ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES 49/2, julio-diciembre de 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061 https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR EN LA FORMACIÓN DE UN ESPACIO FRONTERIZO. LA CONSOLIDACIÓN DE TORTOSA COMO LÍMITE EXTREMO DEL AL-ANDALUS OMEYA* TERRITORY, TAX POLICIES AND MILITARY ACTIVITY DURING THE FORMATION OF A FRONTIER SPACE. THE CONSOLIDATION OF TORTOSA AS THE FURTHERMOST FRONTIER OF UMAYYAD AL-ANDALUS JOAN NEGRE Universitat Autònoma de Barcelona https://orcid.org/0000-0002-2804-1467 JOSEP SUÑÉ Universitat de Barcelona https://orcid.org/0000-0002-5741-4402 Resumen: El objetivo principal de este trabajo es el de analizar los cambios en el control territorial andalusí de la circunscripción de Tortosa durante el período omeya mediante el estudio de tres ejes prin- cipales: la organización administrativa de sus dominios; la implementación de una fiscalidad eficiente con sus correspondientes mecanismos recaudatorios; y, finalmente, la actividad militar en la frontera a través de la construcción de fortificaciones y los contingentes allí movilizados. Para ello, se ha realizado un análisis crítico de las fuentes escritas y arqueológicas de las que se dispone para este territorio. Palabras clave: al-Andalus; territorio, fiscalidad; ejército; emirato; califato; fortificaciones. Abstract: This work focuses on analysing the changes in the territorial control of Tortosa during the Umayyad period through three main lines of approach: the administrative organisation of its domains, the implementation of efficient tax policies and tribute collection mechanisms, and military activity regarding fortress construction and troop mobilisation. In this way, this text presents a critical analysis of written and archaeological sources in order to undertake a historical interpretation of the process under study within this territory. Keywords: al-Andalus; territory; tax policies; military; emirate; caliphate; fortresses. SUMARIO 1. Introducción.– 2. La organización administrativa de Tortosa durante el emirato.– 2.1. ¿Continuidad o ruptura? Circunscripciones urbanas y distritos territoriales.– 2.2. La descentralización de la frontera reflejada en su actividad militar.– 3. Hacia un nuevo modelo de estado: las reformas de ʿAbd al-Raḥmān al-Nāṣir.– 3.1. Entre la organización * Trabajo realizado dentro del Grupo de Investigación Consolidado OCORDE (2017SGR805), en el marco del pro- yecto “Génesis de la nobleza medieval: fortificaciones y poderes territoriales en el nordeste peninsular durante los siglos VIII-XI” (HAR2015-63661-P; MINECO-FEDER). Los autores queremos agradecer los comentarios y críticas que el Dr. Jesús Lorenzo ha realizado a nuestro texto, per- mitiéndonos mejorar algunos aspectos del mismo. También queremos agradecer las observaciones realizadas por los dos revisores anónimos del documento, que han contribuido a la mejora del manuscrito definitivo. Citation / Cómo citar este artículo: Negre, Joan; Suñé, Josep (2019), Territorio, fiscalidad y actividad militar en la formación de un espacio fronterizo. La consolidación de Tortosa, como límite extremo de Al-Andalus Omeya, “Anuario de Estudios Medievales” 49/2, pp. 705-740. https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 Copyright: © 2019 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). 706 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ fiscal y la defensa de Dār al-Islām.– 3.2. El papel de los ḥuṣūn en la articulación de los aqālīm. 3.3. El proceso de estatización de la frontera a través de sus contingentes mili- tares.– 4. Conclusiones.– Bibliografía citada. 1. INTRODUCCIÓN En el pasado, diversos estudios han tratado el estudio del control territorial en al-Andalus, aunque siempre ha primado la visión global sobre el conjunto del territorio o, de forma más acotada, sobre la frontera superior1. Es por ello que el extremo oriental de este límite con los territorios cristia- nos siempre ha sido tratado de forma tangencial. A pesar de ello, diversos aspectos vinculados al análisis histórico del pasado andalusí del territorio de Tortosa han sido abordados de forma sistemática en dos tesis doctorales recientes, a partir de las cuales se ha desarrollado ahora un estudio más ex- tenso y exhaustivo de esta cuestión2. Este trabajo pretende, por tanto, mostrar los cambios que se produjeron a lo largo de los primeros tres siglos de vida de al-Andalus en relación a la ordenación y la defensa territorial del límite más alejado de sus dominios. Con este propósito, pondremos el foco de aten- ción en tres elementos clave para entender este proceso: la organización ad- ministrativa del territorio, la implantación de un sistema fiscal eficiente y la actuación del ejército en cuanto a su movilización y a la fortificación de la frontera. Para ello nos valdremos de todas las fuentes documentales y arqueo- lógicas existentes hasta la fecha, interrelacionadas en el análisis crítico del proceso histórico bajo estudio3. 2. LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA DE TORTOSA DURANTE EL EMIRATO No existe documento árabe alguno que describa con precisión los límites de Tortosa y la división administrativa que se aplicó en su circunscrip- ción territorial. Se trata de un problema que parece generalizarse a lo largo de los territorios del Islam hasta mediados del siglo IX4. En el caso específico de la península Ibérica hay un cierto consenso entorno a la progresiva implantación de un sistema provincial original desde 1 Mu’nis 1957; Molina, Ávila 1985; Vallvé 1986; Manzano 1991; Souto 1992; Sénac 2000; Meouak 2000; Valor, Ramírez 2001. 2 Negre 2013a; Suñé 2017. 3 El sistema de transliteración del árabe utilizado responde a las siguientes grafías para el alifato: ā, b, t, ṯ, ğ, ḥ, ḫ, d, ḏ, r, z, s, š, ṣ, ḍ, ṭ, ẓ, ʿ, ġ, f, q, k, l, m, n, h, w/ū, y/ī. 4 Mu’nis 1957, p. 79; Miquel 2001, pp. 100-101; Lorenzo en prensa. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 707 pocas décadas después de la conquista5. Aun así, siguen evaluándose otras propuestas, no excluyentes con lo anterior, que defienden la pervivencia, al menos durante los momentos iniciales de al-Andalus, de algunas estructuras de administración visigodas6. Entre otros factores, estos planteamientos to- man en consideración el aparente interés mostrado hacia las formas de divi- sión territorial antiguas por la primera recopilación geográfica hecha por un andalusí. Así, Aḥmad b. Muḥammad al-Rāzī recogía en sus textos la organi- zación diocleciana en seis provincias7 o la separación de la península en dos grandes regiones: la de levante, antigua Citerior, y la de poniente, Ulterior8. En este caso, sin embargo, se trata de un ejercicio de geografía histórica y no de la constatación de la pervivencia de estructuras administrativas anteriores9. Es más, la lista de provincias recogida por el cronista y geógrafo cortesano no se corresponde realmente con la división diocleciana, sino con una relación de sedes episcopales del siglo VII10, lo que apunta hacia un interés particular por las ciudades y sus circunscripciones. 2.1. ¿Continuidad o ruptura? Circunscripciones urbanas y distritos territoriales En cuanto a la ordenación territorial tras la conquista, el primer ele- mento que destaca en los escritos son las circunscripciones urbanas, deno- minadas genéricamente por las fuentes árabes como aʿmāl11 (sing. ʿamal) y constituidas por un centro territorial y su jurisdicción (wilāya). Diversos estudios, desde ópticas complementarias, han propuesto ya el papel protago- nista que estos dominios urbanos jugarían en esta primera implantación del Estado andalusí12. Es necesario destacar, sin embargo, que el análisis de los 5 Meouak 2000, pp. 106-108; Manzano 2006, p. 425. 6 Mu’nis 1957, pp. 79-81; Acién 2000, pp. 430-432. 7 AMA, pp. 198-201; el autor atribuye la división provincial diocleciana al emperador Cons- tantino. La crónica de al-Rāzī se conoce hoy en día a través de citas indirectas en otros autores árabes y por la Crónica del Moro Rasis, una edición crítica de tres copias de la traducción al castellano (finales s. XV), de la traducción al portugués (s. XIV), de la traducción al castellano, del original árabe (s. X). Los fragmentos que conocemos, por tanto, pueden ayudar a conocer y analizar el contenido general de la obra original, pero es necesario proceder con cautela en cuanto a datos que requieren de precisión. 8 Ibidem, pp. 16-18. 9 Manzano 2006, p. 424. 10 CGpI, pp. 49-63. 11 MII/1, ed. Makkī, p. 121; MII/2, p. 332; MIII, ed. Martínez Antuña, pp. 87, 118; MV, pp. 40, 76. 12 Chalmeta 1991, p. 16; Souto 1992, p. 114; Acién, Manzano 2009, p. 336. