De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo: Historia en crisis Magda Fytili Universitat Autònoma de Barcelona fitilimagda@hotmail.com Desplazamiento inverso: ¿un espejo del pasado? C arim nació en Alepo en 1990. Estudió Economía en la Universidad de Damasco y después volvió a Alepo para trabajar. Durante la guerra, cooperaba con un grupo de voluntarios de la Cruz Roja. Se desplazaban de una zona a otra, edu- caban a los niños y al mismo tiempo distribuían ayudas de las ONGs. A finales de febrero de 2016, no obstante, Carim decidió marcharse de Siria debido a los bom- bardeos continuos. Pasó por Turquía y por ahí cruzó el mar Egeo y llegó a la isla grie- ga de Quíos, el 20 de marzo. Cuando le pregunté qué episodios históricos creía que sería útil resaltar para que las sociedades europeas entendieran mejor la situación actual de los refugiados sirios, me dio esta contestación: Creo que los europeos conocen mejor la historia de Siria que los propios sirios. Porque la mayoría de nuestro pueblo está en Alemania y en otros países euro- peos. Te diría que es muy fácil que los europeos comprendan a los refugiados sirios. Sólo tienen que volver su mirada atrás en la Segunda Guerra Mundial. Porque, por desgracia, la guerra en Siria ha sido la peor crisis después de la Se- gunda Guerra Mundial. Es la guerra más larga y con el mayor número de per- sonas desplazadas y refugiadas en todo el mundo. Si leen la historia de la Se- gunda Guerra Mundial, tendrán una idea completa de lo que está pasando hoy en día. 1 Carim tenía razón. El periodo más dramático de desplazamientos masivos de población se produjo en la década de 1940 como resultado de la guerra y la agitación política en todo el mundo. 2 Al final de la Segunda Guerra Mundial, se calcula que sólo 1Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 2Jessica REINISCH: “Old Wine in New Bottles? UNRRA and the Mid-Century World of Refugees”, en Matthew FRANK, Jessica REINISCH (ed.), Refugees in Europe, 1919-1959. A Forty Years’ Crisis? New York, Bloomsbury, 2017, p. 147. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 305 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili en Europa el número de personas desplazas o refugiadas alcanzó los 60 millones. 3 Sin embargo, los actuales conflictos bélicos prolongados han impulsado desde 2015 algu- nos de los mayores flujos de desplazamientos forzados; el número más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial. 4 Pero lo que Carim desconoce es que durante la Segunda Guerra Mundial un gran porcentaje de los habitantes de Quíos emprendió exactamente el mismo camino que él, aunque a la inversa, para escapar del horror na- zi. Muchos de ellos cruzaron el Egeo, llegaron a Turquía y acabaron en campos para refugiados en Alepo. Una antigua evacuada de Quíos, Maria Chroni, viendo a los refu- giados sirios que llegaban a su isla comentó: «esto es un espejo del pasado». 5 Este artículo pretende poner de relieve las experiencias del desplazamiento ma- sivo, forzoso o voluntario, mediante la narración de una historia de desplazamiento que tuvo lugar en el pasado: la historia, poco conocida y estudiada, 6 de más de 30.000 desplazados de Grecia y de Dodecaneso 7 que durante los años 1941-1944 huyeron para salvar sus vidas, primero a Turquía, y después fueron enviados por las fuerzas aliadas –sobre todo los británicos– a campos para refugiados en Chipre, Medio Oriente y el Norte de África. 8 A través de esta historia se busca establecer un marco de compara- ción histórico a partir de experiencias comunes, similares e incluso distintas del despla- zamiento masivo que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial y del desplaza- miento actual. Dado que la meta de este artículo es comparar experiencias de despla- zamiento que tuvieron lugar en momentos históricos distintos, los testimonios de las personas desplazadas adquieren una relevancia adicional. Conscientes de los problemas conceptuales y metodológicos que generan el tes- timonio y la memoria como fuentes, 9 creemos que para entender el desplazamiento masivo hay que tomar en cuenta las experiencias de la población desplazada, anali- zando sus voces en su contexto histórico. Los testimonios usados para este artículo 3 Peter GATRELL: The Making of the Modern Refugee, Oxford, Oxford University Press, 2013, pp. 2-3. 4 Según UNHCR, en 2015 alcanzó los 65,3 millones, “Global Trends. Forced Displacement in 2015”, UN- HCR, https://www.unhcr.org/576408cd7 5 Nidale ABOU MRAD: “The Greek Refugees Who Fled to the Middle East in WWII”, BBC News, 20 de junio de 2016. 6 Sorprendentemente, hay sólo tres estudios sobre el tema por autores griegos, mientras en la bibliografía internacional sobre los DPs no hay ninguna referencia específica sobre los griegos. Nasos BRATSOS: Refu- giados del Mar de Egeo en la Segunda Guerra Mundial (Turquía-Medio Oriente-África-Chipre), Pireo, Notios Anemos, 2017; Iakovos D. MIJAILIDIS: Niños de Ulises. Refugiados griegos en Medio Oriente y África (1941-1946), Atenas, Metexmio, 2018; Alexandros LAMPROU: “Refugiados de Grecia y de Dodecaneso a Turquía durante la Segunda Guerra Mundial”, (2020), PIXELS@humanities, 1. doi: https://doi.org/10.12681/pixels-h.25405 7 Dodecaneso durante la Segunda Guerra Mundial estaba bajo dominio italiano. Las islas se incorporaron a Grecia en 1947 tras la firma del Tratado de Paz con Italia. 8 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 29. Si a los civiles añadimos también los militares y los jóvenes que se fueron para enlistarse en el ejército aliado en Medio Oriente, entonces el número se dobla, hablamos de 60.000. Alexandros LAMPROU: op. cit., p. 2. 9 Joan W. SCOTT: “The Evidence of Experience”, Critical Inquiry, 17:4 (1991), p. 777. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 306 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili provienen, en primer lugar, de entrevistas a griegos desplazados durante la Segunda Guerra Mundial, sobre todo de la isla de Quíos, recogidos en la bibliografía secundaria y en la prensa. Asimismo, se han utilizado también entrevistas de sirios refugiados, tomadas en el marco del proyecto europeo “Enhancing Social Cohesion through Sha- ring the Cultural Heritage of Forced Migrations” (So-Close) durante junio y julio de 2020. 10 La pregunta fundamental de este artículo, vinculada estrechamente con el proyecto mencionado, es cómo estas experiencias de desplazamiento masivo, forzoso o voluntario, y el legado que han generado y siguen generando, podrían ser utilizados para comprender mejor tanto el pasado como el presente, reforzando lazos entre las poblaciones desplazadas por los conflictos del pasado y de hoy en día a través de la historización de sus experiencias. Displaced Persons (DPs) La Europa continental había estado inundada de apátridas desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la llegada del nazismo. 11 No obstante, fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando la cuestión de las personas desplazadas adquirió unas dimen- siones trágicas. 12 A medida que avanzaba la guerra, una amplia gama de políticos bri- tánicos y estadounidenses, militares y científicos sociales empezaron a hablar de un desastre incipiente. En 1943, el profesor ruso de sociología Eugene M. Kulischer realizó una extensa investigación sobre la población desplazada a cargo de la Oficina Interna- cional de Trabajo. Según Kulischer, «más de cuarenta millones de habitantes de Eu- ropa habían sido arrancados o desplazados de sus hogares desde el comienzo de la gue- rra». 13 Por primera vez, los gobiernos y la opinión pública internacional pudieron ob- tener abundante información sobre el drama humanitario que estaba generando la guerra. Aunque, al principio, la responsabilidad del alivio del sufrimiento humano re- cayó exclusivamente en las fuerzas militares aliadas y en organizaciones benéficas pri- vadas comprometidas con las poblaciones civiles afectadas por la guerra, rápidamente se hizo patente que afrontar este drama requería una respuesta institucional conjunta y global. En este contexto, el 9 de noviembre de 1943, los representantes de 44 países 10 Todos los nombres de los entrevistados aparecen con pseudónimos por razones de protección de datos personales. Sobre So-Close véase, https://so-close.eu/about-the-project/ 11 El sistema de protección de los desplazados de entreguerras fue, en gran medida, fracasado. Véase Claudena SKRAN: Refugees in Inter-War Europe: The Emergence of a Regime, Oxford, Clarendon Press, 1995. 