TRIBUNA Crisis europea: un 'déjà vu' | EL PRINCIPAL déficit de la integración europea es de calidad política de gobierno
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JUAN TUGORES QUES - 25/06/2005
En 1969 una devaluación del franco francés puso de relieve la fragilidad de la construcción europea: si los países participantes en un "mercado común" retenían cada uno su propia moneda -y por tanto la posibilidad de alterar su paridad-, podían verse afectada de forma artificial o desleal la competitividad de los productos de diferentes naciones, con efectos devastadores sobre la cohesión europea. La salida de la crisis fue el plan Werner de moneda única. Sin embargo, hacia 1973 éste había zozobrado ante la inestabilidad económica y financiera internacional, asociada al derrumbe del sistema de Bretón Woods y a la primera crisis del petróleo, así como a la evidencia de las respuestas nacionalistas -"sálvese quien pueda"- de los países europeos. En el contexto de la ampliación de 1973 para incorporar nada menos que al Reino Unido, volvió a abrirse la caja de los truenos de la crisis europea.
A principios de los años 80 la recesión internacional provocada por las política monetarias contractivas aplicadas simultáneamente en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania -y que "arrastraron" al experimento expansionista del primer gobierno Mitterrand -, así como la inestabilidad inicial del sistema monetario europeo iniciado en 1979, generaron un ambiente de catastrofista europesimismo. Ciertamente los europeístas jugaron la carta del proyecto de Acta Unica, pero fue la recuperación económica de la segunda mitad de los 80 la que calentó los ánimos.Ypor supuesto, hacia 1992-1993 las "tormentas monetarias" que desmantelaron el sistema monetario europeo originaron todo tipo de pronósticos agoreros sobre la viabilidad de un tratado de Maastricht que, recién negociado, estaba en fase de ratificación. Francia lo salvó por la mínima, en un entorno de argumentos análogo al de 2005.
Europa está pues acostumbrada a vivir en casi permanente crisis. Su DNI podría indicar: "estado civil: crisis". Ciertamente en la actualidad los retos y recelos asociados a la inmigración -desde la efectiva de Polonia a la temida de Turquía- complican las cosas, así como una globalización ante la que los europeos tenemos dificultades en encontrar la equilibrada respuesta con personalidad propia. Las reglas del juego han cambiado, entre otras cosas porque varias decenas de países, y no sólo China e India -que suponen varios miles de millode personas-, buscan un sitio más destacado en la nueva globalización que el que tradicionalmente les daba la historia.
Pero también complica las cosas la percepción de que Europa tiene en la actualidad la clase política de peor nivel de las últimas muchas décadas. Incapaz de explicar a las sociedades europeas un diagnóstico de forma mínimamente lúcida. Incapaz de someter a los pueblos de Europa un proyecto político no ya ilusionante sino ni siquiera mínimamente comprensible. Ciertamente la economía es muy importante pero el principal déficit de la integración europea -como del proceso de globalización- es de calidad política de gobierno, de la dimensión política de articulación de sociedades. Lo preocupante de los sistemas democráticos es que al final cada país o sociedad acaba teniendo el gobierno que se merece.
¿Qué hemos hecho -o tal vez que no hemos hecho- los europeos para merecer esto?
JUAN TUGORES QUES,
economista
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