MENOS TIEMPO DE COCINA, MÁS TIEMPO DE CONSUMO: ¿MÁS IGUALDAD DE GÉNERO? LESS COOKING TIME, MORE CONSUMPTION TIME: MORE GENDER EQUALITY? Sara Moreno-Colom1 Vicent Borràs Català2 Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) Centre d'Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball (QUIT) Institut d'Estudis del Treball (IET) Fecha de recepción: 25.1.2021 Fecha de aceptación: 4.5.2021 Resumen El presente artículo se interroga por el impacto de género de algunas de las trasformaciones que acarrea la llamada cuarta revolución industrial en el trabajo doméstico. En concreto, se fija en la dimensión simbólica del uso y la distribución del tiempo que se dedica a las tareas relacionadas con la compra y preparación de los alimentos. La hipótesis de partida sustenta que, más allá de la innovación tecnológica, la disminución del tiempo dedicado a las tareas culinarias que evidencian las estadísticas responde al cambio de hábitos cotidianos y modelo de consumo. A modo de exploración, se propone una estrategia metodológica cualitativa centrada en la experiencia cotidiana y el sentido atribuido a las tareas domésticas según el género, el ciclo vital y la clase social. Como conclusión, se apunta que en el trasfondo de la menor dedicación de tiempo a la cocina emergen nuevos hábitos caracterizados por dedicar más tiempo a la compra de alimentos y menos a su preparación. En cualquier caso, parece que dichos hábitos siguen representando más trabajo para las mujeres según sus condiciones estructurales. Palabras clave: usos tiempo, trabajo doméstico, género, hábitos sociales, prácticas consumo Abstract This paper analyses the gender impact of the fourth industrial revolution on domestic work. It focuses on the symbolic dimension of time use related to the set of cooking tasks. The main hypothesis argues that, beyond technological innovation, the decrease in time devoted to cooking evidenced by the statistics responds to the change in daily habits and consumption model. To explore this question, the paper presents a qualitative methodological strategy to analyse the everyday experience and the meaning attributed to housework tasks according to gender, life cycle and social class. Preliminary results show that decrease of cooking tasks emerge new daily habits characterized by spending more time buying food and less time preparing it. The paper concludes that these daily habits continue to represent more work for women according to their structural conditions. Keywords: time use, domestic work, gender, social habits, consumption practices 1 sara.moreno@uab.cat 2 vicent.borras@uab.cat Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 121 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català INTRODUCCIÓN La Segunda Revolución Industrial contribuye a la construcción social de la figura de ama de casa reforzando la responsabilidad femenina del trabajo doméstico y de cuidados e identificando a la mujer como consumidora (Schwart 2011). Con ello, se invisibiliza social y económicamente la realidad cotidiana de las mujeres que asumen cuidados y trabajo doméstico no remunerado. Por un lado, la aparición de la fábrica consolida la separación de la esfera productiva y reproductiva, refuerza el papel del hombre como ganador de pan e invisibiliza los trabajos realizados por las mujeres como esposas, madres e hijas. Por el otro lado, el proceso de producción fordista implica el surgimiento de nuevos productos vinculados a las tareas domésticas (lavadora, tostadora, olla a presión, etc.) y orientados a fomentar el consumo de los hogares. Sin embargo, como señala Cockburn (1997), las tecnologías domésticas conllevan trabajo y responsabilidad a diferencia de otras tecnologías de entretenimiento como el televisor. Desde esta perspectiva, la misma autora analiza la influencia de las innovaciones tecnológicas sobre las relaciones desiguales de género dentro del hogar donde persiste la división sexual del trabajo. En este sentido, Cockburn (1997) defiende un proceso de relación mutua entre las innovaciones tecnológicas y las relaciones desiguales de género. Una de las cuestiones que emerge de la discusión plantea: ¿Hasta qué punto los nuevos productos simplifican el trabajo doméstico permitiendo ahorrar tiempo a las mujeres como principales responsables? Para dar respuesta a esta pregunta, Schwart (2011) analiza el proceso de industrialización del hogar cuestionando las teorías funcionalistas que defienden un cambio en el modelo de familia basado en la pérdida del género y la clase social como ejes estructuradores de la desigualdad. Dicha visión se fundamenta en la imagen parsoniana de la familia como institución cuyo funcionamiento harmonioso incluye la complementariedad de roles entre los géneros (Parsons 1999). En concreto, Schwart (2011) analiza el caso de las mujeres de clase media en EEUU y evidencia como los cambios acaecidos se alejan del modelo funcionalista que atribuye esta complementariedad de roles, así como capacidad de agencia a las mujeres. Por el contrario, esta misma autora apunta que el impacto de la revolución industrial dentro del hogar contribuye al proceso de construcción social de la figura del ama de casa intensificando el trabajo doméstico de las mujeres y excluyéndolas del mercado laboral. Otras autoras critican la supuesta capacidad de las tecnologías domésticas como los electrodomésticos para favorecer la emancipación de la mujer argumentando que, simplemente, implican un cambio de tareas, pero no su supresión (Borderias et al. 1994; Alemany 2001). Desde esta aproximación, se evidencia como la mecanización del hogar reduce el tiempo dedicado a algunas actividades, pero genera nuevas responsabilidades derivadas de su gestión y del aumento en el nivel de exigencia sobre los estándares de limpieza y salud (Scott 2000). A partir de los años 80 del siglo XX, la mayor presencia y dedicación laboral de las mujeres (Torns et al. 2007) añade al debate tecnológico otro factor: la menor disposición de tiempo de las mujeres para realizar las tareas dentro del hogar. Según Cockburn (1997), a pesar de dichos cambios en el mercado de trabajo, los ingenieros siguen diseñando los electrodomésticos pensando que las mujeres, activas o inactivas laboralmente, son las responsables de las tareas domésticas. De nuevo, la realidad pone de manifiesto que la actividad laboral femenina no implica una disminución del tiempo que dedican a las tareas domésticas, sino jornadas interminables. Los conceptos de doble presencia o carga total de trabajo permiten captar empíricamente esta realidad (Balbo 1978; Durán 1986). Además, persiste la aparición de nuevas opciones para substituir parte del trabajo doméstico con la compra de productos y servicios. Balbo (1978) explica como las nuevas formas dependen de estructuras específicas como los supermercados o los servicios públicos de manera que una parte del trabajo doméstico se realiza fuera del hogar e implica tareas de gestión. En definitiva, se transforma, pero no desaparece y su expansión en la práctica de consumo puede suponer ocupar todo el tiempo disponible. Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 122 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català El presente artículo retoma el debate sobre la influencia de la innovación tecnológica en las relaciones desiguales de género y se interroga por el impacto de algunas de las trasformaciones que acarrea la llamada Cuarta Revolución Industrial en el ámbito doméstico. En concreto, presenta una aproximación cualitativa a los cambios en el uso y la distribución del tiempo que mujeres y hombres de distintos perfiles sociológicos dedican a las tareas relacionadas con la preparación y compra de los alimentos en el contexto urbano de la Área Metropolitana de Barcelona. El artículo incluye cuatro apartados. En primer lugar, se presentan los debates sobre la cuestión que sirven de base teórica y empírica para formular el objeto de estudio. En segundo lugar, se detalla la estrategia metodológica cualitativa para, en tercer lugar, presentar los principales resultados. Finalmente, se concluye retomando a modo exploratorio las hipótesis planteadas. CONSUMO, TRABAJO DOMÉSTICO Y USOS DEL TIEMPO La Cuarta Revolución Industrial hace referencia a las transformaciones que los avances de las tecnologías digitales introducen en el proceso de producción capitalista, así como en las relaciones productivas (Pérez 2010; González-Páramo 2017; Baraña 2019). Como en las anteriores revoluciones industriales, surge el interés por analizar el impacto de la irrupción tecnológica en el mercado laboral, el proceso de trabajo y las pautas de consumo retomando debates clásicos como los planteados por Braveman (2007) sobre la descualificación, Piore y Sabel (1990) sobre especialización flexible o Veblen (1974) sobre consumo. Con relación a esta última cuestión, Veblen (1974) explica que el papel de la mujer como consumidora surge durante el siglo XIX cuando, entre la clase burguesa, la vestimenta femenina permite reflejar el estatus socioeconómico del marido. Desde entonces, se da una confusión interesada entre el significado social del consumo y la provisión de bienes necesarios para el hogar. El consumo como placer y actividad de ocio convive con el consumo como trabajo vinculado a las actividades de carácter doméstico más rutinario y de aprovisionamiento del hogar (Borràs 2007). Más allá del significado subjetivo atribuido al consumo, desde la perspectiva de género resulta imprescindible objetivarlo, es decir, diferenciar quien consume qué y quien hace qué. Los datos de las principales fuentes estadísticas sobre el tema consideran el hogar como unidad básica de medida dificultando captar las diferencias entre mujeres y hombres como, por ejemplo, las estadísticas de la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En cambio, la Encuesta de Empleo del Tiempo del mismo INE ofrece una doble aproximación cuantitativa permitiendo captar las desigualdades de género según las distintas dedicaciones a las prácticas de consumo. De manera directa, a partir del tiempo dedicado a la compra y, de manera indirecta, a partir del tiempo dedicado a actividades vinculadas a algún tipo de consumo como la cocina. Los estudios sobre usos del tiempo con perspectiva longitudinal a nivel internacional evidencian una tendencia a disminuir las diferencias entre las mujeres y los hombres a lo largo de los últimos 50 años (Gershuny 2000; Hook 2010). Los resultados apuntan la tendencia a la convergencia de género: los hombres cada vez dedican más tiempo al trabajo doméstico y de cuidado, mientras que disminuye la dedicación de las mujeres al trabajo doméstico y crece su dedicación a los cuidados (Bianchi et al. 2011; Sayer 2012). Se trata de una tendencia que avanza lentamente y está motivada, en gran parte, por el aumento del empleo femenino. Pero estos mismos estudios también evidencian que, a pesar de la disminución de las diferencias, persiste la mayor carga total de trabajo para las mujeres y la segregación de género en relación con las actividades domésticas. Ellas continúan realizando las actividades más rutinarias mientras que los hombres hacen las tareas más flexibles y menos rígidas cotidianamente (Treas et al. 2012; Kan et al. 2011; Moreno 2017). Sayer (2012) identifica dos explicaciones teóricas clásicas sobre la segregación del trabajo doméstico dentro del hogar: la perspectiva de la llamada Nueva Economía de la Familia (Becker 1981) y la perspectiva Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 123 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català de género con el concepto doing gender introducido por West y Zimmerman (1987). La primera teoría parte de la racionalidad de las decisiones según las condiciones estructurales y las preferencias individuales. Desde esta perspectiva, Becker (1981) argumenta que la especialización de género del trabajo doméstico responde a una decisión racional dentro de la pareja motivada por factores circunstanciales como la situación laboral o el hecho de tener criaturas. La hipótesis principal es que a medida que cambian las circunstancias sociales deben cambiar los usos del tiempo entre los hombres y las mujeres. Básicamente, porque el aumento de la actividad laboral femenina modifica la disponibilidad de tiempo según el género. Por el contrario, desde la perspectiva de género, se defiende que las decisiones racionales y las preferencias individuales son resultado de una construcción social marcada por el género. West y Zimmermn (1987) advierten que las representaciones que aparecen como naturales responden a un proceso continuo de (re)construcción, que se da en el marco de la interacción de los miembros de la pareja. En la misma línea, Treas (2012) critica la simplificación de los argumentos de la perspectiva que no considera el peso de los factores socioculturales. Se argumenta que dichos factores son imprescindibles para entender por qué las mujeres siguen dedicando más tiempo, en comparación con los hombres, al trabajo doméstico y de cuidados a pesar del aumento del empleo femenino y la disminución de la fertilidad (Kan et al. 2011). El conjunto de las aportaciones teóricas que señalan el peso de las relaciones de género por encima de las preferencias individuales sirve de base para explorar el trasfondo de la disminución del tiempo dedicado a la cocina que evidencian las estadísticas. Los datos de las dos ediciones de la Encuesta de Empleo del Tiempo (EET-INE 2002-2003, 2009- 2010) en relación con el caso español avalan la tendencia a la convergencia de género en los usos del tiempo. Distintas investigaciones coinciden en apuntar que la disminución del tiempo dedicado a las tareas domésticas responde a que las mujeres hacen menos y no a que los hombres hagan más (Gálvez et al. 2010; Ajenjo y Garcia 2014; Gracia 2014; Domínguez 2015; Prieto 2015; Borràs et al. 2018; Moreno et al. 2018). Borràs et al. (2018) señalan distintos factores explicativos sobre la convergencia de género en el caso español a partir de un análisis comparativo entre las dos ediciones de la EET-INE. En primer lugar, que el cambio en el tiempo conjunto que las parejas de doble ingreso dedican al trabajo doméstico está relacionado con un cambio generacional de las mujeres. La edad aparece como el factor más explicativo superando el peso del ciclo de vida medido según la presencia de hijos e hijas menores en el hogar. En segundo lugar, constatan que el descenso de la dedicación por parte de las mujeres se da en aquellas actividades más rutinarias como son la cocina y, en menor medida, la limpieza. Siendo las mujeres de menos de 35 años comparativamente a las mayores de 45 años, las que más disminuyen su dedicación a estas tareas. En el caso de los hombres, se mantiene prácticamente igual su dedicación, aunque se observa una ligera disminución del tiempo dedicado a la cocina y un ligero aumento del tiempo dedicado a la limpieza. De manera que la disminución global del tiempo destinado a las tareas del hogar se imputa, prácticamente por completo, al descenso del tiempo de cocina. En términos generales, concluyen que la disminución del tiempo