Artículo de revista:
Aros-Marzá, Nicolás; Miret Gamundi, Pau; López-Gay, Antonio (2023).
Diferencias en los calendarios de emancipación residencial en Chile. Revista
Mexicana de Sociología, 85(4), 891–922. (ISSN 2594-0651)
https://dx.doi.org/10.22201/iis.01882503p.2023.4.61144
Diferencias en los calendarios
de emancipación residencial en Chile
Differences in the age of leaving the parental home in Chile
Nicolás Aros-Marzá, Pau Miret Gamundi y Antonio López-Gay
Recibido: 27 de abril de 2022
Aceptado: 24 de julio de 2023
Resumen: Esta investigación arroja los primeros Abstract: This paper presents the results of the
resultados sobre los calendarios de emancipa- first research on the age of leaving the paren-
ción residencial en Chile. Se usaron los datos de tal home in Chile. The study used data from the
la Encuesta de Protección Social (olas entre 2002 Social Protection Survey (2002 and 2015) about
y 2015) y se estudiaron las cohortes nacidas entre individuals born between 1976 and 2000 living
1976 y 2000 que cohabitaron con sus padres. Se with their parents. Using the survival function to
utilizó la función de supervivencia para describir describe the event’s timing and the Aalen model
los calendarios del evento y el modelo de Aalen to explain the effect of independent variables, it
para observar la incidencia de las categorías. Los finds a significant correlation between the indi-
resultados muestran que los calendarios están viduals’ educational level and the age at which
mediados principalmente por el nivel educativo they leave the parental home. Parental house-
y que las características de los hogares son rele- hold characteristics are relevant only for indivi-
vantes en emancipaciones que ocurren después duals leaving at the age of 30 or older.
de los 30 años.
Keywords: transition to adulthood, leaving the
Palabras claves: transición a la adultez, parental home, inequality, event history analysis,
emancipación residencial, desigualdad, análisis Chile.
de historia de eventos, Chile.
D. R. © 2023. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales. Revista Mexicana
de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. Ciudad de México. ISSN: 0188-2503/23/08504-03.
E sta investigación tiene por objetivo estudiar los calendarios de eman-
cipación residencial en Chile. Este evento es un hito de la transición
a la vida adulta en el que las personas forman un hogar en una vivienda
independiente a la de los padres. La edad en que se experimenta este evento
es un indicador relevante para conocer el nivel de autonomía emocional y
económica que la juventud alcanza en un contexto determinado. El artículo
se plantea las siguientes preguntas: ¿cómo son los calendarios de eman-
cipación residencial en Chile? y ¿cuáles son los factores que empujan o
retienen el momento de transición hacia un nuevo hogar? Para contestarlas,
se consideraron las características individuales y las del hogar parental, que
apenas han sido estudiadas en el contexto latinoamericano.
Hasta la fecha, en Chile existe un vacío en la literatura académica de
estudios sobre los calendarios de emancipación residencial. Estudiar este
país es abordar un contexto muy específico, ya que se trata de uno de los
ejemplos más claros de un modelo neoliberal avanzado, por la alta centra-
lidad del mercado en la distribución de bienes y servicios. A diferencia del
resto de giros neoliberales experimentados en América Latina, durante la
dictadura cívico-militar (1973-1990) se implementó en Chile un profundo
ciclo de privatizaciones de las condiciones de la vida social sin parangón, al
establecer lógicas de mercado en la educación, la salud, la seguridad social,
la vivienda y el suelo urbano, entre otras (Ruiz y Caviedes, 2020). Bajo este
modelo socioeconómico que apenas provee seguridad social, los hogares
chilenos han asumido el endeudamiento como una estrategia fundamental
para alcanzar sus expectativas (Marambio-Tapia, 2021). Otra característica
de la sociedad chilena es la alta desigualdad en la distribución del ingreso
(World Bank, 2020), la cual se reproduce principalmente por las barreras
en el mercado de trabajo y la alta segregación socioeconómica del sistema
educativo (Núñez y Gutiérrez, 2004). Ante la escasez de políticas orienta-
das a la redistribución de la riqueza y oportunidades, la disponibilidad de
recursos familiares ha sido el principal factor explicativo de la reproducción
intergeneracional de las desigualdades, ya que se ha demostrado que los
logros académicos y laborales están más vinculados con el origen social
que con el esfuerzo, la productividad individual, las aptitudes o el azar
(Espinoza y Núñez, 2014; Núñez y Tartakowsky, 2011; Rodrigo, 2015).
En 2017 (último censo) residían en Chile 4 106 669 personas de entre 15
y 29 años, lo que representaba 23.4% del total de la población y constituía
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el grupo etario más numeroso (Instituto Nacional de Estadísticas, 2017).
Esta subpoblación se inscribe en un mercado de trabajo con altos niveles
de desempleo juvenil (15.4%) y percibe unos ingresos que, en promedio,
son 29.1% inferiores a los percibidos por quienes tienen 30 años o más
(Ministerio de Desarrollo Social, 2017). Esta brecha salarial no se debe a
la falta de credenciales, ya que entre 1990 y 2017 la tasa de asistencia a la
educación superior avanzó de 12.7% a 37.4%, y el promedio de los años
de escolaridad de estas cohortes es muy superior a los de sus precedentes
(Instituto Nacional de Estadísticas, 2017; Ministerio de Desarrollo Social,
2017).
El sistema educativo es financiado principalmente por gasto privado, ya
que 64% es a coste de las familias mediante pagos directos o endeudamiento
(oecd, 2019). Además, la población joven afronta un mercado de viviendas
poco regulado y sin oferta pública. Entre 2009 y 2015, los precios de los
alquileres aumentaron 31.2% (López-Morales, 2016; Vergara-Perucich
y Aguirre Núñez, 2019), y el precio de venta creció 64%1 entre 2008 y
2019, mientras que los salarios sólo lo hicieron 21.9% (Vergara-Perucich
y Aguirre-Núñez, 2020). Estas alzas explicarían, en parte, la disminución
en la proporción de personas jóvenes emancipadas (15 a 29 años), que pasó
de 29.9% en 1990 a 20.2% en 2017. En rangos de más edad, el impacto es
incluso mayor puesto que, en 1990, 65.2% de las personas de 29 años ya
había formado su propio hogar, mientras que en 2017 sólo lo había hecho
50.3% (Ministerio de Desarrollo Social, 1990; Ministerio de Desarrollo
Social, 2017).
