Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011 eISSN: XXXX https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 ARTÍCULOS LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO THE FIRST HYGIENIC GYMS: SPACES TO HEAL AND CORRECT THE BODY Miguel Vicente-Pedraz1 Universidad de León Xavier Torrebadella-Flix2 Universitat Autònoma de Barcelona Recibido: 13 de febrero de 2018; Aprobado: 5 de abril de 2018. Publicado online: 15 de marzo de 2019 Cómo citar este artículo / Citation: Vi cente-Pedraz, Mi guel y Xa vier To rrabedella-Flix. 20 19. «L os pr imeros gi mnasios hi giénicos: espacios para sanar y corregir el cuerpo». Disparidades. Revista de Antropología 74(1): e011. doi: . RESUMEN: Los primeros gimnasios higiénicos, fundados en la década de los años sesenta del siglo XIX, constituyeron un efectivo respaldo a una cultura corporal que, particularmente en Cataluña, empezaba a ofrecer elocuentes signos de diferenciación social entre los miembros de la burguesía. Las reciprocidades ideológicas y culturales que mantenían los usuarios del gimnasio sirvieron de caldo de cultivo para la propagación de las emergentes prácticas y discursos, tanto higiénicos y terapéuticos como de autodo- minio y de esparcimiento, los cuales, basados en la ejercitación física, supondrían un importante dispositivo para la afirmación de clase. Mediante cotejo documental acometemos un análisis de corte socio-crítico. Concluimos que la actividad de los gimnasios decimo- nónicos, especialmente los de Barcelona, dio lugar a una embrionaria cultura física privativa que operó como plataforma de socia- lización y moralización físicas de la burguesía. A la vez, establecemos conexiones entre ese proceso y la primitiva penetración del sport, reconocible sobre todo en la adecuación de los principios fundadores de este a los intereses de clase. PALABRAS CLAVE: Gimnasio; Gimnástica; Cultura Corporal; Masculinidad; Barcelona. ABSTRACT: The first hygienic gymnasiums, founded i n the eighteen sixties, were an effective support for a body culture that, particularly in Catalonia, began to offer eloquent signs of social differentiation among members of the bourgeoisie. The ideological and cultural reciprocities maintained by gym users served as a basis for the propagation of emerging practices and discourses, both hygienic and therapeutic, a s well a s self-control a nd recreation, which, based on physical exercise, wo uld become an important device for the affirmation of class. Through a documentary comparison, a socio-critical analysis of the venue and use of gyms is undertaken. It is concluded that the activity of nineteenth-century gymnasiums, especially those in Barcelona, gave rise to an embryonic privative physical culture that operated as a platform for the socialisation and moralisation of the bourgeoisie. KEYWORDS: Gymnasium; Gymnastic; Body Culture; Social Identity; Masculinity; Barcelona. Copyright: © 2019 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido b ajo l os términos de l a licencia de u so y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). 1 Correo electrónico: mvicp@unileon.es. ORCID iD: . 2 Correo electrónico: xtorreba@gmail.com. ORCID iD: . MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX 1. INTRODUCCIÓN que la apariencia corporal —y con ella las relaciones intra e interpersonales que se despliegan en torno al Durante la década de los años sesenta del siglo XIX, uso del cuerpo— empezaba a ser un baluarte de la el ambiente cultural catalán se vio favorecido por la identidad y diferenciación tanto individual como co- apertura de varios establecimientos privados que, lectiva. El proceso de difusión hacia abajo permitiría aun con diferentes formas de reclamo publicitario, que otras capas sociales fueran accediendo paulati- ofrecían una novedosa práctica corporal, bajo la pro- namente a las prácticas corporales higiénico-recrea- mesa de ayudar a mantener o recuperar la salud a tivas según una pauta por la que la gimnástica iría sus usuarios. Se trataba de los gimnasios higiénicos perdiendo potencial distintivo pero, a la vez, auspi- que en Europa central y Francia llevaban algunas dé- ciada por la medicina y la educación (Vicente-Pedraz cadas ofreciendo sus servicios, sobre todo, a los y Torrebadella-Flix 2017), facilitaría la generalización miembros de las clases más pudientes. de unos gustos cada vez más elaborados en el seno de una clase social que ya ejercía el dominio econó- A diferencia de los gimnasios estatales, particular- mico y pugnaba por el dominio cultural; es decir, se mente los militares y los escolares —de vocación revelaría como un potente catalizador de una cultura formativa y de adoctrinamiento y donde los destina- física que aspiraba a ser hegemónica. tarios eran ciudadanos que acudían mediante reclu- tamiento forzoso—, los gimnasios higiénicos privados En todo caso, la desventaja que en términos de dis- habían de ganarse la clientela persuadiendo a la ciu- tinción pudo tener el proceso de difusión social de las dadanía de los provechos del ejercicio físico; un ejer- prácticas gimnásticas entre los miembros de las clases cicio que, por otra parte, debía mostrar credenciales populares se vería compensado, y con creces, con la de refinamiento y racionalidad frente a la naturaleza ventaja que suponía para las clases dirigentes poseer popular y callejera del acrobatismo. A tal efecto, des- una herramienta, al fin y al cabo, normalizadora y dis- de muy pronto, sus directores desplegaron una inten- ciplinaria del proletariado; en términos foucaultianos, sa propaganda dirigida particularmente a los sectores una herramienta que aumentaba las fuerzas del cuer- más acomodados de la burguesía urbana la cual, po en términos económicos de utilidad y las disminuía además de ser la clase social económicamente más en términos políticos de obediencia (Foucault 2005: próspera y culturalmente más dinámica, sus integran- 142). A este respecto, el desarrollo de la práctica gim- tes llevaban tiempo interesándose por todo tipo de nástica —de movimientos estructurados, previsibles, actividades y recreaciones corporales novedosas, a la rectilíneos— frente a los juegos de la calle y las muy vez que distintivas, entre las que también se encon- populares actividades funambulescas —de naturaleza traban las incipientes manifestaciones deportivas lle- espontánea y en cierto modo trasgresora— puede ser gadas de Inglaterra y Francia. visto como una metáfora del orden social y económi- co que se impone con la modernidad. Por otra parte, Indudablemente, el propósito consciente de los nos hacemos eco del planteamiento de Georges L. usuarios de estos establecimientos era desarrollar la Mosse (2000) en cuanto que sitúa las prácticas gim- fuerza o la agilidad, poner a prueba la resistencia y násticas decimonónicas en los intersticios del proceso la virilidad, enderezar la figura o conjurar sus temores de construcción de la masculinidad moderna; esta, hacia el raquitismo u otras dolencias; frente a ellos como parte del idealizado retorno a la cultura del cuer- se publicitaban los gimnasios tanto en cartelería po sobre la que se fueron conformando los estereoti- como en anuncios de prensa. Sin embargo, y a la vez pos corporales burgueses, el masculino y el femenino. que todo ello, entre los adeptos a la gimnasia empe- zaba a tomar forma la idea de ejercitación como en- Teniendo como referencia de análisis un construc- tretenimiento; empezaba a desarrollarse una emer- tivismo híbrido entre la teoría del proceso de la civi- gente concepción del cuidado de sí hermanado con lización de Norbert Elias (1987) y la del papel media- el ocio que, desde el punto de vista sociológico, ten- dor del habitus en la configuración social de Pierre dría importantes repercusiones más allá de lo que Bourdieu (1988), planteamos que en el desarrollo y suponía la aparición de una moda o la constatación consolidación de la costumbre burguesa de acudir al de una nueva costumbre. A este respecto, sostene- gimnasio, lo más significativo fue la puesta en marcha mos que particularmente la nueva afición gimnástica de mecanismos de diferenciación de clase mediante se revelaría como un factor concurrente en el proce- la acreditación o exhibición de ciertos usos singulares so de conformación de la burguesía en la medida en y en gran medida privativos del cuerpo. En dichos 2 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO usos, la ejercitación