RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte doi: 10.5232/ricyde Rev. Int. cienc. deporte RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte Volumen XVI - Año XVI Paginas: 153-179 - ISSN: 1885-3137 Número 60 - abril 2020 https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX Modern gymnastics in Spain and France. An equidistant and divergent Franco-Spanish relationship in the 19th century Xavier Torrebadella-Flix Universidad Autónoma de Barcelona. España Resumen En la historia de la actividad física, las figuras de Francisco Amorós, Hipólito Triat, Eugenio Paz y Vicente López Tamayo situaron en Francia y en España las bases empíricas y sociales del gimnasio moderno y de la cultura corporal del siglo XIX. La relación franco-española que existe entre estos cuatro pioneros es razón suficiente para reconocer sus méritos personales y, también, para indagar sobre la génesis de la cultura corporal contem- poránea y los vínculos sociales entre estos países. Una revisión de las fuentes originales de la época en ambos países propicia la relación empírica del momento histórico y la condescendiente inferencia a la hermenéutica crítica utilizada. Si, por un lado, la Francia republicana fue uno de los epicentros álgidos del movimiento gimnás- tico del siglo XIX y utilizó la gimnástica para cohesionar una conciencia nacional colectiva, por el otro, la España monárquica no pudo, ni deseó afrontar los retos políticos y sociales del momento histórico, es decir, utilizar la gimnástica como soporte a una cohesión nacional de las masas. Palabras clave: Historia de la gimnástica; Francisco Amorós; Hipólito Triat; Eugenio Paz; Vicente López Tamayo. Abstract As part of the history of physical exercise, the figures of Francisco Amorós, Hipólito Triat, Eugenio Paz y Vicente López Tamayo laid the empirical and social foundations in France and Spain for 19th century modern gym- nastics and bodily culture. The Franco-Spanish connection between these four pioneers is sufficient reason to acknowledge their personal merits and, also, to investigate the origins of contemporary bodily culture and the social ties between these countries. A review of primary sources of the time in both countries helps to connect the historical moment empirically with the subsequent inference from the critical hermeneutics used. While, on the one hand, republican France was one of the focal points of the 19th century gymnastics movement and used gymnastics to bind together a collective national consciousness, monarchic Spain, on the other hand, was unable and unwilling to face the political and social challenges of that moment in history and use gymnastics as a tool for instilling a national cohesion into the masses. Keywords: History of gymnastics; Francisco Amorós; Hipólito Triat; Eugenio Paz; Vicente López Tamayo. Correspondencia/correspondence: Xavier Torrebadella-Flix Universidad Autónoma de Barcelona. España Email: xtorreba@gmail.com Recibido: 10 de noviembre de 2019; Aceptado: 30 de enero de 2020 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Introducción E n la coyuntura de los movimientos gimnásticos del siglo XIX, la llamada guerra de sistemas de educación física puso en alza las confrontaciones científico-técnicas. No obstante, en el fondo de estas discusiones académicas subyacía otra guerra, la de las naciones y las razas (Torrebadella-Flix y Domínguez, 2018). En cierto modo se escondían las guerras políticas y el afán de conquista de las naciones europeas. Digamos que el punto más álgido y crítico de estos enfrentamientos llegó con la Guerra franco-prusiana (1870-1871). Es a partir del momento cuando algunos de los estados-nación de Europa asumieron la preparación gimnástica para germinar un nuevo teatro bélico y cuyo rumbo dirigió nuevamente a las juventudes a las matanzas de la I Guerra Mundial. Entonces, las llamadas gimnásticas, la atlética, la médica –ortopédica y terapéutica–, la higiénica, la funambulesca o artística, se difundían por el mundo aportando progreso y modernidad en distintos campos sociales; la gimnástica era presentada como un eficaz medio de regeneración física y moral. En las disputas de las principales potencias de Europa – Francia, Prusia, Bohemia, Suecia, Inglaterra, Suiza…– la gimnástica –o educación física– se entronizaba en la construcción de los imaginarios nacionales (Mosse, 2005), sin embargo, este no fue el caso de España, país que, atendiendo a las críticas de la época (Monlau, 1871), dormía en una absoluta indiferencia. En Francia, el Traité des dégénérescenses physiques, intellectueles et morales de la espèce humaine (1857) de Bénédict-Auguste Morel (1809-1873) activó las alarmas sociales a las enfermedades contagiosas y las sospechas hereditarias (Mosse, 2000), con lo cual, como medidas regeneradoras, se estimularon hábitos higiénicos entre ellos la gimnástica que se presentaba como solución a los males de corrupción y degradación social (Vigarello, 2005). Por eso, también la gimnástica autorizaba un nuevo estilo de vida sirviendo de antídoto al mito de la nación enferma, construcción intelectual que se asociaba en el paradigma del darwinismo social. No obstante, en esta coyuntura nacía una nueva forma de conceptuar la gimnástica –o cultura física– alejada de las disputas nacionales. Por lo tanto, la gimnástica se afirmaba en el campo doméstico y privado de “la regeneración física del hombre”, es decir, en una dimensión higiénica, recreativa y hedonista. Como veremos, la nueva gimnástica –de regeneración de la raza– abrazó también una visión estética, la de la belleza grecolatina del cuerpo, eso sí, completamente alejada de los escenarios bélicos de las naciones. Así trata Juliá (2005, 84) esta percepción que, en el caso particular de España, fue también retroalimentada en el imaginario de la burguesía, no obstante: “Si Francia degeneraba, España moría. Atentos como siempre están los españoles a lo que se decía en París, degeneración se añadió a decadencia como imagen de lo que estaba ocurriendo”. Como se verá, de nada sirvió para España la gloria alcanzada en Francia por el gimnasiarca valenciano Francisco Amorós y Ondeano (1770-1848), que inclusive tras su muerte apenas fue recordado en su país natal (Torrebadella, 2013c). En 1848 en España la gimnástica se encontraba en un claro retroceso respecto a Europa. La despreocupación del Estado fue total, y cuando existió la posibilidad de avanzar, la política se desentendió de los problemas de la educación gimnástica –o educación física–. Sobre esta cuestión, primeramente, señalar el rechazo al proyecto que el Conde de Villalobos presentó en 1845 con la intención de crear un Gimnasio Normal, luego, en 1849, la derogación de la asignatura de Gimnástica establecida en el Plan del Bachillerato de Nicomedes Pastor Díaz de 1847 para los Institutos y colegios de segunda enseñanza, que nunca llegó a implantarse. Solamente algunos colegios privados tenían el privilegio de incorporar una gimnástica, entonces ubicada en el corpus de las llamadas materias de “adorno”. En estos años, la gimnástica estaba representada por el 154 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 espectáculo de las compañías circenses, la aparición de los primeros gimnasios higiénicos y la tarea propagandística en Madrid del Conde de Villalobos (Torrebadella, 2013c, 2014b). Más tarde, bajo la influencia militar prusiana, que también se manifestaba en España (Del Corral, 1870), se intentó movilizar una gimnástica con miras a la educación, pero que, por otro lado, era antagónica a las solicitudes pedagógicas de los respetados intelectuales de la educación (Torrebadella y Brasó, 2019) como, por ejemplo, Pedro