Revista Universitaria de Historia Militar Volumen 9, número 19, Año 2020, pp. 15-35 ISSN: 2254-6111 Maldito oro. Riqueza, reparto y miseria de los beneficios de las conquistas de Alejandro Bloody Gold. Riches, Distribution and Misery of the Benefits of Alexander’s Conquests Borja Antela-Bernárdez Universitat Autònoma de Barcelona borja.antela@uab.cat Resumen: La campaña macedonia de conquista de Asia dirigida por Alejandro Magno proporcionó una enorme cantidad de beneficio, que se obtuvo a través de la explotación de los recursos naturales y del botín material, pero sobre todo de la esclavización de población capturada en el territorio de conquista. Estas riquezas tuvieron un impacto diverso en el mundo griego de la época, que se tradujo en pingües beneficios para Alejandro y sus nobles. Pero esta situación de bonanza no fue general, tal y como vemos por ejemplo en la devaluación económica y el aumento de la inflación en las ciudades. Lo mismo sucede con las riquezas prometidas por el rey macedonio a sus soldados, pues la conquista no se tradujo en auténticas mejoras de su situación económica. Así se observa en las fuentes de época, donde los autores muestran de manera poco explícita toda la serie de dificultades por las que pasaron y su empobrecimiento en general. En el presente trabajo trataremos de centrar nuestra atención en la obtención de fabulosos botines por parte de los soldados, lo cual, de forma paradójica, acabó dando como resultado un severo endeudamiento. Esto nos permite proponer un análisis sobre algunas prácticas de sumisión que pesaban sobre los soldados macedonios, así como la fiscalización del beneficio de la conquista. El ejemplo paradigmático de la condonación de deudas en las bodas de Susa, y el episodio de Antígenes, así como las respuestas en el motín de Opis, muestran que los soldados reaccionaron ante la depredación de la que fueron objeto sus recursos a manos del rey macedonio. Asimismo, las figuras de Cleómenes y Antímenes, administradores bajo la autoridad de Alejandro, revelan una serie de políticas económicas de explotación y especulación orquestadas en última instancia por el propio monarca como mecanismo de extracción fiscal, algo que de nuevo redundó en un empobrecimiento general de los vencedores y artífices de la campaña contra Persia. Palabras clave: Alejandro Magno, conquista de Asia, botín, deudas, soldados macedonios. Abstract: The Macedonian campaign in Asia led by Alexander the Great provided an enormous amount of profit. The wealth obtained (both from the exploitation of natural resources and material booty and, above all, from the enslavement of the people captured in conquered territories) had a varying impact on the contemporary Greek world, including huge benefits for Alexander and his noblemen. But this bonanza scenario was not general, as we see for instance in the economic devaluation and the increase in inflation in Greek cities. The same happened with the gold promised to his soldiers by Alexander, since the conquest did not actually translate into real improvements in their economic situation, as observed in the bibliographical sources which, though not very explicitly, tell us about a whole series of difficulties and overall impoverishment. This paper will try to focus specifically on the acquisition of fabulous booties by Macedonian soldiers, which, rather paradoxically, ended up causing their severe indebtedness. This will allow an analysis on some practices of submission and benefit control over Macedonian soldiers during conquests. The paradigmatic examples of debt forgiveness at the weddings of Susa, and Antigenes’ case, as well as what happened in the uprising of Opis, show how soldiers reacted to this depredation of the resources obtained by themn during Alexander’s campaigns. Likewise, the figures of Cleomenes and Antimenes, administrators under Alexander’s authority, reveal a series of economic policies involving exploitation and speculation, orchestrated ultimately by Alexander as a mechanism for collecting taxes. Which, again, resulted in a general impoverishment of the victors and architects of the Macedonian campaign against Persia. Keywords: Alexander the Great, Conquest of Asia, booty, debts, Macedonian soldiers. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 16 Para citar este artículo: Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “Maldito oro. Riqueza, reparto y miseria de los beneficios de las conquistas de Alejandro”, Revista Universitaria de Historia Militar, Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15-35. Recibido 25/11/2020 Aceptado 09/12/2020 17 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Maldito oro. Riqueza, reparto y miseria de los beneficios de las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Universitat Autònoma de Barcelona borja.antela@uab.cat S i bien cada año suele proporcionarnos una nueva biografía sobre Alejandro Magno, a la par que se suceden los estudios, reuniones académicas y congresos sobre los más diversos aspectos de su figura, buena parte de las aproximaciones de cuantos nos dedicamos a analizar el contexto, figura e impacto del personaje siguen manteniéndose en una tendencia historiográfica muy marcada aun por la visión tradicional de la historia política. Las biografías, a su vez, permanecen ancladas en clichés sobre el personaje, e incluso las obras de los maestros, como Bosworth o Ham- mond, esclavas de su tiempo, resultan a día de hoy revisables a la luz de lo mucho que se ha escrito desde entonces.1 La insólita abundancia de bibliografía sobre Alejandro, absolutamente fuera del alcance de cualquier investigador,2 peca además de ciertos vacíos. En este sentido, podemos recordar aquí lo que un honesto y humilde maestro denominó brillantemente como la «historia de una obsesión».3 En fecha reciente, y quizás como reacción a esta tendencia monolítica y un tan- to apologética, heredera de aquel Alejandro racional de Krafz,4 una amplia serie de estudios que podrían englobarse bajo el nombre de “Ancient Macedonian Studies” ha ido cuestionando muchos de los enfoques y las temáticas sobre la historiografía en torno a este monarca, a la par que ampliaban el número de temas objeto de revisión. Uno de ellos es el de la percepción socioeconómica de la conquista y su impacto.5 En 1 Cf. un trabajo reciente de revisión en Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “Terrible Olympias. Another Study in Historiography”, Karanos, 3 (2020), pp. 103-129. 2 Antonio Ignacio MOLINA MARÍN: Alejandro Magno 1916-2015. Un siglo de estudios sobre Macedonia antigua, Zaragoza, Pórtico, 2018 realiza un esfuerzo inestimable para compilar la bibliografía sobre Alejan- dro, los Argéadas y parte del material disponible sobre el mundo helenístico. 3 Francisco Javier GÓMEZ ESPELOSÍN: En busca de Alejandro. Historia de una Obsesión, Alcalá de Hena- res, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 2015 4 Konrad KRAFT: Der rationale Alexander, Kallmünz über Regensburg, M. Lassleben, 1971. 