Ayer 123/2021 (3): 135-161 ISSN: 1134-2277 Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales de poder del franquismo ante el resurgimiento del nacionalismo subestatal en Cataluña y el País Vasco (1960-1975 )* Pau Casanellas Universitat Autònoma de Barcelona Instituto de História Contemporânea – NOVA FCSH pau.casanellas@uab.cat Resumen: La instauración del franquismo dio lugar al intento probable- mente más resuelto de la historia española de anonadación de las len- guas no castellanas y de los nacionalismos subestatales. Con todo, a partir de los años cincuenta y, especialmente, sesenta, tanto el cata- lanismo como el vasquismo adquirieron un notable impulso. La prin- cipal respuesta de la dictadura fue la represión, pero algunos de sus sectores propugnaron una política de otro tipo que pudiera atraer y capitalizar ambos movimientos en beneficio propio. Se analizan en este artículo las propuestas sobre la cuestión emanadas de los órganos pro- vinciales del Movimiento y de los gobiernos civiles tanto en Cataluña como en el País Vasco. Palabras clave: franquismo, nacionalismo, regionalismo, gobiernos civi- les, Movimiento Nacional. Abstract: The consolidation of the Franco regime gave rise to probably the most determined attempt in Spanish history to annihilate non-Cas- tilian languages and substate nationalisms. However, from the 1950s and especially from the 1960s onwards, both Catalan and Basque na- * Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación «Estado y dinámi­ cas nacionales en España (1931-1978)» (PID2019-105464GB-I00/AEI/­ 10.13039/­ ­501100011033). La elaboración del artículo contó también con el apoyo financiero de la Fundação para a Ciência e a Tecnologia, en el ámbito de la Norma Transitó- ria – DL 57/2016/CP1453/CT0013, así como a través del proyecto estratégico del Instituto de História Contemporânea UIDB/04209/2020. Recibido: 18-1-2019 Aceptado: 10-1-2020 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... tionalism gained considerable momentum. The dictatorship’s princi- pal response was to recur to repression, but some of its sectors advo- cated a different kind of policy. They sought to attract and capitalise upon both movements for their own benefit. This paper analyses pro- posals put forward by the provincial bodies of the Movimiento (Na- tional Movement) and by civil governments in both Catalonia and the Basque Country. Keywords: Francoism, nationalism, regionalism, civil governments, Movimiento Nacional (National Movement). La instauración del franquismo dio lugar al intento histórico pro- bablemente más resuelto de anonadación tanto de las lenguas no cas- tellanas habladas en territorio español como de los proyectos políti- cos de los nacionalismos subestatales. Puesto que Cataluña y el País Vasco eran los territorios donde estos últimos habían arraigado con más fuerza, fue allí donde la dictadura de Franco —«la mayor expe- riencia nacionalista y el más ambicioso proyecto de nacionalización integral de la España del siglo xx»—  1 concentró sus principales es- fuerzos reespañolizadores. Con todo, a partir de los años cincuenta y, especialmente, sesenta, vasquismo y catalanismo adquirieron un nota- ble impulso. Ello encendió las luces de alarma —nunca del todo apa- gadas— entre la elite política del régimen y acució el debate interno sobre cómo hacer frente a ambos movimientos. Más allá de los círculos gubernamentales y del Consejo Nacio- nal, las estructuras provinciales de Gobernación y del partido único —no siempre claramente diferenciables las unas de las otras— constituyeron, lógicamente, uno de los espacios preferentes de diag- nosis del fenómeno y de formulación de propuestas para atajarlo. ¿Hasta qué punto afinaban estos análisis? ¿Difería mucho la visión de la red territorial gubernativa y del Movimiento de las percep- ciones de «Madrid»? ¿Entraba esta visión en contradicción con lo planteado desde las administraciones locales? ¿Eran las diferentes maneras de ver la situación —e intentar revertirla— irreconciliables entre sí? Y, sobre todo, ¿en qué medida las ideas planteadas se tra- dujeron en políticas concretas? 1 Ismael Saz: España contra España. Los nacionalismos franquistas, Madrid, Marcial Pons, 2003, p. 48. 136 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... Del asociacionismo cultural a la movilización antifranquista Paralelamente a la brutal represión de guerra y posguerra, las autoridades del «Nuevo Estado» llevaron a cabo una sañuda tenta- tiva de reespañolización lingüística. Con ello, quedaron arrincona- das, dentro de la coalición reaccionaria, las posiciones más abier- tas a una limitada pluralidad cultural  2. Hubo desde un principio, es cierto, alguna muy mínima tolerancia hacia el catalán o el euskera. Pero, como ha sido ampliamente documentado, la línea que preva- leció fue la de la terminante prohibición  3, y los castigos que, sobre todo en los primeros años, acompañaron la utilización de ambas lenguas en el ámbito público (en la escuela, en los tranvías, en los cafés, en la calle) dan cuenta de la voluntad del régimen de impo- ner la sustitución lingüística a través de la represión. Este esfuerzo, que estaba en plena sintonía con el ultranacionalismo propio de los fascismos, tenía además la virtud de funcionar como eficaz recurso movilizador en las propias filas, como ya había sucedido durante la República  4 y la guerra  5. Sin apartarse por completo de esta senda, con el paso de los años la dictadura empezó a ofrecer muestras de una paulatina per- misividad hacia algunas pocas manifestaciones culturales hasta en- 2 Xosé Manoel Núñez Seixas: «De gaitas y liras: sobre discursos y prácti- cas de la pluralidad territorial en el fascismo español (1930-1950)», en Miguel Ángel Ruiz Carnicer: Falange. Las culturas políticas del fascismo en la España de Franco ­(1936-1975), vol. 1, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2013, pp. 289-316, esp. pp. 306-307. 3 Josep Benet: L’intent franquista de genocidi cultural contra Catalunya, Bar- celona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1995; Francesc Ferrer i Gironès: La persecució política de la llengua catalana. Història de les mesures preses contra el seu ús des de la Nova Planta fins avui, Barcelona, Edicions 62, 1985, pp. 177-206, y Joan Mari Torrealdai: El Libro Negro del euskera, 6.ª ed., San Sebastián, Ttarttalo, 2000, pp. 84-183. 4 No en vano, la huelga estudiantil «antiseparatista» de enero de 1936, de dos semanas, fue la más larga de la República. Véase Aleix Purcet: La reacció dels es­ tudiants. Feixisme, joves i món universitari durant la Segona República espanyola ­(1931-1936), tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 2010, pp. 655-674. 5 Xosé Manoel Núñez Seixas: ¡Fuera el invasor! Nacionalismos y movilización bélica durante la guerra civil española (1936-1939), Madrid, Marcial Pons, 2006, pp. 177-327. Ayer 123/2021 (3): 135-161 137 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... tonces vetadas, aunque siempre, por supuesto, bajo los estrictos criterios de contenido establecidos por la censura  6. Varias circuns- tancias influyeron en este tímido viraje. Algo tuvo que ver la obli- gada evolución del franquismo tras la derrota militar de las poten- cias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Y otro tanto hay que atribuir probablemente a las dificultades para erradicar por com- pleto unas lenguas que, antes de julio de 1936, contaban con un sustancial arraigo, especialmente amplio en el caso catalán. Pero otro factor fue acaso más relevante: el hecho de que las bases sociales del catalanismo y el vasquismo católicos —y, sobre todo, sus nuevas generaciones—, ambas notoriamente derechistas, hubieran empezado a cultivar una cierta hostilidad hacia la dicta- dura fruto de su furibundo españolismo. En especial, el hecho de que el franquismo diera una connotación política al uso del cata- lán o el euskera hacía difícil la identificación de estos sectores con el régimen  7. El problema tenía que ver también con la exclusión de algunas derechas regionalistas de los círculos de poder —e incluso con la persecución de que fueron objeto algunas de sus figuras—, lo que limitó la capacidad de la dictadura de suscitar consenso en- tre ellas  8. Con el devenir de los años, la permanente sospecha que pendía sobre las fuerzas vivas antiguamente alineadas con el regio- nalismo fue dejando paso a su integración en los reducidos círcu- los de reclutamiento del personal político. La práctica de renova- ción de cargos entre regionalistas «asimilables» impulsada durante el mandato de Felipe Acedo Colunga en el Gobierno Civil de Bar- celona (1951-1960) es particularmente representativa de este in- tento. El proceso de cooptación, más adelante complementado con la incorporación de estas elites a las redes clientelares urdidas al ca- Xosé Manoel Núñez Seixas: «La región y lo local en el primer franquismo», 6 en Stéphane Michonneau y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y re­ presentaciones de España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, pp. 127-153, esp. pp. 137-138 y 141-142. 