario de las células del propio tejido conectivo, que están en proliferación mitósica y se convierten, por lo pronto, en un tejido embrionario formado casi exclusivamente de células pequeñas, redondas o po- liédricas, de núcleo esférico y escaso protoplasma, recordando en todo las pri- meras fases del desenvolvimiento del tejido conjuntivo fetal» (Cajal). Según este ilustre histólogo, en la formación de esta trama conectiva fetal, no tomarían par- te todas las células del tejido conectivo, por ejemplo, los corpúsculos conjuntivos adultos, sino que se debería exclusivamente a elementos conectivos conservados en estado embrionario (células cianófilas de Cajal), de las que existen dos tipos principales: uno pequeño o germinal y otro grande, con mucho protoplasma (fibroblastos o inoblastos). Estas células, al principio redondas o poliédricas, se hacen luego alargadas, fusiformes o estrelladas (células epiteliodes); a veces se convierten en células gigantes con muchos núcleos. Sus prolongaciones se anas- tomosan con las de otros elementos anatómicos y continuando su evolución, segregan una materia, fundamentalmente fibrilar hialina o bien forman en su in- terior dichas fibras (formación intracelular del tejido fibroso) que siguen una di- rección idéntica a la de los fascículos celulares y estos a su vez la misma de los capilares. Estos fibroblastos no pierden su personalidad celular de la cual queda como representante el núcleo y una parte del protoplasma. Regeneración epidérmica.—Llena la herida por la proliferación conjuniiva y por la regeneración de los tejidos capaces de ella como el nervioso, óseo y el fibroso, falta para completar la curación total del trauma la cutificación o rege- neración del epidermis que tiene lugar por un doble mecanismo: por prolifera- ción de las células (según Cajal, por división directa y no por carioquinesis en las zonas más inmediatas a la herida) más profundas del cuerpo mucoso de Malpig- nio y por dislocación o resbales de sus células. Según la comparación de Cha- bry (Forgue), esta dislocación celular es comparable al derrumbamiento de «una pila de balas si se quita una de la base». Si la solución de continuidad de los tejidos es muy pequeña, el simple deslizamiento de las células básales del cuer- po de Malpighio es suficiente para ocluirla; de lo contrario se unen ambos me- canismos. Evolución de la cicatriz.—Las cicatrices muy recientes tienen, en sitios de la piel desprovistos de pigmentos, color rojo y están algo salientes sobre la super- ficie general de la piel o por lo menos al mismo nivel, en tanto que las cicatri- ces antiguas son pálidas o hundidas. El cambio de color se debe a que en tanto que al principio el tejido cicatricial es muy rico en vasos capilares, más adelan- te estos se reabsorben. El hundimiento de la cicatriz se explica por las transfor- maciones que va sufriendo el tejido nodular; los hacecillos conjuntivos se en- 7o gruesan, se condensan y se endurecen y tanto ellos como las células sufren ur,¿j retracción (retracción cicatricial) especial. Esto origina en ocasiones deforma.! ciones en diversas partes del organismo, estrecheces de orificios naturales, etc. Cicatrización por segunda intención o por granulación.—Anatomopatológica* mente, este proceso es casi idéntico al anterior, pero clínicamente difiere mu.1 cho porque este segundo modo de curación es de más duración que e! prime-8 ro y puede exponer a muy desagradables consecuencias. Cicatrizan por segunda intención las heridas que han sufrido pérdida ám substancia que no permitan aproximar ¡os bordes, las que se infectaron despuéiS d e suturadas o que por estar infectadas no se suturaron, las que sufren esfacelc'l de sus labios o tienen lugar en regiones de nutrición muy deficiente. La superficie cruenta que ha de curar por granulación, empieza por p o n e r s e roja a causa de una hiperhemia que en ella se desarrolla; inmediatamente, en e 1 primero o segundo día se cubre de un exudado fibrinoso que la separa del exte 1 rior. Al organismo—decía el ilustre doctor San Martín—le sucede en esto de !:. granulación, lo que a las abejas, no gustan d e que se vea desde el exterior SLJJ trabajo. Y es cierto, pues si colocamos a las abejas en una colmena con pare-fl des de cristal, lo primero que hacen es embadurnar el vidrio, de modo que inva piden ver el interior del fanal. En el tercero o cuarto día se empieza a ver a través de la capa de fibrir» adelgazada, unos puntitos o mamelones rojos que no son otra cosa que las gra 1 nulaciones, el número de estos se aumenta progresivamente, hasta cubrir tocha la superficie d e la herida y así de un modo incesante, por aparición de n u e v a * granulaciones y por crecimiento de las antiguas, van disminuyendo las dimen-aB siones de la cavidad traumática hasta que se llena completamente. Entonces e l epitelio de las regiones circundantes prolifera y forma un reborde blanqueció 1 azulado que crece poco a poco hasta llegar a cubrir toda la herida. Histológicamente, lo que se observa en este proceso es muy semejante a l lo que decíamos en la cicatrización por primera intención. Algunas horas des-I pues de un traumatismo (ocho según Cohén), empiezan las fases carioquinéti-SJ cas en el endotelio de los capilares no trombrosados más inmediatos m la herida y se inicia por el mecanismo explicado anteriormente, la forma ción de nuevos capilares; las puntas de crecimiento no encuentran otras de! extremo opuesto d e la herida con que anastomosarse y se invierten entre si para unirse a ellas mismas, al capilar que les dio origen a otras inmediatas, cons- tituyéndose así las asas. Simultáneamente, el tejido conjuntivo prolifera de la manera ya indicada y las células embrionarias neoformadas rodean las asa! vasculares, formando ambos elementos la granulación. La evolución ulterior de los vasculares y del tejido nodular es la misma qu< en la cicatrización por primera intención. En ocasiones aparecen islotes d e epitelio en la parte media o en el fondo de la herida, lejos de los bordes de ésta; varias explicaciones pueden darse a este hecho. Es generalmente deshechada la de suponer estos islotes formados por la- evolución del tejido conjuntivo embrionario y se acepta más una de las hipóte- sis siguientes: o bien estos islotes se deben a la proliferación del epitelio de alguna glándula sudorípara no destruida por el traumatismo o bien la persisten- cia de alguna pequeña porción del cuerpo mucoso del Malpighio. También pue- d e aceptarse el que alguna de las células epiteliales d e los bordes de la herida se hayan transportado por las curas al centro donde se injertaron. Cicatrización subcostrácea.—En heridas asépticas no perjudican para la buena curación, la formación de una costra formada de linfa y sangre coagulada; deba- j o d e esta costra tiene lugar la formación de granulaciones y después la cutifi- 71 cación, de tal modo, que cuando la costra se desprende, se encuentra la herida completamente curada. Muchas veces buscamos artificialmente este modo de curación por el uso d e medicamentos que, como el cloroformo, tienen la propiedad de formar costra mezclados a las secreciones de la herida. Otra cosa muy distinta sucede si la costra se forma sobre una herida infec- tada. En este caso «encerrados los lobos en el redil», las bacterias patógenas actúan a su gusto, forman pus que destruye las granulaciones e infiltra los teji- dos, si apercibidos a tiempo no levantamos la costra para que la cicatrización por segunda intención se desarrolle normalmente. Patología de las granulaciones y de las cicatrices.—No siempre el proceso d e curación de las heridas sigue una marcha regular; las alteraciones de !a cicatri- zación pueden dividirse, según su naturaleza, en asépticas e infecciosas. Entre las primeras nos ocuparemos de las siguientes: granulaciones defec- tuosas, desiguales, exuberantes, eréticas, fungosas y la cutificación incompleta. Además estudiaremos en este capítulo los queloides. Granulación defectuosa.—Las enfermedades intercurrentes graves, febriles o no, pueden detener la buena marcha de una granulación; en este caso, la herida deja de mostrar los botones de crecimiento o granulaciones, toman un aspecto típico liso y cesa la supuración. Aun sin llegar a esta falta completa de granula- ción, este proceso puede llegar a desarrollarse sin energía o sea con exclusiva lentitud. Como tratamiento no sólo d e b e atenderse al estado general del individuo, sino que deben estimularse las heridas por toques ligeros con nitrato de plata, cloruro de cinc o ácido crómico al i / i o , o bien mecánicamente por un raspado superficial con cucharilla cortante, bisturí, etc. La respuesta del organismo a estos estímulos químicos o mecánicos suele ser reanudar la formación de capi- lares y, por lo tanto, de las granulaciones. Granulación desigual.—Cada tejido, según su estructura, naturaleza y riqueza vascular, comienza más o menos pronto la formación de granulaciones y las pro- duce más o menos exuberantes. Así el tejido conjuntivo laxo, muy rico en vasos, granula en seguida; en tanto que otros como los tendones y cartílagos, ne- cesitan sufrir previamente ellos mismos una vascularización para empezar des- pués la granulación. Por eso este proceso se desenvuelve con mayor rapidez en unos tejidos que en otros, por lo que las heridas, muy extensas, presentan unas zonas con granulaciones muy desarrolladas, en tanto que en otras apenas han comenzado a desarrollarse. Es necesario limitar el desarrollo de las granulaciones predominantes, para lo cual podemos espolvorearlas con tanino o alumbre, cauterizar con nitrato d e plata, comprimirlas con un vendaje algo apretado o seccionarlas con un bisturí, tijera o cuchilla cortante. Granulación exuberante.—Normalmente, el tejido de granulación prolifera hasta que llena toda la cavidad de la herida; entonces cesa de producirse y em- pieza la cutificación o regeneración de la cubierta cutánea, pero en ocasiones las granulaciones continúan su crecimiento y sobresalen del nivel de la piel; en este caso se denominan exuberantes, y fungosas si se extienden sobre los bordes del traumatismo, adoptando la forma de un hongo. Se observan estas clases de granulaciones en las heridas de los miembros del caballo y buey, especialmente en los pliegues de flexión, y son causadas por la excesiva movilidad a que se ven sometidos los bordes de la herida, o bien por la permanencia en el fondo de la herida de un cuerpo extraño o un trozo d e te- jido mortificado; en este último caso existe un estrecho conducto fistuloso, si- 72 tuado, por lo general, en el centro de la masa granulosa. También la infección por los hongos (actinomices y batriomices) puede ser la causa de esta anorma- lidad. El tratamiento es diferente según sea la causa. Si ésta consiste sólo en la ex- cesiva movilidad de los bordes de la herida, como suele ocurrir en la región de la corona y en los pulpejos de la ranilla del caballo, será suficiente espolvorear con algún polvo secante, como talco, carbón, tanino, alumbre, turba, etc., las granulaciones exuberantes, comprimiéndolas al mismo tiempo con un vendaje q u e sujete convenientemente los bordes de la herida. Si ésto no fuera suficiente, p u e d e extirparse con el bisturí o la tijera o cauterizarse con los cáusticos quími- cos (nitrato de plata, sulfato d e cobre, etc.) o con los cáusticos actuales. Por o t r a parte es necesario no olvidar o investigar la presencia de cuerpos extraños o tejidos mortificados y extraerlos en caso positivo. Granulaciones eréticas.—Son también exuberantes sangrando con facilidad; tienen color rojo obscuro, son blandas y muy sensibles, pues un simple contac- to basta para provocar un gran dolor. Los alrededores d e la herida están tam- bién de mal color e inflamados. La causa de esta alteración consiste de ordina- rio en la presencia de cuerpos extraños, tejidos mortificados o supuraciones profundas, y según Cadiot y Almy, es una alteración de las fibras nerviosas d e los bordes o del fondo de la herida. Parece tratarse más bien, como creen AIo- 11er y Fiek, de una inflamación de las granulaciones y de su vecindad. Deben suprimirse sus causas, limpiando la herida e incindiéndola si es pre- ciso y hacer fomentaciones o baños calientes, aplicaciones de iodoformo y cau- terizaciones ligeras con el termocauterio o con nitrato de plata. Qitificación incompleta.—Las heridas con gran mortificación cutánea, sobre t o d o si asientan en regiones d o n d e la piel es muy tensa y está fuertemente adhe- rida a los tejidos profundos, encuentran grandes dificultades para su cutifica- ción. En esta clase d e heridas, la cicatrización, o mejor dicho, la retracción cica- tricial, que tiene lugar en las capas profundas de la granulación antes de la completa curación de la herida, no puede aproximar los bordes, disminuyendo la amplitud de la zona que d e b e cubrirse de epitelio, y éste, que como sabemos, se origina por proliferación del cuerpo mucoso de Malpighio, tarda muchísimo en extenderse sobre las granulaciones. Por otra parte, en estos casos tampoco las suturas pueden unir los bordes del traumatismo. Para abreviar la curación de estas heridas de cutificación tan prolongada, se han propuesto varios medios, unos medicamentosos, como los toques ligeros con el nitrato de plata y la pomada rojo escarlata, y otros quirúrgicos, como los injertos epidérmicos y las autoplastias. El rojo escarlata medicinal y el amido-azo-tobiol, son unos excelentes agen- tes epidermizantes (Frick, Retrlaff, Schimeden) y se emplean en pomada; el pri- m e r o , del 4 al 8 por l o o , y el segundo al 8 por loo. Si acaso produjeran granu- laciones exuberantes, o después de largo uso su acción se hiciera poco eficaz o nula, conviene hacer una aplicación d e pomada d e nitrato de plata al i ó 2 por IOO, después de lo cual las otras pomadas que nos ocuparon recuperan toda acción. Injertos epidérmicos y métodos antoplásticos.—El injerto epidérmico fué idea- do por Reverdin en 1865. Consiste en sembrar o colocar sobre la superficie granulosa, pequeños, múltiples y delgados colgajos epidérmicos, alrededor de los cuales se forman islotes de epidermis, que se extienden progresivamente. Ollier y Thiersh modificaron el método de Reverdin, empleando grandes colga- jos dermo-epidérmicos, es decir, que abarcaban noi sólo la epidermis, sino la capa más superficial del dermis. 73 En los animales domésticos es muy difícil cumplir con varias condiciones Indispensables en estos métodos, como la asepsia absoluta, tanto en la herida t o m o en los colgajos trasplantados y el reposo completo de la parte, por lo cual l o s injertos epidérmicos no han entrado hasta ahora en la práctica veterinaria. Xo sucede lo mismo con los métodos autoplásticos, empleados ya con éxito jen nuestros animales por Frick, Moller, Coderque y otros autores. Consisten pstos métodos en disecar un trozo de piel de las regiones inmediatas a la herida, h d e otras lejanas, y sin separarlo completamente de su sitio de implantación, futurario a los bordes de la herida. Existen tres métodos principales: «el del in- liiano», que diseca el colgajo de las proximidades de la herida, y torciéndolo pobre su pedículo, lo lleva sobre ésta; «el de Celso o francés», que diseca igual- Inente el colgajo d e las proximidades de la herida y lo lleva por deslizamiento pobre ésta; y «el italiano», que toma el colgajo de un sitio lejano de la herida, lo sutura a ésta y sólo secciona el pedículo cuando el colgajo está bien cicatri- zado con la superficie traumática. Los dos primeros son los más aplicables a los Inimales. Queloide.—Es una neoformación exuberante de tejido cícatricial, que se >resenta después de la completa curación de la herida. Se forman tumoraciones ) placas, a veces muy voluminosas, constituidas por el tejido nodular; su colo- ación en los sitios desprovistos de pigmento, es el rojo vivo; su superficie es isa y suave al tacto, y en ocasiones son dolorosas a la presión. Tienen gran ten- lencia a proliferar y a reproducirse cuando son extirpados. La etiología d e estas neoplasias se ignora completamente; se supone pueda ratarse de una trofoneurosis y algunos creen que tiene influencia en su desarro- lo el exceso de movilidad de los bordes d e la herida. Paia evitar el queloide, debe procurarse que las heridas curen por primera ntención e inmovilizar la parte lo mejor posible. El tratamiento consiste en una extirpación amplia que sobrepase bien los imites de la afección, procurando que la intervención cure por primera in- ención. Como complicaciones consecutivas a las cicatrices, deben mencionarse tam- )ién las adherencias entre partes que debieran estar separadas. Las superficies :ruentas inmediatas, tienen tendencia a unirse, empezando esta unión en las co- nisuras (ángulo de cicatrización) y extendiéndose paulatinamente. Así se adhie- en los dedos entre sí, en el hombre y perro, y se obstruyen o se estrechan las •entanas de la nariz, la boca, los párpados, la vulva y el ano. Esto hay que ¡ru- ndirlo mecánicamente por interposición de gasa, cuerpos grasos, etc., para vitar la soldadura. Pueden observarse también, neuralgias consecutivas a cicatrices, ya por ompresión de algún nervio, ya por neuritis infecciosa. Contusión.—Se denomina contusión, la acción vulnerante de un agente trau- ¡lático romo cuando la piel resiste por lo menos inmediatamente, en tanto que os órganos subcutáneos sufren un aplastamiento mayor o menor. La piel, por su gran extensibilidad y motilidad, puede escapar al traumatis- no, especialmente si la dirección de éste es tangencial y no existen planos 'seos contra los cuales sea comprimida la cubierta cutánea. Las contusiones se han dividido teóricamente para facilitar su estudio en va- ios grados. La clasificación que más aceptación ha tenido, es la de Dupuytren, [ue admitía los siguientes grados: Contusión de primer grado.—El equimosis que asienta en el dermis mucoso ' tejido conjuntivo subcutáneo, consiste en la rotura de pequeños vasos con 'emorragia consecutiva en forma de infiltración de dichos tejidos. Se dá a estas 74 hemorragias distintos nombres, según su extensión y forma; así, se denominan equimosis propiamente dichas, cuando son de bastante extensión; petequias, si son pequeñas y redondas; sufusiones, si son extensas y mal limitadas; vibices, si tienen formas de estrías, y suplaciones, las que son como las sufusiones, pero más pequeñas. Todas tienen d e común el ser infiltraciones de sangre en las ma- llas del tejido conjuntivo (infarto hemorrágico). Los síntomas de la contusión de primer grado consisten en el cambio de coloración de la piel, que aparece negruzca o violácea en los primeros días y después verdosa amarillenta, hasta que desaparece. Ya se comprende que estos cambios no pueden apreciarse sino en sitios desprovistos de pigmento; al ser ÍSÍ, los únicos síntomas apreciables son una ligera inflamación y dolor. Los cambios de coloración se deben en parte, a las transformaciones de la hemoglo- bina en hematoidina y hematina, y en parte a la reabsorción de la sangre extra- vasada. La causa del dolor es la lesión directa de los nervios sensitivos de la re- gión, así como su irritación por la inflamación que produce la sangre derrama- da. En los animales es muy frecuente que este y los otros grados de contusión, vayan acompañados de edema. Contusión de segundo grado.—En las contusiones de segundo grado, se lesio- nan vasos más importantes y la sangre extravasada se acumula en cavidades más o menos extensas, formándose el hematoma. El hematoma puede ser difuso y rodeado de una zona de infiltración (depósito sanguíneo de los clásicos), o circunscrito y bien limitado o enquistado (tumor sanguíneo). La sangre conteni- da en los hematomas, puede permanecer líquida, y en este caso se nota fluctua- ción; o coagularse, d a n d o entonces el síntoma de crepitación sanguínea, que se nota bien comprimiendo el hematoma sobre un plano resistente; es una crepi- tación suave, como la que da un coágulo que se aplaste sobre una compresa, diferenciándose bien d e la crepitación enfisematosa, de la sinovitis y de la ósea. En este grado de contusión existen mayor dolor y tumefacción que en el ante- rior y se asienta bajo la piel desprovista d e pigmento, se notan los cambios de coloración ya mencionados. P o r este síntoma, así como por su rápido desarro- llo y por la falta de inflamación en los alrededores, pueden diferenciarse los hematomas de los abscesos. Si el hematoma asienta en las paredes abdominales y presenta fluctuación, puede confundirse con una hernia aguda, pero ésta se distingue por su compresibilidad y en muchos casos por un sonido hueco a la percusión. Si persisten dudas, p u e d e practicarse con un trocar fino y con la asepsia más rigurosa, una punción exploradora. La contusión de segundo grado puede complicarse con derrames traumá- ticos d e serosidad, d e los que nos ocuparemos más adelante, y con supuración o gangrena del foco traumático (infecciones secundarias procedentes del exte- rior por alguna erosión cutánea o interior por vía sanguínea). Las determinaciones del hematoma, además de la supuración y de la gan- grena, pueden ser la resolución y la induración. La parte serosa de la sangre Be reabsorbe. Una parte de los hematíes y leucocitos se reabsorben e ingresan nuevamente en el torrente circulatorio en estado d e completa integridad. «Los glóbulos situados en el centro del foco, una vez coagulada la fibrina, no pueden absorberse y quedan en el paredaje mismo sufriendo diversas modificaciones: la hemoglobina los a b a n d o n a disolviéndose en los jugos intersticiales» (Cajal . Los hematíes se fragmentan y son englobados por los leucocitos, que los con- ducen a los órganos hematopoyéticos o los digieren." La fibrina y el estroma de los glóbulos que q u e d a b a n en el foco se reblandecen y se reabsorben. Esta resolución d e los hematomas casi nunca es completa; de ordinario per- siste una zona más o menos extensa de tejido conjuntivo fibroso. 75 Otras veces el hematoma se enquista; alrededor de él se forma una cápsula de tejido conjuntivo. Esto ocurre con frecuencia en el tejido subcutáneo del perro y en la rodilla del caballo, en donde con facilidad se forman falsos quis- tes consecutivos a hematomas; en el interior de estos quistes no existe ya el teji- do sanguíneo con todos los elementos, sino sólo restos de fibrina y una serosi- dad rojo-amarillenta. Puede terminar el hematoma en absceso, por penetración de gérmenes de la supuración en su interior, ya que la sangre coagulada es un medio nutritivo ex- celente para el desarrollo de los gérmenes. Puede suceder ésto con bastante fre- cuencia en el perro. Contusión de tercer grado.—En la contusión de tercer grado hay destrucción de elementos anatómicos en gran número, pero no se altera la estructura del tejido correspondiente. Se observa a consecuencia de presiones muy prolonga- das, como las de los arneses; puede decirse, por lo tanto, que hay necrosis por compresión. Contusión de cuarto grado.—En este grado de contusión la destrucción de tejidos es mucho mayor; una zona de éstos está triturada «y sus elementos ana- tómicos destruidos. Bajo la piel infiltrada de sangre, semidestruída o destruida ya del todo, existe una especie de papilla formada por los tejidos aplastados y la sangre extravasada; los músculos están desgarrados, los tendones y los nervios rotos, los vasos trombosados, y a veces los huesos fracturados» (Cadiot y Almy). La zona contusionada se encuentra en estado de estupor local y está fría e in- sensible. En poco tiempo se presenta en ella fatalmente la gangrena. Por encima del traumatismo la piel está distendida; por el derrame sanguíneo muy abun- dante, es de color negruzco y está depilada. Cuando la contusión tiene lugar sobre las paredes torácicas o abdominales, puede ocasionar complicaciones gravísimas y hasta mortales, por lesión de Ios- órganos contenidos en las cavidades respectivas. Los desórdenes causados por las contusiones graves pueden ser muy varia- dos, contándose entre los más frecuentes el schoc, la pérdida de apetito, la sed, las conmociones viscerales y la fiebre aséptica cuando es ocasionada por la re- absorción de restos de tejidos destruidos, o séptica si su causa es una infección del traumatismo. Curso.—Ya hemos visto el mecanismo curativo de las contusiones de prime- ro y segundo grado. El curso y terminación de las contusiones de tercer y cuarto grado, depende en primer lugar de que el trauma evolucione asépticamente o se infecte. En el primer caso, si la contusión está situada muy cerca de la piel, los teji- dos mortificados se abren paso a través de ésta, se expulpan al exterior y el traumatismo convertido en una herida cura por segunda intención. Si la situa- ción de los tejidos mortificados es muy profunda, pueden reabsorberse y desapa- recer y desaparece totalmente, pero de ordinario se forma alrededor de ellos una cápsula que los convierte en un quiste, siendo asiento además en otras ocasiones de un proceso d e calcificación. El curso es muy diferente cuando los gérmenes de la infección invaden la zona mortificada, que constituyen para ellos un gran terreno de cultivo. En estos casos la curación es mucho más larga y difícil y a menudo diversas com- plicaciones vienen a dificultarla, como por ejemplo, infiltraciones purulentas, necrosis de los huesos, cartílagos, ligamentos, tendones y aponeurosis y aun una septicemia mortal (véase la contusión complicada de la cruz). Derrames traumáticos de serosidad.—Los choques oblicuos de cuerpos o b t u - sos contra la piel, cuando tienen suficiente fuerza para dislacerar el tejido con- 7& juntivo subcutáneo, que en muchos sitios existe como única separación entre la piel y alguna aponeurosis, pueden ocasionar con facilidad derrames de grasa y de una serosidad amarillenta clara y sin mucina. Estos derrames se observan con relativa frecuencia en el caballo (Hoffman, Rust y Cadiot) y muchas me- nos veces en el buey y en los demás animales domésticos. Sus sitios de predi- lección son los más expuestos a los choques y a presiones, como la región glútea, la femoral, la pierna y la parte externa de los extensores del antebrazo. La formación de los derrames de serosidad es bastante rápida a veces pero otras es lenta y la cavidad traumática que existe debajo de la piel no se llena por completo. El abultamiento que se forma es blando por lo general, temblo- roso al andar el animal y fluctuante, pero para apreciar la fluctuación es necesa- rio casi siempre, como lo aconseja Alorel, reunir el líquido en un rincón del foco. Alrededor del derrame no hay de ordinario reacción inflamatoria. Según Moller y Frick, estos derrames contendrán, además de la serosidad y gotas d e grasa, coágulos sanguíneos. Los derrames de serosidad no tienen tendencia a curar espontáneamente. Tratamiento de ¡as contusiones y de los derrames de serosidad. — En presencia de una contusión es necesario tener en cuenta (como aconsejan Míilier y Frick) las siguientes indicaciones: l.° Cohibirlas hemorragias importantes y hasta pe- ligrosas para !a vida. 2° Hacer desaparecer la sangre extravasada y los tejidos mortificados 3. 0 A y u d a r a los procesos regenerativos, que sirven para hacer desaparecer las soluciones d e continuidad. 4. 