5 Hasta donde yo sé son poquísimos los trabajos sobre la economía de Alejandro y su impacto, Reinhold SCHOLL: “Alexander der Grosse und die Sklaverei am Hofe”, Klio, 69 (1987), pp. 108-121; Frank L. HOLT: “Alexander the Great and the Spoils of War”, Ancient Macedonia, 6 (1999), pp. 499-506; o Tomás Martín RODRÍGUEZ CEREZO: Esclaves et affranchis en Grèce. Arrien de Nicomédie, Besançon, Institut des Sciences et Techniques de l’Antiquité, 2001. Asimismo, los mayores esfuerzos por analizar los sistemas eco- nómicos de Alejandro han sido llevados a cabo por numísmatas como Alfred R. BELLINGER: Essays on the RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 18 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez algunos trabajos recientes se ha propuesto alguna revisión sobre aspectos y episodios concretos que pueden arrojar cierta luz sobre ciertos puntos, como la observación de la política económica de Alejandro, el esclavismo relacionado con la población conquis- tada,6 el impacto de la conquista en los precios7 o las hambrunas del Egeo8 durante el fulgurante reinado del joven rey macedonio. Sin embargo, la escasez de trabajos sobre estas cuestiones es una buena muestra de hasta qué punto resulta difícil analizar la cuestión del impacto económico de la campaña de Alejandro. A la problemática de las fuentes sobre el macedonio, bien co- nocida, debemos sumar la concepción misma que se tenía de la Historia en la Antigüe- dad, que en su parentesco con la poesía recogía lo sorprendente, registrando datos dig- nos de ser recordados.9 Así pues, no tenemos acceso ni a cifras certeras y contrastadas ni podemos observar en las fuentes la totalidad de las medidas económicas puestas en funcionamiento por Alejandro. Por otra parte, es necesario comenzar a acercarnos a la investigación sobre el monarca sin poner el foco exclusivamente en él, sino mucho más en el contexto y en los personajes que le rodearon, especialmente los colectivos, y que todavía hoy viven bajo la sombra del conquistador. Nuestra atención en las próximas páginas tendrá como protagonistas colectivos principales a los soldados macedonios, y como secundarios a los esclavos generados por las conquistas, así como a las comuni- dades griegas víctimas de las políticas económicas de Alejandro tras la conquista de Asia, tan oscuras a la luz del paso del tiempo y a los ojos de la actual comunidad inves- tigadora. Coinage of Alexander the Great, Nueva York, S. J. Durs, 1979 o Georges LE RIDER: Alexandre le Grand. Monnaie, finances et politique, París, Presses Universitaires de France, 2003. Por último, el reciente trabajo de Frank. L. HOLT: The Treasures of Alexander the Great: How One Man's Wealth Shaped the World, Oxford, Oxford University Press, 2016 supone un esfuerzo por poner cierto orden en lo que sabemos, pero no resulta definitivo, y pese a ser un magnifico esfuerzo sistemático existen todavía graves interrogantes pendientes de solución. 6 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “La campaña de Alejandro: esclavismo y dependencia en el espacio de conquista”, en Alejandro BELTRÁN, Inés SASTRE y Miriam VALDÉS (eds.), Los espacios de la esclavitud y la dependencia desde la Antigüedad, Besançon, Presses Universitaires de Franche-Compté, 2015, pp. 281- 96. 7 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “The Hungry Years”, en Borja ANTELA-BERNÁRDEZ y Marc MENDOZA (eds.), The impact of Alexander’s Conquest, Alcalá de Henares, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 2020, en prensas. Asimismo, es interesante el trabajo de Winthrop Lind- say ADAMS: Alexander the Great: Legacy of a Conqueror, Londres, Pearson, 2019. 8 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “The Antigenes’ Syndrome. Impoverishment of Alexander’s soldiers and the impact of the conquest of Asia”, en Ricardo MARTÍNEZ LACY y Nick SEKUNDA (eds.), Hellenistic Warfare IV, Mexico DF, en prensas. 9 Arist. Poet. 1451b. En cierto modo, el exponente de esta tendencia lo encontramos en Jenofonte: «Voy a explicar a su vez lo ocurrido por mar en las ciudades de la costa mientras se efectuó todo lo anterior; escribi- ré los hechos dignos de mención y omitiré los que no merecen que se relaten» (X. Hell. 4.8.1, trad. Guntiñas Tuñón, 1977). RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 19 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Las promesas de riqueza Como es bien sabido, y a pesar de los muchos acuerdos e intentos de regulación de la guerra y los escenarios de postconflicto en la antigua Grecia, un principio básico de amplia validez atribuye al vencedor de una contienda bélica la propiedad de lo con- quistado por las armas. La idea se repite a lo largo de la literatura griega.10 A ello debe añadirse la fundamentación misma del poder real de los Argéadas, que se definían a sí mismos como los señores griegos de una población bárbara conquistada por medio de las armas.11 Hasta los intelectuales griegos de tiempos de Alejandro consideraban el territorio bajo dominación persa como un espacio para la conquista en el que las po- blaciones sometidas debían ser tratadas en régimen de esclavitud por parte del con- quistador.12 La conquista, que aparece como oportunidad de provecho y explotación eco- nómica, es de hecho articulada a lo largo de los discursos y afirmaciones de nuestras fuentes como un elemento clave. En este sentido, el botín actúa como un motivo de la campaña, si hemos de juzgar los argumentarios que han sobrevivido en los textos de los autores antiguos.13 Las fabulosas evocaciones de cuánto podrá obtenerse aparecen con una frecuencia notable, y en las arengas a sus soldados Alejandro promete un en- riquecimiento que debía alimentar su imaginación, su deseo y su codicia, así como el anhelo de dominar los territorios que el contingente macedonio cruzaría durante su periplo asiático. Arriano lo recoge claramente: En efecto, el territorio es vuestro, vosotros sois los sátrapas de la región. La mayor parte de los tesoros han ido a parar a vuestras manos; y cuando haya- mos arrasado hasta el Asia, entonces, ¡por Zeus!, no os digo que os saciaré, sino que con creces os daré mucho más de lo que cada cual pudiera esperar para sí.14 10 X. Cyr. 7.5.73: «Desde siempre existe una ley entre todos los hombres de que, cuando una ciudad es to- mada por las armas, pasan a pertenecer a los conquistadores tanto las personas que haya en la ciudad como las riquezas» (trad. Vegas Sansalvador, 1987). 11 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “Macedonia-Seleucia. La tierra de los Macedonios”, en Marta OLLER et al. (eds.): Tierra, territorio y población en la Grecia antigua: aspectos institucionales y míticos, vol. I, Mering, Utopica Verlag, 2017, pp. 217-232. 12 Isócr. Ep. 3.5: «Piensa que tendrás una fama insuperable y digna de tus hazañas cuando obligues a los bárbaros (salvo a quienes combaten a tu lado) a ser hilotas de los griegos» (trad. Guzmán Hermida, 1980). La misma idea aparece también en Arist. Frgm. 646 o Plu. Mor. 329B. Cf. Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: Alexandre Magno e Atenas, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela Publicacions, 2005, pp. 256-258. 13 Contra, Ducrey 1968, 159. 14 Arr. Anab. 5.26.7, trad. Guzmán Guerra, 1982. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 20 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Incluso los juicios y razonamientos de los soldados sobre el resultado de su esfuerzo tienen como motivo central la cuestión del enriquecimiento: Todo lo demás no iba a ser más que un espléndido botín y en la región a la que se dirigían abundaban las riquezas que eran bien conocidas por todos. Por con- siguiente, los despojos conseguidos sobre los persas eran de bajo precio y no re- presentaban el menor interés: podrían llenar de gemas y perlas, oro y marfil no sólo sus propias casas sino incluso la Macedonia y la Grecia.15 Hasta la sed de gloria, dominada por ese pothos tan habitual del personaje, parece ha- ber marcado la voluntad de Alejandro, quedando ligada al beneficio económico en al- guno de sus discursos. De nuevo es Curcio el que señala esta percepción en su habitual tono crítico: Los premios son mayores que los peligros y la región es, al mismo tiempo, rica y no belicosa; por eso más que a la gloria, a donde os conduzco es al botín. Os me- recéis llevar a vuestra patria las riquezas que aquel famoso mar deposita en las playas y no dejar, por miedo, nada de lado y sin ponerlo a prueba.16 Esta percepción, por otra parte, no escapa ni siquiera al ojo del enemigo, quien efecti- vamente aparece en las fuentes plenamente consciente de lo que persiguen el rey ma- cedonio y sus soldados: la captura de botín y riquezas. Así aparece, una vez más, reco- gido por Curcio en una afirmación de Darío: «Tanto Alejandro como sus soldados te- nían sus miras puestas en un botín opulento y al alcance de la mano».17 Así pues, re- sulta notable la sustitución de una propaganda por otra en función de las audiencias a las que se dirigen los discursos de Alejandro: frente a las promesas de enriquecimiento futuro, objetivo de los soldados macedonios desplazados en Asia, contrasta la retórica diplomática con la que Alejandro habría ido argumentando la justificación de la cam- paña asiática ante las ciudades griegas, centrando sus palabras en la cuestión de la venganza por las Guerras Médicas y de la libertad de los griegos de Asia.18 De hecho, 15 Curt. 9.1.1-2, trad. Pejenaute Rubio, 1986. 16 Curt. 9.2.27, trad. Pejenaute Rubio, 1986. 17 Curt. 5.1.4-5, trad. Pejenaute Rubio, 1986. 18 Estos temas de propaganda han sido tratados de forma excelente por Giuseppe SQUILLACE: “Consensus Strategies under Philip and Alexander. The Revenge Theme”, en Elizabeth CARNEY y Daniel OGDEN (eds.), Philip II and Alexander the Great. Father and son, lives and afterlives, Oxford y Nueva York, Oxford University Press, 2010, pp. 69-80. He revisado algunas cuestiones al hilo de Squillace en Borja ANTELA- BERNÁRDEZ: “Like Gods Among Men. The Use of Religion and Mythical Issues during Alexander’s Campaign”, en Krzysztof ULANOWSKI (ed.), The Religious Aspects of War in the Ancient Near East, Greece and Rome, vol. I, Leiden, Brill, 2016, pp. 235-255. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 21 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez en este punto seguía la senda y el tono de su padre, al estilo de las arengas políticas de Isócrates.19 Bellum se ipse alet. Vale la pena tener en cuenta las diferentes anécdotas, por lo demás tan poco explicativas, sobre la situación financiera de Alejandro en el momento del inicio de la campaña. En este sentido, resulta evidente que contaba con los posibles tributos obtenidos de las ciudades griegas y con los recursos humanos y económicos que cada año podían proporcionar las minas y demás ámbitos productivos de Macedo- nia fiscalizados por la corona argéada. Sin embargo, todo esto no era suficiente para sostener los costes de una empresa de tal envergadura, de manera que Alejandro tuvo que depender directa y necesariamente del botín como mecanismo de financiación de los costes de guerra,20 como mínimo hasta la captura del tesoro real aqueménida, pri- mero en Damasco y posteriormente en las grandes capitales iranias. Más allá de las frecuentes –y supuestamente abundantes21– capturas en especie y de los objetos de valor diverso que se obtuvieron, es muy probable que una de las fuentes más estables de ingresos durante la conquista asiática fueran los esclavos capturados de forma di- versa por parte de los diferentes contingentes macedonios que ocuparon el territorio.22 Efectivamente, las fuentes dan cuenta de esta realidad,23 y Pritchett consideraba que el negocio esclavista y su beneficio tenían un volumen mucho mayor que el del resto de 19 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “Hegemonía y Panhelenismo: Conceptos políticos en tiempos de Filipo y Alejandro”, DHA, 33 (2007), pp. 69-89. 20 Alfred R. BELLINGER: op. cit., pp. 42-44. 21 La logística de Alejandro y las ratios de alimentación de soldados, población no combatiente y bestias de carga y guerra que acompañaban al ejército macedonio fue tratado en una propuesta explicativa por Do- nald W. ENGELS: Alexander the Great and the Logistics of the Macedonian Army, Berkeley, University of California Press, 1978, aunque sería pertinente una revisión y actualización de los datos, así como un estudio que incluyese otros factores de consumo, como por ejemplo el comercio. 22 En Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “La campaña de Alejandro…” se establecen tres categorías o escena- rios centrales en la obtención de esclavos por parte del ejército macedonio: el asedio de ciudades, las batallas campales y las regiones devastadas. En este sentido, las palabras de Curcio (7.6.16) son un ejemplo magnífi- co de estas prácticas, que afectaban a mujeres, niños y ancianos tanto como a población combatiente. Las fuentes evidencian una preferencia por parte de los conquistadores hacia la captura del binomio conformado por las mujeres y los niños para convertirlos en esclavos (D.S. 17.13.3; 46.4; 59.7; 70.5-6; 77.6-7; Curt. 3.13.10-12; 7.6.16; Plut. Alex. 11.10-12; 24.1-3; Arr. Anab. 1.1.13; 9.9; 2.11.8-9; 2.27.7; 4.2.4; 19.3; 6.11.1). En ocasiones se procede a la masacre sistemática de jóvenes o de habitantes masculinos (por ejemplo, en Curt. 7.6.16; 9.4.5 Arr. Anab. 3.25.7; 4.2.4; 3.1; 6.11.1). Por otra parte, incluso ciudades que no habían pre- sentado resistencia al invasor fueron también pasto del pillaje y el botín (Arr. Anab. 2.11.8-9; D.S. 17.35.2- 7; Plu. Alex. 24.1-3; Curt. 3.13.10-12; 4.11.11). 23 Sabemos que debía acompañar al ejército un destacado número de esclavos, como puede verse en algunos de los sucesos relacionados con la batalla de Gaugamela (Arr. Anab. 3.10.4; D.S. 17.32.7; Plu. Alex. 32.7). Conocemos también a una serie de oficiales que estaban a cargo de los prisioneros, como es el caso de Lao- medonte (Arr. Anab. 3.6.6; Waldemar HECKEL: Who is who in the age of Alexander the Great, Londres y Nueva York, Routledge, 2016, p. 146), lo que pone de manifiesto el volumen de esta población. Incluso Parmenión se queja ante Alejandro del problema que estos prisioneros suponen para el ejército, «al ser mu- chos, tenían paralizados a un gran contingente de soldados aguerridos» (Curt. IV, 11, 11: Pejenaute Rubio 1986). RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 22 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez registros que podemos elaborar de otros intercambios durante la época, con unas cifras que no tienen parangón en ningún periodo anterior de la Grecia antigua.24 Por otra parte, parece que estas prácticas de esclavización masiva se recrudecie- ron en los escenarios más orientales de la campaña, fuera ya de las fronteras tradicio- nales de los aqueménidas, como indica Diodoro en relación a poblaciones enteras redu- cidas a la esclavitud más allá del Hidaspes.25 Igualmente, debemos apuntar que si bien tenemos ciertas noticias sobre ciudades destacadas no podemos decir lo mismo en rela- ción con la población rural, que sin duda debió sufrir una presión mucho más intensa, tanto desde el punto de vista de la violencia y los ataques como en su sometimiento a la esclavitud. En definitiva, la autoridad de las armas del vencedor era total. El derecho de conquista permite, por ejemplo, el reparto de aldeas por parte de Alejandro entre sus hetairoi (Plu. Alex. 15.3; 31.5), o el uso de población local en la fundación de ciudades, donde contingentes militares eran asentados o reasignados y provistos de población nativa, tal vez deportada desde sus aldeas o ciudades de origen, quedando esta última sometida a la tierra y al trabajo en las choras de las nuevas poleis.26 Por otra parte, también sabemos que recaía sobre los mismos soldados, quizás con ayuda de las pobla- ciones sometidas al territorio, la responsabilidad de construir físicamente las ciudades, y es posible que buena parte de las edificaciones de estos nuevos enclaves. Esto nos pondría ante la prueba más evidente de la existencia de una serie de obligaciones físi- cas dentro del servicio militar, que irían más allá del mero ejercicio de las armas. Al mismo tiempo, revelarían ciertas tradiciones y prácticas que podríamos denominar de carácter feudal dentro de un ejército como el macedonio que, si bien había sido refor- mado profundamente durante los tiempos de Filipo y Alejandro, seguramente mante- nía fuertes vínculos con los usos y costumbres de una fuerza reclutada y sometida a circunscripciones territoriales bajo la autoridad de los aristócratas macedonios de cada región.27 24 W. Kendrick PRITCHETT: The Greek State at War: Part I, Berkeley, Los Ángeles y Londres, University of California Press, 1991, pp. 75-76, 78-79. 