ARTICLES Analisi 1011 1. 1986. 67-85 LA DIPLOMACIA DE LA DOMINACION CULTURAL Y LA LIBRE CIRCULACION DE LA INFORMACIÓN Herbert I. Schiller Durante un cuarto de siglo, una doctrina, la idea de que no deben existir barreras que impidan la libre circulación de la información entre las naciones, ha dominado el pensamiento internacional sobre las comunica- ciones y las relaciones culturales. La génesis y la difusión del concepto de la libre circulación son más o menos paralelas al breve y agitado intervalo de la hegemonía total de los Estados Unidos, época ya en decadencia. Resulta ahora evidente, cuando miramos hacia atrás, que la coincidencia política de estos dos fenómenos -la política de la libre circulación y el ascenso imperialista de los Estados Unidos- no es casual. El primero de estos fenómenos fue requisito indispensable para que se diera el se- gundo. Conforme la segunda guerra mundial se acercaba a su fin, las más altas esferas de decisión de los EEUU fijaban su atención en la era venidera. En 1943, dos años antes de que terminara la guerra, estaba claro que los EEUU saldrían del conflicto sin grandes daños y con una posición de dominio económico. En términos generales, los partidarios más explícitos de lo que parecía ser el siglo de la América triunfante dejaban entrever un mundo liberado de los anteriores lazos coloniales y de fácil acceso para las iniciativas y compromisos de la empresa privada norteamericana. Una serie de ventajas acumuladas, no todas relacionadas con la guerra, permi- tían que los negocios norteamericanos florecieran, casi sin querer, y se extendieran hasta los límites más alejados del sistema del mundo capita- lista. Los límites marcados por la existencia de una zona bajo la organiza- ción socialista hicieron que esta expansión no fuera del todo agradable para el autocomplaciente liderazgo norteamericano. 68 El empuje exterior de la empresa colectiva norteamericana fue económi- co, pero la utilidad del componente cultural-informativo en el proceso de expansión se apreciaba ya desde las primeras etapas del drama. Los rápidos avances del capitalismo norteamericano, en camino ya desde principios de los años cuarenta, fueron legitimados y considerados como expresiones nada excepcionales y altamente beneficiosas de la cre- ciente libertad en la «arena» internacional, de la libre circulación del capital, de los recursos y de la circulación de la información. Fue un tiempo muy propicio para ensalzar las virtudes de la libertad de información y de los recursos. Las depredaciones de la ocupación nazi habían traumatizado a Europa y a buena parte del resto del mundo. La libertad de información y de movimiento eran muy deseables y se conside- raban aspiraciones legítimas de los pueblos y naciones ocupados, por lo que fue relativamente fácil confundir las verdaderas necesidades naciona- les con los objetivos de los negocios privados. John Knight', propietario de la mayor cadena de periódicos de Estados Unidos y en 1946 presidente de la Asociación Americana de Editores de Periódicos, insistió -omitiendo más que explicando- en lo que muchos pensaban en aquel tiempo: «Si los nazis y las fuerzas fascistas en Alemania y en Italia no se hubieran servido y dominado toda la prensa y los medios de comunicación desde un principio, el crecimiento de estas dictaduras venenosas se podría haber evitado y el adoctrinamiento del pensamiento nacionalista basado en el odio y el recelo no hubiera sido posible)). La libre circulación de la información podía compararse no sólo con la manera fascista de actuar, sino que se asociaba con la esperanza de paz compartida por todos los pueblos cansados por la guerra. Palmer Hayt2, otro publicista americano influyente, declaró pocos meses más tarde de acabar la guerra: «Estoy completamente convencido de que el mundo no puede soportar otra guerra, pero creo que el mundo está abocado a la guerra y a la destrucción a no ser que se tomen medidas inmediatas para asegurar, al menos, el principio de la libertad de información -al estilo americatzo- entre los pueblos de la tierra. Una civilización que no está informada no puede ser libre y un mundo que no es libre no puede perduran). Los Estados Unidos abogaban por la facilidad de movimiento en la información, entonces favorecida por las experiencias y emociones de las personas recién liberadas de la ocupación fascista y por el estado de destrucción de los países. Pero acompañando a la retórica de la libertad de John S. KNIGHT, ((World Freedom of Information~, conferencia pronunciada en Filadel- fia el 16 de abril de 1946. Publicada en Vital Speeches, vol. 12, 1946, pp. 472-477. 