CÓmo RepResentAn LAs FotoGRAFÍAs unA pAndemiA HoW pHotos RepResent A pAndemiC Como As Fotos RepResentAm umA pAndemiA José Luis terrón Blanco docente e investigador en el departamento de Comunicación Audiovisual y publicidad de la universi- dad Autónoma de Barcelona; doctor de en Ciencias de la información por la misma universidad. su línea de investigación prioritaria es la comunicación y salud, sobre la que ha escrito numerosos artículos y po- nencias. es el directo y fundador del sComLab inCom-uAB. e-mail: joseluis.terron@uab.cat / joseluis.terron@uab.es 50 Resumen Este escrito pretende reflexionar sobre cómo representan las fotografías la pandemia de la Co- vid-19, y por extensión la enfermedad, la muerte y el duelo. No se trata de un trabajo empírico y para su elaboración nos hemos basado en textos clásicos sobre la fotografía, así como en una serie de escritos que se han venido haciendo durante la pandemia. Se reivindica el estudio de la fotografía, como objeto y como manifestación de una moral hegemónica, en el campo de la comunicación y salud; fotografías producidas no sólo por los fotoperiodistas y que son parte de los documentos que registran la memoria colectiva. Palabras clave: COVID-19; pandemia; fotografía; representaciones. Abstract This paper aims to reflect on how the photographs represent the Covid-19 pandemic, and by extension the disease, death and mourning. It is not an empirical work and we have based it on classic texts about photography as well as on a series of writings that have been done during the pandemic. We claim the study of photography, as an object and as a manifestation of a he- gemonic morality, in the field of communication and health; photographs produced not only by photojournalists and which are part of the documents that record the collective memory. 51 Keywords: COVID-19; pandemic, photography; representations. Resumo Este texto tem como objetivo refletir sobre como as fotografias representam a pandemia Co- vid-19 e, por extensão, doença, morte e luto. Não é um trabalho empírico e para sua elabo- ração baseou-se em textos clássicos sobre fotografia e também em uma série de escritos que foram feitos durante a pandemia. O estudo da fotografia é reivindicado, como objeto e como manifestação de uma moral hegemônica, no campo da comunicação e da saúde; fotografias produzidas não apenas por fotojornalistas e que fazem parte dos documentos que registram a memória coletiva. Palavras-chave: COVID-19; pandemia; fotos; representações. El debate sobre la difusión de las imágenes medicina (Burns, Stanley B.; Burns, Janson, 2019 del sufrimiento humano resurge de tanto en y Walter, 2019 ), es común que desde las ciencias tanto cada vez que nos enfrentamos a algún de la salud se depare en cómo ciertos productos ­acontecimiento molesto, normalmente porque audiovisuales (películas y series, principalmente) nos pone delante de los ojos los conflictos en tratan la enfermedad o la salud, muestra de ello los que estamos inmersos y que tratamos de ig- es también la revista española Revista de Medici- norar para vivir tranquilos (Paniagua, 2020). na y Cine, pero también en este caso priva qué se dice sin entrar en demasiados detalles en el len- A modo de introducción guaje que lo dice. E l presente escrito no es el resultado de nin- gún trabajo empírico sobre las fotografías que nos ofrecen los medios de comunicación de Durante estos meses se han venido publicando en las revistas científicas iberoamericanas de co- municación numerosos artículos sobre comuni- la crisis sociosanitaria que tiene su origen en la cación y Covid-19, pero no tenemos conciencia pandemia de la Covid-19. Tampoco aplicamos de que ninguno se haya detenido en analizar, de ninguna metodología científica de carácter cuali- manera central, la producción fotoperiodística. tativo para sostener lo que decimos; se trata más En segundo lugar, y como consecuencia de bien de una serie de reflexiones, generalmente esta primera premisa, se pretende