de Alcántara García (1875a, 1875b), que prefería los juegos corporales a los artificiosos ejercicios del gimnasio. No obstante, con los años –en 1892– y las demandas, también del colectivo gimnasiarca – profesores libres de gimnástica–, se logró que la gimnástica llegase a los institutos de segunda enseñanza, tal y como finalmente citó la Ley 9 de marzo de 1883, al crear la Escuela Central de Gimnástica (ECG, 1887-1892). Desdichadamente para el progreso del país, este centro de formación fue un intento fallido que demostró, una vez más, el escaso interés de la Restauración por satisfacer las necesidades más elementales de una educación física pública (Martínez Navarro, 1996). Aun así, en la coyuntura regeneracionista de la crisis finisecular, las aspiraciones privadas movilizaron la constitución de la Federación Gimnástica Española (FGE, 1898-1909); un proyecto en el que las discusiones perdidas tuvieron un foro general para expresar las inquietudes de un colectivo profesional preocupado –de higienistas, militares, profesores de gimnástica, …– por el fomento y desarrollo de la educación física (Torrebadella, 2014c). No obstante, entre España y Francia existió un vínculo muy arraigado, incluso pudiera decirse que los gimnasiarcas galos hablaban en español. Así es, pues que cuatro de sus principales representantes estuvieron muy conectados con el país vecino del otro lado de los Pirineos: Francisco Amorós, Hipólito Triat, Eugenio Paz y Vicente López. Sobre estos cuatro gimnasiarcas y su influencia en España durante la segunda mitad del siglo XIX es de lo que trata este artículo. A través de las realizaciones prácticas y obras literarias de estos gimnasiarcas modernos, así como de las noticias publicadas en España sobre el desarrollo de la gimnástica en Francia, se establece el objetivo del artículo. Este aborda la relación y la influencia de estos gimnasiarcas sobre la configuración de los primeros gimnasios higiénicos españoles. Asimismo, se desea vincular este período con el nulo uso de la gimnástica como dispositivo en la nacionalización española, una situación que resultaba incoherente en la coyuntura internacional de expansión de los nacionalismos europeos del siglo XIX. Hay que añadir que, si bien existen estudios singulares sobre algunos de estos gimnasiarcas, faltan aportaciones que indaguen sobre sus relaciones con España. Así, por ejemplo, lo menciona Fernández Sirvent (2018) sobre la figura de López Tamayo, gran olvidado en la historia de la gimnástica. De aquí que esta aportación se presente novedosa y sirva, además, para establecer una mayor significación de la influencia del país vecino recibida en España. Este estudio se ha elaborado a partir de un marco metodológico histórico. En primer lugar, se ha procedido a la búsqueda de datos sobre los cuatro protagonistas a través de fuentes secundarias y, también, originales de la época. El uso del texto original como fuente primaria ofrece una indicadora información que otorga fuerza a la interpretación que, si bien tiende a un enfoque positivista, también sugestiona el análisis de la problematización pertinente. Aparte, la relación analítica con otros estudios posibilita el establecer sugerentes campos interpretativos, y que no deberían escapar del contexto sociopolítico y cultural de la época objeto de estudio. Naturalmente, el relato se construye y se apoya con la historiografía y la bibliografía especializada producida en estos últimos años. 155 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Francisco Amorós La figura de Francisco Amorós en España no fue menospreciada, pero tampoco fue excesivamente venerada, por su condición de refugiado político –o afrancesado–. Si bien, se le atribuye el honor de ser considerado el fundador de la educación física en España y en Francia, la contribución española no puede calificarse de trascendente, ante la efímera existencia del Real Instituto Militar Pestalozziano (1806-1808) y, posteriormente, el ostracismo de su obra por el absolutismo de Fernando VII (Fernández-Sirvent, 2017; Torrebadella, 2013c). Aparte, hay que añadir que la influencia de la bibliografía francesa en España fue considerable, especialmente después de la muerte de Fernando VII (1784-1833), quien censuró durante su reinado (1808-1820 y 1823-1833) todo lo francés y liberal. Si las noticias de Amorós llegaron durante el Trienio Liberal (1820-1823), en el transcurso de la década Ominosa se guardó un profundo silencio. Fue nuevamente a partir de 1833 cuando aparecieron en la prensa las referencias sobre el gimnasiarca valenciano (Amorós, 1833). En Francia, Amorós se consagró entre los principales evangelistas de la educación física moderna (Arnal, 2009, 2011; Demeny, 1909; Fernández Sirvent, 2005, 2007; López Tamayo, 1882a; Morel-Fatio, 1925). Desde que Amorós logró la nacionalidad francesa, en 1819, su ascenso fue rapidísimo y toda la sociedad parisina –militares, médicos, pedagogos, aristócratas…– le rindió reconocimientos (Fernández-Sirvent, 2005). También fuera de Francia, Amorós gozaba de una considerable reputación, aún y las rivalidades que mantenía con otros gimnasiarcas que trataban de desfavorecer su protagonismo, como el propio Phokion-Heinrich Clias (1782-1854). No obstante, a partir del Manuel d’éducation physique, gymnastique et morale (1830) su notoriedad fue en aumento. En la situación española, la obra de Amorós tuvo una buena recepción y, aunque no se tradujo al castellano, fue parcialmente plagiada y su método se extendido entre otros manuales del siglo XIX (Torrebadella, 2011b, 2013a). Por otro lado, la influencia francesa de las obras literarias en la medicina terapéutica e higiene avalaron la gimnástica de Amorós y fueron altamente significantes para la configuración de los primeros gimnasios médicos, higiénicos y escolares (Fernández-Sirvent, 2018; Vicente-Pedraz y Torrebadella-Flix, 2015, 2017). Si algunos discípulos de Amorós se instalaron en España para abrirse en el campo empresarial de la gimnástica (Torrebadella, 2013b, 2013c), en el ámbito militar, el ejército envió a París a formar profesores, que luego desarrollaron el método en los distintos cuarteles, empezando por la Academia de Ingenieros de Guadalajara. De aquí viene que el ejército adoptara oficialmente, en 1852, la Instrucción para la enseñanza de la gimnástica en los cuerpos de tropas y establecimientos militares – tratado traducido del francés por el capitán José María Aparici (1824-1894) de la Academia de Ingenieros de Guadalajara–, que no era más que el método que ideó Amorós para el ejercito galo (Torrebadella, 2012a): El método seguido en la enseñanza es el del célebre coronel Amorós, fundador de la gimnasia moderna, de quien han sido discípulos los de este establecimiento, en el cual no ha habido que lamentar desgracia alguna en los cuatro años que lleva de existencia. (Regimiento de Ingenieros, 1849, 3) Con la visita de Amorós a Valencia, en 1839, para recibir el título de marqués de Sotelo se estableció uno de los primeros gimnasios civiles del país. El Gimnasio Civil de Valencia, interinamente establecido en el Liceo de esta ciudad, fue instalado bajo la supervisión de Amorós, que cedió los planos y las máquinas (F., 1839; D. M., 1839). Con la llegada de Amorós se inició un periodo de demandas para seguir el ejemplo de Francia: 156 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Asimismo, generosos paisanos míos, si deseáis y queréis que mi residencia en España sea más larga, y que los dos Gobiernos la autoricen, esta combinación sería muy fácil de realizarse. Los gimnasios que he fundado en muchas plazas y ciudades de Francia podrían establecerse en varios puntos del terreno de