7 Martí Marín: «El decenio bisagra (1951-1960)», en Javier Tébar et al.: Gober­ nadores. Barcelona en la España franquista (1939-1977), Granada, Comares, 2015, pp. 117-184, esp. pp. 140-141. 8 Las contradicciones en las que vivieron instalados estos sectores han sido muy bien retratadas en Francesc Vilanova: «Franquismo y disidencias de dere- chas: entre la vigilancia y la represión en los campos regionalista y juanista», Ayer, 43 (2001), pp. 37-58. 138 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... lor del desarrollismo, entrañaba, sin embargo, una paradoja que ha sido muy bien descrita para el caso catalán: mientras el franquismo empezaba a ganar para su causa a parte de las clases conservadoras a las que durante la posguerra no había seducido, la hostilidad ha- cia la dictadura —también entre el catalanismo— empezaba a cre- cer de forma preocupante  9. Ello ocurrió, no obstante, solo de forma progresiva. Inicial- mente, la exigua vida cultural desplegada en Cataluña y el País Vasco apenas podía suponer una amenaza para el régimen. Hasta tal punto era así, que algunas de sus expresiones incluso suscitaron acusaciones de «colaboracionismo»  10. Con todo, nunca dejaron las autoridades de controlar hasta la más intrascendente de estas activi- dades o publicaciones. Esta estricta vigilancia constituía un síntoma de la voluntad del franquismo de dominar todas las esferas socia- les, pero no parece que el asociacionismo cultural fuera concebido como un problema de primer orden, o no por lo menos inicial- mente. Las alarmas saltaron solo cuando vasquismo y catalanismo comenzaron a articularse como movimientos con un contenido níti- damente antifranquista y, sobre todo, con una clara pretensión mo- vilizadora, lo que confería al ámbito cultural, ahora sí, un mayor potencial como espacio de intervención de la oposición. Los primeros pasos hacia la articulación de una movilización de este tipo los habían dado, en los años cuarenta y cincuenta, algunos reducidos grupos de jóvenes a través de acciones como la coloca- ción de ikurriñas y senyeres en lugares visibles o los sabotajes con- tra símbolos del régimen. Siguieron luego, en la bisagra entre los cincuenta y los sesenta, algunos episodios de protesta esporádicos, pero de considerable impacto. Ejemplos de ello en Cataluña fue- ron la campaña contra La Vanguardia Española a raíz del caso Ga- 9 Martí Marín: «De derrotada a problemàtica i d’hostil a integrada: la política del franquisme a Catalunya entre 1939 i 1960», en Gracia Dorel-Ferré (coord.): Comme une étoffe dechirée. Les Catalognes, avant et après le Traité des Pyrenées, Perpiñán, Trabucaire, 2012, pp. 160-175, e íd.: «El decenio bisagra...». En general, sobre la política de la dictadura en Cataluña y sobre la participación de catalanes en las distintas instancias de poder franquista, véase Martí Marín: ¡Ha llegado España! La política del franquisme a Catalunya (1938-1977), Vic, Eumo, 2019. 10 Sobre la cuestión del colaboracionismo en Cataluña, véase Francesc Vila- nova: «¿Colaboracionistas catalanes? Antifranquismo y franquismo en la Cataluña de posguerra (1939-1947)», Spagna Contemporanea, 46 (2014), pp. 145-172. Ayer 123/2021 (3): 135-161 139 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... linsoga (junio de 1959-febrero de 1960), los sucesos del Palau de la Música (mayo de 1960) o la campaña contra el posterior consejo de guerra contra Jordi Pujol. Y en el País Vasco, la carta colectiva de 339 sacerdotes a los obispos de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Nava- rra para denunciar la ausencia de libertades y la represión, en 1960, o el multitudinario sepelio del lehendakari José Antonio Aguirre en San Juan de Luz, tras su inesperada muerte en París el 22 de marzo de aquel mismo año. Fue pues alrededor de 1960 cuando, por pri- mera vez desde la instauración del régimen, los núcleos abertzale y catalanistas consiguieron una cierta trascendencia pública. El paso definitivo en la articulación política de los nacionalis- mos vasco y catalán se dio ya entrada la década de los sesenta, mo- mento en el que se produjo una renovación e impulso de ambos movimientos, especialmente del abertzale. Unos cambios que esta- ban en consonancia con los aires ideológicos en boga en el ámbito internacional —donde proliferaban los procesos revolucionarios y de descolonización, así como, en Europa, los nacionalismos subes- tatales— y que se daban simultáneamente al fortalecimiento general de la oposición. Si hasta entonces el principal objeto de preocupa- ción en torno a la «cuestión nacional» parecía haber sido Cata- luña, el foco de atención iría desplazándose progresivamente hacia el País Vasco. Una de las causas de este vuelco fue la importancia que empezaron a cobrar las conmemoraciones del Aberri Eguna. Tras años en los que su celebración —iniciada en 1932 a iniciativa del PNV—  11 se había limitado al exilio, la cita de 1964 en Gernika se convirtió en la primera concentración de masas del nacionalismo vasco en el interior desde la Guerra Civil  12. Tanto la reactivación del nacionalismo vasco en los años sesenta como la respuesta del ré- gimen al fenómeno estuvieron condicionadas por un factor que ac- tuó como diferenciador respecto a la realidad catalana: la irrupción de ETA. La mayor represión en la que, con el paso del tiempo, se tradujo esta atención muy pronto redundaría, paradójicamente, en una extensión del malestar social y de la protesta en el País Vasco, 11 José Luis de la Granja: «El culto a Sabino Arana: la doble resurrección y el origen histórico del Aberri Eguna en la Segunda República», Historia y Política, 15 (2006), pp. 65-116. 12 Miren Barandiaran Contreras: Aberri Eguna. 70 años de fiesta y reivindica­ ción, Bilbao, Fundación Sabino Arana, 2002, p. 73. 140 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... dinámica que tuvo su máxima expresión en las movilizaciones con- tra el proceso de Burgos, de diciembre de 1970, y que se perpetua- ría hasta el fin de la dictadura  13. En contraste con el cariz que estaba tomando el nacionalismo vasco, el catalanismo aparecía en aquellos mismos años como un movimiento algo más templado. A menudo sus acciones se plan- teaban más como un intento de ensanchamiento de los límites de la legalidad que como una confrontación radical con ella. Destaca- ron en especial las iniciativas en favor de una mayor presencia pú- blica del catalán, que tendrían una de sus máximas expresiones en la campaña «Català a l’escola», coincidiendo con la conmemora- ción, en 1968, del «Any Fabra» (con motivo del centenario del na- cimiento del padre de la normativa moderna de la lengua catalana). El influjo católico de buena parte del movimiento queda bien re- flejado en otra de las campañas con más eco de aquella década, la que se desarrollaría en 1966 bajo el lema «Volem bisbes catalans». Fuera como fuese, también es perceptible en el nacionalismo cata- lán de la época una creciente propensión hacia la movilización, se- mejante —aunque con algo menos de ímpetu y alcance— a la que estaba experimentando el mundo abertzale. El momento que señala de forma más evidente el arranque de esta etapa es el intento de conmemoración de la Diada de 1964, coincidiendo con el 250 ani- versario del 11 de septiembre de 1714  14. La incorporación de los nacionalismos vasco y catalán a la senda de la movilización que había empezado a transitar la oposición los transformó de amenaza potencial —la lengua e identidad pro- pias como estorbo para el proyecto nacionalista español del fran- quismo— en flagrante problema policial. Aun así, ambos movi- mientos desarrollarían un papel de actores de reparto en la lucha antifranquista, en segundo plano por detrás de los tres grandes vec- tores a través de los que se articularía el grueso de la acción de la oposición en los años sesenta y setenta: los movimientos obrero, es- 13 En esta línea interpretativa, véase Pau Casanellas: Morir matando. El fran­ quismo ante la práctica armada, 1968-1977, Madrid, Catarata, 2014. 