2 Palmer HOYT,«Last Chance», conferencia pronunciada en Jackson County Chamber, Medford, Oregón, el 18 de septiembre de 1945. Publicada en Vital Speeches, vol. 12, 1946, pp. 60-62. expresión se alineaban poderosas fuerzas económicas que utilizaban una 69 hábil estrategia política y semántica. En las primeras décadas del siglo x x , sectores importantes de la indus- tria norteamericana se indignaban al pensar que estaban excluidos de amplias regiones dominadas por los todavía poderosos imperios francés y británico; por ejemplo, el imperio británico poseía una red mundial que unía el sistema colonial de sus posesiones y que a la vez las aislaba de las posibles penetraciones comerciales por parte de otros capitalistas. El decisivo papel desempeñado por la red mundial de comunicaciones britá- nica -control del equipo material de los cables oceánicos, así como la organización administrativa y comercial de las noticias y la información- que reforzó la supremacía del sistema colonial, lo mantuvo unido y a salvo del ataque exterior, lo que no pasó desapercibido en los Estados Unidos. La ofensiva norteamericana fue organizada contra estos lazos estructura- les tan finamente urdidos. Este ataque se amparaba en las honestas palabras y en los loables objetivos de «la libre circulación de la informa- ción» y en el ((acceso mundial a las noticias)). Pero el propósito fundamen- tal de este ataque era evidente. Durante muchos años el director ejecutivo de la agencia Associated Press (AP) intentó romper el control de los carteles de noticias europeos, sobre todo el de Reuters y también el de Wolff. El libro de Cooper, Barriers Down (Nueva York, Farrar and Rine- hart, 1942), describía las divisiones territoriales que los carteles habían organizado y las limitaciones formuladas para las actividades de la agen- cia AP. Ya en 1914 Cooper escribía: «La junta directiva de AP debatía si la Associated Press no debería hacer un esfuerzo para abrirse camino hacia el control del vasto territorio de América del Sur, por entonces perteneciente a la agencia Havas (Francia)». Traía a la memoria «el persistente arraigo que una asignación territorial realizada en el siglo XIX para la diseminación de las noticias tuvo para el mundo y se puso de manifiesto en la discusión anual del tema por parte de la junta de directo- res de la agencia Associated Press, junta que duró hasta 1943)). La acusación de Cooper a los viejos carteles tiene hoy día un carácter irónico cuando las agencias norteamericanas de noticias dominan la circula- ción de la información mundial: «Al impedir que la AP difundiera noticias en el exterior, Reuters y Havas cumplían tres propósitos: 1) excluir la competencia de Associated Press; 2) eran libres de presentar las noticias americanas despectivamente, en caso de difundirlas; 3) podían difundir noticias de sus propios países de forma favorable y sin ser rebatidas. Sus países eran siempre glorificados, lo que se hacía informando de los grandes progresos de la civilización francesa e inglesa, avances de los cuales podía beneficiarse el resto del mundo)). Cooper también reconoció el significado del dominio británico en los cables transoceánicos: «El cable acercó instantáneamente el Londres del 70 Támesis a Australia, Sudáfrica, la India, China, Canadá, y a todo el mundo británico ... Gran Bretaña, muy por delante de cualquier otra nación, concentró toda su atención en el negocio de los cables. Primero unió su imperio. Después se extendió a otras naciones. Y en armonía con las prácticas victorianas, las noticias que atravesaban la vasta red de cables daban brillo a la causa británica)). Cooper no fue el único en vislumbrar estas ventajas. James Lawrence Fly3, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones durante la segunda guerra mundial, también llamó la atención