0 Evitar ¡a infección o combatirla si ya exisie. Las contusiones de primer grado apenas necesitan tratamiento, pues curan espontáneamente. Sin embargo es conveniente proporcionar reposo a la parte enferma. Para calmar el dolor, si es violento, se aconseja introducir durante largo rato la parte enferma en agua caliente, o bien hacer aplicaciones de fomentos, cataplasmas o pomadas calmantes como la de Jacob (láudano de Sydenhan 10 gramos, manteca de cerdo 60 gramos) o la de cocaína (clo- ruro de cocaína 4 gramos, vaselina IOO gramos). Para limitar la formación d e equimosis y combatir el edema cuando existe, se usan durante las 24 ó 48 ho- ras los fomentos fríos o las fomentaciones astringentes como el agua de vegeto- mineral o de Goulard (subacetato de plomo líquido IÓ gramos, alcohol de 80 o , 64 gramos, agua destilada 940 gramos), o soluciones de alumbre (30 gramos en medio litro de agua). La aplicación de sanguijuelas gozó fama durante mucho tiempo, de calmar los dolores de las contusiones y aún de prevenir futuras complicaciones; hoy apenas se emplean, pero el vulgo sigue teniendo fé en este remedio. E s útil y de uso corriente una moderada compresión. Veamos cómo pueden cumplirse las indicaciones enumeradas en las contu- siones de segundo grado. La hemorragia se cohibe generalmente por sí sola y no necesita de intervenciones activas, como la ligadura del vaso lesionado, sino en casos muy raros en los que el hematoma amenaza la vida por comprimir un órgano importante, c o m o la tráquea. Lo mismo que en las contusiones de pri- mer grado, pueden emplearse durante las primeras veinticuatro horas las fo- mentaciones frías, las astringentes, vejigas de hielo o la compresión. Para estimular la reabsorción de la sangre estravasada, deben aplicarse des- de el segundo día, fomentos calientes y donde sea posible una compresión me- tódica con un vendaje. El masaje es un medio excelente, pero no puede em- plearse cuando existen heridas o escoriaciones cutáneas, ni antes de la desapa- rición del dolor intenso, ni cuando el traumatismo sé ha infectado. De no exis- tir estas contraindicaciones, deben hacerse dos sesiones diarias, seguidas de la 77 aplicación de un vendaje compresivo; al principio, el amasamiento se hará sua- vemente y con cuidado, para no provocar nuevas hemorragias. Cuando ya la contusión tiene algunos días de fecha, pueden emplearse, solos o asociados a los medios anteriores, embrocaciones o mixturas con tópicos irri- tantes o resolutivos, como la tintura de yodo, la pomada mercurial, la yodo- yodurada, el alcohol alcanforado, etc. Si el sitio y las demás contraindicaciones apuntadas no permiten hacer la- compresión ni el masaje, se aconseja el uso de apositos de alcohol; para esto se rodea la parte enferma con una capa de algodón que se empapa en alcohol de 96°, encima se coloca hule de seda o una lámina delgada de caucho y todo ello se recubre con una venda de franela que se sujeta con unas tiras de buen espa- radrapo aglutinante, empapando de nuevo el algodón en alcohol cada tres o cuatro horas. Por este medio se consigue una intensa hiperemia, que aumenta notablemente los cambios nutritivos, las acciones fagocitarias, la reabsorción del líquido extravasado, etc. En los hematomas muy antiguos o voluminosos, pueden no ser suficientes los medios expuestos, ya que por su reabsorción exija un tiempo demasiado largo, o bien porque se hayan enquistado o rodeado de una cápsula. En los he- matomas antiguos o enquistados pueden hacerse inyecciones irritantes o practi- car la punción o incisión del hematoma o, ya por último, la presión brusca de la pared que rodea al derrame sanguíneo. La punción se practicará con un trocar de dos o tres milímetros de luz; se ayudará a salir el contenido del hematoma por presiones hechas sobre él. Las inyecciones irritantes más empleadas, son las de la tintura de yodo, solución de lugol, ácido fénico, quinosol, cresil, etc.; aunque a veces se hacen sin pun- ción previa, lo ordinario es que sean consecutivas a una punción evacuadora En ocasiones no basta una inyección irritante y es necesario hacer dos o más siempre que sea posible deben ser seguidas de compresión realizada por un vendaje. Si el contenida del hematoma consiste en coágulos, ño es suficiente la pun- ción y puede ser preciso incidir el tumor sanguíneo; esta operación no puede realizarse nunca antes de tres o cuatro días, que es el tiempo necesario para que en en los vasos lesionados se forme un trombo obturador y para que la in- filtración de los tejidos inmediatos al foco traumático constituya una especie de pared limitante que defienda al organismo de la penetración de gérmenes infec- ciosos, más allá de dicha barrera. En los rumiantes debe tenerse en cuenta esto, pues si bien la sangre se coagula rápidamente, el coágulo, formado por solo una capa de fibrina que recubre la pared del hematoma, impide la coagulación de la sangre en los vasos seccionados (Móller y Frick) originándose así con facilidad hemorragias secundarias. Además es necesario investigar en un hematoma q u e va a incindirse, si existe pulsación, que significaría de ser verdadera y no tras- mitida por asentar el tumor sobre una arteria, la persistencia de una comunica- ción entre la cavidad del hematoma y un vaso arterial, lo cual haría peligrosa a ¡a pequeña operación; por último, puede (siguiendo el consejo de los autores citados, en caso de no haber pulsación) hacerse un ligero amasamiento y hacer- se la incisión si no se aumenta el volumen del tumor sanguíneo. La operación será aséptica. Los hematoma's del perro, y menos veces de los demás animales, pueden tratarse por aplastamiento; se cogen con una o con dos manos y se someten a una fuerte presión hasta conseguir romper la pared del hematoma y que el contenido de éste se difunda por los tejidos inmediatos; así se abrevia muchísi- mo la curación. 7» La infección de los hematomas puede tener un origen externo, por penetra- c i ó n de gérmenes por alguna solución de continuidad de la piel, o interno, por una infección sanguínea. Lo primero se evita por el uso de antisépicos y de c u r a s asépticas o antisépticas, siempre que exista cualquier lesión cutánea. Pe- ro si la infección hubiera tenido ya lugar, el foco supuratorio debe abrirse, dre- narse y tratarse como un absceso cualquiera. Las contusiones de tercer y cuarto grado, que muchos autores reúnen en un solo grupo, van inevitablemente unidas a la mortificación de diversos tejidos, y muchas veces de la piel, y pueden aproximarse y por varios conceptos, a las gangrenas húmedas o a las secas, según los casos. En las primeras se recomien- dan las fomentaciones, los baños y los lavados frecuentes antisépticos y calien- tes. En las segundas son convenientes las fomentaciones calientes y el ayudar operatoriamente a la eliminación de la parte necrosada. Los abscesos, las lesiones «seas (fracturas), articulares y viscerales, que pueden sobrevenir en estas contu- siones, se tratarán como se indica en los párrafos dedicados a esas materias, El tratamiento d e los derrames traumáticos de serosidad pueden consistir en la punción sola o seguida de inyección de antisépticos o cáusticos, la inci- sión o el drenaje, la aplicación de revulsivos exteriormente, etc. A c t u a l m e n t e esta desechado el antiguo procedimiento de atravesar la cavi- dad traumática con sedales. La punción evacuante sola, es generalmente insufi- ciente, pues el derrame suele reproducirse y por esto es mucho mejor combinar la punción con la inyección de líquidos modificadores y con la aplicación ex- terna de revulsivos. Ni la punción ni la incisión, deben hacerse antes del quinto o sexto día; se- rán practicadas con todos los cuidados asépticos y buscando sobre todo para la incisión el punto más declive. Evacuando el derrame seroso, se aconseja siem- pre que sea posible, hacer una compresión con un vendaje, así como unir por medio d e una sutura la piel con los planos profundos. Ahora, que más sencillo q u e esto, es ioyectar por la misma aguja de punción, unos cuantos centímetros •cúbicos de tintura de y o d o rebajada al l/2 o al ' .,, y después de tres o cuatro minutos, dejar salir la que no haya sido retenido por los tejidos; en seguida d e b e obstruirse con colodión el orificio d e la punción y colocar un vendaje compren- siva, o bien aplicar sobre la piel una pomada vesicante como la de bricomato de potasa (12 gramos en 30 de vaselina), o unos puntos superficiales de fuego. Con la misma técnica que la tintura de yodo, pueden emplearse las solucio- nes de lugol o soluciones de cloruro de cinc (5 a 8 por 100), de ácido fénico (5 p o r loo), etc. También es tratamiento de buenos resultados, practicar en las partes decli- ves del derrame, una pequeña incisión por d o n d e se pasa un tubo de drenaje corto, que se sostiene en el sitio por un punto de seda con la piel, combinando esto con inyecciones irritantes, ya que estas inyecciones favorecen la cicatriza- ción de las paredes de la cavidad traumática. Heridas por arma de fuego.—Si bien existe una ley general que determina los efectos de los proyectiles d e armas de fuego, estos efectos son de una diver- sidad tal, que es difícil dar una descripción d e conjunto. Las lesiones que "de- termina un proyectil, d e p e n d e n en primer lugar de su masa y de su velocidad, d e aquí que se admita c o m o ley general la fórmula: F — —— 2 o sea que la fuerza viva o activa es igual al producto de la masa por el cuadrado d e la velocidad, partido por dos. Pero además de esta fuerza viva, también tie- 79 fie influencia la forma del proyectil, la incidencia con que ataca a los tejidos, la naturaleza de éstos, etc. Conviene dividir para nuestro objeto este estudio en dos partes: i.°, heridas producidas por armas de grueso calibre, y 2°, heridas de armas de pequeño ca- libre. /. Heridas producidas por proyectiles de armas de grueso calibre.—Los obu- ises de los cañones modernos, así como los arrojados desde los dirigibles y aero- planos, se fragmentan por mecanismos diferentes, de una notable precisión, en una multitud de fragmentos, que se esparcen en todas direcciones alrededor del ,sitio de la explosión, en una extensión de 300 a 900 metros; estos fragmentos [son en general cascos de acero de bordes cortados en bisel, y causan heridas Sde una variedad tal, que es difícil dar de ellas una descripción general. La gra- v e d a d de estas lesiones suele ser tan enorme, que muchas veces se prefiere el [sacrificio inmediato de los animales. Si los destrozos de los tejidos no son tan ¡considerables y se cree la curación posible e indicada desde el punto de vista [económico, pueden tratarse estas heridas: desinfectándolas por un lavado con [una solución antiséptica, de preferencia el agua oxigenada caliente o por em- [brocaciones de tintura de yodo, pulverización de y o d o disuelto en éter, vapori- zaciones de yodo con aparatos especiales que se encuentran en el comercio, letcétera, al mismo tiempo se retirarán de la herida los cuerpos extraños que pue- Idan existir, se regularizarán lo mejor posible y se cubrirá de gasa antiséptica, lalgodón y un vendaje, o tiras de esparadrapo aglutinante. Estas heridas producen con frecuencia complicaciones asépticas, como el Ishock, o infecciosas como el tétanos y la gangrena gaseosa. / / . Heridas producidas por proyectiles de armas de pequeño calibre.—En la p r á c t i c a ordinaria o civil, se observan más frecuentemente heridas producidas p o r perdigones, balas de escopetas o revolvers. Los perdigones, cuando el disparo se hace cerca, a unos 30 ó 40 centíme- t r o s , constituyen un sólo proyectil; hacen en la piel una sola herida bastante •amplia, aunque no muy profunda, en la cual pueden estar alojados también los j a c o s del cartucho, así como pequeños trozos de arneses, pelos, etc., arrancados Ipor el tiro. Cuando el disparo se hace a más distancia, los perdigones se disemi- pian, hacen cada uno una pequeña herida y se alojan en el tejido conjunti- v o . En los disparos «a boca de jarro» los granos de pólvora no quemados, atra- viesan la piel o se incrustan en el espesor del dermis, formando las pólvoras ne- g r a s en sitios de piel desprovistos de pigmentos un tatuaje característico. Las efectos producidos por las balas, son diferentes según se trata de armas fcntiguas o modernas; los proyectiles de armas antiguas, son d e plomo, esféricos lo cilindro-cónicos y su fuerza de penetración es escasa comparada con los de fcrmas modernas. Los proyectiles modernos están formados por un núcleo de b l o m o , con una envoltura de níquel, acero, etc. La velocidad inicial de los pro- yectiles antiguos es de 400 a 450 metros por segundo; en las armas modernas es •nucho mayor, de 600 a 800 metros; además estos son animados por un movi- rniento de rotación de próximamente 2500 vueltas por segundo. Los proyectiles ¡modernos son de menor diámetro que los antiguos, 6 a 9 milímetros, en tanto •que su longitud es mucho mayor, d e 20 a 30 milímetros. Los efectos varían con la clase de proyectil, la distancia a que alcance al he- r i d o y la clase de órganos lesionados. Si el disparo se hizo muy lejano o la bala llega con poca fuerza por haber encontrado resistencias en su trayectoria, pueden •10 penetrar y hacer sólo una contusión. Si su encuentro es muy tangencialrespec- f o a la superficie del cuerpo, puede no penetrar y causar únicamente una e m - isión o un surco en la piel. En los demás casos, el proyectil penetra y propor- So ciona a nuestro estudio un orificio de entrada, un trayecto, a veces uno o va n o s orificios de salida, un efecto penetrante y explosivo. El orificio de entrada es, por lo general, más pequeño que el de salida, reg,; lar, redondeado o elíptico, según el proyectil llegue a la piel perpendicular ublicuamente, de bordes limpios. El orificio de salida, cuando existe, es grande irregular y muchas veces asoman por él restos de tejidos, músculos, hueso: tendones, etc. Estas heridas con orificios de entrada y salida, se denominan e sedal; si, por el contrario, no presenta orificio de salida, se llama de fondo d saco o ciegas. Por cada orificio de entrada pueden existir dos a más de salid porque el proyectil se halla fraccionado al tropezar con un hueso. Con los pn yectiles modernos es mucho más frecuente que se produzcan heridas en seda pues su poder de penetración es enorme. El trayecto es con mucha frecuencia sinuoso con los proyectiles antiguo pues éstos al tropezar con un hueso o con una aponeurosis resistente, sobre te do si lo hacen oblicuamente, cambian con facilidad de dirección, contornean < hueso sin fracturarle y salen por el lado opuesto o permanecen en los tejido: Estos trayectos irregulares son giros con las armas modernas, y, por el contraríe sulen ser rectilíneos, no permaneciendo la bala en el organismo hasta la distar cia de 2.700 metros (fusil); todavía a 30O metros es capaz un proyectil Lebel d atravesar a un h o m b r e , si no encuentra en su trayecto partes duras. Es muy común dividir la acción de los proyectiles según la distancia a qu estos hieren al organismo. Así se admite: 1.°, una zona de explosión hasta 300 500 metros; 2.°, una zona de perforación desde 400 ó 5CO metros hasta 800 IOOO, en la cual los huesos cortos y las epífisis son perforados sin fractura 1 esquirlas y en las diáfisis se producen grandes esquirlas sostenidas por el peric: tío (Forgue); 3. 0 , la zona de estallido y d e desgarro, de 1000 a 1600 metros, e la cual los huesos sufren fracturas conminutivas, y 4. 0 , la zona de contusión, mu lejana para las armas modernas, en la que la bala no tiene ya tuerza para pene trar en el organismo y obra como una pedrada. Por los estudios experimentados de Ellemberger y Gabeau, se conocen bie los efectos de las balas modernas sobre los animales; estas experiencias, así co mo las observaciones de Regert y de otros autores, demuestran que la exter sión y gravedad d e los efectos del proyectil no dependen únicamente de la dií tancia a que éste fué disparado, sino también de la consistencia, abundancia e líquidos y estructura anatómica de la parte herida. Los órganos huecos y lleno d e líquido o formados de tejidos muy blandos, como el cráneo, la vejiga, el es tómago, intestino, corazón, hígado, bazo, etc., sufren por efectos d e proyectile d e gran velocidad, efectos explosivos con grandísimos destrozos, en tanto qu el mismo proyectil, hiriendo los mismos órganos vacíos (los que son susceptible en ello, como el e s t ó m a g o , la vejiga y experimentalmente el cráneo), no hace: sino perforarlos limpiamente. La teoría más aceptable en la actualidad, para es plicar los efectos explosivos de los proyectiles macizos ordinarios, es la de 1 presión hidráulica de Huguier: «la fuerza del proyectil se comunicaría por me dio de dicha presión, en todos los sentidos con igual energía que la que anim¡ al mismo proyectil». Kocher ha hecho experimentos disparando sobre cajas di hoja de lata y sobre cráneos, unos llenos y otros vacíos y ha visto que en tant< que las cajas y los cráneos vacíos eran simplemente atravesados, los llenos (d< agua o de papilla de yeso) sufrían un verdadero estallido. Para que éste se pro duzca es necesario, además de la abundancia de líquidos en el órgano en cues tión, que éste se halle rodeado de una cubierta resistente y que el proyectil vayí animado de una gran velocidad, pues en este caso el líquido no tiene tiempo dt salir por los orificios naturales. 8l Además de la presión hidráulica hay que tener en cuenta, según Delorme, para los cuerpos parenquimatosos impregnados de líquidos, como el cerebro, hígado, ríñones, bazo, etc., «la acción de las moléculas sólidas proyectadas por la fuerza viva d e la balas. Lo mismo sucede en los huesos: los fragmentos origi- nados por el proyectil, son como proyectiles secundarios que atraviesan las partes blandas destrozándolas y ocasionando, a veces, hemorragias internas mortales. El efecto explosivo se favorece también en los proyectiles modernos, hacien- do una incisión o dos en forma de cruz en el vértice de la bala, de manera que su cubierta o camisa de níquel, acero o melchor, quede dividida; esto facilita la hernia o salida del núcleo de plomo y aumenta los destrozos del proyectil. Está prohibido por las leyes de la guerra, aun cuando en la guerra de 1914 a [918 se empleó este método, como igualmente otros reprobables. Vamos ahora a ocuparnos de los efectos de los proyectiles modernos sobre los diversos órganos y tejidos. Las epífisis de los huesos largos son atravesadas muchas veces sin fractura y si ésta ocurre es generalmente porque el proyectil atacó al hueso entre la diáfasis y la hipófisis. La diáfasis es por lo común trac- turada, ya en trozos grandes o ya en pequeños. Los huesos planos son atravesa- dos, en muchas ocasiones sin fractura, en cambio, los huesos cortos son siempre fracturados muchas veces en pequeños fragmentos. Los cartílagos son atravesados y solo en los de la laringe observaron Ellem- berger y Baum pequeñas fracturas. En el corazón las heridas son generalmente grandes, con colgajos desgarra- dos y rara vez pequeñas y circulares. Lo mismo sucede en los pulmones, sobre todo cerca del orificio de salida y cuando el proyectil encontró a su paso una costilla. En el hígado y el bazo las lesiones son muy extensas; en una zona de tres o cuatro centímetros alrededor del trayecto de la bala, estos órganos quedan re- ducidos a papilla. En el intestino grueso las heridas son grandes, rasgadas, en colgajos; en el estómago e intestino delgado, pequeñas y circulares, siempre que no tengan líquido, como hemos señalado anteriormente. En las aponeurosis y tendones hacen los proyectiles modernos, hendiduras poco sensibles; lo mismo puede suceder en los músculos, pero otras veces son grandes y desgarradas. Los vasos y nervios pueden ser seccionados total o parcialmente, originándo- se hemorragias gravísimas y parálisis. Los caracteres primitivos de estas lesiones son muy variables, ya lo hemos visto en lo que se refiere a la separación de los bordes; en cuanto al dolor es variable, generalmente pequeño, dependiendo de la naturaleza de los tejidos lesionados y de la extensión de la lesión. La "hemorragia también es pequeña, a no ser que el proyectil haya herido algún vaso de importancia. El dolor secun- dario depende de que se desarrolle o no la inflamación. Diagnóstico.—Generalmente es fácil diagnosticar la existencia de una herida de arma d e fuego, pero puede no serlo tanto decidir si el proyectil o proyecti- les salieron 6 permanecen en el organismo. Las balas antiguas pueden fraccionar al tropezar con un hueso en dos o más partes, por lo cual no puede decirse, aun cuando se observe un orificio de entrada y otro de salida, que el proyectil ha salido, puede quedar una parte de él. Lo mismo puede suceder, aunque más rara vez, con los proyectiles modernos. Tampoco puede deducirse de la existen- cia de un solo orificio de entrada, que el proyectil permanece en los tejidos, 82 pues si la bala tiene poca fuerza penetrante, puede hacer un corto trayecto y caer al exterior por su propio peso. Los rayos X nos proporcionan una excelente ayuda para el diagnóstico de la existencia y sitio de los proyectiles, especialmente en los animales peque- ños, fácilmente transportables al sitio d o n d e esté situada la instalación. Se han inventado una porción de medios. Entre otros, unos exploradores for- mados por dos ramas metálicas aisladas entre sí y unidas a los reóíoros d e una pila, con un timbre intercalado en el circuito; al encontrarse las dos ramas metá- licas con un cuerpo metálico, se cierra el circuito y suena el timbre; es d e poco uso. Antiguamente se empleaba el estilete d e Nelaton, que tenía en uno de sus «xtremos una esferilla d e porcelana; al tocar la bala con este estilete, la esferilla salía con el color gris del plomo. Curso y pronóstico.—En general, las heridas producidas por las balas de armas modernas curan fácilmente casi siempre por primera intención. El pro- yectil se puede considerar aséptico por la gran temperatura que adquiere, de tal modo, que cuando la infección sobreviene, no es el proyectil mismo su causa, sino los cuerpos extraños que arrastra (pelos, trozos de arneses, etc.) o las ma- niobras de exploración e intentos de extracción ejecutados de un m o d o poco asépticos por el práctico en el medio rural. La mayor parte d e las veces, los proyectiles que quedan en los tejidos se encapsulan, es decir, que alrededor de ellos se forma una cubierta d e tejido conjuntivo fibroso, que los aisla; pero pueden no permanecer inmóviles, sino emigrar lentamente a través de los tejidos, hasta llegar a ser subcutáneos; así sucedió con el caso de Moller, que extirpó a un caballo del tejido celular sub- cutáneo, de la región umbilical, una bala que había recibido diez años antes en la región lumbar. El pronóstico varía según la importancia de los órganos atacados, y según q u e sobrevenga o no la infección d e la herida. Tratamiento.—En las heridas de partes blandas que no interesen órganos importantes, en que el proyectil ha salido del organismo, debemos abstenernos d e todo intento de exploración, que no tendrá por otra parte ningún objeto; extraeremos asépticamente de los orificios los cuerpos extraños que se perci- ban, se desinfectará, sin lavatorios, con tintura de yodo, iodoformo, noviformo, etcétera, debiendo ser la tintura d e yodo recientemente preparada, o bien efec- tuar pulverizaciones de yodo disuelto en éter o con vapores de yodo y taponar la herida, o mejor dicho, los orificios, con gasa aséptica o antiséptica, sujetando el aposito con tiras aglutinantes, vendajes, etc. Si el proyectil permanece en los tejidos, tampoco d e b e intentarse la extrac- ción, a no ser que ésta sea facilísima por asentar la bala ya inmediatamente de- bajo de la piel o muy cerca del orificio de entrada o salida, o bien por estar si- tuado en el interior de una articulación o comprimiendo órganos importantes, c o m o un nervio grueso, el cerebelo, etc. Es regla general, abstenerse en todos los casos de sondajes o exploracio- nes con el dedo, que exponen a la infección d e la herida, como no se hagan con la más meticulosa asepsia. Si la bala se encuentra inmediatamente debajo d e la piel, se hace una inci- sión sobre el sitio d o n d e se toque y se extrae. Pero no se debe intentar la ex- tracción siguiendo el trayecto d e la herida, q u e puede infectarse por estas ma- niobras. Cuando la bala se encuentre profundamente situada y no concurran las cir- cunstancias ya enunciadas, debe abandonarse en los tejidos. Se cortará el pelo 83 alrededor del orificio de entrada, se extraerán los cuerpos extraños y se tratará y se ocluirá dicho orificio en la forma dicha anteriormente. En ocasiones es necesario intervenir, no para extraer el proyectil, sino para remediar los daños causados por él, como hemorragias, perforaciones de visce- ras, etc. Según se presente cada caso, así debe intervenir el cirujano. Los perdigones, cuando han entrado todos juntos formando bala, deben ex- traerse, lo cual no resulta difícil, pues casi siempre quedan a flor d e piel. Los cascos de granada deben también extraerse a ser posible, pues son mal tolerados por el organismo. Del tratamiento de las lesiones óseas, y de las cavidades torácica y abdomi- nal, etc., trataremos en la parte especial. Lesiones producidas por gases de guerra.—Incluimos en nuestro estudio de la Patología Quirúrgica General, y a continuación de las heridas producidas por armas de fuego, un nuevo asunto, que creemos de interés su estudio, ya que modernamente se presenta y se le concede, sobre todo en Medicina humana, un gran interés e importancia. Nos referimos al estudio de las lesiones produci- das por los gases d e guerra. El gas d e guerra, esta terrible arma mortífera, empleada durante la hecatom- be de los años 1914 al 1918, creó un precedente siniestro en el ánimo de las gentes, que hoy en día le conceden una importancia extraordinaria, hasta el punto de hacerle como básico en futuras contiendas, organizada al amparo egoísta de los hombres. No es ya solo un arma poderosa, dedicada única y exclusivamente a elimi- nar hombres, sino que actualmente se han deducido de estos hechos enseñanzas que aprovechan las autoridades de las grandes ciudades para reducir algaradas, manifestaciones, etc. Claro es que no se trata de gases de guerra propiamente dichos, sino d e otros gases que inutilizan momentáneamente al que sufre sus efectos. Hay gases que producen la muerte del individuo, otros solamente atacan una parte del organismo, etc. Atendiendo a este resultado y en relación a los efectos que producen, se dividen los gases en varios grupos: Gases asfixiantes.—Son los que producen preferentemente un violento ede- ma pulmonar que conduce a la muerte por asfixia. Estos gases son: el cloro, el fosgeno y la cloropicrina. Gases lacrimógenos.—Son los que producen una fuerte irritación de la con- juntiva ocular, con intenso lacrimeo. Son: la cloroacetofenona y el bromocianu- f o de bencilo. Gases vesicantes.—Estos gases producen un vivo eritema y ampollas en la piel y una fuerte congestión de las mucosas ocular y respiratoria. Como ejemplo de estos gases tenemos la iperita. Gases tóxico*.—Se incluyen en este grupo los derivados arsenicales y los cia- nuros, cuya acción tóxica se une generalmente a alguno de los anteriores gases. Síntomas genera/es.—La inhalación de una pequeña cantidad de los gases asfixiantes, produce una sensación de ahogo y sofocación. Si la dosis inhalada e s suficiente, la muerte es instantánea. En los casos más leves, el cuadro clínico e s el siguiente: edema pulmonar, disnea, cianosis y abundante expectoración m uy fluida, dilatación aguda del corazón; accesos de tos muy violenta y en oca- siones expectoración de trozos de pulmón. Muerte. Menos ofensivos son los gases lacrimógenos, ya que el efecto se reduce a una fuerte irritación de la conjuntiva, con intenso lacrinr.eo; casi nunca produce efectos graves, quedando reducida su acción a una fuerte conjuntivitis irritativa. El tipo de gases vesicantes, es la iperita o gas mostaza, gran tóxico que 84 constituyó el más fuerte y terrible de los gases empleados en la guerra europea. Su poder tóxico es enorme y además tiene la cualidad d e pasar desapercibido para el olfato; atraviesa las más espesas capas de ropa e incluso la goma, pues es disolvente del caucho. Produce ampollas enormes, muy dolorosas y a veces la axfisia rápidamente, pero lo más corriente es que produzca una conjuntivitis pu mienta; úlcera de la córnea, traqueobronquitis exfoliatriz, vómitos, cefalea, erite- ma de la piel y ampollas. La muerte por este gas es bastante rara sin embargo. Los gases tóxicos o arsenicales, iban mezclados con gas estornutatorio, con el fin de que al hacer estornudar al que iba provisto d e una careta, se quitase ésta y respirase entonces el gas tóxico, pero como la cantidad de arsénico que llevaba era muy pequeña, no se llegó a conseguir los afectos tóxicos buscados, por lo que se empleó muy p o c o . Tratamiento.—Existe un tratamiento profiláctico que consiste en la aplica- ción de la mascarilla contra gases, cuyo uso se está haciendo hoy en día casi popular en todos los países, menos en España. Incluso en los animales grandes auxiliares del hombre aún en la guerra, se emplean las mascarillas para prote- gerlos contra los perniciosos efectos del gas. El tratamiento curativo, consistirá primeramente en quitar de la acción del gas al enfermo y después tratar los síntomas según la clase d e gas que los pro- duzca. Así, en el edema pulmonar, lo más indicado será la sangría amplia; en la conjuntivitis, se lavará la mucosa con solución de bicarbonato sódico y después se aplicará parafina líquida o aceite, que tiene la propiedad d e disolver y con- trarrestar las materias vesicantes. Si hubiera lesiones en la piel por la ¡perita, lo más esencial es el empleo del petróleo en lavados y se cubrirá la parte eritematosa con pomada de clora- mina. Si hay supuración en las quemaduras, lo mejor será una cura húmeda, an- tiséptica, renovada varias veces al día. La ventilación pulmonar por aire puro, debe hacerse rápidamente. Heridas de asta de toro.—La frecuencia enorme d e estas heridas en nuestra patria, nos obliga a dedicarles algunas líneas. El asta de toro, agente vulnerante, es, como se sabe, de forma cónica, con su extremo más o menos aguzado. La manera de estar colocadas las astas sobre el frontal del toro, influye en la mayor o menor facilidad que estos tienen para herir y en los caracteres de la herida; así, en los toros gachos es difícil que pro- duzcan heridas d e importancia y sí con frecuencia contusiones; en cambio, los toros delanteros y veletos, tienen mas facilidad para herir, como asimismo el astifino. Estas heridas o lesiones, pueden en general, incluirse en las heridas contu- sas, cuando no en las contusiones.. Toman nombres especiales según sus carac- teres, así, se denomina varetazo a la contusión producida por un choque tangen- cial del asta, puntazos a las heridas poco penetrantes y cornadas a las que pe- netran más. Las heridas de asta pueden tener forma y extensiones muy diferentes; a veces parecen incisiones, otras erosiones cutáneas, otras penetran en los tejidos desgarrando y arrancando tejido conjuntivo, músculos, tendones, nervios, vasos, etcétera; en ocasiones perforan cavidades y visceras, como el corazón, produ- ciendo una muerte instantánea, o los pulmones, provocándose entonces el vó- mito de sangre o hemoptisis, que también conduce a la muerte. Por su forma irregular y la gran profundidad que a veces alcanzan estas he- ridas, son buen terreno para la supuración. En ocasiones tienen una forma cónica, con la base hacia la profundidad de los tejidos, y esto se debe a que después de penetrar el asta, el animal hace con 85 la cabeza varios movimientos como si tratara de arrojar a distancia al animal herido, haciendo d e este modo describir al extremo del cuerno movimientos circulares, en tanto que la parte d e este que contacta con la piel, está inmóvil o poco menos. Para darse cuenta d e los destrozos causados por el cuerno, es conveniente hacer asépticamente una exploración con el dedo. El tratamiento general de estas heridas no difiere del de los traumatismos sépticos, pero claro es que antes de emprender su curación hemos de tener en cuenta si ésta será económicamente conveniente. En la clínica de la Escuela de Veterinaria de Madrid, hemos operado un caso de un caballo con hernia ventral producida por una cornada. El traumatis- mo rompió los músculos, respetando la piel y produciéndose la hernia instan- táneamente. A veces ocasionan fracturas de las costillas, tratándose como tales y extir- pando las esquirlas si las hay e incluso haciendo una resección costal. Pero la gravedad que presentan generalmente las heridas por asta de toro, hace que no intervenga el veterinario, por ser, como decíamos antes, antieconó- mico el tratamiento y ocasionar casi siempre la muerte del animal. Heridas emponzoñadas, envenenadas y virulentas.