MISCELÁNEA Anales de Literatura Hispanoamericana ISSN-e: 1988-2351 https://dx.doi.org/10.5209/alhi.73122 “Un verdadero cuadro de costumbres americanas”, algunos cuentos de Emilia Serrano de Wilson Beatriz Ferrús Antón1 Resumen. Emilia Serrano de Wilson escribió numerosos textos dedicados a Hispanoamérica: ensayos, novelas históricas, libros de viaje, poemas y relatos. No obstante, aunque en la última década su figura ha sido poco a poco recuperada son todavía muchos los aspectos de su obra que quedan por descubrir. Este artículo trabajo los cuentos de temática hispanoamericanista en dos proyectos de escritura que permiten analizar una parábola temporal de sumo interés en su obra: el Semanario del Pacífico (1877-1878) del que fue directora y principal redactora y el libro de cuentos Del cielo a la tierra (1896) para tratar de reflejar cómo se transforma su mirada hacia el contiene y las líneas de continuidad que existen entre sus textos de ensayo y de ficción. Sin olvidar el motivo del viaje como un constante de su escritura. Palabras clave: Emilia Serrano de Wilson; Hispanoamérica; cuento; libros de viajes; Semanario del Pacífico; Del cielo a la tierra. [en] “A True Picture of American Customs", Some Stories by Emilia Serrano de Wilson Abstract. Emilia Serrano de Wilson wrote many texts about Latin America: essays, historical novels, travel books, poems and stories. However, although in the last decade her figure has been gradually reevaluated, there are still many aspects of her work that haven’t been discovered yet. In this paper I work on the stories with Spanish-American topics in two projects that allow us to analyze a temporary parable of great interest in her work: Semanario del Pacífico (1877-1878), of which she was director and main editor, and the book of stories Del cielo a la tierra (1896) to try to reflect how her perspective about the continent changes; at the same time, the paper analyzes the lines of continuity that exist between her essay and fictional texts, without forgetting the topic of the travel as a constant of her writingent. Keywords: Emilia Serrano de Wilson; Spanish-America; story; travel Books; Semanario del Pacífico; Del cielo a la tierra. Sumario: 1. Algunos cuentos de ambientación americana en el Semanario del Pacífico, (Lima 8 de Junio de 1877- 6 de Julio de 1878). 2. Del cielo a la tierra. 3. El relato como cuadro de costumbres americanas. Cómo citar: Ferrús Antón, B. (2020) “Un verdadero cuadro de costumbres americanas”, algunos cuentos de Emilia Serrano de Wilson, en Anales de Literatua Hispanoamericana 49, 195-203. Ramón Élices Montes publica en México en 1883: La baronesa de Wilson. Su vida y sus obras, Imprenta de El Centinela Español y R. Monner Sans hace lo propio en Barcelona en 1888 con La baronesa de Wilson. Apuntes biográficos y literarios, Tipolitografía de los sucesores de N. Ramírez. Las dos obras, ensayos bio- bibliográficos tan del gusto de la época, impresas a ambos lados del océano, destacan una serie de constantes en la figura de esta autora “transatlántica”, y, no casualmente, reproducen un mismo poema “Saludo a América”, texto de encuentro, manifiesto de un programa de escritura: _____________ 1 Universitat Autonoma de Barcelona. Barcelona. España. E-mail: Beatriz.Ferrus@uab.cat Anales de Lit.Hispanoam. 49 2020: 195-203 195 196 Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 Quise darte a conocer como viajera, como poetisa y como escritora y si la empresa ha resultado superior a mis fuerzas, que tus trabajos son tantos, y es tanta tu gloria, que para narrarla falto luz a mi mente, ya que no voluntad a mi corazón… la sin par cantora de las bellezas americanas, la sin rival preceptora, la correcta y galana prosista, la escritora en fin, gloria y orgullo de la española tierra y admiración del mundo entero. (Monnser Sans 1888: 30) Pese a estos antecedentes, la biografía de la “cantora de las bellezas americanas” (cfr. Martín 2002) sigue hoy cargada de misterios y rodeada de mascaradas, pero la recuperación crítica de su ingente obra, olvidada durante más de un siglo, comienza a ser poco a poco atendida (véase Simón 1991, Martín 2002, Ortega 2006, Charques 2008, entre otros): Resulta lamentable pero poco sorprendente el hecho de que Emilia Serrano de Wilson se haya borrado casi por completo de la memoria colectiva. Fue un destino que les aguardaba a muchas mujeres escritoras de su época, más tal vez a las españolas que a sus hermanas de otras naciones europeas. La situación de Serrano de Wilson resultaba especialmente precaria ya que, al residir y al publicar sus obras en tantas