GÉNERO Y GUERRA, UNA ENCRUCIJADA Y UNA OPORTUNIDAD Elena Fernández Universitat Autònoma de Barcelona Manuel Santirso Universitat Autònoma de Barcelona Como en tantos otros aspectos de nuestra cultura, toca remitirse a la Anti- güedad clásica al ocuparse de los roles de género; no en vano estos son, ante todo y sobre todo, construcciones culturales. Por eso hemos puesto este dossier de Millars. Espai i Història bajo la doble advocación de Hestia, la diosa del hogar recluida voluntariamente en él, y de Atenea, la deidad armada y tutelar a la que los atenienses se encomendaban en sus luchas. De la una a la otra se despliega casi todo el abanico de los papeles asig- nados a las mujeres en los conflictos armados: sirvientes, administradoras, criadoras, educadoras, apoyos morales, reposos del guerrero o cantineras. Solo aparecen como combatientes de forma simbólica, como tótems: Ate- nea es una bandera, no un soldado. Hay que reparar, a todo esto, en que tanto Hestia como Atenea eran vír- genes y hacían de esa condición un rasgo destacado y necesario de su personalidad. Afrodita parece quedar de fuera de juego aquí. Tal vez sea porque ni el amor ni el equilibrio, los principales atributos de esta tercera diosa, convienen a la guerra, aunque resulta más probable que se deba a que los otros papeles femeninos frente a la violencia armada, aquellos que se vinculan más directamente al cuerpo y a la sexualidad, no admiten ninguna poética. Nos referimos ahora a los de esclavas, prostitutas, rehe- 9 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2020.48.1 - ISSN: 1132-9823 - vol. XLVIII 2020/1 - pp. 9-15 nes, víctimas de violación, prendas de paz o varias de esas condiciones a la vez, estados que se ocultan o se lamentan, pero nunca se celebran. No hay que olvidar que hasta nuestros tiempos han sido hombres quienes han definido unos y otros roles, positivos y negativos, aplaudidos o silenciados, que al hacerlo y por simple oposición de contrarios han trazado los contor- nos de una masculinidad igualmente imaginada. Quedaban -¿quedan?- fuera de ese esquema las combatientes activas y en pie de igualdad, una conducta que solo se registraba entre bárbaros, gen- tes externas a la civilización. Así, las amazonas, probablemente inspiradas en las guerreras escitas, no deben ser vistas como un simple exotismo, sino que personifican la conducta femenina errónea, la anomalía y, otra vez en virtud de ese constante juego de espejos, revelan los temores masculinos.1 Aunque el recorrido del dossier que aquí presentamos no arranca en la An- tigüedad, contempla buena parte de los papeles citados y desde luego se postula como una muestra representativa de todos ellos. No se hace en él un recorrido exhaustivo, ni cronológico ni geográfico (¿y cómo se podría?), pero sí se propone un nexo entre dos campos de la investigación histórica, las relaciones de género y los conflictos armados, que por fortuna han conocido una cierta expansión en los últimos tiempos. Desgraciadamente, a menudo ha faltado un diálogo intelectual sincero y productivo entre esas especialidades, una carencia que –¡ay!– mucho nos tememos que tenga que ver con posiciones ideológicas previas. Quienes cultivamos la polemo- logía, siquiera de forma ocasional, sabemos que la guerra constituye un excelente test histórico: su misma naturaleza de experiencia límite pone al descubierto, y a menudo con gran crudeza, claves de comprensión social que suelen quedar veladas en tiempos de paz. Esa prueba del 9 combi- nada debería enseñar mucho a historiadores e historiadoras, más en unos tiempos y un país en que –confesamos ignorar por qué– las estudiantes han decidido frecuentar menos las aulas de Historia. En síntesis, los trabajos contenidos en este dossier examinan la implicación del sexo biológico y de los roles tradicionales de género en las narrativas históricas que han tematizado la guerra y su retaguardia. Los artículos aquí recogidos van más allá de la ficción histórica que ha acompañado a la 1 Véanse al respecto ENCINAS, Mª Carmen, “La visión trágica de la mujer en la guerra” y GONZÁLEZ MAESTRE, Cristina, “Siempre hemos luchado: la invisibilización de la mujer gue- rrera en la historiografía y arqueología de la Grecia antigua”, ambos en SANTIRSO, Manuel y GUERRERO, Alberto (eds.) (2019), Mujeres en la guerra y en los ejércitos, Catarata, Madrid. 