12 Gerald Daniel KOHEN: In War’s Wake: Europe’s Displaced Persons in the Postwar Order, New York, Oxford University Press, 2012, p. 3. 13 Eugene M. KULISCHER: The Displacement of Population in Europe, International Labour Office, Stud- ies and Reports, Series O (Migration), 8, Montreal, 1943, p. 164; Ben SHEPHARD: The Long Road Home. The Aftermath of the Second World War, New York, Alfred A. Kpnof, 2011, p. 51. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 307 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili firmaron el convenio de la fundación de “United Nations Relief and Rehabilitation Administration” (UNRRA). A partir de este momento el cuidado de las personas des- plazadas en Europa se transformó en una operación internacional coordinada. 14 UN- RRA, sin embargo, estaba estrictamente subordinada a las autoridades militares alia- das, que siguieron desempeñando un papel primordial durante varios años, proporcio- nando transporte, suministros y seguridad. La misión principal de UNRRA hasta 1947, año de su disolución, era la atención –alimentación, atención sanitaria, ropa y alojamiento–, y la repatriación de las personas desplazadas. 15 Pero ¿quién se consideraba un DP en esta época? Kulischer intentó otorgar al término el sentido más amplio posible. 16 La clasificación legal de DPs según el “Allied Expeditionary Force” (SHAEF) incluía evacuados, refugiados, prisioneros políticos, trabajadores forzados o voluntarios, los “Todt trabajadores”, y antiguos miembros de las fuerzas bajo mando alemán, deportados, intrusos y extrusos, civiles internados, ex prisioneros de guerra, combatientes antinazis y apátridas. 17 Sin embargo, al final, el acrónimo DP se aplicó exclusivamente a las víctimas de Hitler y Stalin, limitando el derecho político a los refugiados europeos no alemanes de la Segunda Guerra Mun- dial. 18 Encontrar una solución a la situación de los desplazados se convirtió en uno de los principales problemas políticos a los que se enfrentaron los aliados, puesto que una repatriación desorganizada, a) perjudicaría el esfuerzo bélico en curso y la desmovili- zación de las tropas en la posguerra, b) contribuiría a la propagación de enfermedades y pondría en peligro millones de vidas, y c), limitaría significativamente cualquier po- sibilidad de reconstrucción de Europa después de la guerra. 19 En 1943, la Unión Soviética, Polonia, Yugoslavia, Francia y Grecia eran los países que afrontaban el mayor problema de DPs. 20 Los civiles de Europa del Este y los Balcanes, sobre todo polacos, yugoslavos y griegos, cruzaron el Mar Mediterráneo y Turquía para escapar de la ocupación nazi y soviética durante el periodo más duro de la guerra, emigrando a países de Oriente Medio – Egipto, Líbano, Palestina, Siria, Irán –, y de África – Congo, Etiopía, Ruanda y Tanganica. La “Middle East Relief and Re- fugee Administration” (MERRA), creada por los británicos en 1942, ubicó a unos 14 Grace FOX: “The Origins of UNRRA”, Political Science Quarterly, 65:4 (1950), p. 561; Claudena SKRAN: op. cit., pp. 113-116. 15 Jessica REINISCH: “Old Wine in New Bottles?”, p. 146. 16 Abram J. JAFFE: “Notes on the Population Theory of Eugene M. Kulischer”, The Milbank Memorial Fund Quarterly, 40:2 (1962), pp. 187-206. 17 Mark WYMAN: DPs: Europe’s Displaced Persons, 1945–1951, Ithaca and London, Cornell University Press, 1998, p. 25; Jessica REINISCH: “Old Wine in New Bottles?”, p. 154. 18 Gerald Daniel KOHEN: op. cit., p. 7. 19 Jessica REINISCH: “Old Wine in New Bottles?”, p. 155. 20 Jessica REINISCH: “Introduction: Relief in the Aftermath of War”, Journal of Contemporary History, 43:3 (2008), p. 377. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 308 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili 50.000 europeos 21 en campos instalados en Alepo en Siria, cerca de Gaza en Palestina, y en las Fuentes de Moses, El Shatt, Khataba y Tolumbat, en Egipto. MERRA fue responsable de los DPs hasta que UNRRA asumió su responsabilidad en mayo de 1944. 22 Los refugiados griegos permanecieron en los campos hasta que terminó la gue- rra y luego fueron, en su gran mayoría, repatriados por UNRRA en los años 1945- 1946. A partir de 1950-1951, con la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados, “la Carta Magna de los refugiados”, que está aún vigente, se ha desarrollado un derecho internacional humanitario que garantiza la protección de las personas desplazadas tanto a través de las fronteras, los refugiados, como también dentro de sus propios países, los desplazados internos – “Internally Displaced Persons” (IDPs). La Convención de 1951, no obstante, era aplicable sólo a los que se habían convertido en refugiados en Europa como consecuencia de hechos ocurridos antes del 1 de enero de 1951, excluyendo al mismo tiempo a miles de desplazados que estaban fue- ra de sus límites geográficos y cronológicos. 23 A partir de 1967, no obstante, la Con- vención se convirtió en el instrumento internacional universal para la protección de los refugiados, eliminando las limitaciones cronológicas y geográficas. 24 La Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido la relación estrecha entre los derechos humanos, el fenómeno de los éxodos en masa y los desplazamientos forzosos o voluntarios. Aún más, ha reconocido que para que la repatriación volunta- ria sea realizada sin peligros para el sujeto desplazado, primero hay que evaluar la si- tuación de los derechos humanos en el lugar de origen. 25 Sin embargo, aunque la mi- gración simboliza par excellence la fragilidad de la soberanía estatal, en la práctica los estados conservan su potestad soberana al otorgar o denegar el estatus legal de asilo, dejando a veces a los sujetos sin ningún estatus legal y, en consecuencia, sin protección adecuada. Hasta fechas recientes los sirios, como cuenta Carim, disfrutaban de un proceso de otorgamiento de asilo más favorable que otras nacionalidades que provenían tam- bién de zonas bélicas, como por ejemplo los afganos. 21 George WOODBRIDGE: UNRRA. The History of the United Nations Relief and Rehabilitation Admin- istration, 1, New York, Columbia University Press, 1950, p. 38. 22 Mark WYMAN: op. cit., p. 47. 23 Philip MARFLEET: “Refugees and History: Why We Must Address the Past”, Refugee Survey Quarterly, 26:3 (2007), p. 139. 24 Andreas ZIMMERMANN (ed.): The 1951 Convention Relating to the Status of Refugees and its 1967 Proto- col: A Commentary, Oxford, Oxford University Press, 2011; Peter GATRELL et al.: “Reckoning with Refu- geedom: Refugee Voices in Modern History”, Social History, 46:1, (2021), p. 78. 25 Naciones Unidas, Asamblea General, Informe del secretario general: “Los derechos humanos y los éxodos en masa”, A/58/186, 25 de junio de 2003, https://www.iom.int/jahia/webdav/shared/shared/mainsite/policy_and_research/un/58/A_58_186_es.pdf RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 309 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili Para mí y para los sirios en general es más fácil, porque hay otro proceso para nosotros. No tienes que esperar años como los demás. El 3 de septiembre [seis meses después de su llegada a Quíos] obtuve el asilo. 26 Hasta agosto de 2014, el porcentaje de solicitudes de asilo de población siria que se admitía era del 99,5%. Puesto que la situación en Siria no daba lugar a dudas sobre la necesidad de asilo para los desplazados, a partir de septiembre de ese mismo año se estableció un procedimiento acelerado (“fast-track”) para el registro y la toma de deci- siones sobre las solicitudes que presentaban. Los sirios, a diferencia de los nacionales de terceros países que son interceptados en Grecia sin estatus de residencia ni docu- mentación y que están, por tanto, sujetos a la posibilidad de una detención adminis- trativa, tampoco pueden ser detenidos ni expulsados. 