25 D.S. 17.96.3; 111.5. Sobre las políticas de Alejandro en los territorios de frontera, vid. Borja ANTELA- BERNÁRDEZ: “Tracia, Sogdiana, India. Alejandro Magno y las políticas de frontera”, en Francisco Javier Gómez ESPELOSÍN y Borja ANTELA-BERNÁRDEZ (eds.), El imperio de Alejandro. Aspectos geográficos e historiográficos, Alcalá de Henares, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 2016, pp. 117-155. 26 Arr. Anab. 4.24.7; D.S. 17.83.2; Curt. 7.11.28. Pese a estas comodidades, muchos soldados asentados pare- cen haber sido forzados a ello, y el destino que les era asignado para una nueva vida no siempre era de su agrado, como demuestran algunas de las pocas cosas que sabemos sobre el descontento de los colonos (Arr. Anab. 5.27.1). 27 He analizado el proceso de centralización del poder por parte de Alejandro, en oposición a la aristocracia territorial. Vid. Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “Alejandro de Babilonia”, en José PASCUAL, Borja AN- TELA-BERNÁRDEZ y Daniel GÓMEZ CASTRO (eds.), Pervivencia y cambio. El mundo griego en el siglo IV a.C., Madrid, UAM Ediciones, 2018, pp. 179-188. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 23 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Resulta evidente entonces que a las múltiples riquezas que pudo haber almace- nado Alejandro gracias a la captura de ciudades durante su avance, como ejemplifica el caso excepcional de Damasco, debe añadirse también el sometimiento de sus pobla- ciones y el control de su comercio. De hecho, muchos de los individuos esclavizados a lo largo de la conquista debieron ser vendidos, y por tanto reportaron un beneficio a los macedonios en tanto que parte de su botín, ya sea mediante su posterior venta (Plu. Alex. 22.1-4) o mediante el mecanismo del rescate (Curt. 4.11.11; 5.16.6; 6.2.9; 7.9.18). Por otra parte, el volumen de esclavos en venta debió crear un desequilibrio entre oferta y demanda, no sólo con el consiguiente impacto sobre los precios a la ba- ja,28 sino también en el más que probable aumento de población esclava en territorio griego,29 lo que sin duda hubo de redundar en un deterioro de las condiciones de traba- jo de las clases no propietarias, y quizás también en una devaluación del dinero y de los salarios.30 Explotación y pobreza La guerra de Alejandro aparece en las fuentes como un escenario plagado de oportuni- dades para la obtención de recursos por medio del botín, así como también para la rea- lización de magníficos dispendios y repartos de regalos monetarios entre los soldados del macedonio como recompensa a sus servicios o a su valentía.31 Sin embargo, esta información contrasta de forma radical con el retrato que esas mismas fuentes nos transmiten de unas finanzas individuales muy deterioradas, sobre todo por el endeu- damiento de los combatientes. Sin ir más lejos, sabemos que durante la celebración de su boda con Estatira Alejandro procedió al pago de las deudas de muchos de sus hom- bres. En este sentido, parece posible atribuir a la propia vida de los soldados toda una serie de gastos de campaña, así como formas de perder el dinero, desde la manu- tención hasta la bebida, o la prostitución. Efectivamente, conocemos datos sobre la legión de comerciantes que acompañaba a Alejandro y a los suyos durante la campaña 28 W. Kendrick PRITCHETT: The Greek State at War…, 77. 29 El número de esclavos disponibles era tal que Alejandro llegó incluso a practicar cacerías de esclavos (Plu. Alex. 72.4) para distraer su mente del dolor por la pérdida de Hefestión. 30 Un ejemplo bastante curioso es el relato de Plutarco en el que un esclavo suplanta a Alejandro en el trono (Plu. Alex. 116.2), lo que es rápidamente percibido como señal de mal augurio, sobre todo para el esclavo, al que ejecutan inmediatamente, lo cual evidencia tanto el gran número de esclavos que debía existir como una cierta facilidad para la huida o, al menos, para pasar desapercibido 31 Elizabeth CARNEY: “Macedonians and Mutiny: Discipline and Indiscipline in the Army of Philip and Alexander”, CPh, 91 (1996), p. 25 detalla brevemente algunos de los beneficios y regalos proporcionados por Filipo y Alejandro a sus hombres. Sobre el reparto de regalos como mecanismo de redistribución de ri- queza en la corte macedonia, vid. Clàudia ZARAGOZÀ SERRANO y Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “El simposio de Alejandro”, Antiqueté classique, 87 (2018), pp. 109-136. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 24 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez asiática, y sabemos igualmente de la presencia de prostitutas entre los combatientes. Así pues, no resulta difícil imaginarlos comprando experiencias, placeres y distraccio- nes múltiples durante un periplo de tantos años por infinidad de lugares. No obstante, no deja de ser notable este poderoso contraste entre el argumento central de las aren- gas de Alejandro para motivar a sus hombres, con las omnipresentes promesas de en- riquecimiento, y el evidente empobrecimiento que sufrieron, o cuanto menos su en- deudamiento. Por otro lado, sorprende advertir la oscuridad que envuelve toda la cuestión del cobro de un salario por parte de los soldados del monarca macedonio, tanto en las fuentes como en los estudios y esfuerzos de la historiografía moderna.32 Está claro que otros contingentes del ejército recibieron el pago de sus soldadas durante la campaña asiática, como sucedió en el caso más evidente de los tesalios33 o de los heterogéneos grupos de mercenarios griegos, que a menudo recibieron importantes sumas de dinero y regalos, así como prerrogativas diversas, como recompensas por sus servicios al rey. No obstante, nuestras nociones sobre la recepción de sueldos por parte de los soldados macedonios son cuanto menos confusas. En primer lugar, vale la pena recoger lo dicho por Bellinger, para quien Alejandro bien «pudo haber empleado el viejo ejército mace- donio sin incurrir en gastos extra más allá de los propios de su mantenimiento en tanto que organismo ciudadano».34 En este aspecto Bellinger seguía los trabajos de Parke: Probablemente [Filipo] no tenía necesidad de gastar dinero en sus soldados ma- cedonios; era su deber reconocido seguir a su rey en el campo de batalla, y tan solo habría que cubrir su subsistencia en campañas largas o lejanas. Para cubrir este desembolso los reyes macedonios podían reclamar alguna forma de contri- bución feudal para cubrir este esfuerzo.35 Como apuntaba Parke, el texto citado de Arriano (1.16.5) permite entrever la posibili- dad de que uno de los beneficios de la participación de los macedonios en las campañas fuese de carácter fiscal, mediante la exención en el pago de impuestos. Así lo consideró 32 Sigo aquí a R. D. MILNS: “Army Pay and the Military Budget of Alexander the Great”, en Wolfgang WILL (ed.), Zu Alexander dem Großen. Festschrift G. Wirth, vol. 1, Amsterdam, Hauben, 1987, quien en las páginas 236-238 interpreta IG II2 329 como documento inválido para afirmar rangos de salario en el ejército de Alejandro. Del mismo modo, también sigo al mismo autor (pp. 245-249) en la interpretación del valor de la información de Arr. Anab. 7.23.3-4 sobre los rangos de pago a los soldados de la falange “mixta” macedo- nia y persa. 