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 708 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ últimos concilios visigodos permite constatar cómo muchos de estos aʿmāl eran a su vez coincidentes con las diócesis de distintas sedes episcopales visigodas, unas circunscripciones que durante el siglo VII se habrían con- vertido en importantes demarcaciones fiscales13. La administración de estas gobernaciones en las primeras décadas tras la conquista, siguiendo el plan- teamiento de la hipótesis continuista, se basaría en la dualidad entre un poder coactivo, ejercido por un ʿāmil, y otro censitario, en manos del obispo de la sede14. Sin embargo, esta división de atribuciones, que no parece haber sido homogénea a lo largo de la península, fue diluyéndose progresivamente allá donde se aplicó hasta quedar concentradas en la figura del gobernador todas las atribuciones del poder. En el caso de Tortosa, no tenemos evidencias de la presencia de una doble titularidad, sin poder asegurar si esto se debe a la inexistencia de este mecanismo o a la poca información histórica que nos ha llegado sobre las primeras décadas de al-Andalus en la ciudad. El último obispo del que tenemos constancia en las fuentes escritas, Involato, parece jugar un pa- pel importante en las relaciones de poder del Estado toledano entorno al año 696, pero no vuelve a aparecer con posterioridad.15 Los textos árabes que consignan las noticias más antiguas sobre la ciudad, ya en referencia al siglo IX, apuntan hacia la centralización del poder en manos de un único per- sonaje, identificándose su territorio como un ʿamal16, cuya administración quedaba bajo el mando de un ʿāmil17. También las fuentes latinas apuntan en esta dirección, pues durante la segunda de las tres campañas carolingias contra esta ciudad, en el año 808, se menciona al gobernador de Tortosa, ʿUbaydūn b. al-Ġamr, como dux18, un título de similares atribuciones en la sociedad franca. En cuanto a los límites de su circunscripción, debieron ser variables a lo largo del tiempo, algo habitual en este período. Si bien durante el siglo VIII su límite septentrional vendría marcado por los confines con el territorio 13 CGpI, pp. 49-63; Las atribuciones de los obispos en sus demarcaciones crecieron de forma significativa durante el siglo VI, llegando a su zenit con las disposiciones regias con- templadas en el III Concilio de Toledo, del año 589, tal y como se desprende de la epístola De fisco Barcinonensi, de ese mismo año (Souviron 2009). En ella se confirma la supervisión episcopal sobre los agentes de los numerarios encargados de la recaudación fiscal, ejerciendo estas atribuciones en sus diócesis, que devienen, por tanto, las unidades de tributación más habituales. 14 Acién 2000, p. 430; Acién, Manzano 2009, p. 336. 15 DHV, p. 255. 16 MII/2, p. 6. 17 MII/1, ed. Makkī, pp. 131, 405; MII/2, p. 3; MIII, ed. Martínez Antuña, pp. 106, 109; BML, II, p. 74. 18 VHI, p. 326. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 709 de Barcelona, tras las campañas carolingias contra Tortosa a inicios del siglo IX, la influencia de Tortosa debió llegar hasta el río Llobregat (Runliqāṭū)19. En cuanto a su límite meridional, no hay indicios que apunten a que sobre- pasara el ámbito del Desert de les Palmes (Castelló), quedando Burriana y Sagunt bajo la órbita de Valencia20. Se trata, pues, de un marco de actuación que tiende a ser coincidente –a grandes rasgos– con el de la antigua diócesis visigoda de Tortosa, que conocemos a partir del documento de consagración de su catedral tras la conquista cristiana de la ciudad, en el cual se la dota se- cundum antiquos limites21. En una segunda escala de análisis, algunas de las fuentes árabes más cercanas al período emiral identifican subdivisiones territoriales aún menores al ʿamal. Se trata de los aḥwāz (sing. ḥawz), término con el cual Ibn Ḥayyān define, por ejemplo, a los distritos de Tortosa que el emir al- Nāṣir recuperó durante su gran aceifa contra Pamplona en 92422. Este mis- mo vocablo es utilizado de nuevo por el cronista cordobés para describir los distritos de otros aʿmāl, en todos los casos alejados de la capital de la circunscripción: en Zaragoza incluye el de Tarazona y Borja23 y el de la for- taleza de Alcañiz24; en Valencia, el de la ciudad de al-ʿAskar, a día de hoy identificada con el yacimiento del Tossal de la Morera, en Elx25 y, más lejos, en Algeciras, el de Gaucín26. Con este mismo significado, algunas pocas menciones en estas mismas fuentes utilizan también el término iqlīm, aunque en contextos alejados de la frontera, principalmente cerca de la ca- pital cordobesa27. Sin muchas más informaciones a las que acudir, creemos que es- tos distritos pueden definirse como pequeñas demarcaciones administrativas basadas en comarcas geográficas bien acotadas (valles, hoyas, sierras, etc.) en que se subdividirían los aʿmāl. Con una acepción etimológica cercana al concepto de “derecho de propiedad” y vinculada por algunos arabistas a 19 NT, vol. I, p. 128. 20 AMA, pp. 37-38; UM, pp. 159-160; TA, pp. 19-20; Barceló 2009. 21 DCT, doc. 301. 22 MV, pp. 122, 127. 23 MII/2, p. 4. 24 MV, p. 123. 25 Ibidem, p. 122; Guichard 2007. En el estado actual de conocimientos sobre este asenta- miento, puede plantearse también la posibilidad que las menciones a al-ʿAskar en Al-Yaʿqūbī y Al-ʿUḏrī, que lo sitúan en el territorio de Tudmīr, y las de Ibn Ḥayyān, que lo ubican en Va- lencia, no sean coincidentes. 26 MV, p. 57. 27 MII/1, ed. Makkī, p. 458. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 710 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ la acepción de “territorio”28, tal vez podría existir una cierta corresponden- cia entre los aḥwāz emirales y los territoria visigodos. Estos últimos, bien presentes en el Liber iudicum y descritos como unidades fiscales de entidad inferior a la provincia o la civitas29, tendrían a su cabeza un centro de or- den inferior a la sede episcopal30. Son, por tanto, subdivisiones administra- tivas cuyos criterios de delimitación conocemos a través de las prácticas gromáticas contenidas en el Corpus Agrimensorum Romanorum, donde se indica que su perímetro se establecería a partir de la divisoria de aguas (di- vortium aquarum) que circunscribía una cierta cuenca de drenaje, así como con el recurso de otras referencias artificiales como caminos, monumentos o encrucijadas31. De forma expeditiva, podemos aventurar que entre los aḥwāz de Tortosa recuperados por al-Nāṣir en 924 debieron contarse al menos una parte de los dominios de Tarragona y el Penedès (Banatīš), hostigados por los condes de Barcelona desde finales del siglo IX32. Respecto al primero de estos posibles distritos, parece haber contado con una cierta actividad, principalmente portuaria, durante el primer siglo de implantación andalusí en la península Ibérica33. Esto contrasta, sin embargo, con el hecho de que no conozcamos el nombramiento de ningún gobernador para esta ciudad. Si tomamos como referencia las listas de designaciones para Tortosa y Barce- lona en el mismo período podemos aventurar que, a mediados del siglo VIII, Tarragona ya habría perdido su estatus capitalino. El caso de esta ciudad resulta paradigmático como ejemplo del abandono progresivo de los lími- tes administrativos anteriores en favor de aquellos vinculados a las ciuda- des elegidas por los conquistadores. Aun así, este territorio conservaría una cierta estructura de poblamiento y algunos sitios fortificados, si atendemos a la noticia de la destrucción de loca, castella y municipia en el camino entre Tarragona y Tortosa durante la expedición de Ludovico Pío en 804 o 806 o a las evidencias arqueológicas34. 28 Meouak 2000, p. 107. 29 Probablemente también de la diócesis a partir del s. VII, momento en el cual, como hemos indicado anteriormente, estas demarcaciones devendrán unidades territoriales principales del ejercicio fiscal. 30 Martí 1995, p. 44. 31 CAR, pp. 64-65, 74; Andreu 2012. Una propuesta metodológica para su restitución en Negre 2013a, pp. 288-292. 32 TA, p. 66; MV, p. 65; BML, II, p. 172. 33 Adserias, Pociña, Remolà 2000; Rodríguez, Macías 2016, 2018. 34 VHI, p. 332; Gonzalo 2013, 2015. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 711 Fig. 1. Principales enclaves mencionados en el texto y posibles distritos (territoria-aḥwāz) definidos a partir de la delimitación e interpretación crítica de las cuencas de drenaje y sus divisorias de aguas. En cuanto al segundo de estos distritos, la arqueología aporta infor- mación destacable para precisar el alcance de esta demarcación. La fortaleza de Olèrdola, mencionada como ḥiṣn Banatīš por al-Idrīsī35, cuenta con testi- monios materiales que apuntan a su ocupación durante gran parte del siglo IX36, momento en el cual está fuera de toda duda que este espacio pertenecía al ámbito de control de al-Andalus. Este enclave controlaba una pequeña de- marcación, documentada en las fuentes árabes como faḥṣ Banatīš o como territorio Penetese en las latinas ya desde el año 91737. Conjuntamente con esta fortificación habrían funcionado otros elementos defensivos, principal- mente torres, como las de Castellvell de la Marca y de Rosanes, actualmente bajo estudio38. El Penedès, por tanto, conformaría la frontera más extrema de al-Andalus durante el siglo IX, tras la caída de Barcelona, y resistió los envites cristianos hasta el primer tercio de la siguiente centuria, momento a partir del cual empieza la expansión condal en este territorio39. 35 UM, pp. 162-163. 36 Molist, Bosch 2012; Martí 2017, p. 683. 37 CSCV, doc. 9. 