2019. Este volumen colectivo contiene muchas otras aportaciones de interés, relativas a diver- sas épocas y lugares. 10 Elena Fernández y Manuel Santirso Género y guerra presencia femenina en tiempos de conflicto y que ha tendido a perpetuar los papeles tradicionales de los hombres como guerreros y de las mujeres como asistentas y cuidadoras. Se trata, dicho de otro modo, de poner en tela de juicio la dualidad forzosa Ares/Hestia. Trabajos como los aquí planteados muestran que la interrelación de las mujeres y la guerra ha sido mucho más compleja que una simple dicotomía como esa. Si bien es cierto que mayoritariamente los hombres han luchado y liderado los ejér- citos, resulta mucho más cuestionable que se tenga que considerar a las mujeres como el “sexo pacífico” del que hablaba Margarete Mitscherlich.2 Por suerte, como muestra esta colección de escritos, las relaciones de las mujeres con la guerra son un campo de estudio en crecimiento no sólo en la disciplina histórica sino también en la literatura o el arte, e incluso ha ganado espacio en aquellas materias que analizan los debates políticos. Los ocho artículos que componen este dossier conforman una serie crono- lógica con un relato conjunto claro: por un lado, la guerra como suceso no segrega por sexo, y por el otro, el alcance de sus consecuencias no es ajeno a hombres ni a mujeres. Comenzando en la antigüedad y llegando hasta a nuestros días, en estos textos se da buena cuenta de que las ex- periencias registradas son variopintas. Cada aportación trata sobre una guerra específica en el tiempo y en el espacio. Por ello, hemos organizado las contribuciones siguiendo el sencillo criterio del orden cronológico. El primero de los títulos nos traslada a la Arabia del s. VII, que tampoco está culturalmente tan lejos de la Antigüedad clásica. En él se aborda la fi- gura de ʿĀʾisha bint Abi Bakr. más allá de su significación como esposa de Muhammad y su relevancia en el proceso de fortalecimiento de la cultura islámica. Desde una perspectiva poco conocida, Carlos Martínez Carras- co, se aproxima al personaje para descubrirnos su relación con la guerra y con la política del incipiente islam en sus tres primeros califatos. En un momento en que para las mujeres comunes estaba vetado el espacio pú- blico, ʿĀʾisha formó parte de ese grupo restringido de “reinas y princesas” cuyo protagonismo resultaría fundamental en los acontecimientos políticos y culturales del pasado. En consecuencia, este trabajo nos señala su im- plicación en las campañas dirigidas por Muhammad, pero también en las posteriores conquistas. A partir de fuentes de mediados del siglo VIII y de 2 MITSCHERLICH, Margarete (1987), The Peaceable Sex: On Aggression In Women And Men, Fromm, Nueva York. 1987. 11 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2020.48.1 - ISSN: 1132-9823 - vol. XLVIII 2020/1 - pp. 9-15 la primera mitad del X, el texto se detiene en los escenarios que llevaron a esta mujer de una posición pasiva a una de influencia en la esfera política y militar, incluso a pesar de la falsa acusación de adulterio que lanzaron contra ella y que reveló un aspecto determinante de las guerras tribales en la Arabia pre-islámica: el uso de la poesía satírica como arma política y de la mujer como objeto literario. Como se sabe, la virginidad de Hestia sufrió muchos asaltos. En esta línea, la construcción de la imagen de mujer guerrera también ha sido materia de estudio en el trabajo de Javier Hernández Ruano. A partir de las crónicas y escritos propagandísticos surgidos en el contexto de la Guerra de Sucesión, el autor señala como la publicística de guerra diluyó los roles de género vigentes en aras de una causa superior. Sin duda, toda guerra de pluma trata de sugestionar o de persuadir a la población mediante de los acontecimientos de armas, y por supuesto así lo muestra este artículo cuando se detiene en los hechos que acompañaron al bloqueo de Peníscola durante la contienda. Entonces, los triunfos de sus vecinos desencadenaron una ingente producción de literatura dirigida a explotar la gloria de las mujeres de la localidad. En este punto, resulta sugestivo cómo el texto analiza las