La hipótesis de esta investigación plantea que la emancipación residen-
cial en Chile es tardía, es decir, en promedio, las personas accederían a una
vivienda independiente en edades cercanas a los 30 años. Esto ocurriría
porque la juventud afronta un escenario social, económico e institucional
que acrecienta su dependencia económica hacia sus familias hasta edades
más avanzadas. Extender la estadía en el hogar parental sería una estra-
tegia necesaria para mantenerse estudiando, como también para sortear
1 Este es el indicador más relevante, ya que el régimen de tenencia preponderante es la propiedad:
59.5% de los hogares son dueños o pagan una hipoteca, y sólo 22% vive en alquiler. El 18.5% restante
habita en viviendas cedidas, en usufructo o en ocupación irregular (Ministerio de Desarrollo Social,
2017).
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los obstáculos de un mercado de trabajo precarizado y de unos precios de
la vivienda al alza. Además, las posibilidades de acceder a una vivienda
independiente estarían distribuidas desigualmente según las características
del hogar de origen.
Para responder las preguntas y comprobar las hipótesis de esta investi-
gación, se utilizó un modelo de análisis de historia de eventos (event history
analysis) de tiempo discreto con los datos de la Encuesta de Protección
Social de Chile (eps) de la Subsecretaría de Previsión Social del Ministerio
del Trabajo. Esta encuesta tiene por objetivo caracterizar la historia laboral
y previsional de las personas encuestadas; además, recoge información
sobre la historia familiar y las características del hogar (Ministerio del
Trabajo, 2021a). Es una encuesta de panel fijo más nacimientos, es decir,
se encuesta a las mismas personas en cada versión de la encuesta y se
agregan casos para actualizar el panel según la estructura por edad de la
población. Se utilizaron las olas de 2002, 2004, 2006, 2009 y 2015, para
observar el comportamiento residencial de todas las personas nacidas entre
1976 y 2000 que cohabitaban con alguno de sus padres en el momento de
la primera observación (n=14 708).
El evento estudiado es la transición hacia una vivienda autónoma y las
variables independientes son las características individuales (sexo y nivel
educativo) y las características del hogar (nivel educativo de los padres y
si el hogar familiar es biparental o monoparental). Además, se analizan los
motivos de la emancipación residencial. Aunque la eps no es un instrumen-
to diseñado para investigar esta transición, constituye la única fuente que
identifica a quienes han salido de su hogar, a qué edad lo hicieron y las
características del hogar de origen. Esto proporciona una enorme potencia-
lidad de análisis en comparación con el censo de población o las encuestas
de corte transversal, que no permiten seguir las biografías de las perso-
nas ni conocer las características de los hogares de origen.
El presente texto se estructura en las siguientes secciones. En primer
lugar, se exponen los antecedentes teóricos que sustentan la investigación.
A continuación, se detallan la metodología y los datos utilizados para su
análisis. Posteriormente, se presentan los resultados. Finalmente, se ofre-
cen reflexiones y conclusiones sobre las diferencias en los calendarios de
emancipación residencial.
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Antecedentes teóricos
La transición a la vida adulta es una etapa de cambio desde un estado so-
cial de dependencia a una nueva condición de autonomía (Vieira y Miret,
2010). La manera más común de estudiar este tránsito ha sido mediante la
observación del calendario y la intensidad de ocurrencia de los hitos que
conducirían a la adultez: pasar de los estudios al trabajo; de la dependencia
familiar a la independencia económica; la formación de pareja, y pasar
desde el rol de “hijo/a” al de “padre/madre” (Blanco, 2011; Echarri y Pérez
Amador, 2007; Felice, 2017a). Estos eventos son decisivos, ya que alteran
las trayectorias de vida y constituyen marcas de distinción en la experiencia
individual que inciden en la posición social de las personas (Casal et al.,
2006a; Elder, 1994; Sepúlveda, 2013). La emancipación residencial es un
hito dentro de la transición a la vida adulta y se ha definido como el cambio
desde la posición de hijo/a que vive con alguno de sus padres a cualquier
otra forma de cohabitación fuera de este núcleo familiar de origen. Por lo
tanto, se ocupa una vivienda independiente, ya sea de manera individual,
en pareja o en otra figura de hogar más compleja (Vinuesa, 2008).
Desde la década de los años ochenta se ha registrado un retraso de la
emancipación residencial en países occidentales, como consecuencia del
aumento de cobertura del sistema educativo, el retraso del ingreso al mer-
cado de trabajo, el incremento de la ocupación femenina, la postergación
de la unión conyugal y la disminución en la fecundidad. Por otro lado,
este retraso está asociado a la precarización de los empleos, al empobre-
cimiento de las condiciones de vida y al aumento general del costo de la
vivienda (Côté y Bynner, 2008; Wong, 2018). Se han detectado tendencias
contradictorias que complican las trayectorias de vida, puesto que han
mejorado los indicadores agregados de calidad de vida, pero el acceso a
estas oportunidades ha sido inestable, lo que ha dificultado la inserción
al mercado de trabajo, el desarrollo de una carrera profesional y la toma
de responsabilidades familiares. Ante esto, las limitaciones estructurales
han ido restringiendo las capacidades de la juventud de elegir sus arreglos
residenciales (Bayrakdar y Coulter, 2018).
Otra característica es la desestructuración de los itinerarios de vida por
la flexibilización de las pautas de transición respecto a la edad y el orden de
estos hitos (Coubès y Zenteno, 2005; De Oliveira y Mora Salas, 2008). Los
marcadores sociales de edad han perdido su fuerza normativa y han dado pie
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a trayectorias de vida zigzagueantes o reversibles: abandonar los estudios
y retomarlos; emanciparse y regresar al hogar de los padres; o unirse en
pareja, separarse y construir otro hogar (Machado, 2007). Por lo tanto, la
transición a la vida adulta y la emancipación residencial actualmente son
heterogéneas, ya que las personas viven estos hitos en distintas edades.
Las investigaciones han indagado sobre qué factores explican las
diferencias en los calendarios de emancipación entre países. Una de
las conclusiones es que la transición a la adultez está mediada por una
relación compleja entre las características estructurales y las decisiones
individuales (Casal et al., 2006b). En el análisis estructural se ha usado la
ya clásica categorización de los estados de bienestar propuesta por Gösta
Esping-Andersen (1990), con especial atención a las características del
mercado de trabajo, el sistema residencial, las políticas de vivienda y el
sistema educativo. Sin embargo, la salida del hogar no sólo es el resulta-
do de una decisión racional tomada a raíz de componentes económicos
e institucionales, sino que la cultura, los arreglos familiares y las relaciones
intergeneracionales también son relevantes (Santarelli y Cottone, 2009; Van
den Berg, Kalmijn y Leopold, 2021). Los antecedentes europeos muestran
que en los países nórdicos la salida del hogar familiar ocurre en edades
tempranas y se da en un contexto de lazos familiares más débiles, en el
que la solidaridad intergeneracional no es el mecanismo principal que ase-
gura el bienestar de las personas. Los hitos de transición a la adultez son
promovidos y facilitados por la orientación socialdemócrata del régimen
de bienestar, que está enfocado en la autonomía de los individuos; por lo
tanto, son independientes de la posición social de las personas (Buchmann
y Kriesi, 2011). Las manifestaciones concretas de este modelo son un sis-
tema de vivienda accesible, buenas condiciones laborales, acompañados
de bajos niveles de desempleo y un sistema educativo flexible que permite
compatibilizar la formación con la incorporación al mercado de trabajo.
