Revista Internacional de Sociología RIS vol. 78 (2), e155, abril-junio, 2020, ISSN-L:0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SUBJECTIVITY, SOCIAL SOCIAL Y MALESTARES DE INEQUALITY AND GENDER GÉNERO: UNA RELECTURA DEL MALAISE. RE-READING THE DSM-V DSM-V Margot Pujal i Llombart Universidad Autónoma Barcelona margot.pujal@uab.cat ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-4823-2949 Marina Calatayud Universidad Autónoma Barcelona marinacalatayud@gmail.com ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-9127-0940 Patricia Amigot Universidad Pública de Navarra patricia.amigot@unavarra.es ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-0764-4784 Cómo citar este artículo / Citation: Pujal i Llombart, Copyright: © 2020 CSIC. Este es un artículo de acceso M., M. Calatayud y P. Amigot. 2020. “Subjetividad, abierto distribuido bajo los términos de la licencia de desigualdad social y malestares de género: una relectura uso y distribución Creative Commons Reconocimiento del DSM-V”. Revista Internacional de Sociología 78(2): 4.0 Internacional (CC BY 4.0). e155. https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 Recibido: 20/07/2018. Aceptado: 19/07/2019. Publicado online: 22/06/2020 Resumen Este artículo presenta un análisis crítico del DSM-V (Diag- Abstract nostic and Statitstical Manual of Mental Disorders) y una This article presents a critical analysis of DSM-V (Diagnostic propuesta de comprensión del malestar psicológico desde and Statitstical Manual of Mental Disorders) and proposes una perspectiva de género y psicosocial. A partir de las di- comprehending psychological malaise from a gender ferencias por prevalencia de sexo expuestas en el DSM-V, and a psychosocial approach. Based on sex-prevalence analizamos la relación entre los mandatos normativos de differences based on DSM-V, we analyzed the género y la emergencia de malestares. Frente al paradig- relationship between normative gender mandates and the ma biomédico que construye “trastornos” a partir de sínto- emergence of psychological malaises. In front of the mas descontextualizados, indagamos en el impacto sub- biomedical paradigm that constructs disorders from jetivo del sistema de género, entendido como dispositivo decontextualized symptoms, we investigate the subjective de poder. Articulamos una estrategia metodológica que impact of gender, understood as a device of power, and parte de los niveles informativos y textuales y se desplaza the adaptation to its regulations. We articulate a a los contextuales e interpretativos del análisis del discur- methodological strategy that starts from the informational/ so. Destacamos que las diferencias y la desigualdad en textual levels and moves to the contextual and el malestar entre varones y mujeres se corresponden con interpretative levels of discourse analysis. We emphasize los ejes actividad-pasividad y poder-subordinación que ca- that differences and inequalities in malaises between racterizan la construcción social de la masculinidad y de men and women correspond to the activity/passivity la feminidad. En este sentido, vinculamos los malestares and power/subordination axes that characterize the con las vulnerabilidades y privilegios derivados de tal cons- social construction of masculinity and femininity. In this trucción y proponemos la noción de malestares de género sense, we link malaises with vulnerabilities and privileges para esclarecerlos. derived from such constructions and propose the concept gender malaise to clarify them. Palabras Clave Poder; Psiquiatría; Salud; Sexo; Teoría Feminista. Keywords Feminist Theory; Health; Power; Psychiatry; Sex. 2 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT Introducción los roles familiares, las obligaciones, las posibilida- des de expectativa laboral, etc., producen situacio- Destacadas autoras feministas como Rhoda Un- nes de sobrecarga física y emocional que acaban ger (1978) Sandra Bem (1993) o Celia Kitzinger siendo factores de riesgo para la salud (Barberá y (1994) han considerado que la psicología se ha re- Benlloch 2004: 303). apropiado de la crítica del feminismo y de los estu- En el presente artículo nos alejamos de la concep- dios de género y los ha despolitizado a través de su ción biologicista y psicologicista del malestar psicoló- insistencia en la investigación de las diferencias de gico, de la psicopatologización y de la medicalización género como variable independiente (Unger 1978). de la vida y del sufrimiento y, por ende, de la medi- En este entramado, en general, se ha omitido la teo- cina, la psiquiatría y la psicología hegemónicas. De- rización del género como una esfera de relaciones sarrollamos una línea cercana al trabajo de Martínez- de poder, como subjetiva y culturalmente situado, e Hernáez (2006), cuyo análisis del DSM-IV (Diagnostic incluso, se ha utilizado erróneamente para hablar de and Statitstical Manual of Mental Disorders) muestra sexo. Estas son algunas de las críticas realizadas el ideal del determinismo biológico y la ilusión de clasi- a la perversión de los estudios sobre género y a la ficaciones ateóricas, asociales y aculturales en salud fetichización y obsesión por las diferencias (García- mental, tendencia denominada neokraepelismo. En Dauder 2010). El objetivo de este estudio se enmar- nuestro caso, añadimos a este estudio la crítica es- ca en lo que se ha denominado estudios feministas pecífica de la perspectiva de género. Realizamos una de las mujeres y de género y va orientado a profun- aproximación crítica del DSM-V —la “biblia” de la psi- dizar la introducción de esta perspectiva crítica. Di- quiatría y la psicología clínica mainstream— y analiza- cha perspectiva toma en cuenta a la epistemología mos cualitativamente el impacto de las desigualdades feminista como forma de democratización del cono- de género en la subjetividad o malestar psicológico, cimiento y, al mismo tiempo, vigila la invisibilización desde el enfoque de género en salud (Velasco 2009). de las mujeres tras el término ‘género’, que puede llevar a concebir, erróneamente, una equidad entre Partiendo de las diferencias de prevalencia por los sexos (Butler 2006; Tubert 2003; Bonder 1998). sexo expuestas en el manual, hemos recogido los “trastornos mentales” más frecuentes en mujeres y La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su Informe Anual sobre la Salud del año 2000, conclu- en varones para realizar un análisis del discurso e yó que no se prestaba atención a los determinantes interpretarlos aplicando una perspectiva crítica de específicos que protegen la salud mental en las mu- género, en la que se considera el género como un jeres, haciendo un llamamiento a la investigación en dispositivo de poder (Amigot y Pujal 2009) que afec- la recogida de datos de prevalencia y causas de los ta la salud de las mujeres y los varones de manera problemas de salud mental de las mujeres. Muchas diferente y desigual (Valls 2002). En este proceso, investigaciones respaldan la idea de que la calidad articulamos una estrategia metodológica que parte de vida y la salud psicológica, real y percibida, de de los niveles informativos y textuales del análisis las mujeres es peor que la de los varones, que es- de contenido y se desplaza a los contextuales e in- tas acuden más a los servicios sanitarios y que con- terpretativos del análisis del discurso (Conde 2009; sumen más psicofármacos (Albiñana, Costa y Soler Ruiz 2009). La finalidad del análisis del discurso es 2006; García-Calvente 2004; Borrell y Benach 2003; la de contextualizar la producción textual en el entra- Artacoz et al. 2001). Por hablar en términos de la mado de relaciones de poder de género. psicología mainstream, parece que las mujeres du- La perspectiva de género en salud desde la que de- plican a los varones en los denominados trastornos sarrollamos nuestro estudio combina la perspectiva de mentales comunes (TMC) como la depresión —que, la salud de las mujeres con la de la salud comparada se predice, será la principal causa de discapacidad de mujeres y varones y, sobre todo, la de los determi- en el 2020 (OMS 2009)—, la ansiedad y las quejas nantes sociales de la salud, que incluye el análisis de somáticas (Velasco 