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PASQUAL MARAGALL - 28/11/2005

 


Más Mediterráneo, más Europa


EL PARTENARIADO Euromediterráneo es un proceso de asociación que debe ser compartido por las dos orillas del Mediterráneo  
EL CRECIMIENTO, LA afloración de un proceso de desarrollo personal, ´Al Izdihar´, será la base de la libertad y del buen gobierno  

PASQUAL MARAGALL - 00:00 horas - 28/11/2005
Más Mediterráneo, más Europa: Al Izdihar - el crecimiento personal y el desarrollo pleno e integral de la ciudadanía- es el objetivo planteado. Los académicos han utilizado a menudo una imagen muy explícita para explicar las peculiaridades del proceso europeo. Construir Europa es como ir en bicicleta; si dejamos de avanzar, perdemos estabilidad y corremos el riesgo de caernos. Después de pedalear por la larga cuesta de la ampliación con éxito, la Unión Europea se ha tambaleado precisamente cuando parecía que las cosas iban mejor, cuando nos hemos relajado y hemos dejado de pedalear en una misma dirección.

El momento actual se superará con dificultad y después de muchas negociaciones Europa seguirá avanzando como lo ha hecho en los últimos 50 años. Pero para superarlo realmente, Europa debe fijarse nuevos objetivos.

Por lógica política y geográfica se impone que este nuevo impulso se dirija, en buena medida, hacia el Sur, hacia el Mediterráneo.

El año 2005 será recordado, quizá, como el año de la crisis del proceso de construcción política de la Unión. Pero seguramente también pasará a la historia del Mediterráneo como el año del relanzamiento del proceso de Barcelona. No olvidemos que la propia Unión Europea ha declarado el año 2005 el año del Mediterráneo. Y esperemos justamente que este objetivo sirva para recuperar la fe en un proyecto europeo robusto.

En 1995, y en un contexto todavía afectado por la caída del muro de Berlín, la Unión Europea celebró una conferencia sobre el Mediterráneo en la que se adoptó la declaración de Barcelona. Un compromiso en el que se postula un sistema de relaciones multilateral y sostenible para promover un progreso global a partir de tres ejes: a) la paz, la seguridad y los derechos humanos; b) el desarrollo económico y financiero; c) la cohesión social, el diálogo cultural y humano.

Diez años después, el balance del Partenariado Euromediterráneo no es del todo positivo: a la prolongación de algunos conflictos regionales, sobre todo los de Palestina y Sahara Occidental, se han sumado ciertos efectos negativos de la globalización. De este modo, algunas esperanzas nacidas en los primeros años de la posguerra fría se han visto frustradas y la desigualdad entre el norte y el sur del Mediterráneo sigue creciendo.

Los efectos de esta situación comienzan a manifestarse con crudeza. El fenómeno de la inmigración ilegal en España, que ha tenido como colofón las dramáticas escenas de la valla de Melilla, es un ejemplo muy próximo. O la irrupción violenta de los movimientos islamistas radicales en el Mediterráneo, Madrid, El Cairo o Casablanca. Tampoco pueden considerarse completamente ajenos los episodios de fractura social que se viven en Francia (a pesar de que ahí intervienen otros factores de signo diferente).

La estrategia europea para el Mediterráneo no puede esperar por más tiempo. El ejemplo de los países que se adhirieron a la Unión Europea el pasado año es elocuente y supone una esperanza estimulante: la preparación para la incorporación ha transformado lo que habían sido países cerrados, autoritarios y con economías completamente arruinadas - como eran Polonia o Letonia- en estados que compiten en los mercados globales, al tiempo que protegen y amplían los derechos de sus ciudadanos. Europa no proyecta su poder con la amenaza de la fuerza, sino con el estímulo de la cooperación, el comercio y los contactos entre las personas. Este es su softpower. Hay quien considera que la combinación de poder suave y flexibilidad como norma permitirá que Europa lidere el siglo XXI. Vale la pena practicarlo.

Esta fórmula es la que ha hecho posible que Europa disfrute del periodo de paz más prolongado de su atribulada historia, de una prosperidad y de unos niveles de justicia social y de igualdad de oportunidades sin precedente en el mundo. ¿Cómo extender este modelo a países que no pueden formar parte de ella? Este es el interrogante que hemos comenzado a responder estos días en Barcelona.