reivindicar el dudas, enunciadas en voz alta con la pretensión estudio de la fotografía en el campo de la comu- de desencadenar mínimamente un interés en los nicación y salud, y en este escrito, especialmente lectores que nos lleve a dialogar con ellas buscan- el fotoperiodismo, aunque no sólo este, como se do respuestas, o planteando nuevas dudas. verá más adelante. Eso sí, partimos de varias premisas: la prime- Relacionada con estas dos premisas, una terce- ra, es que se constata una falta de estudios sobre ra cuestión: precisamos estudios empíricos que el tratamiento de la fotografía en el campo de la nos digan para que, de esta forma, dejemos de 52 comunicación y salud. Por ejemplo, tras revisar suponer, correcta o incorrectamente; o sea, pa- todos los artículos publicados en las dos revistas sar de la hipótesis a la comprobación o al menos, científicas españolas sobre esta temática (Revis- abandonar los lugares comunes. Es por ello, que ta Española de Comunicación en salud y Revista este autor, bajo la dirección de Rebeca Pardo de Comunicación y Salud) no hemos encontrado (una de las pocas autoras en el ámbito iberoame- ningún artículo que se centre en el fotoperiodis- ricano que estudia la fotografía en relación con mo, y en los casos en los que se habla de fotogra- la el dolor y la enfermedad), conforma parte de fía se suele hacer para analizar las imágenes fijas un equipo interdisciplinar e internacional que se que aparecen en ciertas campañas sobre salud. propone ‘ver’ que han, que están mostrando lo Algo similar podemos hacerlo extensible a las diarios europeos de la pandemia de la Covid-19. imágenes en movimiento, así, cuando se analizan Partimos de dos supuestos: no muestran lo mis- los programas televisivos los estudios suelen cen- mo y no se lee de igual forma lo que se muestra, trarse en análisis de contenido que ponen el énfa- a pesar de la supuesta homogeneidad de las foto- sis en los contenidos verbales, sin profundizar en grafías que ofrecen los diarios de aquí y de allá. la sintaxis del lenguaje audiovisual (lo que supon- Hace unos pocos meses Rebeca Pardo (2020) dría, todo hay que decirlo, análisis más comple- publica una colaboración bajo un elocuente título: jos); por otro lado, así como desde el nacimiento ¿Qué imágenes formarán parte de la Covid-19? de la fotografía esta se ha puesto al servicio de la Porque esas imágenes serán las que documenten la epidemia, serán la memoria visual de la mis- para el autor –y los fotoperiodistas- sus imágenes ma, pero no será una sino múltiples, porque la han enseñado, pero con limitaciones. ¿Y qué han pandemia se dilata en el tiempo, porque pasa por mostrado? En un primero momento el vacío de momentos distintos, pero lo que es más impor- los lugares públicos, las intervenciones institu- tante, porque esta se ve de distintas maneras de- cionales y la solidaridad (y autoayuda de los ve- pendiendo de los lugares y de las personas que cinos) desde los balcones para con los trabajado- los producen. Frente al pensamiento de la homo- res, especialmente de la sanidad. geneidad de las rutinas productivas periodísticas Hubieron de pasar semanas para que se mos- y por tanto de sus productos (las informaciones) traran el interior de hospitales, residencias de nos encontramos que con casos como el que exa- ancianos o tanatorios improvisados. Todos los minamos, la cultura en que se inserta la fotogra- fotoperiodistas coinciden en una apreciación: fía es fundamental, dado que esta permitirá o no en España, durante semanas no se quiso que se que veamos la enfermedad, el dolor o la muerte viera el caos en el que estaba sumido el sistema (y sus ritos de duelo) de una manera o de otra, sanitario, y para que no se viera se dieron una se- metafórica o explícitamente, con finalidades dis- rie de argumentos desde hospitales, residencias y tintas, ya que la convivencia, la connivencia y la administraciones que pasaremos a detallar en el tolerancia no es la misma según el lugar en