Veleia, 2020, 37, 79-94 https://doi.org/10.1387/veleia.20957  ISSN 0213-2095 – eISSN 2444-3565 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña 1durante la primera mitad del siglo xx* Archaeology, Church and interdisciplinarity in Catalonia during the first half of the 20th century Jordi Vidal** Universitat Autònoma de Barcelona Resumen. En el presente artículo analizamos el papel que tuvo la interdisciplinariedad en el pensamiento de los eclesiásticos arqueólogos catalanes durante la primera mitad del siglo xx. Centramos nuestro análisis en cuatro de las figuras más relevantes dentro de dicho ámbito: Josep Gudiol, Pere Batlle, Norbert Font y Joan Serra Vilaró. El estudio llevado a cabo permite documentar la existencia de dos tendencias bien diferenciadas sobre esa cuestión. La primera se circunscribe al ámbito de la arqueología cristiana y hace referencia al desarrollo de una interdisciplinarie- dad restringida, limitada a las denominadas ciencias de la antigüedad. La segunda, atestiguada en los estudios de ar- queología prehistórica, es una interdisciplinariedad más amplia, con espacio para la geología, la antropología física, la etnografía, etc. Con todo, en ambos casos, la existencia de una voluntad concordista y apologética (menos evi- dente en el caso de Serra Vilaró) condicionó decisivamente el tipo de relación que la arqueología estableció con las otras disciplinas más o menos afines a lo largo del período estudiado. Palabras clave: Arqueología sagrada, concordismo, arqueología prehistórica, ciencias de la antigüedad. Abstract. In this article we analyse the role played by an interdisciplinary approach as envisaged by Catalan ecclesiastical archaeologists during the first half of the twentieth century. We focus our analysis on four of the most prominent scholars in this field: Josep Gudiol, Pere Batlle, Norbert Font and Joan Serra Vilaró. The study carried out shows the existence of two very different tendencies on this issue. The first is limited to the field of Christian archaeology and refers to the development of a restricted interdisciplinary, involving only the so-called sciences of antiquity. The second trend, applied in the study of prehistoric archaeology, is much broader, and includes geology, physical anthropology, ethnography, etc. However, in both cases, the existence of a harmonious and apologetic resolve (less evident in the case of Serra Vilaró) decisively conditioned the type of relationship that archaeology established with the other disciplines throughout the period studied. Keywords: Sacred archaeology, concordism, prehistoric archaeology, sciences of antiquity. * Este trabajo ha sido realizado en el marco del seminario organizado el 15 de junio de 2019 por el proyecto de inves- tigación MINECO-Ministerio de Economía y Competitividad «Arqueología e Interdisciplinariedad: una investigación arqueológica-histórica sobre las relaciones interdisciplinares en la Historia de la Arqueología española (siglos xix y xx)» (HAR2016-80271-P, IP M. Díaz-Andreu) subvencionado por la AEI/FEDER, UE. ** Correspondencia a / Correspondence to: Jordi Vidal, Departament de Ciències de l’Antiguitat i de l’Edat Mitjana, Universitat Autònoma de Barce- lona – Jordi.Vidal.Palomino@uab.cat – https://orcid.org/0000-0001-5405-0140. Cómo citar / How to cite: Vidal, Jordi (2020), «Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera mitad del siglo xx», Veleia, 37, 79-94. (https://doi.org/10.1387/veleia.20957). Recibido: 27 junio 2019; aceptado: 8 octubre 2019. ISSN 0213-2095 - eISSN 2444-3565 / © 2020 UPV/EHU  Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional 79 80 Jordi Vidal 1. Introducción A finales del siglo xix y principios del xx se experimentó una auténtica eclosión de los estudios de arqueología cristiana en los seminarios catalanes. Los datos objetivos que sustentan esa afirma- ción son la formación en aquellas fechas de distintas colecciones diocesanas de arte antiguo y la creación de cátedras de Arqueología Sagrada, adjuntas a dichas colecciones, en los seminarios de Lleida (1889), Solsona (1895), Vic (1898), Tarragona (1900), etc. (Velasco & Sureda 2017). Los elementos que explican dicha eclosión son básicamente tres. El primero hace referencia a la adhe- sión de la iglesia catalana al ideario de la Renaixença y su exaltación de la historia de Cataluña. En este sentido, el patrimonio, sobre todo el patrimonio medieval eclesiástico, jugaba un rol muy im- portante dentro de aquel ideario, por cuanto se consideraba que testimoniaba a nivel material el es- plendoroso pasado catalán que se quería enaltecer (Barral 1985, 81). Un segundo elemento impor- tante en este sentido fue la política implementada por el papa León XIII en relación a la protección del patrimonio eclesiástico y el desarrollo en el seno de la iglesia católica de los estudios de arqueo- logía cristiana (Closa 2000, 187-190). Finalmente, en tercer lugar, cabe destacar la especial sensibi- lidad que obispos catalanes como Josep Morgades (Vic) (Sureda 2017a) y Josep Meseguer (Lleida) (Berlabé 2017) mostraron hacia la implementación de los planteamientos de León XIII sobre pa- trimonio y arqueología en sus respectivas diócesis. El objetivo del presente artículo es el de analizar un elemento concreto del pensamiento arqueo- lógico que se desarrolló en Cataluña durante la primera mitad del siglo xx. Concretamente, estu- diaremos cómo se produjo la interrelación entre la arqueología y el resto de disciplinas susceptibles de contribuir a una mejor interpretación de los datos arqueológicos. Estructuramos nuestro estu- dio a partir del análisis de la labor de cuatro de los eclesiásticos catalanes más influyentes en el pe- ríodo que aquí nos ocupa: Josep Gudiol i Cunill, Pere Batlle Huguet, Norbert Font i Sagué y Joan Serra Vilaró. Desde luego, otros nombres destacados podrían haber formado parte del estudio. Con todo, consideramos que los cuatro protagonistas escogidos ejemplifican de forma suficiente las principales posiciones existentes en el seno de la iglesia catalana acerca del papel de la interdisci- plinariedad en la investigación arqueológica. 