https://doi.org/10.5565/rev/tda.131 ISSN 2339-6490 (en línia), ISSN 1134-9263 (en paper) Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas de montaña y alta montaña en el Pirineo central* Ermengol Gassiot Ballbè1, Guillem Salvador Baiges1, Laura Obea Gómez1, Sara Díaz Bonilla1, David Garcia Casas2, David Rodríguez Antón1, Ignacio Clemente Conte3, Niccolò Mazzucco4 Recibido: 01/12/2021 Aceptado: 19/10/2022 © de los autores Resumen Aunque reciente en nuestra disciplina, la arqueología de las zonas de alta montaña poco a poco va consolidándose, generando corpus empíricos y procedimientos que en muchas ocasiones constituyen sus señas de identidad. Por encima de la diversidad de equipos y programas de investigación, algunos aspectos tienden a presentarse de forma recurrente. Uno es un cierto interés por las secuencias de larga duración. Otro lo constituye la mirada hacia un espacio amplio, que va mucho más allá del asentamiento. Este interés por el territorio o el paisaje, que en ocasiones se prefigura como un verdadero objeto de estudio, conlleva cambios en el diseño metodológico de la investigación. En este trabajo pretendemos recoger los ya casi 20 años de experiencia del Grupo de Arqueología de la Alta Montaña (GAAM) de la UAB y el CSIC para presentar una breve reflexión teórica sobre un aspecto que, a nuestro entender, es central en nuestra disciplina. La arqueología, en cuanto ciencia social, aborda una existencia humana colectiva que ocurre tanto en el tiempo como en el espacio. Por diversos motivos, la arqueolo- gía en áreas de alta montaña ha sido especialmente proclive a incorporar elementos metodológi- cos para tratar con el espacio también como instancia social. Quizás está llegando el momento para empezar a evaluar los puntos fuertes de estas propuestas y tratar de identificar aquellas * Este trabajo se ha realizado en el marco de numerosos proyectos de investigación, de los cuales los más recientes son: PID2020-115205GB-I00 Las primeras comunidades agropastorales de la vertiente sur del Pirineo central: economía y paisaje (5600-4500 calANE), financiado por el Ministerio de Ciencia e Inno- vación (MICINN), y CLT/17/2022 – 122 Arqueologia del pastoralisme i l’agricultura prehistòrica al Piri- neu Occidental, financiado por el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, así como de numerosos encargos realizados por el Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Tampoco habría sido posible sin la participación de la larga lista de personas que han colaborado en los trabajos de campo desde el año 2021. 1. Universitat Autònoma de Barcelona. Departament de Prehistòria. ermengol.gassiot@uab.cat; guillem. salvador@uab.cat; laura.obea@uab.cat; saradiaz1992@gmail.com; david.anton79@gmail.com 2. Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT), CSIC. david.garcia-casas@incipit.csic.es 3. Archaeology of Social Dynamics. CSIC – Institución Milá y Fontanals de Estudios en Humanidades. ignacio@imf.csic.es 4. University of Pisa. Department of Civilizations and Forms of Knowledge. niccolo.mazzucco@unipi.it Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26, p. 17-41 17 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central cuestiones que merecen mayor atención. En la parte final del artículo ilustramos, con un caso empírico, la pertinencia de la reflexión teórica planteada. Palabras clave: arqueología espacial; arqueología del paisaje; arqueología de la alta montaña; Pirineos; Mesolítico; Neolítico Abstract. From territory to settlement and from settlement to territory: Archaeological research in mountain and high mountain areas in the central Pyrenees Although new to our discipline, the archaeology of high mountain areas is steadily growing, generating empirical studies and procedures that often define it. Aside from the diversity of research teams and programs, certain aspects tend to recur. One is a certain interest in long- term sequences. Another is a wide spatial perspective, extending far beyond the limits of the settlement. This interest in the territory or landscape, which is sometimes the real object of study, results in changes in the methodological design of the research. In this paper we intend to bring together almost 20 years of experience of the High Mountain Archaeology Group (GAAM) of the UAB and CSIC to present a brief theoretical reflection on an area that we believe is central to our discipline. Archaeology as a social science deals with a collective human existence that occurs both in time and space. For various reasons, archaeology in high moun- tain areas has been especially open to incorporating methodological elements to deal with space as a social instance too. Perhaps the time has come to begin to evaluate the strengths of these proposals and to try to identify those issues that deserve more attention. In the final part of the article, we use an empirical example to briefly illustrate the relevance of the theoretical reflec- tion proposed. Keywords: spatial archaeology; landscape archaeology; high mountain archaeology; Pyrenees; Mesolithic; Neolithic Gassiot Ballbè, Ermengol et al. (2023). «Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas de montaña y alta montaña en el Pirineo cen- tral». Treballs d’Arqueologia, 26, 17-41. DOI: 10.5565/rev/tda.131 1. Introducción las nieblas sobre su historia. Este hecho, en gran parte, ha sido un efecto de la vi- Los espacios de alta montaña son un ám- sión que, desde el mundo urbano, donde bito de estudio muy reciente en la ar- se han construido y consolidado los cen- queología. En realidad, su interés acadé- tros académicos, se tiene de las zonas de mico ha llegado tarde a nuestra disciplina. alta montaña como espacios esencial- Durante gran parte del siglo xx el desa- mente naturales. Un síntoma de ello lo rrollo de la arqueología ha llenado de encontramos en el Estado español, con la información muchas lagunas sobre el pa- creación de los primeros parques nacio- sado de diversas áreas geográficas. Sin nales en 1918 en dos de las principales embargo, en general las zonas de alta cordilleras de la Península Ibérica: la Cor- montaña han quedado alejadas de este dillera Cantábrica y los Pirineos. Otro, en proceso y han mantenido en gran medida la aparición de un turismo en las zonas de 18 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central montaña, inicialmente minoritario y ción de una mirada hacia el espacio, el te- vinculado al alpinismo y a las curas de sa- rritorio o el paisaje —‌términos diversos lud, al descanso y a los balnearios y, más cuyas implicaciones teóricas específicas recientemente, a los deportes de aventu- se abordan más adelante— dotó a la ar- ras y al esquí. Con la salvedad de algunas queología de nuevos intereses, categorías épocas históricas concretas, fundamen- de análisis y metodologías, que han aca- talmente al inicio del feudalismo, en mu- bado vertebrando el actual desarrollo de chas ocasiones las montañas han sido diversas arqueologías en áreas de monta- conceptualizadas desde el gran público ña y, especialmente, de alta montaña. como lugares alejados de la civilización Aunque sus protagonistas hayan sido humana y, por defecto, naturales. En otros investigadores e investigadoras. gran medida, la arqueología ha sido pri- Por otra parte, la concurrencia de di- sionera de este paradigma. versas circunstancias ha alimentado direc- Desde hace poco más de 20 años este tamente un creciente interés hacia las panorama ha empezado a modificarse. áreas de alta montaña. Una de ellas ha Diversos factores y circunstancias han sido el hallazgo del cuerpo congelado de motivado el cambio. Por una parte, a par- Ötzi en un glaciar del Tirol por encima tir de la década de 1970 y, sobre todo, de de los 3.000 metros de altitud. Aunque 1980, en la arqueología se consolida un inicialmente se buscaron razones extraor- interés por el espacio más allá de los luga- dinarias para justificar su presencia en ese res que tradicionalmente concentraban sitio, pronto fue evidente que su sofistica- gran parte de los focos de arqueólogas y do equipo estaba pensado precisamente arqueólogos: los yacimientos