el que apartado siguiente. Pero sí que lo vimos, pues los nos encontremos. Recordemos que además esta- trabajadores –sobre todo los sanitarios- se encar- mos tratando de una pandemia y que, por tanto, garon de denunciar la situación en la que vivían se manifiesta no sólo en la salud de las personas y centros, enfermos y ellos mismos a través de las que hablamos de una enfermedad más estigmati- imágenes que se captaban con sus móviles. Y este zante de lo que se quiere reconocer. paradigma (la facilidad para obtener y difundir Es interesante, si se nos permite, apreciar como imágenes) hace que esta pandemia sea diferente a esa ruptura de la homogeneidad decoloniza la las anteriores. Ya no es precisa la ‘especialización’ memoria, y eso es algo que va a aportar esta pan- `para documentar. Y los medios acabaron repro- 53 demia en contraposición con, me atrevería a de- duciendo lo que ellos no eran capaces de produ- cir, las anteriores. Por ello, como he venido apun- cir. La memoria se colectiviza y por mucho que tando en estos últimos párrafos debo subrayar intente constreñirse (por ejemplo, censurarse) es una advertencia: escribo desde un lugar, que no capaz de ser compartida de manera autónoma, es sólo físico sino sobre todo cultural. y lo que puede ser más importante, preservada. Porque todos los fotoperiodistas con los que he- 1. ¿Qué se muestra? mos hablado nos dicen algo que sospechábamos: Les recuerdo la advertencia que les acabo de ha- con el tiempo empezaremos a ver imágenes pro- cer al final de la introducción, no obstante, creo ducidas por los trabajadores que nos dirán, nos que lo que escriba puede ser entendido y puede contarán, nos conmocionarán -¿quizás demasia- que compartido por la mayoría de los lectores. do tarde?- y que en estos momentos no se atreven No hace muchas semanas, Aguiló Vidal (2020) a difundir por represalias laborales y por preser- escribía un interesante informe sobre el trata- var anonimatos. O imágenes producidas por los miento de la pandemia en España a partir de una enfermos o por sus allegados. Todo lo cual nos serie de entrevistas con renombrados fotoperio- lleva a que nos deparemos en que estudiar los distas. El informe lleva el elocuente título (tradu- trabajos de los fotoperiodistas no es igual a estu- zco del catalán) de ‘Una pandemia a ciegas’, pues diar las imágenes que se están produciendo sobre esta pandemia, ni siquiera como sinécdoque. Al iguales a todos, y por extensión a nadie? Pero el respecto les invitamos a que lean las reflexiones rostro de los dolientes y de los muertos es un tabú que nos hace Morcate (2019 y 2020). en las sociedades occidentales, segunda reflexión Durante ese periodo y en paralelo nos em- en la que me extenderé en el siguiente apartado. piezan a llegar imágenes más explícitas, desde La tercera tiene que ver con algo sobre lo que otros países, principalmente de Latinoamérica; no se ha escrito demasiado y que nos preocu- fotografías que si muestran el dolor y la muerte. pa especialmente: han proliferado, en cuanto se Algunas de ellas fueron reproducidas por los me- pudo hacer fotografías en el interior de hospitales dios europeos, pero siempre las más recatadas, o y de residencias, por un lado, aquellas fotografías aquellas que funcionaban como metáfora de la que por preservar el anonimato buscan en la si- crudeza y de la intensidad de la pandemia. Pero nécdoque y la metáfora la manera de decir y, por sobre todo había algo que nos mostraban y que otro, y aquí nos detendremos más, las fotografías nosotros no habíamos visto: rostros, los rostros en las que se ven al personal médico con sus tra- de los enfermos, de los muertos, de los allegados jes de protección haciendo sus tareas, sobre todo expresando su dolor. Sólo se nos habían mostra- en una UCI. Y así llegamos a un relato, muchas do los rostros de los políticos, de los expertos, del veces involuntario, en que prevalece la tecnolo- personal sanitario, de los solidarios, …, pero ¿y gía, en la que la