INTEGRACIÓN SEGMENTADA DE LA POBLACIÓN AFRICANA EN ESPAÑA: PRECARIEDAD LABORAL Y SEGREGACIÓN RESIDENCIAL1 Andreu Domingo Centre d’Estudis Demogràfics/CERCA Jordi Bayona Universitat de Barcelona y Centre d’Estudis Demogràfics/CERCA Silvia Gastón Centre d’Estudis Demogràfics/CERCA y Universitat Autònoma de Barcelona Resumen Abstract Pese a la antigüedad de los flujos procedentes de África y al Despite the longstanding immigration inflows from Africa and peso alcanzado por esta inmigración en España, su pobla- the weight attained in Spain, the country's population displays, ción, tanto en la agregación de los ciudadanos originarios in the aggregation of citizens from both North and Sub-Sa- del Norte de África como en la de los subsaharianos, pre- haran Africa, large gaps with respect to the native population senta una importante brecha respecto a los nativos y al resto and the rest of the immigrant population, in terms of their res- de la población inmigrada, tanto en las pautas residenciales idential patterns and their labour insertion. This article begins como en la inserción laboral. En el presente artículo, tras with a description of the context of the territorial and occupa- dar cuenta del contexto de la distribución territorial y de la tional distribution of the African population in comparison ocupación de la población africana en comparación a otros with other continental groups and native Spaniards by gender, grupos continentales y a los nativos españoles por sexo, and then goes on to analyse the residential and job segregation analiza la segregación residencial y laboral de los mismos of that population during the 21st century. Although no causal durante el siglo XXI. Aunque no se puede establecer una relationship can be established between economic inequality relación causal entre la desigualdad económica y la segrega- and segregation, the African population undergoes higher levels ción, se constata como, en el caso de la población africana, of segregation related to their poorer working conditions. esta experimenta niveles más altos de segregación relaciona- dos con peores condiciones laborales. 1. Introducción: migración africana en España Las migraciones procedentes de África han sido pioneras entre los flujos que convirtieron España en un país de inmigración en las últimas décadas del pasado siglo XX (Cohen, 2009). Y entre estas, las principales fueron y siguen siendo las procedentes de Marruecos, que a 31 de diciembre de 2021 representaban el 65 % del total de entradas africanas, y el 72 % de los 1,3 millones de inmigrados nacidos en África empadronados a 1 de enero de 2022. Pese a esa aplastante mayoría, otros orígenes con presencia también temprana han ido ganando peso como, por ejemplo, la población senegalesa (6,2 %) o argelina (5,9 %) y alguna entre las relativamente más recientes, como la nigeriana (2,6 %). 1 Este artículo forma parte de la Tesis doctoral de Silvia Gastón Guiu y del Proyecto I+D «Metabolismo demográfico, migraciones y cambio social en España (MethaMigra)», subvencionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2020-113730RB-I00), dirigido por Andreu Domingo y Jordi Bayona. Jordi Bayona es profesor Lector Serra Húnter en el Departament de Geografia de la Universitat de Barcelona. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E No pocos entre los primeros efectivos de migrantes africanos asentados en el país —excep- tuando los nacionales de la antigua colonia de Guinea Ecuatorial—, se habían relacionado con proyectos frustrados de migración a Francia, debido a la adopción de crecientes restricciones a raíz de la crisis económica de mediados de los años setenta (IOE, 1999). En los primeros años, esa migración fue eminentemente masculina, protagonizada por hombres jóvenes, co- rrespondiendo los efectivos de mujeres casi exclusivamente a la reagrupación familiar, y eso sirve casi para todos los países considerados (Carretero Palacios, 2015). Hoy, esa pauta, aun siendo mayoritaria, se ha matizado y cada vez más se pueden registrar proyectos migratorios autónomos encabezados por mujeres, aunque la diferencia por sexo sigue siendo de las más altas (60,4 % hombres sobre el total de empadronados africanos en 2022), en comparación con otros orígenes, especialmente con las poblaciones oriundas de Latinoamérica (Solé et al., 2009). Producto de esos flujos, tenemos una población marroquí que ocupa las primeras posiciones en la clasificación tanto de nacionales extranjeros residentes en España (776 mil según datos provisionales del Padrón Continuo de 2022) como en la de los inmigrados por lugar de nacimiento (981 mil). Como también veremos, destaca por su amplia distribución territorial, relacionada con el tipo de ocupación que desarrolla, muy presente en las generadas por la agricultura intensiva mediterránea. Esa primacía desaparece si lo que consideraremos es el conjunto continental donde latinoamericanos, primero, y europeos, más tarde, desbancaron a los migrantes procedentes del continente africano muy pronto. Pues bien, esa veteranía no se corresponde con la mejora en la inserción de la población africana en España y en términos comparativos mantiene una brecha laboral y residencial con los otros migrantes y con la media de los autóctonos que debería preocuparnos (Gastón-Guiu et al., 