que las mujeres dedican a las tareas relacionadas con la cocina no se ha acompañado de un aumento por parte de los hombres. No se trataría de un tiempo de sustitución donde lo que no hace la mujer lo hace el hombre. Por el contrario, parece que se está produciendo un cambio de hábitos en las tareas culinarias simplificando su contenido. A su vez, disminuye el tiempo que las mujeres dedican a la cocina aproximándose a la pauta masculina. A partir de los resultados descritos, surge el interés por vincular los cambios en los usos del tiempo con un conjunto de debates sobre las normas de consumo alimentario. Diaz Méndez (2005) identifica tres intereses analíticos: los factores explicativos de la tendencia creciente a la individualización de las comidas; el peso de la clase social en las prácticas relacionadas con la disminución del tiempo dedicado a la cocina y su traducción en los hábitos de consumo alimentario; y, el surgimiento de nuevos valores sociales ligados a la preocupación por la alimentación. Borrás (2007) explica como a partir de los años 20 del siglo XIX llegan Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 124 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català al mercado alimentos fáciles de preparar que simplifican la alimentación y permiten ahorrar tiempo de cocina. Desde la perspectiva del omnivorismo cultural (Fernandez y Heikkilä 2011), se considera que este escenario desdibuja la relación entre consumo y grupos sociales superando el peso de la clase social. Por el contrario, otras aproximaciones defienden que el aumento de la disponibilidad de alimentos no elimina las desigualdades respecto su consumo (Borràs 2007; Diaz 2014). Desde la perspectiva de género, resulta oportuno profundizar en los cambios que esconde la disminución del tiempo dedicado a la cocina retomando algunos de los debates planteados. En este sentido, se sustenta la hipótesis de que el menor tiempo dedicado a las tareas culinarias conlleva cambios de hábitos y valores sociales, pero persiste la desigualdad de género. Mujeres y hombres dedican más tiempo a la compra de alimentos y menos a su preparación, pero los nuevos hábitos siguen representando más trabajo femenino en función del ciclo vital, la generación y la clase social. Junto a la dimensión material que representa la disminución del tiempo dedicado a la cocina, se propone profundizar en la dimensión simbólica de las distintas estrategias cotidianas y modelos de consumo de las parejas según sus responsabilidades de cuidado y condiciones materiales de existencia. En concreto, se plantean tres líneas de hipótesis a explorar: El género influye en el tiempo, contenido y significado de las tareas relacionadas con la preparación de los alimentos: las mujeres siguen siendo las principales responsables de organizar y realizar las compras y comidas dentro de la pareja atribuyendo mayor importancia al bienestar cotidiano. La generación y el ciclo vital influyen en los hábitos cotidianos: las parejas jóvenes sin criaturas dedican menos tiempo a la cocina y más al consumo de productos alimenticios preparados mientras que el cuidado de menores introduce cambios en la planificación y organización de las comidas. La clase social contribuye a explicar los distintos modelos de consumo alimentario que dibuja la disminución generalizada de tiempo dedicado a la cocina: el modelo de la clase trabajadora tiende a priorizar el precio y la semipreparación del producto, mientras que el de la clase media tiende a simplificar la forma de cocinar y atribuye una dimensión lúdica a la externalización de las comidas. METODOLOGÍA Con el fin de analizar la dimensión simbólica de los nuevos hábitos cotidianos y valores sociales que implica la disminución del tiempo dedicado a la cocina se plantea una estrategia metodológica cualitativa basada en la entrevista en profundidad. Con la elección de dicha técnica de investigación se pretende captar el conjunto de representaciones sociales asociadas a los acontecimientos vividos por las personas entrevistadas. En concreto, se trata de recoger la vivencia individual del informante, narrada a través de sus propias concepciones según los referentes socialmente compartidos en su contexto. La potencialidad referencial del contexto sociocultural permite el ejercicio de extrapolación de las representaciones según el perfil sociológico de la persona. De esta manera, siguiendo la estrategia metodológica de otras investigaciones, se complementa el análisis de las prácticas relativas a los usos del tiempo con el significado social atribuido a las actividades realizadas (Moreno 2009). Para captar la complejidad de los cambios y las continuidades en las relaciones de género, se define como unidad de análisis la pareja entrevistando a los dos miembros que la integran. En concreto, la muestra recoge una tipología de dieciséis tipos de parejas heterosexuales definidas según cuatro ejes resultado de la evidencia empírica existente (Borràs et al. 2018): Género: persisten la desigualdad entre mujeres y hombres en relación con el tiempo dedicado a la cocina y la compra de alimentos. Generación: el tiempo dedicado a las tareas de cocina y limpieza disminuye 77 minutos al día entre las mujeres menores de 45 años en comparación con las mayores de 55. Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 125 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català Ciclo de vida: el cuidado de menores dentro del hogar incrementa el tiempo dedicado al trabajo doméstico. Clase social: el nivel de estudios, la situación laboral y la categoría profesional condicionan el tiempo dedicado a las tareas de compra y preparación de los alimentos. Los criterios de selección seguidos para cada uno de los ejes incluyen: la generación a partir de cuatro grupos de edad con un intervalo suficientemente amplio para evitar parejas cuyos miembros se encuentren en dos tramos distintos; el ciclo de vida según la presencia o ausencia de criaturas menores de 12 años en el hogar; la clase social tomando la ocupación como indicador que permite diferenciar las ocupaciones manuales o de baja cualificación de las ocupaciones cualificadas, profesionales y pequeña empresa, así como el criterio que ambos miembros de la pareja tengan ocupaciones asimilables a la misma clase social; y, finalmente, el ámbito urbano del lugar de residencia identificado con la Área Metropolitana de Barcelona. El procedimiento metodológico incluye: establecer los criterios para seleccionar los perfiles de la muestra a partir de la evidencia empírica existente (EET-INE 2002-2003, 2009-2012) y las hipótesis formalizadas; diseñar y desarrollar las estrategias de contacto siguiendo la técnica de la bola de nieve; realizar y grabar las entrevistas con el consentimiento informado de las personas; transcribir y analizar los resultados siguiendo la técnica del análisis de contenido. Las entrevistas se realizan en los hogares de las personas, de manera individual y sin presencia de la pareja con el fin de evitar condicionantes e interferencias narrativas. Se hace un planteamiento semi-dirigido que pretende tratar, a partir del relato de las rutinas cotidianas, las cuestiones relacionadas con el trabajo doméstico y de cuidados. El trabajo de campo se inicia en febrero de 2020, pero la declaración de Estado de Alarma vinculada a la pandemia de la COVID-19 no permite finalizar todas las entrevistas. De los dieciséis perfiles de parejas definidos se logra realizar siete que se corresponden a catorce entrevistas. Sin embargo, el material empírico obtenido se considera susceptible