ARTÍCULOS Historia y comunicación social ISSN: 1137-0734 https://dx.doi.org/10.5209/hics.79237 100 años de radio: la fuerza de la voluntad, la voz de los pioneros Armand Balsebre Torroja1; Manuel Fernández-Sande2 Recibido: 28 de junio de 2021 / Aceptado: 30 de octubre de 2021 Resumen. El artículo propone una narración histórica del proceso de nacimiento y desarrollo de la radiodifusión en España a través de la aproximación biográfica a una selección de pioneros -integrada por ingenieros, empresarios y directivos- que tuvieron un papel determinante en la conformación del medio radiofónico. A partir de la consulta de un amplio repertorio de fuentes documentales -escritas y orales-, se reconstruyen las características personales, actuaciones y trayectorias de estos personajes, entendidos como actor colectivo, sin los que no resulta posible comprender en toda su complejidad las dificultades que necesitó superar la radio para convertirse en un medio de comunicación centenario. Palabras clave: Radiodifusión, Historia de la Radio, Pioneros Radiofónicos, Historia de la Comunicación [en] 100 years of radio: the power of will, the voice of the pioneers Abstract. This article proposes a historical narration of the birth and development of radio broadcasting in Spain through a biographical approach to a selection of pioneers - engineers, businessmen and professionals - who played a decisive role in the shaping of the radio medium. Based on the consultation of a wide range of documentary sources -written and oral-, the personal characteristics, actions and trajectories of these characters are reconstructed, understood as a collective actor, without which it is not possible to understand in all its complexity the difficulties that radio overcame to become a century-old media Keywords: Radio Broadcasting, Radio History, Radio Pioneers, History of Communication Sumario. 1. Introducción. 2. Estado de la cuestión y metodología. 3. El desarrollo de la radiodifusión en España a través de los pioneros. 3.1. Hermanos De la Riva. 3.2. José María Guillén García-Gómez. 3.3. Luis de Oteyza y Arturo Pérez Camarero. 3.4. Ricardo María Urgoiti. 3.5. Pilar Aragón, Juan Manuel Soriano y Manuel García-Terán. 4. Conclusiones. 5. Referencias Bibliográficas. Cómo citar: Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. (2021). 100 años de radio: la fuerza de la voluntad, la voz de los pioneros. Historia y comunicación social 26(2), 323-343. 1. Introducción La radio debe una parte importante de su poder comunicativo y expresivo al coraje de determinados individuos que a favor o en contra de la corriente supieron desarrollar proyectos entusiastas. Nuestra curiosidad científica necesita del alimento que ofrecen algunas biografías para comprender mejor qué y por qué ocurrió un determinado suceso en un período concreto. Ésta es la tesis subyacente en el conjunto de reflexiones que aquí presentamos: la biografía como alimento imprescindible del devenir histórico, algo así como un faro que proyecta luz en la oscuridad que se cierne siempre sobre el investigador cuando comienza ese ritual apasionante que es poner negro sobre blanco. Porque ¿qué habría sucedido en el nacimiento de la primera gran cadena radiofónica en España, Unión Radio, sin la inteligencia, los contactos y la habilidad negociadora de Ricardo Urgoiti?... ¿Habría conseguido Radio Barcelona el indicativo de primera emisora legal en España, EAJ-1, sin la capacidad del ingeniero Guillén-García para sumar entusiasmos?... Sí, ya sabemos que la ucronía es un género literario más propio de la ficción que de la ciencia. Pero 1 Es catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), director del grupo de investigación Publi- radio. Sus principales líneas de investigación son: periodismo radiofónico, comunicación local, ficción radiofónica, comunicación de la esfera sonora e historia de la publicidad y de la radio. Autor de El Lenguaje Radiofónico e Historia de la Radio en España (Vol. I y II), entre otras muchas obras. Email: armand.balsebre@uab.cat. Orcid: https://orcid.org/0000-0002-0529-586X 2 Es Profesor Titular en el Departamento de Periodismo y Comunicación Global de la Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación son: el análisis del mercado radiofónico y sonoro, la historia de la radio, el podcasting y la dirección estratégica de empresas de comunicación. Ha publicado más de sesenta contribuciones en revistas científicas y editoriales de impacto, entre las que destacan: Los orígenes de la radio en España. Vol. I y II. Email: manuel.fernandez@ucm.es. Orcid: https://orcid.org/0000-0002-0740-2630 His. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 323 324 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 no es menos cierto que sin la especulación, a la luz de hechos indiciarios, haciéndonos preguntas como las anterio- res, difícilmente fijaríamos nuestro interés sobre personajes cuya biografía finalmente nos permiten avanzar sobre terrenos más sólidos. 2. Estado de la cuestión y metodología La radio cuenta con una historiografía mucho más reducida que la generada en torno a los otros grandes medios de comunicación social: prensa, televisión y cine. La razón de esta desatención no está justificada en términos comparativos de importancia o relevancia; por el contrario, la radio, en diversas fases de sus cien años de his- toria, ha logrado una capacidad de influencia y transformación social incluso superior a la alcanzada por los otros medios. Que la radio haya ocupado este papel secundario en los estudios de la historia de la comunicación se debe en gran parte a sus propias características como objeto de estudio. Son múltiples los desafíos añadidos a los que está obligado a enfrentarse el historiador de la radio, en especial la imposibilidad de localización de fuentes documentales escritas que le permitan una reconstrucción completa del fenómeno o periodo analizado. Esa dificultad aumenta según nos remontamos a los orígenes o primeras décadas de actividad. La mala o nula conservación de los archivos de las emisoras, y la propia condición efímera de la comunicación radiofónica, obliga al investigador a un mayor esfuerzo en la indagación de fuentes -que en muchas ocasiones se mantienen ocultas e incompletas-. En España, en la historiografía sobre la radio han prevalecido los estudios diacrónicos, frecuentemente con pers- pectivas temporales de amplio espectro, con enfoques que han priorizado los acontecimientos técnicos, programá- ticos y empresariales de las emisoras. Respecto al ámbito de estudio han coexistido los estudios estatales/naciona- les, regionales y locales, resultando mucho más infrecuentes las investigaciones con perspectiva internacional. Sin pretensión de exhaustividad, y limitando la relación tan solo a monografías en formato libro, resulta posible trazar el siguiente eje cronológico en el desarrollo de los estudios sobre historia de la radio en nuestro país: Soria (1935); Arias (1973); Ezcurra (1974); Franquet (1986); Ventín (1986); Garitaonandia (1988); Munsó (1988); Montes (1988); Faus (1995); Díaz (1997); Checa (2000); Balsebre (2001,2002); Fernández-Sande (2005,2006); Faus (2007); Afuera (2021). El planteamiento metodológico de este artículo otorga la centralidad del análisis historiográfico a un conjunto de personajes que protagonizaron diversos hechos determinantes en el nacimiento y posterior desarrollo de la radiodifu- sión en España. El objetivo principal es aportar una visión globalizadora de la trayectoria de estos pioneros respecto al contexto histórico en el que actuaron, para así lograr la reconstrucción, y consiguiente comprensión, del proceso configurador de la radio como medio de comunicación. Se ha aplicado el método biográfico a una selección de pioneros, integrada por ingenieros, empresarios y direc- tivos, considerados especialmente relevantes en el devenir de los diferentes momentos históricos de las primeras décadas de radio en nuestro país, que componen el corpus de estudio. La elección de estos personajes ha venido determinada por la incidencia de sus características personales y actuaciones en el contexto histórico del medio. La aplicación de todo criterio selectivo, en este caso condicionado por el propio formato del trabajo, ha implicado la exclusión del análisis de otros muchos profesionales que también tuvieron indudable importancia en nuestra radiodifusión. En todo caso, la selección realizada cuenta con la adecuada significación para inferir, a partir de la indagación en la trayectoria vital y profesional de estos personajes claves, un análisis integral del periodo objeto de estudio. El uso de la biografía como recurso técnico y metodológico permite al historiador la introducción de nuevos enfoques para aproximarse al problema de investigación. Para ello resulta necesario que la investigación biográfica aporte verdadero conocimiento histórico, capaz de integrar “el análisis del individuo o de los grupos en su realidad circundante y la sociedad, utilizando las técnicas de la historia en la búsqueda y utilización de las fuentes” (Gómez- Navarro, 2005). La investigación biográfica ha experimentado un resurgimiento, especialmente, en campos como la historia política, económica o social. En el ámbito de la historia de la radio, en el que han prevalecido los enfoques estructurales, las aportaciones de los relatos biográficos, sustentados adecuadamente en un conjunto amplio de fuentes documentales, permiten la introducción de nuevos elementos de análisis. El despliegue de la radio en nuestro país fue el resultado de un esfuerzo colectivo protagonizado por un grupo de pioneros y profesionales que compartieron su pasión y ambición por la nueva forma de comunicación. El papel relevante que adquirieron sus actuaciones individuales en la confi- guración del medio, sobre todo en sus primeros años, hace especialmente apropiada la aplicación de esta técnica metodológica. Las aproximaciones biográficas seleccionadas presentan numerosos nexos corporativos y profesionales, son abor- dadas desde el plano de la prosopografía, entendida esta como “el estudio de sus vidas en tanto colectivo” (Stone, 1971). Este conjunto se debe considerar como una biografía colectiva que pretende reflejar el papel desempeñado por el colectivo de pioneros de nuestra radiodifusión. La biografía histórica, desde la perspectiva prosopográfica, requiere al investigador trabajar con un repertorio muy diverso de fuentes (Ferrari, 2010). En este caso, para la reconstrucción de las vidas de los pioneros, se han utili- Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 325 zado fuentes hemerográficas, bibliográficas, documentos empresariales, documentos y escritos personales de los pro- tagonistas, material fotográfico y fuentes orales -entrevistas con descendientes o parientes de Arturo Pérez Camarero, Carlos de la Riva y Ricardo Urgoiti, realizadas en diferentes etapas del proceso de investigación-. 