Richard Wilkinson y Kate Pickett, IGUALDAD. CÓMO LAS SOCIEDAD MÁS IGUALITARIAS MEJORAN EL BIENESTAR COLECTIVO, Capitán Swing, Madrid, 2019, (408 pp.) ISBN: 978-84-949667-8-1 Albert Recio Andreu1 Universitat Autònoma de Barcelona El nuevo trabajo de R. Wilkinson y K. Pickett constituye una obra mayor en el análisis de la desigualdad. Su anterior trabajo de 2009 (aquí traducido como Desigualdad. Un análisis de la infelicidad colectiva) fue una anticipación fundamental a una temática que ha renacido con fuerza en los últimos años. Se anticipó al mucho más citado, por los economistas, trabajo de Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI) que en cierta medida abrió un nuevo tiempo de debate académico sobre esta cuestión. R. Wilkinson y K. Pickett no son economistas, aunque muestran buenos conocimientos económicos, sino especialistas en salud pública y epidemiologia. Y quizás por ello se acercan a la cuestión con otra mirada que permite penetrar en muchos aspectos de la cuestión ignorados por las corrientes dominantes del pensamiento económico. Precisamente esta es una de las grandes virtudes de su nueva entrega, que basándose en un amplio conjunto de trabajos científicos permiten explicar gran parte de los impactos que generan las desigualdades, entran en alguna de las "cajas negras" del comportamiento humano que habitualmente quedan fuera del análisis económico, o son completamente ignorados por los adscritos al paradigma del racionalismo individualista. El trabajo está organizado en cuatro partes: una introducción y tres bloques. En el primero se aborda el impacto mental de las desigualdades, en el segundo se discuten las cuestiones de clase social y se rebate el concepto de meritocracia y, en el bloque final se proponen algunas alternativas a la situación actual. La introducción presenta dos cuestiones fundamentales. Por una parte, resume los resultados de su trabajo anterior donde se mostraba la existencia de correlaciones fuertes entre niveles de desigualdad de renta y diversos males sociales: a mayor desigualdad de renta mayor proliferación de indicadores de malestar social. En el trabajo anterior estas correlaciones incluían tanto datos de una selección de países como los correspondientes a los cincuenta estados de Estados Unidos de Norteamérica y, en todos ellos, los resultados eran concluyentes. En la introducción del texto actual se incluye una gráfica sintética entre 1 Albert.Recio@uab.cat Revista de Economía Crítica, nº27, primer semestre 2019, ISSN 2013-5254 146 Richard Wilkinson y Kate Pickett. Igualdad. Cómo las sociedad más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (2019). Albert Recio Andreu la que se aprecia fuerte correlación positiva entre niveles de desigualdad y de problemas sociosanitarios. Estados Unidos de América alcanza en la muestra el mayor grado de desigualdad y de problemas, Japón ocupa el extremo inverso (y España se sitúa en una situación intermedia). En segunda parte de la introducción muestra el fuerte crecimiento de los problemas mentales en las sociedades desarrolladas (estrés, ansiedad), que consideran que constituye una auténtica plaga. Esta situación se produce en un contexto de creciente aislamiento de la gente, a pesar de que existe evidencia de que la amistad constituye un importante factor de bienestar. Esta paradoja la atribuyen fundamentalmente a que vivimos en sociedades altamente jerarquizadas, estratificadas y donde la gente se siente continuamente evaluada por las personas que ocupan posiciones sociales superiores. "La idea que las modernas democracias de mercado se basan en la meritocracia y de que la posición de clase es un indicador de capacidad implica que estas sociedades son en cierto modo justas, ya que las diferencias de estatus estarían justificadas. El resultado es que un estatus social inferior se percibe todavía más como una señal de inferioridad personal y fracaso. Esto a su vez refuerza la tendencia generalizada a valorar la capacidad y la inteligencia de la gente sobre la base de su posición social, y hace que ocupar un estatus social bajo resulte aún más degradante. Estas tendencias no se limitan a cómo juzgamos a los demás. También aumentan o disminuyen la confianza de la gente en su propia inteligencia y capacidad" (p 67-68) Una gran parte de la población se siente atrapada en está permanente evaluación lo que desarrolla dos respuestas patológicas, que están en la base de los actuales problemas de salud: una elevada ansiedad que exige una persistente batalla por la autoestima, por una parte, o la proyección de una imagen exageradamente positiva por otra. Cuanto más desigual es una sociedad, cuanto más persistente es la evaluación jerárquica, mayores son las probabilidades de que