Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos Construir mundos paralelos. Experiencias de representación y materialidad creativa para la restauración de zonas degradadas. Building parallel words. Experience of creative representation and materialities for the restoration of degraded areas. Resumen En Chile, la irreversible degradación socioambiental de cinco zonas de sacrificio es el legado de políticas neoliberales de industrialización irresponsable y primarización de la economía. El extractivismo agresivo que sufren dichas zonas, desconoce y abate valores y estilos de vida distintos al del modelo de desarrollo dominante. Las poblaciones locales en resistencia han encontrado en acciones artísticas, como murales, música y performance, una vía de reconocimiento y restauración, que hasta la fecha ha sido poco teorizada. Nuestro objetivo es, pues, analizar las expresiones artísticas como promotoras de valores relacionales hacia la restauración de zonas degradadas por la acumulación de capital transnacional. Empíricamente, estudiamos la Zona de Sacrificio Quintero y Puchuncaví (ZSQP), en la Región de Valparaíso. En la ZSQP, la contaminación no solo afectó el sustento a las economías tradicionales (pesca y agricultura), sino que también devaluó la historia local, la identidad y prácticas tradicionales, y el tejido social. Tras analizar 35 entrevistas realizadas a activistas y artistas en la ZSQP, examinamos dos aspectos transformadores de las prácticas artísticas: el potencial de la representación artística y, por otro lado, la experiencia del acto creativo. Los resultados muestran que mediante la experiencia del arte se promueve valores degradados por el desarrollo industrial, especialmente la memoria, la identidad y la cohesión social. La dimensión material del arte restaura espacios y relaciones, al situar cuerpos e imaginarios invisibilizados por el desarrollo industrial. En conclusión, destacamos que el potencial relacional del arte se encuentra en la experiencia tanto de su contenido como de su contexto. Contribuimos así tanto a la literatura sobre arte comprometido con la crisis socioambiental, como a teorías sobre transformación de zonas degradadas. Palabras clave: Zona de sacrificio; valores relacionales; prácticas artísticas Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos Abstract In Chile, the irreversible socio-environmental degradation of five "sacrifice zones" is the legacy of neoliberal policies of irresponsible industrialization and firstization of the economy. The aggressive extractivism suffered by these areas, ignores and demolishes values and lifestyles different from the dominant development model. Local populations in resistance have found in artistic actions, such as murals, music and performance, a way of recognition and restoration, which to date has been little theorized. Our aim is, therefore, to analyze artistic expressions as promoters of relational values towards the restoration of areas degraded by the accumulation of transnational capital. Empirically, we study the Quintero and Puchuncaví Sacrifice Zone (ZSQP), in the Valparaíso Region. In the ZSQP, pollution not only affected the livelihoods of traditional economies (fishing and agriculture), but also devalued local history, traditional identity and practices, and the social fabric. After analyzing 35 interviews with activists and artists in the ZSQP, we examine two transformative aspects of the artistic practices: the potential of artistic representation and, on the other hand, the experience of the creative act. The results show that through the experience of artistic actions, values degraded by industrial development are promoted, especially memory, identity and social cohesion. The material dimension of art restores spaces and relationships, by placing bodies and imaginaries made invisible by industrial development. In conclusion, we highlight that the relational potential in the experience of both its content and its context. In this way we contribute both to the literature on art committed to the socio- environmental crisis, as well as to theories on the transformation of degraded areas. Key words: Sacrifize zone; relational values; artistic practices Introducción: desarrollo industrial, crisis y arte En Chile, en 2019, el presidente Sebastián Piñera prometió acabar con la dependencia energética en el carbón para el 2050 (DW, 2019). Sin embargo, el país cuenta todavía con 28 centrales termoeléctricas ubicadas en las cinco áreas más degradadas del territorio, conocidas como zonas de sacrificio. Desde 1980, las políticas neoliberales iniciaron una articulación territorial en torno al desarrollo industrial y la explotación de los recursos naturales chilenos. Las industrias contaminantes se instalaron entonces en zonas rurales, exentas de regulación por parte de las autoridades estatales (Espinoza; Ramírez; Ferrando; Álvarez, 2015), dando paso al surgimiento de las zonas de sacrificio. Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos Una zona de sacrificio es un área geográfica donde el desarrollo industrial devasta el territorio, hasta el punto de perjudicar el pleno ejercicio de los derechos fundamentales de las comunidades (por lo general, poblaciones de bajos ingresos), incluido el derecho a la vida, la salud, la educación, el trabajo, la alimentación y la vivienda (TERRAM, 2019; Valenzuela-Fuentes, Alarcón-Barrueto, y Torres-Salinas, 2021). La ubicación de instalaciones contaminantes allí legitima y reproduce la contaminación y el abandono, de manera que estos lugares caen en el olvido (Walker, 2009). Tanto es así, que la actividad industrial acaba depredando las identidades y la cultura tradicional del territorio (OCMAL, 2015; Urkidi y Walter, 2011). Además, el deterioro de las actividades productivas históricas perjudica la subsistencia de las poblaciones locales, así como la memoria colectiva, las identidades territoriales y comunitarias, y el tejido social (Hormazábal, Vergara, y Maino, 2020). Por lo tanto, el reconocimiento de las culturas tradicionales y las identidades locales son fundamentales para la gestión sostenible del territorio y la subsistencia de la población (Del Bene, Scheidel, y Temper, 2018). Ante los discursos de mercantilización de la naturaleza y la instrumentalización de sus servicios es fundamental poner el foco en los valores no materiales asociados al ecosistema humano, denominados como valores relacionales (por ejemplo, las identidades territoriales y comunitarias, la memoria colectiva y el tejido social) (Chan et al., 2016). La noción de “ecologismo de los pobres” (Martinez-Alier, 2002) refleja, precisamente, la lucha de los pueblos indígenas, agricultores, pescadores y mujeres alrededor del planeta por preservar valores y prácticas culturales que están mediadas por la interacción con el medio ambiente. La industrialización de las áreas rurales no solo resulta en pérdida de biodiversidad e impactos en la salud, sino que también socava las conexiones significativas entre los seres humanos y su interacción con lo no-humano (Riechers, Balázsi, Betz, Jiren, y Fischer, 2020). Estos “valores relacionales” ya se han estudiado en conexión con la restauración de paisajes degradados, destacando su fuerte potencial en las transformaciones hacia la sostenibilidad y la justicia (Chapman, Satterfield, y Chan, 2019; Riechers, Henkel, Engbers, y Fischer, 2019). No obstante, existen pocos trabajos que se enfoquen de manera específica en los valores relacionales, por lo que cabe cuestionar qué acciones concretas provocan el estímulo de los valores relacionales que restauran social y materialmente un territorio degradado. Las poblaciones locales en zonas afectadas por presiones ambientales usan a menudo acciones creativas como pancartas, murales, cantos y danzas para expresar Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos su descontento al tiempo que reivindican su identidad y valores (Sanz y Rodriguez- Labajos, 2021). En este sentido, cabe destacar que el arte contemporáneo no solo tiene potencial estético y representativo, sino que su creación y ejecución también generan efectos relacionales (Bishop, 2006; Bourriaud, 2002). Sin embargo, se ha prestado relativamente poca atención al arte como mediador de interacciones con el medio ambiente, especialmente en el marco de la restauración de paisajes degradados. De ahí la pregunta que articula la presente investigación: ¿Cómo representan las acciones artísticas las relaciones entre seres humanos y medioambiente? ¿Cómo las mejoran y cómo las incentivan? Para responder esta pregunta, el artículo parte de una revisión a los procesos de erosión de los valores relacionales en las zonas de sacrificio, a nivel conceptual. A continuación, se propone el arte como vía para la restauración de dichos valores, revisando investigaciones que revelan su potencial para representarlos y activarlos a través de la experiencia. El análisis de las prácticas artísticas alrededor de la zona de sacrificio en Quintero y Puchuncaví, en Valparaíso buscará examinar ambos aspectos, representación y experiencia de los valores relacionales. Finalmente, el artículo señala qué características específicas del arte contribuyen a restaurar zonas degradadas por el desarrollo industrial. Zonas de sacrificio: crisis de las relaciones entre seres humanos y medioambiente En enero de 2015, el término zona de sacrificio entró en el debate público en Chile cuando colectivos de cinco grandes centros industriales (Huasco, Coronel, Quintero, Puchuncaví y Tocopilla) iniciaron una campaña dirigida al Gobierno central en contra de la crisis socioambiental que afecta a sus comunidades. El término se utilizó por primera vez en Estados Unidos durante la Guerra Fría para referirse a los territorios ambientalmente destruidos debido a la producción y experimentación nuclear (Scott, 2016). En América Latina, este alude a la expropiación y depredación de los bienes comunes por el extractivismo, y al despojo y desplazamiento acelerado de las comunidades locales de sus territorios (Gudynas, 2013). En Chile, el capital extranjero lidera la expansión de la producción energética del país desde 1990. Las transformaciones necesarias para servir al modelo de economía extractivista sacrificaron espacial y socioculturalmente determinados lugares (García, 2016). Además, estos lugares perpetúan la injusticia ambiental ya que las zonas adyacentes a industrias contaminantes suelen estar habitadas por personas de bajos Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos ingresos (Agyeman, Schlosberg, Craven, y Matthews, 2016). Gobiernos locales, organizaciones de la sociedad civil y activistas independientes se oponen a este modelo de producción y uso de la tierra por sus impactos socioambientales y, a menudo, protestan por la falta de reconocimiento de los estilos de vida distintos al dominante (Svampa y Viale, 2014). Las zonas de sacrificio son un ejemplo de cómo los lenguajes de valoración de las comunidades indígenas y locales en América Latina son silenciados tras decisiones productivas de élites económicas o políticas (Martínez Alier, 2007). El área seleccionada para esta investigación es un claro ejemplo: La Zona de Sacrificio Quintero-Puchuncaví (SZQP en adelante) afecta a dos municipios de la Bahía Quintero-Puchuncaví en la Región de Valparaíso. La industrialización de esta región se inició en 1964 con la instalación de una estación de fundición y refinería de cobre por parte de la Empresa Nacional de Minería (ENAMI). La zona alberga más de 17 instalaciones industriales, que incluyen plantas termoeléctricas, industrias petroquímicas y de refinación de petróleo, empresas