2. Las Nocions de Arqueología Sagrada Catalana de Josep Gudiol i Cunill La principal aportación teórica en materia arqueológica surgida desde la iglesia catalana en el período que aquí analizamos fue el libro Nocions de Arqueología Sagrada Catalana, de Josep Gu- diol i Cunill, con una primera edición, la que utilizamos aquí, de 1902, revisada y ampliada en 1931-33. Aquella voluminosa obra, de más de 600 páginas, fue uno de los manuales de referen- cia utilizado en los seminarios catalanes donde se abordaba el estudio de la arqueología, por lo que su influencia intelectual en aquel ámbito fue considerable, lo que justifica que la tomemos como punto de partida de nuestro de análisis. Gudiol (1872-1931) fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes nombres de la arqueología ca- talana anterior a la aparición de la Escuela de Barcelona, encabezada por Pere Bosch Gimpera. Ya durante su juventud formó parte del equipo encargado de la instalación, conservación, cataloga- ción y estudio de los materiales del Museo Episcopal de Vic, una de las principales instituciones ca- talanas del momento en el ámbito del arte y la arqueología. Una vez terminados sus estudios en el Seminario de Vic, y a instancias del obispo Morgades, Gudiol realizó una estancia de investigación en Roma en 1894, donde entró en contacto con los principales museos de la ciudad, para conocer Veleia, 2020, 37, 79-94 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera... 81 de primera mano las técnicas de conservación, restauración y documentación de objetos artísticos y arqueológicos. En 1898 ocupó la cátedra de Arqueología Sagrada del Seminario de Vic, siendo también nombrado bibliotecario de la Biblioteca Episcopal y conservador del Museo. Es impor- tante destacar que los intereses académicos de Gudiol no se limitaban a la arqueología, donde des- tacan sus ya mentadas Nocions, sino que produjo obras notables relacionadas con el arte medieval catalán, la museografía y el excursionismo (por ejemplo, Gudiol 1924, 1927). A pesar de que hoy es una figura relativamente desconocida fuera del ámbito historiográfico catalán, en su momento su brillante trayectoria intelectual tuvo un merecido reconocimiento a nivel internacional, siendo nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Bonn (1927), así como miembro de la Co- llege Art Association of America de Nueva York (1927), entre otros (Guardia & Lorés 2013, Lo- rés & Guardia 2014, Sureda & dels Sants Gros 2011, Trullén 2009, Barral 2014, Carrero 2014, Sureda 2014). Para comprender el rol de la interdisciplinariedad en el pensamiento arqueológico de Gudiol, conviene primero abordar cuál era su concepto de arqueología (Gudiol 1902, 3-18). En primera instancia, es importante señalar que, como indica su nombre, las Nocions versaban únicamente so- bre la «arqueología sagrada», que definía como aquella rama de la arqueología dedicada al estudio «dels monuments que tenen alguna relació ab lo culto de Deu» (Gudiol 1902, 12). Lo que él de- nominaba «arqueología profana» no formaba parte de sus intereses, por lo que las reflexiones que analizaremos a continuación, simplemente no se le aplican. Basándose en los postulados de Jean Jacques Bourassé (1867), George Rohault de Fleury (1883-89) y Enrico Stevenson (1898), Gudiol consideraba que la arqueología era, ante todo, una ciencia histórica auxiliar, cuya importancia radi- caba en su capacidad para proporcionar un triple servicio instrumental a la Iglesia. Así, en su opi- nión, la arqueología, mediante el estudio de la cultura material, aportaba argumentos para prote- ger la autoridad de la Biblia como fuente histórica y la autoridad de la propia Iglesia. Asimismo, la arqueología era una ciencia auxiliar indispensable para la reconstrucción de las etapas más antiguas de la historia del cristianismo y de la Iglesia católica, debido a la escasez de fuentes escritas que do- cumentasen aquel periodo. Finalmente, consideraba imprescindible ofrecer una buena formación arqueológica al clero, pues dicha formación fomentaría el amor por el patrimonio eclesiástico y contribuiría a su salvaguarda. Centrándonos ya en la cuestión de la interdisciplinariedad, cabe apuntar que Gudiol conside- raba la existencia de tres tipos distintos de arqueología sagrada, en los que se daba cabida prác- ticamente a todas las denominadas ciencias de la antigüedad: la arqueología artística, la arqueo- logía literaria y la arqueología iconográfica. Cada una de esas tres arqueologías estaba integrada por una compleja amalgama de disciplinas, que formaban un mosaico de ciencias auxiliares, a las cuales recurría el arqueólogo en función de su objeto de estudio (Gudiol 1902, 12-16). Así, la arqueología artística, que Gudiol entendía como una historia del arte cristiano del pasado, es- taba integrada por las artes figurativas (arquitectura, escultura, pintura), las artes industriales (glípti­ca, mosaicos, vidrieras...) y las artes suntuarias (indumentaria, mobiliario, armamento...). Por su parte, la arqueología literaria se ocupaba del estudio de los «monumentos literarios», y en- globaba ciencias como la epigrafía, la diplomática, la bibliografía, la sigilografía, la numismática y la heráldica. Finalmente, la arqueología iconográfica analizaba la expresión de ideas por medio de imágenes, preocu­pán­dose especialmente por determinar cuáles fueron los planteamientos que fundamentaban la producción de imágenes en cada momento del pasado. Como ha apuntado Barral (1985, 77), la arqueología de Gudiol era una arqueología historicista, centrada principal- mente en el estudio de monumentos y obras de arte antiguas y donde cuestiones como, por ejem- plo, la arqueología de campo simplemente no eran contempladas. En este sentido, es obvio que https://doi.org/10.1387/veleia.20957 Veleia, 2020, 37, 79-94 82 Jordi Vidal las Nocions de Gudiol son hijas de su tiempo, donde el monumentalismo era la tónica general en el pensamiento arqueológico español durante el siglo xix. Habrá que esperar hasta las primeras décadas del siglo xx a que figuras como José Ramón Mélida, Hugo Obermaier, Pere Bosch Gim- pera o Antonio García y Bellido institucionalicen a nivel universitario la importancia de la ar- queología de campo (Díaz-Andreu 2002, 41). Volviendo al ámbito eclesiástico y la interdisciplinariedad, conviene ahora recordar algunas de las conclusiones adoptadas en el Congreso Católico celebrado en Sevilla en 1892. Así, en dicho congreso, presidido por Fray Zeferino González, se acordó considerar que las denominadas «cien- cias de la observación» (arqueología, geología, paleontología, antropología, etnografía, etnología) no solo no cuestionaban los