1|Página Lecciones del Portal ISSN 2014-0576 Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia Autora: Leonarda García-Jiménez es Profesora Titular de Teorías de la Comunicación en la Universidad de Murcia. Profesora Afiliada en la Colorado State University y en la University of Colorado Boulder, es IP del proyecto FEMICOMI- Análisis de los roles femeninos en la investigación de la comunicación en Iberoamérica (Ministerio de Ciencia e Innovación- referencia nº PID2021-123143NB-I00). Sus líneas de trabajo son las teorías de la comunicación, la epistemología de la ciencia, la cultura y la identidad. Contacto: leonardagj@um.es Resumen Las personas que habitamos las teorías de la comunicación pensamos, especulamos, generalizamos a partir de la observación o el estudio empírico de los fenómenos interactivos y sociales. Pero este pensar/especular/generalizar no ha sido ni es aséptico, ni neutro, ni tan siquiera una actividad superior llamada a la “grandeza” científica universal; como actividad humana que es, ha estado articulada mediante la subjetividad. Y no cualquier tipo de subjetividad, sino que ha sido, principalmente, la de unos pocos sujetos científicos hegemónicos que han mirado con un cierto recelo, cuando no sospecha, a las mujeres investigadoras (y a todo aquél sujeto que no encajara en el canon). Así, la relación entre las teorías y las académicas ha sido un tanto incómoda, una especie de matrimonio mal avenido que nos ha hecho analizar e imaginar nuestro objeto de estudio excluyendo las figuras, aportaciones y experiencias de mujeres investigadoras. Esta circunstancia es una contradicción aún más grave si cabe en nuestro campo, pues el silenciamiento o la dominación atentan contra la propia naturaleza empática de la comunicación. Para remediar esta circunstancia, la presente lección piensa el ámbito de las teorías desde un enfoque inclusivo, de género y compasivo, un acervo fundamental para poder dar cuenta de la totalidad de la experiencia comunicativa. García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 2|Página Palabras clave: teorías de la comunicación, mujeres investigadoras, subjetividad, hegemonías, género, inclusive, compasivo Cómo citar este texto: García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 “Frente a la razón ilustrada, la razón desvalida” Juan José Tamayo (La compasión en un mundo injusto, 2021, p. 283) Introducción Quisiera empezar esta lección con una pregunta de examen muy fácil. ¿Cuáles son los padres fundadores de la Mass Communication Research, corriente de corte funcionalista-conductista que analizara de manera empírica los efectos de los medios a mediados del siglo XX en EE.UU.? Seguro que parte del estudiantado de la asignatura teorías de la comunicación puede darnos algunos nombres. A las personas que no les suene lo más mínimo, siempre podrán buscarlo en la Wikipedia (aquí https://es.wikipedia.org/wiki/Mass_Communication_Research 1 ), magnífico espacio para testar nuestro imaginario colectivo. Salen varios nombres a colación: Harold Lasswell, Paul Lazarsfeld, Carl Hovland, Kurt Lewin, Robert Merton… Lo hemos enseñado una y otra vez en nuestras clases de teorías, yo la primera. Pero esta cuestión de los “padres fundadores” fue un mito (Park y Pooley, 2008) pues también hubo mujeres investigadoras que realizaron aportaciones muy significativas en el ensamblaje de la escuela de Columbia tales como Herta Herzog, Hazel Gaudet, Hortense Powdermarker o Marjorie Fiske, entre otras (García-Jiménez, 2021). Por eso, la siguiente anécdota que relata la catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, Amparo Moreno Sardá (2007: 239), me suena tan familiar: Fue una alumna mía, un inicio de curso, la que al advertirme de que mi programa era “tan machista como todos los de esta casa”, hizo saltar mis resistencias y me obligó a plantearme cómo había podido olvidarme de la existencia de mujeres – por tanto, de mi propia existencia- en el pasado y presente de nuestra vida social; cómo había podido incurrir en semejante olvido si, además, hacía años que yo participaba en el movimiento feminista, incluso, había publicado un libro en el que reunía unos apuntes para una historia de la rebelión de las mujeres bajo el franquismo. 