iscurso Copyright © 2021 & sociedad ISSN 1887-4606 Vol. 15(3) 622-646 www.dissoc.org _____________________________________________________________ Artículo _____________________________________________________________ Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes Toward a feminist discursive ethnography with migrant families Montserrat Rifà Valls, Marta Bertran Tarrés, Íngrid Agud, Morell, Sílvia Carrasco Pons Joanna Empain, Roser Girós Calpe, Sara López Ruiz, Berta Llos Casadellà, Angelina Sánchez Martí Proyecto Trans-Emigra. Universitat Autònoma de Barcelona Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 623 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Resumen En este artículo reflexionamos en torno a las epistemologías y metodologías feministas en el contexto del proyecto Trans-Emigra, mediante una conversación coral que hemos llevado a cabo las investigadoras. El artículo se estructura a partir de la tematización que emerge de este intercambio, para abordar los retos en la realización de una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. Focalizaremos en el análisis de las experiencias de desigualdad de los sujetos (niñas y adultos) y la corporeización de los saberes etnográficos en los espacios de dentro y fuera del hogar. Las cuestiones que se han revelado clave en esta etnografía han sido la atención y el cuidado a prácticas de investigación centradas en la relacionalidad, la reflexividad, la vulnerabilidad y la ética feministas. Estas dimensiones han repercutido en el diseño y desarrollo metodológico de Trans-Emigra, en permanente deconstrucción, con la finalidad de generar espacios y oportunidades para la formación de agencia de investigadoras y participantes, de forma dialógica. Esta etnografía ha empleado métodos visuales-artísticos y de corte biográfico-narrativo, alrededor de los cuales también hemos reflexionado colectivamente. Palabras clave: Migraciones, Etnografía, Feminismos, Identidad, Infancia. Abstract In this article we reflect on feminist epistemologies and methodologies in the context of the Trans-Emigra project, through a choral conversation carried out by the researchers. The article is structured based on the thematization emerging from this exchange, to face the challenges of practising a feminist discursive ethnography with migrant families. We will focus on the analysis of the experiences of inequality of the subjects (children and adults) and the corporeization of the ethnographical knowledge in the spaces inside/outside home. The ethnography has revealed as crucial questions, the attentive and careful practices of research, such as feminist relationaliy, reflexivity, vulnerability and ethics. Those dimensions have an impact on the methodological design and implementation of Trans-Emigra, which has been in a permanent deconstruction, with the aim of generating spaces and opportunities for the agency formation by the researchers and participants, in a dialogical model. This ethnography has employed visual-artistic and biographic-narrative methods, around which we have also collectively reflected. Keywords: Migrations, Ethnography, Feminisms, Identity, Childhood. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 624 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Introducción. Etnografiar las experiencias de desigualdad A través de la experiencia investigadora compartida en el proyecto de Trans- Emigra,i que tiene como objeto de estudio la construcción de las identidades de niñas y la parentalidad de familias migradas, nos preguntamos, qué hace feminista una investigación etnográfica. Con el foco principal en las identidades culturales y sociales de las niñas, la investigación ha analizado: modelos y espacios transnacionales de educación; deseos, autorepresentaciones y agenciamiento de las niñas; y las formas de relación y cuidado en el ejercicio de la parentalidad. Desde una mirada feminista decolonial, Trans-Emigra aspiraba a generar conocimientos para afrontar los retos sociales de la migración mediante el desarrollo de una etnografía visual colaborativa. Una primera respuesta a la pregunta anterior, que hilvana todas las decisiones metodológicas tomadas, es que hemos vivido la investigación como “una forma de estar” en la universidad, en la academia, que tiene implicaciones políticas, planteadas desde la colaboración y el diálogo tras interrogarnos sobre jerarquías y relaciones de poder en el encuentro con la otredad –como Gregorio (2019) apunta. Por un lado, la colaboración y el diálogo se han establecido entre las participantes en el equipo de investigación, con un bagaje disciplinar diverso. Todas ellas están adscritas al grupo Emigra del CER-Migraciones y se acercan a los retos del conocimiento científico-social desde disciplinas tales como artes visuales, antropología, pedagogía, entre otras. También estamos situadas en lugares diferentes, en cuanto a nuestra experiencia investigadora y estabilidad laboral. Por ello, el objetivo de evitar las relaciones desiguales en la investigación es considerado inicialmente en el vínculo entre las personas del equipo: la subjetividad, configurada a través de dispositivos de poder y la agencia como capacidad de acción para contestar subordinaciones, crea y posibilita otras formas de ser (Butler, 2001). Sesiones de autoreflexividad compartida han ayudado a poner de manifiesto estas situaciones. Pero a la vez, cada una de nosotras, desde estas diferencias y desigualdades aborda también de forma singular la relación con las niñas y las familias en la investigación, y por lo tanto afecta y es afectada por la investigación de forma diferente (Gregorio, 2019). Desde el inicio, decidimos aproximarnos a investigaciones realizadas con propósitos parecidos e indagar de qué forma se trataba la cuestión de la participación y representación de todos los sujetos implicados. En esta fase algunas cuestiones aprendidas han sido las que siguen. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 625 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ En primer lugar, romper con el euro-hetero-adultocentrismo intentando acercarnos a posiciones del feminismo postcolonial, sin querer usurpar posiciones que no debemos. La etnografía, como método del yo que estudia a otro, necesita perturbar estos límites entre diferentes personas, así como las relaciones de poder que se establecen entre ellas (Abu-Lughod, 1988), y superar la inconmensurabilidad de simbólicos y significados que se inscriben en las experiencias de otras personas. La diversidad de posiciones en el equipo posibilita en la investigación que, siguiendo a Ortner (2001), podamos ser conscientes sobre cómo las personas actúan en el mundo a través de su agencia, incluso cuando se actúa sobre ellas. Así, Fatiha, investigadora y mediadora cultural, agencia el enlace con las personas musulmanas de diversos orígenes. Aunque no pudo participar en esta conversación al estar finalizando la tesis doctoral, Fatiha tuvo un rol activo en Trans-Emigra: nos mostró su cuidado con la investigación al facilitarla y explicarla, y también generó espacios de confianza con los sujetos que participaron. En segundo lugar, debemos contribuir a la visibilización, no a la invisibilización. Ello apunta a la necesidad de ser conscientes de qué ideologías construyen nuestros propios procesos (qué ideología de maternidad, de académica, de ser persona, etc.), para que su inevitable incidencia en nuestras elecciones pueda ser identificada y analizada. Como Tyldum (2015) previene, reflexionamos y debatimos en torno a cómo minimizar la representación que usurpe la voz de los sujetos, y evitar proyectar los modelos propios y las interpretaciones que conllevan. En el caso de las niñas, y por los riesgos del adultocentrismo, nos hizo valorar la necesidad de utilizar metodologías audiovisuales y basadas en las artes. Para el diseño de esta etnografía visual colaborativa, nos inspiramos en el trabajo de Vally Lytra, Rossella Ragazza y Sally Campbell Galman, que compartieron con nosotras durante el IV Congreso Internacional de Etnografía y Educación y el seminario previo (UAB, 2017). En tercer lugar, es necesario romper con las narrativas maestras a partir de construir narrativas menores, desde la heterogeneidad narrativa, haciendo emerger la singularidad. Intentar, como presenta Spivak (2009), explorar la subalternidad desde la subalternidad. Por ello, también empleamos métodos biográfico-narrativos que permiten no solo mostrar las construcciones y tránsitos de las niñas y sus familias, sino también mostrar los tránsitos de las investigadoras como forma de “llegar a ser otra”, de devenir algo diferente. Y, por último, consideramos que, la investigación narrativa nos ha proporcionado espacios y tiempos para la construcción de agencia de niñas e investigadoras, que están en permanente transformación. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 626 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Este aprendizaje condujo a nuevas preguntas para ser cuidadosas en la investigación, con las personas que participan, con las niñas, sus familias y comunidades y también con nosotras mismas, que se concretaron en dos propósitos: intentar actuar de forma no etnocéntrica o adultocéntrica o jerárquica en la relación con personas adultas o niñas, con quienes colaboramos investigando; y situar el hogar y las familias migradas en el centro, un paisaje olvidado, a menudo obviado por la dificultades metodológicas y éticas que conlleva, especialmente en nuestro contexto y cuando se trata en relación con el aprendizaje. Sin duda, el mayor reto se encontraba en la participación de las niñas. Aquí, tomamos algunas decisiones en relación con los objetivos de la investigación, la metodología y la forma de llevarla a cabo con la intención de mostrar cómo viven desde su singularidad, a través de sus autorepresentaciones. A lo largo del proyecto Trans-Emigra, se elaboró una metodología cualitativa mixta, que combinaba múltiples técnicas, intentando que fuera nuestra guía para llevar a cabo todo lo que podíamos, desde un principio de flexibilidad. Apostamos por una etnografía discursiva como punto de partida, colaborativa, con el uso de métodos visuales y ABER (arts-based educational research) especialmente en el trabajo con niñas, pero también con las personas adultas, que incluía un amplio repertorio de técnicas e instrumentos: observación participante, entrevista etnográfíca, scrapbooks como álbumes de recortes que contienen dibujos y fotografías, álbumes familiares, autofilmaciones. Disponer de un repertorio de técnicas facilitó adaptar la metodología, para ser sensibles a las singularidades y necesidades de las participantes. Esta aproximación en mosaico nos ha permitido mostrar la experiencia de las niñas desde el tratamiento del cuidado y feminización del hogar, las construcciones de relaciones intrafamiliares, los cambios en la identidad cultural y de género de madres y niñas –migradas y de segunda generación– así como el género performativo en una situación de movilidad. Sin duda, metodológicamente ha sido complejo, y en las siguientes páginas queremos presentar qué resoluciones han permitido esta complejidad, y qué retos y nuevas preguntas han generado. A pesar de que se explicarán con más detalle en adelante, hubo cuatro cuestiones que nos generaron muchas contradicciones desde el principio: ¿cómo conseguir una investigación colaborativa más allá de la participación con las niñas, preguntándonos si sus autofilmaciones y producciones artísticas eran suficientes? ¿cómo hacerlo con las familias? ¿hasta dónde encajar el activismo político de algunas de nosotras y de las familias? ¿cómo realizar el retorno y la devolución, puesto que en cada familia había dos etnógrafas implicadas? Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 627 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Discursos que cambian (con) el sentido del hogar La participación en Trans-Emigra empujó a preguntarnos hasta qué punto “el orden del hogar” es independiente de la simbología que entrelaza el interior con el exterior de la casa. Las reflexiones en torno a este tema surgieron durante la conversación colectiva, al compartir cómo nuestra presencia podía haber alterado las relaciones y dinámicas familiares. Asimismo, y desde la ecología relacional (Bonfenbrenner, 1979), experimentamos hasta qué punto no existe también un fuera/dentro en cada hogar que ha limitado la circulación de la etnógrafa (extraña en un principio) a medida que se construía el vínculo con la familia. De este modo, nos dimos cuenta que durante el trabajo de campo, las investigadoras habíamos ocupado espacios emplazados por categorías de género y edad, en base a la jerarquía familiar. Aunque estas posiciones pudieran generar dilemas entre el rol asignado y el exigido por la investigación, nos han permitido aprender algunos límites y valores que estructuran el orden interno en cada casa. Así, desde nuestra posicionalidad como universitarias, hemos buscado encajar en un hogar extraño. Dibujando un campo intermedio que nos permitiera navegar, en el sentido “profano” –es decir