dogmas católicos, sino que confirmaban lo esencial de la revelación divina dispuesta en el Antiguo Testamento (Maier 2003, 109). Por lo tanto, se optaba por unos planteamientos concordistas, según los cuales el buen uso de dichas ciencias, no solo no contri- buía al desarrollo de posturas racionalistas o materialistas, percibidas como hostiles al catolicismo, sino que incluso podían ayudar a reforzar los dogmas. Sin embargo, aquellos planteamientos ape- nas tuvieron influencia en la obra de Gudiol. Así, en Nocions la presencia de aquellas «ciencias de la observación» que interaccionaban con la arqueología es muy limitada. Únicamente en una oca- sión Gudiol se refería a la etnografía, a la que consideraba como una fuente útil en tanto que ins- trumento de comparación que permitía comprender mejor algunos elementos de la cultura mate- rial neolítica (Gudiol 1902, 28). Por lo que se refiere a la antropología física y a la geología, ambas tan solo aparecen de forma significativa en el apartado que Gudiol dedicaba a la controversia del «hombre terciario» (Gudiol 1902, 22s.), controversia especialmente sensible por cuanto remon- tar millares de años atrás la aparición del ser humano entraba en contradicción con el Génesis y las cronologías basadas en el relato bíblico. Gudiol zanjaba la cuestión de forma escueta, apun- tando que, a pesar de las discusiones al respecto, los datos aportados por la antropología y la geo- logía habían servido precisamente para descartar la existencia del hombre terciario, confirmando así la validez histórica de los primeros capítulos del Génesis. En 1909, siete años después de la pu- blicación de las Nocions, la Pontificia Comisión Bíblica de Roma se manifestaba de forma similar, confirmando el carácter plenamente histórico de Génesis 1-3. Al adoptar aquella postura, Gudiol se alineaba junto a autores como Antonio García Maceira, Juan Catalina García o Juan Vilanova y Piera, quienes abanderaban el rechazo a la existencia del hombre terciario, la postura más común- mente adoptada en España sobre esa cuestión a finales del siglo xix (Cañete Jiménez & Pelayo 2014, XLIV-XLIX). La poca importancia concedida por Gudiol a la cuestión de la interdisciplinariedad en realidad no guardaba relación con los posibles conflictos que determinadas ciencias pudiesen plantear con un dogma católico para él irrenunciable. Lo que sucede es que, como apuntábamos antes, el interés de Gudiol se centraba en una arqueología cristiana esencialmente artística y monumental, y en ese contexto la aportación de otras ciencias era en su opinión superflua y, por lo tanto, prescindible. La antropología, la geología o la comparación etnográfica, desde su punto de vista, no podían con- tribuir a una mejor comprensión del grafito de Alexámeno o de la portalada románica del monas- terio de Ripoll, por poner dos ejemplos. De ahí el papel marginal reservado a dichas disciplinas en las Nocions. Con rigor, en el pensamiento de Gudiol la interacción con la epigrafía, la filología, la glíptica o la diplomática tampoco constituían ejemplos de interdisciplinariedad, por cuanto dichas disciplinas no se relacionaban con la arqueología, sino que constituían su esencia misma. Gudiol concebía la arqueología como una disciplina de síntesis globalizadora, integrada por la amalgama de ciencias de la antigüedad que describíamos antes. Veleia, 2020, 37, 79-94 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera... 83 3. Pere Batlle y la evolución del paradigma histórico-artístico El paradigma histórico-artístico y monumental de la arqueología cristiana definido por Gudiol en Nocions tuvo una amplia y duradera influencia en la iglesia catalana. Las trazas de dicho para- digma pueden rastrearse sin excesivos problemas en la labor desarrollada por eclesiásticos como Eduard Junyent (Sureda 2017b), Manuel Trens (Coll-Vinent 2010) o Joan Fusté Vila (Casals 2017). También Pere Batlle Huguet (1907-1990) encajaría dentro de ese paradigma, aunque con algunas variantes que desarrollaremos a continuación. Doctor en arqueología cristiana por el Pon- tificio Istituto Biblico de Roma (1933), Batlle obtuvo una pensión de la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE) para profundizar en sus conocimientos de arqueología y epigrafía paleocristiana. En 1934, de regreso a Cataluña, fue profesor de arqueología e historia del arte en el Seminario Pontificio de Tarragona y director del Museo Diocesano de esa misma ciudad. Durante la Guerra Civil, colaboró con la Comisión del Patrimonio Artístico y el Servicio de Excavaciones y Arqueo- logía de la Generalitat de Catalunya (Massó 2002, Mata 2017). Sus principales obras, relacionadas con la epigrafía, el estudio de la historia del arte y del patri- monio monumental eclesiástico de Tarragona (por ejemplo Batlle (1934, 1946, 1952, 1979), de- muestran una evidente línea de continuidad con los postulados de Gudiol. Con todo, su figura también presenta algunas novedades interesantes respecto al ideario planteado en Nocions. Así, por una parte, destaca su interés por la arqueología de campo, un ámbito que, como apuntábamos, es- taba ausente en el trabajo de Gudiol, y que denota la adecuación de Batlle a las nuevas ideas exis- tentes sobre esta cuestión. Aquel interés de Batlle queda bien atestiguado ya en su solicitud para la obtención de la pensión de la JAE en Roma. En dicha solicitud, Batlle, más allá de explicitar su vo- luntad de profundizar en sus estudios epigráficos, manifestaba también su deseo de iniciarse en la arqueología de campo, bajo la tutela del P. Francesco Fornari: Exmo. Señor. Pedro Batlle y Huguet, natural de Reus, provincia de Tarragona, a V. S. expone: Que habiendo terminado la licenciatura de Arqueologia en el Instituto de Arqueologia Cris- tiana de Roma e e [sic] interesándose sobre todo por los estudios de Epigrafia, especialmente cris- tiana, a V. S. Suplica se digne concederle una pensión durante seis meses para continuar y ampliar los estu- dios de Epigrafia bajo la dirección del profesor Don A. Silvagni y contemporaneamente estudiar la técnica de las excavaciones bajo la dirección del profesor Don F. Fornari, ambos del mencionado Instituto. Gracia que el recurrente espera obtener de la reconocida bondad de V. S. Roma, 3 de febrero de 1933. Pedro Batlle y Huguet (Carta de Pere Batlle al presidente de la JAE. Roma, 3 de febrero de 1933. archivojae.