MISCELANEA Cuadernos de Historia Contemporánea ISSN: 0214-400X https://dx.doi.org/10.5209/chco.85008 Los campos de concentración y exterminio en el Estado Independiente de Croacia: guerra y genocidio, 1941-19451 Arnau Fernández Pasalodos2, Javier Rodrigo Sánchez3 Recibido: 5 de diciembre de 2022 / Aceptado: 16 de marzo de 2023 Resumen. Las investigaciones realizadas en la historiografía española sobre los campos de concentración y exterminio establecidos por los diferentes regímenes fascistas entre los años treinta y cuarenta han centrado su atención en los casos de Alemania y España. No obstante, en esa misma cronología y en el marco de la Segunda Guerra Mundial hubo otros espacios europeos en los que los nuevos poderes crearon toda una red concentracionaria propia, tal y como ocurrió en el Estado Independiente de Croacia. Entre 1941 y 1945 el régimen fascista liderado por Ante Pavelić y la Ustaša estableció más de una decena de campos de concentración y de exterminio para encerrar a hombres, mujeres y niños por motivos étnicos, religiosos y políticos, de manera que la red concentracionaria se convirtió en el epicentro del genocidio perpetrado contra los serbios, judíos y gitanos. Sin ir más lejos, estos campos también fueron utilizados en el marco de la guerra civil y de la guerra antipartisana desplegada contra las partidas lideradas por Tito, al mismo tiempo que se utilizaron para encerrar a cualquier disidente político, ya fuera real, potencial o imaginario. Palabras clave: Estado Independiente de Croacia; campos de concentración; fascismo; Segunda Guerra Mundial; Ustaša. [en] Concentration and extermination camps in the Independent State of Croatia: war and genocide, 1941-1945 Abstract. The Spanish historiography of the concentration and extermination camps of the 1930s and 1940s has focused its attention on the Franco and Hitler regimes. However, during World War II there were other places where other states created their own concentration camps, including the Independent State of Croatia. Between 1941 and 1945 the fascist regime led by Ante Pavelić and the Ustaša established more than a dozen concentration and extermination camps to confine men, women and children for ethnic, religious and political reasons. For this reason, the concentration and extermination camps became the epicenter of the genocide perpetrated against Serbs, Jews and Gypsies. In addition, these prison spaces were also used in the framework of the antipartisan war against the parties led by Tito, at the same time that they were used to lock up any political dissident. Keywords: Independent State of Croatia; concentration camps; fascism; Second World War; Ustaša. 1 La realización de este artículo se enmarca en el proyecto de I+D+i del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades “Posguerras civiles: violencia y (re)construcción nacional en España y Europa, 1939-1949” (PGC2018-097724-BI00). 2 Universitat Autònoma de Barcelona, España. ORCID: 0000-0002-2927-3008 E-mail: arnaupasalodos@gmail.com 3 Universitat Autònoma de Barcelona, España. ORCID: 0000-0002-7322-3462 E-mail: Javier.Rodrigo@uab.cat Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 277 278 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 Sumario: Introducción. 1. In medias res. El inicio de la reclusión y del exterminio. 2. Danica: de fabrica química a espacio de ejecución; Kerestinec: el infierno para los opositores políticos de Zagreb. 3. Gospić y los campos de la muerte; Kruščica: un campo efímero pensado para restructurar el genocidio. 4. El campo de Loborgrad, la última parada antes de Auschwitz; Jasenovac y el infierno de Stara Gradiška; Đakovo y Tenja. 5. Conclusiones. 6. Referencias bibliográficas. Cómo citar: Fernández Pasalodos, A. (2023). Los campos de concentración y exterminio en el Estado Independiente de Croacia: guerra y genocidio, 1941-1945. Cuadernos de Historia Contempo­ránea, 45(1), 277-299. Introducción – Si vas al infierno, vale más que vayas despacio – decía, con amargura, a un joven comerciante –. Eres un imbécil si crees que el alemán ha gastado dinero y ha intro- ducido máquinas solamente para que puedas viajar y resolver tus asuntos más deprisa. Tú ves únicamente que te desplazas, pero no te preguntas lo que la máqui- na arrastra consigo, aparte de ti y de tus semejantes. Viaja, viaja por donde quieras, pero me temo que ese viaje puede proporcionarte uno de estos días alguna amarga decepción. Llegará el momento en que los alemanes te transportarán allá donde tú no querías ir y donde nunca habrías podido imaginar que podrías ir. Ivo Andrić, Un puente sobre el Drina4 El fragmento extraído de la novela de Ivo Andrić hace referencia a la reflexión de un personaje llamado Alí-Hodja, un testarudo anciano musulmán que vivía al margen de la ocupación austrohúngara. El hombre estaba convencido de que el camino de la tradición era el único viable y seguro para el ser humano, mostrándose muy escépti- co y crítico ante los avances tecnológicos que traían los ocupantes a principios del siglo XX. Ivo Andrić publicó Un puente sobre el Drina en 1945 y escribió la obra en Belgrado mientras Europa y el mundo sufrían la devastación de la Segunda Guerra Mundial. De esta forma, el Premio Nobel de Literatura ligó la construcción de aque- llas vías férreas con lo sucedido unas décadas más tarde, cuando estas fueron utiliza- das por los alemanes y los fascistas croatas para transportar a miles de personas “allá donde tú no querías ir y donde nunca habrías podido imaginar que podrías ir”. Sin ir más lejos, a principios de siglo, ni el emperador, ni sus consejeros, ni los empresarios y los trabajadores que participaron en la construcción del ferrocarril podrían haber imaginado que aquellas vías, máxima representación de la modernidad y del progre- so del momento, acabarían transportando en vagones de carga a seres humanos hacia campos de concentración y de exterminio situados en lugares tan diversos como la propia Alemania, Polonia, Bosnia, Croacia, Serbia, Hungría o Italia. Entre el 6 y el 18 de abril de 1941 las tropas alemanas ocuparon el Reino de Yu- goslavia, mientras que el día 10 establecieron de forma oficial el Estado Indepen- diente de Croacia. Hitler y Mussolini eligieron al movimiento Ustaša5 como socio y 4 Andrić, Ivo (2018): Un puente sobre el Drina, Barcelona, Penguin Random House, p. 331 5 Se emplearán las palabras en lengua original para hacer mención al movimiento político como Ustaša. Además, utilizaré el concepto ustaša y ustaše para hacer referencia al miembro de la organización, tanto en singular como en plural, mientras que el término ustaška nos servirá de adjetivo. Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 279 aliado para que gobernase el NDH,6 y esta elección no fue casual, ya que desde su fundación los ustaše tuvieron como objetivo liderar una subversión armada que pro- vocase la disolución total del reino, siendo este uno de los fines seguidos por el Eje con la ocupación (Alegre, 2015: 195). La Ustaša sustentaba su proyecto político sobre tres pilares fundamentales: el antiserbianismo, el anticomunismo y el culto al Estado (Biondich, 2005: 77). De esta forma, el exterminio de miles de individuos que se analizará en estas páginas se ejecutó contra la población serbia ortodoxa, a la que los ustaše señaló como una comunidad etno-religiosa distinta de la mayoría ét- nica de los croatas. Unas violencias eliminacionistas que también se centraron en los judíos, quienes fueron perfilados como una raza que carecía de “moral y una patria” (Yeomans, 2013b: 5-13; Miljan, 2018: 26-47; y Friedman, 2021). Mientras tanto, las comunidades gitanas también fueron perseguidas y eliminadas por los seguidores de Ante Pavelić, sobre todo tras ser acusadas de formar una quinta columna junto a los judíos con el objetivo de romper la pureza racial del pueblo croata (Korb, 2010a: 8-9; y Korb, 2013: 91). La ocupación de las tropas del Eje provocó el estallido de una guerra civil, y los ustaše aprovecharon el contexto para poner en práctica aquello que llevaban años planificando: la expulsión de serbios, judíos y romaníes de la comunidad nacional croata (Korb, 2013: 87-89; Rodrigo y Alegre, 2019: 259-276). No obstante, el geno- cidio perpetrado en el Estado Independiente de Croacia es un objeto de estudio esca- samente atendido por parte de la historiografía española, siquiera como espejo comparativo tanto del marco de guerra intestina como del de la práctica eliminacio- nista. Las investigaciones sobre los Balcanes han centrado su atención en las guerras civiles de los años noventa7, dejando con mucho menos contenido los análisis sobre las guerras de los cuarenta y, concretamente, sobre los estados fascistas nacidos al calor de las ocupaciones del Eje. En este sentido, uno de los objetivos principales de este artículo será dotar de mayor contenido a los estudios generados en España sobre el NDH, en aras de comprender mejor su comparatividad y su potencial inclusión en el marco de historicidad de los fascismos europeos y las guerras civiles. Para ello se ha realizado un exhaustivo trabajo de localización y consulta de fuentes en diversas lenguas, incluido el serbocroata, cuya traducción al castellano resulta una novedad. En este artículo realizaremos un recorrido a través de los principales centros de re- clusión y extermino que formaron la amplísima red concentracionaria ustaška, sir- viéndonos para ello de las disposiciones del Gobierno croata y de sus aliados, pero también de la propia experiencia de quienes sufrieron las políticas de la violencia. El carácter fulgurante de la red concentracionaria alemana dedicada a la Solución Final entre 1942 (1941 si contamos Chelmno) ha situado en un terreno borroso y desdibu- jado otras experiencias concentracionarias eliminacionistas desarrolladas en mo- mentos y contextos si no similares, sí paralelos. Con este artículo, pretendemos situar el espacio concentracionario del fascismo croata en su contexto político -en tanto que herramienta para la utopía social y nacional ustaška- y estratégico, contribuyen- do de esa manera a enriquecer los debates sobre las intersecciones entre fascismo, 6 Se utilizará de forma abreviada las siglas en serbocroata NDH, Nezavisna Država Hrvatska, para hacer referen- cia al Estado Independiente de Croacia. 