no académico– de penetrar en él, de llamar a la puerta, o de abrir esa puerta. Pero mientras parece que el género y la edad han cimentado las relaciones de manera instantánea, los ejes de clase, etnicidad, religión, han funcionado de forma más oblicua, gestionando las fronteras en la rareza de encontrarse en la supuesta homogeneidad de lo doméstico. La etnógrafa como investigadora pasa por un estado liminal, de la posición de invitada a otra donde su rol de investigadora se fusiona con roles más inteligibles o útiles, como el de vecina, amiga o maestra. Angelina y Sara, por ejemplo, han interaccionado con las niñas en base al acompañamiento escolar. Montse y Sílvia, observan como en su relación con la madre, se reproduce el patrón familia-escuela a pequeña escala, poniendo toda la atención en elaborar un buen scrapbook o hacer los deberes. La involucración progresiva en tareas de cuidado, hacer de babysitter, acompañar a las niñas a las extraescolares, tal como apunta Íngrid, ha sido el motor para transformar las relaciones, y por ende el tipo de informaciones que ha podido recoger. La investigadora se ha ido transformando, o “dejándose transformar”, descentrada hasta pasar desapercibida en el juego entre hermanas, ser el público de un teatro improvisado, naturalizando su presencia en el hogar Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 628 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ –o como dice Joanna “ya era parte de ese día, como parte de los muebles,” para estudiar desde allí las agencias. La dimensión colaborativa, en la producción del conocimiento, también se ha trasladado a la creación e interpretación de las imágenes, tal como analizaremos en el último apartado sobre metodologías. Los álbumes familiares han abierto la puerta a que la producción de imágenes provenga de los dispositivos de los sujetos (más allá de las prácticas de cámara itinerante), enmarcando las imágenes o vídeos en su propio relato. Y en el extremo, cuando el control del encuadre se desplaza a los sujetos, la imagen de la investigadora está siendo reapropiada para otros fines. Esto ocurre en varios formatos, desde la anecdótica selfie, a un uso más politizado y activista de la imagen, cuando aparece en la prensa del país de origen promocionado el movimiento asociativo del que participa la familia, como se aprecia en la figura 1. Fig. 1. El álbum de familia y la comprensión de la militancia transnacional desde el hogar. Fuente: Trans-Emigra. Y en este proceso de generación de vínculo, ha sido importante entender que el permiso para entrar en el hogar no lo otorga una sola persona, ni siquiera para una sola ocasión. Hemos visto, que el permiso se pregunta miembro a miembro, con quien las reciprocidades se juegan a diferente escala, para pasar de tolerar la presencia de la etnógrafa, a participar genuinamente en la interacción. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 629 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ En presencia del padre, el sentido etnográfico del hogar se focaliza en un plano más comunitario, se habla de la colonización, el mundo asociativo, etc. Con las madres, se ha podido dialogar en torno a las tareas de cuidado. Esto, ha posibilitado de algún modo dar valor al mundo relacional del hogar y entender estos espacios también como generadores de sentido. Con un significado propio que no es el de ser la retaguarda del honor del cabeza de familia, o del bienestar del hombre ante el mundo impersonal y de explotación del exterior (en la sociología de la modernidad). Estos espacios son también políticos para la etnografía feminista, permiten comprender las condiciones de producción de la ciudadanía racializada (Erel y Reynolds, 2018) y emergen en los retos de la crianza en un contexto multicultural. La proximidad en el diálogo donde ambas mujeres pueden identificarse ha permitido comprender este mundo: Con la madre se ha tejido una complicidad que nos equipara en la base, por encima de cualquier otra capa que nos vista en la relación y motive el encuentro. Y es la responsabilidad hacia la crianza y una experiencia común de migración. En su caso como mujer reagrupada, en el mío como mujer reagrupante. Varias conversaciones: el marco comparativo de aquí y allí (de la familia extensa a la nuclear), la poligamia (en mi caso diferida, en el suyo siempre temida), negociar el dinero y las normas de esposa, sus ámbitos de individualidad. (Roser, diario de campo) Y con respecto a la agencia infantil, la complicidad se traza en su aspecto de cultural broker (Bauer, 2016), de niños y niñas quizás más competentes en catalán, y en otros referentes biculturales que no comparten con la primera generación, pero sí con la etnógrafa. La interlocución con la investigadora entonces puede dar salida a un tipo de subjetividad que no se desarrolla necesariamente en el marco del hogar o solamente con los progenitores, tal como veremos más adelante. Hemos tenido el privilegio de pasar de un momento en que se protege la intimidad a otro en que se comparte. Y en ello, inducir temas que emergen cuando callas y escuchas las voces sin discurso. Cuando participas de los momentos sin orden (el salto sobre el sofá, el caos sonoro del hogar acicalado, una habitación de alquiler...). Informaciones que no surgirían en otros espacios de no ser por esa intimidad en la relación, y que quizás contribuyan a que aprendamos el proceder para dejar de “usurpar las voces” (Tyldum, 2015). Trans-Emigra ha posibilitado dar cabida no solo a las voces, sino también a los fines que puedan motivar el interés de participar en una investigación. Esto ha requerido revisar los sesgos y aceptarse (indirectamente) como sujeto político a partir del compromiso de colaboración con las familias. Lo observó Marta cuando en el hogar del maestro de mandinga, la pareja aceptó participar Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 630 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ en Trans-Emigra como una forma más de activismo y se percata que “son militantes, militantes postcoloniales”. Han instrumentalizado su intimidad para aumentar la visibilidad del movimiento en la diáspora. Y nosotras hemos ido explorando esta idea y ocupando un lugar también en ella, que analizamos desde la reciprocidad en la investigación: El padre no nos ha invitado a su casa para comer halal. Nos lo está diciendo cuando nos intenta reclutar como estudiantes para la escuela de mandinga. Y cuando ve que esto no es posible, me pide consejo sobre qué decir al alcalde. Queríamos estudiar la agencia de las niñas