tecnología son los cuidados, es los rostros de los dolientes, los verdaderos pro- la que salva; en el que, en definitiva, la práctica tagonistas? médica se basa en un avance tecnológico y el ¿Qué supone que se nos escondieran? Al humanismo médico queda desdibujado. Y ese respecto Barthes (2020 para la edición que relato, como acabamos de escribir, muchas veces trabajamos) en La cámara lúcida escribe de su involuntario, va creando un sustrato que presu- desinterés por un reportaje fotográfico sobre ur- pone que la medicina es sobre todo tecnología y gencias hospitalarias y añade: que la buena práctica médica es tecnológica. Y 54 así es sin ningún tipo de duda en ocasiones, pero Entonces, ¿es que no hay nada que decir de la no siempre. muerte, del suicidio, de las heridas, del acci- No deja de llamarnos la atención como unas fo- dente? No, nada que decir de esas fotos en las tografías tan llenas (de aparatos e incluso de per- que veo batas blancas, camillas, cuerpos ex- sonal médico) puedan mostrarnos tanto vacío. tendidos en el suelo, trozos de cristal, etc. ¡Ah, Ese relato se apuntala en otro, a su vez preo- si por lo menos hubiese una mirada, la mirada cupante: las imágenes de las colas para una vi- de un sujeto, si alguien en la foto me mirase! sita médica junto a las fotos de los facultativos (Barthes, 2020, p. 121). en consultas médica mediadas por un teléfono o computador. La presión asistencial y las precau- Se nos permitirá que esta cita nos sirva para ha- ciones han convertido, la eSalud en otro hito tec- cer tres reflexiones. La primera, y en coincidencia nológico, que sin duda tienes sus ventajas, pero con Susan Sontag (2014a), la formulamos como que esconde el ahorro de inversiones en salud preguntas: ¿Cómo mostrar el dolor e incluso sin medir los perjuicios que puede acarrear y la muerte si escamoteamos el rostro? ¿Cómo que es aprovechado – en España, la menos, está conmocionar al destinatario, cómo hacerle que siendo muy evidente – por una agresiva campaña sienta empatía por sujetos sin rostro que son de marketing de las mutuas privadas para captar clientes ofreciendo una teleasistencia eficiente y sino también de sentidos. A sabiendas de que eficaz. hay algunas mucho más fáciles de captar que En definitiva, las fotografías apuntalan el solu- otras. Pongamos por caso, la solidaridad en los cionismo tecnológico, en este caso médico. balcones versus la estigmatización. Porque la Ahora bien, como ya hemos señalado, consi- Covid-19, como toda enfermedad infectoconta- deramos que, aunque en cada lugar y en cada giosa, conlleva una carga vírica de estigma: ‘algo momento de la pandemia prevalezcan unas fo- habrás hecho para contagiarte’, junto el miedo al tografías sobre otras, internet ha roto el unifor- contagio. Deparemos en que esa culpabilización mismo gráfico. Eso sí, el destinatario deberá estar de la que hablamos es en gran medida fruto de dispuesto a mirar y a no dejarse llevar por lo que una moral neoliberal (y religiosa: la culpa, el pe- le muestran. Un refrán español nos dice que ‘no cado) en la que responsabiliza al individuo de su hay más ciego que el no quiere ver’. ¿No nos esta- salud sin atender a los determinantes sociales. rá ocurriendo lo mismo? Ahora bien, lo que estamos viendo, ¿no lo he- Por otro lado, tanto Barthes (2020), como Son- mos visto antes? De seguir a Lynteris (2020) de- tag (2014a; 2014b), como Agulló (2020) nos di- bemos de contestar que no, que los tropos que cen que el sentido de la imagen está en el contexto ahora vemos, que ahora se captan no dejan de (y este puede ser el pie de foto) y aun estando de ser una réplica de cómo se visualizó y como se acuerdo nosotros añadimos que también en la fi- experimentó una pandemia que asoló el mundo nalidad comunicativa – mediatizada por el lugar a finales del XIX y principios del XX: la tercera desde donde se lee la imagen: así, lo que puede pandemia de peste. Las imágenes nos mostraban ser expresión de dolor o denuncia de la situación el