27 Por otra parte, la postura de la sociedad griega hacia los sirios es también más positiva que hacia el resto de refugia- dos, dado que los sirios son percibidos como personas más educadas y próximas en términos culturales y raciales a la población griega. Ni siquiera su fe, mayoritariamen- te musulmana, provoca recelos en la población, pues se los considera una sociedad de carácter más secular. 28 No obstante, en abril de 2021, Dinamarca, el primer país que firmó en 1951 la “Carta Magna de los refugiados”, anunció su decisión de retirar el permiso de residen- cia a personas refugiadas procedentes de Siria. Según el estado danés, Siria y, concre- tamente las zonas controladas por el régimen sirio, son ya “un lugar seguro”. Aunque esta decisión, fuertemente cuestionable, fue criticada por la Unión Europea y el AC- NUR, es probable que siente un mal precedente en el contexto europeo. Obligados a huir La primera huida masiva se produjo en la primavera y el verano de 1941. Fueron casi 12.000 musulmanes griegos de Tracia que huyeron a Turquía debido a la represión de las autoridades ocupantes búlgaras, así como otros miles de habitantes de las islas del Egeo Oriental. La hambruna provocó una segunda oleada de refugiados civiles en la primavera y el verano de 1942: unas 12.000 personas, principalmente de la isla de Quíos. La tercera gran oleada llegó desde la isla de Samos y el Dodecaneso, a finales de 1943, provocada por los continuos bombardeos y las operaciones militares entre las 26 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 27 UNHCR Observations on the Current Situation of Asylum in Greece, December 2014, pp. 17, 28, https://www.refworld.org/pdfid/54cb3af34.pdf 28 Sophia KALANTZAKOS: “A Paradox in Today’s Europe? Greece’s Response to the Syrian Refugee Crisis”, The Jean Monnet Papers on Political Economy, 15 (2017), pp. 12-13. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 310 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili tropas aliadas y las fuerzas alemanas. De nuevo, más de 15.000 personas cruzaron a Turquía, con miles de civiles entre ellos. 29 En mayo de 1941, los alemanes ocuparon las islas del Mar Egeo Oriental. El día 4 los alemanes desembarcaron en Quíos, ocupando la isla hasta septiembre de 1944. 30 La ocupación nazi y el bloqueo naval por los aliados condujeron a la falta de alimentos y productos de primera necesidad, siendo el invierno de 1941-1942 el más mortífero. 31 «Después de un mes, se acabó el pan. A medida que pasaban los días empezaron a ago- tarse todos los demás alimentos», evoca Panagiotis Karasoulis. 32 Ioulia Evagelinou- Komma recuerda que «niños hinchados por el hambre intentaban recoger cáscaras de mandarinas, vivir con las cáscaras, y tenían tanto agotamiento que se morían… era un espectáculo horroroso». 33 Giannis Xaralabakis nos da una idea del poder adquisitivo durante la ocupación. Giannis ganaba 40 dracmas por jornada, mientras que un kilo de cebollas costaba 45 dracmas. 34 Con el tiempo, el problema alimentario se hizo cada vez peor: Me acuerdo, a principios de septiembre tuvimos las primeras lluvias y la casa se llenó de alegría, ¡íbamos a recoger caracoles! Cuando amaneció y salimos de casa, ¿qué vimos? Había muchos más hombres que caracoles. 35 La hambruna, una condición común en todas las guerras, empujó también a Basima a irse de Alepo y convertirse en refugiada: Durante mucho tiempo mi hermana y yo pasamos noches sin siquiera tener comida. Y no dejábamos que los niños mayores comieran porque temíamos más por los pequeños. […] No teníamos nada más que azúcar. 36 Tras la capitulación de los italianos, los alemanes empezaron a bombardear las islas, sobre todo Samos y Kastelorizo. 37 Katerina Veremi, de 15 años, vio con sus pro- 29 Alexandros LAMPROU: op. cit., p. 4. 30 Véase Philip P. ARGENTI: The Occupation of Chios by the Germans 1941-1944, Cambridge, Cambridge University Press, 1996. 31 Mark MAZOWER: Inside Hitler’s Greece. The Experience of Occupation, 1941-1944, New Haven and Lon- don, Yale University Press, 1993, pp. 37-41; George KAZAMIAS: “The Politics of Famine Relief for Occu- pied Greece” en Richard CLOGG (ed.), Bearing Gifts to Greece. Humanitarian Aid to Greece in the 1940s, New York, Palgrave Macmillan, 2008, pp. 41-42. 32 Yannis MAKRIDAKIS: En las vallas, fuera de las vallas, todos. Refugiados de Quíos y soldados en Medio Oriente. Narraciones 1941-1946, Atenas, Estia, 2010, p. 13. 33 Ibídem, p. 14. 34 Ibídem, p. 41. 35 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., pp. 13-14. 36 Entrevista a Basima, Atenas, 23 de junio de 2020. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 311 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili pios ojos la muerte de su hermano Dimitris y de otros cuatro civiles, mientras que Ni- kos Loukas fue salvado en el último momento por un soldado británico. Ni un perro ni un gato se quedó en la isla. 38 Campañas de bombardeos brutales obligaron también a Basima, Hamida y Amin a abandonar Siria. «Cuando los bombardeos con barriles lle- nos de explosivos empezaron a ser muy intensos en nuestras zonas, no pude soportarlo más». 39 Hamida ya había sufrido mucho durante la guerra, había perdido dos herma- nos y un hijo, «cuando se produjeron los bombardeos, dijimos que no podíamos aguan- tar más, nos fuimos a Turquía». 40 Cuando pregunté a Amin qué le gustaría que los griegos sepan de él me contestó lo siguiente: Nosotros huimos de la guerra para no morir. Para no morir gratis. Porque cuando los aviones bombardean, no saben quiénes son los buenos y quiénes son los malos, nos morimos todos juntos. 41 Otro motivo suficiente para que uno se convirtiera en refugiado era la persecu- ción por los alemanes. Efxaris Kokali-Akavalou habla del caso de su padre: Mi padre trabajaba en el hospital de maternidad. Un día, un primo vino a casa corriendo y dijo a mi padre que los alemanes iban a interrogarle porque se ha- bían perdido unas botas. Le aconsejó que se fuera a Turquía con toda su fami- lia. 42 Thanasis Staboulos, muy joven en aquellos años, robó una pistola a los alemanes. El día siguiente los alemanes empezaron a interrogar a toda la población masculina de la isla. Su única salida fue marcharse para Turquía. 43 Razones de carácter político y reli- gioso obligaron también a Carim y a Said a irse de Siria, además de la guerra. Carim es marxista, como su padre, y su identidad política le había generado múltiples proble- mas en Siria, incluso antes de la guerra. Said, por otro lado, tenía que esconder su ho- mosexualidad puesto que «se contraponía con su religión», y además se hizo desertor, no quería luchar en una guerra que no entendía. 44 37 Véase Jeffrey HOLLAND: The Aegean Mission. Allied Operations in the Dodecanese, 1943, New York, Greenwood Press, 1988. 38 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 52. 39 Entrevista a Basima, Atenas, 23 de junio de 2020. 40 Entrevista a Hamida, Atenas, 11 de julio de 2020. 41 Entrevista a Amin, Atenas, 12 de julio de 2020. 42 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 18. 43 Ibídem, pp. 17-18. 44 Entrevista a Said, Atenas, 14 de julio de 2020. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 312 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili Benditas y malditas aguas La gente ya empezaba a darse cuenta de que solo le quedaban dos caminos. Uno conducía al cementerio y el otro a la costa de enfrente, a lo desconoci- do… 45 El mar era una bendición, porque a través de éste los habitantes de las islas podían acercarse a Turquía. Sólo nueve millas náuticas los separaban de su salvación. Al mismo tiempo, sin embargo, el mar se convirtió en una maldición: por un lado, no po- día alimentar a los residentes de las islas debido a la prohibición de la pesca impuesta por los alemanes; por otro, aislaba a sus habitantes de la Grecia continental y, conse- cuentemente, de cualquier fuente de suministros. Adicionalmente, el mar podía desa- fiar a la gente cuando intentaba escapar, amenazándoles con tormentas y ahogos. Efxaris Kokali-Akavalou rememora que cuando el mar estaba agitado, las mujeres sumergían imágenes de la Virgen en el mar, suplicándole por su calma. 46 El éxodo de los habitantes de Quíos, que ya había empezado en el otoño de 1941, llegó a su pico en la primavera de 1942, cuando miles de desplazados emprendie- ron el camino hacia Turquía. La isla parecía casi vacía, ya que muchos de sus habitan- tes se transformaron por segunda vez en refugiados. En su gran mayoría eran refugia- dos de Asia Menor, de la clase social más sufrida, y la vuelta a Turquía suponía para ellos una vuelta a la patria perdida. 