•*-»-?. # ESTUDIOS DE ** . , ** ,^ HISTORIA MTERAL DEL HOMBRE APLICADOS Á LA PINTLBA Y ESCULTURA. ESTUDIOS HISTORIA NATCr^É DEL H04IBRE APLICADOS Á LA PLMÜRA Ï ESCÜLIIRA. RESUMEN DE LAS LECCIONES DADAS EN I.A ACADEMIA DE BELLAS ABTE5 DE LA CIÜÜAD DE BABCELONA P8R EL CATEDBÁTICO DE ESTA ASIGNATCBA 5). €>írániíno Jataxiiítt g C c n l í m t n a a , Profesor de ¡nedicioa y eirogía, socio de núaiero y actaai secretario de gobierno de la Academia médico-quirúrgica de la misma ciudad, etc. ACOMPAÑADOS DE ALGUNOS CRABADOS Para demostración de los objetos mas necesarios , ejecutados por dos aventajados alumnos de la misma escuela. ti BARCELONA. IMPRE.MA DE PO.NS Y C " , CALLE DE CoPONS H.' 2. 185i. H. 3051'i'i A LA M. L ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE LA CirOAD DE BARCELONA. En testimonio de reconocimiento y respeto ^elántme tj/^atattmí & &cii(/f*n·t*iad. 1% PRÓLOGO. V- Reducir á un libro de texto la mas susceptible estension de este ramo de enseñanza nuevamente introducido en España, tal es el objeto de la publi- cación presente. Lo incompleto en mi sentir de cuantas obras he examinado llamadas de anatomía artística, 6 de formas esteriores del cuerpo huma- no , por ser solamente partes de una instrucción capaz de formar un todo mas completo, me ha lle- vado á ofrecer aquel estudio bajo un nuevo y mas dilatado punto de vista, y en consecuencia á susti- tuirle la denominación mas general de historia na- tural del hombre aplicada á las bellas artes. La razón se espone en el decurso de mi lección pri- mera. El siguiente cuadro sinóptico resume lodo el plan de la obra. 1 „»„ ihuesos en s(. iKstiidio lio los detalles del cuerpo humano. músculos. ( '••"•^"^ i articulaciones, 'Wcnas y arterias superficiales. [ tegumentos comunes, —1s pórganos, visceras y glándulas, formas estcriorcs. Id. del cuerpo humano en conjunto regiones, contornos. -...,/ /aparato locomotor. ^ ^ I Modilicaciotics apreciables al esterior relativas all i!., • ' - •«if.á,;5\ '"8'""sni'> i inlluencias de ciertos agentes estcriorcs. §S) l^ra/.as. ,Q f 1 constintes fciractores^ S \ I \U. relativas á los actos intelectuales y afectivos. ] , e,idculale.s (pa.si<.nes).' APÈNDICR.—Juicio anatómico-crítico sobre las estatuas antiguas, y sobre el carácter dominante di? otras escuelas. Los solos objetos de aplicación artística directa fijarán en aquellos tratados mi atención, mere- ciendo por lo tanto la preferencia todas las dife- rencias de individualidad, las de la edad y del sexo, ün orden lógico riguroso adoptado en la es- posicion de tantas y tan dilatadas materias me ha permitido tratarlas con suma sencillez y laconis- mo , y abrigo la lisonjera esperanza de que mi tra- bajo reúne todas las condiciones de una obra de texto. Si ella merece la aprobación de los alumnos y demás profesores ó aficionados al arte para cuya utilidad se ba escrito, quedaráii cumplidos todos mis deseos, y me animaré á darle en lo sucesivo mayor y nueva estension. Jpt NOTA DE LAS VOCES ABREVIADAS REPETIDAS EN ESTA OBRA. Sup,—Sups. . . . Sapertor.—Superiores. Inf.—In/s. . . . Inferior.—Inferiores. jént.—Ants. . . Anterior,—Anteriores, Post.^-Posts. . . Posterior.—Posteriores. Etí.^EtU Esterno.—Estemos. .tíOJ '^Uil·/l Jnt,—Ints loterQo.—Internos. Super Superiormente. Ir^fer Inferiormeote. jínter Anteriormente. Poster Posteriormente, ^rt Articulación. M, ó m Músculo. II Huero. De/ Definición. Dit División. Sit Sttuacioa. ESTUDIOS DE HISTORIA NAIRAL DEL HOIRE APLICADOS Á LA PINTURA Y ESCULTURA. LECCIÓN PRIMERA INTRODUCCIÓN. L·àL alto fin de la pintura y escultura como el de las bellas artes en general es enseñar verdades útiles delei- tando. Para el cumplimiento de una misión tan noble poseen sus ministros dos elementos; el concepto y la forma, los cuales nos transmite cada una de aquellas por el mecanismo que especialmente le compete : la es- cultura por su relieve, la pintura