El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación* ❦ Miguel A. del ríO MOrillAs (Universitat Autònoma de Barcelona) [miguelangel.delrio@uab.cat • https://orcid.org/0000-0002-6600-9628] Introducción1 Las trayectorias del Partido Comunista de China (PCCh) y del Partido Co- munista de España (PCE) a lo largo de sus cien años de historia no se entienden sin tener en cuenta el «siglo de la Revolución» (1917-2017) y sus dinámicas. Un siglo marcado, entre otros, por la presencia de una de las experiencias de masas revolucionarias más importantes –el comunismo y la Revolución de Octubre– y las consecuencias sociopolíticas de la Postguerra Fría ya entrados en el siglo XXI (Fontana, 2017). Dos partidos comunistas que celebran sus aniversarios de diferente manera.2 Uno, el chino, triunfante, en el poder desde 1949, y que, tras pasar por diferentes fases, está (re)construyendo su legitimidad de origen y de desarrollo desde 1978 a través de un «socialismo con características chinas», en el que el nacionalismo han confucianista ha ido configurando el vacío dejado por el abandono del maoísmo, al calor de una hegemonía global como segunda potencia mundial. Sus celebraciones coinciden con los objetivos marcados, tímidamente, en el XVII Congreso de 2007, y más concretamente en el XIX Congreso de 2017, como el de erradicar la pobreza –obteniendo como mínimo una proporción del 3% dentro de una «sociedad inte- gral moderadamente acomodada», xiaokang– de cara a la celebración del centenario del Partido en 2021 (Golden, 2012; Beltrán, 2017; Herrera y Long, 2021). El 25 de febrero de 2021, Xi Jinping sentenció en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing que «hoy hemos completado la ardua tarea de erradicar la pobreza extrema», sin olvidar que «98,99 millones de personas han salido de la misma en los últimos ocho años» (Hao y Ma, 2021). Por otro lado, encontramos un PCE, «el partido de la guerra, la revolución po- pular y del antifranquismo» (Molinero y Ysàs, 2017; Martín Ramos, 2021), sin el cual no se podría entender la evolución de la política española, especialmente durante la transición de la dictadura franquista a la democracia; la experiencia de * [ENVIADO 2021-07-20 • ACEPTADO 2022-03-16] • dOi: https://doi.org/10.58504/rgu.36.3 Gerónimo de Uztariz, núm. 36 znb., pp. 25-46 orr. / ISSN: 1697-5081 • e-ISSN: 2952-1238 Miguel A. del ríO MOrillAs lucha antifascista y democrática en la Segunda República –Guerra Civil incluida– o bien la movilización antifranquista. Un PCE que, al igual que otros partidos euro- peos que también celebran su centenario, como el Partido Comunista Portugués o el desaparecido Partido Comunista Italiano, fue arrasado por el colapso del socia- lismo real en 1989 en Europa Oriental y la desaparición de la Unión Soviética en 1991, al contrario que el PCCh que, a pesar de sus crisis internas –como los sucesos de Tian’anmen de junio de 1989–, sobrevivió al colapso soviético con una reactiva- ción ideológica basada en un nacionalismo han confucianista (Esteban, 2007; Ollé, 2005, p. 139; Ríos, 2021, pp. 51-53). Una izquierda postcomunista en plena bús- queda –y actualización durante la era postindustrial y postmoderna– que llene el vacío dejado por la identidad de clase y que irá desde el ecologismo, el feminismo, el pacifismo o el nacionalismo, entre otros. Un PCE que celebrará su cien aniversa- rio con un hito en su intrahistoria, forjada en la clandestinidad y en la refundación constante durante sus diferentes etapas, como es la presencia de dos ministros en el ejecutivo del gobierno de coalición actual de España, Alberto Garzón y Yolanda Díaz, recordando aquel otro ejecutivo, durante la Guerra Civil española, constitui- do también por los comunistas Vicente Uribe y Jesús Hernández. 1. El Partido Comunista de China (1921-1956) El nacimiento del Partido Comunista de China (Zhongguo Gongchandang) en 1921 en la zona de concesión francesa de Shanghái viene condicionado por tres acontecimientos históricos claves para determinar sus orígenes, a saber: el tratado de Versalles que pondría fin a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Revolución de Octubre de 1917 y el «Movimiento del 4 de Mayo» de 1919 (wusi yundong). Al estallido popular –principalmente de estudiantes– en contra de la no devolución de la ciudad de qingdao a China por parte de los aliados en el tratado de Versalles, se le unió un movimiento de renovación cultural y política que buscaba la ansiada modernización de la nación a través de la adopción de nuevas culturas políticas –liberalismo, socialismo, anarquismo, entre otras– y de estudios científicos y técni- cos occidentales, alejados de la cultura tradicional humanística confuciana, deno- minado Movimiento de la Nueva Cultura. El eje vertebrador de ese movimiento sería la revista Nueva Juventud (Xin Nianqing) de Chen Duxiu, futuro miembro fundador del PCCh y primer secretario general. Dicha publicación se convertiría también en el lugar de encuentro de otros intelectuales –no necesariamente futuros comunistas–, como el renovador y democratizador de la escritura china Hu Shi o el rector de la Universidad de Beijing, Cai Yunpei.3 La ya de por sí convulsa andadura histórica de la República de China, constituida en 1912 mediante la Revolución de Xinhai, vería nacer, en ese contexto de explosión popular e intelectual, y teniendo ya como referente una parte importante de ese movimiento, la primera experiencia de masas revolucionaria marxista que estaba construyendo el primer estado obrero de la historia: la Rusia soviética y su Revolución de Octubre liderada por Lenin.4 26 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación Muchos intelectuales destacados, entre ellos Chen Duxiu, así como otros miembros relevantes del futuro PCCh, como Li Dazhao, atraídos por la experiencia sovié- tica, encontraron en el marxismo bolchevique una doble vertiente nacional y de clase como instrumento de liberación nacional ante las injerencias de las potencias colonizadoras en territorio chino desde el siglo XIX, y como instrumento revolu- cionario para modernizar China.5 En este sentido, los primeros comunistas chinos encontraron similitudes con el contexto ruso: el pasado autócrata, la composición de una sociedad eminentemente agrícola y el fracaso de su revolución liberal. Es en ese contexto que nace oficialmente el PCCh, el 23 de julio de 1921, en su I Congreso Nacional, al que asisten doce delegados en representación de cincuenta y tres miembros de siete ciudades diferentes, de entre los que destacaron Chen Duxiu, nombrado secretario general; un joven Mao Zedong, procedente de Changsha; Li Da o Zhang Guotao, entre otros, así como la presencia de observadores de la In- ternacional Comunista como G. Maring y Voitinsky. Lo hace, además, de manera semi-clandestina y sin ser escisión de ningún partido socialista –como sí correspon- día a la mayoría de los casos europeos–. Su creación se lleva a cabo con el objetivo de «derrocar la burguesía con el concurso del ejército revolucionario del proletaria- do», «adoptar la dictadura del proletariado», «abolir el sistema de propiedad privada del capital» y «unirse a la III Internacional» creada en 1919 en Moscú (Hu, 1994, pp. 40-41).6 Tras la formación del PCCh, y con los objetivos marcados, el joven comunismo chino, guiado por la Komintern, realizaría su II Congreso también en Shanghái en 1922, entre el 16 y el 13 de julio, en un clima interior marcado por la inestabilidad institucional y territorial derivada de las luchas entre las facciones/ camarillas