47 La gente vendía sus propiedades, algo de comi- da, cualquier cosa que pudiera servir de pasaporte para su huida. Unos vendían sus casas y tierras, otros, joyas familiares o incluso botas militares. 48 Cuando le pregunté si pensaba volver a Siria, Amin me contestó que ahí ya no le quedaba nada: «vendí todo que tenía para poder realizar el viaje». 49 Said tuvo que trabajar un año en Turquía para pagar a los traficantes. 50 El precio del viaje en 1941 era de 10.000 dracmas, mientras en 1942 subió a 30.000-35.000. 51 Aunque lo normal era que los barqueros cobraran por trasladar a los 45 Entrevista de Panagiotis Karasoulis a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 17. 46 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 36. 47 La reordenación de la población y del territorio de Grecia y Turquía después de la guerra greco-turca (1919-1922) en virtud del Tratado de Lausana de 1923, supuso que los habitantes musulmanes de Grecia trasladasen a Turquía y los residentes de Turquía que profesaban la religión ortodoxa partiesen hacia Gre- cia. De esta forma, se creó una importante población de refugiados en ambos estados. Peter GATRELL: op. cit., pp. 53-54; Renée HIRSCHON: (eds.) Crossing the Aegean: An Appraisal of the 1923 Compulsory Popula- tion Exchange between Greece and Turkey, New York, Berghahn, 2003. 48 Yannis PRIOVOLOS: Datos del margen de la historia. Testimonios de los habitantes de Quíos del siglo veinte, Quíos, Egeas, 2009, p. 78. 49 Entrevista a Amin, Atenas, 12 de julio de 2020. 50 Entrevista a Said, Atenas, 14 de julio de 2020. 51 Leonis KALVOKORESIS: Crónica de la ocupación de Quíos por los alemanes 1941-1944, Atenas, 1958, p. 257. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 313 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili refugiados, muchas veces lo hacían gratis arriesgando sus vidas, y en muchas ocasiones fueron delatados y ejecutados por los alemanes o tuvieron que convertirse ellos mismos en refugiados. 52 Considerando esto, carece de sentido cualquier intento de comparación de estos barqueros con las redes delictivas de tráfico de refugiados de hoy en día. Como me dijo Carim cuando le pregunté si había disfrutado de algún tipo de ayuda en el via- je: «tuve que pagar a los traficantes, pero los traficantes nunca te ayudan». 53 El viaje se hacía siempre por la noche para no ser descubiertos por los alemanes, que habían prohibido el tránsito a Turquía. 54 Cambiaron de postura muy tarde, en 1944, por miedo a las epidemias entre la población indigente. 55 Solían irse familias en- teras, aunque a veces se separaban por distintas razones. 56 Tanto Carim como Said me contaron que tuvieron muy mala suerte, ya que no consiguieron llegar a Grecia antes del pacto que cerró la Unión Europea con Ankara en marzo de 2016 para sellar la fron- tera oriental de la Unión. Las fronteras entre Turquía y Grecia ya estaban cerradas en aquel momento. Los botes que utilizaban entonces se parecen mucho a las pateras de hoy, tanto por su tamaño como por el exceso de peso que suelen soportar, uno de los factores que hacen a su falta de seguridad, lo que muy a menudo resultaba, como hoy, en naufra- gios. 57 Xristos Kargas perdió cuatro miembros de su familia en un naufragio, junto a los que murieron también más de 100 refugiados. 58 Basima evoca que antes de em- prender el viaje, los naufragios y los ahogamientos eran cotidianos. 59 Tales naufragios eran conocidos para el resto del mundo, como lo son hoy en día. 60 Ilias Xatzilias re- cuerda que se fue en un bote tan inseguro que, si ahora le propusieran subir para dar una vuelta dentro del puerto, no entraría por nada del mundo. 61 Además, dado que por la noche en las costas la gente «proliferaba como los hongos», 62 los botes solían salir con más personas de las que el bote aguantaba: Si había quince personas en el bote y llegaban otros tres, ¿podías dejarles fue- ra? Por un lado, tenías miedo a que te delataran a los alemanes, aunque los 52 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 45. 53 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 54 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 65. 55 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 24. 56 Violeta HIONIDOU: Famine and Death in Occupied Greece, Cambridge, Cambridge University Press, 2006, p. 151. 57 Leonis KALVOKORESIS: op. cit., p. 257. 58 Yannis PRIOVOLOS: op. cit., p. 173. 59 Entrevista a Basima, Atenas, 23 de junio de 2020. 60 Mijailidis da el ejemplo de The Daily Mail, del 19 de abril de 1942. Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 77. 61 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 20. 62 Entrevista de Ilias Fountakias a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 21. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 314 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili que se iban eran patriotas y no traidores. Por otro, te amenazaban con hacerlo por miedo de quedar aquí y morir. 63 La experiencia que tenían los pescadores era de gran utilidad porque conocían bien las costas de enfrente y dónde había puestos fronterizos de los turcos. La postura de los soldados turcos dependía de las relaciones fluctuantes entre la Turquía neutral y los británicos y los alemanes, de la desconfianza tradicional hacia los griegos –habían pasado sólo veinte años desde la guerra greco-turca–, y de otros factores como los so- bornos. 64 En principio, Turquía no aceptaba población civil, solamente jóvenes solda- dos que iban a alistarse en el ejército aliado de Medio Oriente, e incluso eso lo hacía extraoficialmente. Muy a menudo, los turcos aplicaban, como siguen haciendo hoy en día, 65 lo que hoy se llama devolución sumaria. Si los capturaban al momento de su llegada, los expulsaban el día siguiente a Grecia. Zaxarenia Georgalou cuenta: El 25 de marzo nos fuimos cincuenta personas descalzas y hambrientas con tres botes. Nuestro bote no se distinguía del agua. Los turcos no dejaron que los capitanes volvieran a Quíos para devolvernos al día siguiente. Regresamos a Quíos forzosamente. Fue el tercer intento fracasado. 66 No obstante, a partir de un momento los alemanes no aceptaban a los refugiados y los enviaban de nuevo a Turquía: «los alemanes vieron que éramos inútiles, o sea, que no podíamos ir a las filas, y nos mandaron de nuevo a Cesme». 67 Hoy en día, según el acuerdo entre la UE y Turquía, se permite la devolución inmediata a Turquía de los refugiados sirios que llegan a las islas griegas, con el argu- mento de que es un país de asilo seguro. A partir de la implementación del Reglamento de Asilo de 1994, que surgió como respuesta a la gran afluencia de refugiados, así como a los cambios en las políticas de inmigración europeas, cada vez más restrictivas, Tur- quía se convirtió en una zona tapón en la que los solicitantes de asilo que no consiguen llegar a Occidente quedan varados. 68 Aunque firmó el protocolo de 1967 que eliminaba la limitación temporal y geográfica presente en la convención de 1951, Turquía man- tuvo la limitación geográfica, de modo que aceptaba únicamente refugiados proceden- tes de países europeos. Su vecindad con países inestables como Irán, Irak y Siria y el 63 Entrevista de Stelios Petris a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 25. 64 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., pp. 74-75. 65https://www.amnesty.org/en/press-releases/2016/04/turkey-illegal-mass-returns-of-syrian-refugees-expose- fatal-flaws-in-eu-turkey-deal/ 66 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 29. 67 Ibídem, p. 63. 68 Celia MANNAERT: “Irregular Migration and Asylum in Turkey”, New Issues in Refugee Research, Work- ing Paper 89, UNHCR, (2003), p. 7. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 315 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili temor a un desplazamiento masivo de las poblaciones de estos países determinaron su postura con respecto a la seguridad nacional. Su interés en ser aceptada por la UE, por otro lado, fue un elemento decisivo de cara a la firma del acuerdo de 2016 con la UE. 69 Hamida cuenta también que solo dos de sus hermanas consiguieron cruzar – en Grecia, la tercera sufrió la devolución en caliente por las autoridades griegas y volvió a Turquía. 