­ edaddeplata.org) En el informe anexado a una carta enviada a Gonzalo Jiménez de la Espada, comunicando los progresos de su estancia, Batlle confirmaba que, efectivamente, desde el mes de febrero de 1934 es- taba llevando a cabo prácticas de arqueología de campo con Fornari en las catacumbas de San Ca- lixto, unas prácticas que prolongaría hasta el mes de mayo, cuando terminó su pensión: https://doi.org/10.1387/veleia.20957 Veleia, 2020, 37, 79-94 84 Jordi Vidal Durante el mes de febrero, además de seguir mis lecciones de Epigrafía cristiana y de técnica de excavaciones en el Instituto de Arqueología Cristiana, he asistido regularmente a las excavaciones que se practican en la actualidad en las Catacumbas de San Calixto, siguiendo con atención sus va- rias fases bajo la guía del director de las mismas el Prof. Formari. Particularmente he continuado mis estudios de Epigrafía clásica, en especial, sobre materia es- pañola. Roma, 1 de marzo de 1934. Pedro Batlle y Huguet (Carta de Pere Batlle a Gonzalo Jiménez de la Espada. Roma, 12 de marzo de 1934. archivojae. edaddeplata.org) También significativo es el hecho de que en 1943 Batlle fuese nombrado director del Butlletí Arqueològic Tarraconense (entonces denominado Boletín Arqueológico de Tarragona). Su llegada a la dirección de la publicación supuso una renovación temática de la misma. Hasta 1936 los con- tenidos del boletín se dedicaron casi de forma exclusiva a la publicación de trabajos centrados en la arqueología de Tarragona y la historia eclesiástica de la diócesis. Sin embargo, con la llegada de Batlle a la dirección se mantuvo la prioridad de aquellos dos ámbitos, aunque se amplió el abanico temático, publicando trabajos sobre arqueología pre- y protohistórica (Carreras 1948, Serra Vilaró 1950, Vilaseca Anguera 1943, 1945, 1949, 1952), arqueología etrusca (Almagro Basch 1949), ar- queología subacuática (Vilaseca 1954), epigrafía ibérica (Batlle 1943) y hebraica (Millás Vallicrosa 1945, 1949), toponimia prerromana (Mateu Llopis 1949) y árabe (Pita 1952), numismática pú- nica (Beltrán 1949) y romana (Mateu Llopis 1950), etc. De esta forma, su especialización en los estudios epigráficos, su interés por la arqueología de campo y su intento por incorporar al Butlletí las nuevas tendencias en la investigación que se esta- ban produciendo en la arqueología española, demuestran la voluntad de Batlle por adecuar el para- digma histórico-artístico de Gudiol a la nueva realidad de los tiempos. La trayectoria de Batlle sirve para ilustrar bien cómo el desarrollo técnico experimentado por las distintas disciplinas, así como la creciente formación especializada requerida para el dominio de cada una de ellas hacía ya impo- sible mantener la síntesis arqueológica globalizadora defendida por Gudiol en Nocions. 4. Norbert Font i Sagué y el concordismo El elemento interdisciplinar está, sin lugar a dudas, mucho más presente en el trabajo de Nor- bert Font i Sagué (1874-1910) que en el de Gudiol. Personaje polifacético, cultivó, además de la arqueología, la geología, la espeleología y el excursionismo científico, entre otros. Ordenado sacer- dote en 1900, fue discípulo del geólogo catalán Jaume Almera, y ejerció como profesor de geología en los Estudis Universitaris Catalans desde 1904 (Bohigas 2004, 2011, Martí 2003). Su prematura muerte y lo escaso de su obra arqueológica son elementos que explican el papel secundario que se le suele otorgar en la historia de la arqueología catalana. En la trayectoria arqueológica de Font po- demos distinguir dos etapas bien diferenciadas. La primera la analizaremos a partir de dos escritos de juventud (Font 1895; 1898), donde defendía unos planteamientos muy similares a los expues- tos en las Nocions de Gudiol. Así, en un artículo periodístico publicado en La Renaixensa, Font celebraba las disposiciones adoptadas por Ramon Riu, administrador apostólico de Solsona, para tratar de salvaguardar el patrimonio eclesiástico en Cataluña. En este sentido, apostaba por la crea- Veleia, 2020, 37, 79-94 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera... 85 ción de cátedras de arqueología sagrada en los seminarios catalanes que dotasen al clero, especial- mente al clero rural, de una formación arqueológica que le permitiese concienciarse acerca del va- lor del patrimonio: ¿cóm pot procurar un Rector, la conservació y guarda cuydadosa d’un objecte qualsevol, si no co- neix son valor, encara més, si creu que no te cap importancia, com havém sentit dir á més de cua- tre d’alta montanya? (...) Lo que convé es fundar cátedra d’Arqueología en cada Seminari, puig de lo contrari succehirá que si’ls Rectors no’s venen las antiguitats pera obehir á sos Bisbes, en cambi, las encabirán en alguna golfa entremitj dels trastos vells. (Font 1895: 6355) Más adelante, Font se refería con cierta rudeza a la disciplina arqueológica, a la que consideraba «difícil», «aburrida» y abstrusa, y cuyo aprendizaje no era aconsejable en sí mismo sino únicamente como instrumento necesario para cumplir con la finalidad ya apuntada de protección del patrimo- nio: «La arqueología te comensaments dificultosos, fins aburrits; la seva nomenclatura es suficient pera rebutjarla los qui la estudian per gust» (Font 1895: 6355-6356). Tal y como sucedía con Nocions, en el horizonte mental de Font solo había espacio para la ar- queología sagrada. De hecho, terminaba su artículo con una diatriba en contra de la arqueología profana, a la que calificaba como «mala» arqueología, practicada por estudiosos «paganos», «indi- ferentes» y «fríos» hacia el cristianismo, por arqueólogos «románticos», con una cultura libresca y, por lo tanto, sin un conocimiento directo del territorio y sus monumentos, lo que le llevaba a con- cluir acerca de la superioridad de la arqueología sagrada (Font 1895: 6356). El segundo trabajo de Font debe interpretarse como una concreción de las líneas generales apuntadas en el primero. Allí insistía en la importancia de la arqueología sagrada, por cuanto su estudio contribuía también al enriquecimiento espiritual del clero y de los fieles: «Es verdadera- ment un descuyt imperdonable passar la vida en mitg de tants obgectes piadosos, dexantlos en l’estat d’enigmes, los qui podrían compéndrels ab fruyt per sí metexos y explicarlos als altres» (Font 1898, 25). No obstante, la finalidad del artículo era básicamente instrumental, esto es, la de ofre- cer un inventario