—Se denominan heridas em- ponzoñadas, aquellas en que al traumatismo se une la existencia en él de ciertas sustancias tóxicas de origen animal, como la ponzoña de las serpientes, de las abejas, avispas y hasta de abejorros y mosquitos. Si en el interior de la heri- da existen venenos de origen vegetal o mineral, como alcaloides, compuestos arsenicales, mercuriales, etc., se llama envenenada. Y si en el interior del trau- matismo se encuentran agentes microbianos, capaces por su calidad y cantidad de producir efectos patógenos, la herida se llama virulenta o infectada. Las más importantes y frecuentes de las heridas ponzoñosas, son las produ- cidas por las mordeduras de serpientes, especialmente en España las víboras (Vípera aspis, Vípera Berus y Vípera Redu) y otros países por la cobra. Gracias a las investigaciones de Calmette, Müller, Phisalix, Fraser y otros se sabe que el veneno de los reptiles contiene dos sustancias, ambas proteicas o albumosas, pero d e acción y propiedades diferentes; una destruyese a los 75 o de temperatura, siendo una peptona, según Müller, que tiene la propiedad de obrar ¡ocalmente produciendo inflamaciones, edema, necrosis y hemolisis en el sitio de la mordedura; la otra que no se destruye a los 75 o es capaz de obrar a distancia sobre los centros nerviosos, es una globulina (Müller) que paraliza los centros vaso-motores respiratorios y cardíacos del bulbo y las terminaciones periféricas de los nervios del gran simpático. La ponzoña d e las serpientes se segrega en unas glándulas colocadas simé- tricamente a los lados de los maxilares superiores; el conducto excretor de las glándulas se continúa con unos canales que existen en la cara posterior de unos dientes en forma de gancho, de la mandíbula superior. En el acto de cerrarse la boca para morder, son comprimidas dichas glándulas por la contracción de los músculos que las rodean, yendo la ponzoña a alojarse en el interior d e los tejidos. De las dos substancias contenidas en la ponzoña, una es la predominante, así, en las víboras existe mayor cantidad de la de acción local, en tanto que en la cobra es más abundante la de acción general. La absorción de las ponzoñas se verifica muy rápidamente cuando son depo- sitadas en los vasos sanguíneos o en el tejido conjuntivo. Las serosas la absor- ben menos rápidamente y las mucosas no las absorben o lo hacen tan lentamen- te que no provocan trastornos, por esto puede hacerse sin cuidado y sin ningún inconveniente, siempre que no se tengan erosiones en la boca, la succión de S6 una herida ponzoñosa. Para probar la rapidez de la absorción, Calmette hi una inoculación de una dosis mortal de ponzoña en el extremo de la cola de ratón; amputó la cola un minuto más tarde y sin embargo el animal murió. . obstante el peligro de las mordeduras de serpientes no es muy grande en Eur pa, pues solo mueren un 2 a un 8 por loo de los animales mordidos; en 1 países cálidos, alcanza suma gravedad. Los síntomas d e estas heridas consisten en edema y equimosis del si mordido y fenómenos generales como convulsiones y estado comatoso, debi dad extraordinaria, parálisis progresiva y la muerte del individuo. Si la ponz ña es muy peligrosa, la muerte sobreviene antes de las veinticuatro horas. Tratamiento.—En primer lugar d e b e hacerse lo posible por impedir o ret dar la absorción del veneno; para esto, si la mordedura ha tenido lugar en miembro, se colocará en la raíz de éste una ligadura elástica, si se dispone un tubo de goma o de una goma de tirador o, de lo contrario, se atará aireó dor del miembro una cuerda, pañuelo, etc., que se apretará a manera de i torniquete, por medio de un palo, bastón u otro objeto semejante. La ligada no se tendrá aplicada más de seis o siete horas para evitar la necrosis de 1 partes isquemiadas. En el hombre se hace con frecuencia la succión de la herida, que resulta igualmente útil en los animales. Debe destruirse o neutralizarse la ponzoña en la herida o en sus alrededor para esto se emplea la cauterización actual y la potencial (cloruro d e cinc, ácid nítrico, sulfúrico, crómico, licor cáustico amoniacal, etc.). Se emplean asímis inyecciones subcutáneas de licor cáustico amoniacal diluido al dos o tres vec en su volumen d e agua, de solución al i por IOO de ácido crómico, en cantici de 1 / 2 a l c e , para el hombre y el perro (Karlinscki), inyecciones de soluci' al I por IOO de permanganato potásico (Kaufman), lavados con soluciones r cientes de hipocloritos d e cal y sosa al I por 6o, inyecciones de cloruro de o al I por IOO en solución reciente, de agua fenicada del 3 al 5 por 100. Se us' también, tanto con objeto profiláctico como curativo, las inyecciones subcut neas o intravenosas de suero anti-ponzoñoso en cantidad de IO a 50 c. c. seg la talla del animal. E s t e suero se prepara inoculando al caballo cantidades cr cientes de varias ponzoñas, con dosis cada vez menores de hipoclorito de c empleado antes d e transcurrir cuatro horas de la mordedura, evita los efect de la ponzoña y después de este tiempo los combate eficazmente. Como tratamiento general, además del suero, o en su defecto, pueden e plearse el éter, alcohol, vino y acetato d e amoníaco. Terminada la cura de la herida se cubrirá con un aposito aséptico o an séptico. Las picaduras d e mosquitos, abejas, avispas, abejorros, etc., cuando son e escaso número, no s u e l e n t e n e r importancia para los animales domésticos, pe a veces éstos son atacados por un gran número de dichos insectos (por bando enjambres) y entonces estas picaduras pueden tener consecuencias moríale En ocasiones, la gravedad no d e p e n d e del número de ellas, sino del sitio atac do (ceguera por picaduras en los ojos, asfixia por picaduras en los hollares o e la misma mucosa nasal, sobre todo en el caballo que no puede respirar suficie temente por la boca). La ponzoña d e los mosquitos se encuentra en su saliva, que es depositad en el espesor del dermis por la trompa de que están provistos estos insecto La ponzoña de las abejas, avispas y abejorros, llamada culicina, se produce e una glándula situada en la parte posterior del abdomen; el conducto excret de estas glándulas va a parar al aguijón, colocado igualmente en la parte post 87 rior del abdomen. Cuando la abeja o la abispa pica fuertemente, deja implanta- do en la herida muchas veces el aguijón, el cual contiene centros nerviosos autónomos que hacen contraerse unos musculitos que también forman parte de este órgano y por dicho mecanismo se hunde progresivamente en los tejidos, esparciendo en ellos toda la ponzoña que contiene e irritando mecánimente. Las picaduras de abejas y avispas pueden ser mortales para los pequeños animales y aun para los grandes cuando son muy numerosas. En este caso sobre- viene una inflamación intensa de la piel y de ¡as mucosas; los efectos generales de la intoxicación se manifiestan por marcha oscilante, dificultad para tenerse en pie, disnea, elevación de temperaturas, dolores violentos y gran excitación. La muerte puede tener lugar en muy escaso tiempo; se citan casos de haber ocurrido una hora después d e las picaduras, pero de ordinario tarda en ocurrir de cinco a diez horas. Moller y Frick citan casos de autopsias en caballos ataca- dos por abejas, que murieron, uno a las cinco horas y otro a las quince horas después de sufrir las picaduras. Los cadáveres estaban muy hinchados, presen- taban en la cara interna de la piel un gran número de manchas redondeadas, de color rojo obscuro, de 5 mm. a 2 cm. de diámetro. Debajo de estas manchas el tejido conjuntivo subcutáneo estaba infiltrado de una serosidad gelatinosa amarillenta y coloreado de color rojo moreno; este mismo color habían adqui- rido los músculos subyacentes, en tanto que los demás músculos presentaban un tinte pálido como el que tienen en la hemoglobinemia. En la mayor parte de los sitios atacados la piel estaba gangrenosa. En uno de los caballos la mu- cosa gástrica e intestinal estaba coloreada difusamente de rojo; esta misma co- loración se observaba en algunos en el peritoneo. El hígado estaba inflamado, pá- lido, exhalaba al incindirlo una gran cantidad de líquido rojizo. La pulpa espié- nica era de un color moreno obscuro, casi negro, como en el carbunco bacteri- diano. Los ríñones estaban engrosados y entre la membrana propia y el riñon existía una substancia amarilla gelatinosa; al corte, la superficie del riñon se mostraba blanda y de color moreno rojizo obscuro. La mucosa urinaria estaba fuertemente hiperhemiada, así como el pulmón que tenía además infarto hemo- rrágico y edema; la pleura estaba congestionada, era de color rojo difuso y con- tenía próximamente un litra de serosidad sanguinolenta. El corazón contenía sangre casi negra, no coagulada y de reacción alcalina. El endocardio y el peri- cardio estaban hiperhemiados, así como las meninges y el encéfalo. No se sabe exactamente la constitución química de estas ponzoñas. Según Flury, la ponzoña de abejas contiene una mezcla de ácidos grasos, substancias análogas a la lecitina, triptófano y un resto azoado. Tratamiento.—Si los animales tuvieran todavía en el momento de tratarlos algunos insectos adheridos, debemos, previamente protegidos de guantes y con una careta, arrojar sobre el animal atacado gran cantidad de agua, que hará des- prenderse a los insectos. Se recomiendan igualmente los lavados con soluciones alcalinas, con lejía de ceniza, solución de amoníaco, petróleo, o bien con la fór- mula de Lang (Cadiot y Almy): amoníaco líquido, 15 gramos; colodión, 5 gra- mos; ácido salicílico, I gramo. En las picaduras de mosquitos se debe dar la pomada de salicilato de metilo. Los aguijones que hayan quedado en la piel y sean visibles, deben arrancar- se con unas pinzas. Al interior pueden administrarse alcalinos (bicarbonato sódico, magnesia, etcétera), y si el animal no pudiera tomarlos y el caso fuera grave, puede prac- ticarse una sangría e inmediatamente una inyección intravenosa de una solución alcalina. También se aconseja el uso interno del alcohol, éter, infusión de café, 83 como estimulantes difusibles y tónicos del corazón; así como la inyección s u b - cutánea de aceite alcanforado. En ocasiones es necesaria la práctica de la traquetomía, cuando existe inten- sa inflamación de las primeras vías respiratorias. Las picaduras de escorpión, se tratan como las mordeduras de serpiente, y de un modo análogo, las mordeduras de la tarántula. Las heridas envenenadas requieren un amplio lavado para arrastrar la subs- tancia tóxica. De las heridas virulentas trataremos en las complicaciones infecciosas de los aumatismos. Lesiones subcutáneas de las partes blandas.—Las heridas subcutáneas, es de- cir, aquellas que comunican solamente con el exterior por una pequeña brecha, eran antes de la era antiséptica muy preferibles a las heridas abiertas, por ser más fácil en las primeras evitar la supuración (infección). H o y en lo que se re- fiere a heridas operatorias, la diferencia entre ambas clases de lesiones ha dis- minuido mucho, pues nos es dado en muchos casos evitar la infección, aun en operaciones extensas. Sin embargo, para ciertas intervenciones se prefiere toda- vía el método subcutáneo (desmotomía cervical y rotuliana, tenotomías planta- res, etc.). Pero es que hay lesiones verdaderamente subcutáneas de las partes blandas. Algunos autores alemanes las dividen en: elongaciones, estiramientos y rasga- duras; en los primeros grupos no existen alteraciones macroscópicas y les deno- minan de una u otra manera según que tengan lugar d e un modo brusco o len- to; de todos modos existen lesiones microscópicas, que consisten en roturas de fibrillas musculares, congestión en los nervios, roturas de pequeños vasos, de los cilindro-ejes de los nervios, etc. Las rasgaduras consisten en soluciones de continuidad macroscópicas de los tejidos subcutáneos. El origen de las lesiones subcutáneas d e partes blandas puede ser externo (golpes, caídas, etc.) o interno, como la contracción muy enérgica de los múscu- los durante la marcha, saltos o caídas de los animales, sobre todo en las épocas d e hielos. Los síntomas consisten en dolor más o menos intenso de la parte traumati- zada y a veces insuficiencia funcional. Las roturas de los músculos, tendones, ligamentos, etc., p u e d e n apreciarse en ocasiones a través de la piel. El curso de estas lesiones suele ser benigno; cuando son ligeras desaparece en pocos días el dolor y la insuficiencia funcional. En"las roturas, el espacio d e continuidad de los tejidos se llena d e sangre y la marcha del proceso curativo es idéntica a la descrita a propósito de las con- tusiones de segundo grado, p u d i e n d c persistir como consecuencia de estas le- siones, islotes más o menos extensos de tejido nodular o cicatricial, que según Móller, es especialmente apto, por su poca resistencia, para sufrir nuevos trau- matismos. Tratamiento.—La parte traumatizada necesita en primer lugar reposo. En casos de rasgaduras con gran hemorragia, debe aplicarse para cohibir ésta, un vendaje que haga compresión metódica o un vendaje al alcohol. Teniendo en cuenta que la región traumatizada, por la disminución d e sus resistencias naturales y ' p o r el derrame sanguíneo, constituye un gran terreno d e cultivo para las bacterias infecciosas, algunos autores recomiendan durante las primeras veinticuatro horas del traumatismo, las fomentaciones a fomentos calientes antisépticos para disminuir los riesgos de la infección. Esta no podrá tener lugar si la piel está intacta, más que por vía sanguínea, y en este caso no 89 será evitada por los fomentos, por lo cual no creemos éstos indicados más que en el caso d e coexistir con el trauma subcutáneo, alguna lesión de la piel. Los fomentos calientes, por la vasodilatación que producen, aumentan la velocidad de la absorción de la sangre derramada y favorecen la cicatrización. Del mismo modo obra el masaje, que está indicado cuando ha desaparecido el dolor; las pomadas fundentes, como las mercuriales y la yodo-iodurada, no aforan probablemente sino por el masaje que se practica al darlas. En la convalecencia, los animales deben hacer ejercicio moderado y progre- sivo, para que las partes traumatizadas recuperen su fuerza y agilidad anteriores. , Notas clínicas Tratamiento de las encefalitis y meningitis Con gran frecuencia se ve desahuciar en la clínica veterinaria a los enfermos afectos de encefalitis y meningitis esporádicas. Efectivamente, y ésto no es nuevo, es una enfermedad grave, pero no tan exageradamente como la pintan los libros de texto, quizás por esa tradicional de- rivación de la Medicina Humana sobre la Veterinaria, pues aquí hay que tener en cuenta que en las enfermedades nerviosas del hombre influye, además de la lesión, una psicología que está muy por encima de la animal. Mas en ésto la experiencia es la que aclara: Habiendo visto un animal afecto de meningitis, haciendo movimientos desordenados, y sobre todo al caer al •uelo, los choques que daba con la cabeza en éste al querer incorporarse, deduje que no era la enfermedad en sí la que producía la muerte, sino los tremendos • o l p e s que estaba recibiendo en la cabeza. Decidido a probar la verdad, esperé pacientemente a que se me presentara algún caso, hasta que un día vi con gran júbilo, a qué negarlo, que éste venía. Se trataba de un burro d e siete años,'rucio y destinado a la arriería. Cuando ¡fce avisaron ya se encontraba en el suelo de una estrecha cuadra con paredes rocosas. Inmediatamente hice se le trasladara a un gran corral, y en el lugar • o n d e se iba a quedar hice remover previamente la tierra al objeto de ablandar- la. I raté de hacerle sujetar la cabeza con cuerdas entre dos árboles lejanos para i vitar los golpes; pero no fué posible, pues por poco muere asfixiado. Entonces se fecurrió a ponerle almohadas de paja en ambos lados de la cabeza, de forma que él golpe era menor debido a la altura de las almohadillas y siempre caía sobre blando, a más de que éstas, dije, las tuvieran siempre húmedas con agua fría, fosa que parece le aliviaba en seguida los dolores. La altura de las almohadillas le permitían al animal tomar el alimento con una leve inclinación de cabeza. Como medicación, con objeto de probar rigurosamente la verdad, no se le man- dó más que compresas de agua fría en la nuca y un poco de sulfato de sosa en BI agua de bebida para evitar el éxtasis intestinal. En diez días se puso de pie sin ayuda alguna, y a los veinte estaba traba- lando. Igual experiencia hice con un mulo, obteniendo el mismo resultado. Como control puedo citar el de otro mulo en que el dueño se negó al trata- fiíiento por no disponer de local a propósito y no atreverse a dejarlo a la intem- 9o perie, debido al mal tiempo. Este animal murió en siete días, y el mismo pro pietario reconoció su muerte instantánea al darse un golpe con uno de los pe druscos de los cimientos d e la cuadra. No quiero decir con ésto que la curación se obtenga siempre, pero sí que s consigue un gran número d e veces que pasen insospechados y, sobre todo, qu no debemos atenernos a la ciencia de los demás, sino a la nuestra y a la qu nos dicte la experiencia. MANUEL RODRÍGUEZ GARZÓN Veterinario Paresias del rumen tratadas por el tártaro estibiado Es corriente que en la atonía, parálisis, paresia o replección del rumen panza y de los primeros estómagos, se recurra desde un principio al sulfato d magnesia, de sosa, miel, cerveza, etc., incluso en vacas grávidas con los peligro consiguientes. Nosotros hemos obtenido buenos resultados con 20 gramos de tártaro eme tico en papeles d e 5 gramos, uno cada ocho horas con medio litro de buen vino, Es frecuente la mejoría después d e la segunda toma y hasta después de la pri- mera. D R . ROBERTO ROCA SOLER Del Cuerpo Nacional en la Aduana de Benasque Coriza gangrenoso tratado con suero antiestrep- tocócico Flohil, citado por Hutyra, observó rápida mejoría en un caso d e fiebre cata- rral maligna, después d e la inyección subcutánea d e 30 c. c. de suero antiestrep- tocócico. Nosotros en un caso, parece ser enzoótico en estas montañas, administramos IOO c. c , en dos veces, por considerar muy pequeña la dosis d e 30, sin resul- tado final, aunque mejoró ligeramente al principio. Desde luego se administró tarde, lo que constituiría quizá el principal factor del fracaso. E n dosis de 50 c. c. repetidas varios días y administradas desde los prime- ros síntomas, es probable se obtuvieran resultados. D R . ROBERTO ROCA SOLER Del Cuerpo Nacional en la Aduana de Benasque 9' Trombosis de las arterias pélvicas en un ternero Avisados para asistir a un ternero paralítico súbitamente, observamos que la sensibilidad «ra normal en la grupa y cola. Prescribimos fricciones de alcohol y masaje p o r si se trataba d e algún trombo. El restablecimiento del animal parece indicar acertamos en la suposición. D R . ROBERTO ROCA SOLER Del Cuerpo Nacional en la Aduana de Benasque Noticias, consejos y recetas ¿CÜAL DEBERÁ SER LA RACtÓN ALIMENTICIA DIARIA PARA LOS PERROS? Es la pre- gunta a la que se contesta Mr Agnes Fay Morgan, en el artículo publicado en Itie Nort American Veterinarian. Y dice lo q u e sigue: Será la suficiente para mantener un peso adecuado en los adultos y un. desarrollo conveniente en los cachorros. Las escalas son el índice suficiente del total d e calorías requerido. Para los cachorros jóvenes o las perras preñadas o lactando, se les dará de media a una cucharada grande diaria d e aceite d e hígado de bacalao o de otro que contenga la vitamina D . Para la vitamina B, se empleará una onza diaria próximamente de trigo, arroz o levadura de cerveza. Para la C, minerales y proteína, crema desecada o leche entera, pudiendo ser un suplemento de los anteriores la harina de hueso. Para la vitamina A, a menos q u e se incluya en la dieta el hígado, se les dará vegetales frescos o secos, particularmente tomates, espinacas y zanahorias o ha- rina de alfalfa. Las proporciones sugeridas por el autor a los veterinarios, son las que siguen Leche desnatada desecada, el 30 por IOO. Trigo, el l o por IOO. Harina d e alfalfa, espinacas, zanahorias o tomates, 10 por 100. El aceite de hígado de bacalao u otro que contenga la vitamina D, se añadi- rá a lo anterior, en la proporción d e un gramo p o r libra de peso diariamente. El otro 50 por 100 lo constituirá carne, azúcar, o si es necesario cereal. En todos los casos puede dárseles leche o harina d e hueso, semilla de trigo, vegetales verdes o secos, todos los días, y aceite de hígado de bacalao o hígado para los cachorros. * * * E L MOQUILLO CANINO Y LA INFLUENZA EN EL HOMBRE.—El virus de la influenza humana parece producir la inmunidad en los hurones—según se manifiesta en The Journal of the American Medical Association —contra el virus del moquillo canino. Los datos presentados en el reporte preliminar de los doctores Eichhorn y J. Pyle, sugieren una posible relación entre la influenza en el hombre y el mo- quillo canino. Están efectuándose actualmente experimentos para determinar la posibilidad de la inmunización cruzada con el virus de la influenza y el del m o - quillo del perro. * * * •92 CAPRICHOS FUNERARIOS.—«Polly», el loro favorito de Mrs. Berta Robinson, •durante cincuenta años, ha tenido el honor de acompañar a su señora en su últi- mo viaje. En efecto, fallecida ésta, conforme a disposición testamentaria, fué cloroformizado, colocándosele seguidamente en el correspondiente ataúd de raso y después enterrándolo a los pies de su propietaria. El ave hablaba inglés y alemán y había sido regalada por su esposo el día del casamiento. E s la noticia que leemos en Journal qf the American Veterinary Medical Association- * * ANESTESIA EN EL PERRO POR EL SODIO EVIPAN SÓDICO ENDOVENOSAMENTE EM- PLEADO.- Este anestésico—sal soluble de un nuevo derivado de ácido barbitú- rico—es rápidamente absorbido por la corriente circulatoria, produciendo una acción intensa, aunque de coita duración, cuyo empleo reduce al mínimo los cuidados y preocupaciones, estando indicado en las pequeñas operaciones. Pa- rece que su uso tiende a generalizarse en medicina humana. La preparación del paciente consiste en someter al animal al ayuno algunas horas y si se le ha d e administrar un sedante sea una hora antes por lo menos. Puede darse la escopolamina con el omnopon cor. buenos resultados. Prepara- ción del campo operatorio: Cargúese una jeringa d e IO c. c. con aguja de punta añlada y corta, con la solución anestésica (i gr. d e evipan por 10 de agua destilada). La proporción d e la misma es de 2 c. c. por cada diez libras de peso. Preparadas las manos del anestesiador se sujetará el perro y a continuación se inyectará el anestésico. A pesar de los pocos ensayos hechos en Veterinaria, pueden señalarse las siguientes ventajas: 1. Práctica sencilla, con aprendizajp. 2. Aun con un paciente débil, los efectos parecen ser completamente se- guros. 3. No parece ser enérgica la acción sobre el corazón. 4. No hay necesidad de mascarilla con este método. 5. Solamente es necesario un ayudante, terminada la inyección. 6. Si ocurriese alguna dificultad al realizar la punción se rectificará el pun- t o de la misma, más arriba en la misma extremidad, o dará vuelta al animal, haciéndola en la extremidad opuesta. En caso de que varias gotas se escaparan subcutáneamente, se aplicará un vendaje compresor, sin ningún mal efecto. 7. El perro se podrá llevar al domicilio del propietario a las seis horas de no haberse medicamentado antes. Las desventajas se refieren: 1. A la dificultad d e que el animal esté completamente quieto, durante la inyección; por lo q u e d e b e tenerse en cuenta que la premedicación suprime al mínimo los movimientos. 2. A la dificultad de hacer la inyección en las razas de extremidades cortas por lo cual es necesaria más práctica. 3. A veces la violenta excitación y movimientos siguen a la operación. Lo que se resuelve con la premedicación citada. La ocurrencia de esto durante los primeros estadios, es un signo de baja dosis o d e soluciones menos extensas. O c u r r i e n d o en el estado postoperatorio puede mitigarse, envolviendo al perro en un saco. 4. Su coste. 93 5. Sólo puede utilizarse esta anestesia en operaciones que duren menos d e quince minutos; si bien el trabajo de Jarman y Abel indican que puede hacerse una segunda inyección que prolonga la anestesia.—M. C. Trabajos traducidos Uber Bakteriophagie nach neuren Beobachtungen und Auffassungen (Sobre bacteriofagia según las modernas obser- vaciones e interpretaciones) Se entiende por bacteriofagia a una forma especial de lisis bacteriana pro- ducida por un agente cuya naturaleza, a pesar de los numerosos trabajos enca- minados a este fin, no ha podido ser determinada con seguridad. D'HerelIe ha sido el primero que atribuyó a un factor activo el fenómeno y abrió el camino para una amplia investigación sobre el problema. El señaló como agente causal de esta lisis a un ser vivo comparable a los microorganismos, al que llamó «bacteriophage» {Bacteriophagum intestinales más tarde protobios bacteriopkagus), de donde «phage» no debe significar devorar, sino «desarrollado a rosta de». Va con anterioridad al trabajo fundamental de D'HerelIe, otros investigadores ha- bían llamado la atención, aunque de manera ocasional, sobre los fenómenos d e lisis, en cierto modo transmisibles, de algunas bacterias patógenas (Twort-1915), sobre colonias corroídas o formación de agujeros en éstas últimas. (Gildemeis- ter, 1917). Para comprender todas las investigaciones llevadas a cabo con posterioridad, es necesario recordar la experiencia fundamental de D'HerelIe. En el Hospital de Pasteur de París, tomó diariamente de una persona enferma gravemente de disenteria bacilar (bacilo Shiga), diez gotas de heces fecales en un tubo con caldo; mantenía la emulsión toda la noche en la estufa y filtraba por bujía de Chamberland. Después adicionaba a otro tubo de caldo cultivado con bacilo Shiga, diez gotas de este filtrado para llevar nuevamente a la estufa. Durante la total duración de la enfermedad aparecían en todos los tubos preparados de la misma manera, cultivos normales del bacilo de la disenteria. Un día, el tubo preparado el anterior, apareció libre de gérmenes y simultáneamente una nota- ble mejoría del paciente que condujo a una rápida curación. En el tubo que contenía B. Shiga y fué adicionado del filtrado apareciendo al día siguiente como estéril, puso D'HerelIe nuevos bacilos Shiga, permaneciendo claro el caldo después de otras doce horas de estufa. Las evacuaciones del enfermo, de las cuales se había obtenido el filtrado, indudablemente contenían una substancia que disolvía las bacterias disentéricas. La adición a otros cultivos del Shiga de algunas gotas del caldo en donde el fenómeno se había presentado, reproducía exactamente a éste. Por lo tanto, el principio disolvente era cultivable en serie. Todas las experiencias posteriores de D'HerelIe, apoyaban su opinión de que se trataba de un microbio que tenía todas las más importantes cualidades de- 94 un micro-organismo, incluso la d e fijar el complemento. Sin embargo, perma- necía sin aclarar a qué clase pertenecía, si a las bacterias, protozoos u hongos. •D'Herelle definió a la bacteriofagia como a una especie de enfermedad infec- ciosa de las bacterias; el bacteriófago, puesto que para él sólo existía uno, podía en su opinión considerarse como una especie bacteriana, un virus infeccioso que se contagia fácilmente y prospera con extraordinaria rapidez. Es patógeno para las bacterias c o m o éstas lo son para los macro-organismos. De la misma manera que existe una inmunidad contra las bacterias, existe una especie de inmunidad contra el bacteriófago (fago-resistencia). Esto último es de gran im- portancia bajo el p u n t o d e vista del empleo terapéutico. (Máy). Según D'Herelle, cuando otros autores sustentan teorías distintas de la suya, t o m a n d e la totalidad de observaciones existentes aquellas que convienen a su particular interpretación, excluyendo las restantes. Se trata de un problema con tres variantes, en el cual debe tenerse en cuenta la acción recíproca entre medio d e cultivo (organismo atacado o medio nutritivo artificial), bacterias y bacterió- fago Cuando bacteriólogos anteriores a D'Herelle advirtieron semejantes y raras manifestaciones, no vino al pensamiento de ninguno que estuvieran en presencia de un importante fenómeno y, por tanto, no lo estudiaron con el in- terés necesario. Para v. Preisz, el phago, en tanto desarrolla su acción, experimenta un acre- centamiento, que se halla en íntima dependencia, con la juventud y activa pro- liferación de las células bacterianas. Si una pequeña cantidad de caldo cultivado conteniendo bacteriófago, se añade a un cultivo fresco de la misma especie bac- teriana, ésta es lisada, y si nuevamente de este segundo cultivo se toma no más q u e la punta de una aguja para llevarla a un tercer cultivo, igualmente la lisis se produce y así indefinidamente (acrecentamiento del agente causal). La esen- cia de la bacteriofagia, también según v. Preisz, es una enfermedad de la célula bacteriana, cuyo síntoma más sobresaliente consiste en la liquefacción, disolu- ción (digestión) de las mismas, pero en la cual hay otros signos menos aparen- tes, tales como hipertrofia, degeneración, alteración del metabolismo, que pue- den existir sin ser seguidos de disolución. Si es posible para el phago atacar a las bacterias sin disolverlas, no se le puede considerar como una simple lisina; no es él quien produce la lisis, sino que ésta es una consecuencia de la enfer- medad que ocasiona el phago. Si se le considera como un microbio, la explica- ción de su cualidad de multiplicarse es natural y sencilla, según v. Preisz. La ili- mitada capacidad del phago para multiplicarse, puesto en ciertas condiciones, constituye una grave dificultad para los sustentadores de la teoría d é l a lisina y a la luz de los más m o d e r n o s conocimientos, no se puede dar una interpretación satisfactoria a este fenómeno, si no es aceptando previamente la naturaleza viva del phago. Por el contrario, todas las teorías que defienden la procedencia bacteriana