de procesamiento de productos químicos, terminales de gas y una planta de procesamiento de cobre. El complejo termoeléctrico Ventanas, cuenta con cuatro unidades generadoras, de las que funcionan tres y posee una capacidad de 885 MW que se venden a empresas distribuidoras (Emol, 2013). No sorprende que los polígonos industriales en las zonas de sacrificio se hayan denominado “no-lugares” (Hormazábal et al., 2020). Siguiendo la definición de Augé, (1993, p.83), los no-lugares son “espacios que no pueden definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico”. En la ZSQP, la contaminación afectó el territorio al punto de devaluar la historia local, la identidad y las prácticas sociales co- creadas con el espacio (Lefebvre, 1991). Quintero-Puchuncaví, así como otras zonas de sacrificio, se han convertido en no-lugares donde la memoria y los valores relacionales se desvanecieron; el tejido social se deterioró y los vecinos adolecen de la falta de arraigo e identidad local (Tironi y Rodríguez-Giralt, 2017, p.92), además de los problemas de salud provocados por la contaminación industrial (Osses, 2018). La repercusión política de estos lugares va mucho más allá de lo intangible de la contaminación, ya que la contaminación del aire se convierte en una extensión de los mecanismos de control del poder para decidir sobre la vida de las comunidades (Foucault, 1975). El acceso al espacio público se ve interrumpido regularmente por alertas de contaminación. La restricción sanitaria a los espacios públicos por COVID-19 intensificó esta disrupción, ya que las horas de circulación libre coinciden con el pico diario de contaminación (Mennickent, 2021). Este ejemplo revela el carácter político de Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos los no-lugares, ya que su existencia sirve a los intereses de poderosos actores económicos (Augé, 1993). En este contexto de deterioro continuo de la conciencia colectiva, surgen nuevas identidades que oscilan entre el sufrimiento cotidiano y la resistencia (Hormazábal et al., 2020; Little, 2017). Paralelamente, el cuidado –expresado como autocuidado y como apoyo mutuo– se erige en una forma de conocer y actuar sobre los cuerpos y entornos dañados (Tironi y Rodríguez-Giralt, 2017). Según la literatura, actividades como la pesca, la jardinería y la observación de aves han demostrado ser una vía para el ejercicio del cuidado, y el desarrollo del conocimiento (tanto del entorno como de otros cohabitantes); lo mismo pasa con otras actividades grupales de juego y celebración colectiva (Chan et al., 2016). La identidad cultural, la cohesión social y el sentido de pertenencia son los valores relacionales registrados más erosionados por la simplificación y erosión del paisaje (Hanaček, Langemeyer, Bileva, y Rodríguez-Labajos, 2021; Riechers et al., 2020) y el desarrollo industrial (Hormazábal et al., 2020). En este contexto, las prácticas artísticas son precursoras de identidad (Jenkins, 2010), cuidados (Barros, 2020), conocimiento local (Rodriguez-Labajos, Saavedra-Díaz, y Botto-Barrios, 2021) y agencia (Molina Barea, 2018). El arte se ha utilizado en conflictos ambientales como una forma de visibilizar los conflictos, crear símbolos comunes, ocupar y co-crear el espacio público con acciones de resistencia (Serafini, 2018). Todo ello refuerza nuestra motivación para indagar si el arte reconstruye ciertos valores relacionales y, en consecuencia, restaura paisajes degradados. Y si así fuera, ¿qué es lo que hace al arte una vía idónea para ello? En la literatura, el potencial de tales acciones creativas tiene al menos dos componentes que exploramos en la siguiente sección: por un lado, el potencial de la representación artística y, por otro lado, la experiencia del acto creativo. Valores relacionales y su representación artística El reconocimiento del espacio como un producto social y la concepción Lefebvriana del “espacio vivido” es clave para entender el valor relacional de la representación artística. Concretamente, la tesis de la “producción del espacio” de Lefebvre enfatiza la interrelación entre el espacio percibido, el espacio concebido, y el espacio vivido (Lefebvre, 1991). En este artículo nos centramos en el espacio vivido definido a través del "espacio de representación". Para Lefebvre los espacios de Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos representación son todas las invenciones mentales y simbólicas (incluidos códigos, discursos, signos, paisajes, imaginarios, espacios simbólicos, pinturas) que configuran nuevos significados para las prácticas y objetos que componen el espacio (Lefebvre, 1991). A su vez, los significados construidos a través de la imaginación son una fuerza de producción del espacio (Harvey citado en Clarke, 1991). Por lo tanto, las prácticas artísticas y estéticas pueden impulsar acciones políticas, sociales y económicas. En particular, las representaciones visuales de hechos históricos activan respuestas emocionales, como sucedió con el famoso cuadro de Pablo Picasso, Guernica, que se convirtió en una imagen icónica que influencia las percepciones públicas y políticas de la guerra (Bleiker, 2018). De manera similar, las Arpilleras, textiles confeccionados por mujeres durante el régimen de Augusto Pinochet en Chile, denunciaban a través de bordados en telas recicladas las violaciones de los derechos humanos, y reivindicaban así la memoria de los desaparecidos (Adams, 2013; Boldt y White, 2011). Por otro lado, el teatro del oprimido, una práctica sistematizada por el brasileño Augusto Boal, ha demostrado ser una herramienta para que comunidades afectadas por contaminación industrial expresen emociones, como la resignación y la apatía, a través de representaciones de figuras corporales y expresiones faciales (Sullivan et al., 2008). Las artes comunitarias contra