de los diferentes Señores de la Guerra e, internacionalmente, por la Con- ferencia de Washington (1921-1922). En este segundo congreso se determinaron unos objetivos que venían a edificar, de una manera cada vez más concreta, los ya referidos, llevados a cabo durante el primer congreso, como que la naturaleza del movimiento comunista se centraba en una «revolución democrática» que derrocara al imperialismo y a los «Señores de la Guerra feudales», siendo el motor de esa acción y el ímpetu para ello la unión de las «clases trabajadoras, campesinos, pequeña bur- guesía y burguesía nacional». El objetivo común de todos ellos era unificar China como paso previo a la creación y desarrollo del socialismo y comunismo en el país. En el segundo congreso se remarca también la integración en la III Internacional y la apuesta decidida por el marxismo-leninismo bajo la dirección de su secretario ge- neral Chen Duxiu, y la ayuda –y guía– de la Komintern (Huang, 2020, pp. 23-29). Al igual que otros partidos comunistas surgidos alrededor del mundo, el inicial PCCh se caracterizó por su ortodoxia ideológica, por su escasa militancia y presen- cia pública, así como por estar integrado por intelectuales. Un paso importante para la ampliación del radio de acción vino determinado por las directrices de la III In- ternacional, que abogó por un pacto entre el PCCh y el Partido Nacionalista Chino (Guomindang, GMD), liderado por Sun Yat-sen, con el objetivo de sacar adelante 27 Miguel A. del ríO MOrillAs la unificación territorial de China como parte de la revolución democrática contra los Señores de la Guerra. El pacto conocido como Sun-Joffe de enero de 1923 abrió una etapa de colaboración nacionalista y comunista –con supervisión de M. Boro- din y V. Blücher– bajo el nombre de Frente Unido o primera colaboración entre PCCh-GMD (1923-1927).7 Esta nueva fase de colaboración fue sancionada por el III Congreso del PCCh (en Guangzhou), en el que, con la presencia de treinta delegados que representaban a 420 miembros, un joven Mao Zedong se posicionó por detrás de Chen Duxiu en el politburó del Partido. Fue una etapa de crecimien- to para el PCCh tanto en su militancia como en su radio de acción. Así, llegaron a 1927 con casi 58 000 militantes y con participación en diversas insurrecciones obreras y huelgas, a lo que habría que añadir la movilización estudiantil a través de su organización juvenil (aunque en 1927 los obreros jóvenes ya representaban un 40% de la formación), así como la movilización de más de 1 200 000 obreros para la causa comunista y de lucha contra los Señores de la Guerra junto al GMD (Bianco, 1999, pp. 77-78). Es en ese contexto de expansión que, en el IV Congreso del PCC, realizado en Shanghái en 1925, se amplía la lucha comunista más allá de la clase industrial obrera, que sigue siendo el sujeto revolucionario, para reafirmar la necesidad de campesinos y burguesía en la lucha, como ya se había anunciado en su II Congreso (Ríos, 2021, pp. 13-14). A pesar de las dinámicas ganadoras del Frente Unido,8 especialmente en las cam- pañas contra los Señores de la Guerra en la Expedición del Norte (1925-1927), el pacto implosionó cuando los sectores anticomunistas del GMD, liderados por Chiang Kai-shek –el sucesor de Sun Yat-sen, muerto en 1925–, aprovecharon la sinergia militar triunfante para descabezar el centro de acción comunista: Shanghái. En el conocido como el «Incidente del 12 de abril» de Shanghái, las fuerzas milita- res de Chiang Kai-shek aniquilaron todo vestigio relacionado con el movimiento obrero y sindical, independientemente de su ideología. Un golpe inesperado para un PCCh que ya había visto con pasividad cómo sus miembros habían sido expul- sados del gobierno de coalición de Nanjing por parte de Chiang Kai-shek, al igual que los elementos izquierdistas del GMD como Wang Jingwei, para formar así un gobierno dictatorial, anticomunista y fascistizado en la conocida como Década de Nanjing (1927-1937).9 La represión nacionalista se amplió a diversas zonas comu- nistas, dando lugar a una diseminación de las bases comunistas y la consecuente finalización de la primera colaboración entre PCCh y GMD, a la vez que se iniciaba la primera fase de la Guerra Civil china entre ambos partidos, entre 1927 y 1937. En ese contexto tan convulso para el PCCh tiene lugar su V Congreso en Wuhan (1927), en el cual da comienzo una crisis interna que acabará con la destitución de Chen Duxiu como máximo dirigente del PCCh y el inicio de una etapa de lide- razgo conocida como la de los «28 bolcheviques», quienes, con el apoyo de Moscú, mantenían la ortodoxia soviética en pro del proletariado urbano como elemento central revolucionario. 28 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación El comunismo chino entra así en una nueva fase caracterizada por la clandesti- nidad; la guerra de guerrillas del naciente Ejército Rojo contra los nacionalistas y los Señores de la Guerra; y la ascensión de una figura clave, Mao Zedong, tras la «Insurrección de la Cosecha de Otoño» en septiembre de 1927 en el sur de Hunan. Mao –que fracasaría en su insurrección, al contrario que la realizada en Nanchang el 1 de agosto de 1927 por las bases comunistas lideradas por He Long y Zhou En- lai– comienza a teorizar, en sus bases limítrofes entre Hunan y Jiangxi, sobre la im- portancia del campesinado como sujeto revolucionario por encima del proletariado urbano y sobre la guerra de guerrillas no urbanas junto a Zhu De.10 Sería durante el conocido periodo de Jiangxi (1927-1931) que tendría lugar el VI Congreso del PCC en 1928, pero, en este caso, en Moscú, al amparo de la Komintern y ante una situación de tirantez entre los sectores ortodoxos pro-Moscú, liderados por el nuevo secretario general Xiang Zhongfa (en 1930, su sucesor, Li Lisan, seguirá la priori- dad de la lucha en las grandes ciudades con apoyo del proletariado), y los sectores afines a adaptar la lucha comunista a las características chinas. Omitiendo las directrices generales, Mao lidera una de las experiencias más inte- resantes de ese periodo inicial del comunismo chino: la República Soviética China con capital en Ruijin, en la que Mao es nombrado presidente en 1931. Realmente se establecía como una zona de dirección de diversas zonas comunistas dispersadas por Jiangxi, Fujian, Hubei, Henan, Anhui y Zhejiang, desde donde aplicar y gestio- nar las políticas «heterodoxas» de Mao, a la par que hacer frente a las campañas de exterminio lideradas por el GMD –bajo asesoramiento de militares nazis alemanes– (Kirby, 1984, p. 103), siendo hasta un total de cuatro las repelidas por el PCCh, a excepción de la quinta. Esta última campaña implicaría uno de los grandes hitos del comunismo chino y de los líderes de la futura Nueva China, a saber: la Larga Mar- cha (octubre de 1934-octubre de 1935). Tras ser acechadas por nacionalistas, Seño- res de la Guerra y japoneses11 a lo largo de 12.000 km y doce provincias, las tropas comunistas, procedentes de Jiangxi, llegarían a su nueva base en el norte de China, concretamente a Yan’an (provincia de Shaanxi). Fue allí donde, en diciembre de 1936, Mao reorganizaría su gobierno y su República Soviética China (Soviet de Yan’an, 1935-1947) con una nueva autoridad que le había conferido previamente la reunión de Zunyi de enero de 1935, donde Mao se hizo, de facto, con el control del PCCh, mientras se alejaba aún más de los postulados de los sucesivos secretarios oficiales como Bo Gu, Wang Ming o qin Bangxian, pero no de Zheng Wentian, quien sería secretario general entre 1935 