su vanguardia meridional, empezando por Valencia. En este mi primer viaje he pagado el tributo de mi gratitud y de mi civismo, trayendo conmigo los planos y los modelos que quedarán en vuestras diestras manos. Otros muchos tengo preparados con el mismo destino. Si no he abierto ya en Valencia el gimnasio que tenía proyectado es sabido por qué obstáculo inesperado estoy privado de este placer.... Pero como mi persona, mi celo y mi patriotismo están enteramente puestos a vuestra disposición, empleadlos según vuestro agrado, y permitidme que crea que nos honraremos todos dando a la España un método de educación, cuyo principal objeto es la beneficencia pública. (Amorós, 1839, 356) Así también, el reconocimiento de la gimnástica llegó al campo educativo e higiénico a través de las obras de autores que seguían las enseñanzas de Amorós. No obstante, si bien el método de este fue criticado por el Conde de Villalobos (1858), entonces el gimnasiarca más reconocido de España (Torrebadella, 2013c), la influencia de Amorós permaneció a lo largo del siglo XIX. Hacia la primera mitad del siglo XIX, en España se recibían las noticias del movimiento gimnástico europeo y se hablaba de “la regeneración física de la especie humana por medio de la gimnasia racional” (1848). Con la muerte de Amorós se había desvanecido, casi por completo, la divulgación de su método –aunque no su influencia– (Fernández, 2007). Así, llegaban noticias de las tendencias gimnástico-deportivas de otras naciones y su influencia en el campo educativo. Entonces, aparte de Francia, el punto de mira también se encontraba en los modelos de educación física de Prusia, Suecia e Inglaterra. En España, las noticias de estos países eran utilizadas para denunciar el atraso en la materia (Torrebadella, 2013a, 2014a), con lo cual se echaba de menos “la organización de una escuela o el arreglo de un tratado de gimnasia médica cual corresponde a los adelantos de este ramo “(Gimnasia…, 1856, 70). De todos modos, el paradigma gimnástico español miraba a Francia: Hasta aquí lo que decíamos también por nota en la primera edición. En la segunda añadimos, y en esta tercera repetimos, que el coronel Amorós ha fallecido, pero que su ardiente celo por la propagación de la gimnástica ha dado sus frutos. Los ejercicios gimnásticos forman ya, orden del Gobierno parte obligada de la educación en los liceos institutos y demás establecimientos pedagógicos de Francia. (Monlau, 1864, 478) Como se ha dicho, las noticias de Amorós en España empezaron a divulgarse a partir de la apertura liberal. Así se destaca, por ejemplo, en la historia infantil titulada “el alumno del gimnasio de Amorós” (1844). En este texto se presentaba la agilidad de uno de los niños instruidos por Amorós y se daba a conocer las excelencias de su método de educación física [figura, 1]. Concluyo esta historia recomendándoos roguéis a vuestros padres que os envíen a los gimnasios que o imitación del de Amorós, y bajo sus mismas instrucciones se han establecido en Madrid; fortificareis vuestro cuerpo y os haréis más buenos si es posible porque de ningún modo dado de vuestras excelentes cualidades, os lo aseguro, mis buenos amigos. (El alumno del gimnasio de Amorós, 1844, 27) 157 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 1. “El alumno del gimnasio de Amorós” El Mentor de la Infancia, 1844, 31 de agosto de 1844. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Así también, hay que destacar algunas interesantes notas biográficas que se ocuparon de la trayectoria de Amorós (Boix, 1846a, 1846b) y de algunos artículos esporádicos que daban noticia de los éxitos alcanzados en Francia (Amorós, 1847). No obstante, con los años se hizo efectivo el descredito de la gimnástica de aparatos, que frecuentemente estuvo asociada al método de Amorós. La oposición a la gimnástica de Amorós estaba argumentada por considerarla peligrosa y demasiado atlética. Entonces estaba de moda una gimnástica que se calificaba de más racional y científica, como la que estaban propagando algunos higienistas y los nuevos gimnasios llamados “higiénicos” (Vicente-Pedraz y Brozas-Polo, 2017; Vicente- Pedraz y Torrebadella-Flix, 2019). Años más tarde, también habría que añadir la posición contraria de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), cuya preferencia se inclinó por los juegos corporales de influencia inglesa (Torrebadella y Brasó, 2019). El modelo de educación física inglés, de preferencia en los jóvenes liberales de las clases acomodadas, desafió el predominio de la gimnástica. Entonces el sport apenas tenía representación en los discípulos de la ECG, institución que favorecía la línea pedagógica y técnica del sistema de Amorós (Álvarez Buylla, 1890; Fraguas, 1897; Institución Libre de Enseñanza, 1888; López Tamayo, 1882b, 1883; Serrate, 1886b). La influencia de Amorós sobre los gimnasiarcas españoles fue significativa (Torrebadella, 2014a). De todos modos, el profesor de gimnástica Emilio Castañón (1886, 83) mencionaba: “Amorós es un español casi desconocido en su patria ingrata, y respetado y adorado por los extranjeros”. Por otro lado, indicaba Álvarez Buylla, que en Francia el descredito hacia Amorós venía de personajes como el influyente Ph. Daryl –pseudónimo de Pascal Grousset (1844-1909)– (Lebecq, 2013), que acusó gravemente al valenciano: Su método sobrevivió para desdicha de nuestra salud nacional; el vicio de esta enseñanza ha sido implantar entre nosotros la idea absurda, deplorable, perniciosa a todas luces, de que para hacer gimnasia es preciso tener gimnasio; nada más monstruosamente estúpido. (Álvarez Buylla, 1890, 40). Pero en Francia no todos estaban de acuerdo (Fernández, 2007). Las prácticas gimnásticas habían evolucionado hacia nuevos modelos y finalidades. Así se sostenía que “la gimnasia, algún tanto desviada de sus mejores aplicaciones, corre peligro de convertirse en arte proveedor de nuevos atletas” (Dem, 1897, 3). Efectivamente, en el país galo los deportes 158 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 ingleses y los juegos corporales estaban abriéndose paso entre los jóvenes y suplían las tendencias gimnásticas de antaño (De Coubertin 1909; Thibault, 1997): Desde Amorós, hasta nuestros días, la gimnasia ha variado de carácter; hoy tenemos además de la puramente recreativa, la médica y la que se destina más que al tratamiento facultativo, más que a la conservación de las fuerzas, a la mera diversión de los jóvenes. (Dem, 1897, 3). Por lo tanto, hay que destacar la opinión de Fernández-Sirvent (2017, 269), que en el siglo XIX “ningún gobierno español mostró interés por la gimnástica, ni siquiera por su supuesto poder adoctrinador/nacionalizador”. Así pues, habría que añadir este vacío a la debilidad nacionalizadora del siglo XIX, en la que tampoco la escuela y el ejército supieron atender una oportuna ideologización nacional (Álvarez Junco, 2001). Este déficit de nacionalismo se manifestó en la crisis finisecular y los movimientos regeneracionistas de principios del siglo XX, y fue especialmente en el movimiento gimnástico-deportivo en el que se materializaron discursos de movilización nacional, entre ellos la FGE o la Institución Española de Educación Física (Torrebadella, 2014d). Sirva como ejemplo la propuesta realizada por el profesor Luciano Sampérez de Badajoz a la FGE, que insistió en recuperar la memoria de Amorós: El Sr. Sampérez dijo que en la enseñanza y en la práctica todos los Profesores siguen el método progresivo del coronel Amorós, desdeñado en España y muy bien acogido en Francia, y suplica á la Asamblea que se acepte oficialmente ese plan como tributo á la memoria de un buen patriota. (Federación