repúblicas del mundo hispanohablante, no estableció los imprescindibles lazos profesionales para insertarse firmemente dentro de la tradición cultural nacional de algún país específico (Martín 2002: sp.) Una constante acompaña a la misma: su amor por Hispanoamérica y los numerosos textos que nacieron de este. Las tierras fértiles, de altas montañas y caudalosos ríos, que desafiaron la fortaleza de los conquistadores, invitan no sólo a rememorar la gesta, sino a admirar sus mitos originarios, pero también las posibilidades de su presente y de su futuro. Estas premisas, reunidas en el “Saludo”, se repiten una y otra vez, en todos y cada uno de los textos “hispanoamericanos” de la autora granadina: “Cruzar tus frescas vegas/tus valles y collados/que han sido de mi raza glorioso panteón,/y contemplar tus golfos batiendo alborozados/las olas que aún reflejan la sombra de Colón” (Serrano 1884: 9-10), que hace de la travesía “cruzar tus frescas vegas” la razón y el estímulo de la escritura. Si en otros lugares revisábamos los escritos de viajes y los libros de historia o ensayo que la baronesa de Wilson (Ferrús 2011, 2015, 2017) dedicó al continente, así como la poesía (Ferrús 2018) e hicimos una incursión en Maravillas americanas (1910), Barcelona, Maucci (Ferrús 2011), donde mitos y leyendas ocupan un espacio singular, ahora nos gustaría completar esos aportes con el análisis de algunos relatos de la misma ambientación, firmados por la autora en el Semanario del Pacífico (1877-1876) y en el libro de cuentos Del cielo a la tierra. Barcelona, Librería de Antonio J. Bastinos, 1896, sendos ejemplos de uno de los géneros que más practicó, que, dada la distancia cronológica que los separa, nos permiten observar un interesante arco en su narrativa breve. 1. Algunos cuentos de ambientación americana en el Semanario del Pacífico, (Lima 8 de Junio de 1877- 6 de Julio de 1878) Marie-Linda Ortega en “Emilia Serrano de Wilson. Minerva entre práctica y metáfora” retrata a la autora como “Una empresaria de periódicos”: “Lo que llama la atención al repasar su biografía es una incansable actividad periodística desde sus jovencísimos años como redactora y directora hasta los años setenta y más adelante aún en el Nuevo Mundo” (Ortega 2008: 108). Son diversos los trabajos que han abordado aspectos parciales de su ingente producción periodística, (Watson 1992, Charques 2008, Ortega 2008, Bezari 2017), no es nuestro objetivo reiterar lo ya expuesto, sino indagar en el ejemplo de uno de sus proyectos, que sirvió como plataforma para la publicación de sus relatos. Maida Watson en “Women Writers in late 19th century Perú: The Semanario del Pacífico and the Baronesa de Wilson” (1992) sitúa esta publicación en el contexto de fin de siglo y de la producción de publicaciones periódicas dirigidas y escritas mayoritariamente por mujeres como La bella limeña, (1872) o La alborada (1874) que dieron a conocer la obra de escritoras como Manuela Villarena de Plasencia, Juana Manuela Gorriti, Mercedes Cabello de la Carbonera, Carolina Freire de James y la propia baronesa (Watson 1992: 47) y les permitieron profesionalizarse. Su lectura incide en tres aspectos: 1. La ideología de género que la sustenta, que, aunque anclada en los principios de las “escritoras de la domesticidad”, filtra, en muchas ocasiones, un proto-feminismo propio de la etapa de tránsitos y ambivalencias en la que vive Emilia Serrano de Wilson. Este análisis se encuentra estrechamente vinculado a los textos pedagógicos incluidos en Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 197 la publicación y a la admiración que despierta en ella el modelo de los Estados Unidos: “Neverless, the Baronesa magazine clothed, under its apparent orthodoxy, the sedes of incipient feminism” (Watson 1992: 50) 2. La plataforma que esta supone para la profesionalización de la escritoras “an important function of El Semanario was provide women writers the opportunity to publish their literary creations and essays” (Watson 1992: 50) 3. La colaboración de la misma en la consolidación de una idea de “literatura hispanoamericana” y el diálogo que se establece con la literatura española en sus páginas: “The pages of El Semanario del Pacífico provided documentation for the literary taste of the period”. (Watson 1992: 51). Así, es el tercero de estos rasgos aquel que nos interesa retomar aquí. Subtitulado “Álbum de las familias. Literatura. Artes. Viajes. Educación. Modas. Teatros y Salones”, El Semanario del Pacífico incluye numerosos textos de la que fue no sólo su directora y fundadora, sino su principal redactora. El editorial “Al