sobre esta cuestión: «De entre todas las restricciones artificiales al libre desarrollo del comer- cio por el mundo, ninguna es más tediosa y menos justificable que la del control de los medios de comunicación por un país con servicios y cuotas preferenciales para sus empresas nacionales ... Gran Bretaña posee la ma- yor proporción de cables del mundo, y es justo decir que gracias a tal propiedad y a las entrelazadas relaciones contractuales, domina los cables internacionales». Esta interpretación del poder proporcionado por el dominio de las comunicaciones no cayó en el olvido. Se hizo manifiesto dos décadas más tarde cuando las compañías estadounidenses, con grandes subsidios gu- bernamentales, fueron las primeras en desarrollar y casi monopolizar la comunicación por satélite. Las impacientes asociaciones de prensa estadounidenses y los legisiado- res de comunicación gubernamentales no fueron los únicos en el país que reconocieron las ventajas que ofrecía el control de las comunicaciones mundiales en el comercio exterior y los mercados de exportación. El Business Week informaba4: ((Washington reconoce la importancia en la posguerra de liberalizar las comunicaciones como un estímulo para inter- cambiar productos e ideas. En un plano mas elevado significa que los funcionarios gubernamentales están intentando aflojar el control que los británicos han mantenido durante mucho tiempo a través del sistema de cables, y que han reforzado después de la última guerra con el embargo de las propiedades alemanas ... En tiempo de paz, los costes más bajos de los mensajes dinamizarán nuestro comercio y respaldarán nuestra propa- ganda, lo que supone un sustancioso negocio en todos los sentidos)). La revista resumía la posición de los medios empresariales, citando con aprobación un comentario que había aparecido en el Standard de Lon- dres: «(el control de las comunicaciones) da el poder para controlar el comercio mundial y... facilita el tipo de actividades que interesan a los que tienen el poder)). 3 James Lawrence FLY,«A Free Flow of News Must Link the Nations». Free World, vol. 8,2, 1944, pp. 165-169. 4 Bilsiness Week, núm. 8 7 , 1945. pp. 32, 34 y 41. Por supuesto, el gobierno británico no ignoraba los intereses norteame- 71 ricanos en este tema. El prestigioso The Econornist reaccionó con aspereza a la campaña de Kent Cooper a finales de 1944 sobre la libre circulación de la información: «Los inmensos recursos financieros de las agencias norteamericanas podrían permitirles dominar el mundo ... (Cooper). Como la mayoría de los ejecutivos comerciales experimenta una peculiar y grata sensación al darse cuenta de que su idea de libertad coincide con su beneficio comercial ... La democracia no significa salvar al mundo entero para la A P d . Pero The Econornist no dijo que tampoco lo significaría el que Reuters y British Cables conservaran el control. El funcionario público más directamente implicado en la formulación y explicación de la política de Estados Unidos en la esfera de las comunica- ciones inmediatamente después de la guerra fue William Benton, entonces asistente del Secretario de Estado y que iba a convertirse en senador y presidente de la Enciclopedia Británica. Él perfiló en una emisión del Departamento de Estado, en enero de 1946, la posición del gobierno respecto al significado de la libertad en las comunicaciones: «El Departa- mento de Estado piensa hacer todo lo que esté en su poder en el terreno político y diplomático para contribuir a romper las barreras artificiales a la expansión de las agencias de noticias norteamericanas privadas, pelícu- las y otros medios de comunicación por todo el mundo ... La libertad de prensa -y la libertad de intercambio de información en general- es una parte integral de nuestra política exteriom6. Por supuesto, los aspectos económicos de la política de la libre circula- ción no eran secretos, aunque los medios de comunicación ni explicaron bien la naturaleza del principio tan extensamente difundido, ni hicieron explícitas al público las implicaciones de dicha política, sino que las grandes asociaciones de la prensa y los editores organizaron una campaña política extraordinaria, con el apoyo de la industria en general, para