REVISTA CHILENA DE LITERATURA Mayo 2022, Número 105, 273-298 EL COSTUMBRISMO EN EL MUSEO MEXICANO Y REVISTA CIENTÍFICA Y LITERARIA: REPRESENTAR E IMAGINAR A LOS MEXICANOS Montserrat Amores García Universidad Autónoma de Barcelona Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España montserrat.amores@uab.cat RESUMEN / ABSTRACT El trabajo analiza los artículos de costumbres de las revistas ilustradas mexicanas El Museo Mexicano (1843-1846), dirigida en su primera época por Guillermo Prieto y Manuel Payno, y Revista Científica y Literaria (1845-1846) de la que fueron también los redactores. Se examina “Cuadros de costumbres” de Prieto, que debe considerarse programático, y se estudian los artículos como componentes de un proyecto de mexicanización del país y de definición y reforma de la nueva nación mexicana, prestando atención a la compleja dinámica que mantiene respecto de las intromisiones foráneas, especialmente francesas y españolas. Asimismo, se estudia la voluntad de sus editores de construir una nación inclusiva desde el punto de vista geográfico y social, que se aprecia en este tipo de textos. Palabras clave: costumbrismo, siglo XIX, Guillermo Prieto, Manuel Payno, El Museo Mexicano, Revista Científica y Literaria. COSTUMBRISMO IN EL MUSEO MEXICANO AND REVISTA CIENTÍFICA Y LITERARIA: REPRESENT AND IMAGINE MEXICANS This paper studies the artículos de costumbres of the Mexican illustrated magazines El Museo Mexicano (1843-1846), directed in its first period by Guillermo Prieto and Manuel Payno, and Revista Científica y Literaria (1845-1846), also edited by both. It analyzes the article titled “Cuadros de costumbres” by Prieto, which should be considered programmatic, and studies the articles as a part of a project to Mexicanize the country, to define and reform the new Mexican nation. It also focuses on the on the complex dynamics that it maintains with 274 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 respect to foreign influence, especially French and Spanish. At the same time, it pays attention to the will of the publishers to build a nation that is geographically and socially inclusive. Keywords: Costumbrismo, 19th Century, Guillermo Prieto, Manuel Payno, El Museo Mexicano, Revista Científica y Literaria. Recepción: 30/06/2020 Aprobación: 14/10/2021 Durante las primeras décadas del proceso de construcción de la nación mexicana, un grupo letrado criollo, consciente de la fragmentación del país, utilizó el periodismo para ofrecer una imagen del territorio nacional en la que los lectores se reconociesen como miembros de una misma comunidad (Mora 198-199). Se trataba de una pieza más del proceso de modernización liberal, cuyos protagonistas fueron impresores y editores como Ignacio Cumplido y Vicente García Torres, y hombres de letras y periodistas como los miembros de la Academia de Letrán, que a partir de 1836 se propusieron, en palabras de Guillermo Prieto, “mexicanizar la literatura, emancipándola de toda otra y dándole carácter peculiar” (Memoria 216). Si bien durante los primeros años correspondientes a El Año Nuevo (1837-1840), esa empresa nacionalista podría calificarse –como hiciera Prieto en esas Memorias de mis tiempos, de haberse desarrollado “sin plan y sin premeditación” (217)–, con el paso de los años se convirtió en un verdadero programa de construcción de la nación mediante una literatura original que evitase las intromisiones coloniales y que tuviese como protagonista a la república recién constituida. En este proceso, como se ha señalado, la prensa ilustrada jugó un papel sustancial como repositorio de esa “comunidad imaginada” (Anderson 46-61) en la que textos e imágenes intentaban reproducir una serie de referentes del país ordenados e integrados, al tiempo que se representaba la heterogeneidad del territorio y de sus habitantes. Publicaciones como El Mosaico Mexicano (1837-1842), El Recreo de las Familias (1838), El Museo Mexicano (1843- 1846) o la Revista Científica y Literaria (1845-1846) coadyuvaron a la creación de este repertorio desde el liberalismo, que siguieron otras revistas como El Álbum Mexicano (1849)1. 1 Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación “NIT: Negociaciones identitarias transatlánticas: España-Francia-México (1843-1863)”, referencia PGC2018-095312- B-I00 del Plan Nacional de I+D+i, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España. El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 275 En este contexto, el costumbrismo como categoría estética (Peñas 2012) jugó un papel sustancial en la selección y creación de una colección de tipos sociales representativos de la heterogénea sociedad mexicana, así como de un inventario de costumbres de la época, como han mostrado las investigaciones de María Esther Pérez Salas y Gerardo Francisco Bobadilla Encinas. La primera ha señalado la importancia de dos semanarios como precursores en la publicación de artículos de costumbres anteriores a la edición de Los mexicanos pintados por sí mismos (1854): El Museo Mexicano (1843- 1846) y Revista Científica y Literaria (1845-1846), cuyas trayectorias estás ligadas estrechamente (Pérez Salas, Costumbrismo 241; Revista 397-398). Ambas deben considerarse como una empresa política y formativa dirigida principalmente a la comunidad mexicana, pero en continua negociación con los países europeos más influyentes de la época (Francia e Inglaterra), con Estados Unidos y con España como país colonizador (Andries 460)2. En el caso del costumbrismo esa articulación se pone de manifiesto en dos niveles. Por una parte, sigue los modelos literarios establecidos en Europa, pues imita el diseño y formato de la prensa ilustrada y de los volúmenes costumbristas. Además, tiene como referentes a escritores de costumbres europeos y españoles (Addison, Steele, Jouy, Mercier, y también Larra y Mesonero Romanos)3. Por otra, mantiene una dinámica compleja respecto de 2 Ese “corredor cultural trasatlántico por el cual circula el discurso de ambos mundos” (Granillo Vázquez 147) camina paralelo al desarrollo de la prensa en los países hispanoamericanos después de sus respectivas independencias. Como señala Hilda Sabato: “Los periódicos de América Latina fueron, durante la primera mitad del siglo, un espacio de producción intelectual e intervención política de toda una generación de publicistas y letrados, desde Florencio Varela (1807-1848) y Juan Bautista Alberdi (1810-1884) en el Río de la Plata hasta Fernández de Lizardi (1776-1827), José María Luis Mora (1794-1850) e Ignacio Ramírez (1818-1879) en México” (398). 