1|Página Lecciones del Portal ISSN 2014-0576 Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros Autor: Jorge Mauricio Escobar Sarria. Profesor Investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación (Programa de Comunicación Social – Periodismo) de la Universidad Autónoma de Occidente (Cali - Colombia). Contacto: jescobar@uao.edu.co Resumen: La lección propone una reflexión teórica y conceptual alrededor de las diversas perspectivas de la comunicación y los usos, prácticas y apropiación social de las tecnologías. Plantea los enfoques en discusión sobre las TIC para el desarrollo desde los paradigmas clásicos, discursos emergentes, nociones alternativas del desarrollo y la configuración de algunas experiencias situadas que facilitan una comprensión crítica del cambio social y los procesos de apropiación social de las tecnologías, que implican la capacidad de utilizarse/adecuarse en las comunidades de acuerdo con sus propios significados, intereses, necesidades y formas de percibir la realidad que los rodea. Palabras claves: TIC, desarrollo, cambio social, apropiación social de las tecnologías, telecentros Cómo citar este texto: Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 2|Página 1.- Primeras reflexiones y aproximaciones La comunicación mediada por pantallas y artefactos tecnológicos implica nuevas formas relacionales con posturas del cuerpo, imágenes editadas, perfiles e intereses que modifican el estatus de actuación y acción dependiendo de la intención comunicativa. Estamos en el llamado de una sociedad que requiere, está obligada, subordinada a la omnipresencia del móvil, el wifi e Internet. Atrapados y enredados en los múltiples tejidos de la comunicación, los hilos (medios apropiados), los nudos (las personas/las organizaciones) y los huecos (temas prioridades de la reflexión y la acción), conllevan unas redes en los ecosistemas tecnomediados que nos hacen transitar e incluso recrear la concepción del tiempo, las sensaciones y las libertades para estar presente (en línea) en los nuevos entornos digitales. El teletrabajo en la pandemia reafirmó la domesticación tecnológica (traslado de la oficina a casa), donde los artefactos tecnológicos son las ventanas y puertas (Echeverría, 1994) del introspectivo homo digital circula y toma vigencia con la misma rapidez como se aparece y desaparece, es decir, se conecta o se desconecta a la red de redes. En la sociedad de la opulencia, los excesos, la posverdad, las noticias falsas, los influenciadores y los actores (usuarios), dejamos evidencia de las huellas, surcos y cicatrices, de la fuerza del terremoto digital, con vertiginosos e inesperados cambios, a favor siempre de las mismas élites e intereses económicos y políticos. Hoy nada oculto, entre las redes sociales y mediaciones de interés, llega a través del móvil, una inmersión de la maraña de artilugios que nos hace protagonista de nuestra propia desgracia. No sabemos, no entendemos, no comprendemos y no actuamos, en una realidad mutante, vacía, ciega y líquida (Bauman, 2006). Cada día se evidencian los nuevos laberintos, rutas, esquemas y trayectorias ambivalentes en los nuevos no lugares empujan a las sociedades hacia la fragmentación e invalidación del otro. La vida virtual afecta a la vida real. Para el filósofo italiano Vattimo en estas nuevas configuraciones se da un ambiente caótico, de entrecruzamientos, de contaminación, de múltiples interpretaciones y reconstrucciones de escenarios de discusión que sin coordinación facilitan los media (Vattimo, 1990); aparece, por tanto, la comunicación como elemento central de un entramado de intercambio material y simbólico. Las certezas de la internet como entorno para la rebeldía y herramienta de constitución, distribución y consumo de diversa información, se va alejando, deja de ser un recurso ecuánime, y se expande, y hoy, como nunca en esta era e historia, pasa a convertirse y dar forma de mercancía, en una creciente distribución desigual de los bienes, servicios y ganancias (Becerra, 1999). La información es un bien de consumo, excluyente, un mercado libre que abre múltiples ventanas. Este entramado de la inmediatez, de la brecha informativa, nos suscribe a lo enunciado por Clay Johnson, en su propuesta “Information Diet” referido al hábito de un consumidor de información que de manera compensada, consciente y selectiva- prioriza productos mediáticos 1, con base en la selección de los datos, los números y las fuentes altamente pertinentes en contraste con la saturación o sobrecarga de información dispersa. Retomando la obra de Bauman (2006), se puede definir que nuestra sociedad, la sociedad de la que estamos hablando, vive un tránsito, una migración y un ajuste de las condiciones, 1 Se refiere a medios de comunicación posicionados, reconocidos, con trayectoria, experiencia y tradición en un campo especializado. Enuncian de igual manera investigaciones científicas, datos estadísticos, columnistas aprestigiados, etcétera que son referencia para esta “dieta” de consumo informativo y/o de comunicación mediática. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 3|Página actuaciones y hábitos que se modifican sin llegar siquiera a comprenderlas. No se puede controlar, manejar y moldear el rumbo con nuestras propias manos, como el agua, se escapa fácilmente entre los dedos. Esta sociedad entonces, no tiene forma, ni un solo rumbo, se modifica y muta. Somos actores/espectadores del consumo en un espacio social en construcción. Las necesidades creadas, el afán del consumismos, la inmediatez, genera una sociedad que requiere permanentemente de algo que se alimenta a su vez de la manipulación publicitaria, el engaño, el exceso, lo superfluo, para configurar la existencia de una promesa/utopía que anuncia mejorar las condiciones de calidad de vida y bienestar en los individuos; “el consumismo no gira en torno a la satisfacción de deseos, sino la incitación del deseo de deseos siempre nuevos con preferencia, de aquéllos que, en principio, sean imposible de saciar” (Bauman, 2006:114). El aumento exponencial de los porcentajes de las fuerzas laborales consideradas como trabajadores de la información en sectores pujantes y representativos de la economía; cambia el panorama del uso intensivo de las TIC que dispara la concentración y el auge de un modelo de formación, de puesta en marcha y de aplicación de tecnologías en diversos ámbitos. Retomando nociones de Jakobson (1985), se puede mencionar que en las TIC se equipara en su uso y concepción un proceso metafórico de “tecnomórfosis” 2 , el cual se refiere a la idea de la transformación extensiva, generalizada, desordenada de un fenómeno de las innovaciones con cambios abruptos que en convergencia viven las tecnologías y las telecomunicaciones. Winner (1987), por su parte se refiere al “sonambulismo tecnológico” 3 donde las tecnologías de la interacción conllevan nuevas formas de relación, de segregación sutil, subyacente en la velocidad con que nos homogeniza en el trabajo, el aprendizaje y el entrenamiento. Nos dejamos llevar como si camináramos dormidos por el avasallante determinismo tecnológico. Se evidencia entonces el llamado “mito ciberlibertario” creado por Nicholas Negroponte y Bill Gates, que compila una entusiasta e incluso radicalizada concepción de acceso a los computadores como productor de una sociedad democrática, igualitaria y participativa (Parente, 2006), que se espuma en el entrampado comunicacional confuso y complejo de los poderes mediáticos y de las redes sociales. Ya enunciado por Jesús Martín Barbero (2007), se reafirma que las brechas digitales son también brechas sociales, –formas vedadas de exclusión social–, barreras o distanciamientos de tipo socioeconómico, educativo y cultural a las puertas de la información y el conocimiento. Estamos llamados a la premura, la fluidez de una celeridad de las decisiones de nuestras actuaciones en la red. Invadidos y entrampados en la esclavitud voluntaria del usuario, a manera de metáfora: “caminamos dormidos” sin plena conciencia de la envolvente realidad en que vivimos. No más estrés tecnológico. 2 “Según Fidler, la mediamórfosis hace referencia a la «transformación de los medios de comunicación, generalmente por la compleja interacción de las necesidades percibidas, las presiones políticas y de la competencia, y las innovaciones sociales y tecnológicas. […]. En vez de estudiar cada forma por separado, nos lleva a ver todas las formas como integrantes de un sistema interdependiente, y a advertir las similitudes y relaciones que existen entre las formas del pasado, del presente y las emergentes […] y cuando emergen nuevas formas de medios de comunicación, las formas antiguas generalmente no mueren, sino que continúan evolucionando y adaptándose” Scolari (2009: 230). 3 Se produce en el marco de la racionalidad que promociona y orienta una práctica social (formas de vida) para usos efectivos. De igual manera considerada como una patología inmersa en la era de cambios tecnológicos sin proceso comprensivos del determinismo tecnológico. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 4|Página Menos redes y más comunicación relacional, dialogal, cercana y empática. Comunicación de uno a uno. 2.