ENTRE EL MARXISMO Y EL PATRIOTISMO: EL INDEPENDENTISMO CATALÁN EN EL CICLO GLOBAL DE VIOLENCIA POLÍTICA DEL LARGO 68* Pau Casanellas EN el contexto historiográfico francés, la expresión années 1968 se ha convertido en re- currente para hacer referencia al largo ciclo de movilización social de los años sesenta y setenta.1 El sintagma condensa de forma muy pertinente el espíritu de una época caracteri- zada por las ansias de profundas transformaciones y las protestas de todo tipo –a menudo con un fuerte componente de radicalidad– que sacudieron el mundo desde principios de los años sesenta y hasta mediados o finales de la década siguiente. Algunos autores han se- ñalado, creo que con acierto, que es sin embargo en los años cincuenta cuando se pusieron las bases de esta oleada de cambio,2 en la que la circulación de ideas, prácticas y militantes entre países y continentes jugó un papel crucial.3 Un fenómeno, pues, con un eminente ca- rácter transnacional y que fue mucho más allá de las urbes de los países occidentales más industrializados.4 Las vertientes de este “largo 68”5 fueron múltiples: conflictividad laboral,6 protesta estudiantil,7 cambios culturales y revuelta juvenil,8 nuevas miradas de género y emergencia de los feminismos,9 y también, por supuesto, la violencia.10 Un ámbito, este último, que no * El presente trabajo se inscribe en el proyecto de investigación “Estado y dinámicas nacionales en España (1931-1978)” (PID2019-105464GB-I00 / AEI / 10.13039/501100011033). 1 Su popularización se debe en especial al trabajo colectivo de Geneviève Dreyfus-Armand et ál. (eds.), Les années 1968. Le temps de la contestation, Complexe, Bruselas, 2000. 2 Gerd-Rainer Horn, The Spirit of ’68. Rebellion in Western Europe and North America, 1956-1976, Ox- ford University Press, Oxford, 2007, pp. 2-3. 3 Ludivine Bantigny, Boris Gobille y Eugénia Palieraki (dirs.), “Les ‘années 1968’: circulations révolution- naires”, Monde(s), 11 (2017). 4 Véase una aproximación a la plasmación del fenómeno en el sur de Europa en Abdón Mateos y Emanuele Treglia (coords.), Las convulsiones del 68. España y el sur de Europa, UNED, Madrid, 2019. 5 Richard Vinen, 1968. El año en que el mundo pudo cambiar, Crítica, Barcelona, 2018, p. 44. 6 Colin Crouch y Alessandro Pizzorno (eds.), The Resurgence of Class Conflict in Western Europe since 1968, 2 vols., Macmillan Press, Londres, 1978. 7 Ronald Fraser (ed.), 1968. A Student Generation in Revolt, Pantheon Books, Nueva York, 1988. Martin Klimke, The Other Alliance. Student Protest in West Germany and the United States in the Global Sixties, Prin- ceton University Press, Princeton, 2010. 8 Arthur Marwick, The Sixties. Cultural Revolution in Britain, France, Italy, and the United States, c.1958- c.1974, Oxford University Press, Nueva York, 1998. Belinda Davis et ál. (eds.), Changing the World, Changing Oneself. Political Protest and Collective Identities in West Germany and the US in the 1960s and 1970s, Berghahn, Nueva York, 2010. 9 Lessie Jo Frazer y Deborah Cohen (eds.), Gender and Sexuality in 1968. Transformative Politics in the Cultural Imagination, Palgrave McMillan, Nueva York, 2009. Ludivine Bantigny, Fanny Bugnon y Fanny Ga- Historia Social, n.º 105, 2023, pp. 65-85. 65 se limitó únicamente a las organizaciones armadas. De hecho, dentro del espacio de la iz- quierda revolucionaria, la legitimación teórica del cuestionamiento del monopolio estatal de la violencia era norma común, y una proporción no desdeñable de organizaciones y gru- pos políticos practicaron alguna u otra forma de violencia. Con todo, un salto cualitativo separa estas experiencias de las organizaciones armadas propiamente dichas, que llevaron el enfrentamiento con el Estado mucho más allá, en oca- siones con importantes consecuencias. En el contexto europeo occidental, el Reino Unido, España, Italia y la República Federal de Alemania fueron, por este orden, los países con más víctimas mortales achacables a este fenómeno entre finales de los años sesenta e inicios de los ochenta.11 Fruto del gran impacto de sus acciones, unas pocas siglas –Irish Republican Army (IRA), Euskadi ta Askatasuna (ETA), Brigate Rosse (BR), Rote Armee Franktion (RAF)– focalizaron casi toda la atención mediática en el momento, así como el interés de las aproximaciones –bibliográficas y de todo tipo– posteriores. Pero lo cierto es que la conste- lación de organizaciones armadas fue mucho más amplia. En Italia, por ejemplo, tomando como referencia la cronología 1969-1989, se han llegado a documentar 47, de las que 24 tu- vieron una cierta entidad.12 Siempre dentro de Europa, los casos español, portugués y griego13 han de ser consi- derados de forma específica, al haber vivido buena parte de los años 1968 bajo regímenes autocráticos.14 A ojos de algunos sectores de la población, ello dotaba a las organizaciones armadas de una mayor legitimidad. Especialmente diferenciada fue la trayectoria de España y Portugal, con dictaduras de larga duración instauradas durante los años de entreguerras, lo que aleja estos países del caso griego. Es en parte esta particularidad lo que explica que, ya en los años cincuenta y la primera mitad de los sesenta, se dieran en la península ibérica experiencias de lucha armada, si bien de un alcance limitado. Las españolas, impulsadas principalmente desde el anarcosindicalismo,15 y las portuguesas, vinculadas esencialmente al Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL).16 llot. (dirs.), “Prolétaires de tous les pays, qui lave vos chaussettes?” Le genre de l’engagement dans les années 1968, PUR, Rennes, 2017. 10 Donatella Della Porta, Social Movements, Political Violence and the State. A Comparative Analysis of Italy and Germany, Cambridge University Press, Cambridge, 1995. Isabelle Sommier, La violence révolutionnaire, Pres- ses de Sciences Po, París, 2008. 11 Véanse algunas cifras comparativas en Donatella Della Porta, Social Movements, p. 128. Eduardo Gon- zález Calleja, El laboratorio del miedo. Una historia general del terrorismo, de los sicarios a Al Qa’ida, Crítica, Barcelona, 2013, pp. 410-412, 503-507 y 548-552. 12 Progetto Memoria, La mappa perduta, Sensibile alle Foglie, Roma, 1994. 13 Pau Casanellas, “‘Hasta el fin’. Cultura revolucionaria y práctica armada en la crisis del franquismo”, Ayer, 92 (2013), pp. 21-46. Ana Sofia Ferreira, Luta armada em Portugal (1970-1974), tesis doctoral, Universi- dade Nova de Lisboa, Lisboa, 2015. Ana Sofia Ferreira, “Terrorismo en Portugal: las Forças Populares 25 de Abril (1980-1984)”, en Juan Avilés, José Manuel Azcona y Matteo Re (eds.), Después del 68: la deriva terrorista en Occidente, Sílex, Madrid, 2019, pp. 517-544. Polymeris Voglis, “‘The Junta Came to Power by the Force of Arms, and Will Only Go by Force of Arms’. Political Violence and the Voice of the Opposition to the Military Dictatorship in Greece, 1967-1974”, Cultural and Social History, 8 (2011), pp. 551-568. Kostis Kornetis, “‘Cu- ban Europe’? Greek and Iberian tiersmondisme in the ‘Long 1960s’”, Journal of Contemporary History, 50 (2015), pp. 486-515. 14 Sobre la percepción de las autoridades españolas de los acontecimientos de 1968, especialmente en Fran- cia, véanse: Patricia Badenes Salazar, Fronteras de papel. El Mayo francés en la España del 68, Cátedra, Ma- drid, 2018, pp. 69-77. Pau Casanellas, “ ‘Una orgía de nihilismo’. El franquismo contra el ‘68”, en Abdón Mateos y Emanuele Treglia (coords.), Las convulsiones del 68, pp. 153-173. 15 Octavio Alberola y Ariane Gransac, El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974), Vi- rus, Barcelona, 2004, pp. 23-94. Ángel Herrerín, “El recurso a la violencia en el movimiento libertario”, en Javier Muñoz Soro et ál. (coords.), Culturas y políticas de la violencia. España siglo xx, Siete Mares, Madrid 2005, 66 pp. 231-250. Además de la huella dictatorial, todavía otro factor fue de gran importancia, sobre todo en el caso español: el ejemplo de las luchas de emancipación nacional del Tercer Mundo. Tanto las obras ampliamente difundidas de autores como Albert Memmi y Frantz Fanon17 como las independencias africanas –especialmente la argelina– dejaron una notable impronta en los nacionalismos subestatales de la Europa occidental. En la España franquista, estas influencias impulsaron el surgimiento de nuevos nacionalismos y la reformulación en cla- ve revolucionaria y anticolonial de los “viejos”.18 El País Vasco fue el territorio donde la lectura tercermundista de la propia realidad tuvo más predicación, especialmente a partir de la difusión del Vasconia, de Federico Krutwig.19 A pesar del inicial recelo con el que los militantes de ETA recibieron el libro,20 la demonización que de él hizo el franquismo, así como su asociación a ETA –de la que Krutwig no era entonces aún militante–, provocaron que terminara convirtiéndose en una referencia ideológica de primer orden dentro de la or- ganización.21 Así, en su V Asamblea (1966-1967), ETA se adhirió a los principios del na- cionalismo revolucionario de Mao preconizados por Krutwig. La caracterización del País Vasco como colonia ocupada que asumió la militancia etarra se vio favorecida por la repre- sión