público” con el que se inaugura no puede ser más claro: el libro y la literatura son “el amigo tan leal, como dulce y consolador”, “La literatura invade todos los terrenos”, “La madre, la esposa, la jovencita pura, bondadosa y bella, aspirarán su aroma y acogerán bajo su protección al Semanario y a la directora fundadora” (Serrano 1877: 1). El texto “América y Europa”, en la misma página en la columna de la derecha, explica cómo “la instrucción de la mujer es tan necesaria como el rocío para las plantas”, al tiempo que traza una “galería de eminentes mujeres americanas”, semejante al linaje que Sor Juana nos legaría en la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, pero también resumen de esos “mapas” de autoras que la misma Serrano de Wilson recreará en Américas y sus mujeres (1890) o que Clorinda Matto nos muestra en “Las obreras del pensamiento en la América del Sur” (1895). No obstante, lo que nos concierne es la vocación transatlántica que guía la publicación desde este primer editorial. Si Europa representa un modelo de sociedad evolucionada que comienza a tener su correlato en Hispanoamérica, el diálogo cultural y literario entre ambas geografías constituye una necesidad insoslayable, presente a lo largo de toda la obra de esta escritora: “Nuevos vientos más favorables se cruzan entre España y América, enlazando sólidamente países de un mismo origen, destinados a confraternizar en todo” (Serrano, 1910: 125). Desde aquí, conviene preguntarse qué géneros recorre la propia escritora a lo largo de estos dos años y si cultiva esta relación. Nos fijaremos sólo en aquellos textos que llevan su rúbrica, aunque es posible que algunos de los anónimos sean de su autoría. Poemas, leyendas, crónicas de moda y sociedad, chistes y charadas, ensayos pedagógicos, anécdotas y variedades, pero, sobre todo, cuentos, poblarán las páginas del Semanario. Muchos de ellos verían la luz más tarde compilados en forma de libros como Lágrimas y sonrisas. Poesías líricas, México: Imprenta de Ireneo Paz, 1884, que reúne buena parte de la poesía aquí publicada, el ensayo La ley del progreso. Páginas de instrucción pública para los pueblos sud-americanos, Quito, Imprenta Nacional, 1880 o leyendas como Almeraya2, que, aunque editada en verso en 1883 en México, Tip. De Gonzalo A. Esteva tiene en el Semanario del Pacífico dos versiones previas, una en prosa (1877, nº 26: 206-207) y otra abreviada en verso (1878, nº 35: 279-280). Un caso diferente lo constituye ¡¡Pobre Ana!!, que la autora ya había editado en 1861 en Madrid (Imprenta de Juan Antonio García) y que aquí volvería a publicarse desde el nº 273, ahora por entregas, demostrando una praxis muy común en la época: la reelaboración, rescritura o reedición de textos en diferentes formatos y en distintas publicaciones periódicas o editoriales. Ahora bien, son los cuentos, leyendas o tradiciones4, que incluye en casi todos los números, los textos, a nuestro juicio, más interesantes, que se presentan en distintas ocasiones con el marco de un viaje, recurso que encuentra su culminación en Maravillas americanas (1910) y que sería común en la época (Cánovas 2008, Ezama 2011, Ferrús 2016). Tampoco debe olvidarse que, por otro lado, muchas de las entregas abrirían con una “tradición” de Ricardo Palma, reinterpretación del género adaptado a las necesidades de especificidad y originalidad de las jóvenes naciones americanas, y seguida por Clorinda Matto de Turner, otra de las firmas del periódico. De esta forma, no sorprende la variedad e hibridez de la fórmula aplicada por la directora y principal redactora que, sin embargo, permite delinear una propuesta de clasificación; al tiempo que mantiene un eje _____________ 2 Almeraya es una leyenda árabe, que conecta con la literatura morisca, pero, sobre todo, con la recuperación que el imaginario romántico hará del sur de España y de su legado oriental. La historia, aunque clásica en sus evocaciones, retrata el conflicto de una mujer que descubre en el canto de un cautivo otra posibilidad cultural de representarse mujer, que abraza por amor, pero que acaba escindiéndola al alejarla de sus raíces. 3 La historia de la leyenda se ambienta en el siglo XIV, en la corte de Eduardo III, el pasado medieval que tanto fascinó a los románticos es ahora cuestionado por la violencia de sus leyes hacia las mujeres. La protagonista Ana Dorset se convierte en una mujer infeliz y encarcelada en un matrimonio que la anula, pero también en símbolo de una ley medieval, que parece todavía muy presente en tiempos de la autora. 