Gimnástica Española, 1899, 592) Finalmente, hay que destacar, que la propaganda regeneracionista –nacionalista– e internacionalista que en Francia desplegaba el barón Pierre de Coubertin (1863-1937), en España paso prácticamente inadvertida. Además, a la ILE no le interesó seriamente el modelo atlético internacional que proponía Coubertin (López Serra, 1998; Otero, 1996). España estaba sumergida en una agonizante crisis política y colonial y, en 1896, momento de la Restauración de los JJOO modernos, la cultura deportiva permanecía aislada de cualquier capacidad organizativa y de concienciación nacional (Torrebadella, 2014d; Torrebadella-Flix, Olivera-Betrán y M-Bou, 2015). Triat y la modernización de la gimnástica Como en el dicho popular español, “A rey muerto, rey puesto”, tras la muerte de Amorós – “Fundador de la gimnasia en Francia. Muerto con el sentimiento de no haber podido hacer más por ella, a causa de los obstáculos que le han suscitado” (López, 1883, 29) –, sobrevino la figura de un joven gimnasiarca francés, Hippolyte Antoine Trilhac, natural de Nimes (1813-1881), llamado también Triat. Triat, hijo de una familia de funámbulos acróbatas, recorrió durante su infancia varios países europeos, hasta que a los quince años un accidente en una pierna le detuvo en Burgos. En esta ciudad estudió en el Colegio de los Jesuitas y permaneció hasta los 22 años. Allí se consagró a la lectura de los clásicos y continuó con una formación física que practicó en sí mismo hasta lograr un considerable desarrollo corporal. A partir de 1833 exhibió su cuerpo y un importante repertorio de ejercicios de fuerza por España, Francia, Inglaterra y Bélgica (Desbonet, 1932). 159 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 2. Escuela Normal de Gimnástica Civil y Militar de Triat en Bruselas. Fuente Annales Médicales Belges, 27 de agosto de 1843, 330. Fuente: Universidad de Gant (Bélgica) En España Triat fue muy conocido (Torrebadella, 2013b). En julio de 1833 actuó en el Teatro de la Cruz con el gimnasta francés Mr. Mathenet. Ambos se hacían llamar Alcides y Hércules, y ejecutaban números de fuerza y destreza: Primera representación de gimnástica ateniense inventada por el verdadero Hércules Mathenet, grade Alcides francés, Hércules de los Hércules de Europa, primer modelo de las academias reales e imperiales de cinco grandes potencias, vencedor de los torneos del medio día de la Francia oriental, primer vencedor de la lucha del pugilato, artista del teatro real de la puerta de San Martín de París, condecorado con varias medallas de distinción con que ha sido premiado como el primer modelo del mundo, &, &, acompañado de su primer discípulo, el señor Triat primer atleta de Francia, y primer modelo de varias academias de Europa. (Variedades Teatrales, 1834, 963) En 1838, Triat se instaló en un gimnasio particular en Liega y más tarde montó otro en el Colegio de los jesuitas en Brugelette (1835-1854), lugar en el que pudo experimentar ampliamente al ocuparse de la educación física de 250 alumnos (Delheye y Renson, 2002; Triat, 1843). Hacia 1840 se trasladó a Bruselas en donde estableció una Escuela Normal de Gimnástica Civil y Militar para ambos sexos, en la c/ Ligne, núm. 7, cuyo método ya difería al de Amorós [Figura 2]. Pero se ha dicho que entonces “Triat enseñaba una gimnasia atlética violenta, semejante a la de Amorós: sus trabajos hercúleos no podían convenir a los niños que asistían a las escuelas” (Sluys, 1906, 195). Sin embargo, el método de Triat fue muy conocido y recibió la protección de las autoridades médicas. En Bélgica su influencia hizo que en 1842 se incorporase la gimnástica obligatoria en las escuelas de educación primaria y, en 1846, solicitó al Gobierno la protección oficial de un Gimnasio modelo nacional (Andrieu, 1992; Delheye y Renson, 2002; Marinus, 1846). En líneas generales, el método de Triat fue más deportivo –de desarrollo muscular– y más doméstico que el de Amorós y se acercó a toda la familia, puesto que diseñó una gimnástica personalizada para las mujeres en la que también se utilizaban pesas pequeñas (Andrieu, 1992; Delheye y Renson, 2002; Desbonet, 1932; Triat, 1842, 1843). 160 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 El éxito del método de Triat le llevó a París y, en 1846, con el reputado Dr. Nicolas Dally (1795-1862), solicitó al Gobierno provisional de Francia el establecimiento de un Gran Gimnasio Central (Dally, 1848, 1879). Un año más tarde, Triat y Dally levantaron el gimnasio más completo de todo el siglo XIX (Dally, 1879). El gimnasio fue estableció en la Avenida Montaigne, 36 (Champs Élysées). Consistía en un glamuroso centro de cultura física que pronto fue el punto de encuentro de la alta sociedad parisina. Esta circunstancia coadyuvó a vulgarizar la cultura física a otros sectores populares de la población. Figura 3. 1850. Academia Normal de Gimnástica en la isla Billancourt, proyecto de Triat y Dally, que fue rehusado por el gobierno francés. Fuente: Demeny (1909). Con la muerte Amorós –el 8 de agosto de 1848–, meses después de la revolución que condujo a la abdicación de Luis Felipe I de Francia, pronto se revelaron los enemigos para desacreditar el sistema gimnástico del valenciano (Verdal, 1923), sobre el que decían: “faltaba la ciencia y el talento” (Presse, 1848, 4). La alternativa se encontraba en Triat, que era aceptado al proponer un método de gimnástica francesa, que se decía era más acomodado a la higiene y al carácter francés (Torrebadella, 2013c). El gimnasio de Triat dispuso de un complejo de espacios que posibilitaban una amplia variedad de prácticas físicas y deportivas: zona de natación en el río Sena, picadero, pista para carreras pedestres, zona para ciclistas, zona de levantamiento de pesos, zona para la esgrima, zona de luchas, zona de gimnástica de aparatos, … [figura 3]. Esta escuela de educación física se apartó de los ejercicios militares de Amorós y se caracterizó por incorporar un método sistemático de ejercicios de barras con pesas, con el objetivo de mejorar el desarrollo de la fuerza y el volumen muscular (Delheye y Renson, 2002; Desbonet, 1932). El literato Paul Féval (1816-1887) elogiaba a Triat diciendo que su gimnasio era un monumento al progreso [figura, 4]. Féval fue un importante propagandista de Triat y sus artículos eran divulgados en las mejores publicaciones de Francia y en el extranjero (Féval, 1852, 1853; Triat, 1853). En España se decía: Teatro donde cada cual puede ser actor, lugar de placer único, porque allí el placer enerva, mientras en este el placer restaura y fortifica, abrigo para los ociosos, descanso para los que trabajan, arena de la juventud robusta, piscina donde la virilidad, vencida por nuestra civilización, viene a cobrar nuevas fuerzas; gimnasio, en fin, gimnasio en toda bella y lata acepción de la palabra: tal es el destino del monumento elevado por M. H. Triat al progreso y a la regeneración física del hombre. (Féval, 1852, 2) 161 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 4. Gimnasio de Triat. Musée des families, 1856. Fuente: Bibliothèque Nationale de France. Aparte, recibió la validación frenológica del Dr. Castle (1859), lo cual todavía magnificó su compromiso social y el altruismo en pro del progreso de la humanidad. Triat fue quien utilizó el lema: “Regeneración del Hombre”. Este lema que tenía colgado en el frontispicio del gimnasio ofrecía un giro conceptual cuya influencia trascendió rápidamente por toda Europa. Tanto es así, que a Triat se le ha considerado como el precursor de la cultura física moderna (Andrieu, 1992; Gleyse, 2018; Roach, 2008). En cuanto a la expresión corporal, se iniciaba una nueva etapa en el proceso