franquista, que contribuía a dar plausibilidad al “espejismo colonial”.22 Hay que tener presente que este tipo de análisis no eran exclusivos de ETA, sino que, en una prueba de la importancia de la circulación internacional de ideas en aquellos años, permearon una parte de la izquierda europea. Así lo certifica el prólogo de Jean-Paul Sartre al libro sobre el Proceso de Burgos de la abogada Gisèle Halimi. En él, el filósofo francés abonaba la caracterización de Euskadi como pueblo colonizado y preconizaba la lucha ar- mada como vía ineluctable del pueblo vasco en su camino hacia la liberación.23 Pese a mantener un ojo puesto en su homólogo vasco, el nacionalismo catalán tuvo una evolución algo distinta. En el terreno teórico, el principal elemento diferencial fue la más tardía aparición y, sobre todo, la más limitada difusión de los planteamientos tercermun- distas. A caballo entre las décadas de los cincuenta y sesenta, el catalanismo –en cuyo seno el independentismo era minoritario– había protagonizado algunas exitosas campañas de mo- vilización: el boicot contra La Vanguardia Española a raíz del caso Galinsoga (1959-1960), los sucesos del Palau de la Música o la posterior campaña contra el consejo de guerra al que fue sometido Jordi Pujol (1960). Otro importante paso adelante del movimiento fue la protesta organizada el 11 de septiembre de 1964, primera ocasión en que se conmemoraba la Diada de forma abierta desde el establecimiento del franquismo. En años posteriores, se impulsaron igualmente campañas a favor del uso y la enseñanza del catalán o del nombra- 16 Jose Sotomayor [José Fernandes], Yo robé el Santa Maria, Akal, Madrid, 1978. Dawn Linda Raby, “O Dril (1959-1961). Experiência única na oposição ao Estado Novo”, Penélope, 16 (1995), pp. 63-86. Henrique Galvão, O assalto ao “Santa Maria”, Delfos, Lisboa, 2004. Xavier Montanyà, Pirates de la llibertat, Empúries, Barce- lona, 2004. 17 Albert Memmi, Retrato del colonizado. Precedido por Retrato del colonizador, Cuadernos para el Diá- logo, Madrid, 1971 [1957]. Frantz Fanon, Los condenados de la Tierra, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1963 [1961]. 18 Fermí Rubiralta, El nuevo nacionalismo radical. Los casos gallego, catalán y vasco (1959-1973), Ter- cera Prensa – Hirugarren Prentsa, San Sebastián, 1997. Xosé M. Núñez Seixas, “Nuevos y viejos nacionalistas: la cuestión territorial en el tardofranquismo, 1959-1975”, Ayer, 68 (2007), pp. 59-87; “Dieci, cento, mille fronti! Terzomondismo, anticolonialismo ed etnonazionalismo nell’Europa occidentale (1955-1975), Zapruder, 49 (2019), pp. 15-37. 19 Fernando Sarrailh de Ihartza [Federico Krutwig], Vasconia. Estudio dialéctico de una nacionalidad, Nor- bait, Buenos Aires, 1963. 20 Federico Krutwig, Años de peregrinación y lucha, Txalaparta, Tafalla, 2014, pp. 67-71. 21 Jose Mari Garmendia, “ETA: nacimiento, desarrollo y crisis (1959-1978)”, en Antonio Elorza (coord.), La historia de ETA, Temas de Hoy, Madrid, 2006, pp. 81-170, esp. pp. 116-117. 22 Gurutz Jáuregui, Ideología y estrategia política de ETA. Análisis de su evolución entre 1959 y 1968, Si- glo XXI, Madrid, 1981, pp. 411-459. 23 Jean-Paul Sartre, “Prefacio”, en Gisèle Halimi, El proceso de Burgos, Monte Ávila, Caracas, 1972, pp. 7-29. 67 miento de obispos catalanes en las diócesis de Cataluña. Esta última reivindicación retrata muy bien el talante de los sectores mayoritarios del catalanismo de la época, muy influen- ciados por el catolicismo y poco propensos a radicalismos de cualquier tipo.24 La evolución hacia el marxismo, que en el caso del nacionalismo vasco se había produ- cido en el seno de ETA a lo largo de los años sesenta, se hizo visible en el independentismo catalán a raíz de la aparición, en 1969, del Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Paï- sos Catalans (PSAN).25 El nuevo partido, fundado por jóvenes militantes del Front Nacional de Catalunya (FNC), asumió no solo una perspectiva inequívocamente comunista, sino tam- bién la lucha por “la unidad de los Països Catalans”.26 No obstante, a diferencia de ETA, el nuevo independentismo revolucionario catalán no hizo suya tan explícitamente la perspectiva anticolonial, sino que hablaba de una “ocupación militar” española vigente desde el si- glo XVIII, que la victoria fascista de 1939 habría convertido en una “total opresión nacional”.27 Sobre la base de estos principios, se articuló un nuevo movimiento, independentista y socialista, inicialmente con muy poca incidencia pero que hará un salto adelante hacia finales de los años setenta. Ello ha llevado a algunos autores a considerar incluso que el indepen- dentismo catalán contemporáneo tendría sus orígenes en aquel momento, y no antes.28 Fue también entonces, hacia el final de los setenta, cuando surgió la organización armada inde- pendentista que más eco tuvo, Terra Lliure. Amén de reportajes y documentales, la pro- ducción bibliográfica que ha suscitado ha sido notable: aproximaciones históricas a cargo de exmilitantes,29 libros de memorias,30 obras académicas introductorias31 y trabajos perio- dísticos,32 además de referencias parciales en muchas otras obras. Aunque menos conocidas y estudiadas, otras dos organizaciones armadas independentistas actuaron a lo largo de los años setenta, antes del surgimiento de Terra Lliure: el Front d’Alliberament de Catalunya (FAC) y el Exèrcit Popular Català (EPOCA). La primera ha sido objeto de las miradas de exmilitantes33 y periodistas,34 mientras que, sobre la segunda, han sido publicados algunos estudios no académicos,35 así como unas memorias.36 24 Véase un análisis reciente del fenómeno en Mariona Lladonosa, Nosaltres els catalans. Del catalanisme catòlic al pujolisme, PAM, Barcelona, 2019. 25 Josep Ferrer, Per l’alliberament nacional i de classe (escrits de clandestinitat), Avançada, Barcelona, 1978, pp. 9-25. Fermí Rubiralta, Orígens i desenvolupament del PSAN. 1969-1974, La Magrana, Barcelona, 1988, pp. 68-116. Daniel Díaz Esculies et ál., Una història del Front Nacional de Catalunya (1940-1990), Pagès, Lleida, 2006, pp. 91-98. Roger Buch, El Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Països Catalans (PSAN) (1968-1980). Evolució política i anàlisi interna d’un partit revolucionari i independentista, tesis doctoral, UAB, Cerdanyola del Vallès, 2010, pp. 77-83. 26 Declaració Política de Principis del Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Països Catalans, PSAN, [s.l.], 1969, § I.2. Todas las citaciones en catalán han sido traducidas. El concepto de Països Catalans se había empezado a difundir de la mano del escritor valenciano Joan Fuster en los años precedentes. Joan Fuster, Qüestió de noms, Edicions d’Aportació Catalana, Barcelona, 1962; Nosaltres els valencians, Edicions 62, Bar- celona, 1962. 27 Declaració Política de Principis, § II.7. 28 David Bassa et ál., L’independentisme català (1979-1994), Llibres de l’Índex, Barcelona, 1994. 29 Jaume Fernàndez Calvet, Terra Lliure. 1979-1985, El Llamp, Barcelona, 1986. Carles Sastre et ál., Terra Lliure: punt de partida. 1979-1995. Una biografia autoritzada, Edicions del 1979, Barcelona, 2012. Quim Pelegrí, Rotxec. Història etimològica i complementària de l’independentisme combatiu i revolucionari, Edicions del 1979, Barcelona, 2013. 30 Frederic Bentanachs, Memòries d’un rebel. Records d’un exmilitant de Terra Lliure, Llibres de l’Índex, Barcelona, 2003. 31 Ricard Vilaregut, Terra Lliure. La temptació armada a Catalunya, Columna, Barcelona, 2004. 32 David Bassa, Terra Lliure, punt final, Ara, Badalona, 2007. 33 Jordi Vera, La lluita armada als Països Catalans. Història del FAC, Lluita, Sant Boi de Llobregat, 1985. 34 Blai Manté, FAC. Front d’Alliberament Català. Sabotatges per la independència (1966-1977), Base, Bar- celona, 2009. 35 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA. L’exèrcit a l’ombra, El Jonc, Lleida, 2010. Oriol Falguera, L’Exèr- 68 cit Popular Català (1969-1979). La Casa, Rafael Dalmau, Barcelona, 2014. 69 Carecemos casi por completo, pues, de trabajos historiográficos sobre el fenómeno. Y carecemos, sobre todo, de visiones de conjunto que lo sitúen en un contexto más amplio (in- tento que solo se ha producido de forma parcial).37 Es ello lo que se intenta en las páginas que siguen. En ellas, se analizan las tres principales organizaciones armadas emanadas del independentismo catalán que actuaron en el ciclo del largo 68, a partir principalmente de las publicaciones y la documentación que generaron, así como de los relatos de sus militantes.38 SOCIALISMO Y LIBERACIóN NACIONAL: EL FRONT D’ALLIBERAMENT DE CATALUNYA Es solo una anécdota, pero resulta reveladora de las percepciones de los protagonistas de la historia aquí narrada. Nos situamos en algún momento de la década de los sesenta. Un joven montañero, miembro del Club d’Esquí Puigmal, con sede en Barcelona, vuelve a casa después de una salida al monte. Lleva un escudo de Cataluña en la manga. Al verlo, un grupo de falangistas con los que se cruza en la calle le llaman la atención y lo apalean. El joven, Carles Garcia Solé, decide con otros compañeros del club que hay que responder a la violencia con violencia. Un tiempo después, impulsarán el FAC.39 En el cruce entre las historias de vida y los procesos colectivos, este tipo de experien- cias nos ayudan a comprender hasta qué punto la violencia franquista influyó en las vías tomadas por ciertos sectores del antifranquismo. En un primer momento, el grupo de jóvenes montañeros del que forma parte Garcia Solé –principal núcleo fundacional del FAC– se mueve dentro de los parámetros ideológicos predominantes en el nacionalismo catalán. Así lo indica el hecho de que una de sus primeras acciones de tipo político sea la participa- ción, en 1966, en la campaña “Volem bisbes catalans!”