propiamente dicha solo era el gimnasios higiénicos en los principales enclaves ur- elemento aglutinante en torno del cual se fueron de- banos entre mediados y finales del siglo XIX cabe sarrollando nuevos consumos higiénicos (frecuencia interpretarla como un cruzamiento de movilidades del lavado, desarrollo del baño y la ducha), así como arquitectónicas, sociales, culturales, ideológicas, etc., cosméticos y de vestuario, alimenticios, estéticos, donde el sujeto que practica (ejercicios gimnásticos) etc., y también la exhibición de una pose y de una es una dimensión más en el proceso de configuración gestualidad aprendidas en las que cabe incluir la (re) del espacio social. definición de la sexualidad. Todo ello al servicio de Aunque la apertura de gimnasios higiénicos priva- una nueva y diferenciadora —a menudo excluyente— dos en España se constata también en otros grandes imagen del cuerpo respecto de la que el gimnasio era núcleos urbanos, fueron sobre todo Barcelona y Ma- un lugar de intercambio práctico y simbólico: un lugar drid las poblaciones que actuaron como punta de de experimentación, de puesta a prueba, de nuevos lanza de lo que luego sería un fenómeno generaliza- usos corporales y, por supuesto, un lugar de afirma- do. Pues bien, con el propósito de descifrar los códi- ción de la posición ocupada en el espacio social. gos sociales y culturales subyacentes al contexto ca- De Elias (1987 y 1990) nos apropiamos de la idea de talán y particularmente el barcelonés, en una transformación de las costumbres como proceso primera fase de la investigación procedimos a una de desarrollo del autocontrol emotivo y del refina- exhaustiva revisión tanto de las fuentes primarias — miento paulatino de la conducta como resultado proporcionadas por Torrebadella-Flix (2011b)— como de la pugna entre lo viejo y lo nuevo, lo común y de las secundarias disponibles. En la segunda fase del lo diferenciador, cuyo análisis pone sobre la mesa trabajo llevamos a cabo una búsqueda de datos his- el proceso de individualización ligado a la urbani- tóricos relevantes que nos permitiera, mediante or- zación y burocratización de la modernidad; parti- denación, selección, cotejo y análisis, una contextua- cularmente, tenemos en cuenta su modelo teórico lización lo más precisa posible del proceso. Para ello según el cual uno de los motores de la civilización hemos utilizado los accesos abiertos de los fondos es la permeabilidad de las costumbres propia de digitalizados de la Hemeroteca de la Biblioteca Na- la vida en común, espoleada por las tendencias a cional, ARCA —Archivo de Revistas Catalanas Anti- la diferenciación y autoafirmación social (sobre guas—, los de la Biblioteca Virtual de la Prensa His- todo de las clases dominantes) y a la promoción tórica y los del Fondo Local de las Publicaciones social (en las clases populares) a través de la apa- Periódicas Digitalizadas de la Diputación de Barcelo- riencia corporal. De Bourdieu asumimos sobre todo na. la apreciación de que existen estructuras objetivas, Como estrategia expositiva, hemos dividido el artí- independientes de la conciencia, capaces de deter- culo en siete apartados. Tras esta introducción, en el minar las prácticas y las representaciones; asimis- segundo apartado acometemos el surgimiento de la mo, la idea de que los patrones de percepción, gimnástica como materia educativa en algunos de los pensamiento y acción sociales que determinan el colegios privados de mayor prestigio; en el tercero, habitus son productos sociales de manera que «las subrayamos algunos aspectos relevantes sobre la pro- distancias sociales están inscritas en los cuerpos…» ducción bibliográfica sobre la que se legitimó la nue- (Bourdieu 1988: 132) y, por supuesto, la noción de va práctica. En el apartado cuarto, debatimos sobre que la distribución de las propiedades corporales el auge de las compañías gimnástico-acrobáticas y no son independientes de la distribución de las presentamos de manera descriptiva lo que, a la luz demás propiedades entre las clases sociales (Bou- de los datos recogidos, constituyó la paulatina confi- rdieu 1986). guración de los primeros gimnasios higiénicos de Por otra parte, tomamos en consideración el plan- Barcelona. El quinto apartado, previo a las conclusio- teamiento de Michel de Certeau según el cual las nes, nos sirve para establecer de manera genealógica prácticas que tienen lugar en un sistema urbanístico la mecánica que subyace a la conformación moderna no ocupan, sino que construyen el espacio en una del gimnasio higiénico. Particularmente, se discute relación simbiótica con dicho sistema en tanto que sobre los dispositivos sociales y culturales que dieron espacio practicado, un lugar «animado por el conjun- origen a la invención del gimnasio como espacio de to de movimientos que ahí se despliegan» (De Cer- regeneración física y moral que, no obstante, sirvió teau 2000: 129). En este sentido, la proliferación de de catalizador simbólico y práctico a una burguesía Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 3 MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX que supo encontrar en las prácticas corporales priva- cortesía, de buenos cuidados, de costumbres saluda- tivas de clase una forma de ostentar su hegemonía. bles y morales, de higiene y de gimnástica, en su Prestamos atención especial a los procesos de con- mayoría escritos por médicos, contribuirían decidida- formación social de la masculinidad ligada a la prác- mente a legitimar las virtudes de la gimnástica pre- tica gimnástica. sentada como ciencia de los ejercicios de forma ra- zonada, ortopédica, higiénica y médica (Heiser 1854; Schreber 1861). 2. LA GIMNÁSTICA AL SERVICIO DE LA SALUD Y En ese contexto, el gimnasio, que se mostró inicial- LA EDUCACIÓN mente como un elemento de lujo, podía cubrir las emergentes demandas higiénicas de las élites sociales Aunque desde principios del siglo XIX hubo inicia- a la vez que confería a sus usuarios cierto carácter tivas gubernamentales para impulsar la gimnástica en diferenciador. En Francia Hippolyte Triat (1813-1881), España, solo a partir de que el valenciano Francisco gimnasiarca que cobró protagonismo tras la muerte Amorós (1770-1848) adquiriera cierto renombre en- de Amorós, tuvo la idea de instalar un completísimo tre los gimnasiarcas franceses, y su obra comenzara gimnasio que se sustanció en el denominado Grand a difundirse en la península, empezó a notarse un Gymnase de París; bajo el lema «Para la regeneración cambio significativo en el panorama gimnástico espa- del hombre», el Grand Gymnase fue abierto en 1849 ñol (Torrebadella-Flix 2014a). en la Avenida Montaigne, 36 —Champs Élysées— (Fé- Indudablemente, el caldo de cultivo sobre el que val 1852: 2). El establecimiento, que según Andrieu germinaron las prácticas gimnásticas, tanto en Europa (1992) fue un modelo a imitar en toda Europa, con- como en España, estaba bien nutrido por un imagina- siguió captar la atención de la alta sociedad parisina, rio médico-político disciplinario que, en su lucha con- algunos de cuyos miembros encontraron en él sobre tra la degeneración de la raza, había hecho de la mo- todo un escaparate donde confrontar sus veleidades licie, el apoltronamiento y el onanismo sus principales de distinción. Este gimnasio, tal vez junto con el que caballos de batalla; contra todos ellos, el ejercicio físi- abriera Eugenio Paz (1836-1901) en 1865 en la calle co, particularmente si era intenso, regular y rectilíneo des Martyrs, 34 —aunque traspasado a Chrétien Hei- —de modo que conjugara rectitud física y moral (Vi- ser en los años ochenta (Sánchez y González de So- cente-Pedraz y Brozas 2017)—, era visto como el más monano 1884)—, se puede considerar como el caso eficaz de los antídotos (Torrebadella-Flix y Vicente- más paradigmático del desarrollo de este tipo de Pedraz 2016; Vicente-Pedraz y Torrebadella-Flix 2015) establecimientos, entonces al alcance y del gusto y como tal lo daba a conocer la ciencia médica en lo de muy pocos. que se puede considerar la antesala del eugenismo En España, a mediados de siglo ya se habían esta- europeo. Por otra parte, no se puede despreciar la blecido algunos gimnasios particulares en algunos incidencia que en la consolidación de la gimnasia tuvo colegios y en las guarniciones militares de ciudades la idealización romántica de la estética grecolatina cu- como Barcelona, Madrid, Bilbao, Burgos, Cádiz, Figue- yos cuerpos, cincelados en