y 1943, y uno de los valedores de Mao.12 Ante la nueva base comunista, el PCCh de Mao, Zhou Enlai y Zhu De se en- frentaría a un nuevo paradigma como sería el inicio de la Segunda Guerra Mundial (región Asia Oriental) con la invasión japonesa de China tras el «Incidente del Puente de Marco Polo» el 7 de julio de 1937, así como el inicio de la Segunda Gue- rra Chino-Japonesa (1937-1945). Los comunista, desde 1931, habían declarado la guerra a Japón y estaban ofreciendo una declaración de paz al GMD para combatir 29 Miguel A. del ríO MOrillAs juntos a los japoneses, aunque no obtuvieron respuesta hasta que, desde dentro de las propias fuerzas militares del GMD –en concreto, los generales Zhang Xueliang y Yang Hucheng–, obligaron a Chiang Kai-shek a firmar a regañadientes un nuevo pacto con el PCCh –Zhou Enlai fue el designado– para hacer frente a los japoneses y dar por finalizada la primera fase de la Guerra Civil china en el conocido como «Incidente de Xi’an» de diciembre de 1936.13 Fue durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, con un Ejército Rojo basado en una táctica de guerrillas y con una cada vez más amplia base de apoyo de campesinos a la causa comunista –que unía nacionalismo popular chino y lucha de clase– frente al avance de los japoneses y la inacción del GMD –que contaría con apoyo militar de los Estados Unidos, especialmente a partir de 1941 en Chon- gqing–, cuando el PCCh asumió definitivamente la ascensión de Mao Zedong como máximo dirigente e instauró el «pensamiento Mao Zedong» como base de la «adaptación del comunismo a las condiciones de China» y el alejamiento de la ortodoxia soviética de Moscú. La reunión de Yan’an de mayo de 1942 iniciaba una de las primeras movilizaciones ideológicas de masas del comunismo chino, a saber: el Movimiento de Rectificación de Yan’an (1942-1945) (Hua, 2018, p. 319). En este sentido, supondría un punto de inflexión en la tensa relación histórica entre el PCCh y la intelectualidad, que se mantendría en la Nueva China de Mao, y cuyo origen se remontaba a las dinámicas imperiales basadas en el papel de la intelectua- lidad como crítica legítima confucianista contra la autoridad (Grieder, 1983). Asimismo, justo antes de finalizar la guerra, tendría lugar el VII Congreso del PCCh en Yan’an (del 23 de abril al 11 de junio de 1945), en el que 554 delegados que representaban a 1,2 millones de militantes vieron fijados los objetivos de la construcción de la «Nueva China», la victoria final en la «Guerra de Resistencia» y la «profusión del pensamiento Mao Zedong, el marxismo-leninismo» (ambos co- dificados en los estatutos del Partido) (Liu, 1980). Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial –y con ella la Segunda Guerra Chino-Japonesa–, el PCCh, a pesar de no obtener el reconocimiento internacional como luchador antijaponés –que fue otor- gado a Chiang Kai-shek como presidente de la República de China–, consolidó su poder gracias al control de varias provincias norteñas, entre ellas Manchuria –ad- ministrada por los rusos–, la administración de más de 90 millones de campesinos y la gestión de un ejército de 90 000 efectivos, aproximadamente. En ese panorama post-bélico tendría lugar la segunda fase de la Guerra Civil china (1946-1949) entre PCCh y GMD ante el fracaso de las conversaciones: pri- mero cuatro entre Mao y Chiang Kai-shek y, posteriormente, a tres bandas entre el general Marshall (representante de Estados Unidos), Zhou Enlai (PCCh) y Zhang qun (GMD). La piedra de toque sería el control de Manchuria y estaría ligada a una primera fase de victorias nacionalistas, con el apoyo de Estados Unidos, hasta julio de 1948. A partir de ese momento, el antiguo Ejército Rojo, ahora ya denomi- nado Ejército Popular de Liberación (Zhongguo Renmin Jiefangjun), cambió las di- 30 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación námicas a su favor con las campañas militares lideradas por Lin Biao, Chen Yi y Liu Bocheng, implicando la batalla de Huaihai la derrota definitiva de los nacionalistas y la retirada posterior de Chiang Kai-shek –y con él la República de China– a la isla de Taiwán. Todo ello acabaría con la icónica imagen de Mao Zedong proclamando el nacimiento de la República Popular de la China (Zhonghua Renmin Gongheguo) en la plaza de Tian’nanmen el 1 de octubre de 1949, cuando aún no había finaliza- do oficialmente la guerra.14 El nacimiento de la Nueva China, dentro del contexto internacional de la Gue- rra Fría, traería aparejado paulatinamente un mimetismo entre el propio Estado y el PCCh, a pesar de la existencia –y su presencia en el gobierno– de partidos políticos y organizaciones revolucionarias no comunistas, como bien quedaría codificado en la Conferencia Política Consultativa del Pueblo Chino de septiembre de 1949, dentro de lo que sería conocido como «sistema de cooperación multipartidista bajo el liderazgo del PCCh» y su expresión programática común (Liu et al., 2015). Bajo la presidencia de Mao, como principal miembro del Estado y del Partido, la joven república sacó adelante «la nueva democracia» (colaboración interclasista y coexis- tencia entre sectores/modos económicos) e impulsó la expansión del PCCh a todos los niveles de la esfera pública y estatal. El PCCh se sumergió en lo que sería la base del maoísmo con la lucha de clases permanente, la movilización de las masas (cam- pañas), la autosuficiencia, el igualitarismo y el voluntarismo como fuerzas motoras del Estado/PCCh, a lo que habría que añadir ciertos atisbos de choque con algunos movimientos intelectuales (Lieberthal, 2004). En cuanto a las primeras campañas de masas, desatarían las referentes a la «Re- forma Agraria» entre 1950 y 1952, con la redistribución y expropiación de grandes tierras, así como juicios populares a grandes terratenientes; la supresión de fuer- zas «contrarrevolucionarias» de 1951, especialmente contra elementos del GMD y miembros de clases altas, y, en general, «enemigos del pueblo»; la ley de matrimonio de 1951, donde se aceptaba la igualdad jurídica de hombres y mujeres, el divorcio, la prohibición de matrimonios concertados, entre otros; las campañas de 1951- 1952 de los «Tres Anti», contra los cuadros del Partido, a fin de luchar contra la malversación, el derroche y la burocracia, y la de los «Cinco Anti», focalizada en las fuerzas capitalistas y burguesas, contra el soborno, el robo de la propiedad estatal, la evasión de impuestos, el fraude en la mano de obra o en los materiales y el robo de información económica reservada del Estado; o la «Reforma del Pensamiento de los Intelectuales», dirigida a los cuadros del Partido y a intelectuales, que buscaba un re-adoctrinamiento para «sanear su espíritu revolucionario» y dejar atrás lazos con la antigua sociedad y valores, de 1951-1952 (Fairbank, 1996; Sáiz, 2001; Paulino y Cordeiro, 2021). Estas campañas permitieron, desde la vertiente institucional, acabar de complementar el cuerpo jurídico-político de la República Popular de la China (RPC) con la proclamación de la Constitución de 1954, dictaminándose la RPC como «un Estado de democracia popular, basado en la alianza obrero-cam- 31 Miguel A. del ríO MOrillAs pesina» y el PCCh el gran motor del «Frente Unido Democrático Popular» (Ríos, 2021, pp. 54-55). Mientras tanto, en la vertiente exterior, a pesar de estar fuera de las organiza- ciones mundiales hegemónicas (Naciones Unidas, entre otras) en detrimento de la República de China (en Taiwán), y del escaso reconocimiento diplomático de países no comunistas, se lanzaría a una actividad de