4 Sobre el uso de estas etiquetas como sinónimos puede verse Baquero Goyanes (1949) y (1992), quien vincula la pluralidad de las mismas al amor de los románticos por la época medieval donde este género tenía límites imprecisos. 198 Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 común: el protagonismo de la mujer y la reflexión sobre la condición de esta, tanto en el pasado, como en el presente, al igual que plantearía en sus leyendas. Sus tradiciones se agrupan en dos bloques: las de temáticas contemporáneas y las de inspiración histórica, vinculadas al viaje. Sin embargo, hay un hecho que resulta destacable y merece reflexión: la falta de ambientación americana en la mayoría de los relatos, que contrasta con su participación en otras publicaciones. Rocío Charques en “La baronesa de Wilson. Colaboraciones en La ilustración artística de Barcelona” explica que “En total, la Baronesa de Wilson publica treinta y nueve escritos en La Ilustración Artística de Barcelona, entre 1887 y 1916. Dominan los relatos de temática americanista” (Charques 2008: 20). ¿Por qué esta diferencia? Resulta muy difícil señalar una causa más allá de la mera hipótesis, pero entendemos que, probablemente, la clave se encuentra en la vocación de vínculo entre dos orillas que venimos subrayando, pues mientras Emilia Serrano de Wilson no duda en escribir crónica social limeña o ensayo de instrucción pública, deja a grandes firmas hispanoamericanas como Ricardo Palma, Clorinda Matto de Turner, Manuel Concha, Clodomiro Concha etc. las tradiciones o cuentos de esta temática, mientras traducciones y “arreglos” del inglés y el francés dialogan con ellas; pero también las propuestas diversas e híbridas de la propia autora, incluidas las leyendas de ambientación árabe o medieval a las que nos hemos referido. De este modo, los cuentos de inspiración contemporánea: “La Ramilletera”, “Juzgar por las apariencias”, “Anécdota”, “Un duelo a muerte”, “Un millón”, “Los novios” etc. abordan relaciones de pareja, conflictos generacionales, herencias… Con sencillas tramas todos los relatos tienen en común la existencia de una pequeña moraleja. En muchos de ellos la anécdota viene desencadenada por la denuncia de la situación social de la mujer, subordinada al marido y, en ocasiones, sometida a matrimonios concertados. El segundo bloque lo constituyen aquellos donde Emilia Serrano se retrata como viajera y escucha las historias que pueblan el camino, normalmente de contenido histórico o milagroso; así sucede en “La Virgen de Vendome” (1877, nº 2: 8), subtitulada “Episodio de la guerra franco prusiana”, o en “Un viaje a Italia (1877, nº 7: 53), que constata desde su mismo títul, el vínculo entre los viajes y las evocaciones literarias: “La imaginación extraviada, que se deja llevar por las fábulas inventadas por el genio del escritor, está expuesta a grandes desencantos, búsquense en los libros el fondo moralizador que encierran, léanse también como un recreo, pero no se preste veracidad a lo que solo da relieve a situaciones y bellezas de conjunto” (1877, nº 7: 54). En “Nuestra señora de Brou” la narradora incorpora en el marco una razón personal para iniciar el camino: “Corría el año de 18… La reciente pérdida de dos seres muy queridos de mi familia me había sumido en el más profundo pesar” (1877, nº 3: 28). Otros textos como “Berta. Tradición”, “La rosa de plata. Tradición alsaciana”, “El cortijo del sol” forman parte de este grupo. Sin embargo, los ejemplos de temática americanista son escasos, pero muy significativos y abarcan los dos tipos señalados. Entre los de ambientación contemporánea está “La cruz del mulato” en la que la travesía constituye, de nuevo, el pretexto para contar la historia: “En Agosto de 1876 recorría yo la floreciente, pacífica y hospitalaria República de Chile visitando detalladamente las ciudades, sus pueblos y sus aldeas, admirando a cada paso lo que algunos años de paz y buen gobierno han influido en el adelanto de ese hermoso país tan culto y adelantado y recibiendo de autoridades y particulares, las mayores y más cariñosas muestras de simpatía” (1878, nº 89: 361). Como en casi todos sus textos de viaje se autorretrata recibiendo el reconocimiento de autoridades y público. La viajera de sus cuentos y leyendas es siempre una autora reconocida, una mujer esperada y respetada: Al pasar de un país a otro, doña Emilia preparaba cuidadosamente el terreno para su recepción dentro de los círculos culturales que la esperaban. Se valía de cartas de introducción a eminentes figuras nacionales y de artículos de promoción publicados de antemano en los periódicos del día. En casi todas partes, la hermandad de mujeres hispanoamericanas que se había establecido informalmente para promover las aspiraciones intelectuales y literarias de las mujeres le brindó una acogida muy calurosa. La lectura de América y sus mujeres nos permite apreciar la estructura de dicha hermandad, que se distingue por su carácter eminentemente pan-ibérico (Martín 2002: sp.) Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 199 Al recordar “mi paso por la tierra cantada por Ercilla y en la cual hoy viven siempre indómitos y libres los araucos” (1878, nº 89: 361-362), recurriendo al ineludible intertexto de las crónicas de Indias5, la narradora queda sorprendida por la naturaleza agreste y pintoresca, otro elemento tópico, en medio de la cual una cruz anuncia el misterio y la tragedia. En apenas unos párrafos se sintetiza el pensamiento de Emilia Serrano de Wilson sobre el continente, al que dedicaría extensos libros de ensayo o de historia: su creencia en el “progreso” y, como parte de este, su respeto a las jóvenes independencias americanas, pero también su pan-hispanoamericanismo, entendiendo por tal la unión cultural indisociable entre la península y sus ya ex colonias: “Si bien es cierto que los hijos emancipados de su madre patria siguiendo la ley de la naturaleza, del progreso y el instinto general, que tiende a usar de su libre albedrío y de su autonomía son ahora masas independientes y naciones constituidas ¿cómo olvidar que tienen sangre de nuestra sangre, costumbres vivísimo de la patria de Cervantes que hablan el rico idioma castellano y que sus abuelos duermen el sueño eterno, tal vez en tierra española?” (1878, nº 89: 363). Tradición y progreso, herencia y revolución, son binomios que se entretejen en las descripciones del continente. Por eso, el mundo de la mina, fascinante por su dureza y su misterio, pero también signo de una nueva industria forman parte del ambiente elegido. Será aquí donde se encuentre a Esteban, poseedor del relato y del secreto de “La cruz del mulato”, que se atisba al borde de un camino. La historia trágica que este revela no es más que un episodio de rivalidad amorosa y celos extremos de inspiración romántica, que lleva al rapto y al asesinato, además de al anhelo de venganza. Sin embargo, si comparamos esta versión, con la que diez años después aparecerá en La Ilustración artística de Barcelona6, rebautizada “El puñal de Antuco”, llama la atención que mientras el cuerpo del relato no ha variado, sí el marco donde se describe la mina. Si primero esta fascinaba porque recordaba al infierno de Dante, más tarde se denuncia la: “¡Triste existencia la del minero! sumido en profunda oscuridad la mayor parte del tiempo; expuesto á un derrumbe y siempre con la muerte en acecho. Esclavos del trabajo, encuentran con frecuencia en piquete ó un socavón, ignorada tumba” (Serrano 1887: 162-163). En apenas una década las reivindicaciones obreras habían ganado poder social y la literatura se había convertido en vocera de la misma. Esta sencilla transformación no resulta banal, pues revela cómo mientras el cuento se mantiene impermeable a la transformación histórica, el marco sintoniza con esta y se convierte en eco del pensamiento de la escritora y de su evolución. Dentro de este mismo grupo están aquellos textos donde la viajera se encuentra con Agar (Eva Canel) y su marido Eloy Perillán Buxó, una de las firmas asiduas del Semanario, buenos amigos y colaboradores en diferentes empresas viajeras, literarias y periodísticas: La voluntad de mi amigo Eloy, de este compañero mío que, sin saber cómo ni cuándo, me encuentro á cada paso en mi camino, y nada más natural, puesto que ambos y él con el apéndice de su Agar somos una segunda edición del Judío Errante, en nuestra peregrinación por esta tierra de promisión para unos y de fatiguillas y cólera morbo para otros. (1878, nº 32: 252) “¿Quién es ella?” constituye un juego meta-literario, la narradora se pregunta: “¿qué hacer para ese almanaque donde figuran los primeros escritores peruanos?” y, tras contar la historia de la seductora gitana Preciosilla y la venganza de su celoso marido, que calienta el banco frente a su casa para alejar a los mirones que acabarán escaldados, concluye: La mujer es un misterio, y la jitana dos; pero recuerdo que tomé la pluma para escribir un artículo para el Almanaque de la Broma (en broma), que desatino sería pedir peras al olmo, y como desde los primeros reglones he visto mi insuficiencia para hacer reír, Dejo la pluma por hoy Y pongo punto final Basta de bromas Eloy, Porque convencida estoy _____________ 5 Son numerosos los libros donde las crónicas de Indias se presentan como la lectura de juventud que lleva a Emilia Serrano de Wilson a enamorarse del continente y como un intertexto continuo que determina su mirada hacia la geografía americana, la referencia más detallada la encontramos en la introducción a América y sus mujeres (1890), pero también en la propia poesía, donde las alusiones son continúas. 