3 Jefferson Rea Spell registró los primeros artículos de Mesonero Romanos y Mariano José de Larra en la prensa mexicana en El Ensayo Literario (1838), El Museo Popular (1840), El Mosaico Mexicano (1841), El Apuntador (1841) y Repertorio de Literatura y Variedades (1841). En 1843 y 1844 se editan en México los dos volúmenes de España pintoresca, artística, monumental literaria y de costumbres, que reproducía artículos aparecidos en la prensa periódica española (Spell 5-8). Fernando Tola de Habich destaca en el mismo sentido la importancia de El Museo Popular (1840), puesto que es sus páginas se reproducen “El amante corto de vista” y “La político-manía” de Mesonero Romanos, más “cinco artículos de costumbres atribuidos a Guillermo Prieto” (2006). En cuanto a la influencia del costumbrismo español en el mexicano, también Rea Spell señaló su dependencia respecto de los modelos españoles, y le siguió Pérez Salas (Mexicanos) al indagar sobre la colección Los mexicanos pintados por sí mismos (1854-1855). Brian Hamnet destaca el elemento didáctico del costumbrismo mexicano, especialmente de Prieto, debido a la influencia de escritores costumbristas españoles como 276 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 la influencia de las costumbres extranjeras en las mexicanas en la que prima el propósito de defensa ante las intromisiones foráneas. En este contexto, me propongo estudiar los artículos de costumbres publicados en El Museo Mexicano y la Revista Científica y Literaria con el propósito de comprobar que Guillermo Prieto y Manuel Payno, entonces jóvenes miembros de la Academia de Letrán, desarrollan una propuesta programática nacionalista aplicada a textos específicamente costumbristas, basándose en la reforma de los hábitos nacionales no contaminados por prácticas o modas procedentes de ultramar. En este sentido centraré mi atención en un aspecto no abordado extensamente en la bibliografía: el continuo diálogo con las costumbres europeas, especialmente francesas y españolas. En este último caso, se pondrán de manifiesto las complejas relaciones de hispanofilia e hispanofobia que se aprecian en los textos aparecidos en ambos semanarios. Para ello me centraré, en primer lugar, en un texto de Guillermo Prieto poco atendido por la crítica, que vio la luz en la Revista Científica y Literaria y que debería considerarse programático. Como se verá, “Cuadros de costumbres” corrobora la labor llevada a cabo por Prieto y Payno como impulsores y creadores de una literatura nacional que habían llevado a cabo anteriormente como directores y redactores de El Museo Mexicano. El cultivo de la literatura costumbrista ocupó en estos primeros años de actividad política y literaria de los dos polígrafos un lugar sustancial, que se convertiría en el caso de Manuel Payno en el germen de su obra narrativa. En segundo lugar, mostraré de qué forma los tipos sociales y las descripciones de las costumbres nacionales corroboran la puesta en práctica de ese programa tanto en las páginas de El Museo Mexicano como en Revista Científica y Literaria. Como señaló Pablo Mora, “Lo que intentan es inscribir esa crítica dentro de un proyecto que va dirigido a la clase criolla en el poder, con el propósito de abrir espacios y encontrar acreedores para desarrollar un programa de colonización ante un país incomunicado, despoblado” (202). Me centraré especialmente en el diálogo mantenido con Francia y España a través de esos textos pues, como se verá, esos referentes europeos se encuentran incluso en aquellos artículos referidos a tipos exclusivamente mexicanos. Para ello he considerado 40 textos, la gran mayoría artículos de costumbres, tanto tipos sociales como Mesonero Romanos (13). Esa influencia ha sido también abordada por Bobadilla Encinas (23-27) y Bobadilla Encinas y Avechuco Cabrera (104). Por su parte, Pupo Walker defiende que “relatos estructuralmente muy próximos al cuadro de costumbres surgieron en América como desprendimientos imaginativos de la crónica histórica y pseudohistórica” (8). El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 277 escenas de costumbristas, aunque también he tenido en cuenta algunos relatos de viajes por el interior de la república de Prieto y Payno, puesto que se describen tipos sociales, y algunos artículos periodísticos. 1. “CUADROS DE COSTUMBRES” DE GUILLERMO PRIETO En noviembre de 1845 aparece el primer número de la Revista Científica y Literaria de Méjico cuya portada incluía el subtítulo “publicada por los antiguos redactores del Museo Mejicano”. Los fundadores y redactores del nuevo semanario eran Guillermo Prieto y Manuel Payno, que habían detentado las mismas funciones en El Museo Mexicano desde su primer número de enero de 1843 hasta diciembre de 1844. Esther Pérez Salas (Revista) ha reconstruido la historia de la Revista, recordando que los editores se habían separado de la empresa de Ignacio Cumplido, quien había seguido imprimiendo El Museo Mexicano durante el año 1845 y hasta marzo de 18464. En esa primera entrega de la Revista Científica y Literaria se publicó el artículo “Cuadros de costumbres” (CC) firmado por Fidel, seudónimo de Guillermo Prieto, que iniciaba la sección “Literatura nacional”. Su importancia es sustancial para comprender la verdadera envergadura de la empresa política y literaria de estos dos escritores en el proceso de mexicanización de la república. Se inicia con la referencia obligada a los modelos literarios europeos (Addison, Jouy, Fígaro y Mesonero Romanos), destacando la innata relación entre los cuadros de costumbres y el periodismo. Jefferson Rea Spell señaló hace tiempo la huella que la reseña de Larra al Panorama matritense de Mesonero dejó en este “Cuadros de costumbres” 4 El semanario El Museo Mexicano: Miscelánea pintoresca de amenidades curiosas e instructivas (marzo de 1843-marzo de 1846) se publicó en la imprenta de Ignacio Cumplido. En su primera época, que abarca los cuatro primeros tomos (1843-1844), sus directores fueron Guillermo Prieto y Manuel Payno, mientras que el responsable del último volumen de 1845 correría a cargo de José María Lacunza. Para una breve historia de la revista pueden consultarse Magdalena Alonso Sánchez y Pérez Salas (Ignacio, Secretos) y los índices de la revista que elaboró Esteban Esteban. Para una aproximación y valoración de los textos de carácter histórico, véase Pérez (Pasado), quien también se ha ocupado de los espacios de sociabilidad representados en la publicación (Actores). Vega y Ortega Báez, por su parte, ha estudiado las colaboraciones dedicadas a la geografía y descripción de espacios, Amores “La presencia de Francia en El Museo Mexicano (1843-1846)” y Ferrús los relatos de viajes. La Revista Científica y Literaria de Méjico se editó en la imprenta de José Mariano Lara y publicó solo dos tomos (1845-1846). 278 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 (10). Fidel volverá al final del artículo a esos referentes europeos, en concreto al “inmortal Fígaro” y al “sesudo Mesonero”, para animar a los escritores mexicanos a que cultiven el género y a que prosigan “su honrosa tarea”, confesando, de este modo, su filiación literaria. Si el proyecto liberal de construcción de la nación se crea desde la hispanofobia, pues comprendía “la desespañolización de México como un único proyecto nacional posible” (Pérez Vejo 220), ese mismo proyecto no puede sustraerse de una lengua y una tradición comunes, particularidad que ha obligado a los investigadores a estudiar la construcción nacional de los países de la América hispana como un modelo distinto al europeo (Guerra 186-187; Pérez Vejo, 226-230). Esa singularidad podría explicar la distancia que separa al costumbrismo europeo del todavía incipiente mexicano. Y es que mientras en Europa se creaban cuadros de costumbres, fisiologías y tipos con el propósito de fijar hábitos y perpetuar tipos ancestrales, Prieto denuncia que los mexicanos todavía no tienen verdaderas costumbres nacionales como consecuencia de la colonización española. Quizá por esta razón, si en la reseña a Panorama matritense de Mesonero Romanos, Fígaro, tras destacar la modernidad del