Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix EL NACIMIENTO DEL FÚTBOL EN ESPAÑA: ¿CÓMO SE ENTRENABA Y CÓMO SE JUGABA? 1ª PARTE (1899-1920) 1 Carlos Pérez-Martínez2 Xavier Torrebadella-Flix3 Resumen: El fútbol es un gran fenómeno de masas a nivel mundial, un deporte que está en boca de todos día tras día, pero como todo, tuvo un comienzo. Con este artículo acercaremos al lector a los orígenes del fútbol en España desde su llegada a finales del siglo XIX, hasta 1920, año en el que la Selección española participó por primera vez en unos Juegos Olímpicos. El objetivo de este estudio es esclarecer cómo se jugaba y cómo se entrenaba antiguamente en este deporte. Aspectos tácticos, aspectos técnicos o aspectos físicos del fútbol, son los que engloban este artículo. Para ello, se han consultado periódicos deportivos de la época en la hemeroteca nacional, artículos, libros especializados y revistas. La presente aportación, aparte de informar de cómo era el fútbol en el pasado, pretende iniciar un inédito análisis histórico de índole constructivista en torno a la evolución del juego en España. Palabras clave: historia del fútbol; entrenamiento deportivo; fútbol español. The Birth of Football in Spain: How Did They Train and How Was It Played? Part One (1899-1920) Abstract: Football is a huge mass phenomenon worldwide, a sport that everyone speaks about day after day. Like everything, however, it had a beginning. In this article we bring the reader closer to the origins of football in Spain, from the time of its arrival in the late nineteenth century, until 1920, the year in which the Spanish national team participated for the first time at an Olympic Games. The objective of this study is to clarify how the game was played and how the sport used to be trained. The article covers the tactical, technical and physical aspects of football. To this end, sports newspapers from the period under study were consulted in the national periodicals archive, as were articles, specialist books and magazines. The information that we set out here highlights the significant development that football has undergone since its introduction in reaching its maturity as a team sport. In addition to providing information on the football of the past, this article aims to initiate an unprecedented historical analysis of a constructivist nature regarding the development of the game in Spain. Key words: history of football; sports training; spanish football O nascimento do futebol em Espanha: Como se treinava e como se jogava? 1ª parte (1899-1920) Resumo: O futebol é um grande fenómeno de massas a nível mundial, um desporto que está na boca de todos, dia após dia, mas como tudo, teve um começo. Com este artigo aproximaremos o leitor das origens do futebol em Espanha, desde a sua chegada nos finais do século XIX, até 1920, ano em que a Seleção espanhola participou pela primeira vez nos Jogos Olímpicos. O objetivo deste estudo é esclarecer como se jogava e como se treinava antigamente este desporto. Aspetos táticos, aspetos técnicos ou aspetos físicos do futebol, são os temas que constituem este artigo. Para tal, foram consultados jornais desportivos da época, no arquivo nacional, artigos, livros especializados e revistas. A presente informação mostra a significativa evolução que o futebol sofreu desde o seu início até atingir maturidade como desporto coletivo. A presente contribuição, além de informar como era o futebol no passado, 1 Este artículo se deriva del Trabajo de Final de Grado en Educación Primaria (Mención en Educación Física); Universidad Autónoma de Barcelona, curso, 2014/15. 2 Universidad Autónoma de Barcelona. E-mail: carlos.perez.martinez.91@gmail.com. 3 Universidad Autónoma de Barcelona. E-mail: xtorreba@gmail.com. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 1 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix pretende iniciar uma análise histórica inédita de índole construtiva em torno da evolução do jogo em Espanha. Palavras chave: história do futebol; treino desportivo; futebol español. Introducción Desde hace varias décadas, el fútbol es considerado en muchos países como el “deporte rey”, es el espectáculo deportivo más seguido del mundo. La lógica en la forma de juego, las habilidades de sus figuras, las pasiones que levanta, la información mediática que genera, las luchas simbólicas que encarna, el negocio que representa, los puestos de trabajo que genera, entre otros factores, conlleva que sea mucho más que un deporte; para unos es una religión y, para otros, el símbolo más draconiano del sistema capitalista. Pero ¿cómo empezó todo? El fútbol fue el primer deporte moderno de equipo que se practicó en España, de esto hace ya más un siglo. Sus recuerdos están hoy sumergidos en una aureola romántica de aquellos primeros años y de aquel primitivo juego. La importancia que se concede al entrenamiento deportivo es la clave de los rápidos progresos alcanzados en el rendimiento de muchos deportes. Sin duda alguna, el fútbol es uno de estos deportes. Los diferentes medios de preparación física, técnica, táctica y psicológica son la base de las prestaciones y exigencias para la optimización máxima del rendimiento, en este caso de un deporte de equipo. Hasta no hace mucho, la preparación del fútbol tenía como fundamentos los métodos empíricos, en cambio, en el presente, la ciencia y la tecnología se combinan y ofrecen modelos y enfoques tecnológicos y bioenergéticos que conceden una alta prestación física y técnica. Podemos preguntarnos seguidamente ¿cómo empezó el entrenamiento del fútbol en España? En esta pregunta yace el móvil del presente artículo. El objeto de este estudio trata sobre la evolución de la manera de jugar y entrenarse al fútbol desde su llegada a España. Con ello se pretende contribuir a un análisis histórico y constructivista en torno a la evolución del juego en España. Tomamos como partida la fecha simbólica del año 1899. A nuestro juicio esta fecha es la que marca el punto de partida en el fútbol español, y tiene como protagonista el impulso del deporte barcelonés (TORREBADELLA-FLIX, OLIVERA-BETRÁN y M-BOU, 2017). En esta ciudad se materializó la auténtica carta de naturaleza del fútbol en España (TORREBADELLA, 2012). A partir de esta fecha seguimos su desarrollo hasta llegar a 1920, año en el que debutó la Selección española de fútbol en unos Juegos Olímpicos. De todos modos, advertimos que este estudio quedará abierto para considerar en una segunda parte la continuidad en los años veinte y treinta del siglo pasado. La comprensión histórico constructivista del juego en estas dos épocas, permitirá disponer de una primera aproximación de la evolución del juego en el fútbol practicado en España y la consecuente susceptibilidad de fijar paralelismos y diferencias entre las formas de jugar en el pasado y las del presente. La metodología adoptada se ha emplazado en el método histórico (ARÓSTEGUI, 2001), consistente en la localización de fuentes documentales primarias (heurística), para establecer un corpus fundamental de textos en Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 2 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix relación con el objeto de estudio. La revisión documental se ha sometido a la síntesis y a la crítica –interna y externa– de las fuentes (HOWELL y PREVENIER, 2001). La búsqueda ha partido de la revisión de la bibliografía especializada del momento histórico, considerando fundamentalmente los estudios de TORREBADELLA-FLIX y NOMDEDEU-RULL (2014, 2015). Los libros seleccionados para el análisis son, principalmente, los manuales técnicos publicados de la época (BARBA, 1912; ELIAS, 1914; GIBERT, 1918; GRAHAM, 1913; TUNMER y FRAYSSE, 1910; WEBER, 1909). También se ha procedido al vaciado de noticias y textos de la hemeroteca digital histórica: artículos de revistas deportivas de la época. Las búsquedas se han realizado a través de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, del Arxiu de Revistes Catalanes Antigues (ARCA), además de la hemeroteca de El Mundo Deportivo. Entre la prensa deportiva utilizada destacamos Gran Vida (1903- 1936), Stadium (1911-1930), Heraldo Deportivo (1915-1935), Madrid-Sport (1916-1924) y El Mundo Deportivo (1906-1936). Una primera fase se ha centrado en elaborar el marco contextualizado del fútbol entre 1899 y 1920. Para ello hemos tratado estudios que destacan significativos enfoques históricos y sociales (CASTRO, 2012; POLO, 