De esta forma, las personas jóvenes alcanzan la autonomía económica y
residencial a edades tempranas, sin riesgo de vivir en la pobreza (Aassve
et al., 2007).
En el otro extremo está el sur de Europa, en el que la emancipación suele
ocurrir en edades más avanzadas, ya que la juventud afronta un mercado de
la vivienda menos accesible, mayor desempleo juvenil y menores ingresos
(Bosch, 2015). En este modelo, la familia es la principal unidad que provee
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bienestar y es percibida como un “escudo” contra las dificultades sociales y
económicas, por lo que es habitual que las personas puedan recibir apoyo
incluso después de haber formado su propio hogar, lo que se traduce en la
postergación de los hitos de transición a la vida adulta (Santarelli y Cottone,
2009). Por último, se debe tener en cuenta la alta sincronía con la nupcia-
lidad y la fecundidad, por lo que el retraso de estos hitos también provoca
el retraso de la emancipación (Vieira y Miret, 2010; Vinuesa, 2008).
La relación con el mercado de trabajo, el nivel educativo y los ingre-
sos inciden en las probabilidades de salir del hogar familiar. En general,
ingresos más altos y una posición profesional ventajosa entregan mayores
herramientas para afrontar los obstáculos económicos y poder ingresar a
una vivienda independiente (Mulder y Hooimeijer, 2002). La relación entre
ingresos y la emancipación residencial por lo general es positiva, ya que en
la mayoría de los contextos las personas jóvenes desean la independencia y
utilizan sus recursos para hacerlo (Iacovou, 2010). Por otro lado, una mayor
permanencia en el sistema educativo incide en una menor probabilidad de
emanciparse en edades tempranas, debido a la dependencia de los ingresos
familiares durante el tiempo de formación. Al terminar los estudios, se
alcanzan posiciones laborales mejor retribuidas, lo que permite responder
mejor a los requisitos económicos para emanciparse. El nivel educativo
también incide en el tipo de hogares que las personas jóvenes forman tras
abandonar la vivienda de sus padres: una mayor formación está asociada
a una mayor valoración de la independencia y a formas de hogar no tradi-
cionales, como los unipersonales (Billari y Liefbroer, 2010).
Otra vertiente de análisis es el vínculo entre las características del hogar
familiar y la edad de emancipación. Se usa el concepto de “vidas entrela-
zadas” (linked lives) para describir la relación entre las decisiones tomadas
durante las biografías y las características de su familia de procedencia
(Bucx et al., 2008). Las dimensiones más relevantes son el tipo de hogar,
los ingresos y el nivel educativo de los padres. Estos factores influyen en la
transmisión intergeneracional de capitales y valores desde los progenitores
hacia sus descendientes. El nivel de ingresos de los padres estimula o des-
alienta decisiones de sus descendientes durante su transición a la adultez,
ya que estos enmarcan las oportunidades y las limitaciones que afronta
la juventud (Furstenberg, 2008). Padres con mayores ingresos tienden a
impedir emancipaciones residenciales tempranas, mientras que facilitan el
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acceso a la vivienda independiente en edades mayores. La disponibilidad
de recursos adquiere mayor peso a medida que aumentan los obstáculos
para formar un hogar independiente, tanto por el empeoramiento de las
condiciones del mercado de trabajo como por las sostenidas alzas en los pre-
cios de las viviendas (McKee, 2012). Por otro lado, extender la estadía en
el hogar de origen supone no poner en riesgo el propio bienestar ni el de
su familia. La emancipación residencial puede significar una disminución
de los ingresos del hogar y, al mismo tiempo, se puede traducir en que las
personas jóvenes no consigan un nivel de vida similar de manera autónoma
(Parisi, 2008). El nivel educativo de los padres también es una característica
relevante, y no sólo por la asociación entre nivel de formación e ingresos.
Se ha demostrado que hay una correlación con los modelos de rol, los tipos
de capitales y valores que se transmiten de manera intergeneracional, con
la edad de emancipación (Ward y Spitze, 2007). Los padres más instruidos
son propensos a valorar más la autonomía, la acumulación de credenciales
académicas y la construcción de una carrera, lo que muchas veces implica
el desaliento de transiciones a la vida adulta (Bayrakdar y Coulter, 2018;
Schwanitz, 2017).
La estructura del hogar familiar incide en la emancipación residencial.
Se ha detectado en algunos países europeos la relación entre la ruptura de
los padres y la edad de emancipación, puesto que quienes han experimenta-
do un quiebre familiar tienden a formar su hogar propio antes que quienes
provienen de hogares biparentales (Mencarini, Meroni y Pronzato, 2012).
Sin embargo, es complejo aislar el efecto de la separación de los padres en
las condiciones económicas del hogar. Las familias monoparentales tienden
a contar con menos recursos porque en su mayoría son lideradas por muje-
res que suelen tener salarios más bajos, debido a las brechas de género del
mercado de trabajo (Van den Berg, Kalmijn y Leopold, 2018). Por último,
cabe destacar que todas las variables indicadas afectan de manera distinta
a hombres y mujeres. Ellas suelen emanciparse antes que los hombres y
su calendario de emancipación es más sensible a las características institu-
cionales, el nivel de ingresos de los padres y los cambios en la estructura
familiar (Chiuri y Del Boca, 2010).
Si bien existen antecedentes acerca de América Latina, estos no han
definido un modelo de emancipación propio para la región. Se han descrito
tendencias comunes en Argentina, México y Uruguay, las cuales no se ale-
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jan de las descritas anteriormente. En primer lugar, la transición a la vida
adulta es un proceso prolongado y complejo, sobre todo por las dificultades
que existen para acceder a una vivienda, por las restricciones para obtener
un crédito y por el aumento en los precios del alquiler. Esto ha afectado
principalmente a la juventud, por su mayor vulnerabilidad económica
(Arancibia, 2016; Felice, 2017b). Por otro lado, la alta probabilidad de
continuar en el hogar familiar en edades adultas se vincula con el contexto
de mayor prevalencia de hogares multigeneracionales en comparación con
países occidentales (Esteve, García-Román y Lesthaeghe, 2012; Ullmann,
Maldonado y Rico, 2014). Otra tendencia es el surgimiento de nuevos ti-
pos de hogares formados tras la emancipación residencial, especialmente
los hogares unipersonales y los horizontales formados por quienes no son
parientes (Ciganda y Pardo, 2014; Echarri y Pérez Amador, 2007; Ferraris
y Martínez, 2015).