de objetos arqueológicos con valor religioso, con el objetivo de que «llurs guarda- dors sápigan á que atendres respecte al seu valor arqueológich» (Font 1898, 23). Lo que seguía era un largo listado donde Font detallaba las principales características técnicas, artísticas, históricas y funcionales de elementos como altares, retablos, cálices, patenas, copas, ostensorios, candelabros, incensarios, cruces y tallas. Terminaba con unas consideraciones arquitectónicas generales que de- bían servir para garantizar la conservación óptima de los edificios eclesiásticos. Está claro que, de no haber existido una evolución en su actividad arqueológica, el nombre de Font hubiese quedado relegado a un lugar marginal dentro de nuestro estudio, pues sus ideas enca- jaban perfectamente con el paradigma histórico-artístico y monumental que, de forma mucho más orgánica y acabada, manifestaría poco después Gudiol en Nocions. Sin embargo, como apuntába- mos al principio del apartado, en la biografía de Font se identifica una segunda etapa en su pensa- miento arqueológico, que se caracteriza por un alejamiento de aquel paradigma histórico-artístico. El motivo que alentó aquella evolución fue su implicación directa en el estudio arqueológico de yacimientos prehistóricos que, por motivos obvios, no guardaban relación directa con la preserva- ción del patrimonio eclesiástico que tanto le había preocupado durante la primera etapa. En este sentido, su labor más destacada fueron sus trabajos en el yacimiento paleolítico del Abric Romaní de Capellades en 1909, dirigidos conjuntamente con Manuel Cazurro, por encargo del Institut d’Estudis Catalans (Bohigas 2011, 290-294). Su muerte prematura, al año siguiente, como conse- cuencia del tifus, le impidió culminar aquella tarea, quedando la publicación de los trabajos en ma- https://doi.org/10.1387/veleia.20957 Veleia, 2020, 37, 79-94 86 Jordi Vidal nos de Lluís Marià Vidal (1911-12). Es interesante constatar que en dicha publicación se evidencia un horizonte interdisciplinar incuestionable, incluyendo apartados dedicados al análisis de la con- figuración geológica del yacimiento, referencias paleoclimáticas, estudios malacológicos (en cola- boración con Artur Bofill), estudios de arqueozoología (en colaboración con Edouard Harlé), etc. Con todo, únicamente a partir de la publicación de Vidal no es posible precisar qué papel concreto pudo jugar Font en la implementación de esa vocación interdisciplinar en el estudio del Abric Ro- maní. De hecho, en la producción escrita de Font no encontramos nada parecido a una formulación orgánica de sus ideas acerca de la relación de la arqueología con otras disciplinas, bien sean las cien- cias naturales, bien las ciencias de la antigüedad. Con todo, sí que podemos localizar referencias dispersas que aluden a esa interdisciplinariedad. Por lo que se refiere a las ciencias de la antigüedad, cuando esto sucede, en lugar de destacar los elementos positivos que eventualmente pueden deri- varse de la interacción entre disciplinas, se posicionaba respecto a la primacía de unas sobre otras. Un buen ejemplo lo encontramos en sus ideas acerca de la arqueología y la filología. Especialmente escéptico se mostraba con la capacidad de la toponimia histórica para iluminar las etapas más an- tiguas de nuestra historia, afirmando que «per si sola no té prou força: pot ser fácilment rebatuda, com ho prova la discrepància que hi ha en alguns punts entre els pocs qui en nostra pàtria es de- diquen a semblant estudi». Tan solo la investigación arqueológica podía contribuir a iluminar la cuestión, relegando a la filología a una posición meramente auxiliar: «el dia en què les coves catala- nes sien convenientment explorades, a llavors podrem demostrar antropològicament lo que alguns volen que ho sia filològicament» (Font 1904, 39-40). También expresaba en términos jerárquicos la relación de la arqueología respecto a las ciencias naturales, aunque en este caso la posición inferior le correspondía a la arqueología: «l’emmotllat que l’Autor de la Naturalesa ha donat al nostre terrer és cent vegades més digne d’estudi i conté més meravelles que el que haja pogut donat el més hàbil artista del segle xi a un capitell o estàtua» (Font 1902, 14-15). Sin embargo, en esta ocasión Font no se estaba refiriendo a ningún plantea- miento relacionado con la interdisciplinariedad. Simplemente ponía de manifiesto la mayor im- portancia que, desde su perspectiva eclesiástica, tenía el estudio de las obras de Dios (ciencias natu- rales) sobre las obras humanas (arqueología). Siguiendo con la cuestión de la interdisciplinariedad de Font, debemos ahora ocuparnos de uno de sus trabajos más difundidos. Nos estamos refiriendo a la conferencia sobre el diluvio bí- blico y la geología pronunciada el 14 de marzo de 1909 en la Associació de Catòlics de Barcelona, una conferencia que fue publicada pocos meses antes de su muerte (Font 1909). Al principio de la conferencia, Font llamaba la atención sobre la necesidad de distinguir entre lo que él denominada «ciencia verdad» y «falsa ciencia». Por «ciencia verdad» entendía aquellos planteamientos de índole estrictamente concordista, según los cuales las ciencias naturales únicamente podían aspirar a con- firmar los dogmas católicos, unos planteamientos que ya se habían expuesto en el Congreso Cató- lico de Sevilla de 1892 al que aludíamos antes. Si Dios había creado la naturaleza y también era el responsable de las Sagradas Escrituras, era inconcebible que pudiesen existir incongruencias entre dos creaciones suyas. Por el contrario, la «falsa ciencia» (también calificada como «pseudociencia» o «vanidosa ciencia humana») era la que proclamaba la existencia de discrepancias entre los datos científicos y la fe y, por tanto, la culpable de difundir, en su opinión, «falsas deducciones» y «blas- femias». Ya en un plano histórico-arqueológico, Font apuntaba que los elementos clave de los primeros capítulos del Génesis (creación del mundo, creación del hombre, diluvio), que habían sido objeto de continuos ataques por parte de la «falsa ciencia», en realidad no precisaban de comprobación Veleia, 2020, 37, 79-94 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera... 87 científica, pues su veracidad estaba garantizada por contar con el «sello de la inspiración divina». De hecho, si se aplicase literalmente el sentido de ese argumento, entonces la