de civilización de la cultura física. La gimnástica y los gimnasios modernos conformaron el desarrollo de las costumbres urbanas y, además, activaron un modelo de higienizar y de modelar el cuerpo. Así renacía, tanto en el hombre como en la mujer, una mirada a la estética corporal, según el estándar de belleza clásico. Con Triat se inició el llamado “culturismo”, es decir, el desarrollo armonioso y estético de la musculatura del hombre y que J-J. Winckelmann (1717-1768) resituó como el estereotipo burgués de la belleza masculina [figura 5]. Sobre este imaginario, Triat condicionó la imagen del hombre a una estética masculina moderna (Andrieu, 1992; Mosse, 2000); el hombre burgués también podía poseer un cuerpo robusto, fuerte, sano, elegante y bello. Sus métodos de desarrollo muscular proporcionaban una nueva belleza del cuerpo viril, que recuperaba el cuerpo hercúleo clásico. Pude decirse que con Triat se iniciaba el culto narcisista de la corporalidad (Andrieu, 1992) que más tarde desarrollaron Eugen Sandow (1867-1925) y Edmond Desbonnet (1867-1953). Así, los ejercicios de musculación mediante el levantamiento de pesas dieron origen a la halterofilia y a una incipiente manifestación del body-building actual (Gleyse, 2018). Con este giro conceptual, el endurecimiento y fortalecimiento del cuerpo ya no se concebía solamente para el manejo de las armas, el espectáculo gimnástico o para el restablecimiento de las enfermedades, sino también por estética, por placer y culto al cuerpo. Finalmente, en el gimnasio de Triat, después del esfuerzo muscular, el cuerpo recibía la recompensa de los masajes, las fricciones y la hidroterapia. 162 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Efectivamente, Triat revolucionó el concepto de la cultura gimnástica y presentó un modelo completo, amplio y ecléctico que atendía a todas las necesidades personales de los usuarios. Así, en el gimnasio de Triat tuvieron cabida prácticas deportivas, gimnástica acrobática, los ejercicios de pesas, la gimnástica de recreación, la gimnástica de estética, la hidroterapia, los masajes… todas las líneas y, entonces, nuevas tendencias que podían concebirse en el gimnasio moderno. El método de Triat no contempló una gimnasia militar, sus métodos se distanciaban de la guerra y proporcionaba prácticas saludables para una sociedad en paz. Eso sí, Triat fue el primero que utilizó la gimnástica para hacer negocio. Figura 5. Hippolyte Triat: “Esclave près d’un tombeau dans la campagne romaine” de Ernest Hebert (1841). Fuente: La Tronche: Musée Hébert. Si las mujeres recibían las lecciones de la señora Triat, los hombres, por el precio de doce lecciones, recibían las atenciones directas de Monsieur Triar. Una primera parte de los ejercicios se hacía en conjunto y en una correcta formación militar. Triat, con bastón en mano, daba las voces de mando y dirigía con autoridad al ritmo del tambor toda una serie de movimientos gimnásticos perfectamente programados. Luego, al terminar esta lección inicial –calentamiento general–, los usuarios proseguían sus actividades gimnástico-deportivas en las diferentes estancias (Demeny, 1909; Soldan, 2017). El literato peruano Pedro Paz Soldán y Unanue –seudónimo Juan de Arona– (1839-1895), recordaba cómo eran las sesiones de ejercicios que se organizaban en el gimnasio: Las doce lecciones importaban al mes 26 francos. Se daban además al entrar, cuarenta francos para el traje gímnico, por decirlo así́, que consistía en un calzoncillo de punto de lana colorado, una camiseta de lo mismo; azul, una faja también de lana colorada y unos borceguíes de gamuza amarilla sin tacón y cerrados sobre el empeine por cordones y pasadores. (Soldán, 2017, 61). Por otro lado, en este escenario de culto al cuerpo, podríamos divisar los rasgos de un ambiente homoerótico que vendría revelado por las prácticas de proximidad física, como las luchas a cuerpo desnudo [figura, 6], los baños y los masajes (Vicente-Pedraz y Torrebadella- Flix, 2019): 163 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Cubiertos de sudor nos dirigíamos cuando queríamos retirarnos, a la primera galería en donde nos habíamos desnudado. Allí nos inclinábamos apoyados en las manos, sobre una mesa de lavatorios corrida. El mozo llegaba; nos sacaba del cuerpo la camiseta; empapaba un guante de áspera cerda en el agua helada por diciembre en el fondo de la cuvette, y comenzaba a frotarnos rudamente y a lavarnos de la cintura arriba. (Soldán, 2017, 61-22). Figura 6. Ejercicio de lucha en el gimnasio de Triat. Féval en La Santé Universelle. Guide Medical des families (1853). Fuente: Bibliothèque Nationale de France. Nicolas Dally –el socio de Triat– es quien impulsó el discurso degeneracionista inducido por las imaginadas creencias sobre las enfermedades hereditarias que estimulaba el darwinismo social y que ponía el foco en las corruptas costumbres y la miseria, entre estas el funesto vicio de la masturbación (Torrebadella-Flix y Vicente-Pedraz, 2016). Aprovechándose de los avances terapéuticos de la gimnástica médica, Dally (1848) contraponía un modelo de gimnástica racional –fuera de las prácticas acrobáticas– a las costumbres sociales viciadas y apoltronadas de la época. Así se posicionó a favor de la gimnasia sueca de Per Henrik Ling (1776-1839), pero también no abandonó el sistema de Triat, puesto que este era el que tenía más éxito en Francia. Dally dispuso en París de otro gimnasio, independiente al de Triat (Andrieu, 1992; Prot, 2010). En España, durante la década de los años sesenta se gestaron los primeros gimnasios higiénicos. Barcelona y Madrid fueron las ciudades que acogieron estas nuevas empresas de culto al cuerpo que también utilizaban el mismo lema de Triat: “Regeneración del Hombre” (Vicente-Pedraz y Torrebadella-Flix, 2019; Torrebadella-Flix, Rivero-Herraiz y Sánchez- García, 2019). Por otro lado, en Francia, la hipervaloración de la figura de Triat servía además para ignorar o desacreditar la obra de Amorós: Antes de fundarse el gimnasio Triat, únicamente los acróbatas y los bomberos sabían de gimnástica en Francia. Pero desde que Mr. Triat demostró prácticamente todas las ventajas de los ejercidos corporales para el acrecentamiento de las fuerzas y la conservación o restablecimiento de la salud, la atención pública se fijó en la gimnástica, y los periódicos se ocuparon de ella. (Commentant, 1862, 10042) 164 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 No obstante, hay que destacar la atención que Triat prestó a la gimnástica de la mujer; una ventaja que posibilitó que algunas jóvenes se adentrasen a esta profesión, por otro lado, tan naturalizada en los hombres (Torrebadella, 2011a, 2013d; Torrebadella y López-Villar, 2016). Así, por ejemplo, en Barcelona, Francisca Vall, aventajada profesora de gimnástica en los mejores colegios femeninos de esta ciudad, estableció en 1862 el “Gimnasio Higiénico de Barcelona. Modelo sacado de los mejores de París, exclusivo para señoras”; decía esta profesora poner en práctica sus analíticos estudios aprendidos en París (Vall, 1862, 19.062). Eugenio Paz Eugenio Paz (1836-1901), natural de Burdeos e hijo de padres españoles expatriados, desarrolló en Francia una intensa labor profesional y propagandística en pro de la gimnástica [figura 7]. Paz se asoció con Triat y ambos abrieron, el 15 de octubre de 1865, el Grand Gymnase en la rue des Martyrs, 34. Este gimnasio también fue el más popular y reconocido de París. A él asistían las elites sociales y los mejores gimnastas del espectáculo circense. Paz (1867) organizó asaltos de esgrima, combates de lucha y promovió todo tipo de retos gimnásticos, con lo cual se adelantaba al ambiente