3. El desarrollo de la radiodifusión en España a través de los pioneros 3.1. Hermanos de la Riva Nuestro particular recorrido sobre los pioneros en este primer artículo nos sitúa ante un trío de verdaderos “explora- dores” del nuevo invento, unidos por un mismo apellido, los hermanos de la Riva Tayán: Jorge (1894-1954), Adolfo (1901-1984) y Carlos (1905-1975). Los hermanos De la Riva realizaron sus estudios en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid. Desde muy jóvenes quedaron fascinados por las telecomunicaciones. Comenzaron a construir telégrafos eléctricos, teléfonos y receptores de radiotelegrafía para experimentar con todas las posibilidades técnicas de la comunicación hertziana. En su formación resultaron decisivas las enseñanzas del Dr. D’Asteck Callery, ingeniero británico, que les permitió colaborar en su laboratorio radioeléctrico. El Dr. D’Asteck, quien en 1924 publicaría el libro de divulgación ABC de la Telefonía sin Hilos y llegó a ser primer director técnico de Radio España EAJ-2, les facilitó el acceso a las novedades internacionales en el incipiente campo de la radiocomunicación.3 Los hermanos de la Riva alcanzaron un conocimiento técnico extraordinario, que les situó con rapidez al nivel de los dos grandes inventores y precursores españoles del momento: Antonio Castilla y Matías Balsera (Soria, 1935). En otoño de 1922, los hermanos de la Riva participaron en la fundación del Radio-Club España, primera agru- pación española de radioaficionados. Desde el Radio-Club organizaron diversas actividades de divulgación, como transmisiones radiofónicas experimentales, con las que se buscaba promover la afición a la radiotelefonía, y publi- caban con frecuencia artículos en la revista Tele-Radio, órgano oficial de la agrupación, que comenzó a publicarse en julio de 1923. Esta intensa actividad les permitió aproximarse a la naciente industria radioeléctrica madrileña. En particular a la Compañía Ibérica de Telecomunicación, que contaba con el ingeniero Antonio Castilla como director técnico y vocal de su Consejo de Administración, y a Radiotelefonía Española, empresa de origen francés que se instaló en Madrid, a finales de 1922, con el objetivo de comercializar aparatos receptores importados y material ra- dioeléctrico. (Fernández-Sande, 2005) Los hermanos de la Riva se incorporaron a Radiotelefonía Española. Su función consistía en realizar las pruebas técnicas de los diferentes receptores y emisores de importación antes de ser comercializados en nuestro país. En la sede que la empresa tenía en la calle Alcalá de Madrid, muy próxima al Palacio de Comunicaciones, los hermanos de la Riva montaron un emisor de 25 vatios con el que realizaban, a la caída de muchas tardes entre finales de 1922 y los primeros meses de 1923, emisiones experimentales consistentes en la reproducción de discos de gramófono. Los primeros comerciantes de aparatos y componentes radioeléctricos demandaban este tipo de transmisiones en España para incrementar el número de radioaficionados y así incentivar la compra de sus artículos. Las emisiones tuvieron que ser suspendidas ante la denuncia de la Dirección General de Telégrafos, con la posterior clausura judicial, al no disponer de ninguna licencia de emisión.4 Emisiones experimentales similares ya habían sido desarrolladas en Madrid por Antonio Castilla, desde las es- taciones de la Compañía Ibérica de Telecomunicación, y por Matías Balsera, a través de la emisora que montó en el edificio de la Dirección de Comunicaciones Las empresas Compañía Ibérica de Telecomunicación y Radiotelefonía Española decidieron fusionarse con el fin de desarrollar sinergias y reforzar su posición en un sector repleto de desafíos e incertidumbres. En septiembre de 1923, resultado de esta operación, se constituyó la sociedad Radio Ibérica S.A. En el capital social de la empresa se incorporaron nuevos accionistas, entre ellos Moreno Zuleta, el Conde de los Andes, representado por Eduardo Hugas, que fue nombrado presidente del Consejo de Administración, y Emilio de la Riva Echeverry, padre de Jorge, Adolfo y Carlos. D. Emilio de la Riva, oficial de la Marina e ingeniero, tenía una amplia experiencia en los sistemas de comunicación telegráfica en los buques de la Armada española. Su participación accionarial, primero en Radio Ibérica S.A., y, posteriormente, en la Sociedad Nacional de Radiodifusión S.A., resultó un importante respaldo para las ambiciones profesionales de sus hijos. Tras la constitución de Radio Ibérica S.A., Antonio Castilla fue desplazado de la dirección técnica de la empresa, que pasó a ser asumida por los hermanos de la Riva. (Fernández-Sande, 2005) La Compañía Ibérica de Telecomunicación y RadioTelefonía Española, próximas a constituir la nueva empresa, ya realizaban conjuntamente pruebas periódicas de emisión durante el verano de 1923. Estas consistían en la repro- ducción ante el micrófono de discos de gramófono y algunas interpretaciones con violín y laúd. (Tele-Radio, año I, nº1, p.17) Los hermanos de la Riva comenzaron a trabajar, desde el mes de septiembre de 1923, en la construcción de una nueva estación que les permitiese intensificar la potencia y frecuencia de estas emisiones. A lo largo del otoño del año 23, estas emisiones experimentales, ya bajo el amparo de Radio Ibérica S.A., eran frecuentes, aunque nunca alcanzaron una periodicidad diaria. El 14 de octubre de 1923, los ingenieros de la Riva organizaron un programa 3 Escrito personal mecanografiado de Carlos de la Riva facilitado por sus des endientes. 4 Escrito personal mecanografiado de Carlos de la Riva facilitado por sus des endientes 326 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 especial con ocasión del primer aniversario de la fundación del Radio-Club España. Radio Ibérica transmitió, desde sus instalaciones en el Paseo del Rey de Madrid, un concierto interpretado por un sexteto que pudo ser sintonizado, a través de un aparato receptor conectado a un altavoz, desde el restaurante del Hotel Palace, en el que celebraban un banquete conmemorativo los socios del Radio-Club. (Tele-Radio, año I, nº1, p.31) Los hermanos de la Riva durante los siguientes meses trabajaron en el perfeccionamiento del transmisor y resto de equipamiento de la emisora. En diciembre de 1923, con ocasión del sorteo de la lotería de Navidad de aquel año, Radio Ibérica instaló un gran altavoz en la calle de Alcalá de Madrid a través del que los transeúntes pudieron escu- char en directo la retransmisión del sorteo. (Radiosola, año II, nº5, p.19) Los ingenieros de la Riva no cejaron en sus esfuerzos por mejorar la calidad técnica de sus emisiones, convenci- dos del gran potencial que tendría el “broadcasting” para el desarrollo económico de su empresa. Durante el primer trimestre de 1924, las emisiones esporádicas de Radio Ibérica comenzaron a ser sintonizadas por un mayor número de radioaficionados. En realidad, se trataba de unas emisiones muy rudimentarias, que se limitaban a la reproducción de discos de gramófono, con excepción de los programas especiales señalados. Entre estos destacó el del 22 de marzo de 1924, que incluyó la actuación musical de una rondalla de aficionados ante el micrófono de la estación del Paseo del Rey. (La Libertad, 22-3-1924) Cualquier emisión que no se limitara al sonido del gramófono era celebrada como un auténtico acontecimiento por los primeros radioescuchas. En este restringido círculo de los radioaficionados madrileños, habían generado un gran impacto las retransmisio- nes radiofónicas de óperas y conciertos desde el Teatro Real organizadas por Antonio Castilla. En marzo de 1924, el ingeniero jerezano trató de repetirlas a través de la estación militar de Ciudad Lineal, pero la calidad de la emisión no fue buena (El Sol, 1-4-1924 Los hermanos de la Riva aprovecharon este revés de Castilla para intentar retransmitir los siguientes conciertos desde la estación del Paseo del Rey, mucho más próxima al teatro. El 30 de marzo la estación de Radio Ibérica radió la representación de La Traviata. (La Libertad, 30-3-1924) La dirección del Teatro, recelosa del efecto que podrían tener estas retransmisiones en su taquilla, decidió impedir de forma taxativa estas emisiones, recibiendo por ello numerosas críticas en la prensa y revistas especializadas. A pesar de la prohibición, los hermanos de la Riva ofrecieron nuevas retransmisiones desde el Real, alguna de ellas realizada de forma clandestina, no exentas de numerosos problemas técnicos. El 13 de abril, en esta ocasión con la autorización de la Dirección del Teatro, re- transmitieron el concierto especial de despedida de Miguel Fleta, que cerraba la temporada. (La Libertad 14-4-1924) Pocos días antes, Radio Ibérica transmitió el programa especial “Una fiesta andaluza”, con la actuación de diversos artistas folclóricos (La Libertad, 8-4-1924). Las iniciativas radiodifusoras de los hermanos De la Riva resultaron decisivas para germinar en Madrid, pero también en otros puntos de España, un interés creciente por las emisiones radiofónicas. En la primavera de 1924 se habían producido novedades importantes en torno a la radio que reforzaron esa expectación: los principales diarios incorporaron secciones de radiotelefonía; la Conferencia Nacional de TSH, que había iniciado sus sesiones en di- ciembre del año anterior, entró en su fase decisiva en los trabajos preparatorios del Reglamento, primer marco regu- latorio sobre la radiocomunicación en el país, y el dictador Primo de Rivera pronunciaba, el 12 de abril, su primer discurso radiofónico, que fue emitido a través de la estación militar de Ciudad Lineal bajo la supervisión técnica de Antonio Castilla. (Ezcurra, 1974) Los hermanos De la Riva, en las dos últimas semanas del mes de abril de 1924, emprendieron la remodelaron el estudio e introdujeron importantes mejoras en los equipos de captación del sonido y de emisión de Radio Ibérica para preparar su estación para las inminentes emisiones diarias. La estación se estructuró en tres estancias diferenciadas: el estudio de locución, la sala de control y una tercera dependencia en la que estaba instalado el equipo transmisor. (Ezcurra, 1974) Fabricantes, comerciantes y radioescuchas demandaban unas emisiones diarias de calidad. El principal dilema para los empresarios de Radio Ibérica, además de las incertidumbres suscitadas por las orientaciones contrapuestas durante las sesiones preparatorias del Reglamento respecto al estatuto jurídico que debían adoptar las licencias de emisión, residía en encontrar fórmulas para financiar los costes de producción de los programas. No estaban dis- puestos a asumir la totalidad de los gastos de financiación de unas emisiones de las que se iban a beneficiar los co- merciantes del sector radioeléctrico, pero también los otros fabricantes. En aquel momento los propietarios de Radio Ibérica no contemplaban siquiera la publicidad como una vía de ingresos significativa. El posible retorno al esfuerzo económico que supondría sufragar una programación diaria quedaba exclusivamente ligado al incremento de las ventas de los aparatos que la propia Compañía producía y comercializaba. Desde el primer momento se entendió que los comerciantes debían contribuir económicamente al sostenimiento de unas emisiones que les iban a enrique- cer al incrementarse el interés por la radiotelefonía. El principal problema, que complicó durante años la relación entre comerciantes y radiodifusores, radicaba en que las aportaciones nunca podrían ser obligatorias para todos los establecimientos comerciales, aquellos que no contribuyesen económicamente a las emisiones se beneficiarían del esfuerzo del resto. Los gestores de Radio Ibérica lograron impulsar la creación de una agrupación de comerciantes del sector dis- puestos a cofinanciar las emisiones de la estación. En los primeros días de mayo, se constituyó la Corporación Radio Madrid, una agrupación, que inicialmente contó con cuarenta y seis comerciantes (TSH, año I, nº 1), que financió durante algunas semanas las emisiones. Los conflictos, tanto en el seno de la Corporación como con la empresa Ra- dio Ibérica S.A., resultaron constantes, produciéndose la ruptura de esta colaboración apenas dos meses después del Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 327 inicio de las emisiones diarias. Este modelo de cofinanciación mostró una gran debilidad orgánica, que se agravaría en el momento en que concurrieron diferentes emisoras en el éter de las ciudades. Tan pronto se percataron de las dificultades que implicaba la obtención de unos ingresos estables de los comer- ciantes, los empresarios de Radio Ibérica, en esta ocasión con el importante respaldo de los periodistas Luis de Oteyza, director de La Libertad y Arturo Pérez Camarero, redactor especializado en radiotelefonía y director de la revista TSH, exploraron las opciones de percibir dinero directamente de los propios aficionados, articulando para ello las asociaciones de radioyentes, en lo que puede ser considerado como un antecedente de los actuales sistemas de financiación denominados mecenazgo colectivo o crowdfunding. Radio Ibérica se convirtió en la emisora iniciadora de la radiodifusión en España. El trabajo técnico de los hermanos de la Riva fue esencial para que la estación lograra este hito y mantuviese su actividad, incluso sumida en los graves problemas económicos y empresariales que siempre arrastró y que provocarían su desaparición definitiva en el inicio de 1927 Imagen 1. Sala de control de Radio Ibérica. En el centro, Adolfo de la Riva, acompañado por Arturo Pérez Camarero, a la derecha de la imagen. Fotografía de Alfonso Sánchez Portela. Fuente: Archivo General de la Administración. Los tres hermanos se complementaban a la perfección en su trabajo: Jorge de la