musulmanas, y ahora formamos parte de un proyecto político en mi ciudad. Si en el sofá somos madres transparentes, en la escuela de mandinga, nuestro color, que desentona del resto, gana todo el significado y aparece fotografiado en una gaceta en Guinea Conakri. (Roser, diario de campo) Corporeidad y corporeización de los saberes etnográficos Nuestros cuerpos han mediado en los saberes que emergen de los procesos etnográficos: conversamos, cocinamos, nos desplazamos, registramos y participamos con todos nuestros sentidos. En el hogar y en el espacio público, la corporeidad ha sido constitutiva de los encuentros con las niñas que trenzan el pelo de Marta y Roser; y dan la mano a Sara o corren con Íngrid para cruzar la calle. Compartimos cómo los cuerpos generizados y racializados de las madres nos han interpelado, ya sea directamente o por elisión cuando “la familia evita decir la palabra 'blanco' en nuestra presencia”, al reconocer cómo somos nombradas y pasamos a ser construidas por la familia. Una de las formas que adopta la conversación en la investigación, explica Íngrid, es que “está inscrita en nuestras vidas (embededdness in our lives): está incorporada en nuestra relación, en las conversaciones de apoyo mutuo,” al intentar buscar experiencias comunes, como lo que representa ser madre, u otras experiencias donde hay una historia que nos vincula afectivamente. Como sostiene Berta, la investigación nos ha conducido al “cuestionamiento de la blanquitud, del capacitismo incluso,” la reciprocidad en las comprensiones en torno a la “otra” reposiciona los cuerpos y los saberes, al asumir que “ella está en su casa y tiene unos objetivos y que yo no los conozco, (...) que toma unas decisiones y ella en su casa hace lo que quiere, y observarlo es una forma de aprender.” En esta misma dirección, Roser sigue reflexionando sobre la corporeización del saber en la etnografía feminista, al sentirse interpelada por Sílvia: Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 631 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Yo sí considero que en algún punto es feminista primero es porqué nos hemos vinculado más allá del sentido de la etnografía. Vinculado como mujer. En el sofá (con la madre) soy transparente, y en cambio cuando hablo con el padre, soy blanca; existe una relación política. Con la madre somos diferentes. Por otro lado, reconozco mis sesgos. Entré en la casa, mirando cosas sobre el islam, lo musulmán, etc. y después he aprendido que esas categorías no eran importantes para ellos. Y esto lo he tenido que ir cambiando, y lo he ido aprendido con la madre. Y después esta sensibilidad de darme cuenta junto con ella de la importancia de esta socialización en la casa, a través de las tareas de cuidado, y aprender estas tareas de cuidado que yo no conocía, bueno no sé... (Roser, transcrito de la conversación colectiva, 16:45) Hallamos sinergias con las “etnografías de los contactos” centradas en los bordados, de Pérez-Bustos, Tobar-Roa y Márquez-Gutiérrez (2016). En primer lugar, en el acto de “tocar” como modo de relación que es generadora de saberes transculturales intrínsecos al cuerpo: con el aprendizaje del trenzado, el cuidado del cuerpo, el vestido, la costura, el embarazo y el parto, el masaje infantil, la escritura, la lectura, la cocina y la investigación, entre otras prácticas. En segundo lugar, las sensaciones y emociones surgidas de estos encuentros se manifiestan con identificaciones, expectativas, proyecciones, rechazos o resistencias. Para Pérez-Bustos, Tobar-Roa y Márquez-Gutiérrez (2016), la complicidad que expresan en lavar platos como una forma de cuidado en el espacio doméstico contrasta con la idea de “contener el cuerpo” al tener que lavar los platos de los hombres de las bordadoras. En ocasiones, como investigadoras también hemos encarnado esta paradoja, al confrontarnos con la feminización de algunas tareas y el rol de las mujeres como subalternas. En Trans-Emigra, la gestión de algunas madres de familias numerosas generó ansiedad, calma, apoyo, admiración, disensión, contradicción... porqué nos sentimos acogidas en su hogar acostumbradas a estar pendientes de todo y colaboramos deseando subvertir el orden patriarcal en el espacio familiar- doméstico. Aprendimos con la etnografía que “es en el contacto con estas mujeres –a través de esa práctica cotidiana y banal– que se construye nuestra reflexión y posicionamiento feminista, que posibilita otras relacionalidades y construye solidaridades” (Pérez-Bustos, Tobar-Roa y Márquez-Gutiérrez, 2016: 53). Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 632 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Fig. 2. Objetos, cuerpos y espacios en las “etnografías de los contactos.” Fuente: Trans-Emigra. En la tarea de descolonizar los cuidados y la educación, interpretar la transculturalización como “fenómeno de las zonas de contacto” (Pratt, 1992) implica prestar atención a cómo los márgenes de las ciudades “introducen ambigüedad en sus centros, pero también cómo las afueras de estas ciudades tienen sus propios grupos e identidades marginales que construyen lo periférico y lo reinventan, en un proceso de ‘presencias simultáneas’ e interacción cultural permanente (Pratt, 1992)” (Rifà, 2018: 34). En Trans-Emigra, hemos desarrollado trabajo de campo en la periferia de las ciudades, donde hay mayor presencia de población inmigrante; esto nos ha permitido observar otras prácticas de cuidado y educación que, con frecuencia, permanecen invisibilizadas. En ocasiones, ésta ha sido una etnografía de “maternidades e infancias en (zonas de) contacto,” que ha deconstruido estereotipos sobre las familias marroquíes, pakistaníes o guineanas, para narrar maternidades encarnadas, escenas de la infancia a través de los objetos y afectos, y la configuración de un “cuerpo colectivo.” En las observaciones realizadas en el salón-comedor con cocina office en una vivienda nueva de protección oficial, Montse recoge en su diario visual múltiples prácticas cotidianas en el hogar: La madre... en realidad, a mí me veían como una madre, por tanto, iba a buscar a los niños como una madre más, aunque sí las niñas hicieron el scrapbook para mí, pero entre madre y universitaria mi rol estaba muy claramente localizado (...). Yo a la madre la veía como a alguien que preparaba constantemente comidas, a cargo del Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 633 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ cuidado y la crianza de los niños, los viajes de ida y vuelta a la escuela, iba a comprar, los llevaba al