6 Debemos al artículo de Charques (2008) la referencia que nos permitió encontrar esta segunda versión del relato. 200 Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 Que en broma escribo muy mal (1878, nº 32: 253) En “Episodios campestres” se encuentra de viaje con Agar y E.P Buxo, cuando conocen al acogedor matrimonio de Teresa y Osorio, una pareja que se ha visto obligada a iniciar una nueva vida en América ante el rechazo familiar. El continente se presenta como refugio y tierra promisoria (1878, nº 54 y nº 55). Entre los cuentos de ambientación histórica, ahora dedicada al pasado de los incas, está “Campillai” (1877, nº 22: 175), ejemplo de la curiosidad por el mundo indígena que siempre mostró: Gobernaba los destinos de los hijos del sol, el décimo inca Yupanqui, guerrero emprendedor activo… La civilización peruana, la civilización que hasta hoy ha dejado tan curiosos y notables restos, admiración del viajero y pensador, adelantaba rápidamente bajo el mando del Inca Yupanqui… La risueña provincia de Copayu, quedó pues en poder de los hijos del sol y el camino trazado por estos a través de las peligrosas soledades, barrera entre el Perú y Chile, conserva aún hoy su pintoresco Camino del Inca, su historia y cual si de generación en generación, quisiera protestar contra aquellos heroicos, si, pero atrevidos europeos que los llamaron incivilizados y los arrancaron de su dulce paz y a la paternal dominación de los Incas. ( 1877, nº 22: 175) El marco del viaje se sustituye por la nota histórica, si la extraordinaria civilización inca fue ninguneada por la ceguera del conquistador, también el “atrevimiento” de este dio lugar a un mundo nuevo. Después de estos primeros párrafos conoceremos la historia de Campillai y sus hermanos a los que una anciana moribunda revela el camino secreto hacia una mina de oro con la condición de que jamás usen sus riquezas para beneficiar a los blancos. La atracción que experimenta el protagonista por una joven europea desatará la tragedia. “El chifle del indio” de Juana Manuela Gorriti comparte una temática semejante. Minas o tesoros escondidos rodeados de maldiciones para quienes revelen sus secretos a los blancos serán una constante en el imaginario cuentístico de la segunda mitad del siglo XIX y tendrán en la fiebre del oro su correlato histórico, pero también en el mito del Dorado y en la obsesión de los cronistas por el metal su antecedente (véase Fleming 2010). En el contexto de un viaje o precedido de un apunte histórico, como también sucedería en los textos publicados en La Ilustración artística de Barcelona (Charques 2008) el relato de ambientación americanista escrito por Emilia Serrano, la firma más prolija del Semanario del Pacífico, no sería muy frecuente, pues en su siempre persistente búsqueda de un diálogo entre orillas se dedicaría a otros géneros, encargando a las firmas hispanoamericanas la redacción de tradiciones. Sin embargo, en las escasas muestras recogidas pueden apreciarse las constantes de su obra: el periplo como razón de escritura, la vocación historiográfica (Velasco 2017) y la preocupación por la mujer y sus condiciones de vida. 2. Del cielo a la tierra Del cielo a la tierra (1896) es por su extensión un librito extraño en el conjunto de la obra de Emilia Serrano. De tan sólo veinticinco páginas reúne tres cuentos de diferentes signo, enmarcados por el motivo del viaje y dirigidos a un lector juvenil: “Antes de comenzar nuestra historia prepárense mis jóvenes lectores a emprender conmigo un larguísimo viaje, cosa no tan difícil ahora, pues que tal facilidad nos presentan las líneas ferrocarrileras y los vapores, rápidos y seguros” (Serrano 1896: 5). Perú, Ecuador y Nicaragua serán los escenarios, evocados en la cubierta del libro y acompañados por ilustraciones. Ya hemos visto como el cuadro del desplazamiento constituye un recurso literario usual en la época para introducir el cuento o la leyenda; no obstante, no es tan común que este venga acompañada de una observación práctica: la mejora en los medios de transporte: “el vapor”. Ficción y autobiografía han acabado mezcladas, pues sin los avances tecnológicos un recorrido vital como el de Emilia Serrano de Wilson hubiera sido imposible. Pensemos que Nelly Bly dedica todo un libro a la revolución