1993; PÉREZ-MARTÍNEZ y TORREBADELLA-FLIX, 2017; PUJADAS, 2011; PUJADAS y SANTACAMA, 2001; Rivero, 2005; SIMÓN, 2015; TORREBADELLA, 2012, 2017; TORREBADELLA-FLIX y NOMDEDEU-RULL, 2013, 2014, 2015; TORREBADELLA-FLIX y VICENTE-PEDRAZ, 2017; TURUZETA 2012). La relación texto-contexto ha definido el análisis interpretativo (hermenéutico). Esta segunda fase viene definida a través de un enfoque constructivista centrado en el análisis cronológico de los cambios derivados de la comprensión del juego y del entrenamiento del fútbol, tanto en el aspecto físico, técnico y táctico. De aquí se ha elaborado una clasificación y organización de los textos para el posterior análisis de contenido (BARDIN, 1986). El estudio se divide en tres partes. Primero abordamos un marco teórico contextualizado de la época, en el que prevalece el ambiente futbolístico, pero también los aspectos sociales. De este modo ubicamos al lector en el conocimiento histórico del fútbol en la España de las dos primeras décadas del siglo XX. Posteriormente, nos ocupamos de interpretar a los autores y a los métodos que consideramos más significativos en cuanto al análisis del modo de juego y a los entrenamientos referidos (metodologías, tipos de preparación, ejercicios utilizados, etc.). Dividimos este apartado en dos períodos: el primero (entre 1899 y 1910) se caracteriza por el desarrollo de una primera fase de aclimatación al juego y el segundo periodo (entre 1911 y 1920) se distingue por un desarrollo de creación técnico-táctica y la configuración de las llamadas escuelas del fútbol español. Finalmente añadimos un apartado en el que a modo de conclusión se reflexiona sobre el estudio presentado. Fútbol y contexto social en la España de la Restauración Podemos consensuar que el fútbol llegó a España en el período de la Restauración Borbónica y al amparo de la distinguida colonia anglosajona que Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 3 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix utilizó el deporte como un elemento de reafirmación cultural de sus costumbres. En deportes como el foot-ball, el lawn-tennis y el cricket existía la representación de una simbología de colonización que, socialmente, inoculaba el Imperio Británico en el mundo, haciendo gala de sus conductas saludables y civilizadas (TORREBADELLA-FLIX y OLIVERA-BETRÁN, 2013; TORREBADELLA-FLIX, OLIVERA-BETRÁN y M-BOU, 2015). Al mismo tiempo, el fútbol también llegó de la mano de los jóvenes de clases acomodadas que habían terminado sus estudios en el extranjero (Rico, 1930). Esto sucedía en los núcleos urbanos y más industrializados del país, con preferencia en las zonas portuarias del Norte y Sur de España (TORREBADELLA y ARRECHEA, 2019). A partir de la última década del siglo XIX, los partidos entre diferentes equipos y poblaciones fueron realizándose eventualmente (Huelva, Sevilla, Bilbao, Barcelona, Madrid, Vigo, La Coruña). Entonces el fútbol era jugado a modo de ensayo deportivo entre los aficionados ingleses y algunos representantes nacionales invitados. Esto coincidía en una coyuntura política de crisis ante las pérdidas coloniales de Puerto Rico, Filipinas y Cuba (TORREBADELLA-FLIX, OLIVERA-BETRÁN y M-BOU, 2017). En este período se constituyeron los primeros clubs de fútbol, pero como ya hemos señalado, el punto de arranque más significativo se ubicó en Barcelona, ciudad que lideraba proyectos de un asociacionismo deportivo, moderno y europeizado (TORREBADELLA, 2012). La pujante burguesía barcelonesa apreció rápidamente el fútbol como saludable expansión recreativa y viril para coadyuvar a la formación del carácter de los jóvenes. El fútbol aparecía pues como una diversión burguesa y clasista, que se distanciaba de las corruptas costumbres en las que se abonaban la mayoría de los jóvenes (ARTELLS, 1972). A finales del siglo XIX, en algunos de los libros de texto de gimnástica para los alumnos de segunda enseñanza ya aparecían descripciones del juego balompédico (LÓPEZ, 1894; PEDREGAL, 1895). La incorporación del juego venía prescrita por la indicación normativa de Eduardo Vincenti, Director General de Instrucción Pública, y próximo a la Institución Libre de Enseñanza, que ya había incorporado el juego hacia la década de los ochenta (LÓPEZ SERRA, 1998). Por tanto, antes de que llegase el siglo XX, la susceptibilidad del juego en los ámbitos escolares ya fuese como recreación o como práctica gimnástica, fue utilizada en algunos centros de segunda enseñanza. Entre estos primeros centros debemos mencionar los Institutos de Barcelona, Madrid, Sevilla, Badajoz, y seguramente algunos otros más. De igual modo, algunos colegios internados más elitistas y pertenecientes a las órdenes católicas no tuvieron reparos en dejar que el fútbol formara parte de los momentos de asueto del alumnado (TORREBADELLA-FLIX y VICENTE-PEDRAZ, 2017). Estos alumnos rápidamente se acomodaron en terrenos apropiados para practicar el juego, especialmente en la tarde de los domingos. En ocasiones, la dirección del juego estaba animada por algún profesor motivado, apóstol de la educación física, representantes de la colonia extranjera o por jóvenes que ya habían conocido el juego en sus estudios en Inglaterra. Los balones eran importados de Inglaterra, eran muy caros y solamente estaban al alcance de las familias adineradas. En los colegios, el profesor era el guardián del apreciado balón. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 4 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix A partir de estos primeros aficionados, atrapados por el entusiasmo de vivenciar un ardiente juego de colaboración-oposición, se iba extendiendo el fútbol entre la juventud como recreación placentera de los domingos. Al mismo tiempo, y con la colaboración de otros círculos sociales, más aristocráticos, se fueron también constituyendo los primeros clubs o asociaciones de fútbol. El punto de inflexión definitivo llegó a finales de 1899 de la iniciativa Hans Gamper y el apoyo del Gimnasio Solé y de Narciso Masferrer, entonces director de la revista Los Deportes; nacía así el Futbol Club Barcelona. El fútbol surgía empujado por los anhelos regeneracionistas surgidos de la crisis de 1898 (TORREBADELLA Y ARRECHEA, 2019). Se trataba del primer juego deportivo moderno de colaboración-oposición entre bandos cuyo objetivo era disputarse un balón para introducirlo en campo contrario. La lógica interna del juego era muy sencilla. El fútbol como deporte se enmarcaba en el espíritu regeneracionista que la aristocrática Institución Libre de Enseñanza trataba trasladar a sus círculos educativos (LÓPEZ SERRA, 1998). El jugador de fútbol era el “hombre nuevo”, viril, culto, civilizado y moderno. Jugar al fútbol entraba en la narrativa regeneracionista que miraba hacia Europa (TORREBADELLA, 2014; TORREBADELLA-FLIX, OLIVERA-BETRÁN y M- BOU, 2017). Barcelona era una ciudad cosmopolita, la más industrializada y poblada de España que se veía inmersa en un acelerado proceso de transformación urbanística y cultural. Sin embargo, también concentraba conflictos latentes surgidos del ámbito político y social (BRENAN, 1962). Las reivindicaciones de autogobierno del catalanismo político, las virulentas revueltas del movimiento obrero se solapaban también a los problemas higiénicos y pedagógicos ante las importantes tasas de analfabetismo y de mortalidad infantil (CAÑELLAS y TORAN, 1982; MARTÍNEZ VARGAS, 1918). En las clases burguesas existía el mito de la degeneración, una expresión que conllevaba miedos en un imaginario colectivo ante las corrupciones que podían venir de la clase obrera (BEMBO, 1912). El debilitamiento físico de las clases subalternas y sus modos de vida insalubres llamaban la atención de los cuerpos sanitarios y de asociaciones de beneficencia, preocupadas en erradicar un problema que podía afectar a la productividad burguesa. La tuberculosis era una constante preocupación y producía una de las causas de mortalidad más elevadas. En este escenario, surgen propuestas de escolarización y de protección a la infancia (colegios sanatorios, colonias escolares, cantinas) (GALERA, 2015). Las elevadas tasas de jóvenes declarados inútiles para el servicio militar –por enfermos, por no proporcionar ni la talla ni el peso exigidos o por minusvalías– (MARTÍNEZ VARGAS, 1918), ponían en crisis al reclutamiento militar en un momento de conflictos en el Riff (la larga guerra de Marruecos, 1909-1927). El servicio militar del ejército