Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ ■ DOI 10.26882/histagrar.080e04j © 2020 SEHA Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII GABRIEL JOVER-AVELLÀ Y JOANA MARIA PUJADAS-MORA PALABRAS CLAVE: mercado de trabajo agrario, género, mano de obra jornalera, brecha salarial. CÓDIGOS JEL: J43, J16, J82, J31. n los últimos años se ha desarrollado un amplio debate historiográfico sobre E la participación de las mujeres en los mercados de trabajo rurales y su impacto sobre la brecha salarial de género antes de 1800. La hipótesis subyacente que se plantea es que el aumento de la participación de las mujeres en el mercado de tra- bajo debería conducir a una reducción de la brecha salarial de género y una mejora de sus condiciones de vida. Sin embargo, los resultados hasta el momento no son con- cluyentes en este sentido. Este artículo se propone abordar algunas de estas cuestiones a partir de un estudio de caso sobre la isla de Mallorca durante el siglo XVII. En este tra- bajo se presentarán evidencias de una intensa participación femenina en el mercado de trabajo, superior a la de otras regiones mediterráneas y atlánticas. Además, se mostrará que la estacionalidad de la demanda de trabajo seguía pautas diferentes a las señaladas en las regiones atlánticas, lo que provocó más colusiones que complementariedades. Por último, se explicará cómo la mayor ocupación femenina no suponía necesariamente una reducción significativa de la brecha salarial de género. 37 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora Labour market, gender and olive groves specialization: Mallorca at mid 17th century KEYWORDS: agricultural labour markets, gender, daily-labourers, wage gap. JEL CODES: J43, J16, J82, J31. ecently, an intense historiographical debate has developed concerning female R participation in rural labour markets and its impact on the gender wage gap before 1800. The underlying hypothesis is that increased participation of women in the labour market should lead to a reduction in the wage gap and a paral- lel improvement in their life conditions. However, research results to date are inconclu- sive. This article aims to address some of these issues, using the island of Mallorca dur- ing the seventeenth century as a case study. Female participation in the labour market was more intense there than in other Mediterranean and Atlantic regions. In addition, the seasonality of labour demand on the island provoked more instances of collusion than complementarity with regard to agrarian tasks, in contrast with what happened in At- lantic regions. Finally, we also explain why higher rates of female occupation did not necessarily imply a significant reduction of the gender wage gap. Recepción: 2018-11-13 Revisión: 2019-06-18 Aceptación: 2019-06-21 ■ ■ Gabriel Jover-Avellà [orcid.org/0000-0002-6430-2329] es profesor titular de Historia e Instituciones Eco- nómicas en la Universidad de Girona. Dirección para correspondencia: Departamento de Economía, Facul- tad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Girona, c/ de la Universitat de Girona, 10, Campus Montilivi, 17003 Girona (España). C.e. gabriel.jover@udg.edu Joana Maria Pujades-Mora [orcid.org/0000-0002-4975-639X] es investigadora principal del área de demografía histórica del Centre d’Estudis Demográfics de la Universitat Autònoma de Barcelona, y profesora asociada del departamento de Historia Económica, Instituciones, Política y Economía Mundial de la Uni- versidad de Barcelona. Dirección para correspondencia: Centre d’Estudis Demogràfics, carrer de Ca n'Al- tayó, s/n, Edifici E2, Campus Universitat Autònoma de Barcelona, 08193 Bellaterra (España). C. e.: jpujades@ced.uab.es 38 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII 1. LAS MUJERES EN LOS MERCADOS DE TRABAJO AGRARIOS PREINDUSTRIALES En los últimos años se ha desarrollado un amplio debate historiográfico sobre la partici- pación de las mujeres en los mercados de trabajo rurales y su impacto sobre la brecha sa- larial de género antes de 18001. La hipótesis subyacente que se plantea es que el aumento de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo debería conducir a una re- ducción de la brecha salarial de género y una mejora de sus condiciones de vida. Sin em- bargo, los resultados hasta el momento no son concluyentes en este sentido (Moor & Zan- den, 2010; Zanden, 2011; Dennison & Ogilvie, 2014; Humphries & Weisdorf, 2015, 2016; De Pleijt & Zanden, 2018). A su vez, tampoco se ha llegado a un consenso sobre la na- turaleza y relevancia del salario en el ingreso de las familias campesinas (Hatcher, 2018). De hecho, las controversias sobre estos temas, en parte, proceden de la opacidad de las fuentes oficiales (censos y padrones) por lo que respecta al trabajo femenino dentro y fuera del hogar (Humphries & Sarasúa, 2012), particularmente en el sector agrario (Schmidt & Nederveen Meerkerk, 2012: 88; Ortega, 2015: 13-25). Además, existen pocos estudios sobre los países mediterráneos y en general de los siglos XVI y XVII sobre estos temas (Rey, 2015; Whittle & Hailwood, 2018). Los resultados más robustos sobre la participación de las mujeres en los mercados de trabajo agrario sugieren que su participación era menor que en los sectores manufactu- rero y servicios. En el sector agrario la segmentación del trabajo por sexos era mayor, y la ocupación femenina e infantil se concentraba en las operaciones menos cualificadas (Sharpe, 1995; Verdon, 2002; Ogilvie, 2003; Schmidt & Nederveen Meerkerk, 2012; Mu- ñoz Abeledo, 2012; Hernández, 2013; Garrido, 2016; Sarasúa, 2019). Además, la de- manda de trabajo asalariado agrícola presentaba una elevada estacionalidad que limitaba las posibilidades de convertirlo en una fuente de ingresos continuada para la mayoría de la población (Hindle, 2013; Gary, 2019). En verdad, el desarrollo del capitalismo agra- rio, con una mayor especialización productiva, contribuyó a acentuar la estacionalidad de la demanda de trabajo, agravando así la elevada subocupación estacional (Tribe, 1981: 90-94; Snell, 1987). Asimismo, los cambios técnicos redujeron la proporción de mano de obra femenina e infantil contratada, con menor merma en las zonas donde dominaban las actividades pecuarias (Allen, 2004: 77-79; Burnette, 2018). 1. El debate se centra en la participación de las mujeres en el mercado de trabajo remunerado, uti- lizando el salario como indicador. Por tanto, no se computan los ingresos del trabajo de las mujeres en la comercialización de productos, ni el conjunto de trabajos domésticos y reproductivos no re- munerados (BORDERÍAS, PÉREZ-FUENTES & SARASÚA, 2014; CABANA, 2018; MARCO, 2018). Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 39 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora Los estudios sobre los salarios han mostrado que la remuneración de las mujeres era netamente inferior a la de los hombres para una misma labor. Esta brecha salarial de gé- nero persistió durante toda la Baja Edad Media y Moderna, aunque se redujo modera- damente en las etapas de intensa demanda de trabajo (Humphries & Weisdorf, 2015, 2016; Gary, 2017). Una menor tasa de actividad e inferiores salarios de la mano de obra femenina son partes de un binomio controvertido. Por una parte, una corriente impor- tante de historiadoras ha señalado la imposición de las relaciones económicas y patriar- cales como la causa de esas desigualdades (Sarasúa & Gálvez Muñoz, 2003; Humphries, 2013; Borderías & Gálvez Muñoz, 2014); mientras que otras han argumentado que la ex- plicación debe buscarse en las diferentes productividades marginales de hombres y mu- jeres (Burnette, 2008; Humphries, 2009). Por tanto, aún queda trecho por recorrer antes de poder concretar de forma fehaciente cuál fue la evolución de la participación de hombres y mujeres en los mercados de tra- bajo agrario antes de 1800, y disponer de series homogéneas y comparables de salarios para determinar de forma más precisa la evolución de la brecha salarial de género y su explicación. Este artículo se propone abordar algunas de estas cuestiones a partir de un estudio de caso sobre la isla de Mallorca durante el siglo XVII. En la isla de Mallorca a lo largo de los siglos XV y XVI se produjeron intensos conflic- tos sociales por la posesión de la tierra que cristalizaron en una derrota campesina y una fuerte acumulación de tierras en manos de una nueva aristocracia terrateniente (Tello et al., 2018). Uno de los rasgos originales del desarrollo agrario de la isla fue la intensa trans- formación de los mercados de trabajo en el siglo XVI con la desaparición de la esclavitud y la creación de un amplio mercado de trabajo asalariado (Jover et al., 2019). El avance de este capitalismo agrario fue más intenso en el sector