del phago, el cual resultaría de la destrucción de aquéllas, son difícilmente con- ciliables con el hecho de la aparición de fermentos fágicos (agujeros) en las colonias muy jóvenes (a las dos y media a tres horas), es decir, en un momento en que la destrucción bacteriana no ha podido ser observada. De otra parte, tales fenómenos fágicos no se presentan en colonias y razas bacterianas muy viejas. De todo esto quiere deducir v. Preisz, que de las hipótesis que sostienen el origen no parasitario del phago, sólo deben ser tenidas en cuenta las que lo consideran como algo hereditario. Para v. Preisz, la opinión de D'Herelle defendiendo que la lisina procede del bacteriófago, no está bien fundamentada; esta lisina podría originarse igual- m e n t e en las células bacterianas enfermas. La totalidad de los fenómenos corres- pondientes a la acción fágica, pueden explicarse perfectamente a patir de la ¿ o r í a parasitaria y sin otros aditamentos. Considerando el problema de la bacteriofagia de una manera absolutamente objetiva, existen, según Hoder, tres posibilidades distintas: i. a , el bacteriófago es un ser vivo; 2. a , nace de las bacterias, y 3. a , es un producto de reacción del organismo infectado. Un cierto número de autores están de acuerdo con D'Herelle, pero otros refutan sus ideas en lo que se refiere a la unidad del bacteriófago, aceptando la multiplicidad de éste, aunque suscribiendo por lo demás su naturaleza orgánica, que explica claramente muchos problemas sin la ayuda de complicadas hipó- tesis. Después de rechazar la primera de las posibilidades señaladas, muchos in- vestigadores vienen a admitir la segunda, que considera al bacteriófago como un producto de la célula bacteriana, siendo indiferente la distinción de si la Hsina es un fermento, un desecho celular o una parte propia de la constitución d e la bacteria. Todavía deben citi rse las siguientes distintas interpretaciones d e diferentes autores; fermento inmunitario que disuelve a las bacterias (ferme dimunité bacteriolysant. — Kabeshima, Borde, Ciucca); ultraesporo de las bac- terias (Rosenthal); autolisis exógena (Seiffert); disfunción de las células bacteria- nas por influencia de las lisinas y de las hormonas del crecimiento (Doerr); anafilaxia de las bacterias (Gohs); Splittertheorie (Bail); acción fermentativa de les más pequeños corpúsculos albuminosos coloidales de las bacterias (Otto y Munter); suma de moléculas fermento (Angerer); separación de variantes de las bacterias que contienen el agente lisico en íntima relación con la mutación (Hoder); variación bacteriana transmisible desde una célula anormal a las nor- i a l e s (Wollmann). Según Hoder, aunque la lisis bacteriana fuera el signo más sobresaliente e interesante de la acción del bacteriófago, siempre se vendría a la conclusión de que dicha acción lisica es enormemente complicada y llena de facetas distintas. Msí resulta de una experiencia con el coli, que por simple envejecimiento del caldo cultivado, se obtiene el mismo resultado que con el bacteriófago. Por la •¡mentación de pollos jóvenes—criados estérilmente—con gran cantidad de bacterias gran-negativas, no se consigue demostrar la existencia de bacterió- B g o s en las heces de dichos animales. A resultados semejantes se llegaron en ttnas experiencias realizadas en el cobaya y la rata, con gérmenes de la disen- teria. También se ha demostrado que en los animales que contenían los corres- pondientes bacteriófagos con anterioridad, éstos no procedían del intestino sino que fueron ingeridos con los gérmenes. Permanece en discusión el origen de la usina. Plantureux es de la opinión que defiende que el bacteriófago no es un virus «xtraño, un parásito de las bacterias, sino que el bacteriófago no es más que •miloides bacterianos alterados (cambio en la carga eléctrica, inclusión entre los fenómenos propios de la inmunidad, aunque la acción bacteriofágica pueda «balizarse fuera del organismo). Pesch, después de sus investigaciones sobre el pseudo-phago del carbunco, Cree poder afirmar (véase también v. Preisz, pág. 105), que el fenómeno de la 'parición de agujeros en las colonias de cultivos de carbunco, de ninguna ma- nera debe atribuirse a la existencia de un bacteriófago, sino simplemente debe interpretarse como expresión de una mutación en las correspondientes razas {también las observaciones de Burger y W a g n e r han sido explicadas de la mis- ma manera). Según v. Preisz, los signos seudo-bacteriófagos que aparecen con «1 bacilo subtilis, deben ser juzgados como los que se presentan con el car- 96 bunco. No se ha demostrado hasta el día la existencia de un verdadero bacte- riófago contra el bacilo del carbunco o ef- bacilo subtilis y los fenómenos asimi- lables a la bacteriofagia observados en ellos, pueden con gran verosimilitud ser aclarados como efectos bacteriojágicos producidos por la variación de las razas. Sobre el tamaño del phago, dice D'Herelle, que alcanza 20 30 milésimas de miera, es decir, m u c h o más pequeño que las más pequeñas bacterias conocidas hasta el día (influenza, cólera aviar). Según Sermoljewa y sus colaboradores, por ultrafiltración y cataforesis pue- d e purificarse el bacteriófago. Los resultados d e la investigación química con- ducen a la conclusión de que el bacteriófago es un cuerpo no albuminoso, con un diámetro de 2 milésimas d e miera. El bacteriófago puede ser fabricado por las células bacterianas. La posibilidad de la naturaleza viva del bacteriófago, según todas las apariencias, d e b e ser rechazada. En una conferencia referente a la acción de la radio-emanación sobre diferentes substancias—microbios, bacte riófago, fermentos-Smirnow y Goldin, dicen que los resultados son un nuevo argumento contra la naturaleza vital del bacteriófago y en pro de su semejanza con los fermentos. Según otras comunicaciones, el bacteriófago parece ser bas- tante más resistente que las bacterias formadoras de esporos, desde luego más que las formas microbianas vegetativas y que el pneumo virus (perineumonía de los bóvidos). Su resistencia no es inferior a la d e la tripsina. Según Hoder, los bacteriólogos aparecen con gran intensidad en los cultivos bacterianos sobre medios formados por tejidos triturados, en forma tal, que en los lugares corres- pondientes al crecimiento bacteriano, que presentan manchas vacías en gran abundancia, mientras que en los cultivos control sólo se observan algunos agu- jeros. La cocción corta no destruye la substancia activa. Su naturaleza es toda- vía desconocida, pero quizás se ponen a contribución materias próximas a los fermentos o de la naturaleza d e las vitaminas. Perdrau y Tokk c o m p r o b a r o n y ensancharon las viejas experiencias de al- gunos investigadores norteamericanos, encontrando que determinados bacte- riófagos se mostraban muy sensibles frente a las soluciones de azul d e metileno, cuando la acción se realizaba en presencia de luz y oxígeno (Concentración óp- tima de la substancia colorante 1 : 100.000; las concentraciones más fuertes son menos activas). La acción inactivante de la luz va unida a determinadas longi- tudes de onda que técnicamente no son eliminables. La inactivación no es re- versible por los procedimientos de reducción. Desde este punto de vista, solo las bacterias vivas son activas; los fhagos mezclados con las correspondientes bac- terias son menos sensibles que cuando están privados de aquéllas. Mientras más tiempo están las bacterias en contacto con sus phagos, más considerable es la resistencia de éstos, que también es superior a 37 o que a 20 o . No se trata de un fenómeno específico porque también las bacterias heterólogas, en deter- minadas circunstancias, actúan d e igual manera. DISTRIBUCIÓN DE LOS BACTERIÓFAGOS D'Herelle exploró las evacuaciones de numerosos seres vivos de especies distintas, pero especialmente las del hombre y animales domésticos, tanto en- fermos como en estado d e salud. En 62 muestras de heces fecales d e caballos del campo y de la ciudad, residentes unos en Francia otros en Indochina, en- contró con bastante constancia un bacteriófago muy virulento contra el bacilo Shiga, que, por el contrario, no era demostrable en la sangre de los mismos ani- males. Él intestino es seguramente el lugar donde el bacteriófago prospera nor- malmente. Bordet opina que el bacteriófago procede de los leucocitos, lo cual 97 está en contraposición con los resultados de las investigaciones de D'Herelle. También exploró éste JO excrementos de gallina, comprobando su actividad bacteriofágica contra ocho bacterias elegidas para la prueba. A resultados pa- recidos llegó en sus investigaciones de las heces de los bóvidos (Francia y Con- chinchina), búfalos, cabras, cerdos y conejos. Según ésto el bacteriófago es un habitante normal del intestino de casi todos los animales domésticos; posee una gran energía vital y a consecuencia de su pequenez, puede seguramente atravesar substancias que son impenetrables para las bacterias. Todas las mate- rias del mundo exterior que se ponen en contacto con los excrementos, contie- nen al bacteriófago y en general éste debe encontrarse donde quiera que exis- tan seres vivos (tierra, ríos, agua del mar). Según Smirnovv y Goldin, el bazo y los ganglios linfáticos, son localizacio- nes de preferencia para el bacteriófago. El bacteriófago inoculado por vía pa- renteral (subcutánea) en el cobaya, puede aún ser demostrado a los 10-17 días. En el riñon, pulmón, cerebro e intestino, sólo persiste veinticuatro horas. Inocu- lado en los testículos se mantiene hasta catorce días. La extraordinaria riqueza del intestino de las gallinas en bacteriófagos, ha hecho pensar a Hoder y Joyo- da, que el phago encuentra en el tractus digestivo de las aves, unas condiciones especialmente favorables. Sin embargo, la investigación demuestra, que ni en los huevos fértiles ni en los estériles, ni en los embriones en diferentes grados del desarrollo, pueden demostrarse la presencia de phagos contra las bacterias gran-negativas del intestino. Por alimentación con bacterias vivas y muertas de los grupos coli, paratífico, disentérico, no se obtienen, en el tracto intestinal de los animales de investigación, bacteriófagos contra los gérmenes citados. Mayer, queparticipa de la opinión de D'Herelle en tener al phago por un ser vivo, con- sidera buen material fundamental para obtener bacteriófago anti coli, el estiér- col de cuadra, lo que revela el considerable poder de adaptación del phago a los medios ácidos. Empleando bacteriólago adaptado a medios ácidos, puede impedirse la fermentación gaseosa patológica de los quesos. Las razas de coli procedentes de heces d e vaca son liso resistentes. Hoder, v. Cz. Lazarovich-Hrebelianovich afirman, que el contenido en bac- teriófago d e las heces de ratas blancas, es tan variable como en las heces de las gallinas. Para comprobar la existencia del bacteriófago en los excrementos de las ratas, se suministró a éstas per os, gran cantidad de una emulsión bacteriana (diferentes razas de bacilos disentéricos) libre de bacteriófago. Como resultado de la experiencia se llegó a la conclus'ón, de que en ningún caso de infección oral se formaron en el intestino de los animales bacteriófagos contra ning,. na de las bacterias empleadas en la prueba. Los resultados aparentemente positi- vos obtenidos por otros autores, dependen de otras causas (existencia previa del bacteriófago, suministro de este per os con los gérmenes de la experimen- tación, evacuaciones secundarias; insuficiencia de una larga y cuidadosa inves- tigación preparatoria de los animales objeto de la prueba). Para los autores ci- tados, el bacteriófago no se origina en el intestino y la riqueza de aquél en las vías digestivas d e muchos animales, es el resultado de una infección del intesti- no por bacteriófagos procedentes del exterior, probablemente en la mayoría de los casos, una infección de portadores del bacteriófago (Bacterias lisígenas). OBTENCIÓN DEL BACTERIÓFAGO Rutschko y Melnik emplean la siguiente técnica: a un caldo de Ph 7, 8 8 adicionar un cultivo d e doce horas d e tifus, en proporciones tales, que cada c. c. del medio venga a tener unos 250 millones de bacterias; añadir el bacteriófago en proporción i : ioo, agitar fuertemente, llevar a la estufa 12-18 horas a tf (iras I 2 - I 8 horas, aclaramiento completo o casi completo de la mezcla), filtrar e Usado por bujía Chamberland L, estufa a 37 o durante 24-48 horas hasta que el aclaramiento sea perfecto, envasar en ampolla o tubos estériles v mantener todavía algunos días en la estufa. Con cada serie de bacteriófago obtenida debe hacerse una comprobación de esterilidad. El bacteriófago sólo se empleará después de que permanezca algunas semanas a la temperatura d e las habitacio- nes, titulo según Apelmann I0-8. La inocuidad de los bacteriófagos se comprue- ba en el conejo, administrándoles por la boca y en inyección subcutánea U n o de los autores de la técnica, lo comprobó en sí mismo, ingiriendo u n a ' d o s i s d e I ° C ' c ' S r Hauduroy, el bacteriófago debe ser fabricado con rigurosa exactitud debe ser específico y destruir a los gérmenes causantes de la infec- ción de d o n d e procede. Leitner no pudo comprobar in vivo la afirmación de Bordet y Ciucca Sis- bonne y otros, según la cual, pueden producirse phagos con la ayuda d e exuda- dos leucocitarios, atribuyendo los resultados de estos autores, al empleo de razas hsogenas o existencia de algún error de experimentación. Algunas prue- bas reahzadas no han conseguido resolver el problema de si el bacteriófago puede atravesar la pared intestinal intacta, llegar a la cavidad peritoneal y tam- bién a la circulación general. Los órganos extraídos con precauciones de asep- sia (hígado, riñon, páncreas, timo), no contienen ningún pkago. Ha sido posible aislar un trozo de intestino del perro y por diferentes intervenciones liberarlo de ptiagos obteniendo así un jugo intestinal invivo absolutamente libre de bac- teriófago. Ni el jugo intestinal sólo ni el tripsinógeno activado con enterokinasa, poseen la facultad de producir el principio lísico (Demostración experimental contra la generalización de la teoría de Borschardt, según la cual la tripsina ac- tivada por la enterokinasa, es propio agente causal del proceso lísico) Las ex- periencias para obtener libres los fermentos auto-lísicos y aquellas que podrían demostrar que estas autoüsinas exaltadas son el propio bacteriófago (Gildemeis- ter, Uttcvy Munter y otros), no han conseguido lo que se proponían. En la cuestión de las razas lisógenas, Leitner está de acuerdo en general con la opi- nión de D Herelle; fueron tenidas en cuenta para las colonias mixtas que se presentan en la naturaleza, en pro de lo cual existen pruebas experimentales. 1.a aparición de fenómenos fágicos en los cultivos viejos, puede explicarse mer- ced a una previa infección con bacteriófago. Con el método que suministraron lunter se vJr ' P u d i e r o " obtener phagos en cierto número de razas del grupo coli-titus pero estos resultados son recusables en cuanto a su interpretación Leitner, de acuerdo con D'HerelIe, cree que en estos casos se trata de la apari- ción de un bacteriófago ya existente y que se pone de manifiesto a causa de un trastorno del equilibrio entre bacterias y bacteriófago. No se ha encontrado, hasta la actualidad, ningún método perfecto de pro- ducción de bacteriófagos y estas llamadas demostraciones «directas» contra la teoría del virus, son muy inseguras. Con los métodos conocidos hasta el día no se pueden «crear» phagos, aunque ocasionalmente puedan ponerse de manifies- to bacteriófagos latentes y ciertamente de manera más rápida que se consegui- ría el mismo resultado, no empleando tales métodos. La obtención del bacte- riófago a partir de excrementos de gallinas con adición de razas del p s e u d o d i - s e n t é n c o D, dio en manos de Grünenthal nueve resultados positivos de 14 prue- bas llevadas a cabo (en la mayor parte de los casos, actividad hasta en dilucio- nes 1 : IO1). Además pudo o b t e n e r lisina activa de los filtrados frescos. En los órganos de las gallinas de cuyas heces se habían obtenido resultados positivos no pudieron encontrarse ni conseguirse bacteriófagos. Con heces de cerdo y 99 raza D, los resultados fueron siempre positivos; con bacterias propias del cerdo, solamente una vez, tras la siembra de varias asas y dos veces, tras cultivo de medio centímetro cúbico. Bail pudo obtener en las heces de gallina una usina que era cultivable con trece razas distintas del grupo coli-tifus y fué designada con el nombre de coli- lisina activa polivalente. Además de D'Herelle, otros autores como Otto, Mun- ter y Winkler, llegaron a descubrir la lisina bacteriofágica. IMPORTANCIA DEL BACTERIÓFAGO PARA EL DIAGNÓSTICO, LA INMUNIDAD Y LA TERAPÉUTICA Muy digna de estimación práctica es la afirmación de Sonneschein, según la cual, puede obtenerse con fines diagnósticos un bacteriófago específico con- tra el paratifus B, lo que tendría gran interés para la determinación en sentido estrictamente bacteriológico, de los distintos envenenamientos ocasionados por las carnes y sobre la obtención de tal producto se han hecho comunicaciones exactas, modificadas en ciertos aspectos por Hoder y Heller (Elkeles y Stand- fu tz). Lión encontró que los bacteriófagos de cerdos jóvenes son más débiles que los de los viejos, en cuanto a las pruebas de diferenciación de las bacterias pa- ratíficas. Hay razas paratíficas puras lisorresistentes. Los bacteriófagos en los filtrados no pierden su actividad en el curso de ocho meses. El filtrado de las heces de nueve cerdos contenía un agente lísico contra el paratífico B. El bacteriófago para fines diagnósticos de Sonneschein fué comprobado por Massa en cuanto a su especificidad y teniendo en cuenta la variabilidad de las bacterias. Sus experiencias demostraron que este bacteriófago, como ya era cosa conocida para otros, tiene una especificidad de «preferencia» sobre determina- da bacteria, lo que no impide sea activo para otras bacterias del mismo grupo: así el bacteriófago contra el Schotmüller, es activo también para el coli tífico y disentérico; los bacteriófagos antidisentéricos contra el coli y paratífico B y el bacteriófago tífico contra el coli disentérico y paratífico B. El diagnóstico bac- terioíágico del grupo colitifus-disentérico consiste, pues, no en una especifici- dad del lisado, sino en la presunción de que las variantes lisosensibles inespe- cíficas no se presentan en las heces. Según los resultados obtenidos por Massa, el bacteriófago B no es estrictamente específico, lo que no impide su empleo en la diíerenciación del paratífico B frente al Breslau (Elkeles y Standfutz). Según Zvetkov, el empleo de un bacteriófago obtenido de la secreción de las vías sexuales, puede contribuir al diagnóstico del aborto paratífico epizoóti- co de las yeguas. Para Klieneverger muchas especies bacterianas, en presencia del bacteriófa- go, adquieren la propiedad de producir hemolisis en las placas de agar. Parece que el bacteriófago comunica a la bacteria sobre que actúa las propiedades hemolisantes. La fago-hemolisis de las razas infectadas natural o artificialmente es una nueva propiedad cultural de las correspondientes especies bacterianas, que no puede ser interpretada como variación en las cualidades individuales de la especie microbiana, puesto que solamente aparece simultáneamente con la acción lísica del bacteriófago y desaparece al mismo tiempo que ésta. Hasta el presente se ha demostrado siempre la fago-hemolisis en el tifus, paratifus A y disenteria Kruse-Sonne, además en algunas razas del coli, una raza sui-pestifer y una de proteus HX-19. Por el contrario, el fenómeno no aparece en el paratifus B, Shiga, Flexner y raza Y. Según Sonneschein el efecto hemolítico ha sido regularmente demos- rado en 150 especies tíficas y 24 de tifus A; falta regularmente en el paratífi- co B, enteritis Breslau y enteritis Gártner. Los colibacilos tienen un comporta- miento intermedio; de 135 razas, 27 eran Usadas por el bacteriófago y de estas tres mostraban el efecto hemolísico. Experiencias relacionadas con la variabilidad de las bacterias frente al bac- teriófago, han sido emprendidas por numerosos autores y en las distintas razas de bacilos Breslau y paratíficos han conducido a alteraciones muy amplias de los tipos. Sertie obtuvo un bacteriófago estreptocócico de una raza no hemolítica de estreptococos. Del pus y secreciones de un caballo convaleciente de papera, consiguió otro bacteriófago contra el estreptococo papérico, el cual bacterió- fago no tenía poder lítico sobre la ra?a no hemolítica y, al contrario, el primero de los obtenidos era inactivo frente al estreptococo de la papera. Según D'Herelle, el bacteriófago, en primer lugar, procura la anulación de las bacterias, pero también desempeña en todos los procesos de inmunidad que se desarrollan en los individuos receptibles un papel sobresaliente; los or- ganismos expuestos a la infección pueden permanecer sanos o curar en el caso de haber estallado la enfermedad. El bacteriófago, según Peretz, no tiene importancia solamente en la cuestión de la inmunidad, sino que en determinadas circunstancias puede aparecer como factor de la infección y desempeñar su papel en dos direcciones diferentes. Una dirección consiste en el influjo inmediato del bacteriófago sobre los microbios, cuya virulencia puede exaltar; la otra dirección consiste en la influencia del bacteriófago sobre la microflora normal. Por disminución o supresión de esta última influencia, puede una bacteria, apatógena normalmente, adquirir virulen- cia y originar una infección. Alimentando a los ratones con bacteriófago anti- coli, puede ocasionarse en estos animales una enfermedad con fuerte porcentaje de mortalidad. Como causa inmediata de la muerte se encuentra al bacilo pro- teus, que es un huésped normal en el intestino de los ratones sanos. Estos resul- tados pueden tener un gran interés en el terreno de la Epidemiología y de la Clínica, pero en primer lugar en el conocimiento de la gastroenteritis tóxica de los lactantes. Además, se «bre un nuevo camino en la lucha contra los roe- dores y quizás contra otros males. Hauduroy, entre 900 afecciones estafilocócicas tratadas con bacteriófago, dice haber obtenido 70-75 por 100 de curaciones completas en el espacio de seis a ocho días; no se han dado aún explicaciones claras sobre estos resultados. Rutschenko y Melnik, en el hombre, tratataron 69 casos de tifus con bacterió- fago, no observando ninguna acción yuguladora del proceso; a veces, pero no siempre, tras una pequeña elevación de la temperatura, sobreviene un descenso de I-2 0 (empleo per os de IO c. c. de lisina con el estómago vacío o en ayunas; inyección subcutánea de 1-3 c. c. de bacteriófago, repitiendo excepcionalmente la inyección; administración por lo común al final de la primera o comienzo de la segunda semana de la enfermedad). Sin que la temperatura se altere aparece, sin embargo, una rápida e importante mejoría. Las reacciones son especialmen- te acusadas en el caso de administración subcutánea: diarrea, renovación de la roseóla, sudoración abundante. Tras de la admistración per os, es lo más fre- cuente que no se note reacción de ninguna clase. En las zonas coléricas, endé- micas o epidémicas de la India, según Pasricha y su colaboradores, pueden ais- larse vibriones coléricos en el h o m b r e sano, en las aguas y en los insectos do- mésticos, cuyos vibriones se diferencian en que unos son aglutinables y otros no por el suero colérico. De las experiencias realizadas con phagos coléricos, no han podido deducirse conclusiones seguras; sin embargo, en el Laboratorio, por intermedio del bacteriófago colérico, puede separarse el verdadero vibrión d e un saprofito semejante, pero una vez que éste ha sido infectado por el bac- teriófago, adquiere cualidades que no permiten ya establecer la diferencia con la forma típica virulenta. No se puede decir si es que los vibriones recuperan su virulencia, sino simplemente aceptar en términos generales que los phagos anti- vibrión desempeñan un importante papel en las epidemias coléricas y en la re- generación de los vibriones coléricos degenerados. May ha realizado esperiencias sobre el empleo terapéutico del bacteriófago en las tres enfermedades tropicales más importantes: cólera, peste y disenteria. En el cólera sería posible una profilaxia, ya administrando el phago directa- mente a las personas, ya infectando con él las aguas contaminadas. (Los resul- tados experimentales no son suficientemente positivos). En las otras dos enfer- medades se han conseguido mejores efectos empleando en vez del bacterió- fago puro el bacteriolisado, es decir, las bacterias disueltas por el bacteriófago con posterior atenuación de la toxicidad de la mezcla por la adición de for- maldehido. El bacteriófago tiene la ventaja de que es completamente ino- fensivo, según lo sabido hasta la fecha, y, por tanto, debe ser utilizado al menos c o m o ayuda terapéutica. No debemos abandonar el tratamiento solo a su acción, especialmente cuando no se ha podido comprobar su acción lisica efectiva pre- viamente en el tubo de ensayo. Resumiendo los resultados obtenidos hasta la fecha, se aprecia que ha decrecido grandemente el entusiasmo de D'Herelle y sus colaboradores, ya que en estas enfermedades los fracasos son más numero sos que los éxitos. El influjo del phago sobre el curso de las epidemias es discutido por muchos autores; los resultados están en abierta contraposición con los conseguidos por D'Herelle en el cólera aviar. Sonnschein y Koch comprobaron una aceleración en la eliminación de los gérmenes. Ebert y Peretz introdujeron por diferentes sistemas, bacteriófagos del pullo- rum, coli y sui-pestifer, en el cobaya. 'Losphagos, en las pruebas en tubo de ensa- yo (suspensiones de órganosjtriturados), se comportaron de muy distinta manera; unos desaparecían lentamente, otros rápidamente. Tras la inyección intravenosa del phago, se encontraba a éste en casi todo el organismo, salvo en el líquido cerebro-espinal. El bacteriófago del bacilo pullorum en inyección intra-cardíaca, se encuentra en todo el organismo, mientras que, inyectando subcutáneamente o intravenoso, no era demostrable en el intestino; administrado per os, sólo raramente se encuentra al bacteriófago en la sangre o en los órganos internos. Estas diferencias en el comportamiento de los phagos en el organismo del co- baya, hablan en contra de la unidad del bacteriófago. Según Gwatkin, con e! método aconsejado para la obtención del bacteriófago anti-pullorum, no consiguió en ningún caso bacteriófago contra la brúcela abor- tus; de la misma manera fracasan las experiencias dirigidas a conseguir la lisis de la brucella abortus por el bacteriófago anti-pullorurn. De Blieck, que considera a la infección por pullorum y a la enfermedad de Klein (afección intestinal infecciosa de las gallinas adultas producida por la bac- teria gallinarum, en otros casos por el B. pullorum), como enfermedades dife- rentes aisló un bacteriófago número I, virulento para todas las razas del B. pu- llorum A, pero inactivo para el pullorum B y el gallinarum; además, un bacte- riófago número 2, virulento para el B. pullorum B, A y B. gallinarum, en todas las razas. Kramers (véase Blieck), llegó a la conclusión de que en la infección por gallinarum, la acción del bacteriófago marcha paralelamente con los sínto- mas de la enfermedad, principalmente con la diarrea. En la infección por pullo- rum de los pollos, el curso de la enfermedad se hace más largo, pero los pollos mueren igualmente. En la enfermedad espontánea los resultados son mejores, p e r o , s i n e m b a r g o , p o c o d e c i s i v o s . E n la p r á c t i c a , el e m p l e o d e l b a c t e r i ó f a g o e n d o s i s s u b c u t á n e a s d e 0 , 1 h a s t a I c. c . c o n s i g u i ó e n 2 1 c a s o s d e e n f e r m e d a d d e K l e i n la s u p r e s i ó n d u r a d e r a d e l o s s í n t o m a s y e n c u a t r o c a s o s d e r e c i d i v a u n a s e g u n d a i n y e c c i ó n c o n s i g u i ó la c u r a c i ó n c o m p l e t a d e d o s d e e l l o s . E n a l g u - n a s o c a s i o n e s e s t e t r a t a m i e n t o s u p e r a al s u e r o . Si s e m a n t i e n e c o n D ' H e r e l l e la n a t u r a l e z a viva d e l b a c t e r i ó f a g o , c o m o c o n - s e c u e n c i a y p o r e x t e n s i ó n , v e m o s e n él t o d o a q u e l l o q u e s a b e m o s s o b r e i n f e c - c i ó n y e n f e r m e d a d e s i n f e c c i o s a s , p e r o e n el e s t a d o a c t u a l d e n u e s t r o s c o n o c i - m i e n t o s , la t e o r í a d e D ' H e r e l l e s i g u e s i e n d o d i s c u t i b l e . Q u i z á s n o s e n c o n t r a m o s a n t e u n n u e v o c a m p o q u e e n s a n c h a r á la a m p l i t u d d e c o n o c i m i e n t o d e n u e s t r a c i e n c i a (v. P r e i s z ) . P r i n c i p a l m e n t e , l a s d i s c u s i o n e s g i r a n a l r e d e d o r d e las p r o p i e - d a d e s d e l a g e n t e b a c t e r i o f á g i c o y s o b r e el p r o b l e m a d e si s e a c r e c i e n t a p o r sí m i s m o o m e d i a n t e la i n t e r v e n c i ó n d e o t r a c o s a q u e n o e s p r o p i a m e n t e el b a c t e - r i ó f a g o ; e n el p r i m e r c a s o s e r í a u n s e r vivo, e n el s e g u n d o el b a c t e r i ó f a g o s e r í a u n p r o d u c t o c r e a d o p o r la c é l u l a b a c t e r i a n a . N i n g u n a d e l a s d o s p r o b a b i l i d a d e s t i e n e e n s u h a b e r a r g u m e n t o s q u e e x c l u y a n d e f i n i t i v a m e n t e a la o t r a . E n el a s - p e c t o t e r a p é u t i c o el b a c t e r i ó f a g o o f r e c e u n a n c h o c a m p o d e t r a b a j o . S o n d e e s p e r a r b u e n o s r e s u l t a d o s e n l a s i n f e c c i o n e s p o r g é r m e n e s g r a n - n e g a t i v o s d e la flora p a t ó g e n a d e l i n t e s t i n o , e n e l c ó l e r a , p e s t e , i n f e c c i o n e s o c a s i o n a d a s p o r el coli e n l a s vías e x c r e t o r a s d e l a o r i n a y e n las e n f e r m e d a d e s e s t a f i l o c ó c i c a s . — Fernando Guijo. D R . A . ALBRECIIT Münchener Tieriirziiiche Wochenschrift, 85, 2 mayo 1934, pág. 209-214. BIBLIOGRAFÍA # AMAKO, T. H.