Riva destacaba en su faceta de relaciones públicas, incluso llegó a actuar ocasionalmente como locutor de la emisora. Adolfo y Carlos contaban con un gran talento técnico para desarrollar y aplicar innovaciones y supervisar la calidad de las emisiones. En 1925, cuando ya se evidenciaban los problemas económicos irreversibles de la emisora, compaginaron la actividad en Radio Ibérica con la creación de su propia empresa, La Riva Hermanos y Compañía, desde la que ofrecían servicios profesionales de asesoramiento y construcción de estaciones de radiodifusión y de radioaficionados Su etapa al frente de la dirección técnica de Radio Ibérica estuvo repleta de logros y éxitos, que contrastaban con la inestabilidad de la estructura empresarial de la sociedad incapaz de lograr una mínima viabilidad económica. Los hermanos de la Riva organizaron todas las retransmisiones de la emisora. Fueron célebres las de los conciertos estivales de la banda municipal madrileña desde el kiosco de música en el parque de Rosales; los sorteos de la lotería navideña, o las de diversos espectáculos desde teatros de la capital. También dirigieron importantes retransmisiones de carácter político e institucional. A través del micrófono de Radio Ibérica pudieron escucharse las voces del rey Alfonso XIII, con ocasión de la inauguración de la II Exposición General de Telegrafía sin Hilos desde el Palacio de Hielo de Madrid, o del general Primo de Rivera, en un acto celebrado en la ciudad de Alcalá de Henares. Para aquellos pioneros de la radiodifusión tenía un gran valor demostrar que sus emisiones podían ser escucha- das a gran distancia. Los ingenieros de la Riva dirigieron diferentes pruebas de transmisión transatlántica, que eran entendidas como comprobaciones de la perfección técnica de sus equipos transmisores. En el otoño de 1924, Radio Ibérica logró intercambiar mensajes a través de las ondas con emisoras puertorriqueñas y estadounidenses, aconteci- mientos que fueron reseñados en las revistas y secciones especializadas. Los hermanos De la Riva también tuvieron la satisfacción de dirigir desde su emisora, el 4 de septiembre de 1924, un mensaje a Guillermo Marconi, que se en- contraba de visita en el puerto de Cádiz. El célebre inventor italiano, entrevistado en su yate Elektra por Arturo Pérez Camarero, confirmó la correcta recepción de la emisión. La Libertad, 6-9-1924) 328 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 Imagen 2. Los hermanos De la Riva en su etapa en Radio Ibérica. De izquierda a derecha: Carlos, Adolfo y Jorge. Fuente: revista TSH (Hemeroteca Municipal de Madrid). Durante su etapa al frente de Radio Ibérica, cada nuevo programa o retransmisión suponía un enorme reto para Adolfo y Carlos de la Riva, responsables directos de la calidad de sonido de las emisiones, que era diariamente escru- tada, en el marco los cánones sonoros de la época, por los radioescuchas y la prensa especializada. Experimentaron tanto con las diferentes modalidades como con las posibles ubicaciones de los micrófonos. A través de las fotografías que registraron la actividad del estudio de Radio Ibérica, se puede comprobar este interés por adecuar los instrumen- tos de captación del sonido a los diferentes géneros radiofónicos. Los hermanos de la Riva, además de su actividad en Radio Ibérica, participaron en la instalación de otras emisoras vinculadas a las licencias de emisión obtenidas por el grupo empresarial liderado por Rufino de Orbe, que se convir- tió en el principal empresario de la emisora tras la salida del Conde de los Andes de su capital. La más importante de todas ellas fue Radio Catalana, que obtuvo el indicativo EAJ-13, en enero de 1925, para emitir desde la ciudad de Barcelona. De Orbe obtuvo la frecuencia de emisión, pero el capital de la empresa era independiente del de Radio Ibérica. Estaba controlado por Industria Española de Perlas de Imitación S.A., grupo empresarial de Hugo Heusch, cuyo hijo Eduardo asumió la dirección general de la emisora. Los hermanos de la Riva se encargaron de fabricar un emisor de 1Kw de potencia real, que pretendía competir directamente con las emisiones de Radio Barcelona EAJ-1. (Balsebre, 2001) Adolfo de la Riva se desplazó a Barcelona para supervisar directamente su desarrollo técnico. La estación comenzó sus emisiones el 20 de junio de 1925. En Madrid, la situación de Radio Ibérica experimentó un deterioro económico y empresarial agravado de forma irreversible con la competencia de Unión Radio Madrid. Los hermanos de la Riva asistieron al declive de la emisora con la que habían estrenado las emisiones radiofónicas en España. En el verano de 1926, las instalaciones de Ra- dio Ibérica en el Paseo del Rey fueron embargadas, tras un proceso judicial, por el impago de un crédito bancario. (Fernández-Sande, 2006) Los hermanos de la Riva, conscientes del fin próximo de la emisora, comenzaron a buscar otros horizontes profesionales. Carlos y Adolfo se incorporaron a la Standard Eléctrica (TSH, año II, nº LXVI, p.5), empresa accionista de Unión Radio, aunque nunca mantuvieron una relación directa con la emisora de Urgoiti. A pesar de su nueva situación contractual, en septiembre de 1926, los ingenieros colaboraron en los trabajos de traslado y montaje de la emisora en su nueva sede en el teatro Alkázar de Madrid, en la calle Alcalá nº 20. (TSH, nº3, nº CXII pp. 1-2) Las emisiones de la veterana estación no se retomaron hasta el mes diciembre. Los nuevos empresa- rios de la estación, que habían adquirido el control de la Sociedad Nacional de Radiodifusión Española -propietaria de la frecuencia e indicativo EAJ-6 de Radio Ibérica-, iniciaron una operación especulativa, aprovechando las posibi- lidades que todavía le otorgaba el vigente turno alterno de emisiones, para forzar la compra por parte de Unión Radio. La empresa de Urgoiti resultaba directamente perjudicada con la reaparición de Radio Ibérica al verse obligada a reducir sus horas de emisión en la capital. Unión Radio reaccionó con rapidez y, tras unas semanas de negociaciones, adquirió en marzo de 1927 a la veterana emisora para proceder a su cierre definitivo. Ondas, año III, nº91, p.8) Radio Catalana, en la que también habían colaborado Adolfo y Carlos de la Riva, corrió, pocos años más tarde, una suerte similar a Radio Ibérica. Radio Barcelona EAJ-1, ya perteneciente al grupo Unión Radio, logró desgastar, a través de una dura competencia desplegada en todos los ámbitos -programático, publicitario y comercial-, la posición de Radio Catalana hasta forzar su adquisición, en junio de 1929, como única salida económica para sus accionistas. Cumpliendo estrictamente el procedimiento habitual en su estrategia monopolística de reorganización del mercado, Unión Radio precedió al cierre definitivo de la estación pocos eses más tarde. (Balsebre, 2001) Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 329 Las carreras profesionales de los hermanos de la Riva nunca retornaron a la Radio. Carlos, Adolfo y Jorge de la Riva, al igual que otros muchos pioneros, se vieron desplazados del mercado que tanto habían contribuido a generar. Se habían impuesto las nuevas lógicas empresariales, lideradas por Unión Radio, que configuraron el desarrollo de las bases de la radiodifusión en España. En los siguientes años, el trabajo de Adolfo y Carlos de la Riva se centró en las aplicaciones del sonido en el cine. Ya en el año 1927, ambos habían patentado, con la marca Rivaton, un nuevo sistema para la grabación de sonido que se aplicó durante años en la edición de las películas cinematográficas. En 1932, Adolfo, en colaboración con Abelardo Trilla Balagué, importante empresario del sector cinematográfico y vocal del Consejo de Administración de CINAES, fundaron en Barcelona Trilla-La Riva, uno de los primeros estudios de doblaje españoles, que tendría una intensa actividad durante todo el periodo de la II República. (Balsebre, 2001) La Guerra Civil truncó los proyectos empresariales de los hermanos de la Riva. Al final de la contienda, los tres hermanos, que habían combatido en las filas republicanas, se vieron obligados a salir del país por la frontera francesa. Tras pasar por los campos de concentración de refugiados en Francia, Adolfo y Jorge lograron partir ha- cia América. Ambos se afincaron en México. Adolfo de la Riva, tras algunos años trabajando en diversos sectores, consiguió volver a la industria cinematográfica como ingeniero de sonido. En el continente americano repitió el éxito empresarial que habría logrado en Barcelona. En 1942, junto al ingeniero Carlos Jiménez, fundó los estudios de doblaje Fono-Mex, en México D.F, que trabajaron para las principales empresas cinematográficas de la época. Tras la extinción de Fono-Mex, en el año 1953, Adolfo, en sociedad con el norteamericano Monty Kleban, fundó la compañía Rivatón de América, un proyecto que incluía doblaje, producción cinematográfica y televisiva. Hasta finales de la década de los sesenta, el estudio vivió una etapa de gran esplendor económico al doblar gran parte de las series televisivas del momento. (Nájar, 2008) Las nuevas condiciones del mercado, al aparecer más estudios de doblaje, fueron deteriorando la situación económica de la empresa en los años setenta. Adolfo de la Riva falleció en México D.F. en 1984. Tras unos años en México D.F., su hermano Jorge de la Riva se instaló, finalmente, en la ciudad de Guadalajara, México, en la que se dedicó al sector de la industria metalúrgica. Murió en julio de 1954. Carlos de la Riva, a diferencia de sus hermanos, optó por quedarse en Europa. En la capital francesa trabajó por un corto periodo para la empresa Philips. De vuelta a Barcelona, ingresó durante un tiempo en los estudios Orphea, cuyo director técnico y co-fundador fue el ingeniero José María Guillén-García, el primer director de Radio Barcelona. (Balsebre, 2001) Carlos de la Riva terminó desarrollando una importante actividad empresarial, siempre dedicada al sonido. Falleció el 6 de junio de 1975. 3.2. José María Guillén-García Gómez (1887-1972) La singularidad del ingeniero José María Guillén-García la proporciona su liderazgo en el nacimiento de Radio Bar- celona, la primera emisora legal en España. Fue su primer director y solo permaneció en el cargo dos años. Y quizás por eso mismo su biografía ha quedado un poco relegada a un lugar menor en los anales. Pero muy probablemente, sin el entusiasmo y su capacidad para sumar energías, inteligencia y recursos no hubiera sido posible reunir a su alrededor, el 17 de febrero de 1924, a casi todos los representantes de las “casas vendedoras” de aparatos de radio en Cataluña, en el acto oficial de fundación de la Asociación Nacional de Radiodifusión (ANR), la entidad promotora de la puesta en marcha unos meses más tarde de Radio Barcelona, con Guillén de presidente. La carga financiera principal del proyecto correría inicialmente sobre Eduard Rifà Anglada (Telefonos Bell), Roy Steven Noble (Anglo Española de Electricidad) y Pablo Llorens Gispert (Atwater Kent). Sin su liderazgo la emisora decana de la radio española no gozaría hoy del indicativo que la distingue entre todas las emisoras españolas: EAJ-1. El proyecto comenzó a gestarse un año antes, cuando funda la revista Radiosola junto al periodista Eduardo Sola Guardiola, precedente de lo que luego sería la Revista Radio Barcelona. El paso siguiente fue la demostración de las virtudes del nuevo invento, con un primer ensayo el 22 de septiembre de 1923: la transmisión de un concierto lírico- musical desde el Teatro Griego en Montjuic a una audiencia instalada en el Palau de la Música, a unos cuatro kilóme- tros de distancia. La revista Je sais tout, colaboradora de este primer ensayo técnico, había sido en 1922 cofundadora de Radiola (Radio París a partir de 1924), desde el equipo emisor instalado en la Torre Eiffel. Su labor de agitación en defensa de la radio, intentando emular las iniciativas privadas de la BBC británica o la Radiola francesa, lo situó de inmediato en el podio de los pioneros. Fue uno de los defensores del anti-monopolio en el Congreso Nacional de Telegrafía Sin Hilos (TSH) celebrado en Madrid entre octubre de 1923 y enero de 1924, al inicio de la Dictadura de Primo de Rivera, intentando que la radio no fuera solo privilegio de unas pocas empresas. De este Congreso salió el primer borrador de lo que luego sería en