vacío de las calles, los confinamientos, las vías asistencial o de la dejadez de las administraciones de transmisión, etc. “Las fotografías de la pren- ante la pandemia, visto desde aquí puede leerse sa también mostraban los medios para contener como una otredad con la que compararnos, con y controlar la peste (…), incluso demoliciones e la que sentimos (por qué no) cierta empatía pero 55 incendios de barrios de ciudades afectadas, como que sobre todo nos consuela porque ‘ellos’ están en el caso Honolulú)” (Lynteris, 2020). Este autor mucho peor. Un sentido, en definitiva, que puede nos habla incluso de un género fotográfico: la fo- estar generado por la editorialización de la foto- tografía epidémica. grafía – como diría Wittgenstein, el significado Pero no debemos obviar que esas primeras mi- está en el uso: radas, esas primeras fotografías, son el punto de vista de la metrópoli, no de las colonias. ¿Hasta Cal destacar la unanimitat de veus entorn qué punto sucede algo semejante en la actuali- de l’editorialització de la cobertura de la dad? Covid-19 per tal d’atacar i/o defensar les ­ Eso sí, una cosa parece cierta: lo nuevo, como gestions g­overnamentals. És des d’aquí des ­ en muchas ocasiones, es debido a nuestra igno- d’on cal ­perimetrar el debat al voltant del rancia, a la falta de perspectiva histórica. Ese gé- ­fotoperiodisme i la mort: una cosa és fer la fotografia en si, i una altra, l’editorialització nero, esas fotografías epidémicas nos interpelan d’aquesta, l’ús que se’n faci. (Agulló, 2020) como investigadores, y en concreto nos hablan de la necesidad de especialización (conocer de qué Dicho de otra manera, internet no sólo facili- hablamos) cuando escribimos sobre comunica- ta una multiplicidad y diversidad de imágenes ción y salud. 2. ¿Qué no se oculta? fotografiado es capaz de percibirse). Y si bien es El 1990 la revista Lyfe publica una fotografía de cierto que en algunas ocasiones son los ciudada- Therese Frare en la que vemos a un agonizante nos los que han pedido al fotoperiodista que re- David Kyrby (infectado de VIH) rodeado por su trate las condiciones indignas en las que viven los familia y su compañero sentimental. Una imagen contagiados o en la que se abandonan a los muer- que luego se transformó en campaña publicita- tos, también lo es que para poder hacer un repor- ria y que hizo que, para bien o para mal, todo el taje con respeto y certeza se precisa antes tener mundo la recordemos. Es una de las primeras el consentimiento y la confianza de las personas imágenes en las que se retrata a una persona con que se desean retratar (esos rostros que tanto SIDA próximo a la muerte, que además está ar- echamos en falta) y para eso se precisa tiempo ropado por el cariño próximo y elocuente de su (Ferry, 2020; Rowan, 2020), un tiempo que los gente. La fotografía, documenta, conmociona; medios generalistas no disponen sumidos en un reivindica1. presentismo castrador. No cabe duda de la capacidad documental de En el caso que estamos tratando, también he- la fotografía, de su necesidad como registro de mos de considerar una serie de mecanismo que la memoria individual y colectiva (Aguiló, 2020; hacen que unas fotografías sean seleccionadas o Fderry, 2020; Heb, 2020; Negrete, 2020; Pania- no para su publicación. Para tratar este aspecto y gua, 2020; Rowan, 2020, Pardo, Samper, 2020; para no extendernos en el texto seguiremos a Su- Simón; Sontag 2014a y 2014b), capaz aún hoy de san Sontag (2014a, p. 48), “Fenton, siguiendo las certificar un hecho como verídico, aunque no sea instrucciones del Ministerio de Guerra (Crimea) del todo cierto que una imagen valga más que mil de no fotografiar a los muertos, a los mutilados y palabras (recordemos el lema de París Match: ‘el los enfermos (…) se ocupó de presentar la guerra peso de las palabras, la conmoción de las fotos’). como una solemne excursión (…)”. No parece cuestionable, por tanto, de la necesi- 56 dad de que se registre, de que se preserve esta En primera