arqueológi- para desplazarse por ese tipo de lugares. cos (por ejemplo, Vita-Finzi y Higgs, El hecho de que fuera atacado muy cerca 1970; Jarman et al., 1972; Binford, 1982; de donde murió reforzó también el reco- Hodder y Orton, 1990). La atención por nocimiento de que la alta montaña quizás el contexto de los asentamientos huma- se frecuentaba más de lo que nos imagi- nos, primero por las estructuras físicas y nábamos hace ya unos 5.300 años. Estu- después por las ideológicas que definían dios puntuales hasta entonces situados en sus entornos, por las relaciones entre los los márgenes de la arqueología académica lugares, sus usos y las circulaciones entre empezaron a ser cada vez menos margina- ellos…, se inició una arqueología espacial les. En paralelo, el estudio de algunas que pronto adoptaría, en muchos casos, construcciones pastoriles, que en un ini- el término arqueología del paisaje (Ans- cio surgían de la etnografía o, en todo chuetz, 2001; Criado, 1999; David y caso, de la historia de épocas muy recien- Thomas, 2008; Johnson, 2012; Parcero, tes, puso en evidencia que algunas de ellas 2002; Tilley, 1994; Ucko y Layton, tenían antigüedades muy superiores a las 1999). En un primer momento, estas imaginadas inicialmente (Rendu, 2003). nuevas formas de la arqueología miraron En definitiva, nos indicaron que en las poco hacia las montañas y cuando lo hi- montañas existen una gran cantidad de cieron fue buscando en ellas barreras o restos de construcciones y que es posible fronteras «naturales», es decir, para deli- ordenarlas en el tiempo y reconstruir con mitar realidades arqueológicas de otras ellas las secuencias cambiantes de ocupa- áreas geográficas. Con todo, la consolida- ción del territorio. Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 19 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Entre otras, esta amalgama de circuns- 2. El territorio o el paisaje como objeto tancias ha estimulado un número creciente de estudio de propuestas de investigación arqueológi- ca en áreas de alta montaña a lo largo de las Frecuentemente se define el espacio dos últimas décadas. Para los Pirineos, por como el objeto de estudio de la arqueolo- ejemplo: Clemente et al. (2020), Garcia gía de la alta montaña (Gassiot et al., Casas (2018), Gassiot (2016), Gragson et 2020a; Le Couédic et al., 2019; Palet et al. (2015), Le Couédic (2010), Montes al., 2017). En la arqueología de muchas et al. (2019), Palet et al. (2019), Rendu áreas de alta montaña se fija la atención (2003), Rendu et al. (2016). Como en en un territorio o en un paisaje más o me- otros ámbitos, la diversidad teórica de la nos amplio. Se procede de forma análoga arqueología desarrollada en áreas de alta a cómo en otras ocasiones se sitúa el yaci- montaña es notable y revierte en diferentes miento en el centro de interés, integran- intereses, tanto cronológicos como en la do en su estudio y representación sus su- definición de los objetos de estudio. Sin cesivas fases de ocupación. Un territorio embargo, por debajo de esta diversidad o un paisaje que, como el yacimiento o el hay algunos aspectos que aparecen con sitio, se nos presenta como el resultado de cierta recurrencia en la arqueología de alta un palimpsesto de ocupaciones humanas montaña y que, en cierta medida, le otor- que lo modelan y lo modifican a lo largo gan un carácter distintivo con respecto a del tiempo. otras arqueologías realizadas en otros ám- A priori, podría parecer que la dife- bitos geográficos. El primero es una cierta rencia entre los énfasis responde a una flexibilización de los cánones temporales cuestión de escala: en las zonas de alta que, a modo de períodos, siguen estructu- montaña la arqueología presta más aten- rando la investigación en arqueología y ción a un espacio macro, dada la escasez que se plasma por un interés notable hacia de los yacimientos arqueológicos y la par- las secuencias temporales amplias, en oca- quedad de las evidencias que contienen. siones directamente hacia una longue durée Aunque en un plano estrictamente meto- braudeliana. Otro, es una mirada más allá dológico esta afirmación podría ser válida de los límites del yacimiento o, si se quie- (volveremos sobre ello más adelante), re, del asentamiento. Evidentemente, desde una perspectiva teórica y en sus im- toda la arqueología necesita levantar la plicaciones en el análisis es rotundamente vista del suelo para otear el alrededor. En falsa. En la arqueología tradicional el tér- la arqueología de alta montaña muchas mino yacimiento es un espacio acotado, veces esta mirada ocupa un lugar central. ya sea por elementos físicos, como las pa- En el presente artículo pretendemos redes de una cavidad, elementos cons- esbozar una reflexión teórico-metodoló- tructivos o un simple decrecimiento en la gica sobre este segundo aspecto y contex- densidad de materiales arqueológicos; ya tualizarla con resultados concretos de sea por criterios administrativos, como la nuestro trabajo. Lo haremos desde la ex- parcelación actual del terreno. Las cate- periencia propia, a modo de una pequeña gorías territorio y paisaje también prefigu- pausa en el recorrido que muchas veces ran un espacio formado por determinadas las exigencias del día a día de la investiga- entidades que guardan distintos tipos de ción dificulta mucho poder hacer. relaciones de distancia entre ellas (Ber- 20 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central trand, 2001; Gassiot, 2023). Sin embargo, res materiales de la construcción de un y a diferencia del primer caso, consideran espacio social, como son las actividades que este espacio se constituye socialmen- productivas y reproductivas, la circula- te, por medio de las prácticas llevadas a ción de bienes y personas, las formas de cabo por un determinado grupo humano, asentamiento y de organización social, o como una suma de percepciones de las etc. La observación del paisaje, en cam- experiencias vividas por sus integrantes, bio, confiere centralidad en el análisis a según el paradigma teórico que se siga. aspectos relacionados con la percepción Salvando las diferentes concepciones subjetiva y a su apropiación y recreación teóricas en el uso de las categorías territo- ideológica. rio y paisaje (Bertrand, 2001; Criado, Abordando el espacio como un obje- 1999; David y Thomas, 2008; Gassiot, to de estudio, las arqueologías de la alta 2023; Johnson, 2012), su centralidad en montaña reconocen en gran medida este la arqueología de la alta montaña radica aspecto. Una parte del esfuerzo de investi- precisamente en que remiten a un espacio gación se destina a caracterizar este espa- social que en este caso tiene un alcance cio social, ya sea en términos de territorio geográfico mucho mayor al del yacimien- o de paisaje. El recurso metodológico em- to. Centrando el interés en este espacio, la pleado ampliamente para resolver este as- arqueología del paisaje o del territorio pecto son las prospecciones arqueológicas identifica los procesos sociales e históricos (Gassiot, 2016; Gassiot et al., 2016; Palet que lo conforman como su objeto de es- et al., 2017; Le Couédic, 2010; Rendu, tudio. Todas las poblaciones humanas a 2003; Rendu et al., 2016). En este con- lo largo de la historia existen en un espa- texto, la prospección de superficie se confi- cio que alteran, modelan e integran a su gura como una metodología arqueológica propio devenir (Bertrand y Bertrand, de primer orden. Va más allá de su em- 2002; Santos, 2000). Este espacio es a su pleo en numerosos ámbitos de la arqueo- vez un producto de una serie de factores logía como, básicamente, una fuente para físicos, geomorfológicos, climáticos, eco- localizar un «buen» yacimiento en el que lógicos, etc., que se desarrollan a lo largo concentrar los esfuerzos futuros de la in- del tiempo, también en el espacio. Junto vestigación; de modo que se planifica con con la acción humana, la concurrencia de la finalidad de obtener la información estos factores en el presente y en el pasado que permita realizar una aproximación a definen las condiciones de la existencia de los territorios y paisajes prehistóricos. toda sociedad. Si el geosistema designa