2009), con grandes implicacio- los procesos subjetivos en su contexto (Velasco 2009). nes en la vida cotidiana y que experimentan una de cada tres personas (OMS 2006). Contexto histórico: la psiquiatría En este contexto, las teorías feministas de la salud hacen hincapié en este malestar de las mujeres y y la salud mental de las mujeres lo relacionan con el sistema sexo/género moderno, La institucionalización en Occidente del método propio de las sociedades occidentalizadas y capita- científico como forma productora de Verdad con ma- listas, que dispone una organización social —mate- yúsculas (Ibáñez 2001; Foucault 1991) supuso que rial y simbólica— desigualitaria entre los sexos (Fra- la psiquiatría, en su afán de ser considerada una ser 1997). Y creen necesario: ciencia exacta y rigurosa, buscara equiparar la en- señalar un posicionamiento teórico e ideológico fermedad mental a la física. Debía tener una cau- que se pregunte por los efectos que produce el lu- sa biológica, un curso determinado y un tratamiento gar históricamente construido para las mujeres y cuyo blanco residiera en el propio cuerpo, desde el que indague cómo los modelos de socialización, sistema nervioso al hormonal, pasando por la neuro- RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SOCIAL Y MALESTARES DE GÉNERO: UNA RELECTURA DEL DSM-V . 3 cirugía. Estos presupuestos psiquiátricos se explican diagnóstico preciso y el tratamiento de los trastornos bajo el denominado ‘modelo biomédico’, que históri- mentales (…) Es un instrumento para los clínicos, camente ha recurrido al internamiento psiquiátrico y, una fuente educativa fundamental para los estudian- en la actualidad, a la industria psicofarmacológica. tes y una referencia para los investigadores en este campo (American Psychiatric Association 2013: 14). El respaldo de la ciencia médica ha permitido a la psiquiatría, a lo largo de la historia, jugar un excelen- Es el texto con mayor autoridad académica y profe- sional en las sociedades occidentales en lo que respec- te papel en el proceso de contención de movimientos ta a la promulgación, clasificación y diagnosis de tras- emancipadores de las mujeres y de reafianzamiento tornos mentales (Íñiguez y Martínez-Guzmán 2010). de los esquemas tradicionales. En él, se conceptualiza el trastorno mental como: La presencia reactualizada de la tradición psiquiá- un síndrome caracterizado por una alteración clínica- trica, ciertamente preocupante, puede apreciarse en mente significativa del estado cognitivo, la regulación el amplio campo de investigación sobre los denomi- emocional o el comportamiento del individuo, que nados Reproductive Related Disorders (RRD) o tras- refleja una disfunción de los procesos psicológicos, tornos relacionados con la edad reproductiva de las biológicos o del desarrollo que subyacen en su fun- mujeres (TRER) (Halbreich 2009). A partir de datos ción mental (APA, 2013: 20). estadísticos que exponen que la tasa de prevalen- Se expone así que, per se, síndrome es un análo- cia de los trastornos depresivos y ansiosos en las go de “conjunto de síntomas”. De esta forma, se con- mujeres duplica la de los hombres, junto a que cier- sidera trastorno mental (equivalente a enfermedad tas investigaciones afirman que estos son mayores mental) un conjunto de síntomas que no tienen una durante la vida reproductiva de las mujeres, desde explicación biológica pero que, sin embargo, se tra- el modelo biomédico se concluye que los niveles de tan como tal mediante la prescripción de fármacos. estrógenos y otras hormonas gonadales son los cau- santes principales de estas cifras (Flores y Ontiveros En relación con esto, son interesantes las aporta- 2008) y no otros factores psicosociales, y se acuñan ciones de Michel Foucault sobre que la posesión de trastornos como el síndrome disfórico premenstrual la Verdad está relacionada con un estatus de poder (incluido en el DSM-V) y los síndromes depresivos y que el poder goza de una especie de desarrollo au- en el postparto, la menopausia y perimenopausia. tosustentable (Foucault 2005; 1991). El autor francés plantea que las disciplinas Psi, en la producción de El hecho de que en un manual psiquiátrico de tal sus discursos y de su objeto de estudio, generan las envergadura el malestar psicológico de las mujeres condiciones de posibilidad de sí mismas. De forma constituya un “trastorno mental” nos transporta a una que el poder produce y transmite efectos de Verdad. concepción esencialista y biologicista del género fe- menino, y es el reflejo de que sigue existiendo en Además, es necesario señalar que el paradigma la ciencia médica, revitalizada en la última década, biomédico no introduce la perspectiva de género y que una visión de la sexualidad y los genitales femeninos confunde sexo y género. Entiende el sexo como una como fuente de irracionalidad e inferioridad, a través variable independiente, que se refiere a su naturaleza de lo que parece un proceso sutil de rebiologización biológica (sexo genético, cromosómico, hormonal) y de la mente y renaturalización de la desigualdad. el género como una variable respuesta (que se ma- nifiesta en la conducta) con respecto al sexo (Unger [1978] 2010). Esto implica una concepción errónea El paradigma biomédico y el DSM-V de que el sexo hembra o macho constituye el mismo La concepción de la salud actualmente aceptada evento que ser mujer u hombre (identidad de género), como paradigma viene dada por el modelo biomé- al tiempo que ser mujer u hombre es inherente a la dico. Como hemos mencionado, la psiquiatría se feminidad y la masculinidad (expresión de género), en esfuerza por buscar un indicador anatomofisiológico una especie de concatenación irreversible. del padecimiento mental y, cuando este no ha podido En el DSM-V se exponen las diferencias por “géne- identificarse, se han creado clasificaciones como el ro” en la prevalencia o sintomatología de los trastornos CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermeda- mentales sin contemplar que el género es una cons- des) o el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de trucción psicosocial. De forma que, además de no con- los Trastornos Mentales). Editado por la Asociación templar la desigualdad, se exponen “diferencias por gé- Americana de Psiquiatría (APA), y ahora en su quin- nero” cuando realmente se tratan diferencias por sexo: ta edición (DSM-V), es considerado la “jurisdicción Las diferencias por género son las variaciones que clínica” de la Psiquiatría (Crowe 2000; Wilson 1993): resultan tanto del sexo biológico como de la auto re- Una clasificación de trastornos mentales con criterios presentación del individuo, incluidas las consecuen- asociados que se diseñó para facilitar un diagnósti- cias sociales, conductuales y psicológicas del género co más fiable de esos trastornos (…) una referencia percibido en uno mismo (…) El género puede deter- habitual para la práctica clínica en el campo de la sa- minar exclusivamente si el individuo está en situa- lud mental (…) una guía práctica funcional y flexible ción de padecer determinado trastorno, por ejemplo, para organizar la información que pueda ayudar en el el trastorno disfórico premenstrual (APA 2013: 15). RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 4 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT Sobre la influencia de los determinantes sociales Si bien la psicología ha sido para muchas es- en el malestar psicológico, a menudo encontramos tudiosas feministas “poco más que sexismo dis- en estudios de la psicología clínica convencional que frazado de ciencia” (Herman 1995: 279), en tanto la raza, etnia o clase se conceptualizan como fac- ha contribuido a la construcción y reificación de la tores de riesgo. Se considera que ser pobre o mu- feminidad, también, no obstante, proveyó de ele- jer implica una mayor predisposición para el pade- mentos conceptuales a la nueva ola del feminismo cimiento de depresión, pero no se abre un debate que se valió de tales aportes para explicar los as- sobre la desigualdad de género o de clase porque se pectos subjetivos —no solo los materiales— de la supone, erróneamente, que constituyen la realidad opresión patriarcal (Herman 1995). Desde ese