la palestra, habían empe- ras, Guadalajara, Lleida, Mataró, Sevilla, Palma de zado a servir de modelo sobre todo a los miembros Mallorca, Puerto de Sta. María, Toledo o Valladolid más ilustrados y emprendedores de la sociedad. (Torrebadella-Flix 2012a y 2013c). En todo caso, la incipiente moda de la ejercitación Aunque se ha sostenido que la cuna del movimien- corporal encajaba plenamente con las emergentes to gimnástico español se sitúa en Madrid, dándose estéticas corporales (Chaline 2015), primero aristo- como cierto que el germen del mismo fue el gimna- cráticas y luego burguesas, para las que la figura del sio que fundara Francisco Aguilera, Conde de Villalo- gentleman se mostró paradigmática (Cercós y Calvo bos, en 1842 (Piernavieja 1962; Cruz 2014), hoy po- 2013). Y todo ello en fructífero consorcio con el pro- demos afirmar que con anterioridad a esa fecha ya ceso de medicalización que desde principios del siglo había gimnasios higiénicos en Barcelona, Valencia y XIX fue penetrando en los intersticios de la vida co- Sevilla (Torrebadella-Flix 2013a y 2013b; Torrebadella- tidiana, sobre todo familiar, como un mecanismo Flix y Arrechea 2015). Antes de 1840 ya había algunos social más de tutelaje (Donzelot 1998) y buen gobier- gimnasios en Barcelona abiertos al público en general no tanto corporal como moral. A este respecto, tam- y, asimismo, los mejores colegios los habían instalado bién la proliferación de manuales de urbanidad y para sus distinguidos estudiantes, a cuyo efecto con- 4 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO trataron a los más renombrados profesores del mo- Inoculado el germen del gusto por la gimnástica en mento. De entre los colegios que en 1840 contaban los sectores más dinámicos de la élite, en la década con un gimnasio destacan el Instituto Barcelonés y el de los años sesenta se asiste a una verdadera eclosión Colegio Carreras (Torrebadella-Flix y Arrechea 2015). fundacional de gimnasios higiénicos en casi todas las En el área metropolitana de la ciudad cabe señalar grandes ciudades. En el caso de Cataluña se concreta el Colegio Valldemia de Mataró, abierto por el padre en, al menos, dieciocho inauguraciones: Tomás Casals Coll algo más tarde, en 1854, calificado como uno de (Lleida, 1859), Moratones (Barcelona, 1859), Joaquín los mejores colegios de España, justamente, por com- Ramis (Barcelona, 1860), José y Luis Vall (Barcelona, pletar la formación con una celosa educación física 1860), Francesca Vall (Barcelona, 1862), Joaquín Bat- auxiliada con un completísimo gimnasio al aire libre lle (Reus, 1862), Antoni Moratones (Barcelona, 1863), (Gurrera 1995). La influencia que ejerció este colegio Juan Estrany (Barcelona, 1863), Daservile y Berthier fue muy significativa en la zona puesto que al cabo (Barcelona, 1863), José y Luis Vall (Barcelona, 1863), de una década ya eran varios los colegios de Mataró Francesca Vall (Barcelona, 1863), Francisco Sala (Ta- que disponían de gimnasios; uno era el Colegio Ma- rragona, 1863), Pablo Perret (Tarragona, 1863), Juan taronés («Colegio Mataronés» 1864) de primera y Milá (Barcelona, 1864), Nicolás Camús (Tarragona, segunda enseñanza, y otro el de la Escuela Pía Santa 1864), Federico Clemente (Figueras, 1865), Venús Ana que, en 1865, según citaba la Revista Matarone- (Vic, 1866), Fidel Bricall (Barcelona, 1868), Antoni Rovira (Barcelona, 1868), Pedro García (Barcelona, sa, era: «… uno de los más bien montados que se 1868) y Tomás Martí (Tarragona, 1869). han ofrecido a nuestra consideración, pudiendo tra- bajar en él simultáneamente multitud de niños, por Esta concatenación de iniciativas permite afirmar la mucha variedad de sus aparatos» (Gurrera 1995: que, efectivamente, a finales de los sesenta los gim- 23). nasios ya formaban parte de la fisonomía urbana y empresarial catalana que, como ha sido sugerido (Pu- Por su parte, en el Colegio de San Ignacio de Man- jadas 2010; Torrebadella-Flix, Olivera-Betrán y M-Bou resa, que funcionaba como instituto de segunda en- 2015), constituyó el caldo de cultivo para la rápida señanza desde 1847, los padres de la Compañía de adaptación del deporte en el último tercio del siglo Jesús también dispusieron la impartición de clases XIX. de educación física. En 1858 se estableció una cáte- dra de gimnástica que estuvo dirigida por los herma- nos Braquets, conocidos gimnasiarcas profesionales 3. LA PRIMERA BIBLIOGRAFÍA ESPECIALIZADA provenientes del espectáculo gimnástico-acrobático EN TORNO A LA GIMNÁSTICA («Gimnasia» 1858). Con todo, se puede afirmar que la gimnástica, antes de que fuera una disciplina es- El desarrollo científico y tecnológico, que al calor colar con carácter oficial, ya aparecía en algunos de del crecimiento industrial afectó sobre todo a los los institutos de segunda enseñanza catalanes: Figue- grandes núcleos de población, tuvo como consecuen- ras, en 1845; Manresa, en 1858; Lérida, en 1859; cia la revitalización de la vida cultural y, con ella, una Tarragona, en 1863; y Barcelona, en 1865. creciente demanda de información y de formación. Superada la primera mitad del siglo XIX, los gimna- Particularmente, el desarrollo de la medicina y la hi- sios, aunque con diferente casuística e incluso dife- giene social, en confluencia con las nuevas preocu- rente estructura según se tratara de espacios educa- paciones en torno a la estética corporal y al disfrute tivos o higiénicos, ya se habían convertido en lugares hedonista (Vigarello y Holt 2005), debió incidir en la de reunión alrededor del ejercicio corporal sistema- demanda de obras que se ocupasen de la educación tizado donde no dejaron de proliferar aparatos y mé- física. todos con los que recuperar, mantener o acrecentar En respuesta a esta necesidad aparecieron los pri- las energías de la máquina humana. Entre los méto- meros tratados de gimnástica higiénica, médica y dos o sistemas más populares cabe destacar el del educativa. Según Climent (2001) y Torrebadella-Flix sueco Pehr Henrik Ling por su amplia expansión geo- (2011b y 2013a), en la década de los sesenta la lite- gráfica y el del célebre Francisco Amorós, los cuales ratura gimnástica experimentó un importante desa- irían ajustando sus procedimientos a los ámbitos rrollo con la irrupción de obras que ayudaron a forjar educativo, higiénico-médico, militar o civil. la gimnástica como campo académico pero también Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 5 MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX como espacio profesional bien identificado. De los (1868) que bajo la influencia de la gimnástica de primeros momentos destaca el genuino método del Amorós era presentado como guía para maestros y Manual de Gimnasia de Sala de Schreber (1861), que gozó de una difusión hasta entonces desconocida. se reveló como la propuesta más apta y facilitadora Sorprenden las palabras de Lladó (1868) al afirmar de la gimnástica higiénica, médica, doméstica y esco- que, sin ser la gimnástica obligatoria en la enseñanza, lar (Torrebadella-Flix 2014b); asimismo, el empírico eran pocos los centros escolares donde no se practi- tratado de gimnasia médica del Dr. Busqué (1865) y caba; una percepción que también compartía el se- el tratado Gimnástica médica y Civil del gimnasiarca villano Salvador López (1873). Carlier (1867), propietario del gimnasio de Santander. Aparecieron también obras propagandísticas como el En el fragor editorial de este tipo de obras, la char- tratadito del barcelonés Moratones (1863) —plagiado latanería también tuvo su espacio. Una verdad o de Amorós—, el opúsculo comercial del gimnasio de consideraciones sobre la utilidad de la gimnástica es Joaquín Ramis (1865) o los folletos promocionales un opúsculo de cuarenta y siete páginas en el que de gimnasios como el que fuera de Juan Goux (1864 Ramis recurría a la visión higiénico-médica de la gim- y 1866), maestro de esgrima reconvertido en profesor nástica civil a través de un cuadernillo publicitario de de gimnástica (Figura 1). su establecimiento fundado en Barcelona en 1860 —Gimnasio Español, Plaza Real, 1 bajos—. En sí, con- tiene treinta y una cartas dirigidas a Ramis en las que se elogiaban las virtudes del método que empleaba. Las cartas muestran diferentes casos de hombres que mejoraron sus dolencias físicas y enfermedades gra- cias a la gimnástica: gastritis crónica, tisis, dolores de riñones, hipocondría, inapetencia, trastornos del sue- ño, dolores de espaldas, debilidad muscular, dolores de cabeza o carencia de vigor. El propósito del opús- culo era difundir las ventajas de la gimnástica frente a los medicamentos y como sustituto de la medicina común donde esta fracasaba: «nos hemos propuesto escribir el presente folleto para trazar, a grandes ras- gos, el resultado de nuestras observaciones, ponien- do de manifiesto la influencia bienhechora de la Gim- nástica, que pudiera muy bien apellidarse Arte regenerador de la especie humana» (Ramis 1865: 3). En esta época, la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Central inició un significativo impulso de concienciación respecto de la importancia de la educación física y la gimnástica. A este impulso con- tribuyó la presentación de varias memorias o discur- Figura 1.