convertir el tema de la libre información en un principio nacional e internacional. Esto servía a dos excelentes objetivos. Favorecía que la opinión pública apoyara una meta comercial expresada como un imperati- vo ético, y, simultáneamente, proporcionaba un arma ideológica muy efectiva contra la Unión Soviética y su recién creada zona de influencia anticapitalista. Era evidente que la premisa fundamental de la libre empresa -el acceso al capital determina el acceso a la difusión del mensaje- sena intolerable para las sociedades que habían eliminado la propiedad privada como forma decisiva de propiedad, como en el caso de los medios de comunica- ción de masas. Por lo tanto el tema de la libre circulación de la informa- 5 Véase en «Charter for a Free Press», Newsweek, 1 1 de diciembre de 1944, p. 88. 6 Department of State Bulletin, vol. 14 (344), 3 de febrero de 1946, p. 160. 72 ción proporcionó a los dirigentes de la política norteamericana un argu- mento cultural poderoso para crear sospechas sobre cualquier tipo alternativo de organización social. Se contribuía así a debilitar el enorme interés popular existente en Europa y en Asia, al final de la guerra, por cualquier forma de socialismo. John Foster Dulles, uno de los principales artífices y ejecutores de la política de la guerra fría de Estados Unidos, fue rotundo en este tema: «Si tuviera que decidirme por un único aspecto de la política exterior lo haría por el de la libre circulación de la información»'. Este es un tema recu- rrente en la diplomacia estadounidense de posguerra. Por ejemplo, dos años más tarde, la delegación norteamericana que asistía a la Conferencia sobre Libertad de Información de las Naciones Unidas informaba: «Seis de nosotros tenemos la esperanza de que esta conferencia ayude a trans- formar la corriente de opinión contra la libertad de expresión que ha existido en muchas partes del mundo. Tenemos la convicción de que en la conducta futura de nuestra política exterior, los Estados Unidos deberían continuar llevando a cabo acciones enérgicas en el campo de la libertad de expresión y pensamiento)^^. Por supuesto, la cronología del lanzamiento y la firme prosecución de la doctrina de la libre circulación refuerza la creencia de que la cuestión había sido concienzudamente preparada y fomentada en el período crítico inmediatamente anterior al final de la segunda guerra mundial y en los inmediatos años posteriores. Los que decidieron el año de 1948 corno la fecha del comienzo de la guerra fría, pasaron por alto el período anterior en el cual se sentaron las bases en los Estados Unidos para una ofensiva del capitalismo norteamericano en todo el mundo. Bastante tiempo antes de que la guerra terminara, el mundo de los negocios norteamericano había incorporado al tema de la libre circulación de la información una ideología política formal. En junio de 1944, la poderosa Asociación Norteamericana de Editores de Periódicos adoptó una serie de resoluciones incitando a los dos partidos políticos más importantes de EEUU a apoyar «la libertad de información y las comuni- caciones sin restricción para las noticias en todo el mundo^^. Acto segui- do, tanto los demócratas como los republicanos, en los dos meses siguien- tes, asumieron estos puntos en los programas de sus partidos, donde incorporaron estos objetivos. Los demócratas proclamaban: ((Creemos que sin la pérdida de la soberanía, el progreso mundial y la paz duradera están en manos de la humanidad, y tanto el progreso como la paz se Véase John S. KNIGHT, cit., p. 476. op. 8 Report o f t h e United States Delegates to the United Nations Conference on Freedorn of Information, U.S. Department of State Publication 31 50, Intemational Organization and Conference Series 1 1 1.5, Washington, U.S. Government Printing Ofice, 1948. John S. KNIGHT, cit., pp. 472-473. op. conseguirán con el disfrute de las libertades por los pueblos del mundo y 73 con una circulación más libre tanto de las ideas como de los bienes». Los republicanos manifestaban: «Todos los canales de noticias deben mante- nerse abiertos, con igualdad en el acceso a las fuentes. Si se puede llegar al acuerdo de establecer los mismos principios con otras naciones será una valiosa