—Über die Bindung der Bakteriophagen durch Bakterien. Z. f. Immun- forschg. 70, 409-412 (1031). Bail s. Grümenthal. BLIKK, L. de.—Der Bacteriophage d'Herelles in d e r Tierheilkunde. Sonderdruck Abh. 20, nitderland. Kongress für Natur-nnd Heilkundc 14-16. april 1925. Ref D. T. W. 307 (1927). D'HERELLE, F.—Der Bakteriophage und seine Bedeutung für die Immunitat. Ubersetzung von R. Pfreimbter, W. Sellund L. Pistorius. Braunschweig 1922. 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Empero, el progreso se limita casi exclusivamente al ser humano. El estu- dio de los grupos sanguíneos en los animales, tema del trabajo del autor es mucho más parco en detalles. 104 Es la ley d e Landsteiner la q u e constituye el punto de partida de toda investigación de los grupos. Concierne la observación de cuatro grupos de individuos humanos según los elementos antigénicos de los glóbulos y las isoaglutininas del suero, a saber: I. O — a$\ II. A0; III. pa; IV. AB - O. A y B indican los elementos antigénicos; a, p, las isoaglutininas; O, la ausencia del uno o la otra. De )a fórmula se deduce, por supuesto, que el elemento antigénico nunca coexiste con la isoaglutinina que sobre él actúa en el mismo individuo. Los elementos antigénicos son propiedad constante del organismo, independiente de raza, sexo, edad, salud, nutrición, etcétera. Las isoaglutininas pueden sufrir alteraciones en intensidad pero conservando siempre su carácter cualitativo. La propiedad esencial de los elementos antigénicos y de las isoaglutininas es su transmisión hereditaria según la ley de Mendel. A. B. y O. son alelomor- fos múltiples. A. y B. predominan sobre O. La capacidad de producir aglutininas es también hereditaria y tiene la caracteiística dominante. Las distintas razas humanas se distinguen entre sí por la proporción A : B. La investigación d e los grupos en el hombre resulta senci- lla y exacta gracias a la claridad de la aglutinación y a la presencia regular de isoaglutini- nas, requisito de la fórmula. En los animales a veces resulta difícil definir los grupos. La aglutinación es mucho más débil. A menudo faltan aglutininas fisiológicas y hay que sustituirlas por inmunoaglutininas. Además, con frecuencia se hallan casos en que los elementos antigénicos de los glóbulos y las isoagiutininas de la sangre pertenecen al mismo grupo. Esta afirmación paradójica se explica por la existencia de diferencias secundarias entre los elementos antigénicos perte- necientes al mismo grupo. A pesar de todas esas dificultades, se ha logrado probar la exis- tencia de una diferenciación de grupos semejantes a la descubierta por Landsteiner en el hombre, para todas las especies d e animales hasta ahora examinados. La misma ley de Landsteiner es aplicable a los animales. Hay, no obstante, frecuentes excepciones. Con mu- cha frecuencia encontramos tal predominio de una "característica antígena sobre otra ,que nos es imposible identificar más de t r e s grupos de individuos, o sea: I. A — O; II. O — anti — A; III. O — O. Las investigaciones ulteriores han descubierto al elemento B con sus correspondientes combinaciones. Observóse en ovejas y cerdos. En los bóvidos la isoaglutinación sólo existe en 1,3 por ioo de los casos. Se necesitan métodos especiales para descubrir el grupo san- guíneo en esta especie. En los caballos las agrupaciones secundarias oscurecen la claridad de la diferenciación. Desde el punto d e vista bioquímico, los grupos sanguíneos en los animales no son de ningún modo idénticos a los mismos grupos en el hombre. La aglutinación cruza- da entre las dos especies no es la regla general, sino más bien la excepción. El análisis d e - tallado de los elementos antigénicos, principalmente A, y de las distintas especies demues- tra a veces cierta afinidad parcial, la existencia de elementos parcialmente antigénicos co- munes a dos especies, sobre todo en el hombre y en distintas especies de animales. La úni- ca excepción es el mono antropoide que tiene elementos antigénicos cualitativos idénticos a los del hombre. Así, pues, el suero de esos monos aglutina los glóbulos de individuos hu- manos del grupo correspondiente. S . S C H E R M E R . — D I E ~ B L U T C R U P P E N DER H RUSTIERE. ( L O S GRUPOS SANGUÍNEOS E N LOS ANIMALES DOMÉSTICOS). X I I C o n g r e g o I n t e r n a c i o n a l de Veterinaria, Lon- d r e s , III, 5 3 6 - 5 4 8 , 1 9 3 4 . En publicaciones anteriores se ha dicho que el ganado vacuno, las ovejas y los cerdos, sólo acusan una característica aglutinable de los glóbulos A y su correspondiente aglutini- na a. En realidad en estos animales se observa por lo menos otro grupo aglutinina-aglutinó- geno, Bp. En contraste con el hombre, hay una importante diferencia en que existen animales it>5 4es que son portadores deficientes en las características relacionadas con las propiedades HOMATOSIS GALLINARUM (NEUROLINI-OMATOSIS DE LAS GALLINAS). — X I I Congreso Internacional de V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 265 2 7 7 , 1 9 3 4 . Evidentemente existe gran diversidad de opiniones con respecto a la afinidad de las va- rias manifestaciones a que hacemos alusión en este informe. Nuestros estudios nos condu- cen—dice el autor—a hacer las siguientes conclusiones: La neurolymphomatosis gallinarum con las lesiones oculares descritas en este informe y los tipos d e leucosis eritroide y mieloide, de aspecto linfoide, son expresiones de la mis- ma enfermedad. Esta enfermedad, en-todas sus expresiones, puede ser transmitida a los pollos sanos por medio de la inyección de suspensiones de tejidos enfermos, por contacto directo o indirecto en el gallinero y por la crianza de pollos en cámaras infectas. Existen datos que sugieren que hasta cierto límite la enfermedad puede ser transmitida por el huevo. No obstante, nuestra opinión es que algunos de los investigadores de los tipos nerviosos y oculares de la dolencia han dado demasiada importancia a este modo de difusión. Existen marcadas diferencias hereditarias en el grado de receptibidad y resistencia a la infección que acusan distintas aves y aves de distintas razas. A menudo la frecuencia es altísima entre las aves infectadas espontáneamente, pero es- te factor varía en las distintas bandadas. Los datos mencionados en los informes precedentes deben recibir debida consideración en los estudios experimentales de la transmisión de esta enlermedad. Es muy conveniente utilizar pollos de parentela conocida. Las variantes en las distintas razas de gallinas y en diferentes razas de virus pueden ser la causa de los resultados tan opuestos obtenidos por distintos investigadores. La evidencia indica que la leucosis de las gallinas es una enfermedad neoplásica malig- na; pero a veces su semejanza a un proceso inflamatorio es muy marcada. Aparentemente los pollitos son mucho más receptibles que las aves adultas. Los datos demuestran que algunas aves no acusan manifestaciones positivas hasta llegar al estado adulto, aunque estén infectadas desde mucho antes. La mayor frecuencia es entre las eda- des de 4 a 10 meses, aunque la enfermedad se suele observar en aves menores de 4 meses y en algunas mayores de lo. La raza y el sexo no parecen influir sobre la frecuencia de la enfermedad. Las más importantes medidas de exterminio son el saneamiento adecuado y el empleo de razas resistentes para la crianza. Esta enfermedad constituye uno de los más importantes problemas de la industria aví- cola en muchas regiones. JOHANNES DOBBERSTEIN.—NEUROLYMPHOMATOSIS GALLINARUM (NEUROLINI-O- MATOSIS D E LAS G A L L I N A S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n - d r e s , III, 2 7 8 2 9 0 , 1 9 3 4 . La neurolinfomatosis es una enfermedad muy difundida por todas partes, habiéndose I I 2 observado en todos los continentes excepto Australia. El promedio de pérdidas en los galli- neros infectados oscila entre diez y veinticinco por ciento y puede elevarse hasta sesenta por ciento. En Alemania se atribuye aproximadamente el cuatro por ciento de la mortalidad de aves a la neurolinfomatosis. La neurolinfomatosis es una enfermedad de los pollos y los gallipollos, más frecuente de agosto a octubre; las aves de más edad rara vez enferman. Por lo general la enfermedad sigue una marcha crónica y los animales enfermos viven semanas y hasta meses. El cuadro clínico se caracteriza por fenómenos de parálisis espasmódica y fiácida, sobre todo de las extremidades. En algunos casos se ha observado alteración del equilibrio, tras- tornos respiratorios, parálisis del buche y trastornos visuales. La naturaleza de la enfermedad es la de una neuritis intersticial peculiar, mielitis y ence- falitis y durante su curso, partiendo del mesénquima de la pared del vaso, se desarrolla considerable neoformación de células de diverso carácter. En ciertos casos la neoformación parece asumir carácter tumoral. Parece haber cierta relación entre la leucosis aviar infecciosa de Ellerman y la neuro- linfomatosis, pero esa relación no se ha llegado a comprender bien todavía. La neurolinfomatosis se puede transmitir artificialmente de un animal a otro. A pesar de esto, los parásitos intestinales y las deficiencias de la alimentación, no tienen papel etiológico Evidentemente es de la mayor importancia fomentar estudios que aclaren la relación existente entre la leucosis aviar y la neurolinfomatosis. J O S E P H M A R E K Y O S K A R W E L L M A N N . — M A N G E L K R A N K H E I T E N (ENFERMEDA- DES POR C A R E N C I A ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a , L o n d r e s , III r 4 5 0 - 4 7 3 , 1934- Se establece la distinción entre las enfermedades por carencia de vitaminas (avitamino- sis) y las causadas parcialmente por alimentación escasa o nociva y la verdadera hambre o desnutrición. Las vitaminas pertenecen a una variedad de substancias que, completamente distintas de las substancias minerales y los productores orgánicos de energía, son combinaciones orgá- nicas libres de nitrógeno que en cantidades ínfimas tienen acción específico-biológica y pro- piedades semejantes a las de las hormonas. La definición de enfermedades por carencia de vitaminas y su diferenciación de otros trastornos metabolicos, ha progresado mucho bajo la nomenclatura internacional uniforme como vitamina A, B, C, D y E y, además, por la creación de normas internacionales y uni- dades para evaluar las diversas vitaminas. Las vitaminas se conocen en su estado inicial (provitamina) o en su forma final y, en parte, en su forma cristalina pura. En la acción metabólica de las vitaminas existen correlaciones entre vitaminas y hor- monas que ejercen ya influjo excitador o inhibitorio o hasta de compensación mutua' Existe, además, estrecha interacción entre las vitaminas y los alimentos minerales.y orgá- nicos. Experimentalmente se ha reconocido que el papel de la vitamina D, es simplemente de factor de seguridad cuando la provisión de calcio, magnesio y fosforo es insuficiente. En cuanto a otras vitaminas, las investigaciones ulteriores decidirán si son también indispensa- bles cuando la provisión de substancias alimenticias orgánicas o inorgánicas es óptima, opinión que parece ser sugerida por ciertas observaciones y resultados experimentales. La avitaminosis espontánea A se observa primordialmente en los pollos de tres a nueve meses de edad, rara vez en las aves adultas y, sobre todo en la primavera, habiendo faltado los alimentos verdes y otras fuentes de vitamina A durante los dos o tres meses anteriores a menudo esta avitaminosis acarrea un cuadro morboso semejante al del coriza enzoótico (crup de la nutrición); esos casos pueden complicarse con queratomalacia y la xeroftalmia o con nodulos pustulosos característicos de la mucosa del buche y del esófago, queratinización i'3 del epitelio y con ciertos síntomas nerviosos y trastornos óptimos. Tras un período de incu- bación mucho más largo, las vacas y las cerdas pueden enfermar ocasionalmente acusando ligeros síntomas conjuntivales y nerviosos (ceguera, incoordinación, espasmos). Los casos incipientes pueden curarse administrando alimentos verdes y aceite de hígado de bacalao. La avitaminosis espontánea B se observa en las aves debido principalmente a deficien- cia de vitamina B, ocasionada por alimentación con una substancia única, como arroz des- cascarado, trigo o avena, y por alimentación pobre en cereales y exclusión de legumbres frescas y falta de aire libre. Se observan fenómenos de polineuritis acompañados por cojera progresiva, emaciación, disnea y muerte. Se han citado pocos casos de trastornos semejantes en el perro, tras alimentación exclusiva con arroz, carne o harina de arroz; en el gato, tras .alimentación prolongada con carne esterilizada; en conejos y solípedos, tras alimentación con arroz y paja de arroz. Los trastornos consisten en rigidez muscular, temblores muscula- res y cojera de los remos posteriores. El restablecimiento rápido se obtiene suplementando la alimentación con levadura, afrecho, cereales, legumbres verdes y carne cruda. La avitaminosis espontánea C o escorbuto, es rara en los animales, pero se ha observado en el perro después de alimentación prolongada con carnes descompuestas, bizcochos para perros exclusivamente o con cereales cocidos adicionados de grasas animales, leche o con carne muy cocida, y el cerdo tras alimentación con leche esterilizada. El cuadro morboso corresponde con el del escorbuto en el hombre adulto (ulceraciones de la encía tumefacta, dientes flojos y resblandecidos, hemorragias), o con el de la enfermedad de Moeller-Barlow (plétora, tumefacción, hemorragias gingivales, hemorragias subperiósticas, alteraciones osteoporóticas). El pronto restablecimiento se obtiene administrando substancias glandula- res, legumbres verdes, papas, frutos de raiz y también añadiendo a la ración jugo de limón o albaricoque. La avitaminosis espontánea D, en forma de raquitismo, osteomalacia y espasmofilia ocurre en los animales, no como enfermedad obligatoria por deficiencia de vitamina D, sino condicional, especialmente si la provisión de calcio y fósforo en el cuerpo es insuficiente al mismo tiempo cuantitativa y cualitativamente. Respecto al punto de vista etiológico, la insu- ficiencia de calcio y fosfuro juega un papel decisivo. Dependiendo de las características de !a alimentación y de las peculiaridades metabólicas de las especies, razas e individuos, el factor etiológicamente decisivo es la falta absoluta de calcio en la alimentación (carnívoros) o la falta absoluta de fósforo en los rumiantes, pues las materias ásperas que éstos necesitan para alimentarse suelen ser pobres en fósloro, especialmente en regiones cuyo suelo es defi- ciente en este elemento. En el cerdo, el factor etiológico más usual parece ser la predomi- nancia de ácidos fosfóricos sobre óxido de calcio y óxido de magnesio en los alimentos (álcali-alcalinidad negativa del terreno); la excesiva predominancia del óxido de calcio (álcali alcalinidad del terreno fuertemente positiva), sólo debe tomarse en consideración en hiperdosis de carbonato de. calcio. En los herbívoros se ocasiona la pérdida de calcio me- diante alimentación exclusiva con substancias acidas. Bajo esas condiciones desfavorables del metabolismo mineral, la vitamina D tiene la tarea de ayudar la economía de ab:-orción o el cambio apropiado en la eliminación de las substancias minerales; el influjo nocivo sobre metabolismo del calcio y fósforo queda, pues, excluido y las substancias minerales necesa- rias entran en el metabolismo. No se ha decidido si la vitamina D surte influjo inmediato sobre la formación de huesos y el fenómeno de la calcificación. Histológicamente, el raquitismo de los animales corresponde al raquitismo tardío, raro en el hombre, debido al mayor desarrollo óseo de los animales en la edad crítica y dei mayor peso mecánico sobre el esqueleto. De consiguiente, la fibrosis de la médula, la acelerada formación de huesos y la destrucción osteoclástica de éstos en las regiones de gran uso mecánico, caracterizan el raquitismo de los animales y no justifican su identificación con la osteodistrofia fibrosa. Empero, la verdadera osteodistrofia fibrosa puede desarrollarse en complicación con el raquitismo, la osteomalacia y la osteoporosis si, bajo el estímulo de una carga mecánica 114 extraordinaria se extiende mucho la fibrosis medular, la osteoclasia y la acelerada construc- ción de huesos fomentando la distensión o deformación d e ciertas partes óseas. En los casos sin complicaciones, la terapia del raquitismo y la osteomalacia y su preven- ción, tienen éxito mediante la provisión de calcio y fósforo en cantidades óptimas, el trata- miento directo con preparaciones ricas en vitamina D y aceite de hígado de bacalao, o tra- tamiento indirecto con rayos ultravioleta para activar la ergosterina que se halla en el cuer- po como provitamina. 1.a avitaminosis espontánea E no se ha observado porque la vitamina E abunda en los alimentos. Esta avitaminosis se caracteriza por esterilidad (atrofia testicular en los machos, esterilidad o aborto en las hembras) y por disminución de la producción de leche. G E O R G E H . HART.—DEFICIENCY DISEASES (ENFERMEDADES POR CARENCIA).—XII Congreso Internacional de Veterinaria, Londres, III, 473-487, 1934. El éxito obtenido en la lucha contra las infecciones que azotan los animales, ha llamado poderosamente la atención hacia las pérdidas menos graves pero también importantes, por enfermedades de origen completamente distinto. Debe considerarse el factor etiológico en el campo de la bacteriología, la parasitología, la genética y la nutrición. Es difícil prescribir un régimen d e alimentación completo para los animales en general- La proporción de alimentos minerales, el equilibrio de los ácidos, el total ingerido de subs- tancias productoras de energía, el valor biológico de las proteínas, el efecto específico de grasas y vitaminas, todo esto presenta problemas que varían según las diversas especies. Las enfermedades por deficiencia, de gran variedad, son acaso más frecuentes en las regiones semiáridas en que los animales están obligados a subsistir enteramente de los pas- tos que encuentran. Empero, esas deficiencias se observan igualmente en los animales case- ros de las grandes ciudades, en las aves de corral y en las vacas lecheras en los terrenos intensamente cultivados. La literatura sobre este asunto es confusa debido a los muchos nombres regionales aplicados a la misma dolencia en distintas partes del mundo. Además deficiencias diferentes pueden ocasionar un mismo síndrome poco más o menos. Por ejem- plo: la deficiencia de calcio, fósforo, vitamina D o luz solar, ocasiona deformidad de los hue- sos. Las importantes deficiencias minerales discutidas son las del fósforo, calcio, hierro. cobre e iodo. Se citan, además, magnesio y cloro. La más importante de las vitaminas es la A y en seguida la D. Las vitaminas B y C son de importancia secundaria porque su deficiencia es rara, ya que algunas especies la crean en su propio cuerpo. La vitamina E, de la reproducción, es abundante en la naturaleza y hasta ahora las manifestaciones de su ausencia se ha limitado a las ratas sometidas a racio- nes mu}- purificadas. La deficiencia d e vitamina G está asociada con la enfermedad del perro llamada lengua negra v su deficiencia produce una especie de parálisis en las patas de los pollitos, lo que hace la más importante de las vitaminas solubles en agua relacionadas con las anormalidades de la nutrición d é l o s animales. La deficiencia de A puede afectar el equilibrio de calcio-fósforo, producir crup d e la nutrición en las gallinas, infarto de la cabeza de los pavos, reabsorción del feto en l i cerda gestante, el llamado envenenamiento con semilla de algodón en los bóvidos, aborto en las vacas, ceguera nocturna y úlceras d e la córnea en el ganado en período de desarrollo y las fatales diarreas en ¡os ternerus recién nacidos. El tiempo necesario para la explosión de los síntomas parece depender de la cantidad d e carotina de reserva en el hígado, cuando se pone el animal bajo un régimen deficiente en A. El aceite de hígado de vaca puede resultar más rico en vitamina A que el aceite de hfgado de bacalao. Las manifestaciones de la deficiencia de vitamina D, en ausencia de luz solar, están aso- ciadas con alteraciones óseas. Por último, se cita la importancia de suplir en lo posible los elementos dietéticos indis- pensables en los alimentos naturales. Si se necesitan preparaciones minerales o vitamínicas, •15 se deben obtener bajo su nombre original y no en forma específica de patentizados comer- ciales, pues por lo general estas preparaciones no tienen valor alguno si no es que resultan verdaderamente nocivas y a lo mejor se expenden a precios altísimos en comparación con su verdadero costo. El anuncio y la distribución de muchas de esas preparaciones constitu- yen una explotación de la industria pecuaria por los fabricantes. / —-~ Enfermedades infecciosas y parasitarias T . M. D O Y L E . — F O W L P O X ( V I R U E L A A V I A R ) . — X I I Congreso Internacional de V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 2 0 6 2 1 8 , 1 9 3 4 . Existe abundante literatura sobre el nucleido encontrado en ciertas infecciones virulen- tas, habiendo diversidad de opiniones en cuanto a su naturaleza y origen. Los resultados de las recientes investigaciones parecen indicar que los nucleoides que se observan en la virue- la aviar y la psitacosis son en realidad el agente morboso. Aunque se ha comprobado de modo indudable que ciertas especies de moscas picadoras y mosquitos pueden transmitir la viruela de aves enfermas a aves indemnes, se ha exage- rado algo la importancia de este modo de transmisión excluyéndose otros. En efecto, ciertos autores han llegado al extremo de asegurar que, en experimentos realizados en jaulas, la viruela no se transmite por contacto directo entre aves enfermas y aves sanas. Esa concep- ción es errónea. La historia epizootológica de la viruela aviar está sujeta a las mismas variantes que la de otras enfermedades contagiosas; los brotes pueden ser violentos y difundirse rápida- mente o se difunden lentamente causando baja mortalidad; todo depende de la virulencia •de la raza de virus, la intensidad de la infección y las condiciones en que viven las aves. Empero, es un hecho admitido que la viruela de las aves de corral es muy contagiosa tanto en el laboratorio como en el campo y se puede difundir rápidamente en ausencia de un insecto vector y que el contagio directo de aves enfermas a sanas es acaso el modo d e transmisión más importante. La inmunización con virus vivo de la viruela aviar se ha practicado extensamente en América y en menor grado en otros países, y aunque este procedimiento no es absolutamen- te inofensivo, su uso parece estar justificado por razones económicas. La vacunación con virus vivo confiere sólida inmunidad que dura toda la vida del ani- mal, pero su uso debe limitarse a las aves jóvenes, pues de lo contrario se suele observar cierta proporción de trastornos constitucionales y hay considerable riesgo de que se gene- ralice la infección. El uso del virus vivo apenas está justificado en las granjas exentas d é l a enfermedad aunque haya amenaza de importar la infección de un gallinero vecino y está igualmente contraindicado para las gallinas en período de puesta, pues siempre disminuye extraordi- nariamente la producción y puede ocasionar fuerte mortalidad. La introducción de la vacuna preparada con virus de la viruela en las palomas para in- munizar las gallinas ha disminuido considerablemente la frecuencia de esta enfermedad en la Gran Bretaña. Las principales objeciones al empleo del virus de paloma son la limitación de su actividad y del período de protección que confiere. Los experimentos de laboratorio demuestran que la inoculación de virus de paloma a las gallinas no protege completamente contra fuerte infección artificial con virus de gallina, pero sí confiere sólida inmunidad contra el contagio natural en grande. La duración de la inmunidad, según se ha calculado de modo preciso, oscila entre cuatro a seis meses. Hay datos demostrativos de que el uso del virus de paloma no provoca trastornos cons- n6 titucionales en las aves no importa de qué edad, no disminuye la producción de huevos y no hay peligro de generalizar la infección. En vista de la gran difusión y frecuencia de la viruela de las aves de carral, la virulencia de la enfermedad y sus ruinosos efectos sobre el desenvolvimiento de la avicultura, parece aconsejable fomentar la vacunación sistemática anualmente de todos los pollos, con vacuna de paloma hasta que la enfermedad disminuya. W . T . J O H N S O N . — F O W L POX (VIRUELA AVIAR).—XII Congreso Internacional de V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 2 1 9 - 2 3 4 , 1 9 3 4 . El aplicar los datos concernientes a la viruela en una especie de huésped a otro, care- ciendo de conocimientos específicos q u e lo justifiquen, da lugar a confusiones. Se cree que las aves transmiten la viruela cuando se picotean mutuamente. Se ha descu- bierto que los mosquitos transmiten la enfermedad. La vacunación con virus aviar se considera valiosa para los pavos y las gallinas fuera del período de producción. Se debaten los puntos más salientes de los métodos de vacunación: subcutánea, escarifi- cación, folicular y porjpunción. El método de punción, que consiste en punzar la piel del muslo con un instrumento afilado y simultáneamente introducir el virus, es el pre- ferible. El buen éxito de la vacunación por punción depende d e la actividad del virus, obtenido de gallinas, elaborado cuidadosamente y bien conservado. En algunos casos la pérdida de actividad obedece al empleo de glicerina como disolvente. Se aconseja la refrigeración como medio de prolongar la actividad del virus. Algunos autores creen que la edad más adecuada para vacunar es entre los treinta y los noventa días. Existen datos demostrativos de que se pueden vacunar aves mayores y me- nores de esa edad sin afectar su peso como adultas. La opinión de que la vacunación con virus aviar causa mortalidad, no se ha justificado. La vacunación de aves en plena produc- ción de huevos, o dentro de las tres semanas de su iniciación, ocasiona pérdida de huevos y solo se recomienda como medida de urgencia. No se aconseja vacunar polluelos de un día de nacidos, sobre la base de nuestros conocimientos actuales. La inmunidad se desarrolla como a! mes de vacunadas las gallinas con virus aviar. La protección no dura mucho tiempo. La calidad de portador de. virus no se ha demostrado ni en las gallinas ni en los pavos. Se ha intentado obtener un virus q u e proteja de modo satisfactorio sin afectar la pro- ducción de huevos, utilizando virus de paloma, se^ún se recomienda en Euiopa, pero hasta ahora sin resultados satisfactorios en los Estados Unidos. Esos experimentos utilizando virus de paloma pasado p o r gallinas durante varias generaciones; vacunación con virus de paloma seguido al cabo de un mes por virus aviar; virus producido inoculando gallinas con virus aviar al mes de la inoculación con virus de paloma, y virus producido inoculando con virus aviar gallinas q u e 'habíanse vacunado año y medio antes con virus aviar. Algunos de estos trabajos prosiguen todavía. Evidentemente, los resultados obtenidos en América no justifican q u e se recomiende el virus de paloma para la vacunación en este país como único medio de combatir la viruela o acaso ni como coadyuvante. K A K L J A R M A I . — D I E L E U K O S E N D E R H Ü H N E R ( L A LEUCOSIS D E LAS G A L L I N A S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 2 3 5 - 2 5 1 , 1934- La leucosis de las gallinas puede clasificarse en dos tipos fácilmente diferenciahles, esto es, la forma no transmisible y otra de carácter transmisible. La forma no transmisible re- presenta la leucosis linfática extravascular, conocida como la variedad de leucemia más fre- II" cuente en las gallinas. La leucemia linfática, cuya transmisibiiidad ha sido recientemente descubierta por Furth, representa una enfermedad de distinto aspecto que debe ser tratada independientemente de las linfadenosis ordinarias. La eritroleucosis y la mielosis son enfermedades transmisibles. Con frecuencia son in- tercurrentes y ambas son causadas por el mismo agente. Empero, existen también razas del agente morboso que sólo producen eritroleucosis. El agente causante de la leucosis infecciosa de las gallinas es filtrable y, aunque se en- cuentra en todos los componentes de la sangre, el plasma es menos activo que los elemen- tos globulares. El agente infeccioso no es excretado.del cuerpo de las gallinas enfermas. Por ese motivo las infecciones por contacto o por cohabitación no existen, y ni siquiera se ha podido probar la transmisión por los parásitos que se alimentan de sangre. El agente no es transmitido por el huevo durante la incubación, y el huevo en proceso de incubación sólo se infecta después del décimo día. El agente patógeno tiene considerable resistencia. Por el calor, muere a temperatura de 56 o C. (133 o F.