RESEÑAS Política y Sociedad ISSN: 1130-8001 ISSN-e: 1988-3129 https://dx.doi.org/10.5209/poso.60648 Legarreta. M. (coord.) (2015): Dos décadas de cambio social en la C.A. de Euskadi a través del uso del tiempo. Encuesta de Presupuestos de Tiempo, 1993-2013, Donostia, EUSTAT - Instituto Vasco de Estadística, 505 pp. El monográfico que tenemos entre manos es un excelente ejemplo de estudio crítico y pormenorizado de los cambios sociales acaecidos en la sociedad vasca entre 1993 y 2013. El carácter crítico que aportan las investigadoras e investigadores se fundamenta principalmente en el gran conocimiento que tienen acerca del tiempo y su vinculación con la vida cotidiana. Un conocimiento sociológico que, además, se pone de manifiesto a la hora de establecer las potencialidades y los límites de la Encuesta de Presupuestos del Tiempo, la técnica empleada para la producción de los datos. En la introducción del monográfico se desgrana de manera pormenorizada el modo en que están construidos los datos cuantitativos de la encuesta, así como las implicaciones que se derivan de ello. Una construcción que tiene mucho que ver con el imaginario que propone el concepto del tiempo como recurso escaso en nuestra sociedad. Una concepción temporal que tiene su origen en el proceso de industrialización de las sociedades contemporáneas, donde el único tiempo visible y hegemónico pasa a ser el del trabajo productivo. Hacer inteligible el modo en que se construyen estos datos cuantitativos es crucial para entender el significado que las personas atribuyen a las actividades que realizan. Unos significados que la encuesta no permite recoger, pero que sí permite detectar el desencadenante de tales significados, la acción social propiamente dicha, y evaluar de este modo los cambios que se están produciendo en la sociedad vasca. El conjunto de acciones sociales que las personas desempeñamos diariamente permite a las autoras y autores hablar de distintas configuraciones sociales, como si de un entramado social se tratara. En consecuencia, hablar de un entramado social nos remite directamente a la apuesta teórica que adoptan, que no es otra que el de la vida cotidiana. A mi modo de ver, uno de los aspectos más notorios del monográfico es que, en todos y cada uno de los capítulos dedicados a las distintas actividades de la vida cotidiana, estas no se perciben ni se analizan de manera aislada. Las actividades cotidianas se analizan sistemáticamente “en relación con” el resto de las actividades. Un hecho que no resulta nada banal porque, aun sabiendo que el tiempo no puede reducirse a un mero recurso escaso, las actividades ocupan unos Polít. Soc. (Madr.) 56(1) 2019: 253-272 253 254 Reseñas. Polít. Soc. (Madr.) 56(1) 2019: 253-272 tiempos donde las presencias y ausencias siguen siendo un reflejo del contrato entre los géneros de nuestra sociedad. Una vez establecidas las bases teóricas, el presente monográfico permite destacar una serie de conclusiones generales. Una de las más relevantes es que el género sigue siendo la dimensión que en mayor medida explica las diferencias entre los usos del tiempo en el escenario de la vida cotidiana. Este hecho no implica una mera diferencia entre hombres y mujeres en cuanto al uso del tiempo, sino que es más bien el reflejo del carácter sexuado de la vida cotidiana, tal y como mostró Chiara Saraceno a finales del siglo XX. Un escenario donde los imaginarios y las responsabilidades que rodean tanto el trabajo productivo como el doméstico- familiar siguen anclados en las relaciones de género. Y que permiten explicar, a su vez, la configuración y dedicación desigual del tiempo de libre disposición personal entre las mujeres y los hombres. Los cambios en torno a los tiempos de los trabajos permiten comprender mejor las transformaciones que vienen sucediéndose en este ámbito. En el periodo estudiado, los hombres siguen siendo los que están más presentes en el trabajo productivo. Y, del mismo modo, los que más horas dedican a su jornada laboral. Una jornada laboral que, como muchas voces expertas alertaron, se ha ido expandiendo a lo largo de todas las horas del día y de la semana. De modo que asistimos a una precarización heterogénea de las condiciones laborales: por un lado, los hombres han visto incrementada su exigencia de disponibilidad laboral por parte de las empresas, mientras que las mujeres y las personas jóvenes han mantenido su precariedad en forma de parcialidad y paro. A pesar de la convergencia de las tasas de participación en el mercado laboral entre mujeres y hombres, el tiempo de trabajo remunerado sigue teniendo un rostro eminentemente masculino. Y no solo eso, sino que los cambios en la