38 Martí 2017, pp. 684-685; Folch, Gibert, Gonzalo, Martí, Martínez 2018. 39 Gibert 2011, pp. 113, 259, 420, 433, 441. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 712 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ Ya sin constatación en las fuentes árabes, en el límite meridional de Tortosa encontramos aún otro territorium tardoantiguo identificable y con ocupación constatable durante el período emiral. Se trata de Lubricatum, cuyo étimo haría referencia al entorno general del Prat de Cabanes, zona de marismas y terrenos cenagosos, y que habría dado nombre a una mansio situada dentro de sus límites y recogida por los itinerarios altomedievales de la Via Augusta40. Arqueológicamente, hemos identificado la posta con el yacimiento de El Tancat (Cabanes), excavado hace pocos años y que presenta una ocupación continuada hasta el siglo VIII41. Este mismo topónimo aparece documentado por al-Idrīsī, quien identifica una fortaleza de Luriqāṭ, y por Ibn al-Abbār, que menciona el sitio de Lubriqāṭ42. Parece claro, por tanto, que nos encontramos ante un territorio que debió contar con un poblamiento estable durante el período omeya, detectado en prospección43 y confirma- do por la construcción del ḥiṣn de Abīša a inicios del siglo X, como centro territorial de este distrito44. Esta primera estructuración territorial, basada en circunscripciones urbanas amplias y pequeños distritos de rango inferior, parece ser en parte consistente con la hipótesis de una pervivencia inicial de divisiones adminis- trativas anteriores, tal vez las diocesis y territoria de tradición visigoda a las que la documentación escrita hace alusión como unidades de recaudación. Sin embargo, al menos desde mediados del siglo VIII, parece que debió empezar a establecerse un sistema provincial ad hoc que unificaría varios de estos aʿmāl limítrofes en una única región administrativa, la kūra45. Se trata, sin embargo, de una reorganización que tuvo una implantación efectiva en los territorios más cercanos a Córdoba, pero que no parece aplicarse en la frontera46, que siguió oscilando entorno a los aʿmāl y los aḥwāz de forma generalizada, si atendemos al ejemplo de Tortosa o el resto del valle del Ebro47. 40 RACGG, pp. 303-304, 514-515; Negre 2013b. 41 Flors 2010, pp. 207-215; Negre 2013b. 42 UM, p. 163; TKS, ed. de al-ʿAṭṭār, bio. 2176; La primera identifica una fortaleza a partir del nombre de su territorio; la segunda, posterior, tan solo indica la existencia de un lugar con este nombre que es dependiente de Abīša (Orpesa). La fortaleza de Miravet (Cabanes, Cas- telló), documentada des del siglo XI, el castillo de Albalat (Cabanes, Castelló), aún sin datos arqueológicos, o incluso la propia Abīša -solo para la primera noticia- son algunos candidatos a corresponderse con estas dos menciones, que no tienen por qué ser coincidentes. 43 Flors 2010, p. 532. 44 Selma 2014, p. 232; Negre, Lozano, Selma 2018; Selma, Negre, Lozano en prensa. 45 MII/1, ed. Makkī, pp. 94, 99, 116, 438-440; MII/2, pp. 271-272; BML, II, pp. 111-112; Mu’nis 1957; Vallvé 1986; Meouak 1995. 46 MII/1, ed. Makkī, p. 460. 47 MII/1, ed. Makkī, p. 121; MII/2, pp. 6, 332; MIII, ed. Martínez Antuña, p. 87; Manzano 2006, pp. 430-431. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 713 Al mismo tiempo, estos distritos más alejados de la capital parecen haber estado identificados en distintos momentos a lo largo del emirato bajo la denominación de ṯuġūr (sing. taġr). Bajo este término se designaron zonas periféricas, de naturaleza móvil, en linde con regiones no-musulmanas (Dār al-ḥarb), susceptibles de ser atacadas. Estas mismas características pueden extrapolarse también a las zonas costeras siendo, tanto las unas como las otras, objeto de atención preferencial por parte del Estado48. El caso de la frontera de Barcelona y Tortosa es especialmente significativo, puesto que se trata de regiones expuestas a hostigamiento tanto terrestre como marítimo. Antes de la caída de Barcelona, esta zona es descrita como el extremo de la frontera oriental de los musulmanes (qāṣiyyat ṯaġr al-muslimīn al-šarqiyya)49. De la misma manera, la descripción más antigua de que disponemos para Tortosa, realizada a finales del siglo IX, la identifica como la última frontera de al- Andalus al oriente, linde con el país de los francos (Ifranğiyūn) y sobre el mismo río que Zaragoza50. Las gentes de esta ciudad, asimismo, son conside- radas como parte integrante de un espacio fronterizo como mínimo desde la caída de Barcelona, en 80151. En cualquier caso, estas menciones más anti- guas sugieren un concepto de frontera amplio, que no identificaría territorios con límites precisos sino un espacio en conflicto (taġr al-Andalus52, ṯugūr53, al-aṭrāf wa-l-ṯugūr54). En resumen, durante los dos primeros siglos de al-Andalus se intu- yen ya dos tendencias desiguales: en los lugares más cercanos a la capital, el progresivo abandono de las divisiones heredadas y su sustitución por circuns- cripciones provinciales delimitadas en función de los intereses andalusíes, las kuwar (sing. kūra); en las fronteras, por el contrario, el mantenimiento de las circunscripciones urbanas o aʿmāl como marco territorial y el uso genérico del concepto taġr para identificar el límite de Dār al-Islām, sin que se desprenda una aplicación administrativa del mismo. 48 Chalmeta 1991, p. 16. 49 MII/1, ed. Makkī, p. 116. 50 KB, p. 355. 51 Durante el último de los asedios de los ejércitos carolingios a la ciudad de Tortosa (808-809), parte de sus defensores son descritos como ahl al-ṯaġr (BML, II, p. 74), mientras que una acción ofensiva posterior contra Terrassa (856-857) es encabezada por la leva de las fronteras, entre la que probablemente se encontraba la gente de Tortosa (ḥašd al-ṯuġūr) (BML, II, p. 98). 52 FM, p. 208; KB, p. 354. 53 MD, ed. Barbier, Pavet, vol. I, pp. 359-367. 54 IS, vol. II, p. 111. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 714 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ 2.2. La descentralización de la frontera reflejada en su actividad militar En la Tortosa de los siglos VIII y IX, como debió suceder en otros puntos del litoral andalusí, una parte considerable de las acciones bélicas se desarrollaron en el ámbito naval55. Es al-Ḥimyarī el autor que mayor infor- mación ofrece sobre los vínculos de los habitantes de la desembocadura del Ebro con las incursiones marítimas. En un primer texto afirma que las costas tortosinas fueron el lugar desde donde zarpó en el 829 una importante expedi- ción andalusí que colaboró activamente con los Banū l-Aġlab en la conquista de Sicilia56, mientras que en una segunda noticia narra el papel de un grupo de marineros andalusíes (baḥriyyūn) en la fundación de Pechina durante los últi- mos años del emir Muḥammad (852-886)57. El relato inicial, en el que se describe el ataque del 829 contra Si- cilia, trae a la memoria otras incursiones navales que salieron de al-Andalus y afectaron diferentes islas y costas del Mediterráneo entre finales del siglo VIII y la primera mitad del siglo IX. Dentro de este grupo se deben incluir las expediciones de Mallorca y Menorca (798), Islas Baleares (799), Córcega (806), Pantelleria (806), Cerdeña y Córcega (807), Córcega (809), Cerdeña y Córcega (810), Córcega (810), Cerdeña (812), Mallorca (813), Civitavecchia y Niza (813), Alejandría (815) y Mallorca y Menorca (848)58. En cuanto al segundo de los textos, el autor árabe nos cuenta que los baḥriyyūn pertenecían a los estratos más bajos de la sociedad, habitaban mayoritariamente en Tortosa y se dedicaban al transporte naval de personas, al comercio de productos diversos, incluyendo los bienes de lujo, y al saqueo de las costas latinas59. Al parecer, antes del 875 se asociaron y decidieron vio- lar las normas de navegación que habían legislado los emires omeyas, hasta el punto que atacaron Marchena, dentro del territorio andalusí. Como conse- cuencia de este acto debieron exiliarse por miedo a las represalias, y no regre- saron a la Península hasta que la generalización de las revueltas les puso en 55 Sobre la actividad marítima de los andalusíes y las incursiones navales de ese período, véanse los siguientes trabajos: Aguadé 1976; Guichard 1979, 1983; Lirola 1993, pp. 94-95, 107-109, 122-123, 137-150; Ballestín 1999, en prensa; Picard 2007, pp. 414, 426-429, 437-443. 56 KR, ed. ʿAbbās, p. 429; BML, I, pp. 96-97; Lirola 1993, pp. 107-109, 138; Ballestín 1999, p. 66. 57 KR, pp. 79-80. 58 ARF, pp. 104-105, 108-109, 122, 124, 128, 130, 133, 137, 139; MII/2, pp. 2-3; Aguadé 1976, pp. 162-165; Guichard 1983, pp. 60, 62-63. 59 La importancia del fenómeno baḥriyyūn en Tortosa no implica que fuera exclusivo de aquella región (MII/1, ed. Makkī, p.456; MII/2, pp. 2-3, 308-309, 353, 398; BML, II, p. 106). ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 715 una posición ventajosa ante el emir. Sin embargo, ya no volvieron a Tortosa, sino que se instalaron en Pechina60. Las coincidencias evidentes que se observan en los dos relatos re- cogidos por al-Ḥimyarī podrían llevar a pensar que fueron los baḥriyyūn, por sí mismos, y sin la ayuda de otros grupos o instituciones, quienes realizaron la incursión del 829. No obstante, existen dos motivos por los cuales resulta improbable que las gentes de mar actuaran solas en las grandes expediciones navales. Por un lado, la necesidad de huir de al-Andalus tras el ataque contra Marchena es poco compatible con la hipotética capacidad autónoma de orga- nizar una flota de 300 embarcaciones61, y por el otro, el único texto que des- cribe de manera parcial como se organizaba este tipo de incursiones muestra una realidad más compleja. En efecto, Ibn Ḫaldūn narra como la conquista definitiva de Mallorca (903) fue debida a la colaboración entre el emir ʿAbd Allāh (888-912) y la iniciativa privada de un devoto y rico musulmán, ʿIṣām al-Ḫawlānī. Ambos prepararon embarcaciones y reclutaron hombres que qui- sieran hacer el ǧihād62, aunque la dirección de la expedición quedó únicamente en manos del segundo. ʿAbd Allāh le recompensaría nombrándole gobernador de la isla tras el éxito de la operación63. Esta noticia pone de relieve la relación entre baḥriyyūn, sin los cuales no se podrían tripular las naves, voluntarios del ǧihād, como parecen serlo ʿIṣām al-Ḫawlānī y los combatientes alistados, y poder público, en este caso el emir de Córdoba. En nuestro caso de estudio, la presencia en Tortosa de muǧāhidūn que pudieran participar en estas expediciones navales durante la primera mi- tad del siglo IX está confirmada por la existencia del ribāṭ Kaškī, sobre el cual ya hablaba el alfaquí ʿAbd al-Malik b. Ḥabīb (m. 852)64. Más proble- mas genera, por el contrario, la participación del poder central cordobés en esas expediciones. Vuelven a ser dos los argumentos que se pueden aducir para dudar de su intervención directa en las actuaciones de este tipo durante aquel período. El primero de ellos es la inexistencia de una flota regular ome- ya antes del 84465. El segundo, y más importante, es la diferencia entre los 60 KR, pp. 79-80; Lirola 1993, pp. 122-123, 137-150, 389-392; Ballestín 1999, pp. 66-67, en prensa, p. 34. 61 BML, I, pp. 96-97. 62 Ibn Ḥawqal también calificó de muǧāhidūn a los ocupantes musulmanes de Fraxinetum, enclave situado en la costa provenzal que había sido tomado por los andalusíes tras una incur- sión naval (KSA, ed. Beirut, pp. 174-175; ANT, pp. 275-276; Ballestín en prensa, pp. 69-70, 74-75). 63 TI, IV, p. 210. 64 KGZ, pp. 90, 103. Sobre la práctica del ribāṭ: Marín 2004. Sobre el ribāṭ Kaškī: Negre 2015, pp. 116-120. 65 MII/1, ed. Makkī, p. 456; Lirola 1993, pp. 113-114. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 716 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ ingresos fiscales del emir de Córdoba y el coste de organizar una expedición militar. El valor anual de la recaudación era de 600.000 dinares en tiempos del emir al-Ḥakam (796-822) y de un millón con su hijo ʿAbd al-Raḥmān (822-852)66, mientras que el precio de preparar una aceifa podía superar los 500.000 dinares67. Si a estos datos añadimos el hecho que hay años, como en el 806, el 809, el 810 y el 813, donde se documentan dos, tres y hasta cuatro incursiones por año68, la idea que emerge es que una parte muy importante de la financiación de guerra andalusí no iría a cargo del poder central. Este es- fuerzo bélico que no podía ser cubierto por el emir omeya debía ser sufragado por sus delegados a nivel local. No faltan datos donde se aprecia cómo los gobernadores provincia- les del emirato se quedaban con gran parte de los ingresos fiscales recauda- dos en sus distritos y los utilizaban entre otras finalidades para mantener a sus propias tropas69. La fuente que más información nos aporta al respecto en nuestro territorio es una carta que el gobernador de la ciudad de Tortosa, ʿUbayd Allāh b. Yaḥyà, escribió al emir ʿAbd al-Raḥmān b. al-Ḥakam en el año 850/85170. En ella, el gobernador expone la situación de sus dominios después de obedecer la orden de Córdoba de apoyar militarmente la rebelión contra los carolingios de Guillem, hijo de Bernat de Septimania, en el año 84971. Además, informa de que ya no necesitaba de las fuerzas cordobesas (ḫurs) y que se bastaba con el contingente de 130 hombres de que disponía, formado por sus propios clientes (mawālī) y sirvientes (ġilmān). Además, se menciona con claridad que el mantenimiento de estas tropas locales, median- te concesiones territoriales (qaṭāʾiʿ), corría a cargo de los bienes del Estado (māl al-sulṭān) que estaban bajo su control. Finalmente, describe como de la recaudación de los tributos de su demarcación (min ǧibāyat ʿamali-hi), entre los que incluye las ğizāʾ cristianas y los ʿušūr musulmanes, se podían pa- gar no solo el mantenimiento de las fortalezas y las estructuras de la frontera sino también 200 dinares mensuales como emolumentos de sus agentes fisca- les (li-ʿummālati-hi) y 1.000 dinares anuales como propios del gobernador. Si 66 MII/1, ed. Makkī, p. 292; NT I, p. 348. 67 Este era el coste de hacer una expedición de verano en tiempos del ḥāǧib al-Manṣūr (978- 1002) (KA, p. 98). 68 En el 806 se produjeron las expediciones andalusíes de Córcega y Pantelleria, en el 809 las de Córcega y Pirineo aragonés, en el 810 las de Guadalajara, Cerdeña y Córcega, y Córcega una vez más, y en el 813 las de Muḥammad b. al-Ḥakam, Barcelona, Mallorca, y Civitavecchia y Niza (ARF, pp. 122, 124, 128, 130, 133, 139; MII/1, ed. Makkī, pp. 136-137, 231-232; BML, II, p. 75-76). 69 Manzano 1991, pp. 330-331, 2011, pp. 341-344. 70 MII/2, pp. 6-7. 71 Ibidem, p. 3. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 717 bien parece probada la lealtad de este último hacia el Estado omeya, dentro del cual ejercerá cargos de alta jerarquía como el de visir72, es significativa la amplia independencia de la que parece gozar en la administración de sus territorios y de las recaudaciones fiscales vinculadas a él. Así mismo es posible encontrar varios ejemplos en los cuales se pone de relieve la relación entre las autoridades locales y los miembros que parti- cipaban en estas incursiones. Aunque se pueden hacer algunas matizaciones, el comienzo de los grandes ataques marítimos de finales del siglo VIII y prin- cipios del IX coincide en el tiempo con la formación de un poder autónomo en el Šarq al-Andalus73. En los momentos previos al asedio de Barcelona por los carolingios (801), el gobernador árabe de la ciudad contaba entre sus ha- bitantes con ladrones Maurorum que saqueaban el sur de la Galia y recibían riquezas a través de los barcos que atracaban allí74. Y cuarenta años después, en el 848, el emir ʿAbd al-Raḥmān b. al-Ḥakam envió uno de sus eunucos al gobernador de Valencia para que extrajese el quinto del botín tras el triunfo de la flota musulmana sobre los habitantes de las Islas Baleares75. Todo parece indicar, así pues, que el elemento público que principalmente apoyó las expe- diciones navales fue el gobierno local de las provincias costeras. Y quizá sea este el motivo por el cual estas son mayoritariamente ignoradas por los com- piladores árabes, quienes habitualmente tomaban como fuente las crónicas elaboradas en el entorno cortesano de los omeyas76. Esta realidad descentralizada que se observa en las incursiones ma- rítimas de los siglos VIII y IX todavía resulta más clara cuando se estudian los contingentes andalusíes que tomaron parte en la lucha contra los territorios cristianos. Las crónicas conservadas son especialmente generosas a la hora de nombrar las tropas andalusíes que defendieron Tortosa del último ataque carolingio contra esa ciudad (808-809). Según la información de las diferentes versiones, en los combates que se libraron participaron cives, ǧunūd, ahl al- ṯaġr, ḥušūd y muṭṭawwiʿa. – Los cives serían los habitantes de Tortosa, quienes en el momento más álgido de lucha tendrían bajo su responsabilidad las llaves de la ciudad, lo cual sugiere un control sobre el recinto amurallado77. 72 MII/2, p. 168. 73 Guichard 1983, pp. 59-62. 74 EN, pp. 12-15, 22-27, 30-31. 75 MII/2, ed. Makkī, pp. 2-3. 76 Guichard 1983, p. 61; Viguera 1997, pp. 5-6. 77 VHI, pp. 330-331. La participación bélica de los habitantes de las ciudades (ahl al- madīna) y de las fortalezas rurales (ahl al-ḥuṣūn) en la defensa de sus hogares está ampliamente ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 718 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ – Los ǧunūd (sing. ǧund) son tropas regulares que reciben un sala- rio público78. En este enfrentamiento habrían combatido los ǧunūd enviados por el emir de Córdoba y aquellos que estaban bajo las órdenes de los gobernadores de Tortosa, ʿUbaydūn b. al-Ġamr, y Zaragoza, ʿAmrūs b. Yūsuf79. La posterior rebelión de ʿAmrūs contra el poder cordobés y el ejemplo mencionado de la carta de ʿUbayd Allāh b. Yaḥyà, donde se observa como el gobernador de Tortosa mantenía con los bienes del Estado una guardia personal formada por 130 de sus mawālī y ġilmān80, indicarían que estos ǧunūd fronterizos estaban financiados por las autoridades locales, a diferencia de los primeros, y que, en consecuencia, su lealtad iba especialmente dirigida a ellas. – El ahl al-ṯaġr son los habitantes de la frontera reunidos por los gobernadores de Zaragoza y Tortosa tras recibir la orden omeya de unirse al ejército salido de la capital81. – El ḥašd (pl. ḥušūd) es un concepto ambiguo utilizado por los cro- nistas árabes normalmente para designar alistamientos fronterizos o levas de tropas no profesionales82. En este caso concreto, la orden que previamente había dado el emir al-Ḥakam de movilizar a los habitantes de la frontera apoya la idea que es el resultado de una leva fronteriza83. – Los muṭṭawwiʿa, por último, son tropas irregulares que no re- ciben un sueldo público por su intervención en las campañas militares84. Ibn Ḥayyān afirma que estaban a cargo de los gober- nadores de Zaragoza y Tortosa85, una circunstancia que sugiere documentada durante la fase del emirato (756-929) (MII/1, ed. Makkī, pp. 451, 453; MII/2, p. 396; TA, pp. 37, 38, 42; BML, II, p. 145; MV, pp. 62-63, 81-82, 83, 94, 105). 