70 Pero ella no quería venir a Grecia y rezaba para que las autoridades griegas los detuvieran y los devolvieran a Turquía. 71 Hubo casos, además, en que los turcos pegaban a los capitanes para disuadirles de repetir el viaje. Giannis Sirvitis contó al respecto: Había con nosotros un viejo que hablaba turco. Él contó a los turcos que éra- mos refugiados y que fuimos allí para salvarnos, solos, sin capitán. Pero los turcos le dijeron, “si sabes turco, es que tú eres el capitán”, y empezaron a pe- garle sin parar. 72 El comportamiento actual de las autoridades griegas también varía, tal y como cuentan los refugiados sirios. A algunos los trataron muy bien, a otros les gritaban en un idioma que no entendían, e incluso algunos mostraron una cara bastante violenta. Tal y como cuenta Carim, sin embargo, lo primordial no es el comportamiento indivi- dual, sino el contexto institucional, jurídico y político que regula el procedimiento y, por tanto, establece el marco en el que se da el comportamiento individual: En realidad, las personas que trabajaban en el Servicio de Asilo griego o en otros servicios eran buenas. Pero cuando hablamos de las autoridades nos refe- rimos también al procedimiento en sí. Y el procedimiento era malo. Para no ser devueltos a Grecia, los refugiados muy a menudo intentaban sobor- nar a las autoridades turcas. «En la costa había soldados turcos armados que pedían cigarrillos, ropa, dinero, lo que teníamos para dejarnos pasar» se acuerda Kostas Ali- monakis. 73 El médico Kostas Poulianos dio un reloj de oro a los soldados para que no 69 Sule TOKTAS et al.: “Transit and Receiving Countries: Refugee Protection Policies in Belgium, Slovenia, Greece, and Turkey”, Alternatives Turkish Journal of International Relations, 5:1, 2 (2006), p. 37. 70 En agosto de 2020, ACNUR expresó su preocupación por el creciente número de informes creíbles que indicaban que hombres, mujeres y niños habían sido devueltos informalmente a Turquía inmediatamente después de alcanzar suelo o aguas territoriales griegas. Informes similares habían aparecido ya durante los años 2013-2014, https://www.unhcr.org/gr/en/16207-unhcr-concerned-by-pushback-reports-calls-for- protection-of-refugees-and-asylum-seekers.html 71 Entrevista a Hamida, Atenas, 11 de julio de 2020. 72 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 53. 73 Ibídem, p. 55. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 316 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili les dispararan. 74 A veces, los soldados expresaban su deseo sexual hacia las mujeres refugiadas. Aunque no se han registrado violaciones, hubo muchos casos de acoso se- xual: «antes de darse cuenta que yo hablaba turco, dijeron ésta es guapa… Y yo tenía 14 años y durante un año entero no había comido ni un trozo de pan». 75 Como me dijo Basima cuando le pregunté si el viaje era más peligroso para las mujeres que para los hombres, «los árabes ven a las mujeres como unas criaturas débiles. Así que, si tu ma- rido no está a tu lado, es mejor que seas fea». 76 Sin embargo, otras veces los soldados trataron con gran humanidad a los refugiados: «Los turcos eran muy buenos. Primero de todo, se bajaron de sus caballos y se los cedieron a los viejos y a los niños. Después, nos dieron comida y agua». 77 Nuevas patrias con vallas Subíamos descalzos a la montaña, llevando cada uno su propio hatillo. Con no- sotros había muchos niños hambrientos. Mi hermano era bebé y mi padre le llevaba a caballo, nosotros caminábamos sin saber prácticamente adónde íba- mos. Menos mal que había señales de aquellos que habían llegado antes que nosotros. 78 La imagen que guarda Dimitris Ploumis de su llegada a Cesme es que el sitio estaba cubierto de refugiados como las montañas suelen estar cubiertas de ovejas. 79 Cesme fue el “hot spot” de la época. Al principio, la situación era caótica. Los refugiados dormían donde podían, al aire libre o en edificios abandonados, salvo los que tenían dinero para permitirse un hotel. 80 La mayoría de los refugiados describen unas condiciones de vida y de higiene miserables, aglomeraciones y plagas de piojos y enfermedades. Ioulia Evagelinou-Komma se acuerda: 74 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 58. 75 Entrevista de Zaxarenia Georgalou a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 56. 76 Entrevista a Basima, Atenas, 23 de junio de 2020. 77 Entrevista de Ioulia Evagelinou-Koma a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 57. 78 Entrevista de Petra Simaki-Spei a Nasos BRATSOS: op. cit., p. 76. 79 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 4. 80 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 75. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 317 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili Estábamos en una cámara enorme, como los establos donde ponen los anima- les. Uno encima del otro… Los piojos corrían por el suelo. ¿Cómo acostarse? ¿Cómo dormirse? ¿Cómo ir al baño? Esto era un drama para todos. 81 Antígona Romiliou vivía junto con otras 200 personas en una bodega abando- nada. Los que estaban al lado de las paredes tenían suerte porque no les pisaban los demás entrando o saliendo. 82 Por su parte, Carim cuenta que se quedó en un lugar no oficial en el centro de Quíos, con la mayoría de los sirios: «era un edificio antiguo abandonado. Y me quedé allí durante tres meses». 83 En contraposición, Hamida se alojó con su familia en un hotel y al día siguiente compraron los billetes de ferry y via- jaron a Atenas. 84 A la situación miserable de los refugiados griegos hay que añadir también la es- peculación de muchos turcos, civiles, que les vendían productos de primera necesidad a precios excesivamente altos. Una práctica que utilizaron, y aún utilizan en algunos casos, civiles griegos en las zonas fronterizas. El peor incidente registrado fue el asesi- nato de quince refugiados de Quíos por Chetes, organizaciones paramilitares turcas, 85 algo que nos recuerda los actos de violencia contra refugiados en Grecia cometidos por el ex partido de extrema derecha, Amanecer Dorado, ahora condenado como una or- ganización criminal. 86 Pero independientemente de Amanecer Dorado, el mal funcio- namiento de los “hot spots” ha hecho que parte de las comunidades locales de las islas se inclinen hacia posiciones conservadoras extremas y, en varias ocasiones, hacia ata- ques racistas. Las autoridades turcas de la época no tenían ni los recursos necesarios ni el co- nocimiento técnico para gestionar estos flujos migratorios masivos, y tampoco estaban dispuestos a aceptar a los refugiados en su suelo por un largo plazo de tiempo. Su envío a Medio Oriente, no obstante, presuponía una coordinación extensa, aunque según la Cruz Roja, las autoridades turcas no mostraban ningún signo de cooperación. 87 Todo lo contrario, habían colocado soldados a lo largo de las costas de Asia Menor para im- pedir el desembarque de los refugiados, mientras que el ministro de Exteriores decla- raba que Turquía iba a tomar medidas adicionales para que el país no “se inundase de refugiados”. 88 Este vocabulario anti-inmigratorio es terriblemente similar al de hoy en 81 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 65. 82 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 88. 83 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 84 Entrevista a Hamida, Atenas, 11 de julio de 2020. 85 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 91. 86 Lena KARAMANIDOU: “Racialized Violence against Migrants in Greece”, en Umut KORKUT et al. (ed.) Discursive Governance in Politics, Policy, and the Public Sphere, New York, Palgrave Macmil- lan, 2015, pp. 15-29. 87 Violeta HIONIDOU: op. cit., p. 152. 88 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 85, 89. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 318 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili día. Los turcos apelaban a razones económicas, pero también a la hostilidad de la po- blación autóctona hacia los griegos. 