1 Fecha de consulta: 06/08/2022 García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 3|Página Estoy convencida de que no soy la única que se ha visto interpelada por esta cita. A mí me pasó algo parecido, y eso que desde mis primeras publicaciones (por ej. ver García-Jiménez, 2007, 2008 o 2009) creí en el carácter fundamental de las perspectivas interpretativas (¿puede haber diálogo sin los sujetos subalternos?) y críticas (¿puede haber pensamiento emancipador sin las aportaciones de los sujetos subalternos?) para entender la comunicación. Me ha sucedido y cuando echo la vista atrás, veo lo necesario que es entender por qué pasó lo que pasó para construir nuevos marcos y lógicas con los que hacer la investigación en nuestro campo. Por eso estoy de acuerdo con Rodríguez Magda (2022) cuando, al hilo de la recuperación de referentes femeninos en los libros de texto de la enseñanza secundaria, señala: Lo preciso en el reconocimiento de las aportaciones de las mujeres no es cancelar, sino construir una nueva mirada cultural no sesgada, modificar el patrón androcéntrico del saber, resarcir del olvido a las postergadas y contextualizar los obstáculos que impidieron mayores protagonismos. No se trata de cancelar la figura de los “padres fundadores”, investigadores que fueron fundamentales para el nacimiento de nuestro campo de estudio; sino que de lo que se trata es de construir nuevos marcos integradores que no nieguen nunca más a las mujeres y, de manera más general, a los sujetos subalternos en la ciencia (Alcoff, 2008). Porque esta situación injusta ha imposibilitado el que la investigación haya podido dar cuenta de la totalidad de la experiencia comunicativa. Y precisamente por eso, hace falta repensar el ámbito de las teorías de la comunicación desde el enfoque que desarrollo en las páginas que siguen. Para responder a estos planteamientos, en esta lección, en primer lugar, reflexiono sobre cuáles son algunos motivos que nos han llevado a esta negación de mujeres y demás sujetos conocedores subalternos para, a continuación, desarrollar los rasgos ontológicos de la comunicación, que es la antítesis del poder y del dominio que han articulado a la ciencia y, en nuestro caso concreto, a las teorías de la comunicación. Este paso inicial de revisión crítica me lleva a plantear a la compasión como una apuesta con la que humanizar la investigación comunicativa, una apuesta que no aparece de la nada, no es un brindis al sol, sino que responde a las propias características de nuestro objeto de estudio. Cierro esta lección con algunas reflexiones finales que nos ayuden a seguir ahondando en una disciplina de la comunicación que abogue por el entendimiento y la colaboración. El cambio que propongo en estas páginas, y en el que creo firmemente, es posible y requiere de la colaboración conjunta de todas las personas que integramos nuestra comunidad epistémica. Pero también es complejo; recordemos de la mano de Aristóteles (en Moreno Sardá, 2007: 21) que “es más difícil olvidar lo aprendido que aprender por primera vez”. Comenzamos. García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 4|Página Por qué pasa lo que pasa: algunas razones sobre la ausencia de mujeres (y otros sujetos subalternos) en las teorías de la comunicación La relación de las teorías de la comunicación con las mujeres investigadoras nunca ha sido sencilla. Para entender un poco mejor esta cuestión, podemos prestar atención a un caso ilustrativo como fue la irrupción del feminismo y las mujeres en el Centre for Contemporary Cultural Studies (CCCS), que en los manuales de teorías de la comunicación en castellano conocemos también como Escuela de Birmingham. Es interesante mirar a este espacio dado que hay bastantes testimonios sobre las experiencias y vivencias de los/as investigadores/as, testimonios que son tan importantes para entender la ciencia (y su historia) y a los que tan poca atención se les ha prestado por considerarse erróneamente acientíficos 2. Así, Charlotte Brunsdon, perteneciente a la primera generación de académicas de la Escuela de Birmingham, explica en “A thief in the night” cuán compleja fue la entrada del feminismo y las mujeres en el CCCS. Y para ilustrar esta situación reproduce las siguientes palabras de Stuart Hall: “Como el ladrón en la noche, el feminismo 3 irrumpió; interrumpió, hizo un ruido indecoroso, aprovechó el tiempo, se cagó en la mesa de los estudios culturales” (Brundson, 1996: 278). La entrada fue incómoda debido a, según el propio Hall (1992), las