}, pero no lo destruye la refrigeración ni aun la inmersión en aire líquido. El material orgánico desecado en polvo,conserva su virulencia durante semanas; conservado en glicerina, su patogenidad dura meses, aunque algo atenuada. El agente ha resultado re- sistente al influjo de los rayos (lámpara de cuarzo y rayos X), y el torio X radioactivo ejerce influjo represivo dentro del cuerpo de la gallina. El agente es específico y únicamente patógeno para las gallinas, de las cuales la raza Bantam ha resultado la más susceptible, mientras que en las pintadas el agente produce únicamente un estado de anemia. Como la leucemia se observa además en los patos, gansos, pavos, palomas y canarios, pero no in vitro, parece justificada la teoría de que cada especie tiene su leucemia peculiar. No se ha demostrado todavía si esas leucemias son transmisibles. Las gallinas, resistentes por su naturaleza, generalmente mueren tras repetidas infeccio- nes, sin embargo, las que curan espontáneamente quedan inmunes. Las tentativas hechas para conferir inmunidad activa o pasiva a las gallinas, han fracasado. A pesar de esto, el suero de gallinas que se han repuesto espontáneamente, es capaz de neutralizar in vitro el plasma infeccioso libre de glóbulos, aunque no surte efecto alguno sobre el material globu- lar infeccioso. Es, pues, imposible considerar el anticuerpo contenido en el plasma de ani- males que han curado espontáneamente como anticuerpo humoral común en el sentido in- munológico. El influjo patógeno del agente transmisible, se reconoce por el hecho de que favorece el desarrollo de células óseas que, por ese motivo, están sujetas a un desarrollo exuberante y pasan a la circulación venosa, donde producen acumulaciones (leucostasis) en los órganos que tienen extensa red de capilares. No se han observado inflamaciones, degeneraciones n necrosis, sino únicamente fenómenos de atrofia por compresión en los órganos tumefactos. Debido a la naturaleza biológica del agente infeccioso y a la patogenia de la enferme- dad, los investigadores admiten hoy que la leucosis de las gallinas no es una enfermedad infecciosa, sino un estado tumoral, y, además, que el agente transmisible no es una batería viva independiente, pues sólo es un producto enzímico de las exuberantes células de la leu- cosis. H. V A N R O E K E L . — P K E S E N T STATUS OF PULLORUM DISEASE ( E S T A D O ACTUAL DE LA P U L L O K O S I S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 9 2 - 107, 1 9 3 4 . Se llama !a atención hacia la gran riqueza de conocimientos adquiridos con respecto a los diversos aspectos de la enfermedad pullorum. Parece indispensable adoptar exclusiva- mente el término enfermedad pullorum para facilitar las investigaciones de esta dolencia y fomentar la claridad, uniformidad y normalización de informes y reglamentos sanitarios. 11 s Las investigaciones realizadas en nuestros varios estados y posesiones territoriales re- velan que la labor de eradicación está parcialmente o enteramente bajo la vigilancia regu- latriz de los gobiernos respectivos en 26 Estados y que en los 22 Estados restantes este tra- bajo está a cargo de las Estaciones Experimentales del Estado, Servicios de Extensión dei Estado y veterinarios particulares. Se descubrió considerable variación en los métodos de ensayo empleados, normas que se siguen con los que reaccionan, la designación oficial de los grupos sometidos al ensayo y el control de los anuarios. Algunos Estados hicieron pocas pruebas o ninguna. El total de las aves probadas por las agencias o bajo la vigilancia del Es- tado, en la estación de 1932-33, fué 3.315.600. El promedio de positivos fluctuó de 0,00 a 18,4. Las posesiones territoriales informaron que la enfermedad pullorum es de poca o nin- guna importancia. Se discute cuál es el medio de difusión de la enfermedad en un gallinero, y de un corral a otro. Los descubrimientos experimentales más recientes revelan q u e los hue- vos acabados de poner por las aves infectadas pueden constituir un grave origen de infec- ción. Las tentativas hechas para infectar aves adultas con las heces de aves infectadas, han fracasado hasta ahora. Se puede establecer la infección por la conjuntiva y en las lesiones cutáneas. Además de las gallinas, hay otras aves susceptibles a la enfermedad, pero no se ha podido determinar su grado de susceptibilidad en comparación con la gallina. La diseminación de la enfermedad, influenciada por la vitalidad de la bacteria, no ha sido objeto de profundos estudios, aunque se ha demostrado que el organismo conserva su vitalidad en un trozo de tela seco y en el agua helada, trescientos catorce y doscientos treinta y ocho días, respectivamente. El aspecto patológico de la enfermedad requiere mayor estudio con respecto a la posibi- lidad de la elaboración de substancias tóxicas por el organismo y su mecanismo de acción sobre los tejidos del huésped. Hasta ahora las alteraciones de los tejidos han sido descritas desde el punto de vista objetivo más bien que como fenómeno estructural y funcional. Los estudios serológicos de esta enfermedad han demostrado que el ensayo de aglutina- ción macroscópica constituye un medio satisfactorio para describir las aves enfermas, siem- pre que se observen ciertas precauciones que influyen sobre el mecanismo del fenómeno de aglutinación. Precisan nuevos estudios para determinar el significado de los que reac- cionan clasificados como «dudosos» o «inespecíficos». Algunas secciones de este país comunican haber hecho considerables progresos en la eradicación de la enfermedad; nos referimos a los Estados de «Nueva Inglaterra». En Massa- chusetts se ha llegado a reducir el porcentaje de casos positivos durante un período de trece años, de 12,50 a 0,47. Otros Estados han hecho adelantos semejantes. Gallineros sometidos al ensayo, no han reaccionado durante nueve años consecutivos. En otras partes de la Unión algunos Estados comunican interés creciente en la eradicación de la enfermedad. La con- fianza y la cooperación del avicultor se consideran indispensables para el éxito del progra- ma de eradicación. Parece conveniente simplificar más y dar mayor uniformidad a la desig- nación de los gallineros sometidos al ensayo. Para guiar de manera más conveniente el curso de este trabajo en el futuro, es necesario recopilar informes fidedignos de ensayos realizados K. W A G E N E R . — K i CKENRUIIR (PULLOROSIS).—XII Congreso Internacional de Veterinaria. L a n d r e s , III, 108-131, 1934- Las investigaciones realizadas de 1930 a 1934 para combatir la enfermedad pullorum, fomentaron el estudio de problemas científicos contribuyendo a su esclarecimiento. Los microorganismos Salmonelia pullorum y Skigclla gallinarum deben considerarse idénticos o por lo menos variedades de una misma bacteria. El tifus aviar obsérvase mayormente como infección latente, crónica, a veces septicéniica de las gallinas. Estando infectados el ovario y el huevo, el pollo sucumbe a la enfermedad en forma aguda, conocida clínicamente "9 como enfermedad puUorum. La diferenciación según los diversos agentes causales, o una división de la definición de la enfermedad pullorum, no están justificadas en terreno bioló- gico o para fines prácticos. La enfermedad pullorum preséntase de modo epizoótico no sólo entre las gallinas, sino también en los pavos y las gallinas de Guinea; ocasionalmente en los patos. En el pavo se observan lesiones ováricas semejantes a las halladas en las gallinas. La relación entre la eliminación d e los gérmenes en el huevo y la causa de la enfermedad necesita aclararse más por medio de observaciones exactas e investigaciones experimentales. El cuadro pato- lógico anatómico de la enfermedad pullorum es característico, presentándose los llamados nodulos. Aunque puede haber otras lesiones inflamatorias y necrobióticas. El agente causal de la enfermedad pallorum puede eliminarse igualmente de los ovarios en función que no han sufrido alteraciones determinables macroscópicamente. En general, ningún país exige la denuncia de los brotes de enfermedad pullorum. La opinión de que la enfermedad no se debe combatir por medio de rigurosa reglamentación gubernamental, sino por medidas voluntarias adoptadas por los avicultores, es casi unánime. No obstante, el gobierno debería organizar y fomentar la lucha contra la enfermedad pullo- rum facilitando las investigaciones, dando información a los avicultores y concediendo cer- tificado de salud a los gallineros libres de la enfermedad. Cuantas tentativas se han hecho para prevenir y curar la enfermedad por medio de la inmunoterapia o la quimioterapia han resultado infructuosas. La difusión de la enfermedad pullorum en las grandes incubadoras provistas de ventilación artificial se debe combatir con desinfección adecuada, cuidando de no dañar los huevos con los desinfectantes. La prueba de pullorum no ha recibido aceptación general porque no ha resultado suficientemente se- guro y eficaz para determinar los casos latentes. La lucha contra la enfermedad pullorum se basa en el examen metódico de la sangre que puede realizarse de tres modos distintos. La aglutinación rápida de sangre completa, ensa- yo creado por Eunyea, Hall y Dorset, es valiosa contribución a la medicina moderna. Sus posibilidades se han demostrado en la práctica y en numerosos ensayos comparativos. Hay que tener especial cuidado en la preparación de los líquidos de ensayo. La uniformidad de esos líquidos en los diversos países debe sujetarse a convenios internacionales. La seguridad y eficacia del análisis de la sangre dependen de su ejecución por veterinarios competentes. El análisis no es incumbencia del lego. El metódico y escrupuloso examen de la sangre contribuye a disminuir los reaccionantes positivos en un gallinero y a crear gaUineros sanos, mejorando los resultados de la incubación la cría de los polluelos y a menudo influyendo favorablemente la producción de huevos. Las observaciones realizadas en la práctica demuestran que se necesitan ciertas condiciones predisponentes para que la enfermedad pullorum alcance proporciones epizoóticas. El mo- tivo reside parcialmente en las peculiaridades del cuerpo animal y en parte en ciertas in- fluencias externas. La aclaración de las causas que inducen la aparición epizoótica de enfer- medad pullorum, es tarea importante en las futuras investigaciones de esta dolencia. i E . L E Y N E N . — L A P E S T E AYIAIRE (PESTE A V I A R ) . — X I I Congreso Internacional de V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 132-144, 1934. La peste d e las aves, causada por un virus filtrable, se ha observado en la mayoría de los países europeos y en varios de los Estados Unidos. En muchos de los países lindantes con el Mediterráneo o bañados por el Danubio, esta enfermedad reina de modo enzoótico. En los países del norte y centro d e Europa la peste aviar aparece tras la importación de aves enfermas, Además de la peste aviar clásica, las aves fson susceptibles a otras afecciones causadas por virus filtrables, como enfermedad de Newcastle, enfermedad de Picard y peste aviar de Egipto. Tanto por sus síntomas cuanto por sus lesiones estas epizootias son muy parecí- 120 das a la peste aviar clásica. Las diferencias entre la enfermedad de Picard y la peste aviar clásica quedan muy reducidas. Acaso las diversas formas de peste de las aves de corral que consideramos aquí son producidas por un mismo agente patógeno que ha su- frido modificaciones típicas. A falta de métodos prácticos y eficaces de inmunización, deben continuar las investiga- ciones sobre estas enfermedades. Los métodos de inmunización pueden resultar valiosísimos para la profilaxia antipestosa en los países en que la enfermedad reina de modo enzoótico. En los que la peste aviar solo se presenta tras la importación de nuevos ejemplares, las medidas de policía veterinaria, tanto en la frontera como en el interior del país, han de- mostrado su completa eficacia. El tratamiento curativo de toda índole sólo sirve para demo- rar la desaparición de la enfermedad. J . R. B E A C H . — C O R Y Z A AND OTHEK RKSPIRATORY INFECTIONS I N CHIKENS (CORIZA Y OTRAS IFECCIONES RESPIRATORIAS EN LOS P O L L Ü E L O S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o - n a l d e V e t e r i n a r i a , III, 1 4 4 - 1 6 0 , 1 9 3 4 . Este informe no se limita a la coriza sino q u e influye además un estudio de la laringo- traqueitis infecciosa (antes llamada bronquitis infecciosa) y de una infección respiratoria de los pollitos, enfermedades de las cuales la coriza, puede o no ser, complicación importante. Varios investigadores han demostrado q u e el agente morboso de la laringotraqueitis es un virus filtrable. El virus se halla con regularidad en el exudado traqueal y laríngeo; es más raro en el bazo, t i hígado y la sangre de aves infectadas, aunque en los tejidos de estos órganos no determina alteraciones características. Seifried ha demostrado cuerpos nucleoi- des intranucleares en las células epiteliales de la mucosa traqueal enferma. El virus resulta muy resistente a la desecación y a la glicerina pero se destruye de modo rápido por la expo- sición de temperaturas de 55 o a 75 o C, pero por exposición directa a la luz solar, a solucio- nes de fenol, licor cresolis compositus e hidróxido de sodio al 5,3 y I por 100, respecti- vamente. La enfermedad ataca principalmente la mucosa y la submucosa de la laringe y la tráquea aunque no es rara la infección de la mucosa nasal y conjuntiva y de los pulmones. La en- fermedad sólo se ha reproducido en las gallinas y en un caso en faisanes. Los patos, pavosf palomas, domesticada y silvestre, gorriones, cuervos, estorninos, conejos, cobayos y ratas blancas resultaron refractarios. Las gallinas pueden llevar el virus en la tráquea hasta dieciséis meses después de repo- nerse de un ataque. Todavía no se ha descubierto un método de tratamiento de probada eficacia para aliviar los síntomas y reducir la mortalidad entre las aves enfermas. Hudson y Beaudette han observado que los tejidos de la cloaca y de la bolsa de Fabricius son susceptibles al virus; q u e la infección no pasa de esas partes a las vías respiratorias si no q u e más bien inmuniza el ave contra la infección de las vías respiratorias y que ese fenómeno puede aprovecharse para la inmunización de las gallinas en las granjas avícolas. La vacunación consiste en aplicar una suspensión de exudado traqueal desecado a la mucosa d e la porción proctodeumal d e la cloaca. Beach, Schalm y Lubbehusen, experimen- taron extensamente en el campo encontrando que produce excelentes resultados en algunos gallineros y que, por el contrario, otras muchas aves no se pudieron inmunizar y algunas solo quedaron inmunes tras dos o más aplicaciones de virus. Una modificación de ese pro- cedimiento consiste en la inyección d e una suspensión de virus o «vacuna» en la bolsa de Fabricius y, según se informa, resulta mucho más segura para producir la infección bursal y cloacal y la consiguiente inmunidad. Gibbs informa igualmente que la «vacunación bursal» es más eficaz q u e la cloacal. Se ha demostrado la inmunidad de las gallinas un año después de la vacunación. En ciertas secciones de este país se ha observado una enfermedad respiratoria de los 121 pollitos, semejante clíninicamente a la laringotraqueitis. Algunos investigadores comunican •que la infección se limita a la tráquea, bronquios y pulmones, pero con frecuencia otros han observado la infección de las fosas nasales e informan que en los brotes de la enferme- dad puede predominar ya la forma nasal, ya la traqueal o la bronquial. El agente morboso es, según se ha demostrado, un virus filtrable. Bushnell y Brandley deducen que el virus y la enfermedad son idénticos a la laringotraqueitis infecciosa, pero Beach y Schalm opinan que los resultados de sus experimentos no demuestran relación alguna entre ambas enfer- medades. Xelson ha estudiado tres tipos de coriza sin complicaciones, diferenciadas entre sí por la duración del período de incubación y el curso de la enfermedad. No obstante, uno de los tipos (coriza III) se considera como la forma básica de la enfermedad, y las otras como va- riedades de ella. Todos los^ipos se transmitieron sin dificultades por inoculación del exu- dado nasal a gallinas receptibles, o por contacto. Se cree que el agente morboso es un bacilo Gram negativo aislado del exudado nasal. Este microorganismo sólo forma colonias en pla- cas de agar sangre cuando se sellan para excluir el aire. Las gallinas inoculadas con cultivos desarrollaron coriza con regularidad, de la misma índole que la producida por inoculación del exudado, pero más benigna y de evolución más corta. Delaplane, Stuart y Bunyea, han estudiado un tipo de coriza grave que parece muy se- mejante a la coriza III de Nelson. La enfermedad se transmite fácilmente por inoculación del exudado; del exudado se recobró un bacilo Gram negativo que sólo germina en un me- dio de sangre. Las corizas estudiadas por Schalm y Beach, parecen diferir de las de Delaplane y sus cola- boradores únicamente en la mayor frecuencia de las infecciones de la tráquea y de los bron- quios. Aquí también se ha recobrado un bacilo hemofílico Gram negativo con el que se pue- den producir infecciones respiratorias que sólo difieren de las ocasionadas por la inoculación del exudado o por exposición al contagio, en la gravedad de los síntomas v la duración de la enfermedad. Este bacilo no forma colonias en placas de agar sangre abiertas a cerradas, pero germina bien en ese medio en una atmósfera de 10 por 100 CO\,. Parece probable que esas diversas corizas se identifiquen finalmente como variantes de una infección más bien que como entidades independientes. L. D E B L I E C K . — C O R Y Z A INFECTIOSA GALLINARUM ( C O R I Z A INFECCIOSA DE LAS GALLI- NAS).—XII Congreso Internacional d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 161-182, 1934- En 1931 y 1932, el autor publicó varios artículos describiendo el Bacittus htmoglobinophi- lus coryzae gallinarum como causa del crup. En el presente informe se describe este bacilo en detalle y s e hacen nuevos datos con respecto a la infección, su tratamiento e inmunidad. La coriza infecciosa gallinarum es una enfermedad infecciosa independiente que evolu- ciona con fenómenos de catarro crónico de la mucosa nasal y de las celdas infraorbitarias. La instilación de flujo nasal de animales enfermos en el pasaje nasal de aves sanas, transmi- te la enfermedad indefectiblemente. El período de incubación varía de dos a ocho días y el curso de la enfermedad de uno a nueve meses. La infección por contacto ocasiona casos benignos. No se ha confirmado la concepción de Nelson, quien distingue tres tipos de coriza. Los climas fríos y húmedos favorecen los brotes naturales de la coriza. La infección se difunde por el uso de enseres comunes de bebida y alimentación. El agente morboso sólo se observa en la nariz, celda infraorbitalis, garganta y laringe. Han resultado infructuosas las tentativas hechas para descubrir un virus filtrable. El autor concluye que el bacilo de la coriza por él descubierto, es la única causa del crup. Varios otros bacilos y razas de pasterela, no se pueden considerar como agentes morbosos d e esta enfermedad. El bacilo de la coriza pertenece al grupo de la influenza, según más mi- 122 nuciosas investigaciones realizadas con respecto a su comportamiento en cuanto a su des- arrollo en cultivos. Las características culturales en varios medios nutritivos (necesidad d e los factores X y V), así como la fijación del complemento, justifican esta clasificación. El bacilo de la coriza alcanza su desarrollo óptimo en agar sangre de caballo al 25 por 100, calentando hasta 70 o C , pero el desarrollo siempre es débil. En casos muy agudos, el bacilo puede aislarse en cultivo casi puro a los dos o tres días que aparezcan los síntomas. El bacilo sólo es patógeno para las gallinas y los pavos. La paloma y el pato no son r t - ceptibles. No se ha podido producir coriza con otros bacilos hemoglobinófilos distintos. La enfermedad producida por inoculación artificial (abreviada K. C ) , concuerda en to- dos sus aspectos con la coriza espontánea o natural (abreviado N. C.) excepto en que el cur- so de la infección artificial es siempre más corto. La duración más larga de la enfermedad fué un mes. En este caso particular se utilizaron cultivos primarios o secundarios de la co- riza, en el que habíanse desarrollado igualmente varias otras bacterias; estafilococos, estrep- tococos y bacilos seudodiftéricos. El autor opina que la duración más corta de la enferme- dad provocada artificialmente, puede obedecer a la gran atenuación del bacilo coriza en el cultivo. Se intentó el tratamiento local con nitrato de plata, petróleo, quinosol, superol, formali- na (también en forma de vapores) y protargol. Se incorporaron al agua de bebida las si- guientes drogas: quinosol, superol, cloruro de calcio y yoduro potásico. Por último, se apli- caron inyecciones de azul de trípano, hexametilentetramina y vacunas preparadas con se- creciones nasales y cultivos de la coriza. Los resultados de todos esos experimentos fueron negativos. Precisa prolongar los experimentos con drogas en forma de vapores. Se trató de desinfectar el agua con regularidad como medida profiláctica, pero igualmente sin resulta- dos perceptibles. Tan pronto como los animales se reponían de la coriza natural, quedaban inmunes contra la infección natural; la inmunidad fué más sólida cuanto más duraron las secreciones. Tanto la coriza natural como la artificial inmunizan contra la coriza artificia], pero la coriza artifi- cial sólo inmuniza parcialmente contra la infección natural. La duración de la primera in- fección influye considerablemente sobre el grado de inmunidad. El germen causal de la coriza natural es poco resistente. La exposición a una solución de cloruro de sodio al 0,9 por ciento, a 37 o C durante diecinueve hojaí, deja exudado toda- vía virulento, pero a las veinticuatro horas pierde gradualmente su virulencia. A las veinti- cuatro horas de exposición a 22 o C, la materia infecciosa conserva su virulencia. En otro experimento se halló que la exposición del exudado a 22o C, durante cuarenta y ocho horas produjo la infección en una gallina de un grupo de tres (periodo de incubación: trece días). Exposición de noventa y seis horas a 22 o C, hizo avirulenta la secreción. La exposición de diez minutos a una solución de permanganato potásico al 1 : 1.000, a temperatura ambiente, no mata la bacteria. Una exposición de ocho y media a diez horas a la mezcla de Edington (glicerina y ácido carbólico) a 37 o C, hace que el exudado sea inocuo. Una ex- posición de una y media a dos horas media resulta en un periodo de incubación d e cuatro días; cuando la exposición dura cuatro horas y media, el periodo de incubación será de veinte días. Se intentó inmunizar con exudado esterilizado o atenuado por varios métodos y aplicado después a la mucosa nasal. Se hicieron los siguientes experimentos de inmunización: 1. Con exudado esterilizado; no produjo reacción ni inmunidad. 2. Exudado atenuado (solución de cloruro sodio al 1 : 10 y 1 : 50); produjo invariablemen- te infección positiva tras prolongada incubación. El exudado más atenuado preparado con objeto de producir reacciones más benignas no creó suficiente inmunidad contra coriza natural. 3. La repetida instalación de exudado formalinado (formalina a! 1 : 500) y de cultivos formalinados en las cavidades nasales de gallinas produjeron a veces una coriza benigna de 123 larga incubación pero de corta duración. La materia infecciosa sometida largo tiempo a la acción de la formalina no produjo infección. En el primer caso también se desarrolla inmu- nidad a la infección de contacto, pero sólo se produce una inmunidad parcial a la instila- ción del exudado, al igual que en el caso de una coriza previa. Urge la continuación de estos experimentos ya que se han realizado en escala reducida. Es posible que este método de inmunización sea aplicable a los gallineros infectados tan pronto aparezca la enfermedad, pero tomando precauciones para no establecer infección de contacto demasiado fuerte. K. F . MEYER.—PSITTACOSIS (PSITACOSIS).—XII Congreso Internacional de Vete- rinaria. Londres, III, 182-205, 1934. A fines de 1931, la psitacosis de las aves fué reconocida por primera vez en California como infección endémica entre los loros {Melopsittacus undulaius), nacidos y criados en la región. Como agente morboso se descubrió un virus filtrable fácilmente transmisible a ratas, pája- ros, etc. En ningún caso se recobró la Salmonella psittacosis en los loros de los estableci- mientos locales. El virus resiste la acción de la glicerina 1 pH 7,4) por lo menos sesenta y seis días. Los bazos desecados pueden conservarse virulentos por lo menos doscientos setenta y siete días. El contenido virulento de la cloaca pierde su infecciosidad rápidamente al dese- carse a temperatura de la habitación. Por exposición al contagio con loros infectados, se ha podido demostrar la receptibilidad de las gallinas (Gallus gallas Linnaeus), la cotorra (Psittacala couspicillata Lafresnaye, P. spen- geli Hartlaub), el papagayo (Leptolophus hoilandicus Kerr), el gorrión de Java (Padda oryzi- vora Linnaeus), el canario (Serínus canaria), el perico (Cyanospiza ciris), el bengalí (Urolon- cka acuticauda), el petirrojo de Pekín (LiotArix luieus). Exponiéndolos íntimamente y conti- nuadamente al contagio en las jaulas, enfermaron de psitacosis cuatro pollos jóvenes en un grupo de diez. La virulencia de ciertas razas del agente infeccioso aumenta por medio de pasajes, pero el virus no se «fija». Las razas de «esputo» y las de aves «epidémicas» se pasan con más ra- pidez que las del loro australiano o del papagayo sudamericano. Los cuerpos de Levinthal-Cole-Lillie tienen el mismo valor diagnóstico que los cuerpos de Negri en la rabia. Probablemente son el virus animado y particulado. El número de cuer- pos de L-C-L corre paralelo con la virulencia. Desde el año (929 se han registrado en los Estados Unidos de América y en el Canadá 143 casos de psitacosis y 13 casos sospechosos, por contagio directo o indirecto con loros enfermos procedentes de California, Vokohama, Cuba y Holanda. Dos casos resultaron del contacto con canarios. El diagnóstico clínico ha sido confirmado por la demostración del virus en el esputo de 1 i pacientes, en la sangre de tres y en los frotes de órganos 1 pulmón, hígado y bazo) de seis casos humanos. Veinticinco de las infecciones (38 por loo) comunicadas en California, ocurrieron en dueños de pajareras o en sus familiares. Los datos obtenidos en América no apoyan la hipó- tesis de q u e el clima frío fomenta la propagación de la psitacosis. La enfermedad fué más frecuente en las mujeres de edad media (66 por 100). Sólo se observaron tres casos bajo U edad de veinte años. La mortalidad fué 19 por loo (28 en 145 casos). Cuatro enfermos que sucumbieron, infectaron a sus enfermeras. En una casa, la epidemia produjo una mortalidad de 100 por 100. La investigación de 4.000 loros distribuidos en 81 pajareras, con 54 por 100 de infección! ha demostrado que la psitacosis de las aves asume las formas siguientes: a) aguda, b) atípica y c) infecciones latentes (portadores latentes y diseminadores). Las aves jóvenes se infectan 124 con más frecuencia y son más receptibles que las adultas. Las adultas frecuentemente son inmunes, aunque no tienen anticuerpos séricos. El virus en loros infectados experimentalmente es eliminado de los veintidós hasta ciento cuarenta y cuatro días. Algunas aves retienen en virus en el bazo y el hígado. Hay pruebas de que el huevo y el ovario pueden infectarse. El virus es eliminado del cuerpo por la cloaca y más a menudo por la nariz. Algunos lo- ros conservan el virus en la mucosa nasal, pero no en las visceras. El período de incubación y la duración de la enfermedad, después de la inyección intra- muscular, oscila entre cuarenta y uno y noventa y ocho días. En los ensayos de transmi- sión, el período más largo observado fué de noventa y cinco a ciento seis días. La psitacosis latente se ha demostrado en las cotorras (Ps. conspiciliata y Ps. spengeli) y en el papagayo {Eupsittula pcrtinax) importados de Colombia, América del Sur. Los loros Tovi y los papagayos Petz, de un mismo embarque, resultaron infectados con la Saimonella psittacosis. Seis por ciento de los loros indígenas importados de Australia, dieron el virus de la psitacosis, del bazo y del hígado, según ensayos de inoculación en conejos. El agente infec- cioso se comporta del mismo modo que el virus de California. El Departamento de Salubridad Pública.del Estado de California y el Servicio de S a l u - bridad Pública de los Estados T'nidos, requieren hoy que los loros importados vengan acom panados por un certificado de sanidad, tengan por lo menos ocho meses de edad, lleven un anillo en la pata y procedan de una pajarera libre de psitacosis, según se determine p o r análisis de laboratorio (autopsia de lo por loo de las aves e inoculación de material del bazo tumefacto a ratones). W . L . Y A K I M Q F F . — L t s PIROPI.ASMOSES ( P I R O P L A S M O S I S ) . — X I I Congreso Inter- n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 2 9 1 - 3 1 4 , 1 9 3 4 . Las piroplasmosis de los animales domésticos prevalecen en todo el mundo. En cuanto a su clasificación en los últimos años, ha habido dos opiniones. Dennis, 1932, reconoce una forma intermedia entre los hemoflagelados especiales y los hemosporidios. Regendanz y Reichenow, 1933, hablan de su contacto con los rizópodos. En oposjción a la Escuela arge- lina, nosotros damos consideración a la clasificación dada en la discusión, con la introduc- ción de un nuevo grupo llamado por nosotros «Francaiella». Últimamente hemos realizado trabajos sobre la biología de les piroplasmas, idénticos entre sí mismos desde el punto de vista de la morfología. Además, hemos descubierto las garrapatas portadoras de nuevos gé- neros de piroplasmosas, y hemos experimentado con la transmisión de enfermedades por otras garrapatas. A Dennis, 1932, se le debe el gran trabajo en el desarrollo de lapireplasma bigemimim en la garrapata Boophilus annulatus, y a Regendanz y Reichenow, 1933, se le debe el desarrollo de Piroplasma canis en el Dermacentor retictilatus. Con respecto a la ruptura del bazo que se observa en el ganado cerca del Mar Báltico, esto no es más que una suposición. Sergent, 192-1, ha introducido a la diagnosis práctica de las piroplasmosis el método de calcular el tanto por ciento de las diversas formas de parásitos y que hemos llamado más adelante la «fórmula piroplásmica». BelaTeff, 1933, probó diferentes métodos serológicos para diagnosticar la babesiasis, que no alcanzaron resultados específicos. No poca informa- ción se acumuló con respecto a la inmunidad y las condiciones que determinaban el «rom- pimiento> en la inmunidad. Hemos encontrado que los cebús son susceptibles a la infección de las distintas piro- plasmas, y Lestoquard, 1931, estableció los mismos resultados con respecto a los búfalos. Se hizo mucho, particularmente en el tratamiento de las piroplasmosis, en el cual la plata, ma- terias colorantes y productos arsenicales jugaron un papel importante. Se descubrió la po- sibilidad de curar ciertas piroplasmosis que hasta entonces habían resistido todo tratamien- 125 to (nuttalliosis). Se introdujo un nuevo método de protección sancionado por Theiler, usan- do virus seguidos por la inyección de azul de tripán. Este método fué modificado en que en vez de usar virus atenuados, se usaron virus recogidos en el punto culminante de infección; para la protección de los terneros, se usó igualmente sangre en el máximum de virulencia. Sergent y colaboradores, 1924, en Argelia elaboraron un método de inmunización basado en el conocimiento exacto de los períodos alternativos en la virulencia en el vivo, y los di- ferentes intervalos de tiempo que siguen a esta enfermedad. Los caballos fueron tratados con azul de tripán de siete a nneve días después de haber sido echados al pasto. La inyec- ción de azul de tripán, solamente en el ganado vacuno no nos dio resultados positivos. La lucha contra las garrapatas fué introducida en ciertas secciones (ü. S. S. R.) solamente en lo que se refiere a ciertas especies (Boophilus), mientras que en otras secciones la lucha fué inútil en lo que concernió a otras especies (Ixodes ricinus). H . E. HORNBY.