302 RESEÑAS conocía que Semprún describió a los novelista de 1980. Al contraponer las comunistas franceses como «sin duda, memorias de Jorge Semprún, Gerard los más brutos, los más hipócritas y los Sorel y Federico Sánchez, Quel beau más siniestros de todos los marxistas». dimanche! proporciona una descripción A pesar de todo lo que decía de forma fragmentada, pero básicamente convin- clara, no era un «panfleto» furiosamente cente, de esa experiencia. anticomunista: había también un examen Siguiendo en su forma de escritura sutil de la naturaleza de la memoria. En la estela de su anterior biografía (Cons- Autobiografía de Federico Sánchez, tancia de la Mora. Esplendor y sombra Semprún trató la memoria como una de una vida española del siglo XX, serie de muñecas rusas que se abrían Sevilla, Espuela de Plata, 2008), la mostrando otras; en Quel Beau Diman- explicación elegante y reveladora de che!, como volutas flotando en torno al Soledad Fox muestra todo esto y mucho pilar central del libro: «Le putain de más. Esta biografía, claramente escrita, Dimanche de merde» («ese maldito recrea e interpreta las extraordinarias domingo de mierda»). Ese día en la vida vidas y obras de Jorge Semprún y de Federico Sánchez fue un domingo a recuerda al público español su impor- finales de diciembre de 1944 en tancia. Se retrata de forma convincente Buchenwald. Un bonito día de invierno y amena una biografía que abarca la en el cual la blanca quietud de la montaña guerra civil española, la resistencia de Ettersberg, donde Goethe caminó con francesa, el universo concentracionario Eckermann, era interrumpida solo por la nazi, las luchas clandestinas del Partido estrecha columna de humo que ascendía Comunista de España contra la dicta- del crematorio del campo y por las noti- dura de Franco, los círculos literarios y cias, que se oían en radios ocultas, de que cinematográficos europeos de los años el ejército británico estaba aplastando a la 60 y 70 y la transición española a la izquierda griega. Las memorias de ese democracia. Semprún fue un hombre día son contrapuestas con memorias de cuya muerte, como Soledad Fox encuentros posteriores con camaradas demuestra, significó la desaparición de del campo. Gradualmente, las capas de «una de las principales figuras intelec- recuerdos construyen una imagen plausi- tuales y políticas» (p. 13), y testigo ble de la transición del gran revoluciona- clave, del siglo XX y comienzos del rio de 21 años en 1944 al amargado siglo XXI. Paul Preston London School of Economics and Political Science P.Preston@lse.ac.uk Gálvez Biesca, Sergio, La gran huelga general. El sindicalismo contra la «moder- nización socialista», Madrid, Siglo XXI, 2017, 763 págs., ISBN: 978-84-323-1670-8. Con el trigésimo aniversario del 14D que según Chema de la Parra, a la sazón a la vuelta de la esquina, aquel día en secretario de organización de CC.OO., Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 RESEÑAS 303 «pararon hasta los relojes», ya cuenta mológicos son «aliados necesarios», con una monografía tan voluminosa por utilizar la expresión de Marcelino —y nunca mejor dicho— como la que Camacho. Asumimos, en definitiva, tenemos entre manos. Probablemente, parodiando al judío de Tréveris, que «la en el plano descriptivo, en un ejercicio tradición de todas las generaciones casi de thick description, nos encontra- VIVAS oprime como una pesadilla el mos ante la obra definitiva sobre la cerebro de los vivos». huelga general. Un contundente aparato No cabe despreciar tampoco el inte- crítico y un profundo trabajo heurístico rés que el libro ha suscitado entre las apuntalan el estudio. Siempre resultará cohortes de jóvenes que, como el que posible, obviamente, interrogar de suscribe, apenas contábamos con unos forma diferente a las fuentes. Sin meses de vida cuando tuvo lugar el embargo, y salvo, quizás, algunas cues- acontecimiento (con todo el sentido his- tiones sobre las que volveré más ade- tórico del término). Generaciones para lante, cualquier aportación en este