contribución a la paz futura»lO. En septiembre de 1944, las dos cámaras del Congreso adoptaron una resolución del mismo género que seguía muy de cerca las recomendacio- nes de los editores y los publicistas. El Congreso expresaba su ((creencia en el derecho mundial del intercambio de noticias entre los colectivos de noticias y las agencias de distribución, tanto individuales como asociadas, por cualquier medio, sin discriminación respecto a sus fuentes, distribu- ción, tasas o precios; este derecho debe ser protegido por una disposición internacional»I l. Tras conseguir y asegurar una aprobación de estos objetivos por parte del Congreso, los responsables de la Asociación Norteamericana de Edito- res de Periódicos, en una reunión celebrada en noviembre de 1944, declararon que «la mayoría de los norteamericanos y sus periódicos apo- yarán las políticas del gobierno ... y las acciones que conduzcan a la supresión de todas las barreras políticas, legales y económicas que interfíe- ran en los medios de comunicación, y... nuestro gobierno debería hacerlo saber explícitamente a otras naciones»12. Este grupo de editores advirtió con satisfacción que el recién nombrado Secretario de Estado, Edward Stettinius, Jr., había anunciado que «Los EEUU planean mantener con- versaciones preparatorias con otras naciones para procurar que los com- promisos sociales garanticen la supresión de las fronteras en el intercam- bio de información entre todas las naciones»13. Al mismo tiempo la Asociación Norteamericana de Editores de Periódi- cos, junto con la Associated Press (AP) y la United Press International (UPI), anunciaban el viaje de una delegación para «llevar personalmente el mensaje por una prensa internacional libre a las capitales de los países aliados de todo el mundo»14. En la primavera de 1945, mientras todavía se estaba en guerra, esta delegación recorrió 40.000 millas, visitando las veintidós ciudades más importantes y once de los países aliados o neutra- les, «en calidad de prioridad del Departamento de Guerra, en aviones ofrecidos por la Comandancia del ejército»15. ' 0 Kirk H. PORTER Donald Bruce JOHNSON, y National Party Plaflorms, 1840-1964, Urbana. y Londres, University of Illinois Press, 1966, pp. 404 y 413. l 1 Congressional Record, 90 Congress, 8044: 58 Stat. (Pt. 2), 11 19. l 2 The New York Times, 29 de noviembre de 1944. 13 Edifor and Pttblisher, 2 de diciembre de 1944: p. 7. l 4 The New York Times, 29 de.noviembre de 1944. ' 5 Editor and Publisher, 16 de junio de 1945, pp. 5, 64. 74 Mientras este grupo privado de representantes de la prensa de los Estados Unidos realizaban su viaje internacional de promoción de la doctrina de la libre circulación, los directores de la Associated Press «colocaron un fondo de 1.000.000 de dólares al año a disposición del director Kent Cooper, para convertir la AP en una institución mun- dial»I6. En realidad, conforme la guerra se acercaba a su fin, los preparativos para la promoción de la doctrina de la libre circulación pasaron de un plano nacional al internacional. Con el apoyo político del Congreso de los Estados Unidos asegurado y la opinión pública interna organizada con acierto, los defensores de la libre circulación trasladaron sus campañas con energía hacia los canales de la diplomacia internacional y la pacifica- ción, que cobraron fuerza con el fin de las hostilidades. Una de las primeras ocasiones que proporcionó un forum internacional para exponer la doctrina de la libre circulación fue la Conferencia Intera- mericana sobre los Problemas de la Guerra, reunida en la ciudad de México en febrero de 1945. América Latina, considerada durante más de un siglo de interés fundamental para los EEUU -con la influencia econó- mica europea prácticamente eliminada debido a la guerra- fue un lugar propicio para probar la nueva doctrina en un marco internacional agrada- ble y sin controles. Como cabía preveer, la Conferencia adoptó una resolución firme sobre el «libre acceso a la información)), que estaba basado sustancialmente en una propuesta de los Estados UnidosL7. Una vez persuadido el hemisferio occidental de los méritos de la libre circulación, la aterición se volvió hacia el exterior. Las estructuras interna- cionales