- TIC para el desarrollo: Realidades y utopías Para abordar el tema de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), y de manera más precisa el modelo de TIC para el desarrollo que se concibe como “vehículos o promotores” de cambios estratégicos y significativos en los denominados países en desarrollo, cabe preguntarse antes por la noción misma de desarrollo: desde ¿qué se entiende por desarrollo?, ¿se habla de un desarrollo específico, existen diferentes niveles o tipos?, ¿por qué se busca?, ¿cuál es el desarrollo al que se espera llegar?, hasta, ¿a través de las TIC, y en particular, los telecentros, puede lograrse un desarrollo? En un primer momento, el concepto de desarrollo  nace de la noción occidental de “progreso”, que surgió en la Grecia clásica y se consolidó en Europa durante el periodo de la ilustración (siglo XVIII), también conocido como el Siglo de las Luces, en donde la desmitificación se disparó a través de las “luces del razonamiento”, con un incremento en los descubrimientos científicos que validaban dicho concepto como un destino necesario de la humanidad (Valcarcel, 2006). No obstante, las nociones de desarrollo a lo largo de la historia han sido múltiples, forjando o fortaleciendo imaginarios de desarrollo y de lo que implica ser una sociedad más o menos desarrollada. Aunque no serán abordadas en detalle cada una de estas concepciones, es clave destacar algunas de las que podrían catalogarse como las más influyentes y que han transformado el devenir de las ciencias sociales en América Latina. Para empezar, durante la época de la posguerra, en particular para el año 1949, el Presidente estadounidense Harry Truman, en uno de sus discursos ante el Congreso, llamó la atención a su audiencia acerca de las condiciones que atravesaban los países más pobres, catalogándolos por primera vez como “subdesarrollados”. “La creación de este nuevo termino por Truman no fue un accidente sino la expresión exacta de una visión de mundo: para él todos los pueblos del mundo caminaban en la misma pista, unos rápido, otros despacio, pero todos en la misma dirección, con los países del norte, particularmente los EUA, por delante. El imperativo de Truman para desarrollarse significó que las sociedades del tercer mundo ya no eran vistas como distintas e incomparables posibilidades de vida humana, sino que eran clasificadas en una única y progresiva pista, consideradas más o menos avanzadas según los criterios de las naciones industrializadas del occidente” (Sachs, 1999). *Civilización, evolución, prosperidad, riqueza, crecimiento también son conceptos que antecedieron dicha noción de desarrollo. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 5|Página Hasta finales de la década de 1960 el desarrollo se determinaba a partir de la tasa de crecimiento económico. En otras palabras, el nivel de desarrollo de un país en cualquier momento dado era el producto interno bruto (PIB); es decir, la pobreza equivalía a subdesarrollo, reafirmándose así entre los países catalogados como subdesarrollados que la única alternativa para lograr superar dicho estado era pareciéndose cada vez más a los países desarrollados (Rogers, 2008). “La modernización” aparece entonces como uno de los paradigmas dominantes que por varios años determinó la concepción de desarrollo, sumándose a lo anterior hechos históricos y académicos que lo reafirmaban, tales como: • La revolución industrial: un periodo de tiempo en donde el deslumbrante crecimiento de Europa y EEUU vaticinaba que ese era el camino seguro, sustituyendo la mano de obra por tecnología y capital, desconociendo justamente que ésta no escaseaba en los países del “tercer mundo”. • Tecnología intensiva en capital: introducir tecnología (maquinaria de punta o avanzada) era sinónimo de que los países comenzarían a desarrollarse; sin embargo, cuando dicho pronóstico no se materializó en las estructuras sociales de base, la culpa fue de los valores, pensamientos y creencias “tradicionales”. Modernizar a los individuos tradicionales se convirtió entonces en la premisa de la investigación en ciencias sociales. • Crecimiento económico: se daba por sentado que los grandes cambios de comportamiento que el desarrollo demandaba serían aceptados por los hombres, pues responderían a incentivos económicos y a las ganancias. En esta medida, dicho desarrollo además debía ser promovido por los gobiernos nacionales o “superestructuras”, desconociendo el desarrollo autónomo, el de las comunidades locales. • Cuantificación: el indicador, lo cuantificable, medible, la exactitud, lo medido en dólares o centavos, con la colaboración del empirismo de las ciencias sociales americanas contribuyó a definir qué era y qué no era el desarrollo. “Se pensaba que las desigualdades en los ingresos eran incentivos para el trabajo y el sacrificio”. Así como los acontecimientos históricos de las décadas de 1950 y 1960 reafirmaron el concepto de desarrollo como sinónimo de modernización; nuevos sucesos en la historia de la humanidad para finales de los años sesenta y durante la década de 1970 irrumpen y comienzan a cambiar el rumbo del significado de desarrollo, cuestionándolo fuertemente y replanteando muchos de sus paradigmas. Los altos índices de contaminación ambiental, acompañados de la desmesurada explotación de los recursos disponibles en los países desarrollados, aparecen como las primeras falencias del “paradigma dominante” hasta entonces. Sumado a lo anterior, en el año 1973 comienza la crisis petrolera mundial, la cual logra desestabilizar la estructura del mundo industrializado que tenía una gran dependencia por este recurso; y además, pone en evidencia nuevas formas de “desarrollarse”, propiciando el inesperado enriquecimiento de varios países catalogados “en desarrollo”. De acuerdo al investigador estadounidense Everett Rogers (2008): “la mayor parte de las iniciativas de “desarrollo” crearon más estancamiento, una mayor concentración de los ingresos y del poder, alto desempleo y escases de alimentos”. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 6|Página En medio del desalentador panorama que iba incrementándose con el transcurrir del tiempo y la aparición de nuevos hechos que lo reafirmaban, necesariamente los países catalogados como “subdesarrollados” veían el ocaso del “paradigma dominante” que habían seguido hasta entonces. Para ese momento, el llamado desarrollo requería con urgencia de caminos alternativos, debían de existir otras formas de desarrollo a ser pensadas, replanteadas, construidas y adecuadas a las proyecciones y entornos particulares de cada región. El desarrollo… no fue ni natural ni inevitable sino el producto de procesos históricos bien identificables. Incluso si sus raíces se extienden hasta el desarrollo del capitalismo y de la modernidad - el desarrollo se ha considerado parte de un mito originario profundamente enraizado en la modernidad occidental - el final de los años cuarenta y el decenio de los cincuenta trajeron consigo una globalización del desarrollo y una proliferación de instituciones, organizaciones y formas de conocimiento relacionadas con el desarrollo. Decir que el desarrollo fue un invento no equivale a tacharlo de mentira, mito o conspiración sino a declarar su carácter estrictamente histórico y, en el tradicional estilo antropológico, diagnosticarlo como una forma cultural concreta enmarcada en un conjunto de prácticas que pueden estudiarse etnográficamente. Considerar el desarrollo como una invención también sugiere que esta invención puede 'desinventarse' o reinventarse de modos muy distintos (Escobar, 2006). Entre tanto, y gracias a la discusión del concepto de desarrollo que se estaba teniendo como sinónimo de crecimiento económico, adopción de tecnologías e incansable interés por “modernizar” todos los ámbitos de la esfera social, emergen y comienzan a tomar mayor fuerza nuevas posturas, planteamientos con el interés de explicar el fracaso y, además, proponer alternativas para otro u otros desarrollos. La teoría de la dependencia aparece como un movimiento regional en Latinoamérica de científicos sociales y economistas, quienes a través del análisis al intercambio comercial de bienes y servicios entre los países “subdesarrollados” y aquellos que no lo eran, enfatizaron en las desigualdades e injusticias que prevalecían e inevitablemente resultaban perjudiciales. “Vender barato materias primas y comprar caro productos manufacturados producía un déficit crónico y creciente… sólo cambiando esa estructura de dependencia podría haber desarrollo efectivo y democrático” (Beltrán, 2005: 14). De acuerdo al sociólogo Marcel Valcárcel (2006), el pensamiento dependentista surge en el marco de hechos históricos substanciales y en una notable ruptura intelectual con la teoría de la modernización. En el continente se vive el auge de las guerrillas bajo la influencia del modelo revolucionario cubano y las tesis guevaristas, el ascenso del grupo de “Países No Alineados”, junto a la creación de la tricontinental. Continuando con el análisis de Valcárcel para la corriente de la dependencia, el subdesarrollo no era un “momento” ni una “etapa” en la evolución de una sociedad aislada y autónoma, sino parte del proceso histórico global de desarrollo del capitalismo. Lo anterior significaba que tanto el desarrollo como el subdesarrollo eran estructuras parciales pero interdependientes que conforman un sistema único: la estructura desarrollada (centro) dominaba y la subdesarrollada (periferia) dependía. “El desarrollo es un tema sociológico porque lo que está en desarrollo es una Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 7|Página realidad humana, un conjunto de relaciones sociales, una estructura social y un estilo de vida”, aseguraba economista chileno y asiduo representante de esta escuela de pensamiento. Sin embargo, la teoría de la dependencia se concentró en señalar factores externos como los principales causantes del subdesarrollo, dejando de lado a los factores internos que en igual o mayor medida influían