causas por las que la significación de las vecinas de Pe- níscola, sobre todo en las labores logísticas durante el sitio, desembocaron en una serie de representaciones de la feminidad, destinadas a perdurar en la memoria colectiva mediante la pervivencia de una imagen idealizada de mujer guerrera. Un nuevo tótem, ahora moderno. Sobre la popularización de estos modelos femeninos idealizados trata el artículo de Adrian Shubert. Situado en el contexto de la Guerra de Inde- pendencia en la España de comienzos del siglo XIX, centra su atención en la construcción y magnificación del mito de una de sus heroínas más emblemáticas: Agustina de Aragón. Es sabido que la fama de Agustina –de esta Atenea española, salvando las distancias– no se limitó a las fronte- ras españolas. Lord Byron le dedicaría alabanzas y su compatriota David Wilkie pintaría sus hazañas en 1828. Dada la participación británica en la guerra contra Napoleón, estos homenajes podrían esperarse. Más sor- prendente es lo que Shubert nos descubre en su artículo. Partiendo del culto a los héroes como parte indispensable en la construcción de identidades nacionales, el autor explora la fascinación por la española desde un marco aún más amplio: Agustina aparece como un icono que trascendió más allá de su tiempo y de las fronteras de Occidente. Para ello, el autor reflexiona sobre cuáles son los aspectos de las hazañas de Agustina más susceptibles de ser compartidos y los que eran específicos del contexto local. Shubert lo muestra mediante un recorrido por el proceso que encumbró a la aragone- sa como heroína universal y que mantuvo a su figura perenne en el tiempo. 12 Elena Fernández y Manuel Santirso Género y guerra Sin embargo, no hay que olvidar que antes de convertirse en una heroína nacional, Agustina de Aragón no fue más que una de tantas entre las mu- chas mujeres que intervinieron activamente en la defensa de Zaragoza.3 Sin duda, la pronta trascendencia de su figura y su representación cons- tante en los medios oficiales y populares, ensombrecieron la memoria de esas otras luchadoras que también defendieron la capital aragonesa de las tropas francesas. Precisamente, Ramiro Moya propone recuperar el papel desarrollado por esas mujeres, el tipo de acciones en las que tomaron parte y sus vivencias durante y después de la contienda. Asimismo, el autor reflexiona sobre las posibles razones que impulsaron la movilización feme- nina y se pregunta acerca de las motivaciones de las propias protagonistas y de sus mandos militares. El año 1848 es claramente un punto de inflexión histórico, aunque en ge- neral se le ha prestado poca atención para las materias que se abordan en este dossier. No obstante, y como defiende Matteo Morandini, tuvo lugar en ese momento una explosión de las reivindicaciones civiles, nacionales y sociales sin precedentes. El asentamiento de la prensa y de la lectura aumentaron la celeridad en la trasmisión de las noticias y la inmediatez en el desarrollo de los sucesos históricos. De pronto, la propagación de su mensaje a las masas se convirtió en esencial, tanto para los liberales como para los círculos reaccionarios. En ese contexto, el debate en torno a lo femenino y la familia alcanzó una extrema importancia en la Italia del bienio revolucionario. La cuestión que estaba en el aire no era otra que su papel en la nueva sociedad burguesa italiana. En tanto que trasmisoras de valores y preceptoras de los futuros ciudadanos, las mujeres italianas se convirtieron en objeto del adoctrinamiento religioso, pero también del discurso nacional-patriótico. Hestias, ante todo. Gracias al estudio compa- rativo entre la producción cultural patriótico democrática y la reaccionaria –memorias, iconografía y literatura– Morandini nos expone el choque, pero también la coincidencia entre el nacionalismo y las fuerzas clericales en su visión de la feminidad, así como la influencia de esta concepción en áreas estratégicas de la sociedad como la familia, la educación y la sexualidad. Hace tan solo unos años se reeditaba el magnífico libro Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945).4 Se trata de una obra notable que sin duda marcó un antes 3 FERNÁNDEZ GARCÍA, Elena (2009), Mujeres en la Guerra de la Independencia, Sílex, Ma- drid. 2009. 