9 ción público/privado comporta, así, una particu- Editorial Monográfico Nº40: lar organización del mundo que presupone una "El feminismo en la definición de la diferencia de los sexos en la que era del algoritmo" lo masculino habita el reino de la así llamada es- fera pública y lo femenino se ciñe al recato de lo Editoras invitadas: privado. Entonces, la distinción entre lo público y lo privado no se traza en terreno neutro, sino que Alejandra Castillo sostiene una ordenación política, social y económi- Universidad Metropolitana de ca que establece jerarquías, dominios, funciones y Ciencias de la Educación, Chile lugares. Mary Wollstonecraft, Olympe de Gouges, Harriet Taylor, Flora Tristán, Alexandra Kollontai, Begonya Saez Tajafuerce Simone de Beauvoir, entre muchas otras, han he- Universitat Autònoma de Barcelona, España cho visible -en distintos momentos y con distintas perspectivas- el dispositivo de género que subyace a la distinción entre lo público y lo privado. Este dispositivo heteronormado y reproductivo no deja Las imágenes atrapan nuestras miradas. Los dis- de prescribir el lugar de las mujeres más cercano positivos digitales se han vuelto el señuelo perfecto a la familia y a la maternidad al tenor de un guión para hacer que nuestros ojos caigan embrujados, que no parece ser otro que el que dicta el amor ro- una y otra vez, en el oscuro resplandor de sus pan- mántico. Fueron las feministas de los años setenta tallas. Sabemos que tras esa suave superficie nos quienes develaron los presupuestos que subyacían espera una red infinita de imágenes que, como en a la distinción de lo público y lo privado con la míni- un torbellino, nos llevan, por el simple efecto del ma, pero radical y subversiva afirmación: “Lo per- tacto, de una a otra. Este enjambre de imágenes sonal es político”. llega organizado y dispuesto en diversas platafor- mas que, paulatina y progresivamente, han venido Esta misma afirmación feminista hoy vuelve a re- a organizar y disponer del tiempo y de la cotidiani- correr el mundo y ocupa foros, medios de comuni- dad de millones de personas. cación y redes sociales. “Lo personal es político” toma lugar en la protesta feminista contemporá- Revisar el correo, realizar trámites bancarios, nea, pero lo hace en un momento en que las pla- comprar, trabajar a distancia, escuchar música, ver taformas virtuales son parte de la cotidianidad de películas, chatear, informarse, opinar, enamorar- una enorme mayoría. Es por ello que el feminismo se. Las posibilidades que otorgan las plataformas de “lo personal es político” emerge desde activis- virtuales parecen ilimitadas. Este desborde afecta mos que se apropian las posibilidades de comu- de un modo insospechado lo que se entiende por lo nicación y conexión que las redes propician. #Me privado y lo público, así como la relación entre am- Too, #Balancetonporc o #Niunamenos son modos bos. Hoy es posible realizar en privado lo que ha- en que el feminismo ocupa las redes y busca cap- bitualmente se hacía en público, pero también a la turar las miradas. Se dispone de lemas mínimos inversa. Sin embargo, es importante señalar que el que funcionan en esos contextos reticularmente cambio en la relación entre lo privado y lo público dinámicos como organizadores y clasificadores de no debe ser entendido como una simple inversión contenidos cuyo mecanismo de búsqueda, circula- de lugares. Se trata más bien de que uno y otro lu- ción y transmisión depende de una secuencia de gar se confunden de tal suerte que ya ni lo público instrucciones llamada algoritmo. ni lo privado pueden ser descritos tan claramente como lo hacía la filosofía o la teoría política liberal. El feminismo contemporáneo usa a su favor el al- goritmo y su forma operativa y dinamiza relatos, Quizás esta clara distinción nunca lo fue tanto o, quejas e imágenes que dejan en evidencia la per- si lo fue, actuó en favor de un orden determina- sistencia de un orden patriarcal cuyo principal sig- do. Bien sabemos que la distinción de lo público no es la violencia contra las mujeres. Si bien las y lo privado ha significado otras distinciones ta- plataformas virtuales han trastocado la distinción les como