mar- “individual” de una persona. co, se han desarrollado estudios que exponen, por ejemplo, que la adhesión de los varones al rol de Si bien en los estudios sobre salud con perspec- género masculino se relaciona con rasgos de per- tiva de género se contempla la concepción de la sa- sonalidad desadaptativos (Bem 1981) como violen- lud y del sujeto como un sistema dinámico biopsi- cia y propiedad hacia la mujer (Mosher 1991), que cosocial, en la práctica clínica se trata el malestar los parámetros que definen la feminidad guardan psicológico y el sufrimiento desde una perspectiva similitudes con los síntomas de la depresión (Dio biológica e individual, ignorando la influencia que las Bleichmar 1999) y que el matrimonio es un factor desigualdades sociales, las estructuras de poder y la de riesgo para la salud mental de las mujeres y de cultura tienen en la salud (Martínez-Hernáez 2009). protección para los varones (Valls 2002). En línea con nuestro estudio, Ester Barberá e Isa- Feminismos y salud mental de las bel Martínez Benlloch, en su libro Psicología y Géne- mujeres ro (2004), hacen un análisis de los trastornos menta- les del DSM-IV y su sintomatología y prevalencia por Ya en los años 60 comenzaron a gestarse estudios sexos. Concluyen que existe una estrecha relación sobre género y malestar psicológico que tuvieron un entre el sistema sexo/género y el malestar psicológi- fuerte desarrollo a partir de los 80, concluyendo que co o los trastornos mentales, lo que puede explicar la propia concepción de la categoría social ‘mujer’ la peor salud mental de las mujeres. Proponen ade- vehicula violencia simbólica y material que tiene un más que, en la sintomatología de ciertos trastornos, impacto negativo en la experiencia subjetiva de las se observan diferencias acordes con los modelos de mujeres. Betty Friedan (1963) planteaba en La mís- masculinidad y feminidad (como en el trastorno de tica de la feminidad que quedar relegada al ámbito la personalidad histriónica, en que ellas se muestran doméstico y del cuidado, cumpliendo con el estándar como “seductoras” y ellos tratan de reforzar su mas- de “mujer y madre perfecta” asociado a la felicidad culinidad con un comportamiento “macho”). y a la realización personal, tenía, no obstante, un gran impacto en el malestar psicológico de las mu- jeres: sufrían a menudo una profunda tristeza que, Subjetividades, género y poder lejos de solucionarse en la consulta del psiquiatra, La comprensión del malestar psicológico como requería un proceso subjetivo de ruptura con el mo- sintomatología vinculada a la desigualdad, por delo de feminidad propuesto en la época. Además, tanto, requiere del análisis de la operatividad del Smith-Rosenberg (1972) planteaba que este modelo sistema de género y de su impacto en la subje- de feminidad entrañaba difíciles contradicciones en tividad. Las formas subjetivas (Foucault 1984a) el intento por conciliar el rol de “mujer verdadera” son sociohistóricas, dependen en alto grado de las (emocional, dependiente, gentil) y el de “madre ideal” prácticas y de los discursos de sus contextos de (fuerte, protectora, cuidadora eficiente) que deriva- emergencia. Los procesos subjetivos —en interac- ban en tensión y sufrimiento emocional, además de ción constante con el medio y subordinados a los impedir una subjetividad agente, particular y hete- sistemas simbólicos que dotan de inteligibilidad a rogénea. En ese contexto, y acerca de la concep- la experiencia— están radicalmente atravesados ción de la enfermedad mental desde el paradigma por relaciones de poder. Los individuos se con- biomédico, son muy interesantes las aportaciones forman en espacios compartidos por los que son de Phyllis Chesler en lo que denomina el “doble es- afectados, dada la precariedad existencial que nos tándar” de la salud mental de las mujeres. Dado que hace interiorizar normas en un proceso simultáneo los parámetros de una persona mentalmente sana de configuración identitaria y de adecuación sub- coincidían con los de la masculinidad (independen- jetiva (López-Gil 2014; Butler 2001). Los sujetos cia, autonomía, objetividad) y no eran los parámetros son parcialmente producidos por los dispositivos de una mujer mentalmente sana (sumisión, depen- de poder que operan en el cuerpo social. En este dencia, sentimentalismo), las mujeres podían ser sentido, la subjetivación implica sujeción, así como consideradas “locas” tanto si aceptaban como si re- prácticas de sí1 (Foucault 1984a; [1984b] 1999), chazaban aspectos del rol femenino (Chesler 1972, tanto para cumplir los mandatos normativos como cit. en Ruiz y Jiménez 2003). para resistirlos y transformarlos. RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SOCIAL Y MALESTARES DE GÉNERO: UNA RELECTURA DEL DSM-V . 5 La noción de ‘dispositivo’2 (Foucault, 1994, p. 299) por las pautas de género que jerarquizan las posi- esclarece estos conjuntos heterogéneos de elemen- ciones de hombres y de mujeres. Por ejemplo, la tos que dan forma a una realidad determinada y a experiencia continuada de déficit de reconocimiento los individuos en ella insertos. Son los operadores (Honneth 2010; Fraser y Honneth 2006), tanto en de regímenes de poder que, a partir de la moderni- el discurso social como en las relaciones directas, dad, han adquirido formas cada vez más invasivas tiene un impacto negativo. Este déficit de recono- de control social y psicológico (Foucault 2007; Dews cimiento de lo femenino y de las mujeres está en 2006), capturando a través de la disciplina los cuer- el origen de lo que Fraser denomina “autodisloca- pos, normalizando y gobernando poblaciones e in- ción interna” (2015: 198): una autodepreciación que tensificando las formas de control y autocontrol sub- emerge de los patrones androcéntricos simbólicos jetivo. La norma es un elemento fundamental, tanto e interactivos, institucionalizados, sean o no cons- en los dispositivos disciplinarios que impactan sobre cientes. Estos patrones y normas relacionales de el cuerpo como en el ejercicio del biopoder y la gu- género regulan experiencias repetidas: se concede bernamentalidad que regula poblaciones y configura menos autoridad y credibilidad a las mujeres, son lógicas de gobierno y control. más juzgadas, se utilizan dobles estándares, se La dimensión productiva de la diferencia y des- subordina la valoración al cumplimiento de algunos igualdad del sistema de género nos permite interpre- mandatos estereotipados –como los referidos a la tarlo, precisamente, como un dispositivo de poder belleza o al éxito amoroso– y, a veces, contradicto- (Amigot y Pujal 2009) cuyos mandatos operan como rios con otras demandas. normas modeladoras de identidades y relaciones Además, en la actualidad, la combinación de la (Butler 2001). En la identificación y el cumplimiento normativa de género —explícita e implícita— con la de las normas, aunque sea imperfecto, se juega el demanda de singularidad y exacerbación de una au- reconocimiento social y subjetivo de los individuos. tonomía idealizada, permanentemente movilizada, Las dinámicas implicadas en este ajuste incluyen, añade una gran complejidad a la experiencia subjeti- por tanto, esas operaciones que un individuo reali- va. Por un lado, las lógicas neoliberales apelan a una za sobre sí para adecuarse a un modelo. En este individualidad supuestamente libre y autodetermina- sentido, estas prácticas de sí constituyen procesos da, algo que invisibiliza los condicionantes sociales especialmente relevantes para la comprensión del de la experiencia; por otro, y de manera simultánea, malestar psicológico de las mujeres. este llamado a la singularización —sé tú misma— En efecto, en el caso de la feminidad normativa, coexiste con renovados discursos estereotipados so- además de inducirse un esfuerzo por adaptarse a bre la feminidad. Como resultado, observamos una estándares estereotipados, como sucede también rearticulación de los mandatos de género que rees- con la masculinidad, la intensidad y el contenido de tabiliza las relaciones de poder concediendo agencia esta demanda hacen particularmente vulnerables a —sobre todo sexual y amorosa— a las mujeres, para las mujeres. Por un lado, porque los patrones do- subordinarlas después (McRobbie 2007). minantes de valoración son androcéntricos, lo cual deriva en una mayor presión del estereotipo y en una más limitada obtención de valoración social Método —o más restringida a ámbitos específicos, como Las epistemologías feministas constituyen un en- el amor (Illouz 2012)—. Por otro, porque parte de foque fundamental para el estudio y la comprensión los mandatos normativos consisten, precisamente, de los procesos de salud y enfermedad desigual y di- en una exigencia de adaptación a los otros. Como ferente de las mujeres y los varones (Velasco 2009; consecuencia, el autocontrol y la autovigilancia se Burín 1991). Los presupuestos epistemológicos y intensifican, fragilizando la posición femenina y pu- teóricos desde los que partimos encuentran sus ba- diendo generar inseguridad o un sentido disminuido ses en los feminismos postestructuralistas y en los de su valía (O’Grady 2004). métodos propuestos por las epistemologías feminis- Los mandatos normativos de feminidad (corpo- tas (Haraway 1996; Harding 1996). rales, emocionales-relacionales y de rol femenino) Dentro de los márgenes de la metodología cua- predisponen a una disciplina corporal (Bordo 1993) litativa, y con una estrategia metodológica flexible y a una tensión compleja entre la centralidad de una adaptada al objeto de investigación (Gordo y Serra- misma y la de los otros. Esto favorece la dependen- no 2008), nuestro objetivo reside en la comprensión cia y las sensaciones de inadecuación, vergüenza o de tal objeto y no en su explicación, considerando culpa (Bartky 1999), muy próximas a la experiencia nuestra posición como investigadoras y entendiendo de malestar depresivo, por ejemplo. que el conocimiento se construye en la interacción Además de analizar la interiorización de tales entre quien investiga, los datos y la teoría, en la línea mandatos sociales, la emergencia del malestar en de lo que Donna Haraway (1996) define como ‘co- las mujeres tiene que situarse también en relación nocimientos situados’, cuestionando las pretendidas con las prácticas y con las interacciones, reguladas neutralidad y objetividad positivistas. RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 6 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT Partiendo de la consideración foucaultiana de que hemos sistematizado su expresión normativa espe- los discursos forman sistemáticamente los objetos cificando sus mandatos y procediendo al análisis de de los que hablan, y que tal elaboración discursiva la interacción entre tales mandatos normativos, sus se inserta en dispositivos de poder (Foucault [1969] consecuencias en términos de malestar y el diagnós- 2009; Foucault [1971] 1999), hemos problematizado tico en la codificación psiquiátrica. simultáneamente la reificación de los “trastornos” La concreción de estos mandatos de género nor- psicológicos que realiza el DSM-V y la naturalización mativo femenino y masculino se construyó a partir de la prevalencia de tales trastornos en función del de un análisis resultante de la combinación de los sexo. En este proceso, articulamos una estrategia modelos históricos de género: tradicional, en tran- metodológica que parte de los niveles informativos y sición y contemporáneo desarrollados por Velasco textuales y se desplaza a los contextuales e interpre- (2009) y de una recopilación de material proceden- tativos del análisis del discurso (Conde 2009; Ruiz te de tres manuales especializados: Psicología y 2009) para desvelar las condiciones sociales rela- género (Barberá y Martínez Benlloch 2004), Psico- cionadas con la experiencia desigual de malestar y logía de la mujer: la otra mitad de la experiencia con la posterior codificación en clave psicológica por humana (Hyde 1995) y Sexos, género y salud (Ve- el discurso experto. En nuestro caso, el análisis del lasco 2009) (ver tabla 2). discurso en su nivel sociológico interpretativo (Ruiz 2009) contextualiza la producción textual en el entra- mado de relaciones de poder de género, de las que Análisis y resultados el discurso psiquiátrico es tanto producto como he- rramienta de reproducción. Este planteamiento, por En la tabla 1, resultado del análisis sistemático de tanto, concibe el discurso como una práctica social, los datos recogidos del manual, se muestra una dis- cuestiona su consideración como práctica descripti- tribución de los trastornos mentales más frecuentes va o representativa (Potter y Wetherell 1987) y tiene entre mujeres y entre varones, según los construye como objetivo la especificación de posiciones de po- el texto del DSM-V. Esta tabla recoge aquellos tras- der determinadas (Íñiguez 2005). tornos del manual en los que se señala explícita- mente la existencia de una diferencia de prevalencia La recogida de información se realizó mediante cuantitativa por sexo. una técnica indirecta, no interactiva, una revisión do- cumental sistemática del manual a lo largo de varias Una vez conocida la distribución diferencial por sesiones. El criterio de inclusión de los trastornos sexos del malestar psicológico, según categorías mentales con los que se trabajó fue que figurara en diagnósticas psiquiátricas distintas, nos planteamos el texto del manual una diferencia por sexo en la pre- la pregunta de su relación, confluyente o no, con los valencia del mismo, que entendemos se construye, a mandatos del sistema sexo/género que circulan en su vez, mediatizada por el dispositivo de género. La las sociedades occidentales. El objetivo es examinar información seleccionada para el análisis la constitu- el efecto en la salud de una performatividad “obe- yen, para cada trastorno: los criterios diagnósticos, diente” a dichos mandatos. las condiciones bajo las que se produce, las posibles A partir de los resultados expuestos en la tabla 1, causas, la sintomatología asociada y las diferencias realizamos un análisis interpretativo de los mismos entre mujeres y varones en la edad de inicio, el de- desde la teoría crítica de género, con una base teó- sarrollo o el curso. Todo ello incluido en el manual. rica previamente elaborada sobre los mandatos so- Una vez establecido el corpus textual, se proce- ciales y subjetivos del sistema sexo/género (tabla 2) dió a un análisis de contenido circunscrito a la ma- (Pujal y Amigot 2010; Velasco 2009; Barberá y Mar- terialidad del texto, a partir de su sistematización tínez-Benlloch 2004; Hyde 1995), en el que, como en función de dos categorías principales —trastor- anteriormente mencionamos, se considera el género nos mentales más frecuentes entre mujeres, por un como un dispositivo de poder. Esta consideración lado, y entre hombres, por otro— y de subcategorías viene dada por la dimensión productiva y reguladora emergentes compuestas por trastornos con caracte- del género en relación con tres grandes aspectos: la rísticas comunes —ansiedad y relacionados, estado construcción simbólica y psíquica binaria de la sub- de ánimo, traumas y estrés, trastornos alimentarios, jetividad, la división sexual del trabajo, tanto en lo personalidad, conducta, adicciones, parafilias, per- mercantil como en lo no mercantil, y las relaciones sonalidad—. de desigualdad entre los sexos. La sistematización del plano objetivo y material En este análisis interpretativo observamos una es- del texto nos sirve de soporte para desplazar el eje trecha correspondencia entre dos discursos (tablas 3 del análisis al contexto social —en este caso, aten- y 4): el del manual —la sintomatología a nivel psico- diendo específicamente a la operatividad del sistema lógico (experiencia subjetiva y psíquica)— y el de los de género— e intensificar la dimensión interpretati- aspectos simbólico-culturales de los mandatos nor- va del análisis de discurso (Alonso 1998). Dada la mativos de género, estudiados por la teoría crítica consideración del género como dispositivo de poder, de género. RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SOCIAL Y MALESTARES DE GÉNERO: UNA RELECTURA DEL DSM-V . 7 Tabla 1. Clasificación de los trastornos mentales del DSM-V según prevalencia cuantitativa por sexo CATEGORÍA MUJERES VARONES - TDAH. - Trastorno específico del aprendizaje. Trastornos del desarrollo neurológico - Trastorno del desarrollo de la coordinación. - Trastorno de TICS nerviosos. - Trastorno psicótico breve. Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos - Trastorno delirante ‘celotípico’ - Trastorno esquizoafectivo. - Trastorno de desregulación disruptiva del Trastornos depresivos - Trastorno de depresión mayor. estado del ánimo. - Trastorno de ansiedad por separación. - Fobia específica. - Trastorno de ansiedad social (fobia Trastornos de ansiedad social). - Trastorno de pánico. - Agorafobia. - Trastorno de ansiedad generalizada. - Trastorno dismórfico corporal. - Trastorno obsesivo compulsivo. Trastornos obsesivos y relacionados - Tricotilomanía. - Trastorno de excoriación. - Trastorno por estrés postraumático. Trastornos de traumas y estrés - Trastorno de estrés agudo. - Trastorno de síntomas somáticos. Trastornos somáticos - Trastorno de conversión. - Anorexia nerviosa. Trastornos alimentarios - Bulimia nerviosa. - Trastorno por atracón. - Trastorno por pesadillas. Trastornos del sueño, la vigilia y parasom- - Apnea e hipoapnea obstructiva del sueño. - Trastorno de insomnio. nias - Apnea central del sueño. - Síndrome de las piernas inquietas. - Trastorno negativista desafiante. Trastornos destructivos, del control de los - Trastorno explosivo intermitente. - Cleptomanía. impulsos y la conducta - Trastorno de la conducta. - Piromanía. - Trastorno por consumo de alcohol - Trastorno por consumo de cannabis. - Trastorno por consumo de sedantes, - Trastorno por consumo de alucinógenos. Trastornos de sustancias y adictivos hipnóticos o ansiolíticos. - Trastorno por consumo de inhalantes. - Trastorno por consumo de opiáceos. - Juego patológico. - Trastorno de personalidad límite. - Trastorno de personalidad antisocial. - Trastorno de personalidad histriónica. - Trastorno de personalidad narcisista. Trastornos de personalidad - Trastorno de personalidad - Trastorno de personalidad esquizoide. dependiente. - Trastorno de personalidad esquizotípica. - Voyeurismo - Exhibicionismo - Frotteurismo Trastornos parafílicos - Masoquismo - Pedofilia - Fetichismo - Trastorno orgásmico femenino. - Trastorno de eyaculación retardada. - Trastorno del interés/excitación - Trastorno eréctil. Disfunciones sexuales sexual femenino. - Trastorno del deseo sexual hipoactivo en el - Trastorno del dolor génito-pélvico/ varón. penetración. - Eyaculación prematura. RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 8 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT Tabla 2. Mandatos sociales y subjetivos del sistema sexo/género y efectos performativos Consecuencias de la represen- Consecuencias de la represen- Características “neu- tación simbólica de la feminidad Características “neutras” tación simbólica de la mascu- tras” asociadas a las normativa en relación con el gé- asociadas a los varones** linidad normativa en relación mujeres** nero binario con el género binario - Delicadeza. - Débil, frágil. - Brusquedad. - Brusco, agresivo. - Emocionalidad. - Poco racional, subjetiva. - Racionalidad. - Objetivo, real, veraz. - Precaución y discreción. - Miedosa, víctima. - Valentía. - Resolutivo, defensor. - Flexibilidad, capacidad - Dócil. - Firmeza, decisión. - Autoridad. de comprensión. - Dulzura, voluntad de - Complaciente, dificultad en la toma - Autodeterminación, - Líder, autónomo y toma de agradar. de decisiones. centralidad en sí. decisiones. - Bondad, generosidad. - Sumisa. - Ambición. - Poderoso. - Esbeltez, buena - Fortaleza corporal, cuerpo - Belleza cosificada. - Fuerte. presencia. expansivo. - Insegura, infravaloración, baja - Seguro, alta autoestima, buena - Humildad. - Asertividad. autoestima. consideración. - Orientación al cuidado, - Dependiente, sin proyecto propio, - Protector, caballeroso, - Proyecto propio, esfera pública, cuidadosa. orientación a la esfera privada. orientación al logro. sustentador. Vigilancia de una misma y atención Pasividad y dependencia. Actividad y control. Vigilancia de las y los demás. a los y las otras para adecuación. Eje transversal a los mandatos Eje transversal a los mandatos ** Características neutras asociadas a hombres y mujeres, hacen referencia a que son características que, fuera del sistema de género binario y disimétrico, no tendrían por qué generar sufrimiento o malestar. En la tabla 3 podemos observar que los mandatos nas; con la prohibición social de la rabia (Barberá y normativos de género que interpelan a las mujeres Martínez-Benlloch 2004; Hyde 1995), y con la de- les otorgan una identificación y una posición en las pendencia en relación con la figura masculina para relaciones sociales distintas de los valores dominan- la toma de decisiones, sobre todo en el modelo de tes en Occidente, a través de la construcción de una género tradicional; o bien, con el ideal de belleza del identidad “devaluada” y de una forma de interacción cuerpo delgado del modelo contemporáneo (Velasco específica con base en esta. 2009). Además, según el texto del manual, el males- tar psicológico relacionado con traumas y estrés en Las características normativas y estereotipadas las mujeres tiene su causa principal en episodios de como la emocionalidad, la empatía, la disposición a maltrato, abuso sexual o violencia de cualquier tipo cuidar, a comunicar, la vulnerabilidad o la dependen- (APA 2013), consecuencia de un sistema patriarcal cia, entre otras, se relacionan con una identidad re- en el que una de cada tres mujeres ha sufrido a lo lacional, en palabras de Almudena Hernando (2017), largo de su vida violencia física, psicológica o sexual una identidad de adscripción al grupo, pero que, en (Organización de Naciones Unidas 2017). el marco de la desigualdad de género occidental, si- túa a las mujeres en una posición subalterna o de Por otra parte, como observamos en la tabla 4, subordinación. los mandatos normativos de masculinidad otorgan a los varones una posición de supremacía en las rela- En los trastornos mentales definidos como más ciones sociales y una identificación con los valores prevalentes entre las mujeres se da una estrecha dominantes occidentales: autonomía, racionalidad, relación entre los dos discursos mencionados (el individualidad y desconexión emocional, miedo o re- del manual y su sintomatología y el de los mandatos chazo al vínculo, fortaleza, poder, etc. Este proceso normativos de género), por ejemplo, en la depen- hunde sus raíces en la construcción de una identi- dencia o la dificultad para tomar decisiones (tras- dad moderna occidental, pretendidamente universal torno de depresión), en la emocionalidad excesiva y sin género que, en realidad, podemos interpretar (trastornos de personalidad) o en la preocupación como una identidad androcéntrica y colonial. Como u obsesión por el cuerpo (trastornos alimentarios). dice Almudena Hernando (2017), una identidad indi- Entendemos, en este sentido, que tales condiciones vidualizada, asociada a una desconexión emocional guardan una relación con la representación simbóli- del mundo, actitud que solo aparece cuando se tiene ca de las mujeres como emocionales, dulces y tier- la sensación de controlar parte de este. RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SOCIAL Y MALESTARES DE GÉNERO: UNA RELECTURA DEL DSM-V . 