instancia, Sontag nos habla de en pandemia en instantáneas, pues ellas serán lo que ocasiones las imágenes no se publican para no corregirán a nuestra memoria, o la activará, pues exceder los límites del buen gusto o porque no ellas serán las que digan a los que no vivieron la son apropiadas. Al respecto cabría añadir que pandemia. mientras estos son unos argumentos universales, Pero esas fotografías que vemos en los medios en la práctica en cada momento histórico de cada de comunicación están mediatizadas por unos enclave o cultura (e ideología) entiende por bien procesos productivos. Ya hemos hablado de la gusto y apropiado una cosa o su contraria. posibilidad o no de acceso a lo fotografiable. En este caso también nos hemos de referir, aunque Pero tiene sentido si se entiende como la ocul- sea brevemente, de las precauciones que han tación de un conjunto de preocupaciones y de an- tenido que tomar los fotógrafos para preservar siedades sobre el orden y el ánimo público que su salud, lo que en numerosas ocasiones se han no es posible nombrar, así como la indicación convertido en un condicionante para fotografiar de la incapacidad, por lo demás, para formular o cómo fotografiar (la distancia en relación a lo o defender las convenciones de como llorar la muerte” (Sontag, 2014a, p. 62) 1 Al respecto se aconseja la lectura del escrito de José Manuel Sevilla (2019), Los últimos momentos de David Kirby. Para llorar o para mostrar la muerte, añadi- litzer Susana Vera: “hay que publicar imágenes ríamos. Porque si bien es cierto que en orígenes de muertos para que la gente sea consciente de la fotografía mostró a los muertos (un recuerdo la gravedad de la pandemia” (Simón, 2020). Por para sus allegados) ahora, en nuestras socieda- su parte, Paniagua (2020) nos recuerda que no des, al igual que la enfermedad, es vista como se han estudiado con detenimiento los efectos d obscena. En este punto cabe reproducir las pala- la falta de imágenes de los fallecidos (que puede bras de Morcate (2019, p. 146): aplicarse al duelo, pero también al conjunto de la pandemia). En el fondo, al sostener la necesidad Es precisamente en este espacio idealizado (las de ofrecer ciertas imágenes se está presuponien- fotografías domésticas) donde las fotografías do que las mismas llevarán a los ciudadanos a de la representación de la agonía, de la enfer- pensar en lo que ven y a actuar (argumento que medad el dolor o la muerte van siendo por lo se viene usando reiterativamente en el marketing general expulsados, porque impiden la per- o en la publicidad con fines sociales, aunque la fección de una historia en la que sólo quede evidencia científica de su eficacia – su finalidad, espacio para la alegría, la diversión y la conse- que no el recuerdo de la campaña – no están del cución de la felicidad, a pesar de que a menu- todo clara). En el caso que tratamos, de ser cierto do esta supuesta felicidad se haya construido este presupuesto, podríamos hablar de que esas especialmente para la cámara. imágenes tendrían un carácter preventivo y em- pático. Lierni Irizar (2018) nos habla acertadamen- Ahora bien, cuando Sontag (2014b) escribió te que en nuestra sociedad la muerte está vista Sobre la fotografía, dejo dicho que la capacidad como un fracaso, y que al igual que la enferme- de conmocionar (y llevar a la acción) de ciertas dad y el sufrimiento son imposibles de aceptar imágenes se perdía con el tiempo, y que una ex- por un mundo que pone en valor en presentismo, posición continua del dolor anestesiaba su per- la felicidad y el éxito, en una especie de infantili- cepción. Sin embargo, en una entrevista (Espada, 57 zación social. Y añade que: 2004), en la que se habla de la reciente publica- ción de Ante el dolor de los demás, se desdice de El sin sentido y el vacío de la vida producen este supuesto, considera que fue un error enun- una angustia típicamente moderna. Esto pro- ciarlo por el recorrido que ha llegado a tener sin voca que se haya llegado al