ANÁLISIS ¿Por qué Austria interpreta al Quijote europeo? RICARDO ESTARRIOL - 04/10/2005
Pocas son las cuestiones en las que suele reinar consenso entre el Gobierno austriaco de centroderecha y la oposición socialista. El asunto de Turquía es una de ellas.
Los austriacos saben muy bien que el mandato defendido por los demás 24 miembros de la Unión Europea (UE) es abierto y que, de acuerdo con él, las negociaciones podrían terminar con una decisión negativa. Pero lo que quiere Austria es una fórmula que encorsetaría a Turquía en una posición (la de una asociación privilegiada)desde la que una integración sería menos probable. Todo ello, además, siempre que "Turquía no esté en condiciones de cumplir las condiciones exigidas a los miembros o que la Unión Europea no esté en condiciones de aceptar a Turquía".
El trasfondo de lo que parece un juego de palabras, pero que en realidad encubre el deseo de evitar una integración de Turquía en el momento actual, es transparente. Mientras que en los restantes 24 estados miembros de la UE casi un 40 por ciento de la población es partidario de la integración de Turquía en la Unión Europea, los partidarios del ingreso turco constituyen sólo un 10 por ciento de la población austriaca. En el 2002, un 27 por ciento de los austriacos quería el ingreso de Turquía.
Otro motivo del quijotismo austriaco hay que buscarlo seguramente en la vecina Alemania. Hace muy pocos meses, el canciller Schüssel contaba con un triunfo conservador en las recientes elecciones alemanas y con un gobierno de la señora Merkel y Stoiber dispuesto a poner agua en el vino de la integración turca. Ahora, cualquiera de los gabinetes que se formen en Berlín contará por lo menos con un socio favorable al ingreso de Turquía. En vista de ello, habría que suponer que los (nunca confirmados) intentos austriacos de ligar la decisión de negociar el asunto de Turquía al inicio de las negociaciones con Croacia serían una forma de salvar la cara en el último momento.
Aunque éste no es el estilo de Schüssel, es muy posible además que los diplomáticos y políticos que han elaborado la posición austriaca intenten consciente o inconscientemente sacarse ahora la dolorosa espina clavada en el año 2000, cuando Austria fue sometida a unas tan humillantes como ineficaces sanciones políticas por haber formado un gobierno con el partido del populista Jörg Haider.
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