El BCE
calienta motores
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| Ángel Ubide (Economista y miembro del
consejo de gobierno en la sombra del BCE)
(04-11-2005) |
Publicado en: Edición Impresa -
Opinión |
El Banco Central Europeo (BCE) envió ayer un claro mensaje
de que se acerca el momento de una subida de los tipos de
interés. La prudencia, sin embargo, aconsejaría esperar, según
el autor, para dedicar más tiempo a preparar a los mercados y
así ganar eficiencia
Desde hace un mes, el Banco Central Europeo (BCE) está
preparando la salida de un largo periodo -más de dos años- de
tipos de interés estables al 2%. En las últimas semanas, los
comentarios sobre los riesgos inflacionistas se han
multiplicado, y en su reunión de ayer el BCE, aun describiendo
los tipos de interés como 'todavía apropiados', mandó un claro
mensaje de aumento de tipos de interés en un futuro
próximo.
¿Por qué esta aparente prisa en aumentar los tipos de
interés? Hay opiniones claramente contrastadas. Por un lado
están los monetaristas, que han observado una aceleración
importante de la cantidad de dinero y del crédito al sector
privado, y que en general favorecen una política
intervencionista respecto a la inflación de activos. Para
éstos, el exceso de liquidez, definido a grandes rasgos como
la cantidad de dinero que excede de la necesaria para
financiar el crecimiento potencial de la economía, presenta
dos riesgos claros.
Por una parte, el riesgo de que se transforme en inflación
de bienes a largo plazo -hay cierta evidencia empírica que
sugiere que la cantidad de dinero es un buen indicio de la
inflación a más de dos años vista-. Y por otra, el riesgo de
que el exceso de liquidez se canalice hacia los mercados de
activos y genere burbujas especulativas. Desde este punto de
vista, las señales de alarma están sonando y un aumento de
tipos sería necesario inmediatamente.
Por otro lado, están los economistas que razonan en
términos de la curva de Phillips. Para ellos, el output gap
-la diferencia entre el output potencial y el output actual- y
las expectativas de inflación son los principales
determinantes de la inflación futura. Cuando la economía crece
por encima de su crecimiento potencial el output gap se cierra
y se generan tensiones inflacionistas -hay más competencia por
los recursos cada vez más escasos- y por tanto hay que ajustar
al alza los tipos de interés. Si las expectativas de inflación
se disparan al alza es probable que los sindicatos demanden
mayores aumentos de sueldo, generando una espiral de
precios-salarios que deriva fácilmente en inflación. Por
tanto, el banco central debe contener las expectativas de
inflación a base de comunicación eficaz y creíble, reforzada
con acciones cuando sea necesario.
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El consejo
para los banqueros centrales europeos es menos prisa y
más pedagogía
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Desde este punto de vista, la prisa por aumentar los tipos
de interés está mucho menos justificada. La zona euro lleva
varios años creciendo por debajo del crecimiento potencial y,
por tanto, el output gap se ha abierto, generando tensiones
deflacionistas, no inflacionistas. Esto se observa claramente
en la caída de la inflación subyacente en los últimos años. La
moderación salarial en la zona euro ha sido ejemplar, y por
tanto las expectativas de inflación -reforzadas por la fuerte
credibilidad antiinflacionista del BCE- se han mantenido muy
estables. Es cierto que la economía parece dar señales de
aceleración y, si esto se confirmara en los próximos
trimestres, los tipos de interés se deberían ajustar al alza
-la regla de Taylor sugiere que los tipos de interés se deben
aumentar de manera más que proporcional al aumento de la
inflación esperada-. Pero no hay ninguna prisa.
El BCE incluye los dos pilares, el monetarista y el
económico, en su marco de política monetaria y, por tanto, se
enfrenta a un dilema difícil de resolver: aumentar los tipos
de interés ahora para evitar un aumento de la inflación a
largo plazo, arriesgándose a abortar una recuperación
incipiente que todavía no presenta riesgos inflacionarios a
corto plazo. La prudencia aconsejaría esperar. Además, sería
conveniente preparar los mercados adecuadamente para una
subida gradual dentro de unos meses, una vez que se confirme
la robustez del crecimiento.
La preparación de los mercados es fundamental. El Banco de
Japón, por ejemplo, se encuentra en una situación similar,
preparándose para abandonar su política de expansión
cuantitativa y tipos de interés cero, y lleva varios meses
preparando el mercado, explicando con detalle la lógica del
proceso. De esta manera, los mercados hacen el trabajo del
banco central, aumentando los tipos de mercado antes de que se
aumenten los tipos de intervención, y por tanto se reduce la
volatilidad y se acorta el mecanismo de transmisión de la
política monetaria. De manera similar, la Fed preparó los
mercados durante varios meses antes de embarcarse en el
proceso de subidas de tipos de los últimos 14 meses, y se ha
esforzado en educarlos mercados sobre su proceso de
razonamiento.
El BCE debería dedicar más tiempo a preparar los mercados,
comunicando de manera clara y eficaz cuál es el proceso de
subidas de tipos que tiene en mente, tanto en duración como en
cantidad. Si los mercados entienden bien la manera de razonar
del banco central, la política monetaria gana en eficiencia.
Menos prisa, y más pedagogía, sería el consejo para los
banqueros centrales europeos.
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