punto de no poder ninguna base científica y afirma con rotundidad hablar de cuestiones dolorosas o desagradables que cree “que no es cierto que la exhibición de las y la muerte es uno de esos asuntos que debe imágenes del dolor anestesien la conciencia del alejarse de nuestra cotidianidad. Ni podemos, hombre”, y más adelante añade que le hizo cam- ni sabemos cómo hablar de ella (Irizar (2018, biar de opinión la realidad y pone como ejemplo p. 185). la imagen de Cristo: “¿Cuántos años llevan sus fieles contemplando ese hombre ensangrentado, Samper (2020) recoge las palabras del escritor agonizante, desnudo, a tamaño natural? Si fuera Arturo Pérez Reverte que escribía que “no nos cierto que nos acostumbramos al sufrimiento, han enseñado suficientes muertos. Por eso todos hace mucho que los católicos habrían dejado de estos meses de tragedia y dolor no han servido conmoverse”. para un carajo”. Con igual contundencia se ex- Otro de los argumentos de los que nos habla presaba la fotoperiodista y reciente premio Pu- Sontag para no publicar ciertas imágenes es la de preservar la privacidad del posible sujeto fo- si la tarea es la comprensión” (Sontag, 2014a, p. tografiado. De hecho, hay regulaciones y libros 79). El sentido sigue precisando del verbo, man- de estilo que inciden en este argumento. Y esta tendríamos nosotros. fue una de las razones que usaron autoridades y direcciones de centros médicos para no permitir 3. Me han faltado lágrimas el acceso a fotoperiodistas (las otras dos: que po- Ya apuntamos al inicio de este escrito que en dían contagiarse y que podían dificultar las tareas nuestros días es más necesario aún contar con de los profesionales de la salud). Todo fotoperio- las imágenes captadas por la gente común si de- dista que trabaje en un medio occidental sabe de seamos componer el puzzle de las imágenes que esta restricción y en numerosas ocasiones fuerza tienen su origen en la representación de la actual la composición fotográfica para que no aparez- pandemia. Creo que esta observación no se le es- can los rostros. En otras ocasiones una edición capa a nadie. Lo que nos da pie, aunque sea de posterior los hace irreconocibles. Bien es cierto manera sucinta, a tratar un tipo de fotografía que que esos mismos fotoperiodistas guardan los ori- ha venido en llamarse autorreferencial y que en- ginales en los que si se reconocen a los sujetos fermos y allegados comparten profusamente en fotografiados, pensando que en algún momento las redes sociales. Es decir, aquellas fotografías en o en algún lugar se podrán mostrar. Detengámo- la que los enfermos se retratan así mismo mien- nos en estos extremos. tras convalecen de la dolencia. Sontag nos habla de la hipocresía de nuestras Pardo (2020) nos habla de la capacidad de em- sociedades y nos recuerda que “cuanto más re- poderamiento que pueden proporcionar la pro- moto y exótico es el lugar, tanto más estamos ex- ducción y difusión de dichas imágenes, así como puestos a ver frontal y plenamente a muertos y pone el ‘foco’ en que las mismas estarían demo- moribundos” (Sontag 2014a, p. 64). La fotoperio- cratizando la representación. Más adelante es- dista catalana Cèlia Atset, del diario Ara nos los cribe sobre las que Patricia Pietro Blanco (2016) 58 dice con más contundencia: “A Occident, l’ètica denomina ‘fotografía fática’, aquellas que nos per- la mesurem en funció de la distancia en quilò- mite establecer contacto con personas que viven metres d’on passa la tragedia” (Aguilò, 2020). circunstancias parecidas a las del enunciador, Por otro lado, imágenes que en su día no se vie- permitiendo un encuentro entre pares, sin estig- ron, pasado el tiempo se difunden profusamente mas y prejuicios. (Sontag se pregunta si la conmoción tiene plazo Si bien este es un fenómeno creciente, el dis- limitado). Si nos fijamos, ocurre lo contrario del tanciamiento físico que ha impuesto la pande- principio por el que se selecciona un hecho noti- mia a buen seguro que se ha incrementado