9 Tabla 3. Relación entre categorías diagnósticas clínicas, experiencias sintomáticas definidas para las mujeres y mandatos normativos de feminidad Mandatos normativos de Trastornos más prevalentes en mujeres Aspectos subjetivos diagnósticos (texto del manual) género - feminidad - Miedo - Preocupación - Inseguridad Ansiedad y trastornos relacionados - Sumisión “excesiva” - Aislamiento social - Autolesiones - Tristeza - Fatiga - Apatía Trastornos del estado de ánimo - Sentimientos de inutilidad - Sentimientos de culpa - Delicada - Baja autoestima - Dificultad para tomar decisiones - Emocional - Delgadez extrema - Precavida Trastornos alimentarios - Debilidad - Comprensiva, flexible - Control sobre el cuerpo - Dulce - Miedo Trastornos traumáticos y de estrés - Cariñosa, atenta - Rememoración de sucesos traumáticos - Obediente, buena Trastornos de personalidad: - Cuerpo delgado, mona - Necesidad excesiva del cuidado de otra persona - Comportamiento sumiso, de apego exagerado - Humilde - Miedo a la separación - Cuidadora - Dependiente - Dificultad para tomar decisiones sin consejo - Dificultad para expresar desacuerdo - Miedo a ser más competente o a que lo parezca - Emotividad “excesiva” o “inapropiada” - Histriónica - Comportamiento seductor “inapropiado” - Tiempo excesivo para el arreglo personal - Inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos - Límite - Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo o el abandono - Inestabilidad afectiva La agresividad, la violencia o la ruptura de las nor- da creencia de que los varones poseerían de manera mas en los trastornos disruptivos, más frecuentes innata “un deseo sexual irrefrenable que no pueden entre varones, así como la individualidad llevada al parar”. Esta concepción de la sexualidad masculina extremo en los trastornos de personalidad antisocial como “animal” o “incontrolable” se ha llegado a utili- o narcisismo, guardan relación con un ideal de mas- zar, respaldada además por manuales como el DSM- culinidad normativa asociado a la fuerza física, la V, para justificar relaciones sexuales no deseadas, supremacía, la valentía y la sensación de “invencibi- esto es, violencia sexual. lidad”, que lleva al consumo excesivo de sustancias estimulantes o a la transgresión de normas (Barberá Con la intención de dar un paso más en la visibi- y Martínez-Benlloch 2004). Por su parte, la concep- lidad de la relación entre la organización social del tualización de las parafilias, como el voyeurismo o la sistema sexo/género y la producción de malestar de pedofilia, como “trastornos mentales” aleja a la perso- orden psicológico, nos preguntamos sobre el impac- na de la asunción de responsabilidad por sus actos y to de la organización social y su regulación de las desvía el foco de atención de las consecuencias del relaciones sociales de género en la producción de sistema sexo/género en la violación de los derechos síntomas psicoemocionales. Podemos comprender de las personas, principalmente niñas, niños y muje- estos síntomas como la expresión de conflictos re- res. En este sentido, Wendy Hollway (1984) habla de lacionales y subjetivos que experimentan las muje- la “falacia de la hipersexualidad masculina”, extendi- res —a un nivel más o menos consciente— y que se RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 10 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT Tabla 4. Relación entre categorías diagnósticas clínicas, experiencias sintomáticas definidas para los varones y mandatos normativos de masculinidad Trastornos más prevalentes en Mandatos normativos de Aspectos subjetivos diagnósticos (texto del manual) varones género – masculinidad - Impulsividad. - Poca inhibición conductual. - Agresividad. - Actitud desafiante. Trastornos nerviosos, disruptivos, - Acciones vengativas. del control de los impulsos y de la - Vulneración de derechos de los demás. conducta - Engaño, robo. - Ataques de ira. - Ruptura de las normas. - Posibilidad de dañar a otro o a sus propiedades. - Actitud desafiante. - Ilusión de invencibilidad. - Comportamiento de riesgo. Trastornos de adicciones a sustancias - Evasión del conflicto. y conductas - Dificultad para pedir ayuda. - “Bruto” - Posibilidad de ejercer violencia. - Racional - Obsesión. - Valiente - Deseo sexual “irrefrenable”. Trastornos parafílicos - Asociación del dolor con el placer. - Decidido, firme - Relaciones sexuales sin consentimiento. - Autodeterminado - Invasión del espacio ajeno. - Ambicioso Trastornos de personalidad - Cuerpo fornido, alto, - Desinterés por los vínculos afectivos. apuesto - Esquizoide y esquizotípico - Ideas de referencia (delirios, alucinaciones) en el - Protector, caballeroso esquizotípico. - Impulsividad. - Agresividad. - Ruptura de las normas sociales. - Satisfacción de los deseos propios. - Antisocial - Indiferencia o racionalización al realizar actos violentos. - Ausencia de sentimiento de culpa. - Concepción elevada de uno mismo. - Irresponsabilidad y explotación en las relaciones sexuales y de pareja. - Sentimientos de grandeza. - Necesidad de admiración y reconocimiento. - Narcisista - Falta de empatía. - Fantasías de poder y éxito. - Supremacía. acaban enquistando hasta enfermar, por permane- las experiencias subjetivas conflictivas y dolorosas cer invisibles e ininteligibles en su dimensión de gé- vividas por las mujeres (vulnerabilidad de género) nero y, por tanto, sin opción de poder ser abordados con los roles, normas, expectativas y estatus de una desde dicha perspectiva. interacción social que está regulada por el sistema de género desigualitario. Para ello, se presenta la tabla 5, que relaciona los ideales de la feminidad normativa con las prácticas Al trazar este mapa del malestar psicológico en sociales según los roles y las normas de género, di- mujeres y en varones, vemos que se da de forma ferenciando entre la injusticia cultural y simbólica y la desigual en términos sociales y subjetivos. Esta des- injusticia socioeconómica o material del sistema de igualdad puede apreciarse si observamos la inter- género (Fraser 1997). Esta tabla nos muestra clara- sección de algunos ejes de análisis en relación con mente que sí hay coincidencia entre los síntomas y las características de los trastornos. En primer lugar, RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SOCIAL Y MALESTARES DE GÉNERO: UNA RELECTURA DEL DSM-V . 11 Tabla 5. Organización del sistema sexo/género: mandatos normativos de feminidad, vulnerabilización, experiencia conflictiva no simbolizada (sintomática) y captura psicopatologizadora en las mujeres Sistema sexo/género (diferentes modelos, tradi- Experiencia con- cional, en transición, contemporáneo, flictiva de género Categorías clínicas del discurso biomédico Velasco 2009) no simbolizada Dimensión simbólica y Dimensión material y “Trastorno mental” Vulnerabilidad de género Sintomatología cultural organizativa DSM–V - Tristeza - Ausencia de - Apatía. - Relegación al proyecto propio. - Sentimientos de espacio privado. - Desvalorización. Sumisión inutilidad. - Cuidado, crianza. - Ausencia de - Sentimientos de - Tareas del hogar. reconocimiento culpa. - Depresión Obediencia social. - Maternidad. → → - Baja autoestima. ← mayor. - Ausencia de - Dependencia - Traumas, TEPT. - Dificultad para espacio íntimo. económica. tomar decisiones. Ternura - Subordinación. - Miedo. (Modelo tradicional) - Violencia machista. - Rememoración - Abuso sexual. de sucesos traumáticos. Pasividad - Incorporación a la vida profesional. - Trastornos de - Miedo. ansiedad. - Dificultad de conciliación de los - Sobrecarga de roles. - Preocupación. - Trastornos roles “supermujer”. → del sueño Emocionalidad - Doble/triple jornada → - Angustia. ← (insomnio, - Espacio laboral. - Inseguridad. pesadillas). privado+público. - Autolesiones. - Trastornos psicosomáticos. (Modelo en transición) Comprensión - Cosificación del binarismo de - Delgadez extrema, género: ideal del control sobre el cuerpo delgado, cuerpo. Flexibilidad inerte, belleza - Dependencia y como virtud frente - Cuerpo - Trastornos emotividad a cuerpo fuerte, instrumentalizado. alimentarios. excesivas o musculado, etc. - Trastornos de - Cuerpo como virtud. inapropiadas. - Mandato de → → ← personalidad Prohibición social de la - Dependencia - Necesidad del perfección. dependiente, agresividad y la rabia emocional vínculo afectivo. - Doble vínculo en histriónica y corporeizada. - Dificultad para límite. las relaciones tomar decisiones afectivas. sola. - Miedo a la Dependencia (Modelo contempo- pérdida. ráneo) podemos considerar el eje poder-subordinación, en fin de satisfacer sus propias voluntades (trastorno de estrecha relación con el que denominamos activi- la personalidad antisocial, narcisismo o, parafilias), dad-pasividad, ambos relacionados con las posicio- transgrediendo con frecuencia normas sociales o nes subjetivas vinculadas al malestar psicológico. En ejerciendo violencia trastornos de la conducta, tras- relación con el primer eje, podemos señalar que en tornos por consumo de sustancias). En este sentido, los trastornos más acusados entre mujeres, la posi- el análisis muestra de forma clara una posición social ción de estas es de subordinación; de hecho, no figu- desigual de poder o subordinación en relación