Algunos estudios coinciden en la estabilidad de las edades en que se
experimentan los eventos de transición a la vida adulta (Ciganda y Pardo,
2014). Por otro lado, hay acuerdo sobre el rol de la estratificación social en
la formación de hogares jóvenes, puesto que las desigualdades territoriales,
de género y de clase han dado a paso a múltiples modelos y calendarios de
transición (Machado, 2007). Se han encontrado diferencias en los calenda-
rios de emancipación de hombres y mujeres que apuntan a una salida más
temprana de ellas (De Oliveira y Mora Salas, 2008), sumado a diferencias
según áreas: un retraso en la emancipación residencial femenina en zonas
urbanas y fuerte sincronía con la formación de pareja, mientras que en las
zonas rurales se ha observado un rejuvenecimiento de esta transición vincu-
lada con el inicio de la vida laboral (Pérez Amador, 2006). Por otro lado, las
personas con menos recursos tienden a emanciparse en edades más jóvenes
porque permanecen menos tiempo en el sistema educativo, ingresan antes
al mercado de trabajo y suelen contraer obligaciones familiares a menor
edad (Saraví, 2006). Por el contrario, las personas de estratos más altos
tienden a postergar estos hitos de transición al mantenerse más tiempo en
el sistema educativo (Busso y Pérez, 2015; cepal, 1998).
La estrategia de extender la estadía en el hogar familiar se encuentra en
todos los estratos socioeconómicos; sin embargo, las razones son distintas.
Por un lado, se encuentran quienes requieren de la ayuda económica de sus
padres mientras invierten en su formación académica (García-Andrés, Mar-
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tínez y Aguayo-Téllez, 2021). Por otro, hay personas activas laboralmente
que conviven con sus padres porque sus ingresos son fundamentales en el
presupuesto familiar (De Oliveira y Mora Salas, 2008). Pese a la extensión
de esta estrategia familiar, se ha detectado que la inserción en el mercado de
trabajo acelera en gran medida la salida del hogar familiar, tanto de quienes
lo hacen en pareja como de quienes se emancipan por otras razones (Pérez
Amador, 2006). Estos hallazgos confirman que en América Latina habría
perdido espacio el modelo de economía familiar que retrasa la emancipación
incluso en situaciones en que las personas ya cuentan con ingresos propios,
hacia un modelo en que la juventud busca su independencia residencial tan
pronto como pueda (De Vos, 1989).
Hasta el momento no existen trabajos que aborden la emancipación
residencial en Chile. Sin embargo, se cuenta con investigaciones sobre el
curso de la vida y la juventud, que indagan si los esquemas de interpre-
tación elaborados en occidente son útiles para comprender contextos más
pobres que parcialmente son parte de la sociedad informacional (Duarte,
2018). Investigaciones cualitativas muestran que el curso de la vida está
definido principalmente por las dimensiones familiares y laborales, y que
la etapa entre los 20 y los 29 años está marcada por la salida del hogar de
los padres, la formación de la propia familia y el inicio de la vida laboral
(Guichard et al., 2013). Otros trabajos han descrito las tendencias genera-
les de la transformación de la juventud en Chile, como la postergación del
nacimiento del primer hijo/a, el retraso de la unión conyugal, el aumento
en la proporción de la soltería, la ampliación del sistema educativo, o el
empeoramiento de las condiciones laborales (Dávila y Ghiardo, 2012,
2018). La investigación que aquí se presenta propone llenar el vacío en la
literatura sobre los calendarios de emancipación en Chile y profundizar en
las implicaciones de las características de los hogares.
Datos y metodología
Datos
Se utilizaron las versiones 2002, 2004, 2006, 2009 y 2015 de la eps (Mi-
nisterio del Trabajo, 2015). Esta es una encuesta longitudinal de panel
que tiene por objetivo caracterizar el sistema de pensiones y el mercado
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de trabajo en Chile. La unidad de análisis de la encuesta son individuos de
18 años o más. No obstante, cuenta con un módulo que recoge las carac-
terísticas de todas las personas que conviven con la persona entrevistada.
Estas permiten identificar quién ha salido del hogar, a qué edad lo hizo y
las características del hogar de origen.
El diseño muestral es un panel fijo más nacimientos, es decir, en cada
ola se refresca la muestra para incluir un número representativo de personas
que al cumplir 18 años pasan a ser parte de la población objetivo. La ola
de 2015 de la encuesta incluyó 16 906 hogares y 71 016 personas (Minis-
terio del Trabajo, 2015). En este estudio no se utilizó la versión 2020 de la
eps publicada en abril de 2021 debido a las restricciones en la movilidad
asociadas a la pandemia de Covid-19. Desde el 18 de marzo de 2020 se
detuvo el trabajo de campo y se realizó un operativo de emergencia en
el que se encuestó telefónicamente, se modificaron los cuestionarios y se
excluyó la pregunta acerca del momento de la salida del hogar (Ministerio
del Trabajo, 2021b).
La formación de un hogar independiente suele ocurrir durante la juven-
tud, por lo que se estableció un límite de edad para seleccionar los casos. El
límite inferior fueron los 15 años y el límite superior se marcó a los 39 años,
ya que es la edad en que el evento pierde intensidad en los datos analizados.2
Se utilizó la información de todas las personas nacidas entre 1976 y 2000
(que estaban en el rango de edad en 2015) que cohabitaron con alguno de
sus padres, es decir, que hayan sido identificadas como hijo/a, nieto/a del
jefe/a de hogar en alguna de las olas de la encuesta.3 Estas cohortes pueden
ser observadas en los datos disponibles al menos una vez dentro del rango
de edades estudiado. Se creó una variable dicotómica que distingue entre
“Persona no emancipada” y “Persona emancipada”. El primer grupo está
compuesto por todas las personas que hayan sido identificadas en alguno
de los parentescos indicados y aún cohabiten con alguno de sus padres o
2 Todo evento que ocurre antes o después de ese rango de edad no es habitual y requiere ser estudiado
de manera específica.
3 La información disponible no distingue estructuras de hogares más complejas en las que haya situa-
ciones de dependencia distintas a las de padres-hijos o abuelos-nietos. Quien se encuentre en otra
posición de parentesco será considerada como una persona emancipada residencialmente, aunque
sea posible que haya relaciones de dependencia (tíos/as-sobrinos/as, por ejemplo).