7 En este sentido, destacan los trabajos de David Alegre (2015) y Arnau Fernández (2020). En relación con las guerras de los años noventa resultan fundamentales las investigaciones de Carlos Taibo y José Ángel Ruiz Jimé- nez, entre otros. 280 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 eliminacionismo y guerra que tan interesantes frutos vienen dando en tiempos re- cientes, tanto entre los estudiosos del fascismo como los de los llamados war studies (por ejemplo, en Alonso, Kramer y Rodrigo, 2019). 1. In medias res. El inicio de la reclusión y del exterminio El NDH instituyó un estado de excepción permanente hasta su disolución y la depor- tación de miles de hombres, mujeres y niños a los campos de concentración es uno de sus mayores exponentes. Pero eso no era una novedad en 1941: de hecho, el fas- cismo croata llegó al poder in medias res, en medio del despliegue de los regímenes fascistas europeos, con muchas experiencias en sus diferentes formas de toma y mantenimiento del poder, de ejecución de políticas de control securitario y limpieza etnonacional, de construcción de utopías sociales benestaristas y de mantenimiento del dominio político y territorial en tiempos de paz y de guerra. Fue, de hecho, uno de los últimos fascismos -o cuanto menos, perteneciente a la familia de la contrarre- volución- en alcanzar en poder en Europa. En buena medida, puede considerarse que ese carácter de verdadero latecomer influyó en sus praxis concretas y sus políticas eliminacionistas sobre el terreno. Sorprende, de hecho, la rapidez con que estas últi- mas empezaron a implementarse. En cuanto llegaron al poder, los ustaše planificaron y llevaron a cabo un sistema de control y eliminación de las minorías étnicas señaladas con anterioridad, pero también de los disidentes políticos, partisanos y delincuentes comunes, entre otros grupos. Asimismo, los campos se crearon con la intención de acallar las críticas de los alemanes, a quienes no les preocupaba la supervivencia de estas personas, sino que la violencia desatada en el marco de la guerra civil pudiera afectar a la propia ocupación y a sus intereses estratégicos. Por otra parte, diversos sectores católicos también mostraron su malestar ante las matanzas que se cometían a plena luz del día (Goldstein, 2013: 134). Por estos motivos, buena parte de las ejecuciones se trasla- daron a los campos de reasentamiento, unos espacios a los que fueron enviados los serbios ortodoxos con el objetivo de ser clasificados y deportados a Serbia. Caprag, Bjelovar y Požega fueron algunos de estos recintos primigenios, de los que pocos individuos lograron salir con vida, ya que el “reasentamiento” se convirtió en una excusa para poder concentrarlos y ejecutarlos. Tanto es así que entre 1941 y 1945 una de cada tres víctimas de los ustaše murió dentro de la red concentracionaria (Korb, 2013b: 371). En el NDH la población civil pudo ser víctima de las políticas de la violencia de los ocupantes y de los colaboracionistas por motivos étnicos, ideológicos, religiosos y raciales (Antić, 2017: 20). Unas políticas estatales diseñadas para criminalizar, perseguir y ejecutar a serbios, judíos, romaníes y comunistas, y que ponían al alcan- ce de los victimarios todos los instrumentos y medios disponibles según las circuns- tancias y los recursos de cada región. Por ello, la intencionalidad, la preparación y el desarrollo de estas prácticas violentas con fines eliminacionistas muestran la conjun- ción de elementos que normalmente contribuyen, por supuesto sin pretender estable- cer teleologías interpretativas, a la perpetración de un genocidio dentro del NDH (Ther, 2014). El plan de exterminio requirió una movilización de las instituciones y de los recursos estatales, además de la aprobación y del apoyo de los ocupantes, pues solamente los serbios constituían aproximadamente un tercio de la población del Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 281 nuevo Estado croata. De esta forma, entre 1941 y 1945 los métodos y las dinámicas, así como los procesos de aniquilación, variaron según el momento y el lugar. La elite social serbia fue la primera en ser exterminada físicamente, mientras que la Iglesia Ortodoxa Serbia fue proscrita y sus obispos, sacerdotes y monjes torturados, asesinados y obligados a exiliarse. Un plan genocida, con derivadas cultural-identi- tarias notables, que también encajaba dentro de la “reorganización étnica” de Europa liderada por la Alemania nacionalsocialista, que buscaba la homogenización nacio- nal del Tercer Reich, así como la germanización de los territorios anexados y ocupa- dos (Koljanin, 2015: 318-320; Alegre, 2022: 115-134). Los primeros campos aparecieron antes de que el propio Estado gobernado por Ante Pavelić fuera capaz de legislar para ello. De hecho, en 1946, Ante Brkan y Ljubo Miloš, personal de alto rango dentro del campo de Jasenovac, declararon ante un tribunal que ya en los años treinta hubo ustaše que señalaron que la creación de campos de concentración podría facilitar el exterminio y la expulsión de serbios, judíos y gitanos (Yeomans, 2013a: 212). La preparación de la tecnología eliminacio- nista necesita siempre, de hecho, de un aprendizaje anterior o paralelo de los rudi- mentos técnicos necesarios. Con todo, no es casualidad que, en última instancia, fuese el espacio concentracionario el más propicio para el despliegue de dichas pra- xis. El despliegue de la guerra total contemporánea ha discurrido en paralelo con esa gran tecnología para el control de colectivos -prisioneros de guerra, minorías etno- nacionales, civiles- como es el campo de concentración: piénsese en los universos concentracionarios de la Gran Guerra, de la Rusia revolucionaria o de la España en guerra civil8 (Kaminsky, 1982; Sofsky, 1993; Rodrigo, 2005). El primer recinto concentracionario fue el de Danica, inaugurado el 15 de abril de 1941, es decir, cinco días después de que fuera proclamado el NDH. Igual que el campo de Dachau fue inaugurado a finales de marzo de 1933 en Múnich (Marcuse, 2001), el nuevo estado croata desplegó sus campos en cuanto llegó al poder, con al menos dos diferencias importantes entre ambos casos: el contexto de guerra de los segundos, que explica con rotundidad la apuesta por una tecnología eminentemente bélica como la concentracionaria, por un lado; por el otro, lo que podríamos llamar una suerte de transferencia tecnológica propia de los regímenes de ocupación del Eje en la Segunda Guerra Mundial (Stone, 2017; Kramer y Greiner, 2013). Las primeras leyes sobre el envío de personas a los campos no aparecieron, además, hasta el mes de noviembre, de forma que podemos imaginar el grado de discrecionalidad con el que actuaron los ustaše, lo que además viene a reafirmar la idea de que el campo de concentración es en sí mismo, y como recordara con gran precisión conceptual Niko- 8 El estado de excepción permanente instituido en el Estado Independiente de Croacia guarda notables paralelis- mos con lo que ocurrió en España a partir del verano de 1936. El bando rebelde y la dictadura franquista se dotaron de un cuerpo legislativo en el que las representaciones del enemigo cobraron una gran centralidad. Las leyes de la dictadura convirtieron la adscripción al estereotipo del “otro” en un delito, estableciéndose la imagen del enemigo dentro de algunos tipos penales. Por ello, la persecución política estatal desencadenada a partir de 1939 «fue mucho más allá de una justicia de vencedores», y el Nuevo Estado se dotó de un Derecho penal permanente que permitió actuar con total discrecionalidad para asesinar y controlar a los individuos señalados como “peligrosos”. Este derecho penal del enemigo contemplaba los castigos preventivos, y también se carac- terizó por la aplicación de penas desproporcionadas, por unas garantías procesales nulas, por la demonización del “otro” y porque una acción delictiva no era la base de la tipificación penal, sino que lo fue la “caracterización del autor como perteneciente a la categoría de los enemigos” (Tébar, 2017: 13-15; Gómez Bravo y Marco, 2011; Rodrigo, 2008). 