14 Robert Surroca: La Diada. L’Onze de Setembre a través de la història ­(1886-1977), Barcelona, Base, 2014, pp. 108-113, y David Ballester et al.: El triomf de la memòria. La manifestació de l’Onze de setembre de 1977, Barcelona, Base, 2002, pp. 54-60. Ayer 123/2021 (3): 135-161 141 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... tudiantil y —como hermano pequeño, por su aparición postrera— vecinal. El auténtico potencial de los nacionalismos subestatales, y lo que más preocupó —y desorientó— al régimen, no fue tanto su propia capacidad de movilización como la asunción, por parte de la inmensa mayoría del antifranquismo catalán y vasco, de sus postulados básicos. Las implicaciones de esta imbricación —una transversalidad especialmente palpable en lo que al catalanismo se refiere— no fueron menores, puesto que las principales líneas teó- ricas y programáticas sobre la «cuestión nacional» formuladas por el antifranquismo catalán en los años sesenta y setenta influyeron de forma decisiva en el conjunto de la oposición española, que, en lí- neas generales, las asumió como propias  15. El ascendiente del antifranquismo catalán era consecuente con el protagonismo que tuvo Cataluña en el conjunto de la movili- zación, como lo tuvo también el País Vasco. O, más específica- mente, con el protagonismo de algunas de sus provincias: Barce- lona, Guipúzcoa y Vizcaya  16. Fue sobre todo la mayor fortaleza de la oposición en estos territorios lo que los convirtió en ob- jeto de una particular focalización represiva  17. El similar vigor de ambos antifranquismos, catalán y vasco, no puede hacernos per- der de vista, sin embargo, su diferente configuración, de la misma forma que, como hemos visto, ambos nacionalismos tuvieron sus propias particularidades. Así, mientras que la oposición cata- lana se caracterizó por su amplitud y unidad  18, la vasca lo hizo por el destacado papel que en ella tuvieron los planteamientos ­revolucionarios  19. 15 Carme Molinero y Pere Ysàs: La cuestión catalana. Cataluña en la transición española, Barcelona, Crítica, 2014, pp. 38-43. 16 Carme Molinero y Pere Ysàs: Productores disciplinados y minorías subversi­ vas. Clase obrera y conflictividad laboral en la España franquista, Madrid, Siglo XXI, 1998, pp. 100-119. 17 Juan José del Águila: El TOP. La represión de la libertad, 1963-1977, Barce- lona, Planeta, 2001, pp. 270 y 275-277. 18 Carme Molinero y Pere Ysàs: La cuestión catalana..., pp. 27-38. 19 Daniel Escribano y Pau Casanellas: «La precipitación del cambio político (1974-1977). Una mirada desde el País Vasco», Historia Social, 73 (2012), pp. 101-121. 142 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... Problemas de enfoque A medida que los nacionalismos vasco y catalán fueron emer- giendo como problema policial de cierta envergadura, las dife- rentes instancias de poder de la dictadura les prestaron una ma- yor atención. En su calidad de organismo encargado de encauzar el «contraste de pareceres» en el seno del régimen, y acorde con la reactivación que experimentó a raíz de la Ley de Principios del Mo- vimiento Nacional, de mayo de 1958, el Consejo Nacional de FET y de las JONS —desde 1967, Consejo Nacional del Movimiento— fue uno de los espacios donde más proliferaron los debates. El or- ganismo celebraría distintas sesiones monográficas sobre la materia: en 1961-1962, 1971 y 1973. Significativamente, el tono de las dis- cusiones fue evolucionando desde un inicial rechazo de plano ha- cia cualquier reconocimiento, por mínimo que fuera, de la persona- lidad propia de Cataluña y el País Vasco, a una tímida introducción de propuestas que apuntaban hacia un «regionalismo bien enten- dido» que fuera capaz de patrimonializar símbolos y expresiones culturales que catalanismo y vasquismo habían hecho suyos  20. Sin embargo, el carácter minoritario de las voces que iban en esta lí- nea, así como la propia naturaleza del Consejo Nacional —cuya in- fluencia en la orientación política de la dictadura era más bien limi- tada—, hizo que estos debates tuvieran apenas trascendencia. Mayor traducción práctica alcanzaron las medidas impulsadas por ayuntamientos y —sobre todo— diputaciones, que fueron se- guramente los espacios desde los que más se empujó hacia algún tipo de regionalismo. Un buen ejemplo de ello fue el extenso man- dato de Josep Maria de Porcioles en el Ayuntamiento de Barce- lona (1957-1973). Su uso propagandístico del folklore y su «cata- lanismo sui generis» casaban con la preocupación del régimen en aquellos años por ensayar fórmulas que permitiesen generar nue- vas formas de consenso de masas (a través del crecimiento econó- 20 Los debates han sido analizados en Carles Santacana: El franquisme i els ca­ talans. Els informes del Consejo Nacional del Movimiento (1962-1971), Catarroja, Afers, 2000, y Mikel Aizpuru: «Nacionalismo vasco, separatismo y regionalismo en el Consejo Nacional del Movimiento», Revista de Estudios Políticos, 164 (2014), pp. 87-113. Ayer 123/2021 (3): 135-161 143 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... mico, de la apertura de canales de participación o de una política informativa y cultural ligeramente más abierta)  21. Otra de las insti- tuciones que intentó dar cabida a un cierto regionalismo fue la Di- putación de Barcelona. Su principal aportación en esta dirección fue la organización, a partir de 1967, de algunos cursos de len- gua catalana en bibliotecas. El propósito de la iniciativa era clara- mente el de intentar apaciguar las campañas populares por la esco- larización en catalán. En una lógica similar, las subvenciones de la institución provincial barcelonesa a la cultura catalana incrementa- ron tras el escándalo de los concejales del no, en 1975  22. Conviene, pues, relativizar las «buenas intenciones» de las instituciones fran- quistas en este terreno. Algo parecido podría decirse del apoyo de la Diputación de Guipúzcoa al euskera. Este se dio, en un primer estadio —a partir de los años cincuenta—, en forma de fomento del estudio filológico de la lengua, percibida no como seña de identi- dad, sino como objeto de interés científico. Solo tras la progresiva propagación del modelo de las ikastolas —fenómeno del que se ha- blará más adelante— la Diputación impulsaría la introducción del euskera en la enseñanza primaria, primero como materia ofrecida fuera del horario escolar y luego mediante un plan piloto para crear y sostener algunas ikastolas  23. A pesar de medidas como las que acabamos de ver, el desa- rrollo de políticas en la línea de un «nacionalismo regionalizado» fue parco (en cuanto a las de tipo simbólico)  24 o prácticamente 21 Martí Marín: Josep Maria de Porcioles. Catalanisme, clientelisme i franquisme, 2.ª ed., Barcelona, Base, 2005. 22 Carme Molinero y Pere Ysàs: «La Diputació de 1949 a 1977», en Borja de Riquer (dir.): Història de la Diputació de Barcelona, vol. III, Barcelona, Diputació de Barcelona, 1988, pp. 42-103, esp. pp. 67-96. 23 Leyre Arrieta Alberdi y Miren Barandiaran Contreras: Diputación y mo­ dernización: Gipuzkoa, 1940-1975, San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa, 2003, pp. 195-198. 