estas dos dinámicas atrapen a grandes masas de población y se extiendan los problemas mentales. La primera parte, titulada "Las consecuencias mentales de la desigualdad" está fundamentalmente dedicada a elaborar el argumento inicial y a presentar los numerosos trabajos (fundamentalmente de epidemiólogos y especialistas en salud pública) que lo avalan. Para desarrollar su argumentación se apoyan en el modelo del Dominance Behavioral System desarrollado por la psicóloga Sheri Johnson y su amplia investigación empírica. Esté modelo caracteriza los comportamientos humanos en contextos de desigualdad como una combinación de cuatro elementos. Dos se sitúan en el eje del poder- sumisión y dominio- y los otros dos en el de los comportamientos sociales- calidez y hostilidad. El libro muestra que los comportamientos humanos se diferencian por la posición que cada cual ocupa en la combinación de los dos ejes. Las personas atrapadas en situaciones de subordinación son más proclives a enfermedades mentales. El capítulo se cierra con diversas evidencias empíricas que muestran correlaciones claras entre los niveles de desigualdad de renta, las enfermedades mentales (a más desigualdad más enfermedades) y la participación social (a más desigualdad menos participación). En el capítulo 3 se analiza otra variante de la desigualdad. La desigualdad no sólo genera patologías mentales asociadas a la sumisión. También genera comportamientos sociales de tipo narcisista como un mecanismo de respuesta al contexto hostil. Está oleada narcisista tiende a erosionar la empatía necesaria para el promover la cooperación y la sociabilidad. En el límite las personas que alcanzan los niveles de renta más elevados tienden a menospreciar los vínculos sociales, considerándose ellos mismos con el "derecho a tener de todo". En muchos casos, además, generan comportamientos psicopáticos respecto al resto de mortales. Si la sumisión inhibe, la vanidad provoca pérdida de empatía. El capítulo 4 que cierra la primera parte está dedicado a mostrar otros comportamientos patológicos generados por la desigualdad, la jerarquización y la competitividad individual en la que estamos sumergidos. Las adiciones de diverso tipo, la compulsión consumista, la lucha por el estatus (aunque sea meramente Revista de Economía Crítica, nº27, primer semestre 2019, ISSN 2013-5254 147 Richard Wilkinson y Kate Pickett. Igualdad. Cómo las sociedad más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (2019). Albert Recio Andreu simbólico) son respuestas humanas explicables en este contexto de sociedades de alta desigualdad. Hay aquí un nexo de unión entre cuestiones sociales y ambientales, puesto que una sociedad más desigual genera una mayor presión consumista que se traduce en una presión más elevada sobre los recursos. En el capítulo contrastan este aumento del consumismo con los estudios sobre las aspiraciones de los niños en los que se muestra que estos lo que demandan es un mejor sistema de relaciones sociales. Por ello también parece sólida la correlación negativa entre mayor desigualdad y el índice de bienestar infantil. En suma, lo que esta primera parte muestra, con abundancia de referencias a estudios empíricos es que la desigualdad explica una buena parte de las patologías presentes en las sociedades actuales. La segunda parte incluye tres capítulos bajo el epígrafe general de "Mitos de la naturaleza humana: meritocracia y clase". El primero de los mismos, "La condición humana", constituye una interesante síntesis de resultados aportados por psicólogos y genetistas. El argumento principal es que el mayor desarrollo cerebral de la especie humana, especialmente respecto a los primates superiores, tiene relación con el desarrollo social de la misma. Los primates superiores mantienen estructuras más o menos fuertes de dominio entre sus miembros, pero la larga historia de cazadores-recolectores de la especie humana generó un fuerte desarrollo de la cooperación y el igualitarismo. La epigenética ha mostrado que existe una adaptación que la especie humana tiene una amplia capacidad de adaptación al medio social. A partir del neolítico se rompió el largo predominio de sociedad igualitario- cooperativas y, en cierta medida, volvieron a reforzar los aspectos de dominio presentes en los primates. Y ello provoca un comportamiento humano en el que coexisten "sistema de rango de dominio de la época prehumana" y elementos procedentes del "período igualitarista de nuestra prehistoria". Ambos provocan diferentes impactos de ansiedad: de vernos sometidos a jerarquías y de vernos a través de la mirada de los otros. Por esto la posición relativa que tiene cada cual respecto al resto constituye un elemento crucial de su bienestar El capítulo 6 