2021). Contra lo esperado, el crecimiento del volumen, la antigüedad y la densidad de las redes comunitarias no han mejorado su situación, sin que ello se pueda achacar ni al nivel de instrucción, ni al tiempo que hace que llegaron ni a otras características individuales de los migrantes. Esa preocupación debería incrementarse si pensamos en los descendientes de la migración africana en España. La razón es obvia: por un lado la frustración de sus expectativas —muchos de ellos como españoles— puede tener efectos nefastos en la cohesión social; por otro, de perpetuarse una integración segmentada de la población africana en el sentido que ya fue señalado para los descendientes de la inmigración en Estados Unidos (Portes y Zhou, 1993), la sociedad española se acercaría peligrosamente a una especie de pigmentocracia, don- de el color de la piel, la religión o el origen condenarían a individuos y poblaciones enteras a estratos más desfavorecidos de la sociedad. Donde, en definitiva, no solo la progresión de los inmigrantes africanos se vería frenada, sino que la de sus descendientes podría verse condenada a una integración tan segmentada como negativa (Checa y Montserrat, 2015). Nuestro objetivo principal en esta aportación es describir cual es la situación y dar elementos que ayuden a pensar por qué se mantiene una brecha laboral y residencial entre la población inmigrada africana y la de otros orígenes, y relacionarla con la segregación en ambos campos. Para ello empezaremos con un descriptivo sobre la distribución territorial de la población africana en España y la ocupación e inserción en el mercado laboral, primero, y un análisis de la segregación residencial y laboral en la segunda parte, finalizando con la posición en las encuestas de opinión.  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. 2. Distribución territorial de la población africana en España La población africana en España se caracteriza por una elevada dispersión municipal: en el 70 % de los municipios del país reside al menos un inmigrante de estos orígenes. A pesar de ello, su representatividad es menor que la que muestran europeos (presentes en el 88 % de los municipios) y americanos (en el 86,5 %), actualmente mucho más extendidos por el territorio, aunque significativamente superior a la de asiáticos (44 %), bastante más concen- trados en zonas urbanas. Entre los africanos, la diseminación de los septentrionales (66 %) es notablemente superior a la de los subsaharianos (45,7 %) debido a la elevada difusión de los marroquíes. Siguiendo con el caso de los africanos del norte, a la dispersión se le une una elevada localización en toda la franja mediterránea, destacando Cataluña, tradicional punto de recepción de la migración africana (Colectivo Ioé, 1994; López-García y Berriane, 2004), más la provincia de Murcia, en las zonas de agricultura intensiva del Campo de Cartagena (Torres-Pérez y Gadea, 2010). Madrid también aglutina un número importante de norteafri- canos, junto con el eje del Valle del Ebro y el País Vasco (Figura 1). Es asimismo reseñable su residencia en municipios rurales, a diferencia de otros colectivos. Los africanos subsaharianos, en cambio, muestran una menor dispersión territorial, con una concentración relativamente mayor en Cataluña, Madrid, País Vasco y Zaragoza. Entre las ciudades de cierto tamaño, la población africana tiene un peso importante en la provincia de Almería. Los municipios de La Mojonera, donde se alcanza el 32 % de la po- blación total, Níjar (el 30 %), Vícar (el 21,5 %) o el Ejido (el 17,9 %) son un claro ejemplo, situación que se explica por su relación con la actividad agrícola intensiva. Otro tanto ocurre en Salt en Cataluña (el 24,3 %), como extensión residencial de la ciudad de Girona y reflejo de lo que se constata en muchos barrios de grandes ciudades, o de Manlleu (el 18,5 %) en la misma comunidad, en una zona de llegada y asentamiento inicial de la población marroquí. A estos municipios se le añade la ciudad de Melilla (el 21,1 %), con un elevado número de inmigrados por su condición fronteriza. Al mismo tiempo, los africanos superan igualmente el 20 % de la población en municipios rurales de muy poca entidad poblacional en Burgos, Teruel, Guadalajara o Cuenca. En cambio, apenas 58 municipios de más de un millar de ha- bitantes no registran africanos entre su población, siendo en su mayoría gallegos, andaluces, extremeños o asturianos, en zonas de muy baja inmigración. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E Figura 1. Distribución municipal de la población africana en España, (2021) África del Norte 4.000 8.000 20.000 40.000 África Subsahariana 4.000 8.000 20.000 40.000 Fuente: elaboración propia, datos del Padrón Continuo de 2021 (INE).  