junio de 1924 la primera ley de Ra- dio en España. Es a partir de este Congreso cuando Guillén reúne a los “14 magníficos” fundadores de la ANR. Regás, gerente del Hotel Colón, facilitó la instalación de la primera emisora en la cúpula del Hotel Colón en Plaza de Cataluña. Licenciado en Ciencias por la Universidad de la Sorbona, además de ingeniero, en una entrevista concedida a La Publicitat (14-12-1924) se mostraba orgulloso de la sensibilidad y agudeza de la sintonía y amplia cobertura de la emisora, en los 325 metros de la OM, superando obstáculos como la enorme carga de electricidad que se concentraba en la Plaza de Cataluña, las vibraciones que producía el ascensor del Hotel Colón, el ruido provocado por las bocinas 330 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 de los automóviles, los tubos de neón en las fachadas de los edificios colindantes, las vibraciones que producían en el propio edificio el tráfico incesante, las interferencias provocadas por el paso de los tranvías... ruidos y más ruidos que Guillén decía haber resuelto con métodos de aislamiento no ensayados hasta el momento. La emisora nació con una programación básicamente musical y sin publicidad. Guillén no era partidario de la pu- blicidad como recurso financiero de las emisiones, cuatro horas diarias en sus primeros meses: “Nuestro deseo sería poder prescindir de tener que contar con estos ingresos [de la publicidad] y gozar de la más amplia independencia económica. Por otro lado, en cuatro horas de emisión estamos autorizados a dar solamente 15 minutos de anuncios. Actualmente se dan de tres y medio a cuatro. Unas 360 palabras” (La Publicitat, 14-12-1924). La publicidad se limi- taba en estas primeras emisiones a una lista de anuncios por palabras. Imagen 3. Los 14 magníficos fundadores de Radio Barcelona. José María Guillén-García, sentado en el centro, acompañado de Eduard Rifà (segundo por la derecha) y Roy Steven Noble (tercero por la izquierda). Fuente: Archivo Radio Barcelona Inexplicablemente, la labor pionera en la radio española de Guillén concluyó en 1926, coincidiendo con el primer grado de fusión entre Radio Barcelona y Unión Radio Madrid. El ingeniero Joaquín Sánchez Cordovés tomaría el relevo en las labores de dirección técnica. Guillén marcharía inmediatamente a Grecia para asumir la puesta en mar- cha de la primera emisora comercial en aquel país, Radio Salónica (1928). Y pocos años más tarde, un nuevo reto en torno a un nuevo invento, el cine sonoro. Guillén fue el director técnico y socio fundador en Barcelona en 1932 de los primeros estudios preparados para rodar cine sonoro en España, junto al director Francisco Elías y Camille Lemoine (Gaumont): los estudios Orphea, instalados en el Palacio de la Química de Montjuic. En los últimos años de la República una mayoría de las películas sonoras rodadas en España se hicieron en los estudios Orphea. El sonido de la radio y del cine serían para siempre su marca de identidad histórica. 3.3. Luis de Oteyza (1883-1961) y Arturo Pérez Camarero (1891-1963) Luis de Oteyza fue uno de los más importantes periodistas españoles de las dos primeras décadas del siglo pasado. Rubio (2015) califica a Oteyza como el “Kapúcinsky español”, reivindicando la excelsitud y vanguardia de su perio- dismo, que sitúa al nivel del de Chaves Nogales. Lo considera fundador del periodismo de investigación en nuestro país, junto a sus coetáneos Manuel Aznar Zubigaray, Víctor Ruiz Albeniz y Rafael López Rienda. (Rubio, 2015) Ote- yza comenzó su actividad periodística en la revista El Globo (1905). En aquellos años colaboró en diferentes publi- caciones de la capital (La Nación, Madrid Cómico). Tras un breve periodo alejado del periodismo, en el que trabajó como administrativo en un banco en Oviedo, en 1909 se trasladó a Cartagena como redactor del diario La Tierra, del Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 331 que pasó a dirigir la redacción de El Liberal, en la ciudad de Murcia, por pocos meses. En 1909 ingresó en El Liberal de Barcelona, diario que dirigió entre 1912 y 1914. (Rubio, 2015) Ese año retornó a Madrid para iniciar una década de intensa actividad periodística en la capital, primero como redactor en los diarios El Liberal y El Imparcial, y, desde el año 1919, como director de La Libertad, un nuevo diario surgido como resultado de una escisión de la redacción de El Liberal, que estaba descontenta con la política editorial y empresarial desarrollada en el histórico rotativo. Oteyza dirigió La Libertad entre diciembre de 1919 y marzo de 1925. El diario, muy ligado al político Santiago Alba y a la izquierda liberal, con una línea editorial izquierdista, defensora de los derechos sociales de los obreros, que se iría decantando por el republicanismo, se convirtió en el periódico más hostil con el régimen del general Primo de Rivera tras el golpe de estado de septiembre de 1923. Oteyza, en aquellos primeros años al frente de La Libertad, compaginó su actividad periodística con la política. En 1920 el periódico desplegó una potente cobertura informativa sobre el conflicto de los mineros con la Compañía de Riotinto en Huelva, posicionándose abiertamente en favor de los derechos reivindicados por los trabajadores. La notoriedad que Oteyza obtuvo en la provincia de Huelva, y su relación de amistad con Santiago Alba, le impulsó en abril de 1923 a presentarse diputado a Cortes por esa circunscripción en las listas del Partido Liberal. Solo pido disfrutar de su acta de diputado por pocos meses, puesto que las Cortes fueron ilegítimamente disueltas en septiem- bre, tras el golpe de Primo de Rivera. Esta militancia política y periodística de Oteyza tendrían cierta incidencia en su frustrado proyecto radiofónico, en un sistema radiodifusor férreamente intervenido por el Estado, al suscitar el máximo recelo, e incluso la animadversión, del régimen del marqués de Estella. Imagen 4. Luis de Oteyza. Fuente: archivo familiar de Luis de Oteyza. Reproducida en la reedición en el año 2000 de sus Obras Selectas. El trabajo periodístico más destacado de Luis de Oteyza, en su etapa en La Libertad, sin duda fue su serie de reportajes y entrevistas sobre la guerra colonial de España en África, en particular sobre la campaña de Annual y la revuelta rifeña liderada por Abd El-Krim. Oteyza lideró un equipo de corresponsales de guerra, que se desplazó sobre el terreno, para lograr un gran hito periodístico al documentar, como ningún periódico de la época, la complejidad y trascendencia de aquellos acontecimientos. La calidad y objetividad de aquellas crónicas, recopiladas posteriormente en el libro Abd El-Krim y los prisioneros (1922), suscitaron la enemistad de oficiales del Ejército y de los sectores más conservadores del país. Oteyza, en el momento más álgido de su carrera periodística, tuvo conocimiento de los primeros ensayos e ini- ciativas radiodifusoras y se apasionó por las posibilidades comunicativas y sociales del nuevo medio. Su diario, La Libertad, fue el primer periódico madrileño en instaurar una sección dedicada a informar sobre las novedades radio- fónicas. El 22 de marzo de 1924 publicó por primera vez la sección “Radiotelefonía” (La Libertad, 22-3-1924), que Oteyza encomendó a Arturo Pérez Camarero, redactor del periódico, quien se convertirá en su fiel colaborador en su intento de incursión en el medio radiofónico. Pérez Camarero firmaba sus crónicas con el pseudónimo “Micrófono”, con el que logró una gran relevancia en el ámbito de los primeros industriales y seguidores. Pérez Camarero era un 332 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 joven periodista, muy cercano, al igual que Oteyza, al círculo de Santiago Alba, quien fue padrino de una de sus hi- jas.5 Nació en 1891 en Covarrubias (Burgos). Tras estudiar Derecho en la Universidad de Valladolid, fue contratado, gracias a la intercesión directa del político liberal, en El Norte de Castilla, periódico en el que trabajó entre 1912 y 1915. De nuevo con el respaldo de Alba, Pérez Camarero se trasladó a Madrid, para incorporarse pocos años más tarde, en 1923, en la redacción de La Libertad. (Fernández-Sande, 2009) Imagen 5. Retrato de Arturo Pérez Camarero. Fuente: Archivo de la familia Pérez Camarero La primera participación pública de Oteyza en el incipiente mundo de la radio se produjo el 10 de abril de 1924. El director de La Libertad fue invitado por los responsables de la empresa Radio Ibérica a presentar “un acto de di- vulgación radiotelefónico” que se celebró en el teatro de la Casa del Pueblo de Madrid, dirigido a obreros del sector de la construcción. El evento tiene una gran significación histórica porque fue la primera ocasión en que se divulgaba la radiocomunicación entre las clases más populares. Oteyza en su discurso destacó el gran potencial de la radio- difusión para el progreso de la cultura y el periodismo. (La Libertad, 11-4-1924) No existe constancia documental, pero parece probable que el acercamiento de Oteyza a Radio Ibérica se hubiese podido auspiciar por intercesión del empresario vasco Horacio Echevarrieta, puesto que en aquel momento participaba del capital social de la empresa Radio Ibérica y también de la empresa editora de La Libertad. Echevarrieta mantenía, además, una excelente relación con Santiago Alba. La labor, en una primera fase meramente divulgativa, de Oteyza y Pérez Camarero resultó fundamental para ge- nerar en la capital un ambiente de expectación ante el inminente comienzo de las emisiones diarias de Radio Ibérica, que, tras varios intentos, se iniciaron el 12 de mayo de 1924. Estas emisiones, inauguradas con un discurso de Pérez Camarero, fueron posibles gracias al acuerdo con la corporación Radio Madrid, que congregaba a un grupo de co- merciantes del sector radioeléctrico en la ciudad. (Fernández-Sande, 2005; La Libertad 13-5-1924) El 25 de mayo de 1924 tuvo lugar la publicación del primer número de TSH, semanario especializado en la in- formación sobre los avances de la llamada “telegrafía sin hilos”, editado por el propio Oteyza y con la dirección de Arturo Pérez Camarero. (TSH, año I, nº1) La revista se convertiría en el principal portavoz de los intereses de Radio Ibérica hasta su desaparición a finales de 1926. Los dos periodistas de La Libertad lograban con la revista todavía una mayor capacidad de influencia e intervención Luis de Oteyza irrumpió con gran determinación en el periodo fundacional de la radiodifusión en España. Su gran relevancia pública, al ser uno de los periodistas más célebres del momento, supuso un gran impulso, al otor- 5 Entrevista realizada con María Dolores Pérez Camarero, hija de Arturo Pérez Camarero, 29-6-2000. El periodista burgalés contaba con diversas fotografías dedicatorias de Santiago Alba en su archivo personal. Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 333 gar credibilidad y notoriedad, en los intentos de viabilizar las emisiones regulares de Radio Ibérica y constituir un mínimo entorno comercial en torno a estas. El 18 de mayo de 1924, Oteyza presidió la asamblea constituyente de la Federación Nacional de Aficionados en el Circo Americano de Madrid. (La Libertad, 25-5-1924) Esta agrupa- ción pretendía, fundamentalmente, promover la financiación de las emisiones diarias a través de las aportaciones de los radioaficionados. El 15 de junio cambió su denominación por Asociación Radio Española, de la que Oteyza fue nombrado uno de sus presidentes honorarios y Pérez Camarero vocal de la Junta Directiva. (TSH, año I, nº 7) La Asociación protagonizó numerosos enfrentamientos en su corta trayectoria, primero con el decano Radio Club España -fundado en 1922-, con la corporación Radio Madrid y, posteriormente, entre sus propios afiliados Uno de los más célebres, Matías Balsera, quien fue uno de los grandes inventores/precursores de la comunicación radioeléctrica en nuestro país, junto a Julio Cervera y Antonio Castilla, lideró un grupo de asociados defensores de una mayor independencia de la entidad respecto a los intereses empresariales de Radio Ibérica. Matías Balsera era partidario de que la Asociación dispusiese de su propia emisora. Como resultado de estas disputas internas, Oteyza y Pérez Camarero perdieron el control de la asociación, abandonándola en los primeros meses de 1925. (Fernández-Sande, 2005) Imagen 6. Primera Junta Directiva de la Federación Nacional de Aficionados, tras su asamblea constituyente. Arturo Pérez Camarero, es el primero sentado a la izquierda de la mesa. Luis de Oteyza, el quinto. Fotografía de Alfonso Sánchez Portela. Fuente: Archivo General de la Administración La Asociación Radio Española se terminó malogrando, tras los sucesivos conflictos internos y la grave crisis económica que provocó la puesta en funcionamiento de la emisora ansiada por Balsera, que fue finalmente absor- bida por Unión Radio. Pese a su fracaso, esta Asociación constituye un antecedente muy interesante de la articu- lación de las agrupaciones de radioyentes como entidades financiadoras de las emisiones, que tendrían una gran importancia en las décadas de los veinte y los treinta en diversos países, y que en España alcanzaría el éxito, muy poco tiempo después, con la Unión de Radioyentes, impulsada por la empresa Unión Radio y su director general Ricardo Urgoiti. Desde muy pronto se vislumbró que el interés de Luis de Oteyza por la radio iba mucho más allá de su afán por divulgar las ventajas del nuevo sistema de comunicación, quería participar directamente, tanto en la dimensión perio- dística como empresarial, del desarrollo de la radiodifusión. El 1 de junio de 1924 Pérez Camarero, desde su sección diaria en La Libertad, anunció a los lectores que el periódico proyectaba montar su propia estación radiofónica. (La Libertad, 1-6-1924) Este proyecto nunca se materializó, pero un mes después, a través de la antena de Radio Ibérica, La Libertad comenzó a financiar y producir una serie de emisiones, todos los martes y jueves, que el propio Oteyza inauguró con un discurso. (La Libertad, 2-7-1924) 334 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 Imagen 7. Inauguración de las emisiones de La Libertad en Radio Ibérica, 1-6-1924. En el centro de la fotografía, sentado el tercero por la izquierda, Luis de Oteyza. Arturo Pérez Camarero es el tercero en pie comenzando por la izquierda. Fotografía de Alfonso Sánchez Portela. Fuente: Archivo General de la Administración. La implicación de Oteyza y Pérez Camarero con el desarrollo del proyecto de Radio Ibérica se incrementó en los siguientes meses. En noviembre de 1924, Oteyza se convirtió en uno de los accionistas de la nueva sociedad propietaria de la emisora Radio Ibérica, la Sociedad Nacional de Radiodifusión Española. (Fernández-Sande, 2005)6 El periodista llegó a ser uno de los nombres más importantes del círculo surgido en torno a la radiodifusión, resulta muy significativo de su gran influencia que, en otoño de 1924, fuese el encargado de presentar por primera vez en sociedad a un joven ingeniero, recién llegado de un periodo formativo en Estados Unidos, Ricardo Urgoiti, que pronunció una conferencia sobre la evolución internacional de la radiotelefonía ante industriales, comerciantes y aficionados madrileños. El Sol, 20-10-1924) Las pretensiones de Luis de Oteyza por lograr convertirse en empresario y promotor de la radiodifusión no se limitaron a España. En febrero de 1925 viajó a Portugal donde se reunió, según recogió la prensa lusa del momento, con representantes del gobierno del país vecino para ofrecer la instalación de estaciones de radio en Lisboa y Oporto con la potencia suficiente para ser sintonizadas desde las colonias portuguesas. Una propuesta que nunca llegó a materializarse.7 Oteyza y Pérez Camarero, con la inestimable colaboración de los hermanos De la Riva, trataron de mejorar la calidad de los contenidos emitidos por Radio Ibérica. Las primitivas programaciones se fueron enriqueciendo con la incorporación de conferencias, representaciones teatrales, retransmisiones de conciertos, e incluso la emisión de espacios de noticias, el más destacado fue “Gaceta Radio” (La Libertad, 19-2-1925), programa informativo que tan solo se mantuvo un mes en antena, pero que supuso un claro antecedente del célebre noticiario “La Palabra” de Unión Radio. Ambos acometieron múltiples intentos de concertar fórmulas financieras, a través del soporte de comerciantes y aficionados, para lograr el sostenimiento empresarial de un proyecto radiofónico que se demostró inviable por razones fundamentalmente económicas y también políticas. A finales de 1924, la situación económica de Radio Ibé- rica ya resultaba muy complicada. En el seno del accionariado de la empresa -Sociedad Nacional de Radiodifusión Española- cohabitaban industriales y periodistas, muy vinculados a la izquierda liberal y el republicanismo, como Rufino de Orbe, Emilio de la Riva -padre de los ingenieros de la Riva- y el propio Oteyza, con otros industriales que mantenían filiaciones políticas opuestas. Este era el caso de Eduardo Hugas, representante en el consejo de adminis- 6 Escrituras Sociedad Nacional de Radiodifusión Española. (Registro Mercantil de Madrid) 7 Información localizada en la página Història da Ràdio em Portugal. Noticia de periódico portugués (no identificado) con el titular: “Uma proposta espanhola para a montagem de duas estações transmisoras em Lisboa e Porto”. <> Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 335 tración de Moreno Zuleta, el conde de los Andes, hombre próximo a Primo de Rivera. A lo largo de 1925, Moreno Zuleta, y también Horacio Echevarrieta, abandonaron el capital de la Sociedad para aproximarse, respectivamente, a los nuevos proyectos de Radio Castilla y Unión Radio, dejando en una situación cada vez más comprometida a la empresa propietaria de la emisora pionera. (Fernández-Sande, 2006) En marzo de 1925, el industrial Juan March adquirió La Libertad. Este cambio de propiedad implicó la salida in- mediata del periódico de Luis de Oteyza. (Rubio, 2015) Pérez Camarero continuó ocupándose durante unos meses de la sección de Radiotelefonía, pero, de forma paulatina, fue apartado de la misma. Radio Ibérica perdía así la cobertura y el apoyo incondicional del diario en un momento decisivo en el que irrumpía la competencia de la empresa Unión Radio, que terminaría en breve plazo por hacerse con el control de la radiodifusión española. Oteyza, desplazado de la prensa, en un entorno político cada vez más hostil, centró todos sus esfuerzos, durante los siguientes meses de 1925, en intentar reflotar su proyecto de Radio Ibérica. El periodista, en el verano de 1925, incluso probó a experimentar sus dotes como “speaker” y se puso ante el micrófono para conducir una serie de pro- gramas de divulgación cultural. En julio de ese año, ya con la intimidatoria competencia en el éter madrileño de la flamante Unión Radio Madrid, Arturo Pérez Camarero fue nombrado nuevo director de la emisora. (TSH, año II, nº LX) El periodista burgalés trató de mejorar la programación y de mantener la audiencia, en un proceso de gran declive económico y empresarial. En ese momento, conscientes de su inviabilidad económica y del poder creciente de Unión Radio, Luis de Oteyza y Rufino de Orbe trataron, un tanto a la desesperada, de encontrar la supervivencia empresarial de la emisora a través de un recurso jurídico que había sido infinidad de veces criticado desde las páginas de La Libertad y TSH: la conce- sión del llamado Servicio Nacional de Radiodifusión, contemplado en las disposiciones especiales del Reglamento de junio de 1924. De Orbe - adjudicatario de una serie de frecuencias en diversas ciudades españolas, aunque muchas de ellas no cumplían las mínimas condiciones técnicas ni económicas para emitir- y Oteyza lideraron un intento de obtener la concesión monopolística de la radio en España, tratando de esta forma de truncar el proyecto empresarial de Unión Radio. (Fernández-Sande, 2006) Arturo Pérez Camarero, que simultaneó durante un breve periodo la dirección de las emisoras Radio Ibérica y Radio Castilla, aprovechó el discurso inaugural de esta nueva emisora, con la presencia del General Primo de Rivera, para solicitar el apoyo oficial a los industriales españoles por parte del Estado con el fin de consolidar la “organiza- ción sinhilista” en el país. La agrupación de emisoras, liderada por De Orbe y Luis de Oteyza, presentó, en otoño de 1925, una solicitud oficial a la Junta Técnica e Inspectora de Radiocomunicación para resultar concesionaria del Consorcio Nacional de Radiodifusión. La propuesta, tal y como era previsible, no logró prosperar. El Directorio de Primo de Rivera nunca aplicó medidas proteccionistas, favorecedoras de las empresas radiofónicas de capital español. Incluso las puntuales reformas del Reglamento, adoptadas a partir del verano de 1925, beneficiaron por regla general a los intereses de Unión Radio, que tampoco logró ser la concesionaria del codiciado monopolio radiodifusor. La propuesta de Radio Ibérica, Radio Catalana y las sus emisoras asociadas no presentaba una mínima solidez económica, empresarial o técnica para poder ser considerada, en una decisión que habría supuesto un perjuicio eco- nómico directo a la poderosa corporación de Unión Radio, que integraba a las filiales de las empresas internacionales más potentes del sector radioeléctrico, en la que participaban Ruiz Senén y otros industriales muy bien relacionados con los poderes económicos y políticos de la época. La presencia entre sus promotores de Oteyza, siempre beligeran- te con la Dictadura desde La Libertad, y de Orbe, próximo a Indalecio Prieto, sin duda tampoco contribuyeron a que la propuesta pudiese ser considerada políticamente aceptable por parte del Directorio militar. Luis de Oteyza, relegado de la prensa nacional, convencido del inevitable fracaso empresarial de Radio Ibérica, una vez supo que el consorcio de emisoras no obtendría la concesión del Servicio Nacional de Radiodifusión, y co- nocedor de la animadversión del régimen, decidió, a finales de 1925, exiliarse voluntariamente a Filipinas. Nunca volvió a tener vinculación con el medio radiofónico y no regresó a nuestro país hasta la instauración de la II Repúbli- ca. Volcó su actividad en los viajes y la literatura. A lo largo de su vida cultivó diversos géneros: literatura de viajes, novela, cuentos, parodia o poesía. En la República desarrolló una corta carrera diplomática, que tuvo que interrumpir en 1936 para partir hacia un exilio definitivo. Residió en Estados Unidos, Cuba y Venezuela, país en el que falleció en 1961. Tras el exilio de Oteyza, Pérez Camarero se mantuvo al frente de la dirección de Radio Ibérica y de TSH, revista de la que pasó a ser también coeditor -una vez adquirió la participación de su antiguo jefe- en mayo de 1926. Radio Ibérica, desde finales de 1925, estaba sumida en una crítica situación económica irreversible: asolada por las deudas, incapaz de generar suficientes ingresos procedentes de la publicidad o de las aportaciones de sus oyentes e incluso sometida a un proceso de embargo, emprendió un proceso de resistencia numantina ante la hegemonía creciente de Unión Radio Madrid. El deterioro de sus programas y de la calidad técnica de sus emisiones fue deteriorando su po- sición en las ondas madrileñas. “Micrófono” se mantuvo fiel a la emisora pionera, confrontando continuamente desde su revista y desde el micrófono de la Ibérica con la empresa dirigida por Urgoiti en un vano intento de recuperar la antigua notoriedad de la emisora pionera. Tras la ejecución de un embargo por parte del Banco de Crédito Industrial, la emisora tuvo que trasladarse en verano de 1926 al edificio del teatro Alkázar. La mayor parte de sus profesionales abandonaron la estación, que sus- pendió sus emisiones entre septiembre y diciembre de 1926. La emisora volvió a emitir en diciembre de 1926 para ser 336 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 adquirida por Unión Radio pocas semanas después, lo que supondría su desaparición definitiva. (Fernández-Sande, 2006) Arturo Pérez Camarero, el mejor cronista de los primeros años de la radiodifusión en Madrid, derrotado defin - tivamente el proyecto de Radio Ibérica, abandonó todo contacto con el medio. Pasó a ocuparse hasta el año 1936 de la crítica cinematográfica del diario La Libertad. Tal y como sucedió con varios pioneros de nuestra radiodifusión, trasladó su interés y actividad hacia la cinematografía. En la década de los cuarenta dirigió diferentes películas docu- mentales, la mayoría cortometrajes: Cervantes gloria universal; Los lugares del Quijote; Así es Cataluña; Marrue- cos; Tierras de Andalucía, entre otras. Nunca abandonó por completo su labor periodística, resultaban frecuentes sus colaboraciones periodísticas en el diario ABC. Actividades que compaginaba con su trabajo en el Instituto Nacional de Estadística, para el que editó diversos libros y estudios. Falleció en Madrid en enero de 1963. Al igual que sucedió con José María Guillén y otros pioneros españoles, el paso por la radiodifusión de Oteyza y Pérez Camarero fue extremadamente fugaz, quedando sus nombres relegados en la historiografía sobre el medio. A pesar de que su actividad radiofónica se limitó tan solo a dos o tres años, y de que su proyecto empresarial derivó en un rotundo fracaso, no resulta posible comprender con plenitud los albores de la radio en España sin considerar el papel que ambos desempeñaron en el establecimiento de emisiones diarias y en la divulgación de las posibilidades de la nueva comunicación radiofónica. 