282 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 laus Wachsmann, un espacio de excepción, es decir, de anomia, de suspensión espa- cial y temporal de cualquier régimen de normatividad vinculante en términos de protección para con las personas internadas y/o deportadas a través de los campos. Recuérdese, además, una de las características propias de los campos nacionalsocia- listas, sobre todo cuando hablamos de la red creada en 1933, los llamados “campos salvajes” de las SA: su carácter performativo y normalizador de las praxis de violen- cia para la sociedad en su conjunto, su naturaleza de espacio de terror relacional (Wachsmann, 2015) Una vez aprobada y desplegada, esa legislación estableció que se deportaría a la red concentracionaria a aquellos individuos “perniciosos para el orden público y la seguridad”, sin mayores concreciones, por lo que en realidad cualquiera podía caer en la espiral represiva. Una de las características de las políticas apoyadas en la existencia de universos concentracionarios es la imprevisibilidad de su ejecutoria, lo que la convierte en una amenaza permanente bajo cualquier circunstancia y erige a sus ejecutores, tanto desde las agencias estatales como sobre el terreno, en sujetos de un poder tanto directo como simbólico mucho mayor incluso del específicamente derivado de la aplicación de las políticas persecutorias mismas (Kogon, 1965). Aho- ra bien, la promulgación de códigos encaminados a dotar de un marco jurídico al genocidio no fue en absoluto necesario para que este pudiera llevarse a cabo, pues miles de personas fueron deportadas a los campos a pesar de haber sido absueltas por los propios tribunales croatas. Por ejemplo, el 2 de febrero de 1942 una corte móvil en Banja Luka celebró una audiencia en la que un grupo de serbios fue absuelto de todos los cargos. El juez no pudo demostrar la participación de estos en hechos subversivos de ningún tipo, pero desde el Ministerio de Justicia llegó una orden para que fueran internados en un campo de concentración. De esta forma, la corte móvil en Banja Luka ordenó su deportación a Jasenovac por considerarlos “sospechosos” (Miletić, 1986a: 155-156). El escenario conocido para el caso español pareció replicarse en el NDH. Sin ir más lejos, si en el régimen franquista los republicanos que debían ser reprimidos fueron señalados como “peligrosos” o como “adictos dudosos” o “desafectos”, en el NDH se emplearon términos parecidos, como el de “sospechosos”. Estos vocablos y las legislaciones, o la propia ausencia de estas en determinados momentos, permitie- ron a los Estados defensores del Nuevo Orden actuar con total discrecionalidad sobre aquellos hombres y mujeres que no podían formar parte de las comunidades nacio- nales en construcción. En este sentido, no importaba si los individuos habían llevado a cabo actos delictivos, tales como robos, asesinatos o sabotajes, sino que el simple hecho de ser señalados como serbios, judíos, gitanos y/o comunistas, ya que podía converger más de una categoría al mismo tiempo, los convertía en culpables de ir en contra de los intereses del nuevo Estado croata. En esta espiral represiva hubo familias que fueron deportadas al completo a los primeros campos de la red ustaška. Por ejemplo, en julio de 1941 el jefe del distrito de Kotarski ordenó el internamiento de 34 personas en el campo de concentración de Sisak. De esta forma, la familia Veselinović fue deportada. Dušan y Vera tenían 31 y 27 años, mientras que sus hijos, Svetislav, Vojislav, Nada y Petar contaban con eda- des comprendidas entre los 9 y los 3 años (Miletić, 1986c: 31). Miles de hombres y mujeres vieron desaparecer a sus seres queridos de la noche a la mañana, y las auto- ridades locales comenzaron a recibir peticiones de información. En noviembre de 1941 Hađira Osmović se enteró de que su hijo Sulejman había sido encerrado en Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 283 Jasenovac y escribió una carta solicitando su libertad. Sulejman Osmović era zapa- tero y padre de tres hijos, de modo que estos se habían quedado sin sustento econó- mico. Hađira Osmović no entendía los motivos de la detención, pero aseguraba que “como madre que lo conoce mejor” él nunca había estado implicado en cuestiones políticas. La misiva terminaba con un Za dom spremni!, el saludo oficial de la Ustaša, traducible como “Por la patria, ¡listos!”, y con el deseo de que pudieran cumplir su petición, pues de lo contrario “estaremos condenados a pasar hambre”. Mientras tanto, hubo solicitudes que fueron acompañadas del pago de sobornos. Por ejemplo, Ljuba Zgonjan pedía la liberación de su esposo y afirmaba que depositaría “45 kunas en favor de la solución” (Miletić, 1986c: 67-68 y 250). La red concentracionaria ustaška fue administrada y controlada por croatas a di- ferencia de lo ocurrido en los campos alemanes en Polonia, Bohemia y Moravia o Serbia (MacDonald, 2003: 134). Si bien es cierto que en el NDH se establecieron campos bajo administración alemana o italiana, como los de Jankomir, Sisak, Kupa- ri o Brač, también lo es que la Ustaša pudo crear y controlar su propia red concen- tracionaria formada por más de una decena de recintos. La mayor parte de la actual Croacia y Bosnia-Herzegovina recayó bajo control del Estado Independiente de Croacia, mientras que Italia terminaría controlando la práctica totalidad de la costa Dálmata y las islas del Adriático, así como la instalación de un gobierno sobre Mon- tenegro, el control de Kosovo y partes de Eslovenia. En el caso del territorio bosnio tanto Sarajevo como la mayor parte de ciudades quedaron bajo zona de control ale- mán, mientras que Mostar restó bajo ocupación italiana (Antić, 2017: 20-22). Los ocupantes alemanes ofrecieron una gran autonomía a los ustaše para que gestionaran sus propios espacios de internamiento, de forma que estos crearon la UNS, la Ustaška nadzorna služba, traducible por el Servicio de Control ustaška, que se convirtió en la policía de ámbito estatal encargada de gestionar todos los campos croatas. La agencia permaneció operativa hasta enero de 1943, cuando fue disuelta y sus funciones pasaron a manos de la Dirección General de Orden Público y Seguri- dad (Miletić, 1986a: 20). Así, el comandante de la red concentracionaria ustaška, Maks Luburić, reclutó a los guardianes y gestores de los campos entre los hombres que formaron los grupos de ustaše salvajes, es decir, milicianos que tras la ocupación alemana se enrolaron en grupos violentos e irregulares que en un principio no formaban parte formal de la Ustaša. Luburić convenció a muchos croatas bajo la promesa de que iban a poder ganar dinero y matar a serbios sin ningún tipo de restricciones (Kralj, 2019; y Dulić, 2005). Estos hombres, que en general provenían de familias pobres, encontraron en el marco de la guerra y del genocidio una vía para ganarse la vida, y fueron los ejecutores de una violencia extrema con fines eliminacionistas. A di- ferencia de lo ocurrido en otros espacios concentracionarios, como el desarrollado por los alemanes en el Frente Oriental, los guardias ustaše contaron con unos re- cursos muy limitados y realizaron la mayor parte de los asesinatos de uno en uno y cara a cara con las víctimas. En este sentido, mataron a los prisioneros con cu- chillos, mazos y martillos, por lo que el victimario tuvo que matar con sus propias manos. Es más, llegaron a diseñar y fabricar un cuchillo llamado srbosjek, tradu- cible por “corta serbios”, que contaba con una hoja curvada diseñada para degollar con mayor facilidad (Levy, 2009: 824). La intencionalidad homicida y la limpieza etnonacional formaron parte, también en la pequeña escala, de los mecanismos del poder croata. 284 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 Todo eso es lo que se desplegó en la red concentracionaria ustaška, que es la que va a recorrerse en los siguientes epígrafes, centrando la atención en los objetivos planteados por los ustaše, en los grupos que fueron víctimas de sus políticas de la violencia, en cómo las circunstancias inestables de la guerra civil y de la ocupación provocaron cambios en la estructura concentracionaria, así como en los métodos de ejecución empleados y en las propias experiencias de quienes sufrieron o presencia- ron aquel terror. La geografía del genocidio incluye Danica, Kerestinec, Gospić, Kruščica, Loborgrad, Stara Gradiška, Đakovo y Tenja.9 2. D  anica: de fábrica química a espacio de ejecución; Kerestinec: el infierno para los opositores políticos de Zagreb Danica, en tanto que primer recinto concentracionario del Estado croata, se convirtió en la representación tangible del antiserbianismo dominante en determinados secto- res ultranacionalistas. Una identidad nacional croata que en buena medida se cons- truyó a través de la exclusión de otros grupos que no eran étnicamente croatas, como los serbios ortodoxos (Steinberg, 2002: 188-189; y Yeomans, 2013b). Es más, a principios del siglo XX hubo antropólogos y etnólogos croatas que señalaron a los serbios de Bosnia como un elemento extranjero en el territorio. Por ejemplo, un tra- tado de 1904 firmado por Ćiro Truhelka argumentaba que los serbios de Bosnia eran iguales que los judíos, con piel y ojos oscuros, mientras que los croatas y los musul- manes eran rubios y de ojos azules (Yeomans, 2013a: 209). La Ustaša bebió de estas