también en los países y limitaban la implementación de acciones que permitieran el surgimiento de las comunidades” (Obregón, 2009). Es decir, realizar cambios y análisis de base que garantizasen la seguridad, equidad e igualdad de los países debía ser tomado en cuenta por un nuevo modelo de desarrollo y ello sin duda alguna requería revisar factores internos. Ahora bien, con gran auge durante los años ochenta, con sus antecedentes ya forjados en los años setenta, y tras los fallidos intentos de la teoría de la dependencia, se incrementa la preocupación por el deterioro del medio ambiente y sus irreversibles daños. Para 1972, durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano llevada a cabo en Estocolmo, se aseguró que “la protección y mejoramiento del medio humano es una cuestión fundamental que afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico del mundo entero, un deseo urgente de los pueblos de todo el mundo y un deber de todos los gobiernos”. De manera paulatina aparecen para ese momento los conceptos de ecodesarrollo, el otro desarrollo, el desarrollo sostenido y el desarrollo sustentable como medios o modos alternativos de interacción con el entorno, y de búsqueda de un progreso - crecimiento económico - que de manera consciente pensase en las generaciones venideras y su calidad de vida. El Informe Brundtland, elaborado en 1987 para la ONU y liderado por la doctora Gro Harlem Brundtland, utilizó por primera vez el término desarrollo sostenible, considerándolo como aquel que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Seguidamente, durante los últimos decenios del siglo XX (1980 – 1990) con la globalización y el neoliberalismo  que tomaban gran fuerza, nuevamente comenzaron a transformarse las bases estructurales de la economía, de la política, de la cultura y de la sociedad en general. De acuerdo a Luís Ramiro Beltrán: “una vez más las naciones gestoras de aquellos fenómenos prometieron a las demás la aurora del desarrollo universal. Entre 1981 y 1983, empero, la peor recesión desde la histórica “Gran Depresión” afectó a los países desarrollados y tuvo consecuencias devastadoras para los subdesarrollados”. En el marco de lo anterior, la reflexión y producción intelectual en torno al desarrollo y proyecciones hacía nuevas salidas o caminos durante los primeros años de la década de los ochenta disminuyó significativamente. Sin embargo, esto no fue un común denominador y con el transcurrir de los años aparecen en escena estudios y adelantos de pensadores que nuevamente comenzaban a definir y repensar el concepto de desarrollo. Por un lado, aparece en escena el economista chileno Manfred Max Neef con su trabajo acerca de la concepción de un Desarrollo a Escala Humana: *El neoliberalismo y la globalización son fenómenos que aparecen en el mundo para convertirse en protagonistas de los últimos años del siglo XX. La globalización busca desarrollar un nuevo proceso al interior de la economía mundial a través de la universalización de los medios de comunicación y de algunos valores culturales. Por su parte, el neoliberalismo es un programa de reformas económicas que pretende hacer que algunos países no se rezaguen en su proceso de acoplamiento al mundo globalizado. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 8|Página Tal desarrollo se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de autodependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de la Sociedad Civil con el Estado…facilita una práctica democrática más directa y participativa que puede contribuir a revertir el rol tradicionalmente semi-paternalista del Estado Latinoamericano, en rol estimulador de soluciones creativas que emanen desde abajo hacia arriba y resulten, por lo tanto, más congruentes con las aspiraciones reales de las personas (Max Neff, 1986: 14-15). De otra parte, de acuerdo a la teoría del economista y filosofó Hindú Amartya Sen, el desarrollo está intrínsecamente relacionado con las cosas que las personas pueden realmente hacer o ser, y por tanto, con las capacidades que disponen para hacerlo; es decir, las oportunidades para elegir y llevar una u otra clase de vida. En este sentido, el desarrollo es el camino a una “libertad mayor”; lo que significaría que una sociedad desarrollada es sinónimo de una sociedad más libre. El desarrollo humano estriba en la búsqueda de libertades elementales o “sustanciales”; es decir, no sólo las jurídicas, sino las empíricamente comprobables, aquellas que comprenden posibilidades elementales de acceso a espacios o entornos tales como: el educativo, laboral, de la salud, de acceso a la información, la participación política o la seguridad colectiva (Rafael Córdoba, 2007). En las nociones abordadas por Sen y de acuerdo a la interpretación de Manuel Acevedo, el desarrollo se convierte en proceso y función de bienestar, siempre y cuando este último sea concebido como la capacidad de una persona para escoger el modo de vida que valore. Las libertades se convierten entonces en un elemento fundamental de desarrollo, sin ellas no existen otras alternativas, y sin alternativas no es posible escoger. El desarrollo debe generar “entitlements senianos”; es decir, oportunidades y derechos para las personas, que les permitan fortalecer sus capacidades para lograr realizarse (Acevedo, 2006). Hasta el momento, para responder a los primeros cuestionamientos que se realizan acerca de ¿qué se entiende por desarrollo?, ¿se habla de un desarrollo específico, existen diferentes niveles o tipos?, ¿por qué se busca? y ¿cuál es el desarrollo al que se espera llegar?, se han abarcado diferentes momentos y hechos históricos los cuales de una u otra manera permiten inferir, al respecto de las preguntas planteadas, lo siguiente: • Podría afirmarse que el concepto de “desarrollo” antecede varios siglos de vida de la humanidad, y no ha sido conocido solo bajo este nombre. Riqueza, evolución, progreso o prosperidad también han fomentado ese deseo de un cambio de estado o situación actual hacía unas mejores condiciones de vida. En palabras de Arizaldo Carvajal (2008): “Hay que Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 9|Página señalar que el concepto de desarrollo es polémico, polisémico y dinámico. Existe una gran controversia respecto de su comprensión y significado. Dada su complejidad, el desarrollo no puede ser definido de manera universalmente satisfactoria”. • Lo desarrollado, modernizado, el cambio y la visión de progreso necesariamente responden a situaciones históricas específicas y a acontecimientos de la humanidad que han determinado los comportamientos de los seres humanos, incluso las tendencias en los estudios o movimientos intelectuales de las diferentes épocas. • Buscar el desarrollo es parte de una condición humana intrínseca; es decir, optar u orientarse hacia la búsqueda de condiciones y de estados equitativos de vida, en donde los derechos fundamentales y el libre accionar no se vean condicionados por factores externos, es pensar en desarrollarse. • El desarrollo es una construcción social e histórica que se refieren a los diversos discursos (paradigma de narrativa dominante, como patrón civilizador), donde prevalece la discusión sobre la organización social, en cuanto a las promesas y compromisos de mantenimiento de la dominación y el proceso cultural. Ahora bien, aún queda por abordar el último cuestionamiento, en donde las TIC, y en particular los telecentros, son considerados como “promotores o vehículos” de desarrollo. Antes de profundizar en ambas nociones (TIC y telecentros) y su relación directa con el desarrollo, se hace necesario mencionar la coyuntura y total transversalidad de la comunicación en el campo del desarrollo. “El desarrollo no es un elemento exclusivo de las políticas, las economías, o la modernidad. El desarrollo es propio a todas las acciones internas y externas que los humanos emprenden cotidianamente con el objeto de alcanzar un estándar de vida que satisfaga sus ideales de existencia. Diversos autores difieren en sus respuestas y acciones ante los cuestionamientos que plantea el desarrollo: “¿En qué consiste el desarrollo y cuáles son las metas a conseguir? ¿Qué variables son las estratégicas para alcanzar los objetivos del desarrollo?; ¿Qué obstáculos de la realidad socioeconómica hay que afrontar y qué políticas son las más adecuadas para superarlos?” La comunicación cobra importancia en tanto que genera espacios y escenarios para que los cuestionamientos anteriores se masifiquen, se apropien y alcancen. La comunicación contribuye a la reflexión sobre lo que las comunidades o sociedades creen qué es el desarrollo, facilita entornos para que se determinen las metas y estrategias, permite analizar las realidades de los pueblos y establecer políticas a seguir… es clave para promover procesos de cambio a nivel político, social, comunitario e individual” (Obregón, 2011). De acuerdo con Paulo Freire, uno de los más significativos pedagogos del siglo XX y considerado como uno de los pensadores más influyentes en los procesos democráticos e ideas liberadoras en América Latina, la dualidad existente entre la comunicación y el desarrollo ha de ser entendida como un proceso que debe garantizar el reconocimiento, movilización y empoderamiento de la comunidad; y Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 10 | P á g i n a por tanto, sus habitantes podrán ser partícipes y decisores en la formulación de su modelo de desarrollo. Para Amparo Cadavid Bringe, la comunicación ha estado presente siempre y en todos los entendimientos o reflexiones que se han hecho en torno al desarrollo. Durante su