3.4. Ricardo Urgoiti Somovilla (1900-1979) Ricardo María Urgoiti nació el 26 de julio de 1900 en el municipio de Zalla (Vizcaya), localidad en la que su padre, Nicolas María Urgoiti, trabajaba en la fábrica de papel del Cadagua. Un año más tarde, Nicolás Urgoiti impulsó la creación de la Papelera Española, resultado de la fusión de once fábricas de papel. Tras una profunda modernización de las diferentes factorías, la compañía se convirtió en un trust del que pasaron a tener una gran dependencia la indus- tria editorial y la prensa nacional. El padre de Ricardo Urgoiti, ya afincado en Madrid, se convirtió en un empresario de considerable reputación e influencia en el país. En el año 1917, Urgoiti inició un proceso de expansión empresarial que se inició con la fundación del diario El Sol. Un año más tarde impulsó la creación de la editorial CALPE (Com- pañía Anónima de Librerías, Publicaciones y Ediciones), que proseguiría, en 1920, con el lanzamiento del diario vespertino, La Voz, que obtuvo un rápido éxito de ventas. Nicolas Urgoiti construyó un imperio empresarial en torno al sector del papel y la edición que alcanzó su cénit en la primera mitad de la década de los veinte. (Cabrera, 1994) La suerte en los negocios y la salud del patriarca de los Urgoiti comenzaron a atenuarse a partir de 1925. Ricardo aprendió de su padre una fuerte capacidad de liderazgo y un conocimiento de la actividad empresarial que resultaron determinantes en su trayectoria como director general de Unión Radio. Su visión sistémica del naciente negocio radiofónico le permitió imponer con rapidez el proyecto de Unión Radio sobre el resto de las iniciativas empresariales en torno al origen de la radiodifusión. Ricardo Urgoiti percibió que la comunicación radiofónica no era solo una magnífica invención técnica, con gran capacidad de generar progresos culturales y educativos para la sociedad; entendió toda la complejidad de su dimensión mercantil, con la convicción de que se constituiría en una gran industria de la comunicación y del entretenimiento. Este enfoque le diferenció de la mayoría de los pioneros y aspirantes a empresarios de la época. Ricardo Urgoiti estudió la ingeniería de caminos, canales y puertos en Madrid, la misma carrera cursada por su padre. A través de la intercesión de Luis Sánchez Cuervo, profesor en la Escuela de Ingenieros y directivo de la So- ciedad Ibérica de Construcciones Eléctricas (SICE), filial de General Electric, Urgoiti realizó una estancia formativa, entre marzo de 1923 y agosto de 1924, en la factoría de la gran multinacional en Schenectady (EEUU). (Afuera, 2021) Esta experiencia resultaría completamente decisiva para su futuro profesional, y también para el posterior desarrollo de la radiodifusión en España. Urgoiti, ya en los inicios de junio de 1923, comunicó por carta a su padre su firme propósito de dedicarse al sector radiofónico. (Fernández-Sande, 2020) En su experiencia estadounidense Ur- goiti quedó fascinado por las posibilidades económicas y profesionales del incipiente sector radioeléctrico y solicitó ser admitido en el departamento de radio de la empresa. A finales de febrero de 1924, desde su residencia en Estados Unidos, Urgoiti, en una nueva carta a su progenitor, exponía con gran clarividencia la configuración empresarial que consideraba necesaria para poder explotar con éxito la radio en España. Un bosquejo que se acabaría correspondiendo, algunos meses más tarde, con lo que fue la estruc- tura corporativa de Unión Radio S.A.: “Sigo trabajando en radio; claro que a veces pienso en las dificultades que encontraré para hacer allí lo que yo quisiera, pues quizá sean demasiados cabos a atar y demasiada gente a convencer, mi propósito sería, no ya una agencia o representación de una casa, sino la formación de un grupo, de acuerdo con las casas eléctricas más importantes (SICE, Siemens, AEG) que se encargue de trabajar la rama de radio para todas ellas, y aparte de la venta de aparatos receptores de aficionado, estudiase las demás aplicaciones que se pueden utilizar en España; con este grupo especializado en “radio” (tan distinto del resto del comercio electrónico) creo que todas saldrían ganando y se podría hacer una cosa de importancia”. (Fernández-Sande, 2020)8 8 Carta de Ricardo Urgoiti a su padre, Nicolás Mª Urgoiti, 29-2-1924. Archivo personal de Ricardo Urgoiti. Residencia de Estudiantes RUS/20/16. Citado en Fernández-Sande, 2020 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 337 Imagen 8. Tertulia del Café Pombo. Ricardo Urgoiti, de pie, el primero por la derecha. Fuente: Agencia EFE. Ángeles Afuera (2019, 2021), en su investigación sobre Unión Radio, ha revelado que Urgoiti, en el diario que es- cribió durante su etapa en Estados Unidos, ya incluía el nombre de Ruiz Senén, futuro presidente de Unión Radio, en las diferentes fórmulas empresariales que discurrió para articular su proyecto radiofónico en España. Valentín Ruiz Senén era en aquel momento director general de la Unión Eléctrica Madrileña y vocal del Consejo de Administración de la Banca Urquijo. Estos apuntes del diario de Urgoiti y el epistolario con su padre parecen confirmar la hipótesis de Colorado y Cerdán (2007) de que el papel de Ricardo Urgoiti fue esencial en la fundación de Unión Radio, puesto que logró aglutinar, a partir de una visión avanzada del sector y de la influencia de su familia, el capital de las princi- pales empresas multinacionales radioeléctricas con el de otros sectores estratégicos, como la banca, para el desarrollo del negocio de la radio en España. Sin embargo, el propio Ricardo Urgoiti nunca confirmó esta intervención directa en la constitución de la Compañía, en un testimonio recuperado por Afuera, explicaba así su llegada a Unión Radio: “Cuando volví a España en agosto del 1924 estaba cuajando la idea en las grandes compañías de aparatos, la Marconi, la Telefunken, la Standard, que querían hacer una emisora con buenos programas para vender apa- ratos. Yo no lo veía desde ese punto de vista pero como estaba en el momento oportuno me hicieron director general” (Afuera, 2021, p.130). Con independencia de si fue Ricardo Urgoiti el verdadero artífice e impulsor de la creación de la empresa Unión Radio, o si fue esta la que le reclutó como su principal ejecutivo. el vínculo entre ambos posibilitó el mayor desarrollo del sector radiofónico en nuestro país. La constitución legal de Unión Radio S.A. tuvo lugar el 16 de diciembre de 1924, si bien el primer documen- to con el compromiso de creación de la empresa ya había sido formalizado el 31 de octubre de ese mismo año. En el Consejo de Administración de la Compañía estaban representadas las siguientes sociedades: Compañía Nacional de Telegrafía sin Hilos (Marconi); Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas SICE (RCA- Ge- neral Electric); Sociedad Española de Acumuladores Tudor; AEG-Telefunken; Compañía General Española 338 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 de Electricidad (Lámparas Metal); Ómnium Ibérico (Radiola); Electrodo S.A., y Teléfonos Bell, International Western Electric Company. La presidencia del Consejo recayó en Ruiz Senén y la dirección general de la em- presa en Ricardo Urgoiti. (Afuera, 2019) Unión Radio estaba participada por las grandes compañías internacionales del sector y contaba con un capital social inicial de un millón de pesetas, una cantidad inalcanzable para ninguna de las otras empresas o agrupaciones de aficionados surgidos hasta aquel momento en torno a la radio en España. Prueba de ello es que la Sociedad Nacional de Radiodifusión Española, empresa propietaria de la emisora Radio Ibérica, se había constituido pocas semanas antes con un capital social de doscientas mil pesetas.9 La capacidad financiera de la sociedad dirigida por Urgoiti, además de las poderosas influencias económicas y políticas concentradas en su Consejo de Administración, la lleva- rían a imponerse en una contienda empresarial muy desigual. Las multinacionales radioeléctricas aguardaron hasta que España contó con un marco jurídico definido, con la aprobación del Reglamento de junio de 1924, antes de invertir directamente en el incipiente mercado de la Radio. Desde antes de la aprobación del Reglamento, durante las últimas sesiones de la Conferencia Nacional de TSH, la Compañía Nacional de Telegrafía son Hilos (Marconi), una de las dos grandes promotoras de Unión Radio, trató de influir para que el Directorio de Primo de Rivera estableciese en España un modelo de explotación monopolístico, a través de un consorcio de empresas privadas que disfrutase de la licencia estatal para la organización de las emisio- nes. (La Libertad, 29-4-1924) La reacción contraria a esta iniciativa de gran parte de la prensa especializada, defen- sora de los postulados de una mayor libertad de mercado, que también apoyaban los empresarios de Radio Ibérica, junto a otros industriales y radioaficionados, hizo fracasar las pretensiones de la multinacional. El Régimen de Primo de Rivera, tras incorporar el modelo del consorcio en un primer borrador del Reglamento, finalmente, adoptó una posición intermedia: estableció un régimen de libre concurrencia para la tramitación de las frecuencias de emisión, pero incluyó, como una de las disposiciones especiales, la posibilidad de constituir el consorcio en caso de que las emisoras se demostrasen incapaces de dotar al país de una radiodifusión de calidad. La compañía Unión Radio desde su constitución ambicionó hacerse con el monopolio de la radiodifusión en el país con el objetivo de maximizar la rentabilidad de su modelo empresarial. Existen documentos que permiten com- probar que Ricardo Urgoiti tenía entre sus cometidos la obtención de la exclusiva del negocio radiodifusor. Así se lo manifiesta por carta a Mr. Baldwin, vicepresidente de la General Electric, al que había tenido ocasión de conocer en su etapa en Estados Unidos: Esperamos obtener el monopolio de la radiodifusión en España. Probablemente sonreirá ante la idea de un monopolio de radiodifusión, pero aquí en Europa las cosas tienen que desarrollarse de manera muy diferente a América, y un monopolio es esencial para que el país pueda tener las ventajas de un servicio de radiodifusión aceptable. (Fernández-Sande, 2020)10 Urgoiti era consciente del impacto negativo del modelo radiofónico anárquico, fragmentado y asimétrico, instaurado tras el Reglamento de junio de 1924, para el desarrollo económico del nuevo mercado en España. El director general de Unión Radio trabajó con dos estrategias alternativas con el fin de conseguir el monopolio: la primera vía consistente en lograr que, a través de diferentes influencias políticas y empresariales, el Régimen de Primo de Rivera les concediese el consorcio de la radiodifusión, aplicando para ello la disposición adicional prevista en el Reglamento. Esta pretensión fra- casó ante la falta de voluntad del Directorio de adoptar un posicionamiento en favor de un régimen exclusivista, y por la gran inestabilidad política del país durante la última fase de la Dictadura y la II República. La segunda alternativa se fun- damentaba en una reorganización del mercado radiofónico español a partir del potencial económico de Unión Radio. Para ello se aprovechó una modificación del Reglamento, de 15 de abril de 1926, que permitía la compra-venta de frecuencias, no contemplada en el texto inicial del Reglamento. Incluso antes de esa Real Orden, desde febrero de 1925, Unión Radio ya contaba con un plan de expansión empresarial