español tenía la mortalidad más elevada de Europa (TORREBADELLA-FLIX y OLIVERA-BETRÁN, 2016). Estas condiciones sociales son permanentes a lo largo de todo de todo el período y tienen sus puntos álgidos en los descontentos populares que se maternizaron en los procesos revolucionarios de 1917 y 1919. A partir de los primeros campeonatos organizados (Copa Macaya en Barcelona y Copa de la Coronación en Madrid), el fútbol empezó a organizarse Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 5 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix con la constitución de las primeras asociaciones regionales (Catalana, Vizcaína y Castellana), en donde en cada una de ellas se jugaba un campeonato y el vencedor disputaba el Campeonato nacional. El primer campeonato de España (Copa del Rey) se disputó los días 6, 7 y 8 de abril de 1903, entre los equipos Club Español de Foot-ball (Barcelona), Madrid FC y Athletic de Club Bilbao, saliendo ganador este último. En 1904 se aprobó la Ley del descanso dominical, lo cual permitió que los aficionados pudiesen dedicar este día para practicar fútbol y otros deportes o bien asistir a presenciar el partido semanal [Figura 1]. Figura 1. Burguesía madrileña presenciando un partido de fútbol en el campo del Athletic FC. Fuente: “El foot-ball en Madrid”, Nuevo Mundo, 27 de abril de 1905, p. 12. (Biblioteca Nacional) Aunque autores como Soto (1930) y Valserra (1944) citen 1905 como fecha de la constitución de la Federación Española de Clubs de Foot-ball, esto no es así. Existía un acuerdo entre las tres federaciones regionales para la realización del Campeonato Nacional, pero las desavenencias entre equipos y federaciones regionales no posibilitaron una unión federativa. Esto provocó que los equipos catalanes, campeones de la competición regional, no participaran en las caóticas ediciones de los Campeonatos de España que se celebraban en Madrid (entre 1904 y 1908). Años más tarde, y después de algunos intentos en 1907, desde el FC Barcelona se proyectó constituir una Federación Española de Clubs de Foot-ball, que también asumía el desarrollo de todos los deportes atléticos (MENSA, 1909a). Se pude decir que la primera unión federativa del fútbol español nació en 1909 al constituirse una primera Federación Española de Clubs de Foot-ball (MENSA, 1909b; RUÍZ-FERRY, 1910), pero también fracasó en su intento de hermanar el fútbol nacional. Después de varios organismos asociativos y de una duplicidad de los Campeonatos de España, en 1913 se llegó a un acuerdo definitivo para la constitución de la Real Federación Española de Clubs de Foot-ball (RIBES, 1928). En 1914 se disputó la primera Copa del Rey organizada por la Real Federación Española de Foot-ball. Entonces ya surgieron los primeros problemas entre clubes por las cuestiones del llamado “profesionalismo”. Las disputas entre los equipos por fichar a los mejores jugadores estaban a la orden del día. Pronto germinó el fútbol profesional, es decir, aquel cuyos equipos comenzaban a fichar jugadores a cambio de alguna recompensa; no obstante, la mayoría de los jugadores no podían vivir exclusivamente del fútbol, por lo que tenían que trabajar. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 6 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix Superada la primera década del siglo XX, se disputan los campeonatos regionales y también se acuerdan rivalizados partidos entre las distintas selecciones regionales. Aquí ya se evidencian las diferencias entre los estilos de juego de cada región. A iniciativa de la Real Federación Española de Fútbol, entre 1914 y 1918 se organiza el Trofeo Príncipe de Asturias, campeonato interregional, que se disputaba en Madrid. Hay que destacar también que el 14 de agosto de 1912 en Sabadell se disputó el primer partido con luz artificial de España. Otro aspecto a destacar es la rápida adaptación del juego al carácter de los españoles. Como reacción a ello, aparece una campaña orquestada por Mariano de Cavia que invita a la españolización del juego; una iniciativa que se aviene a los discursos regeneracionistas del momento y tratando de popularizar el calco lingüístico “balompié” (CASTRO, 2012; POLO, 1993; RIVERO, 2005; TORREBADELLA Y NOMDEDEU, 2013). En esta época, el fútbol ya era una práctica asidua de los mejores colegios de España, los de las congregaciones religiosas. La base del fútbol crecía y existía un fútbol infantil que se rendía a la cultura física (TORREBADELLA-FLIX y NOMDEDEU-RULL, 2015, TURUZETA, 2012). Marcelo Sanz Romo consideraba al fútbol dentro del grupo de los deportes enérgicos y de tipo atlético y, por tanto, un ejercicio varonil (Sanz, 1915). No proscribía el fútbol a los jóvenes, si éstos lo complementaban con otros ejercicios en los que actuarían las extremidades superiores. No obstante, la mayoría de la juventud española estaba exenta del juego futbolístico y de cualquier otra práctica deportiva o de educación física. Una amplia y empobrecida población rural y una importante concentración obrera en las ciudades malvivían en unas condiciones muy rudimentarias y en hogares poco salubres. La clase obrera veía el fútbol como una cosa distante y clasista (TORREBADELLA, 2017). Las familias apenas podían vivir con los jornales del cabeza de familia, por lo que el trabajo infantil era una práctica habitual. Finalizada la Primera Guerra Mundial (PGM), en España las cosas empezaron a cambiar más deprisa. Un momento clave para la historia social fue la conocida Huelga de la Canadiense, iniciada en Barcelona el 5 de febrero de 1919. La huelga, que duró 44 días fue crucial para el movimiento obrero. Se lograron mejoras salariales y el establecimiento por Decreto de la jornada laboral a ocho horas (GONZÁLEZ CALLEJA, 1999). Con estos cambios en las mejoras de las posibilidades de las clases medias y obreras, el deporte daba un gran salto cualitativo (SIMÓN, 2015). No solamente mejoraba el acceso a una mayor masa de jóvenes, sino que además se incrementaba el número de asociaciones deportivas. Es evidente que el fútbol fue el mayor beneficiario de estos cambios. Los jóvenes que deseaban practicar deporte tenían la posibilidad de disponer del tiempo libre para realizarlo, mejorando así su salud y condición física. Ante una rápida y creciente constitución de clubes, se echan en falta árbitros con la debida formación. La violencia del fútbol va a significar uno de los problemas más preocupantes de las federaciones provinciales y regionales. El primer colegio de árbitros es el catalán constituido en 1915 (PERÍS, 1928). No todos los árbitros, como tampoco los jugadores y menos todavía el público, conocen el reglamento, aspecto que provoca discusiones en el juego que Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 7 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix terminan con las populares tanganas y la intervención de una impotente Guardia Civil que frecuentemente tiene que sofocar las agresiones del público. Es un fútbol de pasión y de juego rudimentario, que es calificado de “troglodita” y que va a ser una característica del juego durante varias décadas (ROMEU, 1985). En la revista Foot-ball se pueden apreciar numerosas cartas llamando a la pacificación del juego y a erradicar las “verdaderas batallas campales” (Deportes, 1918, p. 3). El juego sucio y duro se imponía en muchos de los equipos. Las zancadillas, patadas, puñetazos y codazos era la característica del típico “futbolero deportista” (SÁNCHEZ TENA, 1918, p. 3). Asimismo se trasmiten constantemente artículos instructivos sobre el reglamento con el fin de aleccionar a los jugadores y a la afición (RUÉ, 1918). Otro punto conflictivo se manifiesta en la aparición de un incipiente profesionalismo en los primeros equipos del país, como consecuencia de la progresiva acumulación y popularización del público en los estadios, que cada vez se expresa con más fogosidad. Ahora bien, entre 1918 y 1919 se desata una gradual expansión comercial del fútbol, antesala de la que se iba a protagonizar en los próximos años. Este ascenso vino reforzado por una coyuntura internacional favorable al fútbol que después de la PGM se alzaba como el primer deporte entre las naciones-estado de Europa (TORREBADELLA, 2016; TORREBADELLA-FLIX y OLIVERA-BETRÁN, 2016). La contingencia del momento hizo que España participase, de forma oficial, por primera vez en unos JJOO, los de Amberes de 1920, con el éxito de la inesperada segunda plaza de la Selección