Adiós a un verano sin grandes incendios en la península pero que atisba el zarpazo climático: “Nos puede pasar lo que a Grecia”

La emergencia climática adelantó los incendios de 2023 y los expertos creen que España se tiene que adaptar a un escenario desconocido

El de Tenerife ha sido el peor de los incendios del verano de 2023 | Efe, UME

El verano astronómico se cierra con un balance provisional de hectáreas quemadas relativamente bajo en la península ibérica, con 13.000 hectáreas quemadas en Portugal. La cruz, en Canarias; Tenerife ha vivido lo peor, el fuego se llevó por delante más de 12.200 hectáreas. A la espera del fin de la campaña de incendios de 2023, el optimismo ante uno de los veranos con menos superficie quemada desde 2018 se topa con una trampa llamada emergencia climática: el bosque ya no arde sólo en verano. Los primeros incendios de esta temporada se registraron en marzo. Y eso puede convertirse en desafortunada normalidad.

¿Por qué hemos tenido un verano de 2023 relativamente tranquilo en cuanto a incendios en la península, con el calor que ha hecho? “Al final de primavera e inicio de verano, muchas regiones de España recibieron bastante lluvia y eso nos ha dado un poco de tregua“, explica Cristina Santín, investigadora del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad Universidad de Oviedo-CSIC. Pero esta bióloga experta en incendios recuerda que su tierra ardió este año muy pronto. “En 2023 empezamos muy mal, con incendios (en Asturias, Lugo, Castellón y Teruel, desde marzo) y eso se nos olvida”.

Incendios en primavera 2023

Gran incendio en verano 2023

Este año, el Comité de Coordinación y Dirección (CECOD) del Plan Estatal de Incendios Forestales decidió adelantar un mes y medio el inicio de la campaña, en una decisión sin precedentes. Las altas temperaturas ligadas a la emergencia climática empiezan a devorar el calendario de primavera, como se observó en los años 2022 y 2023. Con todo, “nada es comparable a lo ocurrido el año pasado”. España acumuló el 54% de la superficie quemada en la UE; triplicó la media de ‘megaincendios’ de la última década.

Contra lo que se pueda pensar, el verano 2023 se parece más a lo ‘habitual’ en nuestro país en cuanto a incendios forestales. Y 2022, se aproxima a lo que las proyecciones de la emergencia climática apuntan, según Paco Lloret, catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del CREAF.

Mejores datos que en los años ochenta… y las próximas décadas

“Si miramos las tendencias –dice el profesor– veremos que el número de incendios y, sobre todo, la superficie quemada en España no ha aumentado en los últimos decenios. Fluctúa. No diría que está estable, pero no tiene una tendencia a aumentar”. ¿No lo estamos haciendo tan mal? Seguramente, hasta ahora, nuestra capacidad de detección y de extinción de incendios ha sido suficiente, de momento, para evitar lo peor, cree el investigador.

Eso no quita para que haya años e incendios terribles, “todos son un drama humano”, recuerda. Pero lejos quedaron las cifras de los años ochenta y noventa. Sólo en 1985, el fuego devoró casi medio millón de hectáreas. Tres años después se estrenó la campaña Todos contra el fuego del ICONA, que en 1990 protagonizó Joan Manuel Serrat.

Desde 1995, la superficie quemada se mantiene más o menos estable entre las 50.000 y las 150.000 hectáreas, con cuatro veranos puntuales en que la cifra se ha acercado a las 200.000. Las campañas han podido tener que ver, pero los fuegos intencionados y las negligencias siguen ahí (aunque sólo un 7% son cosa de pirómanos). “Es demasiado simple decir que la actividad humana y los incendios se reducen a que haya gente que prende los fuegos. No es así”, sentencia Lloret. Hay un enemigo extra que está apareciendo en los últimos años.

Incendios 2023: El nuevo pirómano se llama emergencia climática

Haciendo una lectura más detenida de los datos, se nota la lenta marca de la emergencia climática en los últimos años. Hay menos incendios pero cada vez más grandes y se declaran antes. Hasta el final de la primavera de 2023, se produjeron en España 14 grandes incendios (de más de 500 hectáreas). Esto es cinco veces más que durante la media del último decenio, como se refleja en el informe de incendios extremos e inapagables de WWF de 2023.