. En esta época, el grupo asume a veces informalmente la denominación de Joventuts d’Estat Català o Joventuts Obreres d’Estat Català. En 1969, tras confluir con algunos activistas cercanos a Josep Maria Batista i Roca –figura intelectual del exilio, de notable ascendencia en el seno del catalanismo–, se constituyen formalmente como FAC. La nueva organización, ya claramente predispuesta hacia la lucha armada, asume como principios ideológicos genéricos el socialismo y la libe- ración nacional,40 opción que los aleja de Batista i Roca y los nacionalistas del exilio, poco dados a izquierdismos.41 Sin embargo, este proceso de radicalización no es para nada extra- ño entre los activistas catalanistas de la época. También los llamados fusufús, los militantes de la Força Socialista Federal, habían evolucionado desde el catolicismo hacia plantea- mientos socializantes, si bien en su caso abandonando el nacionalismo por el camino.42 En el FAC, el camino de la radicalización viene pavimentado en especial por los refe- rentes revolucionarios del Tercer Mundo: la revolución cubana, la brasileña Ação Liberta- dora Nacional o los tupamaros uruguayos, entre otros.43 Y también, claro está, por el Frente 36 Àlvar Valls, Al cap dels anys. Militància, presó i exili (1970-1998), Edicions del 1979, Barcelona, 2014. 37 Gaizka Fernández Soldevilla, “Matar por la patria. Nacionalismo radical y violencia terrorista en España (1958-2018)”, en Isidro Sepúlveda Muñoz (ed.), Nación y nacionalismos en la España de las autonomías, AEBOE, Madrid, 2018, pp. 293-325. 38 Otras experiencias muy menores, casi anecdóticas, fueron: Resistència Catalana d’Alliberament Nacional, Exèrcit Roig Català d’Alliberament, Terra Lliure V Assemblea – Militar o Resistència Catalana (esta última, radi- cada en la Cataluña Norte). 39 Oriol Malló, De les armes a les urnes. Coses que voldria saber sobre ERC i no s’atrevia a preguntar, L’Es- fera dels Llibres, Barcelona, 2005, pp. 57-58. 40 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 11-12. Blai Manté, FAC, pp. 28-31. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 33-37. 41 Testimonio de Josep Maria Garcia Solé, abril de 2020. 42 Ivan Bordetas y Anna Sánchez, L’antifranquisme oblidat. De la dissidència cristiana al comunisme revo- lucionari (1953-1972), Base, Barcelona, 2019, pp. 67-163. 70 43 Blai Manté, FAC, p. 41. Nacional de Liberación de Vietnam (el Vietcong), que es su principal inspiración para la elección del nombre de la organización.44 Bajo el lema genérico de independencia y socia- lismo, las formulaciones teóricas iniciales son algo confusas, sin demasiada elaboración. En el terreno táctico, se postula la creación de núcleos armados que radicalicen la situación política y propicien una insurrección armada, cuyo resultado final deberá ser la constitución de un Estado socialista catalán. Al mismo tiempo, se asume como referencia territorial los Països Catalans, como en el caso del PSAN. Pero, a diferencia de este último, el FAC nunca llegó a tener presencia fuera de Cataluña.45 A pesar de sus similitudes teóricas, nunca hubo ningún vínculo orgánico entre ambas organizaciones. Ideológicamente, el Front d’Alliberament de Catalunya experimentará una evolución de cierta relevancia a raíz de la celebración de su primera asamblea, en el verano de 1973.46 Se asumen entonces explícitamente los postulados del marxismo-leninismo y se acuerda em- prender el camino hacia la creación de un Partit Comunista de Catalunya.47 Es asimismo en este momento cuando empieza a publicarse Catalunya Roja, cabecera que funciona como órgano de expresión de la organización. Ello hará que proliferen los análisis teóricos, hasta entonces más bien escasos. En las páginas de la publicación, serán habituales las críticas al “revisionismo” de PSUC y PCE, así como a la política de coexistencia pacífica impulsada por la Unión Soviética.48 Como modelos internacionales, sobresalen Vietnam,49 Albania50 y la China de Mao,51 cuyos escritos sirven, junto con los de Lenin y Stalin, como referencia teórica sobre la cuestión nacional.52 Entre los ejemplos de luchas de liberación nacional, se presta atención a casos como los de Palestina o las colonias portuguesas.53 Encontramos igualmente en Catalunya Roja repetidos ejercicios de reflexión alrededor de la lucha armada, concebida como “la forma suprema de lucha de la clase trabajadora”. El objetivo del FAC en este terreno es la creación de un “aparato armado, que irá aumen- tando su fuerza a la vez que vaya aumentando la radicalización de la lucha del pueblo ca- talán, hasta transformarse en un Ejército Popular de Liberación”.54 La opción por la vio- lencia queda amparada, según se entiende, por la brutalidad de la represión franquista: “Ante su violencia reaccionaria, solo cabe el recurso de nuestra violencia revolucionaria”.55 En esta línea, se considera que la violencia debe tener una doble función: defensiva, en el marco de la contradicción entre burguesía y proletariado, y ofensiva, de “preparación téc- nica, física y política para la insurrección armada”.56 La lucha armada debe llevar, pues, hacia la insurrección armada generalizada del pueblo catalán para propiciar la constitución de un Estado socialista independiente. Asimismo, debe ser una herramienta de “educación” y un “complemento” de la lucha de las “masas”,57 que aporte “soluciones allí donde estas lu- chas [de masas] no pueden llegar”.58 44 Testimonio de Josep Maria Garcia Solé. 45 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 12-13. 46 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 37-38. Blai Manté, FAC, pp. 153-160. 47 “FAC. Cap al Partit Comunista de Catalunya”, Catalunya Roja, 1 (1973), pp. 1-2. 48 “Objectiu: el nostre partit”, Catalunya Roja, 4-5 (1974), pp. 1-6. 49 “Un mateix combat: la guerra continua”, Catalunya Roja, 2 (1973), pp. 1-4. 50 “XXX aniversario de la liberación de Albania”, Catalunya Roja, 8 (1974), p. 12. 51 “Contra el liberalismo”, Catalunya Roja, 7 (1974), pp. 7-9. 52 “Sobre el problema nacional!”, Catalunya Roja, 3 (1973), pp. 1-3. 53 “Els pobles de les colònies portugueses venceran”, Catalunya Roja, 3 (1973), pp. 5-6. “Palestina. Entre- vista amb Bassam Abou Sharif, membre del Buró Polític del FPLP, i portaveu de l’OLP”, Catalunya Roja, 3 (1973), p. 11. “Palestina. El que no diuen els diaris pro imperialistes i revisionistes”, Catalunya Roja, 4-5 (1974), p. 13. 54 “Lluita armada”, Catalunya Roja, 7 (1974), p. 11. 55 “Des de 1939 repressió!!”, Catalunya Roja, 4-5 (1974), pp. 10-12. 56 “Lluita armada, (la)”, Catalunya Roja, 8 (1974), pp. 10-11. 57 “Carta de la presó”, Catalunya Roja, 7 (1974), pp. 3-5. 71 Todavía otro elemento de importancia presente en los análisis teóricos de la organiza- ción es su política de alianzas. Según se formula: “Nuestra liberación como clase y como pueblo sólo será posible a través de la insurrección armada del proletariado y del resto de la clase popular catalana dentro de una articulación táctica revolucionaria con los demás pue- blos del Estado español”.59 En consonancia con este planteamiento, son frecuentes las alusio- nes a ETA,60 de la que se reproduce algún comunicado.61 Presos de ambas organizaciones llegan incluso a firmar un manifiesto conjunto.62 También es palpable una notable proximi- dad con el Partido Comunista de España (marxista-leninista) / Frente Revolucionario Anti- fascista y Patriota –PCE(m-l)/FRAP–,63 del que se publica igualmente algún texto.64 Todas esas referencias responden no solamente a una orientación teórica, sino también a la volun- tad de trabar en la práctica alianzas con estos espacios, voluntad parcialmente dictada por la propia debilidad orgánica. Los contactos con otras organizaciones, frecuentes desde el final de 1973, incluyen el Comité Coordinador pro-FRAP, la Unión do Povo Galego (UPG), el Frente Obrero de ETA y, más adelante, ETA-político-militar.65 Son también en parte las propias limitaciones lo que lleva al FAC a buscar una aproxi- mación, primero, y a la unión, después, con Izquierda Revolucionaria, pequeña organiza- ción surgida en Terrassa en 1971, inicialmente bajo el nombre de Comandos de Acción Re- volucionaria. El proceso de confluencia se lleva a cabo de forma relativamente rápida, a lo largo de 1974.66 En septiembre de este año, Catalunya Roja anuncia la “fusión total de las dos organizaciones” bajo la denominación de FAC, mientras no se constituya el proyectado Partit Comunista de Catalunya.67 En el mismo otoño, otro núcleo de militantes, en este caso radicado en Santa Coloma de Gramenet, se incorpora asimismo a la organización.68 En el ámbito del activismo, pese a que ya desde 1969 se habían empezado a realizar pin- tadas o a colocar senyeres, no es hasta octubre de 1970 cuando se da el salto hacia la prác- tica armada, tras haberse pertrechado de armas y explosivos. Entre este momento y finales de 1971, el FAC está detrás de casi un centenar de pequeñas deflagraciones, que solo se reivin- dicarán públicamente a partir de julio de este último año. Uno de estos artefactos, colocado el 7 de marzo de 1971 en unas oficinas de recaptación de impuestos en el barrio de la Sa- grera de Barcelona, le quita la vida a un guardia civil.69 Será la primera y única víctima mor- tal de la organización. La caída de varios militantes en mayo de 197270 merma las posibilidades de actua- ción del FAC durante una temporada. A finales de septiembre, dos de los detenidos, el ya mencionado Carles Garcia Solé y Ramon Llorca, son condenados en consejo de guerra a 20 y 30 años de cárcel, respectivamente.71 La segunda gran oleada de atentados se produce a caballo de 1974 y 1975, momento en el que se consigue una presencia continua en el inte- 58 “Lluita armada”, Catalunya Roja, 9 (1975), reproducido en Jordi Vera, La lluita armada, pp. 116-120. 