para el mantenimiento de la paz se estaban construyendo, y los Estados Unidos se aseguraron de que las recién creadas Naciones Unidas y sus instituciones afines, como la Organización de la Cultura, la Ciencia y la Educación (UNESCO), prestaran la atención debida al tema de la libre circulación. La utilización de las Naciones Unidas y de sus organizaciones afiliadas como instrumentos de la política de los EEUU, y además como formas eficaces para la propagación de la doctrina de la libre circulación, se entiende mejor en el contexto de la economía internacional de hace treinta años. En los años setenta, los Estados Unidos se encontraban a menudo en minoría en las votaciones realizadas en las Naciones Unidas (en algunos temas casi en total aislamiento, por ejemplo, en el de la emisión directa 16 Editor and Publisher, 2 1 de abril de 1945, p. 15. l7 Report of the United States Delegation to the Inter-American Conference on Probletns oj War and Peace (Ciudad de México, 21 de febrero-8 de marzo de 1945), U.S. Department of State Publication 2497, Conference Senes 85, Washington U.S. Government Printing Ofice, 1946, p. 2 1. vía satélite); pero en los años cuarenta esta situación era sustancialmente 75 diferente. En 1945, cincuenta estados se encontraban representados en las primeras sesiones de las Naciones Unidas, apenas más de un tercio de los actuales miembros (143). De estos cincuenta miembros originales, dos quintos eran estados latinoamericanos, en aquel tiempo casi totalmente subordinados a las directrices norteamericanas. Los estados miembros de Europa Occidental se encontraban económicamente exhaustos: eran ines- tables políticamente y muy dependientes de los Estados Unidos en mate- ria económica. Los pocos países del Oriente Medio, Asia y África, que entonces participaban en la ONU, estaban todavía, salvo unas pocas excepciones, sujetos en realidad al sistema imperial occidental. En suma, durante los años 1945 a 1948 las Naciones Unidas estaban lejos de ser universales y, por supuesto, mucho menos independientes. De hecho se distinguían por «una mayoría automática)) que era invocada cada vez que sus poderosos miembros y soportes financieros y económicos más fuertes deseaban hacer uso de ella. La concepción de la ideología occidental y la manipulación de la infor- mación eran a menudo motivo de burla por la inflexibilidad de la Unión Soviética, como se reflejaba en su uso del derecho al veto. Esto sin mencionar las relaciones políticas y económicas que permitían decisiones favorables para los Estados Unidos, ganadas por mayorías aplastantes. En este ambiente, la aprobación en la ONU de la libre circu~aciónno fue apenas sorprendente. Sin embargo, tampoco hubo muchos testimonios de que al principio hubiera tenido un apoyo internacional sincero o de que se hubiera comprendido su significado profundo. Más bien fue un ejemplo sorprendente de cómo la maquinaria de la organización internacional podía ser puesta a disposición del miembro más poderoso. Lo que sigue a continuación es un breve análisis de la utilización de la UNESCO y de las Naciones Unidas para la propagación de la doctrina de la libre circulación. La primera propuesta para la constitución de la UNESCO, que fue trazada por un comité de expertos norteamericanos y revisada por el - Departamento de Estado, exponía claramente la libre circulación de la información como uno de los objetivos de la UNESC018.En un informe sobre las sesiones de la delegación norteamericana para la conferencia constitucional de la UNESCO, celebrada en Londres de octubre a noviem- bre de 1945, el jefe de la delegación, Archibald MacLeish, recalcó repeti- damente su convicción y la de su delegación de que la libre circulación de la información era un principio básico19. Muchas personas de Estados ' 8 Proposed Educational and Cultural Organization o f t h e United Nations, U.S. Depart- ment of State Publication 2382,. Washington, U.S. Govemment Printing Ofice, 1945, p p 5- 7. 