género, aportaba en el primer párrafo una larga lista de autores, desde Aristófanes a Cadalso, que habían retratado las costumbres de la sociedad de su tiempo, Prieto parte del cuestionamiento de la existencia de una sociedad mexicana debido a la particular historia de su país. Por ello, sustituye la tradición literaria por la historia, en concreto la conquista española: “Una generación nueva, europea, de lo más atrasado de Europa, vino a injertarse con la punta del sable conquistador en otra sociedad, si bien civilizada a su manera, es forzoso confesarlo, semibárbara, y hasta cierto punto heterogénea con la raza invasora” (Fidel, CC 27). El autor denuncia la imposición de la religión católica como “recurso político para asegurar su conquista”, que tuvo como consecuencia unas relaciones marcadamente jerarquizadas que dividieron la sociedad en “españoles o criollos” e indios, y mantuvieron a los últimos en una situación de inferioridad y abatimiento. A su vez, la colonización produjo un continuo enfrentamiento entre las clases sociales: “Sea por el espíritu orgulloso e intolerante de dominación, sea por una mera política, los españoles convertían al criollo en extranjero en el que llamaba su país, inspirándole ideas de superioridad sobre la clase abyecta” (27). Prieto denuncia que el criollo se conforma sobre una identidad dividida pues “vivía con el aire de España, descubría su cabeza al nombre del monarca de ambos mundos, y con los escombros de los templos y palacios de los aztecas El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 279 edificaba las casas feudales a los risibles aristócratas que se improvisaban de este lado del mar” (27). Esta clase, determinante en el México actual, es para el autor el origen de la actual sociedad mexicana: “siendo los que hoy nos llamamos mexicanos una raza anómala e intermedia entre el español y el indio, una especie de vínculo insuficiente y espurio entre dos naciones, sin nada de común, su existencia fue vaga e imperfecta durante tres siglos” (28). Tampoco los indios se incorporaron a la historia, cuyos vestigios quedaron ocultos, según Prieto, en archivos de conventos o en manos de sabios, a la espera de que fueran descubiertos por extranjeros. En ese período colonial, “sin costumbres, sin idioma” era imposible crear una verdadera sociedad. Tampoco tras la independencia, al decir de Prieto, se ha conseguido “amalgamar todos los intereses, robustecer y confirmar las creencias en una sociedad nueva en un mundo virgen y espléndido, revelado a las sociedades caducas”, de manera que “continuamos siendo extranjeros en nuestra patria” (28). El texto de Prieto intenta indagar sobre la verdadera identidad de los criollos, un colectivo que, como recordó François-Xavier Guerra, se había alzado como el arquitecto de la nueva nación, aglutinada por una homogeneidad cultural, que partía del “problema de ‘construir ‘naciones’ separadas a partir de una misma ‘nacionalidad’ hispana” (187). El escritor capitalino reflexiona en esencia sobre la herencia colonial y el posterior período de “tránsito de la Colonia a la República” (Velayos 99) para plantear abiertamente la negociación de su propia identidad definida, como señala Pérez Vejo, “por el hecho de ser españoles frente a indios y castas y no mexicanos frente a españoles” (223). Imbuido por un sentimiento de hispanofobia, hace responsable a la estructura política y social colonial del actual desmembramiento de sus componentes, una herencia recibida en la que criollos e indios se dan la espalda. Prieto reconoce como uno de los principales errores de los criollos el menosprecio y la infravaloración con la que se trató a los indios en lugar de “unirse desde el principio con lazo fraternal” (CC 27). De esta forma se explicita uno de los rasgos esenciales del programa teórico liberal del independentismo mexicano: la política inclusiva que imaginaba una sociedad compuesta por criollos e indios (Quijada 306-313). Esa distancia parece insuperable en la práctica, teniendo en cuenta la opinión de Fidel sobre los indios a los que ve como ignorantes y supersticiosos. El diagnóstico no puede ser más aciago: Los cuadros de costumbres eran difíciles, porque no había costumbres verdaderamente nacionales, porque el escritor no tenía pueblo, porque 280 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 solo podía bosquejar retratos que no interesasen sino a un reducido número de personas.5 ¿Cómo encontrar simpatías describiendo el estado miserable del indio supersticioso, su ignorancia y su modo de vivir abyecto y bárbaro? (CC 28) El programa nacionalista de Prieto consistirá, pues, en convertir en dignos y en representativos de la nueva sociedad mexicana aquellos tipos sociales y aquellas costumbres que unen a criollos con indios, en detrimento de las costumbres adoptadas de otras naciones, especialmente de España, a pesar de su arraigo. Por esta razón, Prieto llama la atención sobre la necesidad de que los escritores de costumbres se desprendan de cierto complejo de inferioridad, que no se avergüencen de convertir en protagonistas de sus cuadros ciertos hábitos sociales que pueden considerarse auténticamente mexicanos, frente a los adoptados de otras naciones, un empeño, no lo olvidemos, semejante al que hacía que Mesonero defendiese las costumbres españolas ante lo que él interpretaba como la sustitución de las genuinas de su país por las francesas. El cuadro de costumbres se convertirá entonces en un espacio de negociación. Por eso, Prieto, que identifica república con ciudadanos, se queja de que se consideren mejores las costumbres francesas o españolas adaptadas en México que las naturales de la nación, una actitud que debe interpretarse como un reflejo de la división social y de su jerarquización. ¿Quién no llama ordinario y de mal tono al poeta que quisiese brindar a su amada, pulque, en vez del néctar del Lico? ¿Quién no se horripila con la pintura de una China, a la vez que aplaude ciego a la Manola española, y recorre con placer los cuadros espantosos de Sue […] La vergüenza es para nuestros gobiernos, que aún no saben formar un pueblo; para muchos de nuestros hombres, que desdeñan pertenecer a su pueblo; el escritor cumple, porque mientras más repugnante aparezca su cuadro, será más benéfica la lección que encierre. (CC 28-29) 5 Una opinión semejante se encuentra en un artículo anterior del autor, “Algunos desordenados apuntes que pueden considerarse cuando se escriba la historia de la bella literatura mexicana”, publicado en El Museo Mexicano en 1844, en el que explicaba las causas de la escasa literatura dramática mexicana debido a la sociedad indefinida de la época, “reflejo de la española” (G.P. 355; Amores, Historia 4-5). El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 281 Adviértase que Prieto es consciente del mestizaje en las costumbres populares mexicanas, que, según su opinión, no se ve representado en la actual literatura nacional. A la vinculación entre soberanía nacional y república, le corresponde la representación de las costumbres populares, incluyendo todas las costumbres. Se pretende, asimismo, como se observa en la última frase citada, una reforma moral de la sociedad para ocupar el espacio no llenado por la clase política a la que acusa de dejación de funciones ante “el cuadro espantoso de confusión y desconcierto que hoy