en los medios de transporte (véase Ferrús 2011) y que la propia autora escribe muy tempranamente dos guías: Manual, o sea guía de los viajeros en Francia y Bélgica: geografía, historia, monumentos, caminos de hierro, fábricas, etc. para uso de los españoles y los americanos (1860), Manual, o sea guía de los viajeros en la Inglaterra, Escocia e Irlanda : geografía, historia, y fábricas, descripciones, resumen histórico, etc., para uso de los americanos (1860), donde priman las indicaciones prácticas. Junto a ellas, las alusiones a la belleza natural, la épica de la conquista y la herencia prehispánica como valor ancestral, que ya estaban presentes en los relatos del Semanario del Pacífico: “Una de las zonas más bellas de América: la tierra peruana, descubierta por Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 201 Francisco Pizarro hace cuatro siglos y gobernada entonces por los Incas o hijos del Sol, como tal creían los sencillos habitantes” (Serrano 1896: 7) son los ejes sobre los que se asienta el programa de escritura. Todos los protagonistas estarán sometidos a pruebas del destino en las que la valía moral será garante de éxito. Si no fuera por la geografía evocada y el atrezzo, los mismos argumentos podrían suceder en cualquier lugar, pero el origen mestizo de los personajes, signo de la transculturación americana, junto al exotismo de las costumbres, los vestidos, las fiestas etc. nos transportan al continente: No dejaría de llamar la atención de mis jóvenes lectores lo abigarrado de los matices, las fajas y gorras cónicas, las lentejuelas de los sombreros en días de fiesta, las chaquetillas y los bordados. En nada semejan a los que veremos por esta parte del mundo, aun cuando recuerden en algo a los campesinos de por acá. (Serrano 1896:16) El primero de los cuentos narra la historia de Hilario y Benito, dos hermanos de muy distinto carácter en cuyas vidas aparecerá la virgen de Copacabana: “¿era ilusión o realidad? Lo cierto es que parecioles a Hilario a y a su mujer que la hermosa cabeza de la imagen se inclinaba hacia ellos, y con el corazón saturado de confianza y de júbilo infinito, volvieron a Yunguyo, no dudando de que en breve habría de sonreírles la fortuna” (Serrano 1896: 13). Mientras Hilario trabaja duro y sufre los reveses del destino; Benito se casa con una mujer rica y vive con holganza negando cualquier misericordia a su hermano, aún en momentos de enfermedad y miseria. Por ello, si las peticiones de Hilario y su esposa a la Virgen de Copacabana serán atendidas, pues la pareja, puesta a prueba, no duda en acoger a una pobre mendiga, pese a la humildad de su casa. Benito se encomienda a la divinidad sólo por envidia al cambio de suerte de su hermano y es incapaz de ejercer la caridad con quienes le piden asilo. El resultado de su egoísmo es el incendio de su vivienda, la ceguera y la miseria, que serán subsanadas por la bondad del hermano al que siempre maltrató. El segundo de los textos “Nativa y Estevanía” comienza con una alusión a América como vergel, locus amoenus, semejante al retratado por los primeros conquistadores: ¿Creerán mis lectores que en ciertos lugares de América no se ven ni árboles sin hojas, ni campos secos y agotados? Allí reina perenne primavera en la naturaleza, y la espesura de los bosques y la elevación de las montañas conservan el frescor riente de los valles y potreros, que así se llaman las extensas y siempre verdes praderas de pasto. (Serrano 1896: 22) El relato es de una gran sencillez, dos hermanas quedan huérfanas, Estevanía decide sacrificarlo todo por cuidar de su hermana pequeña, Nativa, hasta el punto de cederle al hombre al que ella ama, pues sabe que está enamorada de él y que sería sumamente infeliz si no es la elegida. Los prados y las hermosas montañas acompañan esta historia de entrega filial. De la misma manera, la visión del Puerto de Corinto y de sus grandes y hermosos vapores parece ser la verdadera protagonista de “La madrina”, texto de gran parquedad, donde una mujer enferma de tisis espera a ver bajar del vapor a la tía y madrina de su hijo para encomendarlo a ella antes de dejarse morir: La brisa fresca y suave anunciaba la proximidad del mar, y efectivamente, por la puerta abierta sobre una galería entoldada con rosas y enredaderas, se veían a lo lejos las olas azules y juguetonas acariciando los costados de un hermoso vapor fondeado en la puerta del risueño puerto de Corinto. Al lado opuesto erguíase el bosque tupido donde apenas podían penetrar los rayos de sol. Era un verdadero cuadro de costumbres americanas. (Serrano 1896: 35) Los argumentos de los