intervención en el Congreso Mundial de Comunicación para el Desarrollo – WCCD, celebrado en Roma en el año 2006 aseguró: “A cada concepción del desarrollo le ha correspondido una manera de entender la comunicación, y no solo de entender, sino de practicar”. En este sentido, y como asegura la educadora y comunicadora peruana Rosa María Alfaro (2006) “estar comunicados es un objetivo y principio del desarrollo, aunque no lo parezca... sin comunicación no hay desarrollo”. La comunicación ha estado presente en cada uno de los paradigmas del desarrollo y aunque en este texto no se han abordado en detalle todos, vale la pena rescatar dicha relación y hacer evidente lo que antes se mencionada, al menos en dos de esos momentos de la concepción del desarrollo: (1) el paradigma dominante y (2) el desarrollo a escala humana. Apoyados aún en los estudios y análisis de la profesora Alfaro (2006), podría afirmarse entonces que la comunicación durante la influencia del paradigma dominante (1945- 1965) apoyaba la construcción de una imagen de seguridad en torno al crecimiento económico; es decir, la comunicación era pragmática, poco significativa, se limitaba a la transmisión de mensajes y posicionamiento de un imaginario en donde cualquier proyecto de desarrollo social debía responder a un crecimiento económico. En contraparte, ya para los años setenta bajo las reflexiones del desarrollo a escala humana promovidos por el economista Manfred Max Neef (1986) la comunicación pone de manifiesto y como principal protagonista a cada persona, involucra a los sujetos en la presión y gestión de su propio desarrollo; además, reivindica la relación entre las personas y su acción conjunta para el cambio de sus realidades. La comunicación de desarrollo, la comunicación para el desarrollo y la comunicación como medio alternativo al desarrollo son nociones que, tras los reiterados fracasos de los diversos modelos e intentos por avanzar hacia un estado ideal de desarrollo humano, aparecen en escena y ponen en evidencia la convergencia entre comunicación y desarrollo. La comunicación de desarrollo se entiende como la aplicación de estrategias de comunicación diseñadas para programas de desarrollo concretos, es utilizada y direccionada generalmente en situaciones micro y adopta la forma de campañas; por su parte, la comunicación para el desarrollo se refiere a las estrategias de comunicación de una sociedad entera o del componente comunicativo de un plan de desarrollo nacional (Jayaweera, 2008). Por último, la comunicación como medio alternativo al desarrollo plantea que el desarrollo debe asegurar no sólo beneficios materiales sino también justicia social, libertad para todos y el gobierno de la mayoría, en otras palabras, el predominio de la participación de la gente en los procesos de comunicación y concertación ciudadana. Hasta el momento y retomando los planteamientos de Arizaldo Carvajal (2008), se mencionan, los “modelos dominantes” y los “modelos alternativos” de desarrollo. Dentro de los modelos alternativos se busca principalmente la reivindicación de la capacidad de los pueblos para decidir, orientar y manejar su propio desarrollo; es decir, un desarrollo que nace desde abajo, desde sus propias visiones y concepciones propiciando así las teorías que abordan el desarrollo local, el endógeno, el etnodesarrollo, entre otros. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 11 | P á g i n a En el marco de lo anterior, la apuesta desde comienzos del siglo XXI ha sido continuar trabajando por la promoción de un desarrollo participativo, incluyente, democrático, pensado desde y para las personas, las comunidades, los actores de base en cada región. La Comunicación para el Cambio Social o CCS  adquiere entonces mayor relevancia y fuerza y será a partir de sus planteamientos y visiones que los subsiguientes capítulos y planteamientos serán revisados. Para empezar y de acuerdo al escritor boliviano Alfonso Gumucio Dragón (2004), la Comunicación para el cambio social no es un nuevo paradigma, sino una nueva propuesta que integra otras anteriores. “Los planteamientos de Paulo Freire sobre la educación y la comunicación dialógica están en la esencia del paradigma de la comunicación para el cambio social, así como otros conceptos afines: comunicación horizontal, comunicación alternativa, comunicación popular, comunicación participativa, comunicación para el desarrollo. La esencia de la comunicación para el cambio social no pretende otra cosa que establecer términos más justos en el proceso de interacción cultural que se produce en el roce entre las culturas”. La comunicación para el cambio social también se define de acuerdo al Consorcio de Comunicación para el Cambio Social, como un proceso de diálogo privado y público a través del cual las gentes deciden quiénes son, qué quieren y cómo pueden obtenerlo. En palabras de James Deane (2000), integrante de la junta directiva por cambio social, se entiende un cambio en la vida de un grupo social acorde a los parámetros establecidos por ese mismo grupo. El objetivo es por tanto mejorar la vida de los grupos marginados, orientados a partir de principios como la tolerancia, auto-determinación, equidad, justicia social y participación activa de todos. De manera textual se citan a continuación las apuestas de este nuevo enfoque que intenta establecer un equilibrio en la aproximación estratégica a la comunicación y el cambio: • De las personas como objeto del cambio a los individuos y las comunidades como agentes de su propio cambio. • Del diseño, prueba y distribución de mensajes hacia el apoyo al diálogo y el debate sobre temas claves de interés. • Del traspaso de información a cargo de técnicos expertos a incorporar adecuadamente esta información a los diálogos y debates. • De centrarse en los comportamientos individuales a centrarse en las normas sociales, las políticas, la cultura y un medio ambiente adecuado. • De persuadir a la gente a hacer algo a debatir sobre la mejor forma de avanzar en un proceso de colaboración. • De expertos de agencias "externas" que dominan y guían el proceso a otorgarle el papel central a la gente más afectada por el problema que está siendo discutido. *Concepto mencionado por primera vez en abril de 1997 por la Fundación Rockefeller. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 12 | P á g i n a Como último punto y no menos importante, el contexto actual en el que se adscribe la Comunicación para el cambio social se encuentra determinado por tres tendencias entrelazadas: (1) liberalización de los medios y desmonte de la regulación (2) contexto global -político y económico- en transformación y (3) desarrollo de nuevas tecnologías de información y comunicación. La tercera tendencia arriba mencionada, en palabras de Neville Jayaweera (2008) resulta imposible de ignorar hoy en día, como a las carreteras y los ferrocarriles en el pasado; se necesita una aproximación positiva a las TIC que implicará para los expertos en desarrollo utilizar estas tecnologías en sectores de la economía en los que la producción puede crecer rápidamente, en vez de permitir que solamente estimulen la propensión al consumo. Además, deberán asegurarse de no depender de mecanismos del mercado para distribuir los beneficios, sino de políticas integrales de bienestar social y de responsabilidad social en la adopción de las nuevas TIC. En concordancia con lo anterior, el reconocido sociólogo español Manuel Castells (1997) asegura que el desarrollo está determinado por la capacidad de establecer una interacción sinérgica entre la innovación tecnológica y los valores humanos, para él las diferentes esferas en las que se moviliza toda actividad humana dependen del poder de la información, y así mismo, de una secuencia de innovación tecnológica que cada vez cobra mayor relevancia. Por tanto, afirma que “la tecnología per se no resuelve los problemas sociales, pero la disponibilidad y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación son un prerrequisito para el desarrollo económico y social de nuestro mundo”. No obstante, cabe percatarse de que el auge de las TIC al igual que en su momento el paradigma dominante lo fue, trae consigo modelos, pensamientos y posturas que desde los países occidentales aplican acorde a sus condiciones de vida en las diversas esferas sociales. Retomando a Gumucio (2005, 68), y en contrapeso de este nuevo ideal o salida alternativa para el logro de un desarrollo, es de recordar que existen condiciones esenciales para que las TIC representen un factor decisivo en las estrategias de desarrollo y garanticen una comunicación incluyente: “La participación y apropiación comunitaria es uno de esos requisitos. La generación de contenidos locales es otra condición fundamental. La pertinencia lingüística y cultural es también esencial. La tecnología apropiada y la convergencia tecnológica entre medios audiovisuales e Internet es necesaria en pos de la sostenibilidad, como lo es la constitución de redes con otros proyectos similares sobre la base de objetivos y principios compartidos. (…) La sociedad de la información pretende oscurecer a la sociedad de la comunicación. La sociedad de la información que nos proponen desde arriba es una sociedad de "acceso", no de participación y menos de apropiación de contenidos y procesos. La sociedad civil ya ha madurado suficientemente como para que no se la engañe con nuevos espejitos. No se puede hablar de la sociedad de la información cuando en su diseño no se escucha la palabra de la sociedad civil, o cuando la percepción de la sociedad civil es la de minorías marginales”. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 13 | P á g i n a Retomando a Castells, cuando mencionaba la disponibilidad y uso de las TIC como prerrequisito para el desarrollo económico y social del mundo, los denominados telecentros aparecen como una de las estrategias de apropiación social – concepto que en el segundo capítulo se abordará en detalle – de las TIC, planteándose dos objetivos muy claros: (1) lograr un acceso a través de la instalación de infraestructura y (2) promover el desarrollo sostenible a través de la oferta de servicios educativos y opciones de “emprendimientos” a las comunidades a través de las TIC. Durante los primeros años de la década de los noventa, los telecentros entran en funcionamiento como espacios pensados para facilitar el acceso a Internet, en particular en aquellas zonas de más difícil acceso como las rurales asegura Rocío Rueda; quien además, resalta que dichos espacios a diferencia de los cibercafés se preocupan por fomentar la construcción de lo público, de forjar nuevas capacidades y permitir el acceso a la educación, yendo más allá de objetivos mercantiles (Rueda Ortiz, 2005). A fecha de hoy no cabe duda que las TIC resultan esenciales para el desarrollo tanto económico como para el bienestar material, de acuerdo a Castells éstas condicionan el poder, el conocimiento y la creatividad y pueden propiciar un círculo virtuoso de desarrollo o una espiral descendente del subdesarrollo, ya que el desarrollo cultural y educacional condiciona el desarrollo tecnológico, que determina el desarrollo social, y esto estimula a su vez el desarrollo cultural y educacional. (Castells, 2008: 1287). Ahora bien, el manejo y acceso a la información que de manera permanente circula a través de las TIC, así como su adecuación y la capacidad que tengan los individuos de generar conocimiento al entrar en contacto con dicha información, resulta un requisito fundamental para la ampliación de oportunidades y, por ende, para que las personas logren un nivel de desarrollo que les propicie una vida digna y duradera. 3.- ¿Apropiación social de TIC? Algunas aproximaciones conceptuales Entendiendo que la comunicación no es un hecho aislado al margen de la cotidianidad, sino que, al contrario, se le considera como un proceso decisivo en el cambio estructural de cualquier región, al actuar como catalizadora y determinante en la formación de colectivos sensibles y críticos de su entorno las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) cobran de principio a fin una relevancia innegable. Ahora bien, para abordar el tema de las TIC, su incursión en el discurso del desarrollo, sus implicaciones, dificultades y, más aún, la apuesta del presente capítulo hacía una reflexión en torno a lo que significa un proceso de apropiación social de las mismas, se hace necesario recapitular algunas consideraciones generales en torno al campo de la comunicación para el desarrollo, el cual entre sus principales desafíos, busca la exploración de diversas estrategias de integración de los sistemas de participación y conocimiento, los recursos tecnológicos y las culturas populares en las experiencias internacionales de comunicación, educación y desarrollo social. Es así que, “la comunicación se ha convertido en una herramienta básica en el desarrollo de las sociedades al facilitar la creación de patrimonio, de una cultura de participación y la construcción democrática de ciudadanía” (Beltrán, Ceballos, 2001). La comunicación para el desarrollo debe concebirse como espacio comunitario donde se puede compartir y participar, donde los ciudadanos Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 14 | P á g i n a son los llamados a convertirse en la fuerza motriz de su propio desarrollo. Se busca expandir y equilibrar el acceso y la participación de los individuos en el proceso de comunicación, tanto a niveles de medios masivos como a los interpersonales, fomentando su capacitación para impulsar el uso de sus potencialidades dentro de una estrategia integral de desarrollo endógeno. En dicho contexto, los medios locales y comunitarios han jugado y juegan un papel muy importante; han sido éstos los que desde la proximidad han representado los valores e intereses compartidos de la colectividad, cuando no han ayudado como herramientas de transmisión a realizar campañas educativas o a servir de correos de información. Ahora bien, como lo afirma José Manuel de Pablos (2001), si hoy se escucha hablar de nuevas tecnologías, tendría que hablarse nuevas culturas, “la tecnología es un proceso (…) para efectuar una variada serie de actividades humanas, con el fin de obtener un resultado (…) en pos de una mejora de la calidad de vida”. Para de Pablos, estas nuevas tecnologías son generadoras de nuevas formas de cultura cuando se adaptan a las necesidades del usuario, e incluso, pueden resultar sumamente benéficas en cuanto sean liberadoras del esfuerzo físico o mental sin contrapartidas negativas: “Todo el proceso de cambio cultural que antecede la presencia de mejores nuevas tecnologías, es que sean capaces de incrementar la calidad de vida y de limar tantas disparidades, de poderes injustamente fabricados desde otras tecnologías, que se han aplicado al mantenimiento de culturas esquilmantes y especulativas”. La generación de esas nuevas formas de cultura a las que hace referencia José Manuel de Pablos van en concordancia con lo que Echeverría (2003) ha denominado como el Tercer Entorno (E3), un nuevo espacio social, el espacio electrónico, donde puede desarrollarse la sociedad de la información. Un espacio que no es ni físico ni geográfico, no está constituido por lugares territoriales separados por fronteras, sino por redes interconectadas. Éste es un espacio en donde no se mueven cuerpos sino información, y en donde su fluir puede ser desde un solo punto hacía muchos, sobrepasando países, regiones y ciudades. Para Rocío Rueda (2003) los nuevos espacios virtuales replantean la relación sujeto/máquina, la idea de identidad y los modos de estar con otros, puesto que la gente y las máquinas comienzan a construir nuevas relaciones, el yo se torna múltiple y es construido a través del lenguaje. En este sentido, dichos espacios virtuales tienden a ser propicios para la participación, compensación e incluso la resistencia; lo que hoy por hoy representa nuevos desafíos metodológicos, tales como: el cambio de la temporalidad y espacialidad del campo de trabajo, la redefinición del concepto de “comunidad”, los informantes clave y la diversidad de identidades, entre otros (Levy, 2004): “La forma y los contenidos del ciberespacio son aún indeterminados. Un vasto campo político y cultural, casi virgen, se abre a nosotros. Pudiéramos vivir uno de esos momentos muy raros en los que una civilización se inventa ella misma, deliberadamente. Pero esta apertura no durará quizás mucho tiempo. Antes de comprometerse ciegamente en vías irreversibles, es urgente imaginar, experimentar y favorecer, en el nuevo espacio de Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 15 | P á g i n a comunicación, estructuras de organización y estilos de decisión orientados hacia una profundización de la democracia. El ciberespacio podría convertirse en un medio de exploración de los problemas, de discusión pluralista, en hacer visibles procesos complejos, de toma de decisión colectiva y de evaluación de los resultados cercanos a las comunidades en cuestión”. Frente a las necesidades del mundo actual se hace necesario repensar la mirada con una visión integral de las TIC. Como aparatos ideológicos las TIC no son soluciones en sí mismo; se trata de herramientas que pueden solucionar problemas concretos. Los procesos de desarrollo que se llevan a cabo en comunidades urbanas y rurales pueden ser apoyados y fortalecidos a partir de dinámicas que hagan uso de las TIC; además de ofrecer usos creativos y útiles a los medios disponibles, se pueden fomentar y formalizar capacidades locales en la gestión de información y en la construcción de conocimientos. Aún así, no puede pasarse por alto que en el contexto de América Latina y de los países en desarrollo la pobreza generalizada y la desigualdad. Por tanto, la llamada brecha digital emerge como problemática interna en los países, por un lado, e internacional entre los países desarrollados y los que emprenden ese proceso, por otro. La brecha digital se convierte en una dimensión global de interés para comunidades científicas, políticas y civiles, panorama ante el que se presentan posibilidades de formación y capacitación (e-ready) fomentando la reducción de la pobreza mediante el crecimiento electrónico. De acuerdo a un diagnóstico presentado por Francisco J. Proenza (2002), del Centro de Inversiones de la de la FAO en el documento “e-Paratodos: una estrategia para la reducción de la pobreza en la era de la información”, la globalización y el desarrollo de las TIC tienden a acrecentar las desigualdades económicas en forma desproporcionada. Para ello es necesario pensar, según Proenza, en la formulación de políticas para reducir la pobreza que consideren la ampliación de redes, el acceso compartido mediante telecentros, el aprendizaje democrático en red y el desarrollo competitivo. Asimismo, se destaca en el informe a las comunicaciones punto a punto, que se hacen necesarias para brindarle a los sectores de bajos recursos un espacio en el que se escuche su voz en línea y la capacidad de trabajar en red, y de contribuir a la construcción de capital social en beneficio propio. Complementadas además, con contenidos de internet que brinden servicios que tradicionalmente excluyen a los pobres, y mediante contenidos generados por las mismas personas que expresen sus aspiraciones, necesidades y valores. El acceso público a la información digital es tan importante para la Sociedad de la Información, como lo es el transporte público para la sociedad industrial. Más de 100 años después de la introducción de la máquina de combustión interna en la sociedad, cada ciudadano de América Latina no tiene un automóvil, pero la gran mayoría de ellos ahora tiene acceso a la movilidad gracias a un sistema público-privado del acceso público de transporte, que existe en todos los países (Hilbert Martín, 2008). Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 16 | P á g i n a En consecuencia, el poder de las TIC para combatir la pobreza continuará siendo limitado mientras que sigan siendo limitados los índices de participación, más aún si en el panorama actual la mayor parte de los residentes de países en vías de desarrollo siguen con un acceso limitado a las TIC o sin acceso alguno. Una de las formas de proveer conectividad a la población de bajos recursos a un costo asequible es mediante telecentros y otras estrategias en red que superen la brecha digital y social. Dichos servicios de acceso, intercambio, producción y difusión de información propia, así como la adquisición de nuevas destrezas y capacidades, son relevantes para conocer y aprovechar las oportunidades y recursos, contar con más competencias para resolver los problemas y en general orientar procesos de desarrollo y redes locales de generación de conocimientos relevantes, para mejorar las condiciones de vida. Surge entonces la importancia de procesos de desarrollo ligados a prácticas políticas, tecnológicas, comunicativas y económicas donde la comunidad participa libremente en la búsqueda y construcción de “propuestas originales, fruto de la creatividad del imaginario colectivo, la resistencia popular y la discusión y decantación de nuevas ideas” (Toledo, 2002). Lo que acabamos de exponer propicia la construcción de comunidad, la base de la comunicación. Y esta no es otra cosa que el ámbito donde el ser humano genera, diseña y crea vínculos con otros para convivir. “La comunicación es un intento de representación y de intercambio de esa construcción del mundo” (Pavia, 2001) es el elemento vital para el sueño de coexistencia y se refiere a la construcción colectiva de imaginarios, de conocimiento, de consenso y de identidad. Es parte del proceso de conformación de grupo y de planes para la apropiación e identificación. Deviene entonces el interés de la comunicación por el desarrollo humano, pues la comunicación constituye la construcción humana de orden simbólico, en la medida que significa y representa el mundo que contempla y contribuye a otras creaciones humanas, también simbólicas, que son las que sitúan al ser humano en uno o varios lugares de su construcción social y espacial. Pero también pertenece al orden tecnológico (Basalla, 1994), pues en la medida que utiliza o implementa instrumentos para efectos de construcción social, comprende procesos basados en técnicas , bien informativas, bien participativas o de divulgación. Este ámbito de lo humano –la comunicación- permite compartir, más no instaura imaginarios; posibilita la equidad en la información, más no imparte opinión; no promueve identidad, depende de ella para tener oídos en una comunidad. “La comunicación participativa contribuye a infundir autoestima y orgullo por la cultura. Refuerza el tejido social a través del fortalecimiento de las organizaciones propias a la comunidad. Protege la tradición y los valores culturales al mismo tiempo que facilita la integración de nuevos elementos” (Gumucio, 2001: 12). . En el interior de la comunicación para el desarrollo es donde se adelantan los procesos de construcción de comunidad y se canaliza, emplea y materializa toda la capacidad creativa de los *En el mundo clásico los oficios se dividían en ‘ars’ (arte) y ‘tecnes’ (técnica); los primeros se basaban la contemplación; los segundos, en la transformación del entorno material mediante una rutina. En el siglo XIX se reivindicó el conocimiento propio de la técnica agregándole el sufijo logos. De allí la palabra ‘tecnología’ que compromete al ser humano como generador de conocimiento en la implementación de una técnica y perfeccionamiento de la misma. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 17 | P á g i n a miembros de un colectivo. La comunicación hace parte activa del desarrollo en la medida que actúa como planificador, lector, traductor de eventos y como agente articulador de discursos; todo destinado al cumplimiento del objeto principal del trabajo que debe estar relacionado directamente con los valores culturales. No se trata de adoctrinar a una comunidad, sino de propiciar los recursos necesarios para adelantar procesos educativos, organizacionales y disciplinarios consensuados por la comunidad misma, de manera que sean inherentes a ella, a su tiempo y su cultura. Nadie conocerá más a la comunidad, su pasado, sus necesidades, su historia, su geografía, su cultura que ella misma. El economista Ernst Friedrich Schumacher destaca la organización, la educación y la disciplina como elementos constitutivos del desarrollo. De ahí que sustente que la deficiencia de estos tres elementos son las causas de la pobreza: “ (…) el desarrollo no comienza con las mercancías, sino con la gente y su educación, organización y disciplina. Sin estos tres requisitos todos los recursos permanecen como un potencial latente, sin descubrir” (Schumacher , 2994: 306). Por su parte, Ramakrishna (1984) en su libro Comunicación y Desarrollo Rural, ve en la comunicación como uno de los elementos principales para el desarrollo rural; aunque no hace referencia a la comunicación para el desarrollo específicamente, destaca que ésta ayuda a aumentar los conocimientos de las personas, modificar sus creencias y actitudes y orientar sus acciones hacia metas específicas enseñándoles cómo ejecutarlas. De otra parte, este pensador bengalí también hace énfasis en la necesidad de mejorar la comunicación entre las instituciones y el sector rural. Entre sus reflexiones destaca que pese a que las TIC han avanzado bastante en Venezuela aun no alcanzan a cubrir la zona rural. A la vez, estos avances le han dado la oportunidad a las esferas políticas, sociales y culturales de organizarse mejor y tener un mayor control de la información. Otra experiencia que muestra la articulación de la comunicación y las tecnologías en el desarrollo de un grupo, es el caso del proyecto Comunicación para el cambio: construyendo redes TIC para el desarrollo, que busca lograr el acceso universal a un costo accesible las TIC con banda ancha en varios países de África y América. Este proyecto pretende abordar el problema del desarrollo a través de la creación de redes regionales de investigación y promoción de TIC para el Desarrollo (ICTD) en África Central, Oriental y Occidental y en la Región Andina (Currie, Betancourt, 2010). Dede hace años, y desde la pluralidad, varios investigadores vienen reflexionando sobre los usos y apropiación de la tecnología y cuál es el resultado final. En el documento titulado ¿Extensión o comunicación?, cuya reflexión parte de una pregunta planteada por Paulo Freire, se examina el proceso en que el desarrollo de las TIC ha sido instrumentado por algunas políticas gubernamentales en Latinoamérica ¿Ha sido este un proceso extensionista, que impone una forma de entender la realidad sobre otra, o un proceso de comunicación, guiado por un diálogo recíproco que permita a las comunidades definir las ventajas y utilidades de la incorporación de las TIC en su vida cotidiana? Echeverría (2008) asegura que para actuar en el nuevo entorno virtual (E3) que es propiciado por la incursión y desarrollo de las TIC, se requieren nuevas capacidades y destrezas, pues disponer de las interfaces y estar conectados en red no es suficiente. Saber operar competentemente dichos artefactos resulta fundamental y básico, “como cualquier espacio social, el espacio electrónico exige habilidades específicas para intervenir activamente en él”. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 18 | P á g i n a En este sentido, vale la pena citar al profesor Jesús Martín Barbero quien define la «apropiación» como un fenómeno caracterizado por la adecuación que los individuos hacen de determinados productos culturales a su propia forma de percibir el mundo y de intervenirlo; por tanto, hablar de apropiación tecnológica o de TIC significaría que los usuarios de las mismas comprendan sus códigos y significados, y además, estén en capacidad de utilizarlas de acuerdo a sus propios intereses y necesidades. “Son los individuos los principales generadores del desarrollo económico y social en su propio entorno, las TIC serán consideradas siempre como herramientas cuyo aprendizaje, modos de uso y apropiación no tienen incidencia sin una previa generación de habilidades que involucren la reflexión de los mismos actores sobre la inserción de éstas en el ámbito productivo, cultural y ciudadano” (Cabrera, 2005: 19). Se podría concluir que el desarrollo contemporáneo, basado cada vez más en la tecnología, requiere, a diferencia de lo que sucedía en las etapas anteriores de desarrollo capitalista, de inversiones crecientes en capital humano y social. Todos los países desarrollados, tradicionales o recientes, han tenido que realizar grandes inversiones en educación y esfuerzos sostenidos por redistribuir el ingreso y fortalecer así su capital humano y social. En este sentido, el desarrollo trasciende al crecimiento económico. No basta que el Producto Interno Bruto (PIB) crezca, sino que se requiere también que el ingreso se distribuya de la mejor forma posible y que se invierta en capital humano, para que se pueda sostener y potenciar la capacidad competitiva de un país y la dignidad de sus ciudadanos. Por ello, no se puede hablar de lucha contra la pobreza si la política social, además de compensar a quienes se ven afectados por las conmociones del cambio, no se orienta a la inversión en la formación del capital humano y social que requiere un desarrollo sustentable. La CEPAL en varias ocasiones y en diversas publicaciones ha reiterado el gran valor de las TIC para la consecución de un desarrollo sustentable, justificando que el incremento del flujo de la información, manejo adecuado y orientación de producción de contenidos, a la larga, contribuyen a un mayor conocimiento dentro de la población y a nuevas formas de organización que mejoran las condiciones de las personas. En este sentido, el desarrollo y puesta en marcha de modelos coherentes y aterrizados de apropiación social de las TIC resultan fundamentales y deben ante todo ser negociados con las comunidades, atendiendo como se ha recalcado a lo largo del texto sus particularidades, condiciones tanto económicas, como políticas o culturales, así como sus demandas específicas. 