el fracking en la Patagonia Argentina, como el muralismo o las radios comunitarias, representan asimismo las narrativas locales en defensa de los bienes comunes y contra esta práctica a través de elementos simbólicos; en consecuencia, las artes se consideran “formas simbólicas, relacionales y materiales de resistencia cultural” (Serafini, 2018, p.10). Además de la representación artística, algunos elementos del entorno simbolizan en sí mismos ciertos valores inmateriales de las comunidades. Por ejemplo, árboles considerados como sagrados representan historias colectivas y vinculación con antepasados (Chan et al., 2016; Eriksen y Ballard, 2020); o alimentos locales como las patatas o la miel en Alemania son elementos simbólicos de identidad local (Riechers, Martín-López, y Fischer, 2021). Sin embargo, el análisis del contenido de las expresiones artísticas como fuente de información sobre valores relacionales rara vez va más allá de su reconocimiento. Entonces, ¿qué tipo de contenido artístico representa mejor las relaciones entre los seres humanos y el medioambiente? Responder esta pregunta es urgente desde una perspectiva de justicia ambiental. Al fin y al cabo, la representación es fundamental Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos para superar la falta de reconocimiento de ciertas identidades y territorios (Walker, 2009). Experiencia artística y desarrollo de relaciones y vínculos Según ciertas teorías, el potencial transformador del activismo artístico (urbano), por ejemplo, canciones, intervenciones arquitectónicas y performances callejeras, no proviene tanto de los símbolos que proyectan y generan sino de su carácter efímero y “ordinario”. Tal carácter trastoca “la materialidad y las realidades urbanas cotidianas” (Mekdjian, 2018, p.40) y crea condiciones para el cambio político. Cuando las manifestaciones políticas incluyen acciones artísticas como el canto, las batucadas y la danza, los activistas ocupan físicamente el espacio. Así, crean condiciones alternativas en las que “se pueden imaginar mundos y prefigurar utopías políticas a través de la experiencia vivida” (Tinius y Flynn, 2015, p.90). Las acciones artísticas forjan nuevas identidades, solidaridad afectiva, y agencia entre los participantes. Esto ayuda a sostener los movimientos y su visión del cambio (Prentki, 2017). De manera similar, las acciones o performances de colectivos feministas como Las Tesis en Chile son prefigurativas –esto es, reflejan el futuro que desean través de sus prácticas–, al promulgar valores como la sororidad entre mujeres, la solidaridad y la colectividad (Serafini, 2020). De hecho, los espacios de ocio como los festivales de música se consideran más productivos para romper el status quo que los métodos tradicionales de protesta (Sharpe, 2008). Ello obedece a que las actividades de ocio han demostrado servir como un espacio social de organización, diálogo, e identificación de los individuos con una intención común (Hemingway, 1999). Las artes comunitarias, es decir, cualquier forma de arte que interacciona con la comunidad, han demostrado promover la salud mental en personas afectadas por desastres naturales, según estudios en la interacción de las ciencias sociales y las ciencias de la salud (Baumann, Merante, Sylvain-Holmgren, y Burke, 2021). Las intervenciones creativas, como los murales colectivos y el canto, fomentan la cohesión social y la solidaridad (Daisy Fancourt y Saoirse Finn, 2019; Tebes y Matlin, 2015), así como las conexiones entre las personas, el sentido de comunidad, la inclusión y el diálogo (Baumann et al., 2021). La geografía humana enfatiza el carácter físico y encarnado (“embodied”) de la creación artística participativa como mecanismo de intercambio intercultural (Askins y Pain, 2011). Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos Siendo así, es relevante analizar la experiencia de las iniciativas creativas en las luchas ambientales. Ello supliría un vacío de estudios que observen las prácticas artísticas como catalizadoras de valores relacionales, especialmente orientados a la restauración de paisajes degradados. Un análisis empírico sobre las prácticas artísticas en la Zona de Sacrificio Quintero-Puchuncaví Para responder a las preguntas que hemos ido planteando a lo largo de las secciones anteriores, se analizan las prácticas artísticas en la Zona de Sacrificio Quintero-Puchuncaví. La recopilación de datos se llevó a cabo a través de observación directa y entrevistas a activistas, artistas e investigadores, realizadas de enero a marzo del 2021. Los datos obtenidos se sistematizaron en torno a dos grandes bloques correspondientes a las cualidades del arte planteadas (Cuadro 1). Cuadro 1. Definición y clasificación de representación artística y experiencia artística. Cualidad Elemento analizado Base de la clasificación Representación Elementos representativos Parte de las descripciones del artística de las piezas. contenido de la pieza. Experiencia Información sobre el Parte de las descripciones del artística contexto de las piezas y proceso creativo, el propósito, el prácticas artísticas. tiempo, el lugar y el efecto de la obra. Puesto que la noción de valores relacionales es central en la investigación, es necesario establecer una clasificación operativa. Para ello, se procedió a una revisión de investigaciones en valores relacionales. Así, se estableció una clasificación basada en tres tipos de relaciones: humano-humano, humano-lugar, humano-tiempo. A continuación, propusimos nuestros propios términos en base a la definición de Riechers et al. (2020) de los valores relacionales: conexiones significativas entre los seres humanos y el medio ambiente. Las piezas analizadas más populares, es decir, aquellas que la gente menciona con más frecuencia, son los murales (el 60% de los entrevistados los