perfil alto gracias al Tratado de Amistad, Alianza y Cooperación con la Unión Soviética de 1950 –que reportaría a la China de Mao técnicos y especialistas soviéticos en una fase de reconstrucción del país–; la intervención china en la Guerra de Corea (1950-1953); el intento de «reconquista» de Taiwán durante la primera crisis del estrecho de Taiwán (1954- 55); la participación en la conferencia de Bandung de 1954 –con Zhou Enlai como representante de la RPC y la apuesta por los países del Tercer Mundo no alineados en la Guerra Fría y los «Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica»–; o la ayuda a los comunistas vietnamitas en la Guerra de Indochina (1946-1954).15 Llegados a 1956, con un Primer Plan quinquenal (1953-1957) que abría una nueva etapa de construcción del socialismo mediante la colectivización agraria y la priorización de la industria pesada, a la par que se iniciaban nuevas campañas de masas,16 se llegaría a un punto de inflexión determinado por el contexto interna- cional comunista: el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) de febrero de 1956. En él se criticó el culto a la personalidad (a Stalin) y se abogó por una nueva política internacional de «coexistencia pacífica» entre el capitalismo y el comunismo –Jruschov afirmó que el socialismo se impondría al capitalismo por el peso de la historia–, a la vez que se apostaba por las acciones parlamentarias y no revolucionarias de los partidos comunistas mundiales. Todo ello implicó un terremoto político en el campo socialista –que seguiría en la Con- ferencia de Partidos Comunistas y Obreros reunidos en Moscú de noviembre de 1957, marcada por las consecuencias, entre otros, de los levantamientos en Hungría y Polonia–, especialmente en el chino, que interpretó tal acción como un acto de revisionismo y de claudicación del comunismo ruso ante su propia historia y ante el imperialismo estadounidense –«el tigre de papel», que diría Mao en julio de 1956–, iniciando el camino hacia la ruptura chino-soviética de 1959.17 En el contexto de ese impacto internacional comunista tuvo lugar el VIII Con- greso del PCCh en Beijing (septiembre de 1956), el primero dentro de la RPC y con la presencia de más de mil delegados, que representaban a más de diez millo- nes de militantes, así como la de diferentes delegaciones extranjeras de partidos políticos (más de cincuenta, entre ellas la del PCE). En el congreso se abogó por la reforma colegiada del Partido y se omitió cualquier culto a la personalidad de Mao, haciéndose incidencia en el concepto de «venir de las masas e ir a las masas» por parte de Deng Xiaoping, el cual fue designado secretario general del Partido. También se presentaron las bases de un Segundo Plan quinquenal, con referencias, por parte de Zhou Enlai, a la aceleración de la producción agrícola y, por parte de 32 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación Liu Shaoqi, al avance en el proceso de construcción del socialismo «sobre las diez grandes relaciones». Mao, que también participó directamente el en congreso con el discurso de apertura mientras veía cómo se retiraba de los estatutos del Partido la referencia al «pensamiento Mao Zedong», dejó la puerta abierta a la creación de una figura honorífica de presidencia dentro del PCCh y remarcó la necesidad de que la figura de presidente y de vicepresidente de la RPC solo fueran reelegidas una vez. Todo ello respondía a un claro intento de separar, hasta donde fuera posible dentro del sistema, las figuras del Estado y del Partido, así como de descentralizar el poder del Partido hacia las autoridades locales (Anguiano, 2001; qian, 2015, 2020). Un Mao, en definitiva, que aparentemente pudiera parecer que estaba dando un paso al lado, pero que, en realidad, estaba preparando en aquellos instantes la próxima gran campaña de masas –sin olvidar la «Anti-Derechista» de 1957–, que debería llevar a la Nueva China –cada vez más alejada definitivamente de la Unión Soviética– a los niveles de las grandes potencias occidentales en lo que a industrialización se refiere: el Gran Salto Adelante (1958-1961). 2. El Partido Comunista de España (1921-1956) La historia del PCE hasta 1956 está determinada por diferentes fases de recons- trucción y de dinámicas internas, establecidas por una primera etapa de radicali- zación, soledad y cerrazón bolchevique entre 1921 y 1932; una segunda etapa de política de masas, frente-populismo y de apuesta por la defensa de la «República y de la revolución democrática y popular» entre 1934 y 1939; y una tercera etapa, entre 1939 y 1956, de tránsito de la lucha guerrillera y la resistencia a la adaptación de la política de «Reconciliación Nacional» que configuraría el camino del «partido del antifranquismo».18 Lógicamente, el impacto internacional de la Revolución de Octubre de 1917 junto a la no participación de España en la I Guerra Mundial jugó un papel deter- minante sobre una parte de la joven generación de marxistas integrada en el PSOE –los futuros leninistas «terceristas» –, que verían en la III Internacional, nacida en 1919, una nueva referencia desde la que superar las crisis de la II Internacional, en un contexto español determinado por la crisis social, económica, militar, política e institucional que vivía el sistema de la restauración de Alfonso XIII, especialmente tras la crisis española de 1917, donde lo relacionado con la movilización obrera dictaminaba, en gran medida, la dinámica general momento.19 El comunismo español nacería como escisión del socialismo marxista del PSOE, en un contexto de luchas por hegemonías dentro del movimiento obrero con los anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), teniendo que buscar un espacio propio para su proyecto político (Cruz, 2021). La experiencia del naciente primer estado obrero de la historia y de su revolución fue el motor para que las juventudes socialistas (Federación de Juventudes Socialistas) decidie- ran adherirse a los veintiún puntos de la III Internacional en 1919, en el congreso 33 Miguel A. del ríO MOrillAs extraordinario del PSOE de ese año, mientras que el PSOE, que había saludado efusivamente la revolución rusa en su XI Congreso de 1918, dejaba abierta una futura adhesión a la espera de una posible fusión entre una (reconstruida) II y la III Internacional, tal como defendía Julián Besteiro. Las juventudes socialistas, en ese contexto dubitativo del PSOE, fundarían el Partido Comunista Español (PC Español) el 15 de abril de 1920, con miembros destacados como Ramón Merino García, Juan Andrade o Eduardo Ugarte, siendo su órgano de expresión El Comu- nista y contando con unos 3500 militantes en 1921. Llegados al congreso extraordinario de abril 1921, con un PSOE que debatía a qué Internacional adherirse –debate en el que jugaron un papel importante los en- viados de la Komintern como M. Borodin, persona clave en el naciente comunismo chino–, y a pesar de un previo amago de adhesión circunstancial a la III Internacio- nal, se establece finalmente la adhesión a la II Internacional y la salida de los par- tidarios de adhesión a la Komintern. Estos fundarían el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) bajo la dirección de Antonio García quejido, Manuel Núñez de Arenas u Óscar Pérez Solís con una cifra de entre 4000 y 4500 militantes. En esa dinámica, y ante las directrices de la Komintern sobre la existencia de un único partido comunista por estado, el PC Español y PCOE –con las consecuentes luchas internas sobre si debería ser una integración de igual a igual o una integración