por sus líneas. Son partes elementales del concepto la invención , la com- posición , la espresion y la elección del asunto ú objeto (1) Doy principio á mis lecciones con el mismo discurso con que tuve el honor de inaugurarlas en 26 de m^rzo de 1851 en la Academia de Bellas artes de la ciudad de Barcelona. — 12 — representado; y lo son de la forma la perspectiva, el dibujo, el colorido y el claro-oscuro. Mas para que el artista logre su fin ha de desplegar en todos estos medios novedad, pero aquella novedad que contenga la verda- dera belleza, único objeto á que deben tender todas sus miras. Ha de evitar además dos vicios capitales, el ama- neramiento y la convención, estos funestos enemigos de las bellas artes que tanto las han dañado, hijos de una imitación servil y mezquina de modelos viciados ó per- tenecientes á otras épocas de espíritu distinto.—De todo lo dicho hasta, aquí se colige que el artista para ser ver- daderamente digno de este nombre ha de tener dos mi- ras constantes: 1.° poseer lo bello, 2." evitar la con- vención y el amaneramiento. Varios son, señores, los conocimientos que requiere el logro de una perfección tan necesaria y su esposicion no pudiera comprenderse fácilmente en las contadas pági- nas de un discurso. Pero tampoco nos toca hacerlo. Nuestro objeto en estos momentos no es tan grande y los conocimientos de la asignatura que se nos ha confiado tienen un círculo mas reducido. Hemos de estudiar la anatomía artística, y como ella no sea mas que una par- te integrante de aquel caudal de conocimientos, tampoco podemos traspasar los limites de esta especialidad. Sin embargo no debemos olvidar de ningún modo que nues- tro objeto es por esta misma razón esclusivamente artís- tico , y que nuestros estudios han de ser tales que diri- jan al mismo artista directamente á la belleza que es su único fin, lo que equivale á decir que nuestra asigna- tura ha de acomodarse exactamente á las exigencias del arte. De otra suerte el estudio anatómico tan necesario á nuestros artistas, que oportunamente dirigido ha de contribuir tanto á reformar el arte, pudiera llegar á ser- — i3 — le perjudicial, arrastrándolo á alguno de los dos vicios que mas arriba referíamos. Estas razones poderosas me han llevado á hacer ver en el presente trabajo de qué modo deba ser considerado el estudio de la anatomía artística para que conduzca única y necesariamente à lo bello , y siendo muy natu- ral saber primero qué sea y en dónde exista la belleza artística para acomodar á ella los medios de alcanzarla, entre los cuales figura la anatomía, he debido formar de mi discurso dos partes para demostrar los dos puntos si- guientes : Primero: Qué es la verdadera belleza y en dónde ha de buscarla el artista de nuestros dias. Segundo: Cuáles son los medios que tiene el artista para alcanzar la belleza, qué lugar ocupa entre ellos la anatomía, y de qué modo ha de ser considerada para lo- grar aquel ñn. Creo que la esposicion de estos puntos es la que ha de aclarar con mas exactitud la idea que me he pro- puesto. PRIMERA PARTE. Preguntado Euzompo ¿ que pintor de los a n t i g u o s se proponía para i m i - t a r ? dicen q u e , señalando cun la m a - no hacia cierta j u n t a de gentes r e s - pondió : To ? á la naturaleza imito y no á h o m b r e alguno. ( J Capmany , introducción á lu/l' toso/, de la Elocuen- ) Cuál es la defíaicion de la belleza artística, de qué modo ha de ser dividida, cómo ha sido considerada en — 14 — los distintos períodos de la historia del arte, cuándo se ha acercado mas á la verdad: tales son las cuestiones que vamos á desarrollar para descubrir al artista el pun- to en qne realmente existe su tan deseado objeto. Difícil nos seria sin duda fijar con exactitud el verda- dero sentido de esta palabra belleza cuando tan discor- des han andado los autores al intentar verificarlo. Limi- témosla sin embargo á las artes