24 Así lo corroboran los principales estudios sobre la temática. Véanse Xosé Manoel Núñez Seixas: «El nacionalismo español regionalizado y la reinvención de identidades territoriales, 1960-1977», Historia del Presente, 13 (2009), pp. 55-70; íd.: «La región y lo local...»; Martí Marín: «Un regionalisme instrumental: fran- quisme i catalanisme entre el tardofranquisme i la Transició», en Maria Muntaner et al. (eds.): Transformacions. Literatura i canvi sociocultural dels anys setanta ençà, València, Universitat de València, 2010, pp. 55-72, y Andrea Geniola: «El nacio- nalismo regionalizado y la región franquista: dogma universal, particularismo espiri- 144 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... nulo (por lo que respecta a la descentralización administrativa)  25. Y cuando fueron llevadas a la práctica, se debió más a la iniciativa personal de alguna autoridad local o regional —siempre con la pre- ceptiva bendición de la superioridad— que no a un articulado plan de conjunto  26. Cabe delimitar, así, una línea de separación entre la administración local (ayuntamientos y diputaciones), nivel en el que la apuesta por el regionalismo tuvo una cierta penetración, y los go- biernos civiles, que funcionaron normalmente como freno a —o en- cauzamiento de— estos proyectos  27. Constatación que refuerza la idea de la importancia de la red gubernativa como implacable co- rrea de transmisión de las órdenes de «Madrid» y elemento clave en el control centralizado del territorio. Para ello, resultaba de vi- tal importancia el reclutamiento del personal político llamado a de­ sempeñar esta función, de un perfil normalmente ajeno a la provin- cia a la que era destinado y poco permeable a la influencia de los poderes y fuerzas vivas locales  28. tual, erudición folklórica (1939-1959)», en Ferran Archilés e Ismael Saz (coords.): Naciones y Estado. La cuestión española, València, Universitat de València, 2014, pp. 189-224. 25 Específicamente sobre las propuestas de descentralización administrativa, véase Carlos Garrido López: «El regionalismo “funcional” del régimen de Franco», Revista de Estudios Políticos, 115 (2002), pp. 111-127. 26 Ello concuerda con la idea de «políticas involuntarias» sobre la cuestión que ha planteado Andrea Geniola: «Erudición y particularismo. Sobre la oferta “regio- nal” franquista», en Ana Cabana Iglesia, Daniel Lanero Táboas y Víctor Manuel Santidrián Arias (eds.): VII Encuentro de Investigadores sobre el Franquismo, San- tiago de Compostela, Fundación 10 de Marzo-Universidade de Santiago de Com- postela, 2011, pp. 163-175, esp. p. 169. 27 Los mandatos de Tomás Pelayo Ros y Rodolfo Martín Villa en Barcelona son un muy buen ejemplo de ello. Véase Pau Casanellas: «La crisis desde primera línea (1969-1975)», en Javier Tébar et al.: Gobernadores. Barcelona en la España franquista (1939-1977), Granada, Comares, 2015, pp. 263-305, esp. pp. 269-271 y 301-302. También el estudio del caso valenciano permite sostener esta afirmación. Véase Andrea Geniola: «“Es tan sano el regionalismo valenciano”. Regionalisme i anticatalanisme al País Valencià durant el franquisme (1962-1977)», Afers, 29, 79 (2014), pp. 619-641, esp. p. 625. 28 Hay que remitir obligatoriamente, en lo que a la red gubernativa se refiere, al exhaustivo y preciso análisis de Martí Marín: «Los gobernadores civiles del franquismo, 1936-1963: seis personajes en busca de autor», Historia y Política, 29 (2013), pp. 269-299. El estudio monográfico provincial hasta ahora más completo es el de Javier Tébar et al.: Gobernadores. Barcelona en la España franquista (1939- 1977), Granada, Comares, 2015. Ayer 123/2021 (3): 135-161 145 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... Por encima de la mesa de uno de estos gobernadores, Tomás Pelayo Ros (que ejerció en Barcelona entre 1969 y 1974), debie- ron de pasar en algún momento unas extensas «Notas sobre la si- tuación político-social en Cataluña», fechadas en 1971. Aunque sin firma conocida, a la vista de su tenor difícilmente se las podemos atribuir a Pelayo, poco propenso al desarrollo de cualquier tipo de regionalismo. El informe empezaba alertando de que «una falta de sensibilidad» en el tratamiento del «separatismo» podía «provo- car no solo un aumento de actividad por su parte, sino un reforza- miento en lo más profundo de su ser, degenerando inevitablemente en un movimiento de fuerza difícilmente controlable». Significativa- mente, se hacía referencia a los debates en el Consejo Nacional del Movimiento, en los que «se han alzado voces pidiendo una distin- ción neta entre conciencia regionalista y conciencia separatista». En la misma línea, se constataba que, a consecuencia de la política gu- bernamental, «durante una serie de años, en regiones como Vascon- gadas y Cataluña, principalmente en la primera, se ha[n] provocado reacciones en contra por parte de la población no significada polí- ticamente, aunque acorde con el sistema establecido». Se había lo- grado así que «ciertos elementos de la cultura regional, canciones, bailes y trajes típicos, hayan sido usados por los separatistas en uso de sus propios fines». Con todo, se alertaba también que, «si peli- grosa y funesta ha sido esta política, tan peligrosa o más puede ser la totalmente contraria, ya que el activista, al amparo de un relaja- miento, podría encontrar la casi impunidad en sus maniobras, y tal vez será demasiado tarde cuando se quiera poner coto» a ellas  29. El dilema planteado en el documento entre la excesiva mano dura y un relajamiento de los mecanismos de control condensa a la perfección la disyunta a la que el franquismo se vio abocado desde finales de los años sesenta y que está en la base de la crisis en la que se vio sumido a partir de entonces. La respuesta represiva sus- citaba cada vez más muestras de rechazo, pero, en sentido contra- rio, abrir la puerta a una mayor participación, vivificar la «demo- cracia orgánica», implicaba un serio riesgo de aprovechamiento de estas grietas por parte de la oposición. El problema era complejo «Notas sobre la situación político-social en Cataluña», Barcelona, marzo 29 de 1971, Archivo General de la Delegación del Gobierno en Cataluña (en adelante, AGDGC), Gobernadores Civiles, caja 189. 146 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... y no tenía fácil solución. La que se apuntaba en el documento ci- tado iba en la dirección de un regionalismo funcional: «Solución plausible para tratar de desligar el sentimiento regionalista de la actual configuración geográfica podría ser el replanteamiento re- gional, sobre bases económicas y sociales, ya que la actual confi- guración se encuentra netamente politizada. El instrumento para realizar dicho replanteamiento está en marcha: debería ser el tercer plan de desarrollo»  30. Algunos años antes, desde el Consejo Provincial del Movi- miento de Guipúzcoa parecía sugerirse una vía algo distinta, si bien no necesariamente incompatible con la anterior. En 1968, bajo la jefatura del alcoyano Enrique Oltra Moltó —quien ya había ejer- cido de gobernador y jefe provincial en Álava (1966-1968)—, se proponía la implementación en las «cuatro provincias vasco-nava- rras» de un «Plan de desarrollo político» a imitación de los planes de desarrollo económico y social. Para ello, hacía falta «un estudio conjunto y completo y un planteamiento serio y efectivo del pro- blema vasco»  31. Un posterior —y muy extenso— «Plan de Urgen- cia de Acción Política en la Provincia de Guipúzcoa», elaborado asimismo desde el Consejo Provincial entre septiembre de 1972 y febrero de 1973, durante el mandato de Eulogio Salmerón Mora, ahondaba en esta línea. El plan, percibido como de «imperiosa ne- cesidad», pasaba revista a la situación sociopolítica en la provincia y proponía algunas medidas para tratar de detener la fuga de adhe- siones que estaba sufriendo allí la dictadura. Destacaba, entre estas propuestas, la creación de un «Consejo Asesor de Propaganda Po- lítica» a nivel provincial, presidido por el gobernador e integrado por el delegado provincial de Información y Turismo, directores de medios de comunicación y personalidades relevantes. Entre sus ob- jetivos estaría la «exaltación de la idea de unidad nacional», pero «no solo desde puntos de vista históricos, sino también mediante la utilización de otros conceptos positivos», tales como la «autentici- 30 Ibid. 31 «Plan de desarrollo político que el Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa entrega al ministro secretario general», San Sebastián, 11 de septiembre de 1968, Archivo General de la Administración (en adelante, AGA), Presidencia, Movimiento Nacional (en adelante, MN), Secretaría General del Movimiento (en adelante, SGM), Secretaría Técnica (en adelante, ST), caja 51/18770. Ayer 123/2021 (3): 135-161 147 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... dad regionalista y foralidad», la «defensa de las legítimas peculiari- dades regionales frente a toda tendencia disgregadora» o las «apor- taciones tradicionalistas», entre otras  32. ¿Por qué no se profundizó más, en sintonía con lo apuntado en estos documentos, en la vía de un «sano regionalismo» que contri- buyera a «quitar banderas»  33 a los nacionalismos periféricos? La principal explicación, y la más obvia, es que estos planteamientos