del PCOE al PC Español– se funden en un único partido: el Partido Comunista de España (PCE), a fecha de 14 de noviembre de 1921, con Antonio García quejido como secretario general –procedente del PCOE y destacado ugetista–, La Antorcha como órgano de expresión y la Unión de Juventudes Comunistas de España como organización juvenil (Martín Ramos, 2021; Erice, 2017). La primera fase de existencia del PCE, entre su I Congreso de 1921 y su II Congreso de 1923 –entrando en la clandestinidad, con el inicio de la dictadura de Primo de Rivera, en diferentes grados–, se caracterizó por ser la de un grupo de escasa militancia, con poca presencia en las masas, con una errática política sindical en la que no había una propuesta o proyecto claros entre la hegemonía ugetistas y cenetista, más allá de querer controlar e incidir sobre ambas, y una concepción de revolución entendida como insurrección, pero con una fe abnegada en el trabajo como «vanguardia obrera» y la vista puesta en unas directrices de la Komintern que no se avenían con el contexto del PCE como era el del «frente único obrero». Las cambiantes directrices de la Komintern no parecían fáciles de aplicar para un PCE con un radio de acción bajo y ante una Komintern quejosa de la pasividad del Partido, especialmente ante la poca movilización contra la guerra de Marruecos. En esa tesitura se llevó a cabo la denominada «bolchevización» del PCE a partir de 1924, iniciándose un periodo de consignas basadas en la «no colaboración con la burguesía» y de lucha contra los «social-fascistas», bajo la dirección en la secretaría de Óscar Pérez Solís y de Joaquín Maurín, los cuales serían detenidos por la policía en 1925 junto a otros camaradas (Elorza y Bizcarrondo, 1999, p. 28).20 34 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación Con la llegada del III Congreso en 1929, en el exilio, con una dirección del Par- tido liderada desde 1925 por José Bullejos, se conceptualizó que la clase proletaria debería dirigir a las masas obreras hacia una «revolución democrático-burguesa», y se le dio importancia a la necesidad de la presencia del PCE en las zonas obreras destacadas del país. En ese sentido, será clave la figura de José Díaz –originario de la CNT– desde Andalucía, quien se convertirá en uno de los motores de ese contacto e influencia real entre PCE y masas obreras sobre el territorio. En ese nuevo contex- to de 1929, con una crisis mundial –a la par que política, social e institucional de la propia dictadura de Primo de Rivera– por los movimientos acontecidos dentro del comunismo soviético entre la «revolución permanente» y «la revolución en un solo país», el PCE llegaría solo al advenimiento de la Segunda República con me- nos de mil militantes distribuidos entre Vizcaya, Andalucía, Cataluña y Asturias, principalmente, y fuera de las plataformas republicanas agrupadas en torno al pacto de San Sebastián de 1930, y sin dejar de reflejar en su retina la experiencia y vía revolucionaria bolchevique (Martín Ramos, 2021).21 Con la llegada de la Segunda República el 14 de abril de 1931,22 el PCE siguió con la lectura dogmática de las consignas del «clase contra clase» emitidas por la Komintern, y consideró la República como un enemigo al que abatir al grito del bien conocido «¡Abajo la República burguesa de los capitalistas, los generales y el clero! ¡Por la República de los soviets de obreros, soldados y campesinos!». Ya en 1932, con José Díaz como secretario general escogido en el IV Congreso, y miem- bros como Dolores Ibárruri, La Pasionaria, o Antonio Mije, se inició un cambio de rumbo hacia una auténtica política de masas, con especial énfasis en la línea sindical y la intelectualidad revolucionaria.23 Un año más tarde, en 1933, y fruto de acontecimientos clave como el intento de golpe de Estado de Sanjurjo de 1932 en el contexto del debate del Estatuto de Autonomía catalán, el auge del fascismo in- ternacional y el bienio radical-cedista, el PCE empieza a posicionarse a favor de un frente de acción, que superase «el frente único por la base» y el «social-fascismo», y que estableciera un frente unido y popular contra el fascismo a favor de la democra- cia, entrando, con ello, en la formación de Alianzas Obreras –de manera desigual– junto a otras fuerzas obreras entre 1933 y 1934, que serán determinantes para los hechos de octubre de 1934.24 Esta nueva política frente-populista sería apoyada y hecha política comunista internacional en el VII Congreso de la Internacional Comunista de 1935, dirigido por Dimitrov, dándose como hecho una política de defensa de la «revolución democrático-burguesa» a través del frente-populismo an- tifascista. Tras esa dinámica se llegaría a las elecciones de febrero de 1936, en las que el PCE, tras la represión gubernativa sufrida junto a las fuerzas participantes en los hechos de octubre de 1934, apoyaría las candidaturas del Frente Popular activa- mente y obtendría diecisiete candidatos, que suponían un éxito tras los fracasos en solitario en las elecciones de 1931 y 1933 (Cruz, 1987, p. 217). 35 Miguel A. del ríO MOrillAs El nuevo gobierno frente-populista, con Azaña como nuevo presidente de la República, tuvo que enfrentarse al intento de golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 por parte de las fuerzas sociales y políticas de la derecha autoritaria y del fascismo, así como a una guerra civil que duró hasta el 1 de abril de 1939. Hasta entonces, el PCE había ido ganando apoyos y militantes más allá del núcleo ori- ginal, llegando a la cifra de 50 000 militantes y presentándose como un partido disciplinado, defensor de la República y de los valores democráticos y antifascistas que representaba, matizando el discurso de «clase» por el más amplio de «pueblo trabajador».25 Tras el vacío de poder acontecido tras el fracaso del golpe, y la for- mación de comités/consejos antifascistas, el PCE se posicionó rápidamente por la estabilidad de todas las instituciones republicanas a través de los gobiernos frente- populistas, a los que apoyaba desde fuera, y supuso un cambio de paradigma –tam- bién para la Komintern– la entrada de dos comunistas en el consejo de ministros del socialista Largo Caballero en septiembre de 1936: Vicente Uribe en la cartera de Agricultura y Jesús Hernández en la de Instrucción Pública y Bellas Artes. Estas medidas tenían por objetivo acabar con la dualidad de poder existente y ganar la guerra. Los conflictos de las fuerzas antifascistas no se hicieron esperar, y estuvieron presentes desde el inicio de la guerra, debido a las diferentes prioridades ideológicas existentes o a cómo se debería combatir al fascismo, siendo uno de los focos más ca- lientes de la implosión frente-populista los hechos de mayo de 1937 en Barcelona. El debate sobre creación y militarización de un Ejército Popular profesional, basado en el quinto Regimiento –que se basó, a su vez, en las milicias Antifascistas Obreras y Campesinas–, que sustituyera las milicias y que fuera más allá del voluntarismo de las Brigadas Internacionales, se tornó tardío en un contexto bélico determinado por la intervención fascista internacional, la inacción de las fuerzas democráticas europeas y los vaivenes del apoyo soviético a la causa republicana.26 Todo ello aca- baría con la victoria de Franco y la derrota de la causa republicana el 1 de abril de 1939, y con el PCE, el «partido de la guerra», en una nueva fase de clandestinidad, represión, exilio y lucha en el contexto internacional de la Segunda Guerra Mundial en Occidente (1939-1945). En un nuevo contexto