33 Marc MENDOZA: “The Thessalian Lobby”, en Borja ANTELA-BERNÁRDEZ y Marc MENDOZA (eds.), The impact of Alexander’s Conquest, Alcalá de Henares, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 2020, en prensa. 34 Alfred R. BELLINGER: op. cit., p. 36. 35 Arrian 1.16.5., cit y trad. en Herbert William PARKE: Greek Mercenary Soldiers: From the Earliest Times to the Battle of Ipsus, Chicago, University of Chicago Press, 1933, pp. 158ff; Cf. Alfred R. BELLINGER: op. cit., p. 36. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 25 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez en su momento N. G. L. Hammond.36 No obstante, R. D. Milns37 ha señalado clara- mente que más allá de dos problemáticas referencias durante la campaña india al tér- mino dimoirites,38 no tenemos en las fuentes afirmaciones específicas y clarificadoras que nos permitan analizar el sueldo de los soldados macedonios en tiempos de Alejan- dro o de sus antecesores argéadas.39 Un problema añadido a esta cuestión es la supues- ta manutención de los soldados macedonios por parte del rey. El mismo Milns daba por hecho que en la estructura del ejército debió existir un “comissariat” de algún tipo que gestionaba la compra de alimento para cada unidad, y que este coste era respon- sabilidad del rey, añadido a cualquier otro tipo de pago que éste quisiera o hubiera de realizar a los soldados. En este sentido, entendemos que Milns40 se refiere aquí a todos los contingentes, tanto los macedonios como los mercenarios y tesalios, o por ejemplo las tropas griegas de los aliados de la Liga de Corinto, el coste de cuya manutención y soldada debía ser probablemente avanzado por los aliados mismos. En cualquier caso, esta manutención debía suponer un coste fabuloso para las finanzas del rey. En rela- ción con ello, aunque en un contexto histórico un poco diferente, como sería el de las ciudades griegas del mundo helenístico, afirmaba F. De Callatäy: «Sostener la alimen- tación de una población debía representar un gasto serio y prioritario que no está nada claro que pudiera ser cubierto por la generosidad pública».41 Si bien es cierto que no tenemos evidencias claras sobre el pago a los soldados macedonios por parte de Alejandro, una serie de noticias parecen dejarnos intuir algu- nas ideas. El primero de ellos es la mención de Focio en su epitome a Arriano: Y el ejército exige las cantidades prometidas por A [Alejandro] por su experien- cia compartida en campaña, y Antípatro les contesta que no puede decirles na- da preciso en este momento, pero en la medida de lo posible no será considerado culpable por ellos, una vez ha examinado el estado de los Tesoros Reales y de los Tesoros situados en otros lugares, todos ellos.42 36 Geoffrey Lemprière HAMMOND: “Casualties and Reinforcements of Citizen Soldiers in Greece and Mac- edonia”, JHS, 109 (1989), p. 57. 37 R. D. MILNS: op. cit., p. 235. 38 Arr. 6.9.3; 7.23.3. Sobre el término, además de Milns, vid. Graham WRIGHTSON: “To Use or Not to Use. The Practical and Historical Reliability of Asclepiodotus ‘Philosophical’ Tactical Manual”, en Geoff LEE, Helene WHITTAKER y Graham WRIGHTSON (eds.), Ancient Warfare. Introducing Current Re- search, vol. I, Manchester, 2015, pp. 80-82. 39 Aunque un tanto genérico, para las prácticas de la guerra, los soldados, su coste y demás problemáticas en el mundo helenístico sigue siendo muy inspirador el trabajo de Michel M. AUSTIN: “Hellenistic Kings, War, and the Economy”, CQ, 36 (1986), esp. pp. 464-465, en relación con los gastos del mantenimiento de un ejército. 40 R. D. MILNS: op. cit., pp. 234-235. 41 François DE CALLATÄY: “Guerres et monnayages à l‟époque helénistique”, en Jean ANDREAU, Pierre BRIANT y Raymond DESCAT (eds.), Economie Antique. La guerre dans les économies antiques, Saint Ber- trand des Comminges, Musée archéologique départemenetal, 2000, p. 353. 42 Arr. Succ. 32: FGrH 156 F 9.32, trad. de Hammond 1987, p. 627. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 26 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez En su análisis de este curioso pasaje, Hammond llega a la conclusión de que este dine- ro («las cantidades prometidas por Alejandro») es el pago debido a los veteranos no licenciados que acompañaron a Alejandro, cuya muerte les privó de recibir la soldada, el pago de la cual habría tenido lugar al final de la campaña o del servicio, es decir, una vez licenciados. Sea como fuere, más allá de estos problemas interpretativos, cabe preguntarse a dónde fueron a parar las ganancias de la venta de esclavos. Si bien es cierto que buena parte de estos beneficios pudieron perderse a lo largo de la campaña por vías diversas (juego, compra de grano en situaciones límite, etc.), ello no acaba de explicarnos esta extraña paradoja, según la cual el ejército que conquistó las riquezas de Asia era más pobre al final de la conquista que al principio. Sabemos que en la Gre- cia clásica el pago del sueldo de los soldados se omitía con frecuencia, y cuando tenía lugar solía ser de forma muy irregular.43 Al pago pospuesto hasta el final del año o in- cluso hasta el final de la campaña se sumaba la posibilidad de que acabara realizándo- se en especie, es decir, en forma de grano, lo que en el caso de los macedonios bien pudo acabar convirtiéndose en la norma para garantizar la capacidad logística del ejército. Llegados a este punto, la información sobre el pago de las deudas a manos de Alejan- dro en Susa es un punto de análisis fundamental. Así explicaba los hechos Plutarco: En Susa se celebraron las bodas […]. Celebró en común con los macedonios que estaban ya casados un banquete de bodas en el que se dice hubo nueve mil invi- tados, y a cada uno de ellos se le dio una copa de oro para las libaciones; y, en- tre otras muestras de su extraordinaria munificencia, pagó él mismo a los acreedores las deudas contraídas por los suyos, ascendiendo en total los gastos a nueve mil ochocientos setenta talentos. Antígenes el tuerto se había inscrito fraudulentamente en la lista de deudores, así que trayendo a un supuesto acree- dor a la caja de pagos cobró cierta cantidad; pero cuando se descubrió su enga- ño, el rey, irritado, le expulsó de la sala y le retiró el mando. Este Antígenes era un militar brillante; siendo aún joven, cuando Filipo sitiaba la ciudad de Perin- to, recibió en el ojo el impacto de un dardo de catapulta, pero no permitió que se lo extrajeran ni cejó en la lucha hasta que consiguió rechazar a los enemigos y encerrarles tras las murallas. Así pues, en aquella ocasión llevó muy a mal tal deshonra, y era evidente que, llevado de la aflicción y la pesadumbre, iba a acabar con su vida; el rey, temiendo tal desenlace, cejó en su cólera y le ordenó que se guardara el dinero.44 43 W. Kendrick PRITCHETT: op. cit., pp. 25-26. 44 Plu. Alex. 70.3-6, trad. Bergua Clavero, 2007. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 27 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Más allá de la probable confusión entre este Antígenes/Antigono, nombre frecuente en Macedonia, y el famoso Antígono Monoftalmos, vale la pena señalar esta tarea de re- distribución de riqueza que tiene lugar en los banquetes macedonios, y que sirve como mecanismo para la concesión de regalos y recompensas materiales por parte del rey, lo cual tendría además una dimensión de reconocimiento público por méritos y servicios prestados.45 Por su parte, Arriano amplía la percepción de los hechos y el escenario de fondo: Le pareció a Alejandro que era éste un momento muy oportuno para liquidar las deudas que algunos de sus hombres tuvieran, para lo cual encargó se hiciera una lista de lo que cada cual debía para proceder a la liquidación. Al principio sólo unos pocos se atrevieron a dar sus nombres, por temor a que se tratara de una estrategia de Alejandro a fin de conocer quiénes de sus soldados no tenían bastante con su paga y quiénes vivían incluso con derroche. Al enterarse Ale- jandro de que los hombres que facilitaban sus nombres eran tan sólo unos po- cos, mientras que otros muchos procedían incluso a eliminar sus pagarés, afeó a sus soldados esta desconfianza que hacia él manifestaban con este comporta- miento. [...] Dispuso, pues, Alejandro unas mesas de cambistas por el campa- mento con suficiente dinero para que los encargados de pagos abonaran las deudas a medida que presentaban los pagarés, aun sin tener que tomar nota de sus hombres. Comprobaron así que Alejandro les había dicho la verdad; lo que resultó motivo de mayor agradecimiento fue, sin embargo, no tener que dar sus nombres. Según se dice, estos regalos hechos al ejército supusieron un total de veinte mil talentos. Repartió, además, muchos otros regalos, a cada cual según su valía o brillante comportamiento, demostrado de manera notable en ocasión de peligro. Coronó, incluso, con coronas de oro a los que más habían sobresali- do por su valor.46 Estos cambistas debían acompañar a Alejandro y su ejército, y cabe preguntarse has- ta qué punto no son en cierto modo parte de la financiación de la campaña. Lo que resulta evidente es que estos agentes desarrollan una tarea necesaria en el marco del día a día del ejército macedonio, pero poco sabemos sobre la calidad del cambio ofre- cido, y más si en este caso los beneficiarios no son los soldados sino el rey (o los cam- bistas mismos). Por su parte, Curcio coincide en su relato de los sucesos con cuanto hemos visto: 45 Clàudia ZARAGOZÀ SERRANO y Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: op. cit., pp. 109-136. 46 Arr. An. 7.5.1-3, trad. Guzmán Guerra, 1982. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 28 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Alejandro, tras repatriar a los soldados de más edad procedió a la selección de 13.000 soldados de a pie y 2.000 jinetes, con la idea de retenerlos en Asia, esti- mando que un ejército de pocos efectivos se bastaba para conservar aquel país, dado que había colocado puestos de guarnición en muchos puntos y había lle- nado las ciudades recién fundadas de colonos que sólo deseaban rehacer sus vi- das. Pero antes de escoger a los que tenía intención de mantener a su lado, dio orden de que toda la tropa hiciera una declaración de sus deudas. Él sabía muy bien que la mayor parte las tenían, y graves, y, aunque las habían contraído a causa de su prodigalidad, estaba, no obstante, dispuesto a pagarlas. Los solda- dos, pensando que se les estaba tendiendo una trampa, a fin de descubrir más fácilmente cuáles eran íntegros y cuáles despilfarradores, a base de dilaciones habían ganado cierto tiempo y el rey, dándose perfecta cuenta de que, si se oponían a una declaración de sus deudas, lo hacían más por vergüenza que por desobediencia, hizo que fueran colocadas unas mesas a lo largo de todo el cam- pamento y en ellas se expusieran, a la vista de todos, 10.000 talentos. Enton- ces, por fin, hicieron su declaración y con toda sinceridad y de tan gran canti- dad de dinero no quedaron más de 130 talentos: así aquel famoso ejército, que había vencido a tantos pueblos riquísimos, se trajo de Asia más gloria que bo- tín. Pero, en cuanto los soldados se enteraron de que unos eran repatriados y otros retenidos, pensando que Alejandro se disponía a fijar para siempre la sede de su reino en Asia, fuera de sí y olvidándose de la disciplina militar, hicieron resonar sus gritos de rebelión en todo el campamento y, atacando al rey con más violencia que nunca, todos a una comenzaron a pedir el licenciamiento, mostrando sus rostros deformados por las cicatrices y sus cabezas cubiertas de canas. Ni los reproches de sus jefes ni el respeto debido al rey les impresionaban sino que con gritos tumultuosos y con la violencia propia de soldados le impe- dían hablar, diciendo abiertamente que de allí no moverían un pie si no era pa- ra regresar a su patria.47 La narración de Curcio, que es muy similar a la breve relación de los hechos recogida por Diodoro (17.109.1-2), apunta un tercer problema en la escena, como es el de la se- lección de soldados para su licenciamiento o mantenimiento en servicio, así como la situación general de malestar que impregnaba de inquietud al ejército macedonio. En este sentido, Luisa Prandi ha señalado el valor de la respuesta de Alejandro en los dis- cursos de legitimación del poder, que se hace responsable y cuida a sus súbditos en 47 Curt. 10.2.8-12, trad. Pejenaute Rubio, 1986, p. 18. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 29 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez tanto que soberano, como prueba su voluntad de finiquitar las deudas, acto de genero- sidad a su cargo, es decir, a cargo del tesoro real.48 Por lo que podemos leer sobre el episodio en cuestión,49 cabe destacar de una parte la correlación entre el pago de deudas y la desconfianza de los soldados para con Alejandro, y de otra la hostilidad que provocó entre los soldados el saber del licen- ciamiento de unos y el mantenimiento de otros en Asia, que a mi juicio es la clave de facto de lo expuesto en las fuentes. Si tenemos en cuenta que la soldada se cobraba íntegra en el momento del licenciamiento, es posible que la propuesta de cancelación de deudas afectase sólo a aquellos que no tenían que cobrarla, es decir, a los que eran mantenidos en Asia. No obstante, aunque la amortización de las deudas fuese general, esta medida pretendería compensar el proceso de licenciamiento de u n a parte del ejército. En este sentido, b i e n pudo haber sido una fórmula popular de evitar el des- contento, algo que en cualquier caso no consiguió. Asimismo, si la soldada era pagada al final del servicio, los gastos que necesitaban ser cubiertos quedaban quizás a crédi- to y pendientes de pago hasta que los soldados recibiesen algún tipo de retribución. Así pues, resulta más que probable que a diferencia de la soldada los beneficios del botín fuesen cobrados en el momento del reparto, seguramente poco después de haber sido éste capturado. Por lo demás, en el Económico de Pseudo-Aristóteles se menciona una especie de agentes de Antímenes encargados de la gestión, por ejemplo, de los mercados dedica- dos a los contingentes del ejército macedonio: Antímenes de Rodas, que fue designado por Alejandro superintendente de ca- minos en la provincial de Babilonia, adoptó las siguientes medidas para la cap- tación de fondos. Una antigua ley del país aplicaba un impuesto de una décima parte sobre todas las importaciones; pero había caído en total desuso. Antíme- nes puso bajo vigilancia a todos los gobernadores y soldados cuya llegada se es- peraba, y a los muchos embajadores y artesanos que fueron invitados a la ciu- dad, los cuales habían traído con ellos a otros que vivían allí de manera extra- oficial; y también la infinidad de regalos que se trajeron “para estas personas” sobre los que pesaba el impuesto legal de una décima parte. Otro recurso fue este. Invitó a los propietarios de cualquier esclavo del campa- mento a registrarlos por el valor que ellos quisieran, comprometiéndose al mis- mo tiempo a pagarle ocho dracmas al año. Si el esclavo escapaba, el propietario recuperaría el valor registrado. En consecuencia, muchos esclavos fueron regis- trados, y una gran cantidad de dinero se pagó “en primas”. Y cuando un escla- 48 Luisa PRANDI: “I soldati di Alessandro Magno, i loro debiti e i loro figli”, Hormos. Ricerche di Storia Antica, n.s. 2 (2010), pp. 79-90. 