LA ADHESIÓN MÁS COMPLICADA. El futuro La apertura a Turquía revoluciona Europa El inicio de las negociaciones impulsa grandes cambios, expectativas y debates en la UE y en el país euroasiático
No hay que esperar los diez años que pasarán antes de que Turquía entre en la UE, tal vez, para notar importantes efectos. La apertura de negociaciones reavivaun delicado debate interno, pero también alienta las reformas en el país, impulsa la reunificación de Chipre y refuerza la imagen de Europa.
FERNANDO GARCÍA - 00:00 horas - 06/10/2005 Nadie ha permanecido indiferente ante la apertura de negociaciones para la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Unos ven al país pobre, musulmán y superpoblado que puede inundar la Europa actual de inmigrantes, causar problemas de convivencia y complicar el devenir del club. Y es verdad que son más de 70 millones de personas en un 98,8% fieles al islam y con una renta per cápita del 27% respecto a la de la UE, pero las consecuencias supuestamente horrorosas de todo ello están por ver. Otros ven a la nación próspera, poderosa y en excelente situación geopolítica que puede aumentar el peso de Europa en el mundo, ayudarla a crecer, facilitarle el suministro de energía y tal vez hacer realidad el diálogo de civilizaciones. Parece el cuento de la lechera, pero no es descabellado esperar todo eso de una nación capaz de cambiar de cabo a rabo y en poco tiempo sus leyes y estructuras y de crecer un 10% (2004); que es uno de los miembros más destacados de la OTAN, y que sin duda abre nuevos puentes con Oriente Medio. Pero aún es pronto para calcular la incidencia de una todavía incierta incorporación del país euroasiático a la Unión. Lo que sí se ven venir son los efectos inmediatos y revolucionarios de la apertura de negociaciones que tanto costó aprobar a los Veinticinco. Estos son algunos:
MOTIVO DE DISCORDIA. Dijo Mustafa Kemal Ataturk (1881-1938), el fundador de la Turquía moderna y laica, que "Occidente siempre ha tenido prejuicios hacia los turcos, pero los turcos siempre hemos permanecido constantes en nuestro avance hacia Occidente". La resistencia que Austria opuso a la negociación; las pegas que antes habían puesto Francia, Chipre y Grecia, así como el escaso apoyo ciudadano a la adhesión (un 35% en toda la UE) indican que la primera parte de la frase de Ataturk, sigue valiendo hoy día, pero sólo en parte. El respaldo de España, el Reino Unido e Italia y el propio acuerdo para la apertura del proceso restan vigencia a la queja del padre de la República de Turquía. Pero -sea por prejuicios, temores fundados, intereses electorales o un poco de todo- lo evidente es que la cuestión turca divide y va a seguir dividiendo a los europeos y sus gobiernos. Las disputas que al respecto han protagonizado los Veinticinco antes, durante y después del Consejo de Ministros de Exteriores que el lunes aprobó el arranque del diálogo demuestran grandes discrepancias. Puesto que las negociaciones durarán al menos diez años y seguro que vivirán altibajos, es claro que Turquía va a ser uno de los grandes motivos de discordia dentro de la Unión.
IMPULSO A LA AMPLIACIÓN. Si el no de Francia y los Países Bajos a la Constitución puso en cuestión la continuidad de la ampliación, el acuerdo con Turquía ha venido acompañado de una reactivación del proceso. De hecho, el mismo lunes los Veinticinco acordaron abrir paso también a Croacia y entablar conversaciones con Serbia y Montenegro para la firma de un acuerdo de estabilización y asociación que colocará a dicho Estado en la antesala de una candidatura a la adhesión. El triple avance alienta las expectativas de ingreso de todos los países balcánicos a los que hace dos años, en la cumbre de Salónica, se indicó que su futuro estaba en la UE. Se trata, además de los ya citados, de Macedonia, a cuya reciente solicitud de adhesión responderá la Unión en noviembre; Albania, que aspira a un acuerdo de asociación hoy paralizado por las irregularidades detectadas en sus elecciones, y Bosnia-Herzegovina, que ante todo debe reformar su policía. Aunque Ucrania o Moldavia pugnen por un hueco, por ahora no hay una expectativa para ellos, como tampoco para Kosovo hasta que no se aclare su estatuto. El acuerdo con Turquía puede reabrir el debate sobre los confines de la UE, pero la creciente crítica social a la ampliación hace difícil que alguien apueste por ir más allá de lo ya previsto.
HACIA LA REUNIFICACIÓN DE CHIPRE. La adhesión de Turquía a la UE es una garantía para la reunificación de Chipre, pues no es concebible que el club admita como socio a un país cuyo ejército ocupa una parte del territorio de otro socio. Ankara se resiste a reconocer explícitamente a la República de Chipre, pero tendrá que hacerlo más pronto que tarde. Además, el año que viene Turquía deberá empezar a aplicar a la isla mediterránea el tratado aduanero que le obliga a dar entrada a sus barcos y aviones. Pero también el Gobierno oficial tendrá que asumir cierta responsabilidad tras el portazo que los grecochipriotas dieron al plan reunificador de la ONU con su no en el referéndum de abril del 2004, en el que los turcochipriotas dijeron en cambio que sí. Por otra parte, la comunidad armenia presiona cada vez más para que Ankara reconozca el genocidio de que el imperio otomano hizo objeto a este pueblo.
CATALIZADOR DE REFORMAS. La segunda parte de la frase de Ataturk citada más arriba, la del constante avance de Turquía hacia Occidente, está materializándose sin ninguna duda. Espoleado por las exigencias que la expectativa de abrir negociaciones de acceso le imponía, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan ha impulsado en los dos últimos años un espectacular conjunto de reformas constitucionales y legislativas. La abolición de la pena de muerte, el reconocimiento de la libertad de expresión, el control del Parlamento sobre el gasto militar, el sometimiento a la justicia internacional, la promoción de la igualdad de sexos, la mejora de los derechos y libertades religiosas y el respeto a la minoría kurda son algunos ejemplos. Turquía tiene por delante un camino todavía largo. Pero la obligación de adaptar sus normas a las 80.000 páginas del acervo legal comunitario y las exigencias que se le van a plantear a medida que vaya negociando los 35 capítulos en que se ha dividido el proceso la empujarán a mantener el pulso reformador. Una dinámica positiva para Turquía y para la Unión.
EL LUGAR DE EUROPA EN EL MUNDO. Aunque el ingreso de Turquía no esté ni mucho menos garantizado, la perspectiva de su entrada puede empezar ya a cambiar el concepto de Europa -desde dentro y desde fuera- dado el mayor peso y más importante papel que puede adquirir. La firme alianza de Turquía con Estados Unidos, cuyo interés en la adhesión es conocido, se hizo notar durante el último y más crítico tramo de las discusiones sobre el inicio del diálogo. La intervención mediadora de Condoleezza Rice, que habló con Erdogan y con su homólogo chipriota para evitar que las mutuas suspicacias de última hora impidieran un acuerdo, fue significativa, tal vez positiva y seguro que algo molesta para algunos dirigentes europeos.
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