división sexual del trabajo no son tan halagüeños como algunas voces sostienen; son los hombres con hijos los que están más presentes en el mercado laboral y los que más tiempo dedican a esta actividad. Así, las mujeres siguen siendo las que soportan una mayor carga total de trabajo, a pesar de percibirse un ligero descenso durante el periodo estudiado. Esta carga se concentra en las mujeres de entre 35 y 59 años, las mujeres de la llamada “generación sándwich”, donde el cuidado de las personas menores y mayores dependientes ocupa la mayor parte de sus tareas diarias. A su vez, en el monográfico se discuten los cambios acaecidos en el trabajo doméstico-familiar, y se propone el concepto de “democratización del trabajo doméstico” como elemento diferenciador entre las personas de distintas generaciones. Sin embargo, la realidad no nos permite ser tan optimistas con esta afirmación. A pesar de la paulatina incorporación de los hombres al trabajo doméstico y de cuidados, los datos nos indican que se han incorporado para realizar aquellas tareas flexibles, no rutinarias. Y las mujeres, a pesar de la menor dedicación por parte de las más jóvenes, siguen siendo las que asumen en mayor medida la cotidianidad de estos trabajos. De modo que la llamada “democratización del trabajo doméstico” tan solo pasa por la puntual participación masculina de aquellas tareas más amables, persistiendo así el núcleo duro de las desigualdades en cuanto a la corresponsabilidad de dichos trabajos se refiere. Mención aparte merece el trabajo de cuidados: desde principios del presente siglo, las mujeres y los hombres han aumentado su dedicación por este tipo de Reseñas. Polít. Soc. (Madr.) 56(1) 2019: 253-272 255 trabajo. Sin embargo, el aumento de los hombres tan solo se reduce principalmente a tareas relacionadas con los juegos e instrucción, y se concentra, en su mayoría, los fines de semana. Las mujeres, por el contrario, han aumentado notoriamente su dedicación a este trabajo, independientemente de su posición en el mercado laboral a lo largo de estos años. Y ello debido a las necesidades diarias que precisan las personas mayores. Una tendencia que va en claro aumento debido al envejecimiento poblacional, y que provoca la creciente necesidad de tomar en consideración el ciclo vital de las personas para que el cuidado a las personas mayores dependientes no recaiga en exclusiva en el colectivo femenino. En cualquier caso, las mujeres también han visto incrementado el tiempo de cuidado a las hijas e hijos. Este aumento se produce indistintamente de la posición que ocupe su homólogo masculino en relación con el empleo. Un hecho que nos hace pensar en la asincronía en la que la mayoría de los hombres viven o, dicho de otro modo, del régimen de doble presencia que las mujeres soportan cotidianamente. La interdependencia de los tiempos sociales no solo atañe al trabajo, sino también a la capacidad de disponer de un tiempo propio, o tiempo libre, por parte de los hombres y las mujeres. En este sentido, el consumo de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías parte de la misma premisa, de tal modo que el género sigue siendo una dimensión clave para entender las diferencias al respecto. Del mismo modo que sucede con las actividades relacionadas con el ocio y el deporte, a su vez, que son actividades que también son reclamadas dentro del tiempo propio, pero que nos muestran, paradójicamente, el núcleo de las desigualdades de género en el ámbito del trabajo. Y es que son las mujeres de entre 16 y 34 años las que más han aumentado su participación en el deporte, superando incluso a sus homólogos masculinos en cuanto al tiempo que le dedican. En cambio, el denominado ocio pasivo sigue teniendo un rostro masculino. Un ocio basado en el consumo de medios de difusión e información, en el que la desigual dedicación entre hombres y mujeres apuntaría a que las reclamaciones del tiempo propio se están produciendo “de puertas afuera”. En cualquier caso, el disfrute de tiempo propio sigue explicándose por el género y por la clase social principalmente, ya que son las mujeres con estudios superiores (si asumimos el nivel de estudios como variable proxy de la clase social de pertenencia) las que disponen de un mayor tiempo propio. En definitiva, no queda más que felicitar a las autoras y autores por la realización de este monográfico, en el que el estudio pormenorizado de los cambios sociales en la sociedad vasca se ha llevado a cabo bajo un gran conocimiento de la naturaleza del objeto de estudio. Una tarea que, sin duda alguna, responde a su buen hacer sociológico. Albert Trinidad Jiménez Universitat Autónoma Barcelona albert.trinidad@uab.cat