con el ra en el manual ningún trastorno en el que se dé una malestar psicológico. vulneración de derechos ajenos o una situación de En relación con el segundo eje, en lo referente a la dominación frente a otra persona. En este sentido, dimensión subjetiva relacionada con la agencia activa en los trastornos más acusados entre varones, estos o pasiva frente al malestar psicológico, también obser- se sitúan en una posición de poder y supremacía, vamos diferencias en el dominio, gestión y expresión involucrando directamente a otras personas con el del propio sufrimiento. Por ejemplo, en los trastornos RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 12 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT del control de los impulsos es el sujeto quien ejerce la Tabla 6. acción, frente a la pasividad ante el sufrimiento en los Las dicotomías del malestar de género trastornos de ansiedad o los ataques de pánico, que VARONES MUJERES consisten en una “aparición súbita de miedo intenso” (APA 2013: 208). Además, se da una internalización Poder Subordinación del sufrimiento en las mujeres (podríamos decir que Actividad Pasividad no se traduce en una conducta) en malestares como la ansiedad, la depresión o las quejas somáticas, que Sufrimiento externalizado en Sufrimiento internalizado hacia relación a la otra persona, una misma, percibida como constituyen una canalización del sufrimiento “hacia percibida como su causante culpable dentro” y en la relación de las mujeres consigo mis- Sujeto “que desea” Objeto “deseable”, seductor mas. La externalización en el caso de los varones implica que existe una atribución de causa y canaliza- Problematización de la Problematización de la razón ción del sufrimiento propio hacia afuera, conformando emoción una conducta que va más allá de ellos mismos y tiene que ver con las relaciones con el otro o la otra, como en los trastornos del control de los impulsos. Discusión y conclusiones Además, prosiguiendo el análisis, en los trastornos De los datos obtenidos tras el análisis del manual, alimentarios y otros como el trastorno de la personali- la primera conclusión es que las mujeres y los varones dad histriónica, la mujer ocupa una posición de objeto experimentan en términos mayoritarios malestares deseable y seductor, bien a través del control de su psicológicos diferentes y desiguales, y que tal diferen- propio cuerpo o ejerciendo una “seducción excesiva cia guarda una estrecha relación con la feminidad y o inapropiada”. Por su parte, en los trastornos parafí- la masculinidad normativas del sistema sexo/género. licos, todos más frecuentes entre varones, este ocu- Esta desigualdad se da, por una parte, en términos pa una posición de sujeto, que desea, en su mayoría cuantitativos. En los denominados ‘trastornos menta- sin consentimiento por parte de la persona “deseada” les comunes’ (TMC: ansiedad. depresión, somatiza- (pedofilia, voyerismo, froteurismo). Por último, obser- ción), que sufre un 25 % de la población, la tasa de vamos en los trastornos de personalidad el reflejo de incidencia en las mujeres duplica la de los varones. la dicotomía simbólica de género entre razón y emo- En este sentido, la propia OMS ha declarado que, en ción. En este sentido, los trastornos más prevalentes el año 2020, la depresión será la segunda causa de entre las mujeres surgen de una excesiva o inapropia- discapacidad en el mundo (OMS 2009), aunque lo da o descontrolada gestión de las emociones, que re- ha hecho poniendo en el centro a un sujeto de apa- construye un imaginario de más apego a la naturaleza riencia neutra, sin género (ni etnia, ni posición social que a la cultura y racionalidad (valores que socialmen- alguna). Dicha mirada se adscribe al paradigma de te se han atribuido al éxito, a la objetividad); mientras la invisibilidad de las mujeres en medicina, el cual os- que, en los varones, los trastornos de personalidad cila entre el androcentrismo y la diferencia, pero sin surgen de la ausencia de la emoción (con excepción romper el binarismo (Valls 2009). Podemos señalar de la rabia, socialmente lícita en el imaginario de la que el sufrimiento de las mujeres es más extenso y masculinidad normativa), con el atributo común del crónico que el de los varones. individualismo, el deseo propio por encima de los de- Por otra parte, en términos cualitativos, la des- más y de la consecución de las metas a todo coste, lo igualdad se comprende desde una noción del géne- que puede relacionarse con la “razón” y, por tanto, con ro conceptualizado como dispositivo de poder. Los una tradición cultural patriarcal en la que ser racional, patrones dominantes de valoración son androcén- resuelto, autónomo e independiente constituyen atri- tricos y la feminidad normativa conlleva —implícita butos deseables para el varón y de éxito en general. y explícitamente— prácticas de cuidado del otro. Estas propiedades comunes pueden configurar un Analizar la subjetividad en términos de malestar sistema de dicotomías de los malestares de género, psicológico desde una visión crítica feminista nos en que se reproduce el binarismo del sistema sexo/ ha permitido llegar a las dicotomías del malestar género: poder-subordinación, actividad-pasividad, de género expuestas más arriba. El malestar en expresión del sufrimiento externalizante-internali- las mujeres (caracterizado por la subordinación, zante, sujeto-objeto, razón-emoción. En este senti- pasividad, internalización del sufrimiento, objeto do, proponemos el concepto de las dicotomías del deseable, problematización de la razón) surge de malestar de género (tabla 6), integrando las diferen- una interacción social regulada que lleva a poster- tes dimensiones analíticas relevantes para la com- gar las propias necesidades y a centrarse en las prensión del vínculo entre la operatividad del sistema de otras personas, lo que implica cierta “violencia sexo/género y la emergencia de malestares subjeti- hacia sí”; mientras que el malestar en los varones vos, malestares que hemos denominado ‘de género’, (poder, actividad, externalización del sufrimiento, dada la relación mostrada entre la sintomatología y sujeto que desea, problematización de la emoción) los mandatos normativos de género. proyecta mayoritariamente una violencia hacia la RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 SUBJETIVIDAD, DESIGUALDAD SOCIAL Y MALESTARES DE GÉNERO: UNA RELECTURA DEL DSM-V . 13 otra persona, al concentrarse principalmente en las El papel del discurso psiquiátrico como lógica de necesidades propias y desconectarse emocional- poder-saber se aprecia en los procesos que implica: mente del resto, lo que genera a menudo dificulta- descontextualización e individualización de tales ma- des en la otra persona (por ejemplo, en los casos de lestares en una operación de reificación y de atribu- hostilidad, ira, impulsividad, pedofilia, etc.). En este ción de causalidad biológica y psicológica desconec- sentido, se abre una nueva línea de investigación tada de sus condiciones de emergencia. Por tanto, sobre cómo la masculinidad normativa imprime, en reforzadora de la desigualdad. La absoluta falta de este caso, no vulnerabilidades sino “privilegios” de perspectiva de género y la omisión de las relaciones género que vulneran a otra persona. de poder desigualitarias entre mujeres y varones, unido a la errónea conceptualización de que sexo, Esta lectura del malestar psicológico sigue la línea género y feminidad/masculinidad constituyen un mis- de investigación de los determinantes de género en mo concepto, reafirman la necesidad de introducir, salud que se inició ya en los años 80 y 90, siendo de manera certera, la concepción de la salud como una de las pioneras más reconocidas Mabel Burín un sistema dinámico biopsicosocial y de género, en (1991; 1987), que incorpora el género como catego- que el sistema sexo/género tenga cabida en la inves- ría de análisis de las condiciones sociales y de las tigación, la praxis médica y la formación. vivencias de relaciones entre mujeres y hombres y, en consecuencia, de las formas de vivir y enfermar. En tercer lugar, concluimos que la estrecha rela- En este sentido, se entiende que las condiciones de ción que surge entre mandatos normativos