presentamos” (29). Como señala José Ortiz Monasterio, siguiendo al filósofo Carlos Pereyra, “ante la postración de la economía y la larga crisis de hegemonía política, la literatura en el México decimonónico se convirtió en un elemento estratégico, sobredeterminante, mucho más dinámico que la economía premoderna y la política del cuartelazo” (Ortiz Monasterio 421). El análisis de Fidel sobre la oportunidad de cultivar el cuadro de costumbres como un género de literatura nacional, título de la sección en el que se publica, tiene en cuenta todos los aspectos sociológicos propios del sistema literario. Como se ha visto, señala la debilidad de los gobiernos que no funcionan como institución política. Consciente de que el medio idóneo para la difusión de los cuadros de costumbres es la prensa, mira hacia los consumidores, advirtiendo del número reducido de lectores y acaba legitimando a los escritores costumbristas y animándolos a no desfallecer ante un público “extraviado” que prefiere “insustanciales vaudevilles y otras obras panelucrando de poetas españoles” (CC 29). La tarea, pues, de los escritores y en concreto de los autores de la literatura costumbrista va más allá del interés estético, pues tendrá que educar a los habitantes de la nación en el “verdadero espíritu de una revolución verdaderamente regeneradora” que es el de la “morigeración social” (29). Los modelos franceses y españoles se convertirán en moldes sobre los que establecer la transformación social y crear ciudadanos (Brading 705; Quijada 308). El progreso de la nación radica, en buena medida, en el rechazo de los modelos extranjeros, especialmente españoles, según se colige del texto de Prieto, la defensa a ultranza de las prácticas y hábitos nacionales y el lucimiento orgulloso de las costumbres autóctonas, siempre y cuando obedezcan a los principios del liberalismo con los que se construye la república. En la articulación de las imágenes nacionales la mirada desde el exterior, los juicios y consideraciones vertidos desde otras naciones juegan, igualmente, un papel sustancial. En este sentido, resulta iluminador el artículo de Manuel Payno que antecede inmediatamente a “Cuadros de costumbres”, el primero de la sección 282 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 “Mejoras morales y materiales” (MM). En él insiste en la importancia de la construcción de la nación después del período inmediatamente posterior a la proclamación de la independencia, en el que “la suerte y la prosperidad de los pueblos no son los combates ni las batallas, sino la paz, el trabajo y la moralidad” (25; la cursiva es mía). El asunto del artículo es la empresa de Gómez de la Cortina de construir un “camino de hierro” desde México a Tacubaya. Se trata de un texto relacionado con la prosperidad nacional, pero en manos de Payno se convierte en una propuesta concreta de reforma, pues defiende la necesidad de transformar las costumbres para cambiar también la imagen de México en Europa. El autor describe someramente el trazado de esa vía ferroviaria hasta llegar a San Agustín de las Cuevas, donde se celebran las fiestas de carnaval más famosas de los alrededores centrados en el juego de albures y el de gallos. El escritor de costumbres encuentra abundante material en los enamorados celosos, en los jugadores pálidos y desesperados […] en fin, en las mil escenas que pasan en estos tres días de orgía y de Carnaval; pero para los ojos del observador filósofo, no es más que un espantoso cuadro de inmoralidad y de abandono, tolerado por las leyes, y autorizado por la costumbre. ¡Qué de fortunas arruinadas! […] En una palabra ¡qué conjunto de escándalo y de inmoralidad! Nosotros no queremos meternos ahora a hacer disertaciones de moral; pero sí deseamos que ciertas costumbres verdaderamente nocivas, que dan idea de poca civilización en el extranjero, vayan desterrándose. Los extranjeros admiran en efecto la abundancia de oro y de plata que circula en Tlalpam; pero en el fondo de su alma, forman un triste concepto del país donde así se pierden y se ganan fortunas inmensas. (MM 26; la cursiva es mía) Y, a continuación, propone fijar una contribución a las partidas de juego y a las tapadas de gallos con el fin de erradicar progresivamente esa costumbre y destinar los beneficios a la construcción del camino de hierro. Payno proyecta una reforma de las costumbres que implica a su vez una regeneración del tejido social y económico de la región que, como ha señalado Mónica Quijada, está cruzado “por líneas de jerarquización social, enraizadas en prácticas seculares de dominación de una etnia sobre las restantes” (301). Pero, además, el programa de reformas redunda en la imagen que de México se tenía en el extranjero. En ese sentido debe tenerse en cuenta la influencia que libros como Costumes civils, militaires et religieux du Mexique de El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 283 Claudio Linati (Bruselas 1828), Voyage pittoresque et archéologique dans la province d’Yucatan pendant les années 1834 et 1836 (París, 1838), de Jean Frédéric Maximilien de Waldeck o Life in Mexico during a Residence of Two Years in that Country (Boston, 1843), de Madame Calderón de la Barca, habían ejercido fuera del país. Todavía casi diez años después, el prospecto de Los mexicanos pintados por sí mismos (1854) se lamentaba de ello: “En Europa se tiene una idea tan pobre de nuestro país que nos miran como unos degradados, cobardes e ignorantes, incapaces de formar un cuerpo de nación.” (cit. en Toussaint, 1956: 7). Es esta una manifestación que se identifica claramente con la literatura costumbrista y que se encuentra explicitada en textos españoles, por ejemplo, de Ramón de Mesonero Romanos (Peñas 86; Espejo-Saavedra 33-70) conocidos en México, pero también de mostrar al mundo desde México una imagen “verdadera” de la nación. 2. EL COSTUMBRISMO EN EL MUSEO MEXICANO Y LA REVISTA CIENTÍFICA Y LITERARIA Aunque “Cuadros de costumbres” vea la luz en la Revista Científica y Literaria, después de la publicación de un buen número de artículos de Prieto y Payno y de otros colaboradores en El Museo Mexicano, los textos costumbristas de esta última publicación obedecen a las premisas expuestas por Fidel, así como los que aparecieron en las páginas de la Revista. El Museo es, como se ha señalado, uno de los primeros semanarios en los que se aprecia indudablemente el interés creciente en la prensa periódica mexicana por los usos y las costumbres nacionales (Rea Spell 8; Pérez Salas, Mexicanos 189- 190; Costumbrismo 198). No existen en él artículos de costumbres francesas traducidos de las revistas galas y se edita un solo artículo de costumbres españolas escrito por Manuel Bretón de los Herreros, “La nodriza”, que había aparecido en el primer volumen de Los españoles pintados por sí mismos de 1843. Esta circunstancia expresa también el propósito de mexicanizar la nación, de consignar, como se explicita en la introducción al tercer tomo, “las costumbres y usos de la república, tan curiosas como interesantes […] con toda la exactitud que nos fuere posible” (“Introducción” 5), evitando quizá la propaganda de las extranjeras.Con ese propósito intervencionista, España se presenta como la nación destructora de una civilización altamente refinada e incluso introductora de costumbres perniciosas para la república. La hispanofobia