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. Figura 2. Peso de la población africana sobre la población total a escala municipal en España (2021) Sin africanos (2.449) Menos del 1 % de la población (2.294) Entre el 1 % y el 2 % (1.208) Entre el 2 % y 2,79 % (546) Entre el 2,79 % y el 4 % (538) Entre el 4 % y el 10 % (872) Más del 10 % (217) Fuente: elaboración propia, datos del Padrón Continuo de 2021 (INE). Observando el peso de los africanos sobre la población total (Figura 2) se identifican también zonas agrícolas rurales de elevada presencia de migración africana, como la comarca del Campo Arañuelo en Extremadura, la costa de Huelva, la zona de la Plana de Lleida y mu- nicipios adyacentes de Aragón, o la frontera entre La Rioja y Navarra. En conjunto, en 217 municipios españoles los africanos representan más del 10 % de la población del municipio. A esta dispersión se le une una distribución muy desigual en las mayores ciudades del país. Por ejemplo, los africanos se encuentran poco representados en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla, en todos los casos con menos del 2 % de la población total. Por el contrario, su peso es superior a la media en Zaragoza, Málaga y Murcia, en este último caso alcanzando un 4,5 % de la población, o con un 4,95 % en Alicante. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E Figura 3. Distribución del peso de la población africana sobre la población total a escala de sección censal en las 12 mayores ciudades de España (2021) 45 40 35 Proporción de población africana 30 25 20 15 10 5 0 Alicante Madrid Palmas de G.C. Bilbao Palma Barcelona Córdoba Málaga Murcia Sevilla València Zaragoza Ciudad Fuente: elaboración propia, datos del Padrón Continuo de 2021 (INE). En las grandes ciudades, muchas veces su distribución refleja pautas de alta concentra- ción territorial (Achebak et al., 2017). A escala de sección censal, y considerando las mayores ciudades del país, la concentración alcanza sus valores más elevados en Murcia, Alicante, Palma y Málaga, donde se constatan secciones censales con más del 30 % de sus habitantes nacidos en África. Con la excepción de Córdoba, en el resto de grandes urbes se identifican secciones con concentración de población africana, al registrar valores por encima del 10 % de la población (Figura 3). 3. Evolución de la actividad y la ocupación de la población africana La mayoría de trabajadores y trabajadoras de origen africano se integran en el sector secundario (Piore, 1979), en un mercado de trabajo como el español que ha visto crecer su segmentación a medida que la inmigración internacional se aceleraba en el siglo XXI (Cachón, 2003). Desde esta perspectiva no sorprende la brecha existente entre nativos e inmigrados provenientes del extranjero, independientemente del nivel de instrucción. Sin embargo, la  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. sola observación de los niveles de paro para el nuevo milenio (Figura 4) refleja claramente la persistencia de la brecha entre la población activa procedente de África (la del Norte de África, así como la subsahariana), no solo respecto a la población nativa, sino también a la inmigrada de otras procedencias. De este modo, el paro de los africanos dobla al de los autóctonos espa- ñoles con independencia del ciclo económico. En la cresta del crecimiento se registra un paro en 2007 del 16,8 % para los norteafricanos y del 16,1 % para los subsaharianos, en compa- ración al mínimo alcanzado del 7,6 % de los españoles. Mientras que, en los ciclos negativos, con el paro disparado, se mantiene una brecha de dimensiones proporcionales: así, en 2013 el desempleo de africanos del norte había subido hasta un 54,8 % y el de los subsaharianos hasta un 52,1 %, más del doble del 24,4 % de los nativos españoles, y muy por encima de los otros orígenes de migrantes (35 % de los latinoamericanos, 32,9 % del resto de Europa, el 30 % de los comunitarios o el 17,4 % de los asiáticos). El descenso de los niveles, coincidiendo con la sindemia causada por la COVID-19, es debido no solo a las medidas compensatorias como la aplicación de los ERTE, sino también al desánimo que hizo aumentar de forma importante durante 2020 y parte del 2021 el colectivo que, estando en edad activa, dejaban de buscar trabajo (y por ende reduciendo el número de parados). Figura 4. Porcentaje de paro entre la población de 16 a 64 años por grandes agrupaciones continentales según lugar de nacimiento (España 1999-2022) 60 % 50 % 40 % 30 % 20 % 10 % 0% 99 00 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ) im 19 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 rTr (1 22 España Norte de África África Subsahariana Asia 20 Latinoamérica Unión Europea Resto Europa Fuente: Elaboración propia, Encuesta de Población Activa, 1999-2021 (2º Trimestre), 2022 (1er Trimestre), INE. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E Esa distancia en el paro se repite con mayor o menor intensidad en otros indicadores sobre la calidad del trabajo. Como por ejemplo en el tipo de contratación (indefinido o temporal). En el caso de la temporalidad, se puede apreciar un comportamiento diferenciado dependiendo del origen y del sexo. Por un lado, la población inmigrada registra mayores porcentajes en la modalidad contractual más precaria, donde sobresalen los de origen africano. Por otro lado, a pesar de que todos los grupos poblacionales reportan porcentajes superiores a la población nativa, las brechas por origen son más significativas para este colectivo. Sobre todo, si nos remitimos a la distancia hallada entre la población africana y la europea. En 2021, las diferen- cias porcentuales entre africanos del norte (44 % de la población contratada en la modalidad temporal) y europeos (18 %) se sitúan en los 26 puntos, mientras que si se compara con los subsaharianos (53 %) la cifra asciende