Nacional de Fútbol. Fue a partir de entonces que el fútbol español entró en la dinámica deportiva europea que caracterizó el periodo entreguerras y evolucionó rápidamente hacia la comercialización y el espectáculo de masas (PUJADAS y SANTACANA, 2001; URÍA, 2008; SIMÓN, 2015). Resultados. El fútbol: “descubrimiento” y desarrollo del juego técnico Fase de desarrollo inicial (1899 a 1910) Las primeras descripciones del juego aparecidas en textos españoles eran muy escuetas y toscas (NOMDEDEU, 2015). En 1899 no existía todavía ningún reglamento de foot-ball en español, habría que esperar a que en 1902 apareciera el Reglamento de foot-ball publicado por la Asociación Clubs Foot- ball de Barcelona (NOMDEDEU, 2014). Así tenían que ser los colonos anglosajones los que dieran a conocer los detalles del juego entre la población autóctona. No obstante, todavía no se conocía suficientemente el juego, hecho que provocaba que en los reportajes o noticias sobre el foot-ball se confundiera el foot-ball asociación con el foot-ball Ruby. Tal era el caso del reportaje presentado en la revista Alrededor del Mundo: “El foot-ball y cómo se juega” (Editorial, 1902). En los primeros encuentros amistosos reinaba una profunda cordialidad entre los bandos que disputaban el partido. Sin embargo, muy pronto se puede decir que las amistades cada vez fueron siendo menos cordiales y fraternales. El “juego limpio” no fue una de las virtudes que caracterizaron el fútbol en estos primeros años. La institucionalización del fútbol había de pasar por las asociaciones de clubes, el consenso de Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 8 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix reglamentos y de competiciones. Entre las primeras discusiones que levantaron polvareda se encontraba la interpretación de las normativas del juego. En 1902 se hacía fehaciente la falta de un Reglamento (TORREBADELLA-FLIX y NOMDEDEU-RULL, 2015). En la particularidad del aristocrático fútbol madrileño, Vicente de Castro (1903, 1904), al mismo tiempo que aportaba consejos técnicos sobre el juego y el reglamento, advertía de la importancia de no degenerar el juego en combates de brutalidad: Pero hay que hablar mucho sobre el football; hay que cantar sus excelencias al mismo tiempo que se puntualizan sus peligros; debemos fomentar su práctica como deporte higiénico, como juego saludable entre jóvenes bien educados, y al mismo tiempo protestar de que se le desfigure y bastardee tomándole como pretexto para desahogar instintos brutales y como campo donde ejercitar a mansalva las más perversas inclinaciones. (DE CASTRO, 1904, p. 9) En estos primeros años, el Manual de sport de Antonio Viada (1903) era la única obra técnica en la que aparecían unas normas básicas sobre el juego y unos consejos útiles para los aficionados (NOMDEDEU-RULL y TORREBADELLA-FLIX, 2018). El primer consejo consistía en fijarse en el modo de juego de los profesionales ingleses, con pases precisos y utilizando raras veces el dribling, sin apenas provocar faltas. Destaca que, en el juego de los ingleses, el balón no se mueve apenas del suelo, organizándose un juego limpio y mecanizado, sin que “esas cargas de cinco delanteros lanzados a toda velocidad hacia delante, como ocurre a menudo en los partidos de aficionados que hemos visto en España” (VIADA, 1903, p. 512). Antonio Viada (1903, p. 514) también apunta la posibilidad de organizar en España “concursos de punta pie”, como una fórmula para el entrenamiento, siguiendo las formas que se utilizan en Inglaterra y Francia. El desconocimiento del Reglamento fue una las críticas más importantes (Pacientísimus, 1907). Entonces los árbitros eran jugadores de alguno de los equipos que participaban en las contiendas. El fútbol crecía desmesuradamente y no todos los equipos conocían las normas del juego. Así, por ejemplo, José María Garrido ponía como ejemplo la regla del fuera de juego, que según él apenas distinguía la afición madrileña: Por desgracia nuestra hay infinidad de jugadores que al comenzar su afición footballística, se creen que el foot-ball no consiste más que en dar patadas altas en preferencia con dirección á un marco de madera puesto en los extremos de un campo, equivocación que poco á poco va desapareciendo, pero que nunca llega a ser del todo. (GARRIDO, 1907, p. 116) Alberto Serra, el redactor deportivo de La Vanguardia de Barcelona y de El Mundo Deportivo, también narra la brutalidad del juego exhibido por muchos jóvenes que no entendían el verdadero sentido de este deporte: ¿Cuantos y cuantos principiantes al experimentar los efectos de las primeras cargas abandonan el sport en cuestión y no se Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 9 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix acercan ya jamás a un partido de foot-ball?... Debemos, pues, inclinar a nuestros adolescentes que por las condiciones físicas de raza han demostrado que son perfectamente aptos para este juego, hacia las prácticas del asociación, poro bajo la dirección al principio, de maestros gentlemen, esto es, que les eduquen en la destreza del juego, ya que la parte brutal del mismo sobrado se aprende más tarde, si es que conviene echar mano de ella. (SERRA, 1907, p. 152) Con los campeonatos pronto surgió la necesidad de prepararse técnica y físicamente, pero ¿cuáles eran los recursos al alcance de los aficionados para mejorar sus prestaciones en el juego? ¿Quiénes fueron los primeros técnicos y cómo se entrenaban? Estas van a ser las respuestas que vamos a considerar a continuación. Los primeros consejos sobre los entrenamientos que hemos localizado provienen de Arthur Johnson (primer entrenador del Madrid FC en 1910) presentados en 1902 en El Heraldo del Sport: Un partido no debe empezarse a jugar sin que cada team tuviera elegido de antemano su respectivo jefe para que éste ordenara y distribuyera a sus hombres como mejor tuviera conveniente. Esta medida tendría además la ventaja de evitar la excesiva charla y discusiones que por desgracia ahora existen. Los jugadores deberán jugar siempre en el mismo puesto y no cambiarse de unos a otros, siendo la principal ventaja de esta medida el conocer cada jugador el juego de sus compañeros y aprender a ayudarlos en caso de necesidad o peligro. El sistema empleado actualmente de que cada jugador cambie continuamente de sitio no es football. Los jugadores deberían emplear más astucia y agilidad en volver la pelota al juego cuando ésta se sale de las líneas que limitan el campo. Si se llevara esto a cabo bastaría con una hora u hora y media de juego en lugar de las dos o tres que ahora se emplean y que principalmente se dedican a conversaciones, fumar, etcétera. Debería también darse mayor atención a la ‘combination’ pues en la actualidad brilla por su ausencia. (JOHNSON, 1902, p. 2; POLO, 1993, p. 57-58). En esta primera época encontramos jugadores que más tarde y de mayores se harán entrenadores, árbitros y directivos de club. Al principio el “entrenador” solía ser el capitán del equipo. Entonces, el capitán era toda una autoridad, era el que entendía y dominaba mejor el juego; y fundamentaba la organización en la disciplina y la obediencia absoluta del equipo (FEMENIA, ca. 1920). Primeramente, estos capitanes solían ser jóvenes extranjeros o algún español que había estudiado fuera. El capitán era el que decidía la alienación del equipo, que entonces era clásica para todos los equipos, compuesta por cinco delanteros, tres medios, dos defensas y el portero. Esta alineación pude observarse en muchas de las viejas fotografías de los equipos de principios del siglo XX [Figura 2 y 3]. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 10 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix Figura 2. II Team FC Barcelona temporada, Figura 3. El Madrid FC temporada, 1902/03. Fuente: La Ilustración Artística, 1904/05. Fuente: “El foot-ball en 15 de junio de 1903, p. 15 (Biblioteca Madrid”, Nuevo Mundo, 27 de abril de Nacional) 1905, p. 12. (Biblioteca Nacional) En los albores del siglo XX, el método de entrenamiento consistía en el propio partido, a la sazón la mejor manera de aprender era jugando (Escardó, 1903). Los entrenamientos tenían lugar en los días festivos (los domingos) y la temporada se iniciaba después de los meses más calurosos (hacia noviembre) y duraba hasta primeros de abril. Entre temporada se practicaban otras modalidades deportivas (ciclismo, remo, natación,…) y se participaban en concursos atléticos, con lo cual se procuraba mantener la condición física durante todo el año (TUNMER y FRAYSSE, ca. 1910; Weber, 1909). Así, mucho antes de constituirse las federaciones atléticas, los clubs de fútbol fueron los pioneros del atletismo español. El fútbol era apreciado como un deporte atlético en equipo, y las prácticas atléticas se hacían determinantes para el buen juego. El Fútbol Club Barcelona (CARBÓ, 1924) fue uno de los primeros clubs en organizar competiciones atléticas (Los Deportes, 1899) y más tarde la propia Federación Catalana de Clubs de Foot- ball promoviendo concursos atléticos (carreras de velocidad, de resistencia, de obstáculos, saltos de altura, pértiga, longitud, lanzamientos, etc.), en la Fiesta Atlética de la Federación como colofón de la temporada (Editorial, 1913; MENSA, 1908). Incluso desde Cataluña se promovieron unos estatutos para integrar las especialidades atléticas a la futura Federación Española de Foot- ball (MENSA, 1909a). La segunda década (1911-1920) A partir de la segunda década aparece una literatura que se ocupa de transmitir unos rudimentarios consejos técnicos y reglamentarios del juego. Destacamos las aportaciones de Erns Weber (1909), Tunmer y Fraysse (1910), Hans Gamper (Hans, 1911), Alejandro Barba (1912), Georges Graham (1913), José Elias (1914) y Salvador Gibert (1918). De igual modo, en estas aportaciones también se remarcaba seguir con rigor los preceptos de la higiene y de una vida saludable y procurar un entrenamiento individual a fin de mejorar la condición física en el juego (Pérez-Martínez y Torrebadella-Flix, 2017). Todas estas obras destacaban el fútbol como un excelente medio de educación física para la juventud. Para Hans Gamper, el “Foot-Ball como Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 11 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix elemento pedagógico y de cultura física, es sin disputa alguna el mejor y más completo de los deportes” (HANS, 1911d, p. I). En la primera década en la que se instaura el fútbol en España, la figura más importante para el desarrollo del equipo era la del capitán (BERRAONDO, 1912), el cual también se encargaba de hacer la función de entrenador. Por ello, como afirma Weber (1909) el capitán usaba los entrenamientos para estudiar y rectificar el juego de sus compañeros, darles consejos prácticos sobre la forma de parar el balón, con fuerza o efecto, aconsejar a los porteros sobre acciones del partido, etc. La figura del capitán queda reflejada en este texto que incorporamos y no deja dudas para la interpretación, el sentido literal es muy explícito: […] las funciones del capitán de bando son semejantes a las que se requieren en un general; el equipo es un ejército en pequeño que debe saber mandar, instruir y dirigir y este debe tener en él una confianza ilimitada. Un equipo que tenga fe en la capacidad de su jefe posee ya uno de los elementos que debe conducirle a la victoria, así como por otra parte, la fuerza de sus once jugadores depende en gran manera de la habilidad de su capitán al hacerles maniobrar y al saber hacer obedecer. Si no tiene la confianza de sus subordinados, mal podrá hacerse obedecer y para poder mantener la disciplina en su bando debe tener sobre ellos una mayor autoridad puesto que el éxito depende de la obediencia pasiva de los jugadores. Un equipo que se permita discutir las órdenes y el modo de dirigir de su jefe, no hará nunca nada de provecho, y como éste es responsable de la buena conducta de sus jugadores, su autoridad, mientras este a la cabeza de ellos, debe ser absoluta. Este empleo necesita, pues, condiciones especiales que se adquieren; es un don de la naturaleza; se nace buen general, no se hace, y la ciencia del mando no es para todos. (TUNMER y FRAYSSE, ca. 1910, p. 28-39) Para Hans Gamper, el capitán era la máxima autoridad del equipo dentro y fuera del campo de juego: El capitán debe, por esencia, conocer al detalle, los mil y mil secretos del juego: debe haber jugado tanto en el ataque, como en la defensa, y, sobre todo, debe tenor autoridad moral indiscutible sobre sus equipiers. Pero, sobre todo, debe conocer en gran escala la teoría del foot-ball, y tener en cuenta que desde sus comienzos el foot-ball ha ido modificándose en proporción tal, que el dribbling que años atrás era objeto de ovaciones, merece hoy las censuras de todo buen jugador. Es menester, para lograr éxitos en la lucha, jugar los partidos bajo una verdadera táctica, que además de convertir el juego antes brutal, en lucha de inteligencia, le da una gran belleza y proporciona una íntima cohesión entre todos los miembros de un equipo. (HANS, 1911c, p. I) Siguiendo los consejos de Weber (1909), el entrenamiento de los delanteros, para que su juego estuviese perfectamente unificado, proponía Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 12 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix carreras a toda velocidad a la vez con pases de balón. Este ejercicio servía para que los jugadores cogiesen mutua confianza y aprendiesen también a realizar pases cortos y largos haciendo combinaciones entre los cinco delanteros. También hacían carreras de dribling de 50-60 metros. Además, para ejercitar el juego de cabeza, se le lanzaba con las manos un balón al delantero y este tenía que dirigirlo donde se haya establecido anteriormente. Para los chutes, no había nada mejor que chutar contra una pared, coger el rebote y volver a chutar. Los medios realizaban muchos pases en longitud para que fueran precisos, además de que tenían que prepararse físicamente para alcanzar todas las carreras del partido. Sabían que ellos eran los jugadores reserva de los delanteros. Los zagueros se dedicaban a hacer despejes a puntos establecidos, cada vez a más distancia y con mayor precisión. Para entrenar al guardián de límite (portero), se colocaban 3 o 4 jugadores con pelota y le realizaban chutes de manera aleatoria, así el guardián tendría que desarrollar los reflejos y la velocidad. Si se trataba de un equipo de principiantes y que solo entrenaban los domingos, no habría partido hasta los 6 meses. Los dos primeros meses solo harían juego por líneas, luego partidos entre ellos y a partir del cuarto mes, partido contra otros debutantes. A partir de aquí, la mejor manera de perfeccionar el juego era hacer partidos contra hombres nuevos y de diferente temperamento (WEBER, 1909). Asimismo, y como indican Tunmer y Fraysse (1910), la mejor preparación en el foot-ball era el propio juego, a poder ser contra un club contrario, ya que contra los propios compañeros el esfuerzo físico y la tensión eran menores. No obstante, era recomendable no jugar más de dos veces por semana. Aparte de los ejercicios del juego, el entrenamiento debía incluir deportes pedestres, carreras de velocidad, marchas forzadas y, para mejorar la fuerza física, deportes tales como la lucha, el boxeo, etc. De nada servían estos ejercicios si se lleva una vida poco arreglada. Así se consideraba perjudicial el trasnochar, levantarse tarde, comidas suculentas, bebidas fuera de hora de comida y los aperitivos. A partir de 1911, el juego individual que aún entusiasmaba a cierta parte del público, que premiaba con aplausos una carrera desenfrenada, un pelotazo dirigido a las nubes o una serie de regateos o driblings, siempre quedaba más arrinconado, y poco a poco se iba comprendiendo el valor que tenía el juego de conjunto. Además, un aspecto importantísimo era la colocación de los jugadores en el terreno de juego. El capitán era el que colocaba a cada jugador en aquella posición donde según sus cualidades mejor se desarrollaría. Así se cita que “la colocación en un bando de foot-ball equivale a la disciplina en los ejércitos”, por lo que ningún jugador puede abandonar su posición con independencia de lo que ocurriera en el partido (HANS, 1911a, p. VII). El aspecto táctico más relevante e importante en estas fechas, es la manera en la cual se ataca la portería contraria. Se destacan tres métodos: Ataque por el centro: Este ataque hecho con persistencia, tiene la ventaja do atraer a los medios y defensas enemigos al centro del campo, donde el juego se desarrolla constantemente. Y así, Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 13 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix una vez se consigue fijar la atención y el cuidado de los enemigos en el centro, la táctica consiste en pasar de pronto la pelota a