La Unión Europea mira a Berlín con esperanza La coalición alemana disipa el temor a un conflicto sobre Turquía y abre expectativas de relanzamiento en la UE Una vez superado el susto de unos resultados electorales que a todos parecieron diabólicos, la diplomacia europea no sólo se ha hecho a la idea de un gobierno de coalición que hace unos días parecía casi imposible, sino que empieza ya a verle el lado bueno e incluso a concebir grandes esperanzas sobre lo que puede aportar a la Unión. CONTINUIDAD EXTERIOR
Steinmeier garantiza una continuidad que evita sobresaltos en Bruselas
| |  | GRANDES CONSENSOS
La amplia coalición de Gobierno permite sólidos pactos buenos para la UE
| |  | MERKEL Y CHIRAC
Se cree que Merkel se acercará a Chirac y dejará de hacer guiños a Sarkozy
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FERNANDO GARCÍA - 21/10/2005 Corresponsal BRUSELAS
Primero vino el estupor ante el resultado electoral, después el pánico ante una posible crisis de desgobierno, luego el alivio por el arreglo entre los grandes partidos y ahora la esperanza - aún con algunas reservas- ante las perspectivas que el nuevo Ejecutivo abre para Alemania y para Europa. Así puede resumirse la vertiginosa sucesión de sensaciones que el cambio político en la mayor potencia de la UE ha provocado en Bruselas.
La previsible continuidad en la política exterior alemana y la oportunidad de Berlín de relanzar la economía y las reformas mediante un pacto avalado por la arrolladora mayoría gubernamental proporcionan los principales ingredientes para el optimismo en la capital comunitaria. El riesgo de rivalidad y deslealtades dentro de un tripartito compuesto en gran medida por viejos enemigos, así como la posibilidad de que las cesiones necesarias para mantener la paz entre ellos acaben con toda ambición en la acción de gobierno, aconsejan no lanzar las campanas al vuelo en la UE.
Pero en el Consejo de la Unión se prefiere destacar los elementos más halagüeños. La elección al frente de Exteriores del hombre que más materia gris ha aportado al gobierno de Gerhard Schröder, el hasta ahora desconocido pero ya muy apreciado Frank Walter Steinmeier, ha disipado el temor de la diplomacia europea a un conflicto interno sobre la vidriosa negociación para el ingreso de Turquía. La canciller Angela Merkel ha dado ya señales claras de haber renunciado a un bloqueo de las conversaciones abiertas el pasado 3 de octubre. Nada más ser designada le dijo al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que el diálogo se desarrollaría de forma "positiva y cordial".
El jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, no conocía en absoluto a Steinmeier. En cuanto fue nominado para la cartera, el Alto Representante se apresuró a pedir informes sobre él aquí y allá. Resultado: el sucesor de Joschka Fischer es un hombre admirado y respetadísimo en Berlín, donde quienes le conocen o le han seguido le tienen por un inteligente y hábil maquinista de la política con un enorme potencial en la escena alemana y europea. Todo son flores para el hombre recién apeado de la sombra del canciller saliente. Y Solana, que hace tres días habló con él por teléfono en una primera conversación entre ambos, está encantado con el fichaje.
Steinmeier, dicen en Bruselas, es un hombre capaz de conjugar las distintas sensibilidades del nuevo Gobierno en materia de política exterior. Lo que equivale a decir que tiene suficiente mano izquierda como para no chocar más de la cuenta con Merkel en asuntos como Turquía y las relaciones clave de Alemania con sus socios clave: Estados Unidos, Rusia y la propia UE, con tratamiento especial para los países del Este y, por su puesto, Francia.
La recomposición del eje francoalemán es uno de los temas de morbo tras la formación del nuevo Gobierno alemán. "Pero la pelota está más bien en el tejado de Jacques Chirac", afirman fuentes diplomáticas comunitarias. Predomina la creencia de que Merkel hará gala de su pragmatismo y se entenderá con Chirac. Su época de guiños y complicidades con Nicolas Sarkozy, ministro del Interior y jefe del partido en el Gobierno pero enemigo número uno del primer ministro Dominique de Villepin y del propio presidente de la República, debería entonces tocar a su fin.
La posibilidad de que también Berlín padezca ese tipo de problemas con el "juego de lealtades" en el interior del Gobierno es precisamente la que más preocupa en el aparato de la UE. "Hay que reconocer que no todos los ministros son muy amigos de Merkel", comentan. Si el nuevo Ejecutivo evita ese peligro y no cae en un cambalache constante de concesiones para evitar la guerra intestina, la Unión cree que Berlín podría fabricar consensos verdaderamente sólidos que podrían sacar al país del marasmo económico y ayudarían a relanzar Europa en su conjunto.
En medios diplomáticos de Bruselas también existe una gran confianza en la aportación del titular del Interior, Wolfgang Schäuble, ex presidente de la CDU y ex ministro de Kohl, de quien fuentes cercanas a Solana destacan su "enorme capacidad y experiencia políticas y gran conocimiento de la Unión".
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