hasta los 35 puntos. Sin embargo, los resultados del colectivo europeo son los más próximos a los de la población nativa, e incluso en los últimos años observados se aprecia una mejoría de los primeros respecto de los segundos, de valores del 22 % y 24,2 % respectivamente en 2019, a cifras del 18 % y 23,3 % en 2021. Los hombres padecen en mayor medida esta modalidad contractual que las mujeres. Sin embargo, a medida que se suceden los años comparados se aprecia una tendencia distinta fruto del incremento en la inserción laboral de las mujeres. En el año 2000 el 58 % de los hombres del Norte de África tenía un contrato temporal frente al 39 % de las mujeres y, en el caso de la población subsahariana los porcentajes respectivos eran del 69 % y 58 %. Sin embargo, en 2021 los porcentajes femeninos aumentan considerablemente, llegando a invertirse entre los del norte (40 % en hombres y 53 % en mujeres) al tiempo que entre los subsaharianos oscilan entre el 54,1 % y 50 %, siguiendo el mismo orden. Según los datos obtenidos, se puede con- cluir que la temporalidad es un indicador muy sensible a la coyuntura económica, puesto que, en términos generales, en los ciclos recesivos se aprecia un desvanecimiento de los valores por el aumento de la tasa de paro y la destrucción de esta tipología de empleos (Aja et al., 2012), mientras que en las etapas de crecimiento el volumen de población activa temporal es mayor. Por ejemplo, en el año 2000, el 54 % de los nacidos en África del Norte fueron contratados de manera temporal y el 69 % de los subsaharianos; en 2013 bajaron al 44 % y 41 %, respec- tivamente, para volver a sufrir un incremento en el año 2019 con un 52 % y 46 %. En el caso de las mujeres africanas la situación es mucho peor todavía, y debe entenderse el paso de la inactividad a la actividad como una forma desesperada de paliar la situación de crisis económica familiar cuando la ocupación masculina se vio golpeada durante la Gran Recesión de 2008. Es lo que se ha llamado el paro por adición, con niveles de desocupación máximos del 64,9 % en 2012 para las norteafricanas —recordemos que básicamente son marroquíes—, y del 56,5 % para las subsaharianas en el año 2011, mientras que las españolas alcanzaban su máximo en 2013, con un 19,8 %. Esta brecha de género se ve acentuada en el caso de la población africana, siendo también muy perceptible en la dedicación de la jornada (completa o parcial); a pesar de que se mantiene la mayor afectación sobre la población inmigrada, la relación con el sexo es inversa a la anteriormente explicada. En este caso, son las mujeres las que registran mayores niveles de parcialidad  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. El incremento de la contratación a tiempo parcial femenina, excepto en el caso de las sub- saharianas, en todos los años observados, se puede apreciar a partir del año 2013 coincidiendo con el aumento de su participación en la esfera laboral como trabajadoras adicionales. Así, en el año 2000, la parcialidad de las nacidas en el norte de África era del 21 % frente al 3 % de sus homólogos, del 30 % en las subsaharianas comparado con el 6,6 % de los hombres y del 17 % las nativas siendo tan solo del 3 % entre los españoles. Para esos mismos grupos y en 2013 los valores se sitúan en el 37 %, 26 % y 24 % respectivamente, reduciéndose, aunque sin llegar a los valores iniciales en 2021, con unos 32 %, 19 % y 21 %. Otro factor que da muestra de la situación laboral de la población es la situación ocupa- cional. Es decir, en qué medida la población inmigrante es representativa en la situación laboral de empleadores (autónomos) o asalariados. Aquí, las mujeres, excepto las asiáticas y europeas, obtienen porcentajes muy bajos, siendo las primeras las que los encabezan con un máximo del 40 % en el 2013 y 2021. Entre los hombres ocurre lo mismo, aunque con porcentajes superiores para todos los grupos poblacionales. Además, la diferencia por origen es muy mar- cada, ya que, mientras que los asiáticos y europeos, en general, mantienen a porcentajes más elevados de autónomos, los africanos son más numerosos entre el régimen de asalariado. Esto es debido a que, entre los asiáticos, sobre todo, es muy habitual desarrollar lo que se denomina como economía étnica o de enclave, observada ya en las pautas migratorias muy anteriores para otros países (Light, 1972), que se trata de una herramienta protectora que hace frente a las desventajas y competencia presentes en la inserción al mercado laboral local (Tienda y Raijman, 2000), y que se repite en el caso español en el nuevo milenio (Arjona y Checa, 2007; Güell et al., 2015; Tomás, 2016). Tanto hombres como mujeres africanos, destacan por su alta concentración en los llama- dos trabajos elementales respecto a otros sectores de ocupación, siendo este uno de los factores, aunque no el único, que explica su especial vulnerabilidad laboral (Figura 5). No olvidemos que la inmigración extranjera sirvió en España de laboratorio de la desregularización laboral, y que ese efecto perverso fue más intenso entre la población africana y en el tipo de actividades donde se concentraban como, por ejemplo, en la agricultura intensiva, donde los hombres africanos dependiendo de los años oscilarían entre la tercera parte y la mitad de los ocupados en el sector. Así pues, el porcentaje de población africana dedicada a ocupaciones elementales supera tanto para los norteafricanos, como para los subsaharianos al tercio de los ocupados de estos orígenes, llegando en 2021 a representar el 55,6 % de los ocupados, mientras que para los españoles esa proporción se mueve entre el 14 % para los hombres y el 3,7 % para las mujeres. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E Figura 5: Tipo de ocupación por sexo y lugar de origen (España, 2000-2021) Hombres Mujeres 100 África del Norte 80 60 40 20 0 100 África Subsahariana 80 60 40 Artesanos y manufactureros 20 0 Fuerzas armadas 100 80 Técnicos y prof. científicos 60 Asia 40 Trabaj. agricultura, pesca y forestal 20 Directores y gerentes 0 100 Ocupaciones elementales Latinoamérica 80 60 Técnicos y prof. de apoyo 40 20 Empleados administrativos 0 100 Operadores instalaciones 80 Trabaj. servicios y ventas UE−15 60 40 20 0 100 80 España 60 40 20 0 2000 2005 2010 2015 2020 2000 2005 2010 2015 2020 Año Fuente: Elaboración propia, Estadística de Población Activa, 2000-2021 (INE). Por último, la correspondencia entre el sector de ocupación al que se accede y el nivel de instrucción se puede considerar un factor explicativo más de la brecha laboral (Shershneva y Fernández-Aragón, 2018). En el año 2021, en el caso de los hombres, se aprecian las mayores oscilaciones entre dichas variables, sobre todo entre los africanos, tanto del norte como subsa- harianos, y asiáticos. El 18 % de los norteafricanos con estudios universitarios están ocupados en alguna ocupación elemental, el 27 % de los subsaharianos y el 16 % de los asiáticos, frente al 10 % de los latinoamericanos y europeos y el 6 % de los españoles. Por el contrario, en el caso de las mujeres, se aprecia mayor correspondencia entre el nivel de estudios y la ocupación des- empeñada, ya que los mayores porcentajes de población sin estudios y analfabeta se concentran en las ocupaciones elementales (81,5 % de africanas del norte, 100 % de las latinoamericanas y subsaharianas). Sin embargo, no ocurre lo mismo entre las latinoamericanas, ya que el porcentaje de población con estudios universitarios ocupada en algún puesto de trabajo elemental es superior  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. frente al resto de grupos poblacionales (25,4 %), hecho no sorprendente por la escasa, aunque creciente, participación femenina de origen africano en el mercado laboral español en contraste a la alta participación de las latinoamericanas en trabajos relativos a los servicios y cuidados. Para tener una dimensión familiar de lo que supone unos niveles de desocupación tan ele- vados, en la Figura 6 se ha representado el porcentaje de hogares con todos los miembros activos en paro, para el segundo trimestre de años clave, tanto de ciclos económicos de crecimiento (2007 y 2019), como de recesión (2013), con un vistazo a los últimos datos de 2022. Los hoga- res donde residen africanos, tanto del norte como subsaharianos, son siempre los que presentan unos valores superiores, mucho más como es lógico en las crestas de la recesión. Así, en 2013 el porcentaje de hogares de norteafricanos donde todos sus miembros se encontraba en paro ascendió al 31,3 %, entre los subsaharianos al 24,7 %, mientras que en el resto de agrupaciones continentales esos niveles eran muy inferiores (del 12,8 entre los latinoamericanos, el 9,5 % los españoles, e incluso por debajo entre europeos comunitarios (UE-15) con el 8 % o asiáticos con el 7,4 %. Pero es que en la época de expansión la brecha, mucho menor, se mantenía. Y, lo que es más significativo, en la última recuperación económica, los niveles para 2019 y en los últimos datos de 2022 volvían a ser muy elevados: 16,4 y 15,4 % para norteafricanos y subsaharianos en 2019, frente a un reducido 4,7 % de hogares de oriundos españoles. Figura 6: Porcentaje de hogares con todos los miembros activos en paro, por grandes conjuntos continentales (España, 2007, 2013, 2019 y 2022) 30 25 20 15 10 5 0 Norte África África Subsahariana Latinoamérica Asia Unión Europea (15) España II/2007 II/2013 II/2019 I/2022 Fuente: elaboración propia, Encuesta de Población Activa, 2º Trimestre (primero para 2022), (INE). Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E 4. Segregación residencial y laboral La segregación residencial suele ser un buen indicador de desigualdad, mediatizado tanto por el volumen de la población considerada como por el efecto filtro del propio mercado inmo- biliario. Lo mismo puede decirse de la segregación laboral aunque, en este caso, la mediación más importante sea la concentración de ciertos orígenes en distintos nichos laborales. Para medir la segregación territorial y laboral se ha utilizado un mismo índice de disimilitud (ID, Duncan y Duncan, 1955), que mide la distribución desigual de dos grupos en el territorio y en la distribución ocupacional. En el de la segregación territorial además hemos añadido el índice de aislamiento (xPx, Bell, 1954) que da cuenta del grado de contacto potencial dentro de una unidad espacial entre miembros del mismo grupo. En el caso de la segregación laboral hemos diferenciado los resultados entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta la asimetría ocupacional existente entre la población inmigrada según