59 “Lluita armada”, Catalunya Roja, 7 (1974), p. 11. 60 “ETA. Una nova etapa”, Catalunya Roja, 4-5 (1974), p. 7. “Aquest és el camí”, Catalunya Roja, 6 (1974), p. 6. “A les classes treballadores i populars d’Euskadi. Visca la pàtria basca lliure (extractes)”, Catalunya Ro- 61 ja, 4-5 (1974), pp. 8-10. 62 “Carta de la presó”, Catalunya Roja, 7 (septiembre de 1974), pp. 3-5. 63 “Missatge: Madrid, República i antifeixisme, estava en perill de caure en mans dels generals feixistes su- blevats”, Catalunya Roja, 3 (1973), p. 4. 64 “Carrillistes, requetès i l’Assemblea de Catalunya”, Catalunya Roja, 2 (1973), pp. 4-6. 65 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 80-83, 86-87, 124 y 148. 66 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 86-89. Blai Manté, FAC, pp. 141, 173-175 y 198-200. 67 “Comunicat”, Catalunya Roja, 7 (1974), pp. 9-10. 68 Jordi Vera, La lluita armada, p. 105-106. 69 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 11-13. Blai Manté, FAC, pp. 47-64. 70 La Vanguardia Española, 28 de mayo de 1972, pp. 5-6. 72 71 La Vanguardia Española, 27 de septiembre de 1972, p. 34. PSAN. Presentación de la carta de Brest rior. Entre enero y septiembre de 1975, sin embargo, la acción policial consigue de nuevo desarticular parcialmente a la organización.72 A partir de entonces, esta perderá buena parte de su capacidad operativa. Aunque Llorca y Garcia Solé participan en la fuga del penal de Segovia del 5 de abril de 1976 –el segundo de ellos es uno de los cuatro evadidos que con- siguen cruzar la frontera con Francia–, poco después dos militantes son detenidos y conde- nados por las autoridades francesas por posesión de armas. El núcleo de la organización establecido en el exterior se descompone.73 En marzo del año siguiente, otra decena de mi- litantes caen a manos de la policía española.74 72 La Vanguardia Española, 30 de enero de 1975, pp. 3 y 29. La Vanguardia Española, 21 de septiembre de 1975, pp. 5-6. 73 Jordi Vera, Lluita armada, p. 125. Blai Manté, FAC, pp. 225 y 232-268. 74 La Vanguardia Española, 3 de marzo de 1977, p. 20. 73 Mientras tanto, hacia finales de 1976, a raíz de las expectativas abiertas tras la muerte de Franco, una parte de la organización apuesta por evolucionar hacia un modelo político- militar, en un planteamiento semejante al puesto en práctica por ETA-pm con la creación de Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA). En ambos casos, lo que se persigue no es abandonar las armas, sino poder incidir en el nuevo escenario político por vías legales. Es esta voluntad lo que lleva a la creación del Moviment Revolucionari Català, con la idea de terminar conflu- yendo con organizaciones cercanas: el PSAN-provisional (aparecido en 1974 fruto de las disensiones en el interior del PSAN), el Col· lectiu Comunista Català, Comunistes Cata- lans Independents y, en una segunda fase, el propio PSAN. Aun así, después de pronunciar- se públicamente por la abstención ante las elecciones del 15 de junio de 1977, el Moviment Revolucionari Català desaparece del mapa.75 Ahogado policialmente, el FAC ya práctica- mente ha dejado también de existir. Algunos de sus militantes se dejan ver en la Trobada In- dependentista celebrada en el verano de 1978 en el Montsant. Pero, en febrero de 1979, tras atribuirse a los independentistas un atentado de los GRAPO en el barrio del Poblenou de Barcelona que termina con la muerte de un policía, cuatro antiguos miembros del FAC se desmarcan del suceso y dan a la organización por disuelta desde inicios de 1977.76 “SOLDADOS POR CATALUñA, Y BASTA”: EL EXèRCIT POPULAR CATALÀ Aunque su existencia se da en una cronología similar, la naturaleza de EPOCA tiene poco que ver con la del FAC. Lejos de lo que se ha afirmado alguna vez,77 y pese a que va- rios de sus militantes fueran inequívocamente de izquierdas,78 lo cierto es que la organiza- ción se ubicaba en unas coordenadas ideológicas muy alejadas del marxismo.79 No es por lo tanto casualidad que la dirección de la organización se negara siempre a incorporar a militantes procedentes del PSAN o del FAC.80 ¿Cómo se definía EPOCA, entonces? Sin duda, era inequívocamente independentista, pero al mismo tiempo se pretendía “apartidista”, alejada de cualquier orientación ideológica o de las pugnas entre organizaciones y partidos. La idea que había detrás de su creación era que pudiera actuar como un “ejército popular clandestino”: “una fuerza militar sólida y reac- tiva que, bien preparada y dotada, pueda actuar en defensa de Cataluña en el momento que sea requerida”.81 En palabras de su principal ideólogo y dirigente, Jaume Martínez Vendrell, la organización debía constituir “el embrión del Ejército de Cataluña”, una concepción se- mejante a la de la Organització Militar Catalana (OrMiCa), fundada por Batista i Roca en los años veinte.82 Difícilmente, pues, puede emparentarse a EPOCA con las experiencias de activismo asociadas al largo 68. Más bien hay que entenderla como heredera de la línea inaugurada en los años veinte y treinta por algunas siglas, como la ya mencionada OrMiCa, La Bande- ra Negra o Nosaltres Sols!, línea en la que cabe también inscribir al FNC, fundado en el exilio parisino en 1940 (si bien este último acabaría por incorporar planteamientos más o menos socializantes). Precisamente, tanto Martínez Vendrell como el pintor Manuel Viusà, 75 Jordi Vera, La lluita armada, pp. 126-127. 76 Blai Manté, FAC, pp. 279-282. 77 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 79-80. 78 Testimonio de Xavier Barberà, citado en David Bassa, L’independentisme armat a la Catalunya recent, Malhivern, La Garriga, 2007, pp. 78-79. 79 Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 226-227. 80 Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, p. 90. 81 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 30-31. 74 82 Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 187 y 204. otro de los impulsores de “la Casa” –nombre con el que los militantes de EPOCA se refe- rían a ella–, formaron parte en algún momento u otro del FNC.83 Más todavía: en el verano de 1974, este aprueba una declaración favorable a la lucha armada, y entre 1975 y 1976 un grupo de militantes del Front se incorpora a EPOCA.84 Este tipo de patriotismo desvinculado de la cuestión social reviviría a partir del auge de los nacionalismos subestatales europeos de la segunda mitad del siglo XX, e incluso im- pregnaría algunas de las experiencias del ciclo del 68. El caso de ETA ejemplifica estas concomitancias. Se entiende así que, pese a su impronta marxista, encontremos dentro de la organización armada abertzale a figuras como la de Xabier Zumalde, El Cabra,85 quien en una entrevista se definía de la siguiente manera: “Mi dios, mi patria y mi ideología es Euskadi”.86 O como Eustakio Mendizabal, Txikia, quien, preguntado sobre su lucha y sobre el socialismo que ETA quería implantar en el País Vasco, respondía: “¡Socialismo! ¿De qué socialismo vamos a hablar...? Nosotros somos vascos y sólo vascos... Nosotros Euskadi y nada más”.87 No muy alejado de estas formulaciones andaba Martínez Vendrell. En 1969, en una carta dirigida al histórico dirigente del FNC Joan Cornudella, consideraba una “lo- cura” la vinculación del nacionalismo con la lucha obrera.88 Como resume uno de los inte- grantes de EPOCA, Aleix [Rafael] Renyé: “éramos soldados por Cataluña, y basta”.89 El militarismo que destilan estas palabras es muy indicativo del modelo organizativo imperante en “la Casa”, de tipo militar y verticalista. En el vértice de la pirámide, destacaba la figura del referido Martínez Vendrell, “líder carismático indiscutible” que controlaba todas las decisiones.90 Si esta estructura tenía poco de democrática, también es cierto que con- vertía a la organización en menos permeable ante la represión y, por lo tanto, en más segura. Internamente, los diferentes grupos o núcleos eran estancos,91 y los militantes llegaban in- cluso a aislarse progresivamente de familia y amigos, si bien a menudo continuaban estu- diando o trabajando.92 Para evitar caídas, y en consonancia con su espíritu “apartidista”, se evitaba asimismo cualquier vínculo con el resto de organizaciones nacionalistas.93 Todo ello hizo que, durante la mayor parte de su existencia, EPOCA fuera absoluta- mente desconocida no únicamente para la policía, sino también para la casi totalidad del antifranquismo. El hecho de que la organización nunca reivindicara públicamente ninguna de sus acciones contribuyó igualmente a este general desconocimiento.94 En realidad, “la Casa” nunca pretendió tener impacto político, sino simplemente ir poco a poco creando una infraestructura y dotándose de recursos económicos.95 Se trataba de preparar un em- brión de ejército, pero no –todavía– de ponerlo en funcionamiento. Este secretismo explica la confusión alrededor de la propia denominación de la organización. El nombre que ter- minó imponiéndose mediáticamente, Exèrcit Popular Català, fue el que Martínez Vendrell 83 Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 23-24. 