de ser presentado como una aproximación exploratoria a las hipótesis planteadas tomando en consideración los resultados de las investigaciones cuantitativas. El siguiente cuadro presenta la tipología completa con la identificación de los perfiles entrevistados y que se consideran, desde una aproximación cualitativa, representativos de los ejes analíticos definidos al incluir la variabilidad según ciclo vital, generación y clase social. TABLA 1. TIPOLOGÍA PERFILES SOCIOLÓGICOS Clase media Clase trabajadora Generación/ciclo vital Mujer Hombre Mujer Hombre <30 Con criaturas <30 Sin criaturas MCMSC-30 HCMSC-30 30-45 Con criaturas MCMC 30-45 HCMC 30-45 MCTC 30-45 HCTC 30-45 30-45 Sin criaturas 45-55 Con criaturas MCMC 45-55 HCMC 45-55 45-55 Sin criaturas MCTC 45-55 HCMSC45-55 >55 Con criaturas >55 Sin criaturas (-12) MCMSC +55 HCMSC +55 DCTSC +55 HCTSC +55 RESULTADOS El relato de las siete parejas entrevistadas permite explorar la dimensión simbólica que acompaña a la disminución del tiempo dedicado a las tareas de la cocina evidenciada a partir de las dos oleadas de la EET Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 126 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català realizada por el INE (2002-2003, 2009-2010). Siguiendo las hipótesis, se plantea que dicha disminución se desvincula de la tecnología doméstica y responde al cambio de hábitos y pautas de consumo. La diversidad tipológica de las parejas permite describir el sentido de dicho cambio con relación a la compra y preparación de los alimentos considerando factores estructurales como el ciclo vital, la generación y la clase social. A continuación, se presentan los principales resultados según el contenido de las tareas domésticas en tres apartados: cocina, compra y consumo de alimentos. El tiempo de la cocina En términos generales, la tecnología doméstica no aparece como un elemento explicativo de la disminución del tiempo dedicado a la preparación de los alimentos. Los hombres entrevistados reconocen que el peso de las tareas relacionadas con la cocina recae en sus parejas, si bien ellos lo hacen en caso de necesidad. "... y es Ester la que cocina siempre, yo si tengo que cocinar es porque ella está mala, cuidado que no se cocinar, se preparar una ensalada o unos huevos fritos o una tortilla, y si alguna vez ella esta jodida…pues, "pon el agua", "quítala" ... la que cocina el 99.9% se ella " (Hombre, clase trabajadora, sin criaturas, 45-55) Las razones que esgrimen los hombres para justificar su menor dedicación difieren según la generación, el ciclo vital y la clase social. En el caso de la generación mayor, la jubilación emerge como un momento de cambio en la distribución de los roles: él se jubila antes que ella y asume las tareas de preparación y compra de los alimentos hasta que ella se jubila. El relato de la pareja jubilada de clase media pone de manifiesto la reivindicación del control femenino, y la falta de resistencia masculina: la mujer aparta al hombre de la cocina con el fin de mantener el poder de decisión, aunque implique reforzar el modelo tradicional. "Ahora no me dejan, pero antes, cuando yo me jubilé y ella trabajaba, yo cocinaba para mí y cocinaba para mis hijas, pero ahora no me deja entrar en la cocina. No. No quiere respecto nada" (Hombre, clase media, sin criaturas, +55) Para la mujer jubilada, preservar la cocina como un espacio propio permite tener el poder de decisión y control sobre aspectos clave para la vida doméstica como son las compras y la alimentación. Dicha apropiación femenina del hogar también se observa en el caso de la pareja de generación más joven de clase media y con criaturas como pone de manifiesto el relato del hombre. "... yo estoy seguro, y no sé porque, pero seguro [con seguridad] que cuando ahora la María, así que estamos los dos juntos a las tardes con los niños, hará la cena ella, seguro, seguro. Aunque llevo tres años haciéndolo yo [eleva la voz] cuando esté ella lo hará ella, seguro" (Hombre, clase media, criaturas, 30-45) La diferencia generacional reside en los argumentos que se utilizan para explicar esta situación. Mientras que el discurso de la generación mayor reproduce estereotipos de género, el discurso de la generación más joven recurre a las preferencias para explicar una distribución de roles que se percibe como igualitaria a pesar de reproducir el modelo tradicional. ".. si ... y a ella le gusta cocinar..." (Hombre, clase media, criaturas, 30-45) El peso de las preferencias, conjuntamente a la habilidad, es compartido por los dos miembros de la pareja joven de clase media naturalizando la cocina como una elección masculina y una obligación femenina. "... A ver, por necesidad, cuando hace falta que cocine él, cocina él, cuando cocino yo, cocino, yo en eso no hay ... pero es verdad que a mí me gusta y también es un momento que. ... estoy Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 127 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català yo ... ¿no? Como desconecto y ... la verdad es que estoy yo en la cocina yo más que él, pero yo creo que también es porque me gusta" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) El recurso a las preferencias y la naturalización de las tareas también emerge en el relato de la pareja joven de clase trabajadora donde parece reproducirse con más fuerza el modelo tradicional de género señalando las condiciones socioeconómicas como otro límite del cambio generacional. "Porque ella también es la que se encarga de la casa, no nos vamos a engañar. Yo el baño ..., intento ayudarle limpiando la cocina y limpiando un poquito, pero a mí se me da bastante mal cocinar. Soy muy malo…Se que soy muy malo, no se me da bien. Tampoco me he puesto mucho, porque mi mujer la verdad es que cocina bastante bien, y yo creo que si tuviéramos que comer de mí... tiraríamos todos los días de pizzas y de guarrerías de estas…Con lo cual la verdad es que tengo bastante suerte, que cocina bien y está por la casa" (Hombre, clase trabajadora, criaturas, 30-45) En cualquier caso, el detalle de la cotidianeidad que recogen las entrevistas pone de manifiesto algunas de las claves explicativas de la brecha que separa el discurso de la práctica en la pareja joven de clase media. A partir del relato, se observa la sobrevaloración del hombre con relación a su dedicación confundiendo el hecho de estar con el hecho de asumir las tareas. La percepción difusa entre dar la cena y hacer la cena resulta significativa para entender la realidad que hay detrás de los datos sobre usos del tiempo: "…yo sí que estoy en la cena, sin embargo, Cris procuraba dejar algo hecho porque si no a mí no me da tiempo, porque los niños tienen que acostarse a una hora más o menos decente" (Hombre, clase media, criaturas, 30-45) El tiempo que el hombre dedica a las tareas de la cocina tiene una dimensión esporádica y anecdótica que contrasta con el tiempo que dedica su pareja responsable, directa o indirecta, de las comidas diarias. La responsabilidad indirecta conlleva el trabajo de organizar, planificar y preparar las comidas. Un conjunto de tareas invisibles y feminizadas que no se reconocen ni valoran. "... el día anterior hago la comida. Para mí, para mi marido y por ... por ... el hijo mayor que viene a comer en casa normalmente. El pequeño se queda en el comedor de la escuela" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) El caso de la pareja menor de 30 años sin criaturas permite introducir en el análisis exploratorio el peso del ciclo vital. En este sentido, parece que la edad y la ausencia de criaturas son factores