—Alumnos del Gimnasio de Joquim Ramis i Taix [sentado sos para acceder al grado de doctor. No obstante, en el centro de la imagen], ca. 1861. Fuente: Fons històric Ramis. pese al voluntarismo de estas primeras expresiones Museo d’Història de la Medicina de Barcelona académicas de la moderna gimnástica, se constata en Un tratado singular fue el del gimnasiarca Eugenio ellas un escaso conocimiento profesional hacia un Paz (1867), traducido del francés como La salud del ámbito de estudio que no dejaba de ser nuevo y que espíritu y del cuerpo por la gimnasia, que contribuía pugnaba, junto a otros conocimientos y prácticas, por a la débil propaganda sobre gimnástica que se estaba ocupar un espacio en los estudios de Medicina (To- iniciando en España (Torrebadella-Flix 2013a). Tam- rrebadella-Flix 2012b). Al lado de los discursos de bién vio la luz el tratado de Joaquín Lladó y Barceló doctorado, fue muy significativa la publicación de (compositor y musicólogo: Barcelona, 1834-1878), artículos en revistas de diferentes especialidades mé- Nociones de gimnástica higiénica aplicables a las es- dicas (Macedo 1860; Aguilera 1865; Busqué 1865; cuelas de instrucción primaria de uno y otro sexo Losada 1865; Salgado 1865a y 1865b). 6 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO 4. DEL APOGEO DE LA GIMNÁSTICA Y no cabe duda de que frente al saltimbanqui y el ACROBÁTICA A LA GIMNÁSTICA HIGIÉNICA volatinero, a menudo representados como símbolo de la anticultura, la rectitud del cuerpo del gimnasta Los primeros gimnasios higiénicos surgen en el mo- y la regularidad de sus movimientos remitían a una mento más álgido de la gimnástica acrobática, una modalidad de la conducta, la del autodominio, que expresión artística de calle y de circo que fue que- la burguesía reclamaba para sí. dando relegada a un espectáculo marginal, aunque No obstante, la pugna que libraron la acrobacia y inicialmente fue capaz de concitar las expectativas de la gimnasia higiénica y que se saldaría con el paula- todas las clases sociales. En su momento de mayor tino afianzamiento social de la última —de movimien- apogeo, en Madrid y Barcelona los circos y teatros se tos rectilíneos, regulares, atemperados y previsibles— disputaban la presencia de los mejores especialistas no terminó absolutamente con la afición a la internacionales (Torrebadella-Flix 2013b). Las proezas acrobacia ni siquiera entre los miembros de la alta del gimnasta Jules Léotard (1838-1870) —como, por sociedad. Como espectáculo arraigado que era, pa- ejemplo, la primera vez que realizó un salto de tra- saría tiempo hasta que su práctica quedara definiti- pecio a trapecio, en París, en 1854)— eran divulgadas vamente escindida de la gimnástica higiénica y rele- por la prensa de toda Europa. La popularidad del gada a la marginalidad y los gustos de las clases más espectáculo circense iba en aumento y las compañías populares. de funambulismo francesas e italianas recorrían el continente; también, como señalaba Masriera (1924), De hecho, durante décadas, los practicantes tran- visitaban tierras españolas. sitaron de una a otra según dictaban las tendencias y la cotización de cada una. Así, una de las ocupacio- De la época se conservan importantes referencias nes profesionales con la que muchos funámbulos y de otras hazañas y personajes que así lo atestiguan. gimnastas completaban su sostenimiento, la instruc- Por ejemplo, el acróbata francés Jean François Gra- ción en colegios, fue testigo de una importante con- velet, conocido como Blondin (1824-1897), recibió troversia en el origen mismo de lo que luego sería la reconocimiento mundial por cruzar sobre el cable educación física escolar: la controversia sobre si las cataratas del Niágara en 1859. En 1863 visitó la gimnasia acrobática, frente a la gimnasia higiénica, Barcelona y deleitó al público con varios espectá- era indicada en el entorno educativo y qué traducía culos en la Plaza de Toros. Todavía en este momen- al lenguaje médico-pedagógico —un lenguaje técni- to, en las funciones que realizaba, actuaban gim- co—, lo que no era sino la pugna entre dos modelos nastas reconocidos como es el caso de los hermanos corporales, pero también sociales y culturales, distin- Camús y los señores Coll y Venus, algunos de los tos. A ese respecto, Torrebadella-Flix (2012b) ha mos- gimnastas catalanes más populares del momento trado cómo los argumentos que entonces fueron (Dalmau 1947). Estos gimnastas realizaban ejerci- esgrimidos contra la gimnasia acrobática en las es- cios de equilibrios, acrobacias con saltos y volteos cuelas, tales como la falta de formación de los pro- mortales, contorsiones y dislocaciones, ejercicios de fesores, la peligrosidad de los ejercicios, entre otros, fuerza, de agilidad en las anillas, en las escaleras, venían a desacreditar un modelo de cuerpo y de ac- en la percha o en los trapecios («Diversiones públi- tividad corporal espontáneo, libre, artístico —en oca- cas» 1863); es decir, una combinación de ejercicios siones provocador— frente al arquetipo en alza de la a caballo con el arte. Pero la separación entre la rectitud, la regularidad y la racionalidad. acrobacia y la gimnasia higiénica estaba en marcha. En todo caso, el espectáculo gimnástico acrobático Estaba en marcha en la medida en que la primera continuaría su andadura no sin importantes hibrida- no podía dejar de remitir a una cultura popular, ciones con su competidor más académico, la gimnás- espontánea y en ocasiones subversiva (Vicente- tica higiénica, e incluso con la emergente gimnasia Pedraz y Brozas 2017) frente a un modelo corporal escolar. A principios de la década se destacó Juan que llevaba tiempo haciendo alarde de los valores Milá, un joven acróbata formado por Ramis, llamado de la regularidad y la rectitud y que fraguó cuando el «rey de la gimnasia» que competía en agilidad con la burguesía empezó a tomar conciencia del valor el mismo Léotard. Se cuenta que Milá recibió prepa- de la apariencia —no solo de la fisonomía, sino ración específica en los gimnasios de Alemania y Sui- también de las actitudes, de los hábitos, de los ges- za y que luego fue exhibiendo sus habilidades gim- tos y de los gustos— como dispositivo diferenciador. násticas por toda España. Asimismo, Milá dispuso de Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 7 MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX un gimnasio en Barcelona, que sostuvo entre 1864 y mostraba que los ejercicios higiénicos empezaban a 1868, porque como señalaba Dalmau (1947: 45): ser algo más que una moda pasajera; era el resulta- «Siempre hubo, entre los jóvenes barceloneses del do de una significativa y creciente afición al cultivo pasado siglo, afición a la gimnasia. La popularidad de del cuerpo que había llegado a la ciudad para que- los artistas de circo tentaba a muchos que soñaban darse. en emular sus proezas. La gimnasia higiénica no se La gimnástica estaba de moda en toda Europa (Vi- conocía apenas y, en cambio, privaba la gimnasia at- garello 2006) y a ello contribuyó no poco la buena lética». acogida que tuvo en los círculos médicos, algunas de Pero la batalla por la implantación de la gimnasia cuyas obras en materia terapéutica —como las higiénica no solo se libraba en el ámbito de la prác- de Ribes (1860), Coca (1862) o Busqué (1865)— tu- tica privada. Sin el beneplácito institucional y parti- vieron la audacia de prescribir ejercicios gimnásticos cularmente el educativo, probablemente su implan- para diversas dolencias (Vicente-Pedraz y Torrebade- tación hubiera sido otra y desde luego más lenta. lla-Flix 2017): Aquí la defensa de la gimnasia escolar, a la postre Una de sus ventajas [del ejercicio gimnástico] es la educación