las que, en todo caso, la huelga forma mismo sentido dispondrá de una refe- parte de nuestra posmemoria y cuyo rencia ineludible en el trabajo de Gál- eslogan, «Juntos podemos», remite a vez. Más allá de posibles debates acontecimientos mucho más recientes. hermenéuticos, por lo tanto, la tildada ¿Cuáles podrían ser los motivos de este por el autor como la «gran huelga gene- resucitado interés por un campo de la ral» ya dispone de la obra de referencia historiografía, como es el de la historia que inmortaliza una efeméride que con- social o del movimiento obrero, cuando forma la memoria reciente del sindica- se ha insistido hasta la saciedad en su lismo español, pero no solamente. pérdida de sex appeal? Desconozco los términos exactos de Se podría constatar la sucesión de la recepción del libro, sobre todo desde una suerte de ciclos de conflictividad una perspectiva cuantitativa. Ahora social en la historia reciente. En este bien: a juzgar por la cantidad de actos sentido, a partir del 68 comenzó a teori- de presentación y la afluencia a los mis- zarse sobre «el resurgimiento del con- mos, parece evidente que ha suscitado flicto de clases en Europa Occidental». interés y ha sido capaz de generar cierto Ciertamente, a lo largo de una década debate público. Debate no siempre fácil se experimentó un auge de luchas obre- —como suele ocurrir con lo que el ya ras proteiformes y, en algunos casos, fallecido profesor Julio Aróstegui lla- radicalizadas que desbordaron las orga- maba «historia vivida»— y en donde a nizaciones «clásicas» del movimiento menudo se entremezclan, cuando no obrero. Para el caso de España, aunque chocan, las diferentes perspectivas con se habló en términos semejantes («el las que historiadores y testimonios resurgir del movimiento obrero», según directos tratan de aprehender el mismo el célebre panfleto de Sartorius), resulta fenómeno. A quienes cultivamos este obvio que el marco político condicionó campo de la disciplina de Clío, esta el desarrollo de este «nuevo» movi- dimensión polémica constituye un reto miento obrero que habría de jugar un que asumimos gustosamente, conscien- papel fundamental en la conquista de tes de que el diálogo honesto —lo que las libertades democráticas. Veinte por desgracia, no siempre abunda en años más tarde, Antonio Gutiérrez, en nuestro país— y los progresos episte- enero de 1989, transcurrido un mes de Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 304 RESEÑAS la huelga, pronosticó, con un tono cier- como respuesta a un proyecto de tamente optimista, la apertura de un «modernización» guiado por los con- ciclo de movilizaciones semejante a sensos neoliberales. En otras palabras, aquel cuyo aldabonazo fue el mayo basado en eliminar «lastres» y «rigide- francés del 68 que, sin embargo, jamás ces» presentes en el mercado laboral, llegaría a producirse en esos términos. lucha contra la inflación, reducción del Lo que no es óbice, como señala Gál- déficit público, liberalización econó- vez, para que tengamos que introducir mica de la mano de privatizaciones y la variable del conflicto de clase para ajuste de la capacidad instalada vía la comprender los años ochenta y hasta mal llamada reconversión industrial; noventa del siglo pasado. Pues bien, dos repliegue de la iniciativa pública y, décadas después —¡Y qué dos!—, allá como estrategia casi exclusiva, una por el 2008, lo que había salido por la política de rentas que persigue restaurar puerta, volvió a entrar por la ventana: el excedente empresarial, confiando a la tres huelgas generales de ámbito estatal iniciativa privada y a los mecanismos en dos años, una conflictividad socio-la- de mercado —todos ellos una suerte de boral contracíclica, nuevas formas, deus ex machina— el impulso inversor sujetos y repertorios de acción colectiva capaz de hacer frente de forma perento- en el campo del trabajo, etc. Quizás sea ria al gran problema social de la historia este el humus sobre el que está flore- de la democracia: el paro. ciendo el renovado interés acerca