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Inflación
La inflación merma más de 10 puntos la competitividad en la era euro
José Antonio Vega / MADRID (12-12-2005) Publicado en: Edición Impresa - Economía

Desde que España se integró en la Unión Monetaria Europea sus tasas de inflación han acumulado un diferencial con sus socios de 12,5 puntos, que han provocado una pérdida de competitividad con ellos superior al 10%. La apreciación del euro ha agravado más la pérdida de terreno competitivo con EE UU o Japón, con un 35% y 65%, respectivamente, desde el año 2000.

España sólo ha registrado mejor tasa de inflación que la Unión Europea en 1998, cuando cumplió las condiciones impuestas por el Tratado de Maastricht. Pero desde entonces ha sido una variable año tras año desequilibrada, con tasas muy superiores a las de los socios de la Unión Europea y de la zona euro. Desde que arrancó el proyecto de moneda única, España ha registrado mecánicamente diferenciales de precios positivos de en torno a un punto cada año, que la Administración ha explicado siempre con el diferencial de crecimiento y la tendencia natural a la igualación de precios en una zona monetaria única.

Sin embargo, estos diferenciales de crecimiento no han estado acompañados por un mayor avance de la productividad en los sectores expuestos a la competencia exterior, ya que si se hubiese producido tal circunstancia, no se habría registrado descenso de las cuotas de mercado exteriores. De hecho, en los primeros años del euro se registró un alivio competitivo por el tipo ligeramente depreciado al que la peseta se integró en la moneda única.

Los diferenciales han sido más bien producto del dispar comportamiento de los precios, que se debe a 'imperfecciones de los mercados de factores, bienes y servicios', según el Banco de España, y que tiene un coste apreciable en los indicadores de competitividad.

Más pérdida fuera de la zona

Estos diferenciales con la Unión Monetaria acumulan desde 1998 hasta ahora 8,2 puntos con la zona euro, aunque el decalage es superior con Alemania (12,5 puntos) y Francia (10,2), economías que acostumbran a tener diferenciales de inflación negativos en la zona, y cuyo coste para España es mayor, dado que son las economías con las que mayor cantidad de productos se intercambia.

Este persistente diferencial ha provocado pérdidas de competitividad con las economías de la zona euro similares. En concreto, desde 1998 el retroceso competitivo de España ha sido de unos nueve a diez puntos tomando como referente los precios relativos de consumo de los bienes y servicios; pero la pérdida es de poco más de un punto tomando como referente los precios de producción, más condicionados por la competencia exterior.

En todo caso, la unidad monetaria ha funcionado como freno a la sangría competitiva con las principales economías europeas. La comparación con el resto de grandes economías mundiales con otras divisas es mucho más dramática.

Así, frente a la OCDE la pérdida de competitividad es de más de diez puntos tomando el referente de los precios de consumo. Pero la pérdida de terreno con los productos y bienes británicos es de unos 15 puntos, proporción similar a la registrada con EE UU. La sangría más abultada se produce frente a Japón, economía con la que se pierden casi 28 puntos desde 1998 y 65 desde 2000. El diferencial de precios acumulado por España frente a Japón desde 1998 ha sido de más de 26 puntos, mientras que con el Reino Unido es de 12,4 puntos, y casi inexistente con EE UU.

Esta pérdida de competitividad es la que explica el crecimiento persistente de los déficit comerciales de España con casi todas las áreas comerciales del mundo y en casi todos los grupos de productos intercambiados. En los diez últimos años, por ejemplo, la tasa de cobertura de las exportaciones sobre las compras ha pasado del 80,3% al 66,5%.

Abundante rigidez laboral y escasa tecnología

El Banco de España considera que los diferenciales de inflación acumulados por España con sus competidores son 'un reflejo de las imperfecciones de los mercados de factores, bienes y servicios que afectan a la competitividad de las economías, y pueden llegar a dificultar la instrumentación eficiente de la política monetaria'. En España ha sido la expansión de la demanda agregada, más allá de la que por si sola explicaría la evolución de la renta de los españoles, la causa motriz de la inflación y sus diferenciales con la Unión Monetaria Europea, según un informe del Banco de España. Además, se aprecia una diferencia clara entre los precios generados en los servicios nativos y la comercialización de bienes en mercados en competencia, lo que hace más patente la necesidad de corregir los mecanismos de formación de precios y salarios en los mercados españoles.En especial, señala la rigidez del mercado de trabajo en sus mecanismos de formación de salarios como uno de los nichos inflacionistas a eliminar. Y muy especialmente destaca la necesidad de abandonar las cláusulas de revisión salarial tradicionales de los convenios colectivos.Además de estas correcciones, el informe incide en la necesidad de inyectar mayores dosis de tecnología a los procesos productivos para que un incremento de la productividad compense al menos la pérdida de competitividad de la economía española.

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