mencionó) y los murales colectivos en particular (mencionados por el 28,5% de los entrevistados). El 14,28% de los entrevistados mencionó el colectivo de arte callejero “Murales por la vida”, lo que lo hace emblemático entre las obras revisadas. Asimismo, el 54,3% de los entrevistados menciona alguna expresión musical. En particular, el 51,43% nombran el Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos colectivo de percusión “batuque Achelpeñ”. El festival de música “Chile un solo territorio”, es otro acontecimiento emblemático referido al conflicto, mencionado por el 28,57% de los entrevistados. Representación artística, memoria y pertenencia Las personas entrevistadas, artistas y activistas de Quintero-Puchuncaví, expresan la relevancia de la memoria y el apego al lugar a través de las representaciones de elementos locales y experiencias de vida: "Cuando nosotros pintamos el faro de Quintero, que es icono de la comuna, a ellos los identifica y verlo pintado para ellos es muy importante porque es lo que los hace sentir Quinterano, sentir parte de este lugar" (Muralista, comunicación personal, 8 de febrero de 2021). En otras palabras, cuando las obras de arte (canciones, murales, performances, etc.) representan la biodiversidad local, la pesca y la agricultura, emociones en momentos históricos como picos de contaminación, muerte de seres queridos, o experiencias personales asociadas al deterioro de su territorio, contribuyen a una política estética, especialmente al representar las historias de pescadores, mujeres y niños. Esta política estética visibiliza una cultura, una historia e identidades invisibilizadas por el desarrollo industrial, lo que fomenta la memoria colectiva, y el sentido de la responsabilidad de proteger el territorio. De forma similar, estas imágenes y recuerdos de las costumbres o los acontecimientos ocurridos activan valores relacionados con la herencia histórica, como el conocimiento local y la memoria. Esto, a su vez, conecta con un sentido de responsabilidad. En palabras de un entrevistado: “Entonces yo creo que si tú le tomas el valor a la historia, tú vas a quererlo, cuidarlo, defenderlo, respetarlo, valorarlo” (Mujer activista ambiental, comunicación personal, 8 de febrero de 2021). Ciertas investigaciones sobre valores relacionales han demostrado la importancia de los valores inmateriales que se atribuyen al lugar y al conocimiento tradicional. Chapman et al. (2019) hablan sobre las conexiones de los agricultores con la historia, el pasado y la familia a través de la tierra y el paisaje. Por su parte, Peçanha Enqvist et al. (2018) revelan que los sentimientos de cuidado y los significados emocionales atribuidos a un lugar son el origen de acciones colectivas hacia la protección de ese lugar. Por lo tanto, la representación artística de elementos locales evoca vivencias emocionales atribuidas al lugar y la historia de ese lugar. Este vínculo emocional con el lugar es el motor de acciones que lo protegen y defienden frente a las amenazas industriales. Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos T.J. Demos, en su libro “Decolonizing Nature” (2016) analiza piezas artísticas que describen la estética de la política del cambio climático. En varias ocasiones, exalta las piezas que valoran la cultura local y sus amenazas, que representan identidades entre la resistencia y el sufrimiento, y valores inconmensurables adscritos al lugar. Tal es el caso, por ejemplo, de imágenes de los perjuicios que el cambio climático causa en las prácticas tradicionales de Siberia, o de la resistencia zapatista en México. Simultáneamente, Demos desafía el arte como mera representación de impactos y futuros catastróficos, ejemplificada en imágenes de las islas Maldivas bajo el agua. Reclama que este tipo de representaciones “silencian la resistencia de las voces alternativas” (Demos, 2016, p.81) y, por tanto, su aportación a las reflexiones sobre las causas globales del cambio climático es escasa. La conexión entre política y estética ha estado presente en los discursos filosóficos desde el siglo pasado. Jacques Rancière explica que la estética es política porque tiene un papel en la configuración sensorial de lo común, caracterizado por la definición del “Reparto de lo sensible” (2004). Por tanto, hay formas de arte que desafían la configuración actual de la política y redefinen lo común, visibilizan lo invisible y contribuyen a reparar el “vínculo social”. En sus palabras: “La política y el arte, como formas de conocimiento, construyen ‘ficciones’, es decir reordenamientos materiales de signos e imágenes, relaciones entre lo que se ve y lo que se dice, entre lo que se hace y lo que se puede hacer” (Rancière, 2004, p.39). Es necesario, pues, que las representaciones de vida a través de intervenciones artísticas trasciendan la visualización de impactos económicos e incluyan historias de vida y elementos locales que resisten esos impactos. Con ello, se restaura la relación del ser humano con el medio ambiente, y se propician cambios políticos. Experiencia artística, proceso creativo e identidad Imagen 1a. Mural homenaje a Alejandro Castro por el Colectivo Murales por la Vida en Quintero. Sanz, 2021 Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos Imagen 1b. Mural fauna y flora nativo por el Colectivo Murales por la Vida en Quintero. Sanz, 2021 En las entrevistas realizadas sobre las expresiones artísticas en la ZSQP, la “identidad” fue el valor relacional más mencionado. En concreto, los entrevistados asocian frecuentemente la identidad a los “procesos creativos”. Valores relacionados con identidad también parecen activarse y representarse a través de elementos locales. Los murales del colectivo “Murales por la vida” son un buen ejemplo de la apelación a la identidad colectiva a través de ciertas representaciones del