oleícola como consecuencia de que los predios destinaban sus producciones de aceite a los mercados atlánticos (Bibiloni, 1995). Estas grandes explotaciones eran gestionadas directamente por los terratenientes o arrendadas a corto plazo a mercaderes y labradores, que contrataban mano de obra asa- lariada. La demanda de trabajo se componía de un contingente de mozos rurales, que constituyeron la mano de obra permanente, y otro de mano de obra a jornal. Desde el siglo XVI este mercado de trabajo adquirió algunos rasgos peculiares: una monetización creciente de los salarios, la ausencia de restricciones a la movilidad de la fuerza de tra- bajo y la creciente participación de mano de obra femenina e infantil (Montaner & Le Senne, 1981; Jover & Pons, 2012; Grau & Tello, 1985; Escartín, 2001). En este estudio se presentarán evidencias de una intensa participación femenina en el mercado de trabajo, superior a la de otras regiones mediterráneas y atlánticas. Ade- más, se mostrará que la estacionalidad de la demanda de trabajo seguía pautas diferen- 40 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII tes a las señaladas en las regiones atlánticas, lo que provocó más colusiones que com- plementariedades en la demanda. Por último, se explicará cómo una mayor ocupación femenina no suponía necesariamente una reducción significativa de la brecha salarial de género. Para revelar esas especificidades de los mercados de trabajo isleños, se ha optado por un enfoque microeconómico. Esta es una de las opciones analíticas más factible por la na- turaleza de las fuentes disponibles para el estudio de este tema en el siglo XVII, básica- mente libros de cuentas de las haciendas. El análisis de una hacienda agraria, en nues- tro caso la de la casa Burgués-Safortesa, puede ser especialmente revelador, pues era la unidad de explotación (la empresa) donde los procesos globales eran interpretados y tra- ducidos en acciones por los actores, impulsando también desde abajo macroefectos en el conjunto de la economía (Ploeg, 2016: 43). De esta manera, las modalidades de con- tratación y remuneración del trabajo en una hacienda agraria pueden interpretarse como un destilado específico del funcionamiento de los mercados de trabajo agrícolas a escala global. El artículo se ha organizado de la siguiente manera: en el segundo apartado se pre- sentan y discuten las fuentes utilizadas; en el apartado tercero se analizan las modalida- des de contratación y composición estacional de la demanda por labores y género, los mer- cados de reclutamiento de la mano de obra y la remuneración de la mano de obra en esa hacienda; en el cuarto se proyectan los resultados de este caso de estudio en el contexto general español y europeo; y el estudio se cierra con unas conclusiones. 2. LAS FUENTES: LOS LIBROS DE CUENTAS DE EXPLOTACIÓN DEL PATRIMONIO BURGUÉS-SAFORTESA, 1645-1694 En 1652 el segundo conde de Formiguera, Ramon Burgués-Safortesa y Fuster (1627- 1694) había heredado un extenso patrimonio agrario compuesto por diversos predios oli- vareros, los dominios feudales en la parroquia de Santa Margalida (en el centro cerea- lista de la isla) y otros bienes inmuebles (casas y predios cerealistas en el término de Palma) y numerosas rentas fijas (Montaner & Le Senne, 1977). En su testamento de 1689 el conde instituyó como heredera usufructuaria de todos sus bienes a su tercera esposa, Joana Nuniç de Sant Joan (1663-1729)2. Tras su defunción, los bienes vinculados debían pa- sar a sus descendientes, y los bienes patrimoniales no vinculados fueron donados al Ca- pítulo de la Catedral. En el archivo de la catedral de Palma se han conservado una parte 2. Archivo del Reino de Mallorca (ARM), Protocolos notariales (PN), T-1004, ff. 299-315v. Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 41 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora importante de los libros de administración de los predios olivareros de S’Estorell, Galatzó, Son Pont y Son Togores, y otros bienes donados al Capítulo3. El predio S’Estorell constituirá el laboratorio de este estudio. De este predio se han conservado dos manuales de cuentas de 1658-16714 y 1671-16805, y los pliegos de las campañas de recogida de la aceituna de los años 1658-1659 a 1679-16806. Los libros de cuentas registraban los gastos salariales y el número de jornales de las labores de man- tenimiento de todos los cultivos, y el monto total de los pagos realizados a cada persona contratada, además de la compra de inputs y de bienes de reposición. Las libretas de las campañas de recolección de la aceituna anotaban el número de jornales y los salarios de la recolección de las aceitunas y los de fabricación del aceite. Desgraciadamente no se han conservado los pliegos de la recogida de aceitunas de los años 1673-1674, 1675-1676 y 1676-1677, y tampoco la información completa de los mozos a partir de 1675-1676. Para este estudio, se ha prescindido de los años con lagunas documentales. En el análisis de todas las categorías laborales se utilizará la información de los años comprendidos entre 1658-1659 a 1672-1673, y para la mano de obra a jornal los años de 1658-1659 a 1672-1673, 1674-1675 y de 1677-1678 a 1679-1680. Para completar la información sobre la remuneración y contratación de la mano de obra de este predio, se han utilizado los libros de cuentas, aunque incompletos, de los otros predios de la ha- cienda7 y los libros de cuentas de explotación de algunos predios olivareros cercanos a los de la hacienda Safortesa8. Para el tratamiento de estas fuentes, cabe tener en cuenta que las semanas de trabajo eran de seis días efectivos, y cuando los contratos se hacían por meses, estos se contaban de cuatro semanas efectivas de seis días laborables también: per tota semana que son es- tats 6 dies («para toda semana que son 6 días»). Cuando se producía una interrupción de 3. Archivo Capitular de Mallorca (ACM), Libros de administración y albaranes del patrimonio, 14158, 14162, 14163 (1637-1687). 4. El libro de cuentas 14204 contiene los registros de gasto de 1645-1647, 1652-1657, aunque in- completos (ACM). 5. En este segundo manual de cuentas no se registró el contrato de los mozos a partir de 1675. Las notas insertas en este manual remiten a un tercer manual que no se ha conservado (ACM, 14193). 6. ACM, 16922, 16923. 7. Los libros de cuentas de 1631-1640 (ACM, 14196, 14197, 14200), y de 1662-1665 y 1677- 1679 (ACM, 16923). 8. Es Verger cuentas de 1650-1663 y 1681-1711 (ARM, AH, C-4267, 4269 y 4270), ambos si- tuados en la parroquia de Puigpunyent, y del predio Son Fuster entre 1666-1673 (ARM, PN, S- 1728, ff. 308-414) propiedad de otra línea de la casa Pax-Fuster y situado entre Selva e Inca, próximo a S’Estorell. 42 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII la jornada de trabajo, por mal tiempo o abandono de la labor, el administrador descon- taba el día de trabajo o bien anotaba la proporción del jornal realizada, por ejemplo mig jornal («medio jornal»)9. Parte de las labores eran contratadas a destajo. Para estimar el número de los jornales de esas labores, se ha dividido el monto del destajo por el salario pagado por esa misma labor dada a jornal en el mismo año. Aunque los libros de cuentas registraban explícitamente la mayor parte del trabajo fe- menino, muestran una mayor opacidad respecto del trabajo infantil. Los registros que atri- buían explícitamente jornales de trabajo a chicos o niños son muy pocos, y se identifica- ban con los apelativos de al·lots y bergants, y al·lotes en el caso de las niñas. Para hacer una estimación del número de jornales infantiles más realista, se ha procedido de la si- guiente manera: por una parte, se han contabilizado aquellos jornales en los que explíci- tamente se decía que eran realizados por niños o niñas en los libros de cuentas de ex- plotación. Por otra parte, en los pliegos de las cuadrillas de cogedoras el administrador diferenciaba mediante una remuneración inferior el salario de los niños o niñas del de los adultos o adultas. De esta manera, esos salarios inferiores se han atribuido a la mano de obra infantil, como se había procedido en anteriores trabajos (Jover, 2013a, 2015). 3. MODALIDADES DE CONTRATACIÓN Y REMUNERACIÓN DE LA MANO DE OBRA EN LA HACIENDA BURGUÉS-SAFORTEZA, 1658-1680 El predio s’Estorell estaba situado en la parroquia de Binissalem, al pie de la sierra de Tra- muntana. S’Estorell era el predio más extenso del término, y uno de los 10 más renta- bles de la isla, con una valoración de 52.000 libras según el catastro de 168510. El pre- dio tenía una extensión de algo más de 520 hectáreas y ocupaba prácticamente todo el valle de Almadrà hasta las primeras cimas de la sierra en las villas de Alaró y Selva11. Por el sudoeste y por el noroeste lindaba con otras grandes explotaciones olivareras que ocu- paban las vertientes de la sierra. Los llanos del centro y este de la parroquia estaban ocu- pados por medianas explotaciones familiares policulturales (olivos y almendros asocia- dos al cereal) y un gran número de pequeñas explotaciones vitícolas. En 1667 la parroquia tenía 1.847 habitantes, distribuidos entre la villa de Binissalem y los caseríos de Lloseta y Aiamans12. 