sexo. Figura 7. Evolución de la segregación residencial por origen en España (2000-2021) Disimilaridad Aislamiento ID XpX 0,15 0,6 África del Norte África subshariana Asia EU-15 0,10 Latinoamérica 0,5 0,05 0,4 2000 2005 2010 2015 2020 2000 2005 2010 2015 2020 Año Fuente: Elaboración propia. Datos de Padrón de Población, 2000-2021 (INE). En España los resultados de los dos indicadores de segregación residencial van en dirección contraria (Figura 7). Mientras que el índice de disimilaridad tiende a reducirse ligeramente a medida que el volumen de los grupos crece, el de aislamiento aumenta. En el primero, sin  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. embargo, observamos que las dos agrupaciones africanas, pese a disminuir el índice de disi- milaridad este se mantiene, junto con la heterogénea población asiática, en la franja alta del indicador, siempre en valores por encima de 0,5 en una escala entre 0 y 1, y que nos indica la existencia de una segregación moderada. Es decir, su crecimiento ha favorecido la probabilidad de distribuirse en el territorio de forma similar a los españoles (los marroquíes, por ejemplo, se encuentran presentes en 5.215 de los 8.131 municipios, dispersión solo superada por los rumanos), manteniendo sin embargo la segregación en mayor medida que comunitarios o latinoamericanos. En contraste, el índice de aislamiento (la probabilidad de encontrarse con otro miembro de su mismo grupo) aumenta, pero lo hace en menor medida que en el resto de grupos. A este respecto deberemos alertar sobre la accidentada evolución de la población comunitaria que es la que presenta índices de aislamiento más importantes, sobre todo para la caída del año 2012 y que nosotros atribuimos al artefacto estadístico que significa la depu- ración en el Padrón de unos migrantes europeos que, en algunos territorios, se caracterizan por su fuerte segregación. En cuanto a la segregación laboral (Figua 8), lo primero que destaca es la diferente posición por orígenes, siendo los más segregados laboralmente los asiáticos y los menos los europeos y latinoamericanos, aunque los dos grupos de africanos presentan una segregación laboral alta y sujeta como el resto a grandes vaivenes. En el primer caso deberemos relacionar esa segre- gación con la extensión del negocio étnico concentrado en unos sectores muy concretos por parte de la mayoría de poblaciones asiáticas, lo que se traduce en esa alta segregación, mayor entre los hombres que entre las mujeres. Los hombres latinoamericanos y europeos ocupan la franja baja de la segregación laboral, dándose incluso la aparente contradicción de que los hombres latinoamericanos disminuyen sus índices de segregación laboral durante la crisis económica. La explicación a este comportamiento contraintuitivo deberemos encontrarla en la concentración previa en el sector de la construcción, que con el estallido de la burbuja inmobiliaria desapareció. Esto nos alerta sobre una realidad: no siempre una segregación alta debe interpretarse como precariedad o como peores condiciones de residencia o trabajo. En el caso de las mujeres su concentración en el sector servicios y trabajo doméstico, por encima del resto, y la práctica substitución de las españolas sobre todo en el último sector explica la alta disimilaridad para todos los grupos considerados, excepto el de las europeas comunitarias. Las oscilaciones que cada grupo presenta en el indicador de segregación laboral respecto a la mayor uniformidad de la segregación residencial se explica por varios motivos. Además del menor número de casos al tratarse de una encuesta, también se debe a la superior movilidad laboral en comparación a la residencial, y a una mayor sensibilidad también a los cambios de efectivos. Es decir, mientras que el volumen de las personas residentes está sujeto al crecimiento por la llegada de nuevos migrantes y por la redistribución de la población relacionada con las migraciones internas, con el posible decrecimiento en períodos de crisis por la emigración; en el caso de la segregación laboral, deberemos contar con la desaparición de efectivos debido a las crisis económicas en el conjunto de activos, pero también con el trasvase de un sector a otro, lo que puede hacer variar al concentración de diferentes grupos en sus respectivos nichos ocupacionales. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E Figura 8. Evolución de la segregación laboral por sexo y origen (España 2000-2021) Hombres Mujeres 0,6 0,5 0,4 África del Norte África subshariana Asia 0,3 EU-15 Latinoamérica 0,2 0,1 2000 2005 2010 2015 2020 2000 2005 2010 2015 2020 Año Fuente: Elaboración propia. Datos de Encuesta Población Activa, 2000-2021 (INE). La gran diferencia entre las poblaciones africanas en el mercado de trabajo y la europea y la latinoamericana, no radica solo en los diferentes niveles de segregación, siempre más altos en las primeras, sino que mientras que en las dos últimas la segregación laboral tiende a disminuir con el paso del tiempo, en las africanas, que parten de una segregación superior, esta no solo no se corrige sino que se acentúa. 