—CLASSIFICATION OF PIROPLASMS O F DOMESTIC MAMMALS ( C L A S I F I - CACIÓN D E LOS PIROPLASMAS D E LOS ANIMALES D O M É S T I C O S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r - nacional d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 314-325, 1934. Como un paso hacia la compilación de una clasificación de los piroplasmas que encuen tre universal aceptación, se ha hecho un breve, pero imparcial análisis, de las clasificaciones existentes y se ha preparado la siguiente lista de lo que se cree nombres correctos de las piroplasmas mejor conocidas de los animales domésticos: Lista clasificada de los Piroplasmas mejor conocidos de los mamíferos domésticos: Sub — Orden : Piroplasmidea Familia: Babesiidae Foche, 1913. Género: Babesia Starcovici, 1893. Especies: B. bigemina (Smith y Kilborne, 1893). B. bovis Starcovici, 1893. B. major Sergent, Donatien, Parrot, Lestoquard y Plantureux, 1924. B. caballi (Nuttall, 1910). B. canis (Piaña y Galli-Valerio, 1895). B. gibsoni (Patton, 1910J. B. motasi Weynon, 1926. B. ovis Starcovici, 1893. Género: Nuttallia Franca, 1910. Especies: Nuttallia equi (Laveran, 1901). Familia: Theileriiadae du Toit, 1918. Género: Theilería Bettencourt, Franca y Borges, 1907. Especies: T. parva (Theiles, 1904). T. dispar Sergent, Donatien, Parrot, Lestoquard, Plantureux y Rougebief, 1924 T annulata (Dschunkowsky y I'rodschevich, 1924). T. ovis Rodhain, 1916. Familia: Anaplasmidae. Género: Anaplasma Theiler, 1910. Especies: A. margínale Theiler, 1910. A. céntrale (Theiler, 1911). A. ovis Lestoquard, 1924. P . J. D l J T O I T . — A N A P L A S M O S I S ( A N A P L A S M O S I S ) . — X I I C o n g r e s o Internacional de Veterinaria. L o n d r e s , III, 325-348, 1934- Se hace una breve reseña histórica del descubrimiento de la anaplasmosis y de las obser- vaciones prístinas relacionadas con esta enfermedad. Descríbense también la Anaplasma 126 margínale y la Anaplasma céntrale, esta última considerada como variedad de la primera Otras especies de anaplasmas del ganado {A. argentinum y A. rossicum), se consideran como sinónimos de A. maiginale, Se discuten las diversas teorías presentadas con respecto a la etiología de la anaplasmo- sis y se refuta de modo terminante la concepción original de que la anaplasmosis sea cau- sada por un virus y que la anaplasma se debe mirar como síntoma de enfermedad debida a la acción del virus sobre los eritrocitos, pero se deduce q u e todas las pruebas disponibles desmienten esa concepción. Por último, se enumeran los argumentos en p r o de la concepción de Theiler, o sea que A. margínale es la verdadera causa de la anaplasmosis y se llega a la conclusión de que esa es acaso la teoría que se debe adoptar. A. margínale se considera como verdadero parásito d e la sangre, acaso un protozoo. Considérase ahora el problema d e la transmisión de la anaplasmosis, indicándose que en la naturaleza la garrapata es el único vector. Se nombran no menos de once especies de garrapatas pertenecientes a los géneros Boophilus, Rhipicephalus, Hyalomma, Ixodes y Dermacentor, todas y cada una d e ¡as cuales, según se ha demostrado, pueden transmitir la enfermedad. En cada caso se indica el modo de transmisión en un cuadro. Se analizan otros medios posible de transmisión y se deduce q u e en la naturaleza las moscas no tienen papel vector. Se cita un caso en que la anaplasmosis se propagó en un rebaño después del descornamiento. Se estudia el asunto de la receptibilidad de las ovejas y cabras a la anaplasmosis de los bóvidos, deduciéndose q u e esos animales sólo «conservan» el parásito algún tiempo cuando se les inocula con sangre del ganado. En cambio, varias especies de antílopes (blesbyck, duiker, black wildebeest), pueden infectarse con la A. margínale y acusan Iosparásitos en la sangre. Todos los animales q u e hasta ahora se ha logrado infectar con el A. margínale son de la familia de los Clavicornidae (Bobidae), como el ganado vacuno, el cebú, búfalos, ove- jas, cabras y los tres antílopes ya mencionados. Se describen sucintamente los síntomas y las alteraciones anatómicas de la anaplasmosis. Se hace una breve descripción d e las tentativas q u e se han hecho para tratar la enfermedad, mencionándose los métodos modernos, y se hace referencia a la labor de Parkin, quien pre- coniza el mercurocromo. Se discuten los problemas de inmunidad e inmunización, mencionándose tres métodos: i), el de Theiler, quien usa la raza benigna A. céntrale; 2), el de Lignieres, o sea el pasaje de la raza virulenta por el cuerpo de ovejas, y 3), el de Sergent o «incubación del virus». Hay una breve referencia a la anaplasmosis de las ovejas y cabras, indicándose que en el norte de África la enfermedad parece revestir carácter más grave que en el sur, donde se observó por primera vez en ovejas esplenectomizadas y no tiene papel alguno en la natu- raleza. De Palestina se comunica elevada mortalidad. En cuanto a los llamados anaplasmas en otros animales, se expresa la opinión de que esas estructuras no tienen relación alguna con el A. margínale del ganado o el A. ovis de las ovejas y cabras. En la mayoría de los casos, cuando se mencionan esos cuerpos en la literatura, es como constituyentes normales o patológicos de la sangre. A. K L A R E N B E E K . — LEPTOSPIROSIS-ICTERO UAEMORRHAIUAE (WEILSCHE KRANKHEIS) BEIM HUNDE (LEPTOSPIROS1S ICTERO-HEMORRÁGrCA (ENFERMEDAD DE W E I L S ) EN EL PERRO).—XII Congreso Internacional d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 349"357> 1934. La enfermedad de Weil, o leptospirosis icterohemorrágica, es frecuente entre los perros en Holanda. Esta enfermedad es de importancia desde el punto de vista de medicina com- parativa, porque la leptospirosis corresponde tanto morfológica como biológicamente a la enfermedad en el hombre. La infección del hombre por el perro debe considerarse como 127 cosa posible. Desde el punto de vista de medicina veterinaria, esta enfermedad es impor- tante debido a que los síntomas variables que presenta y la gravedad de los trastornos del hígado y el riñon, hacen difícil la diagnosis diferencial entre éstas y otras dolencias. Por ese motivo, en muchos casos de enfermedad interna, es necesario recurrir al examen para de- terminar la presencia de la leptospir *y^ OTTO NIESCHULZ.—AFRIKANISCHE PFERDESTERBE ( P E S T E EQUINA AFRICANA).— X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 3 5 8 3 7 1 , 1934. Hasta ahora no se ha descubierto el modo de infección natural de la peste equina. Las observaciones epizoológicas originales, como ausencia de infección por contacto, protección prestada por los establos, restricción de la enfermedad a la estación lluviosa, re- lación entre el grado de precipitación y la gravedad del brote, observaciones que en parte se ponen hoy en duda, incriminaban al mosquito como transmisor probable. Sobre la base de observaciones personales realizadas en campaña en Onderstepoort {Transvaab, se creyó que los mosquitos de los géneros Aedes, Mucidus y Anoplitles eran los principales vectores. De los extensos experimentos conducidos, en los cuales se pusieron mosquitos infecta- dos con los caballos, a intervalos diversos, produciendo 1.311 picadas, y se emplearon más d e 2.000 ejemplos para inyecciones, se pudo probar que el virus sobrevive muy poco tiem- p o en las diversas especies del cúlex y que, por lo tanto, el mosquito no se puede conside- rar vector. Se pudo infectar animales pequeños de laboratorio, como ratones, ratas y cobayos, con el virus de la peste equina p s r medio de inyecciones cerebrales. En la actualidad se ha pasado un tipo por cien generaciones d e ratón. La duración me- dia de la enfermedad fué de cinco a seis días y la mortalidad llegó casi al 100 por 100. En el ratón el virus acusó neurotropismo; no se pudo demostrar en la sangre. Su adaptación a las ratas fué más difícil, pero produjo igualmente una mortalidad de 100 por 100. La duración media de la enfermedad fué de catorce a quince días. El virus se comportó también de modo exclusivamente neurotrópico. En el cobayo el virus se pudo demostrar con regularidad en el cerebro, pero sólo par- cialmente en la sangre. Después del pasaje del virus por el cuerpo de ratones, disminuyó su virulencia para el caballo. A los 74 pasajes continuaba inadecuado para la inmunización. El virus conservó su naturaleza septicémica para el caballo aun tras prolongados pasajes por ratones. Sin duda la posibilidad de transmitir el virus de la peste equina a los animales pequeños de laboratorio, ha de facilitar de modo extraordinario las investigaciones ulteriores sobre la peste equina africana. C . H . P E K A R D . — L E S COCCIUIOSES ANIMALES. C O N S I D E R A T I O N S SUR LA BIOLOGIE DES COCCIDIES ( L A S COCCIDIOSIS ANIMALES. C O N S I D E R A C I O N E S SOBRE LA BIOLOGÍA DE LAS C O C C I D I A S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 7 8 - 9 1 , 1934- La biología de la coccidia revela el modo racional de combatir las infecciones produci- das por esos parásitos, fundado en las ideas siguientes: Los oocistos eliminados con los excrementos no son infecciosos inmediatamente. Para «madurar» necesitan condiciones favorables de temperatura (de o° a 38° C ) , humedad y aireación. La duración mínima del proceso de segmentación del oocisto varía de treinta horas a varios días, de acuerdo con las especies. La remoción de los excrementos y de las materias 128 sucias antes de transcurrido ese tiempo, impide que se contaminen los animales suscepti- bles y se reinfecten. Los oocistos pueden conservar su viabilidad más de un año e n medios húmedos, sin in- fección y a temperatura de o° a 38 o C. Las temperaturas mayores de 40 o C. y la congelación, los matan. A la temperatura ordinaria son igualmente destruidos por desecación que, bajo condiciones naturales, parece ser el principal agente de destrucción. Para segmentarse y conservarse vivos, los oocistos necesitan oxígeno. Xo se desarrollan en el tubo digestivo después de la muerte. La fermentación impide o arresta la segmenta- ción y mata prontamente los oocistos. Un medio práctico de destruir el parásito es enterrar- lo en estiércol y materias infectadas. Aunque los oocistos son sensibles al influjo de agentes físicos, resisten la acción de los productos químicos habitualmente empleados como antisépticos enérgicos. Por el contra- rio, esos agentes fomentan su evolución y conservación, porque al destruir los microorga- nismos, esterilizan el medio en q u e se encuentran. Parece haberse establecido que la coccidia es limitadamente específica para las especies animales, ya que cada especie es receptible a sus propios parásitos. La enfermedad se puede conservar en los criaderos p o r medio de adultos, al parecer sanos, que albergan los parásitos en el tubo digestivo. Las crías se infectan con más fre- cuencia p o r contacto con la madre después del destete. Los oocistos ingeridos por las especies n o susceptibles, pasan por el tubo digestivo como cuerpos extraños inertes y se recobran de las heces sin que hayan sufrido alteración algu- na. pero todavía infecciosos para huéspedes susceptibles. Es, pues, aconsejable, alejar todo lo posible de los criaderos los animales domésticos y silvestres que puedan llevar la in- fección. El tratamiento de los pacientes es tarea delicada, que rara vez da buen resultado. Es di- fícil llegar a los parásitos intracelulares sin destruir también el epitelio intestinal. Parece más indicado orientar las tentativas hacia la obtención de un p H intestinal desfavorable al desarrollo del parásito. El tratamiento por medio de un régimen lácteo exclusivo, sin otros medicamentos, recomendado p o r Carré, es digno de experimentación. Los animales que curan adquieren resistencia a las infecciones subsiguientes, una espe- cie de verdadera inmunidad parcial. El grado de inmunidad varía con las especies de parásitos, la especie y edad del animal y la intensidad y recurrencia de la infección. Teóricamente, la vacunación específica contra la coccidia parece posible. En la actuali- dad no existe ninguna verdadera vacuna. M A U R I C E C. H A L L . — 1 .JEKAPEUTICS OK WORM DISEASES ( T R A T A M I E N T O D É L A S E N - FERMEDADES P A R A S I T A R I A S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n - d r e s , III, i - 1 9 , 1 9 3 4 . Un estudio del extenso asunto del control de los parásitos de los animales domésticos- indica que en la actualidad los métodos de control son, principalmente, de un orden de pro- cedimientos en pequeña escala, locales, voluntarios y de limitado valor. Tales prácticas dan alivio inmediato en casos de urgencia, pero solamente conducen a interminables repeti- ciones y considerables gastos. Estos procedimientos no envuelven un conocimiento adecua- do del hecho de que los parásitos sostienen constante y efectiva guerra en contra de nos- otros y de nuestro ganado, y que nosotros debemos hacer guerra efectiva contra ellos y no debemos tratar nuestros problemas de control de parásitos como sucesos deportivos q u e requiriesen la destrucción anualmente del exceso de la población de parásitos. En la guerra contra nuestros parásitos, tales métodos permiten que estos se esparzan por los países donde prevalecen y que vayan de una región a otra en el comercio internacional, hasta que se 129 conviertan en cosmopolitas, como mucho de ellos lo han hecho y como la mayoría, aparen- temente, lo seguirán haciendo. En algunos casos se han llevado a cabo campañas obligatorias por toda la nación. En varios de estos casos se ha conseguido la erradicación y en otros ya se observa la erradica- ción. En el caso de la erradicación de la fiebre transmitida por garrapatas y de los piroplas- mas de la fiebre del ganado del sur, el gasto de erradicación probablemente sería menor que as pérdidas causadas anualmente por los parásitos. Tales resultados indican, en forma muy definitiva, la necesidad de operar en gran escala para lograr el control efectivo de los pará- sitos, e indican que tales operaciones sostenidas por relativamente grandes desembolsos por cortos períodos de tiempo, se pagan por sí mismas muy pronto, mientras que las operacio- nes en pequeña escala no consiguen control real y tienen que repetirse indefinidamente para dar limitados beneficios en los lugares donde los parásitos están haciendo el mayor daño. A este respecto debemos recalcar el hecho de que el asunto del control de los parásitos es un tópico especial que abarca un conocimiento de la aplicación segura de una g r an variedad de principios en parasitología, medicina, agricultura y asuntos relacionados, y como tal re- quiere consideración especial. La diseminación de parásitos en el comercio internacional exige acción internacional» como lo ha' indicado Skrjabin. Tal acción internacional requiere cooperación internacional para evitar daño indebido al comercio internacional. Ciertos procedimientos de gran utili- dad general en el control de enfermedades, tales como el uso de sistemas de cloacas y de inspección de carnes, están controlando algunos parásitos, aunque no se ha prestado espe- cial atención a su valor para este propósito. Condiciones desfavorables que confrontan a nuestro programa de control de parásitos ncluyen el excesivo nacionalismo, la existencia de muchas unidades locales gubernamenta- les, lagunas en nuestros conocimientos debidas a insuficiente trabajo de investigación y negligencia general de usar los métodos de control ya establecidos como métodos valiosos. La magnitud de nuestros problemas de control todavía no se ha podido estimar o apre- ciar debidamente. Las condiciones favorables para el desarrollo de nuestro programa incluyen el aumento del trabajo de investigación e interés en la parasitología, la elevación del nivel de cultura general, el mejoramiento del estado económico fundamental del mundo y la existencia de grandes grupos de veterinaria o zoología interesados en parasitología y en el control de parásitos. El asunto del control de parásitos cuando se visualiza y dramatiza en forma de guerra, se hace más claro en cuanto a su magnitud y a la metodología que debemos des- arrollar. Urge la formación de un Comité internacional para el control de los parásitos del ganado, como un movimiento de gran valor para hacer acopio de conocimientos, formu- lar programas y sentar las bases para una cooperación efectiva. La terapéutica debe tenei en cuenta tanto la helmintiasis clínica como la zoológica. La medicación antihelmíntica es de valor en ambas condiciones, en lo que se refiere al control de parásitos. Además de esto, la helmintiasis clínica puede invocar con ventajas a la terapia adjutora, tal como atención especial a la dieta, incluyendo vitaminas, el uso de ciertos mi- nerales y los tónicos. Se requiere terapia especial para el tratamiento de las helmintiasis en el estado invasor. La terapia antihelmíntica se preocupa del desarrollo de tratamientos últiles y prácticos y del desarrollo de una base científica segura para trabajos futuros. Como parte de esta base debemos tener mayor información sobre la correlación entre la eficacia antihelmíntica y las propiedades químicas y físicas de los antihelmínticos y mayor conocimiento de cómo exac- tamente los antihelmínticos atacan los gusanos. Necesitamos drogas más efectivas contra los gusanos pequeños del tubo digesti- vo; necesitamos mejores drogas o técnicas para la expulsión de las [tenias, y necesita- mos drogas efectivas en contra de los acantocéfalos. Hemos tenido éxito inesperado en el desarrollo de drogas eficaces en diversas helmintiasis somáticas. Hay razones teóricas de i30 por qué el tratamiento medicinal de ciertas infestaciones somáticas causadas por tenias promete poco para el futuro, y razones de p o r qué el tratamiento medicinal de las infesta- ciones somáticas, con la mayor parte de los demás gusanos, promete éxito. T H O M A S W . M. C A M B R Ó N . — I M M U N I T Y AOAINST ANIMAL PARASITES (INMUNIDAD CONTRA LOS PARASITOS A X I M A L E S ) . — X I I C o n g r e s o I n t e r n a c i o n a l d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 4 4 - 6 5 , 1 9 3 4 . Los mecanismos de resistencia del cuerpo contra parásitos animales no parecen diferir fundamentalmente de los evocados contra bacterias y virus, pero su método de ataque, que se discute, es tan distinto, que frecuentemente sus manifestaciones son considerablemente alteradas. Además, nuestro conocimiento actual del asunto es todavía fragmentario y con- fuso. Parece posible, no obstante, resumir nuestros conocimientos actuales en los términos siguientes: Los animales son naturalmente inmunes a los parásitos de animales fisiológicamente no relacionados, aunque ciertos vermes parecen tener vastos requisitos fisiológicos; por ejem- plo, los géneros Fascwia, Trichinella y el Echinococcus en su período larval. Bajo ciertas cir- cunstancias, puede destruirse la inmunidad natural. Los animales son naturalmente tolerantes a los efectos de sus propios parásitos, pero esta tolerancia puede desaparecer fácilmente por causas adversas; tienen menos tolerancia a los parásitos anormales. Los animales frecuentemente se preinmunizan contra sus propios parásitos; esta previa inmunidad puede romperse p o r causas contrarias como falta de alimentos, aglomeración. otros parásitos, etc. Este es un método común de resistencia a los protozoos; 110 estamos tan seguros de su efecto contra los metozoos. Los anima'es, a veces, son susceptibles a parásitos propios de animales relacionados fisio- lógicamente; con frecuencia en ciertas edades manifiestan resistencia a estos parásitos igual que a otras especies anormales o recientemente introducidas. Todavía hay pocas pruebas de verdadera inmunidad adquirida contra parásitos helmín- ticos y aunque la Theilería produce una inmunidad estéril y el coccidio puede también ha- cerlo; por lo general, la pre-inmunización es el único medio de resistencia a los protozoos. En la práctica, la pre-inmunización artificial sólo puede producirse contra la Babesia. Parece posible que la hipersensibilidad es una reacción defensora normal del cuerpo. Ese fenómeno se ha usado con éxito paia la diagnosis. Algunos de los cambios serológicos observados no parecen estar relacionados con las reacciones de defensa, pero algunos lo están. No hay evidencia (con la dudosa excepción del Sarcocystis) de que algunos d e los parásitos animales produzcan una toxina verdadera y las -proteinas extrañas» introducidas por ellos en el cuerpo, son probablemente secreciones y excreciones normales. Si los anticuerpos producidos en respuesta a las secreciones nor- males inhiben su acción, pueden también evitar que los parásitos obtengan y digieran ali- mentos y, por consiguiente, actúan como un mecanismo de resistencia. Otros anticuerpos, especialmente en los protozoos, actúan interviniendo en la producción, o posiblemente en otra forma parecida. Los eosinófilos, evocados en respuesta a la presencia de proteinas extiañas, parecen tomar parte activa, aunque todavía no bien comprendida, en la defensa contra los parásitos metazoarios y sus efectos. K. J. SKRIABINE.—Le PROBLEME D E LA DESHELMINTHISATION D E S ANIMAUX A L ' U . R . S . S . ( E L PROBLEMA D E LA DESHELMINTISACIÓN DE LOS ANIMALES E N LA U. R. S. S.).—XII C o n g r e s o Internacional d e V e t e r i n a r i a . L o n d r e s , III, 20- 43> 1 9 3 4 - El procedimiento de deshelmintisación aplicada hacia la exterminación de los helmintos •3i en el organismo del animal, como en otras localidades, está considerado por nosotros prin- cipalmente como una acción profiláctica, representando uno de los elementos de todo el complexo de medidas empleadas en la lucha contra las helmintioses. Entonces, delineamos la posición relativa de esta cuestión en la U. R. S. S. y dilucidamos los métodos de deshel- mintización redactados con respecto a diferentes animales y a diferentes helmintiasis. Fija- mos la atención en la necesidad del restablecimiento de la erudicción helmintológica de hom- bres de ciencia veterinaria de varias clases, así como de la larga masa de población. Sobre todo, es necesario organizar catedráticos de parasitología en todas las Escuelas Veterinarias superiores. Enfin,adelantamos las siguientes proposiciones: 1. En particular, una normalización de la'nomenclatura veterinaria-helmintológica in- ternacional, y la proposición de designar todas las helmintiasis de acuerdo con las designa- ciones de los géneros de los organismos implicados. 2. Convocar un Congreso Internacional Helmintológico, y la creación de una Asocia- ción permanente internacional helmintológica. AUTORES Y LIBROS Análisis crítico UN VIEJO MEDICO R U R A L . — L A CLÍNICA. HISTORIA DE JUAN PÉREZ, MEDICO RU- RAL, CONTADO POR ÉL MISMO.— Un volumeu de más de 300 páginas, con cubierta a dos tintas. (*) Ha sido muy elogiada la idea de reunir en un tomo los veinticinco capítulos, publicados en las páginas de La Clínica, q u e constituyen la Historia de Juan Pérez, médico rural, contada por él mismo, escrita por el compañero que firma sus trabajos literarios con el seudónimo d e «Un viejo médico rural». La Historia de Juan Pérez es un libro excepcional por las materias d e q u e trata, por su veracidad e interés y por las galas literarias con q u e lo exorna la pluma de nuestro viejo colega. No se ha publicado nada semejante en la litera- tura contemporánea de nuestro idioma. U n o d e sus temas principales es la exposición de los métodos didácticos soportados p o r el protagonista en la escuela de primeras letras, en el Instituto y en la Facultad de Medicina. Desde este punto d e vista considerada, la His- toria de Juan Pérez quedará como un documento histórico inapreciable para conocer lo absurdo de los procedimientos docentes de aquellos tiempos, hoy abandonados, aunque no en la proporción que desearíamos. Este asunto árido y monótono de sí, lo desarrolla el autor con tal maestría y amenidad que lo convierte en un motivo de encanto y embeleso, y nos evidencia a través de sus bellezas literarias y adecuados modos de expresión, lo irracional de aquellos métodos y procedimientos. Algunas de estas páginas las hemos leído con la emoción de los recuerdos d e nuestra infancia y adolescencia y nos reconoce- mos como víctimas d e sucesos análogos a los que nos refiere tan admirable- mente «Un viejo médico rural». (*) Los lectores de La Clínica pueden pedirlo a la administración de dicha revista, Ram- taluña, 97, i.°, Barcelona, remitiendo 5 pesetas en sellos de correo de su pais, cual- éste sea, y lo recibirán franco de portes en su domicilio por correo certificado. "32 Y si en la narración d e estos hechos triunfa plenamente, calcule el que leye- re qué no sucederá cuando nos relata episodios de la vida escolar que se pres- tan a más pintoresca y amplia descripción. Al más destacado novelista le sería difícil alcalzar los tonos de fidelidad expresiva, vigor descriptivo y gracioso d o - naire con que nos cuenta la huelga estudiantil, la agresión a los que querían «entrar en clase» contra la opinión general, la fiesta de apertura de curso y tantos otros sucesos en los que todos hemos intervenido como actores y en los que vibraba el dinamismo incoercible de las primeras edades de la vida. Terminados sus estudios el novel médico tiende su mirada hacia los incier- tos horizontes del porvenir, y hallando rápidamente cumplida satisfacción sus deseos de convertirse por lo pronto en médico rural, se dirige a un partido mé- dico. Todo esto lo describe «Un viejo médico rural» en cinco admirables capí- tulos, con tal riqueza d e matices y con tales acentos de realismo, que dudamos se haya escrito nada que le sobrepase. El capítulo final contiene sutiles disqui- siciones filosóficas, propias de las más elevadas especulaciones de la mente hu- mana, y la escena final del libro es de un hondo y sentido dramatismo que con- mueve intensamente; una escena que hemos contemplado los médicos muchas veces con el ánimo conturbado y el corazón dolorido. Tal vez se objete que el autor se detiene demasiado y quizá se regodea en la descripción de errores didácticos. No en tono d e censura y complaciéndose en ello se escribió este libro, sino como acicate para la rectificación y como aviso bien intencionado d e los sirtes y bajíos de nuestra enseñanza. Esta historia es una pintura exacta y minuciosa, probablemente de su pro- pia vida, hecha por un artista de la literatura. De aquí su verismo, sus detalles realistas, sus escenas interesantísimas y su amenidad, llegando ésta a tan alto grado que el libro se lee hasta terminarlo sin interrupción y lamentando acabe tan refinado deleite intelectual. El estilo y el léxico empleados por el autor son d e tal manera correctos, finos y depurados, que le acreditan como un puiista de nuestro idioma; y los sucesos escabrasos o bajunos con que necesariamente se ha de tropezar, los re- lata con tal habilidad y con tal dominio del lenguaje, que el avisado lector los adivina o advierte, sin que a b a n d o n e la pulcritud de su extenso léxico ni su constante elegancia espiritual. Este libro está llamado a tener un éxito formidable. Deben leerlo todos los médicos que conozcan el habla española. Y no sólo los médicos sino también toda persona culta, para las que hay en sus páginas sugerencias e ideas de valor inapreciable. Y aunque le hemos dedicado no escasos pero bien merecidos en- comios, réstanos formular el más importante. La Historia de Jt-.an Peres es obra de un auténtico médico, es decir, de uno de esos parias de la profesión que cumplen su misión social y ganan su sustento pasando diariamente largas horas, no en confortable despacho burocrático ni en bien instalado y lujoso consultorio, sino en ese lugar de potro mental y de suplicio de nuestra sensibi- lidad moral que se llama la cabecera del enfermo. Y tras este agotador trabajo, cuando llegan los momentos del merecido y necesario descanso, todavía halla fortaleza en su cuerpo y arrestos en su ánimo para verter en el papel estas pri- morosas descripciones de la vida estudiantil y profesional que ha guardado largos años en el fondo de su memoria. Paguemos este refinado deleite que nos produce libro tan extraordinario con una inmarcesible gratitud a su autor y le roguemos que saque a la luz pública otros como el que comentamos, que tanto enaltece a quien lo ha es- crito. '33 PROF. CREW.—GENÉTICA ANIMAL.— Una introducción a la ciencia zootécnica. Un volumen (22 X i<^)> de 44b páginas y 6 j figuras. Versión española, puesta al día, por don Gregorio Ferreras. Editada por: La Nueva Zootecnia. Precios, 15 pesetas. Pedidos: Santa Engracia, 118, j.