cuentos son sencillos y no se encuentran muy alejados en su esencia a los publicados diez años antes, pero el marco ha variado, no sólo porque ha ganado en extensión, incluso engullendo la trama, sino porque ha perdido sus contornos y ha difuminado. La narradora se dirige al lector en numerosas ocasiones, intercalando sus conocimientos sobre el paisaje, el clima, el cultivo o la ganadería: “Las vicuñas, que abundan en las alturas de Vincocaya (Perú) parecen por su tamaño graciosas ovejitas, pero son más trepadoras y ágiles y tienen lana finísima como seda” (Serrano 1896: 15). Estevanía y Nativa también viajan y los “juveniles o pequeños lectores” son invitados a acompañarlas: “Figúrense mis juveniles o pequeños lectores si ellos se quedarían absortos en la contemplación de tantas maravillas” (Serrano 1896: 25), el primo Lucas les cuenta la historia de las tierras que visitan y las leyendas que las pueblan. No obstante, los contornos de los países visitados se confunden, como en gran parte de la obra de Emilia Serrano, dando la sensación al lector de esa unión pan-continental que tanto defendió. 202 Ferrús Antón, B. Anales de Literatura Hispanoamericana 49 2020: 195-203 Asimismo, durante el siglo XIX, vinculado al afán de formación del nuevo ciudadano nacido de las independencias, la literatura dirigida a jóvenes lectores se nutrió de relatos con moraleja para cumplir una función educativa ya presente en los orígenes ejemplares del cuento medieval. La propia autora ya había utilizado este recurso en de Almacén de señoritas: obra dedicada a las jóvenes españolas y americanas (1860) y Las perlas del corazón (1875), pero aquí este se completa con la ambientación detallada, pues los relatos de viajes enfocados a jóvenes serían un fenómeno que habría de ganar presencia con el transcurrir del siglo: “en mis viajes he visto mucho y recibido muchas lecciones de experiencia” (Serrano, ed.1874: II) Sea como fuere Del cielo a la tierra demuestra que la voz narrativa se ha transformado, presentándose como una buena conocedora del continente, de ese “cuadro de costumbres americanas”, que deja en segundo plano las historias contadas para invitarnos a conocer la cartografía literaria que traza. 3. El relato como cuadro de costumbres americanas En Una página en América (Apuntes de Guayaquil a Quito), Quito: Imprenta Nacional, 1880,”, texto escrito en fechas cercanas a la de algunos de los relatos aquí reseñados, Emilia Serrano nos habla de su “cartera de viajera”: “En mi cartera de viajera, compañera inseparable del poeta y del viajero, consignaba mis impresiones y tomaba con el lápiz incorrectos apuntes para más tarde, darles forma, entregarlos al dominio” (Serrano 1880: 4). Muchos de sus cuentos, como varios de sus poemas, de sus ensayos o novelas parecen salidos de la misma, de sus impresiones y apuntes. Ángeles Ezama (2011) analiza las numerosas posibilidades formales que el relato de viajes adquiere en la obra de Gómez de Avellaneda, cuya biografía explica la necesidad de su constante presencia literaria. El mismo fenómeno lo podemos observar en el caso de la baronesa de Wilson, quien traza un mapa literario, que es el del continente americano, progresiva y permanente razón de su escritura. Hispanoamérica cautiva a la viajera y a la escritora y gana en presencia temática en sus relatos a medida que se recorre. El marco cobra fuerza y se torna cada vez más detallado y complejo, como si el argumento sólo fuera ya el pretexto para describir las tierras visitadas, para trazar “un cuadro de costumbres americanas”. Maravillas americanas (1910) representaría la culminación de esta fórmula, pues impresiones personales quedan entrelazadas con apuntes históricos, cuentos y leyendas. Aunque los ejemplos aquí reseñados sean sólo una pequeña muestra de un ingente corpus, entendemos que nos permiten trazar algunas líneas que se desarrollan en la parábola temporal que abarcan, más todavía si los situamos en el tapiz del conjunto de su obra, que bien puede resumirse en una cita: “He vivido meses y años, siguiendo con febril entusiasmo las veredas, que sin duda recorrieron los primitivos pobladores del vastísimo territorio americano, intentando descorrer el denso velo de las remotas edades y reanudar las mágicas leyendas, las tradiciones de aquella superficie inmensa, tan imperfectamente conocida y que ofrece ancho campo a investigaciones siempre nuevas, siempre interesantes” (Serrano 1910: 7). Referencias bibliográficas Baquero Goyanes, Mariano (1992). El cuento español. Del Romanticismo al Realismo. Madrid: CSIC. 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