el En cierta medida, reproduce a una espacio en términos de relaciones físicas, escala físicamente mucho mayor los pro- el territorio identifica el espacio social- cedimientos de identificación y registro mente construido y reconstruido me- de una excavación en extensión. Median- diante un conjunto de prácticas sociales te diversas técnicas como el peinado de que tienen lugar en él a lo largo del tiem- una superficie con transectos, el análisis po. Por paisaje entendemos la apropia- de fotografía aérea, de LIDAR y de otros ción social e ideológica de este espacio sistemas de detección remota, se intentan por parte de las personas que lo viven y lo localizar entidades informativas de las construyen. Al analizar el territorio, la ar- prácticas sociales pretéritas. Estas entida- queología otorga preminencia a los facto- des en gran medida constituyen elemen- Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 21 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central tos arqueológicos en el sentido habitual: A diferencia de una excavación, don- restos de construcciones, elementos fune- de el contexto físico de los objetos que se rarios, señalizaciones, petroglifos, carbo- registran arqueológicamente aparece si- neras, rasas y pozos mineros, artefactos guiendo una sucesión estratigráfica, en las arqueológicos, etc. Sin embargo, a menu- prospecciones de superficie estos elemen- do también se reconocen entidades del tos se nos presentan en primera instancia medio físico, que en algunos plantea- mezclados en un palimpsesto. En el mar- mientos teóricos se asimila al geosistema co de estas colaboraciones multidiscipli- (Bertrand, 2001; Gassiot, 2023), como narias, los cambios del geosistema a lo componentes de ese territorio o paisaje largo del tiempo se han podido definir que se trata de conocer y representar ar- con mayor precisión mediante técnicas queológicamente. La presencia de pastos de análisis de registros sedimentarios di- o la ausencia de bosque en determinados versos del subsuelo. La extracción de co- lugares, el predominio o la ausencia de lumnas de sedimento de contextos determinadas especies en un área forestal, lacustres y en turberas, así como la reali- abetos con indicios de fuego en su base o zación de sondeos al aire libre, han con- trazas de descortezado en algunos árboles, tribuido a resolver el problema del en muchas ocasiones ilustran actividades palimpsesto, a profundizar en la caracte- humanas con una amplitud temporal va- rización de los geosistemas pretéritos y a riable, según el caso. fijar más sólidamente su temporalidad. El reconocimiento de este aspecto En nuestro caso, estas aproximaciones se constituye, a su vez, el nudo que articula han llevado a cabo en el marco de proyec- las colaboraciones con disciplinas del ám- tos multidisciplinarios (Catalán et al., bito de la paleoecología y la geografía his- 2013 y 2019), en ocasiones coordinados tórica, habituales en numerosos proyectos desde la arqueología (Gassiot et al., 2014) de arqueología de alta montaña. La carac- e, incluso, directamente como actuacio- terización del medio físico o geosistema, nes estrictamente arqueológicas (Rodrí- por una parte, contribuye a resolver la ne- guez Antón, 2020). cesidad arqueológica de definir las condi- La inferencia paleoambiental contri- ciones de existencia de las poblaciones buye a realizar la representación del con- pretéritas. A su vez, informa también de texto en el que se insertan las diferentes las características de esas poblaciones entidades identificadas arqueológicamen- en la medida en que, a través de las trazas te, siguiendo el símil de una excavación que estas dejaron en el medio, nos permi- arqueológica, de forma análoga a como ten identificar y caracterizar algunas de una unidad estratigráfica aporta con- sus actividades (aperturas de pastos, in- texto a los objetos muebles recuperados. troducción de cultígenos, formas de ex- No obstante, la definición plena del espa- plotación forestal, etc.), así como esbozar cio social para un determinado momento sus consecuencias en el entorno. Conse- temporal se completa precisamente me- cuencias que no necesariamente fueron diante la identificación, la situación preci- evidentes para quienes las generaron, sa y la caracterización de entidades pero que prefiguraron las condiciones so- arqueológicas (desde los objetos hasta los bre las que existieron las poblaciones que asentamientos y elementos equivalentes) les siguieron en el tiempo. (Gassiot, 2023). En este nivel, la prospec- 22 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central ción arqueológica es el eje de la recons- un espacio sin interrupciones cuyas cuali- trucción de los territorios y de los paisajes dades van variando progresivamente y sin arqueológicos, como mínimo en una pri- interrupciones, como, por ejemplo, un mera fase de la investigación. Para empe- mapa de los tiempos de desplazamiento zar, es la base para refutar la premisa de desde un punto, de temperaturas, de pro- que las áreas de montaña son espacios va- ductividad del suelo, de elevaciones, etc. cíos en términos arqueológicos, hecho En arqueología nos interesa combinar que constituye el punto de partida necesa- ambas, puesto que, por una parte, la acti- rio para toda propuesta de investigación. vidad humana en el espacio es continua, Posteriormente, permite identificar una pero, por otra, los registros arqueológicos gama muy amplia de entidades constituti- tradicionales, yacimiento y artefacto, son vas de este espacio social y obtener su pri- por definición entidades discretas. mera caracterización. También facilita Alcanzado este punto, merece la pena establecer entre ellas medidas de distan- detenerse brevemente en el término yaci- cia, de proximidad y de lejanía que pro- miento, tan utilizado en la arqueología porcionarán argumentos para calificar las peninsular y francesa, generalmente con relaciones de asociación y disociación en- escasa reflexión detrás. Como tal, la pa­ tre las mismas. En definitiva, completa la labra identifica de forma más o menos definición de los contextos de los diferen- amplia un lugar con un determinado vo- tes fenómenos arqueológicos, hecho que lumen de materiales arqueológicos, sean implica dotar de contenido los territorios estos muebles, inmuebles o de ambos ti- o los paisajes arqueológicos concretos. pos. Sin entrar a valorar hasta qué punto El desarrollo de la cartografía digital es un término con un correlato empírico y de los sistemas de geobases de datos de preciso, la palabra yacimiento remite más las últimas décadas proporciona recursos o menos a un lugar que contiene activida- técnicos y metodológicos de gran utilidad des sociales fosilizadas, sin entrar a califi- para la aprehensión y la representación car estas actividades. Es decir, el tipo de del espacio (Conolly y Lake, 2009). Al acción humana que motiva su reconoci- permitir operar con diferentes capas de miento está implícita en la forma en información y a diferentes escalas geográ- cómo se identifica. Este hecho implica ficas, favorecen la integración de registros también que la delimitación del yaci- diversos con el fin de representar un terri- miento, en cuanto a una entidad que ocu- torio o un paisaje dado. La información pa un espacio geográfico, sea una tarea que conforma estas geobases de datos es compleja y muy poco precisa (Carrer et tanto discreta como continua. Ejemplo al., 2015; Gassiot et al., 2016; Gassiot, de la primera clase son entidades como 2023; Laurent et al., 2019; Le Coéudic, los objetos arqueológicos muebles y cual- 2010; Le Couédic et al., 2016). quier conjunto de información para el Una alternativa es emplear el término que se asigna una ubicación espacial par- sitio, siguiendo las arqueologías anglosa- ticular y puntual. En este sentido, los jona y latinoamericana. En este caso, la asentamientos son entidades discretas al categoría designa estrictamente un lugar situarse en un lugar específico y generar donde hay un cierto volumen de restos ar- una discontinuidad con su espacio exter- queológicos, dejando de lado la caracteri- no. La información continua representa zación morfológica