narrativas y en sus principios doctrinales definió a los serbios como personas “no arias” y oriundas de diversos orígenes étnico-raciales. En definitiva, la llegada al poder de los ultranacionalistas croatas hizo que los serbios quedasen clasificados como una minoría religiosa y distintos a los croatas en un sentido étnico-racial, a pesar de que la legislación del NDH nunca llegó a establecer una diferenciación racial para la comunidad serbia (Bartulin, 2014: 203-204). En este contexto de construcción de una nueva comunidad nacional la persecución de las comunidades serbias y su deportación a espacios como Danica tuvieron un claro objetivo: impedir que ningún serbio permaneciese al oeste de la línea que hasta el siglo XV había dividido a serbios y croatas, es decir, que ninguno residiera más allá del oeste del río Drina y al norte del río Sava (Tomasevich, 2001: 387). Tal y como señalaba anteriormente, el primer campo de concentración del NDH se ubicó en una antigua planta química de Danica, a tres kilómetros de Koprivnica, en el norte de Croacia. Este recinto fue inaugurado el 15 de abril de 1941, es decir, que fue constituido el mismo día en que los alemanes oficializaron su apoyo a la Ustaša para que gobernase el nuevo Estado croata. Los ustaše Martin Nemec y Nikola Herman fueron los encargados de gestionar este espacio concentracionario por el que terminaron pasando un total de 5.600 personas (Dizdar, 2002: 47-48). El 18 de abril Martin Nemec viajó hasta Zagreb para buscar financiación y hom- bres con los que poner en marcha el recinto, y volvió a Danica con 67 ustaše. En las siguientes semanas fueron llegando más hombres y en tan solo un mes logró reclutar 9 El recinto de Jasenovac, el principal campo de concentración y exterminio del NDH, ya ha sido analizado en detalle en otras investigaciones citadas a lo largo de este trabajo. Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 285 a 112 guardias. Mientras tanto, el primer grupo de deportados llegó el 28 de abril.10 Nada menos que 300 personas, principalmente serbios y judíos, fueron transportadas en vagones de carga en los que se había escrito Pokvareno voće, es decir, “fruta en mal estado”, ya que fue habitual que los vehículos se rotularan así para no llamar la aten- ción de los civiles a su paso por las distintas localidades. No obstante, los campesinos que vivían cerca del recinto advirtieron muy pronto lo que allí estaba ocurriendo, y no fueron pocos los que se quejaron ante las autoridades locales (Miletić, 1986a: 52). En menos de dos semanas el campo duplicó su capacidad y para el 30 de junio estaban registrados un total de 2175 prisioneros provenientes de Mostar, Sarajevo, Derventa, Vinkovci, Osijek, Sisak, Ogulin y Zagreb, aunque también hubo algunos hombres de Vojvodina, Kosovo, Montenegro, Austria, Hungría, Alemania y Ruma- nia que habían intentado escapar de los nazis, pero fueron arrestados en Zagreb. Un análisis de las afiliaciones políticas de estos detenidos nos muestra que una parte importante eran croatas que pertenecían a partidos o asociaciones yugoslavistas y/o comunistas (Dizdar, 2002: 58-61). Por tanto, se convierte en una excelente muestra de cómo el genocidio contra las minorías étnicas y religiosas se difuminó con la persecución política. La falta de medios económicos y la improvisación con la que se organizó el campo provocaron la aparición de problemas logísticos desde las primeras semanas de su existencia. Los gestores de Danica escribieron a Zagreb solicitando la llegada de ali- mentos, ya que en la zona no había prácticamente nada que comer después de que los alemanes realizasen las primeras requisas. Sin embargo, el dinero no llegaba desde la capital y una de las pocas fuentes de financiación fueron las pertenencias de los de- portados. No obstante, los problemas se agravaron cuando los internos comenzaron a llegar desde las prisiones y no desde sus lugares de origen, pues para entonces ya les habían robado todo lo que tenían. De esta forma, y a pesar de no ser del agrado de las autoridades, hasta diciembre de 1941 se permitió que los deportados a Danica pudie- ran comprar comida en el exterior, además de recibir paquetes con ropas y alimentos. Por otra parte, fue habitual que los guardias robasen el contenido de los envíos, mien- tras que la prohibición definitiva de recibir suministros desde el exterior provocó que los internos dispusieran de una única comida diaria: un plato de sopa de patatas o guisantes y un mendrugo. En un contexto como este no resulta extraño que las enfer- medades hicieran acto de presencia, y los ustaše permitieron que el doctor Fran Praunsperger, que se encontraba recluido, organizase una pequeña enfermería. Sin embargo, apenas pudo ayudar a los enfermos ante la privación de vendajes y medica- mentos. En este sentido, conviene señalar que Danica fue un espacio pensado para las ejecuciones en masa y no para aprovechar la mano de obra de los que allí eran ence- rrados, ya que solo algunos hombres fueron obligados a trabajar en los alrededores para cavar unas pocas trincheras antitanques (Dizdar, 2002: 58-61 y 74). En determinadas ocasiones la violencia y la dureza del propio contexto se viró en contra de los guardias, un hecho que se replicó en toda la red concentracionaria. Hubo decenas de ustaše que fueron castigados y expulsados de Danica por no haber seguido las órdenes y la disciplina establecida por Martin Nemec. Los motivos de estas san- 10 Martin Nemec fue capturado en 1946 y juzgado por su participación en el genocidio. Un tribunal lo condenó a muerte y fue ejecutado públicamente en las instalaciones que habían servido para el campo de concentración de Danica. Sobre este espacio apenas existe bibliografía, por lo que el artículo de Zdravko Dizdar, escrito en 2002, sigue siendo uno de los pocos estudios sobre el recinto. Veáse Zdravko Dizdar (2002). 286 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 ciones fueron diversos: venta de comida y medicamentos a los internos, trabajar bajo los efectos del alcohol o haber mantenido contactos íntimos con los deportados. El ambiente de violencia generalizada y la posibilidad de perder sus puestos de trabajo incidieron en la forma de actuar de estos ustaše, siendo habitual que optasen por radi- calizarse y ejercer una gran violencia contra los presos. Es más, a pesar de que Nemec castigó a algunos guardias por trabajar borrachos, lo cierto es que la ingesta de gran- des cantidades de alcohol fue el día a día en estos espacios de reclusión y de terror. Por ejemplo, el superviviente de Jasenovac, Milan Duzemlić, recordaba que la mayo- ría de los ustaše encargados de las liquidaciones solían asesinar bajo los efectos del alcohol (Miletić, 1986c: 484 y 515). La bebida les permitía alcanzar un notable estado de insensibilidad, mientras que servía para unir lazos de camadería y exaltar la mas- culinidad dentro de estos grupos primarios (Westermann, 2021). En definitiva, ni en Danica ni en el resto de los campos hubo apenas restricciones en el empleo de la violencia, de forma que algunos guardias se granjearon una nota- ble fama por sus métodos inhumanos. Por ejemplo, uno de ellos obligaba a todos los hombres a mostrar sus penes para golpearlos con su porra. Es más, fue habitual que la Ustaša falsificase la documentación para camuflar los asesinatos. De esta forma, en Danica hubo detenidos que fueron torturados hasta la muerte y en los certificados de defunción se anotaba que habían muerto por tener el “corazón débil” (Goldstein, 2013: 51-52). Entre abril y el otoño de 1941 fueron asesinadas un total de 2800 personas en esta antigua fábrica de productos químicos (Dizdar, 2002: 54-55). Los campos de concentración y de exterminio del NDH también fueron utilizados para neutralizar y eliminar a cualquier disidente político, ya fuera real, imaginario o potencial. Es más, la guerra civil iniciada tras la ocupación del Eje propició la apari- ción de una fuerte resistencia armada, y a partir de abril de 1941 muchos soldados yugoslavos que no habían sido abatidos o capturados escaparon a los bosques y montañas para huir de la violencia de las fuerzas ocupantes. La desintegración de los poderes vigentes en Yugoslavia provocó un levantamiento nacional que, entre otras cosas, posibilitó la aparición de una insurgencia sólida que se mantuvo activa hasta la retirada final de los alemanes. Las prácticas contrainsurgentes de los italianos, alemanes y ustaše alcanzaron unos niveles de radicalidad que sitúan el marco yugos- lavo como uno de los escenarios donde las estrategias antipartisanas alcanzaron un mayor grado de violencia (Rees, 2006: 42). En este sentido, Tito logró organizar una resistencia armada efectiva y numerosa alrededor a la bandera yugoslava, a diferen- cia de otros grupos como los četnici, menos numerosos al movilizarse por la prepon- derancia serbia dentro de Yugoslavia (Joes, 1996: 63). En este contexto los campos de concentración también fueron utilizados para encerrar, torturar, controlar y matar a los resistentes armados, así como a cualquiera que les ofreciera ayuda o pudiera ser partícipe de organizaciones políticas y sindica- les contrarias al establecimiento del Nuevo Orden. Por ejemplo, los ustaše y los alemanes detuvieron y