de femini- género constituyen contextos de vulnerabilidad y dad y masculinidad y los malestares analizados viene riesgo para el sufrimiento y el malestar psicológico a mostrar que el paradigma biomédico, además de (Velasco 2009). psicopatologizar la desidentificación y desobedien- cia a dichos mandatos (como en la transexualidad La segunda conclusión de la investigación se re- y el transgénero o la homosexualidad), invisibiliza el fiere a la concepción del malestar psicológico desde malestar psicológico relacionado con la feminidad y el paradigma biomédico hegemónico. En el DSM-V masculinidad normativas. En este sentido, la expe- se conceptualiza este malestar desde una perspecti- riencia subjetiva derivada de ajustarse a la feminidad va biologicista, individualista, ahistórica y descontex- y a la masculinidad normativas se traduce en lo que tualizada. En la misma construcción del concepto de proponemos denominar malestar de género, para “síndrome”, definido como “conjunto de síntomas”, cuya identificación hemos propuesto una metodolo- puede observarse que el modelo biomédico, a pe- gía específica3 (Pujal y Mora 2017; 2013). sar de sostenerse a partir de “evidencias científicas”, no necesita de las mismas para el tratamiento del El sistema sexo/género resulta un proceso psico- malestar psicológico. No obstante, si no puede de- social de psicopatologización en sí mismo, un callejón terminarse la etiología biológica de los malestares sin salida en que no tiene cabida un sistema socio- psicológicos, entendemos que estos funcionan de tal cultural abierto a la diversidad y al desarrollo integral manera que solo una concepción de la salud como y no binario de las personas. Esta conclusión guar- sistema dinámico biopsicosocial puede comprender da relación con las ya conocidas investigaciones que una concepción en la que se incluyen como factores muestran que la androginia es un factor de protección de influencia las condiciones económicas, sociales para la salud psicológica, y que la identidad de género y los estilos de vida. Sin embargo, paradójicamente, normativa constituye un factor de riesgo para la sa- los aspectos psicosociales no se consideran dignos lud psicológica (Dean y Tate 2017; Mosher 1991; Bem de estudio para la intervención en la atención psico- 1993; 1981). No obstante, el propio constructo ha sido sanitaria. La construcción de la enfermedad a partir cuestionado por sus teóricas4 (Lott 1994; Bem 1993). de los síntomas y su posterior perpetuación y re- Recuperando el concepto de mecanismos psí- construcción a través del discurso del manual DSM- quicos del poder utilizado por Butler (2001), podría V parece ser suficiente para que la prescripción de entenderse que las posibilidades de simbolización psicofármacos o la intervención psicológica sin pers- nos colocan en un punto de tensión entre agencia y pectiva de género se constituyan como la más legiti- sujeción. Una mayor obediencia, consciente o pseu- mada de las alternativas en la atención psicológica y doconsciente, a los mandatos de género normativos médica. En este sentido, la psiquiatría y la psicología —más sujeción, menos agencia— puede desembo- mainstream han conseguido establecer una especie car en cierto malestar psicológico o emocional que, de círculo autosustentable: en términos clínicos, se conceptualiza como un ‘en- fermar’, un diagnóstico y su posterior tratamiento psi- • Síntomas → síndrome → constitución del tras- cofarmacológico y, en términos de sus implicaciones torno mental en el DSM-V sociales, se traduce en un desempoderamiento. Por • Persona con síntomas → consulta del DSM-V → su parte, mantenerse en un punto de mayor desobe- diagnóstico clínico → psicofármacos o interven- diencia, consciente o pseudoconsciente, hacia los ción psicológica sin perspectiva de género, estig- mandatos de género normativos —menos sujeción, matización, etiqueta… (psicopatologización) más agencia— puede también desembocar en un RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113 14 . MARGOT PUJAL I LLOMBART, MARINA CALATAYUD Y PATRICIA AMIGOT malestar psicológico o emocional que en términos bio- to de trastorno psicológico “sin más” y, en su lugar, médicos se conceptualiza también como un enfermar, plantear el concepto de malestar de género5, enten- un diagnóstico, pero que, en términos sociales, abre dido como experiencia subjetiva de sufrimiento en la posibilidad de crear nuevas posiciones subjetivas y relación con el sistema de género, sobre todo en las una crítica social al binarismo, promoviendo el empo- mujeres, por ser en ellas más intenso y extenso, pero deramiento y la diversidad. Así sucede, por ejemplo, también en los varones —aunque haya sido menos en los diversos feminismos y transfeminismos y en las estudiado hasta el momento—. El objetivo final es posiciones sociopolíticas que luchan por una perspec- profundizar en una ciencia más inclusiva, igualitaria y de la diversidad, que sea realmente interdisciplinar tiva no patologizante de la transexualidad. y dé cuenta de la complejidad de su objeto, la sub- Como conclusión, y por todo lo desarrollado, la jetividad; o, dicho de otra manera, en una psicología propuesta de este artículo es desplazar el concep- no androcéntrica ni patriarcal. Notas [1] Las prácticas de sí son formas y modalidades de la rela- tificar experiencias de malestar ligadas al género, que ción consigo mismo por las que un individuo se constitu- estén articuladas con el diagnóstico clínico, centrado ye y se reconoce como sujeto, opera sobre sí, y pueden en síntomas corporales o emocionales. cumplir normas o resistirlas recreando posibilidades. [4] La androginia ha sido uno de los constructos psico- [2] Un dispositivo de poder como “conjunto decididamente lógicos más popularizados, trascendiendo la psicolo- heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, gía dominante. No obstante, sus principales teóricas, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamen- Sandra Bem y Bernice Lott, se han distanciado crítica- tarias, leyes, medidas administrativas, enunciados mente de dicho término, que reproducía de nuevo la científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantró- dualidad. picas, etc.”. [5] Aunque aquí se propone ese desplazamiento solo [3] Malestares de género identificados mediante la meto- para un espectro de trastornos, se podría problemati- dología cualitativa del diagnóstico psicosocial de gé- zar el concepto mismo de trastorno, cuestión en la que nero, de corte biográfico y narrativo, orientada a iden- no entramos por razones de espacio. Referencias Bibliográficas Albiñana, A., P. Costa y F. Soler. 2006. 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Algunos títulos de sus últimas publicaciones son: El cuidado: más allá del trabajo doméstico y Apuntes para una salud mental inclusiva: duelo a la identidad de género. MARINA CALATAYUD es graduada en Psicología por la Universidad de Murcia y máster en Investigación e Intervención Psico- social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Activista e investigadora feminista, ha colaborado con diversas asociaciones feministas en la lucha por la erradicación de las violencias de género y la igualdad. Actualmente ejerce como formadora y psicó- loga de atención de mujeres, hijas e hijos víctimas de violencia machista en el ámbito de la pareja, y en intervención psicosocial sobre violencias contra personas LGTBI. PATRICIA AMIGOT es doctora en Psicología Social y profesora en el Dpto. de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra. Sus líneas de investigación comprenden, por un lado, el análisis de las relaciones de poder dentro de los estudios sobre gubernamentalidad y los procesos de subjetivación vinculados a discursos y prácticas del contexto neoliberal, fun- damentalmente a las tecnologías de gestión del trabajo; por otro, teoría feminista e imaginarios sociales de género, configuración de identidades y relaciones de género, y violencia contra las mujeres, ámbitos en los que ha realizado publicaciones académicas y desarrollado proyectos de investigación. RIS [online] 2020, 78 (2), e155. REVISTA INTERNACIONAL DE SOCIOLOGÍA. ISSN-L: 0034-9712 https://doi.org/10.3989/ris.2020.78.2.18.113