49 Curt. 9.3.11; 10.2; Arr. Anab. 7.5.3-4; Plu. Alex. 70.3. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 30 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez vo escapaba Antímenes daba instrucciones al gobernador de la “provincia” en que se encontraba el campamento para recuperar al hombre o pagar a su pro- pietario su valor. […] Antímenes mandó al gobernador de la provincia reapro- visionar los almacenes militares situados a lo largo de los caminos reales, de acuerdo con la ley del país. Siempre que un ejército o cualquier otra unidad sin la compañía del rey atravesaba el país, él enviaba a un oficial para venderles las mercancías de los almacenes militares.50 Cabe advertir que la naturaleza del Económico es un tanto extraña, en tanto que se compuso como una especie de colección de episodios con una cierta intención pedagó- gica, pensando en los gobernantes de la época. Asimismo, su autoría es controvertida, pero nada parece indicar que los hechos que se relatan pudieran ser muy lejanos a la vida del mismo Aristóteles, y por ende a los tiempos de Alejandro y de la campaña asiática, por lo que su testimonio resulta interesante y completamente pertinente para la época que aquí nos interesa, a pesar de sus carencias. De hecho, probablemente sea la mejor referencia que tenemos de este tipo de oficiales en la esfera macedonia. Casi con toda seguridad, estos o sus homólogos encargados del cómputo, gestión, reparto y/o venta de los esclavos y prisioneros obtenidos como botín fueron similares a los laphyropolai que conocemos para otros contextos.51 Estos laphyropolai sin duda man- tenían una relación directa con el rey y servían a sus propósitos en materia de finan- zas. En este sentido, vale la pena recordar el episodio en que Agesilao52 promueve una serie de gestiones para beneficiar a un grupo específico de comerciantes con la ven- ta de sus prisioneros. Por sí solo esto nos pondría ante los posibles mecanismos para crear unas redes clientelares y grupos de intereses dependientes y aliados del rey, en este caso Alejandro, que podrían servir perfectamente a muchos otros fines. A los mer- cados mencionados por el Económico, y a los 30 días de adelanto que Alejandro pagó a sus hombres antes del inicio de la campaña, deberíamos añadir una serie de informa- ciones sobre ciertos subordinados de Alejandro, destacando a Antímenes o a Cleómenes de Naucratis.53 En este caso ambos son presionados para obtener un alto grado de be- neficio de la fiscalización de los recursos, al menos hacia el final de la vida de Alejan- dro. Si bien el malestar que parecen recoger las fuentes con respecto a estas medidas se orienta directamente contra estos subordinados, difícilmente trabajaban estos en su 50 Aristot. Econ. 2.1352b-1353a. 51 W. Kendrick PRITCHETT: The Greek State at War…, pp. 89-92 52 X. Ages. 1.18-28; W. Kendrick PRITCHETT: The Greek State at War…, pp. 88-89. 53 Andreas Michael ANDRÉADÈS: “Antimène de Rhodes et Cléomène de Naucratis”, Bulletin de Corres- pondance Hellénique, 53 (1929), pp. 1-18; Georges LE RIDER: Alexandre le Grand. Monnaie, finances et politique, París, Presses Universitaires de France, 2003, pp. 303-310. Sobre ambos Borja ANTELA- BERNÁRDEZ: “The Hungry Years...”, y del mismo autor “The Antigenes’ Syndrome…”. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 31 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez propio beneficio, sino que debieron hacerlo siempre bajo la autoridad de Alejandro. En este sentido, sabemos bastante de las especulaciones de Cleómenes sobre el precio del grano y cómo esto afectó a las ciudades griegas del Egeo.54 Su destacada labor recau- datoria provocó un inédito aumento del precio del grano en toda la región, hasta llegar a las 32 dracmas por medimno,55 lo que debió tener un impacto directo y funesto sobre la circulación de grano en todo el Mediterráneo Oriental. Asimismo, un discurso del corpus demosténico, datado de forma dudosa en 322,56 hace referencia al modo de pro- ceder de Cleómenes: Porque todos eran, oh jueces, para que tampoco esto lo ignoréis, servidores y agentes57 de Cleómenes, el Gobernador de Egipto; ese que, desde que obtuvo el gobierno hasta ahora tantos males ha causado a vuestra ciudad y aun a todos los Helenos, traficando con trigo y manteniendo el alza del mercado. Éstos co- laboraban con él. Porque unos sacaban de Egipto la mercancía; otros la escol- taban durante la navegación; y otros finalmente constantes permanecían acá y repartían las remesas. Y luego según iban los precios, los que estaban acá en la ciudad enviaban noticias a los que estaban en el extranjero con el objeto de que si aquí entre vosotros el trigo encarecía lo remitieran a Atenas y si al contrario el precio bajaba, navegaran a otros mercados.58 El texto es absolutamente revelador en tanto que pone de manifiesto una capacidad logística y unos medios para el control de los mercados que difícilmente estarían al alcance de un personaje secundario dentro de la administración como Cleómenes. Por otra parte, no tenemos noticia de que Alejandro pretendiese reprender este tipo de prácticas, una razón más para aceptar que la labor de esta figura no era sino fruto de los propios principios administrativos y económicos dictados por el rey. En cuanto a Antímenes, todo lo que sabemos de él tiene que ver con la gestión económica y la tasa- ción, sobre todo dirigida a la captación de determinados impuestos que se aplicarían sobre los soldados con el objetivo de hacer que la riqueza obtenida durante la conquis- ta y distribuida en el reparto del botín revirtiera de nuevo en las arcas del conquista- dor.59 54 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “The Hungry Years...” 55 [Arist.] Oec. 1352b. D. 34.39 menciona el precio de 16 dracmas por medida en una crisis de abastecimiento (y posible hambruna) reciente en Atenas, hacia principios de la década de los 30, pocos años antes de la la- bor de Cleómenes. Las 32 dracmas del medimno Cleómenes suponen el doble, precio absolutamente inusita- do. 56 Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “The Hungry Years...” 57 Ante esta mención de los agentes comerciales es imposible no pensar en personajes como el oscuro Leócra- tes. Borja ANTELA-BERNÁRDEZ: “The Antigenes’ Syndrome…” y “El tercer hombre. Leócrates, Har- palo y el oscuro Amintas”, Aevum, 94 (2020), pp. 39-48. 58 D. 56.5-10. 59 Aristot. Econ. 2.1352b-1353a. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 32 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Entre los muchos agentes encargados de gestionar estos recursos, quizás el más interesante sea en realidad el general Parmenión. Son escasas las evidencias sobre su relación con los beneficios derivados de las campañas y el tesoro acumulado, pero pa- recen revelar un patrón. En primer lugar, Parmenión es el encargado de hacerse cargo de la ciudad de Abidos,60 que será la primera ceca de Alejandro en Asia, y otro tanto sucedió con otra ceca importante como fue la de Tarso.61 Asimismo, también fue él quien tomó Damasco,62 siendo el primero en quedar a cargo del tesoro persa y de una enorme cantidad de cautivas y prisioneros. Asimismo, tenemos evidencias de su ges- tión en la esclavización de poblaciones con el objetivo de mejorar los fondos para la guerra, por ejemplo, en Grineion.63 En Dascilio capturó la rica morada del sátrapa de la región.64 Así pues, como se ha señalado recientemente, su posición de poder casi lo situaba en condición de igualdad con Alejandro.65 Por otra parte, también sabemos que aunque Harpalo era el tesorero de Alejandro, en el periodo anterior a su ejecución (otoño 330 a.C.) Parmenión ocupaba el cargo de sátrapa de Media, algo que lo conver- tía en guardián del tesoro, cifrado en 180.000 talentos.66 Todo esto sin olvidar que Ecbatana, la capital donde Parmenión se había instalado, no sólo era el lugar donde se asentaba la ceca principal de Alejandro en Asia central,67 sino también un nudo fun- damental de comunicaciones en las rutas de transporte terrestre a lo largo del Asia Central, sobre todo para el comercio y, por tanto, también para el cobro de aranceles.68 Asimismo, su hijo Filotas aparece también vinculado con la escolta de botín en ocasio- nes,69 y Parmenión y sus vástagos aparecen relacionados frecuentemente con los carros de la impedimenta o los esclavos.70 Así lo demuestra la preocupación del veterano ge- neral en la batalla de Gaugamela, o la observación recogida por Curcio sobre la ralen- tización del ejército a causa de los prisioneros,71 siendo todo ello pruebas de la proxi- midad de Parmenión y los suyos al botín, los esclavos capturados y la protección y probable gestión de las riquezas obtenidas en la conquista. 60 Arr. Anab. I, 11, 6. Cf. Bellinger 1979, 45. 61 Alfred R. BELLINGER: op. cit., pp. 48-50. 62 Arr. Anab. 2.11.8-9; D.S. 17.35.2-7; Plu. Alex. 24, 1-3; Curt. 3.13.10-12; 4.11.11. 63 D.S. 17.7.9. 64 Arr. Anab. 1.17.2, 24.3-4. 65 Waldemar HECKEL, Johannes HEINRICHS, Sabine MÜLLER y Frances POWNALL (eds.): Lexicon of Argead Macedonia, Berlín, Frank & Time, 2020, pp. 377-382, sv. “Parmenio”. 66 D.S. 17.80.3. 67 Alfred R. BELLINGER: op. cit., p. 71. 68 Waldemar HECKEL, Johannes HEINRICHS, Sabine MÜLLER y Frances POWNALL (eds.): op. cit., p. 381. 69 Por ejemplo, Arr. Anab. 1.2.1. 70 Por ejemplo, Arr. Anab. 2.15.1-2; 3.18.1; 5.11.2; Curt. 4.11.11… 71 Curt. 4.11.11: «al ser muchos, tenían paralizados a un gran contingente de soldados aguerridos» (trad., Pejenaute Rubio 1986). RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 33 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez Conclusiones En un magnífico trabajo que habitualmente ha pasado desapercibido, Faraguna Pa- pazoglou ya propuso la posibilidad de que la población bárbara que habitaba los terri- torios conquistados hubiese sido sometida de un modo u otro en masa a la autoridad del conquistador en tanto que botín, convirtiéndose todos los nativos de Asia en de- pendientes del rey.72 Así parece desprenderse por ejemplo del texto de Diodoro: «Fun- dó Alejandro otra ciudad, distante de Alejandría un día de marcha. Asentó en ella a siete mil bárbaros, tres mil individuos no combatientes que con ellos iban y todos los mercenarios que quisieron».73 La autoridad del rey macedonio sobre su propio territorio, incluyendo el obte- nido por la lanza,74 queda patente en ejemplos diversos como la cesión de aldeas en forma de regalos para el sustento de quién75 y la obligación del campesinado local de trabajar para garantizar la prosperidad y subsistencia de algunas de las nuevas funda- ciones de Alejandro.76 Esto hace pensar en una serie de sistemas de dependencia que ya resultaban familiares dentro de la administración real de los reyes Argéadas, que se aplicaron en Asia de forma similar a como se habrían ejecutado en Macedonia. La arquitectura de un imperio como el creado por las armas macedonias debió sostenerse mediante la sumisión de la población por vías diversas. La más evidente parece ser la de los conquistados, capturados y sometidos de múltiples formas. Sin em- bargo, el sistema de dominación también afectó a aquellos que habían sido responsa- bles de la conquista, los soldados, que hubieron de sufrir la grave presión recaudadora de un sistema como el macedonio. Este se basaba en la explotación para el manteni- miento de la desigualdad social y del lujo aristocrático y cortesano, todo ello funda- mentado en una concepción jerárquica del reparto del botín y los recursos obtenidos en la guerra. Así pues, la imagen inicial de la campaña asiática, donde Alejandro arroja una lanza a tierra antes de desembarcar como acto simbólico y religioso de captura del territorio, adquiere un sentido mucho más concreto: el territorio ganado por medio de la guerra era definitivamente propiedad del vencedor, y ello implicaba su derecho a explotarlo según su criterio. En este sentido, por mucho que fueran agentes indispen- sables para la victoria, los soldados también eran personal dependiente, aunque estu- vieran por encima de los vencidos en la escala jerárquica del sistema de dominación de 72 Faraguna PAPAZOGLOU: Laoi et paroikoi: recherches sur la structure de la société hellénistique, Belgrado, Centre d’études épigraphiques et numismatiques de la Faculté de pphilosophie de l’Université de Belgrade, 1997. 73 D.S. 17.83.2, trad. Guzmán Guerra, 1986. 74 Nicholas G. L. HAMMOND: “An Unfulfilled Promise by Alexander the Great”, en Wolfgang Will (ed.), op. cit., pp. 627-634. 75 Plu. Alex. 15.3; 31.5. 76 Curt. 5.3.15; 7.11.28. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 34 Reparto del botín y miseria en las conquistas de Alejandro Borja Antela-Bernárdez los reyes Argeadas de Macedonia y su particular cosmovisión. De este modo, aparecen ante nosotros cargados de obligaciones, víctimas de las fantasías de un fabuloso futuro de riquezas que, al final, no redundarían en su propio enriquecimiento, sino que servi- rían para alimentar el fastuoso boato y la economía fiscal del monarca. Alejandro, modelo de emperadores, es también ejemplo de un modelo de explotación donde todos los participantes son piezas de juego, salvo los nobles que conformaban su círculo ín- timo, mientras que las riquezas eran la fuente de las diferencias sociales, porque sobre ellas se sustentaba el mantenimiento de las lujosas formas de vida sobre las que se asentaba la concepción dominante del poder. Pese a las noticias de motines y revueltas del ejército, tanto en tiempos de Alejandro como en el de los herederos de su imperio, los Diádocos, los soldados macedonios seguirán siendo reclutados y muriendo en masa en las múltiples guerras del periodo en que se conformó del mundo helenístico (336-281 a.C.). Así fue hasta que la tierra macedonia no dio más de sí y la demografía macedo- nia entró en profunda recesión, como ha demostrado Bosworth.77 La explotación del territorio y sus recursos, incluyendo las personas, fue la piedra angular de un imperio fascinante pero represor en extremo que, exuberante en su riqueza, dejó morir y mal- vivir a sus gentes bajo múltiples formas de explotación. 77 Albert B. BOSWORTH: “Alexander the Great and the Decline of Macedon”, JHS, 106 (1986), pp. 1-12. RUHM Vol. 9, Nº 19 (2020), pp. 15 – 35 © ISSN: 2254-6111 35