explicativos de un modelo de reparto igualitario con relación a las tareas de preparación de la comida. El relato de los dos miembros de la pareja coincide al referirse a la cocina como una tarea compartida que se distribuye según las circunstancias personales más allá de los roles tradicionales de género. "Y nada, la cena, pues, hay veces que la hace él, otras veces la hago yo, en función de...bueno, quién está más cansado y quién tiene más lío de emails ¿no?" (Mujer, clase media, sin criaturas, -30) "El tema de preparar la cena y esto, sí…no necesariamente los dos juntos, hay días que sí, que nos ponemos los dos y mientras tanto vamos hablando, hay días que lo hace ella, hay días que lo hago yo...no te diría ... no es una de las tareas de casa que preferentemente haga uno o el otro" (Hombre, clase media, sin criaturas, -30) Desde una perspectiva comparativa, parece que el hecho de no tener responsabilidades de cuidados permite una lógica de improvisación en la preparación de las comidas diferenciando el alcance del cambio generacional según la etapa del ciclo vital. Las criaturas obligan a planificar los menús: Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 128 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català "… tomo de guía lo que él tiene en el comedor de la escuela porque era lo que hacía cuando los dos nos quedábamos a comer e intentamos hacer lo mismo…y yo aquí organizo la cena... entonces, así, el sábado o el domingo miro que hay de menú la semana siguiente y hago un menú nuestro... es lo que marca el menú semanal de todos" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) Por el contrario, la pareja joven sin criaturas no tiene la costumbre de planificar las comidas y, como relata el hombre, prefieren la comodidad y rapidez. Se observa un cambio importante en el tiempo dedicado a la cocina según el ciclo vital: mientras que las parejas con criaturas buscan el equilibrio nutricional durante la semana, las parejas sin criaturas buscan la funcionalidad y el ahorro de tiempo. "Entre semana sí miramos más que sea cómodo, estamos cansados del trabajo..." (Hombre, clase media, sin criaturas, -30) La organización de los menús representa un claro ejemplo de las tareas de gestión que conlleva el trabajo doméstico más allá de que su ejecución sea compartida con otra persona o realizada con el soporte de algún electrodoméstico. La experiencia de la pareja joven de clase media con criaturas, identificado como un perfil de cambio igualitario en las encuestas de usos del tiempo, pone de manifiesto la naturalización femenina de dichas tareas de gestión con relación a la preparación de la comida. "Normalmente, sí. La verdad es que sí. Aunque él, cocina y hace todo lo que tenga que hacer, ¿eh? Pero la organización sí que la hago yo. Si es que la organización, no sé si él organizaría las comidas igual…quizás es manía mía. Lo sé porque, me facilita más las cosas, sinceramente, ¿no?" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) A pesar de que persiste la estructura sexuada de la vida cotidiana dentro del hogar, las entrevistas también señalan como se abre paso la concepción masculina de las comidas caracterizada por la externalización y la improvisación. Ambos aspectos parecen estar relacionados, además del género, con la clase social. El relato de la mujer de clase media con criaturas evidencia la aceptación de una forma de hacer diferente a la suya cuando la responsabilidad recae en su pareja. Se trata de un cambio de hábitos desvinculado de la tecnología que busca el ahorro de tiempo dedicado a la cocina a través del consumo. "Yo traigo mi comida. Él va al restaurante. Y, los días ... sabes... se nota ... si llega tarde ... en vez de decir hago una pasta, pim pam, va con ellos a comer fuera o compra una pizza …yo no voy a decir nada" (Mujer, clase media, criaturas, 45-55) La clase social condiciona las posibilidades de externalizar parte de las tareas de cocina con la compra de alimentos preparados o el recurso de los restaurantes: lo que para la clase media forma parte de los hábitos familiares para la clase trabajadora es una excepción tal como se evidencia con las siguientes citas: "Los fines de semana, vamos bastante fuera, porque les gusta y disfrutan, les gusta ir a restaurantes vietnamitas, japonesas..." (Hombre, clase media, criaturas, 30-45) "A veces…Tenemos una pizzería cerca de aquí y por 10 euros tienes unas pizzas enormes" (Hombre, clase trabajadora, sin criaturas, 45-55) La estrategia de externalizar parte de las tareas comprando comida preparada o bien directamente saliendo a comer fuera se repite entre la pareja de clase media menor de 30 años subrayando el peso de las condiciones socioeconómicas. "Y, nada, luego ya aquí, es que, si tenemos invitados, generalmente no comemos ni cenamos aquí…los llevamos a dar una vuelta y comemos fuera" (Mujer, clase media, sin criaturas, -30) Sin embargo, la generación mayor de 55 años de clase media no tiene el hábito de comprar comida preparada: valora más la calidad de los alimentos que el ahorro de tiempo. Se trata de una preferencia Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 129 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català femenina que pone de manifiesto como el tiempo dedicado a la cocina no se percibe como una pérdida temporal sino una inversión en calidad de vida y bienestar cotidiano. "Sí que es cierto que cuando empezó todo este boom, sí que lo probamos, pero la verdad es que no hay color. No, ya lo hemos dejado de hacer. Preferimos ... una tortilla de patatas…Pues bien, nos la hacemos… es que lo otro no se puede comer. ¿Me entiendes? Llegamos a estas conclusiones, porque la verdad es que todo está tan alterado, tan manipulado, lleva tantos conservantes, tiene tantas cosas que al final acabas pensando que lo mejor es hacerlo tu misma" (Mujer, clase media, sin criaturas, +55) El tiempo de la compra Junto a la preparación de los alimentos, las tareas de compra representan la otra cara de la moneda de la cocina. Las siete parejas analizadas coinciden en mantener la compra presencial a pesar de las facilidades crecientes del comercio virtual y el correspondiente ahorro de tiempo que podría suponer. Las diferencias entre ellas emergen con relación a la organización y distribución de las tareas. En términos generales, se observa que en el caso de las generaciones mayores de 30 años y las parejas con criaturas la cocina condiciona la compra bajo la lógica de la planificación. Por el contrario, en el caso de la generación más joven sin criaturas la compra condiciona la cocina siguiendo la lógica de la improvisación. Sin embargo, también se observan otros aspectos generacionales que trascienden esta tendencia. Para la pareja mayor de 55 años de clase media, la compra se mantiene como una actividad segregada que asume, material y simbólicamente, la mujer. "- Y la compra. ¿Y la compra la haces siempre tú o a veces la hace ...? Bueno, de vez en cuando la hace él. De vez en cuando delego…Si yo un día, por lo que sea, tengo mucho trabajo y no salgo, entonces se lo digo, porque él casi siempre se va a la playa, y entonces: "Tráeme el pan o tráeme también, no sé, huevos ", por ejemplo, no? Entonces sí que lo hace, pero muy puntualmente" (Mujer, clase media, sin criaturas, +55) "Pero bueno ... eso es lo menos normal. Lo más normal es no hacer nada" (Hombre, clase media, sin criaturas, +55) En cambio, en el caso de las parejas que se encuentran en el tramo central de la vida adulta, 30-55 años, la compra aparece como una actividad más compartida en cuanto a su realización, pero feminizada en cuanto a su organización. Aunque esta segregación de tareas se da de forma generalizada, se observan diferencias según la clase social. Por un lado, en las dos parejas de clase trabajadora, el hombre asume el papel de ayudante. "Pero generalmente las compras la solemos hacer juntos pero ella más, ella es la que lleva la batuta, ella es la que organiza" (Hombre, clase trabajadora, sin criaturas, 45-55) "Yo le suelo acompañar, pues yo que sé, el día ..., ayer por ejemplo, o antes de ayer, no sé si fuimos a comprar, pues, que estoy libre, estoy con ella, pues, venga, vamos y bajamos a comprar un momentico, y la ayudo para que no venga ella cargada" (Hombre, clase trabajadora, criaturas, 30-45) Por el contrario, en el caso de la pareja de clase media, la compra emerge como una tarea organizada donde la corresponsabilidad aparece como la norma cotidiana que se concreta según la disponibilidad que ofrece la actividad laboral. Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 130 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català "... la compra, normalmente, nos la repartimos. Normalmente, la hacía yo, sobre todo, ir al mercado, porque claro como estaba por la mañana podía ir al mercado, tantas veces como quisiera, y él normalmente hace el súper" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) Si bien el reparto corresponsable según la disponibilidad laboral se repite en el caso de la pareja de clase media más joven de 30 años sin criaturas, la ausencia de responsabilidades de cuidado podría explicar el carácter improvisado de la compra en comparación con el carácter planificado que adquiere en la cotidianeidad de la pareja con criaturas. En este sentido, parece posible apuntar que el cuidado de las criaturas modificaría los hábitos cotidianos de la pareja introduciendo nuevas tareas como, por ejemplo, la gestión de la compra. Un trabajo invisible que asume la mujer sin contabilizar en el conjunto de tareas a repartir. "Una vez llego de trabajar pues, también depende un poco del día, pero en general, pues, tenemos la costumbre de salir a dar un paseo, por aquí, por la zona de la playa o ...un paseo cortito, y luego, pues, ya, si hay que comprar algo, vamos a comprar. Normalmente el tema de compras solemos ir los dos juntos" (Hombre, clase media, sin criaturas, -30) Finalmente, con relación a las compras virtuales, el conjunto de entrevistas realizadas pone de manifiesto el escaso protagonismo de dicha modalidad para la compra de los alimentos. Solo en el caso de las parejas más jóvenes de 45 años aparece como una opción puntual para la adquisición de electrodomésticos u otros paramentos del hogar. Más allá de representar un nuevo hábito cotidiano, la compra on-line emerge como un cambio generacional en las opciones de compra esporádicas. "Bueno, por ejemplo, compramos por internet la aspiradora, que es… Bueno, no sé si la ves, es que está puesta allí en el suelo, por eso estoy señalando para allá… La aspiradora fue una de las compras estrella" (Mujer, clase media, sin criaturas, -30) "No. No sé si…es que no recuerdo… sí, compramos algo de la casa por Amazon, una cosa…" (Mujer, clase trabajadora, criaturas, 30-45) El tiempo de consumo Finalmente, las entrevistas realizadas señalan tres transformaciones que vinculan los usos del tiempo con los hábitos cotidianos y el consumo. En primer lugar, se observa que el tiempo dedicado a la compra se convierte en un elemento de rutinización de la vida cotidiana para la mujer de la pareja de generación mayor de clase media jubilada. Contrariamente, en segundo lugar, las parejas de generación más joven con criaturas dan cuenta de unas prácticas de consumo que buscan la comodidad y la rapidez, con estrategias diferentes en función de la clase social. En tercer lugar, emerge un aumento generalizado de la preocupación por la alimentación que contrasta con la disminución del tiempo dedicado a cocinar. Desde la perspectiva del ciclo vital, se pone de manifiesto que la llegada de la jubilación junto con la emancipación de los hijos e hijas implica más tiempo de libre disposición personal para las mujeres de la generación mayor acostumbras a la doble presencia. En este caso, se observa como los hábitos de consumo alimentario se convierten en un elemento estructurador de la vida cotidiana a partir del cual se organizan las rutinas diarias en ausencia de responsabilidades laborales y de cuidados. La jubilación otorga sentido y significado a un conjunto de tareas que, anteriormente, se vivían de manera más instrumental dada la necesidad de conciliar trabajos y tiempos. En esta situación emergería también el peso de la clase social en la medida que el tiempo de consumo aumenta con el fin de obtener el producto adecuado según las preferencias de calidad. Las condiciones materiales de existencia ayudan a entender el significado instrumental y expresivo que adquiere la compra. "El pan cada día. El pan cada día. El pollo casi, cada día, cada dos días, casi. Y ocasionalmente el pescado. Lo que pasa que el pescado yo no lo compro aquí. Lo compro en Badalona…He Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 131 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català descubierto un lugar para mí que parece una maravilla de las maravillas, y muy bien. Y entonces, claro, lo que hago es congelarlo" (Mujer, clase media, sin criaturas, +55) La dimensión cotidiana de las prácticas de consumo relacionadas con la alimentación aparece en el relato de las dos mujeres entrevistadas de la generación mayor sin responsabilidades de cuidados, aunque se observan diferencias según la clase social. Más allá de la calidad del producto, la mujer de clase trabajadora prioriza el producto accesible, en términos de proximidad geográfica y coste económico. "Antes sí al mercado de la Boqueria. Ahora ya no…pero claro es que últimamente no se puede ir a comprar allí ya, y es que ya no voy, ahora ya voy al super, ya me he hecho más cómoda" (Mujer, clase trabajadora, sin criaturas, +55) En cualquier caso, ambas reproducen el modelo tradicional de consumo, compra y cocina rechazando las nuevas oportunidades que ofrece la comida preparada o a domicilio. "Sí que es cierto que cuando empezó todo este boom, sí que lo probamos, pero la verdad es que no hay color" (Mujer, clase media, sin criaturas, +55) "No compramos nada de eso. Alguna cajita de gambas que compro. Pero na más. ¿Llamar a que traigan la comida a caso ...no? No me gusta eso" (Mujer, clase trabajadora, sin criaturas, +55) De nuevo, los argumentos difieren según la clase social. La mujer de clase media mantiene un discurso crítico que reconoce el privilegio generacional que supone vivir la llegada del consumo de masas en términos de bienestar al tiempo que considera el impacto negativo que implica en términos ecológicos. "…porque sí es verdad que todo se ha facilitado muchísimo. Claro, así generamos el plástico que generamos, ¿no ?, porque ahora se tira todo, pero antes no. Porque los yogures, tú llevabas un vaso a la lechería, te lo vaciaban en el vaso, que después fue aquel cacharro que te lo cambiaban por otro lleno. O sea, tú llevabas el vacío limpio y entonces te lo daban. Y eran danones, ya, ¿eh?" (Mujer, clase media, sin criaturas, +55) Una conciencia medioambiental ausente en el discurso y la práctica de consumo de la mujer de clase trabajadora que no manifiesta interés por la oferta de productos ecológicos rechazada, explícitamente, por su coste económico. "El ecológico... a ver… que si tengo que ir a comprarlo, yo lo compro, simplemente que es más caro… por esa