Barroso descarta que la Constitución de la UE pueda entrar en vigor antes de tres años El jefe del Ejecutivo comunitario critica la actitud de los socios en el debate presupuestario
El presidente de la Comisión Europea echó ayer un jarro de agua fría a quienes siguen confiando en una pronta reanimación del maltrecho proyecto de Constitución europea. Barroso se encontraba en el grupo de los que se aferraban a las ya mayoritarias ratificaciones del texto, pero ayer abandonó ese barco.
| El derrotismo o "realismo" de Barroso choca con la previsión de los líderes de revisar en el 2006 las posibilidades del texto
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FERNANDO GARCÍA - 00:00 horas - 22/09/2005 Que nadie se llame a engaño con la Constitución europea porque no tiene ninguna posibilidad de salir adelante en menos de "dos o tres años". Así de claro lo dijo ayer el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, en las primeras declaraciones de un dirigente comunitario al respecto desde hace meses. Su mensaje completo es que la UE hará bien si abandona por ahora sus vanos intentos de resucitar el nuevo tratado y se pone las pilas para "pasar a la ofensiva" y dar salida a otros proyectos realizables e imprescindibles, empezando por los presupuestos para el periodo 2007-2013.
La consideración de que el texto constitucional no verá la luz antes del 2008, a la que Barroso unió un llamamiento al "realismo" de los estados, implica un cambio de actitud respecto a la tozudez con que la Comisión venía insistiendo en que el proyecto "no está muerto" pese al no de Francia y de Holanda en sus referendos sobre el texto.
Tal como subrayó el propio Barroso, la idea de que el tratado seguirá fuera combate durante al menos un par de años no es un gran hallazgo, pues no parece factible que franceses y holandeses puedan y quieran ratificarlo antes de ese plazo. Lo nuevo es que la propia Comisión opte por tirar la toalla, asuma explícitamente un periodo de congelación tan prolongado y llame a todos a olvidarse del asunto mientras tanto. Un planteamiento que tal vez no haga mucha gracia en la mayoría de trece países que ya han ratificado la Constitución; sobre todo en España y Luxemburgo, que lo hicieron por consulta popular con el consiguiente gasto de dinero y energías.
La declaración de Barroso es también rompedora con respecto al acuerdo por el que los líderes de los Veinticinco decidieron en junio abrir un "periodo de reflexión" para volver sobre el tema en el primer semestre del 2006, momento en que deberían reconsiderar "la continuación del proceso" de ratificaciones.
El presidente de la Comisión aseguró que su intención es ante todo "evitar la parálisis" y contrarrestar la extendida pero errónea percepción de que el club comunitario no puede funcionar sin la Constitución; una idea que dijo haber escuchado repetidas veces durante sus últimos viajes fuera de la UE.
Barroso añadió que, de momento, no ha visto ni oído "ninguna gran iniciativa" por parte de los estados que le invite a esperar grandes cosas de ese período de reflexión. No fue su único reproche a los gobiernos de los Veinticinco. El jefe del Ejecutivo de la UE también dijo a los gobiernos que "dejen de atacar a Europa" cada vez que necesitan un chivo expiatorio de sus problemas domésticos. Y les echó en cara su actitud en el debate sobre el marco financiero para el ciclo 2007-2013, asunto que situó en primer lugar entre todos aquellos que según él deben activarse y anteponerse al debate constitucional para que laUEno quede en efecto paralizada. Aprovechando la petición de auxilio que acababa de recibir de Jacques Chirac en el caso de los despidos masivos de Hewlett-Packard, Barroso metió el dedo en el ojo a los Veinticinco al recordar con evidente disgusto cómo en su momento despreciaron la propuesta de la Comisión de crear un fondo de resistencia de 1.000 millones de euros a fin de amortiguar los ajustes industriales de mayor crueldad social.
Barroso urgió a las capitales a que aprueben los presupuestos antes de fin de año, so pena de ocasionar perjuicios catastróficos a los países del Este recién incorporados. El dirigente comunitario se refería al efecto demoledor que un nuevo retraso en la aprobación del marco financiero de la UE - naufragado en la cumbre de junio al no llegar los líderes a un acuerdo- tendría sobre importantes proyectos previstos en los nuevos estados miembros.
La presidencia de turno de la Unión, en manos de Londres, se ha propuesto acordar los presupuestos antes de que acabe 2005. Pero muchos diplomáticos y analistas temen que el interés de Tony Blair en preservar el cheque británico - por el que su país recibe un reembolso de unos 5.000 millones de euros de su aportación a las arcas comunitarias- pueda seguir pesando más que su propósito de sacar adelante el acuerdo financiero en la UE; máxime durante un periodo presidencial en el que electores y adversarios británico miran con lupa la actuación de su primer ministro en Europa.
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