dentista, al médico, aprendía a coser, cosía, y las tardes se articulaban a partir de esta distribución. Pero en el momento en que entró la acción de rezar en el espacio del salón-comedor, hubo una transformación y me costó mucho decidir qué editar de la situación que había filmado porqué el comedor se había transformado en un lugar de plegaria donde las niñas performaban un rol como creyentes. Y una vez finalizadas las oraciones, se dieron situaciones de juego... (Montse, 26:10) Al principio, en este mismo espacio, la etnógrafa acompañaba a madre e hijas en la tarea de hacer los deberes como parte de algo impuesto por la propia investigación –el juego solo estaba permitido al niño menor de tres años. En torno a la mesa, se sucedieron meriendas y cenas lo que constituía una etnografía multisensorial de la comensalidad como forma de conocimiento (Pink, 2015). Y frente al televisor, observaba los modos de consumo y entretenimiento de los cuerpos bailando y cantando, como formadores de identidades culturales y de género en la infancia. Pero este espacio no es rígido ni estático, sino que se modifica con cada acción, con cada cuerpo, por ejemplo, cuando se convirtió en taller de costura para que la etnógrafa pudiera aprender a coser el papel y las tapas del scrapbook (Figura 2). Posteriormente, como sugiere Marta, y al hilo de lo planteado por Roser al inicio de esta sección, surgieron las dudas en relación con lo sagrado y la reinterpretación del Ṣalāt (Mahmood, 2005) como circunstancial en el espacio doméstico, e incluso consideraciones éticas sobre los límites del cuerpo en la narración y la construcción de lo sagrado. Así, en nuestros relatos, ha adquirido importancia la interacción entre cuerpos y espacios, para comprender la intimidad que se construye a través de las prácticas religiosas en el ámbito familiar como otra forma de cuidado. Pero, además, la relajación y la movilidad de los cuerpos en la sala también dieron paso al juego colectivo, a la interacción entre madre e hijas, al “contacto” corporal en el grupo, que había pasado desapercibido para la etnógrafa hasta entonces. Una etnografía feminista de/en el umbral El umbral es el espacio difuso entre el dentro y el fuera. A lo largo de nuestro trabajo de campo, reflexionamos sobre el umbral en nuestra investigación, a partir de diferentes frentes. El primero es que este espacio fronterizo entre el adentro y el afuera, el espacio oculto de la investigación o lo que podemos denominar también el fuera de campo ha tomado forma mediante las dudas que surgen de la reflexividad y en las incoherencias y dislocaciones que encarnamos Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 634 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ como investigadoras. Por ello, conversamos con Montse sobre los diarios de campo como espacios de reflexión donde emerge una “escritura reflexiva que muestra las diferentes capas del yo, interrogando permanentemente las relaciones de poder, donde se cuestionan también las relaciones de género.” De acuerdo con White, entonces “la reflexividad se convierte en un proceso de mirar hacia adentro y hacia afuera, hacia los artefactos sociales y culturales y las formas de pensamiento que saturan nuestras prácticas” (2001: 102). Así, después de conversar, coincidimos en que los diarios de campo son el espacio de reflexión donde se cuestiona el dentro y el fuera del campo. Y es a través de la reflexividad, que este espacio difuso que es el umbral deviene no únicamente un lugar físico donde preguntarnos ¿qué está pasando fuera de esta habitación?, sino también un espacio ético y simbólico para indagar ¿cómo operan las relaciones de poder entre investigadoras y sujetos? ¿cómo sentimos que a veces violentamos sus intimidades? o ¿cómo negociar la confidencialidad de la investigación cuando emergen ciertos temas íntimos/personales? A continuación, la entrada en el campo –incluyendo la preparación, negociación, presentación e identificación de temas y situaciones en el lugar de la investigación– nos hizo reflexionar sobre nuestro rol como insiders/outsiders (Suleiman y Lewando-Hundt, 2008), no sólo por el hecho de entrar en un espacio íntimo como es el hogar, sino porqué, aunque las familias conocían de antemano la naturaleza de la investigación, nuestro rol no estaba todavía definido y nuestros vínculos con las familias tampoco. Ahmed (2015) dice que es a través de las emociones que se establecen las relaciones con los participantes, construyendo superficies y límites a partir de los cuales se construyen intimidades y amistades. Así pues, las emociones son importantes para la delimitación de ese espacio y de las relaciones que conforman la investigación. Ha habido diferentes elementos que han ido construyendo esas superficies y esos límites en la investigación. Tal como explica Berta: Romper con el espacio de la casa y el tránsito de la escuela a casa le hace sentir a la niña más empoderada, más segura a la hora de explicarle cosas y surgían muchos más temas que en su habitación. A partir de ese momento también pueden hacer muchas otras cosas y entrar en otros espacios que estaban reservados hasta entonces y en este sentido, el vínculo avanza. Cuando vuelven a casa ya no van a la habitación, sino que van a la sala del comedor. Cuando estaban en la habitación tenían la sensación de que se estaban perdiendo lo que pasaba fuera y que solo podían construir realidad con la niña en la habitación. Más adelante, el vínculo hace que los límites del campo se extiendan y consiguen ver lo que hay al otro lado de la puerta, que es la sala del comedor. (Berta, 1:05:00) Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 635 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Estando en el campo seguimos reflexionando, ahora sobre la cámara como dispositivo que nos permite estar dentro y fuera. Roser confiesa que “a ella le ha costado, por el tema de la intimidad. Es algo que le genera mucha violencia, ya que la cámara hace visibles aspectos íntimos”. Nos preocupa el hecho de que la cámara sea un elemento que acentúe las relaciones de poder entre investigadora y sujetos, pero en ocasiones, y al construir el vínculo a lo largo de la investigación, la cámara ha sido un elemento que ha multiplicado las posicionalidades, como se aprecia en la Figura 3. Sara explica cómo al principio siente que invade un espacio al grabar ella con la cámara, pero también cómo con el tiempo “el hecho de que las niñas y la madre la utilizaran hizo romper la direccionalidad entre ella como investigadora y las familias como sujetos”. Continúa destacando que “en el caminar aparecían temas que eran más íntimos y que es también un tránsito que hace la cámara, que ya no importa que esté allí y que incluso hace que emerjan temas más espontáneos, más personales”. En este caso, transitamos de una relación violenta donde la cámara teme capturar lo íntimo, como si nosotras siempre observáramos desde un afuera, hacia una relación donde capturar lo íntimo nos implica, nos compromete y nos transforma a nosotras mismas como etnógrafas dentro del campo, también como mujeres. Fig. 3. Cuando la cámara multiplica nuestras posicionalidades en el umbral. Fuente: Trans-Emigra. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 636 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Finalmente, nos preguntamos cómo será el momento de marcharse del campo. El vínculo ha ido más allá de la relación etnográfica y hemos construido intimidades como mujeres, madres, amigas. Durante la etnografía con las familias, Sara confiesa que ha construido un vínculo intenso en el que comenzaron a tratarla como una amiga. Íngrid y Joanna también explican cómo les llegaron invitaciones a eventos y celebraciones familiares. Esta tesitura conecta con la siguiente sección, donde abordaremos lo que ha significado “sentirse vulnerable en la investigación porque a pesar del goce de ésta nos sentíamos perdidas, en muchos sentidos”. Joanna e Íngrid tenían ganas de ir al bautizo al que les había invitado la familia, pero se sentían perdidas sobre cuál era su rol en ese evento. Las etnógrafas creían que iban a contaminar ese espacio con su presencia, aunque finalmente relatan cómo encontraron su lugar: “Fue como una puerta mágica de entrada a Marruecos, como si de repente estuviéramos en un espacio transnacional”. De esta manera, la construcción de vínculos va abriéndonos puertas desde las que vamos viendo lugares que no imaginábamos, pero a la vez aparecen otros espacios o dimensiones éticas que a partir de la reflexividad tratamos de responder. En este sentido, Hall comenta que “hacer etnografía con familias puede presentar desafíos particulares para mantener la confidencialidad, debido a las relaciones íntimas dentro y entre las familias, sus miembros y el investigador” (2014: 2191). Con estas reflexiones, queremos dejar la puerta abierta al diálogo sobre la dimensión ética al llevar a cabo una etnografía familiar en relación con lo íntimo y la confidencialidad, como también, como dice Hall (2014), para pensar sobre cómo las relaciones se transforman al dejar el campo. Vulnerabilidades y ética feminista ¿Qué relación estamos generando con las niñas? ¿quiénes somos para ellas? ¿y para las madres? ¿entienden por qué y para qué estamos aquí? Nosotras a veces tampoco lo entendemos. ¿Qué deben pensar de nosotras? ¿qué pensamos nosotras de nosotras? Así comienza nuestra etnografía de las preguntas. Berta empieza así su relato etnográfico: “me sentía con cierta incomodidad con todo, y pensaba: no sé qué puedo aportar aquí”. Son reflexiones que cuestionan sobre todo dónde nos ubicamos en esta experiencia, cómo mujeres, cómo investigadoras, y qué papel tenemos en la relación con las familias que nos han abierto las puertas de sus espacios más íntimos. La Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 637 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ cuestión clave es “la relacionalidad”. Una relación que nos hace sentir vulnerables, perdidas y que a la vez nos coloca en un estado de apertura a “lo otro”. Este estado relacional nos hace ser conscientes de nuestra propia fragilidad e interdependencia hacia “la/el/lo otra/o” (Butler, 2016). Como investigadoras nos volvemos testigos de lo que pasa en ese espacio, o más bien “observadoras vulnerables” –como dice Ruth Behar (1996). Esta vulnerabilidad de la que habla Ruth Behar tiene que ver con el constante esfuerzo de generar consciencia sobre cómo miramos el mundo, con qué “mochila” y con qué gafas observamos, y sobre todo cómo nos relacionamos con los cuerpos, los espacios y los tiempos de ese “otro” que pretendemos “estudiar”. El deseo y la necesidad de intentar romper con esta dinámica entre objeto (estudiado) – sujeto (que estudia) y diluir la distancia, nos ha confrontado a nosotras mismas con quiénes somos y deseamos ser como investigadoras, mujeres, madres, y nos ha llevado no solo a observar, sino a crear vínculos desde otro lugar, desde estos lugares comunes que tenemos todas en nuestra experiencia vivida, en los cuidados que suceden en los diferentes espacios de la casa y también en el afuera del hogar, en los espacios de tránsito entre la escuela y la casa, de camino a las actividades extra-escolares, etc. Desde nuestra vulnerabilidad, desde el miedo o la prudencia en la creación de la relación con la comunidad de investigación, como lo llamaría Alison Gerlach (2018), ha crecido una necesidad de cuidarnos mutuamente, de acercarnos, entendernos y sobre todo de descubrirnos, como narra Roser: “en este sofá di respuesta a estos espacios de encuentro con la madre... que siempre notaba que buscaba un espacio liberado de las tareas de crianza directa, un espacio para conocernos ella y yo.” Por otro lado, Joanna intuye que “los momentos en que nos perdíamos durante la investigación, era para descubrir mundos nuevos” (Figura 4). Después de esa sensación de estar perdidas, a menudo se abría la puerta a lo nuevo, a la descubierta, lo que nos producía una enorme emoción de gozo, es decir, era posible calmar la parte negativa de la vulnerabilidad y gozarla. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 638 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Fig. 4. “Momentos en que nos perdíamos... para descubrir mundos nuevos.” Fuente: Trans-Emigra. Como hemos dicho anteriormente, teníamos temor a contaminar los espacios donde se nos daba el privilegio de acceso, a no conseguir entrar en diálogo con los privilegios, a no ser capaces de avistar el adultocentrismo o el paternalismo que puede ponerse en juego en la relación con las niñas… pero este temor quedaba en un plano mental que encontraba alivio en cuanto se desplegaba la relación entre nosotras. La reflexión nos hace ver que lo que nos producía alivio era la forma en la que todas leíamos la alteridad, como una exploración que analiza al significador y no al significado (Britzman, 1995), un análisis dónde el significado se rompe para el lector/observador. Ha resultado necesaria en nuestra forma de hacer etnografía incluir la preocupación ética de cómo leemos los fenómenos y las experiencias en las que estamos inmersas en el