19 Luther H. EVANS.The Un~ted States and UNESCO; A Summary of the United Statej 76 Unidos (no hay que dudarlo), en especial pertenecientes a las humanida- des y a las artes, apoyaron plenamente el concepto de la libre circulación, inconscientes o quizá indiferentes al propósito principal para el que servía esta doctrina o para el que se pretendía aplicar. En este sentido, el primer informe de la Comisión Internacional de los Estados Unidos para la UNESCO (un grupo nombrado con amplia repre- sentación del mundo de la cultura y de las artes), dirigido al Secretario de Estado a principios de 1947, es un documento poco corriente. Contenía una valoración redactada cuidadosamente sobre la doctrina de la libre circulación. La Comisión recomendaba: «La delegación norteamericana (de la UNESCO) debería hacer progresar y secundar propuestas para la supresión de los obstáculos a la libre circulación de la información, de acuerdo con el informe del Comité de Asesores del Departamento de Estado sobre los Medios de Comunicación y la UNESCO. La Comisión difiere, sin embargo, con el Comité de Asesores en la creencia de que la organizacion misma debería preocuparse por la calidad de la comunicación internacional a través de los medios de comunicación y debería hacer un estudio serio que permita que los medios de comunicación puedan servir de forma mas positiva y creativa para la causa del entendimiento internacio- nal y por lo tanto para la paz. (Subrayado del autor)20. La Comisión se apresuró a añadir: «La Organización debería, por supuesto, evitar siempre cualquier acto o conato de censura)). La preocupación por la calidad rara vez, o ninguna, ha tenido eco en los pronunciamientos oficiales de los Estados Unidos sobre el deseo de una libre circulación de la información. Cuando ésta era mencionada, como lo ha sido con frecuencia por algunas entidades oficiales, se rechazaba de antemano como si se tratara de una justificación para poder censurar y reprimir. Cuando la Comisión Hutchins sobre la libertad de prensa surgió como un tema importante en 1946 en los Estados Unidos, sencillamente fue ignorado2'. Desde el principio, la UNESCO hizo de la libre circulación de la informa- ción uno de sus temas prioritarios, por la iniciativa tomada por la delegación norteamericana. En el informe de la primera sesión de la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París, en noviembre y diciembre de Delegation Meetings to the Constitutional Conference of the United Nations Ediicational, Scientijc and Cultural Organization, in Washington and London, October-November 1945, Dobbs Ferry, Oceana Publications, 197 1, p. 1 l. 20 Report ofthe United States Commission for the United Nations Educational, SclentGc and Cultural Organization to the Secretary of State, 1947. 21 See Llewellyn WHITE Robert D. LEIGHT, y Peoples Speaking to Peoples. A Report on Internntional Mass Communicationsfrom the Commission on Freedom ofthe Press, Chicago, University of Chicago Press, 1946. 1946, la delegación norteamericana manifestó que se había propuesto a la 77 subcomisión sobre medios de comunicación que la ((UNESCO cooperara con la Subcomisión de Libertad de Información de la Comisión de Derechos Humanos en la preparación del informe de las Naciones Unidas sobre los obstáculos y la libre circulación de la información y las ideas...»22.De hecho se creó una sección sobre este tema en la División sobre Medios de Comuni- cación de la misma UNESCO. Iniciativas similares se llevaron a cabo en las Naciones Unidas para dar fuerza y publicidad a la doctrina de la libre circulación. El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas fundó la Comisión de Dere- chos Humanos en febrero de 1946, y en junio del mismo año autorizó a ésta a fundar una subcomisión sobre la libertad de información y de prensaz3. Antes de que esto ocurriera, la delegación filipina dirigió a la Comisión Preparatoria de la ONU un borrador de resolución para que fuera someti- do a consideración en la primera sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el que se proponía una conferencia internacional sobre la prensa con el objeto de ((asegurar el establecimiento, funciona- miento y circulación de la prensa libre a través de todo el mundo»24.Con el debido respeto a las sensibilidades nacionales, es imposible imaginar la iniciativa de Filipinas planteando una consideración previa en la primera Asamblea General de las Naciones Unidas sin el apoyo y sin el estímulo y la protección