y funcional de la Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 23 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central evidencia. Su uso puede resolver algunas Con ello, se consigue pasar del sitio al lu- ambigüedades, especialmente al simplifi- gar de habitación, o del sitio a la necrópo- car la inferencia y referir únicamente al lis, o al cercado para estabular ganado o al lugar, y resuelve en una primera instancia taller metalúrgico. Es decir, se identifican la necesidad de ordenar empíricamente las actividades humanas que motivaron su una información de superficie. Mantiene, existencia y, con ello, se transfiere la sim- sin embargo, la necesidad de clarificar los ple representación de un espacio salpica- criterios para distinguir un sitio de un ha- do de puntos (sitios) a la recreación de un llazgo puntual de un objeto arqueológico territorio o paisaje arqueológico. o, a otro nivel, de aquellas alteraciones en Es habitual que la arqueología del el medio (por ejemplo, en la vegetación) paisaje revalorice el uso de la prospección que también constituyen trazas materiales de superficie para generar datos arqueoló- de una actividad humana, pero que esca- gicos. Como hemos mencionado, en la pan de ser consideradas arqueológicas. arqueología de áreas de alta montaña, a Sin embargo, el estudio del territorio menudo, esta actividad es estrictamente y del paisaje pretérito requiere de poder indispensable como punto de partida de caracterizar las entidades que lo confor- la investigación, puesto que en muchas man. Es decir, aquellos elementos que ocasiones se parte de una total ausencia conforman un espacio y que pueden indi- de información arqueológica previa. Sin vidualizarse asignándoles una ubicación, embargo, la prospección requiere de ac- unos límites y una extensión y unas carac- ciones complementarias para ampliar el terísticas específicas. Los elementos ar- volumen de información generada, como queológicos son uno de los muchos tipos la excavación arqueológica. Es evidente de entidades que configuran un espacio. que la limitación de tiempo y recursos, así Esta necesidad de caracterización nos exi- como las condiciones de acceso a los si- ge un esfuerzo de análisis tanto de sitios tios, condiciona el volumen y las caracte- como de objetos, actividades que confor- rísticas de las excavaciones arqueológicas man el núcleo tradicional de la arqueolo- en áreas de alta montaña. En general, los gía. Completaremos la reflexión teórica diferentes equipos efectuamos pequeños de este trabajo centrándonos en la pri­ sondeos en algunos de los sitios docu- mera. Las excavaciones arqueológicas mentados con el fin de confirmar la exis- constituyen la herramienta principal para tencia de niveles arqueológicos en el completar la producción de información subsuelo, caracterizar las secuencias, fe- en la arqueología de campo una vez efec- charlas, obtener materiales diagnósticos, tuada una prospección. Si el estudio de un evaluar el volumen de sedimentación de asentamiento, por poner un ejemplo, sin muros y derrumbes, etc. (Gassiot et al., el análisis del territorio en el que se inser- 2016; Le Couédic et al., 2019; Palet et ta, deja lagunas por resolver, a la inversa al., 2017). Con ellos alimentamos unas ocurre lo mismo. Para solucionar la ambi- primeras capas de información de la car- güedad de la identificación y situación de tografía que constituirá la primera base una serie de sitios en un espacio es preciso para la representación de los territo- emprender su caracterización, definir sus rios objeto de estudio. Su activo más evi- rasgos morfológicos, tratar de inferir su dente es la información cronológica, en funcionalidad, situarlos en el tiempo, etc. gran medida dependiente de las datacio- 24 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central nes de muestras obtenidas en este tipo de 3. La identificación arqueológica intervenciones. de territorios ganaderos de alta Obtenida esta información, es una montaña en el Parque Nacional tentación limitar a este tipo de inter­ de Aigüestortes y Estany de Sant venciones las acciones para dotar de con- Maurici tenido la información sobre sitios arqueológicos; es decir, tratar de recono- La investigación arqueológica en el Par- cer su sentido como entidades arqueoló- que Nacional de Aigüestortes y Estany de gicas. Desde nuestro punto de vista, la Sant Maurici (PNAESM) ejemplifica la reconstrucción de los territorios pretéritos puesta en práctica de la reflexión teórica desde la arqueología requiere también de precedente (Gassiot, 2016; Gassiot et al., la excavación en extensión de los sitios ar- 2014). El PNAESM abarca una superfi- queológicos, con el consiguiente estudio cie de casi 40.000 hectáreas, situadas en el de sus materiales. Es cierto que se trata de extremo oriental del batolito granítico de actividades exigentes de tiempo, personas la Maladeta, en el Pirineo central. Se trata y recursos, pero es igualmente una reali- de un área con un relieve muy abrupto y dad que la excavación en extensión de un rocoso, salpicada por más de 200 lagos de contexto arqueológico permite afinar mu- origen glaciar, con altitudes que oscilan cho más en su caracterización, captar sus entre los 1.500 y los 3.000 metros. Entre diferentes matices y evaluar su variabili- los años 2004 y 2012 se realizaron diver- dad temporal. Así, la identificación de un sas campañas de prospección arqueológi- determinado sitio como un asentamiento ca a lo largo de su superficie, promovidas ganadero cobra mucha más solidez si esta inicialmente desde la propia administra- se basa en datos procedentes de excavacio- ción del PNAESM y, posteriormente, in- nes en extensión y no solo de registros de sertas también en diversos proyectos de superficie complementados, a lo sumo, investigación. Desde el punto de vista ad- con algún sondeo. Evidentemente, en la ministrativo, su finalidad era la realiza- actualidad es impensable, y seguramente ción de una carta arqueológica del Parque nada aconsejable, abordar la excavación Nacional. A nivel científico, estas actua- en extensión de todos los yacimientos de ciones se concibieron como el punto de una determinada área de alta montaña. partida de un programa de estudio dia- Sin embargo, la excavación en extensión crónico de los procesos de poblamiento de algunos de ellos aporta información de de la alta montaña capaz de evaluar la in- gran valor. Por una parte, incorpora ele- cidencia de este medio, aparentemente mentos adicionales al simple lugar donde riguroso, en las poblaciones que lo prota- se emplazan los restos arqueológicos (cer- gonizaron y, al mismo tiempo, documen- canía o no a zonas de pastos o pasos de tar su impacto ecológico. En el plano em- montaña, prominencia topográfica, etc.), pírico, las prospecciones validarían la para asignarle una significación histórica. premisa de que la ausencia de registro ar- Por otra parte, muestra la complejidad de queológico en la zona respondía a un dé- estos procesos de significación, hecho que ficit de investigación y no a una nula o sirve para ponderar el alcance y las limita- muy escasa presencia humana. A su vez ciones de las inferencias derivadas exclusi- habían de producir un primer registro de vamente de datos de superficie. lugares con elementos arqueológicos Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 25 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central (Gassiot et al., 2016). En el plano analíti- Gassiot, 2022): recintos aislados, como co se esperaba obtener las primeras repre- posibles cabañas y cercados; conjuntos sentaciones de lo que se asumía que du- formados por distintos recintos, en oca- rante gran parte del Holoceno habían siones, una o varias cabañas y diversos sido territorios esencialmente ganaderos cercados; un tipo de muros denominado en el PNAESM. «paso contador» en los registros etnográ- Las prospecciones consistieron prin- ficos y pequeños abrigos con diversos cer- cipalmente en el barrido sistemático y cados asociados. La segunda categoría, en extensivo de la superficie, mediante tran- términos de frecuencia, son las pequeñas sectos de la mayoría de las