78 Chalmeta 1976, pp. 411-412; 1988, pp. 35-36; Manzano 1993; Meouak 1993, pp. 365-368; Viguera 2001, pp. 27, 29-30. 79 En la edición facsímil de Ibn Ḥayyān leemos ǧunūd en vez de ǧund cuando se hace refe- rencia a las tropas regulares comandadas por los gobernadores fronterizos (MII/1, ed. Vallvé, f. 100v; MII/1, ed. Makkī, p. 132; BML, II, p. 74). 80 MII/1, ed. Makkī, pp. 133-134; MII/2, pp. 6-7. 81 BML, II, p. 74. 82 Casos donde ḥašd/ḥušūd parece hacer referencia a tropas fronterizas: MII/1, ed. Makkī, pp. 103, 121, 420; MII/2, pp. 304, 325; BML, II, pp. 98, 106, 144, 177, 180, 195; MIII, ed. Martínez Antuña, pp. 134-135; TA, p. 66; MV, p. 94; MVII, p. 227. Ejemplos de ḥašd/ḥušūd con el significado de tropas no profesionales en oposición a los efectivos del ejército regular: MII/1, ed. Makkī, p. 428; MV, pp. 105, 122, 295, 299; BML, II, pp. 184, 196. 83 BML, II, p. 74. 84 Chalmeta 1976, pp. 414-415; Meouak 1993, pp. 369-370; Aguilar 1997, p. 196; Molénat 2005, p. 555; Viguera 2001, pp. 27-28. 85 MII/1, ed. Makkī, p. 132; BML, II, p. 74. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 719 una presencia en la frontera antes de la llegada de las tropas cordobesas. Este hecho, y la conocida participación entre sus miembros de ulemas y creyentes musulmanes dispuestos a sa- crificar bienes y vidas por el Islam86, vinculan a estos efectivos con los practicantes del ribāṭ. Tampoco se puede descartar, no obstante, que con este concepto se esté haciendo referencia a los miembros de la anterior leva fronteriza que no eran tropas regulares87. Al margen de las dificultades que provoca la correcta interpretación de alguno de estos términos, la conclusión que se obtiene después de este aná- lisis es la del mayor peso del elemento local en la defensa de Tortosa. Aunque ǧunūd fronterizos, ahl al-ṯaġr y ḥušūd pudieran aludir en realidad a un mismo contingente mencionado de diferentes maneras por los distintos compiladores, la suma de este con los cives y los muṭṭawwiʿa supera la aportación del poder central, que sólo habría estado representado con los ǧunūd enviados por el emir. Idéntica situación es la que se encuentra en otro de los sucesos bélicos que tiene relación con la frontera de Tortosa. Muḥammad b. ʿAbd al-Malik al-Ṭawīl, gobernador de Huesca, lanzó un ataque contra Barce- lona, en el año 913, como respuesta probablemente a los progresos con- dales en el Penedès88. Antes de partir en campaña hizo alistamientos en la frontera (ḥašada), y en el combate que le costó la vida pereció también su guardia personal (ḫāṣṣa)89, un contingente que vuelve a traer a la memoria los 130 mawālī y ġilmān de ʿUbayd Allāh b. Yaḥyà90. De lo visto hasta ahora se puede afirmar que la relativa autonomía administrativa de las ciudades fronterizas, los limitados ingresos fiscales del poder central, la organización de buena parte de las operaciones militares y la naturaleza de los contingentes armados que protegían la frontera muestran un Estado que en muchos aspectos debe ser considerado como profundamente des- centralizado. 86 MVII, p. 226; BML III, p. 4. 87 MII/2, pp. 271-273; MV, pp. 304-305. 88 La expedición habría tenido como principal objetivo “reparar las brechas de la muralla de Tortosa y sostenerla” (TA, p. 66). 89 Ibidem. 90 MII/2, pp. 6-7. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 720 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ 3. HACIA UN NUEVO MODELO DE ESTADO: LAS REFORMAS DE ʿABD AL-RAḤMĀN AL-NĀṢIR La división provincial andalusí recogida por las fuentes árabes queda completamente estandarizada durante el califato bajo los dos tipos de circuns- cripción a los que ya hemos hecho referencia: la kūra, principalmente identi- ficada en las áreas alejadas de la frontera y el ʿamal o circunscripción urbana, que predomina en los sectores en linde con los territorios cristianos91. Además, el uso del término taġr se vuelve cada vez más habitual en las fuentes escritas de este período, sin que de ello se desprenda que se trate de marcos adminis- trativos que sustituyeran a los aʿmāl92. Es a Ibn Ḥayyān a quien debemos la sistematización de estas regiones, ya en el siglo XI, y a partir del cual la his- toriografía ha construido un relato sobre su uso como unidades geopolíticas contrapuestas a las kuwar93. Un planteamiento que, como analizaremos a con- tinuación, no compartimos. Estas demarcaciones fronterizas, con funciones de control y actuación militar, identifican entonces el espacio de acción de una única metrópolis (taġr Ṭurṭūša94, taġr Larīda95), pero también en otros casos, marcos geográficos más amplios y muchas veces superpuestos entre sí (al- ṯagr al-aqṣà96 o al-aʿlà97, al-ṯagr al-awsaṭ98 y al-ṯagr al-adnà99, de norte a sur, o al-ṯagr al-šarqī100, al-ṯagr al-ğawf101 y al-ṯagr al-garbī102, de este a oeste103). 91 AMA, pp. 39-58; KSA, ed. Kramer, pp. 108, 203; MV, pp. 242-245, 265; MVII, pp. 68-69; al-ʿUḏrī, ya en el siglo XI, define como kūra a Zaragoza, dándole un papel central en su ex- plicación de las fronteras del valle del Ebro (a las cuales, por cierto, nunca denomina como al-ṯagr al-aʿlà). No usa este término, en cambio para otras circunscripciones de esta región, como Tortosa, Lleida o Huesca, que son considerados como ciudades o aʿmāl (Granja 1966). 92 MV, pp. 127, 167, 307-308, 324, 329, entre otros; MVII, pp. 68-69, 151-152, 168-169, entre otros. 93 Chalmeta 1991, p. 16. 94 MV, p. 167. 95 MV, p. 326. 96 MII/1, ed. Makkī, p. 221; MV, pp. 94, 106, 121, 218, 258, 307, 316. 97 MII/1, ed. Makkī, pp. 94-97, 101, 104-105, 108, 110, 119-121, 133-139, 149, 152, 189, 220-222, 225, 289, 396, 422, 429, 446-447, 450, 460, 463; MII/2, pp. 315-316, 326, 328, 331- 333, 392; MIII, ed. Makkī, pp. 56, 58, 61, 162-164, 215; MV, pp. 65, 83, 96, 107, 120-127, 131, 167, 190-191, 241-245, 256-257, 266-268, 276, 279, 296, 307, 316-317, 324-326. 98 MII/1, ed. Makkī, p. 302; MIII, ed. Makkī,, p. 61; MV, pp. 102, 267, 279, 286. 99 MII/2, pp. 18, 316; MIII, ed. Makkī, pp. 154, 237-239, 241, 244; MV, pp. 218, 258, 267, 273. 100 MII/1, ed. Makkī, pp. 116, 131; MV, pp. 127, 306, 308. 101 MV, pp. 102, 306, 309-310. 102 MV, pp. 293, 306. 103 Lorenzo en prensa. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 721 3.1. Entre la organización fiscal y la defensa de Dār al-Islām En el caso de Tortosa, Ibn Hayyān muestra una coexistencia de facto entre distrito administrativo y zonificación fronteriza, al describir los domi- nios de la ciudad como un ʿamal104 y al mismo tiempo como parte de al-tugūr al-šarqīyya105. A pesar de esta dualidad, a partir del califato se detecta un cambio importante en el valle del Ebro: la diferenciación progresiva entre el área controlada por Tortosa, en el extremo oriental de las fronteras, y la de Zaragoza, en la frontera superior106. No existe vacilación tampoco en las fuentes árabes a la hora de incluir Lleida en el extremo oriental de esta última área (qāṣiyyat al-ṯaġr al-aʿlà), algo que no se observa nunca más en el caso de Tortosa107. Esta tendencia a separar ambos espacios parece acentuarse a partir del año 929, cuando ʿAbd al-Raḥmān al-Nāṣir, ya intitulado como cali- fa, empieza a nombrar nuevos gobernadores para las circunscripciones fron- terizas, distinguiendo claramente entre el control de Tortosa y el de Lleida y Zaragoza108. En este sentido, en el año 929 se produjo el nombramiento de ʿUtmān b. ʿUbayd Allāh b. Muḥammad b. Abī ʿAbda como gobernador de Tortosa y su frontera109, al que siguieron una amplia lista de nombramientos con la intención de reafirmar la adhesión de esta ciudad a Córdoba ante diversos alzamientos contra el califa en la frontera superior110. Se reafirma aún más esta preponderancia si atendemos a la noticia del nombramiento de Abū Saʿd ʿAbd al-Muʾmin b. Yazīd al-Anṣārī (m. 943) como jefe de la plegaria (ṣāḥib al-ṣalāt) para la capital (ḥāḍira) de Tortosa111, lo que confirió a la urbe una jerarquía de la que no tenemos constancia que hubiese gozado hasta ese mo- mento112. Esta progresiva adquisición de una identidad fronteriza propia, sin depender de las instrucciones de Zaragoza, parece también intuirse en un pa- saje de Ibn Ḥayyān referente al año 939, en el que separa con claridad las 104 MV, p. 265; en un momento posterior, durante el gobierno de al-Ḥakam, llega a describír- sela también como parte de las kuwar al-šarq (MVII, p. 216), aunque no puede saberse si esta mención única corresponde a un término genérico para describir los territorios de las regiones orientales de al-Andalus o si realmente se trata de un cambio en su estatus administrativo. Des- de nuestro punto de vista, optamos por la primera opción. 