deportaron a centenares de miembros del Partido Comunista de Yugoslavia (KPJ) en las primeras semanas de ocupación. La persecución hizo que muchos hombres y mujeres optasen por echarse a las sierras para sumarse a las filas partisanas, mientras que fueron miles de serbios los que para escapar de la violencia ustaška también se sumaron a las guerrillas (Greble, 2011: 71). El movimiento partisano yugoslavo organizado en torno a la figura carismática de Tito creció exponencialmente hasta suponer la mayor amenaza para los intereses alemanes en la región. Los éxitos de las partidas provocaron que las órdenes de Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 287 Berlín, Roma o Zagreb fueran expeditivas: la resistencia debía ser eliminada me- diante la aplicación de métodos brutales y con fines eliminacionistas (Shepherd, 2012: 100). No obstante, en buena medida la guerra antipartisana no logró los obje- tivos esperados por los alemanes y sus aliados, sino que las atrocidades cometidas contra las poblaciones civiles fueron una fuente inagotable de hombres y mujeres para las filas de la resistencia (Boot, 2013: 313). De esta forma, en el NDH la guerra antipartisana también se difuminó y se solapó con el genocidio. La Ustaša utilizó los espacios de guerra irregular para potenciar y legitimar la persecución de la población judía, serbia y gitana. En este sentido, resul- ta paradigmático lo ocurrido con algunas comunidades romaníes. El gobierno de Ante Pavelić creó toda una legislación y una narrativa para justificar la exclusión de estos grupos, pero fue habitual que su persecución a nivel local se llevase a cabo por puro pragmatismo. Por ejemplo, no fueron pocas las autoridades locales que escri- bieron a instancias superiores para solicitar la deportación de los gitanos de sus de- marcaciones. Para ello, argumentaban que por su carácter nómada estos podían estar difundiendo rumores y participando en actividades de inteligencia para los guerrille- ros. Es más, buena parte de las familias gitanas vivían en el medio rural, y los ustaše temían que pudieran sumarse a las partidas, de forma que hubo jurisdicciones locales como la de Zemun que pidieron la deportación de 400 gitanos a Jasenovac como medida preventiva (Korb, 2013a: 91). Por tanto, comprobamos que la red concentracionaria jugó un papel central en la guerra civil y antipartisana, así como en la persecución política desplegada por el Estado croata, contabilizándose por millares los guerrilleros y colaboradores, reales o imaginarios, que una vez capturados fueron encerrados en los campos de la Ustaša. Por ejemplo, el 24 de agosto de 1942 un total de 47 partisanos fueron capturados y enviados desde Brčkog a Jasenovac (Miletić, 1986a: 74). Mientras tanto, Slavica Kremenović fue condenada a 3 años de reclusión en un campo por llevar a cabo “actividades comunistas”. Kremenović fue acusada de participar en conferencias y charlas de la rama juvenil del Movimiento de Mujeres. Por su parte, Ankica Cijan fue condenada a dos años de reclusión en un campo al sospecharse que colaboraba con el Partido Comunista y que servía de enlace de las guerrillas (Miletić, 1986c: 181 y 562). En este contexto de persecución, reclusión y eliminación de cualquier real o po- tencial disidente los ustaše crearon campos específicos para encerrar y matar a los opositores políticos. El primero de ellos fue el campo de Kerestinec, inaugurado el 19 de abril de 1941 y emplazado a tan solo 25 kilómetros de Zagreb. Apenas se ha conservado documentación y relatos de supervivientes de este lugar, de forma que la información de la que disponemos es muy escasa. Al parecer el gobierno de Ante Pavelić quiso concentrar en un mismo espacio el encarcelamiento, la deportación y la muerte de los opositores políticos que vivían en la capital. De esta forma, a Keres- tinec fueron enviados comunistas y partisanos, aunque de forma progresiva también llegaron serbios y judíos de Zagreb, y la llegada de nuevos deportados hizo que el recinto fuera dividido. Los primeros 60 prisioneros fueron recluidos en una sección llamada “serbo-yugoslava”, mientras que a principios de mayo de 1941 un total de 79 abogados judíos de Zagreb fueron internados en el área “judía”. Por otra parte, los que fueron recluidos por motivos políticos estuvieron encerrados en la sección “co- munista”. A partir del mes de julio de 1941 el aumento de la resistencia armada hizo que los tribunales militares condenasen a muerte a decenas de prisioneros de Keres- 288 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 tinec. El objetivo no solo era eliminar físicamente a los individuos, sino que estas ejecuciones sirvieran de escarmiento y paralizasen cualquier futuro acto de resisten- cia. Por ejemplo, el 10 de julio de 1941 una decena de reclusos fueron sentenciados a muerte y el cumplimiento de la pena fue publicitado en los periódicos de la región (Dizdar, 1989: 164-168). Por otra parte, diversos documentos del servicio de inteligencia de las SS han acreditado una fuga masiva de presos en la noche del 13 de julio de 1941. Un núme- ro inexacto de reclusos de la sección “comunista”, que oscila entre los 90 y los 140, lograron escapar del campo. Los guardias se vengaron de esta acción y en los días siguientes decenas de reclusos fueron ejecutados extrajudicialmente. Por ejemplo, en la noche del 16 al 17 de julio los ustaše mataron a 44 hombres (Dizdar, 1989: 168). En definitiva, Kerestinec jamás contó con barracones ni edificaciones que per- mitieran acomodar a los reclusos, de forma que estos durmieron en el suelo de los edificios o incluso del exterior, y tampoco se trató de explotar la mano de obra. El recinto fue clausurado de forma oficial el 16 de julio y los supervivientes fueron trasladados a Gospić (Škiljan, 2014: 80-81). 3. G  ospić y los campos de la muerte; Kruščica: un campo efímero pensado para restructurar el genocidio Este recinto concentracionario estuvo formado por un campo principal conocido como Gospić y por los subcampos de Jadovno, Velebit y de la isla de Pag. Las auto- ridades aprovecharon una finca abandonada, que estaba situada a pocos kilómetros al este de la localidad de Gospić, cerca de las costas del Adriático, para enclavar el recinto principal. Los primeros deportados llegaron en mayo de 1941, mientras que en agosto ya se contabilizaban por millares, tal y como afirmó Monika Solomon: “[encontré] alrededor de tres mil reclusos en el campamento, desde niños de quince años hasta mayores de ochenta” (Komarica y Odić, 2008: 34-35). El campo principal y sus satélites estuvieron gestionado por el Departamento de Policía de Gospić, aunque el mando recayó en la Dirección de Orden Público y Se- guridad con sede en Zagreb, de forma que los asesinatos en masa se llevaron a cabo bajo la organización y la supervisión de los principales líderes de la Ustaša. Este recinto fue el primero de toda la red que fue diseñado para servir expresamente como un campo de exterminio, y allí fueron deportados hombres, mujeres y menores de las comunidades serbias y judías (Koljanin, 2015: 325-330). Un hecho que ayuda a en- tender mejor las motivaciones y lógicas racistas de las políticas de exterminio del régimen es que a Gospić fueron enviados para su eliminación una gran cantidad de comunistas, pero el régimen diferenció la nacionalidad, la etnia o la religión de estos a la hora de enviarlos al campo de exterminio o a una prisión. Por ello, a Gospić no se enviaron, por lo general, a comunistas musulmanes y croatas, mientras que a los serbios y judíos que se detenía se les envió inmediatamente a este campo de la muer- te (Koljanin, 2015: 329-330). En este sentido, la persecución de las comunidades judías estuvo en regla con los planes de la Alemania nazi para la eliminación sistemática de estas. El NDH y el gobierno de Ante Pavelić legislaron siguiendo el modelo alemán con el objetivo de identificar, perseguir y exterminar a los judíos. Los campos de concentración y ex- terminio debían ser el epicentro de su reclusión y eliminación, así como un espacio Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 289 de reconcentración desde el cual pudieran ser deportados a cualquier lugar controla- do por las autoridades alemanas. Tras el establecimiento del NDH los judíos fueron registrados en listas elaboradas por las autoridades locales y por la policía del nuevo Estado, que también se encargó de supervisar el cumplimiento de algunas obligacio- nes, como las de portar una “Z” en la ropa para ser identificados como Židov, es decir, judíos. La Ustaša obligó a los hombres y mujeres que se habían adaptado los nom- bres y apellidos a la lengua croata a que los utilizaran en los términos originales, mientras que la mayor parte fueron obligados a desalojar sus viviendas y no pudieron trabajar en profesiones liberales, en los medios de comunicaciones ni en el mundo de las artes (Gitman, 2016: 112-113). Hasta la fecha se ha podido contabilizar un total de 42.246 personas deportadas a Gospić, de las cuales 40.123 fueron asesinadas. El 95% de las víctimas fueron ser- bios, pues fueron ejecutados más de 38.000, mientras que fueron liquidados un total de 1.988 judíos. Los ustaše internaron a varones, mujeres, niños y ancianos, y el ritmo de ejecuciones