84 Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 180-189. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 75-85. 85 Xabier Zumalde, Mi lucha clandestina en ETA. Memorias del primer jefe del Frente Militar. 1965-1968, Status, Arrigorriaga, 2004. 86 “Javier Zumalde: ‘Mi dios, mi patria y mi ideología, es Euskadi’”, La Voz de España, 29 de diciembre de 1979, p. 3. 87 Barro y asfalto, Euskal-Elkargoa, San Juan de Luz, 1980, p. 283. 88 Citado en Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, p. 55. 89 Aleix Renyé, “Pròleg”, en Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, p. 11. 90 Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 207 y 224. 91 Ibidem, p. 222. 92 Testimonio de Xavier Barberà, citado en David Bassa, L’independentisme armat, p. 82. 93 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, p. 21. 94 Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, p. 91. 95 Testimonio de Josep Serra, citado en David Bassa, L’independentisme armat, p. 50. 75 facilitó en el momento de su detención, en 1979, y que tanto la policía como él utilizarían en su juicio.96 A pesar de este secretismo, “la Casa” acabó por tener una mayor trascendencia públi- ca que el FAC, fruto, sobre todo, de la conmoción que causaron sus últimos atentados. EPOCA se estructura entre 1968 y 1969, momento en el que Martínez Vendrell empieza a formar ideológica y militarmente a los primeros militantes. Hasta 1972, estos se dedican exclusivamente a tareas formativas, mientras se acumulan armas y más hombres.97 La in- corporación de un núcleo leridano que hasta entonces actuaba por su cuenta propicia la existencia del primer comando clandestino.98 En los años siguientes, el activismo va en au- mento. En 1974, en un atraco en la fábrica Roca, en Gavà, muere un guardia civil. Era la primera vez que la organización utilizaba armas de fuego. Tras otras acciones semejantes, el 27 de septiembre de 1975, coincidiendo con los últimos cinco fusilamientos de la dicta- dura, un nuevo asalto, esta vez en Barcelona, causa la muerte a un policía y deja a otro gravemente herido.99 Pese a las consecuencias mortales de sus acciones, al no reivindicarlas, EPOCA elude la represión, confundida por algún grupo de atracadores. Ello cambia de forma drástica a raíz de los atentados contra el empresario Josep Maria Bultó, el 9 de mayo de 1977, y contra el exalcalde de Barcelona Joaquín Viola Sauret, el 25 de enero de 1978. Ambos son vícti- mas del mismo procedimiento: un comando les adosa un explosivo al cuerpo con tal de exigirles un rescate económico; ambos mueren al intentar desprenderse de la bomba, que, en el caso de Viola, mata también a su esposa.100 La movilización policial para detener a los autores da lugar a tres oleadas de detenciones entre julio de 1977 y octubre de 1980.101 Acorralada policialmente, la organización acaba por desaparecer en la práctica, si bien al- gunos de sus militantes se incorporan, junto con una partida de armamento, a la tercera de las organizaciones armadas independentistas de cierto relieve de la época: Terra Lliure.102 He aquí, pues, el hilo que une el patriotismo de EPOCA con el ciclo del 68. CONTRA EL “AUTONOMISMO” Y LA REPRESIóN: TERRA LLIURE En el origen de Terra Lliure, dos factores de coyuntura han de ser considerados. El primero es el rechazo al marco constitucional y estatutario configurado entre 1978 y 1979. En los momentos previos –e inmediatamente posteriores– a la muerte de Franco, el espacio de izquierda radical independentista del que surge Terra Lliure planteaba el escenario de libertades democráticas y autogobierno como etapa previa en el camino hacia sus objetivos finales. El comunicado final acordado en la Conferència d’Organitzacions d’Esquerra In- dependentista, celebrada en Barcelona en noviembre de 1977, habla del impulso, como paso hacia la independencia y el socialismo, de procesos estatutarios con unos contenidos de 196 Pau Echauz, “Jaume Martínez Vendrell: ‘No col· laboraré mai amb Terra Lliure’”, El Temps, 13 de mar- zo de 1989, pp. 20-21. Sobre la cuestión del nombre, véanse también Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 32 y 131. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 90-92. 197 Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 42, 55 y 64. 198 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 42-45. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 66-68. 199 Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 107-111. 100 Ibidem, pp. 123-190. Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 247-252 y 342-343. Xavier Casals, La Transición española. El voto ignorado de las armas, Pasado y Presente, Barcelona, 2016, pp. 415-424. 101 Víctor Castells, Batista i Roca. Acusat acusador, El Llamp, Barcelona, 1988, pp. 63-115. Ferran Dal- mau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 95-96, 101-106, 118-124 y 129-141. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 191-202 y 220-289. Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 269-281 y 333-334. 76 102 Testimonio de Aleix Renyé, abril de 2020. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 204-212. mínimos en sintonía con el Estatuto de Nuria (1932) y los anteproyectos de Elx (1976) y Cura (1977).103 Sin embargo, el discurso se endurece a medida que el texto constitucional va tomando forma.104 Dan fe de ello la creación del Comitè Català contra la Constitució Es- panyola, impulsado principalmente por el PSAN-p, así como el rechazo de la carta magna de fuerzas como el PSAN o el Bloc Català de Treballadors, inicialmente situadas en posi- 103 “Comunicat final de la Conferència Independentista”, Lluita [PSAN], 69 (1977), p. 3. 104 Sobre el modelo territorial diseñado en la Constitución de 1978, véanse, entre otros, Carme Molinero y Pere Ysàs, La cuestión catalana. Cataluña en la transición española, Crítica, Barcelona, 2014, pp. 217-171. Ferran Archilés, “Una improvisada pervivencia: la Constitución de 1978 y la idea de nación española”, en Ferran Archilés e Ismael Saz (eds.), Naciones y Estado. La cuestión española, PUV, Valencia, 2014, pp. 15-49. Xavier Domènech, Un haz de naciones. El Estado y la plurinacionalidad en España (1830-2017), Península, Barce- lona, 2020, pp. 167-238. 77 ciones algo menos contundentes.105 A partir de 1978, serán frecuentes las críticas del inde- pendentismo revolucionario al “autonomismo” y el “sucursalismo”.106 El segundo factor tiene que ver con la lectura que se hace de las medidas tomadas contra los presos de EPOCA. En aplicación de la Ley de Amnistía, en noviembre de 1977 la Audiencia Nacional resuelve dejar en libertad a los cuatro detenidos por el atentado contra Bultó. Pero en febrero del año siguiente, con la muerte de Viola todavía muy re- ciente, el Tribunal Supremo estima el recurso del Ministerio del Interior y enmienda la de- cisión de la Audiencia Nacional. Antes de poder ser detenidos de nuevo, los cuatro desa- parecen. En su argumentación jurídica, el alto tribunal aduce que el atentado contra Bultó constituye un crimen de derecho común; la lectura que se hace desde los sectores que dan apoyo a los procesados es que el independentismo ha sido excluido de la amnistía.107 Por otra parte, Socors Català, plataforma de apoyo a los cuatro detenidos creada en julio de 1977, pasará con el tiempo a reivindicar a otros presos (entre ellos, por ejemplo, a los miem- bros de Els Joglars).108 El trabajo antirrepresivo va poco a poco consolidándose como una de las señas de identidad del independentismo. En 1979, tras nuevas detenciones de mili- tantes de EPOCA y de Arxiu (el embrión de Terra Lliure), surgen los Comitès de Solidari- tat amb els Patriotes Catalans.109 Según uno de sus integrantes, Josep Maria Cervelló, esta plataforma constituirá un “referente unitario, emblemático y de gran autoridad moral” dentro del movimiento.110 Pero, más allá de estos dos factores, es en última instancia en la trayectoria del PSAN-p donde hay que indagar para explicar el surgimiento de Terra Lliure. Experimentados en la práctica de la violencia