lógicas patriarcales que imperaban en el CCCS y de las que no eran conscientes. Y esas son las mismas lógicas que mencionaba en la introducción Amparo Moreno por las que hemos/he incluido pocas autoras en nuestras clases de teorías de la comunicación. Dos motivos explicarían esta situación. Supongo que, en primer lugar, no debemos pasar por alto los propios procesos (ideológicos) que han marcado la construcción del saber a lo largo de la historia, al menos, desde que Aristóteles legitimara en el centro de la vida social al varón adulto de raza griega (Moreno Sardá, 2007: 93). Ahí estaría parte del origen de un mito, el del individualismo moderno (aka los “padres fundadores”), legitimado más adelante tanto por el pensamiento judeocristiano con el paso de una identidad genealógica (dependiente de la polis) a otra individual (la salvación cristiana) (Marín, 1997); como por la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789, descendiente secularizado del sujeto individual religioso (Touraine, 1993). Que estas narrativas estuvieran articuladas principalmente por un grupo muy concreto de hombres, los varones adultos de las etnias y clases dominantes -es el arquetipo viril o virilidad racial de los que habla Moreno Sardá (1988 y 2007)-, es parte del problema. Porque la parte se tomó por el todo y se tornó en representativa de la humanidad, del todo universal, encubriendo el punto de vista con el que se ha articulado el conocimiento: que los varones de clases y etnias dominantes se han presentado como un modelo humano objetivo y superior (Moreno Sardá, 2007: 21 y 212). Con ello, las personas que han producido el conocimiento (y las que lo han abrazado y hecho suyo) han forjado, de manera silenciosa, quiénes son los sujetos legitimados para las actividades superiores, entre las que se encuentra, por supuesto, la científica. Hablará de esta forma Dorsten (2012) de la existencia de un sexismo estructural, un sexismo que para Moreno Sardá (2007: 2 Y no lo son, porque lo que olvida el relato positivista hegemónico es que la ciencia no es más que un tipo de conocimiento con una fuerte coherencia y lógica internas (Omnes, 2000). 3 El texto en cursiva es mío García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 5|Página 97-98) es en verdad androcentrismo, pues las exclusiones se producen a partir de la intersección de varias divisiones sociales y no exclusivamente de la sexual o del género. Dicho de forma diferente, el dominio no se produce solamente a partir del sexo/género, sino también en función de la raza, la etnia, la clase social, la edad, la orientación sexual, etc. Y, por supuesto, la intersección de todas estas identidades culturales marca diferentes niveles o capas de invisibilización y exclusión. Así, la interseccionalidad (Smooth, 2016) se torna no solamente en un espacio convergente de diferentes aspectos identitarios, sino también en una perspectiva de análisis basada en la empatía, empatía hacia las personas cuyas (varias) identidades sociales sufren la marginalización y la exclusión. A este tipo de empatía la denominamos compasión (Tamayo, 2021) y volveré sobre ella más adelante. Pero al androcentrismo estructural (marcado por las variables sexo-raza-clase social- edad- orientación sexual, etc.) que ha afectado principalmente a las mujeres, aunque no solamente (pensemos por un momento en todos esos hombres o personas no hegemónicos/as que también han permanecido en los márgenes de la academia), añadimos un segundo motivo. En segundo lugar, que yo, personalmente, enseñara teorías de la comunicación con unas guías docentes en las que se colaban muy pocos referentes femeninos, convencida, además, de que la teorización era un terreno en el que como mujer me estaba colando “de prestado” (no pertenecía a él, ¿sería capaz en algún momento de habitarlo?), es la otra parte del problema. Porque hasta que no tomamos conciencia, somos personas con sesgo de género (Ashcraft y Simonson, 2015), una toma de conciencia compleja precisamente por el aparataje epistémico-cultural que he apuntado. Con esto quiero decir que el que yo como teórica (aún hoy me cuesta definirme en estos términos) crítico- interpretativa no incluyera a más académicas en mis textos de referencia para la docencia, es solamente la punta del iceberg de un problema cultural-científico profundo y complejo. En definitiva, se ha negado a las mujeres su