campo, preocuparnos éticamente de la propia lectura y explorar lo que una no se permite re-conocer, transcendiendo el orden conceptual dominante (Britzman, 1995). Una conclusión a la que apunta nuestra reflexión es que otra clave para “aliviarnos” ha sido la relación dialógica con las diferencias entre nosotras, entre investigadoras y entre las distintas mujeres que hemos conformado la Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 639 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ pequeña pero poderosa comunidad de investigación, el alivio de compartir espacio, de estar juntas: “saber que compartíamos un espacio, que estábamos juntas,” tal como lo expresa Ingrid (40:45). Éramos un grupo de investigadoras con recorridos teóricos y prácticos muy variados y con una experiencia muy diferente en etnografía, investigación-acción participativa y metodologías visuales. Esto provocaba que nos necesitáramos las unas a las otras. Lejos de que la interdisciplinariedad generara tensiones vinculadas a nuestros distintos bagajes y perspectivas, nos permitió vulnerabilizarnos y aprender las unas de las otras. Como añade Angelina: La interdisciplinariedad hacía que todas fuéramos vulnerables, no había ninguna experta en todo, sino que todas teníamos menos conocimiento en alguna cosa. (Angelina, 1:22:44) Las preguntas con que iniciamos esta sección [e.g., ¿por qué y para qué estamos aquí?], empiezan a no ser relevantes a medida que la relación dialógica entre mujeres y niñas toma tiempo, espacio y cuerpo(s), la relación en sí misma, da sentido a la etnografía. De nuevo la reflexividad, como hemos mencionado en el apartado anterior, es el punto de partida para responder a la dimensión ética. Se convierte en una herramienta para hacer visible la complejidad de las investigaciones que tienen en cuenta la dimensión intersubjetiva de las relaciones, es decir el impacto de los vínculos que se construyen entre los mismos participantes a la investigación. La vulnerabilidad de la observadora, este sentimiento de inseguridad también potencia la reflexividad, y asimismo supone un intento de fomentar una mayor ética y transparencia en la investigación. Siguiendo a Berger, reflexividad y vulnerabilidad se imbrican en una etnografía discursiva feminista: La reflexividad ayuda a mantener la ética de la relación entre investigadora e investigación al “decolonizar” el discurso del “otro” y asegurar que, si bien la interpretación de los hallazgos siempre se hace a través de los ojos y los estándares culturales del investigador, los efectos del investigador en el proceso de investigación son monitorizados (Frisina, 2006; Josselson, 2007; Smith; 1999). (Berger, 2015: 221) Desprenderse del operativo metodológico Como investigadoras feministas, queríamos que la investigación fuese relevante/útil/empoderadora para las niñas y sus familias, vinculándonos Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 640 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ respetuosamente con sus experiencias y miradas. En términos prácticos, esto nos planteó la necesidad de aprender a navegar entre la lógica dominante de los “aparatos” metodológicos seleccionados (scrapbooking, video-narrativas, walking methods, etc.) y el hecho de hacer posible que las niñas se apropiaran de esos métodos que nosotras proponíamos, haciendo usos y creando significados distintos para los que nosotras los habíamos pensado, y en muchas ocasiones desviándose de ellos cuando otros temas y actividades les parecían más significativos. Ello nos ha llevado en múltiples ocasiones a problematizar y cuestionar cómo nos restringían las elecciones y decisiones tomadas a priori, tal y como explican Roser y Angelina: El scrapbook era una imposición metodológica, en el funcionamiento de 5 hermanas que compartían las cosas, que en ningún momento pensaron en la individualidad de hacerse su álbum, pero que querían colgar los dibujos en las paredes. Y optamos por pasar... por grabarlo, para que quedara un registro, (...) hizo falta adaptar la metodología a quién sois vosotras y de quién es esta casa. (Roser, 51:45) Sentíamos el peso de la metodología (...) y costó días desprenderse del operativo metodológico y ver que había otras formas de conseguir lo que era necesario. (…) Vimos que la niña resignificó el scrapbook, también porqué la madre lo veía como una tarea escolar, y en seguida fue a buscar el álbum de la escuela y comenzó a abrirnos su mundo y a explicarnos muchas cosas. Esto nos hizo dar cuenta de que las elecciones metodológicas constriñen y que las riquezas metodológicas pueden estar en otras partes. (Angelina, 45:00) El hecho de problematizar y empezar a cuestionar las opciones metodológicas tomadas, basadas en nuestra comprensión de lo que entendíamos como una etnografía colaborativa, para acercarnos a las identidades y agencias de las niñas desde la heterogeneidad narrativa, y nuestro rol como investigadoras feministas, a muchas nos hizo entrar en crisis –una crisis que luego dio paso a la flexibilización y a una todavía mayor multiplicidad metodológica, como relata Montse: “Entré en crisis cuando vi que no podíamos cumplir para nada lo que habíamos diseñado. Habíamos ido desplegando distintas formas [de narrar] en cada territorio en función de cómo nos habíamos ido construyendo como etnógrafas.” En este sentido, la flexibilización metodológica es lo que ha enriquecido el proyecto Trans-Emigra. Con el paso de los meses, la investigación se ha ido convirtiendo en una forma de hacer artesanía (research as a craft), que ha dado lugar a un gran conjunto de interacciones de múltiples capas y de formas de ver la cotidianidad centradas en la noción de la experiencia misma de conocer, hacer y ser. Estos momentos de cotidianidad que corporeizan y enraízan las Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 641 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ identidades, la educación y el cuidado no habrían sido posibles si no hubiésemos aprendido a dar paso a la incertidumbre para adaptarnos al cambio: Cuando íbamos en tren nos estudiábamos el protocolo sobre lo que decía la investigación que teníamos que hacer, (…) lo que tenía que tener el scrapbook, etc., pero cuando nos fuimos relajando fueron pasando cosas que hacían emerger significados que transformaban nuestra cabeza, y el sentido que tenía la investigación. La involucración, los cuidados, hacer de baby-sitter, tener cuidado de las niñas cuando las madres tenían que trabajar, etc. (Íngrid, 43:15) En este proceso, las conversaciones entre investigadoras, en equipo y, en