imitativas de nuestra in- cumbencia, y si se nos ofrece igual dificultad al exami- narla en un sentido abstracto, calculemos su valor real en vista de los' efectos producidos por las ideas sobre ella dominantes en los varios siglos que nos han prece- dido. Reflexionemos sobre lo que ha sido para deducir en su vista lo que deba ser. l a belleza, esa armonía tan poderosa como inesplica- ble que por do quier buscamos, ese mágico poder que nos atrae y nos arroba en nuestras impresiones afectivas, en nuestras necesidades ocultas, en nuestros goces y hasta en nuestros caprichos, ha sido siempre el objeto deseado del artista, el mismo ha sido también el que ha creído siempre poseer. En todos tiempos se ha tenido al arte por bello; y sin embargo épocas han existido cuyo estilo, cuyo gusto, cuyo espíritu ha sido enteramente opuesto al de otras épocas. ¿Qué significa pues esto, se- ñores? ¿ Es acaso la belleza susceptible de ser una ver- dad en sentidos enteramente distintos, ó será mas cierto quizás que á las veces ha sido mal interpretada? Admi- tiendo como debe admitirse que la verdadera belleza es una y siempre la misma, deberemos necesariamente con- venir en que de los distintos productos del arte creídos bellos, unos lo han sido en realidad y los otros solo en la apariencia. Han sido todos creídos bellos, por haber excitado en el ánimo de sus admiradores la idea de una» — IS — relaciones dispuestas hacia un mismo fin según ciertas conveniencias análogas á sus deseos; y esto nos dice ya por una parte que la idea fundamental de la belleza es la conveniencia de los medios con el fin á que van dirigidos. Pero solo han sido bellos en realidad los que han alcanzado la verdad imitando la naturaleza de la cual son los verdaderos intérpretes; y de aquí de- bemos por otra parte deducir, que solo será verdadera aquella belleza que tome á esta misma naturaleza que es la verdad por su único fin y objeto. Luego en medio de esa multitud de ideas tan vagas como arbitrarias por las cuales se ha guiado el arte pa- ra ser bello en el transcurso de los siglos, debemos dis- tinguir dos órdenes : unas que se fundan en la percep- ción de unas relaciones ordenadas, dirigidas á la adqui- sición de la verdad según las conveniencias análogas á la misma, y otras cuya base es la percepción de unas relaciones dirigidas á la representación de una circuns- tancia especial imaginaria, que sustituye á la verdad, por medio de unas conveniencias análogas á esta misma circunstancia. En las primeras hay conformidad de las partes con el todo y del todo con su verdadero destino; en las segundas aun cuando la conformidad de las par- tes con el todo exista, ó no es verdadera ó falta la verdad á este noble destino á que el todo se dirige: aquéllas son un conjunto de armonía análogo al ar- monioso conjunto del universo; éstas solo son análogas á una idea arbitraria mas ó menos grandiosa ó halagüe- ña, pero que no es por esto menos distante de la natura- leza : las primeras son en una palabra hijas de la verdad, cuando las segundas proceden de una convención mas ó menos desarreglada.—Tenemos pues que esta belleza artística tan buscada en todos tiempos ha sido las mas — 16 — veces convencional, nacida ya del espíritu de un autor que se ha dejado llevar de una idea dominante, ya de la originalidad de otro artista que ha contrariado las verda- deras miras del arte , ó ya también del espíritu de una escuela que ha sujetado sistemáticamente al arte la na- turaleza tan armoniosa como libre y siempre varia. Sigúese pues de lo dicho, que la belleza propiamente dicha consiste en la representación de la verdad cuya única copia es la naturaleza, que estaba de formar el fin al cual se acomoden los medios empleados por el ar- tista , así los pertenecientes á la forma como los propios del concepto, y que cualquier otro objeto á que tiendan dará por resultado una belleza convencional y por lo mismo falsa. Para comprobar con los hechos estos principios que teóricamente acabamos de establecer, no hay mas que dar una rápida ojeada á la historia del arte.