Es el momento de acelerar el
ritmo
El autor considera que el ritmo actual
de reformas estructurales en Europa es poco firme e inconstante y señala
que, si no se toman iniciativas con renovado ímpetu, el crecimiento de la
zona euro seguirá siendo flojo.
RODRIGO
RATO
EL PAÍS
- Economía - 27-10-2005
El crecimiento de la economía mundial se mantiene a un ritmo vigoroso
desde hace varios años, y en 2004 fue el más dinámico en una generación.
Pero el desempeño en Europa puede mejorar, dado que los promedios de
crecimiento siguen siendo inferiores a los de otras regiones y a su propia
trayectoria en el pasado. En el primer semestre de 2005, la tasa de
crecimiento en Europa sólo llegó a un 1?%.
En términos generales, el
lento crecimiento no es un fallo de las políticas macroeconómicas, que han
respaldado bien la actividad. El problema real es el ritmo poco firme e
inconstante de la reforma estructural, que socava cada vez más la
prosperidad de la Europa del futuro. Si no se emprenden nuevas iniciativas
con renovado ímpetu, el crecimiento económico de la zona del euro seguirá
siendo flojo.
En la lista de cuestiones fundamentales que deben abordarse a largo
plazo se destaca el mercado de trabajo. Las tasas de empleo se han mantenido
bajas a lo largo de tres decenios. Actualmente, casi una de cada diez
personas en edad de trabajar no puede encontrar empleo. Entre los jóvenes
esta relación es dos veces mayor. El desempleo es un factor por el cual
muchas personas están comenzando a poner en duda las ventajas de una
economía mundial más integrada, lo que está resquebrajando el tejido de la
Unión Europea.
Una cuestión fundamental vinculada a la anterior es el envejecimiento
de la población europea, que se acelerará en los próximos cuarenta años. Las
prestaciones aumentarán al tiempo que se reducirá la mano de obra que las
financia. Hay gran incertidumbre con respecto a lo que piensan hacer los
Gobiernos para resolver estos problemas, ya que la mayor parte de ellos aún
no ha planeado una estrategia convincente. Esto explica por qué los
consumidores y los inversores están actuando con prudencia.
No hay duda de que Europa debe comprometerse a aplicar reformas
estructurales sostenidas. En los casos en que se han aplicado, se han
logrado importantes avances. Por ejemplo, en el ámbito de las pensiones, los
sistemas de salud y el mercado de trabajo. Si bien algunos europeos pueden
tener dudas con respecto a los beneficios de estas reformas, los resultados
hablan por sí solos. Por ejemplo, a pesar de las altas tasas de desempleo,
gracias a la moderación salarial y a las políticas del mercado de trabajo se
han creado alrededor de 12 millones de empleos en la zona del euro entre
1996 y 2004, un nivel equiparable al de Estados Unidos durante este periodo.
Los Gobiernos europeos pueden tomar una serie de medidas concretas en
el futuro. Deben reforzar y mantener la reforma de los programas de
asistencia social y aumentar la utilización de la mano de obra. Las medidas
que deberán adoptarse variarán de un país a otro. En primer lugar, en muchos
de ellos la reforma de las pensiones es fundamental. Un aspecto esencial
será elevar la edad legal de jubilación vinculándola a la esperanza de vida.
En segundo lugar, si bien los Gobiernos deben seguir respaldando a los
desempleados, también es necesario fortalecer los incentivos a la búsqueda
de empleo. Asimismo, podrían vincularse al acceso gratuito o subvencionado a
guarderías o a hogares de ancianos para las familias cuyos miembros en edad
laboral trabajen. Además, los desempleados necesitan apoyo en la búsqueda de
un nuevo trabajo, por medio de mejores servicios de colocación de personal y
formación.
También es necesario que los Gobiernos reduzcan los costos que
implica la creación de empleos. Los salarios mínimos altos constituyen un
obstáculo al empleo en muchos países. Los Gobiernos pueden contribuir a que
la población mantenga niveles de vida adecuados subvencionando el empleo
mediante créditos fiscales deducibles del impuesto sobre la renta personal.
Es preciso reducir la carga administrativa para las empresas, sobre todo en
lo que concierne a los contratos de trabajo.
Una mejor integración de los mercados europeos de productos y
servicios es asimismo una vía prometedora para lograr un mayor crecimiento
económico. Fuera de la zona del euro hay países con mercados de productos
más flexibles pero que aplican criterios de fijación de salarios prudentes,
que han logrado cifras de empleo y producto mayores que las de la zona del
euro. Una mayor integración financiera intensificará la competencia,
generará mayor eficiencia, reducirá el costo del capital y mejorará la
transmisión monetaria.
Hay consenso general entre los dirigentes europeos con respecto a los
problemas que deben resolver. El reto para los Gobiernos es formular
soluciones creíbles y eficaces. Obviamente, la exigencia básica es que cada
país centre la mira en encontrar soluciones a nivel nacional. Sin embargo,
los dirigentes no deben perder de vista el considerable valor agregado que
genera una acción mancomunada. Aquí es donde adquiere gran significación la
estrategia de Lisboa. Su objetivo es estimular tanto la utilización de mano
de obra como el aumento de la productividad mediante un esfuerzo coordinado,
y es mucho lo que puede decirse en favor de la coordinación de las medidas
de reforma.
Entre sus muchos avatares, la integración europea de la posguerra ha
sido beneficiosa en general. Más aún, los beneficios de la cooperación se
acentúan en una unión monetaria descentralizada como la zona del euro. Lo
que se necesita ahora son estrategias mejor focalizadas, estrategias en las
que se combinen las reformas de los mercados de trabajo y de productos con
el objetivo de lograr una mayor utilización de la mano de obra. La
estrategia de Lisboa, en su nueva formulación, ofrece los mecanismos para
hacerlo.
Europa puede ayudarse a sí misma a convertirse en una región más
dinámica si mantiene el rumbo de las reformas estructurales. Al hacerlo,
puede liderar los esfuerzos para corregir los desequilibrios que amenazan la
prosperidad mundial.
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