general, el haber dedicado tiempo y espacio para el diálogo y el intercambio de miradas han convertido, por ejemplo, los tránsitos del trabajo de campo a casa o los espacios de encuentro en la universidad “en espacios de reflexividad entre todas donde construíamos la metodología y la perfilábamos” (Marta, 55:03). Estos espacios han posibilitado que la flexibilización metodológica y la multiplicidad de metodologías se adaptara a cada contexto sin importar que las formas que adoptaban las técnicas de investigación fueran diferentes. Los diarios de campo, también con múltiples formatos (notas de voz, diarios narrativos, diarios colaborativos, etc.) elaborados por las distintas investigadoras u equipos también han abierto ese espacio a la reflexión activa sobre las asimetrías, cuestionando las relaciones de género. Desde una perspectiva feminista, la posibilidad de crear espacios democráticos (Gerlach, 2018) y, precisamente, de intercambio –como decíamos– pasa, a menudo, por la idea de conseguir la horizontalidad en las relaciones. La horizontalidad se plantea como una alternativa similar a una estructura de red que muchas veces pensamos “opuesta” a las estructuras jerárquicas: “en investigación feminista, la horizontalidad en las relaciones es muy importante, y a nosotras nos costó –creo– resignificar la relación a este nivel. Y que se pudiera producir, que las familias nos vieran de igual a igual” (Angelina). Sin embargo, Trans-Emigra nos permitió poner de relieve que la verticalidad y la horizontalidad no son los polos de una oposición binaria, sino más bien formas de caracterizar las tensiones constantes que existen en los intercambios diarios en los que se negocian situaciones de mayor o menor poder (hooks, 2015). La horizontalidad entendida de esta manera ha sido para nosotras un eje transversal, a partir del cual se han producido momentos de equilibrio e inestabilidad. Algunos de estos momentos tienen que ver con la imagen siguiente. La fotografía captura a Berta que aquí “deja de estar escondida detrás de la Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 642 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ cámara” para entrar en diálogo con la niña. En la Figura 5, vemos como Berta, de cuclillas, se acerca a ella bajando su punto de vista mientras ésta se convierte en productora y relatora de imágenes. Por otra parte, si bien ésta es una de las imágenes en las que la niña se hace con la cámara para presentarnos su escuela autofilmando a cada paso los espacios y rincones de su mundo escolar, en el transcurso de esta investigación lidiamos con muchos momentos de silencio, que en ocasiones nos generaban incertidumbre. Fig. 5. Berta dialogando con una de las niñas que sostiene la cámara. Fuente: Trans-Emigra. Plantear la horizontalidad como principio y buscar relaciones más dialógicas en un proyecto colaborativo como este nos llevó a pensar que las niñas serían protagonistas, que se harían con las cámaras y guardarían poco silencio porque serían el centro de los discursos. Sin embargo, cuando nos relacionamos con personas en seguida nos damos cuenta de que algunas prefieren permanecer más bien calladas que ser escuchadas (Shor, 1996), por mucho que en educación a veces pensemos en cómo diseñar actividades y prácticas para “dar voz”. Con ello, hemos reafirmado la idea de que la horizontalidad no puede Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 643 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ simplemente ser aplicada a cualquier contexto trasladando jerarquías y poder, dando paso a lo que no ha estado exento de críticas desde muchos posicionamientos feministas –el empoderamiento y las voces. Conclusión Desde el principio, nuestra investigación ha estado condicionada por los roles de género, que han mediado en nuestras interpretaciones como etnógrafas, junto con otras posicionalidades. En este artículo, simultáneamente, hemos tratado de deconstruir estos roles de género y de explicitar el despliegue de estrategias para una etnografía discursiva feminista. En Trans-Emigra, junto con la horizontalidad, hemos construido lo dialógico a través de la corporeización de saberes; la reflexividad, la vulnerabilidad y la ética feministas; y el sentido relacional de una etnografía de/en el umbral, en una investigación que ha tomado una forma mucho más circular y que se ha podido vehicular dando paso a otros modos de expresión gráfica, corporal, etc. En síntesis, hemos etnografiado lo que las niñas nos han querido mostrar y, retomando a hooks (1994), esto nos ha permitido crear otras narrativas feministas de las experiencias de desigualdad, en las que una habla, cuenta, se hace visible – quizá sin esperarlo– pero de forma mucho más libre. Notas El Proyecto I+D+I Trans-Emigra, Migraciones y espacios transnacionales de educación: construcción de la identidad de las niñas y parentalidad de las familias marroquíes, pakistaníes y senegambianas en España, ha sido financiado por el Programa Estatal de Investigación, desarrollo e innovación orientada a los retos de la sociedad (2017-2020), ref. EDU2016-78958- R. A lo largo del proyecto ampliamos el alcance del trabajo de campo a la comunidad musulmana procedente de Guinea Conakri. Este artículo surge de una conversación colectiva en la que hemos participado las investigadoras implicadas en el trabajo de campo, de ahí su estructura dialógica y que el resultado sea fruto de un proceso de escritura colaborativa encarnada. Se indicarán los tiempos en la transcripción de la conversación, de las citas extensas. Discurso & Sociedad, Vol.15(3), 2021, 622-646 644 Hacia una etnografía discursiva feminista con familias migrantes. ______________________________________________________________________ Referencias Abu-Lughod, Lila. (2019). “¿Puede haber una etnografía feminista?” En Alhena Caicedo (Ed.). Antropología y feminismo (pp. 15-48). Popayán- Colombia: Asociación Colombiana de Antropología. Accesible en: https://www.academia.edu/39986758/Antropolog%C3%ADa_y_feminismo Ahmed, Sarah (2015). La política cultural de las emociones. México, D. F.: Programa Universitario de Estudios de Género. Bauer, Elaine (2016). “Practising kinship care: Children as language brokers in migrant families.” Childhood, 23(1), 22-36. Behar, Ruth (1996). The Vulnerable Observer: Anthropology That Breaks Your Heart (1996). Boston: Beacon press. Berger, Roni (2015). “Now I see it, now I don’t: researchers position and reflexivity in qualitative research.” Qualitative Research, 15 (2), 219-234. 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