Según este mismo informe, España es el país que más presupuesto invierte en extinción por hectárea del mundo y dispone de uno de los mejores sistemas de respuesta contra incendios. Pero el profesor Lloret advierte de que cuando tenemos años con situaciones climáticas particularmente extremas, “sabemos que esa capacidad no es suficiente”. Los incendios se tornan inextinguibles y generan su propia meteorología. Se empiezan a ver cosas nuevas.

“Cuando hablas con los servicios de extinción, te dicen que las pasan muy mal delante de esas condiciones extremas. Yo diría que estamos bastante cerca de un umbral en el cual puede haber un año que tengamos una catástrofe. Y me remito a lo que ha pasado este año en Grecia (150.000 hectáreas quemadas en un par de semanas). ¿Eso puede ocurrir en España? Mi opinión es que sí”, sentencia.

Quizás no sea mañana. Ni el año que viene. Pero las proyecciones de la emergencia climática no son tan benevolentes como las cifras de este 2023 en cuanto a incendios.

Los incendios se ‘apagan’ en invierno, pero “no hay una receta única para todos los bosques”

La profesora de Ecología de la UAB Sandra Saura (investigadora del CREAF) destaca una clara distinción cuando se habla de causas de un incendio forestal: “Una cosa es la ignición, cómo se inicia el incendio, y la otra cosa es el riesgo de incendio”, porque no toda chispa prende. Para que la acción natural o humana (intencionada o no) se convierta en un gran incendio tienen que darse varias circunstancias. Primero, que “haya combustible”, masa vegetal. Y que “esté suficientemente seca”.

Aunque el origen de la ignición suele ser humano, la sequedad del monte, el calor y los fenómenos extremos son causa de propagación y descontrol.

Ahí, el calentamiento global “está causando un aumento de la sequía en la cuenca mediterránea. Cuando la vegetación está más seca, hay un mayor riesgo de inicio de incendios y tiene más probabilidades de que sea un gran incendio”.

Del lado de la ignición, Cristina Santín añade factores de la meteorología extrema que son más probables en un escenario de emergencia climática: “El cambio climático aumenta los rayos que, recordemos, es la primera causa natural de ignición de incendios. El cambio climático le está dando más inestabilidad a la atmósfera, haciendo que estos fenómenos extremos, que son muy poco predecibles y son muy peligrosos, se produzcan más frecuentemente”. El principal pirómano se empieza a llamar ‘emergencia climática’.

En este sentido, la investigadora apunta a que es necesario replantearse las estrategias de gestión del bosque en un escenario de emergencia climática. Los desmesurados aumentos de CO₂ han llevado a que crezca más la vegetación. Pero, en nuestras latitudes, también a calor extremo y sequedad que convierten al pasto, matorral y árboles en rápido combustible. Saura está desarrollando un proyecto para evaluar de qué modo el pastoreo contribuye a despejar de ese combustible potencial, como estrategia de gestión de algunos montes.

Su colega en el CREAF Paco Lloret recuerda que en los años ochenta, cuando él estudiaba, se consideraba al pastoreo como una amenaza para el bosque. “La percepción va cambiando”. Pero ¿acaso es esta la solución definitiva para prevenir incendios durante todo el año? No. Santín y Lloret defienden la creación de comités de distintas disciplinas, integrados en la comunidad, que definan muy bien cómo es y para qué usa la gente cada monte, tanto para prevenir incendios como para recuperar el entorno tras la quema.

Unas veces será necesaria un tipo de intervención y otras, unas diferentes. “La primera receta es atender a la diversidad del propio paisaje y de los tipos de bosques. No hay una receta única. Es como si vas al médico y le pides una receta porque estás genéricamente 'malo'”, concluye Lloret.

1 Comentario
  • Si las predicciones científicas se están cumpliendo (incluso empeorando lo predicho), lo que tenemos que hacer es tomárnoslas en serio, y empezar a tomar medidas, en la seguridad de que esas nefastas predicciones que se van a cumplir. Sería la primera vez en la Historia de la Humanidad, que, gracias a la Ciencia, nos adelantamos a las amenazas que atentan a nuestra supervivencia.

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