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abuelos.4 El segundo grupo se compone de las personas con las mismas
características, pero que ya no pertenecen al hogar.
La base de datos cuenta con 14 708 observaciones que tienen infor-
mación en todas las variables utilizadas. Se descartaron 1 865 casos con
información incompleta debido a las exigencias del modelo multivariable
utilizado. Su distribución se presenta en la tabla 1.
Tabla 1
Características de la muestra
Personas no Personas
Variable Categoría Total (n)
emancipadas (%) emancipadas (%)
Sexo Hombres 51.81 51.68 7 614
Mujeres 48.19 48.32 7 094
Nivel educativo Primarios 28.43 28.46 4 183
o inferiores
Secundarios 59.12 59.04 8 692
Superiores 12.44 12.50 1 833
Nivel educativo Primarios 53.37 60.38 8 168
padres o inferiores
Secundarios 34.90 29.41 4 884
Superiores 11.73 10.21 1 656
Tipo de hogar Monoparental 19.47 23.75 3 058
de procedencia
Biparental 80.53 76.25 11 650
Motivo de Vivir en pareja - 50.65 2 301
emancipación
Trabajo - 14.00 636
Estudios - 5.24 238
Deseo de vivir - 18.71 850
solo/a
Otras razones 11.40 518
Total 10 165 4 543 14 708
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
4 Los nietos/as pueden no estar cohabitando con alguno de sus padres; sin embargo, fueron considera-
das como personas no emancipadas, ya que se presume que sus abuelos cumplen el rol equivalente.
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Las variables independientes son categóricas y corresponden a sexo, nivel
educativo alcanzado, nivel educativo de los padres y tipo de hogar. Las
variables de nivel educativo fueron recodificadas a los niveles agregados
de la Clasificación Internacional Normalizada de Educación (cine)5 para
facilitar el análisis. Las categorías corresponden a “Estudios primarios o
inferiores” (niveles cine 0-2), “Estudios secundarios” (niveles cine 3-4) y
“Estudios superiores” (niveles cine 5-8).
La variable de tipo de hogar de procedencia fue creada siguiendo las de-
finiciones de los censos de población, pero sólo se distinguió en relación con
quienes lideran el hogar. Se diferenció entre “hogares biparentales”, cuyos
integrantes son el/la jefe/a de hogar, su pareja (ya sea cónyuge, conviviente
de hecho o conviviente por unión civil) y quienes sean hijos/as de ambos
o solamente de uno de los miembros de la pareja; y la categoría “hogares
monoparentales”, que agrupa a todos los hogares compuestos únicamente
por el/la jefe/a de hogar y sus hijos/as. Ambas categorías pueden integrar
otros miembros, sean familiares o no. Por último, se incluyó el “motivo de
emancipación” para da cuenta de las razones de la salida del hogar familiar.
Las categorías son “vivir en pareja”, “trabajo”, “estudios», “deseos de vivir
solo/a” y “otros motivos”.
Estrategia de análisis
Se implementó un análisis de historia de eventos de tiempo discreto anual,
en el que la población en exposición son las personas que conviven o con-
vivieron con alguno de sus padres y el evento observado es el momento
en que salen del hogar familiar. Dado que la emancipación es un suceso
renovable, es decir, que puede ocurrir más de una vez en la biografía de una
persona, se asume que la salida del hogar observada es la primera que ex-
perimenta cada persona. Por otro lado, se trabajó con el supuesto de que
todas las personas al nacer comparten una vivienda con sus padres u otra
figura equivalente encargada de su cuidado (abuelos, por ejemplo). Por lo
5 Los niveles 0-2 agrupan las categorías “sin escolarización”, “educación infantil”, “educación primaria” y
“educación secundaria inferior”; mientras que los niveles 3-4 son “educación secundaria superior”
y “educación postsecundaria no terciaria”. Los niveles 5-8 consisten en “educación terciaria de ciclo
corto”, “licenciatura o nivel equivalente”, “máster o nivel equivalente” y “doctorado o equivalente”.
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 903
tanto, la “edad de emancipación” corresponde a los años que han pasado
desde el nacimiento hasta que la persona forma su hogar en una vivienda
independiente. Se usó el concepto general de vivienda particular de las
encuestas de hogares chilenas. Estas viviendas son aquellas que están den-
tro de un espacio delimitado y están destinadas total o parcialmente a la
habitación permanente o temporal de personas. Deben disponer de acceso
independiente para sus moradores, de manera que no se interrumpa la priva-
cidad de otra vivienda particular (Instituto Nacional de Estadísticas, 2018).
Se usaron adecuaciones de las tablas de vida mediante el método de
Kaplan y Meier. Estas tablas estiman la probabilidad acumulada de no
haber experimentado aún el evento en cada unidad de tiempo, es decir,
cuáles son las probabilidades de continuar en el hogar de origen en las eda-
des observadas. Esta función es representada en el eje de las Y de las
gráficas utilizadas en el apartado de análisis (Rich et al., 2010). Las proba-
bilidades fueron estimadas para cada grupo y para determinar las diferencias
entre estos se calcularon intervalos de confianza (95%). Por último, se uti-
lizó la mediana de la edad de emancipación como indicador de tendencia
central para complementar el análisis de las eventuales diferencias entre las
categorías. Este indicador será marcado con líneas punteadas en las gráficas
y representa el momento en que las probabilidades acumuladas de no haber
experimentado el evento sean de 50%.
La herramienta utilizada permite trabajar con observaciones censuradas
y truncadas respecto al evento observado (Brostroem, 2021; Keiding, 2014;
Tekle y Vermunt, 2012). Los casos “censurados por la derecha” son todas
aquellas personas de las cohortes estudiadas que no se han emancipado
residencialmente hasta la última vez que fueron observadas; por lo tanto, no
se sabe si lo harán ni en qué momento. En este caso, corresponden a todas
las observaciones identificadas como “personas no emancipadas”.6 Los
casos “censurados por la izquierda” son quienes pertenecen a las cohortes,
pero experimentaron el evento antes de ser observados por primera vez. Es
decir, corresponden a individuos identificados desde la primera observación
como jefes/as de hogar, pareja del jefe/a de hogar, padre, madre, suegro/a,
6 Entre estas personas se encuentran 32 casos que fueron identificadas como fallecidas en la última
observación. Estos individuos son considerados como casos censurados por la derecha, ya que estu-
vieron expuesto al evento, pero no lo experimentaron durante el periodo de observación.
904 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.
hermano/a, cuñado, nuera, otro familiar u otro no familiar (8 001 personas).
Estas personas no fueron incluidas en el análisis, ya que no es posible de-
terminar el momento ni la edad en que dejaron de cohabitar con sus padres.