se manifiesta taxativamente. Así ocurre en “Jardines antiguos 284 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 de México”, firmado por Los Redactores en la segunda entrega de El Museo Mexicano. El artículo reivindica el alto grado de civilización de los pobladores de México antes de la conquista, pues cultivaban el arte de la jardinería. Se apoya en numerosas palabras del idioma mexicano para refrendar su teoría y en ejemplos extraídos de Clavijero, de Alzate y de Humboldt, incluso de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, para señalar que todo aquello fue destruido por “la barbarie de los conquistadores” (L.R. 45). La colonización acabó con parte de la identidad del antiguo México, aunque no consiguió eliminar algunos de sus rasgos, como por ejemplo la sensibilidad que muestran los indios por la música (s.f. Afición) o su sagacidad (s.f. Sagacidad). Los colonizadores no solo destruyeron, sino que también trasladaron costumbres perniciosas, como las peleas de gallos (L.E.), instaladas sobre todo en el pueblo bajo, y vinculadas a otros hábitos igualmente censurables como las riñas y el juego (L.E. 284-285). Por esta razón, los editores insisten en la necesidad de prohibir esa costumbre y en propiciar la educación de los niños para evitar una “población ociosa y vaga” (286). Además, los artículos de costumbres de El Museo Mexicano y de Revista Científica y Literaria ponen ante los ojos de los lectores un amplio panorama en el que se enfrentan las antiguas prácticas sociales con las nuevas costumbres emergentes, se ensalzan unos tipos respecto de otros, se sancionan unas costumbres consideradas perniciosas para el buen funcionamiento de la república, se recriminan conductas y se subrayan buenos comportamientos. 2.1. Los tipos sociales Se destaca en El Museo Mexicano la publicación de ocho de los dieciséis “artículos descriptivos y pintorescos” que iban a formar el Álbum dedicado a las señoritas mexicanas que pretendía editar la imprenta de Ignacio Cumplido junto con “16 estampas dibujadas e iluminadas por D. Joaquín Heredia”. La obra se había anunciado el 7 de julio de 1843 en el diario El Siglo XIX de Ignacio Cumplido y destacaba por su carácter netamente mexicano, pues tanto los autores de las litografías como de los textos que iban a acompañarlas eran nacionales. Su propósito, como explicaba el anuncio, era dar a conocer a los habitantes de la república y también a las naciones extranjeras un retrato verídico de las costumbres y de los tipos originales de la nación. Sin embargo, el Álbum no pudo imprimirse, quizá por falta de suscripción, y ocho de esas estampas y sus respectivos artículos aparecieron en las páginas El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 285 de El Museo Mexicano, tal y como señalan los editores en la introducción al volumen tercero del año 1844. Esther Pérez Salas, que ha estudiado el valor de las litografías de esta colección, la pone en relación con Heads of the People y Les français peints par eux-mêmes, que habían llegado a México en 1843 y los considera un precedente de Los mexicanos pintados por sí mismos (Pérez Salas, Mexicanos; Costumbrismo 234-238). Cabría también pensar en la posibilidad de que esta colección se concibiese como un correctivo a los volúmenes y colecciones sobre México escritos por extranjeros y publicados fuera del país. En este sentido, conviene notar que ninguno de los ocho tipos de esa inconclusa colección tiene como protagonistas a eclesiásticos o militares, cuando son los que abundan en el álbum de Claudio Linati, Costumes civils, militaires et religieux du Mexique, mencionado anteriormente. Parece como si la nueva república no contase ya con dos de los estamentos esenciales de la antigua sociedad colonial6. Los ocho tipos de Costumbres y trajes nacionales corresponden a “El aguador” de Manuel Payno [Yo], “La jarochita”, de José María Esteva, “Cocheros” de Guillermo Prieto [Fidel], “El populacho de México” (s.f.), “Rancheros” de Domingo Revilla, “El jarocho”, firmado por V., “El aguador de Veracruz” de Ángel Vélez y “El tortero”, también sin firma, todos publicados en 1844, salvo este último que apareció en 1845. Si bien las imágenes plásticas habían sido trabajadas anteriormente, estos tipos se describían por primera vez en las páginas de las revistas ilustradas (Pérez Salas, Costumbrismo 236). Además, se ocupaban de las clases más populares de la sociedad capitalina (198-201), de los oficios que precisaban de una indumentaria que podríamos calificar como pintoresca (236) y de tipos representativos de otras áreas geográfico-culturales de México. Es necesario destacar, además, que todos los tipos se describen pensando en su función social y en su contribución a la integración de los ciudadanos en la comunidad. Son textos que legitiman costumbres. Es el propósito de Payno cuando describe al aguador como “uno de los individuos de más importancia en la sociedad de México” (Yo 175), un tipo urbano, laborioso y cordial. Semejantes rasgos tiene “El aguador de Veracruz”, descrito por Ángel 6 Solo se edita en El Museo Mexicano un artículo de costumbres de Guillermo Prieto relacionado con el estamento religioso, titulado “Don Anacleto Parsimonia”, mayordomo de iglesia al que describe como un hombre hipócrita y vicioso que, bajo el disfraz de su sencillez y bondad, se aprovecha de la confianza que inspira su cargo para enemistar matrimonios y abusar de la candidez de las muchachas. El tono desenfadado del texto no oculta su animadversión por este tipo social (Fidel, “Don Anacleto” 69-72). 286 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 Vélez. La misma intención es la que inspira a Prieto cuando, al escribir el artículo sobre “Cocheros”, destaca la capacidad de estos profesionales para vincular diferentes clases sociales. Otro tipo elogiado, también urbano, es el que describe el mismo autor en “Un puesto de chía en Semana Santa”, en el que la chiera se pinta como un elemento beneficioso para la república, “digno de la protección del gobierno” (Fidel, “Un puesto” 429). Igualmente resulta provechoso el duro oficio del tortero que trabaja en las haciendas de minerales de plata, regando las pesadas tortas de mineral, dándoles la vuelta y recortándolas, tal y como describe el artículo homónimo que apareció en El Museo (s.f., “El tortero”); o la hilandera, protagonista del breve texto de Payno publicado en la Revista Científica y Literaria (M.P., “Hilandera”). Mientras que en este último se confrontan las antiguas manufacturas con los progresos que las máquinas de hilados han llevado a México, en el primero se describe brevemente cada una de las actividades del tortero para insistir al final en su utilidad para el progreso de la industria y el comercio y proponer al gobierno una mejora económica para este colectivo. Pero sin duda alguna, el que se alza como el tipo nacional por excelencia en El Museo Mexicano es “El ranchero”. Domingo Revilla, autor del artículo, lo presenta como el auténtico tipo nacional justamente porque es el representante de las costumbres “del campo” no contaminadas por las extranjeras. en los rancheros son en quienes la nacionalidad ha resistido a toda esa extravagancia que con el nombre de moda nos invade del extranjero, con cuya invasión nuestra independencia no es del todo perfecta. (Revilla, “Costumbres” 551; la cursiva es