sencilla razón no compro, ¿no? Pero no sé si es mejor o peor" (Mujer, clase trabajadora, sin criaturas, +55) En cualquier caso, el carácter rutinizador de las prácticas de consumo identificado entre la generación mayor desaparece entre las parejas más jóvenes con hábitos cotidianos marcados por el ahorro de tiempo. Sin embargo, de nuevo, dichos hábitos difieren según el ciclo vital y la clase social. Para la pareja más joven de 30 años de clase media sin criaturas, la comodidad y la rapidez implican una práctica de consumo sin planificar, improvisada e inmediata. Priorizan el ahorro de tiempo a la dieta saludable, la rapidez a la calidad de manera que la compra en las grandes superficies condiciona el tipo de producto que se consume. "Principalmente, carne … quizá es erróneo, pero resulta más fácil de preparar la carne a la plancha que un pescado o que ... quizá no es cierto, pero asociamos que lo más rápido de preparar es carne, que el pescado o la verdura…Y luego, al final, como comemos fuera y cenamos en casa, pues, acabamos cayendo en la comida rápida ... Pizzas, hamburguesas, este tipo de cosas ... Si lo pensamos tranquilamente, sabemos que no es lo correcto, pero es a lo que nos hemos acostumbrado" (Hombre, clase media, sin criaturas, -30) Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 132 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català En el caso de las tres parejas jóvenes con criaturas, la comodidad y la rapidez también marcan las prácticas de consumo, pero sin renunciar a la compra de productos frescos como el pescado, la verdura y la fruta. "... y si que coma pescado cada semana ... si, mínimo un par de veces a la semana, mínimo .... Dos, tres. No, hombre, no, si el otro día te quejabas, dos tres días a la semana. Lo que pasa es que lo compro fresco y lo congelo. Por ejemplo, el sábado si que comieron pescado fresco, pero el pescado que compraron lo congelé, pero sí" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) El valor de la dieta equilibrada y saludable parece que adquiere importancia según el ciclo vital, siendo las criaturas un elemento explicativo. En este sentido, resulta significativo analizar las expectativas de la crianza de la pareja joven sin criaturas. Unas expectativas que contemplan, sobre todo, la oportunidad de la crianza para mejorar el bienestar cotidiano. "Si yo tuviera aquí un hijo o una hija, pues trataríamos…, o al menos yo trataría de hacer lo que sí que es correcto. Con lo cual, si creo que hay que comer de otra forma, pues tendremos que hacerlo para educar a esa persona para el futuro" (Hombre, clase media, sin criaturas, -30) Esta diferencia que podría marcar el cuidado de las criaturas introduce nuevos modelos de consumo alimentario definidos según la clase social. Las dos parejas de clase media valoran los productos ecológicos o de proximidad, aunque supongan más tiempo y trabajo adquirirlos. Sus relatos cotidianos introducen la compra en establecimientos especializados y de producto fresco. "... en el mercado… la fruta, la compramos ... en el mercado de Santa Caterina, en unas que ellas son, ellas mismas que son payesas, que lo producen todo ellas…" (Hombre, clase media, criaturas, 30-45) El aumento de tiempo que implica la compra de producto fresco no se reproduce en su preparación puesto que se manifiesta una preferencia por la cocina sencilla. "La fruta, la verdura y todo a la plancha la verdad no somos de hacer guisos ... comemos mucho producto fresco y mucha fruta…" (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) En el caso de la pareja de clase trabajadora con criaturas también aparece la dieta saludable como un elemento integrado en el discurso, pero no siempre se escoge el mercado para adquirir los productos frescos. Más allá del ahorro de tiempo, los argumentos esgrimidos para la elección del establecimiento señalan la oferta de precios y no la calidad de los productos. "Antes íbamos a Mercadona y me lo traía, pero como ahora han abierto un Lidl, y a mí el Lidl me encanta, pues, me gusta ir yo y comprarlo y… El pescado lo intentamos comprar de la pescadería. La fruta, también. La carne, fruta y pescado intentamos ir al mercado. Pero, por ejemplo, sí que es verdad que si están de oferta las peras y los plátanos, me cojo unas pocas. Pero que intentamos ir al mercado" (Mujer, clase trabajadora, criaturas, 30-45) Finalmente, las diferencias de clase social tienen otra manifestación entre las parejas de generaciones más jóvenes con criaturas según las posibilidades materiales de externalizar parte de lo que implica la alimentación. El ejemplo paradigmático es la realización de comidas fuera de casa en el caso de las dos parejas de clase media, convirtiendo la comida en una actividad de ocio, cuidado, socialización y disfrute de las criaturas. "Los fines de semanas hay muchas comidas que acabamos haciendo fuera de casa... depende, porque siempre quedas con alguien o vas a comer fuera ..." (Mujer, clase media, criaturas, 30-45) Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 133 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català ".... los fines de semana, vamos bastante fuera, porque les gusta y disfrutan, les gusta ir a vietnamitas, japonesas" (Hombre, clase media, criaturas, 30-45) Se trataría de nuevas prácticas de consumo con una dimensión hedonista, lúdica y cultural de la alimentación al añadir nuevos tipos de comida, establecimientos y hábitos. A la vez que permiten aligerar el trabajo doméstico durante el fin de semana en la medida que el tiempo de consumo substituye al tiempo de preparación de los alimentos. Con todo, la externalización, y no la corresponsabilidad, explicaría la tendencia a la convergencia de género en los usos del tiempo. CONCLUSIÓN El presente artículo se interroga por el impacto de género de algunas de las trasformaciones que acarrea la llamada Cuarta Revolución Industrial en el ámbito doméstico a partir de la disminución del tiempo dedicado a las tareas culinarias que muestran los datos estadísticos. A partir del debate sobre la influencia de la innovación tecnológica en las relaciones desiguales de género se presenta, a modo exploratorio, una aproximación cualitativa a los cambios en el uso y la distribución del tiempo que mujeres y hombres de distintos perfiles sociológicos dedican a las tareas relacionadas con la compra y preparación de los alimentos. Como punto de partida, se plantea: ¿Hasta qué punto los nuevos productos tecnológicos simplifican el trabajo doméstico permitiendo ahorrar tiempo de cocina? La hipótesis inicial sustenta que la disminución del tiempo dedicado a las tareas culinarias que evidencian las estadísticas no se debe a la innovación tecnológica sino a cambios de hábitos y valores sociales que reproducen las desigualdades de género según el ciclo vital, la generación y la clase social. En este sentido, se profundiza en la dimensión simbólica de las estrategias cotidianas y los modelos de consumo de siete parejas residentes en la Área Metropolitana de Barcelona con distintas condiciones materiales de existencia. La estrategia metodológica cualitativa permite captar la experiencia cotidiana y el sentido atribuido a las tareas domésticas más allá de la dimensión material que ofrecen las encuestas sobre usos del tiempo. El conjunto de la evidencia empírica presentada sirve de base exploratoria para retomar, a modo de conclusión, las hipótesis planteadas. Los resultados de las entrevistas ponen de manifiesto que, para el caso de las parejas analizadas, en el trasfondo de la disminución del tiempo dedicado a las tareas de la