cuencas que cavidades, con un 21,4% de los casos. El definen el área del Parque. Se recorrieron PNAESM es un área esencialmente gra- diversos tipos de superficies: pastos, zo- nítica y secundariamente de esquistos. En nas boscosas, canchales, crestas, puer- este contexto geomorfológico, las cuevas tos…, excluyendo aquellas áreas cuyo son muy escasas y se forman ya sea apro- acceso requería escalar y zonas geológica- vechando pequeñas fallas y diaclasas o mente dinámicas y de formación recien- por erosión glaciar. La mayoría de las ca- te, como barrancos y conos de deyección. vidades con niveles arqueológicos consti- Con el tiempo, se valoró que la prospec- tuyen pequeños abrigos formados en la ción de zonas con mucha pendiente, en base de uno o diversos bloques erráticos. gran medida las laderas de valles en for- Complementan el conjunto elementos ma de U cubiertas de bosque, era muy mucho menos frecuentes: grabados ru- poco productiva, tanto por el gradiente pestres, círculos de piedra, carboneras, del terreno como por la escasa visibili- restos de minas, hornos metalúrgicos dad del suelo, y tendieron a dejarse de y hallazgos de materiales en superficie. lado. El uso de la fotografía aérea com- Entre estos últimos, destaca la recupera- plementó el trabajo de superficie, princi- ción de láminas de sílex en una zona de palmente orientando la prospección a cresta entre 2.650 y 2.730 metros de alti- algunos lugares. Sin embargo, se com- tud y la localización de 5 depósitos con probó que una parte considerable de los recipientes de cerámica del II Milenio cal vestigios localizados pasaban desaperci- ANE en áreas de canchal o de acumula- bidos en este tipo de imágenes. Final- ción de bloques. mente, en los últimos años, los mapas La altitud promedio de los sitios con LIDAR han sido incorporados como he- vestigios arqueológicos es prácticamente rramienta de documentación. de 2.250 metros (Gassiot, 2016). De he- Como resultado, se han registrado cho, un 50% de ellos se localiza entre un total de 378 puntos con restos arqueo- 2.170 metros y 2.380 m s. n. m. Hay una lógicos (figura 1). Sus características son clara sobrerrepresentación de sitios en re- diversas (Garcia Casas, 2018; Gassiot, lación con el porcentaje de superficie 2016). La mayoría, cerca del 71,7%, con- comprendida en la franja de 2.200 a sisten en restos de arquitectura visibles en 2.400 metros de altitud. Por encima y por superficie, ya sea por la pervivencia de debajo de esta altitud el volumen de regis- muros de piedra seca, de su derrumbe o tros arqueológicos desciende progresiva- por alteraciones en el microrrelieve (figu- mente. Por la franja alta, puntualmente ra 2). Su tipología es variada (Garcia y se han localizado restos constructivos por 26 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Figura 1. Mapa de puntos que han proporcionado elementos arqueológicos en el Parque Na­cio­nal d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. En negro se muestran las isocotas de 2.000 metros y 3.000 metros, y en gris, de 1.500 y 2.500 metros de altitud. Para su realización se ha empleado el Modelo Digital de Elevaciones de 5 x 5 metros del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya. La hidrografía se ha derivado del EU-Hydro – River Network Database, Versión 1.3 del Copernicus Land Monitoring Service, de la European Environment Agency (EEA). encima de la cota 2.800. En general, los los 2.000 metros, y únicamente en un diferentes tipos de vestigios arqueológicos caso supera los 2.100 metros. se comportan altitudinalmente de forma Las zonas de pasto y herbazal, que re- similar. Los lugares vinculados al asenta- presentan prácticamente el 30% de la su- miento humano y de ganado reproducen perficie del PNAESM, concentran el claramente el patrón mayoritario que, por 61,6% de los sitios registrados (Gassiot, otro lado, se corresponde con el límite su- 2016). Esta predilección por las praderas perior del bosque actual y las zonas poco se acentúa claramente en los asentamien- pendientes de las bases de muchos circos. tos con una evidente orientación ganade- En cambio, algunos restos menos fre- ra, por la presencia de diversos cercados y cuentes muestran comportamientos dife- cabañas, ya que más del 72% se localizan rentes. Los cír­cu­los de piedras y los restos en zonas actuales de pastos y herbazales. líticos en superficie se localizan en cotas Cerca del 20% de los sitios se ubican en superiores, mientras que la altitud media áreas de canchal y roquedos. Aunque este de las carboneras se sitúa por debajo de tipo de cubierta representa casi el 30% de Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 27 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Figura 2. Ejemplos de distintos tipos de evidencias arqueológicas documentadas en el PNA- ESM. Leyenda: a) Cercado aislado en el valle de Peguera; b) Uno de los conjuntos arquitectóni- cos de mayores dimensiones del PNAESM, localizado a 2.225 metros de altitud y abandonado a mediados del siglo xiii cal ANE, el Despoblat de Casanoves / Casesnoves; c) Posible túmulo funerario en el valle de Llacs, a 2.250 metros de altitud; d) Abrigo de Les Obagues de Ratera, a 2.320 metros de altitud, durante su excavación. la superficie del PNAESM, esta cifra Los restos arqueológicos documenta- pone en evidencia su interés en términos dos tienden a estar cerca del agua. Con- arqueológicos. En esta ocasión, todos los cretamente, el 75% de ellos se localizan a depósitos de cerámica se emplazan en menos de 155 metros de algún arroyo, áreas de roquedal. Por otro lado, cerca del fuente o lago. Aquí los comportamientos 80% de los sitios localizados en canchales también varían en función del tipo de y roquedos se sitúan a menos de 30 me- vestigio. Mientras los círculos de piedra tros de un área de pasto, porcentaje que se localizan a una media de unos 906 me- asciende a la práctica totalidad en los tros del agua, con un rango de entre 204 y asentamientos asociados a la ganadería. 1.364 metros, la de los asentamientos for- Este hecho puede responder a la voluntad mados por diversos cercados y alguna ca- de no restar superficie de pasto al ganado baña no llega a los 120 metros. De hecho, y, a su vez, de facilitar un acceso más di- el 75% de los asentamientos caracteriza- recto a la materia prima empleada en las dos como conjuntos ganaderos distan construcciones. menos de 151 metros del agua. 28 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central En definitiva, una parte mayoritaria efectuados en 41 de dichos asentamien- de las evidencias arqueológicas documen- tos. El resto procede de excavaciones en tadas mediante prospección arqueológica extensión, destacando tres de ellas por la en el PNAESM definen un territorio secuencia obtenida: Cova del Sardo, orientado hacia la explotación ganadera. Abric de Les Obagues de Ratera y Abric Más de la mitad de los sitios registrados del Portarró (Gassiot, 2016; Gassiot contienen evidencias que permiten rela- et al., 2020b). Todo ello convierte el cionarlos con esta actividad, principal- conjunto de dataciones absolutas del mente por la presencia de estructuras de PNAESM en el más extenso para una estabulación. Los asentamientos no dis- misma área de alta montaña del Pirineo minuyen progresivamente a medida que y del resto de la Península Ibérica. Los aumenta la altura, como se podría prever resultados obtenidos prefiguran una desde una perspectiva urbanita, sino que secuencia cronológica con pocas inte- tienden a situarse ligeramente por enci- rrupciones, de unos 10.000 años de dura- ma de los bosques actuales. A su vez, se ción, muy similar a la obtenida en el valle localizan mayoritariamente en áreas de de Madriu-Perafita-Claror en Andorra pasto actuales o en sus inmediaciones y por el equipo de J. M. Palet (Orengo et muy cerca de fuentes de agua. Hierba al., 2014; Palet et al., 2008). y agua son los dos factores clave para el El análisis de los resultados de las da- mantenimiento de rebaños, y una buena taciones permite matizar el palimpsesto y parte de los contextos arqueológicos loca- empezar a esbozar algunas tendencias a lo lizados se asocian claramente con