nunca contaron con un claro apoyo de los círculos gubernamenta- les ni del propio Franco, quien, en última instancia —y hasta sus últimos suspiros—, controlaba todas las decisiones de importancia. En absoluto se sostiene, pues, la imagen de cierta discrecionalidad del poder local de la dictadura que a veces se ha dado. Pieza fun- damental para evitar cualquier autonomía en la toma de decisiones fueron, como ya se ha dicho, los gobernadores civiles. Tanto es- tos como las máximas autoridades del régimen contemplaron el fe- nómeno, por norma general, desde demasiado lejos, con unas len- tes inadecuadas. Ejemplo paradigmático de ello fue la tendencia a otorgar una exagerada amplitud al concepto de separatismo. En él, muy a menudo se incluían posicionamientos políticos y expresio- nes culturales que poco o nada tenían que ver con el independen- tismo, el cual, políticamente, disponía entonces de una fuerza exi- gua. A pesar del tino que reflejaban muchas de sus valoraciones, el propio documento consagrado a Cataluña al que se ha hecho refe- rencia anteriormente adolecía de esta deformación. En él, el «cata- lanismo separatista» aparecía como un todo, en el que se mezcla- ban desde la Abadía de Montserrat a Òmnium Cultural, pasando por Banca Catalana, algunos medios de información, colegios pro- fesionales, entidades culturales o el profesorado de la Universidad Autónoma de Barcelona  34. Deformado hasta tal punto el fenómeno, no había forma de encauzarlo adecuadamente. 32 Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa: «Plan de Urgencia de Ac- ción Política en la Provincia de Guipúzcoa», San Sebastián, febrero de 1973, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 33 La expresión la había utilizado el presidente de la Diputación de Barcelona, Josep Maria de Muller, para defender ante Pelayo Ros su propuesta de restituir el nombre de Biblioteca de Cataluña a la Biblioteca de la Diputación. Véase Carme Molinero y Pere Ysàs: «La Diputació...», pp. 80-85. 34 «Notas sobre la situación político-social en Cataluña», Barcelona, marzo de 1971, AGDGC, Gobernadores Civiles, caja 189. 148 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... Entre los que, dentro de las esferas de poder de la dictadura, fueron capaces de apercibirse de este problema de enfoque, tal vez quien llegó a ocupar más altas cotas de responsabilidad fuera To- más Garicano Goñi, ministro de la Gobernación entre octubre de 1969 y junio de 1973. Su carrera política le había llevado a ejercer previamente tanto en Cataluña como en el País Vasco, como go- bernador civil y jefe provincial de Guipúzcoa (1951-1956) y Bar- celona (1966-1969)  35. En 1967, todavía como gobernador de esta última provincia, acertaba en el blanco al señalar, en una carta a Laureano López Rodó, a la sazón ministro sin cartera y comisario del Plan de Desarrollo, la conveniencia de utilizar el término catala­ nismo en vez del de separatismo: «ya sabes que evito todo lo posible por inadecuada, a mi juicio, en la mayoría de los casos la palabra separatista». Para Garicano, los «catalanistas extremistas» no repre- sentaban una amenaza demasiado importante, pero convenía evi- tar que politizasen expresiones culturales: «... si tienen algún pres- tigio se basa en la utilización, casi en exclusiva, de ciertos órganos y elementos de la cultura catalana. Juzgo necesario que esta ban- dera pase a manos de personas que la cultiven de verdad, pero sin la matización política que ellos quieren darle, esta es una tarea im- portante, no fácil, pero que creo hay que acometer honrada, franca, e incluso urgentemente»  36. La realidad, no obstante, es que, en este aspecto como en el del fomento de los procesos electorales locales, Garicano fue más na- dador a contracorriente que exponente de la línea política que ter- minó imperando. En particular en aquellos territorios —señalada- mente Cataluña y el País Vasco— en los que los sentimientos de identidad nacional alternativos a la española estaban más exten- didos, el miedo que despertaba el fantasma del separatismo fun- cionó como un freno a las iniciativas de tipo regionalista planteadas desde dentro de los confines del régimen  37. Iniciativas, huelga de- 35 Sobre su figura, véase Martí Marín: «Una década de estabilidad relativa (1960-1969)», en Javier Tébar et al.: Gobernadores. Barcelona en la España fran­ quista (1939-1977), Granada, Comares, 2015, pp. 185-262. 36 Carta de Tomás Garicano Goñi a Laureano López Rodó, Barcelona, 2 de enero de 1967, AGDGC, Gobernadores Civiles, caja 236. 37 Un patrón parecido ha sido observado para las primeras décadas del régi- men. Véase Xosé Manoel Núñez Seixas: «La región y lo local...», p. 129. Ayer 123/2021 (3): 135-161 149 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... cirlo, desprovistas de cualquier contenido político tendencialmente desafecto o disgregador, que se concebían como funcionales a la idea de nación española y al proyecto nacionalizador del franquismo y que, por lo tanto, en nada entraban en contradicción con este  38. E iniciativas, por otro lado, en buena medida transversales —con los matices propios en cada caso— a las diferentes sensibilidades exis- tentes entre la elite política de la dictadura, y que pocas diferencias sustanciales nos permiten establecer entre ellas  39. Análisis y propuestas in extremis Más allá de valoraciones de tipo general como las que acaba- mos de repasar, desde finales de los años sesenta proliferaron do- cumentos de notable elaboración emanados de los gobiernos civiles y las estructuras provinciales del Movimiento, en los que, además de analizar los nacionalismos vasco y catalán, se hacían propues- tas concretas para combatirlos. Aunque en ocasiones teñidos de un vago regionalismo, su contenido contrasta con el de los proyectos emanados de ayuntamientos y diputaciones, por lo general más sen- sibles a las especificidades territoriales. Uno de los ámbitos de atención preferente de estos informes fue el asociacionismo. En 1965, por ejemplo, desde el Gobierno Civil de Vizcaya —en manos de Guillermo Candón Calatayud— se apun- taba específicamente contra la asociación católica Baserri Gaztedia, de implantación rural. El gobernador consideraba que constituía una «sucursal» de ETA y EGI y que aprovechaba «cualquier ma- nifestación de carácter folkórico para enardecer a la juventud y ha- cer proselitismo»  40. Semejantemente, el ya citado «Plan de desarro- llo político» concebido por el Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa en 1968 hablaba de la «existencia de una serie de “caba- 38 Como ha sido puesto de relieve para el caso francés, un exacerbado centra- lismo estatal puede convivir perfectamente con la exaltación de la diversidad regio- nal. Véase Anne-Marie Thiesse: «Centralismo estatal y nacionalismo regionalizado. Las paradojas del caso francés», Ayer, 64 (2006), pp. 33-64. 39 Véanse varios apuntes sobre estas cuestiones en Andrea Geniola: «El nacio- nalismo regionalizado...». 40 Gobierno Civil de Vizcaya: «Memoria del año 1965», Bilbao, 1966, Archivo Histórico Provincial de Vizcaya, Secretaría General, caja 89. 150 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... llos de Troya” o políticamente inertes». El documento consideraba que muchas entidades, como el Colegio de Abogados de Guipúz- coa, estaban «minadas» por la presencia de «indeseables», y hablaba de un asociacionismo de «sentido negativo», en el que se engloba- ban entidades deportivas, juveniles, apostólicas, familiares e incluso mercantiles. Para paliarlo, se pedía la articulación de una labor pre- ventiva coordinada para evitar que se subvencionaran entidades no afectas y se apuntaba la necesidad de fortalecer las estructuras del partido único, cuestión que sería una constante en las reclamaciones de los consejos provinciales del Movimiento  41. En la solemne presentación de este último informe que se hizo ante el secretario general del Movimiento, José Solís, el jefe pro- vincial, Oltra Moltó, hizo suyos algunos de los pasajes del texto para denunciar la «infiltración» del «enemigo» en el terreno aso- ciativo y apostilló: «Se ha dicho con razón que en política, como en la guerra, las posiciones solo se pierden por dos razones: o por- que el enemigo difícilmente las conquista o porque las abandonan sus defensores. Yo he de decirte con rotunda sinceridad que alguna posición se ha perdido, no por victoria