9. ACM, 14204 (1658), f. 66/20. 10. Véase la estimación realizada por los peritos para su división en 1687 (ACM, 14.165). 11. Una detallada descripción puede encontrarse en la cabrevación de 1658 (ARM, ERC-1169, f. 165). 12. Sobre la estructura de la propiedad en Binissalem véase PASCUAL (2009). Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 43 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora La hacienda Safortesa estaba administrada por el presbítero Jaume Antoni Rubí. Este era el encargado de llevar los libros de cuentas, trasmitir las órdenes del terrateniente a los diversos arrendatarios y mayorales, y supervisar la gestión de todos los predios de la hacienda13. El manejo de los cultivos estaba a cargo de un mayoral que junto a su esposa e hijos habitaban permanentemente en el predio14. La explotación del predio se dividía en diversas unidades gestionadas de manera diversa, pero coordinada. Por una parte, se arrendaban los aprovechamientos silvícolas de los bosques (carboneo y cal) y los pastos junto al predio Son Fuster de Palma15. Dentro del mismo predio se arrendaban también los rafales de Son Daviu y El Rafalet, medianas explotaciones policulturales de unas cua- tro hectáreas cada una, el huerto de Son Cocó, y el molino y huerta que estaban situa- dos sobre el torrente de Almadrà16. Los propietarios del predio explotaron entre 1657-1658 y 1683-1684 directamente los olivares, las sementeras de cereales, los huertos y las viñas. Los olivos se cultivaban asociados a los cereales en las tierras más feraces del valle (tanques), mientras que la in- tensidad de la asociación disminuía en las vertientes de la sierra. El aceite constituía con diferencia el principal aprovechamiento del predio, con una producción media en el pe- ríodo de 7.700 cuartanes (30.000 litros). La mayor parte del aceite era vendido en el mer- cado de Palma, desde donde se despachaba a los mercados mediterráneos y atlánticos17. En cambio, el producto de las sementeras se destinaba al consumo de los trabajadores y la familia del propietario (vino, hortalizas, trigo), o del ganado de labor (algarrobas y ce- bada)18. 13. Este fue administrador de este predio y otros de la hacienda entre 1652-1687 (ACM, 14204, ff. 4 ss.; ARM; PN, S-90, f. 13; M-95, f. 132). 14. A lo largo del período estudiado el predio fue conducido por Jaume (no consta el apellido), su mujer Matgina, y su hijo Gabriel de Alaró (1658-1666), Joan Perelló Sastre de Llubí (1666-1669), Antoni Albertí de Banyalbufar (1669-1670), Pere Bibiloni de Santa Margalida (1670-1671), Joan Reus (1671-1672) y Antoni Pericàs de Consell (1672-1679). Aparte de la familia del mayoral, tam- bién se contrataban algunas mujeres para ayudar en la cocina y otras labores domésticas. Esta fuerza de trabajo no ha sido integrada en el estudio. 15. ARM, PN, T-998, f. 68. 16. ACM 14.204 ff. 25v, 46v, 93v, 94. 17. Información procedente de las cuentas de 1652-1656 (ACM, 5494) y la estimación de la pro- ducción y valor del predio realizada en 1684 (ARM, Audiencia [AA], 96. Pleitos sobre las mejoras rea- lizadas en el predio de S’Estorell, 1688). 18. No se documenta la venta o compra de trigo, pero sí que era frecuente la compra de cebada y avena para alimentar al ganado de tiro. Además, se compraron de forma intermitente otros alimen- tos como carne, queso, higos, uva y vino, cuando la producción del predio era insuficiente. Durante la etapa 1658-1679 el gasto destinado a la compra de cereales para el ganado representó la mitad del gasto monetario total del período (ACM, 14.193). 44 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII 3.1. Modalidades contractuales y ocupación Para la explotación del predio se contrataba mano de obra fija y jornalera. En la elección de la mano de obra el propietario y el administrador recurrían a las informaciones que les proporcionaban gente de confianza de las villas próximas19. La práctica totalidad de las cogedoras de aceitunas eran contratadas en cuadrillas articuladas mayoritariamente en torno a grupos familiares. Los acuerdos se realizaban mediante mujeres que organizaban las cuadrillas en las villas (Jover, 2015). Las cuadrillas de jornaleros para las diferentes la- bores eran contratadas mediante la intermediación de capataces20, aunque en ocasiones, como los contratos para la siega, la labor se ofrecía al mejor postor en la plaza de la villa21. CUADRO 1 Número de personas y días de trabajo contratados en S’Estorell, entre 1658-1659 y 1672-1673 Personas Número de personas Total Media jornales % Número % Número contratadas anualmente jornales/año persona personas jornales Mozos 29 4.249 148 17,9 39,7 Mano de obra masculina* 49 1.292 34 30,2 12,1 Mano de obra femenina 65 4181 64 40,1 39,1 Mano de obra infantil 11 630 60 6,8 5,9 Oficios hombres 7 329 50 4,3 3,1 Hilar mujeres 1 10 10 0,6 0,1 Total 162 10.692 66 100,0 100,0 Nota: cálculo sobre los quince años con información completa. *El cálculo del número de activos jornaleros se ha estimado a partir del promedio de individuos que inte- graban las cuadrillas. Fuente: ACM, 14204, 14193 y 16922. El Cuadro 1 sintetiza el número de personas y los días trabajados en promedio para el período 1658-1659 y 1672-1673 y para cada una de las categorías laborales. A lo largo 19. Así se desprende de las cartas cruzadas entre el terrateniente y su administrador, en el pliego de albaranes adjunto al libro de cuentas de 1671-1680 (ACM, 14.193). 20. En los acuerdos con estas cuadrillas el administrador anotaba en primer lugar el nombre del ca- pataz, y en ocasiones los nombres de los integrantes de la cuadrilla, aunque en la mayoría de las oca- siones se refería a sus integrantes como altres homes («otros hombres»). Muchas de estas contrataciones se realizaban por mediación de un mayoral o mozo del predio, como se muestra en las cartas entre el propietario y el administrador (ACM, Libro de cuentas, 14204). 21. ARM, Torrella (Archivo Torrella), Ar 10, Fa 21, pliego de cuentas de la administración de S’Es- torell, s/n, números de los registros de gasto 11 y 12. Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 45 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora del período estudiado se contrataban anualmente en promedio 162 personas que reali- zaban 66 jornales cada uno, y en total 10.692 jornales. Cada año se contrataban de me- dia 29 mozos, que trabajaban 148 días, representaban el 22% de las personas contrata- das y cerca del 40% del total de días de trabajo. Estos desempeñaban una gran variedad de labores: labrar los campos, trabajar en las viñas y huertos, la elaboración del aceite y el cuidado del ganado de labor, y también realizaban labores junto a la mano de obra jor- nalera (Jover, Pujadas & Suau, 2017). Por lo que se refiere a la mano de obra jornalera, el contingente de trabajo más importante eran las mujeres (65) y niños (11), que con- juntamente aportaban el 45% de los días de trabajo anuales del predio. También se con- trataban 49 jornaleros anualmente, que contribuían con el 12% de los días de trabajo, y de media trabajaban 34 días. Por último, las labores de los artesanos para el manteni- miento del instrumental de trabajo (capazos, herramientas, etc.), infraestructuras (terrazas y sistema de drenaje) e instalaciones (reparación almazara y casas) correspondían cada año a un herrero, un carpintero, un espartero y una cuadrilla de albañiles. A su vez, una o dos mujeres, aunque para unos pocos días, eran contratadas para hilar la seda que se producía en el predio. CUADRO 2 Modalidades contractuales de la mano de obra de S’Estorell, 1658-1673, 1674-1675 y 1677-1680 Gasto monetario en salarios Total% Destajos% Jornal% Meses% Femeninos e infantiles 45,70 0,10 45,80 Masculinos 46,30 7,60 35,30 3,40 Mixtos 8,00 8,00 Total 100,00 15,70 80,90 3,40 Número de jornales contratados Total% Destajos% Jornal% Meses% Femeninos e infantiles 67,80 0,10 67,90 Masculinos 28,90 2,90 22,10 3,90 Mixtos 3,30 3,30 Total 100,00 6,30 89,80 3,90 Nota: Se diferencia entre gasto monetario y jornal. Fuente: ACM, 14204, 14193 y 16922. El resultado era una demanda de trabajo relativamente compleja que incluía un con- tingente de trabajadores fijos, los mozos, y otro de casuales (mano de obra jornalera), que atendían las labores estacionales. Si bien no forman parte de este análisis, los mo- zos constituían la fuerza de