105 MV, pp. 307-308; Antes de ello, el cronista cordobés también había identificado la ciudad como parte de al-ṯagr al-aʿlà (MII/2, p. 6; MIII, ed. Martínez Antuña, p. 52). 106 MV, p. 127. 107 MV, p. 324; TA, pp. 72-73; MVII, pp. 68-69, 151-152, 168-169. 108 MV, p. 213; KTI, pp. 112, 123. 109 MV, p. 167. 110 Ibidem, pp. 190, 241, 256-257, 265, 275-276, 291, 314. 111 TKS, ed. de al-ʿAṭṭār, bio. 877. 112 Ballestín 1994, p. 57. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 722 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ fronteras superior y oriental al citar la orden de algarabía del califa a todos los quwwād (sing. qāʾid) y ʿummāl (sing. ʿāmil) de las regiones fronterizas113. A las designaciones mencionadas hay aún que añadir la de Mundir b. Saʿīd al-Ballūṭī, en 942, como cadí supremo de todas las fronteras, con la función de supervisar a todos sus cadíes y gobernadores, y ejercer como ins- pector de quienes llegaran de territorios cristianos114. Este importante cargo, documentado por primera vez en este momento y con base en Tortosa115, muestra una clara relación de correspondencia entre la capital cordobesa y esta ciudad. Pensamos que también apuntan en esta misma dirección la iden- tificación de diversos alfaquíes provenientes de la frontera oriental entre 950- 1050116, o la judicatura, en tiempo de los amiríes, de Abū al-Aṣbaġ Mūsà sobre Ṭurṭūša, Balansiya, Undāra, Mayūrqa, Manūrqa y Yābisa117. Otro argumento a favor de esta propuesta lo conforman el conjunto de quwwād documentados en las fuentes árabes ejerciendo su autoridad desde Tortosa. El cargo de qāʾid, como cabeza principal de uno de los ejércitos del califa, resultaba clave en el entramado de poderes de la frontera, pues era la figura primera encargada de la defensa y, en ocasiones, de la organización de las circunscripciones de los tugūr. Uno de los ejemplos más claros nos lo ofre- ce el gobernador ʿAbd al-Raḥmān b. Muḥammad b. al-Naẓẓām –nombrado en 940– quien, ya bajo el cargo de qāʾid y por orden del califa, mandó construir el arsenal de la ciudad y unas nuevas murallas en el año 945118. Estas obras se complementarían con la construcción de una gran mezquita de cinco naves con un amplio patio delantero, terminada en el año 956, y probablemente tam- bién con unos baños para los que se trajeron piezas realizadas en alabastro en los talleres de al-Madīna al-Zahrāʾ, una de las cuales está fechada entre los años 960 y 961119. Se trata de nombramientos persistentes, a tenor del enterramiento en la alcazaba de la ciudad de otro qāʾid, ʿAbd al-Salām b. ʿAbd Allāh b. BasīI –cuya muerte se produjo en el año 961120– o del papel jugado pocos años des- pués por el también qāʾid de Tortosa, Hišām b. Muḥammad b. ʿUtmān, que actuó como escolta de Ènyec Bonfill, vicario del conde Borrell de Barcelona, 113 MV, p. 306. 114 Ibidem, p. 329. 115 TKS, ed. de al-ʿAṭṭār, bio. 792. 116 Ballestín 1994, bio. 19, 52, 53; MV, pp. 307-308. 117 Ballestín 1994, p. 86. 118 Bramon 2000, doc. 415; KR, pp. 122-123. 119 Negre, Martí 2015. 120 Bramon 2000, doc. 420. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 723 en su embajada a la ciudad de Córdoba121. Es posible que también podamos añadir a esta lista a Aḥmad b. Yaʿlà b. Wahb, quien en el año 964 defendió la ciudad del asedio prolongado (ṭūl al-muḥāṣarati) que el conde Borrell de Barcelona mantuvo sobre la misma122. Consta la muerte de este personaje en el año 972 en Zaragoza, ostentando los cargos de visir y qāʾid de dicha ciudad123, por lo que es plausible pensar que este mismo título sería el que ostentaría durante la defensa del asedio. Cabe inferir, por tanto, que Tortosa y su área fronteriza adquirieron durante el califato una importancia significativa, siendo uno de los enclaves que pusieron freno a los hostigamientos cristianos, pero también al peligro fatimí, que acechó las costas hasta el traslado de su capital a la ciudad del El Cairo en el año 972. Respecto a la organización de los aʿmāl del taġr, la información más precisa de la que disponemos se la debemos a al-ʿUdrī, quien recoge algunos casos ejemplares que permiten observar la división administrativa interna de estos territorios durante este período. La terminología que emplea este au- tor se basa en dos tipos básicos de distritos, descritos como aqālīm (sing. iqlīm) o ağzāʾ (sing. ğuzʾ), siendo estos últimos inexistentes en las fronteras del valle del Ebro124. La definición de estos dos términos sigue siendo a día de hoy problemática, aunque los trabajos de Cressier en la Alpujarra125 llevaron a desestimar hipótesis previas que los vinculaban a la agricultura intensiva y a la ganadería, respectivamente126. Las fuentes son bien explícitas al identi- ficar la adscripción de la gente a una determinada alquería (qarya), que a su vez se encuadraba en un iqlīm perteneciente a una demarcación provincial, bien una kūra, bien un ʿamal127. Se trataría, por tanto, de distritos sobre los que ejercería la autoridad un centro territorial secundario, habitualmente una fortaleza, que a su vez estaría bajo el control de la capital provincial. De Zaragoza, al-‘Uḏrī nos describe con claridad todos y cada unos de sus aqālīm, así como la relación de cada uno de ellos con una fortaleza o plaza central128, tal y como el mismo autor identifica en los ʿağzà de Elvira129 o en la combinación de ambos en el caso de Valencia130. 121 MVII, pp. 3-6. 122 IAG, vol. I, pp. 478-479. 123 MVII, p. 38. 124 TA, pp. 24-25. 125 Cressier 1984. 126 Mu’nis, 1957; Barceló 1978. 127 Valor, Ramírez 2001, p. 265. 128 TA, pp. 24-25; Granja 1966. 129 Ibidem, pp. 90-91. 130 Ibidem, pp. 19-20. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 724 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ Tortosa no ofrece dudas tampoco, y las fuentes mencionan que esta circunscripción está dividida en diferentes aqālīm, los cuales son citados siempre de forma global, sin mencionar cuales serían sus límites ni si existe alguna correspondencia con los aḥwāz documentados anteriormente131. Para tratar de delimitar su número y extensión, proponemos acudir a una fuente relativamente tardía: el Uns al-muhağ wa-rawḍ al-furağ de al-Idrīsī, escrito a mediados del siglo XII. En ella, el geógrafo ceutí identifica hasta ocho ḥuṣūn (sing. ḥiṣn) dependientes de la ciudad de Tortosa, a los que aún habría que añadir un mínimo de cinco casos más mencionados en otros pasajes de la obra en relación a ciertos itinerarios132. 3.2. El papel de los ḥuṣūn en la articulación de los aqālīm La importancia que atribuimos a los ḥuṣūn en la restitución de la organización administrativa andalusí puede vincularse con el papel clave que las fuentes les otorgan en la articulación de la relación del Estado con sus do- minios133. Controladas por encargados designados por el ʿāmil o el qāʾid de la metrópolis y con guarniciones permanentes apostadas en ellas, estos enclaves servirían como elemento de penetración del Estado omeya en cada rincón de sus circunscripciones provinciales y ayudarían a organizar de forma más efectiva el control del territorio134. Si bien el elemento militar fue clave en el levantamiento de fortificaciones, la sujeción a control fiscal de las qurà (sing. qarya) de los aqālīm fue siempre su finalidad primordial. No se explica de otra manera que, de unas recaudaciones globales para el emirato de ʿAbd al- Raḥmān b. al-Ḥakam cercanas al millón de dinares anuales –y tras una bajada de los ingresos tributarios durante la crisis final del emirato– a mediados de la siguiente centuria ascendieran a más de seis millones por año135. Pero, ¿de qué argumentos disponemos para poder hablar de un fenó- meno generalizado de construcción de ḥuṣūn durante el califato en nuestro te- rritorio? En primer lugar, cabe destacar que partimos de la imagen final de este proceso de edificación de fortalezas, que tras sucesivas fases acumulativas es descrita con precisión por al-Idrīsī136. Su momento inicial, sin embargo, debe buscarse en indicios dispersos en fuentes escritas y arqueológicas. En relación 131 MV, p. 190. 132 UM, pp. 160-163; Martí, Negre 2014. 133 Meouak 1995, pp. 183-184, 186-187. 134 Manzano 2006, p. 437. 135 MII/1, ed. Makkī, p. 292; NT, vol. I, p. 348; BML, II, p. 247; KA, p. 38. 136 UM, pp. 160-163. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 725 a las primeras, cabe destacar la forma en que Ibn Ḥayyān se refiere a Tortosa durante el segundo cuarto del siglo X, donde constantemente hace mención a la ciudad, su frontera y sus distritos137. Por el contrario, este mismo autor, al referirse a Lleida, lo hace siempre mencionando la ciudad y sus fortalezas, dando un peso importante a las últimas138. Aunque no supone una prueba abso- luta, esta diferencia a la hora de describir dos territorios tan cercanos, espacial y temporalmente, no puede sino llamar la atención sobre la aparente escasez de ḥuṣūn en uno de ellos con anterioridad al año 940. Fig. 2 Principales enclaves mencionados en el texto y propuesta de restitución de sus distritos (aqālīm), definidos a partir del uso combinado de la documentación árabe y latina medieval. Se incluye también el pequeño distrito del ribāṭ Kaškī tal y como es descrito por las fuentes latinas de finales del s. XI. La zona del curso inferior del Ebro debió establecerse como área de taġr tras la caída de los territorios y fortalezas a poniente del Llobregat duran- te las primeras décadas del siglo X139, así como tras la pérdida de Tarragona el año 942140. No es de extrañar que, coincidiendo con esta última fecha, se 137 MV, pp. 167, 190, 265. 138 Ibidem, pp. 213, 256, 265, 291. 139 Martí 1992, pp. 28-29; 2017; Gibert 2011, pp. 259, 420, 433, 441. 140 MD, ed. Marʿī, vol. I, p. 126; El geógrafo oriental al-Masʿūdī informa que en el año 942 los andalusíes perdieron Tarragona (sic. Arbūna) junto con otras ciudades y fortalezas, quedando ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 726 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ produjese la llegada de al-Ballūṭī a Tortosa para instalar allí una supervisión de las fronteras141 o el intento de enviar una expedición marítima de castigo contra las costas cristianas bajo el mando de Muḥammad b. Rumāḥis142. En este contexto, el califa debió ordenar el inicio de un proceso intensivo de fortificación a lo largo del curso fluvial, abandonando ya el área de difícil de- fensa del llano tarraconense para centrarse en la frontera del Ebro y la ciudad de Tortosa143. Al mismo tiempo, la retaguardia de esta zona fronteriza inició también un proceso de construcción paralelo, asegurando el control territorial y la sujeción fiscal de sus dominios. Desde el extremo más alejado del río, en su cruce con el Cinca, te- nemos constancia documental de la existencia en el siglo X de una pequeña fortaleza en Mequinenza (Zaragoza), inexistente a principios del siglo IX144. Más adelante, el ejemplo que más información nos aporta en este sector es el de Miravet (Tarragona), una fortaleza que ha sido excavada de forma sistemá- tica durante las últimas décadas. Se han podido detectar dos fases andalusíes: una primera, de época califal, con pocos restos conservados, y una segunda, fechada a partir del siglo XI, que configura el recinto y que es amortizada tras la conquista145. Cabe destacar que se recuperó además un pequeño sello de bronce grabado, descontextualizado, que se atribuye a esta misma cronología. Su inscripción aún permite leer con dificultad el nombre de su dueño y su lema: ʿAbd al-Mālik bi-Allāh yaṯiq, o “en Dios tiene confianza”146. Aún sin poder identificar claramente qué cargo ostentaba en la fortaleza, un elemento singular de estas características nos está confirmando la presencia de una figu- ra de autoridad vinculada al funcionamiento de la misma. como límites de la frontera con los francos Tortosa, Fraga y Lleida. La noticia puede parecer dudosa por el hecho que el volumen V del Muqtabas termina su narración en ese mismo año y no hace mención de esta importante pérdida. Esta omisión podría deberse, simplemente, a que la noticia en cuestión esté incluida en el volumen VI, aún desaparecido. Sin embargo, hay dos factores que, desde nuestro punto de vista, dan validez a la noticia: en primer lugar, el ataque que en el año 943 una flota omeya de treinta y seis navíos realizó contra las costas francas (TA, p. 81), muy probablemente como respuesta al avance condal; y en segundo lugar, las dos embajadas catalanas de 953 y 966, en las que los sucesores del conde Sunyer de Barcelona incluyeron en su titulatura la ciudad de Ṭarrakūna, una circunstancia que no se había producido con anterioridad (TI, vol. IV, pp. 184, 187; NT, vol. I, pp. 366, 384-385). La ocupación de este territorio no fue definitiva, pues en las distintas expediciones de al-Manṣur contra Barcelona en 978, 982, 984 y 985 (TA, pp. 75, 78-80; IAG, pp. 105-106; KA, pp. 74, 99), en especial la última, debió expulsarse a cualquier contingente que hubiese quedado en la ciudad y su región. 141 MV, p. 329. 142 TA, p. 81. 143 Negre, Martí 2015. 144 AMA, p. 42; VHI, p. 322. 145 Artigues 2003. 146 Agradecemos la lectura del sello a Tawfiq Ibrahim (Real Academia de la Historia), así como sus oportunas indicaciones en cuanto a paralelos. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 727 Desplazándonos hacia la retaguardia de la frontera, otra fortificación ha sido excavada recientemente con resultados que concuerdan con nuestra hipótesis. Se trata de la fortaleza de Cervera del Maestrat (Castelló), identi- ficada por las fuentes prosopográficas como Ğirbīra en el siglo XII147 y que nosotros correlacionamos con el ḥiṣn Kūna idrisiano148. Localizado en la cima del teso de Cervera, este punto permite el control de las dos vías principales paralelas a la costa y de la transversal entre Peníscola y el interior149. Los tra- bajos realizados en el año 2000 en el interior del recinto fortificado pusieron en relieve un nivel fundacional que amortizaba los estratos ibéricos, creando un suelo de tierra prensada y compactada, vinculado al cuerpo inferior de la torre de levante que fue realizado con grandes bloques calcáreos irregulares ligados con mortero de cal, que definía una primera fase de uso asociada a cerámicas de la segunda mitad del siglo X150. Poco más al sur encontramos otro ejemplo cuyas fases más anti- guas pueden adscribirse al período califal. Se trata de la fortaleza de Alcalà de Xivert (Castelló), identificada en las fuentes árabes como ḥiṣn Šibart. El sector superior de la fortaleza, de unos 600 m2, presenta reformas claras de época almohade, pero se asienta sobre algunas construcciones ante- riores. La excavación en el interior del patio de armas reveló los niveles fundacionales de la misma, cuyos materiales presentan un horizonte ho- mogéneo que puede atribuirse al período califal y que son amortizados por una posterior reforma interna del recinto durante la primera mitad del siglo XI151. Respecto a los límites de los aqālīm controlados por estos ḥuṣūn, hemos de acudir a las fuentes latinas posteriores a la conquista cristiana para realizar una propuesta de restitución, pues son estas mismas fuentes las que confirman, en muchos casos, la participación de andalusíes en la delimitación de los antiguos términos de estas fortalezas152. Si bien en un primer momento las fortificaciones serían menos numerosas, y por tanto, los distritos tendrían una extensión mayor, estos debieron ir segregándose a medida que el proceso añadía enclaves al sistema. En su configuración definitiva, la contrastación entre la ubicación de los ḥuṣūn idrisianos y las cartas de poblamiento, dona- ciones señoriales y otra documentación administrativa similar nos permiten inferir unos límites plausibles para los mismos. 147 TKS, ed. de Alarcón y González, bio. 2167. 148 Martí, Negre 2014; Negre en prensa. 149 Negre 2013b. 150 Vizcaíno et al. 2000, p. 361. 151 Falomir, Negre, Aguilella, Arquer en prensa. 152 Royo 2017. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 728 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ 3.3. El proceso de estatización de la frontera a través de sus contingentes militares Desde un punto de vista militar, la tendencia a la escasa o nula pre- sencia del poder central observada durante la mayor parte del emirato en Tor- tosa cambiará de forma sensible a partir de la década de los veinte del siglo X, coincidiendo con el triunfo de ʿAbd al-Raḥmān al-Nāṣir sobre los diferentes rebeldes andalusíes. Así, los ǧunūd fronterizos participaron en la expedición omeya contra Pamplona (924)153, pero junto a ellos combatieron aǧnād (sing. ǧund) enviados por Córdoba154, guardias palatinos del emir (ḥašam) y reclutas (maḥšūdūn) procedentes del conjunto de al-Andalus155. Las fuerzas locales parece que siguieron jugando un rol destacable en sucesos armados poste- riores. En el 941 los habitantes de Tortosa (ahl Ṭurṭūša) solicitaron del califa una exención de impuestos porque soportaban las agresiones de sus vecinos cristianos156, y en el 975 la gente de las fronteras orientales (ahl al-ṯuġūr al- šarqiyya) recibió acciones hostiles de los mismos enemigos157. Sin embargo, las tropas vinculadas al califa omeya ya no dejarán de hacer acto de presencia, siendo buena muestra de ello la intervención de la flota cordobesa en las costas catalanas para responder a los avances del con- de de Barcelona en la frontera tortosina158. Si la armada del 933 llevaba como tripulantes a unidades de la guardia palatina califal (ḥašam), la del 935 desembarcó tropas regulares cordobesas (ǧund) en diferentes puntos del litoral barcelonés y gerundense159. Ciertamente, el estudio de los efecti- 153 MV, p. 123. 154 Ibidem, p. 122. 155 MV, pp. 122, 125; BML, II, pp. 196, 199. 156 MV, p. 316. 157 MVII, p. 216. 