arte (Imagen 1a y 1b). Estos murales, que aluden a la biodiversidad local (Imagen 1b) y a la memoria colectiva (Imagen 1a), son el resultado de iniciativas en las que las decisiones sobre el contenido se tomaron colectivamente. Cuando los residentes participan en la creación de una pieza artística o en la organización de eventos, construyen un lugar de encuentro en torno a una identidad colectiva, y se sienten parte de un proceso. Así, pues, surge una oportunidad para generar nuevas relaciones y construir redes de apoyo entre la comunidad. Un(a) entrevistado(a) expresa cómo tales interacciones le revelaron: “Hacer arte significa sociabilizar, construir comunidad. Hacer arte en colectivo es eso, hacer comunidad” (Mujer activista ambiental, comunicación personal, 7 de marzo de 2021). Asimismo, según los y las entrevistadas, la experiencia de los procesos creativos potencia valores relacionados con la “reciprocidad”. Es decir, los procesos creativos colectivos facilitan las relaciones humanas que conducen a la solidaridad, el apoyo mutuo y la conversación. Por ejemplo, el festival “Chile, un solo territorio” fue un espacio de encuentro concreto que creó oportunidades para generar sentimientos de apoyo y colectividad entre los organizadores y los participantes. La identidad y la reciprocidad que fomenta la experiencia artística es especialmente oportuna para incentivar el apoyo de gente no-movilizada, por ejemplo, niños y personas de la tercera edad. En este caso, las artes son un marco excepcional para promover redes de activistas. Hablando de nuevo sobre los murales colectivos, un entrevistado destacó: “El arte permite hasta hacer participar a personas que no pueden Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos hacer de otra forma directa o confrontacional” (Dirigente comunitario, comunicación personal, 3 de febrero de 2021). Al hablar de identidad, la ecología política apunta al impacto desigual de la degradación ambiental en ellas. Algunas, especialmente las identidades indígenas, campesinas y racializadas, se ven más afectadas que otras (Merlinsky y Latta, 2012). En este sentido, las teorías sobre justicia ambiental apuntan a la necesidad de reconocimiento y participación efectiva de perspectivas excluidas debido a inequidades económicas o sociales (Schlosberg, 2007). Nuestros resultados muestran que la experiencia de hacer arte es una experiencia de identidad colectiva y esto contribuye a las nociones de reconocimiento y participación de las identidades marginadas. A pesar de la relevancia de la identidad en los conflictos ambientales, el énfasis de la identidad como un valor relacional que se activa a través de la experiencia artística está relativamente ausente de la literatura ambiental. Una excepción notable es Paula Serafini que, a través de varias investigaciones (Newsinger y Serafini, 2019; Serafini, 2015, 2018), subraya la centralidad de esto en la acción colectiva. Serafini estudia conflictos relacionados con fracking en la Patagonia Argentina y el rol que las artes comunitarias ejercen para promover la participación y el intercambio de conocimientos (Serafini, 2018). En nuestro caso, la experiencia de la participación en procesos creativos también incentiva la identidad colectiva. Sin embargo, advertimos la relevancia de los elementos representados, ya que forman parte de la experiencia artística misma, siguiendo la propuesta de Escobar en la necesidad de evitar despegar la forma del contenido, o lo estético de lo poético, para el correcto análisis del arte popular. Según las entrevistas, la experiencia de la representación de valores locales y memoria histórica es más efectiva, a la hora de incentivar la identidad colectiva, que las representaciones de los impactos de la industria. Esto es especialmente relevante en el contexto de las zonas de sacrificio, como un no-lugar disociado de la identidad local. Por otro lado, la comunicación de la identidad colectiva a través del arte contribuye a su reconocimiento, y a la validación y visibilización de ideas y valores menospreciados por el desarrollo económico. Por lo tanto, el arte activista ejerce un rol importante en representar e incentivar identidad y memoria y prácticas que contribuyen a la recuperación territorial. Esto es consistente con las teorías del arte participativo de Claire Bishop (2006). Estas afirman que, ante la crisis de lugar y comunidad, el propósito del arte participativo es restaurar el vínculo social a través de una “elaboración colectiva de significados” (2006, p.13). Efectivamente, cuando artistas, activistas y vecinos de la ZSQP participan Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos en la elaboración de las piezas que representan su comunidad (o el recuerdo de una comunidad en el pasado hoy amenazada) y sus peticiones, se reconstruye colectivamente la identidad comunitaria degradada. En línea de lo anotado también por Bishop (2006), la experiencia de una obra de arte empodera y activa a los participantes, que pasan de ser víctimas a ser agentes de transformación. Arte, médium, objeto y cuerpo-sujeto Además de la representación y el proceso creativo, las prácticas artísticas en ZSQP revelan que el espacio-tiempo donde la pieza artística se desarrolla es una de sus cualidades más relacionales. Su importancia, tiene que ver con la cualidad del arte de transportar mensajes de un espacio-tiempo a otros. Por ejemplo, cada vez que se ejecuta una canción popular en un determinado momento y lugar, se crean diferentes experiencias de esa canción que tienen que ver con el espacio-tiempo específico donde se reproduce, y eso tiene un impacto relacional. Por lo tanto, el espacio-tiempo donde la pieza artística se desarrolla, a la que hemos denominado materialidad, es una cualidad del arte percibida a través de la experiencia. De acuerdo con nuestro