capacidad de conocedoras (Tuana, 2017). Este hecho las ha relegado a ocupar roles secundarios en la ciencia (por ej. secretarias, administrativas, personal de apoyo a la investigación, etc.), mientras que los hombres han ocupado los puestos de liderazgo en la actividad académica, pues el androncentrismo y los sesgos de género de los que he hablado les han hecho aparecer como los sujetos “naturalmente” dotados para la teorización abstracta (Ashcraft y Simonson, 2015: 50). Por eso no es casual que hayamos borrado la presencia e influencia de académicas en la Mass Communication Research (situación que ha sido definida como el efecto Matilda). O que en nuestros manuales de teorías se cuelen muy pocos nombres de investigadoras (Vera Balanza, 2012). O que en las guías docentes de teorías de la comunicación en España solamente el 18.11% de los autores que firman las referencias fundamentales sean mujeres (Torrado-Morales y García-Jiménez, en imprenta). Esto no debió pasar, porque con ello hemos invisibilizado a las personas, les hemos quitado la voz (la capacidad de hablar y ser escuchadas) y hemos construido un conocimiento teórico en comunicación sesgado e incompleto. Además, y este es el siguiente punto que voy a desarrollar, es una incongruencia que atenta contra la propia naturaleza de nuestro objeto de estudio, la comunicación, como explico a continuación. García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 6|Página La comunicación como antítesis del dominio y del poder Cada vez que alguien señala que todavía no se ha definido qué es la comunicación, mata a alguna de las publicaciones que sí lo ha hecho (por ej. ver Carey, 1989; Craig, 1999; Rodrigo Alsina, 2001; Sánchez y Aguado, 2009, etc.). No hay manual o libro de teorías que no parta de la definición del objeto de estudio. Por eso, cada vez que leo o escucho que aún no tenemos claro qué es la comunicación, me saltan todas las alarmas. La aproximación conceptual a la comunicación está ahí, pero quizá la clave no sea esa, sino el hecho de que formar en epistemología (los límites del conocimiento, definiciones de los objetos de estudio, etc.) o en ontología (la esencia del ser o la perspectiva con la que miramos al mundo como hace Shepherd (1993)) está “demodé”, pasado de moda, suena a rancio, a inútil, frente a la impronta empírica e inmediata del dato que recolectamos, que describimos, que no interpretamos (la mera descripción no es interpretación!), y que publicamos ya (prácticamente) caducado. Porque detenernos un momento a entender la comunicación y su naturaleza es muy práctico y la clave para desarrollar la idea “motora” de esta lección. Esta idea es: el conocimiento basado en la exclusión (de sujetos, de puntos de vista, de enfoques, etc.) y, por ende, en el dominio (hegemónico), es anticomunicativo y para revertir esta situación necesitamos recuperar la compasión en la ciencia que plantearé en el siguiente epígrafe. Lo que quiero decir con esto es que hemos estado construyendo nuestro campo contradiciendo la propia naturaleza de nuestro objeto de estudio. ¡Cómo no me di cuenta antes! Creo que empecé a tomar conciencia de esta contradicción, digamos ontológica, a partir de las entrevistas en profundidad que realicé durante una estancia investigadora 4 en el año 2013 en EE.UU. y que recojo, entre otras publicaciones, en García-Jiménez (2019). Este fue un espacio en el que tuve tiempo para pensar (es la habitación propia de la que habla Virginia Woolf) gracias a varias estancias en la Universidad de Colorado y a la interlocución fascinante con Robert T. Craig y Peter Simonson, magníficos colegas y amigos pragmatistas (la impronta pragmatista impregna toda esta lección). Pero volviendo a lo que comentaba, reproducir una investigación en comunicación androcéntrica es casi casi un oxímoron. Y por eso, precisamente por eso, entender la comunicación es útil, porque “no hay nada tan práctico como una buena teoría”, que dijera Kurt Lewin. Tanto lo es que estoy convencida de que no podemos investigar bien sin dar este paso previo, que para investigar mal siempre hay tiempo. ¿Y por qué es importante entender qué significa la comunicación? Por sus consecuencias éticas (superación de la otredad) y democráticas (potenciación del pluralismo), cuestión más ampliamente desarrollada en García-Jiménez (2019). Muy brevemente presento esta idea aquí pues la necesito