mía) El autor destaca que ha sido el material humano del que se ha servido el país para conseguir su independencia, gracias a los reclutamientos de la leva, sin que por ello haya protestado. Por otra parte, El Museo Mexicano se detiene en la descripción de los individuos objeto de reforma desde diferentes perspectivas. Lo hace con los tintes más peyorativos en “El populacho de México”, brevísima pieza escrita solo para acompañar a la litografía dibujada por Cayetano Paris, protagonizada por léperos y otros tipos que pueden convertirse en delincuentes. Si la litografía sirve para llamar la atención al lector, el texto lo hace para reclamar la necesidad de educación: El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 287 ¿No se pensará algún día en morigerar con la educación estas costumbres, y en hacer de esos hombres inútiles, y algunas veces dañinos, ciudadanos que contribuyan con su trabajo a la prosperidad de la república? Cuestión es esta que no toca resolver a los que solo tienen la misión de escribir artículos para el Museo. (s.f., “El populacho” 450) Por otra parte, no solo las clases populares deben ser objeto de reforma. También algunos elementos de las acomodadas deben corregirse cuando son igualmente improductivos o perniciosos, a menudo debido a la nefasta influencia de las costumbres europeas. Un ejemplo de ello se encuentra en “Mariquita Castañuela. Costumbres”, firmado por Fidel, en el que se describe a la joven mexicana que recuerda con orgullo su pasado aristocrático. El autor critica la educación de estas jóvenes que viven en la ciudad, contaminadas por las modas europeas. El tipo recuerda al de la protagonista de “El romanticismo y los románticos” de Mesonero Romanos, pues la convierte en una lectora empedernida de novelas, que nada sabe sobre las labores destinadas al hogar. El final es contundente en su moralidad: Mariquita acaba sola, sin inspirar la compasión de nadie y la lección va dirigida a los padres que deben educar a sus hijas (27). Por su parte, el español emigrado a México, Casimiro del Collado, describe en la fisiología “Un calavera” las costumbres del tipo hasta mostrar, como en el caso de Mariquita, su ruina exterior e interior. Elementos semejantes se encuentran en “El pisaverde”, fisiología firmada por I. de L., en la que se describen diferentes variantes del tipo, aunque todas se aglutinan en los rasgos de la ignorancia, el egoísmo y, sobre todo, la improductividad: “es tan útil a la sociedad en que viven, como lo son los grandes matorrales que suelen verse en algunas tierras cultivadas y que no sirven más que para estorbar y dar abrigo a multitud de sabandijas y aves destructoras que son sus vicios” (I. de L. 275) Otros textos retratan de una forma inocente y humorística algunas costumbres urbanas, como la de pasar un día de asueto en el campo en “Escenas campestres” de Fidel, o la costumbre del compadrazgo, relatada con un tono muy semejante por Ángel Vélez en El Museo Mexicano y Manuel Payno en la Revista Científica y Literaria. En otras, el propósito es el de poner de manifiesto la hipocresía de la sociedad adinerada, como en “Un baile por dentro” que Prieto editó en esta última revista o, también en la misma, la ruina económica de una familia al embarcarse en una serie de gastos que no puede permitirse por seguir las costumbres sociales, en el artículo inacabado 288 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 de Manuel Payno “Costumbres. La enfermedad. El entierro. El pésame”; un defecto de la clase media que también se pone de manifiesto en “Amalio Espejel o la tonomanía” de Prieto. De más interés resulta para el objeto de este trabajo el artículo “Cartas del sobrino del tío Tristán”, que se publicó en El Museo Mexicano en 1844, pues en este caso el protagonista es un joven educado en Europa que vuelve a México convertido en un maniquí que desprecia a su país, que considera “inculto, incivilizado” (Tristán 290). El joven sobrino de Tristán se parece bastante al de El pobrecito hablador, seudónimo de Larra al firmar “El casarse pronto y mal”, aunque con un final feliz, como el sobrino de El Curioso parlante de “El romanticismo y los románticos”, pues el tío Tristán, después de comprobar que su sobrino no ha aprendido nada durante su viaje a Europa, le impone un plan regenerador. El autor del artículo mexicano presenta a su sobrino como tipo específico de esos jóvenes viajeros que regresan a la república “con su cabeza llena de viento”, vestidos a la última moda, banales e ignorantes y afeminados (292). Superficialidad y aires de suficiencia son también los rasgos del protagonista de “El educado en Francia” de R. de la Sierra, editado en la Revista Científica y Literaria que, en esta ocasión, es primo del narrador y que muestra a su vuelta a México no solo la inexistente instrucción que ha recibido (aunque sabe de memoria las novelas de Sue), sino su intención de no dedicarse a nada y esperar a que lo nombren ministro para volver a Europa (Sierra 327). La crítica a la dependencia de las modas extranjeras, preferentemente francesas se aprecia igualmente en “Modas” de L. T. de A., relativas a las modas femeninas y, para los varones, en “Rápida ojeada sobre los leones” de Manuel Payno, ambos publicados en El Museo Mexicano. Finalmente, reveladores pueden considerarse algunos fragmentos de las “Cartas sobre México” de Guillermo Prieto. El protagonista, un mexicano que ha vivido siempre en provincias pero que reside durante una temporada en la ciudad de México huyendo de las persecuciones políticas, tiene el propósito de convertirse en un tipo urbano y lo primero que hace es ponerse en manos de un sastre que lo viste a la francesa y de un zapatero que le vende unas carísimas botas inglesas. Jacinto Camaleón, así se llama el joven, se rodea de dos capitalinos. Con ellos pasea por la ciudad de México y se encuentra una concurrencia heterogénea (humildes parejas, familias enteras, “cesantes melancólicos”, “chinas garbosas” acompañadas de algún “lépero de tez morena”), observa el ir y venir de carruajes con diferentes tipos de la clase media mexicana y acude al teatro de Nuevo-México. En esas cartas pueden El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 289 encontrarse críticas a diferentes tipos sociales, como la mujer superficial que es todo artificio o las familias adineradas que pasean ostentando su riqueza, pero llama la atención la crítica a los extranjeros que hace Jacinto Camaleón, a los que tilda de arrogantes y altaneros: ¡Esta es la gente grande, […] ya se ve, ¡como este es un país medio salvaje! En los templos entran formando algazara, y arrellanándose en los asientos, ridiculizando cuanto ven; tratan en las casas a las señoras como rameras; […] mofan nuestras costumbres y a nuestros ojos, y hacen patente el desprecio con que nos miran; se creen de otra masa y de otra categoría; todos nos echan en cara la cultura y la grandeza de sus países, viéndose como condenados a vivir entre nosotros; y el obrero humilde de París, y el limpiador de chimeneas de Londres, y el manolo madrileño, se cree como Gulliver entre imbéciles liliputienses, que no alzan una ochava del suelo; al fin, todo esto no es culpa suya. Pero ¿no observas los que les siguen también de paltó, y andando a su imitación y todo?