ellos, largo del tiempo. Aunque no es el objeto especialmente aquellos cuyos rasgos mor- de este artículo, podemos mencionarlas fológicos prefiguran la existencia de es- brevemente. Durante el Mesolítico, entre tructuras que sugieren la estabulación el 8000 y el 5500 cal ANE se ocupan al- de ganado. gunos pequeños abrigos entre los 2.200 y A este nivel, el PNAESM se nos pre- los 2.500 metros de altitud (Gassiot et al., senta arqueológicamente como un terri- 2021). Los pocos contextos con cronolo- torio en gran medida ganadero en el que gías del Neolítico antiguo se localizan algunos vestigios presentan un com­ principalmente en cotas inferiores a los portamiento específico, tanto por sus ca- 2.000 metros. A partir del iv milenio cal racterísticas formales como por sus ANE se vuelve a documentar de forma ubicaciones. Esta primera visión, no obs- puntual la ocupación de abrigos por enci- tante, es producto de un palimpsesto: la ma de esta altitud, situación que se inten- diacronía se nos diluye en un conjunto sificará a partir del 3400/3300 cal ANE de asentamientos ganaderos que compar- y, especialmente, del 3000 cal ANE. En ten espacios. Este problema se ha tratado esta fase final del Neolítico el número de de resolver, con los recursos disponibles, ocupaciones en el PNAESM alcanza un mediante la datación del máximo núme- máximo número de sitios, tanto en abri- ro de sitios. De esta forma, se ha obteni- gos como al aire libre, que no llegará a do una serie de 110 dataciones AMS superarse hasta la tardoantigüedad (Gas- procedentes de 42 sitios diferentes, todos siot et al., 2014; Gassiot et al., 2017). ellos asimilados a lugares de asentamien- A partir del 2400 cal ANE y durante el ii to. De estas, 55 proceden de 44 sondeos y el i milenios hay un descenso acusado Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 29 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central de los asentamientos fechados. En para- variaciones en el territorio a lo largo del lelo, durante la Edad de Bronce se docu- tiempo. Así, por ejemplo, la comparación mentan depósitos de recipientes cerá- de los asentamientos de entre finales del micos, generalmente, de grandes dimen- siglo xviii e inicios del siglo xx con los siones. A finales del i milenio cal ANE del final del Neolítico, con una cronolo- empieza una lenta recuperación del gía entre el 5300 y el 4400 cal ANE, evi- número de asentamientos datados, ini- dencia interesantes diferencias (Gassiot et cialmente en contextos de abrigos. Este al., 2020a). Sobre una muestra de 10 proceso se acelera en época bajo imperial. asentamientos con dataciones de ambos En este período reaparecen los asenta- períodos, el área accesible a su alrededor mientos al aire libre, en ocasiones con un dentro de unos 45 minutos de desplaza- volumen considerable de recintos cons- miento no presenta diferencias significa- truidos con muros de piedra seca. Esta si- tivas. En cambio, la cantidad de zonas de tuación tiene continuidad en la Alta Edad pasto dentro de estas áreas de influencia o Media, con la ocupación de un gran nú- coste a su alrededor sí que muestra cam- mero de abrigos y numerosos asenta- bios relevantes: es un 50% mayor, de pro- mientos al aire libre, algunos con una medio, en los asentamientos de época gran cantidad de cercados adosados e in- contem­poránea. Por otra parte, los asen- cluso en alguna ocasión con posibles mu- tamientos del Neolítico final se emplazan ros defensivos. Tras un hiato en los muy cerca de los caminos óptimos que, siglos xiv y xv, a partir del siglo xvi y has- cruzando el PNAESM, permiten conec- ta la actualidad, vuelven los asentamien- tar diferentes pueblos de su alrededor tos con arquitectura al aire libre, que (figura 3). De los 10 que hay, 8 se en- tendrán continuidad, con algunos cam- cuentran a menos de 20 minutos de una bios en su morfología, hasta el siglo xx de estas rutas óptimas, y la mitad, a (Garcia Casas, 2018; Gassiot, 2016). menos de 7 minutos. En los de época re- Si bien, globalmente y con mati- ciente, la situación es muy distinta. ces, las evidencias arqueológicas en el Únicamente 2 se localizan a menos de PNAESM tienden a mostrar un territorio 30 minutos de un camino óptimo entre principalmente ganadero que se mantie- pueblos, mientras que 3 asentamientos es- ne durante varios miles de años, el análisis tán a más de 1 hora de desplazamiento. desagregado de los asentamientos permi- En síntesis, las prospecciones ar- te introducir variaciones entre diversas queológicas permiten definir un registro épocas. El estudio de la arquitectura reve- arqueológico, con una primera caracteri- la cambios en la estructuración de los zación morfológica, así como su distribu- asentamientos a lo largo del tiempo, que ción espacial. Este constituye el primer muestran tanto diversas técnicas cons- paso para inferir la configuración del te- tructivas como distintas dimensiones y rritorio en una determinada área geográ- formas en la organización de los rebaños fica. Puede mostrar factores que fueron y de los grupos humanos (Garcia Casas, relevantes en la selección de los lugares 2018; Gassiot, 2016). donde se realizaron determinadas prácti- El análisis pormenorizado de los em- cas, como el hábitat humano, la guarda plazamientos de los asentamientos y su de los rebaños, la obtención de determi- relación con el entorno también muestra nadas materias primas, la construcción de 30 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Figura 3. Distribución de asentamientos del final del Neolítico (en amarillo) y de época con- temporánea (en verde) con relación a los caminos óptimos entre núcleos de población en los alrededores del PNAESM (Garcia, 2018; Gassiot et al., 2020a). El tiempo de desplazamiento se calcula mediante el algoritmo isotrópico de Nunes (Gassiot et al., 2020a). elementos de control y defensa, etc. En la compatible con un uso ganadero de am- medida en que la presencia humana en plias áreas del PNAESM, podemos obser- este espacio tenga cierta continuidad, por var cómo los asentamientos del final del ejemplo, en el tipo de prácticas llevadas a Neolítico y los de época contemporánea cabo y en los lugares escogidos para reali- presentan diferencias destacables, no solo zarlas, esta imagen general puede guardar en referencia a sus características forma- un grado de correspondencia con los te- les, sino también a su distribución espacial rritorios específicos de las diferentes épo- en relación con aspectos que presumimos cas históricas implicadas. Sin embargo, relevantes, como son el acceso a la hierba esa visión general corre el riesgo de desva- y a las vías de circulación. En consecuen- necer las diferencias temporales en las for- cia, la aproximación que facilitan los re- mas de ocupación y explotación humana gistros derivados de las prospecciones de un espacio determinado. En el caso arqueológicas requiere de un análisis más expuesto, en un contexto de una eviden- profundo para resolver el palimpsesto im- cia arqueológica en términos generales plícito en ellos. Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 31 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central 4. Excavaciones arqueológicas baja de la ladera oriental del valle homó- y caracterización de territorios nimo, a 2.320 metros de altitud (Gassiot, arqueológicos del PNAESM 2016). Se documentó durante las pros- pecciones del año 2005. En el sitio se veía El análisis del espacio en el que se sitúa un un muro de piedra seca que lo cerraba y elemento arqueológico es una tarea nece- en su interior había restos de su uso como saria para definir su contexto de produc- refugio durante el siglo xx, quizás por ción y existencia. Conocer su distri­bución parte de un pastor. Un pequeño sondeo es, sin duda, un paso imprescindible para confirmó la existencia de, como mínimo, la representación de un territorio o de un un estrato con cerámica a mano que se paisaje arqueológico. Sin embargo, basar- fechó entre los años 2880 y 2628 cal se exclusivamente en este tipo de infor- ANE. El abrigo seguía un patrón, recu- mación para construir nuestras represen- rrente en el PNAESM, de pequeñas cavi- taciones del pasado entraña limitaciones dades con ocupaciones aparentemente y problemas. Uno de ellos deriva del he- puntuales del final del Neolítico y poste- cho de que la funcionalidad de un sitio riormente de época histórica (Gassiot et arqueológico no puede derivarse exclusi- al., 2014). Se interpretó como un lugar vamente de su localización en un determi- de refugio o de hábitat vinculado al apro- nado espacio. Si esto fuera así, podríamos vechamiento de los pastos de altura du- inferir, por ejemplo, que un asentamien- rante la época estival. to con diversas fases cronológicas mantie- En 2015 se emprendió su excavación ne su significado social esencialmente in- en extensión. La intervención, planifica- alterado: las actividades que lo generaron da para una única campaña de campo, serían siempre muy similares. Con ello duró tres y finalizó durante el verano de corremos el riesgo de obviar el cambio y 2017. Permitió identificar un total de 13 favorecer una visión estática del pobla- fases distintas de ocupación del interior miento humano de una determinada área de la cavidad (Gassiot et al., 2020b) com- geográfica. A otro nivel, nos llevaría fácil- prendidas entre el siglo xx y el 8000 cal mente a la tentación de explicar un con- ANE: 3 de época histórica y el resto de texto arqueológico, por ejemplo, un asen- cronología prehistórica. Dentro de estas tamiento, a partir de su emplazamiento, y últimas, destacan dos ocupaciones meso- sin abordar su estudio en profundidad líticas, datadas en el 8000-7000 cal ANE mediante excavaciones arqueológicas. En y el 5730-5630 cal ANE, respectivamen- las próximas páginas trataremos de mos- te, a las que les siguieron dos fases del trar brevemente, a través de un caso con- Neolítico medio (4050-3950 cal ANE) creto, cómo el estudio pormenorizado de y final (3080-2500 cal ANE). El estudio los asentamientos mediante su excava- de la secuencia obtenida muestra una ción en extensión también contribuye a cierta continuidad en el espacio interior realizar un análisis del territorio o del pai- del abrigo, con diversos muros de cierre saje desde la arqueología. consecutivos, en general zócalos de pie- El Abric de les Obagues de Ratera dra, interpretados como base de estruc­ (figura 2d) es una pequeña cavidad con- turas aéreas de madera, y hogares en su formada en la base de un gran bloque interior. Las variaciones en las técnicas errático de granito situado en la parte constructivas no modificaban de forma 32 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central sustancial la estructuración general del te a 40 kilómetros al sur, complementa- espacio bajo la cornisa de piedra que, en dos con algunos materiales procedentes las diferentes fases, se presentaba como del valle del Ebro. Ocasionalmente, se un lugar de hábitat. El emplazamiento emplearon también materiales locales del abrigo, muy cerca del agua y del fon- como el cristal de roca para reponer algu- do de un valle que permite un cruce fácil nos útiles, llegando incluso a utilizarlos a la vertiente norte de la cordillera, favo- para producir puntas de proyectil. rece esta funcionalidad. Las dos ocupaciones neolíticas tam- El estudio detallado de los materiales bién son distintas entre sí. La más antigua permite, no obstante, afinar la explicación fue puntual y se estructuró alrededor de de sus diferentes ocupaciones. Destaca, un hogar sobre una laja grande de grani- por ejemplo, la práctica ausencia de arte- to. A su alrededor se recuperaron frag- factos líticos tallados en las fases del ii y mentos de cerámica y de lítica tallada. del i milenio cal ANE, tema que no trata- Entre estos materiales predominan las remos en este artículo. Las dos fases de láminas y las laminillas y se observa un ocupación mesolíticas presentan diferen- descenso remarcable de las puntas de pro- cias claras entre sí. La más antigua respon- yectil. Este hecho indica una disminu- de a la frecuentación puntual de la cavidad ción de la centralidad de la caza, que no durante el viii milenio cal ANE. En su llega a desaparecer. La presencia de algún inicio se construyó un pequeño hogar en pequeño núcleo de sílex y restos de talla cubeta delimitado por lajas de granito y, señala la realización de esta actividad en el posiblemente, en los siglos posteriores las interior del abrigo. La segunda ocupación áreas de combustión se localizaron en la del Neolítico refleja una frecuenta- misma área debajo de la cornisa. Los ma- ción sostenida del abrigo durante 5 siglos, teriales asociados son escasos: carbones período en el que se levanta un sistema de procedentes de los hogares y algunos res- cierre de madera sobre un zócalo de pie- tos de piezas líticas talladas. La acidez del dras que se remodela y se reconstruye suelo, de base granítica, limita la conser- como mínimo en una ocasión. En el inte- vación de los materiales óseos, tanto en rior de la cavidad se suceden diversos ho- esta como en las otras fases de ocupación. gares alrededor de los cuales se recuperaron De la ocupación del final del Mesolítico nuevamente fragmentos de cerámica y lí- se conserva un zócalo de piedra de cierre tica tallada. Entre estos últimos, sigue del abrigo, un hogar y un conjunto nada destacando la presencia de laminillas y lá- desdeñable de material lítico tallado. minas de sílex que, como en la fase previa, Dentro de estos materiales destaca una también proceden principalmente de la considerable cantidad de objetos geomé- formación de Aguasalenz y, en menor tricos de tipología diversa, que en gran medida, del valle del Ebro. En los estratos medida pudieron ser empleados como basales de esta fase del final del Neolítico puntas o elementos de proyectil (figu- se recuperó, en el acceso al abrigo, una ra 4). Las materias primas empleadas en punta de flecha con aletas y pedúnculo, este conjunto son principalmente sílex elaborada localmente con un sílex en pla- blanquecinos similares a los de la forma- queta de origen alóctono, posiblemente ción de Aguasalenz, de la sierra de Sant del centro de Francia. Esta punta se frac- Gervàs-Sopeira, situada aproximadamen- turó durante su producción, tal y como Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 33 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Figura 4. Diversos elementos geométricos mesolíticos de la fase de ocupación del final del Meso- lítico en el Abric de Les Obagues de Ratera. Leyenda: a) trapecios (retoque directo abrupto); b) y c) trapecios (retoque abrupto alterno); d) triángulo (retoque directo abrupto); e) triángulos (retoque en doble bisel), y f) segmentos (retoque en doble bisel). muestra su remontaje con algunos frag- dades distintas. Por una parte, la inten­ mentos de talla. sidad del asentamiento es distinta. En la La breve exposición de las ocupacio- fase más antigua del Mesolítico la presen- nes mesolíticas y neolíticas del Abric de cia humana fue muy puntual e intermi- Les Obagues de Ratera ilustra como, por tente. En la más reciente, en cambio, se debajo de una aparente continuidad en la observa cómo, durante un breve período ocupación del abrigo, se esconden activi- de tiempo, el abrigo se prefigura como un 34 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central lugar fijo, para estancias que quizás dura- de personas dentro de un territorio de ron algunas semanas, en lo que podría ser caza de roquedo. Esta imagen contrasta un patrón de movilidad logística de los con la de las ocupaciones neolíticas, don- últimos grupos cazadores recolectores. La de el conjunto lítico evidencia una pér­ introducción del Neolítico en la cordille- dida del peso de la caza. De hecho, ra pirenaica pudo romper esta dinámica. materiales análogos de cronologías simi- Las ocupaciones neolíticas de la cavidad lares en la Cova del Sardo muestran acti- evidencian nuevamente un uso recurren- vidades variadas, como el trabajo sobre te e intenso del abrigo, con toda seguri- materias animales, sobre madera y de cor- dad también durante la estación cálida. te de hierba (Mazzucco, 2018; Mazzucco Su ocupación durante el Neolítico medio et al., 2019). También en esa época en la fue, no obstante, breve en el tiempo y no Cova del