física, jugaría un papel destacado en la de poder limitar su acción mejor que la de un agen- conformación de los nuevos hábitos. El destacado te farmacológico puesto que está sometido a nues- higienista Carlos Ronquillo (1870) denunciaba ante la tra voluntad. Los ejercicios por sí solos pueden Sociedad Barcelonesa de Amigos de la Instrucción el constituir hasta cierto punto un método de trata- triste abandono en el que se encontraba la educación miento y son en muchos casos auxiliares indispen- física y, al respecto, proponía introducir la gimnástica sables de los medicamentos (Ribes 1860: 652). en las escuelas municipales de Barcelona tal y como Y si en Europa era común, al menos también lo era se venía haciendo en las escuelas inglesas. Sostenía en Cataluña. El cotejo de los datos de la ciudad de que solo de ese modo se podían resolver los proble- Barcelona con los de otros centros urbanos pujantes mas de salud de una población infantil débil por la falta de ejercicio físico y las malas costumbres pos- como Madrid permite colegir que antes de culminar turales. Ronquillo proponía dar agilidad y robustez al la década de los sesenta, Barcelona ya era la prime- cuerpo mediante los juegos corporales pero, también, ra ciudad gimnástica de España. Había gimnasios para con una gimnasia higiénica. atender las diferentes aplicaciones en boga, ya en el campo militar, en el médico-ortopédico e higiénico o, Así, si en los primeros gimnasios la gimnasia orto- bien, para una intencionalidad higiénica-educativa o pédica e higiénica compartía espacio con la acrobá- simplemente recreativa, como en el caso de la gim- tica y recreativa aún en boga, a partir de la década nástica acrobática. Por la ciudad pasaron varios dis- de los sesenta, la desacreditación del funambulismo cípulos de Amorós que ejercieron de profesores de provocó una significativa transformación de estos es- gimnástica. Fueron especialmente conocidos los gim- tablecimientos para adaptarse a un público que cada nasios de Barrios, Mansó, Berthier, Vall o José Floren- vez más demandaba la gimnasia higiénica. Pasada cio Quadras, entre otros (Torrebadella-Flix y Arrechea una década, en el gimnasio de Estrany se podía leer 2015). En este último, conocido como Círculo Gim- como reclamo publicitario que «ya han pasado aque- nástico Barcelonés, hacia finales de la década de los llas rancias preocupaciones de nuestros abuelos que cincuenta, se formaron importantes gimnasiarcas solo veían en la gimnástica los mezquinos y ridículos como los profesores Vignolles o Joaquín Ramis. Ubi- ejercicios de los saltimbanquis» (J. A. de T. 1868: 805); cado en los sótanos del número 1 de la Plaza Real una clara muestra de la transición que se estaba ope- —en cuya planta baja se encontraba el Café Univer- rando, al menos conceptualmente, entre el arte del so—, servía de punto de reunión en el que algunos acrobatismo y el de la gimnasia que culminaría con jóvenes aficionados a la vez que se ejercitaban se la elevación de esta última a la categoría de ciencia empleaban en entretenimientos de tipo literario y y de utilidad pública según la pretensión de algunos artístico tal como refiere el manuscrito El Trapecio, médicos y pedagogos. semanario guasón redactado por una compañía de La pervivencia de los establecimientos, cuya diver- titiriteros del Círculo Gimnástico Barcelonés (1860). sidad respondía en parte a la variedad de demandas En 1860 este local pasó a ser propiedad de Joaquín en torno a la práctica física y en parte a que el mer- Ramis Taix, convirtiéndose en el primer gimnasio hi- cado gimnástico aún estaba en fase de exploración, giénico de Barcelona (Masriera 1924). 8 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO Además del Círculo Gimnástico, Quadras, que tam- 20 reales al mes para los caballeros y 40 reales para bién llegó a impartir clases de gimnasia en diferentes las señoras (Figura 2). Asimismo, hay constancia del colegios de Barcelona, instaló en 1862 un nuevo gim- Gimnasio Modelo dirigido por Manuel Vall Cardona, nasio en la calle Nueva de San Francisco, números 11 calle Mendizabal, 17 (Vall 1865). y 13, donde hacia 1866 impartía clases de acrobacia por las que cobraba «treinta reales al mes a los hom- bres y sesenta reales a las mujeres»; posteriormente, el gimnasio fue dirigido por el Dr. Casademunt «… que imprimió a sus enseñanzas una orientación más hacia la gimnasia higiénica» (Dalmau 1947: 46). Por lo que se refiere a sus más destacados discípu- Figura 2.—El Lloyd Español 30 nov. 1865: 4. Fuente: Biblioteca Nacional de España los, Alfonso Vignoles ya dirigía en 1859 el magnífico gimnasio del Colegio Carreras —establecido en Sant Gervasi y propiedad del señor Carlos Carreras de 5. LA CONSTITUCIÓN DE LA MODA Urrutia (1807-1873)— 3. De este establecimiento se GIMNÁSTICA: ENTRE LA IDENTIDAD BURGUESA dijo que era el más completo que hasta la fecha ha- Y LA ESTÉTICA DE LA MASCULINIDAD bía visto. A su vez, Vignolles, que como hemos dicho aprendió el oficio con Quadras —del que en 1860 se Durante el siglo XIX, médicos e higienistas, erigidos separó para trasladarse a Madrid (R. F. 1882; «Suel- en representantes máximos de la salud física y, de tos» 1882)—, tuvo como discípulo aventajado al pro- alguna manera, también en guardianes de la salud fesor de gimnástica David Ferrer y Mitayna (R. F. moral, fueron tejiendo y dando legitimidad a toda 1882). Este, como para dar mayor porte y dignidad a la escuela de la que procedía, decía del profesor Qua- una red de preceptos y de hábitos que permitió ex- dras que era un hombre «… con criterio formado en tender los dispositivos de la higiene pública al ámbi- el trato de hombres notables en ciencias y letras que to doméstico. Con el concurso de las inquietudes frecuentaban su gimnasio, sabía distinguir la gimnasia diferenciadoras de la burguesía urbana en torno a la acrobática de la verdaderamente útil, y hacia esta apariencia física, pero contando con la cada vez más avivada la afición de sus alumnos» (Ferrer y Mitayna arraigada idea de la relación entre buen gobierno 1901: 16). corporal y orden social, iría cobrando fuerza, con sus luces y sus sombras, una medicina social cuyo baluar- La Guía de Barcelona de 1863, aparte del gimnasio te ideológico seguía siendo el progreso económico y, de Ramis, mencionaba seis gimnasios más: Dasservi- con él, el bien común. Si desde la antigüedad la rec- lle y Berthier, calle Ramalleras, 16; Juan Estrany, calle titud física fue tomada como el reflejo de la integridad Beato Oriol, 4; Antonio Moratones, calle Magdalena, moral (Planella 2006; Nanu y Vicente-Pedraz 2007), 3; José Florencio Quadras, calle Nueva de San Fran- cisco, 11; Luis Vall, calle Guardia, 15; Joaquín Ramis, en esta época, tal vez por la influencia del puritanis- calle Colón, 3 y el «Gimnasio especial para señoras» mo victoriano y su arquetipo de la compostura —la a cargo de Francisca Vall, calle Palma San Justo, 14 conducta refinada del gentleman—, el vínculo entre (J. A. S y M. Ll. 1863). Además, hay noticia del que lo ético y lo estético, entre la integridad moral y la fuera Gran Gimnasio Europeo, Higiénico y Ortopédi- apariencia corporal, apuntaba a las ideas de moder- co, en la calle Rull, 2, dirigido por los hermanos Vall, nidad y civilización; ideas que la pujante burguesía José, Luis y María, que anunciaba su establecimiento catalana se arrogó, en parte en nombre de la salud, en el Lloyd Español (30 nov. 1865: 4) para la «Rege- frente a la conducta incontenida y desordenada de neración del hombre». Contaban con unos abonos de las clases subalternas, consideradas depravadas, su- cias y peligrosas. 3 En el Colegio de Carlos Carreras de Urrutia 1.ª y 2.ª ense- En este contexto, es necesario poner de relieve la ñanza, situado en el Palacio del Conde de Centellas, en el importancia que desde mediados de siglo tuvo en pueblo de Sant Gervasi (Barcelona) fue inaugurado en toda Europa el discurso de la degeneración física y 1839. Asistían los hijos de las familias acomodadas de Bar- moral de la especie humana y que, según Mosse celona y en él se establecieron clases de adorno de música y baile. Años más tarde el colegio fue equipa- (2000) o Vigarello (2005), caló particularmente ente do con uno de los mejores gimnasios de Barcelona. los miembros de la mediana burguesía. Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 9 MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX La asociación entre enfermedades hereditarias y Los temores que suscitaba la idea de la degenera- miseria moral, que en Francia había servido a Nicolás ción física se dejaban sentir con especial inquietud Dally (1795-1862) para promocionar la gimnasia ra- allí donde la actividad industrial y la concentración cional como antídoto contra el extravío de las cos- de población obrera podía agudizar los problemas de tumbres y apoltronamiento de la época (Dally 1848), salubridad y, por ende, la conflictividad. Como la ma- tuvo eco en la prensa española que también reco- yoría de las grandes ciudades, Barcelona buscó solu- mendaba «La regeneración física de la especie huma- ciones urbanísticas que, de acuerdo con el Plan Cer- na por medio de la gimnasia racional» (1848: 2) ale- dá, supusieron el derribo de las murallas y el jada del acrobatismo basado en elementos de fuerza ensanche de la ciudad con la consiguiente ganancia y de suspensión del cuerpo. de espacios libres y la conexión con el mar. Fue en esos momentos cuando las miradas se dirigieron a La medicina oficial española también asumió el dis- las sociedades anglosajona y francesa cuyo desplie- curso de la regeneración física sin mucha controver- gue de servicios en torno al cuidado del cuerpo (bal- sia. Ya en 1858 De Andrés (1858: 18) alertaba de los nearios, sanatorios de reposo, zonas de veraneo, peligros en El Consultor Higiénico: «… con la degene- prácticas de sport al aire libre, baños de mar, gimna- ración que vamos observando en la especie humana, sios, etc.) constituyeron un punto de inflexión cultu- pues de fuerte, robusta y atlética que era, háse con- ral. vertido en raquítica y afeminada», y más tarde se pondría de relieve en diversos discursos de investi- Pero en el uso de los nuevos espacios urbanos en- dura para la obtención del título de Doctor en Medi- traba también en juego el deseo, más o menos preme- cina (Torrebadella-Flix 2012b). El mismo Ramis (1865: ditado, de consolidar una identidad social, la burguesa, 3) aseguraba que la gimnástica podría llamarse «Arte para la que una corporalidad recreativa y ociosa, des- regenerador de la especie humana», y Eugenio Paz prendida de los rasgos más visibles de lo utilitario —al consideraba que la gimnasia racional contribuía a «… menos aparentemente—, se presentaba como un ba- facilitar à las generaciones futuras, nuevas vías de luarte. Y decimos aparentemente porque, la cuidada salvación; su objeto es legarles la fuerza y la hermo- atención a la recreación física y al ocio —cada vez más sura física, la energía y la calma intelectual, y sobre próxima a las ideas de higiene y salud— empezaba a todo la salud, la salud del espíritu y del cuerpo, es cobrar importancia como valor económico. decir, la salud ideal y perfecta» (Paz 1867: 13-14). Así pues, en los gimnasios de Barcelona asistían La difusión de esta corriente de pensamiento higié- jóvenes que iban para reparar su salud, por convic- nico-moral, sustentada en la aplicación del darwinis- ción higiénica, pero también movidos por el impulso mo a la comprensión de la sociedad, contribuiría no de la moda recreativa como forma de autoafirmación. poco al florecimiento de los primeros gimnasios hi- A este respecto, aunque a los gimnasios higiénicos giénicos en España (Torrebadella-Flix 2014b). Algunos privados acudían también usuarios de capas sociales autores de referencia en la historia de la educación menos acomodadas, con el objeto de restaurar la física tales como Spencer (1861) o, en España, Lladó salud perdida, los principales clientes pertenecían al (1868) harían acopio de las máximas de este ideario sector más pudiente cuyas luchas se libraban más en que en urbes como Barcelona, populosas y plurales, el campo simbólico que en el propiamente físico. fraguaron tal vez más que en cualquier otro sitio. Pero, además de las diferencias culturales, una de Como ha señalado Javier Ugarte (2012), la teoría hi- las barreras sociales impuestas al uso común del gim- giénica y moralización del discurso degeneracionista, nasio era la pecuniaria puesto que las cuotas de in- apoyada en la doctrina moreliana, dio pábulo a aque- greso al gimnasio no estaban al alcance de cualquie- llo que se consideraba pública y privadamente obs- ra siendo que el sueldo de un obrero apenas ceno: alcanzaba para los gastos básicos de subsistencia. Por La teoría degenerativa se desarrolla con la vista ejemplo, en 1867 el jornal de un obrero soltero era puesta en unas metrópolis donde comienzan a apa- de 8,556 reales/día, y los gastos para su manutención recer, en la segunda mitad del siglo XIX, varones alimenticia estaban estimados en 4,26 reales/día afeminados que se muestran dispuestos a mante- (Cerdá 1867: 656). ner relaciones con otros varones, junto a otras mu- jeres masculinas que gustan rodearse de otras mu- Uno de los aspectos más singulares del proceso de jeres y disfrutar de su intimidad (Ugarte 2012: 30). conformación de la gimnástica higiénica decimonóni- 10 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO ca y de las identidades sociales que la acompañan es los «vicios femeninos» o de la homosexualidad tal el que tiene que ver con el afianzamiento de la mas- como planteaba, por ejemplo, Lladó (1868: 111): «No culinidad —tras no pocos titubeos— hacia las formas creo necesario aquí hablar de la influencia inmensa del vigor y la rectitud, la virilidad musculosa pero que el ejercicio tiene en la juventud para apartarla proporcionada; un arquetipo de corporalidad que de vicios repugnantes; todos los higienistas, todos los penetró en España a través de la obra del krausista médicos lo indican para que unido á los consejos re- Julián Sanz del Río (1860) para quien el gimnasio —de ligiosos produzca saludables resultados». raigambre grecolatina— debía ser el punto de en- Y nada mejor que acudir a la propia experiencia cuentro de una nueva cultura de amor al propio cuer- para corroborar la tesis: por recomendación del Dr. po forjada sobre la tríada salud, fuerza y belleza; una Santiago Méndez Lladó, que tenía un cuerpo débil y tríada según la cual la estética del desnudo masculi- enfermizo, asistió a la edad de veinte años al gimna- no había de representar la perfección del cuerpo, un sio de los hermanos Vall. La rápida recuperación que «nuevo hombre» para la humanidad que pudiera obtuvo le sedujo de las tantas utilidades que podía garantizar a través del matrimonio «… una generación reportarle la gimnástica que «… por esto he aconse- sana, robusta y profunda» (Sanz del Río 1860: 85). jado siempre la gimnástica, especialmente á los jóve- No poco importante para la configuración de este nes endebles y enfermizos que como yo han hallado nuevo hombre serían la fijación de los dispositivos de en el ejercicio el remedio que en vano habían busca- la sexualidad (Seoane 2006; Vázquez y Cleminson do en la medicina» (Lladó 1868: 8). Pero Lladó no 2011; Zubiaurre 2015) y, particularmente, tal como solo encontró en la gimnástica el remedio a su debi- lo planteó Foucault (2012), el proceso de medicaliza- lidad física; en la disciplina que esta encarnaba en- ción de las conductas sexuales: contró también el mejor acomodo para los códigos morales más beligerantes del regeneracionismo Mientras el adolescente no tome parte en las dis- tracciones y juegos de su edad, huya de la sociedad como, por ejemplo, los que se articulaban en torno de sus compañeros, esté triste y ensimismado, ten- a la idea de feminización de la cultura: «la afemina- ga los ojos hundidos, cara demacrada, falta de fuer- ción y de la molicie que hacen al hombre endeble y zas, desórdenes nerviosos viscerales, palpitaciones engendran el vicio, causas que influyen notablemen- de corazón, etc., etc., y no haya causa apreciable te en la debilidad é impotencia de las naciones» (Lla- que explique satisfactoriamente este estado de dó 1868: 110). Y es que, como señalaba Mosse (2000: enervación, debe sospecharse la existencia de un 56), «el contraste entre hombre varonil y afeminado hábito vicioso, repugnante en si mismo y funesto estuvo presente a lo largo de todo el proceso de cons- por sus consecuencias. La influencia depresiva de trucción de la masculinidad moderna»; la imagen de la inteligencia, el ataque directo a la inervación gan- glionar, el empobrecimiento de la sangre, de que la mujer en el siglo XIX era, todavía, la perturbadora el onanismo es causa, se constituyen a su vez mo- imagen de la maldad (Zubiaurre 2015). tivo de esa susceptibilidad nerviosa, de esa