uno de los extremos que han de estar siempre bien colocados, el cual, avanzando rápidamente encuentra el goal indefenso y puede tirar el shoot con grandes probabilidades de éxito. Ataque por las alas: Este método tiene por objeto conseguir, como medio de obtener goal, un efecto contrario al anterior. Así como el ataque de centro se propone atraer y agrupar el juego en el centro del campo para que los extremos queden libres, este por el contrario tiende a dispersar a los jugadores contrarios hacia uno y otro extremo, a fin de que desamparen el centro, y en el momento oportuno, forzar la meta por este lado. Ataque de toda la línea: Este es sin duda el mejor de los ataques. Mediante el, los cinco delanteros, dispuestos en forma de arco de gran radio, se pasan rápidamente la pelota de uno a otro de derecha a izquierda y viceversa, avanzando constantemente hacia el goal contrario, hasta llegar muy cerca de él. Si los delanteros saben practicar este ataque con rapidez y precisión, el juego, además de resultar muy elegante y de gran efecto, es casi siempre irresistible. (HANS, 1911b, p. VII-VIII). Hans Gamper (1911b) concedía un juego de delanteros especialmente centrado en los pases completamente rasos (de mayor rapidez en la recepción), por lo que había que insistir en los entrenamientos. A los medios les concedía mayor libertad de juego y la misión de: 1. Apoyar el ataque, no pisando nunca la línea delantera. Rematar el shoot en los corners y tener gran practica en los saques de castigo. 2. Tirar los hauts con inteligencia, pues esta jugada, aparentemente inocente, puede ser trascendental para el equipo. Un haut bien jugado equivale a una centrada peligrosa. 3. No descuidar la defensa, pero sin replegarse innecesariamente sobre el goal. 4. Marcar siempre al contrario y adivinar sus intenciones. 5. Practicar siempre un entrenamiento perfecto y concienzudo. (HANS, 1911g, I) Sobre los defensores, Hans Gamper (1911f) advertía que era el puesto más difícil de aprender, solamente pudiéndolo aquellos que estaban entrenados específicamente para serlos. En cuanto al portero era un puesto que debía decidir el capitán. Una de las características era la de haber jugado anteriormente como atacante, para así conocer las intenciones de estos. La mejor manera de entrenar el portero era disputando partidos de ensayo con poderosos atacantes y con sus propios compañeros defensores (HANS, 1911e). Otro método táctico que se utilizaba, tal como índica Lawday (1912), para la enseñanza del delantero sería colocarle de portero en diversas ocasiones, con el objetivo de ver los movimientos desde otra perspectiva y así poder mejorar en su función. Desde esta posición, se puede observar la táctica de los delanteros rivales, la colocación, las combinaciones, los movimientos, etc. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 14 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix Los primeros encuentros contra equipos extranjeros otorgaron un giro conceptual al sistema de juego. Los partidos disputados por el FC Barcelona en 1911 y 1912 contra equipos ingleses (United Hospitals y New-Crusaders) pusieron en entredicho las diferencias técnicas y evidenciaron el rudimentario conocimiento del juego de los equipos españoles. El encuentro contra el londinense New-Crusaders fue una auténtica lección de fútbol y el desconcertante juego inglés despertó a partir de entonces las cualidades de los jugadores catalanes (ARTELLS, 1972; CARBÓ, 1924): “Acompaña al juego de los Crusaders una precisión admirable y en todo momento hallan necesaria la combinación. Esta se establece entre todos los jugadores y es particular de las defensas el no dar fuerte al balón a ciegas” (FRANZ, 1912, p. 3). Seguramente la experiencia de este partido fue la causa de la incorporación en septiembre de 1912 de Mr. B. Barren, llegado de Inglaterra ex profeso para entrenar al FC Barcelona, y el de otros destacados jugadores ingleses como Lambe, Summer y Jack Greenwell (1884-1942), que años más tarde también se ocuparía de la dirección del equipo. A partir de entonces, el FC Barcelona incorporó la figura del entrenador, simultaneando en ocasiones con la del jugador (ARRECHEA, 2014). El libro de Georges Graham (1913) aportó nuevos elementos en cuanto a la técnica y el sistema de juego. Para Georges Graham, el trascurso del juego se reduce a dos acciones técnicas principalmente: detener la pelota y jugarla, pese a que casi siempre van unidas. Para detener la pelota es preciso conocer exactamente el efecto de la pelota, por lo tanto, no hay otra manera de conseguirlo que a través de la práctica y el entrenamiento. Para ello, tendrá que observar la rotación y velocidad con la que viene el balón para lograr su objetivo. Puede darse dos maneras de recibir el balón, o bien que la pelota ruede hasta el pie del jugador o bien que llegue por el aire. En el primer caso, para amortiguar la pelota el jugador doblará ligeramente la pierna derecha de modo que la suela del calzado reciba la superficie de la pelota. En el segundo caso, cuando la pelota viene por el aire y el jugador ha observado el efecto y la trayectoria de esta, pueden darse 4 opciones: a) Detener la pelota con la suela del zapato en cuento llegue a tierra b) levantar la pierna en el instante que la pelota da en el suelo y recibirla a su rebote bajo la pierna c) detener la pelota suavemente con la cabeza y hacerla deslizar a lo largo del cuerpo d) pasar la pelota a un compañero haciéndola rebotar sobre su cabeza. Una vez detenida la pelota se procede a jugarla. Hay 5 acciones posibles las cuales tienen que dominar los jugadores para ser denominados como tal: 1. Bloquear la pelota. Consiste en guardar la pelota para sí mismo evitando que la toquen el resto de los jugadores. Puede que sea la acción más difícil, requiere de equilibrio y gran agilidad. 2. Pasar la pelota. Consiste en enviar la pelota al compañero que está en mejores disposiciones de continuar el juego. Para esto es preciso tocarla por debajo con un golpe seco de manera que resulte un rebote muy pronunciado. Esta acción exige mucho ejercicio. 3. Driblar la pelota. Consiste en empujar hacia delante ligeramente la pelota con la punta del pie. Esta acción requiere que el empuje sea muy suave y se toque con la cara externa del pie. Para driblar bien, se necesita una pierna fuerte firme al suelo y la otra flexible sobre la pelota. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 15 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix 4. Shootear la pelota. Es la acción final a la cual van dirigidas las anteriores, es el puntapié final que da al balón para que entre a gol. El secreto está en la posición del jugador: debe mantener la pierna izquierda atravesada y a la mayor distancia posible de la pelota y con la derecha, la punta del pie lo más baja posible, se da un golpe seco y destacado. 5. Cabecear la pelota. Consiste en recibirla con la cabeza, para detenerla, para pasarla a un compañero o para efectuar un gol. Para que el golpe sea fuerte se ha de recibir la pelota estando en flexión sobre las piernas y tocarla con la frente. Georges Graham (1913) aportó el sistema de ataque escalonado por parejas. Se trata de una combinación en la que se divide el quipo por parejas. Éstas, en posesión del balón, avanzan y protegen el balón en colaboración mutua: …el que tiene la pelota con el pie, al ver que un adversario se lanza sobre él, pasa la pelota a su compañero; si la pareja es amenazada por dos o tres adversarios, pasa la pelota, hacia detrás o a derecha o a izquierda para que otra pareja que empieza el juego. (GRAHAM, 1913, p. 87) Asimismo, también cambia la posibilidad de realizar avances en triángulos (cinco delanteros, tres medios y dos defensas). Lo mismo sucedía en las situaciones defensivas. Al respecto, citaba que el sistema de triangulación había que automatizarse, por lo que era necesario disponer de jugadores que no cambiasen de equipo, para poder automatizar las acciones. Sin embargo, recalcaba que las combinaciones posibles podían ser muy variadas y que cada equipo debía encontrar su fórmula de juego de conjunto atendiendo a las características individuales de sus jugadores. Para alcanzar un buen sistema enunciaba tres virtudes: “destreza, endurecimiento para la fatiga y atención” (GRAHAM, 1913, p. 89). Según José Elias (1914), exjugador del FC Barcelona y autor del primer libro nacional enteramente dedicado al fútbol publicado en España (TORREBADELLA y OLIVERA, 2012), el secreto de las victorias de un equipo está basado en la capacidad que tengan en combinar el juego, ya que, aunque a nivel individual puedan ser inferiores a otros equipos, si se tiene una gran facultad para combinar, podrán ganar el partido. La anulación de la propia personalidad en beneficio del conjunto, la perfecta y estricta noción de que un futbolista es ante todo una parte de un equipo y éste es el que ha de ganar por el esfuerzo de todos, es lo que debe grabarse en la mente de un neófito si quiere conocer la victoria. Para José Elias los pases más efectivos son los cortos y bajos, para darle velocidad a la combinación, aunque si hay falta de apoyo o el compañero está muy marcado podría hacerse un pase más largo. Aparte de la combinación, un aspecto muy importante en un equipo es la colocación, que cada jugador se encuentre en el lugar que le corresponde y preparado para recibir el balón. Los jugadores de la misma línea deben avanzar y retroceder juntos para que la línea no se descomponga y así pueda actuar con mayor efectividad. Además, José Elias resalta que los jugadores que aspiran a llegar a un buen nivel deben jugar no solamente los domingos sino entrenarse dos o tres Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 16 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix veces por semana. Como indica Areal (1915), hay jugadores en esta época que solo aparecen por el terreno de juego el día del partido, notándose así un empeoramiento en su desarrollo del partido y además se sienten molestos cuando les recriminan su bajón a causa de la falta de entrenamiento. En 1916 ya se mencionaban cambios en el aspecto técnico del juego. Si en el pasado se recurría a los pases cortos y al individualismo a través del dribling, años más tarde el juego se basaba en el pase largo buscando terreno opuesto donde la colocación es lo más importante. Cubrir el terreno del juego completamente, sin dejar hueco por donde pueda escapar el enemigo o sitio abandonado donde el contrario pueda desenvolverse con entera libertad, es uno de los motivos de mayor éxito en aquel entonces, el cual requiere muchas horas de entrenamiento. Así lo consideraba el bilbaíno Domingo Villaamil (Chipli-Chapla): Para lograr la unión constante, permanente e inalterable en esta táctica de todo el equipo, se exige el pase rápido y largo, que permite al balón ir directamente de un puesto cualquiera al más opuesto, sea dentro de la misma línea o en otra distinta, sin necesidad de ningún intermediario, dando de esta manera al mismo tiempo una rapidez al juego que es imposible en la táctica antigua. (CH.-CH., 1916, p. 189). Otro aspecto a tener en consideración fue el de los distintos terrenos de juego con los que se encontraban los jugadores. El terreno de juego fue un importante condicionante para determinar los estilos de juego. En los campos de hierba de la zona Norte, el juego se creaba con pases largos, de fuerza y aéreos. Solamente podía ser de esta manera puesto que la hierba frenaba muchísimo el pesado balón de cuero de entonces, y todavía más si el suelo estaba mojado. Además, la blandura del terreno facilitaba una dureza en el juego con la asidua práctica de bloqueos y cargas, aspecto que incomodaba a los equipos adversarios al medio. Los equipos ajenos a este tipo de terrenos (catalanes, andaluces o de centro) se veían gravemente afectados demostrando en estas situaciones una significativa inferioridad (CHIPLI-CHAPLA, 1915b). Los campos de hierba neutralizaban los avances por continuos pases cortos, que era el modo habitual que desarrollaban los equipos de otras zonas de España acostumbrados a jugar en campos de tierra dura. …el fútbol en España se juega en terrenos que llamamos duros, por no calificarlos de mataderos de equipiers. Mientras no se tome una resolución radical en bien de la pureza de este sport y en bien de la integridad física de los muchachos que se exponen á perder la por practicarlo en semejantes terrenos, siempre existirán esos desconocimientos del piso que impone tácticas distintas, que hacen deslucidos los encuentros entre dos equipos de clubs de regiones que poseen campos de diferente naturaleza. (CHIPLI-CHAPLA, 1915a, p. 167) Salvador Gibert (ca. 1918, p. 15), del Sindicato de Periodistas de Barcelona, insistía en que el fútbol es un deporte de equipo y se debe sacrificar “el lucimiento personal”, y que la agilidad y la fuerza eran factores muy importantes para ser un buen jugador. Salvador Gibert criticaba que los Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 17 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix equipos españoles no disponían de una adecuada organización del juego, aspecto que se evidenciaba al comprobar el modo de jugar de los equipos ingleses: Así vemos en los campos españoles frenéticas carreras, desbocadas idas y venidas sin plan preconcebido, sin advertir en la iniciación de la jugada una combinación matemática estudiada para llegar al goal contrario. Los ingleses estudian las jugadas como en el ajedrez, los españoles y franceses, gustan cuando pueden apoderarse del balón de correr por su sola cuenta, es decir, por cuenta del individuo que lo lleva, de correrlo salvando obstáculos, regenteando al contrario que se interpone, persiguiendo equivocadamente el aplauso personal, si (rara avis) consigue rematar la jugada con un certero schot. (GIBERT, 1918, p. 17) Por esto Salvador Gibert sugería un juego con un dominio del balón a ras de tierra, sin despejes alocados, con una conducción controlada (cerca de los pies), prefiriendo los pases cuando se advierta que el balón puede ser arrebatado o interceptado. Insistía en que el pase no debe hacerse con la puntera sino con el interior del pie y que la recepción sea con control. Por todo ello, es mejor un juego basado en jugadas combinadas de pase antes que el dribbling (o regateo del balón). Las escuelas regionales de fútbol y la Selección nacional A finales de la segunda década del siglo pasado, la profesionalización en el fútbol adquiría carta de naturaleza en los principales equipos del país. Las diferentes formas de plasmar el juego, condicionadas por el terreno de juego, configuraron lo que vamos a denominar escuelas regionales de fútbol (andaluza, centro, norte y catalana). El hecho de alcanzar la hegemonía futbolística requería una mayor dedicación y especialización, pero también una mayor atención a las estructuras técnicas de club, con la figura especializada y profesionalizada del entrenador, labor que también contemplaba el seguimiento de los equipos inferiores y categorías menores (equipos infantiles). Los primeros entrenadores de fútbol especializados fueron ingleses. Debemos destacar primeramente al ex jugador inglés William Barnes que se ocupa del Athletic Club de Bilbao entre 1914 a 1916 y de 1920/21 (RIVAS, 2012; TURUZETA, 2012). Parece ser que el FC Barcelona fue el primer equipo español que pagó los servicios de un entrenador. En 1917 el inglés Jack Greenwell (ex jugador del FCB) se encarga de su antiguo equipo. En estos momentos se decía que el entrenador era la persona que debía “entrenar metódicamente a los jugadores, sin distinción alguna, del club en que ejerce su profesión” (ADRIA, 1918, p. 3). Durante varias décadas la figura del entrenador solamente estuvo presente en los equipos con mayor poder económico. A finales de 1915 se lanzaba la idea de crear un equipo nacional. Se proponen como técnicos a Barnes, Greenwell y del suizo Walter Germann de la Real Unión Club de Irún, además de otras personas que pueda asignar la Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 18 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix Federación… (CH. CH., 1915). No obstante, la escalada bélica europea frena la idea, hasta que en 1918 se retoma y aparece el asunto de crear un equipo nacional que se mida con equipos extranjeros. Tras finalizar la PGM y la reanudación del deporte internacional, el fútbol español estaba impaciente por medirse con las principales selecciones europeas. En la revista Foot-ball se pedía la presencia de una Selección en los certámenes internacionales inmediatos (SOM-HI, 1918). La Real Federación Española de Foot-ball (RFEF) todavía no había logrado ponerse de acuerdo para establecer un combinado, situación que preocupaba a ciertos sectores de la prensa deportiva. Al respecto se advertía que ante esta situación, no quedaría otro remedio que la independiente