en el contexto de manifestaciones y choques con la policía, sus mi- litantes son víctimas de algunas caídas entre 1974 –año de creación del partido– y 1975. A raíz de ello, la dirección se establece en territorio francés.111 Desde allí, teje lazos con la UPG, que entre 1974 y 1975 ha hecho el paso hacia la lucha armada, así como con ETA- pm, a algunos de cuyos militantes se ayuda a cruzar la frontera hacia el interior.112 Las tres organizaciones suscriben, además, la llamada Carta de Brest, declaración impulsada por varios movimientos independentistas de la Europa occidental.113 En el aspecto teórico, va cuajando en el PSAN-p la percepción de la “necesidad de un poder militar” que “defienda las conquistas populares” y “ataque el aparato de dominación del Estado capitalista”. Con ello, se debilitaría “el poder coercitivo de las clases dominantes” y se abriría paso hacia “nuevos caminos en la lucha revolucionaria de las clases populares catalanas”.114 Será en 1978 cuando estos planteamientos se pongan en práctica, con el trasfondo del proceso de redacción de la Constitución y la decisión del Supremo sobre los acusados del 105 Ramon Usall, “L’esquerra independentista catalana i la Transició espanyola”, en Antonieta Jarne et ál., De l’esperança al desencís. La Transició als Països Catalans, El Jonc, Lleida, 2006, pp. 163-193, esp. pp. 180-182. Roger Buch, El Partit Socialista d’Alliberament Nacional, pp. 121-123. 106 La lluita per la independència, Independentistes dels Països Catalans [s.l.], 1980, pp. 3 y 14. 107 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 101-106 y 121-124. Àlvar Valls, Al cap dels anys, pp. 329 y 333-334. 108 Ferran Dalmau y Pau Juvillà, EPOCA, pp. 97-98. 109 David Bassa et ál., L’independentisme català, pp. 36-37. Oriol Falguera, L’Exèrcit Popular Català, pp. 213-220. 110 Ricard Vilaregut, Terra Lliure, p. 59. 111 Carles Castellanos, Reviure els dies. Records d’un temps silenciat, Pagès, Lleida, 2003, pp. 84-91. Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 32-37 y 41-42. 112 Jaume Fernàndez Calvet, Terra Lliure, pp. 65-66. Carles Castellanos, Reviure els diez, pp. 93-94. Daniel Gómez Amat, ETA i Catalunya. Des del primer contacte el 1962 fins a la reunió de Perpinyà, Columna, Barce- lona, 2004, pp. 29-31. 113 Fermí Rubiralta, El nuevo nacionalismo radical, p. 202. 78 114 Partit Socialista d’Alliberament Nacional-Provisional, Què és el PSANP?, PSAN-P, 1976, pp. 21-22. atentado contra Bultó. En un encuentro celebrado en el mes de marzo, el PSAN-p acuerda impulsar definitivamente una organización armada. Teniendo en cuenta “la evolución de la transición política”, se considera entonces que la “propaganda armada” constituye “un ins- trumento imprescindible para abrir paso a la línea independentista”. En el aspecto orgánico, se acuerda que “lucha armada” y “lucha política” serían independientes, sin dobles mili- tancias ni dirección conjunta (como ocurre en el caso de ETA-militar). Y, políticamente, se asume la defensa del derecho a recurrir a cualquier forma de lucha hasta que se reconozca el “derecho a la autodeterminación para nuestro pueblo” y el Estado siga recurriendo “a la violencia represiva”.115 Acaba de nacer Arxiu, nombre que toma en un inicio la futura Terra Lliure. La nueva organización, que se beneficia de la formación militar de algunos antiguos integrantes de EPOCA,116 rápidamente entrará en acción. En el otoño de 1978 realiza un primer atraco y cuenta ya con una mínima infraestructura.117 En diciembre, tras recibir instrucción, armas y explosivos de ETA-m, asume en su nombre la realización de algunas acciones.118 Este es el origen de los primeros dos atentados de Arxiu, en enero y junio de 1979, ambos fallidos y con dos militantes muertos como resultado.119 Un balance que, según el testimonio de uno de los miembros de esta primera época, resulta de un modo de trabajar “desmañado”.120 El embrión de Terra Lliure entra en acción, pues, precisamente en el momento de definición del modelo constitucional y territorial, en clara confrontación con él. Una confrontación que, aunque de modo mucho más limitado, se suma a la ofensiva de ETA-m y ETA-pm, que tiene su punto álgido entre 1978 y 1980.121 Significativamente, desde 1978 el debate sobre el orden público ya no gira prioritariamente sobre los “incidentes relacionados con la vio- lencia estatal”, sino sobre “el peligro del terrorismo contestatario”.122 El fracaso de sus primeros pasos lleva a Arxiu a un breve período de reflexión interna y reorganización que llega hasta 1981. En mayo de este año, la organización secuestra du- rante unas horas y dispara en la pierna a Federico Jiménez Losantos (entonces profesor de instituto en Santa Coloma de Gramenet), en respuesta al llamado Manifiesto de los 2.300 contra la política lingüística proyectada por la Generalitat. Y en julio, en su primera apari- ción pública como Terra Lliure, atenta contra oficinas de FECSA en Barcelona y Calella en apoyo a la campaña ecologista impulsada por el Comitè Antinuclear de Catalunya.123 Ambas acciones intentan marcar perfil ideológico. En junio, un documento programático repartido en el transcurso del acto convocado por la Crida a la Solidaritat en el Camp Nou bajo el lema “Som una nació” había resumido las cuatro líneas de acción de la organiza- ción: “[d]efensa de la tierra” ante “la destrucción de nuestro territorio”; “[d]efensa de la lengua y la soberanía nacional”; “[d]efensa de nuestros intereses como trabajadores”; y, por último, “[c]ontra la militarización de la sociedad” y “las fuerzas de ocupación”.124 115 Carles Castellanos, Reviure els diez, p. 96. 116 Testimonio de Aleix Renyé. 117 Jaume Fernàndez Calvet, Terra Lliure, p. 38. Frederic Bentanachs, Memòries d’un rebel, pp. 39-43. 118 Frederic Bentanachs, Memòries d’un rebel, pp. 50-56. Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 51-52. Quim Pelegrí, Rotxec, pp. 120-122. 119 Jaume Fernàndez Calvet, Terra Lliure, pp. 27-30 y 35-37. Frederic Bentanachs, Memòries d’un rebel, pp. 56-60 y 64-70. Quim Pelegrí, Rotxec, pp. 123-128. 120 Quim Pelegrí, Rotxec, p. 116. 121 Ignacio Sánchez-Cuenca, “La violencia terrorista en la transición española a la democracia”, Historia del Presente, 14 (2009), pp. 9-24. 122 Sophie Baby, El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982), Akal, Ma- drid, 2018, p. 435. 123 Jaume Fernàndez Calvet, Terra Lliure, pp. 41-47 y 54-58. Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 69-70 y 78-79. 124 “Crida de Terra Lliure”, 24 de junio de 1981, reproducido en Ramon Usall (ed.), Parla Terra Lliure. Els documents de l’organització armada catalana, El Jonc, Lleida, 2000, pp. 35-36. 79 Habrá que esperar hasta enero de 1984 para que se apruebe, en el marco de la II As- semblea, una declaración de principios propiamente dicha. Se trata del primer y más ex- tenso documento teórico de Terra Lliure. En él, se postula que “[l]a única forma de conse- guir una transformación revolucionaria es la destrucción del poder vigente y, al mismo tiempo, la toma de poder por parte de los sectores populares en lucha”. No obstante, se ad- mite que “no nos será posible un enfrentamiento militar directo y, por lo tanto, una victoria militar clásica”, sino únicamente “un desgaste progresivo del sistema”. En cuanto a la es- tructuración interna, la declaración se reafirma en la concepción bajo la que había nacido Terra Lliure: la apuesta por el modelo “militar, por delante de la opción político-militar”. Esto es, “una organización militar totalmente desligada organizativamente del movimiento político”, y que ejerza el liderazgo sobre este.125 El esfuerzo de profundización teórica que denota la elaboración de esta declaración de principios es visible asimismo en la edición, a partir de este momento, de dos publica- ciones: Alerta, que funciona como portavoz de la organización para “dar a conocer nuestra opinión y la información sobre nuestra lucha de una forma más directa y fidedigna”,126 y Llevat, boletín interno dirigido a los militantes.127 En las páginas de Alerta encontramos rastros de otra de las inquietudes de Terra Lliure en esta época: la voluntad de tutelar de alguna forma el proceso de unificación en curso entre las distintas ramas del independen- tismo revolucionario, dividido en aquel momento entre el PSAN e Independentistes dels Països Catalans (IPC, sigla que recogía el legado del PSAN-p). En el número de junio de 1984, se enuncia claramente que “[l]a lucha armada sólo tiene sentido y eficacia en tanto haya un movimiento político independentista fuerte y organizado que avance paralelamente”. Al mismo tiempo, se constata que la existencia de la propia organización armada depende en última instancia del apoyo que suscite y, por lo tanto, de la existencia de un movimiento dispuesto a legitimarla: “De la existencia o no de este movimiento depende, totalmente, el sentido y la seria continuidad de la lucha armada”.128 Uno de los principales lastres de Terra Lliure será precisamente la debilidad de los sec- tores políticos que la apoyan, así como las divisiones entre ellos. A pesar de la consecución de la unidad orgánica entre PSAN e IPC bajo el paraguas del MDT durante un breve período de tiempo, entre noviembre de 1985 y febrero de 1987,129 la confrontación entre ambas co- rrientes será una constante. Simplificando, los primeros son mucho más deudores de la visión tercermundista y conciben a la organización política como punta de lanza de un más amplio “frente patriótico”, mientras que los segundos, reticentes a alianzas interclasistas, otorgan a la clase trabajadora un mayor protagonismo en el proceso de liberación nacional.130 La otra gran dificultad que tuvo que afrontar Terra Lliure desde su irrupción pública en 1980 fue el constante asedio policial, facilitado por las amplias prerrogativas otorgadas a la autoridad gubernativa por la legislación antiterrorista.131 Una persecución que, en ocasiones, alcanzó también a militantes de los espacios políticos que daban apoyo a la organización armada.132 125 Terra Lliure, “Declaració de principis”, enero de 1984, reproducido en Ramon Usall (ed.), Parla Terra Lliure, pp. 39-61. 