de Gálvez rescata, en primera instan- nuestra historia social reciente. cia, la entidad y agencia del conflicto. Y La propuesta de Gálvez, un autén- no sólo del conflicto social en términos tico «irredento» de la historia social y generales, sino el derivado de uno de del movimiento obrero, resulta diáfana: los sujetos cuya estela parece desvane- revisitar el período de los primeros cerse, como por arte de magia, después gobiernos socialistas desde la perspec- de la transición: el movimiento obrero y tiva del movimiento obrero y sindical. sindical. Imbuidos de «presentismo» a ¿Por qué? Para conjurar el relato que menudo perdemos de vista la relevancia sublima aquella «década del cambio», política, expresada por ejemplo en tér- eslogan que se ha consolidado en el minos de cobertura mediática, de la que imaginario colectivo (por lo menos de disfrutaba el movimiento sindical en la ciertas cohortes demográficas), a través España de los ochenta. Si bien es cierto de desentrañar el «sentido histórico» de que la construcción del poder sindical la mayor huelga general que ha tenido se dio en una coyuntura harto diferente lugar en democracia. La huelga como, a la de otros países de Europa occiden- en definitiva, la culminación de una tal (lo que Javier Tébar ha llamado, corriente casi subterránea que expre- acertadamente a mi parecer, con- saba un profundo malestar con la polí- tra-ritmo), en la que la conquista y desa- tica económica y, especialmente, con rrollo de las libertades democráticas un estilo de gobierno percibido como transcurre —y, se ve dificultada— por arrogante y alejado de lo que cabría la construcción de una nueva hegemo- esperar de un ejecutivo progresista. Es nía neoliberal, sorprendería a cualquier decir, aunque el relato se hilvana alre- observador actual la incidencia de este dedor de aquel 14 de diciembre de 1988, actor colectivo en aquel período. En la huelga aparece como «síntoma», este sentido, no resultaba extraño que Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 RESEÑAS 305 los dos secretarios generales de las constitucionalmente colaboraron impor- grandes confederaciones sindicales, tantes segmentos de las fuerzas vivas. CC.OO. y UGT, figuraran en rankings La ofensiva del gobierno, patronal, de los diez españoles más influyentes. medios de comunicación y no pocos Aquí encontramos una de las primeras sectores de la intelectualidad española, grandes virtudes del trabajo de Gálvez: primero contra CC.OO., luego también el de rescatar el papel de «bastión de la contra UGT cuando ésta haya abando- izquierda» del movimiento sindical en nado el redil, es, sin embargo, la crónica un momento de crisis de las diversas de un fracaso, como atestigua el carác- formas de la izquierda política, larga y ter masivo del paro. De hecho, catapul- progresiva en el caso de la socialdemo- taron la convocatoria, nos recuerda cracia en el poder, más repentina y Gálvez. sonora en el caso de las formaciones de La huelga desbordó ampliamente a la izquierda comunista en sentido unos sindicatos que habían sido tilda- amplio. dos de débiles, cuya representatividad En efecto, el movimiento sindical no dejó jamás de ser cuestionada y, aún fue la punta de lanza, el ariete crítico, peor, su legitimidad se contraponía, de que trató, infructuosamente, de enfren- forma un tanto torticera, a la emanada tar un nuevo sentido común de época de la soberanía popular cuyo locus se cada vez más escorado hacia posiciones encontraba en las Cortes. La construc- conservadoras. Y, como señala el autor, ción de este relato, y esta es una dimen- fue ninguneado, ridiculizado y hasta sión que Gálvez conoce bien, transcurre perseguido, en dimensiones semejantes en paralelo a un alejamiento del PSOE a la ofensiva antisindical de Thatcher de lo que, según el modelo socialdemó- (sobre todo si la medimos en términos crata, habría sido la base social natural de proporcionalidad frente a un poder y apoyo fundamental para su proyecto sindical mucho menor que el conquis- de gobierno: el sindicalismo