89 Al mismo tiempo, puesto que los refugiados quedaban atrapados en suelo turco por varios meses, algunos intentaron trabajar para mejorar sus vidas diarias. Eso, sin embargo, provocó la reacción de la población autóctona y las autoridades turcas. La experiencia de Kostas Baxas es indicativa: Un turco me dijo, ¿vienes a trabajar conmigo? Yo te enseño el trabajo. Él pro- ducía tabaco. Así que fui y trabajé en la producción de tabaco. Y el tiempo pasaba, hasta que los turcos empezaron a quejarse de que les estábamos ro- bando los trabajos, y fue entonces cuando la “Zadarma”, la policía, empezó a perseguirnos. Nos dijeron que no podíamos volver a nuestros trabajos porque estábamos quitándoles las jornadas a los turcos. 90 Este es un argumento bien conocido que se ha utilizado mucho en distintos paí- ses durante las últimas décadas. Si bien el objetivo de este artículo no es analizar este- reotipos sobre los refugiados e inmigrantes, hay que indicar que, según el informe eco- nómico de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la integración del mayor número de refugiados/inmigrantes en la población activa se con- sidera absolutamente necesaria para frenar e invertir el descenso de la población en edad laboral en Grecia. 91 Al principio de la Segunda Guerra Mundial, la única ayuda a los refugiados provenía de organizaciones benéficas privadas como la estadounidense “Greek War Relief Association” o la Cruz Roja estadounidense. 92 Después de un primer tiempo, sin embargo, los británicos junto con el gobierno griego exiliado en Egipto empezaron a organizarse para gestionar los flujos de refugiados. Es así que en Cesme se instaló una delegación representante del gobierno griego que financiaba a los refugiados para afrontar sus necesidades diarias. 93 Algunos de los refugiados partieron inmediatamente hacia Chipre, que en aquellos tiempos estaba bajo dominio británico. Kostas Fafalios recuerda que un día, de repente y sin preguntarles, les pusieron en un barco para Chi- 89 Ibídem, p. 94. 90 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., pp. 70-71. 91 OECD Economic Surveys: Greece 2020, https://www.oecd.org/economy/surveys/Greece-2020-OECD- economic-survey-Overview.pdf 92 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 80. 93 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., pp. 61, 63, 65. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 319 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili pre. 94 Otros, no obstante, tenían que esperar meses, puesto que las autoridades britá- nicas no estaban dispuestas a aceptar más refugiados griegos en la isla. 95 El 4 de junio de 1942 se realizó el primer traslado organizado de 300 refugiados griegos de Cesme a Alepo, en Siria. «Un día voy al consulado y veo el catálogo con los nombres. Empecé a gritar a mi madre, ¡mamá, mamá, por fin nos vamos!». 96 La ma- yoría de los refugiados, que nunca antes se había ido de su residencia o viajado en tren, quedaron impresionados por el viaje y el comportamiento de la gente que se encontra- ban en su camino. El itinerario quedó grabado en la memoria de Kostas Baxas: «¡Qué sitios más bonitos! El paisaje estaba lleno de sandías». 97 Mario Smirniotopoulou re- memora que «cuando la gente se enteraba de que pasaban refugiados, venía y nos da- ba naranjas, y nosotros sacábamos nuestras manos por las ventanas y las recogía- mos». 98 Después de un viaje largo, los refugiados llegaron a Alepo. «Mi madre, que es- taba embarazada, y yo, salimos en un tren para Alepo, en un viaje lleno de aventuras que duró tres días. Ya en Siria, mi madre dio a luz a mi hermano». 99 En Alepo había un gran campo de recepción, que funcionaba también como “transit camp”, puesto que ahí se hacía la distribución del resto de refugiados a Medio Oriente. No obstante, en muy poco tiempo el campo se saturó. Sólo desde septiembre de 1942 hasta enero de 1943 llegaron más de 3.500 refugiados griegos, mientras que su capacidad era de 900 personas. 100 El campo, una antigua barraca turca del siglo diecinueve, estaba a una distancia de dos a tres kilómetros de la ciudad. En el campo de Alepo había distintos espacios, para las mujeres y los niños, pa- ra las familias y para los hombres. La comida era también de alta calidad. 101 En el campo había un pequeño hospital, una escuela y baños con agua caliente siempre dis- ponible. En el hospital y la escuela trabajaban DPs griegos. El hecho de que las perso- nas desplazadas fueran tenidas en cuenta desde el principio para codirigir sus propios asuntos ha llevado a la idea de que el mayor logro del UNRRA fue la creación de un “sistema de autogestión democrática” en los campos. 102 Además, una comisión de ha- bitantes de Alepo ayudaba a los refugiados, repartiéndoles productos de primera nece- 94 Ibídem, p. 64. 95 Los británicos estaban en contra de una llegada masiva de refugiados griegos a la isla por dos razones. Por un lado, temían bombardeos de los alemanes, y por otro, les preocupaba que una presencia masiva de grie- gos pudiera impulsar los deseos de una unión de la isla con Grecia. Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 180. 96 Entrevista de Kostas Baxas a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 72. 97 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 86. 98 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 91. 99 Entrevista de Yiorgos Trouvas a Nasos BRATSOS: op. cit., p. 75. 100 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., pp. 94-100. 101 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 86. 102 Dan PLESCH: America, Hitler and the UN: How the Allies Won World War II and Forged a Peace, I. B. Tauris, 2011, pp. 120, 128. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 320 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili sidad. 103 «Nos bañamos después de cinco meses y después nos rociaron para los piojos. Los sirios nos dieron muchos regalos y dulces para los niños. […] En el resto de los si- tios no nos dejaban poner la cruz en la tumba de nuestros familiares. Ahí por lo menos los enterrábamos con dignidad». 104 Puesto que el campo era un “security camp”, los refugiados no podían salir del mismo. Esto era posible sólo después de su registro y los interrogatorios, que podían durar de una semana a un mes. 105 Los campos de refugia- dos eran, y siguen siendo, diseñados, al menos en principio, para proporcionar a los refugiados protección temporal, pero al mismo tiempo servían y sirven para aislarlos de las sociedades de acogida. 106 «El campo tenía una puerta de hierro enorme que ce- rraba por las noches» recuerda Efxaris Kokali-Akavalou. 107 Las distintas nacionalidades en el campo –griegos, italianos y rusos– estaban separadas. Los Aliados habían adquirido una experiencia considerable en el manejo de refugiados, especialmente en el norte de África y en la península italiana, donde se die- ron cuenta de la necesidad de segregación. 108 Las condiciones de vida en el campo de Alepo poco tienen que ver con las pésimas condiciones de los campos para refugiados en la Grecia de nuestros días. Estos últimos, sin embargo, sí guardan alarmantes simi- litudes con el “hot spot” de Cesme. La convivencia de distintas nacionalidades en los campos, junto con la saturación, las restricciones de movimiento y la desocupación, principalmente de la población masculina, ha resultado muchas veces en peleas violen- tas entre los refugiados. Carim cuenta sobre el “hot spot” de Vial, que se encuentra a ocho kilómetros al sur de la ciudad principal de Quíos: Viví en el campo los primeros diez días. Luego, ocurrió una gran pelea. Porque estaba superpoblado, y la gente se sentía como si estuviera en un centro de de- tención. Así que casi explotó, sin ninguna razón. Bueno, la aglomeración sí que era una razón. De todos modos, no era un lugar humano para vivir. 109 Hoy en día, Grecia es un lugar de paso para los refugiados, como lo era el campo de Alepo para muchos refugiados griegos: «Yo quería ir a Francia o a Holanda. A ve- ces pensé en suicidarme porque veía que este país no tiene crecimiento, ni los griegos 103 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 103. 104 Entrevista de Spiros Plakidas a Nasos BRATSOS: op. cit., p. 94. Cuando alguien se moría en suelo turco o egipcio y le enterraban, las autoridades no dejaban a los familiares poner la cruz en la tumba para que la familia no pudiera reclamar ningún derecho sobre el lugar de la inhumación. 