para 4 Dejo esta nota al pie para reclamar la importancia de las estancias investigadoras como espacios naturales para el pensamiento, para la reflexión, algo de lo que andamos muy escasos en la academia. Creo que este es uno de nuestros grandes males, la falta de tiempo para pensar, y, por eso, mi carrera investigadora estará siempre en deuda con las estancias que he podido hacer gracias a la financiación pública y privada (Fundación Séneca, Comisión Europea, Fundación BBVA y Fundación de la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha) y gracias, también, al apoyo del Departamento de Comunicación de la Universidad de Murcia. García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 7|Página introducir mi argumento de que la comunicación es la antítesis del dominio y de que la compasión es la solución a (parte) de nuestros males. Partiendo de las dos grandes concepciones que recogía James W. Carey (1989) en Communication as culture (la comunicación como intercambio de información -transmission view y como proceso simbólico -ritual view), podemos decir que la comunicación humana es un intercambio de información y un proceso simbólico que producen un triple entendimiento (de nosotros mismos, del otro y del entorno social), con el que construimos lo que somos y la sociedad en que vivimos (García-Jiménez, 2019). Las propias raíces latinas de la palabra comunicación nos marcan su sentido y alcance: “communicare”, que es compartir y poner en común, y “communis”, que significa comunidad. La comunicación es, por tanto, un compartir y una puesta en común que crea comunidad, un sentimiento de pertenencia e integración que es posible gracias al entendimiento. Y por eso es una acción que tiene enormes consecuencias éticas y democráticas. Éticas porque la comunicación es aquello que nos permite superar la distancia que nos separa del otro (persona a la que percibimos como significativamente diferente a nosotros/as); dirá Levinas (1987) que la comunicación exige responsabilidad, se debe al otro hasta ser para el otro. Hasta tal punto que la antropóloga Margaret Mead (en Tamayo, 2021), señalaba que cuando se ayuda a alguien en momentos difíciles, comienza realmente la civilización, lo que yo interpreto como que es el momento en el que comienza lo auténticamente humano. Esta superación de la otredad que nos humaniza (recordemos, con la comunicación construimos lo que somos y la sociedad), conecta con las consecuencias democráticas que he apuntado, en el sentido de que permite construir sociedades más inclusivas, plurales, justas y comunitarias (de comunidad). Así, la democracia no es exclusivamente un conjunto de normas y reglas sino una acción, un estado vital social basado en la capacidad de debate y en la libre deliberación, en la propia interacción que los/as ciudadanos/as llevan a cabo para alcanzar el bien común. “La democracia es la idea de la vida en comunidad (…) Un nombre para una vida de libre y enriquecedora comunión” (Dewey, 1927). Por tanto, si la comunicación es entendimiento o, lo que es lo mismo, es la superación de la otredad y la base del pluralismo, su investigación no puede estar descomprometida ni epistémica, ni humana, ni socialmente. Dicho de manera muy simple: si la comunicación es entendimiento (de nosotros, del otro y del entorno social), su ciencia debe aspirar a este mismo fin. Pero la exclusión de las mujeres y demás sujetos subalternos de los procesos de producción científica lo ha imposibilitado. Una exclusión que se ha producido debido al dominio expansivo que ha articulado el saber académico, al menos, desde la propia definición del sujeto político aristotélico (Moreno Sardá, 2007: 93): El discurso aristotélico se articula interrelacionando constantemente negaciones/afirmaciones: es decir, la afirmación del arquetipo viril griego, como modelo ‘natural-superior-humano’ se configura, en Aristóteles, mediante referencias constantes a otras y otros mujeres y hombres que define pasiva y negativamente (arkhomenos, seres destinados a ser mandados). El universo humano negativizado para poder afirmar la superioridad de la virilidad racial no es solo el de las mujeres, en general, sino el de un amplio conjunto de mujeres y hombres que constituyen la mayoría de la población: mujeres y criaturas de sangre griega, mujeres y García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 8|Página hombres