trabajo permanente y más estable del predio, y eran con- tratados para todo el año, o por labores estacionales como labrar o fabricar el aceite (Jo- ver, Pujadas & Suau, 2017). La mano de obra jornalera era pagada por día de trabajo 46 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII efectivo, aunque la relación contractual se podía prolongar a lo largo de semanas e in- cluso meses. Los contratos de la mano de obra jornalera tomaban diversas modalidades atendiendo a consideraciones técnicas y sociales (Carmona & Simpson, 2003). En general, se ha con- siderado que el contrato a destajo, por labor realizada, se utilizaba mayoritariamente en labores poco cualificadas, intensivas en trabajo y que exigían rapidez en su ejecución, y tenían bajos costes de supervisión (labores de cavar, entrecavar, desbrozar u otras simi- lares); reservándose la contratación de mano de obra a jornal a las labores especializadas y que tenían una mayor afectación sobre los bienes fondo (injertar, podar y plantar). En el predio estudiado se observaron esas diferentes modalidades contractuales (destajo, con- trato por días o jornal) y también un contrato para las mismas labores dadas a destajo o jornal que se pactaba por meses. En el Cuadro 2 se presentan esas modalidades ordena- das por contrato y género, y expresadas en el porcentaje del valor monetario de los sala- rios (panel superior) y días de trabajo (panel inferior) respecto del total para el periodo estudiado. El contrato a jornal era claramente dominante en la práctica totalidad de labores: el 81% del gasto y el 88% de los días de trabajo, ya fuesen labores no cualificadas (coger aceituna, entrecavar cereales, cavar pies, etc.) o cualificadas (injertar olivos, podar viñas y olivares). La contratación por meses representaba un 3,4% del gasto y el 3,9% de los jornales totales. En esta modalidad, que consistía en dar a una cuadrilla la labor de ca- var los pies o entrecavar y que duraba algunos meses, el salario monetario pactado para cada miembro era equivalente al de un mozo del predio (35-40 sueldos al mes), aunque no se especifica en los libros de cuentas si se les proporcionaba la manutención. El ad- ministrador, en una carta fechada en 1669, le explicaba al conde que había hecho un con- trato por meses a diversos jóvenes de las villas del centro de la isla, pues los previamente contratados de las villas próximas al predio no se habían presentado, al considerar que el precio del jornal diario ofrecido era insuficiente22. Los contratos a destajo representaban el 15,7% del gasto y un 6,3% del número de días de trabajo. Las mujeres aparecen en escasas ocasiones contratadas a destajo: un 0,1% en términos de gasto y número de jornales. Los destajos se concentraban en labores du- ras y que exigían urgencia en su desempeño. Este era el caso de la siega, que en prácti- camente todos los años del período estudiado se dio a destajo. En el desbroce de las se- menteras y cavar los pies de los olivos se combinaba el trato a jornal y a destajo. Ambas labores eran intensas y tenían un plazo de ejecución: la primera tenía que haber concluido 22. ACM, 14.193, sin foliar. Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 47 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora antes del inicio de la recogida de las aceitunas, a principios de octubre, y la segunda en enero. Para incentivar su ejecución, se pactaba un precio al inicio de la campaña para cada sementera o zona a desbrozar en función de la extensión y dureza del trabajo, y los pa- gos se efectuaban a medida que el trabajo avanzaba a compte («a cuenta») y, el último, a compliment («a cumplimiento») cuando se había terminado la labor23. El motivo por el que se combinaba el destajo y el jornal en esas labores en un mismo año se recoge im- plícitamente en los registros de los libros de cuentas. Las anotaciones sugieren que las zo- nas dadas a jornal se correspondían con las tanques, las tierras más feraces en las que el cultivo de trigo y cebada se asociaba al olivar, cercanas a las casas del predio y sobre las que los costes de supervisión eran bajos. Mientras que el desbroce a destajo se reservaba para las tierras más alejadas y recientemente roturadas24. Por tanto, en esas labores se combinaba la eficiencia, los costes de supervisión con los incentivos para realizar una la- bor más cuidadosa en las aéreas de cultivo intensivo. El contrato por días era ampliamente predominante, mientras los destajos represen- taban una pequeña proporción del número de personas y jornales contratados. Esta pre- ponderancia de la contratación a jornal posiblemente estaba relacionada con la amplia oferta de trabajo asalariado disponible, debida a la creciente desigualdad en el acceso a la tierra y a la progresiva desaparición de las alternativas laborales a las actividades agra- rias en el conjunto de la sociedad rural, básicamente debido al declive de la manufactura rural de la lana a partir de la década de 1630 (Deyá, 1998). Sin embargo, la combina- ción de diversas modalidades contractuales, para un mismo año y labor, merece una ma- yor atención de la que se le ha prestado hasta ahora, para entender la lógica de la con- tratación del trabajo en el marco de las diversas presiones sociales y técnicas que afectaban al manejo de los cultivos (Bardhan, 1984). 3.2. La demanda estacional de trabajo: labores, sexo y edad En los cuadros 1 y 2 se ponía ya de relieve la importancia que tenía la mano de obra fe- menina en la demanda total de trabajo. El propósito de este apartado es especificar cuá- les eran las labores que daban esa centralidad a la mano de obra femenina y en menor medida infantil, y en segundo lugar comprobar si la complementariedad en la demanda 23. Véase una muestra de esos contratos y pagos en S’Estorell en ACM, 14.204, f. 41 y ARM, To- rrella, Ar 10, Fa 21, pliego de cuentas de la administración de S’Estorell, s/n, en el apartado Desca- rrech de los olivos. 24. Véanse, por ejemplo, los contratos en Son Pont y Galatzó de los años 1631-1633 (ACM, 14.197) y en las cuentas de 1663 de Son Pont y Son Tugores (ACM, 19.623). 48 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII de los sistemas agrícolas de olivar y cereal era uno de los factores que contribuían a la es- pecialización regional de esos dos sectores (Juan Vidal, 1989: 170). El Cuadro 3 distingue la distribución de la demanda de trabajo a jornal por sexo, edad y labor en los principales cultivos. El olivar absorbía prácticamente el 90% del trabajo a jornal; a mucha distancia le seguían en importancia el cultivo de los cereales (6,8%) y las labores en las huertas y viñas (1,8%). Esas labores eran realizadas en un 69,8% por mano de obra femenina, en un 20,5%, masculina adulta, y en un 9,75, infantil. Así pues, la fe- minización del trabajo jornalero era muy elevada, aunque como veremos muy desigual- mente distribuida entre labores y cultivos. CUADRO 3 Distribución de la mano de obra jornalera por labores y sexo. S’Estorell, 1658-1673, 1674-1675 y 1677-1680 Labores Femenino Infantil Masculino Total Entrecavar cereales 0,8 0,1 1,4 2,2 Preparar y esparcir abono 0,3 0,3 Siega mixto 2 2,1 4,1 Viña y huerta 0,1 1,2 1,3 Cavar olivos y viña 5,2 5,2 Desbrozar olivares 5,5 5,5 Injertar olivos 0,7 0,7 Podar olivos y viña 3,3 3,3 Varear algarrobos 0,8 0,8 Coger aceitunas 62,9 9,5 72,3 Coger algarrobas 4 0,2 4,2 Totales 69,8 9,8 20,5 100,0 Nota: porcentajes respecto del número total de jornales. Fuente: ACM, 14204, 14193 y 16922. La mano de obra femenina e infantil se destinaba prácticamente en su totalidad a la re- cogida de las aceitunas y las algarrobas (67% y 9,8%, respectivamente) y casi no parti- cipaba en las labores de mantenimiento del suelo y copa de los olivares, viña y algarro- bos, exceptuando en las labores de entrecavar la viña y cereales. Por el contrario, la mano de obra masculina era contratada para las labores más especializadas de la copa de los oli- vares y varear algarrobos (casi el 5%, con predominio de la labor de podar), pero tam- bién para las labores no cualificadas de suelo en el olivar, como desbrozar y cavar los pies (algo más del 10%), y también desempeñaba el grueso de las tareas de entrecavar y abo- nar las sementeras de cereales (2,5% del total). En la siega, sin embargo, la contratación Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 49 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora de mano de obra femenina representaba la mitad de los efectivos de las cuadrillas, aun- que una proporción menor en cuanto a los días de trabajo (cerca del 44%). Es probable que esta proporción a mediados del siglo XVII fuese mucho más elevada que en los siglos 25 XVIII y XIX . GRÁFICO 1 Estacionalidad del trabajo por sexos. S’Estorell, 1658-1673 18 16 14 12 10 % 8 6 4 2 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 Meses Recogida aceituna mujeres y niños Labores masculinas copa Segar mixto Labores masculinas suelos Labores femeninas suelo Nota: los porcentajes se han calculado sobre el número de días de trabajo por labor y sexo respecto del to- tal de días de trabajo del período (100= media mensual 1658-1673). Fuente: ACM, 14204, 14193 y 16922. Los roles laborales asignados a hombres y mujeres que hemos descrito para el predio S’Es- torell coincidían a grandes rasgos con los descritos en otros trabajos (Grau & Tello, 1985; Albertí & Morey, 1986). No obstante, esos roles podían romperse cuando la concurren- 25. Véanse las hojas de albaranes y correspondencia en ACM, 14193. En 1632 en Son Pont la cua- drilla de segar estaba integrada por mujeres, mientras los hombres trillaban (libros de cuentas de Son Pont y Galatzó, 1631-1634, en ACM, 14196). En los predios de Son Costa la proporción de jorna- les de siega realizados por mujeres era de un 25% del total a finales del siglo XVI, en su mayor parte destinados al espigueo. Sin embargo, a mediados del siglo XVII la proporción de jornales femeninos en la siega en el predio de Son Gallard era del 75% y en Son Costa era de cerca del 55% (JOVER & PONS, 2012: 215-216). En el siglo XVIII los predios de Son Costa muestran una proporción mayori- taria de trabajo masculino, aunque los destajos en los que no se diferenciaba el trabajo por géneros ensombrecen los datos (JOVER, 2013a: 256). En cambio, según el interrogatorio de 1850, las mujeres solamente representaban en los distritos cerealistas el 15% de los jornales destinados a la siega (TELLO, 1983: 75-78). 50 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII cia de diversas demandas de trabajo para labores diferentes en la misma estación lo exi- gían. El Gráfico 1 presenta el número de jornales medios por labor y género expresados en porcentajes respecto de la media del período. En los meses de septiembre a enero la mano de obra femenina e infantil era absorbida en su práctica totalidad primero por la recogida de la algarroba (septiembre) y posteriormente para la aceituna entre octubre y enero, o hasta que finalizaba la campaña en años de cosechas excelentes. Cuando termi- naba la recogida de las aceitunas, en enero o febrero, las mujeres se incorporaban a la es- carda de primavera para los cereales, generalmente en abril y mayo. Las labores mascu- linas se iniciaban en agosto con el desbroce del olivar (de agosto a octubre), y continuaban en los meses de noviembre a enero con la cava de los pies de los olivos, que se simulta- neaba con entrecavar las sementeras de trigo. En febrero, la mano de obra masculina se incorporaba a las labores de poda de los olivos (febrero a abril) y al injerto de los olivos (mayo). En verano la demanda de mano de obra agrícola se concentraba en la siega, aun- que esa era una época importante de demanda de mano de obra para otras actividades silvícolas, como la fabricación de carbón vegetal. La estacionalidad de las labores por género, sin embargo, presenta una anomalía des- tacable cuando la comparamos con la de los predios cerealistas. Los predios del convento de Santo Domingo (Palma), que poseía en la parroquia de Montuïri, en el corazón ce- realista de la isla, muestran un patrón muy similar al descrito para S’Estorell: cerca del 44% de los días de trabajo totales lo aportaban los mozos, y el 56% la mano de obra jor- nalera. La mano de obra femenina representaba el 75% de los días de trabajo, los jorna- les masculinos cerca del 17% y la mano de obra infantil estaba prácticamente ausente en los libros de cuentas (Jover & Pons, 2012: 203-224; Jover, 2013b: 245-253). En los pre- dios cerealistas la máxima demanda de trabajo femenino se producía entre el otoño y la primavera, cuando se desterronaban los campos (septiembre), y tras la siembra se ini- ciaban las labores de entrecavar en otoño e invierno (Tello, 1983). De esta manera, aun- que no coincidían los picos de cosecha en uno y otro sector, en los meses de otoño e in- vierno concordaba la demanda de trabajo para la recogida de la aceituna en los olivareros y para entrecavar las sementeras sembradas de trigo en los predios olivareros y también cerealistas (Gráfico 1). Por tanto, en otoño-invierno se producía una intensa concurren- cia de labores desmintiendo la complementariedad en la demanda de trabajo entre los predios cerealistas y olivareros sugerida en otros trabajos. Esta convergencia de demandas planteaba diversos problemas a los terratenientes oli- vareros. En primer lugar, la intensa demanda de mujeres para la recogida de la aceituna exigía contratar a hombres para labores de entrecavar en otoño e invierno, pues las mu- jeres solamente se incorporaban a la escarda de primavera cuando la recogida de aceitu- nas había finalizado, lo cual equivalía a romper las «reglas de género» en la tradicional dis- Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 51 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora tribución de las labores. En segundo lugar, los terratenientes tenían que bombear todas las reservas de trabajo «barato» disponibles (mujeres y niños) de los mercados locales, y si estos eran insuficientes dirigirse a los mercados regionales. Por último, era preciso ofre- cer salarios suficientemente atractivos para retener y atraer la mano de obra necesaria para la recogida de la aceituna y otras labores, en unos mercados donde también existían otras demandas de trabajo en esos meses. 3.3. Mercados de trabajo: cerca y lejos Como se ha sugerido en diversos puntos del artículo, no toda la mano de obra era con- tratada en el mercado local, entendido este por el territorio que comprendía la parroquia de Binissalem y las limítrofes de Selva, Alaró y Sencelles. ¿De dónde procedía la mano de obra contratada en el predio S’Estorell? En el Cuadro 4 se ha organizado la informa- ción sobre la procedencia de la mano de obra de S’Estorell atendiendo al número de jor- nales realizados por la mano de obra jornalera contratada. El cuadro se ha ordenado por las parroquias de procedencia (entre paréntesis se ha especificado la villa o aldea de donde era originaria), a continuación, la comarca, la distancia del lugar de procedencia respecto del predio, y en columnas se han ordenado el porcentaje de los jornales femeninos (se- gunda columna) y masculinos (el resto) respecto del total de cada labor. A mediados del siglo XVII los estudios sobre la estructura demográfica y urbana (Se- gura & Suau, 1984), la distribución de la propiedad y explotación de la tierra (Monta- ner & Morey, 1989; Suau, 1991), las actividades manufactureras rurales (Segura & Suau, 1981; Deyá, 1998) y los paisajes agrarios (Bisson, 1977; Juan Vidal, 1989; Manera, 2001) permiten distinguir las siguientes comarcas agrosociales (Mapa 1). El distrito del Raiguer, donde se ubicaba el predio S’Estorell, estaba situado al pie de la sierra, y se ca- racterizaba por un claro predominio de la pequeña y mediana propiedad con una intensa especialización vitícola, mientras en las vertientes de la sierra se situaban los predios oli- vareros. La sierra de Tramuntana se caracterizaba por el predominio de la gran propie- dad y la especialización olivarera. En el Pla la estructura de la propiedad estaba muy po- larizada entre las grandes explotaciones cerealistas y las pequeñas explotaciones campesinas que rodeaban las villas. Por último, en los distritos de Llevant, al nordeste, y Migjorn, en el sudeste, predominaban las extensas haciendas destinadas a los aprove- chamientos agropastorales y la pequeña propiedad campesina se concentraba alrededor de centros urbanos compactos. 52 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII CUADRO 4 Porcentaje de jornales de cada labor por áreas de reclutamiento. S'Estorell, 1658-1674 Áreas de Jornales femeninos Jornales reclutamiento e infantil (%) masculinos (%) Parroquia Comarca Distancia al Coger Cavar Desbrozar Injertar Podar Entrecavar Total predio (km) aceitunas pies y abonar Artà Llevant 51,5 0,5 2,1 0,2 Felanitx Migjorn 45,8 3,3 0,2 0,8 0,3 Llucmajor Migjorn 31,1 0,7 1,5 0,3 Montuïri Pla 26,8 0,1 3,0 0,1 1,6 4,8 2,0 Muro (Llubí) Pla 26,7 4,6 Petra Pla 31,6 1,3 0,1 Sa Pobla Pla 20,3 10,4 Santa Margalida Pla 27,6 52,9 21,5 6,1 Sineu Pla 20,3 1,8 0,2 Sencelles Pla 13,6 1,4 11,9 9,2 4,3 Binissalem Raiguer 6,8 7,6 27,0 40,7 52,1 33,1 43,3 38,0 Inca Raiguer 7,6 0,4 Alaró Serra 7,5 1,7 4,4 45,9 43,1 1,1 13,4 19,9 Selva (Mancor) Serra 11,4 6,0 9,8 5,1 55,8 16,8 15,4 Valldemossa Serra 31,6 0,1 0,3 0,1 Menorca - 10,3 3,0 No Identificado - 10,8 11,9 6,4 3,2 10,0 5,5 10,0 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Fuentes: Cuadros 1 y 2. La segunda columna muestra la distribución de la contratación de la mano de obra fe- menina e infantil para la recogida de la aceituna. Un 7,6% se contrataba en Binissalem, parroquia donde se ubicaba el predio, y en proporciones menores en las parroquias co- lindantes de Selva, Alaró y Sencelles (en su conjunto, poco más del 9%). El trayecto en- tre esas villas y el predio se realizaba a pie en algo más de una hora y permitía ir cada día de casa al tajo. Este contingente de cogedoras, que era contratado en el mercado local, suponía en torno al 18% del total; el resto de las cogedoras se contrataba en el mercado regional. El 68% de las cogedoras procedían de las villas del centro de la isla, de las cua- les solo la parroquia de Santa Margalida aportaba el 53% de los efectivos, muy por en- cima de otras villas del Pla, como Sa Pobla o Muro, que representaban el 15%. Estas vi- llas estaban situadas a más de veinte kilómetros de S’Estorell, con trayectos a pie de más de 6 horas, y en otros de 46-52 kilómetros, que suponía andar unas once horas. Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 53 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora MAPA 1 Localizaciones de los distritos agroecológicos y municipios de origen de la mano de obra jornalera de S’Estorell en la Mallorca moderna Fuente: elaborado a partir de las capas base históricas creadas por Ivan Murray (Tello et al., 2018). El mercado de reclutamiento de la mano de obra masculina tenía un carácter eminente- mente local. Las tres cuartas partes de la mano de obra masculina procedían de Binis- salem o de los pueblos vecinos de Sencelles, Selva y Alaró. Los trabajadores destinados a desbrozar e injertar procedían en más del 80% de las villas de Alaró y Binissalem; los podadores en un 89% residían en Selva y Binissalem; aunque para algunas labores rela- tivamente intensivas en trabajo (como cavar los pies) se contrataron cuadrillas en Santa Margalida (21,5%), Menorca (10%)26, y otras villas del centro de la isla como Montuïri, Sineu, Petra y Llucmajor, en una proporción nada despreciable. Así pues, el reclutamiento en los mercados local y regional respondía a propósitos eco- nómicos y logísticos diferentes. En el caso de las cogedoras de aceitunas, la contratación 26. En este caso se trata de los mismos individuos que se habían contratado como mozos y jorna- leros en S’Estorell (JOVER, PUJADAS & SUAU, 2017). 54 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII en el mercado local garantizaba el trabajo en el inicio de la recogida y la rebusca al final de la campaña, y aseguraba un contingente de mano de obra mínima en los años de pé- simas cosechas27. Mientras que en los años de buenas cosechas la demanda concurrente de los predios olivareros de la sierra vaciaba el mercado local, y exigía que los terratenientes con predios más extensos y con rendimientos elevados tuvieran que recurrir al mercado regional para cubrir la larga temporada de la recogida de la aceituna. En la contratación de mano de obra masculina para algunas labores (cavar y entrecavar) el terrateniente re- curría al mercado regional solo ocasionalmente, cuando la oferta local exigía salarios muy elevados, como se ha mostrado. La comparación entre la parroquia donde se ubicaba el predio S’Estorell y aquella de donde procedían la mayor parte de las cogedoras ofrece una primera aproximación a la explicación de esos movimientos migratorios. La parroquia de Binissalem estaba densa- mente poblada, se había consolidado una amplia capa de pequeños y medianos propie- tarios, en sus tierras orientales se había desarrollado una creciente especialización vitícola y pervivían ciertas actividades manufactureras (Pascual, 2009). Por tanto, la especializa- ción olivarera de los predios de la vertiente de la sierra, por un lado, y la demanda de tra- bajo de las explotaciones vitícolas, por otro, posiblemente obligaban a los terratenientes a recurrir a mercados de trabajo más amplios. Por otra parte, Santa Margalida, la parro- quia de donde procedían la mayor parte de las cogedoras y también la mano de obra mas- culina protagonistas de esos movimientos estacionales, era una zona especializada en la producción de cereales y sin presencia significativa de actividades manufactureras. Ade- más, la tierra estaba muy desigualmente repartida. La mayor parte de la tierra era poseída por la aristocracia, entre la que se encontraba el conde de Formiguera, propietario de S’Es- torell, que además poseía la jurisdiccional feudal sobre una parte importante de la pa- rroquia. En las décadas de 1630 a 1650 la presión señorial y la renuencia de los terrate- nientes a establecer tierras habían provocado numerosos conflictos, y empujado incluso a una parte de la población a la emigración definitiva a tierras valencianas. En este caso operaban todos los factores para la expulsión: pobreza, escasas alternativas al trabajo agrí- cola y el poder de negociación de los terratenientes redoblado mediante el control sobre el acceso a la tierra y el ejercicio del poder jurisdiccional (Montaner & Le Senne, 1977; Mas-Forner, Monjo & Mas, 2009). Por tanto, la desigualdad en la distribución de la tierra y la especialización agrícola pu- dieron tener un papel importante en esos movimientos migratorios estacionales. Sin em- bargo, este esquema no explica suficientemente por qué una parte de la mano de obra, 27. Por ejemplo, en S’Estorell se contrataba a las mujeres de Lloseta, la misma localidad donde se ubicaba el predio, o de las parroquias vecinas (ACM, 16923). Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 55 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora aunque menor, procedía también de villas con una creciente especialización vitícola (Fe- lanitx, Sencelles) o de cultivos de regadío (Muro y Sa Pobla), y en las que la desigualdad en la distribución de la tierra era menor. Por otra parte, los terratenientes para garanti- zar la mano de obra imprescindible para las labores en el olivar, y particularmente la re- cogida de la aceituna, necesitaban ofrecer a la mano de obra unos ingresos suficientemente elevados que compensasen esas migraciones estacionales, como se discutirá en el próximo apartado. 3.4. Brecha salarial de género y skill Premium El propósito de este apartado es discutir el efecto que tuvo el sector exportador sobre el nivel de los salarios y, en particular, sobre la remuneración de las mujeres con respecto a los hombres para labores semejantes. Para ello, en el Cuadro 5 se comparan los sala- rios nominales de la mano de obra masculina y femenina adulta para las labores especí- ficas del olivar del predio S’Estorell y de los predios de Son Costa, del convento de Santo Domingo situados en la parroquia de Montuïri (Jover & Pons, 2012); esto es, de un gran predio olivarero y otros cerealistas del centro de la isla de donde procedía una parte sig- nificativa de la mano de obra contratada en S’Estorell. Para los propósitos de este estu- dio se analizarán los salarios medios del período 1661-1680 de ambos predios. CUADRO 5 Salarios diarios medios de las labores más importantes en el manejo del olivar y cereales en S’Estorell (Binissalem) y los predios de Son Costa (Montuïri). Media del período 1661-1680 en sueldos/día S'Estorell (Binissalem) Son Costa (Montuïri) Monetario Total Total Injertar olivos* 6,20 7,70 Podar olivos* 4,10 5,10 Cavar pies olivos 3,96 Entrecavar cereales 3,65 3,36 Coger aceitunas* 1,13 1,41 Entrecavar 1,38 1,17 Nota: el asterisco (*) significa que estaba acompañado de companatge. El salario completo es el resultado de sumar al salario monetario el valor del companatge, el complemento en especie. Fuentes: libros de cuentas de S’Estorell, citados en el Cuadro 1; libros de cuentas de los predios de Son Costa, propiedad del convento de Santo Domingo, 1667-1685 (AH, C-163); y Jover y Pons (2012: 336- 337). 