4.- Rastreo de algunas experiencias Numerosas experiencias, investigaciones, portales Web y estudios de casos se rastrea diversas iniciativas permiten cartografiar el alcance sobre proyectos de apropiación social de las TIC y, concretamente sobre los telecentros en América Latina y el Caribe, principalmente. Los artículos y los Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 19 | P á g i n a documentos de reflexión tienen enfoques de reporte y análisis de experiencias que con la cofinanciación de recursos públicos y privados, sistematizan los aprendizajes y casos representativos. En este apartado daremos cuenta de algunas de ellas, que muestran la implosión e importancia que se da a los telecentros en las Américas. En 1999 en la Revista Latinoamericana de Comunicación Chasqui publica el artículo: “Telecentro en la mira: ¿Cómo pueden contribuir al desarrollo social?”, del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (CIID), enfatizando en la diversidad de experiencias y sus características. El Banco Interamericano (BID), por su parte, realiza el estudio Telecentros para el desarrollo socioeconómico y rural en América Latina y el Caribe, documentando los énfasis de las necesidades y usuarios, en especial América Central. Por otro lado y con el objetivo de reducción de la exclusión social, la organización Sampa.org, fortalece sus procesos a través de la red pública de telecentros. A su vez, La red rural de telecentros comunitarios de Brasil busca la creación de comunidades libres para apoyar los procesos de movimientos globales. Desde los Telecentros de Brasil con el respaldo de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC) se propone el Modelo de apropiación comunitaria de TIC. De igual manera, se difunde el estudio de Inclusión digital para la inclusión social: ¿En qué los telecentros comunitarios? con el objetivo de promover las correctas prácticas de telecentros. En Europa, la Universidad Politécnica de Madrid realiza un estudio de contexto y análisis sobre los telecentros comunitarios en países en desarrollo. A la par, el IDRC apoya la creación de la red de apoyo a telecentros en iniciativa cofinanciada por Microsoft para mejorar la capacidad y promoción del desarrollo digital de carácter regional. En Ecuador cabe destacar las redes: Somos@Telecentros (Red de telecentros en América Latina y el Caribe) que facilita procesos de aprendizaje e intercambio de experiencias desde la Fundación Chasquinet y liderado por Intercom, la red Ecuanex de redes comunitarias para el trabajo en línea para colectivos sociales. También cabe consignar que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha liderado estudios tales como los realizados por María Angélica Celedón y Alicia Razeto, que revisa el estado del arte y el grado de desarrollo de 10 experiencias de telecentros comunitarios localizados en 7 países de la región de América Latina y el Caribe: Chile, Brasil, Perú, Ecuador, Panamá, Venezuela y Guatemala: La transformación de puntos de acceso en nodos de conocimiento: análisis de diez experiencias de telecentros comunitarios en América Latina. A su vez, otras redes de telecentros se consolidan en Argentina con la Red Unesco de telecentros libres – Rutel, dotado de software libre; con otras iniciativas la red de Telecentros Comunitarios de Informática y en Chile, la red de información comunitaria – Telecentros de la Araucania, con el propósito de la promoción del desarrollo local. En zonas rurales el tema de productividad, el uso social de las TIC y los procesos de mejoramiento de las capacidades toma gran relevancia, desde la Universidad de Chile se fomenta el proyecto “Telecentros comunitarios: una propuesta de desarrollo para zonas rurales”, de igual manera, la “Guía para la gestión de telecentros rurales (EATUR)”. En México, la organización Comunicarte plantea en el artículo sobre el acceso de zonas rurales a Internet, las nuevas formas de acceso a las TIC potencializando los esfuerzos de desarrollo rural. Hemos de consignar que el tema de centros de accesos públicos y cibercafés se referencia en el estudio “Las cabinas públicas de Internet en Lima: procesos de comunicación y formas de incorporación de las TIC a la vida cotidiana”, realizados por la Universidad Católica de Perú. Por su parte, OurMedia plantea el estudio “Cibercafés y telecentros públicos en México”, como espacios Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 20 | P á g i n a promotores de desarrollo social, con énfasis en la educación. Por su parte, la Universidad Central de Ecuador desde su Facultad de Comunicación realizo el estudio “Quito: estudio sobre los cibercafés” como fenómeno de masificación del usos de TIC. Así como Somos@Telecentros, liderando reconocidos procesos en el tema de telecentros, desarrolló el primer estudio sobre el “Estado del arte de los telecentros en América Latina y el Caribe” y el estudio “Las cabinas públicas de Internet en Perú: perfil de los usuarios y los usos”. Bajo el prisma de la sostenibilidad, sustentabilidad y autosostenimiento, se destaca el documento “La sustentabilidad de los Telecentros. Mitos y oportunidades” realizado por e-ParaTodos. En 2001 se presenta un interesante documento de trabajo de Francisco J. Proenza, Roberto Bastidas-Buch y Guillermo Montero, desde la FAO, UIT y el BID, “Telecentros para el desarrollo socioeconómico y rural en América Latina y el Caribe. Oportunidades de inversión y recomendaciones de diseño con especial referencia a Centroamérica”. En España, en 2005, Juan Gigli presenta el artículo “Hacia un modelo de apropiación de Tecnologías de la Información y la Comunicación en ámbitos rurales” con lineamientos sobre los programas y las condiciones para profundizar las condiciones de apropiación social de las TIC. Los estudios y análisis de telecentros en América Latina, muestra diversos y amplios estudios entre los cuáles se destacan los realizados por IDRC en las Lecciones sobre telecentros comunitarios, “ONGs y telecentros en América Latina: los casos de Argentina y Perú”. La organización Alfa-redi elabora, por su parte, el estudio “Los infocentros venezolanos: ¿un esfuerzo de inclusión social?”. En este punto debemos destacar el libro El (involuntario) rol social de los cibercafés, realizado por Susana Finquelievich y Alejandro Prince. Sulá Batsú - Cooperativa R.L.-. Como emprendimiento colectivo de profesionales presenta el balance sobre los “Puntos de Acceso Público a la Información (PAP) en América Latina”, documentando los resultados y análisis de las potencialidades en el marco de estrategias de inversión pública y privada. Chasquinet en Ecuador, a través del proyecto TELELAC, realizó la sistematización sobre “El rol de los telecentros en los procesos de empoderamiento político y cultural”. De igual manera, la recopilación de historias de vida “Historias reales – Telecentros en América Latina y el Caribe” y la propuesta “Hacia un modelo de franquicias para Telecentros Comunitarios en América Latina”, que esperaba reorganizar la estrategia de negocio y oferta de servicios. La Red de Información para el Tercer Sector (RITS) plantea el estudio de “Apropiación ciudadana de los Telecentros de San Pablo Brasil”. Links, realizó, a su vez, la sistematización y análisis de la “Trayectoria de telecentros en Argentina” y la GTZ el “Informe sobre telecentros en Perú”, que caracteriza el impacto que ha facilitado la conectividad y los procesos de masificación. Daniel Cortés Campos sistematiza en la “Apropiación y usos de las TIC por los pueblos indígenas: tres casos latinoamericanos recientes” la experiencia de educación bilingüe entre los Wayúu en Venezuela, de las Escuelas Populares Radiofónicas del Ecuador y los Suruí, en alianza con Google, en Brasil. Por influencia del movimiento feminista, la perspectiva de género también toma importancia en los telecentros. Experiencias como el “Análisis de género en la evaluación de telecentros” de Women'sNet, miembro sudafricano de APC, a partir de la metodología GEM (Gender Evaluation Methodology), son un ejemplo de ello. Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 21 | P á g i n a En Ecuador se documenta la experiencia de “Validación de GEM en los Telecentros” a través de Chasquinet, elaborado por el Programa elaborada por PARM (Programa de Apoyo a las Redes de Mujeres) de APC. Algunas experiencias del uso social de las TIC y visibilización de los movimientos sociales lo llevan a cabo el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en México, donde el internet fue clave para reflexión del movimiento a escala internacional. Otro referente interesante es el Movimiento Piquetero en Argentina como espacio de representación de la clase obrera que reivindica una lucha regional y solidaria registrada en el portal Latinoamericano. Por su parte, en Venezuela cabe reseñar la experiencia de la Asamblea Popular Revolucionaria (Aporrea), que busca la consolidación de un espacio de articulación popular-revolucionario, para la defensa de la constitución y voluntades del pueblo. En el caso de Colombia cabe consignar dos interesantes casos: en primer lugar, la comunidad EcoNet, autodenominada como herramienta transformadora de las naciones en vía de desarrollo, que pretende consolidar un proceso social a través del desarrollo y uso de las TIC que lleven al fortalecimiento de las organizaciones sociales y el empoderamiento. En segundo lugar, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN, telecentro comunitario, que ha desarrollado un reflexivo, estructurado y soporta propuesta de Tejido Comunicación y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida . En Colombia los estudios de incidencia e impacto de las TIC, los telecentros y los Centros de Acceso Comunitario, tiene diversos actores. A continuación se presenta un rastreo y sistematización de los reportes privados, públicos y académicos. En 1994 la Corporación Nuevo Arco Iris, Asolíderes en Colombia, Lincos2 de Costa Rica y la Secretaria de Juventud de Nicaragua, desarrollaron la metodología ACTTA, como una “Herramienta para la creación de Telecentros Autosostenibles para el desarrollo comunitario”. Un proyecto clave para Colombia, pionero (1998-2001) de los procesos de desarrollo en temas de telecentros es el “Proyecto Piloto de Redes Comunitarias en América Latina Unidades Informativas Barriales - UIBs” dirigido por Colnodo y gestado por la APC, con el propósito de implementar el uso de tecnologías de bajo costo como sistema de información locales en la construcción de las vivencias que identifican en las localidades de Bosa, Suba y San Cristóbal en Bogotá. Desde 1999 el Centro de Agricultura Tropical (CIAT) y la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), lidero el proyecto “Inforcauca: Telecentros comunitarios: una estrategia para fomentar el desarrollo sostenible en el suroccidente de Colombia”, que puso en funcionamiento los primeros tres telecentros en zonas urbanas y rurales de Colombia. Olga Paz, entre 2002-2004, en el marco de la Maestría Andina en Comunicación y Sociedad con Mención en Políticas Públicas para Internet, desarrolló la tesis “Políticas de Gestión del Conocimiento y Usos Sociales de Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación, TIC” con el objetivo de “identificar y analizar las políticas de gestión del conocimiento, revisar el contexto y la definición de esas políticas, y analizar los usos sociales de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación, TIC, en procesos de gestión del conocimiento en tres experiencias: la Agenda de Conectividad del gobierno colombiano, el Sistema de Información para el *Escuela de Comunicación y Palabra Digna con el objetivo de “capacitar política y técnicamente a multiplicadores de comunicación y consciencia social para que aporten a la conformación y consolidación de un Tejido de Comunicación desde sus pueblos y localidades”. Ver portal de ACIN: http://www.nasaacin.org/ Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 22 | P á g i n a Desarrollo Empresarial Rural, SIDER, del Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT, y el Telecentro Comunitario de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, ACIN”. El único estudio de impacto socioeconómico de los centros de acceso masivo (Programa Compartel), lo realizó el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes en el 2006. El estudio presentó los resultados de los análisis de viabilidad e “impacto potencial” correspondientes a 922 Telecentros (345 visitas a Telecentros y a 575 encuestas telefónicas a administradores). En 2006 el Diálogo Regional sobre Sociedad de la Información (DIRSI) cofinancia la investigación “Desarrollo, paz y nuevas tecnologías en Colombia: accesos, usos y construcción de imaginarios en un país en conflicto”, de Camilo Andrés Tamayo Gómez, que tenía como objetivo “comprender la forma como se regula el acceso a Internet en un país con amplias asimetrías en su desarrollo regional y local; y en segundo, analizar de qué forma han sido utilizadas las nuevas tecnologías en la búsqueda del desarrollo y la paz por parte de tres organizaciones sociales civiles colombianas”. Por otro lado, desde la Corporación Colombia Digital en 2004, Fernando Chaparro presentaba un interesante panorama sobre la “Apropiación Social de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) e Informatización de la Sociedad Colombiana”. En el mismo año, en la Revista Signo y Pensamiento, el reconocido investigador Alfonso Gumucio Dragón, escribe “Prometeo viajando en Cadillac. Telecentros como el prometido fuego del conocimiento”. Con la eclosión de este tema, se referencia diversidad de iniciativas como las de Fondo Regional para la Innovación Digital en América Latina y el Caribe (FRIDA), que podemos ver en el “Estudio del impacto del uso y apropiación de las TIC en la Comunidad Wayuu de Colombia, como herramienta para salvaguardar y difundir su patrimonio cultural, material e inmaterial”, de la organizaciones Fundación Sociedad Internet y Organización Wayuumunsurat. También los investigadores Ricardo Gómez y Luis Fernando Barón Porras, desarrollan sendos trabajos sobre el “Acceso público a Internet y cambio social: la experiencia en El Carmen de Bolívar, entre el silenciamiento y la esperanza” y los “Usos de Nuevas Tecnologías de Comunicación e Información para la construcción de la paz en Colombia”, con significativas reflexiones sobre las implicaciones de la apropiación social de las TIC. De igual manera, los mencionados investigadores, en el año 2010, desde las Universidades de Washington, ICESI y Fundación Colombia Multicolor, elaboran el estudio sobre el “Panorama del Acceso Público a TIC en Colombia en bibliotecas públicas, telecentros y cibercafés”, caracterizando la oferta entre los cibercafés y los telecentros, los usuarios, los principales desafíos y las tendencias futuras de los procesos. La investigadora Viviam Unás, de la Universidad ICESI, reseña el análisis sobre los usos y procesos de los movimientos sociales a través de Internet, en el artículo “Nuevos repertorios tecnológicos y movimientos sociales: el caso de la Asociación Indígena del Norte del Cauca (ACIN)”. A la vez, liderado por el Tejido de Comunicación de ACIN, Vilma Almendra presenta varios interesantes trabajos, como la tesis de grado “La apropiación de Internet en Comunidades indígenas: El caso del tejido de comunicación y relaciones externas para la verdad y la vida de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN”, junto a los libros Comunicación y desarrollo. Reflexiones y miradas desde el aula y Encontrar la palabra perfecta: experiencia del tejido de comunicación del pueblo Nasa en Colombia. De esta autora también se debe destacar el artículo "La palabra y acción Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. Lecciones del Portal de la Comunicación (InCom-UAB), Universitat Autònoma de Barcelona. ISSN 2014-0576 23 | P á g i n a para la movilización" en Revista Comunicación & Ciudadanía de la Universidad Externado de Colombia. Aunque la investigadora más reconocida en el tema de apropiación social de TIC es la profesora e investigadora Rocío Rueda Ortiz, con su trabajo: “Apropiación social de las tecnologías de la información: ciberciudadanías emergentes”, en el que hace un pertinente rastreo de la incorporación de las TIC, presentado un estado de la cuestión en informática comunitaria y las reflexiones emergentes sobre las maneras de la ciberciudadanía. Y ya terminando este repaso de experiencias, reseñar que en 2010, en el seno del proyecto colaborativo de la comunidad de telecentre.org y la de Red de Redes de Telecentros de Latinoamérica y El Caribe (LAC), se presenta la “Guía para manejar las Redes de Telecentros: Diseñando una nueva fase del Movimiento de los Telecentros” con el propósito de generar escenarios para compartir experiencias, buenas prácticas y esfuerzos de sostenibilidad. Pero quizás quepa destacar el artículo de María del Rosario Atuesta “Valoración de impactos tecnológicos en el desarrollo social de comunidades rurales”, en el que aborda los procesos de inclusión digital, referenciado los procesos de desarrollo informático y de comunicaciones que conllevan las implicaciones de la inserción de las TIC en contextos rurales para encaminar la evaluación e impacto en diversas comunidades. Como también las aportaciones desde los procesos educativos de autores como Alexei Leontiev y Lev Vygotsky (Crovi, 2008), que definen la apropiación como actividades con sentido, integradas y relacionales para facilitar un aprendizaje y conocimiento que se ubican en la dimensión socio histórica y se convierten en herramientas culturales, como procesos de apropiación (habilidades de uso y competencia para darles sentido al uso en sus actividades cotidianas). Escobar Sarria, Jorge Mauricio (2023). Comunicación y usos sociales de las TIC: el caso de los telecentros. 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