4 STROBL, Ingrid (2015), Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945), Virus Editorial, Barcelona, (1ª ed. 1996). 13 http://dx.doi.org/10.6035/Millars.2020.48.1 - ISSN: 1132-9823 - vol. XLVIII 2020/1 - pp. 9-15 y un después al poner en valor el papel de las mujeres en la lucha contra el fascismo. Por suerte, desde su primera edición, hace ya casi 25 años, las revisiones historiográficas sobre la Segunda Guerra Mundial han continua- do rescatando y evaluando la contribución de las mujeres en la consecución de la victoria sobre las tropas del Eje. Gracias a trabajos como éste ahora sabemos que fueron muchas las mujeres que tomaron las armas o colabo- raron en las estructuras de resistencia. Hubo más amazonas y guerreras escitas de lo que sabíamos o deseábamos saber. Ahora bien, como revela Maila García Amorós en el caso de la Grecia ocupada, la mayoría de ellas tuvieron que enfrentarse a su vez a las diversas organizaciones revo- lucionarias y a sus compañeros militantes. Como consecuencia de la autori- dad de la Iglesia Ortodoxa y del predominio de una visión patriarcal de la sociedad, a la gran mayoría de estas mujeres no se las llegó a considerar, salvo notables excepciones, como iguales y se las ubicó en la retaguardia. Sin embargo, como expone la autora, fue precisamente allí, alejadas de la lucha directa y en la clandestinidad antifascista, donde las griegas tuvieron un papel relevante. En definitiva, y así nos lo confirma el texto de García Amorós, las mujeres griegas que se opusieron a la ocupación tuvieron que encarar una doble lucha: como mujeres y como resistentes. Cerramos el círculo volviendo al espacio árabe casi catorce siglos des- pués. Hoy seguimos inmersos en la guerra civil que enfrenta, entre otros, al régimen de Bashar al-Asad y a los rebeldes desde que las protestas de la llamada Primavera Árabe alcanzaran Siria en 2011. Desde entonces, a ese conflicto se han unido la lucha contra el Estado Islámico y una serie de enfrentamientos discontinuos entre potencias externas que, como los Esta- dos Unidos, Rusia, Irán o Turquía, se han involucrado en la contienda por motivos geopolíticos. Por todo ello, y con el paso del tiempo, la realidad de los combates en Siria se ha vuelto cada vez más intrincada, y sobre todo más peligrosa para la población civil.5 Actualmente nos encontramos ante una clara catástrofe humanitaria en la que, tanto las tropas del Gobierno sirio como las milicias aliadas y grupos rebeldes, han violado y atacado a innumerables mujeres, jóvenes y niñas, dentro de una cruzada de escar- miento contra comunidades rivales. En este contexto, la finalidad del traba- jo de Isabel García consiste en llevar a cabo una comparación sistemática entre las principales organizaciones que libran la guerra en Siria. El propó- 5 “I lost my dignity”: Sexual and gender-based violence in the Syrian Arab Republic, The Indepen- dent International Commission of Inquiry on the Syrian Arab Republic, ONU [ref. el 23 marzo 2018] (https://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/CoISyria/A-HRC-37-CRP-3. pdf). 14 Elena Fernández y Manuel Santirso Género y guerra sito de su estudio es localizar los motores que impulsan una incorporación femenina cada vez mayor en las protestas y la lucha activa. Pasando desde las organizaciones yihadistas como el Dáesh hasta la insurgencia kurda e incluso el ejército republicano, la autora nos expone las razones, subjetivas y objetivas, que explicarían la formación de las brigadas femeninas en una sociedad que se rige por unas costumbres claramente conservadoras en relación al sexo femenino. ¿Se trata de un cambio temporal que obedece a la pura necesidad del momento? ¿Ocurrirá como con las dos guerras mundiales del siglo XX, so- bre cuya importancia para la emancipación femenina aún se debate? ¿Las mujeres combatientes en pie de igualdad han venido para quedarse? Los días confinados como los que atravesamos al escribir estas líneas deberían enseñarnos que no podemos imaginar el futuro por simple extrapolación. En el cambio histórico, que es el objeto de nuestro oficio, hay azar, avan- ces y retrocesos, y si alguna lección queda clara es que las conquistas que no se defiende, se pierden. Y valga, porque aquí toca, el símil bélico. 15