participación internacional de las Federaciones Regionales (M., 1919). La oportunidad estaba a punto de llegar con la reanudación de los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, pero la laxitud de la RFEF continuaba preocupando (J. T., 1919; KUNTZ, 1919; MOREU, 1919a, 1919b). En la prensa se hacía sentir, las discusiones para configurar el once inicial que defendiese a España. La problematización residía en las opiniones sobre los diferentes estilos de juego en el fútbol español: “el juego limpio, el juego sucio, el juego duro y el juego violento y bruto” (Del Faro de Vigo, 1918, p. 2). A finales de 1919 ya se habían patentizado los diferentes estilos de juego entre las escuelas regionales, y se abrió el debate sobre cuál era el mejor modo de jugar. Además, desde los núcleos regionales, el fútbol sirvió para excitar los espíritus nacionalistas (RICO, 1930). Con ello surgía un nuevo problema, el de presentar un combinado que no enervase las disputas que ya existían entre las Federaciones Regionales, y menospreciase de los distintos estilos que se habían construido en sus sendos campeonatos. El otro problema era la elección de un Seleccionador (entrenador) nacional de consenso. En la temporada 1919/20, el título de campeón de España había recaído en el FC Barcelona, que había ganado al Athletic Club de Bilbao (2-0). Ambos equipos representaban dos estilos de juego completamente diferentes. Conclusiones Durante la primera década del siglo XX, el escaso conocimiento del juego en general hacía que se confundiera el foot-ball asociación con el foot- ball Ruby. Muchos se iniciaban sin apenas conocer las normas básicas del juego. Esta circunstancia se transmitía en una tosca forma del juego, que no se caracterizaba precisamente por una disputa limpia por el balón. La violencia en el juego se hacía palpable y, aunque pueda achacarse a la falta de desconocimiento del Reglamento, no lo era tanto como la virilidad y manifestación de brutalidad que experimentaban los jóvenes de la época. Un juego de riesgo colectivo, que se trasladaba en una excitante batalla campal (sucedáneo del improvisado y popular juego de a pedradas entre bandos de aquella época), que substituía el aliciente que durante décadas había tenido el juego del marro en la juventud (BRASÓ y TORREBADELLA, 2015a, 2015b). Este sobreesfuerzo hacía necesaria una condición física, cuyo alcance se buscaba con los llamados partidos de entrenamiento, el único modo de aprender el juego y de mejorar las prestaciones técnicas individuales y de Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 19 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix conjunto. Asimismo, los jugadores son asiduos a otras especialidades atléticas en las que también destacan. Los escasos consejos técnicos de la época provenían de los jugadores ingleses o los estudiantes formados en Inglaterra. Los técnicos o entrenadores primitivos eran la figura autoritaria del capitán, y más tarde de antiguos jugadores. A partir de la segunda década del siglo XX, se destaca la figura de Hans Gamper, que es el primero que sintetiza un sistema de entrenamiento. Es a partir de entonces cuando se siente la necesidad de abastecer el fútbol español con una literatura técnica y se presentan las primeras obras monográficas, las cuales apenas se ocupan del modo de entrenar. En cuanto al sistema de juego, es significativa la clásica alineación que de forma invariable presentaban todos los equipos (cinco delanteros, tres medios, dos defensas y el portero). El sistema táctico más relevante se concentra en los diferentes métodos de ataque a la portería contraria. Pero esta visión cambia al fraternizar encuentros contra equipos extranjeros, los cuales ponen en evidencia la rudimentaria forma de jugar de los equipos españoles. Estas experiencias hacen cambiar el sistema de juego en los equipos más importantes de España. Se aprecia entonces un cambio de juego, ya no tan basado en el individualismo, los pases cortos y el regate, sino en pases más largos en busca de espacios libres y en una colocación más funcional y flexible de los jugadores. Aun así, y en general, los equipos todavía no se acomodaban a una organización verdaderamente colectiva del juego. Por otro lado, los entrenamientos son muy analíticos, es decir, consisten en unas acciones muy detalladas y repetitivas, intentando lograr así una mecanización de la jugada. La base del equipo se centra en los delanteros, jugando normalmente con 5 y con distintas maneras de atacar, tal como demuestra Hans Gamper (1911a) cosa impensable en el fútbol actual pero que así era en el primer tercio de siglo desde su instauración. El entrenamiento de estos se caracterizaba sobre todo por realizar pases entre ellos para adquirir seguridad y confianza, para conocer las características de cada delantero, por si tendrán que darle la pelota más fuerte o más floja, más adelantada o menos, etc. Los medios eran los reservas de los delanteros cuando estos estaban cansados, y su función principal era por un lado dar balones a los delanteros para que iniciaran el ataque y por otra intentar detener el avance del equipo rival cuando este tiene la pelota. Las defensas basaban su juego en despejar aquellos balones que les llegaban, sin complicaciones. Frecuentemente recurrían a realizar partidos a modo de entrenamiento, para poner en práctica aquello adquirido de una manera de entrenamiento más analítica y ensayar así aspectos a demostrar el fin de semana en el partido oficial. Hay que tener en cuenta que los equipos solían entrenar una vez por semana, dado los jugadores no se dedicaban sólo a jugar al fútbol, tenían que trabajar también. La manera de jugar fue cambiando desde su inicio en España, siendo un juego individual donde se premiaba un buen sprint conduciendo el balón sin que se lo robasen al jugador o aplaudiendo un buen regate o finta. A partir de la primera década del siglo XX, empezó a construirse un juego más basado en la combinación de jugadas y movimientos, siendo muy importante los pases entre jugadores, los desmarques y el juego combinado. Recorde, Rio de Janeiro, v. 13, n. 1, p. 1-28, jan./jun. 2020. 20 Pérez-Marínez, Torrebadella-Flix Como menciona Weber (1909), en los primeros años de fútbol en España, la figura del capitán no es la misma que la que conocemos hoy en día. En sus inicios, el capitán era el entrenador, el que daba las órdenes, el que colocaba a los jugadores en el campo y el que indicaba correcciones al resto de jugadores. Como hemos visto a lo largo de este estudio, hay grandes diferencias tanto en la metodología de entrenamiento y la manera de jugar de cuando se instauró el fútbol en España a la actualidad. El trabajo en los entrenamientos era muy analítico, ejercicios muy especializados para realizar correctamente los pases, con precisión, con la potencia adecuada; ejercicios de golpeo normalmente sin oposición; conducciones sencillas por las líneas del campo. Actualmente, estos ejercicios no se dan en la élite del fútbol, ya que todos estos aspectos los tienen más que interiorizados debido a los muchos años que llevan entrenándose. Por otro lado, están los conceptos más tácticos, donde las alineaciones contaban con cinco atacantes y esta era la base del equipo. Actualmente, los equipos no tienen más de tres delanteros, llegando a jugar más de un equipo con solo un jugador de referencia arriba. Este aspecto es uno de los cambios más notables respecto del pasado al momento actual, donde una buena defensa puede llegar a ganar un partido, mientras que antes lo más importante era atacar: “anotar goles” siempre ha sido lo más importante. Referencias ADRIÁ. El Entrenador. Foot-ball, Barcelona, 7 feb. 1918, p. 3. AREAL, E. Temas futbolísticos para antes de comenzar. Heraldo Deportivo, Madrid, 5 oct. 1915, p. 154 y 167. ARÓSTEGUI, Julio. La investigación histórica: Teoría y Método. Barcelona: Crítica, 2001. ARRECHEA, Fernando. Los primeros entrenadores de Fútbol Club Barcelona. Cuadernos de Fútbol, n. 58, 2014. Tomado el 16 de enero de 2017 de: http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2014/10/los-primeros- entrenadores-del-fc-barcelona/ ARTELLS, Joan Josep. Barça, Barça, Barça. FC Barcelona, esport i ciutadania: Barcelona: Editorial Laia, 1972. BARBA, Alejandro. Foot-ball, baseball y lawn tennis. Barcelona: Soler, 1912. BARDIN, Laurence. Análisis de contenido. Madrid: Akal, 1986. 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