105 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 105. 106 Jennifer HYNDMAN: Managing Displacement: Refugees and the Politics of Humanitarianism, Minnesota: University of Minnesota Press, 2000, p. 93. 107 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 186. 108 Mark WYMAN: op. cit., p. 40. 109 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 321 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili encuentran la forma de ganarse la vida». 110 No obstante, muchos quedan atrapados en Grecia por años. En estos campos viven miles de personas en condiciones de hacina- miento y falta de higiene, como apunta Carim: La gente se amontonaba cada vez más, no había ninguna información. Nos quedamos, creo, los tres primeros días durmiendo en el suelo. Luego entré en un contenedor con una familia que estaba conmigo en el barco. Era difícil ac- ceder a la comida y no se podía salir a comprarla. Por un lado, no quería ir a la cola con unas quinientas personas, y por otro, no quería quedarme sin comida. […] Los baños se situaban prácticamente en la calle. 111 Para Basima la vida en el campo no es digna de ser llamada vida. La comida de cali- dad que disfrutaban los refugiados griegos contrasta fuertemente con la alimentación en los campos actuales: El desayuno para los niños pequeños era un vaso de leche, un cuarto del cual era agua y no sabíamos si ésta estaba limpia o no. Teníamos que estar siempre con los niños porque había suciedad por todas partes y había que lavarlos. Si teníamos agua también lavábamos la ropa, porque a veces nos quedábamos sin agua por dos días. Teníamos que esperar horas para que nos dieran la comida. No era nada fácil comer esa comida. Los primeros días sólo comía pan, hasta que, recuerdo, conseguí ahorrar 2 o 3 euros y entonces fui a comprar tomates y sal. Además, si nos dolía la cabeza teníamos que esperar fuera de la enfermería horas interminables para que nos dieran una pastilla. 112 En el campo de Alepo los niños se escolarizaban dentro del campo. Aunque la educación informal dentro de los campos no constituye una solución al problema, en la Grecia de hoy no existe ni siquiera esa posibilidad. Los niños sirios, como también mu- chos otros, provienen de países en conflicto, donde además las autoridades suelen dis- criminar la educación de las niñas; han perdido años de escuela y ahora en Grecia, nuevamente, se enfrentan a la falta de acceso a escolarización. Los obstáculos a la edu- cación de los refugiados derivan de varios factores: los problemas en la aplicación del marco específico activado por Grecia en 2016; el papel agravante que desempeñan las deficiencias más amplias del procedimiento de asilo y del sistema de acogida del país; las posturas xenófobas a nivel escolar, local y regional; y, por último, las repercusiones 110 Entrevista a Said, Atenas, 14 de julio de 2020. 111 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 112 Entrevista a Basima, Atenas, 23 de junio de 2020. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 322 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili de la pandemia del COVID-19 en el acceso físico a las escuelas y el aprendizaje a dis- tancia de los niños refugiados. 113 Ítaca «Saliendo dejamos una ventana abierta para nuestro gato, porque no sabíamos cuánto tiempo íbamos a estar fuera». 114 Las personas desplazadas suelen pensar que su des- plazamiento es provisional. Algunos tienen la suerte de volver a sus hogares después de un cierto tiempo, otros eligen quedarse en sus nuevas patrias por distintas razones, mientras para algunos el regreso se vuelve un sueño cada vez más lejano. Este último es el caso de los refugiados sirios, que contrasta fuertemente con la vuelta de los grie- gos desplazados cuya repatriación se concluyó en el verano de 1946. 115 La liberación de Grecia en el otoño de 1944 puso sobre la mesa la cuestión de la repatriación de los refugiados griegos dispersos en Chipre, Medio Oriente y África. Los propios refugiados pedían al gobierno griego su repatriación inmediata: «los griegos protestaban continuamente. Queremos ir a Quíos, gritaban». 116 En 1945, se calcula que había 23.406 griegos desplazados, de los cuales 8.113 eran de Quíos. 117 No obstan- te, la organización de la repatriación no estuvo exenta de problemas burocráticos, eco- nómicos e incluso de seguridad – falta de transporte, miles de minas dispersas por el Egeo, etc. 118 Speis Themistoklis tuvo que esperar cuatro meses en Egipto, puesto que no había barcos disponibles debido a la vuelta simultánea de las tropas. 119 Finalmente, la primera misión coordinada de repatriación que organizó UN- RRA fue la de los yugoslavos y griegos refugiados en el Medio Oriente. 120 Su vuelta a la patria estuvo marcada, sin embargo, por una tragedia. El 30 de septiembre de 1945, el barco británico “Empire Patrol”, con 464 refugiados de Kastelorizo, se incendió y como resultado se ahogaron 33 refugiados, entre ellos un bebé y 13 niños menores de diez años. 121 Vagelis Xatzigianakis se acuerda perfectamente del suceso: «El incendio duró treinta y seis horas, hasta que el barco se hundió. El agua del mar hervía por el incendio». 122 113 Informe de “Refugee Support Aegean” sobre la exclusión y la segregación de los niños refugiados del sistema escolar nacional griego, https://rsaegean.org/en/excluded-and-segregated-the-vanishing-education- of-refugee-children-in-greece/ 114 Entrevista de Maro Smirniotopoulou-Liakostavrou a Nasos BRATSOS: op. cit., p. 60. 115 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 231. 116 Entrevista de Efxaris Kokali-Akavalou a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 193. 117 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., pp. 209-210, 214. 118 Jessica REINISCH: “Old Wine in New Bottles?”, p. 163. 119 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 197. 120 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 43. 121 Ibídem, pp. 234-239. 122 Nasos BRATSOS: op. cit., p. 202. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 323 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili El 19 de abril de 1945, los primeros desplazados de Quíos, 578 personas, volvie- ron a su isla. 123 Efxaris Kokali-Akavalou recuerda que Quíos le dio muy mala impre- sión: «Una pobreza, una miseria… Porque donde estuvimos era otro mundo». 124 A otros los esperaba la policía porque eran izquierdistas. La guerra civil griega estaba por estallar. 125 Vino un barco militar británico y nos trajo a Quíos. Antes de llegar a Quíos, pasamos por Creta, pero no nos dejaron salir fuera. Nosotros cantábamos can- ciones izquierdistas y vinieron los cretenses alzando banderas rojas para salu- darnos. Nos hicieron una bienvenida fantástica. Aquí (en Quíos) nos esperaba la policía y no dejaba que nadie se nos acercara. 126 Cuando la guerra se prolonga tanto, como es el caso de la guerra en Siria, la ac- titud de las personas desplazadas cambia radicalmente. Amin y Said no piensan volver porque todas sus personas queridas se han ido o han muerto. Ya no tienen a nadie ni nada allí. Me dijeron que incluso si volvieran nunca sería como antes. Además, se han acostumbrado a Grecia, pues se sienten como si estuvieran en Siria. 127 Razones políti- cas, religiosas, o de género pueden constituir también un obstáculo insalvable para la repatriación. Cuando llegó a Grecia, Basima se separó de su marido, que ahora está encarcelado por maltrato. No quiere volver a Siria porque tiene miedo de que la fami- lia de su ex marido o incluso la suya le quiten la custodia de los niños. 128 Cuando pre- gunté a Said, que se hizo desertor, si quería volver a Siria, me dijo que si volviera lo matarían – preferiría morir aquí en Grecia que en Siria. 129 Carim y Hamida no descar- tan volver, siempre y cuando la guerra se acabe. Carim separa, no obstante, sus deseos de la realidad: «Creo que todo el mundo dirá que sí, y yo incluido, pero no. No voy a volver en esta situación como está ahora». 130 Hamida echa de menos los encuentros con sus familiares, los paseos en Alepo, los estudios que dejó inconclusos, echa de me- nos muchas cosas... Si la guerra se parara, volvería inmediatamente a Siria. 