… Esos son mexicanos, satélites de los otros, sus parodias eternas; ninguno de esos sabe qué cosa es mole, ni nada que no sea de París y Liverpool: mentecatos, mingos de los extranjeros, blasfeman del país que les dio el ser. (“Cartas sobre México” 339-340) El mexicano devuelve la mirada arrogante de los extranjeros con observaciones despectivas hacia aquellos incapaces de respetar las costumbres del país que visitan, que se enseñorean de los mexicanos, individuos insensibles, irreverentes y maleducados. Se trata de una crítica feroz que también abarca a los mexicanos que parecen renegar de su nación con su comportamiento. 2.2. La diversidad geográfica Como señalaba, también las revistas ilustradas debían servir para mostrar la heterogeneidad de la nación y su pluralidad en su afán por integrar a todos los miembros que la forman describiendo, haciendo inventario, de la diversidad del territorio, desconocido para muchos lectores (Mora). Para ello se hacen eco de la distinción que las colecciones costumbristas inglesas, francesas y españolas hacían entre los tipos urbanos y los de las provincias, aunque Payno y Prieto utilizarán, además de los artículos de costumbres, los relatos 290 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 de viajes para mostrar las singularidades de los habitantes de las diferentes ciudades que visitan. En la colección Costumbres y trajes nacionales inserta en El Museo Mexicano se encuentran “La jarochita” del veracruzano José María Esteva y “El jarocho”, firmado por V. En el primer caso, Esteva retrata el tipo de mujer natural de Veracruz, que sirve al escritor para describir las danzas, las costumbres del cortejo y los trajes provinciales. Su propósito es, además, subrayar la autenticidad del tipo, describir su belleza, su laboriosidad y su afición al baile y confrontarlo con el tipo del jarocho, caracterizado por su indolencia y su apatía (Esteva 234). Solo un defecto tiene la jarochita para Esteva, además de una “viciosa” afición al baile, y es la costumbre de hacer velorios: “y sea dicho de paso, debería estar ya desterrada por las autoridades, pues es vergonzoso que en la culta México se vea a esos padres desnaturalizados entregarse a los desórdenes, haciendo las mayores demostraciones de júbilo ante el cadáver de sus mismos hijos” (235). Para el autor que firma con la sigla V., el jarocho pertenece “a una raza diferente de la general en la república”. Es aficionado al juego de naipes, indolente, “rutinero y poco industrioso” y, además, tiene tendencia a sacar el machete por cualquier cosa. Esta última peculiaridad es también la que representa José María Esteva en su composición poética “El jarocho” que apareció, como el texto anterior, en El Museo Mexicano. Esteva sitúa al jarocho cabalgando de camino a Medellín y cantando con su característico acento, requiriendo a una jarochita y dispuesto a sacar su navaja por cualquier cosa. El jarocho llama también la atención de Payno durante la asistencia a una representación teatral en el teatro de Veracruz en “Un viaje a Veracruz en el invierno de 1843”, relato de viajes en forma epistolar que dirige el autor de El fistol del diablo a su amigo Guillermo Prieto. Payno distingue entre veracruzanas y jarochitas. Destaca de estas últimas su “acento andaluz y gracioso” y se detiene en la descripción de su singular e inalterable indumentaria a pesar de los cambios en las modas, un rasgo curioso teniendo en cuenta el carácter “inconstante y voluble” del pueblo (561). Los veracruzanos y veracruzanas son hospitalarios y francos. Durante su estancia en la ciudad descubre por qué muchos ocupan cargos de importancia en el gobierno de la república: “son activos, de carácter ardiente y emprendedor, de maneras francas y políticas, y, además, poseen un grado superior de ilustración” (542). Sin duda, el rasgo que más satisface a Payno es el patriotismo de los veracruzanos, que se sienten mexicanos a pesar de no pertenecer a la capital y que no echan la culpa a los capitalinos de su estado de retraso estableciendo un vínculo de cohesión entre los habitantes El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 291 de ambas ciudades. Como han señalado Vega y Ortega (123) y Ferrús (94), Payno escribe “por y para un lector urbano” y capitalino. A su paso por Jalapa describe con detalle la indumentaria de las jalapeñas que destacan por su “franqueza y buen trato” y su perfecto perfil de ángeles del hogar pues no descuidan ni su higiene ni la de su casa y son esposas entregadas a sus maridos.A diferencia del deplorable cuadro capitalino protagonizado por léperos y chinas en “El populacho de México”, estos serán agradable asunto de unas páginas de “Un viaje a Veracruz” de Manuel Payno. Durante su estancia en Puebla y a propósito de la asistencia a una representación teatral, el autor de Los bandidos de Río Frío se detiene en estos dos tipos singulares justamente porque “sus trajes, sus costumbres y su género de vida son totalmente diferentes del de las otras jerarquías de México” (“Un viaje” 165). En ambos casos, estos tipos se han mantenido incólumes a pesar de las transformaciones del país. El lépero de Puebla, de Guanajuato y de Guadalajara es un tipo positivo y singular para Payno. Un perfil semejante se desarrolla para la china, “eterna compañera del lépero”, “tesoro de hermosura” (166) y dotada de una “inteligencia natural”. A diferencia del anónimo lector de “El populacho de México”, Payno tiende hacia el pueblo, una “clase abatida, pero inteligente y bien inclinada de nuestra sociedad” (167), una mirada benevolente, en su afán por convertirlo en parte del conjunto del país, en su interés por reunir también a las clases populares como parte esencial de la nación7. El escritor, aun advirtiendo algunos de los defectos de léperos y chinas, destaca sobre todo sus cualidades humanas. Solo es precisa una buena educación para cambiar sus costumbres equivocadas. Esta misma idea referida a las clases menesterosas de los pueblos de México se repite en la pluma de Guillermo Prieto en “Ojeada a varios lugares de la república. Un paseo a Cuernavaca” de la Revista Científica y Literaria publicado en 1845, en el que igualmente destaca la sencillez y honradez de las clases populares de estas ciudades de los Departamento frente a la capitalina: “El aspecto de la ínfima clase de Cuernavaca es mil veces 7 Florencio M. del Castillo inicia su breve artículo “Trajes mexicanos” incluido en México y sus alrededores (1855-1856) con aseveraciones semejantes: “Muy mal juzgada ha sido siempre la clase pobre de México; tan pronto se la pinta perezosa y depravada hasta el cinismo, como indiferente o fanática. Quién ve en cada lépero un ladrón astuto; cual otro un ser enteramente inútil, del cual no se hará nunca una entidad moral. / ¡Error! ¡Injusticia! ¡Ignorancia! // Jamás pueblo alguno ha sido tan calumniado como el de México; y jamás tampoco ha habido otro que presente elementos mejores para llegar a un grado notable de civilización y mejora” (Castillo 19). 