158 Martí 1992, pp. 28-29; 2017, p. 682; Gibert 2011, pp. 259, 420, 433, 441. Un vaciado del Muqtabas, el Tarṣīʿ al-aḫbār, el Bayān al-Muġrib, el Kitāb aʿmāl al-aʿlām y el Nafḥ al-ṭīb per- mite apreciar como en el conjunto de al-Andalus y en las acciones de ǧihād la participación de las unidades vinculadas al poder central casi se multiplica por 2,4 a partir del 920 (Suñé 2017, pp. 124-126, 169-173). Mientras las tropas regulares y la guardia palatina omeya aparecen en 13 ocasiones entre el 808 y el 920 (MII/1, ed. Makkī, pp. 132, 420, 428, 458; BML, II, pp. 74, 115, 176, 180; TA, p. 30; MII/2, pp. 271-273, 296, 325), los mismos efectivos están representa- dos en 31 de los enfrentamientos desde esa última fecha y hasta el 1010 (MV, pp. 108, 122-123, 125, 225, 230, 248, 257, 267, 270-271, 289, 293, 295, 296-297, 300, 306, 310, 314, 316; BML, II, pp. 188, 196, 199, 282, 317; TA, p. 43; MVII, pp. 221-223; KA, pp. 63, 70, 72; NT I, p. 414; BML III, pp. 4-5, 23, 49, 51, 88, 89, 94-95). 159 MV, pp. 217-218, 248. En el año 943 la flota omeya volvió a hacer acto de presencia en las costas catalanas, probablemente en respuesta a la pérdida momentánea de Tarragona, que debió producirse en torno al 942 (TA, p. 81; MD, ed. Marʿī, vol. I, p. 126; TI IV, pp. 184, 187; NT I, pp. 366, 384-385; Benet 1988, pp. 50-53). Una veintena de años más tarde, en el 964, el asedio del conde Borrell (948-992) sobre Tortosa estuvo a punto de provocar una nueva expedición ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 729 vos andalusíes implicados en la defensa de Tortosa sugiere que, a partir de la década del 920, la imposición de al-Nāṣir sobre las autoridades locales y la consecuente multiplicación de sus ingresos fiscales posibilitaron tam- bién un incremento considerable de la actuación de las tropas califales en este territorio160. Sobre la importancia de las fuerzas navales durante el califato y el interés del poder cordobés en el control de las costas de al-Andalus, cabe aún destacar un elemento importante como es la construcción y reparación de arsenales durante este período en algunas de las principales plazas portuarias de sus dominios. Este proceso está bien documentado en la ciudad de Tortosa, donde una estela fundacional nos recuerda la finalización de su construcción en el año 945 bajo la supervisión del qāʿid ʿAbd al-Raḥmān b. Muḥammad b. al-Naẓẓām161. Pero no es el único caso. En Dénia se constata la construc- ción de unas importantes atarazanas, cuya fundación debe retrotraerse al ca- lifato, destinadas principalmente a la construcción de navíos para la flota califal162. Más al sur encontramos la ciudad de Almería, cuya fundación en 955 fue acompañada de la integración en sus murallas de sus atarazanas, que como mínimo estarían en funcionamiento desde el año 933163. Finalmente, otro caso significativo es el del arsenal de Algeciras, re- construido por orden del califa al-Nāṣir164 sobre los restos de las atarazanas emirales, según noticia recogida por Ibn al-Qūṭiyya165. En este caso, además, disponemos de importantes restos arqueológicos que nos permiten conocer mejor la morfología de este tipo de edificios, verificando una gran construc- ción con muros de más de tres metros de ancho levantados con grandes silla- res dispuestos a tizón166. Su papel fundamental en el control del Mediterráneo occidental y sus relaciones comerciales, en liza durante este período entre omeyas y fatimíes, fue uno de los elementos claves que llevó al aumento de la presencia e influencia califales en todos los puertos marítimos, entre los cuales Tortosa jugó un papel fundamental. marítima, pero el levantamiento del bloqueo no hizo necesaria la intervención de la armada cordobesa (IAG, vol. I, pp. 478-479). 160 MII/1, ed. Makkī, p. 292; NT I, p. 348; TI IV, p. 170; BML, II, p. 247; KA, p. 38. 161 Bramon 2000, doc. 415. 162 Azuar 1992-1993, p. 42. 163 AMA, p. 28; MV, p. 218. 164 KR, pp. 90-93. 165 KTI, p. 12; FA, p. 55; Lirola 1993, pp. 84-85, 319-320. 166 Bravo et al. 2009, pp. 149-150. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 730 JOAN NEGRE, JOSEP SUÑÉ 4. CONCLUSIONES Llegados a este punto, la principal conclusión que se observa a partir de los argumentos presentados es la creciente influencia que ejerció el poder omeya en el control territorial de Tortosa, un proceso que alcanzaría su zenit durante el califato. En cuanto a la organización administrativa de Tortosa, cabe destacar algunos indicios que apuntan hacia la continuidad de las divisiones territo- riales visigodas durante los primeros momentos de dominio andalusí. Esta pervivencia se intuye, por ejemplo, a través de la posible equivalencia entre los aʿmāl/aḥwāz andalusíes y las diocesis/territoria visigodas, así como en la supervivencia de parte de los límites de estas divisiones. No obstante, las fuentes árabes muestran también claros indicios del interés en la implemen- tación de estructuras de gestión propias, como la kūra o el iqlīm, desde mo- mentos muy tempranos, aunque de forma desigual entre la frontera o las zonas más cercanas a la capital. De esta manera, es ya en época de ʿAbd al-Raḥmān al-Nāṣir cuando tenemos evidencias consistentes de una división administra- tiva andalusí plenamente estandarizada. Para la frontera, esta organización se basaría en la continuidad del ʿamal, la circunscripción urbana, que a su vez estaría subdividida en unidades menores, los aqālīm, cuyo centro territorial se establecería en un ḥiṣn, del cual dependerían los asentamientos rurales es- tablecidos dentro de sus límites. Complementariamente, esta ordenación administrativa coexistiría con otra zonificación, de tipo militar y aparición tardía, que englobaría parte de uno o varios de estos aʿmāl dentro de un territorio fronterizo común (taġr). El uso de este término como referencia territorial precisa no se documenta hasta mediados del siglo X, momento a partir del cual pensamos que empeza- ría a generalizarse dentro de la burocracia y los escritos vinculados a la corte omeya. Bajo esta denominación se definía el área de linde, flexible y móvil, entre Dār al-Islām y Dār al-ḥarb, sin que esta tuviese que ser coincidente con las demarcaciones administrativas por las que se extendía. Así, mientras que el ʿamal de Tortosa durante el califato englobaría los territorios comprendidos entre Mequinenza y Orpesa, su taġr estaría volcado en el entorno del valle del Ebro. Al menos para el caso de Tortosa, no parece tratarse de regiones admi- nistrativas que suplanten a las circunscripciones urbanas, sino de marcos de actuación de las tropas vinculados a la defensa de los confines de al-Andalus. Paralelamente, desde la década del 920 se constata una incorporación cada vez mayor de unidades vinculadas al califa omeya de Córdoba entre los contingentes locales movilizados y mantenidos por el gobernador provincial de Tortosa. Este proceso viene acompañado por la construcción progresiva de una red de fortalezas en los distintos aqālīm del ʿamal de Tortosa. Todas aque- ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, 49/2, julio-diciembre 2019, pp. 705-740 ISSN 0066-5061, https://doi.org/10.3989/aem.2019.49.2.12 TERRITORIO, FISCALIDAD Y ACTIVIDAD MILITAR 731 llas que han sido excavadas presentan un horizonte fundacional ligado a este mismo momento. Sus funciones fueron diversas, vinculadas tanto a los aspec- tos puramente militares como a la articulación de formas más eficientes en el control del territorio y su fiscalidad. El éxito omeya en este aspecto se mani- fiesta de manera evidente en el incremento espectacular de las tributaciones en época califal, cuando se multiplican por seis respecto a la centuria anterior. A modo de corolario, es importante señalar la estrecha vinculación que Tortosa mantuvo con el poder cordobés a lo largo del período omeya, acentuada sobremanera durante el califato167. Es difícil dar una respuesta de- finitiva a los motivos exactos que llevaron a esta situación, aunque podemos aventurar dos hipótesis, no excluyentes, al respecto. Según la primera, su ubi- cación como doble frontera terrestre y marítima le habría conferido una im- portancia geoestratégica superior a otras zonas, lo que habría cristalizado en un mayor interés del Estado omeya por mantener su influencia sobre la misma. La segunda propone la incapacidad de los grupos locales de este territorio para constituir poderes equiparables a los observados en el resto del valle del Ebro y otros sectores fronterizos. En este sentido, no se conocen para nuestro espa- cio de estudio dinastías como las de los Banū Di l-Nūn, los Banū Razīn, los Banū Qasī, los Banū ʿAmrūs o los Banū Tuğīb, y el intento de los baḥriyyūn por establecer un poder autónomo en la segunda mitad del siglo IX solo cono- ció el éxito tras marcharse de Tortosa. 5. BIBLIOGRAFIA CITADA FUENTES AMA = Al-Rāzī (887-955), Aḫbār mulūk al-Andalus: Catalán, Diego; Andrés, M.ª Soledad de (ed.) (1975) Crónica del Moro Rasis. Versión del Ajbār mulūk al-Andalus de Aḥmad ibn Muḥammad ibn Mūsà al-Rāzī, 889-955; romanzada para el rey don Dionís de Por- tugal hacia 1300 por Mahomad, alarife, y Gil Pérez, clérigo de don Perianes Porçel, Madrid, Gredos. ANT = Liutprando de Cremona (m. 972), Antapodosis: Pertz, Georg Heinrich (ed.) 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