fue tan elevado que en el mes de agosto de 1941 se asesinó a una media de 580 reclusos al día (Miletić, 1986a: 21). Los millares de personas que llegaron en las primeras semanas fueron hacinados en un edificio situado en el cam- po principal, hasta el punto de que no cabían más y el resto debió dormir a la intem- perie. Por su parte, los guardias colocaron ametralladoras en el patio que apuntaban directamente a los detenidos para evitar las evasiones. Estos mismos guardias se encargaron de trasladar a los prisioneros desde Gospić hacia los subcampos para ejecutarlos, y a diario se preparaban transportes con destino a Jadovno, Velebit y Pag, donde eran asesinados en pocas horas. Svjetlicic Drago fue uno de los supervi- vientes y afirmaba que los ustaše regresaban todas las noches con las cadenas que habían utilizado para atar a sus víctimas. Dijo que los transportes llegaban cada día y con personas procedentes de todo el NDH (Miletić, 1986a: 238, 274 y 363). Mien- tras tanto, el superviviente Bože Švarca comentaba que el recinto de Jadovno eran un terreno al aire libre sin construcciones de ningún tipo, un espacio rodeado por alam- bres de espino en el que también se apostaban los guardias con ametralladoras (Ko- marica y Odić, 2008: 34-35). En septiembre de 1941 Milan Nedić, el primer ministro del Gobierno de Salva- ción Nacional establecido por los alemanes en Serbia, fue informado de los crímenes que se estaban cometiendo en el NDH contra las comunidades ortodoxas. Entre otras cuestiones, supo que los guerrilleros nacionalistas serbios, que actuaban en distintas partes de Yugoslavia, los četnici, habían tratado de asaltar el campo de Gospić. No obstante, no lo lograron y los ustaše mataron a todos los prisioneros serbios que en aquel momento estaban recluidos en Jadovno. Además, le comentaron que los depor- tados llegaban en vagones de carga sellados sin agua, comida ni letrinas (Miletić, 1986a: 364). Los serbios enviados al subcampo de Velebit fueron asesinados a gol- pes. Los guardias los apaleaban con objetos contundentes en la cabeza y posterior- mente lanzaban sus cuerpos a simas de gran profundidad. De hecho, en los campos de la isla de Pag se utilizaron hasta una veintena de pozos con este fin (Goldstein y Goldstein, 2001: 150-151). Precisamente en este subcampo hubo dos recintos en los que se separó a las víctimas según el sexo y la edad. De esta forma, los hombres llegaron al campamento de Slana, una bahía rocosa y deshabitada a unos 6 kilóme- tros de la ciudad de Pag. Mientras tanto, las mujeres y los menores fueron ejecutados en el campo de Metajni, cerca de la aldea de Barbat. Es más, no fueron pocas las mujeres y las niñas deportadas que fueron violadas antes de morir, una cuestión que 290 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 llegó a ser corroborada por el sacerdote colaboracionista de la Ustaša Joso Felicinović (Komarica y Odić, 2008: 36). Por otra parte, la existencia de Gospić y los subcampos fue conocida por las poblaciones locales desde un primer momento: [Marchaban] columnas de gente demacrada, muerta de hambre y sed por el can- sancio, atados con una cadena que recorría toda la columna. A ambos lados de la columna los escoltas ustaše les golpeaban con las culatas de los fusiles, les insul- taban y les hacían cantar […] Recuerdo cómo uno de mis familiares lloraba mien- tras veía a las personas exhaustas, mientras su hija, que simpatizaba con los ustaše, gritaba de alegría. Todos sabían que esas personas estaban de camino al patíbulo (Goldstein, 2013: 236). El sistema de campos situado en las costas del Adriático fue clausurado tras la ocupación italiana de la zona, tal y como se había establecido en los acuerdos de Roma del 18 de mayo de 1941 (Adriano y Cingolani, 2018: 185-186 y 198-201). La superviviente del campo de Pag, Monika Musafija, explicaba que los ustaše trataron de matar a todos los internos ante la inminente llegada de las tropas italianas. De esta forma, los guardias dispararon de forma indiscriminada con sus ametralladoras du- rante diez minutos, y según la documentación italiana los soldados se encontraron más de 800 cadáveres en aquel lugar (Komarica y Odić, 2008: 37). En septiembre de 1941 las autoridades militares italianas ordenaron realizar inspecciones de saneamiento en los espacios que habían servido como campos de exterminio de la Ustaša, pues no eran pocos los informes que señalaban la propaga- ción de un “asqueroso hedor de cadáveres en descomposición”. Es más, preocupaba que los restos mortales pudieran contaminar las fuentes de agua potable, por lo que el médico Vittorio Finderle fue nombrado jefe del primer equipo de inspección en la isla de Pag: […] encontramos fragmentos de camisetas y ropa de hombre. Al lado de la cavi- dad había cabello humano, fotografías y carteras vacías […] Se dice que unos dos mil hombres serbios fueron traídos aquí y arrojados a la sima, y que la matanza más reciente fue hace unas tres semanas. Las autoridades croatas no llevaron a cabo ningún procedimiento sanitario. Por ello, mezclé una gran cantidad de solu- ción química de limpieza con agua de un manantial cercano y la vertí en la cavidad (Goldstein, 2013: 244). El equipo de Vittorio Finderle se trasladó a Jadovno y desenterró 791 cadáveres, de los cuales 407 eran hombres, 293 mujeres y 91 niños con edades comprendidas entre los cinco y los catorce años. Los italianos se sirvieron de guías locales, quienes señalaron los lugares en los que habían sido arrojados o enterrados los cadáveres. Uno de ellos les explicó que los ustaše de Jadovno ataban piedras a los cuerpos sin vida y los lanzaban al mar, mientras que otros prisioneros se suicidaron o intentaron escapar lanzándose por los acantilados (Goldstein, 2013: 246). Por su parte, un general italiano dijo que la recuperación de los cuerpos lanzados a las cuevas kársticas fue terrible, ya que “nadie podía entrar en la cueva porque los cuerpos podridos apestaban terriblemente. Un hombre que bajamos con una cuerda se desmayó y tuvimos que sacarlo de nuevo”. Por ello, los soldados bajaban con máscaras antigás en simas que llegaban a tener hasta 50 metros de profundidad. Es- tos esfuerzos por recuperar los cadáveres se debieron a los acuerdos alcanzados entre Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 291 la Italia fascista y las elites nacionalistas serbias, ya que los primeros se comprome- tieron a recuperar los cuerpos para que pudieran ser enterrados según el rito de la Iglesia Ortodoxa de Serbia (Korb, 2014: 106-115). La ocupación italiana puso fin a la existencia de estos recintos pensados para el exterminio de las comunidades serbias y judías, y el genocidio se trasladó de la costa hacia el interior, a nuevos recintos como Kruščica, Loborgrad y Jasenovac. Ante la clausura precipitada de los campos de exterminio del Adriático la Ustaša ordenó el traslado de los supervivientes al interior del territorio, hacia la localidad de Kruščica. Esta operación fue supervisada por el general Maks Luburić, que a la postre se con- vertiría en el responsable de la naciente red concentracionaria del NDH. Los detenidos llegaban a la estación de tren de Vitez y desde allí recorrían 5 kilómetros a pie hasta un recinto amurallado en ruinas que contaba con cinco cuarteles y dos edificios colin- dantes. El campo de Kruščica estuvo abierto durante un mes, desde principios de septiembre hasta octubre, y por este pasaron entre 3.000 y 4.000 personas. Tras la llegada de los supervivientes de Gospić fueron internados miles de judíos de Sarajevo y sus alrededores, sin distinción de edad (Lengel-Krizman, 1985: 11-12). Ante las deportaciones masivas hubo una reacción por parte de la comunidad judía que se plasmó en el envío de alimentos a Kruščica. No obstante, la comida jamás llegó a los presos, ya que los ustaše la robaron y la vendieron a los campesi- nos de la demarcación. Es más, los guardias y gestores del recinto no hicieron el más mínimo esfuerzo por alimentar a los internos, de forma que gran parte de estos murieron de hambre. Finalmente, el campo de paso fue clausurado a principios de octubre de 1941 y los supervivientes fueron trasladados a Loborgrad (Greble, 2011: 212; y Donia, 2006: 178). 