interno, basado en la clandestinidad y la alta represión del régimen franquista, y un contexto exterior basado en el exilio y la dispersión de sus cuadros y dirigentes entre la Unión Soviética, México, Francia o el norte de África, entre otros, en el marco bélico de la Segunda Guerra Mundial, el PCE trata, en el interior, de reestructurar el Partido –destaca en ello el caso de Heriberto qui- ñones desde Madrid–, a la vez que utilizar la táctica guerrillera, mientras que, en el exterior, intenta seguir con la política del frente-populismo y la «revolución espa- ñola», en un ambiente cada vez más anticomunista –especialmente a raíz del pacto Ribbentrop-Mólotov de agosto de 1939–, tras el fracaso de su política unitaria de la Unión Nacional Española de 1942-1945, con Jesús Monzón como gran valedor desde Francia. En 1942 tiene lugar un cambio en la estructura dirigente del Partido 36 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación cuando José Díaz, que fallece en Moscú, es substituido en la secretaría general por Dolores Ibárruri, mientras que Santiago Carrillo es nombrado responsable de orga- nización del PCE en el interior, momento que coincidirá con el intento frustrado, dirigido por el PCE, de la invasión del Valle de Arán en 1944 («Operación Recon- quista de España») por parte de las agrupaciones guerrilleras del interior y el apoyo de la Agrupación Española de Guerrilleros (AGE) de la resistencia francesa.27 El fracaso de la acción del Valle de Arán, la espera de una ayuda de las fuerzas occidentales que nunca llegó para derrocar la dictadura franquista y una nula mo- vilización popular interior, dejó al PCE con la necesidad de reorganizar su política contra Franco. Dicha necesidad se veía acrecentada especialmente ante la supervi- vencia de un fascismo residual –como el franquismo–, en una etapa internacional regida por la derrota de los fascismos acontecida en 1945, y ante la inacción de unas fuerzas aliadas que no estuvieron dispuestas a propiciar un cambio de régimen en España en aras del equilibrio de fuerzas entre la Unión Soviética y las potencias occidentales en el nuevo contexto de la Guerra Fría.28 El viejo paradigma de fascis- mo contra antifascismo se tornaba ahora en anticomunismo contra comunismo, implosionando, pervirtiendo y redefiniendo las alianzas internacionales y políticas mundiales. El PCE no fue ajeno a esta lucha. Mientras seguía colaborando activamente en su idea del viejo frente-populismo –Santiago Carrillo seria ministro sin cartera de los primeros gobiernos en el exilio de 1946 y 1947– y a la espera de un contexto internacional activo que pudiera poner fin a un franquismo excluido de los orga- nismos internacionales y aislado diplomáticamente entre 1945 y 1947, el Partido reconfiguraría su política contra la dictadura dejando de lado la acción guerrillera –que seguiría residualmente hasta los años cincuenta– y empezaría una etapa de política activa en el interior, basada en las masas en aras de la movilización social. Se priorizó la política interior, especialmente en las zonas de trabajo y aprovechando los estrechos resquicios que la Organización Sindical Española (OSE) ofrecía a la actividad camuflada comunista a través del «entrismo». Las huelgas del textil en Cataluña –por ejemplo, la de Manresa de 1946 con una llamada a la huelga gene- ral– o las de Madrid de 1947, así como el movimiento huelguístico de 1951 –de especial interés fue la huelga de Tranvías de Barcelona– con llamadas también a la huelga general, visualizarían una nueva fase de la oposición a un franquismo cada vez más contestado social y políticamente, al contrario que en el contexto exterior, donde empezaría a canalizarse la supervivencia internacional del régimen con los futuros pactos de 1953 entre Estados Unidos y España y la entrada en Naciones Unidas (1955). En esa tesitura se llega a 1954 con la realización del IV Congreso del PCE, con Dolores Ibárruri al frente y un Santiago Carrillo con cada vez más poder y protagonismo, y el gran cambio o redefinición de la lucha comunista espa- ñola a través del análisis de la actualidad del país y de la metodología para derrocar al régimen franquista –lo cual trajo consigo aparejadas diversas tensiones internas–. 37 Miguel A. del ríO MOrillAs Es aquí donde la política de «Reconciliación Nacional» se haría oficial en junio 1956 –coincidiendo históricamente con el XX Congreso del PCUS, así como con las movilizaciones estudiantiles de Madrid–, cuando se apostó por una unión de todas las fuerzas a favor de la democracia y de un cambio democrático y pacífico de régimen, a la par que se hacía un llamamiento también a las fuerzas activas sociales, políticas y militares que habían apoyado la causa de Franco y que ahora se sentían defraudadas, o a esas nuevas generaciones que no vivieron la Guerra Civil española y que tenían presencia en el movimiento obrero o estudiantil (universitario). Se interpretaba que el cambio de régimen no sería un proceso inmediato y violento, y que se necesitaría de antemano una acumulación de fuerzas para una transición a la democracia burguesa como paso previo al objetivo de una futura sociedad so- cialista.29 A modo de epílogo: puntos de encuentro entre PCE y PCCh (1921-1956) El análisis y estudio, por parte de la historiografía china y española, de las relacio- nes y contactos entre PCE y PCCh de largo recorrido, entre 1921 y 1956, presenta un vacío historiográfico. Los puntos de conexión, como podrían ser las reuniones de la Komintern, los congresos del PCUS o los foros de encuentro de partidos co- munistas, no han sido analizados, como tampoco los archivos de sendos partidos en busca de contactos bilaterales, todo ello dentro de un relato alejado de lo anecdó- tico. En la actualidad, podemos seguir los contactos de ambos partidos de manera tangencial en excelentes estudios comparativos generales entre España y China,30 muchos de los cuales abren nuevas líneas de investigación, como sería la colabora- ción internacional sanitaria entre España y China de 1936 a 1945.31 Resulta de gran importancia la focalización durante la Guerra Civil española, cuando desde PCE y PCCh se unieron a distancia por su causa común en la lucha contra el fascismo y el imperialismo a través del frente-populismo, a saber: el uno contra el franquismo y sus aliados fascistas europeos, y el otro contra el Japón fascista y sus colaboracionis- tas.32 Puede afirmarse que la lucha del internacionalismo antifascista unió a ambos partidos.33 Bien conocidos son los intercambios de mensajes y telegramas entre ambas formaciones y bien conocidas son también las imágenes del Soviet de Yan’an con una bandera en la que se podía leer, en un castellano con errores, «¡Salutamos les puebles bravissimos de la España!»; o bien la referencia de convertir Wuhan en el «Madrid chino» en su resistencia contra el fascismo japonés; o el seguimiento de la Guerra Civil española en el órgano oficial del PCCh, Jiefang (Liberación), en su monográfico del 10 de julio de 1937 titulado «La Lucha revolucionaria de España y el Movimiento de Resistencia contra Japón»; así como el conocido telegrama del Comité Central del PCE al Comité Central del PCCh, fechado en Barcelona el 19 de octubre de 1937, saludando la causa comunista china en la guerra y hermanando las causas española y china contra el fascismo internacional, y que acabada con un 38 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación «¡Viva el heroico partido Comunista de China! Viva la Lucha de los pueblos chino y español por la independencia y la