conferencia de Font era innecesaria, pues resultaría ocioso dedicar cualquier esfuerzo a tratar de demostrar la veracidad de una acción divina, que ya es verdadera en su propia esencia. Sin embargo, Font optaba por en- trar en contradicción con su propio planteamiento, al considerar que los desafíos materialistas y racionalistas aconsejaban llevar a cabo un ejercicio de demostración acerca de la ausencia de con- tradicciones entre las ciencias naturales y la Biblia. Para ello escogía el episodio del diluvio y su su- puesta confirmación por parte de la geología, reivindicando de esa forma la importancia de dicha ciencia en el estudio del pasado. En este sentido, Font apuntaba que la geología había demostrado de forma suficiente que las inundaciones catastróficas son un fenómeno natural ordinario, que se ha repetido, con diferente intensidad, en muchos momentos de la historia del planeta. El principal indicador de dichas inun- daciones lo encuentra el geólogo en los depósitos de arcillas, huesos y maderas en zonas muy ale- jadas del nivel del mar y de cursos fluviales. Sin embargo, Font se topaba con un problema nota- ble y es que, hasta el momento de pronunciar su conferencia, en el Próximo Oriente no se habían encontrado trazas de ninguna inundación de aquellas características. Con un ánimo concordista inase­qui­ble al desaliento, apuntaba que esa ausencia de evidencias podía explicarse por la corta du- ración del diluvio bíblico, por su incidencia únicamente sobre las capas más superficiales de la cor- teza terrestre, por la falta de investigaciones concretas sobre el tema y/o por la incapacidad de la ciencia geológica de identificar con exactitud el estrato correspondiente al diluvio bíblico. A pesar de la ausencia de evidencias directas, Font aventuraba que el diluvio bíblico debió ser el resultado directo de grandes movimientos tectónicos que provocaron tanto el hundimiento de masas continentales como el ascenso de aguas subterráneas. Aquellos fenómenos geológicos eran los que, en su opinión, mejor encajaban con las descripciones de Génesis 7 y 8. De esta forma, el argumento esencial expuesto por Font era la existencia de una concordancia substancial entre un modelo geológico concreto de inundación catastrófica y la descripción del Génesis, lo que, en su opinión era suficiente para concluir de forma categórica: «el fet [refiriéndose al diluvio] és cert», aunque ninguna evidencia geológica ni arqueológica concreta lo confirmase. Lo que faltaba por di- rimir, en su opinión, era si se había tratado de un diluvio universal o únicamente regional, un tema que hacía tiempo que suscitaba encendidas polémicas entre los exégetas bíblicos. Así, y ciñéndonos al ámbito estrictamente catalán, el P. Eduard Llanas, en una conferencia dictada en 1886 ya apos- taba por el carácter regional del diluvio (Llanas 1886). Años más tarde, el presbítero y hebraísta Manel Mestres retomaba la cuestión, apuntando que la aceptación del carácter universal del dilu- vio entraba en contradicción con las leyes de la física, al tiempo que reivindicaba una antigua tra- dición exegética, ignorada por las autoridades eclesiásticas, que defendía que el alcance regional del diluvio encajaba bien con lo dispuesto en Génesis (Mestres 1902). Font hacía suyos aquellos razo- namientos y se decantaba por un diluvio regional antes que universal. Diversos periódicos se hicieron eco de la conferencia de Font (por ejemplo, La Vanguardia 13/03/1909, p. 8), aunque el que le dedicó más espacio fue el diario catalanista conservador La Veu de Catalunya, con una noticia de una columna, sin firmar, en la que se producía una adhe- sión entusiasta a las propuestas de Font (La Veu de Catalunya 16/03/1909, p. 2). Así, el texto resu- mía con detalle y fidelidad el contenido de la conferencia, al tiempo que afirmaba explícitamente el triunfo de los planteamientos de la «ciencia verdad» frente al positivismo al que, usando la ter- minología de Font, se calificaba de «pseudociencia» desacreditada. Dicha noticia es interesante por cuanto demuestra que el principal diario en lengua catalana de la época sirvió como medio de difu- sión de las propuestas concordistas de Font. Con todo, el concordismo, aquí encarnado por Font, https://doi.org/10.1387/veleia.20957 Veleia, 2020, 37, 79-94 88 Jordi Vidal se hallaba ya en retroceso en el momento en el que pronunció su conferencia. La propuesta con- cordista había caracterizado el ámbito de la exégesis bíblica española durante el siglo xix, que había optado por reforzar dogmáticamente sus posturas frente al «desafío racionalista», representado por autores como José Echegaray o Emilio Castelar (Fernández Marcos 2001, 130-131). No obstante, el creciente desarrollo científico hacía cada vez más difícil tratar de mantener la subordinación de la ciencia a la teología, y discursos como los de Font, simplemente desaparecieron de forma pro- gresiva (Bohigas 2011, 356-359). Obviamente, su muerte prematura nos impide conocer si se hu- biese adaptado a las nuevas corrientes hegemónicas que defendían la autonomía de la ciencia frente a la religión o si, por el contrario, hubiese continuado aferrado a unos postulados concordistas en vías de extinción. 5. Joan Serra Vilaró y la arqueología prehistórica Joan Serra Vilaró (1879-1969) es, sin lugar a dudas, el eclesiástico catalán de la época que aquí estamos estudiando, cuya actividad arqueológica más se aproxima a los parámetros que actual- mente se consideran propios de la disciplina. Asimismo, es el autor en el que más difícil resulta ras- trear la influencia de su condición de eclesiástico en el desarrollo de su labor arqueológica. Así lo manifestaba, por ejemplo, Pere de Palol, al afirmar que mai no es va deixar portar per una apologètica, tan freqüent en alguns dels historiadors de l’església antiga hispànica, que hauria estat justificable, en certa manera, per la seva mateixa condició de sa- cerdot i per l’època en la que va treballar. Però, potser el fet de procedir del camp de la prehistòria —que, quan es fa científicament, dóna honestedat a la investigació— li havia fet adquirir una autèn- tica formació científica, allunyada de tota mena de posició preconcebuda. (Palol 1971-72, 13-14) La trayectoria intelectual de Serra Vilaró, lejos de ser uniforme, transcurrió por diversas fases. Así, tras una primera etapa dedicada a la ordenación y estudio de diferentes archivos