4. E  l campo de Loborgrad, la última parada antes de Auschwitz; Jasenovac y el infierno de Stara Gradiška; Đakovo y Tenja Entre junio y julio de 1941 los mandos de la Ustaša habían dado la orden de crear un gran campo de concentración y exterminio en Jasenovac, el cual se convertiría en el espacio de referencia para ejecutar, explotar la mano de obra esclava y redistribuir a la población concentrada en la red de campos del NDH. No obstante, hemos compro- bado cómo los ustaše improvisaron y se adaptaron a las circunstancias cambiantes propiciadas por la guerra civil y la ocupación italiana de la costa. Por ello, los prime- ros campos de concentración en realidad se convirtieron en grandes espacios de eli- minación física, puesto que, entre otras cuestiones, los ustaše no contaban con los medios necesarios para aprovecharse de la mano de obra forzosa, y los que no mu- rieron a manos de los guardias lo hicieron a consecuencia de las enfermedades y del hambre. Este contexto de cambio e improvisación hasta que estuviera listo el gran recinto concentracionario hizo que los ustaše movieran de aquí para allá a los reclu- sos y a buena parte de los guardias; desde las islas del Adriático hasta Kruščica, en el interior de Bosnia, y finalmente otro viaje de más de 300 kilómetros hasta Lobor, al norte de Zagreb. El campo de Loborgrad se fundó el 6 de octubre de 1941 en un castillo que había servido como residencia de ancianos y que estaba enclavado a una treintena de kiló- metros de Zagreb. Más de un millar de personas llegaron desde el campo de Kruščica, de los cuales unos 200 murieron en las primeras semanas de internamiento, la mayor 292 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 parte niños y mujeres judías. De nuevo, las comunidades hebreas de la capital y de su entorno se volcaron para ayudar a los deportados, y en determinados momentos los guardias permitieron la entrada de comida y ropas. Por otra parte, las autoridades del recinto de Loborgrad sí aprovecharon a parte de los prisioneros para realizar trabajos forzados, sobre todo en tareas agrícolas en los cultivos cercanos. No obstan- te, al igual que en el resto de los campos las condiciones de vida fueron durísimas, y decenas de personas murieron a causa de las epidemias, sobre todo de fiebre tifoidea. En total hubo unas 2.000 mujeres y niños encarcelados, de los cuales varios centena- res murieron a consecuencia de las enfermedades o a manos de los guardias. El campo permaneció abierto hasta finales de 1942, momento en el que los supervivien- tes fueron deportados a Auschwitz, donde fueron asesinados en su totalidad (Lengel- Krizman, 1985: 12-16). El recinto de Jasenovac, por su parte, es el que más atención ha ocupado en la historiografía internacional sobre el NDH y también en los escasos estudios realiza- dos en España. Por ello, nos limitaremos a señalar algunas cuestiones relevantes sobre este con el objetivo de insertarlo dentro de la tupida red de campos del Estado fascista croata. Jasenovac fue uno de los campos de concentración y exterminio más grande del NDH y de Europa, convirtiéndose en un híbrido entre campo de concen- tración, de exterminio, de trabajo y de tránsito. Con todo ello, Jasenovac sirvió a los ustaše para recluir a distintos grupos señalados como “eliminables”, aprovechando al mismo tiempo a los que gozaban de mejor salud para emplearlos como mano de obra esclava, mientras que podían eliminar a los que no eran productivos. Sin ir más lejos, también fue utilizado como espacio de tránsito para reorganizar los transportes y deportar al Reich alemán a miles de hombres y mujeres que fueron utilizados como trabajadores forzosos o directamente fueron asesinados en los campos del este (Fer- nández Pasalodos, 2020: 300-301). De esta forma, entre agosto de 1941 y abril de 1945 fueron asesinadas un total de 80.000 a 100.000 personas. Entre 45.000 y 52.000 fueron serbios ortodoxos, 13.000 judíos, 10.000 romaníes y 12.000 croatas y bosnios musulmanes (Adriano y Cingolani, 2018: 281). Mientras tanto, Jasenovac estuvo conformado por diversos subcampos. En primer lugar se establecieron los de Bročice y Krapje, que estuvieron abiertos entre agosto y diciembre de 1941. Estos fueron clausurados para crear el subcampo III, ubicado en un horno industrial que servía como fábrica de ladrillos. A posteriori se instituyó Jasenovac IV, un espacio destinado al trabajo forzoso. Finalmente, Jasenovac tam- bién contó con un quinto recinto: Stara Gradiška (Berger, 1966: 6-7), un complejo de edificios vallados situado a 30 km de Jasenovac. De esta forma, se convirtió en el subcampo V del recinto principal, aunque sus gestores gozaron de cierta autonomía. Los deportados fueron separados según su sexo, por lo que los hombres ocuparon un edificio que había servido de prisión, mientras que las mujeres y los niños fueron recluidos en varios edificios en estado de ruina (Komarica y Odić, 2008: 61). Este campo fue pensado para aprovechar la mano de obra forzosa y se instala- ron talleres de cerámica, carpintería y sastrería. Por ello, las mujeres de avanzada edad que llegaban a Stara Gradiška fueron asesinadas a los pocos días, pues no eran aptas para trabajar, mientras que muchas jóvenes sin hijos también fueron deportadas a los territorios controlados por los alemanes para que realizasen traba- jos forzados. Por ejemplo, Đuro Vujičić recordaba que los reclusos que iban a ser deportados a los campos nazis recibían tres comidas al día, por lo que eran mejor alimentados que el resto (Miletić, 1986b: 10-11). Algunos supervivientes como Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 293 Slavko Dobrila han señalado que la mayor parte de los que fueron enviados a tra- bajar eran serbios o judíos, mientras que los comunistas y partisanos jamás forma- ban parte de esos transportes hacia los territorios del Tercer Reich (Miletić, 1986c: 488-489). Hubo algunos presos que lograron evadirse del recinto. Por ejemplo, Rade Stanojević logró escapar tras engañar a un guardia. En el campo era empleado como sastre y en determinadas ocasiones podía salir acompañado de un guardia para com- prar telas y otros materiales. El 8 de abril de 1943 salió junto a un ustaše llamado Iván, el cual estaba totalmente borracho, circunstancia que aprovechó para fugarse. Estuvo caminando durante 22 días y cruzó el Drina a nado. Una vez en territorio serbio fue trasladado a la Oficina del Comisariado de Refugiados donde relató su paso por la red concentracionaria del NDH (Miletić, 1986b: 10). De hecho, ante la ausencia de documentación y de otras fuentes los testimonios ofrecidos por los su- pervivientes ante esta oficina son una fuente de gran valor para investigar los campos de concentración croatas. En Stara Gradiška fueron asesinados una cantidad todavía desconocida de niños y niñas. Jovanka Trivuncic explicó que durante su cautiverio vio morir a unos 200 pequeños, mientras que en el otoño de 1942 fueron asesinados más de un millar de menores y mujeres en los bosques cercanos al recinto. Tal era el ritmo de ejecuciones que las fosas ni siquiera se tapaban de forma correcta, por lo que hubo perros que terminaron desenterrando los cadáveres y llegaban a los pueblos portando extremi- dades humanas (Miletić, 1986b: 141). No obstante, el recinto estuvo operativo hasta finales de 1944, momento en el que la situación comenzó a ser desfavorable para los intereses de la Ustaša ante el avance del Ejército Popular Yugoslavo, de forma que la zona de Stara Gradiška se convirtió en frente de guerra. Por ello, la mayor parte de reclusos fueron ejecutados y algunos supervivientes trasladados al recinto principal de Jasenovac. Finalmente, las tropas yugoslavas tomaron el campo el 24 de abril de 1945 y el general Radojica Nenezić, que participó en su liberación, incidió en el trauma que supuso para la tropa encontrar centenares de cadáveres. El oficial jamás pudo olvidar el “insoportable” olor a sangre y putrefacción que lo inundaba todo, según describió (Komarica y Odić, 2008: 259-261). A tan solo 150 kilómetros de Jasenovac se instituyó un campo para aliviar el flujo de deportados al principal recinto concentracionario del Estado croata. En di- ciembre de 1941 unos terrenos eclesiásticos fueron utilizados para encarcelar a mujeres serbias y judías ante la incapacidad del resto de espacios para seguir absor- biendo a más personas. Buena parte de estas mujeres provenían de territorios de Bosnia y Herzegovina, mientras que el primer transporte con dirección a Đakovo partió de Sarajevo el 1 de diciembre de 1941 con 1500 individuos. En general, las condiciones de vida fueron durísimas, tal y como ocurría en el resto de los campos, no obstante, en Đakovo la situación fue especialmente terrible tras la llegada de Jozo Matijević a la dirección del recinto. Este ustaša instituyó un estado de terror permanente mediante las palizas y las violaciones, de forma que la mayor parte de mujeres no eran ejecutadas hasta que se había abusado sexualmente de ellas. Final- mente, Đakovo fue clausurado en junio de 1942 tras una epidemia de fiebre tifoidea y también porque Jasenovac fue capaz de comenzar a recibir al grueso de la pobla- ción que estaba siendo recluida. En total unas 800 personas fueron ejecutadas en este espacio concentracionario (Vasiljević y Konjević, 1988; Maestro, 2013; Ognjenović y Jozelić, 2016: 103). 