5. Una percepción negativa Si las características sociodemográficas de los inmigrados procedentes de África no ex- plican por si solas la situación desaventajada de estos en el mercado de trabajo, una posible respuesta la deberíamos encontrar en la percepción que la población española tiene de ellos en comparación a otros orígenes. Gozálvez (1998) y Cea d’Ancona (2002) constataron ya en los años anteriores al boom migratorio la mala percepción de los marroquíes en comparación con otros orígenes como los europeos comunitarios, cuando además existía una elevada iden- tificación entre la condición de inmigrante y la población marroquí, en un contexto de muy baja inmigración. En nuestro caso, y para observar estas tendencias, hemos atendido a varias encuestas de opinión. La primera de ellas es la elaborada por el CIS, la Encuesta Actitudes  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. hacía la Inmigración, con datos del período 2008-2017, donde se pregunta por el grado de antipatía respecto a distintos grupos de inmigrantes (Figura 9). El primer resultado es comprobar la distancia que separa a los rumanos (donde la percep- ción del componente étnico de los gitanos rumanos, puede ser determinante) y marroquíes es siempre muy superior a la que suscitan los migrantes latinoamericanos, independientemente de su sexo. El segundo es que si bien esta antipatía declarada parece aumentar en los primeros años de la Gran Recesión (de 2008 a 2010), acaba descendiendo al final de la misma y vuelve a subir precisamente cuando se dan signos de recuperación económica, a partir de 2013. Lo cual también abre un interrogante sobre el sentido de esa animadversión, desligándola del ciclo económico propiamente dicho. Figura 9. Antipatía hacia distintos grupos de inmigrantes (España 2008-2017) Hombres Mujeres Total 20 16 Sí que menciona (%) 12 Latinoamericanos Marroquíes Rumanos 8 4 0 08 09 10 11 12 14 15 16 17 08 09 10 11 12 14 15 16 17 08 09 10 11 12 14 15 16 17 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 20 Año Fuente: Elaboración propia, Actitudes hacia la inmigración, 2008 a 2017 (CIS). Otra forma de observar esta menor simpatía la encontramos en los últimos barómetros de opinión del CIS donde, en una escala de simpatía entre 1 y 10, se pregunta por distintos países. Si realizamos una media de los valores reportados encontramos como actualmente es Rusia el país que genera menor simpatía, con un 4,53 producto de la guerra actualmente en curso. Más allá de este hecho coyuntural, los dos siguientes países con menor simpatía son China y Marruecos, ambos con un 5,6 y situados lejos de los países con mayor predilección como Portugal (7,8), Italia (7,6) o Ucrania (7,5). En la Figura 10 se representan las puntuacio- nes de abril de 2022, con un 45,5 % de la población que puntúa a Marruecos en la franja del 1-5, es decir, de forma negativa. Esta situación no es nueva, en 2002 con datos del Barómetro Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E de junio de aquel año, y en este caso preguntando directamente por las personas de distintos países o regiones, la media de los norteafricanos era del 4,94, la más baja entre todos los casos preguntados. Este valor contrasta con el 5,53 del resto de africanos, del 5,58 de asiáticos y, ya con valores positivos, con el 6,47 de latinoamericanos y el 6,72 de europeos occidentales. Diez años antes, en 1992, en la encuesta del CIS Iberoamérica, los marroquíes eran también los peor valorados, con un 5,21. Figura 10. Escala de simpatía (1-10) hacia ciudadanos de distintos países (2022) 45 Alemanes/as Chino/as 40 Franceses/as 35 Ingleses/as 30 Italianos/as 25 (%) Japoneses/as 20 Marroquíes 15 Norteamericanos/as 10 Rusos/as 5 Ucranianos/as 0 Portugueses/as 1 2+3 4+5 6+7 8+9 10 Escala de Simpatía: 1 (Ninguna) a 10 (Mucha) Fuente: Elaboración propia, Barómetro de opinión, abril 2022 (CIS). Menos dudas aparecen si abarcamos la reacción que provoca la identidad religiosa de los migrantes. En la Figura 11, hemos representado el porcentaje de personas para los que la religión «musulmana» es un marcador de rechazo (en este caso como vecino). Los datos provienen de una encuesta europea, la European Values Survey. No parece descabellado marcar los atentados del 11S como el detonante de un ascenso continuado de ese rechazo, con independencia de la situación económica, y con alrededor de un 20 % de la población que no quiere a una persona musulmana entre sus vecinos.  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. Figura 11. Porcentaje de personas que mencionan a los «musulmanes» como a vecinos no deseados (España, 1990-2017) Hombres Mujeres Total 25 20 Sí que menciona (%) 15 10 5 0 1990 1999 2008 2017 1990 1999 2008 2017 1990 1999 2008 2017 Año Fuente: Elaboración propia, European Values Survey (EVS). 