de diversas condiciones no griegas, bárbaras y bárbaros a quienes, según el filósofo, los varones adultos griegos, dada su ‘naturaleza teológica’ (fysis-telos-logos), tienen derecho a mandar. Como vemos, el dominio ha sido ejercido por el sujeto protagonista de la vida social (varón-adulto- clase social y etnia dominante) sobre todo aquél que era considerado inferior (mujeres, hombres o personas en general no pertenecientes a las clases, edades y etnias dominantes, etc.). Al hecho de que los sujetos subalternos adopten como propios los puntos de vista y materiales simbólicos del bloque hegemónico (o histórico) es a lo que Gramsci (1971) denominó como hegemonía. Un dominio fundamentado en las características positivas del nosotros frente a las negativas de los otros, pensamiento dicotómico en el que estaría parte de la fundamentación del androcentrismo en la ciencia del que vengo hablando en esta lección. Así, Fromm (2021) diferencia el pensamiento occidental dicotómico (basado en la lógica aristotélica de la contradicción, A frente a B), del pensamiento oriental complejo (paradójico, Heráclito habla de la armonía de las tensiones opuestas). Para Fromm la lógica paradójica condujo a la tolerancia, mientras que la aristotélica nos llevó al dogma (Fromm, 2021: 100 y 108). Quizá esta voluntad histórica de dominio y su consiguiente carácter dicotómico esté, en parte, en el origen de algunas de nuestras ilusiones de progreso científico (el dominio de la naturaleza, de los objetos de estudio, de las predicciones futuras, etc.) que tan de cabeza nos han traído. De hecho, la tercera acepción con la que el DRAE define al verbo dominar es “conocer bien una ciencia, un arte, un idioma, etc.” También el diccionario filosófico de Ferrater Mora apunta en esta dirección y relaciona el dominio con el poder a partir de la expresión de Nietzsche wille zur macht traducido como “voluntad de poder” o “voluntad de dominio”. De esta forma, el dominio/poder en la ciencia se presenta como la antítesis de la comunicación, pues: - Ha silenciado y excluido a mujeres y demás sujetos subalternos, experiencias y enfoques, lo que nos lleva a que, - No ha promovido el entendimiento de la diferencia, esto es, de la experiencia humana total (diversa), solamente la de unos pocos. Y, ojo, porque tampoco ha dado cuenta de la “experiencia real vivida por los varones dominantes en la medida en que ha mantenido oculta su vulnerabilidad y dependencia” (Bofill, 2007:11); - No ha sido colaborativo, sino vertical, promoviendo un sistema de valores en el que unos seres humanos han estado por encima de otros; - No ha tendido puentes hacia el otro, al contrario, los ha hecho saltar por los aires para que el otro permaneciera en los márgenes de la academia; - Ha potenciado la ilusión de control y predicción acerca de los objetos de estudio (en nuestro caso, la comunicación 5); - Ha instaurado el pensamiento dicotómico en la comprensión de lo social, estableciendo divisiones antitéticas tales como: sujeto/objeto 6 , racionalidad/emocionalidad, 5 ¿Sería el paradigma positivista y algunos métodos cuantitativos la traducción al ámbito científico del viejo anhelo humano moderno del control de la naturaleza? García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 9|Página objetividad/subjetividad, cuantitativo/cualitativo, teoría/práctica o masculino/femenino (roles diferenciados de género en la ciencia para hombres y mujeres – ver Eagly y Karau, 2002 o García-Jiménez y Herrero, 2022); - En definitiva, no ha potenciado comunidades plurales ni democráticas, pues la deliberación científica no ha sido libre, ni en ella han podido participar todos los sujetos conocedores. Hasta aquí, el problema de exclusión de mujeres y demás sujetos subalternos en el conocimiento científico. A continuación, una posible salida o respuesta a este orden androcéntrico. ¿Puede ser nuestra investigación no compasiva? Notas sobre la razón de ser del quehacer científico Son dos las preguntas que me hago en este punto para salir del atolladero en el que andamos metidos/as: - ¿Cómo recuperar los valores de la comunicación para el campo de la investigación en comunicación? - O lo que es lo mismo: ¿Cómo promover una investigación en comunicación no-androcéntrica, plural, diversa, que abogue por el entendimiento y la inclusión? Y mi respuesta: mediante la compasión, porque la “ética de la compasión