de los Estados Unidos. Las Filipinas habían sido, desde finales del siglo XIX, una dependencia de los Estados Unidos y en realidad todavía lo eran en 1946. En el curso de la segunda parte de la primera sesión de la Asamblea General (del 15 de octubre a diciembre de 1946), la delegación filipina volvió a presentar un nuevo documento en el que proponía que la confe- rencia internacional se extendiera e incluyera otros medios de informa- ción como la radio y el cine. El 14 de octubre de 1946, la Asamblea General adoptó la Resolución 59 ( l ) , que establecía que la ((libertad de información es un derecho humano fundamental y la piedra de toque de todas las libertades a las que las Naciones Unidas están consagradas)), y esa libertad ((implica el derecho a reunir, transmitir y publicar noticias en cualquier lugar sin obstáculo algunonz4. La Asamblea decidió también autorizar la celebración de una conferencia de todos los miembros de las Naciones Unidas sobre la libertad de información. Primera sesión de la Conferencia general de la UNESCO. París, 19 de noviembre-10 de diciembre de 1946. Report of the Unrted Stntes Delegntion. whith Selected Docilments, Washington. U.S. Government Printing Office, 1947, p. 17. '3 Resolución 219 del 21 de junio de 1946, Consejo Económico y Social, Of'cial Records (Primer año. segunda sesión), Lake Success, United Nations, núm. 8, p. 400. ?4 Yeurbook on Human Rights for 1947, Lake Success, United Nations, 1949. p. 439. 78 La conferencia de la ONU sobre la libertad de información se celebró en Ginebra desde el 25 de marzo hasta el 21 de abril de 1948. Proporcionó la polarización ideológica internacional que los dirigentes de la política estadounidense habían previsto. William Bentonz5,presidente de la dele- gación norteamericana, explicó: ((Nuestra conferencia en Ginebra, como cabía esperar, ha estado muy dividida ... Las personas libres han estado allí frente a frente con aquellos cuya ideología conduce hacia la destrucción de la libertad)). Y continuaba así: «No estamos en Ginebra para hacer propa- ganda, estamos allí intentando hacer todo lo posible para reducir los obstáculos a la libre circulación de la información entre hombres y nacio- nes)). Sin embargo -también según Benton-, entre los principales objeti- vos de la delegación norteamericana, y apenas compatible con su alegato de no partidismo, estaba el ((asegurar el acuerdo sobre el establecimiento de un mecanismo de seguimiento que mantuviera alerta la atención mun- dial en el tema vital de la libertad de expresión en el seno de las naciones y entre ellas)). El acta final de la conferencia expresaba esencialmente los criterios sobre la libre circulación de la información de los EEUU, y fue asumida por treinta votos a favor, uno en contra (siendo Polonia el país disidente), y cinco abstenciones (Belorusia, Checoslovaquia, Ucrania, la URSS y Yugoslavia). La propuesta soviética de que el acta final fuera sólo firmada por el presidente y el secretario ejecutivo de la conferencia y no por los delegados de los gobiernos asistentes, no agradó a la delegación norteame- ricana. A pesar de ello y quizá debido a la inquietud reinante motivada por el carácter abiertamente provocador de la conferencia, la recomenda- ción soviética fue aprobada unánimementez6. También se votó en dicha conferencia remitir a la Asamblea General las resoluciones y los documentos de la convención del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas para su consideración, posterior sumisión y eventual adopción final. En agosto de 1948, después de un violento y prolongado debate, el Consejo Económico y Social de la ONU transfirió el paquete entero sin llevar a cabo ninguna acción ni recomendación -tres convenciones y cuarenta y tres resoluciones- a la Asamblea General de 1948, donde languidecieron sin que se tomara ninguna decisión2'. A pesar de la fuerte influencia de los EEUU en las Naciones Unidas en esa época, '5 William Benton (presidente de la delegación de los Estados Unidos en la Conferencia sobre Libertad de Información), pronunció estas palabras en el Anglo-American Press Club de Paris, el 7 de abril de 1948. Publicadas en Department of State Bulletin, 18 de abril de 1948. pp. 518-520. 26 c