está consagrado a "La falsa idea de la meritocracia", según la cual las desigualdades presentes en las sociedades modernas reflejan el mérito personal de cada cual. Sin negar que las personas puedan tener habilidades diferentes, muestra que a menudo estas diferencias son reforzadas por el aprendizaje y el medio social. Dos personas con pequeñas diferencias de habilidad pueden acabar con una mayor diferenciación cuando una de ellas se especializa en aquello en lo que tenía una ligera ventaja, lo que depende del contexto. Hay también una magnífica reflexión sobre el carácter clasista de los test de inteligencia y la forma cómo se evalúan las capacidades humanas. Y en suma hay un predominio del entorno sobre nuestra evolución mental. Hay muchas y buenas anotaciones sobre como todo ello influye en el propio proceso educativo y cómo en gran medida este refleja una buena parte de la jerarquía social. Las desigualdades impregnan la vida social y los procesos educativos. Y la presunción meritocrática simplemente lo camufla, convirtiendo la desigualdad en mérito individual. Cierra esta sección el capítulo 7 "Comportamientos de clase", donde se analizan nuevos indicadores que muestran como las desigualdades de renta se traducen no sólo en acceso diferenciado a la cultura o el arte, sino en que las sociedades más desiguales tienden a despreciar con más fuerza los comportamientos habituales de las clases deprimidas. La tercera y última sección "El camino por recorrer" plantea la cuestión de alternativas. El capítulo 8 relaciona las desigualdades con la sostenibilidad. Frente al mantra económico de la necesidad de mantener la desigualdad como vía para promover el crecimiento y el bienestar, Wilkinson y Pickett aducen los diferentes trabajos que indican que no hay una correlación fuerte, a partir de ciertos niveles, entre nivel del P.I.B. y bienestar. Y por otra parte recogen la evidencia, ya comentada, del papel que juegan las desigualdades como impulsoras de pautas de consumo incompatibles con la sostenibilidad. La lucha por la igualdad es la lucha por el bienestar físico y mental y la sostenibilidad ecológica. Revista de Economía Crítica, nº27, primer semestre 2019, ISSN 2013-5254 148 Richard Wilkinson y Kate Pickett. Igualdad. Cómo las sociedad más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (2019). Albert Recio Andreu Por último, el capítulo 9, "Un mundo mejor", está orientado a recoger ideas en torno a la posibilidad de un modelo social más igualitario. El punto de partida son un encadenado de cinco proposiciones que resumen en buena medida las tesis del libro: • La desigualdad agrava los problemas sociales • La desigualdad afecta a la mezcla social • La desigualdad afecta a la cohesión social • La desigualdad aumenta la ansiedad por el estatus • La desigualdad potencia el consumismo y el consumo ostentoso A partir de aquí, concluyen que no existe un nivel de desigualdad que pueda justificarse en base al bienestar e introducen una serie de trabajos que muestran la mayor eficiencia de las organizaciones sociales más cooperativas e igualitarias. No tienen una receta concreta, reconocen que tampoco existe una clara evidencia de hasta donde debemos impulsar el igualitarismo. Lo que sí argumentan es que existe evidencia de que los países más igualitarios ofrecen mejores indicadores de bienestar y de ello deducen que al menos todas las sociedades deberían tratar de aproximarse a estas sociedades. El libro concluye con una llamada a seguir pensando en modelos sociales igualitarios. Se complementa con un apéndice que incluye información útil sobre centros que trabajan en el estudio de las desigualdades como una batería de impactos sociosanitarios de la desigualdad de ingresos. Este es un resumen de las muchas cosas que aporta la investigación, de los temas que relaciona y de la invitación a seguir luchando por la igualdad. Para la Economía Crítica es una aportación imprescindible. No sólo porque los argumentos y los trabajos que el libro sintetiza apoyan muchos de los presupuestos críticos en el análisis, por ejemplo, de la educación, el mercado laboral o el consumo y el medio ambiente. Es también notable porque muestra que la conexión de la Economía crítica con investigaciones que se producen en campos tradicionalmente alejados de las ciencias sociales tiende a reforzar la solidez de muchos de los planteamientos críticos que han sido despreciados o ignorados por la Economía convencional. En la medida en que hay la necesidad de mantener un debate abierto en el espacio académico, encontrar buenos aliados es imprescindible. Y, en esta línea los trabajos de Wilkinson y Pickett resultan imprescindibles. Revista de Economía Crítica, nº27, primer semestre 2019, ISSN 2013-5254 149