131 123 Iakovos D. MIJAILIDIS: op. cit., p. 222. 124 Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 194. 125 La guerra civil griega duró de 1946 a 1949. No obstante, la represión estatal y paramilitar hacia los iz- quierdistas había empezado ya desde 1945. Véase David CLOSE: The Origins of the Greek Civil War, Lon- don, Longman, 1995; Philipp CARABOTT, Thanasis D. SFIKAS (eds.): The Greek Civil War: Essays on a Conflict of Exceptionalism and Silences, London, Routledge, 2004. 126 Entrevista de Andreas Louras a Yannis MAKRIDAKIS: op. cit., p. 195. 127 Entrevista a Amin, Atenas, 12 de julio de 2020, y a Said, Atenas, 14 de julio de 2020. 128 Entrevista a Basima, Atenas, 23 de junio de 2020. 129 Entrevista a Said, Atenas, 14 de julio de 2020. 130 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 131 Entrevista a Hamida, Atenas, 11 de julio de 2020. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 324 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili Historia en crisis «La historia es lo más importante, pero no durante la crisis. En la crisis hay que cen- trarse en la situación concreta que uno vive». 132 Carim tiene razón una vez más. Cuan- do nos encontramos en una crisis no pensamos en la historia ni buscamos paralelismos con ella, sino que nos enfocamos en nuestra situación “única”. Cuando los griegos es- taban en crisis durante la ocupación nazi, y los sirios durante la guerra, no pensaban en la historia de los miles de personas que se habían convertido en DPs antes que ellos. Tampoco los historiadores, los políticos o los funcionarios de los estados que gestionan las vidas de los desplazados han mostrado interés por los desplazamientos del pasado. Pero, ¿por qué? Como Philip Marfleet ha mostrado, las personas desplazadas han sido los grandes ausentes, los excluidos de la Historia y de todas las historias na- cionales. 133 Incluso la historia del desplazamiento masivo de los griegos durante la Se- gunda Guerra Mundial ha sido una historia desconocida en Grecia. Muchas veces los propios descendientes de los desplazados la ignoran. El desplazamiento masivo tiene, no obstante, un carácter sistémico: los desplazamientos siempre han formado parte del orden global. A pesar de ello, los estados siguen considerándolos como un mero ruido episódico o superficial, y no como un componente fundamental del conflicto en el mundo moderno. 134 Aunque el proceso de crear estados-nación modernos étnica y cul- turalmente homogéneos supuso depuraciones étnicas y la marginación de las poblacio- nes desplazadas, muy a menudo nos olvidamos de este conflicto y sus dimensiones humanas. 135 Millones de personas fueron desplazadas por los conflictos y/o por los tratados y asentamientos que establecieron nuevas fronteras territoriales y culturales. Cuando los refugiados y sus descendientes hablan, desafían las narrativas nacionales y los acuer- dos políticos y socioculturales que las siguen avalando. Esta es una de las principales razones por las que las autoridades estatales, las agencias y los académicos ignoran a los refugiados del pasado y del presente. 136 Y esta negación de la historia de los refu- giados forma parte del proceso de negación de su realidad en la actualidad. 137 Hablando con Carim sobre exclusión, él no quiso restringirla a los refugiados: 132 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 133 Philip MARFLEET: op. cit., p. 137. 134 Peter GATRELL: “Refugees—What’s Wrong with History?”, Journal of Refugee Studies, 30:2, (2017), p. 172. 135 Philipp THER: The Dark Side of Nation States: Ethnic Cleansing in Modern Europe, Oxford: Berghahn, 2014, p. 1; Nevzat SOGUK: States and Strangers. Refugees and Displacements of Statecraft, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1999. 136 Philip MARFLEET: op. cit., p. 144. 137 Ibídem, p. 137. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 325 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili Todavía vivimos en un mundo injusto para los refugiados, igual que para muchos más. No lo voy a separar de otras personas. Eso pasa con las muje- res, con los negros, con los transexuales, la gente pobre... 138 Aunque desde finales de los años 1960 la disciplina histórica ha dado importan- tes pasos respecto a la inclusión de sujetos marginados, como pueden ser las clases ba- jas, las mujeres, los afroamericanos, los indígenas y los nativos, las personas desplaza- das experimentan graves desventajas, incluso en relación con otros grupos sociales marginales. Resulta sorprendente la escasa atención que se presta a los refugiados en la historia; suelen ser “un asterisco en el gran relato de la Historia”. 139 En los casos en que los refugiados aparecen en las páginas de los libros, suelen ser representados como miserables desechos, como víctimas ineludibles de la guerra, y nunca como agentes del cambio. 140 No obstante, los que ya han vivido en su carne el desplazamiento sí que pueden establecer paralelismos entre el pasado y el presente gracias a sus experiencias. A par- tir de 2015, la prensa se llenó de memorias de griegos refugiados en Medio Oriente du- rante la guerra, refugiados que sentían un vínculo estrecho con la nueva ola de despla- zados y querían mostrarles su solidaridad. Estas memorias empujaron también a los historiadores a realizar las primeras investigaciones sobre el tema. 141 De este modo, la historia desconocida de los refugiados griegos ganó visibilidad. Fani Kapela-Koutouzi, desplazada durante la Segunda Guerra Mundial en Turquía, Siria y Palestina, empezó a llorar cuando vio a los refugiados sirios llegando a Grecia, ya que le hizo recordar su propio desplazamiento; sintió que tenía la obligación de ayudarles, de tener un gesto de reciprocidad. Comparando su experiencia con la de los sirios de hoy en día comentó: Hace setenta años, los británicos nos atendían mejor a nosotros, a los refugia- dos griegos. A pesar de los inconvenientes y de alguna brutalidad, en general disfrutamos de una cierta seguridad. Incluso en los campos para refugiados la atención fue bastante buena, dadas las condiciones de la época, a diferencia de lo que vemos hoy... Había medicinas, alimentos, hospitales e incluso iglesias para nuestras necesidades religiosas. 142 Puesto que los desplazamientos masivos, forzosos o voluntarios, son parte de la evolución histórica, para comprender los desplazamientos actuales en todas sus dimen- 138 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. 139 Peter GATRELL et al.: “Reckoning…”, p. 72. 140 Peter GATRELL: “Refugees…”, p. 174. 141 Iakovos D. MIXAILIDIS: op. cit.; Nasos BRATSOS: op. cit.; Alexandros LAMPROU: op. cit. 142 “Cuando los griegos huyeron a Siria como refugiados”, Kathimerini, 18 de octubre de 2015. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 326 De Alepo a Quíos y de Quíos a Alepo Magda Fytili siones y en su perspectiva histórica, deberíamos preguntarnos cómo estallaron las cri- sis de éxodos masivos en el pasado, cómo fueron retratadas, cómo respondieron los actores institucionales, qué personas fueron protegidas y cómo, de qué manera reac- cionaron los propios refugiados ante su situación, cuáles han sido sus múltiples expe- riencias pasadas y presentes, cómo los refugiados establecen conexiones entre una cri- sis y otra, y cómo los desplazamientos de hoy se relacionan con los del pasado. En po- cas palabras, se trataría de hacer una historia comparativa del desplazamiento, po- niendo a las personas desplazadas en el centro de la investigación histórica: producir un conocimiento, basado en la historización de sus experiencias, que pueda guiar nues- tra acción en el presente y en el futuro. Cuando le pregunté a Carim si le gustaría dirigir un mensaje específico a los griegos, me dijo lo siguiente: Quiero que sepan que, si realmente aman a su país, tienen que entender perfec- tamente su situación [de los refugiados] y actuar en consecuencia. Porque ese es el secreto de todo. Toda la gente piensa que saber es la solución a todo. El conocimiento. Y eso no es cierto. Si no actúas después, el conocimiento no es nada. Y yo quiero que actúen. De acuerdo con su conocimiento. 143 143 Entrevista a Carim, Atenas, 5 de julio de 2020. RUHM Vol. 10, Nº 20 (2021), pp. 305 – 327 © ISSN: 2254-6111 327