y, más tado por el movimiento obrero britá- concretamente, la UGT (que en 1988 nico). Este escollo que hubieron de cumplía, precisamente, un siglo). Esta enfrentar los diferentes ejecutivos orientación se consumó en el XXXII socialistas, que trataban de imponer un Congreso de noviembre de 1990, des- «suicidio forzado de clase», se trató de pués de abandonar el extraño intento de superar instalando, frente a la agudiza- bypass de la central socialista, con ción del conflicto de clase en los representantes directos del partido en ochenta, en el imaginario colectivo la las fábricas, maniobra que mereció un idea de unos sindicatos frenos de la editorial de El País desaconsejándola modernidad, corporativos, egoístas, (cuyo elocuente título era «Escupir arcaicos, etc; no les tembló el pulso sobre el espejo»). En este sentido, la siquiera a la hora de recurrir al sobado huelga general supuso una estocada anticomunismo de resonancias fran- importante al proyecto socialista, que quistas, como atestigua con especial se mantuvo, pero sufrió un largo pro- virulencia la huelga general del 20 de ceso de descomposición. Un trance que junio de 1985. Para ello, contaron no fue lento gracias a la incomparecencia sólo con la aquiescencia de la derecha de alternativas deseables y al espantajo, política, sino que a dicha defenestración tan hábilmente agitado por la dirección de unos actores colectivos reconocidos socialista, de un hipotético adveni- Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 306 RESEÑAS miento de la derecha y sus nefastas con- límite moral», situaba al PSOE en el ala secuencias. más liberal de la Internacional Socia- La huelga, por lo tanto, no aparece lista, permitiendo a los empresarios como una seta. Gálvez, en su relato, contratar a jóvenes de forma subvencio- muestra cómo responde a dos procesos nada ¿El coste para estos? El módico que transcurren en paralelo. En primer precio de unas 44.000 pesetas anuales, lugar, el estilo autoritario y la agenda el equivalente a un salario mínimo. La neoliberal de los socialistas en el poder. reacción es conocida: la convocatoria Esta actitud que generó una sensación del paro, ese término polite que tenían extendida de desencanto que se expresó los sindicatos para llamar a la huelga en el estallido de conflictos sociales y general (por lo menos en público), con- movilizaciones masivas como la cam- jurando las reminiscencias insurreccio- paña en torno al referéndum de la nales que el término pudiera arrastrar. OTAN, la lucha contra la reconversión Superado el ecuador del libro, Gál- (durante la cual, hay que recordar, toda- vez comienza un rico relato diacrónico vía morirían obreros en las calles), las que, salvando las distancias evidentes protestas contra el paro y la crisis o un en cuanto a la trascendencia del aconte- creciente abstencionismo electoral. En cimiento, pudiera recordarnos de segundo lugar, la construcción de la alguna manera y en términos narrativos unidad sindical, de un repunte de la a la obra de John Reed Diez días que movilización obrera, notablemente a estremecieron al mundo. Realmente partir de 1987, hasta el cacareado consigue transmitir un ritmo que, a autunno caldo de 1988 que desemboca menudo, se adivina frenético. Por un en la huelga general. Una acumulación lado, las estructuras sindicales, tensio- de luchas por lo tanto que, junto al dis- nadas, comienzan a organizar la huelga, tanciamiento de la UGT primero, y la mientras que por el otro, como el autor ruptura de la «familia socialista» des- ha podido demostrar con documenta- pués, produjo el cambio de correlación ción del Archivo General del Ministerio de fuerzas que permitió el 14D. Sin de Interior y de la Oficina de Comuni- olvidar, por supuesto, el papel detona- caciones y Relaciones Institucionales, dor que tuvo el Plan de Empleo Juvenil se desata una campaña contra la misma, (PEJ). con dictamen del Consejo de Estado Los análisis del PEJ (o quizás cabría incluido. Por no hablar de la campaña decir los PEJs, atendiendo a