que Urgoiti ejecutó de forma muy precisa. Unión Radio optó por ejecutar procesos de absorción de todas aquellas estaciones que pudiesen representar una dificultad para su plan radiodifusor. Al final de la década de los veinte Unión Radio logró el control de la práctica totalidad de las emisoras activas del país. Con la excepción notable de Ràdio Associació de Catalunya, que se convirtió en su competidora más dura en Cataluña en tiempos de la República. Radio Castilla, Radio Ibérica, Radio Madrileña, Radio Club Sevillano, Radio Barcelona - la histórica esta- ción catalana pasó a estar bajo el control definitivo de Unión Radio, tras meses de negociaciones, en noviembre de 1926-, Radio Catalana, Radio Asturias o Radio San Sebastián, entre otras, fueron cayendo poco a poco en la densa red tejida por la empresa de Urgoiti para provocar una concentración del mercado. (Balsebre, 2001; Afuera, 2020) Ricardo Urgoiti demostró un gran conocimiento del sector y una inteligencia empresarial que aplicó en todas las áreas de la compañía. La aparición de Unión Radio Madrid, a partir de junio de 1925, supuso tal salto cualitativo en la calidad de las emisiones, que desdibujó con rapidez toda la labor desempeñada hasta entonces por las emisoras pre- cursoras como Radio Ibérica o Radio Barcelona. La visión del negocio radiofónico de Urgoiti era global, en contraste con la mayor parte de los pioneros de las otras emisoras que concibieron sus proyectos excesivamente apegados a lo local. Urgoiti optó por la profesionalización, dotó a sus emisoras de una estructura programática, técnica y comercial, 9 Escrituras Sociedad Nacional de Radiodifusión Española. (Registro Mercantil de Madrid) 10 Carta de Ricardo Urgoiti a Arthur Baldwin 6-4-1926. Archivo personal de Ricardo Urgoiti. Residencia de Estudiantes RUS/20/16. Citado en Fernández-Sande, 2020 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 339 logrando el desarrollo paulatino de una verdadera actividad lucrativa en torno a la radio. Entendió la importancia de la publicidad como la vía principal de ingresos de las emisoras y consiguió alinear los intereses de oyentes, comer- ciantes e industriales en torno a unas emisiones de calidad. Desplegó una eficaz labor de comunicación en defensa de su empresa, constantemente cuestionada en los primeros tiempos de su actividad, utilizando todos aquellos medios de información a su alcance: las secciones de radio de los diarios El Sol y la Voz, la revista Radio Ciencia Popular y, sobre todo, la revista Ondas, órgano oficial de Unión Radio. Urgoti contó con el apoyo casi incondicional y la confianza de los accionistas de Unión Radio durante los doce años que estuvo al frente de la emisora. Se rodeó de un excelente equipo de profesionales en todos los departamentos de la empresa. Virgilio Oñate, Ruiz Golluri y Sánchez Cordovés fueron tres de sus colaboradores más estrechos. En la estructura de la Unión Radio de Urgoiti se formaron las generaciones de radiofonistas que protagonizarían la historia del medio hasta entrados los años cincuenta y sesenta, entre ellos Antonio Calderón. En las emisiones de Unión Radio se fraguaron las bases de los principales géneros y narrativas radiofónicas que estarían vigentes durante las siguientes décadas: las retransmisiones de toda índole, el radioteatro, los conciertos, los concursos, la información radiofónica, el deporte. También se desarrollaron las emisiones en cadena y las transmisiones internacionales. La labor de Ricardo Urgoiti no se limitó al sector radiofónico. Era un hombre polifacético con numerosas inquietu- des intelectuales, además de un destacado deportista. Aportó una visión moderna capaz de buscar e integrar sinergias en- tre las diferentes novedades surgidas en torno a la recién constituida industria audiovisual. Su contribución al desarrolló del cine como industria cultural en España fue muy notable. Participó en el accionariado de la Gran Empresa Segarra, propietaria de diversas salas de cine en Madrid. Aplicó sus conocimientos técnicos para inventar un sistema sonoro que lograba sincronizar la música de las películas mudas. En 1931, fundó la empresa Filmófono para producir y distribuir películas, vender equipos cinematográficos y sonorizar filmes. Para muchos de estos proyectos empresariales Urgoiti contó con el respaldo económico y accionarial de Unión Radio. (Fernández Colorado y Cerdán, 2007). La Guerra Civil provocó la salida de Urgoiti de Unión Radio. El gran arquitecto del desarrollo de la radiodifusión española abandonó el país, en julio de 1937, rumbo a Argentina. En Hispanoamérica prosiguió durante los siguientes años con su dedicación a la industria cinematográfica. Al regreso de su exilio, en 1942, ante las dificultades que se encontró en el régimen franquista, se vio obligado a reinventarse profesionalmente, emprendiendo diversos nego- cios, algunos de ellos en el sector farmacéutico. Urgoiti retornó en el año 1951 al Consejo de Administración de la Sociedad Española de Radiodifusión -nombre con el que la dictadura rebautizó a Unión Radio-, aunque sin apenas atribuciones ejecutivas. (Fernández Colorado y Cerdán, 2007) En sus últimos años desarrolló una intensa actividad de divulgación científica a través de distintos medios de comun cación. Falleció en Hondarribia en 1979. 3.5. Pilar Aragón, Juan Manuel Soriano y Manuel García-Terán Con la herencia del proyecto fundacional de Unión Radio, transformada en Cadena SER, y el nacimiento durante la guerra civil de Radio Nacional de España (RNE) el franquismo refundó la radio en los años 40 en un régimen mixto de coexistencia pacífica entre lo público (RNE) y lo privado (con la hegemonía de la SER). Surgieron nuevas voces y nuevos líderes, pioneros también de nuevas formas de entender la radio y responsables de que el medio alcanzara muy pronto la dimensión de primer portaestandarte de la cultura popular. La radio de la España del exterior también jugó un papel importante en esta redefinición del medio, con La Pirenaica como antena más escuchada y la voz de Pilar Aragón como auténtica “hada madrina” de los radioyentes emboscados que escuchaban clandestinamente las emisiones de este órgano informativo y de propaganda del PCE. El genero del radiodrama superó de forma magistral el nivel de excelen- cia, gracias principalmente a la competencia y sensibilidad de Juan Manuel Soriano, primer actor y director del Teatro Invisible de RNE en Barcelona. La radio demostró que también podía ser un medio de expresión artística, semejante al cine. Y culminada la Dictadura, enfrentada a una coyuntura refundacional, la radio supo encontrar en la inteligencia de directores como Manuel García-Terán, al frente de Radio Barcelona, el relevo indispensable para encauzar la radio hacia una nueva era comunicativa en democracia, suprimido el monopolio informativo de RNE. De ellos tres subrayaremos a continuación algunos detalles biográficos. No acostumbran sus nombres a llenar muchas páginas en la historia de la radio, pero, sin ellos, la radio que hoy disfrutamos 100 años después de su fun- dación sería muy diferente. Pilar Aragón (1919-1989), seudónimo de Josefina López Sanmartín, fue la voz que mejor aglutinó el sentimiento popular de la España antifranquista, alrededor de la emisora comunista Radio España Independiente, La Pirenaica. A pesar de su carácter de emisora clandestina, operando secretamente desde Bucarest (antes en Moscú), La Pirenaica se convirtió en la década de los años 60 en un auténtico medio de comunicación de masas, portavoz de la solidaridad con la causa de los mineros asturianos en huelga y de la presión internacional en defensa del dirigente comunista Julián Grimau, fusilado en Madrid en 1963. Pilar Aragón, barcelonesa, prima hermana de la soprano Victoria de los Ángeles López, adoptó este seudónimo en homenaje a su madre aragonesa. Miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas desde 1932, sufre cárcel en el bienio conservador, se exilia a Orán tras la guerra y luego a Moscú. Como militante del PCE recibiría formación política en la Escuela Leninista de Plániernaya, cerca de Moscú. Fue locutora de La Pirenaica desde 1943. En 1961 Pilar Aragón se encargaría de la sección Correo de la Pirenaica, en contacto epistolar y radiofónico con los españoles que desde el interior o la emigración en Europa escribían auténticas confesiones del sufrimiento y penalidades padecidas durante la 340 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 guerra civil y bajo la dictadura de Franco. También puso en marcha algunos de los primeros programas auténticamente feministas, Página de la Mujer o Charlas femeninas. Fue para muchos oyentes la Elena Francis antifranquista. En esta dimensión antifranquista y feminista reside su significación de pionera en la radio, buscando la concienciación política de la mujer, su participación en grupos de mujeres a favor de la Huelga General Política, su protagonismo en la plani- ficación familiar y su autonomía respecto al marido en la toma de decisiones en este ámbito, con pronunciamientos a favor de los métodos anticonceptivos y en contra de “la trata de blancas”, un drama en la vida de muchas emigrantes cuando intentaban sobrevivir en la ciudad o en el extranjero. He aquí un pequeño ejemplo de su registro literario en una de sus Charlas Femeninas del 17 de diciembre de 1963 donde aborda el tema de los juguetes bélicos: “¿No es mejor ofrecerles mecanos para la ingeniería, grúas para la construcción de viviendas, barcos mercantes para tranquilos mares, navíos cósmicos para el viaje a la Luna, libros instructivos? (…) ¿Por qué someter la mentalidad infantil al impacto de la brutalidad, del odio, de la destrucción y la guerra? (…) En estos graves problemas de la educación de los hijos, las madres tropiezan con las dificultades del medio ambiente generado por una sociedad española en la que la literatura, el cine, los juguetes no aptos para la infancia no son más que una parte de los factores influyentes en los niños. El resto lo hacen la falta de escuelas, la inoperancia y el ana- cronismo de los programas de enseñanza, el pavoroso chabolismo, la hipocresía, la corrupción, el latrocinio en toda la escala de las esferas oficiales franquistas. Decía el gran escritor ruso, Máximo Gorki, que los niños son las flores de la vida. Para que esas flores crezcan sanas necesitan otro ambiente, otra atmósfera, otros cuidados y atenciones de la sociedad, otra situación, en definitiva, que podemos crearla cambiando España”. Pilar Aragón regresa a España en 1969 y se instala en Castellón. Allí trabaja clandestinamente con el PCE, y por ese partido resultará elegida como concejal tras las primeras elecciones municipales democráticas (1979-1983). El mito radiofónico de la España antifranquista no terminaría su vida política bajo las siglas del PCE. Tras la victoria socialista de Felipe González en octubre de 1982, se afilia al PSOE, y como militante socialista seguirá siendo concejal de Caste- llón, luego teniente de alcalde, y senadora en Madrid a partir de 1987. Su voz clara y brillante, de dicción perfecta, en un registro alejado de la retórica militante, despertaba grandes adhesiones y simpatías. Pilar Aragón sabía proporcionar “sosiego, aliento y esperanza” a muchos oyentes que le asignaban el papel de “hada madrina”, “la aurora de la Pirenai- ca”, “la Pili de la clase obrera”, “el alma de las mujeres españolas en su lucha por su libertad”, cuyas intervenciones en la radio suponían “para nosotros los oprimidos lo que la lluvia es para las plantas”. En una carta-poema enviada a La Pirenaica por un oyente murciano a Pilar Aragón “le pido de corazón, que sepa despertar todas las madres de España”. Juan Manuel Soriano (1921-1995) tuvo en su preciosa voz una primera dimensión de su singularidad, “la voz de oro”, como así fue reconocido en el mundo de la radio y el doblaje en los años 40 y 50. Pero tal dimensión no sería suficiente para ocupar un puesto de honor en esta selección de pioneros. Porque la verdadera singularidad de Soriano residió en que, siendo un formidable actor de radio y doblaje, y un director de actores muy perfeccionista, exigente, y a veces poco amable, en busca siempre de la máxima calidad expresiva, también fue un realizador notable, demos- trando un amplio conocimiento de los recursos expresivos del lenguaje radiofónico. Soriano