El comportamiento de los datos no permite implementar la prueba
de Mantel-Cox (Logrank) ni el modelo de regresión de Cox, que son las
herramientas comúnmente utilizadas en este tipo de análisis, ya que no se
cumple con la proporcionalidad de los riesgos.7 Ante esto, para conocer el
efecto de las variables independientes en la probabilidad de emanciparse
se utilizó el modelo aditivo de Aalen. En este modelo no paramétrico, a
diferencia del modelo de Cox, las covariables actúan de manera aditiva
sobre una función de riesgo de referencia y pueden ser funciones depen-
dientes del tiempo (Alayo, 2016; Başar, 2017). La relación entre la función
de riesgo basal (λo (t)), el tiempo (t), las covariables (x) y los coeficientes
(y) es de la siguiente forma:
λi(t) = λ0(t) + γ1(t)xi1(t) + ... + γp(t)xip(t)
Los coeficientes del modelo reflejan el cambio en las probabilidades de
experimentar el evento en el tiempo de observación cuando una covariable
aumenta en una unidad y el resto de las covariables se mantienen constantes
(Armitage y Colton, 2005; Hosmer y Royston, 2002). Los coeficientes se
representan gráficamente para resumir la dirección y la magnitud del efecto
de cada covariable, así como para mostrar cómo cambian a lo largo del
tiempo en comparación con una categoría de referencia en cada variable
independiente (Başar, 2017; Madadizadeh et al., 2017). Estas categorías
de referencia son “hombres”, “hogares monoparentales” y “nivel educati-
vo primario o inferior”. Los valores positivos significan que la categoría
aumenta las probabilidades de experimentar el evento, mientras que los
negativos suponen que disminuye dicha probabilidad (Aalen, 1993). Por
su parte, la pendiente de las curvas indica si una categoría tiene un efecto
constante o si varía en el tiempo. El procesamiento y el análisis de los datos
fueron realizados en Rstudio.
7 Este requisito fue evaluado mediante las gráficas generadas por la prueba de Schoenfeld. Por razones
de espacio no fueron incluidas en el artículo.
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 905
Resultados
Características de los calendarios de emancipación residencial
A medida que aumenta la edad, disminuye la probabilidad de cohabitar
con alguno de los progenitores y la intensidad del evento varía durante
las biografías, tanto en hombres como en mujeres (figura 1). Hasta los 26
años las mujeres presentan un calendario de emancipación ligeramente más
acelerado que los hombres, ya que hasta entonces ellas tienen una proba-
bilidad menor de mantenerse en el hogar familiar. Entre los 27 y los 39
años los intervalos de confianza de las curvas se solapan, por lo que ambos
sexos tienen probabilidades similares de mantenerse en el hogar paterno.
A pesar de haber diferencias en la primera parte del periodo observado,
la edad mediana de emancipación es la misma (31 años), sumado a que la
probabilidad de mantenerse en casa de los padres a los 39 años es muy
similar (22.7% hombres y 23.3% mujeres).
Figura 1
Función de supervivencia emancipación residencial por sexo, Chile, 2002-2015
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Mientras más alto sea el nivel de instrucción, es más lento el calendario de
emancipación entre los 15 y los 32 años (figura 2). Quienes tienen forma-
ción primaria —completa o incompleta— tienen un comportamiento más
906 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.
acelerado durante la primera parte de sus biografías. La probabilidad de es-
tar fuera de la vivienda de sus padres a los 19 años es de 87%, ampliamente
inferior al de las personas con mayor nivel de instrucción. En las edades
siguientes aumenta la intensidad del evento y a los 24 años la probabilidad
de estar aún en el hogar familiar es de 64.8%. Entre los 25 y los 29 años,
el calendario de emancipación se ralentiza y la probabilidad de continuar
en el hogar familiar es similar a la de las personas con mayor formación.
Figura 2
Función de supervivencia emancipación residencial por nivel educativo, Chile,
2002-2015
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Quienes completaron los estudios secundarios se encuentran en una posición
intermedia, ya que, si bien la curva de la función de supervivencia tiene una
fuerte pendiente, la intensidad del evento es menor que la del primer grupo.
Por último, las personas con estudios superiores tienen un calendario de
emancipación residencial más lento hasta los 26 años, cuando la probabi-
lidad de continuar en el hogar de origen es de 90.5%. Sin embargo, desde
ese punto y hasta los 31 años, aumenta la intensidad del evento y dicha
probabilidad disminuye a 52.5%. Estas diferencias de calendario son más
claras en las medianas de edad: para las personas con el nivel educativo
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 907
más bajo es de 29 años; para aquellas con estudios secundarios es de 31,
y para quienes alcanzaron estudios superiores es de 32. En las edades más
avanzadas, los tres grupos se comportan de manera similar. Es evidente,
por lo tanto, que mientras se asiste al sistema educativo es poco probable
que se separen del hogar de origen, y sólo cuando se finalizan los estudios
aumentan las probabilidades de emanciparse.
Figura 3
Función de supervivencia emancipación residencial por nivel educativo padres, Chile,
2002-2015
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Los calendarios de emancipación residencial según el nivel de formación
de los padres presentan brechas, pero en menor medida (figura 3). Hay
diferencias en las edades más jóvenes entre quienes son hijos/as de perso-
nas con estudios primarios y quienes tienen padres o madres con estudios
superiores. Los individuos que provienen de hogares con menor nivel
de formación tienen un calendario levemente más acelerado hasta los 30
años. Las diferencias entre estos dos grupos se invierten en esa edad y las
curvas de la función de supervivencia se cruzan. Por lo tanto, el calendario
de emancipación del grupo con padres con menor formación se hace más
lento que quienes provienen de hogares con más estudios. La ralentiza-
908 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.
ción del evento en este grupo hace que quienes tienen padres con estudios
primarios tengan mayor probabilidad de mantenerse en el hogar familiar
en edades adultas. Si bien existe una leve diferencia entre la mediana de
la edad de emancipación de las personas con padres con mayor formación,
los intervalos de confianza se entrelazan en dichas edades, por lo que no
son diferencias significativas.
En cuanto al tipo de hogar de procedencia, las personas de hogares
monoparentales tienen hasta los 34 años un calendario de emancipación
residencial similar al de quienes pertenecen o pertenecieron a hogares
biparentales (figura 4). En ese punto, el calendario de las personas que
cohabitaron con sólo uno de sus progenitores se ralentiza y registra una
mayor probabilidad de mantenerse en el hogar de los padres a los 39 años
(20.9% hogares biparentales y 27.5% hogares monoparentales).