enemiga sino por abandono propio»  42. En una línea muy similar iban las valoraciones vertidas por el gobernador civil de Vizcaya, Fulgencio Coll de San Simón, en su memoria anual de aquel mismo 1968, en la que opinaba que «la actuación del Movimiento, en su aspecto genuinamente político, al menos hasta el momento, puede decirse que en Vizcaya ha care- cido de la deseada efectividad»  43. No parece que las advertencias lanzadas en 1968 desde Guipúz- coa y Vizcaya fueran demasiado efectivas. Siete años después, en septiembre de 1975, una «Nota sobre la posible actuación cultural de urgencia a seguir en la provincia de Guipúzcoa», de nuevo ela- borada por el Consejo Provincial del Movimiento —encabezado por Emilio Rodríguez Román—, insistía en la peligrosidad de las «aso- 41 «Plan de desarrollo político que el Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa entrega al ministro secretario general», San Sebastián, 11 de septiembre de 1968, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 42 «Discurso de presentación del jefe provincial del Movimiento, camarada Enrique Oltra Moltó», San Sebastián, 1968, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 43 Gobierno Civil de Vizcaya: «Memoria del año 1968», Bilbao, 1969, Archivo del Gobierno Civil de Vizcaya. Ayer 123/2021 (3): 135-161 151 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... ciaciones culturales, folklóricas o similares» y remarcaba que hacía falta una «fiscalización [...] rigurosa de las actuaciones —charlas, conferencias, representaciones, proyecciones, etc.— de las entidades conflictivas». Paralelamente, se abogaba por una «ayuda continua a las sociedades adictas o indiferentes a base de subvenciones, propor- cionándoles locales o salones, buscarles y pagarles conferenciantes, etc.», e incluso por crear, «a través de personas interpuestas, nuevas sociedades o asociaciones de este tipo»  44. Un documento análogo y redactado simultáneamente, dedicado en este caso a la «acción política», mostraba una especial preocupa- ción por la «atonía generalizada» de Guipúzcoa, que se atribuía tanto a la «influencia de los grupos subversivos y de oposición», como «al retroceso, al abandono de una acción política suficiente por parte de las Organizaciones y Asociaciones del Movimiento», cuya causa prin- cipal la constituía «su penuria económica». Se denunciaba, para sus- tentar esta afirmación, el desalojo de locales propios por la «falta de medios económicos para sostenerlos». Igualmente, se hacían algunas consideraciones sobre las asociaciones políticas —reguladas el ante- rior mes de diciembre por el Estatuto Jurídico del Derecho de Aso- ciación Política—, de las que se criticaba su «insignificante» actividad en la provincia. En especial, dada la fuerza que el tradicionalismo ha- bía tenido en Guipúzcoa, se consideraba necesario «reagrupar y mo- vilizar» en la Unión Nacional Española «a las familias tradicionalistas que aún quedan». Y se recomendaba: «Toda Asociación ha de enar- bolar, de una u otra forma, la bandera de la “regionalidad” si quiere tener adeptos guipuzcoanos». Finalmente, se apostaba por «intentar de algún modo recuperar para el futuro de España» al nacionalismo vasco, que, «a pesar de sus errores históricos», era caracterizado como «una fuerza moderada y hoy ya diferenciada de la organización marxista ETA»  45. Aunque de forma mucho menos prolífica —o, por lo menos, no tan accesible a la consulta del historiador—, también desde Ca- taluña se formularon reflexiones y propuestas concretas. Destacan las anteriormente citadas «Notas sobre la situación político-social en Cataluña», de 1971, cuyo contenido fue elaborado a partir de «Nota sobre la posible acción cultural de urgencia a seguir en la provin- 44 cia de Guipúzcoa», s. l., 1975, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 45 Ibid. 152 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... otras varias notas específicas redactadas en los años o meses inme- diatamente anteriores. Su autor dedicaba una considerable exten- sión a Òmnium Cultural, considerada el «cerebro organizador» del movimiento catalanista. En una caracterización algo confusa y des- enfocada, se decía de ella que «[s]u lema encubierto podría ser “al separatismo por la cultura”» y que constituía un «[r]educto ideo- lógico del catalanismo conservador y, también, paradójicamente, del de extrema izquierda»  46. Notable atención merecían también entidades como el Ateneo Barcelonés, sobre el que se consideraba que estaba en peligro de caer en manos de una «coalición de ex- trema izquierda», o los colegios profesionales de abogados, médi- cos y arquitectos, en cuyas juntas directivas se denunciaba la pre- sencia de «personalidades destacadas de la oposición de marcado carácter izquierdista»  47. La mezcla entre izquierda y catalanismo (o «separatismo») era constante. En la nota informativa adjunta de- dicada al Ateneo Barcelonés, se tildaba al democristiano Maurici Serrahima de «abogado separatista»  48, y en otra referida al Cole- gio de Médicos de Barcelona, se llamaba la atención sobre la ten- dencia «extremista» que formaban «comunistas y separatistas», entre los que se citaban a Antoni Gutiérrez Díaz y Felip Solé Sa- barís  49. Tal confusión respondía a una realidad a la que ya se ha hecho mención: la general asunción de los postulados básicos del catalanismo por el antifranquismo catalán, así como las dinámicas convergentes entre sus diferentes actores. Pero la caracterización como un todo de ambos fenómenos y la reducción a «separatismo» de casi todo lo que tuviera que ver con el mundo catalanista —o al «comunismo» de lo que tuviera que ver con un antifranquismo más o menos activo— denotaba la incapacidad de comprensión de la complejidad de la situación. Junto con el mundo asociativo, un segundo gran ámbito de atención de las autoridades provinciales fue el lingüístico. El mismo documento dedicado a la realidad catalana al que se está haciendo 46 «Notas sobre la situación político-social en Cataluña», Barcelona, marzo de 1971, AGDGC, Gobernadores Civiles, caja 189. 47 Ibid. 48 «Ateneo Barcelonés», s. l., s. d., AGDGC, Gobernadores Civiles, caja 189. 49 «Elecciones en el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona», Barcelona, 3 de marzo de 1970, AGDGC, Gobernadores Civiles, caja 189. Ayer 123/2021 (3): 135-161 153 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... referencia mostraba una gran preocupación por la creciente «exten- sión de la lengua catalana» a través de iniciativas varias. Por ejem- plo, los grupos de teatro, las revistas infantiles —entre las que se destacaban L’Infantil y Cavall Fort— o la «campaña de difusión de la lengua vernácula, sutil, profunda y acentuadamente catalanista» orquestada bajo el lema «Català a l’escola», en marcha desde 1966. En la misma línea, en el apartado dedicado a la abadía de Montse- rrat —«bastión ideológico, a modo de santo y seña del catalanismo separatista»—, se destacaba que «[l]os oficios religiosos se cele- bran en una mayor proporción en lengua catalana», y se llamaba la atención sobre el papel de sus publicaciones Serra d’Or, Documents d’Església, Studia Monastica y Qüestions de Vida Cristiana. Aten- diendo a su «significado religioso, tradicional, costumbrista y repre- sentativo de la región catalana», se hacía difícil un «tratamiento di- recto» contra la abadía. Así: «Quizás la acción positiva más factible sería planteada por el lado económico: su aspecto turístico le pro- porciona unos saneados ingresos, que de limitarse mellarían su po- tencia». Un recelo casi tan llamativo como el que levantaba el pa- pel ejercido por Montserrat lo suscitaba la Universidad Autónoma de Barcelona, de la que el mismo documento alertaba que, entre su profesorado, se encontraban «elementos catalanistas» y del PSUC, y que se proyectaba en ella la creación de «un gran departamento de estudios y de la lengua catalana». De nuevo, el anatema cata- lanista y el comunista aparecían como un totum revolutum. Final- mente, inquietaba la tendencia a catalanizar la toponimia propia por parte de cabeceras como Tele/eXprés o el Diario de Barcelona  50. Por lo que respecta al País Vasco, la preocupación por la cuestión lingüística iba en buena medida ligada al papel ejercido por Euskalt- zaindia, la Academia de la Lengua Vasca. La entidad había reacti- vado sus actividades a partir de los años cincuenta, en una situación de semitolerancia semejante a la vivida por el Institut d’Estudis Ca- talans, pues no sería reconocida oficialmente hasta marzo de 1976, unos meses antes que su homólogo catalán. La mirada de las auto- ridades se centró en ella especialmente a raíz del proyecto de unifi- cación dialectal, aprobado en el congreso de Arantzazu de 1968, si- 50 «Notas sobre la situación político-social en Cataluña», Barcelona, marzo de 1971, AGDGC, Gobernadores Civiles, caja 189. 