Sardo los recipientes cerámicos llegó a generar una secuencia interna. En sirvieron para cocinar carne de ovicápri- cambio, en el final del Neolítico el abrigo dos (Tarifa, 2019). Estas evidencias pre- fue un lugar de hábitat dentro de un pa- sentan ambos asentamientos como trón específico de movilidad de forma lugares de hábitat en lo que da la impre- continuada durante diversos siglos. Se re- sión de tratarse de un aprovechamiento producen de nuevo las pautas observadas ganadero del espacio. Los registros paleo- para este período en la excavación de ecológicos parecen confirmar este aspecto asentamientos como Cova del Sardo y al documentar quemas intencionales del Abric del Portarró, situados a poco me- bosque y un primer incremento de las nos de 1 hora de distancia respectivamen- áreas de pasto, más allá de las inmediacio- te (Gassiot, 2016; Mazzucco, 2018; nes de los asentamientos. Mazzucco et al., 2019). Finalmente, queremos mencionar El análisis de los materiales líticos otro dato que llama la atención. La punta también permite vislumbrar diferencias de flecha efectuada sobre sílex de plaque- temporales en el uso del espacio. Durante ta situada en el Abric de Les Obagues de el Mesolítico, el abrigo fue un lugar de Ratera presenta la misma cronología que asentamiento más o menos intenso y es- otra punta, en este caso foliácea, localiza- table de grupos con una fuerte orienta- da en el exterior de la Cova del Sardo. En ción hacia la caza. Se diferencia claramente ambas, la materia prima es la misma y se de la Balma Margineda, una cavidad con trata de un material raro y de la misma ocupaciones de la misma época situada procedencia. Este dato puede contribuir a por debajo de los 1.000 metros de altitud comprender los patrones de movilidad en el fondo valle del río Valira, en Ando- entre asentamientos del final del Neolíti- rra (Guilaine y Martzluff, 1995). Allí, co en la zona. junto con la caza, se llevaron a cabo otras En otro lugar (Gassiot et al., 2020a), actividades de subsistencia como la pesca planteamos la existencia de cierta regula- y la recolección de diversos recursos vege- ridad en la distribución de asentamientos tales. En el Abric de les Obagues de Rate- de esta época en el PNAESM (figura 5). ra, en cambio, las ocupaciones reflejan Así mismo, formulamos el interrogante una especialización en actividades cinegé- de hasta qué punto esta regularidad refleja ticas que convierten el abrigo en un pe- un territorio organizado y ocupado simul- queño campamento de un grupo reducido táneamente por diversos grupos humanos Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 35 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Figura 5. Distribución de los asentamientos del final del Neolítico con sus respectivas áreas de coste a 1 hora a su alrededor calculadas mediante el algoritmo anisotrópico fuera de camino (y, por lo tanto, menos optimista) de Tobler (1993) y los caminos de coste de la figura 3. o, por el contrario, el desplazamiento de ANE lo hiciera, en el mismo ciclo, en el una única comunidad a través de asenta- Abric de Les Obagues de Ratera, descar- mientos y aprovechamientos sucesivos de tando en ambos sitios una punta de flecha sus pastos circundantes. La distinción en- sobre sílex de plaqueta. tre ambas posibilidades es relevante, pues- to que discrimina entre un territorio con una mayor densidad demográfica y ocu- 5. Conclusiones pado por asentamientos (y rebaños) si- multáneos, versus otro con una población En la medida en que busca representar y y una presión sobre el entorno menores. entender las sociedades a lo largo de dis- Con toda la cautela que implica tratar tintas épocas, la arqueología trata con el únicamente con la información proce- tiempo y con el espacio. En las últimas dente de un único tipo de objeto y pro­ décadas hay un creciente reconocimiento cedente de solo dos excavaciones distintas, de esta doble vertiente de la arqueología la presencia de ambas puntas de flecha y, en consecuencia, se tienden puentes podría estar indicando la segunda opción con la geografía, tanto en el plano meto- y que el mismo grupo que se asentó en la dológico como en el tratamiento analíti- Cova del Sardo poco antes del 3000 cal co del espacio. Sin embargo, en este desa- 36 Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central rrollo, en ocasiones parece definirse una paisaje o del territorio se prescinda de este dualidad entre unas formas de investiga- tipo de intervenciones y se base la identi- ción más tradicionales, en lo que al trata- ficación y la representación de los territo- miento del espacio se refiere, y otras más rios y de los paisajes pretéritos en datos innovadoras. En estas segundas, se identi- procedentes de prospecciones de superfi- ficaría el espacio, que es por definición cie calibradas con una selección de pe- social, desde una perspectiva arqueológi- queñas excavaciones o sondeos en algunos ca; como un elemento central en el estu- sitios. Como hemos visto, este tipo de ac- dio. En la arqueología más materialista, tuaciones efectuadas sistemáticamente este espacio objeto de estudio se trata permiten construir una primera imagen como territorio, mientras que en muchas del desarrollo de las sociedades pasadas en propuestas postprocesuales se construye el espacio, especialmente en términos del como paisaje, es decir, una recreación territorio que modelaron. Sin embargo, ideológica de las experiencias con rela- también hemos visto cómo la realización ción al espacio. En ambos casos, la pros- de excavaciones arqueológicas después de pección arqueológica cobra relevancia intensas campañas de prospección ar- como método, puesto que, de forma aná- queológica permite afinar notablemente loga a la excavación, permite definir enti- estas primeras representaciones. dades arqueológicas distribuidas espacial- Con el tiempo, la arqueología en las mente, además de cuantificar y calificar áreas de alta montaña se va normalizando las relaciones de distancia entre ellas. y ocupa un lugar por derecho propio den- Dentro de esta aparente dualidad en- tro de nuestra disciplina. A medida que tre arqueologías, algunas que se refieren al va madurando va resultando necesario paisaje trasladan esa reivindicación de la hacer una breve pausa para girar la mira- prospección de superficie, en general con da, observar el camino recorrido y anali- la realización de sondeos o pequeñas ex- zarlo. Este trabajo pretende ser una cavaciones para afinar los registros, hacia pequeña contribución a esta reflexión en una pérdida de interés por las excava­ aras de consolidar las fortalezas y resolver ciones en extensión. Por definición, la las debilidades del viaje realizado. Pensa- excavación en extensión de un sitio ar- mos que la sistematización de las prospec- queológico es una actividad que requiere ciones y la visión espacial de la arqueología tiempo y recursos. En una época en que de la alta montaña, con todas las colabo- nos hemos acostumbrado a que los frutos raciones interdisciplinarias que exige, es, de la investigación se midan en térmi- precisamente, una de sus fortalezas. La nos de cantidad e inmediatez, parece aca- combinación de las prospecciones de su- démicamente poco rentable invertir perficie con excavaciones en extensión tiempo y recursos en excavaciones en ex- redimensiona, todavía más, esta perspec- tensión que pueden exigir la permanencia tiva espacial tan necesaria para el conjun- en un mismo sitio durante varios años. to de nuestra disciplina. Y muestra que la En este contexto, no sorprende que en al- dicotomía anteriormente mencionada es, gunas aplicaciones de la arqueología del únicamente, humo. Treballs d’Arqueologia, 2023, núm. 26 37 Del territorio al asentamiento y del asentamiento al territorio: la investigación arqueológica en áreas Ermengol Gassiot Ballbè et al. de montaña y alta montaña en el Pirineo central Referencias bibliográficas Anschuetz, K. F.; Wilshusen, R. H.; Scheick, C. L.; Journal, S.; June, N.; Anschuetz, K. E.; Wilshusen, R. H.; Scheick, C. L. (2001). «An Archaeology of Landscapes: Perspectives and Directions». 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