292 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 menos desagradable que la de México; cuasi toda está regularmente vestida; y gracias a la policía, ni la embriaguez, ni la prostitución femenil, ni el ardor bélico se dan en vergonzoso espectáculo como en ese México, receptáculo nacional de vicios asquerosos” (113). En todos estos textos se advierte la mirada paternalista hacia las clases populares con el fin de aglutinar la nación desde el eje vertical de las jerarquías sociales. Si la república se construía sobre el Estado nación fundado en la soberanía popular era imprescindible tener en cuenta a todos los colectivos, a todas las clases sociales. También las meridanas son objeto de atención en El Museo Mexicano en un curioso artículo remitido por Isidro R. Gondra a la revista en el que revisa y rectifica la descripción del tipo publicada por Frédéric de Waldeck en su Voyage pittoresque et archéologique dans la province d’Yucatan pendant les années 1834 et 1835 (1838) que toma como base para su redacción junto con la ilustración del viajero francés. Gondra se detiene, como los autores anteriores, en la descripción pormenorizada de esta “mujer de clase baja”, para reivindicar, lejos de las consideraciones de Waldeck (que había sostenido que entre ellas se extendía la prostitución), que la meridana es mujer honrada, a pesar de la falta de educación y la ociosidad (Gondra 130). El artículo sobre las meridanas debe interpretarse como un intento de considerar todos los territorios de la nueva república y a todas sus clases sociales, incluso aquellos que aspiraban a formar un estado independiente. De hecho, Gondra menciona al iniciar su artículo que durante su larga estancia en Yucatán tuvo lugar justamente uno de los episodios de insurrección de la Península. Así, si como demuestra Izaskun Álvarez Cuartero, “Yucatán fue pensada e imaginada por esa elite capitalina, letrada y arrogante, orgullosa de su pasado azteca, imperial y expansionista, como una terra incognita, de frontera, salvaje e incivilizada, habitada por indios sumisos y desconfiados” (172), el artículo de Gondra se presenta como un espacio de negociación en el que el escritor capitalino, que solo tiene palabras de agradecimiento para los meridanos y campechanas, intenta rebatir con su texto algunos de los prejuicios difundidos por el libro de Waldeck. Con un propósito semejante describe Agustín Viniegra en febrero de 1846 “El carnaval en Huejutla” publicado en la Revista Científica y Literaria, extenso artículo en el que el autor relata los tres días de carnaval en esa ciudad mostrando el sincretismo entre las prácticas indígenas y las cristianas. Viniegra tiene en cuenta las tres clases sociales que la forman y se detiene en las costumbres de “los indígenas” para destacar que, a pesar “de su estado y circunstancias, […] son dóciles, pacíficos aun en la crápula, con pocas El costumbrismo en El Museo Mexicano y Revista Científica y Literaria… 293 excepciones, amigables y dedicados al trabajo” (354). A continuación, describe las guerrillas con limones con las que las mujeres de Huejutla batallan con los varones y, finalmente, las fiestas organizadas por la aristocracia en las que, en contraste con el carnaval de México, impera el orden y la sencillez. Finalmente, el autor pondera los beneficios de los valores republicanos de México unos meses antes de la guerra con Estados Unidos: “Quiera el cielo […] dar a toda la república la quietud, la libertad, la seguridad y los demás bienes que hasta hoy disfruta este pueblo afortunado” (358). Otros textos que vieron la luz en la Revista Científica y Literaria intentarán también mostrar las costumbres de los habitantes de otros territorios de frontera como Texas. Pérez Salas ya señaló la importancia que adquieren en este semanario los relatos de viajes que tienen como centro de atención la zona norte del país para dar a conocer todo el territorio nacional y, en este caso específico, la defensa de la nación, pues no debe olvidarse que la guerra con Estados Unidos por los territorios del norte era inminente (Pérez Salas, Revista 406-409). Esa circunstancia es la que inspira “Texas” y “Vida y costumbres de los salvajes” de Payno. En ambos, como había hecho Prieto en su artículo “Cuadros de costumbres”, considera la problemática situación de la delimitación del territorio de México en la frontera norte como una consecuencia de la inexistente política del gobierno español durante el período del virreinato. Entonces, España se había propuesto dejar “un inmenso desierto entre la raza española y la anglosajona” (“Texas” 169), sin pensar en la posibilidad de que la última pretendiese hacerse con el control de esas tierras. Payno se remonta al siglo XVIII y al gobierno de José de Gálvez para explicar a los lectores cómo funcionaba el sistema presidial para, a continuación, describir algunas de esas costumbres como las cacerías de caballos y cíbolos o la relación de las ferias de los indios. El interés de estos textos radica en el relato de la vida agreste de los soldados de los presidios que soportaban los duros embates de los salvajes indios. En este tipo de texto puede apreciarse la dualidad entre civilización y barbarie aplicada a las regiones de frontera en las que los indios de América del norte son descritos como extraños a México e invasores de los territorios considerados mexicanos. Por su parte, Domingo Revilla llama igualmente la atención sobre la necesidad de defender la frontera del norte y del noroeste del “avaro y orgulloso yankee y el bárbaro astuto sanguinario” (“Escenas” 253), con el fin de que no se pierdan las costumbres relacionadas con las caballadas y ganados, que defiende con orgullo pues las considera “exclusivas de este país”, a pesar de que su origen debe buscarse en la colonización (248). 294 Revista Chilena de Literatura Nº 105, 2022 3. CONCERTAR “UN CUERPO DE NACIÓN” Con el propósito de construir la nación Guillermo Prieto y Manuel Payno como directores de El Museo Mexicano y la Revista Científica y Literaria consideraban la necesidad de crear un mosaico de tipos y costumbres mexicanas que diese a conocer a todos los mexicanos la heterogeneidad de la nación al mismo tiempo que mostraba mediante las páginas de las revistas un álbum ordenado de sus imágenes. Los autores de los textos analizados llaman la atención sobre las costumbres nocivas para la república (las peleas de gallos de procedencia española, el juego, las modas extranjeras o los velorios), discriminan los tipos sociales que debieran desaparecer (pisaverdes, mayordomos, jóvenes educados en el extranjero y poco patriotas) frente a las costumbres genuinamente mexicanas o los tipos mexicanos originales (el aguador o el ranchero, como se ha visto). En el ideario político liberal, el propósito de Prieto y de Payno es el de erradicar la herencia colonial de la nación mexicana, en un continuo ejercicio de hispanofobia, así como el propósito de luchar contra la imagen que los extranjeros tenían de las costumbres nacionales. Sin embargo, los modelos literarios españoles subyacen en varios de los artículos analizados. La empresa conllevaba, además, una reforma de las costumbres pensando en las necesidades de la nueva república en las que los principios eran el progreso, la laboriosidad y la educación y en la que se daba primacía a las costumbres populares mexicanas, pero señalando aquellas que debían corregirse; una república que debía contar con los indios, que se describen como parte de la nación con una mirada paternalista, necesitados de una educación que el gobierno de la nación no les ofrece. BIBLIOGRAFÍA Fuentes primarias: Bretón de los Herreros, Manuel. “La nodriza”. El Museo Mexicano IV (1845): 302-306. 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