gimnástico-deportivo o del sport. Por otro lado, fue un incansable propagador de la cultura física y su labor fue totalmente reconocida (Demeny, 1909; López Tamayo, 1882a; Tissié, 1901). Fundó Le Moniteur de la Gymnastique Scolaire, Hygiénique et Médicale (1868-1873), una revista mensual que fue la primera de su género. En 1873 fundó y presidió la Unión de Sociedades Gimnásticas de Francia (USGF) – cuyo lema era Patria, Coraje y Moralidad– (Un Gymnaste patriote, 1888) y creó Le Gymnaste, órgano portavoz de la USGF, cuya primera Asamblea se realizó en el mismo gimnasio de Paz (Arnaud, 1995; Paz, 1881). En estos años, el Estado francés se interesó por organizar un sistema nacional de educación física. Paz fue comisionado por el gobierno para revisar el desarrollo de la educación física en Europa. Las conclusiones fueron conocidas en el Rapport de Hillairet (Paz, 1868a, 1868b) en el que se “condenaba la gimnástica amorosiana, cuyo defecto estaba en la falta de base científica” (Sluys, 1906, 194). Por su parte, Paz se fijó en la organización de la gimnástica en Prusia, que consideró el mejor sistema de educación física que había, al centrarse este en una sistemática aplicación militar (Tissié, 1901). La propuesta de Paz también fue conocida en España: Sera de desear que para restringir el dominio de cuartel se extendiera extraordinariamente el de la sala de gimnasia y que independientemente de los movimientos del pelotón llevados a tal alto grado de perfección entre los niños de nuestros de vecinos, fuere obligatorio el manejo del arma á la edad de diez y seis años, para todas las clases sociales y en lodos, los grados de educación. (Boletín de Comercio, 1868, 2) Los manuales de gimnástica escolar de estos años reflejaban auténticas lecciones de ejercicios militares desatendiendo los preceptos de un ejercicio higiénico y racional (Spivak, 1977). No obstante, como apunta Vigarello (2006, 308), Paz fue “el primero en presentar su gimnástica como un modelo de lucha global contra todos los males” (Vigarello, 2006, 308). 165 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 7. Eugenio Paz. Fuente: Tissié (1901, 82). El gimnasio de Paz era también elogiado por Émile Zola (1840-1902), quien en esta misma época, en un artículo sobre “La littérature et la gymnastique” (Zola, 1866, 57-66) recomendaba la lectura La salud del espirito y del cuerpo por la gimnasia (1867) –edición original de Paz publicada en 1865–: “Aplaudo sin reserva las conclusiones del libro; celebraría yo que todo París, como la antigua Lacedemonia, se fuese al campo de Marte, para ejercitarse allí en la carrera y en otros trabajos corporales” (Zola, 1890, 31). Los modernos aparatos de gimnástica diseñados por Paz también se vendían en España. Uno de ellos era el Gimnasio doméstico graduado [figura, 8], que permitía “todos los movimientos y posiciones del cuerpo, ejercitando sucesivamente todos los grupos musculares o localizando, si se quiere, el ejercicio, ya de un miembro, ya de una articulación” (Paz, 1873, 748). 166 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 8. Gimnasio doméstico graduado, El Americano, 27 de enero de 1873, 748. Fuente: Biblioteca Nacional de España. “Varios periódicos parisienses” (1878, 3) dieron noticia del artículo publicado en La Época, por un conocido literato, con el pseudónimo de Asmodeo. Este era Ramón Navarrete y Fernández de Landa (1822-1897), que mencionaba: “mucha falta hace también que personas inteligentes y bien intencionadas promuevan la formación de la primera sociedad de gimnástica de Madrid” (Asmodeo, 1878a, 1). Uno de estos periódicos parisinos era Le Gymnaste, órgano de las Sociedades gimnásticas de Francia. Ramón Navarrete insistía en dar a conocer el gimnasio de Paz, por ofrecer la gimnástica de los “pueblos cultos”, muy poco conocida y practicada en España: Desde la mañana hasta la noche se suceden en el establecimiento de la calle de los Mártires clases de gimnasia para hombres, adultos, señoras, señoritas y niños, donde unos vienen a emplear la exuberancia de su vida inactiva u ociosa, y a restablecer el equilibrio entre la producción y el gasto de su fluido vital; y los otros, por el contrario, a adquirir la energía que les falta; en suma, donde los jóvenes y los viejos acuden a desarrollar y rectificar los defectos de su conformación física. (Asmodeo, 1878b, 1). En 1879, después de la muerte de Triat, este gimnasio fue traspasado al médico y ortopedista Chrétien-Armani Heiser. La publicidad del gimnasio difundida en la prensa española –entre 1884 y 1885 [figura 10]– coincidía con la reseña de la obra de Paz, La salud del espirito y del cuerpo por la gimnasia (1865) y del citado artículo de Zola, que el gimnasiarca José Sánchez y González de Somonano (1850-1913) publicó en Propaganda Gimnástica (Torrebadella- Flix, 2018). El Sr. Paz, no contento con haber formado uno de los principales gimnasios de París y de haber gastado su juventud en el rudo trabajo de la profesión, hace muchos años tiene establecido un gran taller de aparatos de gimnasia, del cual salen esas grandes máquinas de distintas y útiles combinaciones, que todos debemos conocer. Hoy el gimnasio del Sr. Paz ha pasado a ser propiedad del Sr. Heiser, que continua sus trabajos y sigue construyendo los aparatos citados. Los amantes de la gimnasia felicitamos al Sr. Paz por cuanto ha contribuido a fomentar y enaltecer nuestra profesión, tanto con su trabajo físico como el intelectual, produciendo estas tres obras, que dan clara idea de sus vastos conocimientos de la ciencia gimnástica. (Sánchez, 1884, 103). Émile Zola criticaba la sociedad parisina por su sedentarismo y ociosidad, y no dudó en recomendar los beneficios del ejercicio físico: “La gimnasia será, por lo tanto, puramente una medicación. He ahí lo que es preciso explicar. Será una medicación, porque sólo motivos de salud nos la imponen, porque no la aceptamos por nuestro gusto” (Zola, 1890, 35). Este mismo año, el Conde de Villalobos (1865, 233) citaba: “En España la instrucción gimnástica pudiera no tener nada que envidiar, pero está en el más lastimoso desorden; todo el que quiere se titula profesor, establece un gimnasio, se utiliza de sus productos, malbaratara la salud de los que se ponen en sus manos, y nadie le dice una palabra”. Así, mientras en la Facultad de Medicina algunos discursos para alcanzar el grado de doctor se lamentaban del atraso de la gimnástica en España (Torrebadella, 2012c), en la prensa española se mencionaba que el gimnasio de Paz era probablemente el mejor del mundo: En 1865 empezó Mr. Paz a manifestar su aptitud para la gimnasia médica, casi desconocida hasta entonces en Francia; fundando en la calle de los Mártires, número 34, un vasto y magnífico establecimiento, que mejora, desarrolla y embellece cada año mas, y que hoy es tan conocido en Viena, en Moscú y en Londres como en el mismo París; porque en todas las ciudades de Europa se han introducido y adoptado sus aparatos ortopédicos, y especialmente sus maravillosos armarios llamados gimnasios de gabinete, de mecanismo tan útil como sencillo. (…) 167 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 En Madrid, en España no se sabe, o se sabe poco, que los médicos franceses formulan una receta hidroterápica o gimnástica como una receta farmacéutica; y que envían los enfermos a Mr. Paz con la más completa y absoluta confianza, sabiendo que el hábil e inteligente profesor tiene a su servicio, y en las mejores condiciones, los dos agentes terapéuticos mas poderosos: el movimiento y el agua fría. (Escobar, 1876, 1) Las noticias de los éxitos de los gimnasios parisinos tuvieron en España un importantísimo eco. Así, por ejemplo, hay que destacar el gimnasio construido de nueva planta de Paulino Charlen en Bilbao [figura 9] que, según su propietario, seguía el que tenían Triat y Paz en París. El gimnasio de Charlen fue dirigido por el profesor Felipe Serrate (T., 1875; Serrate, 1886b). Figura 9. “Bilbao. Nuevo gimnasio normal, higiénico y terapéutico de los señores Charlen e Hijo”. La Ilustración Española y Americana, 22 de diciembre de 1875, 397. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Vicente López Tamayo Vicente López Tamayo, natural de Burgos en 1839, y formado como gimnasiarca en Madrid, fue alumno del Conde de Villalobos y más tarde colaboró con el francés Víctor Vignolles que, en 1861, después de trabajar en varios gimnasios de Barcelona, se estableció en la Corte. En Madrid, López Tamayo también colaboró en los gimnasios de Juan Goux y de Ramón Caminals (Torrebadella-Flix, Rivero-Herraiz y Sánchez-García, 2019). Como cuenta José Sánchez y González de Somoano (1882, 5), ex alumno de López Tamayo en el Gimnasio de Vignolles, su profesor, al considerar que necesitaba “más ancho campo para poder desenvolver sus ideales gimnásticos, y no dándose en España a este arte la importancia que realmente tiene y se le da en otras naciones, resolvió trasladarse a Francia”. Al llegar a París se puso a trabajar en varios establecimientos y se fijó en él, el profesor Paz que le propuso compartir la dirección –segundo jefe– de se nuevo gimnasio de la calle Martyrs. A partir del momento, López Tamayo fue la mano derecha de Paz; se encargó de fomentar la creación de sociedades gimnásticas y, además, se ocupó de la confección del programa de la primera Fiesta Federal de la Sociedades Gimnásticas de Francia. López Tamayo, por ser español, sufrió el recelo de los franceses que trataron de despreciar su trabajo, pero fue entonces cuando se instaló en el gimnasio fundado por M. Nicolas en la rue Colisée, 34 en los Campos Elíseos (Castañón, 1887). El Gimnasio Médico López fue ampliamente reformado con todas las condiciones higiénicas y servicios, disponía de sala de 168 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 armas y de los últimos aparatos de gimnástica, algunos de invención propia, un gabinete médico, en el que los facultativos atendían a los usuarios, sala de hidroterapia, etc. (Lallier, 1890, 329). Si bien la prensa francesa se ocupó muy poco en destacar la figura de López Tamayo, al menos sí que alguien le reconoció su contribución (De la Balme, 1887): Miembro Honorario de un gran número de Sociedades francesas, miembro honorario de la Sociedad de la propaganda de la gimnasia escolar en Bélgica, director honorario de gimnasios de España, el Sr. López colaboró con el periódico Le Gymnaste en el momento de su creación, Republicano, Circo, El Gimnasio de Madrid, a los trabajos de M. Eugene Paz en gimnasia, y escribió la historia de la Gimnasia, cuyo primer folleto fue publicado, y los otros pronto aparecerán. Su biblioteca contiene la más completa y la más curiosa colección de libros que es posible para encontrar en gimnástica. Habremos dicho todo sobre este valiente pionero del gimnasio cuando hemos aprendido a nuestros lectores que, bajo las órdenes del Sr. E. Paz, él fue un maestro de escuela durante seis años, en el Instituto de Condorcet, en el colegio de Monge, en el colegio de Chaptal, etc. (Lallier, 1890, 329). Cuando el Gimnasio de Paz se traspasó a Heiser, López Tamayo continuó como director en este y en el gimnasio de la rue Colisée, 34 (Fernández, 2005) [figura 12]. La prensa española también divulgó las excelencias de este gimnasio que disponía de 47 profesores expertos – hoy diríamos entrenadores personales– para atender a todo tipo de usuarios. [figuras 10 y 11] Figura 10. La Discusión (Madrid), 14 de septiembre de 1884, 4. La Paz, Murcia, 17 de agosto de 1884, 4. Fue a partir de entonces cuando el gimnasiarca español se propuso restablecer la memoria de Francisco Amorós fundando la “Sociedad de Gimnástica y esgrima titulada l’Amorosienne”, además de otros círculos y sociedades gimnásticas (Fernández-Sirvent, 2018; Sánchez y González de Somoano, 1882, 5). Por otro lado, publicó una importante obra, Historique de la gymnastique moderne, que estaba dedicaba prácticamente al gimnasiarca valenciano “fundador de la gimnasia en Francia y en España” (López Tamayo 1882a, 1882b, 1883). Como cita Fernández (2005, 302), López Tamayo fue “un perfecto intercomunicador de ideas y novedades gimnásticas entre ambos países” y mantuvo frecuentes contactos con el núcleo de gimnasiarcas españoles, influyendo ostensiblemente en el sevillano Salvador López Gómez (Ávila, 2013; López Gómez, 1876). Por otro lado, López Tamayo colaboró como corresponsal en el extranjero en las primeras revistas de la gimnástica publicadas en España: El Gimnasio y El Gimnasta Español. Ambas publicaciones aparecieron en Madrid, en 1882, y apenas sobrevivieron unos meses; lo cual demuestra el poco interés que suscitaba una materia que en Europa estaba en pleno apogeo (Torrebadella, 2012b). 169 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 11. “Una visita al Gran Gimnasio Paz”, El Correo de Ultramar, París, 1874, t. XLIV, nº 1.123, 76. Fuente: Biblioteca Nacional de España. López Tamayo ofrecía noticias gimnásticas de Europa –Francia, Inglaterra, Suiza, Inglaterra…–, pero, sobre todo, destacan las noticias del brío nacionalizador que emprendía la III República francesa a través de política educativa de Julles Ferry y los certámenes gimnásticos promovidos por las sociedades gimnásticas (López Tamayo, 1882c, 1882e, 1882f). Asimismo, ponía al día del polémico proceso de militarización ciudadana que, además de las sociedades gimnásticas (Arnaud, 1995; Paz, 1881; Spivak, 1977), implementaba la organización de los batallones escolares (López Tamayo, 1882d); situación que en España también fue ambicionada años más tarde (Torrebadella, 2015). No hay duda de que estas noticias tuvieron su efecto en la capital española, como así lo sostiene la iniciativa de Mariano Marcos Ordax (1882, 47) –propietario del Gimnasio de la calle del Prado, 10– para crear sociedades semejantes “a las que existen en todas las capitales de Europa, donde la educación intelectual tenga el necesario complemento por los ejercicios corporales que determina la gimnasia en sus diversa aplicaciones”. En España, López Tamayo no fue lo suficientemente reconocido, no obstante, el profesor de gimnástica José Sánchez y González de Somoano (1882, 5) fue uno de los pocos que así lo hicieron; reconocía que, a partir de él, “la semilla que sembró en Madrid no fue del todo estéril”: Hoy, en la mayor parte de los gimnasios de Madrid, se sigue su método, con ligeras variaciones, que es el mismo que él practica en el mejor gimnasio de París, del que, como ya hemos dejado dicho, es el profesor en jefe. Y este es el único método racional que hoy se sigue en Francia. Fuera de él, en todos los demás gimnasios no se practica otra gimnasia que la artística o acrobática. Y esta es la que generalmente está en boga en las demás naciones de Europa. (José Sánchez y González de Somoano, 1884, 88). 