126 Alerta, 1 (1984), p. 1. 127 Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 103-104. 128 Terra Lliure, “El moviment que necessitem”, Alerta, 3 (1984), reproducido en Ramon Usall (ed.), Par- la Terra Lliure, pp. 68-72. 129 David Bassa et ál., L’independentisme català, pp. 61-109. Xavier Deulonder, Història de l’MDT. Una organització independentista radical durant els anys 80 i 90, Llibres de l’Índex, Barcelona, 2005. 130 Las ponencias que polarizaron el debate en el seno del MDT están recogidas en Catalunya, terra lliure. Documents del Moviment de Defensa de la Terra (1984-1988), Lluita, Sant Boi de Llobregat, 1988, pp. 80-119 y 131-141. 131 Carmen Lamarca, Tratamiento jurídico del terrorismo, Ministerio de Justicia, Madrid, 1985, pp. 158- 444. Pau Casanellas, “De la excepción permanente a la excepción selectiva. Legislación ante la violencia políti- 80 ca y suspensión de derechos fundamentales en España, 1968-1982”, en Pedro Oliver Olmo y Jesús Carlos Urda Pero un tercer factor resulta todavía más determinante en el declive y, en definitiva, el final de Terra Lliure: el rotundo clamor social en contra de la utilización de la violencia que levanta en la sociedad catalana el atentado de Hipercor. A finales de 1985, ETA-m había decidido establecerse en Cataluña: nace entonces el comando Barcelona. Entre octubre de 1986 y abril de 1987, sus atentados se llevan la vida de tres personas (entre ellas, un policía y un guardia civil).133 El rechazo suscitado por estas acciones es palmario, incluso entre el independentismo revolucionario. Los presos de Terra Lliure en Carabanchel critican los “errores” de planteamiento de ETA-m y rechazan sin paliativos la utilización del coche bomba.134 Tras la masacre de Hipercor (21 víctimas mortales), se producen manifestaciones multitudinarias de condena.135 Terra Lliure realiza de inmediato una “valoración totalmente crítica hacia las acciones de estilo indiscriminado”.136 Años después, el dirigente de IPC Carles Castellanos, que por casualidad se encontraba comprando en el centro comercial con su hijo en el momento del atentado, valoraría: “La sociedad catalana se aleja de golpe de cualquier forma de lucha armada, fuera o no comparable con aquella salvajada”.137 Por si este clima no fuera suficiente, Terra Lliure pone también de su parte. La ma- drugada del 11 de septiembre del mismo 1987, la explosión de una bomba en los juzgados de Les Borges Blanques mata a una mujer de 62 años y origina nuevas críticas, muchas desde el mismo independentismo.138 La utilización de bombas-trampa en algunos atentados pos- teriores no hace otra cosa que incrementar, según la revista El Temps, “el rechazo más ab- soluto a la utilización de la violencia de forma tan indiscriminada, ciega e inútil”.139 En el verano de 1988, la organización armada abre un proceso de reflexión interna. Uno de los documentos redactados en este contexto habla de la necesidad de “acumulación de fuerzas” y de adoptar “una estrategia de resistencia”.140 Pero los acontecimientos van por otros derroteros: la división del MDT, que en las conmemoraciones independentistas de 1988 llega a propiciar escenas dantescas de enfrentamiento físico, termina por impregnar también a Terra Lliure. A principios de 1989, ésta se escinde entre la III Assemblea (en sinto- nía con las tesis de IPC) y la IV Assemblea (cercana al PSAN).141 A partir de entonces, la actividad de ambas ramas se reduce a mínimos. La IV Assem- blea, prácticamente sin ninguna capacidad operativa, termina disolviéndose en julio de 1991, y algunos de sus miembros integrándose en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).142 Los presos de la III Assemblea recibirán esta decisión con acusaciones de “traición” y “li- quidacionismo”.143 Los militantes que quedan en la calle llevan a cabo algunos atentados Lozano (coords.), La prisión y las instituciones punitivas en la investigación histórica, Universidad de Castilla – La Mancha, Cuenca, 2014, pp. 817-841. 132 Carles Castellanos, Reviure els diez, pp. 115-120 y 125-127. David Bassa et ál., L’independentisme ca- talà, pp. 61-62 y 71-73. 133 Daniel Gómez Amat, ETA i Catalunya, pp. 48-52. 134 J.M. Pasqual, “ETA, sola, a Catalunya”, El Temps, 18 de mayo de 1987, pp. 6-12. 135 David Bassa et ál., L’independentisme català, pp. 102-105. Daniel Gómez Amat, ETA i Catalunya, pp. 53-56. 136 “Terra Lliure a tot el Poble Català”, 22 de junio de 1987, reproducido en Ramon Usall (ed.), Parla Terra Lliure, pp. 119-120. 137 Carles Castellanos, Reviure els diez, p. 141. 138 Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 138-139. 139 “La llibertat i les bombes” [editorial], El Temps, 9 de mayo de 1988, p. 5. 140 III Assemblea de Terra Lliure, “Una estratègia de resistència per endegar el procés d’alliberament nacio- nal”, otoño de 1988, reproducido en Ramon Usall (ed.), Parla Terra Lliure, pp. 157-169. 141 David Bassa et ál., L’independentisme català, pp. 114-117. Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 143-150. 142 Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 168-171 y 173-182. 143 “El Col· lectiu de Presos de Terra Lliure davant l’anunci de la treva indefinida”, 6 de junio de 1991, re- producido en Ramon Usall (ed.), Parla Terra Lliure, pp. 235-236. 81 en los meses siguientes, pero su trascendencia social es exigua. A raíz de la oleada de de- tenciones de 1992 –que, de forma bastante torpe, alcanza a gente sin ninguna vinculación con la organización e incluso ajena al independentismo–,144 Terra Lliure –III Assemblea ya prácticamente solo existe sobre el papel. Pero no será hasta la Diada de 1995, ante la evi- dencia de su completa inoperatividad, cuando anuncie –parece que sin haberlo consensuado con todos sus miembros– la disolución, ante el “agotamiento de la propaganda armada” y el “agotamiento de recursos humanos”.145 Entre marzo y junio de 1996, los gobiernos de Fe- lipe González y José María Aznar concederán los indultos que algunos abogados de mili- tantes de la organización habían pedido en sus juicios. Se cerraba una etapa en la historia del independentismo catalán. A MODO DE BALANCE Coincidiendo en el tiempo con el ciclo global del largo 68 y la oleada de violencia polí- tica que se desarrolló bajo su impulso, entre los años sesenta y setenta del siglo XX surgieron del independentismo catalán tres organizaciones armadas de cierto peso; dos de ellas, el FAC y Terra Lliure, eran además una plasmación local de este ciclo. En su ideario y sus referentes eran palpables las trazas de teóricos y movimientos revolucionarios de la época, tanto marxis- tas como de liberación nacional. Las relaciones con otras organizaciones análogas –inde- pendentistas o no: desde ETA a la UPG, pasando por el PCE(m-l)– dan cuenta también de su inserción en un fenómeno más amplio, de carácter global, pero al que la naturaleza re- presiva del franquismo confirió en España rasgos particulares. Al mismo tiempo, estas or- ganizaciones eran expresión de otra realidad común en muchos países de la Europa occi- dental durante la segunda mitad del siglo XX, a saber: la emergencia de los nacionalismos subestatales. FAC y Terra Lliure se situaban, pues, en la intersección entre el ciclo de pro- testa de los años 1968 y el auge de los nacionalismos sin Estado. A la tercera organización en cuestión, EPOCA, cabe encuadrarla únicamente en este último fenómeno. Aunque entre sus militantes no fueran extrañas las simpatías por los postulados izquierdistas, su plantea- miento era el de un patriotismo tout court, a veces con tintes esencialistas. Históricamente, su existencia está más bien emparentada con algunas de las expresiones organizativas del nacionalismo catalán de los años veinte y treinta. Tampoco las demás organizaciones aquí consideradas estuvieron exentas de un cierto patrioterismo. En el caso de Terra Lliure, han sido algunos de sus propios exmilitantes quie- nes han señalado el “uso exagerado del lenguaje patriotero” por algunos sectores del inde- pendentismo revolucionario, con “mensajes muy simplistas” que en ocasiones incluso “ro- zaban el chovinismo”.146 En estrecha vinculación con ello, otro factor del que Terra Lliure –como varias de las organizaciones armadas de la época– no pudo escapar fue la “exalta- ción deformada de la lucha armada”, que llevó a la “mitificación” de la organización, en una suerte de “idolatría como práctica prepolítica”.147 En palabras de un exdirigente, “la tendencia a la veneración de las armas” existente entre sus miembros entrañaba el peligro de que estos se sintieran “un ‘superman’ con una pistola en las manos”.148 En la misma lí- nea, todavía otro exdirigente de Terra Lliure se ha referido al peligroso ensalzamiento del 144 David Bassa, L’Operació Garzón. Un balanç de Barcelona ’92, Llibres de l’Índex, Barcelona, 1997. 