cocina emergen nuevos hábitos cotidianos con relación a la compra y preparación de los alimentos desvinculados de la innovación tecnológica. Desde la perspectiva de género, parece posible apuntar que dichos hábitos siguen representando más trabajo femenino en función de la generación, el ciclo vital y la clase social. A grandes rasgos, se observa que persiste la responsabilidad de las mujeres en la preparación y compra de los alimentos, así como la segregación de las tareas: ellas planifican, organizan y realizan; ellos hacen lo que les piden e introducen nuevas prácticas que buscan reducir el tiempo dedicado a las tareas domésticas. Las tareas relacionadas con la preparación de los alimentos resultan significativas respecto al grado de cambio y continuidad en la distribución de los tiempos y los trabajos dentro del hogar. Se trata de una de las tareas donde más presencia masculina se constata, pero también donde más explícito se hace el control femenino de su organización no captado por los datos estadísticos. La aproximación simbólica a la vida cotidiana plantearía que los hombres entran en la cocina cuando las mujeres quieren. Sin embargo, más allá de lo cotidiano, se observa que la participación masculina en las tareas de la cocina se manifiesta como una elección o responsabilidad puntual lejos de representar una responsabilidad de trabajo rígida y cotidiana. Junto a la preparación de los alimentos, las prácticas de consumo emergen como el resultado del cambio de valores y hábitos cotidianos. Desde la perspectiva generacional, se observa una tendencia de cambio: para las parejas de la generación mayor la compra cotidiana representa un elemento rutinizador de la vida cotidiana adquiriendo el tiempo de consumo significado expresivo; para las parejas de la Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 134 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català generación joven la comodidad y la rapidez marcan la pauta del consumo como una práctica instrumental. Si bien, también se observan diferencias entre las parejas de la generación joven según el ciclo vital: las responsabilidades de cuidado de menores parecen introducir la planificación como un hábito cotidiano y la dieta saludable como un valor. En este sentido, la cotidianeidad de la pareja de la generación más joven sin criaturas se caracteriza por la comodidad y el ahorro de tiempo dedicado al trabajo doméstico de manera que los hábitos incluyen la externalización, simplificación e individualización de las tareas. Por el contrario, la responsabilidad del trabajo de cuidados implica una planificación de las comidas que condiciona las prácticas de consumo. Se observa que la importancia atribuida a la alimentación aumenta entre las parejas con criaturas quienes manifiestan una mayor preocupación por la compra de productos frescos. En este caso, la disminución del tiempo dedicado a la preparación de los alimentos no se acompaña de una disminución del tiempo dedicado a la compra. Sin embargo, los perfiles sociológicos analizados permiten señalar el peso de la clase social como un factor que contribuye a explicar los distintos modelos de consumo alimentario que esconde la disminución generalizada de tiempo dedicado a la cocina entre las parejas con criaturas. Siguiendo lo planteado en las hipótesis, se constata que la pareja de clase trabajadora prioriza el precio del producto fresco al establecimiento, mientras que las parejas de clase media no tienden a substituir el mercado por el supermercado para adquirir dicho producto. Del mismo modo, difieren las posibilidades para externalizar las comidas: en el caso de la pareja de clase trabajadora emerge como un hábito puntual, mientras que en los casos de clase media aparece como un hábito semanal que, lejos de ser percibido como trabajo doméstico, es vivido como una actividad familiar y lúdica. En definitiva, desde una perspectiva histórica interesada por el desarrollo de la innovación tecnológica parece posible afirmar que, de nuevo, el trabajo doméstico no desaparece, sino que se transforma siguiendo lo señalado en las investigaciones de Cocbkurn (1997), Scott (2000), Schwart (2011) o Balbo (1978). Al igual que la introducción de los electrodomésticos implicó la aparición de un conjunto de tareas nuevas que no permitió la reducción del tiempo dedicado al trabajo doméstico (Alemany 2001), el aumento del tiempo de consumo limita las posibles ventajas de la innovación tecnológica para reducir el tiempo dedicado a la cocina. En este sentido, Dujarier (2014) introduce la idea del trabajo de consumo para referirse al aumento de tareas vinculadas al mismo con el fin de encontrar la mejor oferta o el producto deseado, así como mostrar la compra realizada en las redes sociales (Alonso y Fernández 2020). Los cambios de valor social atribuido a los trabajos y la transformación de los hábitos cotidianos modifican las prácticas de consumo ligadas a la alimentación de manera que, como apunta Balbo (1978), una parte del trabajo doméstico se realiza fuera del hogar e implica tareas de gestión. La disminución del tiempo dedicado a las tareas domésticas, así como la creciente atención, material y simbólica, al cuidado de las criaturas influye en los hábitos de consumo, especialmente el alimentario, que, a su vez, están condicionados por la generación, el ciclo vital y la clase social. El estudio exploratorio presentado apunta a la expansión del trabajo doméstico en los hábitos de consumo ocupando tiempo libre que no se percibe como tiempo dedicado a las tareas culinarias. En última instancia, a pesar de que disminuye el tiempo dedicado a las tareas de preparación y compra de los alimentos, los nuevos hábitos conllevan más tiempo de consumo. A partir de la exploración presentada, parece posible apuntar que dichos hábitos siguen representando más trabajo para las mujeres según sus condiciones estructurales, pero, en cualquier caso, quedan lejos de apuntar una convergencia de género consecuencia de una mayor corresponsabilidad. El carácter exploratorio de los resultados invita a seguir analizando sobre la capacidad de trasformación del trabajo doméstico y las relaciones de género. Revista de Economía Crítica, nº31, primer semestre 2021, ISSN 2013-5254 135 Menos tiempo de cocina, más tiempo de consumo: ¿más igualdad de género? Sara Moreno-Colom, Vicent Borràs Català FINANCIACIÓN El proyecto "Los cambios en los usos del tiempo y la transformación de los hábitos cotidianos" ha sido co- financiado por el Ajuntament de Barcelona (Exp 2019/280). CONTRIBUCIÓN AUTORES Conceptualización: SMC y VBC; Metodología: VBC y SMC; Recogida y tratamiento de datos: VBC y SMC; Análisis: SMC y VBC; Interpretación de resultados: SMC y VBC; Redacción: SMC y VBC; Obtención de fondos: SMC y VBC. BIBLIOGRAFÍA Ajenjo, Marc & García, Joan (2014) Cambios en el uso del tiempo de las parejas. ¿Estamos camino de la igualdad? Revista Internacional de Sociología, 72(2): 453-476. Alemany, Carmen (2001) Les principal aportacions feministes a l'anàlisi de la tecnologia. AsparKía XII: 9-17. Alonso, Luis Enrique & Fernández, Carlos (2020) Capitalismo y personalidad: consideraciones sobre los discursos empresariales de la rentabilización del yo a través de la marca personal. Política y Sociedad, 57(2):521-541. Balbo, Laura (1978) La doppia presenza. Inchiesta, VIII (32): 3-6. Becker, Gary (1981). A Treatise on the Family. Cambridge, Massachussets: Harvard University Press. Bianchi, Suzanne (2011) Family Change and Time Allocation in American Families. 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