°, A. Madrid. La obra que veníamos editando sobre Genética Animal, ha tenido la virtud, desde los primeros pliegos repartidos, d e despertar un extraordinario interés en la juventud estudiosa, tanto en la que vive aún en las Escuelas como en la que prepara sus trabajos de ampliación con vistas a oposiciones. De unos y otros, hemos recibido invitación de acelerar la publicación que teníamos entre manos, y sin reparar en el esfuerzo, que ha sido extraordinario, hemos querido satisfacer a los que tanto necesitan d e esta moderna publi- cación. Nada hemos d e decir por nuestra cuenta de su contenido científico, pero sí creemos oportuno presentarla al público español, con los prólogos que la en- cabezan, que ellos dicen por sí solos, con la más cumplida elocuencia, lo que la Genética Animal, del profesor Crew, significa: «.Prólogo de los editores ingleses.—El aumento de especialidades en las inves- tigaciones biológicas, ha imposibilitado a muchos autores tratar los problemas adecuadamente con arreglo a las últimas adquisiciones científicas. Ha ¡legado a constituir un hecho de considerable dificultad en los investigadores principian- tes, conseguir una idea correcta del actual estado d e un conocimiento en el que está interesado. Por hacer frente a esta situación, los libros de texto han sido sustituidos por las monografías. El objeto de la presente serie (1) es proporcionar informes autorizados de lo que se ha llevado a cabo en algunos d e los diversos ramos de la investigación biológica y al mismo tiempo conceder a aquellos que han contribuido notable- mente al desenvolvimiento científico en una particular esfera d e acción, una oportunidad para presentar en una forma más extensa los resultados d e sus ad- quisiciones dispersas a través de revistas científicas, mostrando, al mismo tiem- po, sus relaciones con los problemas resueltos y con los que están sin resolver. La generación actual presencia un «retorno a la práctica de los remotos tiempos en que la fisiología animal no se hallaba todavía divorciada de la mor- fología». Actualmente, se observan notables progresos en el campo d e la fisio- logía general, de la biología experimental y en la aplicación de principios bio- lógicos a problemas económicos. En esta serie se intenta, por estas razones, re- presentar a las investigaciones biológicas puras y aplicadas.—F. A. E. Crew. D. W. Cutiera «Prefacio a la edición española.—Es muy satisfactorio para mí, naturalmente, la decisión d e trasladar al español mi Animal Genetics, porque, una vez tra- ducido, ayudará a muchos más ganaderos, a los que yo me complazco en pen- sar les he suministrado una mayor comprensión a sus dificultades embarazosas. No d u d o será así. Me agrada expresar al doctor Gregorio Ferreras, traductor muy competente de mi libro, mi sincera gratitud. Espero que la tarea que ha emprendido le p r o - porcionará un placer idéntico al mío, no sólo al escribirlo, sino también con el provechoso contacto con los ganaderos y criadores que el libro hace posible.— F. A. F. Creiv. (I) Refiérese a una colección de libros sobre estas disciplinas, del cual el Animal Ge- netics es el número tercero.—N. del T •34 «Prólogo a la edición española.—Frecuentemente se oye decir que el suela español, como asiento de producción agro-pecuaria, es de una fertilidad envi- diable y capaz d e dar abundantes cosechas d e las más variadas especies vegeta- les. Los que así hablan creen, sin duda, que España entera es una simple con- tinuación de la región valenciana o de las riberas del Ebro, donde el naranjo y el árbol frutal han sido voluntariamente sustituidos por el olivo y la vid y las legumbres y las flores por el trigo y Ja cebada castellanos. ¡Ojalá fuera así! Des- graciadamente la realidad es distinta. Si España tiene zonas verdaderamente privilegiadas en las cuencas de algu- nos ríos y en muchas de las costas, no hay que olvidar que nuestro pais es d e los más altos de Europa y que la inmensa mayoría del territorio, constituido por las altiplanicies, mesetas y montañas áp\ interior, es relativamente pobre. Esta pobreza está acentuada por un clima continental, frío en invierno y de ex- tremado calor en verano y, sobre todo, por el clima seco, con una precipitación d e lluvia anual inferior a 400 milímetros, de los que frecuentemente ni una sola gota cae en el período de crecimiento de las plantas, que es en el que más se precisa, no sólo por la mayor necesidad de la vegetación, sino también por la intensa evaporación a que da lugar el calor y los vientos en esa época. No hay, pues, que extrañarse que con un medio tan adverso nuestra agricultura y gana- dería hayan tropezado siempre con serias dificultades para su desenvolvimiento y avance. Los inconvenientes de la tierra pobre, cuando ésta tiene suficiente profun- didad, quedan sensiblemente aminorados en las regiones y países de veranos lluviosos, no sólo por el agua, sino por el abono orgánico (factor principal) q u e a esa tierra se incorpora, gracias a! tríptico de toda agicultura sana: «forrajes- ganadería estiércol;». Pero las tierras secas del interior de España no cuentan con la lluvia veraniega para dulcificar su pobreza. De ahí que las clases directo- ras hayan pensado en el riego como medio de sustitución del agua pluvial, en la sana intención de que éste es el único camino d e acrecentar nuestras pro- ducciones unitarias. Es la célebre política hidráulica que a cada paso surge en las esferas oficiales. Y ello preocupa grandemente porque son obras de m u c h o costo y después de realizadas resulta que existiendo tierras regables muchas d e ellas no se riegan. El regadío—las obras de riego—constituyen, desde luego, una mejora. P e r o en una economía normal y más en una economía privada, como es la agricultu- ra y la ganadería, las mejoras han de ser rentables. Y es muy discutible que los riegos en masa, en el momento actual y en nuestro pais, cumplan esa condición, si se destinan a un cultivo cualquiera. A este respecto podemos clasificar los cultivos en tres categorías: l.°, pro- ductos que importamos y que se pueden producir en España con relativa eco- nomía; 2.°, productos que exportamos y que otros países no pueden obtener por carecer de las zonas privilegiadas que nosotros poseemos, y 3. 0 , productos d e producción y c o n s a m o interior. Para los dos primeros grupos el riego puede ser rentable siempre que los primeros estén defendidos por el arancel y los se- gundos no encuentren dificultades para su salida de España, ni su salida per- turbe nuestro avance industrial con importaciones de cosas manufacturadas. Por eso, mientras que la industria azucarera estuvo aquí en gestación tuvie- ron los riegos razón de ejecutarse, ya que ello permitía el cultivo de la remola- cha azucarera a base de g r a n d e s cosechas y altos precios. Nuestra economía lo exigía así en aquel momento. Y quizá lo exija todavía en un futuro próximo el cultivo del algodón y hasta es posible que el cultivo de algunos árboles frutales para la exportación de fruta fresca o en conserva. 135 En cambio par» los productos del tercer grupo que sean obtenibles en el secano—cereales y leguminosas, principalmente—el regadío, hoy por hoy, es equivocado, mientras no aumente nuestra población y nuestras necesidades en dichas materias. Conviene, en efecto, tener presente, que la población de Espa- ña es bastante reducida y reducidas también nuestras necesidades alimenticias e industriales. Un aumento súbito del volumen de la producción en estas mate- rias de consumo interior traería consigo un excedente que sería imposible de consumir y sobrevendría la consiguiente lucha de precios, en la que el regadío podrá competir con el secano de extremada pobreza de suelo no agrícola, pero nunca con el secano normal, máxime si este secano se mejora y se completa con adecuadas producciones animales. Si alguna vez ese excedente se origina— como ha ocurrido ya—es difícil asegurar si no perjudica a la economía más que la beneficia. Desde luego que su exportación es imposible porque nuestra pro- ducción es de las más caras del mundo. Ahí es donde se encuentra precisamen- te la clave de la situación. A la formación d e esa carestía podrán cooperar la usura en el crédito y en el precio de los arriendos, así como el riesgo que su- pone el.monocultivo cerealista cuando esa única cosecha falla por una circuns- tancia cualquiera, pero su p-incipal origen está en la pequeña producción que se obtiene por hectárea. El riego puede aumentar esa producción pero a costa de muchos mayores gastos que difícilmente harían disminuir el coste del quintal métrico, si al agua no se unen otros elementos, tales como el empleo de mejores semillas y varie- dades, el sostenimiento de una ganadería rentable, que permita la aplicación d e abonos gratuitos, mejores rotaciones y métodos de cultivo, etc.; conjunto de factores que componen un plan intensivo de explotación para el que no está preparado el campo y menos el campo alejado de las ciudades y de las vías de comunicación, ni encuadra todavía en nuestro sistema, aun cuando dentro de medio siglo o de un siglo llegue incluso a ser necesario. Verdad es que el agua es el elemento que se encuentra al mínimum en la mayoría del pais, pero no es lo único de que carecemos, ni es sólo el riego el que nos puede proporcionar. Los elementos colaboradores del agua que acabo d e citar, son, a mi juicio, los que de momento deben resolver el problema. Los métodos de cultivo que permiten el almacenamiento de las lluvias y el aprove- chamiento de los rocíos y la distribución de esa humedad, por sistemas adecua- dos de siembras o de escardas, es un factor que puede contrarrestar los efectos naturales de la sequía y aumentar las producciones unitarias actuales en cierta medida y en forma económica. Pero aparte de éste, existen otros dos elementos que son resortes formidables para sustituir el agua: una es la obtención de va- riedades que, por su precocidad o por otros rasgos fisiológicos, precisan meno- res cantidades de humedad para formar una cosecha dada, o sea la obtención d e variedades resistentes a la sequía. Es la Genética. La otra se refiere a la mejora de las condiciones físicas, químicas y microbianas del suelo, por la incorpora- ción de estiércol, el cual, además de los elementos nutritivos vegetales y de ma- teria orgánica, aporta coloides capaces de retener también el agua. Es la Gana dería. No es, pues, el regadío en masa la política que precisamos por el momen- to, sino Genética y Ganadería en el secano. Aparte de todas esas consideracio- nes hechas exclusivamente para las tierras regables, no se nos debe escapar el hecho de que secano es la inmensa mayoría de nuestro suelo agrícola, y aun cuando no sea más que por esa sola razón, es lo primero que debemos construir. La Ganadería tiene en España una función directa que desempeñar para el abastecimiento de muy diversos productos. Basta recordar aquí tan solo la enor- me cantidad d huevos que importamos o la lana que precisan nuestras indus- 136 trias y que en gran parte viene del extranjero, ya que, por ser muchas de nues- tras calidades inadecuadas para ese fin, sólo encuentran mercado en la expor- tación la leche, que no se consume en el interior porque no se producé, y la lista de otros muchos artículos innecesarios de citar. Pero si esa función directa es de interés, la indirecta d e suministrar abonos es, de momento, tanto o más importante. En ese aspecto el ideal es producir estiércol gratuito con una ganadería rentable en sí, es decir, una ganadería que produzca beneficios cumpliendo las- dos funciones. Pero la ganadería es una industria complicada y difícil, mucho más difícil de lo que la gente se supone y no siempre rinde una utilidad directa. Si ese ha d e ser el ideal, basta, sin embargo, en buen economja, que la utilidad sea mínima siempre que pague todos sus gastos y deje el estiércol libre. Comprenderá ahora el lector que la tarea es larga y está llena de dificulta- des, tanto en el terreno técnico como en lo económico. Primeramente se preci- sa alimentación, plantas forrajeras adaptadas a la sequía y a nuestro suelo, que permitan el sostenimiento de los animales en estabulación o en semiestabula- ción. Y luego una ganadería igualmente adaptada a nuestro medio ambiente y de una producción adecuada a nuestras necesidades. Huelga decir que ambas partes, pero principalmente la segunda, entran en el terreno de la Genética. La aparición del libro de Crew, Genética Ardiñal, en lengua española, ha de facilitar mucho la orientación y la iniciación de la labor a realizar. Precisamente los problemas ganaderos españoles, aparte de su aspecto económico, son pro- blemas de mejora de la calidad d e nuestros animales. En otros paises, puede bastar en muchos casos la simple importación de un raza para sustituir a la raza indígena, en la casi seguridad d e que está ya más o menos adaptada al nuevo pais por la similitud de sus condiciones ambientales. Tal ha ocurrido, por ejem- plo, con la raza holandesa en los Estados Unidos y en España en la provincia de Santander o con la Switz en otras regiones. Pero no es ese el caso general de España, d o n d e el clima y la alimentación son completamente distintos de los paises que poseen ganaderías mejoradas. Recuérdense la raza porcina de Ex- tremadura o de Andalucía, nuestro ganado lanar trashumante o nuestras razas bovinas que resisten como ningunas el hambre y el sol. De ahí que la mayoría de las importaciones hayan fracasado entre nosotros por tratarse de razas exce- sivamente exóticas. Ante todo y sobre todo, debemos intentar la precocidad y el aumento d e producción y calidad de nuestra propia cabana como única primera materia. De abandonarla o deshacerla por cruzamientos espúreos perderíamos la cantera de d o n d e ha de salir el edificio de nuestra ganadería, sin que jamás puede vol- verse a recuperar. Pero no soy yo el indicado para hacer tales recomendaciones y menos al presentar al público español la obra maestra en materia de Genéti- ca Animal. Su autor, el varias veces doctor F. A. E. Crew, es hoy, a pesar de su juven- tud, la figura de mayor relieve en esta materia. Los que hemos tenido ocasión de visitar su departamento o Sección de Investigaciones de mejora animal, que dirige en la Universidad d e Edinburgh (Escocia), podemos dar fe del valor de la escuela que ha formado y de la influencia decisiva que su autoridad ejerce hoy en las orientaciones ganaderas de un pais, de tanto abolengo ganadero como es la Gran Bretaña, patria de los Collins y de Backewell, de Booth y de Bates y de tantos otros creadores únicos de las mejores razas. El libro no es ningún tratado d e Zootecnia. Es «una introducción a la cien- cia zootécnica:;, como expresa el título original de la obra». «Este libro—dice su autor—se ha compilado con el fin de proveer al ganadero de un breve cóm- '37 puto de lo que ha realizado ya, y de lo q u e está realizando el genetista.» Y más- adelante añade: «Dejad al ganadero que se empape bien de la labor hecha y d e la cual este libro se propone ser la cartelera, y con seguridad reconocerá q u e los avances futuros en zootecnia los llevará a cabo el hombre que, experimen- tando en el arte de la ganadería, posea un conocimiento perfecto d e la ciencia de la Genética.» Conviene, al paso, advertir que el libro no trata en absoluto de casos hipotéticos, sino que todo él constituye una descripción de hechos reales d e la experimentación y d e la práctica, muchos obtenidos por el propio autor, principalmente en materia de determinación y fisiologú del sexo, en cuya especialidad, el doctor Crew personalmente figura entre los más altos investi- gadores. Los traductores señores Arciniega y Perreras, buenos amigos y compañeros míos, han cumplido con un alto deber; pero han contraído también un mérito, no solo por el acierto tenido en la elección del autor y del libro, que nos hacía falta, sino también por la escrupulosidad que han demostrado al traducir el ori- ginal inglés. E n este trabajo penoso ha colaborado, con un interés digo de imi- tarse, el ilustre médico de Bilbao, doctor Justo Gárate, entrañable amigo y pai- sano mío, quien, versado ya en estas materias y conocedor de la lengua inglesa, ha tenido la vigilancia de la traducción y del adecuado empleo de los términos técnicos de la obra. Creo que el libro es una adquisición para el público de lengua española, para la Genética y para la Ganadería. Solamente le deseo la misma acogida entre nosotros como tuvo el original en el público mundial.» —Cruz Gallástegui Misión biológica de Galicia. H A L D A N E r H U X L E Y . — B I O L O G Í A ANIMAL.— Un volumen de (20 X fs) de 412 páginas 121 grabados. Editor: Manuel Aguilar, Marqués de Urqui/o, jg, Madrid. Este librito. de biología amena, ha sido traducido del inglés por el señor López Valencia y enmarcado dentro d e lo elemental constituye una obrita d e extraordinaria utilidad y de lectura muy agradable. Redactada con la pauta de un curso científico, breve, comprende las doce lecciones siguientes: Introducción. Desarrollo y herencia. Cambios d e materia y energía. Trans- porte en el cuerpo. El sistema nervioso. Regulación orgánica. El medio interno. Fisiología del desarrollo. Los métodos de evolución. Progresos generales d e evolución. Resultados de la evolución. El reino animal. Los invertebrados. El reino animal. Los vertebrados. Termina la obra con un glosario de tecnicismos m u y interesante. DR. S E R G E V O R O N O F F . —ESTUDIO SOBRE LA VEJEZ Y EL REJUVENECIMIENTO EN EL. HOMBRE Y EN LA MUJER.— Un volumen (ig X I2) de 164 páginas y jó láminas. Editor: Manuel Aguilar. Marqués de Urquijo, jg. Madrid. Precio: 6 pesetas. El doctor Cañellas ha dado a los países d e habla española, la traducción d e esta obra del doctor Yoronoff, en el que se desarrolla la teoría del rejuveneci- miento, que en biología animal ha tenido y tiene extraordinaria importancia.. J. B A S S E T . — E S S A I SUR L'INMUNITK (ENSAYO SOBRE INMUNIDAD).— Un folleto en oc 138 tavo (23 X J^ó) de 88 páginas. Editor: Vigot Fréres, París. Precio: 8francos. El autor de este trabajo, profesor en la Escuela de Veterinaria de Lion, estu- dia desde el punto de vista de los fenómenos de inmunidad, las enfermedades determinadas p o r los principales grupos d e bacterias y ultravirus. Así, analiza la inmunidad natural y la adquirida contra las enfermedades bacterianas toxi- infecciosas, contra las infecciones septicémicas y las infecciones crónicas. Estu- dia, igualmente, los procesos provocados por los ultravirus. E n cada uno de los capítulos consagrados a la inmunidad adquirida, revisa el autor: la inmunidad activa y los principales métodos de vacunación, la inmu- nidad pasiva y la terapéutica específica. También dedica algunas consideraciones en relación con la epidemiología, los antígenos y anticuerpos; con las bacterias adaptadas de las infecciones cró- nicas, el origen de las antitoxinas y la alergia. El último capítulo lo dedica el autor a formular las conclusiones generales d e su trabajo, que no es una revisión pasiva de las concepciones establecidas sobre esta materia, sino que tiene el sello original de la investigación personal, permite al autor formular su creencia propia. La conclusión fundamental que establece, es que en todas las infecciones, la inmunidad adquirida es sobre todo de naturaleza antitóxica, quedando subor- dinada la acción fagocitaria a una neutralización d e toxinas. El autor dedica su trabajo tanto a los biólogos como a los bacteriólogos y estudiantes. SCHM1D, A.—GANADERÍA DE ABASTO Y RAZAS QUE DEBEN EXPLOTARSE EN SUIZA.— ün folleto de "¡6 páginas. Huber Cía. Editor: Frauenjeld y Leipzig. 1Q34. El autor de este folleto, profesor d e Zootecnia en la Escuela politécnica fe- deral de Zurich, pone en manos del ganadero un libro ameno y sencillo, con espléndida orientación ganadera. Estudia el medio y las diferentes regiones zoo- técnicas del pais. Estudia las condiciones económicas en que se desenvuelve el ganadero y proporciona a éste una acertada información sobre las razas de ga- nado que debe explotar y una relación de las personalidades y organizaciones zootécnicas encargadas del fomento pecuario. El librito está profusamente ilus- trado con bellas fotografías del ganado suizo y del ambiente en que vive y con- tiene un mapa pecuario m u y interesante. E. L E C L A I N C H E . — H I S T O I R É DE LA MÉDECINE VÉTÉRINAIRE (HISTORIA DE LA ME- DICINA VETERINARIA).— Un volumen en gran octavo {28 ~X_J8) páginas. Ton Offiice du livre. Toulotise. Precio: 80 francos. La bibliografía veterinaria cuenta con múltiples publicaciones acerca d e la historia profesional, en estos últimos años la investigación histórica en los di- versos paises ha continuado acumulando textos curiosos acerca de las múltiples actividades de la ciencia veterinaria; con tan valiosa documentación carecíamos de una verdadera historia de la veterinaria, los textos de Moulé, de Postolka, desaparecidos del mercado, sólo contienen aquél un excelente aparato biblio- gráfico, éste un ligero resumen incompleto y deficiente de la evolución profe- sional. El profesor Leclainche ha publicado una grandiosa obra consultando múlti- ples documentos, publicados en varios idiomas, y seleccionando cuidadosamen- '39 t e las noticias para formar un resumen d e carácter general; el autor huye d e la investigación, d e captar el dato cronológico el detalle personal en cambio, la- bora como historiador, reconstruyendo épocas que dan una impresión d e con- junto a través d e su personal cultura; he repetido muchas veces que el investigador busca, aporta los materiales para la obra histórica, el historiador erudito cons- truye, reuniendo los materiales, y hace la historia; Leclainche es el erudito que pacientemente y durante muchos años ha ido recogiendo datos d e los investi- gadores y con ellos ha escrito una obra completa, interesante, q u e abarca todo el pasado de la veterinaria en el m u n d o entero. H a coincidido en el autor con el hombre de ciencia y erudito, conocedor de varios idiomas, el cargo de director de la oficina internacional d e epizootias; desde tan elevado cargo ha podido contar con una amplia colaboración en t o - dos los paises y ha logrado reunir una documentación única en el mundo porque era el único veterinario capacitado para hacerlo. «La Historia de Medicina Veterinaria» se divide en dos partes, la primera abarca desde los orígenes a la fundación de Escuelas hasta nuestros días. En los documentos e historias publicados anteriormente hay muchas noti- cias de la profesión veterinaria en las antiguas civilizaciones. Asia, Grecia, Ro- ma, etc., también hay referencias al medievo y d e la edad moderna; aunque parezca paradójico ha despertado más curiosidad a los investigadores lo antiguo y remoto que lo moderno, confirmando que al verdadero historiador le interesa mucho más esclarecer y descifrar los antiguos, dejando a los cronistas la reco- pilación de hechos contemporáneos; en la historia de Leclainche se concede mucha importancia a la segunda época de la veterinaria, es decir, a la corres- pondiente desde la fundación d e las escuelas y el autor expone con el típico método francés una impresión completa, acabada, acerca de estos tres extremos: la enseñanza, los servicios y la profesión; en el desarrollo abarca el número de escuelas y planes d e enseñanza, la organización administrativa de los servicios civiles y militar, varios aspectos relacionados con la vida profesional: ejercicio práctico, asociaciones, revistas... y así un cúmulo de noticias d e 49 naciones, algunas de como las Islas Filipinas de reciente creación, y varios paises colo- niales. El autor, el Sr. Leclainche, venerable maestro de la veterinaria moderna, nos entrega en la nueva obra una síntesis juiciosa de la profesión veterinaria en el mundo civilizado.—C. Sanz Egaña. EL C U L T I V A D O R MODERNO.—ALMANAI.ILE GUÍA DE 1936.—Forma un volu- men de 332 págiaas profusamente ilustrado. Barcelona. Precio: 1,50 pesetas. Es una publicación sugestiva, adornada con la cubierta a cuatro colores, re- produciendo la rosa Magdalena de Nubiela, q u e obtuvo el premio de honor en el último concurso de la Asociación de ¡os Amigos de las Rosas, a cuya hermo- sa flor dedica un interesante estudio referente a su historia, leyendas, costum- bres, industrialización y cultivo, el perito floricultor don Juan Ros y Sabaté, ilustrándolo con veinticuatro fotografías d e las últimas creaciones florales y pri- meros premios en los recientes concursos nacionales y extranjeros. Refiriéndose a los cultivos q u e rinden, d o n Rafael Mir y Deas, profesor d e agricultura, hace un estudio d e cuatro forrajeras valiosísimas q u e interesan di- vulgar para obtener éxitos en la cría d e ganado. También contiene un prontua- rio del ensilador, original del veterinario higienista don Secundino Arango, que resulta muy práctico. El inspector d e l F o m e n t o Pecuario d o n Juan Rof Codina, trata d e la necesi- 140 dad d e fomentar la producción del caballo agrícola, problema d e sumo interés en este m o m e n t o en que se ha entablado una competencia con el motor d e aceites minerales. También se estudian las características de las razas de gallinas Prat Leona- da, Castellana y Menorca, p o r el profesor y conferenciante de avicultura d o n Francisco Higuero Bazaga. Como es costumbre en los almanaques de los años anteriores, contiene las prácticas que deben ejecutarse cada mes, tanto por lo que atañe a las labores generales d e las fincas rústicas, como las particulares a la selvicultura, frutales, viña, olivos, huertos y jardines, tratamientos antiparasitarios, operaciones con- venientes para la elaboración, conservación y crianza d e los vinos, aceites, e t c é - tera. No faltan indicaciones y advertencias relativas a la avicultura, como las que se refieren a la ganadería menor y mayor y a la apicultura, juntamente con unos capítulos mensuales dedicados a la repostería. S e insertan todas las ferias y mercados q u e se celebran en España, catalogados por orden mensual. Información bibliográfica V I G U E Z , C. S.—ANIMALES VENENOSOS DE COSTA RICA. PARÁSITOS INTESTINALES DE NUESTROS ANIMALES ENCONTRADOS EN SUS INVESTIGACIONES. U>1 Volunten (21 X I4) de 2gi páginas con grabados. San José de Costa Rica, 1935. C A S T E L L O , R.—TRATADO PRÁCTICO DE AVICULTURA.— Un folleto (24 X l6,j} de 200 páginas. Imprenta Nacional. República de Colombia. 1934. F. R E Y E S , R.—ENFERMEDADES PARASITARIAS DEL CAÑADO.— Un folleto {24^ 16) de 65 páginas. Ilustrado. Imprenta Nacional. República de Colombia. K)35* MINISTERIO D E A G R I C U L T U R A Y COMERCIO.—LA INIÍCSTRIA DEL A S T E A - RÁN EN COLOMBIA.— Un folleto ilustrado {24 X 16) de 32 páginas. Imprenta Nacional. República de Colombia. 1Q34. D U P O N T , M . — L A EDAD DEL CABALLO Y DE LOS PRINCIPALES ANIMALS DOMÉSTICOS.— Un volumen (IQ X I2) con z$4 páginas y 30 láminas en color y 6 en negro. Librería Baillie're. Paris. S. F. Instituto Veterinario Nacional, S. A MADRID BARCELONA CACERES DESPACHO: Alcántara, 65 DESPACHO: Vía Layetana, 13, 1.° DESPACHO: Avenida de Lerroux Oirección telegráfica y telefónica: Dirección telegrafíe» y telefónic» Dirección Telegráfica y Telefónica INSTITUTO INSTITUTO INSTITUTO T e l é f o n o 58074 Teléfono 18663 Teléíono 478 Sueros, Vacunas, Inyectables Jeringuillas, etc. Ptas. Ptas. Vacunas Anthracina Esporo-vacuna anticarbun- Vacuna contra la perineumo ía, 10 cosa única, 40 d/ mnres. ó 20 myres. 8,00 dosis s 00 Vacuna anticarbuncosa i. a y 2. a , 20 i Vacuna antirrábica Umeno, dosis pre- reses mayores ó 40 menores 8,00 ventiva 5 00 Vacuna anticarbuncosa especial para i Vacuna antirrábica Umeno, dosis cu- cabras, 40 dosis 8,00 rativa 10,00 Suero-vacuna anticarbuncosa, 5 dosis Vacuna antirrábica Hogyes, para ani mayores ó 1 o menores 10,00 males mayores 35 0 0 Virus varioloso (viruela ovina) 120 dosis 8,00 Suero-virus contra la peste porcina.. Vacuna contra el carbunco sintomá- tico, 10 dosis :0,0o Sueros Suero-vacuna contra el mal rojo del cerdo, 1 o dosis 8,00 Suero curativo del mal rojo, frasco de Vacuna Pasteur mal rojo, i. a y 2. a , 40 100 c. c 16,00 dosis 8,00 i ídem ídem de 25 c. c Vacuna preventiva pulmonía contagio- 4,5° Suero corriente, sin virus, 50 c. c ¡ 7,50 sa del cerdo, 15 a 30 animales 15,00 Suero antitetánico, dosis de 10 c. c . .i 1,60 Vacuna curativa pulmonía contagiosa Suero antiestreptocócico, frasco de del cerdo 15 a 30 animales 10,00 5° c c 8,00 Vacuna polivalente mixta (suisepti- ídem ídem de 25 c. c cus, suipestifer), 50 c. c 4,50 10,00 Suero antícarbuncoso, frasco de 50 c. c. 8,00 Vacuna contra la pasterelosis del buey, » > > 25 c. c. 4,5° carnero, etc., de 50 c. c 8,00 Suero contra el moquillo, frasco de Vacuna contra el cólera y tifosis aviar, 25 c. c 4,oo 25 dosis 5.°° ídem ídem de íe c. c 2,50 Vacuna contra la viruela y difteria Tuberculina y maleína, una dosis aviar, 25 dosis S,o° - 2.5° Vacuna contra el moquillo del perro, 1 dosis 5.00 Jeringuillas Vacuna contra papera e influenza (es- tafilo, estrepto), 1 dosis S.00 ' De 50 c. c. con montura y estuche me- Vacuna contra la mamitis de las vacas, tálicos 50,00 1 dosis 5,00 De 20 c. c 40,00 Antivirus solo o combinado con la va De i o c . c 30,00 cuna especial para la mamitis , S.°° ¡ De s c. c 25,00 Vacuna contra el aborto contagioso y De 2 c. c 20,00 6,00 I De 1 c. c. en 20 partes 15.00 la melitococia, dosis ! v a c a s • • • / cabras . . . 3,oo; De 1 c. c. en 8 partes 15.00 Agujas - Termómetros - Inyectables a precios corrientes CORRESPONDENCIA AL NSTITUTO VETERINARIO NACIONAL S. A. ALCÁNTARA, 6 5 :-: MADRID PRE VENCEN!! ESPECIALIDADES ESPAÑOLAS DE VETERINARIA Resolutivo Rojo Mata: Cojeras, inutilidades, pulmo- nías, anginas y enfermedades de garganta del ganado de cerda. A n t i c ó l i c o s G. Mata: Cólicos, indigestiones, tim- panitis y cólicos gaseosos. C i c a t r i z a n t e V e l o x : (Mejor que el iodo y el subli- mado). Llagas, úlceras, rozaduras y toda clase de heridas. Sericolina: Purgante inyectable; maravilloso, rápido. Desconfiad de imitaciones. EXIGID ESTOS PREPARADOS VENTA EN F A R M A C I A S Y DROGUERÍAS AUTOR: 6 0 N Z A L 0 F, M A T A LA BAÑEZA (León)