es la antítesis de la ética del poder” (Tamayo, 2021: 136). Al respecto, hay una anécdota brutal sobre Herbert Marcuse y Jürgen Habermas que recoge Tamayo (2021: 179) y que voy a reproducir tal cual porque creo que merece la pena leerla (y releerla hasta la saciedad, hasta que terminemos enseñando la escuela de Frankfurt empezando por aquí): Herbert Marcuse apeló a la compasión poco antes de morir en diálogo con Jürgen Habermas. Ambos filósofos de la escuela de Frankfurt se preguntaban en sus frecuentes encuentros cómo explicar la base normativa de la teoría crítica. Lo recuerda Adela Cortina. Marcuse solo respondió a esa pregunta dos días antes de morir, estando en el hospital acompañado por Habermas: “¿Sabes?”, le dijo. “Ahora ya sé en qué se fundan nuestros juicios de valor más elementales: en la compasión, en nuestro sentimiento por el dolor de los otros”. Marcuse dixit. La compasión es un tipo de empatía, o, mejor dicho, podría considerarse la hermana pequeña de la empatía, que es esa forma de comunicación ideal en la que nos ponemos en el lugar del otro. Pero la compasión llega un poco más allá, porque no supone un ponerse en cualquier lugar, sino hacerlo en el de las víctimas, en nuestro caso, en el de las mujeres y demás sujetos subalternos que han sido negados en/por la ciencia, hasta llegar a “pensar, conocer, mirar la realidad con sus ojos” (Tamayo, 2021: 32). La compasión es una pasión y una emoción que implica el considerar a quien sufre como un 6 Hablará Moreno Sardá (2007: 248) de la falacia objetivista que escinde el sujeto cognoscente del objeto de conocimiento García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 10 | P á g i n a igual, de ahí que no sea una actitud o una perspectiva condescendiente, sino al contrario, es una apuesta por la justicia simbólica y hermenéutica. Simbólica porque, siguiendo a Tamayo, nos permite reconocer al otro, a las personas no hegemónicas que sufren los procesos de dominio/poder en la ciencia. Así, La falta de reconocimiento no se reduce a una simple falta de respeto o atención, sino que puede convertirse en una forma de opresión que aprisiona a alguien en un modo de ser falso, deformado o recluido y llega a producir un daño grave, una herida profunda difícil de curar en las personas que no son reconocidas y a generar un desprecio a sí mismas (Tamayo, 2021: 69). Pero, además, la compasión es un enfoque en pos de otro tipo de justicia íntimamente relacionada con la simbólica: la hermeneútica, tan necesaria para superar la homogeneización del conocimiento (Fricker, 2007). Esta circunstancia se ha dado debido a que la perspectiva única de la ciencia se ha mostrado incapaz de explicar realidades diferentes, lo que ha colocado a los grupos minoritarios (en términos simbólicos) en clara desventaja al carecer de recursos interpretativos y colectivos con los que entender las circunstancias propias y/o ajenas. La justicia se presenta aquí como ese anhelo de explicar también las experiencias diversas. Entonces, llegados/as a este punto, supongo que resulta redundante señalar que la narrativa de los “padres fundadores” de la Mass Communication Research, además de un mito y de ser sesgada, es una injusticia simbólica y hermenéutica. Porque la compasión o ese ver desde el punto de vista de quien es negado y excluido por lo científico, es un enfoque, una toma de partido fundamental para promover un orden académico y unas teorías de la comunicación no-androcéntricas, que ubiquen definitivamente a la comunicación y sus valores como la razón de ser del quehacer científico. De esta forma, la compasión: - Es inclusiva y da voz a las identidades, experiencias, enfoques negados y/o excluidos; - Como forma empática (por ende, comunicativa) que es promueve el entendimiento de la diferencia; - Es horizontal y ubica a todos los seres humanos en un mismo nivel de reconocimiento y dignidad; - Tiende puentes hacia las mujeres y demás sujetos conocedores subalternos; - Su propósito no es el control, ni la predicción, sino que es de tipo hermenéutico e interpretativo; - Huye de las categorías excluyentes dicotómicas, debido a que “lo que caracteriza al ser humano no es lo absoluto, lo categórico, sino lo circunstancial, lo relativo, lo frágil” (Tamayo, 2021: 275); - En definitiva, es un paso para el reconocimiento y la legitimidad de las diferentes identidades subalternas y, por