145 Terra Lliure – III Assemblea, “Manifest de Terra Lliure”, 11 de septiembre de 1995, reproducido en Ra- mon Usall (ed.), Parla Terra Lliure, pp. 257-259. 146 Carles Sastre et ál., Terra Lliure, pp. 130 y 144. 147 Ibidem, p. 130 y 13. 82 148 Testimonio de Josep Serra, citado en David Bassa, L’independentisme armat, p. 55. militante armado “como una especie de superhombre [...] al estilo de Rambo”.149 La otra cara de la moneda de este fenómeno fue el papel subsidiario que, por lo general, tuvieron las mujeres en estas organizaciones armadas.150 En el caso de EPOCA, por ejemplo, aunque su presencia era considerable, ninguna de ellas ocupó nunca puestos de responsabilidad.151 ¿Cuál fue la influencia de FAC, EPOCA y Terra Lliure? ¿Cuál su protagonismo en comparación con experiencias semejantes en el contexto español y europeo? A juzgar por el número de víctimas mortales, su importancia fue claramente secundaria. El País Vasco, Madrid y Cataluña concentraron la mayor parte de las muertes atribuibles a organizacio- nes armadas en aquella época. Sin embargo, por lo que a la realidad catalana se refiere, el independentismo fue responsable de una muy pequeña proporción de estas víctimas: una en el caso tanto del FAC como de Terra Lliure, cinco en el de EPOCA.152 Se podrá aducir, con razón, que estas cifras no deben ser tomadas como indicador de su trascendencia, puesto que ninguna de ellas tuvo nunca entre sus objetivos los atentados mortales. No obs- tante, tampoco su ascendencia social fue destacable. El FAC fue un actor menor en el eco- sistema de la izquierda revolucionaria y del antifranquismo catalanes. EPOCA ni tan si- quiera era conocida antes de los atentados contra Bultó y Viola, y la represión que se abatió contra ella entonces supuso su rápida desaparición. La única de las tres que tuvo un cierto protagonismo fue Terra Lliure. Su surgimiento coincidió con un momento de creci- miento del independentismo revolucionario catalán, lo que le proporcionó el cojín social del que FAC y EPOCA habían adolecido. Ello le permitió sobrevivir aproximadamente una década, pero el movimiento en el que se sustentaba nunca ultrapasó un papel muy li- mitado en la política catalana, siempre a la sombra de su referente abertzale, respecto al que se practicaron –una vez más, son palabras de exmilitantes– “varias formas de mime- tismo primario”.153 Tanto ETA como el IRA, las más importantes organizaciones armadas independentistas de Europa occidental aparecidas –o reaparecidas, en el caso irlandés– en el ciclo del largo 68, se apoyaron siempre en un movimiento político que, aunque socialmente minoritario, tenía un cierto alcance. Es este apoyo social, cimentado en buena medida en el nacionalismo, lo que explica la pervivencia de ambas más allá del final de la mayoría de experiencias arma- das asociadas al sesentayochismo (que, por norma general, perecieron durante la década de los ochenta, si no antes). Si sobrevivieron a este ciclo fue precisamente porque, junto con los referentes revolucionarios, claramente en regresión en el continente europeo desde fi- nales de los setenta, se inscribían también en el fenómeno de los nacionalismos sin Estado, cuya relevancia se mantuvo –aunque con altibajos– a lo largo del tiempo. Diferente fue el caso catalán. La legitimación social de Terra Lliure fue siempre mucho más limitada. Y, tras el atentado de Hipercor, el general rechazo que el uso de la violencia suscitaba en la sociedad catalana se multiplicó. Cualquier intento de mantener viva la llama de la organi- zación estaba desde entonces condenado al fracaso. A principios de los noventa, en el con- 149 Jaume Fernàndez Calvet, Terra Lliure, p. 11. 150 Carrie Hamilton, Women and ETA. The gender politics of radical Basque nationalism, Manchester Uni- versity Press, Manchester, 2007. Irene Cardona Curcó, Aproximación al papel de las mujeres dentro de los grupos autónomos de la transacción. Testimonios para la reflexión y la memoria, Descontrol, Barcelona, 2016. Mónica Moreno Seco, “Mujeres en el FRAP. Género, militancia y violencia en España durante los años setenta”, Histo- ria del Presente, 33 (2019), pp. 11-40. 151 Testimonio de Aleix Renyé. 152 Así lo constatan, tomando como referencia los años de consolidación democrática, Ignacio Sánchez- Cuenca y Paloma Aguilar, “Violencia política y movilización social en la transición española”, en Sophie Baby, Olivier Compagnon y Eduardo González Calleja (dirs.), Violencia y transiciones políticas a finales del siglo xx. Europa del Sur – América Latina, Casa de Velázquez, Madrid, 2009, pp. 95-111, esp. p. 100. 153 Carles Sastre et ál., Terra Lliure, p. 215. 83 texto de las independencias de los países bálticos, el nacionalismo catalán experimentó un nuevo empuje. Pero, para entonces, la violencia no era ya una opción para la casi totalidad del movimiento. SIGLAS BR: Brigate Rosse. DRIL: Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. EIA: Euskal Iraultzarako Alderdia. EPOCA: Exèrcit Popular Català. ERC: Esquerra Republicana de Catalunya. ETA: Euskadi ta Askatasuna. ETA-m: Euskadi ta Askatasuna – militar. ETA-pm: Euskadi ta Askatasuna – político-militar. FAC: Front d’Alliberament de Catalunya. FNC: Front Nacional de Catalunya. FRAP: Frente Revolucionario Antifascista y Patriota. IPC: Independentistes dels Països Catalans. IRA: Irish Republican Army. OrMiCa: Organització Militar Catalana. PCE(m-l): Partido Comunista de España (marxista-leninista). PSAN: Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Països Catalans. PSAN-p: Partit Socialista d’Alliberament Nacional dels Països Catalans – provisional. RAF: Rote Armee Fraktion. UPG: Unión do Povo Galego. 84 Entre el marxismo y el patriotismo: el independentismo catalán en el ciclo global de violencia política del largo 68 Between Marxism and patriotism: Catalan independentism in the long 68 global cycle of political violence PAU CASANELLAS Universitat Autònoma de Barcelona Resumen Entre los años sesenta y setenta del siglo XX, un ciclo de movilización social recorrió gran parte del mun- do. Una de las vertientes de este largo 68 fue la violencia política, que, en España, estuvo fuertemente condicionada por el franquismo. En ocasiones, este fenómeno se interrelacionó con la emergencia de na- cionalismos subestatales, frecuentes en varios países de la Europa occidental durante la segunda mitad del siglo XX. En este artículo se analizan, partiendo de su propia documentación, las principales organizacio- nes armadas que surgieron del independentismo catalán en este contexto, situadas entre la impronta mar- xista y el simple patriotismo. Palabras clave: violencia política, independentismo catalán, nacionalismo, franquismo, 1968. Abstract A cycle of social protest took place in most part of the world during the 1960s and 1970s. One of the sides of this long ’68 was political violence, which, in Spain, was strongly conditioned by the Franco regime. Sometimes, this phenomenon was interrelated with the emergence of sub-state nationalism that occurred in several Western European countries along the second half of the twentieth century. Taking their own docu- mentation as a basis, this article analyses the main armed organisations that emerged in this context from Catalan independentism. They ranged between the influence of Marxism and plain patriotism. Keywords: political violence, Catalan independentism, nationalism, Franco regime, 1968. Pau Casanellas Historiador. Actualmente trabaja como investigador Beatriz Galindo en la Universitat Autònoma de Bar- celona, centro en el que se doctoró (2011). Especialista en la dictadura de Franco y la transición a la de- mocracia parlamentaria. Ha abordado temáticas como las políticas de orden público, la gobernación terri- torial, las movilizaciones sociales y la lucha armada. Ha publicado Morir matando. El franquismo ante la práctica armada, 1968-1977 (Catarata, 2014) y, en coautoría, Gobernadores. Barcelona en la España franquista (1939-1977) (Comares, 2015), además de varias contribuciones en revistas y obras colectivas. Cómo citar este artículo: Pau Casanellas, “Entre el marxismo y el patriotismo: el independentismo catalán en el ciclo global de violencia política del largo 68”, Historia Social, núm. 105, 2023, pp. 65-85. Pau Casanellas, “Entre el marxismo y el patriotismo: el independentismo catalán en el ciclo global de violencia política del largo 68”, Historia Social, 105 (2023), pp. 65-85. Copyright. Todos los derechos reservados. El artículo completo se puede adquirir a través de la plataforma JStor 85