56 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII CUADRO 6 Ratios salariales entre labores y brecha de género en los predios de S’Estorell y Son Costa Ratios salarios masculinos % Injertar Estorell / Cavar pies Estorell 169,9 Injertar Estorell / Podar Estorell 151,4 Podar Estorell / Cavar pies Estorell 103,4 Cavar pies Estorell / Entrecavar Estorell 108,5 Ratios salarios femeninos y masculinos % Cavar pies Estorell / Entrecavar Son Costa 118,03 Entrecavar Estorell femenino / Entrecavar Estorell masculino 37,81 Entrecavar Son Costa femenino / Entrecavar Son Costa masculino 34,7 Coger aceitunas Estorell / Entrecavar Son Costa 120,6 Fuente: Cuadro 5. A mediados del siglo XVII, en los predios de la hacienda Safortesa, los salarios se paga- ban en metálico, en dinero corriente o en dinero y especies (manutención o aceite) cuando tenían un carácter mixto28. Solamente en algunos años el salario monetario se pagó en especies, en trigo a petición de la mano de obra29. Los pagos por las labores ex- tras (a las vaciadoras de capazos en la recogida de la aceituna), anticipos (penyora) o pa- gos paternalistas por servicios prestados (regal) se consignaban al margen del salario pac- tado30. La jerarquía salarial y descripción de las labores en el olivar se encuentran recogidas en el tratado de agricultura de Montserrat Fontanet de 1747 (Juncosa & Martínez, 1979) y el interrogatorio agrario de 1850 (Grau & Tello, 1985). Las tareas de injertar y podar eran consideradas las más cualificadas. Ambas se pagaban con un salario mixto, com- puesto por una remuneración en moneda y un complemento en especies llamado com- panatge («condumio»), consistente en una cazuela con legumbres y hortalizas, acompa- ñada de pescado salado o queso, vino, aceite y pan. El maestro era remunerado con 6 a 8 sueldos diarios en función del árbol (frutales, algarrobos u olivos), sus ayudantes (pre- parar el fango y la cuerda) percibían 4 sueldos diarios. El gasto en companatge en los años estudiados se calculaba en cerca de 1,5 sueldos por día, que elevaba el salario total del 28. La moneda era transportada por los trajineros en los frecuentes viajes entre la ciudad y los pre- dios (ACM, 14197, ff. 1 y 4). 29. En 1669 se pagó a una parte de las cogedoras con trigo en vez de moneda (ACM, 16.922). 30. Por ejemplo, los complementos a las vaciadoras de capazos y a las mujeres que organizaban las cuadrillas (ACM, 16.922). Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 57 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora maestro a 7,7 sueldos de media31. El salario diario de podar era notablemente inferior al de injertar: 4-5 sueldos diarios y la manutención se estimaba en 1 sueldo al día32. Las tareas de cavar pies y entrecavar los cereales se pagaban con salarios monetarios eixuts (sin complemento en especies), y pueden considerarse como el «salario mínimo» de la época, con una remuneración situada entre los 3,5 y los 4 sueldos diarios. En el Cuadro 6 se han calculado los diferenciales entre las distintas labores masculinas. Los coeficientes muestran claramente que injertar olivos era con diferencia la labor mejor remunerada, porque exigía un mayor grado de experiencia. Las cuentas distinguían entre la labor del maestro, que decidía la modalidad de esqueje y las ramas, y las de sus ayudantes, que cobraban un salario inferior. La destreza y experiencia en esa labor debía ser muy apre- ciada, pues a lo largo de la etapa 1658-1680 solamente se contrataron dos maestros para realizar esa labor33. Por el contrario, la labor de podar era realizada por cuadrillas, sin que se hicieran distinciones salariales entre las labores de podar y recoger la leña. En los años centrales del siglo XVII, la poda no tenía la relevancia que adquirió en períodos posterio- res, cuando los olivos eran más maduros y su rendimiento dependía de una poda más enér- gica (Bisson, 1977; Grau & Tello, 1985; Infante, 2014: 98-106). El salario era un 51% in- ferior al de injertar, y entre un 29% y un 39% mayor que las labores de cavar los pies y entrecavar, una diferencia claramente marcada por el pago de la manutención. Las labo- res de cavar los pies y entrecavar eran poco cualificadas, aunque el salario diario de cavar los pies era un 12% superior al de entrecavar. Esta diferencia estaba relacionada con el es- fuerzo que exigía una y otra operación. Cavar los pies era una labor que se realizaba con una herramienta pesada, una azada (xapa). Su propósito era remover el suelo y eliminar los brotes nuevos que crecían en los pies de los olivos, mientras que entrecavar se realizaba con un escardillo ligero que servía para eliminar las hierbas adventicias en la sementera de cereales y facilitar la percolación de las lluvias. Por tanto, los salarios masculinos tenían una remuneración diferenciada según la destreza y dureza de la labor, pero además los salarios masculinos de cavar los pies en S’Estorell eran un 18% más elevados que los de entreca- var en Son Costa. Como veremos, eso también sucedía en las labores femeninas. 31. En el predio Es Verger (Esporles), cercano a Son Tugores, el companatge consistía en legumbres, cebollas, queso y pescado salado, que se valoraban en 1,5 sueldos por trabajador y día. Véase el libro de cuentas de 1650 a 1663 (ARM, AH, C-4269, años 1651, 1652, 1663 y 1664). 32. Véase para S’Estorell, ACM, 5.228, libro de administración de la cosecha, 1645-1646, y ACM, 14.402; libros de cuentas de Son Pont y Galatzó, 1631-1634, en ACM, 14196 y 14197; libros de cuentas de Son Serralta, 1648-1649, en ARM, AMT, 133-M, 44/41; y para El Verger el libro de cuen- tas ARM, C-4269. 33. La inversión en la expansión del olivar, construcción de terrazas e injerto de acebuches y olivos está descrita en el memorial de 1685 que recoge las inversiones realizadas por los propietarios desde 1652 (ACM, 14165). 58 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII El abanico de salarios de la mano de obra femenina era muy reducido: coger aceitu- nas para las mujeres locales y las temporeras, y el salario de entrecavar los cereales en pri- mavera (Cuadro 6, panel inferior). El salario de las cogedoras temporeras se establecía en el mercado regional, pues se contrataban a las cuadrillas en diversas villas por un mismo salario, como muestran los acuerdos salariales para los distintos predios de la hacienda del conde de Formiguera. Las cogedoras temporeras recibían un salario mensual mixto, una parte en moneda y la otra en especie (aceite), además de otros complementos, como alojamiento, leña, agua y el transporte de ida y vuelta de su residencia al predio34. El sa- lario en especies consistía en una cantidad de aceite, entre dos y seis litros al mes, que po- día suponer cerca del 20% de los ingresos totales. Por el contrario, las cogedoras con- tratadas por días en el mercado local cobraban únicamente un salario equivalente a la parte en metálico que cobraban las temporeras. El salario por labor de entrecavar los ce- reales en primavera era superior al que cobraban las cogedoras locales (Cuadro 3). La comparación relevante es la de los salarios pagados a las cogedoras de aceitunas del pre- dio de S’Estorell y los que se pagaban por entrecavar en Son Costa en las mismas esta- ciones, otoño e invierno (Cuadro 6, Gráfico 1). El salario de ir a coger aceitunas era un 20% superior al de quedarse a entrecavar en los predios del término de residencia, en este caso Montuïri. Este diferencial, y tener cubiertos los costes de transporte y alojamiento, era el que pesaba en la decisión que debían tomar muchas familias de las villas del llano en otoño, cuando decidían dónde asignar los excedentes laborales familiares, qué miem- bros del hogar debían quedarse a entrecavar (Son Costa, Montuïri) y cuáles emigraban estacionalmente a coger aceitunas a la sierra (S’Estorell, Binissalem). Por último, la brecha salarial de género entre hombres y mujeres para labores seme- jantes (entrecavar los cereales) en la sierra y el llano seguía siendo muy elevada. El sala- rio femenino representaba menos del 40% del masculino. Esta brecha era semejante a la que había a mediados del siglo XVI (Jover & Pons, 2012), y para períodos posteriores (Grau & Tello, 1985; Albertí & Morey, 1986; Escartín, 2001; Molina de Dios, 2003). La bre- cha únicamente era menor entre las cogedoras de aceitunas temporeras y el salario mas- culino de entrecavar. Solamente las condiciones excepcionales de la demanda de trabajo para la recogida de la aceituna, que llevaba pareja la movilización de mujeres de merca- dos regionales, tenían una compensación dentro del abanico salarial del mismo género: el salario de las cogedoras temporeras era superior al de las mujeres contratadas en los mercados locales. 34. Véanse los acuerdos salariales de las cogedoras de los años 1662-1665 y 1677-1679 de los pre- dios de Galatzó, Son Togores y Son Pont en ACM, 16923. Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 59 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora 4. DEMANDA DE TRABAJO, OCUPACIÓN FEMENINA Y BRECHA SALARIAL DE GÉNERO El análisis de la demanda y remuneración del trabajo en el predio S’Estorell ofrece algunos resultados peculiares y destacados respecto de otras trayectorias regionales en el ámbito europeo. En la isla, los mercados de trabajo estaban plenamente desarrollados a media- dos del siglo XVII y tenían una estructura semejante a la del primer capitalismo agrario, donde la mano de obra jornalera o casual era predominante (Whittle, 2017: 1-18; Bavel, 2010: 201-213; Muldrew, 2011: 14-28). Los predios olivareros y cerealistas tenían una estructura de la demanda de trabajo muy semejante. Los mozos aportaban el 40%-45% de los días de trabajo y la mano de obra jornalera entre el 55%-60%. Sin embargo, las mujeres eran el principal contingente laboral de la mano de obra jornalera, con el 70% de los días de trabajo en ambos cultivos, aunque la mano de obra infantil tenía un peso más destacado en los predios olivareros, alcanzando prácticamente el 10% del total. Así pues, el rasgo peculiar del capitalismo agrario isleño, frente a otros modelos de demanda de trabajo de la época, era la elevada feminización de la mano de obra jornalera. La pro- porción de la participación de las mujeres y los niños en los mercados de trabajo asala- riado agrícola era superior a las que se registran en muchas regiones atlánticas, donde las mujeres alcanzaban menos del 30% de la mano de obra contratada a jornal (Sharpe, 1995: 80-81; Burnette, 1999: 49-51;Yamamoto, 2004: 107-110; Hindle, 2013: 261; Gary, 2019: 12-13). Una situación similar, aunque en períodos posteriores, la encontramos en la Es- paña peninsular en zonas de predominio de mediana explotación (Lana, 1995: 142-143; 2000: 133-134, 144, 147; Fernández Romero, 2005: 48-55; Garrabou, Ramon-Muñoz & Tello, 2015: 98) y de latifundio (Puntas & López Martínez, 2000). Por lo que respecta a la composición de la demanda de trabajo específica del olivar, la división del trabajo por géneros en la isla era muy similar a otras regiones peninsulares (Martínez Soto, 2002; Ló- pez Estudillo, 2006); aunque la asociación del cereal con el olivo y el sistema de recogida de la aceituna sin vareo exigía una mayor demanda de trabajo femenino que en otras re- giones (Lobato, 1999; Borrero, 2003: 103-171; Infante, 2012). En cualquier caso, será necesario un trabajo más a fondo sobre las diferentes pautas de demanda regional de las explotaciones agrarias mediterráneas, en particular sobre la ocupación femenina, para evi- tar simplificaciones. La especialización agrícola de los predios (olivareros versus cerealistas) en el caso es- tudiado no generó complementariedades en la demanda estacional de trabajo entre sec- tores, como se ha argumentado para las regiones atlánticas, aunque estudios más deta- llados pueden discutir esa hipótesis (Burnette, 2013: 135-164). Ello era debido a las condiciones del manejo del suelo en las zonas mediterráneas, donde cerrar los ciclos de nutrientes exigía una creciente asociación de cultivos y una mayor intensidad del trabajo 60 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII (Fernández Prieto & Soto, 2010). Así, el trabajo aumentaba proporcionalmente más en las labores de mantenimiento de los cultivos que en las de la cosecha (Tello, 1983; Sharp & Weisdorf, 2008). El resultado era una creciente concurrencia de las diversas deman- das de trabajo agrario de los distintos cultivos en las mismas estaciones o meses (Fer- nández Romero, 2000; Vicedo, 2002). Ello provocaba ajustes en la demanda de trabajo de los terratenientes que tenían implicaciones sociales y geográficas. Por una parte, la de- manda de trabajo vaciaba el mercado local de trabajo femenino, y requería que labores «tradicionalmente encomendadas a las mujeres», como entrecavar los cereales de invierno en los predios olivareros, fuesen realizadas por mano de obra masculina, invirtiendo así las «reglas de género» para atender a las necesidades estacionales de los distintos cultivos. Por otra parte, los terratenientes se veían impelidos a contratar en mercados más amplios la mano de obra necesaria para el manejo de los cultivos y la recogida de la aceituna. En cualquier caso, será necesario un trabajo más a fondo sobre las diferentes pautas de de- manda regional de las explotaciones agrarias mediterráneas, en particular sobre la ocu- pación femenina, para evitar simplificaciones. Los libros de cuentas del predio S’Estorell, y demás predios de la hacienda, mues- tran jerarquías salariales por cualificación y género eran semejantes a las observadas en otras regiones y periodos: los hombres retenían los trabajos más cualificados (poda, in- jerto, plantación) y mejor remunerados, mientras las mujeres eran contratadas para las tareas intensivas y reiterativas con inferiores salarios (Garrabou, Pujol & Colomé, 1991: 32-33; Burnette, 1999; Verdon, 2002; Lana, 1995: 142-143; 2000: 133-134, 144, 147; Fernández Romero, 2005: 48-55; López Estudillo, 2006; Llopis & García Montero, 2011: 305, 307; Garrabou, Ramon-Muñoz & Tello, 2015: 98). Sin embargo, puede que la in- tensa demanda de trabajo y una mayor cualificación de algunas labores masculinas del sector oleícola exportador (Martínez Soto, 2002: 250-266) ejercieran una pulsión al alza sobre el conjunto de la estructura salarial del sector que provocara un premio de la es- pecialización (Williamson, 2012): los salarios femeninos y masculinos de los predios oli- vareros para labores semejantes eran netamente superiores a los de los predios cerealis- tas. Sin embargo, ni el premio de la especialización, ni la mayor demanda de trabajo femenino contribuyeron a reducir la brecha salarial de género, que se situaba por debajo del 40%, en una posición igual o inferior que en otras regiones (Fernández Romero, 2005: 61-72; Lana, 2007; García Montero, 2018: 128-131), y muy superior a la que se ha estimado para algunas tareas urbanas para la misma época (Drelichman & Gonzá- lez Agudo, 2019). Por tanto, la mayor ocupación y movilidad de la mano de obra fe- menina no supuso una mejora relativa de la remuneración femenina respecto de la mas- culina para la misma labor. Historia Agraria, 80 Abril 2020 pp. 37-69 ■ ■ 61 Gabriel Jover-Avellà y Joana Maria Pujadas-Mora 5. CONCLUSIONES. Las cuentas del predio S’Estorell para mediados del siglo XVII permiten una aproxima- ción al funcionamiento del mercado de trabajo en el sector olivarero de la isla de Mallorca del siglo XVII. La especialización oleícola de exportación se había desarrollado sobre una extremada desigualdad en la distribución de la tierra y la falta de alternativas al trabajo agrícola. En ese contexto los terratenientes se beneficiaron de una escasa regulación de los mercados, que permitió una creciente flexibilidad en cuanto a la segmentación de las labores por géneros y a la movilidad de la fuerza de trabajo. No hay duda de que ello po- sibilitó la comercialización de aceites grasos a precios competitivos, conteniendo los cos- tes de producción de las haciendas, particularmente los salariales mediante la masiva in- corporación de mujeres y niños. Si bien el sector incentivaba la contratación femenina y proporcionaba salarios más elevados que en otros sectores, no hemos observado que esto contribuyese a cerrar la brecha salarial o mejorar la capacidad de elección de las mujeres. De hecho, la intensa feminización del mercado de trabajo en la isla, bajo las relaciones capitalistas y patriar- cales, pudo propiciar un sesgo de género en las relaciones de clase por lo cual el pro- ceso de salarización sería más intenso en las mujeres que en los hombres (Garikipati, 2008). Por último, las desigualdades económicas en el acceso a la tierra y a otras actividades (factor expulsión), y el diferencial de salarios entre las villas olivareras y cerealistas (fac- tor atracción) pueden explicar, parcialmente, las migraciones estacionales, pero están le- jos de ser las únicas explicaciones para esta movilidad. Además de estos factores, las fa- milias tenían que decidir cómo asignaban su fuerza de trabajo (adulto e infantil, masculino y femenino) a los diferentes mercados, pues, como se ha dicho, unas mujeres se queda- ban en sus hogares, mientras otras migraban a la sierra. AGRADECIMIENTOS Este estudio se ha beneficiado de la ayuda del Ministerio de Ciencia, Innovación y Uni- versidades PGC2018-096350-B-100. La redacción y revisión de este trabajo se benefi- ció de una estancia en febrero-marzo de 2019 en el Departament of History de la Uni- versity of Durham. Agradecemos a Julie Marfany y al resto de los miembros del departamento las facilidades que nos depararon. Asímismo una versión revisada del texto se presentó en los seminarios del 15 y 22 de mayo de 2019 en l’École des hautes études en sciences sociales. Agradecemos la invitación de Gérard Béaur y Natalia Muchnick, así 62 pp. 37-69 Abril 2020 Historia Agraria, 80 ■ ■ Mercado de trabajo, género y especialización oleícola: Mallorca a mediados del siglo XVII como los comentarios que hicieron Laurent Hernan, Pablo Luna, Rosa Congost, Ane Zink y Samuel Garrido. También nos gustaría reconocer la asistencia técnica de Juan Ga- leano y Miquel Valls en la confección del aparato cartográfico del artículo. Por último, agradecemos a los editores y evaluadores anónimos de Historia Agraria, quienes con sus comentarios han contribuido a mejorar este artículo. REFERENCIAS ALBERTÍ, A. & MOREY, A. (1986). 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