público/masculino, privado/femenino y, entre lo público y lo privado, no parece ser cierto más aún, privado/femenino/doméstico. La distin- que hayan trastocado de igual modo el dispositi- 10 Comunicación y Medios N°40 (2019) www. comunicacionymedios.uchile.cl vo de género heteronormado y reproductivo que le resulta en la corroboración de desigualdades no es acorde. Ejemplo paradigmático de ello es que sólo de orden imaginario, como la pervivencia de se mantenga la prohibición del aborto en una gran estereotipos de género que están a la base de la cantidad de países hoy en el mundo, a pesar de la organización de las múltiples y diversas jerarquías resonancia que las iniciativas de legalizarlo han en las cadenas de producción, sino que también en ganado en las redes. lo que concierne a los procesos de subjetivación ceñidos a ellas, como es el caso de la maternidad. El presente monográfico de la revista Comuni- cación y Medios del Instituto de Comunicación e Finalmente, los artículos que cierran esta mono- Imagen de la Universidad de Chile está dedicado grafía, a cargo de Gema González (Argentina), Da- a explorar las apuestas del feminismo contempo- niela Esquivel Domínguez (México) y Marina Acos- ráneo en su vinculación con los medios, las redes ta (Argentina), abordan algunas de las principales sociales y las plataformas virtuales en relación a la estrategias destinadas a organizar de forma explí- persistencia del orden patriarcal. Los artículos que cita una movilización feminista en redes contra la lo integran dan cuenta del estado de la cuestión al violencia de género. Violencia de género entendida tenor de los casos estudiados en varios países de como un fenómeno estructural que responde a in- Latinoamérica y de España y de las consiguientes tereses sistemáticos y estructurales de domina- experiencias relativas a los diversos usos que se ción cuya complejidad requiere ser confrontada hacen de la comunicación digital. mediante acciones coordinadas que hacen suyos escenarios digitales. Estas acciones se llevan a Cabe destacar tres ejes temáticos alrededor de los cabo, por ejemplo, aplicando las instrucciones de cuales se agrupan estos artículos: La digitalización una secuencia finita de operaciones y reorganizan- de las políticas sexuales en red; los feminismos y do datos ya existentes para denunciar situaciones sus prácticas en los medios y, en particular, en la frente a las que incluso los Estados y sus institu- prensa escrita y digital; y las estrategias de lucha ciones se muestran indiferentes. en redes contra la violencia de género. En lo que hace a la digitalización de las políticas sexuales El feminismo en la era del algoritmo implica eva- en red, tres artículos, a cargo de Claudia Pedraza luar las estrategias, discursos y prácticas que han y César Rodríguez (México), Luis Parra y Augusto sido parte de la movilización feminista en el con- Obando (Chile), y Ainara Larrondo-Ureta, Simón texto de la imagen, de las plataformas y de los am- Peña-Fernández y Julen Orbegozo-Terradillos (Es- bientes virtuales. Esta evaluación –o quizás, más paña) hacen visible los modos y formas que cobra bien, una puesta al día de tales estrategias, discur- la diferencia en tanto diferencia heteronormativa a sos y prácticas– es lo que insta a abrir este número la hora de generar en el espacio digital y a través de la revista de Comunicación y Medios. de la configuración de redes, más o menos espe- cíficas, dispositivos tecnopolíticos de orden dis- cursivo que pueden cobrar incidencia, no sólo en clave de género, sino también de clase y raza, en articular alianzas que favorecen la agencia de las mujeres o ciertas formas de sociabilidad sexual en contextos sociales en que opera el veto patriarcal con relación a ello. En lo que respecta a los feminismos y sus prác- ticas mediáticas, se incluyen otros tres artículos a cargo de María Dolores Brito (Ecuador), Karen Gheza (Chile) y Marina Sánchez de Bustamante (Argentina) que ofrecen una reflexión sobre las herramientas de orden imaginario que hacen valer los medios de comunicación tanto impresos como digitales para seguir sosteniendo la división sexual del espacio público. Dicha operación comunicativa