los múlti- mediática, de plumas y mandarines ples proyectos que se suceden el uno al diversos, contra la convocatoria, evo- otro durante 1988) permiten a Gálvez cando, a menudo, paisajes apocalípti- desplegar sus análisis desde la perspec- cos; o la batalla dentro de UGT, en la tiva del iuslaboralismo crítico. En que Redondo tuvo que afianzar su lide- efecto, como termina por hacerse evi- razgo en una organización que, hasta dente, el PEJ mostró a qué intereses res- entonces, había tendido a la unanimi- pondía la política del gobierno, bastante dad, sin grandes sobresaltos orgánicos. alejados del de sus bases sociales y elec- Una convocatoria contra una medida torales. Interclasista en su gestión, de concreta como fue el PEJ, pero también izquierdas en sus objetivos, como iro- contra una política económica, tratará nizó Vázquez Montalbán. El plan, que de ser enmarcada como una huelga según UGT «sobrepasaba cualquier política contra un gobierno democráti- Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 RESEÑAS 307 camente elegido. El leitmotiv de los En concreto, ha sido Antonio Gutiérrez, relatos acerca de la inconveniencia de la secretario general de CC.OO. por aquel huelga, lo constituye una constante ape- entonces, quien ha criticado su uso. Sin lación a la falta de madurez democrá- embargo, Gálvez utiliza con mayor fre- tica de la sociedad española, además de cuencia la de «sindicato de mayoría la sospecha de mil y un intereses espu- comunista», propuesta interesante y rios. Todo resulta en balde: la huelga es que se correspondería a un análisis de la un éxito, los sindicatos, además, gana- adscripción y militancia política de rán la batalla del relato, algo sobre lo buena parte de la dirección, abruma- que gobiernos posteriores tomarán dora en el caso de la confederal. Los buena nota. intentos de «descomunistización» de Se pueden realizar —y se han CC.OO. cuando analizamos la década hecho— algunas reservas críticas de los ochenta corren el riesgo de caer acerca del libro. Peccata minuta: hay en una lectura presentista, tanto como una confusión en cuanto a la concep- las que tratan de caracterizar al sindi- tualización de la flexibilidad externa, cato como una organización simple que Gálvez define como la relativa a la «correa de transmisión» del PCE. Por entrada al mercado de trabajo, cuando suerte, la realidad es más compleja, esta hace referencia a los mecanismos pero no siempre bien recibida desde de ajuste empresarial vía extinción de ciertas lecturas patrimoniales o auto- contratos (numérica) y sus condiciones justificativas (fenómeno especialmente y costes (es decir, funcional, vía exter- recurrente para el caso de Comisiones nalizaciones y subcontrataciones). En Obreras, en uno u otro sentido) diversas ocasiones, se ha criticado la Otra de las observaciones que se ha falta de tratamiento del papel que desa- realizado al libro es la de tener un final rrolló CC.OO. Es cierto que el relato quizás demasiado abrupto, en el que las hegemónico, sobre todo mediático, conquistas de la huelga no consiguen tiende a minusvalorar el papel de la cen- visibilidad suficiente. Si bien es cierto tral, generando cierto desasosiego entre que unas conclusiones podrían haber militantes, cuadros y dirigentes. Asi- colmado estas demandas, también lo es mismo, lo es que el autor podría haber que el autor, a lo largo del libro, expone profundizado más en la genética de la ciertas claves interpretativas en este huelga desde la perspectiva de Comi- sentido. Otra cuestión es que se esté siones. Sin embargo, dicha aproxima- más o menos de acuerdo. Es evidente ción casi podría ser objeto de una que la huelga fue un éxito, sin embargo monografía propia. En este sentido, si observadores contemporáneos, como bien los documentos citados del Archivo Jesús Ibáñez, apuntaron las posibilida- de Historia del Trabajo, más concreta- des de una posterior frustración, de una mente de los subfondos de órganos con- «salida de caballo andaluz y parada de federales, no superan las dos