154 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... guiendo la propuesta del lingüista Koldo Mitxelena  51. En 1975, el Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa —especialmente prolífico en la elaboración de documentos— advertía contra el in- tento de la Academia de «crear como elemento unificador una len- gua —el batasuna [euskera batua]— en la que se refundan los múlti- ples dialectos euskéricos». Asimismo, proponía que, «como antídoto de algunas revistas mediocres en vascuence y de dudoso propósito», se crease y financiase «una revista bilingüe de altura y cultural, reli- giosa y políticamente sana»  52. Estrecha relación con el ámbito lingüístico guardaba el de la en- señanza, que, sobre todo en el País Vasco, fue otro de los princi- pales focos de inquietud de las autoridades provinciales. La volun- tad de ofrecer a sus hijos una educación en euskera y alejada de la mediocridad y el doctrinarismo de la escuela franquista llevó a di- versos grupos de madres y padres a reimplantar el modelo de las ikastolas a principios de los años sesenta, primero de forma desor- ganizada, pero muy pronto a través de una cierta coordinación  53. La propagación que, en pocos años, llegaron a adquirir estas escue- las alarmó a los estamentos provinciales del partido único. El Con- sejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa se lamentaba en 1973 —en el ya citado «Plan de Urgencia de Acción Política»— de que «tan solo el 25% del magisterio total de la provincia merece una absoluta confianza política». Para paliar la «nefasta» labor docente de ikastolas y centros privados se consideraba que era necesario «contar con un número de maestras que, conociendo el vascuence, tuvieran el espíritu suficiente para dedicarse a este sector». La ta- rea se presuponía de gran dificultad, dado que una campaña de la 51 Patxi Goenaga: «Real Academia de la Lengua Vasca/Euskaltzaindia: ochenta años de trabajo por la normalización del vasco», Arbor, 641 (1999), pp. 77-98, esp. pp. 83-89; Sobre la Real Academia de la Lengua Vasca. Euskaltzaindia, Ma- drid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1976, y Albert Balcells et al.: Història de l’Institut d’Estudis Catalans, vol. 2, De 1942 als temps recents, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans-Afers, 2007. 52 «Nota sobre la posible acción cultural de urgencia a seguir en la provin- cia de Guipúzcoa», s. l., 1975, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 53 El movimiento de las Ikastolas. Un pueblo en marcha. El modelo Ikastola 1960-2010, Bilbao, Euskaltzaindia, 2011, pp. 36-62. En rigor, la primera ikastola fue creada en Bilbao en 1957, pero no sería hasta inicios de la década siguiente cuando el modelo empezaría a expandirse. Ayer 123/2021 (3): 135-161 155 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... Sección Femenina en este sentido había puesto de relieve «que no poseemos el elemento humano necesario»  54. Tanto la censura como las labores policiales se habían visto condicionadas o lastradas en algún momento por el mismo motivo  55. Dos años después, la alarma expresada desde el mismo orga- nismo era todavía mayor. Según una extensa nota dedicada a la «po- sible acción educacional de urgencia a seguir» en la provincia, exis- tía una «creciente infiltración en la juventud de ideas y doctrinas mitad progresistas y marxistas, mitad nacionalistas-regionalistas y se- paratistas», una situación que era «urgentísimo atajar y contrarres- tar». Respecto a la educación infantil, hacía falta la «[c]reación de guarderías y centros preescolares por el propio Estado», para evitar la política «suicida» de tener que subvencionar guarderías sustenta- das por «las fuerzas de la subversión». Las ikastolas eran objeto de un ataque especialmente furibundo: habían resuelto «el problema de escolarización de miles de niños, pero con aversión o ignorancia hacia los valores de España como Patria común y Nación, creando así un ambiente o clima propicios para sembrar en los alumnos, cuando van creciendo, mentalidades marxistas y separatistas». Y se concluía: «¡Buen caldo de cultivo del que extraer más tarde los ac- tivistas del terrorismo!» Además de la construcción de centros esta- tales, para frenar el desarrollo de las ikastolas había que ejercer en ellas «una tajante fiscalización», así como «[r]egatear y disminuir [...] la hasta ahora generosa política de reconocimientos, subvencio- nes y otros beneficios». En cuanto a los centros privados o religio- sos (incluyendo los de enseñanza superior), se aconsejaba un trata- miento similar al descrito para las ikastolas, al estar «caracterizados por su conflictividad o la formación antiespañola de sus alumnos»  56. Complementariamente a estas medidas, el documento señalaba de forma directa al personal docente. Directores y profesores de los centros estatales de enseñanza (desde la EGB a la universidad) de- 54 Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa: «Plan de Urgencia de Ac- ción Política en la Provincia de Guipúzcoa», San Sebastián, febrero de 1973, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 55 Joan Mari Torrealdai: La censura de Franco y el tema vasco, San Sebastián, Fundación Kutxa, 1999, pp. 15-16, y Pau Casanellas: Morir matando..., p. 137. 56 «Nota sobre la posible acción educacional de urgencia a seguir en la provin- cia de Guipúzcoa», s. l., 1975, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 156 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... bían ser sometidos a «un severo “control político”», a «una auténtica “depuración política”». A tal objeto, había que «elevar el número de profesores de carrera, con disminución de los PNN y contrata- dos», puesto que sobre los contratados e interinos no existía «nin- gún control o garantía de lealtad política». Y se añadía: «Se consi- dera de gran importancia la necesidad de influir de alguna manera en la elección de los profesores de religión actualmente de carác- ter, en general, progresista y antiespañol, por depender su nombra- miento del Obispo auxiliar Don José María Setién, quien ha sepa- rado de esta función a los sacerdotes “españolistas”»  57. Una última esfera de atención de las autoridades provinciales la constituyeron las migraciones. La idea de instrumentalizarlas —lo que no quiere decir fomentarlas— en perjuicio de los nacionalismos periféricos fue recurrente en la documentación del Consejo Provin- cial del Movimiento de Guipúzcoa. En 1968, por ejemplo, se suge- ría: «Fomentar las Casas Regionales, pensando, incluso, en llegar a una gran Casa de las Regiones en Guipúzcoa, que mantenga el es- píritu español en estos inmigrantes que, a veces, por no encontrar fácil su inserción en la sociedad vasca, acaban absurdamente por ser más separatistas que el propio Sabino Arana. Es curioso obser- var que el nacionalismo de un Pérez o un García es peor que el de que lleva un apellido lleno de “erres”»  58. Semejantemente, en 1973 se señalaba que estos centros «debieran ser mixtos, para vascos e inmigrantes, a fin de que se produzca en ellos una mayor compe- netración y hermandad» y «estar amparados de alguna forma, en el terreno asociativo, por el Movimiento Nacional»  59. Y todavía en 1975 se insistía en el asunto  60. Con todo, una vez más no parece que el régimen tuviera éxito en este ámbito  61. 