170 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 Figura 12. Grand Gymnase des Champs-Elysées. V. Lopez directeur... (1885). Fuente: Bibliothèque Nationale de France. Mientras en Francia se institucionalizaba un sistema nacional de educación física, en España se trataba de convencer al Gobierno para que la presencia de la gimnástica, al menos, formara parte de los estudios de la segunda enseñanza que se impartían en los institutos públicos (L. 1879; Sánchez y González de Somoano, 1879). En Francia, Emilio Mojardín, uno de los fundadores de la recién constituida Sociedad Gimnástica Española, decía en Le Gymnaste –21 de julio de 1887–: “la gimnástica está realmente atrasada en nuestro país, hoy España no es aquella nación de antes tan fuerte y vigorosa” (Castañón, 1887, 188). Estas palabras fueron rápidamente censuradas por el profesor Emilio Castañón (1887, 189): “mal patriota es aquel que no ensalza la patria”. De cualquier modo, las palabras de Mojardín fueron reiteradas constantemente por los mismos profesores de gimnástica (Torrebadella, 2016). Hay que reconocer que la debilidad del asociacionismo gimnástico-deportivo español era una evidencia, y más si se compara con el caso francés (Arnaud, 1995; Torrebadella-Flix, Olivera-Betrán y M-Bou, 2015). La pereza política hacía que en España la gimnástica quedara fuera del sistema educativo. Así lo señaló en Francia un informe en el que se mencionaba que raras veces se hacía gimnástica en las escuelas y, cuando se hacía era una especie de gimnasia sueca o de sala, en la misma clase al lado del pupitre. Además, se mencionaba que tampoco existían clases de gimnástica en los institutos, y que solamente en algunos colegios privados se contemplaba de forma complementaria y pagándose. Es decir, en las escuelas españolas e institutos no existía el uso de una gimnástica razonada, ni juegos al aire libre organizados y supervisados por el maestro (Delvaille, 1892). Coincidentemente, este informe se publicó el mismo año de la incomprensible supresión de la ECG. Aparte de unos pocos “apóstoles de la educación física”, empíricos profesores que fueron los verdaderos impulsores de la ECG (Torrebadella, 2014c), la enseñanza de la materia llegó muy tarde a los institutos de segunda enseñanza y, cuando lo hizo –en el curso 1893/94–, fueron muchas las deficiencias (Martínez Navarro, 1997). De aquí que surgiesen imputaciones sobre el lamentable abandono político y el escaso valor social que tenía la gimnástica, en un momento en el que su práctica, se decía, ya no requería la necesidad de preparar las guerras, como antes, sino por razones higiénicas y de salud: 171 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 En esta parte llévanos, a no dudarlo, considerables ventajas otras naciones, entre ellas Alemania, Inglaterra y aun Francia, que modernamente ha realizado en este ramo notabilísimos adelantos. Pero en España, por triste que sea decirlo, bien poco se ha intentado hasta lo presente, pues si bien contamos en varios puntos de la Península con algunos gimnasios, los más de ellos han debido su fundación y deben su actual existencia á la iniciativa particular, harto incapaz por sí misma para alcanzar la meta de sus deseos. Por eso se hace doblemente preciso que nuestros Gobiernos, fijándose en asunto de tamaña importancia para la salud pública, estimulen y fomenten por cuantos medios tienen á su alcance esa misma iniciativa particular, tan débil en nuestra Patria cuando no es secundada por el valioso apoyo oficial, procurando establecer en el mayor número de puntos posible, y al lado de los gimnasios destinados a excitar la actividad del espíritu, los que se encaminan al logro de la regeneración física de nuestra juventud, profundamente enervada por punto general, merced a tan múltiples y variadas causas como conspiran de consuno y sin intermisión contra su robustez y bienestar físico. (Vigil, 1888, 119) Hay que recalcar que España ya no tenía enemigos externos y, por este conocimiento, al ejército no le urgía renovar métodos y estratégicas de combate modernos. El ejército se había quedado atrasado y la eficacia ofensiva era prácticamente nula. Así, que tampoco, se contemplaba el satisfacer la buena educación física de las tropas regulares, aún y las críticas que presentaban algunos oficiales. Si después de 1871 algunas naciones europeas se declararon partidarias de reformar y de favorecer la formación gimnástica militar en las escuelas, en España esta posibilidad fue rechazada, con lo cual se perdió una extraordinaria oportunidad de nacionalización de las masas (Torrebadella-Flix, 2016). Pero como se ha dicho, España no tenía enemigos externos, eso sí, tenía un preocupante enemigo interno –y no eran las insurrecciones del pueblo–, los propios políticos –o enemigos del pueblo–, que eran incapaces de ofrecer soluciones al llamado problema social y a las emergentes luchas del movimiento obrero (Fontana, 2015). Con lo cual, los usos del gimnasio, las ejercitaciones gimnásticas o las incipientes manifestaciones del sport –es decir, la educación física–, quedaban al margen de los discursos políticos y, solamente, entraban en la esfera privada de las clases sociales en ascenso. Conclusiones Si bien es conocido el protagonismo que ejercieron los movimientos gimnásticos del siglo XIX en los procesos de nacionalización de las nuevas naciones-estado, en el caso de España, esta contingencia quedó anulada. Sobre esta observación hay que destacar varios supuestos. Primeramente, apuntar la escasa concienciación política en una verdadera construcción nacional de carácter unitario, que venía debilitada por la falta de un enemigo externo, con lo que la gimnástica no se remozó del carácter castrense como sucedió en otros países. En segundo lugar, la emergencia de las clases acomodadas puso en alza un cierto culto al cuerpo, siguiendo las modas de Francia, como elemento higiénico, recreativo y también de distinción social, pero desligada de cualquier discurso patriótico. Si la gimnástica higiénica y recreativa en Francia se desarrolló a partir de la significación de las huellas españolas de Amorós, Triat, Paz y López Tamayo, se ha de convenir, que la influencia en España de estos representantes fue, sin duda alguna, el paradigma más inmediato para revindicar los diferentes usos sociales de esta rama del conocimiento. Así, el eco de las realizaciones de estos gimnasiarcas condujo al desarrollo de los primeros gimnasios higiénicos, recreativos, militares y escolares del siglo XIX. Por otro lado, hay que evidenciar que la falta de interés político por adoptar un sistema de enseñanza público de la gimnástica, a saber, de la educación física para toda la ciudadanía, puso en evidencia, el atraso del país en cuanto a las iniciativas emprendidas por otros países en afrontar una política de nacionalización de las masas. Por lo tanto, el potencial que podía desprenderse de la gimnástica no fue aprovechado para cooperar colectivamente en un proceso de 172 Torrebadella-Flix, X. (2020). El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo XIX. RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte. 60(16), 153-179. https://doi.org/10.5232/ricyde2020.06004 nacionalización español. Contrariamente, solamente las iniciativas de unos pocos aventajados emprendedores particulares, siguiendo los modelos y tendencias que surgían de Francia, establecieron los primeros gimnasios modernos; un negocio de la actividad física que hoy continua y es sumamente valorado. Finalmente, queda por subrayar el vínculo español que existió entre los principales representantes del movimiento gimnasiarca francés. No hay duda de que las realizaciones en Francia de Amorós, Triat, Paz y López Tamayo favorecieron en España la recepción de todas aquellas novedades que sucedían en el país vecino. Ahora bien, también podría decirse que estas realizaciones y modernidades gimnásticas galas habían surgido, de algún modo, del otro lado de los Pirineos. Referencias Álvarez Buylla, A. (1890). El libro de M. Daryl sobre educación física (fragmentos de un estudio. Continuación). Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 312, 39-43. Álvarez Junco, J. (2001). Mater dolorosa. 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