ende, un enfoque para la libre deliberación y participación de todos los sujetos conocedores. Con ello, concebimos al campo de la investigación en comunicación como una multitud de voces que dialogan entre sí. Lo expresa Putnam (2001: 41-42) en los siguientes términos: “Al considerar el campo como una multiplicidad de voces en lugar de García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 11 | P á g i n a perspectivas inconmensurables o fragmentadas, podemos buscar entendimientos complementarios mediante la difuminación de las fronteras y la participación en actividades de colaboración”. A modo de conclusión La pregunta con la que he empezado esta lección sobre los varones blancos de la Mass Commmunication Research, no es una cuestión anecdótica, ni secundaria y, por supuesto, no se soluciona “simplemente” incluyendo los nombres completos de los/as investigadores/as en los listados de referencias bibliográficas, algo que se ha propuesto y que no me parece mal, pero que no va a la raíz del problema. El quid de esta cuestión es más profundo, está basado en la negación histórica de la mujer (y demás personas subalternas) como sujeto conocedor, un problema que también ha articulado el ámbito de las teorías de la comunicación. Las teorías son una de las áreas más científica de la disciplina comunicativa y, en el ámbito de la enseñanza en nuestros grados, una de las asignaturas más duras de la carrera. Porque el estudiantado viene a nuestras facultades a “hacer” y, de repente, se encuentra con una asignatura que es un “pensar” en el que se cuelan muy pocos referentes femeninos. Esto quiere decir que hacemos pensar o, directamente, pensamos la comunicación a partir de una perspectiva netamente androcéntrica. Y por eso, el que yo como profesora o los docentes en general no incluyamos más referentes femeninos es la punta del iceberg de una cuestión profunda de enorme calado: la construcción de un conocimiento excluyente. Que los sujetos legitimados hayan sido, sobre todo, los varones adultos étnicamente dominantes, ha restringido mucho las perspectivas con las que de manera mayoritaria hemos analizado y contado la comunicación, su historia y su configuración disciplinar. Por todos estos motivos, hace falta desde ya formar a nuestros estudiantes (sean de grado, posgrado o doctorado) en una epistemología crítica plural que legitime los diferentes sujetos productores de conocimiento. Este paso vendrá irremediablemente de la mano de la diversificación de enfoques, métodos y perspectivas, pues la persona, en última instancia, investiga y analiza desde posturas concretas. La epistemología crítica de la que hablo debe abogar por el entendimiento con la diferencia, también del que sufre, por tanto, debe ser una epistemología comunicativa y compasiva. De esta forma, la propia comunicación y la compasión se presentan como una salida vital para no ahogarnos. Porque la crítica sin alternativas deviene estéril. Y no queremos, llegados a este punto, más debates que nos suman en la desazón o en callejones sin salida; esto creo que resulta, incluso, anti-humano. ¿Acaso no es la esperanza un anhelo esencial universal? García-Jiménez. Leonarda (2023). Teorías de la comunicación, mujeres investigadoras y sujetos subalternos: Hacia la recuperación de la compasión en la ciencia. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 12 | P á g i n a Bibliografía Ashcraft, Karen y Simonson, Peter (2015). Gender, work and the history of communication research. Figures, formations & flows. En Peter Simonson y David Park (eds.), The international history of communication study (pp. 47-68). Nueva York: Routledge. Bofill, Mireia (2007). Prólogo. En Amparo Moreno Sardá, De qué hablamos cuando hablamos del hombre. Treinta años de crítica y alternativas al pensamiento androcéntrico (pp. 9-15). Barcelona Icaria. Brunsdon, Charlotte (1996). A thief in the night: Stories of feminism in the 1970s at CCCS. En David Morley y Kuan-Hsing Cheng (Eds.), Stuart Hall: Critical dialogues in cultural studies (pp. 275-285). Nueva York: Routledge. Carey, James (1989). Communication as culture: Essays on media and society. Boston: Unwin Hyman. Dewey, John (1927). The public and its problems. Nueva York: Holt. Dorsten, Aimee-Marie (2012). “Thinking dirty”: Digging up three founding matriarchs of communication studies. 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