consti- Pero el sello conceptual de la «afeminación» de la tución delicada que predispone a toda clase de sociedad o del hombre tuvo durante el siglo XIX un enfermedades y a las muertes prematuras por la tuberculosis. Por esto, nunca se encarecerá bastan- amplio espectro de significaciones; tanto valía para te la utilidad, la conveniencia, la imprescindible referirse a las conductas amaneradas y sentimentales obligación de los padres y tutores de mantener una como a la pederastia o a la sodomía (Vázquez y Cle- vigilancia esmerada cuando se sospeche un vicio de minson 2011): tanta trascendencia: y en caso, reprenderle severa- El hombre afeminado, aquel que como la más re- mente y sujetar al individuo a los trabajos corpora- milgada dama pasa horas enteras en el tocador, que les, á la equitación, a los ejercicios gimnásticos para teme a exponerse á los rayos del sol para que no gastar una actividad supérflua (Busqué 1865: 127). alteren la blancura de su tez, que echa mano de En efecto, el gimnasio higiénico, que como dispo- todos los cosméticos preconizados para suavizar el sitivo de identidad burguesa surgió al amparo de los cutis, es siempre mirado con desdén sino con des- precio por los demás; parece que no es digno de discursos regeneracionistas, encontró en los «vicios» ser hombre (Lladó 1868: 111). de la civilización un nuevo y convincente argumento: mediante la canalización de las energías, el ejercicio Asimismo, por afeminación podía entenderse afec- físico no solo proporcionaría un aspecto robusto y tación del llamado temperamento nervioso (Mosse saludable al hombre sino que además le libraría de 2000); algo propio de mujeres y de niños, víctimas Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 11 MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX de la vida moderna, y que se manifestaba en los va- mirara la gimnasia bajo el punto de vista de la fuerza» rones como una enfermiza falta de valor, es decir, (Lladó 1868: 26): denotaba cobardía y pusilanimidad: Mirado bajo el punto de vista moral el ejercicio El temperamento nervioso, es propio y peculiar de tiene mucha trascendencia para la mujer, especial- las grandes ciudades, en que el lujo, la corrupción mente para que merced a su holgada posición ape- de las costumbres y la excesiva civilización oscure- nas se dedica a trabajos domésticos. El ocio la hace cen las virtudes morales y olvidan los frenos im- endeble, y cuando llega a ser madre le falla a veces puestos á la sociedad en tiempos más remotos, se el vigor suficiente para ello, y para dotar al nuevo alambican los placeres y las sensaciones, que no ser de una constitución robusta (Lladó 1868: 125). excitan ya a organismos depauperados desde la A este respecto, se puede decir que el éxito de los cuna. Los literatos, los artistas, los hombres de bu- fete, los afeminados, nuestros modernos dandis, los gimnasios higiénicos estuvo también asociado al de- que se entregan con exceso al uso o abuso de la sarrollo del cuerpo femenino saludable, pero bajo la Venus, los valetudinarios, las victimas de afecciones supervisión de un estricto control médico donde morales y de grandes infortunios poseen con fre- la frontera entre lo biológico y lo moral estaba to- cuencia este desgraciado temperamento (Mellado talmente desdibujada: 1855: 1062). El bello sexo tiene en su patología especial dos en- Asumiendo los discursos procedentes del centro y fermedades que se originan en la evolución ó del el sur de Europa (Torrebadella-Flix y Vicente-Pedraz predominio excesivo del útero tales son la clorosis 2016), los prosélitos de la gimnástica española coin- y el histerismo. Un estudio detallado de ambas do- cidían en que la buena dirección de los ejercicios lencias de lugar indispensable (Busqué 1865: 127). gimnásticos desarrollaba el instinto viril y la valentía En todo caso, y pese al encorsetamiento físico y a la vez que evitaba uno de los peores males del siglo: moral que las prácticas gimnásticas imponían, estas el onanismo. también dotaban al cuerpo de una cierta simbología Contra el temperamento nervioso, al igual que con- en la que la insinuación hedonista prendía con faci- tra el vicio autoerótico, para los que antes se reco- lidad. A contrapelo del cuerpo ascético, aceptado mendaba el ejercicio intenso como la caza, la equi- socialmente sin fisuras, el esparcimiento recreativo al tación, la esgrima o la natación, empezaba a que invitaba el gimnasio a sus usuarios más distin- presentarse la gimnástica como un eficaz medio — guidos, junto con la estética de la semidesnudez, iría indudablemente más accesible que los anteriores— ganado terreno en lo que se podría considerar un de cambiar el carácter o de curar el vicio, de hacer elemento determinante en la configuración de al hombre más hombre: un nuevo culto al cuerpo; la (moderna) resurrec- ción de la carne de la que hablaba Ortega y Gasset Bajo la influencia de la gimnástica el hombre de (1987). temperamento nervioso cambia sus formas delica- das, el color pálido o térreo de su cutis y su impre- Los establecimientos gimnásticos constituyeron un sionabilidad, en ese desarrollo muscular envidiable, espacio nuevo, de alguna forma cerrado sobre sí mis- en esa piel curtida y colorada en esa regularidad y mo, en el que el hombre se construía de acuerdo con constancia de los actos nerviosos, atributos carac- un ideal de masculinidad que evocaba la estética terísticos del temperamento muscular o sanguíneo corporal grecolatina, aunque modernizada (Mosse (Busqué 1865: 102). 2000). Además de la gimnástica atlética, también se Pero en el gimnasio también se cincelaba el cuerpo propagaron otras prácticas como la esgrima, la lucha, femenino. La corrección de las conformaciones lla- el pugilato o la natación, que pronto pasarían a for- madas viciosas consideradas femeninas, como la es- mar parte del programa de ejercitaciones saludables. coliosis, eran también objeto de la gimnástica higié- Lo que había ocurrido en el gimnasio de Eugenio Paz nica que, en este caso, además de la estética del en París, punto de encuentro de la alta sociedad cuerpo erguido, esbelto y proporcionado, se tomaba (Paz 1867) o en los gimnasios ingleses —cuyos maes- el cuidado de subrayar la importancia de la materni- tros de training hacían que en pocos meses los indi- dad en la buscada regeneración del hombre (Torre- viduos enclenques se encontrasen en disposición de badella-Flix 2011a). Ahora bien, siempre consideran- «correr velozmente, y durante largo tiempo sin fati- do que el cuerpo de la «mujer es más débil y sería garse lo más mínimo… o luchar con el campeón más un absurdo el querer que tuviese formas hercúleas y diestro y más robusto» (Debay 1874: 192)—, empe- 12 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO zaba a tener lugar en los gimnasios españoles y par- tal hicieron acto de presencia. Y es que como dice ticularmente, como avanzadilla, en los de Barcelona. García Valdés (1981: 76) los románticos estaban «do- tados de una hipersensibilidad, para algunos poco La imagen del torso desnudo del varón, musculoso viril», que les hacía abandonar lo práctico y lo coti- y proporcionado se mostró como el paradigma de la diano para embarcarse en la aventura de la libertad salud, virilidad y de la perfección. Es el nacimiento de la conciencia. Precisamente, en virtud de esa li- del Homo gymnasticus en cuya constitución hay poco bertad, el romanticismo desafió los cánones estéticos margen para la figura femenina (Scharagrodsky 2011). y también morales de la sociedad decimonónica; un Frente a la estética del espacio compartido en los desafío que se expresaba, entre otros muchos aspec- bailes de sociedad, los paseos e incluso en muchas tos, en la consideración que empezaron a recibir las escenas del naciente sport, el gimnasio se configuró formas no convencionales, o no dominantes, de la como un espacio restringido al goce estético de la sexualidad y, particularmente, una consideración de masculinidad. El posado desnudo del gimnasiarca la homosexualidad cada vez más alejada del enjuicia- más famoso de Francia Hippolyte Triat: «Esclave près miento criminal o del análisis clínico (Tardieu 1863) 4. d’un tombeau dans la campagne romaine» de Ernest De ahí que la noción de sodomía empezara a recons- Hebert, es un ejemplo de la estética que promueve truirse en el imaginario social de acuerdo con el an- la nueva corporalidad (Figura 3). tiguo «amor ático a la gimnasia» (Selva 1870: 206). Pero