libertad» (Borao Mateo, 1994, 2017).34 Pero es en el contexto de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Chino-Japonesa que comunistas chinos y españoles entrarían en contacto directamente gracias a las Brigadas Internacionales, entre las que se encontraban voluntarios chinos, y que quedarían codificadas en la actualidad con la icónica fotografía del brigadista chino Liu Jingtian, del 13 Batallón de la XIV Brigada, transportando a un herido del frente español republicano.35 Fuera de ese contexto analizado, las referencias se perderían en el carácter anecdó- tico hasta 1956,36 cuando encontramos en las memorias de dirigentes comunistas españoles, como Dolores Ibárruri, sus reflexiones en torno a la asistencia como invitados al VIII Congreso del PCCh,37 seguidas por las de Santiago Carrillo –ya en un contexto fuera de nuestro estudio– en su visita posterior a la China de la Revolución Cultural en 1971.38 En esa visita, Carrillo acabaría haciendo hincapié en la declaración conjunta del PCE y PCCh a favor de la posibilidad de evitar una nueva guerra mundial, la cual sería definida por el ya secretario general del PCE desde 1960 como un «triunfo de la diplomacia comunista» (Carrillo, 2006). Aun- que también fuera de nuestro marco cronológico, y referente a Carrillo y a otro miembro importante del PCE como fue Manuel Azcárate, destacan las reflexiones en torno al conflicto chino-soviético y al posicionamiento a favor del sector del PCUS, sentenciando que la política errónea llevada a cabo hasta ese momento por el PCCh era consecuencia del fracaso y posterior dogmatismo emprendido tras el «fracaso del Gran Salto Adelante», entre otros (Sánchez Rodríguez, 2004). También fuera de nuestro marco de estudio, quedaría por mencionar la influencia, a partir de 1956, del comunismo chino, en especial del maoísmo y la Revolución Cultural, sobre aquellos partidos nacidos a la izquierda del PCE, especialmente a partir de los años sesenta y setenta, y que abrazaron la causa maoísta en diferentes grados.39 Finalmente, un estudio global de las relaciones de ambos partidos hasta la actua- lidad nos permitiría acabar de complementar un relato importante de la historia del antifascismo internacional y del comunismo, así como comprender las imbricadas sendas, muchas veces contradictorias, por las cuales dos partidos nacidos al calor de la Revolución de Octubre de 1917 han podido sobrevivir, de diferente manera, hasta el día de hoy. 39 Miguel A. del ríO MOrillAs NOTAS 1. En el presente trabajo se utilizará el sistema de ro- tido soviético, en el Congreso de Reorganización de manización de la lengua china conocido como pin- 1924; la doble militancia GMD/PCCh; así como yin. Sin embargo, se harán algunas excepciones con la estancia en Moscú de militantes nacionalistas y nombres muy conocidos en sistema Wade-Giles, comunistas para el estudio del marxismo, de en- como los de Chiang Kai-shek (Jiang Jieshi), Sun tre quienes destacaba el hijo de Chiang Kai-shek, Yat-sen (Sun Yixian) o Chiang Ching-kuo (Jiang Chiang Ching-kuo. Véase, en este sentido, Andrés Jingguo), por mencionar algunos. Asimismo, en el Herrera-Feligreras, Yu-Ting Lu y Ferran Pérez Mena cuerpo del trabajo, se referenciarán los nombres en (2020). chino de la siguiente manera: primer apellido, se- 8. Stalin seguiría reafirmando la conveniencia de ese guido de nombre. pacto en la declaración de la 7.ª sesión plenaria de la 2. Véase la participación de José Centella (2021) (ac- Comisión Ejecutiva de la Internacional Comunista tual secretario general de PCE), en el «Encuentro de 23 de noviembre de 1926: «Todo el desarrollo de Partidos- Centenario del Partido Comunista de de la revolución china, su carácter y sus perspecti- China» del 7 de julio de 2021, en Mundo Obrero, 8 vas, indican, sin lugar a duda, que los comunistas de julio de 2021, chinos deben permanecer en el GMD e intensificar https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11499. su acción en el interior de ese partido» (Guillermaz, 3. Para una mayor información acerca del «Movimien- 1970, p. 83). to del 4 de Mayo» [de 1919] y su relevancia, véase, 9. Sobre la categorización del fascismo chino, la Socie- entre otros, Bianco (1999). dad Lixingshe (también conocidos como los Cami- 4. Una reflexión sobre el impacto de la Revolución de sas Azules) o el Movimiento de la Nueva Vida, véase Octubre en el imaginario colectivo mundial en Jo- Chen (2014). sep Fontana, Josep (2018). 10. Las reflexiones de Mao sobre el campesinado pue- 5. Los primeros escritos de Marx y Engels no fueron den seguirse en Mao Zedong (1974). publicados en formato libro al chino hasta 1920 11. Cabe recordar que Japón invadía Manchuria en cuando Chen Wangdao tradujo «El Manifiesto 1931, creando el estado títere de Manzhouguo, a Comunista», siendo posteriormente traducidas ese la par que controlaba zonas norteñas de Mongolia mismo año otras obras como «Socialismo científi- Interior, Hebei o Shanxi ante la inacción de un go- co» de Engels. Con anterioridad, en 1919, el «Ma- bierno de Chiang Kai-shek empecinado en priorizar nifiesto Comunista» ya había aparecido publicado el exterminio de comunistas en vez de la lucha anti- en prensa. A pesar de ello las primeras referencias japonesa. Véase Rana Mitter (2013, p. 49) a Marx aparecen entre los reformistas chinos de 12. Sobre la importancia de la Larga Marcha y la re- 1899, así como entre los intelectuales chinos exilia- unión de Zunyi para la forja de Mao, véase Philip dos y los primeros revolucionarios próximos a Sun Short (2011). Por otro lado, para una interesante Yat-sen; Hans J. van de Ven (1991, 81). reflexión sobre Wang Ming y su figura, véase Hans 6. Hay que recordar que, previamente a la formación van de Ven (2021). el PCCh, se habían estructurado diferentes círculos 13. Ya en 1935, al calor del VII Congreso de la Komin- comunistas (muchos de ellos sociedades de estu- tern y de la constitución de frentes populares anti- dio del marxismo) en diversas ciudades de China fascistas, Stalin animó al PCCh a realizar un Frente y formado diferentes órganos de expresión como Nacional Antijaponés junto a los nacionalistas. No Laodongjie (Mundo del Trabajo) de Shanghái, así fue hasta 1936 que tuvo lugar el nacimiento del Se- como organizaciones sindicales como el Sindicato gundo Frente Unido o segunda colaboración entre de Tipógrafos de Shanghái u organizaciones juveni- PCCh y GMD (1937-1946). Véase la reflexión de les como la Liga de la Juventud Socialista (40-41). Mao, en este sentido, en Mao Zedong (1935). 7. Fruto de esa colaboración no ideológica se desarro- 14. Véase Frank Dikötter (2019). Sobre la importan- llarían la Academia Militar de Whampoa, donde cia del Ejército en la construcción de la Nueva Chi- Zhou Enlai sería director político, y Chiang Kai- na, véase, entre otros, Paul Monk (2000). shek, comandante en jefe; un ejército revolucio- 15. Véase Jian Chen (2005); Xulio Ríos (2005). Sobre nario integrado por nacionalistas y comunistas; la la influencia del maoísmo más allá de la RPC, véase organización estructural del GMD a modo de par- Julia Lowell (2021). 