decenas, burro manchego». El significado histó- Gálvez ha tenido acceso a apuntes y ha rico de la huelga, obviamente, es un podido entrevistar a Agustín Moreno, campo en disputa, así como sus conse- secretario de acción sindical y factótum cuencias. Muy probablemente sea cierto en el proceso de organización de la que se perdió un tiempo precioso en los huelga. Otro tanto podría decirse de la meses posteriores, que Redondo denominación «sindicato comunista». lamentó no haber mantenido el pulso Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 308 RESEÑAS con otra convocatoria, que ciertos sec- mando el monopolio del ejercicio de la tores tuvieran la sensación de dilapidar soberanía en los partidos representados un valiosísimo capital acumulado en las en las Cortes, abortando cualquier posi- semanas anteriores —pero también bilidad de desarrollo en el sentido de posteriores— al paro; como también lo transitar hacia lo que algunos constitu- es que el programa sindical más tarde cionalistas llaman una democracia cor- plasmado con la Propuesta Sindical porativa de cogestión: en la que se Prioritaria, y las negociaciones abier- articulan mayores mecanismos de inter- tas, a pesar de la actitud intransigente vención política desde la sociedad civil del gobierno, dio sus frutos y recogió y los movimientos sociales (aunque la algunas de las reivindicaciones sindica- creación del Consejo Económico y les, del »giro social», por no hablar de la Social pudiera parecer un paso en este retirada del PEJ o la profundización en sentido). la unidad de acción entre los sindicatos, Peter Burke consideraba válido el que permitió avances en la negociación ejercicio de la microhistoria siempre y colectiva de 1989, la primera con plata- cuando esta situara su objeto en lo macro- forma unitaria desde 1979. social, cuando las experiencias se pusie- De todos modos, como afirma Gál- ran en relación con las estructuras, vez, la huelga convocada por los sindi- alejado de lo anecdótico o pintoresco. catos, que desbordó ampliamente a estos Pues bien, creo que la aportación de Gál- deviniendo una huelga «popular», casi vez encaja perfectamente en esta concep- ciudadana, con una clara dimensión ción. La huelga, el acontecimiento, se política y que suscitó el apoyo desde fut- convierte en un espejo de la sociedad bolistas a policías pasando por la juven- española. Por un lado, permite valorar la tud organizada, en el mejor de los casos madurez democrática de una sociedad consiguió posponer la agenda neolibe- frente a la huelga. En un ambiente de ral. Los sindicatos tuvieron la habilidad «pura normalidad democrática», los tra- no de entrar en sintonía con un estado de bajadores y trabajadoras movilizados, así opinión, sino que, como demuestran como la ciudadanía en general, dieron algunas encuestas, tuvieron la capaci- muestras de una «altura democrática dad de modular y de promover las acti- muy superior a la que han demostrado tudes críticas hacia la política socialista. nuestros gobernantes». Y es que, efecti- Quizás nos encontramos ante el cénit vamente, buena parte de la clase diri- del poder sindical en España. Frente al gente española quedó retratada, porque nuevo prestigio recabado por los sindi- como afirmó Manolo Vázquez Montal- catos, se produjo lo que Gálvez ha lla- bán, a un mes vista de la huelga en El mado un «pacto de Estado no explícito», País: «Contra el paro general, el Gobierno entre enero y febrero de 1989, basado en va a movilizar el recelo, la cobardía, el un blindaje de las políticas económicas «sanchopancismo» social, y si fracasan por una lado y, por el otro, el cierre a estos agentes culturales se recurrirá a cualquier propuesta o posible desarrollo otro. El orden no es de derechas ni de en un sentido democratizador, reafir- izquierdas. El orden es el orden». Joan Gimeno i Igual Universitat Autònoma de Barcelona Joan.gimeno@uab.cat Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 261, enero-abril, págs. 251-308, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368