también en este campo la consideración social variaba en función de la clase social. La burguesía gozaba del privilegio de la doble moral de modo que aunque de manera silenciosa, entre ellos la homose- xualidad era admisible. No, en cambio, para las clases medias y el proletariado para cuyos miembros el amor entre hombres era reducido con internamiento en presidio o en centros para dementes. Cabe destacar a este respecto cómo el influyente higienista Pedro Felipe Monlau, promotor de la higie- ne social en la España de mediados del XIX y artífice de una verdadera biopolítica de la ejercitación gim- nástica obrera (Vicente-Pedraz y Torrebadella-Flix 2017: 9-10), señalaba que el celibato voluntario de los hombres equivalía a una plaga para el Estado que debía ser combatida por el Gobierno, puesto que en- gendraba la ruina y la decadencia social y del Estado: el celibato que reconoce por causa la miseria pú- blica o la corrupción general, es una verdadera epidemia, y epidemia tanto más terrible en cuanto ligada con otras cien calamidades, casi nunca pue- de ser combatida con buen éxito, o de una manera perentoria (Monlau 1858: 55). En todo caso, el gimnasio se ofrecía como auxilio a los hombres al intervenir desde la juventud en la reparación de «… la masturbación, especie de enfer- Figura 3.—Hippolyte Triat: Esclave près d’un tombeau dans la medad sin dolor, pero vicio odioso y funesto que trae campagne romaine de Ernest Hebert No obstante, en esta estética, es preciso poner de relieve cómo durante el período romántico especial- 4 La palabra homosexual aparece citada en 1869 un texto del activista prusiano Karl-Maria Kertbeny (1824-1882), el mente la literatura puso al descubierto otras formas cual sostenía que la homosexualidad tenía un origen inna- de aprecio de la corporalidad, diríase más femenina; to, y que por lo tanto, no podía criminalizarse como una una corporalidad donde la sensibilidad y lo sentimen- conformación viciosa adquirida. Véase Zubiaur (2007). Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 13 MIGUEL VICENTE-PEDRAZ y XAVIER TORREBADELLA-FLIX de seguro la ruina del cuerpo y la perdición del alma» un antiguo lacón revivido, un austero espartano; y (Monlau 1858: 522) según un pensamiento que asu- sin embargo es realmente todo lo contrario. De baja mió la mayor parte de los higienistas y gimnasiarcas: estatura, cutis aterciopelado como el de una joven «… solo la gimnasia llevada hasta la fatiga, no tene- valenciana, más bien grueso que delgado, ojos gran- des y expresivos, tez blanca, de constitución deli- mos inconveniente alguno en declararlo, es el único cada y maneras afeminadas, parece que la natura- remedio que victoriosamente se le puede oponer» leza ha errado al dotarle de sexo masculino y que (Paz 1867: 21). Tal era la importancia del asunto que él también ha errado al escoger la carrera de Gim- la gimnástica, y a veces de los deportes, fueron dis- nasia, tan contraria a sus condiciones físicas. tinguidos como el mejor antídoto contra las «perver- siones» de la civilización: desde el apoltronamiento Lejos de ser un atleta, un Hércules moderno, es y la molicie hasta el onanismo, pasando por la ho- más bien el nuevo Cupido que se atrae las miradas femeninas; y penetrado de sus cualidades estéticas, mosexualidad, en un denodado intento de preservar así como el antiguo Narciso contemplaba su her- a la sociedad de los peligros que estos representaban mosura en las cristalinas aguas del arroyo, Tolosa, (Vázquez y Cleminson 2011; Chaline 2015). como nuevo Narciso, cuando habla con otra perso- En este sentido, el gimnasio higiénico no solo fue na, si hay un espejo, a éste mira y no a la persona, un foro de experimentación de usos y representacio- y no deja de atusarse su sedoso bigote y de arre- nes del cuerpo saludable al que aspiraba la burguesía glarse con sus delicadas y blancas manos la corba- ta de la manera que imprima más gracia a su her- como seña de identidad; también se constituyó como moso semblante. un dispositivo de la heterosexualidad decimonónica en la medida en que aparecía como espacio para el Es un hombre completamente feliz. Cualquier otro cultivo y, en su caso, recuperación de la masculinidad. hubiera fracasado en su colosal empresa, pero él Incluso aquí los promotores de los gimnasios higiéni- ha logrado coronarla de favorable éxito. Hombre de cos supieron hacer acopio de los eslóganes que la gusto estético y necesitado por naturaleza de hala- gos y caricias, supo escoger por compañera una medicina había acuñado respecto de la sexualidad y mujer hermosa, y no solamente goza de su dulce y que se materializaba en una obsesiva persecución de amable compañía, sino también de la de su herma- cualquier manifestación que pusiera en riesgo los ba- na política no menos bella y cariñosa» (Garriga luartes de la heterosociedad. 1894: 1). Pero es de suponer que el gimnasio, en tanto es- En todo caso, si el proceso de conformación del pacio de reunión principalmente de varones, se mos- comportamiento moderno tiene, de acuerdo con Elias tró propicio para albergar, más o menos clandestina- (1987), algo de adorno y refinamiento —como me- mente, una cierta subcultura homoerótica (Vázquez cánica de la diferenciación—, dicho proceso remite García 2001). A este respecto, la imagen idealizada inevitablemente a cierta forma de feminización de las del Homo gymásticus, virilmente hercúleo, no siem- relaciones interpersonales en el sentido de que im- pre respondía a las expectativas creadas. pone formas progresivamente más elaboradas de la Véase al respecto la semblanza que se hizo del Dr. conducta y, en este caso, de la conducta corporal. En Eduardo Tolosa Alsina, profesor titulado en la Escue- efecto, a la vez que se configura el arquetipo del la Central de Gimnástica (1887-1892) e hijo del ya Homo gymnásticus como paradigma de una cultura citado Pedro García Corbera, fundador del Gimnasio masculina y masculinizante, de forma inseparable de Gracia en 1868. tiene lugar la configuración de la feminidad burguesa Eduardo Tolosa. Director del Gimnasio-recreativo cuya lenta pero continua impregnación cultural se para ambos sexos, con departamentos separados, ponía de relieve en la estilización del gesto y de los cuartos de duchas y de masaje (galicismo) sala de gustos, en la afectación del lenguaje, en el aliño del armas y cuantas derivaciones de conocen en Gim- vestido, etc. nasia, es una contradicción notoria, una antítesis completa. A ese respecto, masculinidad y feminidad se verán involucrados a una pugna simbólica, a veces velada, Al saber que se halla al frente de un tan vasto es- tablecimiento, cualquiera que no lo conozca supon- a veces manifiesta, que particularmente se observa drá que es de elevada estatura, enjuto de carnes, en el gimnasio del XIX en tanto que espacio que de tez morena, ojos pequeños y penetrantes, mo- representaba la modernidad; espacio de confluencia vimientos rápidos y fuerza hercúlea, en una palabra, de lo más granado de la sociedad donde, de algún 14 Disparidades. Revista de Antropología 74(1), enero-junio 2019, e011, eISSN: XXXX, https://doi.org/10.3989/dra.2019.01.011 LOS PRIMEROS GIMNASIOS HIGIÉNICOS: ESPACIOS PARA SANAR Y CORREGIR EL CUERPO modo, se ponían a prueba sensibilidades y formas BIBLIOGRAFÍA CITADA de actuar. Aguilera, Francisco. 1865. «Reseña histórica del Gimnasio Real de Madrid. 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Teoría general de la urbanización… naje), en ese momento —y de manera exponencial- Tomo II: La urbanización considerada como un hecho con- mente creciente hasta ahora— el trabajo sobre el creto: estadística urbana de Barcelona. Madrid: Imp. Espa- ñola. cuerpo se constituyó en un verdadero trabajo sobre la identidad. Y no solo por los resultados de dicho Chaline, Eric. 2015. The Temple of Perfection: A History of the trabajo (regularidad, rectitud, armonía, etc.), aunque Gym. Londres: Rakition Books. también por ellos, sino fundamentalmente por lo que Climent, José María. 2001. Historia de la rehabilitación médica. social y culturalmente significaba ocuparse electiva- De la física terapéutica a la reeducación de inválidos. Bar- mente del cuerpo —dedicarle tiempo y esfuerzo—, celona: Edika Med. para aquellos que, en todo caso, podían ocuparse de Coca y Cirera, Antonio. 1862. Tratado de terapéutica general. él, de la manera en que lo hacían en el gimnasio. Barcelona: Imp. 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