consiguió crear a su alrededor, en torno a la compañía del Teatro Invisible de RNE en BCN, un equipo de unos 70 profesionales magníficos, entre actores, guionistas-adaptadores, montadores musicales, especialistas en efectos sonoros y técnicos de sonido. En la siguiente tabla mostramos algunos de los nombres más representativos en las emisiones de RNE en Barcelona en las décadas de los años 50, 60 y 70: Actores Juan Manuel Soriano, Felipe Peña, Arsenio Corsellas, Bartomeu Angelat, Mª Victoria Durá, Carmen Robles, Maribel Casals, Carmen Lombarte, Ernesto Aura, Miguel Ángel Valdivieso, Jesús Menéndez, Rafael Calvo Gutiérrez, Eduardo Luis Muntada, Rogelio Hernández, Mª Luisa Solá, Rosa Guiñón, Mª Asunción Raya, José Luis Sansalvador, Fernando Ulloa, Estanis González, Fernando Parés, Mª Dolores Gispert, Enriqueta Linares, Gloria Roig, Félix Benito Guitart, Ramón Vaccaro, Miguel Alonso, Antonio de Vicente, Vicente Manuel Doménech, Francisco Javier Garriga de Vial, Eduardo Garro, Modesto Cid, Emilio Fábregas, Manolito García, Alberto Trifol, Juan Antolín, Enrique Vivó, Eduardo Luis Muntada, Ángela Liaño, Juana Espín, Julia Gallego, María Camp, José María Santos, José Antonio Rodríguez, José Sanchiz, Sergio Doré, José María Caffarel, Emilio Freixas Guionistas Mª del Carmen García Lecha, Miguel Bernuy, José Mª Tavera, Florencia Grau, Joaquín Díaz Menéndez, Sergi Schaaff, Ernesto Valle, Arturo Guillén Efectos de sonido Domingo Pariente y Manuel Lasaosa Montaje musical Eduardo Berraondo, Pablo de Sárraga, Sergi Schaaff, Carlos Caballé Puig Directores/ayudantes Juan Manuel Soriano, Luis Pruneda, Sergi Schaaff, José Joaquín Marroquí de dirección Asesoría literaria Joaquín Montaner, Rafael Manzano Control técnico Manuel Casado, Jose Blesa, Francisco Zelma, Alfonso Bules, Paulino Muñoz, Fritz Höderlein Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 341 Soriano ingresó en RNE en Barcelona en 1941 con la categoría de Locutor-redactor. Fue nombrado muy pronto Jefe de Emisiones (1942), un cargo que mantendrá con distintas pausas hasta 1964, cuando la voz de Soriano, al frente del Teatro Invisible de RNE en BCN, como actor de radio o doblaje, locutor de programas y rapsoda, o presen- tando y realizando algunos de los primeros programas de TVE (“Las letras pagan”, “Salta a la vista”, “¿Quién dice la verdad?”, “Ayer noticia, hoy dinero”, “Adivine su vida”, “¿Quién tiene la palabra?”) deviene una presencia constante en el imaginario sonoro de los españoles. Soriano fue un magnífico representante de la calidad excelente que en la historia de la radio y el doblaje identificó la Escuela de Barcelona. La naturaleza le había dotado de una voz singular. Pero su afán de perfeccionismo le impulsó a no instalarse cómodamente en la tradición recibida, en busca de nuevos registros artísticos, que contribuyeron a dignificar la potenci lidad expresiva del lenguaje radiofónico. En los años 70 y primera mitad de los años 80 Soriano continuó con su labor de actor de doblaje y Jefe de Pro- gramas de RNE en BCN, con algunas pausas motivadas por su situación de “exiliado a despachos”, víctima de las luchas fratricidas que siempre se han vivido en las jefaturas de RNE y TVE. Uno de sus últimos trabajos creativos fue en 1988, con la dirección de la adaptación de La Guerra de los Mundos, en el 50 aniversario de la emisión original de Orson Welles, emitida en directo y cara al público a través de la Cadena SER, con las voces de los actores Constantino Romero, Arsenio Corsellas, Antonio García Moral, Juan Antonio Fer- nández Abajo, Rafael Turia y el propio Soriano, y con la música en directo interpretada por la Orquesta de Cámara del Teatre Lliure, dirigida por Josep Pons. Soriano acabó aquella emisión con unas emotivas gracias a las cerca de 500 personas que habían presenciado en vivo la representación. Siempre tuvo presente que la expresión artística de la radio no puede olvidar su dimensión comunicativa. Los oyentes dictan el último veredicto. Muchas de las voces que dirigió Soriano las podemos escuchar todavía hoy en el doblaje cinematográfico de títulos clásicos. La voz del propio Soriano está en la interpretación de Kirk Douglas en Espartaco, o de Richard Widmark en ¿Vencedores o vencidos? Y es gracias al doblaje como la sonoesfera que representó el Teatro Invisible está todavía presente entre nosotros. Manuel García Terán (1935). La singularidad histórica de este periodista leridano reside en su liderazgo durante la Transición como director de Radio Barcelona (1976-1989), anticipándose a la desconexión oficial de los informati- vos de RNE de octubre de 1977 con informativos propios y en catalán; con la retransmisión en directo del primer acto de afirmación democrática multitudinario en España tras la muerte de Franco, la Diada Nacional de Catalunya del 11 de septiembre de 1976 en Sant Boi, bajo la dirección periodística de Fermín Bocos; o impulsando el programa de debate más escuchado en la radio catalana, Directo, dirigido y presentado por Juan Castelló Rovira. Sin ese liderazgo, la revolución periodística que se operó en la Cadena SER durante la Transición no habría alcanzado el protagonismo que tuvo, teniendo en cuenta que el cuartel general de esa operación se hallaba en una emisora periférica como Radio Barcelona. Formado en la radio como guionista, productor y realizador, negro de dos de las estrellas de la radio española más notorias, José Joaquín Marroquí (1954-1957) y Joaquín Soler Serrano (1958-1962), Terán fue el director que consiguió que una cadena tan centralizada como la SER tuviera la redacción central de su informativo estrella, El informativo de las 8, en la misma sede de Radio Barcelona, bajo la dirección de Fermín Bocos. Nunca más se ha producido una descentralización semejante en el ámbito periodístico. Y aunque suene a anécdota, no lo es: en un rasgo de modernidad laica que le costó no pocas protestas, y coincidiendo con la aprobación de la Constitución, Te- rán suprimió en diciembre de 1978 la emisión diaria del Rosario radiado, vigente desde 1948, que Radio Barcelona retransmitía para distintas emisoras de la Cadena SER. Son esos pequeños detalles que en la historia marcan un antes y un después. Contrariamente al perfil de los directores anteriores y siguientes, Terán fue un hombre de radio en todas sus di- mensiones, no solo en la periodística. Algunos ejemplos: – guionista y productor en 1956 de “El rápido de las 22:30” en Radio España de Barcelona, bajo la dirección de José Joaquín Marroquí, un magazine en toda regla, presentado por Enrique Casademont y Pilar Montero. – autor en 1958 de las radionovelas “Cada día tiene su secreto” (con Ricardo Palmerola y Mª Amparo Soto, en adaptación de la novela de Luisa-María Linares), “Una estrella sin cielo” o “Caravana hacia el sur”, en adaptación de la novela de Helga Moray. – responsable en 1959 del guion, producción, realización y gestión publicitaria del programa de la SER “Esto es radio”, dirigido y presentado por Joaquín Soler Serrano. – guionista en 1959-1960 del programa de televisión “Carrusel”, dirigido y presentado por Joaquín Soler Serrano. – director-guionista en la década de los 60 de los programas presentados por Mario Beut, una de las estrellas de la radio catalana en esa década. – director general del Festival de la Canción del Mediterráneo (1969). Terán tenía que haber sido director de Radio Barcelona unos años antes, en 1971-1972, en sustitución de Ma- nuel Tarín, pero finalmente la SER nombró a Carlos Sentís, periodista de larga trayectoria, cronista de los juicios de Nuremberg y de la caza de brujas, espía de Franco, y que acabaría como uno de los hombres de Adolfo Suárez en Cataluña durante la Transición. El nombre de Terán fue vetado por el Ministerio de Información y Turismo. Con- sideraban que era un peligroso comunista. Estuvo casi dos años de subidrector con Sentís, pero tras la muerte de 342 Balsebre Torroja, A.; Fernández-Sand, M. Hist. comun. soc. 26(2) 2021: 323-343 Carrero Blanco se embarcó en un puesto oficial de funcionario en la Organización Mundial de Meteorología (OMM) de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra, como editor de las publicaciones en español. Paradójicamente, muerto Franco, Terán sustituiría en 1976 a Sentís y comenzaría su etapa más significativa como responsable del “cambio” en la radio española. 4. Conclusiones La radio nació en España con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, gracias al trabajo emprendedor de unos cuántos ilustres ingenieros que tras el final de la I Guerra de Mundial trabajaron para reunir inteligencia y capital al- rededor de los Radio Club y las asociaciones de radiodifusión, promotoras del nuevo invento, en complicidad con los intereses de los grupos multinacionales del sector radioeléctrico por unir el mercado español a sus estrategias comer- ciales. Ricardo Urgoiti fue sin duda el que mejor supo lidiar con los conflictos de intereses en este difícil matrimonio, absorbiendo a las emisoras de la competencia, invirtiendo en una programación que uniera calidad y popularidad, y priorizando la publicidad como vía financiera principal. El éxito de su empresa convirtió una decena de emisoras de radio locales, las primeras EAJ, en el embrión de una gran cadena radiodifusora, Unión Radio. La radio de hoy, 100 años después, es la herencia de ese éxito, representado de alguna manera en el poder comunicativo que ostenta la Cadena SER, la nueva Unión Radio que Franco liberó en 1940 tras la incautación, para que conviviera en armonía con su querida RNE, la emisora oficial nacida entre parte y par e de guerra. El trabajo de los hermanos De la Riva, Oteyza o Pérez Camarero contribuyeron también al éxito tecnológico y comunicativo del nuevo invento, aunque fracasaran en su dimensión empresarial. La semilla de Guillén-García en la dirección de Radio Barcelona en sus dos primeros años fue determinante para que el grupo de Ricardo Urgoiti tuviera en Cataluña una plataforma de vital importancia para la consolidación del proyecto empresarial, en rivalidad con el único grupo que en Cataluña compitió a su mismo nivel, Ràdio Associació de Catalunya. Pero la radio no alcanzaría la categoría de verdadero medio de comunicación de masas hasta la década de los años 50, y gracias especialmente, junto a las retransmisiones futbolísticas, al género dramático del serial, dirigido princi- palmente a una audiencia femenina, prescriptora del consumo familiar. Juan Manuel Soriano, junto a su compañía del Teatro Invisible, fue un exquisito representante de este género dramático, responsable directo de que la radio alcanzara con sus emisiones una dimensión artística de calidad, sin perjuicio de la dimensión popular que avalaba una enorme cantidad de radioyentes que diariamente conectaban con la ficción dramática. También la radio clandestina comunista que simbolizaban las emisiones de La Pirenaica, inicialmente muy mino- ritaria, obtuvo en la década de los años 60 un resultado espectacular de audiencia, tras las huelgas de los mineros de Asturias y la ejecución de Julián Grimau, como confirman los miles de cartas que recibía la emisora. Pilar Aragón, la voz del “Correo de la Pirenaica”, fue el vehículo a través del cual la radio pudo dar voz a los sin voz, la media España represaliada tras la derrota de la República. Y fue en el tránsito entre la dictadura de Franco y la democracia, en la aurora de una nueva España en libertad, cuando la radio recuperó el peso perdido tras la hegemonía televisiva. Las emisiones informativas irrumpieron en la escena cotidiana del radioyente con fuerza y credibilidad. La inteligencia de Manuel García-Terán en la dirección en ese período de la emisora decana, Radio Barcelona, colaboró de manera decisiva en elevar a la radio informativa a las máximas cotas de audiencia. Reconozcamos los méritos profesionales de estos pioneros. La radio de hoy está en deuda con su fuerza de vo- luntad. 5. Referencias bibliográficas Afuera, A. (2019) La Sociedad Unión Radio: Empresa, Emisora y Programación (1925-1939). Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid. — (2021) Aquí, Unión Radio. Crónica de la primera cadena española (1925-1939) Madrid: Cátedra. Arias, A. (1973) 50 años de Radiodifusión en España. Madrid: RTVE. Balsebre Torroja, A. (2001) Historia de la Radio en España. 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