análisis de las entrevistas, la materialidad es la segunda característica más relacional del arte, después del proceso creativo. La relevancia del espacio-tiempo del proceso artístico es evidente, ya que la mayoría de las piezas descritas por los entrevistados se crearon como reacción a un episodio de contaminación en 2018 que dejó a varias personas y niños hospitalizados. Asimismo, la mayoría de las prácticas artísticas tienen lugar en el espacio público. Lógicamente, ello influye en el tipo de valores relacionales que estimulan se oriente a lo colectivo. El arte, y la música en particular, tiene la cualidad de poder ser activado en diferentes lugares y épocas y, por lo tanto, se convierte en un canal para valorar y comunicar la cultura y la historia. Un entrevistado afirma: “Un incentivo para mí como música es poder llevar esto a la gente en otras localidades que no conocen la validez de este lugar” (Cantautora, comunicación personal, 16 de febrero de 2021). Si el arte resulta eficaz a la hora de incentivar relaciones humanas es gracias a su capacidad de contener mensajes y, a su vez, generar espacios que sobrepasan los límites de lo real. Las piezas artísticas son símbolos de apoyo y solidaridad del artista a los activistas y su lucha, que al tiempo generan espacios de encuentro y resistencia con efectos materiales y simbólicos en el territorio. Cuando tú haces arte en la calle y haces activismo a base de actividades se junta más la gente que en una reunión. Cuando se sabe que la Batu está allá abajo, todos bajan a ver la Batu. Y entonces ahí es donde te centras en hacer entender Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos a la gente que tenemos que luchar por una zona liberada de contaminación. (Integrante Consejo Consultivo de Salud, comunicación personal, 12 de febrero de 2021) Imagen 2. Batuque Achelpeñ. (septiembre, 2018, con permiso). Las prácticas artísticas en ZSQP crean espacios donde las personas se ven atraídas por el arte, se encuentran y ven a sus vecinos, como es el caso de los encuentros organizados por el Batuque Achelpeñ (Imagen 2). La presencia física de las personas en el espacio público genera nuevas relaciones y conversaciones. En consecuencia, se promueven valores relacionales como la reciprocidad a través de diálogos y sentimientos de solidaridad y apoyo mutuo. Bourriaud (2002) ya había destacado las exposiciones de arte como lugares que promueven “relaciones interhumanas”, diferentes y únicas, así como ritmos diferentes a los de la vida cotidiana. Nuestros resultados son consistentes con las teorías que señalan el rol del arte en la mejora de la comunicación. De manera destacada, se plantea que las acciones artísticas tienen un efecto relacional mayor en el espacio público, que en el espacio privado. Igualmente, se pone en valor, el efecto relacional de los eventos artísticos no profesionales e informales. Los espacios relacionales artísticos en ZSQP contribuyen a una remodelación material del espacio común al reclamar el espacio público, frente a la privatización y mercantilización de los bienes comunes por parte de la actividad industrial. Blanc (2019), analiza la jardinería y las actividades comunitarias como activismo ambiental urbano y destaca su rol en la construcción colectiva del significado de los lugares frente a los procesos capitalistas de privatización. En ZSQP las experiencias corporales artísticas en el espacio público son una forma de transformar espacios industrializados y obsoletos en espacios materiales de resistencia y colectividad, donde la música y el baile generan cuidado, reciprocidad, memoria y responsabilidad. Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos En línea con las teorías del “derecho a la ciudad” (Lefebvre, 1991), activistas y artistas se reapropian de su ciudad a través de prácticas artísticas colectivas. Estas encarnan experiencias compartidas y representan valores, contribuyendo así a una producción colectiva del espacio público (Blanc, 2019). En lugares degradados como ZSQP, donde una gran infraestructura industrial recuerda permanentemente el predominio simbólico de los actores detrás de los intereses energéticos nacionales (Broto y Calvet, 2020), la producción del espacio colectivo es particularmente relevante. Por lo tanto, el arte ofrece un contrapunto físico del paisaje dominante, a través de imágenes y cuerpos de resistencia que invitan a relaciones alternativas con el medio ambiente. Cabe destacar que las intervenciones artísticas del espacio público y protestas que implican la presencia del cuerpo son formas de resistencia corporeizadas con implicaciones estético-políticas. Tomamos como ejemplo el mandala humano de Mujeres en Resistencia en Zonas de Sacrificio junto con el colectivo de mujeres de MODATIMA (Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente, Provincia de Petorca) (Imagen 3), en el cual se tumban en el suelo y bloquean la salida y entrada de camiones de las instalaciones industriales de Ventanas. Esta acción nos recuerda a las manifestaciones de las Madres en la Playa de Mayo en Buenos Aires, que además de transgredir las prohibiciones del estado de sitio, hacen visibles las desapariciones de los cuerpos de seres queridos a través de la aparición de sus propios cuerpos. En el caso de las zonas de sacrificio, la relevancia de los cuerpos en el espacio tiene un efecto particular cuando esos cuerpos son considerados "sacrificables" por el desarrollo industrial y el espacio público está limitado y controlado por la contaminación. En este contexto, la mera presencia de cuerpos de mujeres entrelazados enfrente de la industria es un acto encarnado de producción, resistencia y unidad. Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos Imagen 3. Mandala humano organizado por Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA) y Mujeres en Resistencia en Zona de Sacrificio (MUZOSARE) en Ventanas, Puchuncaví. (enero, 2021, con permiso) Según Maite Garbayo Maeztu (2016), la agencia del sujeto pasa necesariamente por la corporeidad. Las acciones que involucran la presencialidad perturban la vida cotidiana al plantear mensajes y cuerpos invisibilizados en el espacio, a la vez que empoderan esos cuerpos. Paulo Freire (1975), en su "pedagogía de los oprimidos", habla de la necesidad de la praxis para empoderar a los oprimidos y alentarlos a construir las imágenes del mundo que elegirían habitar. Cuando los activistas usan su cuerpo y crean imágenes materiales que defienden su tierra y patrimonio, se sumergen en la praxis de reclamar su "derecho a la ciudad". En este proceso, la agencia personal y grupal, y la esperanza, son fundamentales. Conclusión: la restauración a través de experiencias de representación y materialidad. El desarrollo industrial y su contaminación exagerada y desigual genera desiertos de identidad, memoria y vida. En consecuencia, las zonas de sacrificio son espacios a veces áridos de conexiones entre humanos y medio ambiente, pero fértiles para la acción. En este contexto, proponemos el arte como catalizador de valores dañados por la degradación ambiental local. Este artículo es el resultado de una investigación empírica acerca de los valores relacionales representados y vividos a través de las prácticas artísticas, así como el contenido, y contexto de las piezas artísticas generadas en un caso concreto. Nuestra evidencia empírica descansa en las prácticas artísticas en la zona de sacrificio más tóxica de Chile, alimentada por termoeléctricas a carbón, en las localidades de Quintero y Puchuncaví, en la Región de Valparaíso. La mayoría de las obras analizadas fueron desarrolladas o tuvieron una alta participación de la población afectada, destacando la participación de niños y jóvenes, pescadores, mujeres y personas de la tercera edad, tanto en que muchas de las obras representaban sus identidades y costumbres, como en la participación directa en los procesos creativos. Nuestro análisis de las prácticas artísticas no es el de los efectos de una construcción hacia los de afuera (lo que sería la denuncia) sino más bien una construcción hacia adentro, es decir, hacia la reconstrucción del espacio común y lo relacional, y, por lo tanto, del paisaje. Ante la crisis de las conexiones entre humanos y medio ambiente, la representación de elementos e historias locales, la experiencia de los procesos Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos creativos y la materialidad del arte han demostrado un gran potencial socioespacialmente restaurador. En primer lugar, revelamos que valores como la memoria y la pertenencia se incentivan al representar elementos e historias locales, como en las pinturas de biodiversidad local o las canciones que hablan de recuerdos de experiencias de vida en ciertos paisajes. En segundo lugar, destacamos cómo experimentar procesos creativos, encuentros de personas para crear en común, potencia identidades colectivas e individuales. Por último, la materialidad del arte, es decir, su impacto en un espacio- tiempo específico y la habilidad de generar nuevos espacios materiales y simbólicos a través del cuerpo, estimula relaciones humanas, genera agencia y restaura así el espacio público. Por lo tanto, para entender el potencial relacional del arte, se debe considerar la experiencia tanto en su contenido como en su contexto. En particular, cuando las expresiones artísticas visibilizan las historias y prácticas invisibilizadas por el desarrollo industrial, generan un discurso crítico encaminado al restablecimiento de la relación del ser humano con el medio ambiente. La participación en espacios artísticos permite a los residentes de la ZSQP restablecer lazos sociales, y reconstruir colectivamente la identidad comunitaria degradada. En definitiva, los convierte en agentes de cambio. Frente a la perpetuación de las presiones ambientales, los espacios artísticos promueven experiencias de la vida cotidiana consistentes con el apoyo mutuo y la cohesión social. Ambos son factores esenciales de la agencia individual y colectiva hacia la transformación. Si bien los resultados dependen en gran medida del contexto, la degradación de los valores relacionales se ha conectado ampliamente con las transformaciones ambientales provocadas por proyectos de desarrollo industrial y económico. Por lo tanto, se confirma que el arte, a través de la reconstrucción de ciertos valores relacionales, restaura paisajes degradados. En este marco, la teorización del potencial de las prácticas artísticas para representar y mejorar los valores relacionales debe considerarse como parte del conjunto más amplio de herramientas para la restauración socioambiental de estos paisajes. Nuestra investigación demuestra que, si bien los valores relacionales tienden a ser inmateriales, mejoran a través de prácticas artísticas materiales con impacto espacial. El artículo contribuye a la investigación sobre geografía humana en lo relativo al efecto espacio-temporal de las prácticas artísticas en la restauración de espacios públicos. De esta manera contribuimos tanto a la literatura sobre arte comprometida con Revista Heterotopías del Área de Estudios Críticos del Discurso de FFyH. Volumen 4, N° 8. Córdoba, diciembre de 2021 ISSN: 2618-2726. Teresa Sanz y Dra. Beatriz Rodriguez Labajos la crisis socioambiental, como a la teorización de la ecología política sobre la transformación de áreas degradadas. BIBLIOGRAFÍA Adams, J. (2013). Art against dictatorship: Making and exporting arpilleras under Pinochet. Austin: University of Texas Press. Agyeman, J., Schlosberg, D., Craven, L., y Matthews, C. (2016). 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Beatriz Rodriguez Labajos