DEBATE. Turquía, tan cerca y tan lejos ¿Aún recelos con Turquía?
DANIEL ARENAS | JOSEP F. MÀRIA - 00:00 horas - 20/10/2005 La Unión Europea ha aceptado empezar las negociaciones de ingreso de Turquía. El camino hasta aquí no ha sido fácil ni bonito. Habría sido mejor empezar con buen pie, en vez de sembrar dudas y sospechas desde el inicio. Y las dificultades continuarán: todavía hay demasiados europeos con actitud hostil. Pero la UE no podía permitirse un nuevo fracaso (tras la fallida Constitución, los presupuestos sin aprobar y la parálisis política en Alemania y Francia) ni faltar a su palabra después de más de 40 años de promesas postergadas, ni presentarse ante el mundo como un club cerrado y sin coraje.
Ahora, para que esto salga bien, los gobiernos europeos y el turco deben hacer un gran esfuerzo pedagógico. Porque los recelos por una parte y por la otra pueden echar a perder esta gran oportunidad.
Para empezar, sería conveniente dar a conocer un poco mejor Turquía, su cultura y su historia. Mostrar que no hubo sólo guerras entre el sultán otomano y las diferentes potencias europeas, sino también alianzas, transacciones comerciales, influencias culturales, artísticas y gastronómicas. Las fronteras fueron mucho más permeables de lo que nos imaginamos. El mismísimo Barbarrosa encarnaba un mundo de mezclas culturales y religiosas, y podía expresarse en griego, turco, árabe, francés, castellano e italiano.
También hay que insistir en las ventajas del ingreso de Turquía. El dinamismo de su economía y su espíritu joven e ilusionado irán bien a una Europa que envejece. La convergencia de Turquía hacia el respeto de los derechos humanos y hacia estándares de vida europeos tendrá influencias positivas sobre sus vecinos más hacia el este y el sur. Todo ello puede contribuir también a prevenir la radicalización de algunos grupos musulmanes europeos, al mostrar que sus creencias no son incompatibles con la democracia liberal moderna.
Evidentemente, se trata de un gran reto también para el pueblo turco. Es el incentivo necesario para llevar a cabo las reformas políticas, legales y económicas que muchos anhelan, pero que el establishment (sectores del ejército y del Estado) siempre ha frenado. Reformas para hacer disminuir también las diferencias de ingresos alarmantes entre algunos pueblos de Anatolia y algunos barrios de Estambul.
Al mismo tiempo, es una oportunidad para repensar la identidad turca: para aceptar las diferencias culturales internas como una riqueza. Poco a poco salen voces que reconocen la existencia de un problema kurdo y que quieren hablar abiertamente de las matanzas de armenios en 1915-1916, a finales del imperio otomano. Son intentos de apertura que encuentran un apoyo en la promesa de ingreso a la UE y que podrían verse aplastados si hay un retroceso. Retroceso que daría alas a los sectores ultranacionalistas y a los islamistas más radicales, que presentan las demandas de la UE como humillaciones y apelan al orgullo patrio o religioso.
Es, pues, la hora de que los dirigentes europeos muestren y difundan entusiasmo ante la opinión pública y promuevan el conocimiento mutuo. Para facilitar el trabajo de los aperturistas en Turquía. Para reflexionar sobre lo que quiere ser la Unión Europea: desde luego, no un club cristiano excluyente (en realidad, cristiano y excluyente no casan), sino una sociedad con vocación de ampliar la prosperidad y la estabilidad junto con la democracia y el Estado de derecho. Y para desmentir a los que impulsan una visión del mundo como un conflicto entre el islam y Occidente.
DANIEL ARENAS y JOSEP F. MÀRIA,
profesores de Esade
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