294 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 Por fin, la apertura del recinto de Tenja en junio de 1942 estuvo precedida por la construcción de un asentamiento para la población judía de Osijek. Es más, desde abril de 1941 las comunidades hebreas debieron costear la construcción de los barra- cones en los que fueron encerrados buena parte de los judíos de la región. No obstan- te, estas instalaciones fueron insuficientes y la mayor parte de los reclusos tuvieron que dormir al aire libre hasta que en agosto el campo fue desalojado y todos los su- pervivientes fueron deportados a Jasenovac y/o a territorios controlados por el Tercer Reich. El primer transporte salió el 15 de agosto con un millar de prisioneros, una gran parte de ellos menores de edad, que fueron enviados a Auschwitz. Un segundo tren partió con destino a Jasenovac, donde murieron la mayor parte de los judíos de Osijek. Mientras tanto, un tercer y último tren fue organizado para deportar a los últimos reclusos a Auschwitz, aunque el convoy hizo parada en Jasenovac, donde los ancianos y personas no capacitadas para trabajar fueron asesinadas (Živakovi-Kerže, 2006: 127-128; Jelić-Butić, 1977: 186-187). Finalmente, el 16 de abril de 1945, justo cuatro años después del inicio de la inva- sión alemana de Yugoslavia, los partisanos lograron liberar Sarajevo y dos días más tarde hicieron lo propio en Zagreb. El 15 de mayo las últimas unidades de la Ustaša, junto a tropas alemanas, se rindieron ante las fuerzas de Tito (Donia y Fine, 1994: 155). No obstante, antes de la capitulación del NDH, o más bien de lo que quedaba de este, los ustaše y las tropas ocupantes se embarcaron en una espiral de violencia contra la resistencia armada, las poblaciones civiles y los reclusos que todavía perma- necían en la red concentracionaria. En estas últimas campañas de terror los victima- rios focalizaron su violencia en las poblaciones locales, pues se vieron inmersos en un escenario de miedo y de paranoia en el que todo el mundo era sospechoso de ser un traidor y de estar ayudando a las comunistas. A finales de 1944 el régimen de Pavelić era el único aliado superviviente del Tercer Reich y los ustaše emprendieron una huida hacia adelante en la que militarizaron todos los segmentos de la sociedad para acometer “una lucha a muerte”. Por ello, en los campos de concentración, así como en las prisiones o en los centros psiquiátricos, los ustaše desarrollaron una serie de políticas y de acciones destinadas a exterminar a toda la población reclusa que había sobrevivido. Sin ir más lejos, un grupo de milicianos liderados por el comandante del campo de concentración de Jasenovac, Ljubo Miloš, se presentó en el hospital de Vrapče y mató a todos los pacientes judíos y serbios (Antić, 2017: 140-141). Los ustaše entraron en Croacia en la primavera de 1941 siguiendo a las tropas del Eje, mientras que cuatro años más tarde también se vieron obligados a abandonar el territorio en compañía de las tropas alemanas (Barčot, 2011: 322-329; y Adriano y Cingolani, 2018: 267-269). No obstante, durante ese periodo de tiempo, y valiéndo- se en buena medida de los recintos aquí citados, los ustaše mataron entre 200.000 y 350.000 serbios del total de 2 millones que residían en los territorios gobernados por Ante Pavelić (Yeomans, 2013a: 214). Es más, el 90% de la población judía que vivía en el NDH fue asesinada (Donia y Fine, 1994: 138). 5. Conclusiones El Estado Independiente de Croacia expandió un concepto totalitario de sociedad bajo el mando de Ante Pavelić al frente del partido único, devenido en auténtico movi- miento nacional, los Ustaše. Pese a la disputa de la soberanía territorial en el marco Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 295 de la guerra interna (frente a las milicias comunistas, por un lado, y en ocasiones frente a las milicias panserbias, los chetniks, por otro), o tal vez precisamente causado por la misma, su reinado de terror fue indiscutible. La limpieza social desarrollada por el fascismo croata contra algunas minorías nacionales, religiosas y étnicas llevaría incluso a la apertura de un campo de concentración en Jasenovac equiparable en funcionalidad homicida y vocación eliminacionista a los campos de la Aktion Rein- hard, los campos de exterminio nacionalsocialistas. Sin embargo, no fue el único. ¿Qué nos dice todo ello del fascismo croata? En muchas ocasiones se ha hablado de la centralidad de su praxis eliminacionista. Particularmente en tiempos recientes, en los que los marcos comparativos de los debates en torno al fascismo o los regíme- nes de fascistización en Europa se han ampliado a contextos diferentes a los del fascismo “clásico”. Incluso se ha podido leer que, visto en perspectiva, posiblemen- te el NDH y el fascismo español ocupasen el podio de los crímenes fascistas para con sus propias poblaciones, entre otras cuestiones por construirse o sustentarse en con- textos de guerras internas. En el marco general de los eliminacionismos fascistas, la gran novedad en el caso croata radicaría en su carácter de latecomer: un último convidado a la mesa de la contrarrevolución armada, eliminacionista y constructora de un estado de utopía social-nacional (si en este sentido seguimos las interpretacio- nes, bien conocidas, de Gotz Aly), que se valdría como en otras latitudes de la tecno- logía de la violencia colectiva por antonomasia del siglo XX, el campo de concentra- ción. Además, la guerra fue factor sine qua non para el auge fascista y para su radicalización no solamente tras la Gran Guerra, sino también entre finales de la década de los 30 y principios de los 40, tiempo de la fascistización de España, Ru- mania, Croacia o Francia, y de la radicalización y proposición de sus proyectos so- ciales más extremos de Italia o Alemania. En Croacia se superpusieron una guerra de ocupación a otra civil, unidas a una campaña de construcción estatal basada en una utopía política y un afán de reconfiguración etnonacional. La multiplicación expo- nencial de lógicas de violencia daría como resultado ese eliminacionismo imperfec- to, pero extremo. ¿Cuál fue la base de la experiencia concentracionaria y eliminacionista croata? Algunos historiadores como Jonathan Steinberg, Jonathan Gumz y Rory Yeomans han tendido a sobredimensionar el peso del catolicismo en la planificación y desarro- llo de las medidas antiserbias. La relevancia del catolicismo y de la Iglesia católica es innegable, pero lo cierto es que los líderes católicos y clericalistas de la Ustaša terminaron subordinándose a los principios nacionalistas étnico-raciales, que se su- perpusieron en todo momento a los religiosos. Por ejemplo, los principios funda- mentales del movimiento Ustaša de 1933 no contenía ni una sola referencia al cato- licismo, y tan solamente una referencia hacia el concepto de religión al establecer que “las fortalezas morales del pueblo croata se encuentran en una vida familiar or- denada y religiosa” (Biondich, 2005: 195). De hecho, al hablar del etnonacionalismo de la Ustaša no podemos obviar la controvertida posición de esta hacia el islam y las comunidades musulmanas, que en cierta medida fueron toleradas y cuyas organiza- ciones fueron promovidas por el propio régimen. Es más, todos los musulmanes bosnios fueron declarados étnicamente croatas, de manera que católicos y musulma- nes aprovecharon del nuevo marco de guerra y ocupación al poder eliminar de un plumazo deudas contraídas con ortodoxos y judíos, y enriquecerse en mayor o menor grado gracias a ello. Otros tantos aprovecharon la situación para unirse a las milicias locales con el fin de poner fin de forma rápida y beneficiosa a antiguas disputas ve- 296 Fernández Pasalodos, A. Cuad. hist. cont. 45(1) 2023: 277-299 cinales, por los usos de la tierra o de otros recursos naturales, por ejemplo. Muchas personas resentidas que no habían tenido la oportunidad, por ejemplo, de trabajar en empresas gestionadas por serbios ortodoxos y que por ello se habían sentido social- mente marginados en algún momento, podían ahora darles la vuelta a sus experien- cias (Bartulin, 2014: 144-145 y Bergholz, 2016: 77-79). Como ha podido comprobarse, la historia de los campos croatas proporciona, vista en perspectiva comparada, muchos elementos para enriquecer y dotar de mayor contenido a una historia general concentracionaria, incluyendo elementos como la existencia de un marco anómico inicial y, después, de una normativización legislati- va específica que, combinada con la radicalización eliminacionista propia de los fascismos, la combinación de agencias estatal y paraestatal, el marco propiciatorio de la guerra total, la contingencia específica de cada uno de los momentos y fases por las que transitó la toma y mantenimiento del poder ustaška, los efectos de la super- posición de conflictos intra y extracomunitarios, además de con la existencia de una construcción cultural-identitaria previa y de una voluntad de protección de la comu- nidad etno-nacional (y en este caso, también religiosa), contribuiría a convertir el campo de concentración en un espacio, también, aunque no solo, para el genocidio. Más allá de Jasenovac, lo cierto es sin embargo que la historiografía española no había dedicado excesiva atención a este asunto, dejando por debajo del radar inter- pretativo a buena parte de la constelación ustaška dentro del universo concentracio- nario de los fascismos europeos y a sus protagonistas, fuera de los análisis compara- dos sobre las praxis eliminacionistas en la Europa del siglo XX. Con este artículo hemos querido contribuir a subsanarlo. 6. Referencias bibliográficas Alegre Lorenz, David (2015): “El Estado Independiente de Croacia (NDH): encrucijada de imperios, violencias, comunidades nacionales y proyectos revolucionarios (1941-42)”, en Javier Rodrigo Sánchez, ed., Políticas de la violencia. Europa, siglo XX, Prensas de la Universidad de Zaragoza, pp. 191-239. Alegre Lorenz, David (2022): Colaboracionistas. Europa Occidental y el Nuevo Orden nazi, Barcelona, Galaxia Gutenberg. Alonso, Miguel, Alan Kramer y Javier Rodrigo, eds. (2019): Fascist Warfare, 1922–1945. 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