6. Conclusiones: más allá de la segregación La posición desaventajada de uno de los flujos más antiguos recibidos en España, corres- pondientes a la población africana, tiene como síntoma su mayor segregación tanto en el terreno residencial como en el laboral. Si bien, no puede establecerse una relación de causalidad entre precariedad y segregación, ni entre segregación residencial y segregación laboral. La segregación residencial muestra una inercia y estabilidad que contrasta con la segregación laboral, mucho más afectada por la coyuntura económica. En el primer caso la demografía «lenta» del metabolismo demográfico, o sea, de la substitución de unas generaciones por otras —que en un país como España con una alta propiedad de la vivienda otorga gran peso a la cadena de vacantes que produce la mortalidad—, si no acaba compensando la demografía «rá- pida» introducida por la propia migración en la renovación de la población (Billari, 2022), por lo menos la hace mucho más parsimoniosa que la segregación ocupacional. Los ciclos alternos Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E de crecimiento y decrecimiento económico y su impacto en el mercado laboral introducen mayor variabilidad a la segregación laboral. Incluso se da el caso de que el decrecimiento de la segregación se corresponda a un empeoramiento de la situación laboral, al expulsar masiva- mente trabajadores de sectores donde se concentraban algunos colectivos de inmigrados, sea la construcción durante la época de la Gran Recesión y el estallido de la burbuja inmobiliaria, sea el hundimiento del sector servicios durante el período álgido de la COVID-19, aunque las medidas paliativas como los ERTE hayan mitigado el impacto en el registro. Las diferencias entre sexos en la propia población africana y entre las inmigradas africanas y las de otras procedencias o las nativas españolas son extremas. Como hemos visto, el fenóme- no de la adición ha repercutido muy negativamente en los indicadores de desempleo de unas mujeres que en las generaciones mayores se declaraban no activas, y cuyo paso a la actividad ha coincidido con las épocas de crisis. Entre las mujeres africanas, además, la segregación laboral se debe a dos factores: la alta concentración en el sector servicios y trabajo doméstico, y la práctica substitución en este último de las trabajadoras españolas, que han pasado a ser residuales o muy sujetas a ciertas generaciones mayores y niveles de instrucción bajos. Esas diferencias en la propensión a declararse activas han sido con demasiada ligereza traducidas automáticamente en términos de «retraso cultural» o de «influencia religiosa». Si bien ese lastre puede estar presente en las generaciones de inmigrados más antiguos, no se corresponde exac- tamente con la realidad. En primer lugar, la mayoría de esas mujeres en sus países de origen tenían un papel muy relevante para sus economías familiares y no solo en el trabajo doméstico no remunerado, pero que no encuentran espacio en la demanda específica del mercado laboral español; en segundo lugar se está dando un cambio en las pautas de comportamiento de las generaciones más jóvenes, tanto en origen como en destino, íntimamente relacionado con las mejoras del nivel de instrucción de las mujeres africanas y con su mayor autonomía. Como hemos visto, la segregación por sí sola no es un indicador de precariedad ni del grupo ni coyuntural —recordemos el elevado aislamiento residencial de los europeos comunitarios, o el mencionado episodio de descenso de la segregación laboral entre los latinoamericanos durante la gran recesión—. Sí que tiene un efecto nefasto al disminuir la exposición a la di- versidad o si se quiere mediatizar las interacciones sociales entre los diferentes grupos, cuando no cortocircuitando las relaciones interculturales, en cuyo fomento se ha basado el discurso hegemónico sobre las políticas de acomodación de la población inmigrada en España (Zapata- Barrero, 2004). En el caso de la población africana trabajadora, debido a su concentración en el segmento secundario, en los sectores elementales, la mayor temporalidad, la independencia del nivel de instrucción de esa concentración y los superiores niveles de segregación comentados, hacen que esas relaciones sean totalmente asimétricas. Es decir, es ahí donde la desigualdad se hace más patente. Es en esa asimetría, cimentada en la desigualdad económica —pero que también incide en las diferencias generacionales y de género tanto en las relaciones vecinales como en el mercado de trabajo—, donde debemos explicar el refuerzo de la imagen negativa que las encuestas de opinión presentan hacia algunos orígenes, sea por su cultura o por su práctica religiosa. Es sabido, que en el caso de la población marroquí —y por extensión magrebí—, el pasado colonial y la propia construcción de la identidad nacional española han sido factores  Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1 I       E:      [...] | VV. AA. que han repercutido históricamente en la percepción negativa de esa población. Como en otro extremo, la mirada racializadora ha afectado negativamente la población subsahariana, bajo un barniz de racismo paternalista de índole claramente colonial. Por último, aunque aquí no se ha tratado, debería considerarse el acceso diferencial a la nacionalidad española respecto a la población latinoamericana como un elemento discriminador, que influye tanto en la brecha registrada como en el mayor rechazo frente a la primera. Mediterráneo Económico 36 | ISSN: 1698-3726 | ISBN-13: 978-84-95531-71-1  L          E Referencias bibliográficas A, H.; B-I-C; J., y D, A. (): «Evolución y pautas geográficas de la segregación residencial de los marroquíes en España»; en Estudios Geográficos, 78(283); pp. 417-443. A, E.; A, J., y O, J. (): «Introducción. La hora de la integración»; en A, E.; A, J., y O, J. dirs.: La hora de la integración. Anuario de Inmigración en España, 2011. CIDOB, Barcelona. A, Á. y C, J. C. 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