de Cardona, Solsona, Bagà y La Pobla de Lillet, optó por orientar sus intereses hacia la arqueología prehistó- rica, lejos, por lo tanto, de la arqueología cristiana tradicionalmente promovida por la Iglesia cata- lana. Hasta 1925, Serra Vilaró se dedicó al estudio de yacimientos prehistóricos (sobre todo monu- mentos mega­líticos y cuevas) de la diócesis de Solsona, al tiempo que fue nombrado delegado de la Junta Superior de Excavaciones de Madrid. En 1925, su trabajo adoptó un nuevo rumbo, aban- donando la arqueología prehistórica en favor de la arqueología clásica y paleocristiana, lo que sig- nificaba acercarse, ahora sí, a las posiciones más tradicionales dentro de la iglesia catalana. Los im- portantes hallazgos que se sucedían en Tarragona llevaron al cardenal Vidal i Barraquer a reclamar la presencia de Serra Vilaró en la ciudad. Allí, desde 1925 y hasta la década de 1950, se encargó de las excavaciones en la necrópolis paleocristiana, el fórum, la muralla y el entorno de la catedral. Para terminar, ya al final de su vida regresó a su primera vocación archivística, retomando sus es- tudios sobre su Cardona natal (Almagro Basch 1956, Llorens 1976, Macias 2011, Pedrals 1994, Pla 2007, Rumbo 1994, VV.AA. 1968, 1994). Durante su primera etapa dedicada, como decíamos, a la arqueología prehistórica, su apuesta por la interdisciplinariedad fue manifiesta. En este sentido, algunos autores han reivindicado la fi- gura de Serra Vilaró como la de un verdadero pionero en la aplicación de un ambicioso concepto interdisciplinar en sus investigaciones (Guerrero 1997). Incluso, en alguna ocasión se le ha presen- tado como un precursor de la «Nueva Arqueología», a partir, por ejemplo, de sus propuestas de Veleia, 2020, 37, 79-94 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera... 89 clasificación de los materiales de los ajuares funerarios, la interpretación de los rituales practicados o su interés por la antropología física (Castany & Cura 1994, 35-36). Al estudiar sus publicaciones de la época, efectivamente, se aprecia su intento por realizar interpretaciones históricas a partir de la combinación de la información obtenida sobre el terreno con datos y metodologías procedentes de otras disciplinas. A continuación, repasamos un conjunto de ejemplos que enseñan esa vocación interdisciplinar de Serra Vilaró. Como ha apuntado con detalle Lluís Guerrero (1997), Serra Vilaró demostró siempre un es- pecial interés por los estudios de antropología física y paleopatología, interés poco habitual en la arqueología catalana durante las dos primeras décadas del siglo xx. En sus publicaciones no se li- mitaba a inventariar el material óseo recogido, sino que utilizaba los datos obtenidos para formu- lar hipótesis históricas. Así, por ejemplo, basándose en el estudio de los restos humanos llegó a plantear la práctica en Solsona durante el Neolítico del denominado «matrimonio funerario»: la frecuencia de enterramientos en una misma cista de parejas de mujer y hombre le llevó a sugerir la posibilidad de que, como mínimo en ocasiones, existiese la costumbre de enterrar con vida al miembro de la pareja que sobrevivía al deceso de su compañera o compañero (Serra Vilaró 1927, 22). Asimismo, el estudio de la variación en los índices cefálicos de individuos enterrados en cistas neolíticas y en megalitos calcolíticos le llevaba a proponer la existencia de una raza indígena dolico- céfala (neolítica) que, a partir del Calcolítico, convivió con una nueva raza braquicéfala, menor nu- méricamente, aunque portadora de una cultura superior, así como de nuevas prácticas religiosas y de la tecnología del cobre (Serra Vilaró 1927, 44-45). De igual forma, Serra Vilaró, como ya había insinuado Gudiol en Nocions, señalaba que la et- nografía posibilitaba una mejor comprensión acerca de la funcionalidad de determinados elemen- tos de cultura material. En este sentido, reconocía, por ejemplo, que la comparación etnográfica le había permitido entender el empleo de punzones de hueso como dardos o como agujas para el cabello (Serra Vilaró 1927, 21). También recurría a la geografía histórica para interpretar los mo- numentos megalíticos de Solsona, que consideraba como tumbas familiares antes que tribales. Basaba su propuesta en un análisis comparativo entre la ubicación de los megalitos y la distribu- ción geográfica de las masías catalanas. En su opinión, el hecho de que los megalitos se hallasen más próximos entre sí de lo que lo estaban las masías demostraba que su alcance no podía ser tri- bal sino meramente familiar (Serra Vilaró 1927, 34). Sin embargo, los mismos autores que lo pre- sentaban como una especie de precursor intelectual de la Nueva Arqueología, le reprochaban a su vez el excesivo esfuerzo que dedicaba a tratar de correlacionar los datos arqueológicos con las fuen- tes escritas (Castany & Cura 1994, 41). Y es que, ciertamente, Serra Vilaró estaba convencido de la existencia de estructuras y mentalidades de larguísima duración, por lo que consideraba plena- mente factible recurrir a las fuentes escritas de épocas posteriores para interpretar la cultura mate- rial prehistórica. Así, por ejemplo, se refería a los textos clásicos para demostrar la existencia entre los pueblos ibéricos de un culto a ríos y fuentes. Aquella costumbre debía hundir sus raíces en el Neolítico, lo que explicaba, en su opinión, que en aquel período se llevasen a cabo inhumaciones en cistas («megalitos neolíticos» según su propia terminología) cerca de cursos de agua. Conside- raba, incluso, que la toponimia actual de la comarca de Solsona conservaba el recuerdo de aquellas antiquísimas creencias. Consideraba que los nombres de lugar que contenían adjetivos como «en- cantats», «encantada» o «encantades» eran una reminiscencia de la vieja religiosidad neolítica aso- ciada al culto a los difuntos, a las fuentes y a los ríos (Serra Vilaró 1927, 17). Igualmente, ejemplos de saqueos de tumbas recogidos, por ejemplo, por Estrabón (VIII, 6, 23) le servían para ilustrar la costumbre ancestral de la violación de los monumentos funerarios que se sucedían incluso a princi- pios del siglo xx y que se debía, según él, a la «estulticia de la plebs» (Serra Vilaró 1927, 37-38). https://doi.org/10.1387/veleia.20957 Veleia, 2020, 37, 79-94 90 Jordi Vidal En este mismo sentido, el estudio de la correspondencia entre Josep Gudiol y el propio Serra Vilaró muestra