Figura 4
Función de supervivencia emancipación residencial por tipo de hogar
de procedencia, Chile, 2002-2015
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Entre los motivos de emancipación se observan diferencias sustanciales,
pues la emancipación residencial por estudios ocurre en edades más jóve-
nes. A los 21 años, ya ha experimentado el evento la mitad de las personas
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 909
que salen de su hogar de origen por este motivo (figura 5). Se presu-
me que corresponde en su mayoría a estudiantes de educación superior
que migran hacia los centros urbanos donde se encuentra la mayor oferta
de matrículas educativas. Por el contrario, la emancipación residencial por
trabajo, por formación de familia y por el deseo de vivir solo/a presentan
pautas similares. Estos motivos concentran la mayoría de los casos (83.3%)
y las formas que toman las curvas son muy parecidas al calendario general
de emancipación residencial. Por último, no es posible hacer conclusiones
a partir de las “otras razones”, porque es una categoría residual y no se
detalla más información.
Figura 5
Función de supervivencia emancipación residencial por motivo, Chile, 2002-2015
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Efectos de las características individuales y de los hogares
en la edad de emancipación
El análisis descriptivo muestra las diferencias en los calendarios de eman-
cipación residencial de algunos grupos. Sin embargo, para identificar los
factores que empujan o retienen el tránsito a un nuevo hogar es necesario
verificar el efecto de las variables en la probabilidad de emanciparse. Para
910 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.
esto se utilizan los gráficos de los coeficientes de regresión del modelo de
Aalen. Vale recordar que los valores de los coeficientes muestran el grado
de incidencia de las categorías de cada variable en comparación con una
categoría de referencia y la pendiente de la curva indica si el efecto es
constante o varía a lo largo de las biografías. Los valores de los coeficien-
tes cercanos a cero indican que estos no influyen en el evento y una línea
paralela significa que el efecto de la categoría no cambia entre las edades
observadas.
Figura 6
Estimaciones de la función de regresión acumulada: (a) Mujeres y (b) hogares
biparentales
b. Hogares biparental (c. ref: h.
a. Mujeres (c. ref: hombres)
monoparentales)
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Los resultados confirman que algunas de las variables inciden en mayor
medida que otras y que sus efectos son relevantes sólo en ciertas edades.
Por ejemplo, los coeficientes de la categoría “mujeres” son positivos hasta
los 28 años, pero son bajos (figura 6a). Manteniendo el resto de las variables
constantes, el efecto de ser mujer en la probabilidad de abandonar la vivien-
da familiar a edades tempranas es ligerísimamente mayor en comparación
con ser hombre. Desde los 29 años en adelante este pequeño efecto desa-
parece, ya que los intervalos de confianza de los coeficientes interceptan
el valor cero. Por otro lado, pertenecer a un hogar biparental (figura 6b) no
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 911
tiene efecto hasta los 32 años. Hasta ese punto la emancipación residencial
no está asociada con haber cohabitado con uno o dos progenitores. En cam-
bio, entre los 33 y 39 años, se convierte en una característica que aumenta
las probabilidades de emanciparse y su efecto crece con la edad.
El nivel educativo presenta una fuerte interacción con la edad y su efecto
se divide en tres (figuras 7a y 7b). La primera se prolonga hasta los 24 años;
en ella, el efecto de contar con estudios secundarios es cada vez mayor en
la postergación de la emancipación en comparación con las personas que
sólo cuentan con estudios primarios. Hay una segunda etapa entre los 25
y los 31 años con un efecto que continúa siendo negativo (emancipación
más tardía), pero su intensidad se reduce paulatinamente hasta un último
tramo de edades en las que su incidencia es nula. Por su parte, los estudios
superiores muestran etapas similares, pero con mayor incidencia y dura-
ción. Esta característica retrasa el evento hasta los 27 años. Tras esa edad
el efecto disminuye, aunque continúa teniendo un efecto significativo hasta
los 37 años.
Figura 7
Estimaciones de la función de regresión acumulada: nivel educativo de las personas
observadas (categoría de referencia: estudios primarios o inferiores)
Estudios secundarios Estudios superiores
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
En cuanto al nivel educativo de los padres, los resultados apuntan a que
la salida del hogar familiar no está relacionada con esta característica du-
912 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.
rante gran parte de las biografías (figuras 8a y 8b). Ser hijo/a de personas
con estudios secundarios tiene nulo efecto hasta los 28 años. Aunque la
incidencia aumenta en edades posteriores, sigue siendo de baja magnitud
e incluso vuelve a ser nula en algunas edades. Tener padres con estudios
superiores tampoco afecta la emancipación residencial hasta los 28 años,
pero el efecto aumenta de manera sostenida a partir de entonces. Es de-
cir, tener padres con estudios secundarios no incide en un calendario de
emancipación residencial distinto de quienes son descendientes de padres
con estudios primarios. Sin embargo, tener padres con estudios superiores
repercute entre las personas que entran en su treintena.
Figura 8
Estimaciones de la función de regresión acumulada: nivel educativo de los padres
(categoría de referencia: estudios primarios o inferiores)
a. Estudios secundarios b. Estudios superiores
Fuente: Elaboración propia con base en eps 2002-2015 (Ministerio del Trabajo, 2015).
Conclusiones
Los resultados confirman que la emancipación residencial en Chile es tar-
día. Los datos son elocuentes: a los 31 años hay una probabilidad de 50%
de continuar en cohabitación con alguno de los padres, mientras que a los
39 años es de 22.9%. Otro hallazgo es que los calendarios de emancipa-
ción de hombres y mujeres son parecidos, mientras que sí hay diferencias
sustantivas entre personas con distinto nivel educativo. Para identificar
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 913
cuáles son los factores que más empujan o impiden la emancipación, se
utilizó el modelo aditivo de Aalen, el cual confirmó que acceder a la edu-
cación superior es la característica con el mayor efecto en el retraso de la
emancipación. Por otro lado, se identificaron algunas diferencias en los
calendarios según los motivos de emancipación, ya que la salida del hogar
por estudios ocurre en edades más jóvenes y las salidas por formación de
familia suceden en edades más avanzadas; sin embargo, ese tipo de eman-
cipación sigue siendo la más común.