el cioso: cuanto más lejos y cuantos más años han número de imágenes (fijas o en movimiento) a pasado mayor es la posibilidad de que se publi- las que venimos refiriéndonos. No debemos olvi- que. La misma autora nos recuerda que la memo- dar, por otro lado, que las imágenes (físicas y en ria es individual y que muere, por ende, con cada movimiento) captadas por los propios enfermos, persona, y de ahí la necesidad de preservar las sus cuidadores o sus allegados han sustituido a imágenes para, así, seguir ‘conmocionando’ a las la posibilidad de ver, de compartir, de abrazar. generaciones venideras. Eso sí, en la misma obra, Y así, merced a ellas, hemos sabido de nuestros Ante el dolor de los demás, escribe: “las fotografías enfermos o nos hemos despedido de ellos com- pavorosas no pierden inevitablemente su poder partiendo su agonía, a la par que han sustituido para conmocionar. Pero no son de mucha ayuda a los duelos. ¿Qué ofrecen esas imágenes? ¿En qué se distin- como los análisis de contenido de las imágenes guen? No lo sabemos, pues sólo hemos visto aque- ofrecidas por los medios de comunicación. llas que hemos compartido o de las que se han he- cho eco los medios de comunicación. En relación 4. Breves apuntes a modo de conclusiones a estas últimas tengo la percepción, puede que er- Luis Manuel Arellano (2008) nos recuerda que rónea, de que ha prevalecido la ‘positividad’ sobre el filósofo Mark Platts “escribió que los valores la realidad. Imágenes que nos muestran convale- de una sociedad se manifiestan en su forma de cientes que viven su enfermedad con coraje – en reaccionar a los problemas de salud”. Sin duda, ocasiones enseñándonos todo el proceso de su ver cómo las fotografías representan una pande- enfermedad –, o a individuos que la han supera- mia es una de esas reacciones a las que se refiere do, sobre todo si son de avanzada edad o la han Mark Platts. Por ello proponemos y reivindicamos vivido circunstancias personales extraordinarias, una mayor atención del estudio de la fotografía (y o la de aquellos que fallecieron, en un momento por extensión, de los lenguajes audiovisuales) en de su vida que sobre todo interpela a los allegados el campo de la comunicación y salud. Investiga- (que son los que han escogido la imagen). Me han ciones que no sólo han de ceñirse a las imágenes faltado las lágrimas. Somos consciente de que los que producen y difunden los medios de comuni- medios de comunicación pretendían – pretenden cación. – ‘levantarnos el ánimo’, pero quizás a muchos de En esta línea, se hace necesario saber cómo se los que estaban sumidos en el dolor, en la enfer- está representando la pandemia, qué valores sus- medad, aquellas sonrisas bienintencionadas he- tentan esta representación, a sabiendas que ha- laban las suyas. Pues ellos ni querían, ni podían blamos de una representación que es plural, pues sonreír. Y lo de ‘seguir luchando’, y ‘lo de vencer’, los puntos de vista se han diversificado y demo- y lo de ‘a pesar de todo’ era más un suplicio que cratizado. un bálsamo. Por otra parte, ante algunas de esas Ahora bien, también debemos incidir en cómo fotografías hechas por personajes famosos nos he- se construye y manifiesta la moral que está en el 59 mos llegado a preguntar cuánto hay de ‘verdad’ y sustrato de muchos de los procesos de produc- cuánto de exhibicionismo o marketing personal. ción de la imagen fotográfica. La fotografía es Pero estas suposiciones deberían de ser confir- documento que construye la memoria colectiva, madas. Lo que nos lleva al inicio de este artículo: y esta, por serlo, no puede, no debe guiarse por la así como para saber qué fotografías han publicado moral hegemónica, echando manos de una ética los medios necesitamos saber investigar, también construida a medida de esa moral. Porque las fo- lo precisamos sobre las fotografías que han reali- tografías muestran más de lo que captan. zado y compartido, o no, los ciudadanos. 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