57 Ibid. 58 «Plan de desarrollo político que el Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa entrega al ministro secretario general», San Sebastián, 11 de septiembre de 1968, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 59 Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa: «Plan de Urgencia de Ac- ción Política en la Provincia de Guipúzcoa», San Sebastián, febrero de 1973, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 60 «Nota sobre la posible acción cultural de urgencia a seguir en la provin- cia de Guipúzcoa», s. l., 1975, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 61 Así se desprende de lo expuesto en Emma Martín Díaz: «Las asociaciones andaluzas en Cataluña y su función de reproducción de la identidad cultural», en Ayer 123/2021 (3): 135-161 157 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... En conjunto, toda esta documentación destilaba una sensa- ción de alarma y de necesidad de soluciones inmediatas. El citado «Plan de Urgencia» elaborado por el Consejo Provincial del Movi- miento de Guipúzcoa en 1973 era diáfano al respecto: «parece de todo punto necesario no aplazar ni un día más la puesta en marcha del propuesto “Plan de Acción Política”, del cual creemos que de- pende ya, “in extremis”, que Guipúzcoa se salve para España o que siga discurriendo por la pendiente política que la conduciría, si no al separatismo, al menos, a convertirse en problema permanente e in- tratable para cualquier Gobierno unitario de España»  62. El creciente ímpetu de los nacionalismos vasco y catalán hizo que, a lo largo de la última década de vida de Franco, el miedo a una disgregación de España fuera calando entre los responsables políticos de la dic- tadura, especialmente entre aquellos que vivían el problema desde cerca. Aunque tal vez exagerada y fruto de un análisis realizado con las lentes equivocadas, esta impresión denotaba una realidad indis- cutible: los movimientos abertzale y catalanista habían llegado para quedarse. Para afrontarlos, no valían ya ni la apuesta represiva ni las medias tintas: habría que darles algún tipo de reconocimiento po- lítico. Las parcas concesiones gubernamentales ensayadas por los gobiernos de la monarquía apenas consiguieron canalizar mínima- mente un río que estaba ya desbordado; la cuestión solo encontraría acomodo —si bien de forma algo improvisada, accidentada e inesta- ble— con posterioridad a las elecciones de junio de 1977. Para concluir La discusión en el seno del franquismo sobre cómo hacer frente a la movilización impulsada por los nacionalismos subestatales, de- Josepa Cucó y Joan J. Pujadas (coords.): Identidades colectivas. Etnicidad y sociabi­ lidad en la península ibérica, València, Generalitat Valenciana, 1990, pp. 255-268, esp. pp. 255-257. Véanse también algunas notas sobre la cuestión en Amaia Lami- kiz Jauregiondo: «Espacios para una cultura desde abajo: asociacionismo donostia- rra e imágenes de la nación durante el franquismo», Historia y Política, 38 (2017), pp. 129-159, esp. pp. 141-146. 62 Consejo Provincial del Movimiento de Guipúzcoa: «Plan de Urgencia de Ac- ción Política en la Provincia de Guipúzcoa», San Sebastián, febrero de 1973, AGA, Presidencia, MN, SGM, ST, caja 51/18770. 158 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... bate cuyos focos de atención preferente fueron Cataluña y el País Vasco, tuvo uno de sus principales escenarios en las estructuras provinciales del partido único y en los gobiernos civiles. El análi- sis de la documentación producida por estos organismos a la que se ha podido acceder —fragmentaria, pero de notable interés—, ratifica a grandes rasgos lo que otros historiadores constataron a raíz del estudio de las sesiones del Consejo Nacional dedicadas a la cuestión. Por encima de todo, resulta palpable la creciente preocu- pación al respecto, hasta el punto de que, ya en los años setenta, la percepción que imperaba era que se requerían soluciones in ex­ tremis. Consecuentemente, con el paso de los años hubo una mul- tiplicación de diagnosis y propuestas. Asimismo, se puede constatar algo que ya se desprendía de la procedencia geográfica de los con- sejeros nacionales más partidarios de la profundización en un «re- gionalismo bien entendido»: por regla general, una política de este tipo solo era percibida como necesaria en «provincias». Y sus po- cas materializaciones se debieron más a algunos ayuntamientos y di- putaciones que a los gobiernos civiles. En cuanto al contenido, estos análisis basculaban entre dos po- los. Por un lado, la apuesta por «quitar banderas al adversario», esto es, por fagocitar símbolos que, principalmente por estar pro- hibidos, habían sido asumidos por nacionalistas catalanes y vas- cos. Y, por el otro, la precaución por evitar «caballos de Troya», es decir, por ejercer un más rígido control sobre todos aquellos es- pacios de legalidad que estaban siendo aprovechados —o pudie- ran serlo— como plataformas de actuación de catalanismo y vas- quismo. Resulta especialmente interesante advertir, y merece la pena subrayarlo, que esta misma dinámica es la que caracterizó el debate planteado en la elite del régimen ante el auge del antifran- quismo en su conjunto, realidad que se convirtió en fuente de rei- teradas querellas internas y elemento constitutivo, en última ins- tancia, de la crisis que atravesó la dictadura desde finales de los años sesenta. A partir de entonces, el franquismo actuó casi siem- pre a la defensiva, a remolque de una oposición en progresión lenta, pero continua. Respecto a la «cuestión nacional», la opción por una política de apertura, en este caso en un sentido regiona- lista, tal vez podría haber resultado atractiva para algunos sectores del nacionalismo conservador —catalán y vasco— a principios de los años sesenta. De hecho, desde la perspectiva del régimen, ha- Ayer 123/2021 (3): 135-161 159 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... bría sido una interesante vía para explorar la generación de nue- vas legitimidades. Sin embargo, a finales de la década o a princi- pios de la siguiente, no parece que esta opción pudiera haber dado frutos: la deslegitimación de la dictadura había llegado ya dema- siado lejos. De las fechas de la documentación se desprende, pues, una conclusión obvia: el régimen iba tarde en sus análisis, lo que le restó capacidad de reacción. Volviendo al contenido de los debates, pese a que predomina- ron las propuestas de la zanahoria por encima de las del palo, re- sulta llamativo que, entre estas últimas, figurasen medidas tan ex- tremas como, por ejemplo, la depuración de profesorado. Ello certifica la idea de que las bases del consenso suscitado por el franquismo habían dejado de ser suficientemente sólidas. En la práctica, lo que finalmente predominó fue, como ya se ha apun- tado, la dureza frente a catalanismo y vasquismo y, paralelamente, el cierre ante las propuestas regionalistas, en la mayoría de los ca- sos por la vía de la inacción. A este respecto, los gobiernos civi- les funcionaron como un eficaz mecanismo de ejecución sobre el terreno de la voluntad gubernamental. Vale la pena apuntar que esta elección por la uniformización probablemente terminó perju- dicando a la propia dictadura. Especialmente en el terreno de los símbolos y el folklore, el hecho de que predominara una actitud de prohibición hasta los últimos momentos de vida de Franco —e incluso durante los gabinetes de la monarquía— connotó política- mente expresiones que, de otra forma, habrían dejado de ser pa- trimonio de la oposición. Parece haber consenso en que esta actitud del régimen contri- buyó a la deslegitimación del modelo oficial de nacionalismo espa- ñol, sobre todo en los territorios en los que este estaba en compe- tencia con otros nacionalismos, que salieron reforzados. De todas formas, como ha apuntado algún autor, ello no quiere decir que el proyecto de exacerbada reespañolización del franquismo fracasara por completo. Puede que lo hiciera en su vertiente autoritaria, pero no en cuanto a la renacionalización. El ahondamiento en el poco respeto y reconocimiento de la diversidad lingüística de España fue tal vez una de sus mayores consecuencias  63. Probablemente porque 63 Ferran Archilés: «¿Atada y bien atada? La cuestión nacional y las culturas políticas españolas (1975-1978)», en Aurora Bosch e Ismael Saz (eds.): Izquierdas 160 Ayer 123/2021 (3): 135-161 Pau Casanellas Evitar «caballos de Troya». Las estructuras provinciales... adolecían de los mismos prejuicios que fomentaron, los máximos responsables de la dictadura no fueron capaces por lo general de analizar con suficiente tino el fenómeno que querían combatir, ca- racterizado de manera global, de forma harto imprecisa, como sepa­ ratismo. Y, obviamente, a menor capacidad de comprensión del fe- nómeno, menor capacidad para afrontarlo. y derechas ante el espejo. Culturas políticas en conflicto, València, Tirant lo Blanch, 2016, pp. 141-173, esp. pp. 143-146. Ayer 123/2021 (3): 135-161 161