claramente el interés de este último por todo aquello que pudiera poner en rela- ción arqueología y fuentes clásicas (Vidal Palomino 2018, 106-107). En una carta de 15 de febrero de 1908, donde agradecía a Gudiol el envío de su obra L’Ausa romana (Correspondencia de Josep Gudiol i Cunill, Arxiu i Biblioteca Episcopal de Vic), entraba en una detallada discusión acerca de la ubicación de la tribu ibérica de los bergistanos, que Gudiol colocaba en la zona de Balaguer, mien- tras que él proponía relacionarla con el topónimo de Bergús, situando el territorio de la tribu en Cardona. Posteriormente, en el transcurso de sus excavaciones en el poblado de Castellvell, reto- maba la cuestión, exponiendo, esta vez de forma pública su propuesta de ubicación geográfica de la mentada tribu, a los que atribuía los diferentes yacimientos arqueológicos identificados en la plana de Bergús (Serra Vilaró 1918). Por lo tanto, el uso pionero que hacía de ciencias como la antropo- logía física, la etnografía o la geografía histórica, no modificaban su convencimiento acerca de la necesidad de proceder a la interpretación del registro arqueológico en función de la información proporcionada por las fuentes escritas. Es igualmente cierto, no obstante, que tras su llegada a Tarragona aquella vocación interdisci- plinar disminuyó notablemente. A partir de aquellos momentos, Serra Vilaró centró su investiga- ción en temas más próximos a la arqueología cristiana que tradicionalmente habían ocupado a la Iglesia catalana, como eran la arquitectura monumental (Hauschild 1994, Massó 1994, Serra Vi- laró 1949) o las prácticas funerarias de las primeras comunidades cristianas (Palol 1971-72, 1994, Serra Vilaró 1934). Eso quiere decir que la historiográficamente celebrada vocación interdiscipli- nar de Serra Vilaró se dio esencialmente durante el período en el que se dedicó a la excavación de yacimientos prehistóricos. A partir de 1925, el suyo fue un trabajo arqueológico mucho más clá- sico, aproximándose a los postulados que habían caracterizado hasta entonces a la arqueología cris- tiana en Cataluña. De ahí que, más allá del minucioso trabajo de campo, su interés se centrase de manera prioritaria en las disciplinas más tradicionalmente afines a la arqueología (epigrafía, numis- mática, arquitectura, fuentes escritas, historia del arte, etc.), dejando a un lado la importancia con- cedida al resto de materias a las que se había aproximado en la etapa anterior. Parece, por lo tanto, lícito concluir que la interdisciplinariedad de aquella primera etapa fue una estrategia de investiga- ción que Serra Vilaró consideraba adecuada para el estudio de la arqueología prehistórica, pero me- nos relevante en el caso de la arqueología cristiana. 6. Conclusiones El estudio llevado a cabo hasta aquí muestra la existencia de dos tendencias distintas entre los eclesiásticos catalanes acerca de la relación de la arqueología con otras disciplinas más o menos afi- nes. La primera, caracterizada por una interdisciplinariedad restringida, es la que aparece asociada con los estudios de arqueología cristiana. Como veíamos, dichos estudios partían de una concep- ción histórico-artística y monumental de la arqueología, una disciplina a la que se le atribuía una función esencialmente apologética: la de salvaguardar la autoridad de la Biblia y la Iglesia, además de la de contribuir a la protección del patrimonio eclesiástico. En ese contexto, el elemento inter- disciplinar se restringía al ámbito estricto de las ciencias de la antigüedad. La otra tendencia, carac- terizada por una interdisciplinariedad más amplia, está relacionada con la arqueología prehistórica y se concretaba en las figuras de Font y, sobre todo, Serra Vilaró. En el caso de Font, su misma tra- yectoria vital como arqueólogo, geólogo o espeleólogo sirve para ejemplificar una innegable apuesta por la interdisciplinariedad, en el sentido más amplio del término. Sin embargo, se trataba de una Veleia, 2020, 37, 79-94 Arqueología, Iglesia e interdisciplinariedad en Cataluña durante la primera... 91 interdisciplinariedad supeditada a un principio para él superior, el concordismo. El ejemplo de su estudio sobre el diluvio bíblico muestra que el uso que hacía Font de los datos proporcionados por la geología estaba condicionado por una premisa irrenunciable: los datos geológicos únicamente podían reforzar unas tesis apriorísticas que defendían la veracidad histórica del documento bíblico, frente al desafío planteado por los racionalistas. Serra Vilaró, por su parte, profundizó todavía más en el enfoque interdisciplinar, pero despo- jándolo de cualquier connotación concordista. Ya veíamos que la ausencia de planteamientos apo- logéticos en su obra era especialmente celebrada por alguno de los estudiosos de su labor. Con todo, también conviene tener en cuenta que los trabajos de arqueología prehistórica de Serra Vi- laró eran de índole estrictamente local (yacimientos prehistóricos de Solsona y zonas próximas), por lo que no se encontró en la tesitura de que sus investigaciones pudiesen llegar a entrar en con- tradicción con algunos de los temas más controvertidos que sí había abordado Font, y que cues- tionaban la veracidad histórica del relato bíblico. En cualquier caso, la elección entre una interdis- ciplinariedad restringida (arqueología cristiana) y una interdisciplinariedad amplia (arqueología prehistórica) respondía a unos planteamientos conceptuales muy simples, que se visualizan bien a partir de la trayectoria de Serra Vilaró. Así, la arqueología prehistórica, por su propia naturaleza, apenas podía contar con el auxilio de las tradicionales ciencias de la antigüedad, lo que aconsejaba el recurso a cualquier otra disciplina capaz de aportar información que contribuyese a una correcta interpretación de los hallazgos. En el caso de la arqueología cristiana, en cambio, se consideraba que, al contar con el auxilio de la epigrafía, la numismática o la filología, no precisaba del recurso a otras disciplinas ajenas a las ciencias de la antigüedad. De acuerdo con estos planteamientos se ex- plica la interdisciplinariedad amplia de Serra Vilaró durante su etapa dedicada a la arqueología pre- histórica y su apuesta por una interdisciplinariedad restringida a partir de 1925, cuando concentró su labor en la arqueología romano-cristiana de Tarragona. 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