40 El Partido Comunista de China y el Partido Comunista de España (1921-1956): entre la revolución y la readaptación 16. Por ejemplo, la basada en la libre crítica constructi- 24. Para una visión global de los del contexto catalán y va al régimen y al Partido, y focalizada especialmen- asturiano de 1934, véase Alejandro Andreassi y José te hacia intelectuales y académicos (campaña de las L. Martín Ramos (2010). «Cien Flores», 1956-1957), así como la finalización 25. Para un estado de la cuestión sobre el número de de las campañas «Anti-Hu Feng» y «Su-Fan»: la pri- militantes a inicios de la Guerra Civil española, mera contra el intelectual Hu Feng por su crítica véase Fernando Hernández Sánchez (2010). Cabe a la concepción cultural del realismo de Mao y la mencionar que, fruto de las políticas de unificación segunda contra los «contrarrevolucionarios». socialista y comunista, nacerían la Juventudes Uni- 17. Para un seguimiento sobre las consecuencias del ficadas Socialistas, dirigidas por Santiago Carrillo, y XX Congreso del PCUS en el comunismo interna- el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), cional, véase David Priestland (2010, p. 313). Para dirigido por Joan Comorera; sobre este último par- las desavenencias chino-soviéticas posteriores a la tido y su relación con el PCE, véase Josep Puigsech ruptura desde la óptica china, véase PCCh (1965). (2009). 18. Véase, Martín Ramos (2021). Para un estado de la 26. Véase, entre otros, José L. Martín Ramos (2015); cuestión sobre los estudios del PCE y del impacto Ángel Viñas (2009). de la Revolución de Octubre 1917 en España, te- 27. El camino del PCE durante el primer franquismo niendo presentes las constantes actualizaciones per- puede seguirse en Fernando Hernández Sánchez tinentes, véase David Ginard, (2004); Josep Puig- (2015); Carlos Fernández Rodríguez (2020). Para sech (2017). el caso del PSUC, véase José L. Martín Ramos 19. Sobre el contexto histórico referente a la crisis (2002). de la Restauración y la crisis de 1917, véase, entre 28. Para un seguimiento del franquismo a nivel estatal otros, David Martínez Fiol y Joan Esculies (2018). a partir de 1945, véase, entre otros, Carme Moline- Las movilizaciones obreras lideraras por ugestistas ro y Pere Ysàs (2008). y cenetistas, el denominado «trienio bolchevique» 29. Véase, en diferentes formatos, Molinero e Ysàs en Andalucía (1918-1921), junto con la reacción (2017); Emanuele Treglia (2012); Francisco Erice directa del Estado y la patronal en el llamado con- (2006); Gregorio Morán (2017). Para el caso espe- texto del pistolerismo (especialmente en Cataluña), cífico del PSUC, véase Carme Molinero y Pere Ysàs jugaron un papel determinante en esta última fase (2010). política antes del golpe de Estado de Miguel Primo 30. Véase, entre otros, José E. Borao Mateo (2017); de Ribera en 1923. Para ello, véase, también, Juan Andrés Herrera-Feligreras (2015); Rafael Martín Avilés Farrés (1999). Rodríguez (2020); Xulio Ríos (2013); Kai Zhang 20. Sobre los diferentes caminos políticos seguidos (2014). por Oscar Solís y Joaquín Maurín (fascismo y trots- 31. Véase Carles Brasó Broggi (2017). kismo, respectivamente), véase Steven Forti (2014); 32. Sobre los colaboracionistas chinos de Wang Jin- Andy Durgan (2016). gwei y Manzhouguo con Franco, véase Florentino 21. Hay que destacar, entre 1925 y esta última fase, Rodao (2002). el intento de apoyo a la insurrección armada del 33. Herrera-Feligreras et al (2017). independentismo catalán (Prats de Motlló, 1926), 34. Destacan también las reacciones del PCE en la celebración de la Conferencia de Pamplona en Nuestra Bandera, a raíz del «Incidente del Puente 1930 en la que se postulan por reconstruir la CNT de Marco Polo»; véase Montserrat Crespín Perales con presencia comunista, y la primera escisión im- (2017). portante, en este caso de miembros de la Federación 35. Véase Hwei-Ru Tsou y Len Tsou (2013). Catalano-Balear, con Maurín al frente, preludio de 36. No por ello tenemos que dejar de referenciar la la fundación del Bloc Obrer i Camperol; para todo existencia (e importancia) de una treintena de exi- ello, véase Diego Díaz Alonso (2019). liados comunistas españoles (procedentes la mayoría 22. Sobre la importancia de las políticas de la Segunda de la URSS) que trabajaron en el ámbito cultural y República, véase, entre otros, Eduardo Calleja Gon- propagandístico (Editorial de Lenguas Extranjeras, zález et al. (2015). la revista China Ilustrada y Radio Pekín, entre otros) 23. Sobre el concepto de la intelectualidad del PCE entre 1954 y 1964 en la RPC. Véase, en formato («intelectuales orgánicos»), véase, entre otros, Ma- memorístico, María Lecea (2018), así como, en for- nuel Guerrero Boldó (2020). mato divulgativo, Carles Brasó Broggi (2019). 41 Miguel A. del ríO MOrillAs 37. Dolores Ibárruri recoge la anécdota de una entre- 38. Destaca también, a partir de 1957, la visita de vista con Mao de la delegación española del PCE intelectuales comunistas y socialistas como Rafael en la que, al explicarle la política y estrategia de Alberti, María Teresa de León, César M. Arconada «Reconciliación Nacional», asintió con la cabeza y o Julio Álvarez del Vayo, los cuales codificarían sus gritó: «Diez mil años a la política de Reconciliación experiencias en formato libro; véase Borao Mateo Nacional». Véase Dolores Ibárruri, (1984, pp.85- (2017). 87). 39. Para los orígenes de estos grupos y partidos políti- cos, véase, entre otros, José M. Roca (1994). 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Asimismo, se tomará como punto final del re- lato el XX Congreso del PCUS de 1956, el cual implicó un cambio de paradigma para el movimiento comunista internacional, siendo, para el caso del PCE, su materialización en la política de «Reconciliación Nacional» de 1956; mientras que, para el caso del PCCh, representará su alejamiento de la Unión Soviética (ejemplificado en la ruptura chino- soviética de 1959), con su definitiva apuesta por una vía china al socialismo y al desarrollo económico, debatida en el VIII Congreso de septiembre de 1956. Palabras clave: PCE, PCCh, comunismo, revolución soviética, antifascismo. LABURPENA Artikulu honen asmoa bi alderdiren (Espainikoa Alderdi Komunistaren, PCE, eta Txinako Alderdi Komunistaren) historiara hurbiltzea da, geografiakikoki eta kulturalki urrun egon arren biek hala biek 100. urteurrena ospatu dutelako. Batik bat, Txinako alderdiaren jarraipen zehatzagoa eginen da. Era berean, PCUSen 1956ko XX. Kongresua hartuko da kontakizunaren azken puntutzat. Kongresu horrek paradigma-aldaketa ekarri zion nazioarteko mugimendu komunistari, eta, PCEren kasuan, 1956ko «Adiskidetze Na- zionaleko» politikan gauzatu zen. PCChren kasuan, berriz, Sobietar Batasunetik aldentzea (1959ko txinatar-sobietar haustura adibide), sozialismoaren eta garapen ekonomikoaren bide txinatarraren aldeko behin betiko apustuarekin, 1956ko iraileko VIII. Kongresuan eztabaidatua. Hitz gakoak: PCE, PCC, komunismoa, iraultza sobietarra, antifaxismoa. ABSTRACT The Chinese Communist Party and the Communist Party of Spain (1921-1956): between revolution and readaptation This paper presents an approach to the history of two distant parties in political time and success, as well as geographically and culturally, such as the CPE and the CCP in their 100 years of existence (1921-2021), although paying more attention to the case of the CCP. Likewise, the XX Congress of the CPSU of 1956 will be taken as the final point of the article, which implied a paradigm shift for the international communist movement, in the case of the CPE, its materialization in the policy of «National Reconciliation» in 1956, while in the case of the CCP, it would represent its departure from the Soviet Un- ion (exemplified in the Sino-Soviet rupture of 1959) with its definitive commitment to a Chinese path to socialism and economic development, debated at the VIII Party Congress in September 1956. Keywords: CCP, CPE, communism, soviet revolution, antifascism. 46