No es un reto sencillo, pero el Partenariado o Asociación Euromediterránea ha hecho ya progresos sustanciales en este sentido en los últimos diez años. La mayoría de los acuerdos de asociación entre la UE y los países mediterráneos ya están en vigor. Ahora empiezan a concretarse los planes de acción derivados de la nueva política de vecindad que deben convertirse en auténticos motores de reforma y desarrollo para nuestros asociados.

Recientemente se han materializado una importante serie de iniciativas vinculadas al proceso de Barcelona: 1) la consolidación del Femip (Instrumento Financiero para la Inversión y la Asociación Euromediterránea) en el marco del Banco Europeo de Inversiones, que esperemos que acabe dando paso a un Banco Euromediterráneo de Desarrollo; 2) el impulso a la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea; 3) la inauguración de la Fundación Anna Lindh para el Diálogo entre Culturas en Alejandría.

A los máximos dirigentes políticos de los estados corresponde relanzar el proceso de Barcelona, que es como se le conoce desde hace diez años. Pero deben hacerlo con espíritu abierto a la crítica y especialmente a las sugerencias de quienes deben ser los verdaderos protagonistas de la asociación: la ciudadanía de los 25 estados de la Unión Europea, de los 11 estados mediterráneos (una vez se haya incorporado Libia) y de los países candidatos del sudeste de Europa, en especial Turquía. Si la integración europea resulta ya irreversible es sobre todo porque, más allá del impacto en los estados y en las administraciones de la Unión, ha tenido una repercusión directa en la vida de las mujeres y los hombres de Europa.

El Partenariado Euromediterráneo es, sin embargo, un proceso de asociación que debe ser compartido por las dos orillas del Mediterráneo. Por eso es importante atender a las voces árabes en el momento de elegir el camino. Un variado grupo de intelectuales árabes elaboran desde el 2002, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un informe anual sobre el desarrollo humano en el mundo árabe. En la edición correspondiente al 2004, las redactoras y redactores proponen un objetivo para el mundo árabe, lo que ellos denominan Al Izdihar:el crecimiento, la afloración de un proceso de desarrollo personal que, una vez enraizado, será la base de la libertad y del buen gobierno.

Es necesario, en consecuencia, que los países árabes lleguen a eliminar las diversas barreras al desarrollo de las personas en todos los sentidos: laboral, político, de opinión, afectivo, religioso, etcétera.

Desde Catalunya nos hemos propuesto firmemente contribuir al debate sobre el balance de los primeros diez años y, sobre todo, sobre su futuro. Nos fijamos como objetivo principal hacer que todas las voces sean escuchadas: las de las mujeres, las de los jóvenes, las más críticas, las más informadas. Por nuestra propia naturaleza, desde la Generalitat de Catalunya nos estamos concentrando en el papel que las autoridades locales y regionales deben desempeñar en el Mediterráneo.

La experiencia regional europea nos ofrece lecciones cruciales:

1) el principio de subsidiariedad, que acerca la decisión a la ciudadanía y mejora la transparencia;

2) la autonomía de las autoridades locales y regionales como garantía del pluralismo político;

3) la cohesión regional como condición necesaria para un desarrollo integrado y sostenido;

4) la cooperación transfronteriza como motor de integración y crecimiento.

Todos son principios válidos también en la orilla Sur. Para debatir sobre estos temas hemos convocado por primera vez a las autoridades locales y regionales de todo el ámbito euromediterráneo en Barcelona dos días antes de la cumbre, en la Conferència Euromed de Regions Barcelona + 10, para poner las bases que otorguen a las ciudades y regiones un papel más activo en el partenariado.

Estos días en Barcelona se están fijando las marcas del camino que nos conduce al futuro. Un futuro marcado por dos retos, apuntados desde cada una de las orillas del Mediterráneo. Desde el norte, el reto es crear una metodología que permita reproducir en los países del Sur mediterráneo los éxitos que hemos conseguido en Europa. Desde el Sur, el reto es contribuir a un partenariado centrado en las personas, persiguiendo Al Izdihar, el desarrollo pleno e integral de la ciudadanía, que libere el talento, las opiniones y las emociones de las personas sin las cuales no es posible la felicidad del individuo, pero tampoco el crecimiento económico ni la innovación.

Nuevamente, el futuro de Europa pasa por el Mediterráneo. Pero en esta ocasión habrá que procurar pedalear con fuerza y con la marcha rápida puesta.

PASQUAL MARAGALL, presidente de la Generalitat


 

 

 
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