Se constató un hallazgo inesperado en los calendarios según el nivel
educativo de los padres, ya que se esperaba que la edad de salida del hogar
guardase estrecha relación con esta variable. Si se considera el nivel de
formación de los padres como un proxy a la disponibilidad de recursos y
capitales de los hogares de origen, se esperarían trayectorias distintas, debi-
do a que la posición social de los hogares empujaría o ralentizaría el acceso
a una vivienda independiente. Por otro lado, los antecedentes indican que
eventuales transferencias de dinero y/o expectativas desde padres a hijos/
as tienen un efecto en las decisiones sobre los eventos de la transición a
la adultez (Bayrakdar y Coulter, 2018; Schwanitz, 2017; Ward y Spitze,
2007). Esto no se observa en los datos, ya que, si bien el calendario de
emancipación de quienes provienen de hogares con menor formación es más
acelerado en edades jóvenes y más lento en las edades sobre los 30 años,
las probabilidades de continuar en el hogar familiar son parecidas durante
gran parte de las edades. En paralelo, se encontraron ligeras diferencias en
los calendarios de emancipación según tipo de hogar, puesto que en edades
más adultas las personas que provienen de hogares monoparentales conti-
núan por más tiempo en convivencia con alguno de sus progenitores. Pese
a que no son grandes diferencias, es importante recalcar que la tendencia
observada es contraria a la que han descrito los antecedentes en países
occidentales (Mencarini, Meroni y Pronzato, 2012). En síntesis, si bien es
cierto que no hay grandes diferencias en los calendarios de emancipación
residencial según las dos variables del hogar de origen, cabe destacar que,
gracias al modelo de regresión, se detectó que en las emancipaciones “re-
zagadas” —aquellas que ocurren después de los 32 años— son justamente
estas variables las que tienen un mayor efecto.
Los datos también muestran que las características de la sociedad chile-
na —con escasa seguridad social y alta desigualdad económica— moldean
914 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.
un escenario de postergación de este hito. Esta tardanza en la salida del
hogar familiar, así como en otros países de la región, estaría asociada a
los obstáculos provocados por un mercado de la vivienda poco accesible
y las malas condiciones laborales (Felice, 2017b). Se debe tener en cuenta
que en América Latina la participación laboral no garantiza independencia
económica, debido a las altas tasas de subempleo, bajos salarios y altos
niveles de informalidad (Ferraris y Martínez, 2015). Por otro lado, este
contexto socioeconómico empuja a las personas a ajustarse a un modelo
“familista” en el que el comportamiento demográfico —en parte— se expli-
ca por la alta dependencia económica familiar hasta edades adultas (Aassve
et al., 2007; Bosch, 2015), lo que a su vez incide en la mayor prevalencia
de hogares multigeneracionales que en otras regiones del planeta (Esteve,
García-Román y Lesthaeghe, 2012).
El modelo social y económico chileno también explicaría la relación
que hay entre la edad de emancipación y el nivel de estudios. Los hallazgos
muestran que el sistema educativo chileno es incompatible con la autonomía
económica durante gran parte de la juventud, por lo que el acceso a la edu-
cación superior trae consigo la extensión de la estadía en el hogar familiar.
Vale recordar que el sistema educativo chileno es en la práctica un modelo
privado cuyos costos son asumidos en su mayoría por las familias (oecd,
2019). Ante esto, el ajuste de los presupuestos o la generación de deuda
para estudiar —por parte de los individuos o su grupo familiar— suman
otra capa más de dificultad para acceder a una vivienda independiente, que
se traduce en bajas posibilidades de emanciparse durante el periodo de
formación e incluso en los años posteriores a haberse graduado. Por otro
lado, la edad de emancipación está mediada por las condiciones socioeco-
nómicas de los hogares, dado que el acceso a la educación depende de la
capacidad de los hogares de asumir los gastos. Esto genera que —al igual
que en otros países de la región— las personas que pueden permanecer en
el sistema educativo provengan de hogares con más recursos, en los que
pueden quedarse más tiempo, mientras que la población más pobre se ve
presionada a ingresar antes al mercado de trabajo y acortar su formación,
que podría llevar a emanciparse más prontamente (Busso y Pérez, 2015;
cepal, 1998; Saraví, 2006).
Otra característica del modelo de emancipación residencial chileno es
que, dado la cantidad de obstáculos económicos para acceder a la vivienda,
Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922. 915
las probabilidades de emanciparse aumentan cuando se afrontan en pareja
y es posible compartir gastos con otra persona (Arancibia, 2016). La eman-
cipación residencial en Chile tiene un marcado componente “neolocal”, ya
que la mayoría de las personas salieron del hogar materno para formar su
núcleo familiar (50.6%), al igual que en otros países de América Latina y
del mediterráneo europeo. Sin embargo, no puede perderse de vista que la
edad de emancipación no sólo responde a razones económicas, sino que
también está vinculada con la nupcialidad y la fecundidad (Vieira y Miret,
2010; Vinuesa, 2008), que han registrado un importante retraso durante las
últimas décadas en Chile (Instituto Nacional de Estadísticas, 2021).
Para afinar las políticas dirigidas a facilitar esta transición, es necesario
contar con más fuentes de información que permitan estudiar de manera
directa los obstáculos y las razones que están detrás de estos eventos. Es
fundamental que se avance en la disponibilidad de fuentes longitudinales
—ya sean de panel o retrospectivas— que recojan las características de
las personas y los hogares de manera continua. Además, es necesario que
estos datos sigan a distintas cohortes para determinar si hay diferencias
generacionales en las transiciones a la adultez y si los factores que empujan
o retrasan estos eventos son los mismos para cada grupo. Sin esta infor-
mación, se continuará con grandes puntos ciegos y prejuicios acerca de las
posibilidades de la juventud para tomar decisiones vitales.
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Nicolás Aros-Marzá
Máster en Estudios Territoriales y de la Población por la Universidad Autó-
noma de Barcelona (uab). Centro de Estudios Demográficos, uab. Temas de
especialización: estudios de la transición a la vida adulta y emancipación
residencial. orcid: 0000-0002-4760-8393.
Pau Miret Gamundi
Doctor en Sociología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
Centro de Estudios Demográficos, uab. Temas de especialización: educación
y mercado de trabajo. orcid: 0000-0003-0476-7666.
Antonio López-Gay
Doctor en Demografía por la Universidad Autónoma de Barcelona. Centro de
Estudios Demográficos, uab. Temas de especialización: movilidad residencial
y transformaciones sociales en áreas urbanas. orcid: 0000-0001-8892-2816.
Este trabajo es parte de la tesis doctoral de Nicolás Aros-Marzá para obtener
el grado de Doctor en Demografía por la Universidad Autónoma de Barce-
lona (uab) y el Centro de Estudios Demográficos (ced-cerca). Este trabajo
fue financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo del
Gobierno de Chile (anid). Programa Becas Chile Doctorado en el extranjero
2020/72210441. Además, es parte del proyecto “Tiempo de trabajo en el
empleo y en el hogar: desestandarización y convergencia de género”, dirigido
por Joan García y Pau Miret. Ministerio de Ciencia e Innovación de España,
Plan Nacional de I+D+i. Referencia: PID2020-118770RB-100.
922 Revista Mexicana de Sociología 85, núm. 4 (octubre-diciembre, 2023): 891-922.