LA CARTA MAGNA EUROPEA. El accidentado proceso de ratificación Luxemburgo da un respiro a la Constitución El sí al tratado gana con un 56,52% en el primer referéndum tras el no de Francia y Holanda, y de paso salva a Juncker
Europa respiró ayer con alivio al conocer el sí de los luxemburgueses al maltrecho tratado constitucional, que esquiva así la que podría haber sido su puntilla tras el no de Francia y Holanda. El holgado apoyo del más pequeño de los socios fundadores de la UE alivia la crisis y pone freno a la caída en picado del proyecto europeo.
FERNANDO GARCÍA - 00:00 horas - 11/07/2005 Luxemburgo prolongó ayer la vida del tratado constitucional europeo con un claro apoyo del 56,52% en el primer y comprometido referéndum que se celebra tras el doble no de Francia y Holanda. No es que el mayoritario respaldo de los 223.000 electores del Gran Ducado con derecho y obligación de voto -sólo fallaron unos 3.000- suponga la salvación total de un proyecto que de hecho no puede entrar en vigor en su integridad salvo rectificación de los dos países que lo han rechazado, pero el sí luxemburgués impulsa la continuidad del proceso de ratificaciones, aunque el ritmo dependerá de los ocho socios que han dejado las suyas en suspenso (media docena de referendos y cuatro confirmaciones parlamentarias). El resultado abona además las esperanzas de quienes confían en rescatar gran parte del tratado o incluso todo el texto mediante nuevas consultas.Y también alivia la crisis originada por el voto francés y holandés, agravada con el fracaso de la negociación financiera de la UE. De paso, el sí supone la salvación política del primer ministro Jean-Claude Juncker, que había prometido dimitir si salía un no.
La ventaja del voto afirmativo fue más holgada de lo que la clase política luxemburguesa, unida como una piña en torno al sí, había pronosticado a la vista de unos sondeos que señalaban un rápido ascenso de la tendencia negativa tras los descalabros de Francia y Holanda: desde el 30% de abril, el no había escalado hasta un 45% a primeros de junio (la ley prohíbe las encuestas en el mes anterior a la cita).
Luxemburgo, uno de los seis Esta-dos fundadores de la Unión, es el decimotercer país que ratifica la Constitución europea y el segundo que lo hace por consulta popular tras el sí arrollador de España. Y puesto que la Unión Europea tiene 25 socios, los que han dicho sí son ya mayoría.
Un dato que los dirigentes europeos partidarios del tratado, con Juncker a la cabeza, convirtieron ayer en su principal argumento para defender la continuación del proceso de ratificaciones, bajo la machacona consideración de que el tratado "no está muerto" pese a todos aquellos que certificaron su defunción antes de tiempo. De otro lado, ahora hay un doble sí que poner enfrente del doble no. Y españoles y luxemburgueses pueden darse mutuo apoyo en la reivindicación de su voto favorable.
Todo este argumentario no puede hacer olvidar, sin embargo, que la Constitución requiere la ratificación de todos los socios para entrar en vigor. Los líderes de los Veinticinco acordaron al negociar el texto que si uno o más estados no lo aprobaban pero al menos cuatro quintos (20) sí lo hacían, estudiarían una salida. A pesar del tamaño, relevancia y condición de socio fundador de Francia, con cuyo voto negativo no se contaba a priori, aquel acuerdo de los líderes y su reciente decisión de mantener las ratificaciones pese a todo -aunque ya sin la fecha límite inicial de octubre del 2006- invita a completar el proceso para después decidir en función del balance final: una idea que Juncker defendió ayer con vigor. Pero habrá que ver cómo actúan los socios que han dejado su referéndum en el aire (Reino Unido, Dinamarca, Portugal, Irlanda, Chequia y Polonia), con especial atención al Reino Unido, que fue el primero en suspender su consulta y hoy ocupa la presidencia de la UE. Londres aseguró ayer que se alegraba del resultado "en tanto que presidencia" de la Unión.
El voto de Luxemburgo cae como agua de mayo en la Europa comunitaria, y no sólo por la Constitución propiamente dicha. Como dijo Gerhard Schröder al conocer el resultado, "el sí luxemburgués es un voto a favor de Europa en un momento en que la Unión atraviesa una fase difícil". Es también, añadió, "un estímulo y una invitación a los europeos para encontrar rápidamente un camino común a fin de superar la crisis". Un punto de vista que compartió el ministro español Miguel Ángel Moratinos, para quien el sí "es una buena noticia que contribuirá a cambiar el clima negativo y de pesimismo" en la UE.
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