—Varias han sido las épocas en que este ha sacudido el yugo de una tirana esclavitud para cobrar en medio de su libre impulso una originalidad que le ha revestido de belleza. Tres grupos podemos principalmente formar de estas épocas memorables en las cuales brilla con mas fuerza este ca^ rácter bello y original que tanta admiración ha escitado, y que muchos se empeñan en proponer aun en el dia por modelo. Fúndase el primero en el espíritu de aquellos pueblos de la antigüedad en que el arte fué tan estraor- dinarioen la estatuaria, el segundo en el carácter domi- nante en los cuadros pertenecientes á los siglos 300 y 400, y el tercero en la especialidad en que descollaron los su- mos maestros de cada una de las varias escuelas. Vea- mos pues en qué consista la verdad de estas tan cele- bradas fuentes de belleza, y de qué modo pueda hallar en ellas su modelo el artista de nuestros dias. En el primer grupo debemos examinar el arte tal como fué primero entre los indios, fenicios y egipcios, des- pués entre los griegos y posteriormente entre los roma- nos. —Entre los primeros es ya sabido que aquel fué mas bien un símbolo ó lenguaje alegórico que no la imitación de las acciones del hombre y de las pasiones que con- mueven su ánimo. Este objeto digno de las necesidades y espíritu de aquellos pueblos, da sin duda á dicho arte según nuestros mismos principios originalidad y belleza; sin embargo sus tendencias distan tanto de las que bus- camos que prescindiremos de sujetarlo á nuestra crítica. Entre los griegos el arle ya tuvo otra mira. Era el alma de la sociedad, la vida del estado, el estimulo para las acciones grandes y virtuosas; y el artista era el in- térprete é historiador de las glorias, de los dolores y de la fe del pueblo. Sí, de la fe del pueblo digo; porque era también el arte un medio poderoso, material digá- moslo así para inspirarle los sentimientos religiosos. Para ello buscaba admiración en las bellas formas del cuerpo, en la armonía esterior prescindiendo hasta cier- to punto de la profunda é íntima del ánimo, tenia sobre el sencillo simbolismo de la indiana la ventaja de per- feccionar la figura del hombre. De aquí, señores , aque- lla dignidad , aquella grandiosidad en el gesto y hasta en la espresion, circunstancias tan justa como felizmente espresadas por Winkelman, cuando dice al compararlas al mar: «que así como este aunque agitado en la su- perficie queda siempre tranquilo en el fondo, del mismo modo la espresion de las figuras griegas muestra siempre en medio de las borrascas de la pasión un alma grande e imperturbable.» Tal era el arle entre los griegos. No hay duda que este era bello porque los medios correspondían en él al fin que se proponía, pero al exa- — 18 — minar estos medios y este fin hallaremos una exagera- ción que se aleja de la verdad y que tiende á una con- vención señalada. Los griegos al copiar la naturaleza lo hicieron á su placer reuniendo perfecciones que solo existen aisladas, y al buscar la belleza formaron una puramente ideal que creyeron resultante de aquella amalgama de perfecciones. Crearon por lo tanto una convención vecina sí de la verdad, pero que no deja por esto de ser menos real y evidente. El arte romana hija de la griega era el libro histórico abierto al pueblo para que imitara Jas acciones buenas que en el leyera, abierto á las generaciones para que admiraran los hechos magnánimos escritos en sus pagi- nas duraderas. También era el alma de la religión, y como los medios correspondían tan exactamente al fin propuesto, tampoco podemos dejar de concederle nove- dad y belleza. Sin embargo esta tampoco es verdadera. Tiene los mismos inconvenientes de la anterior aumentados sin duda por su tendencia á ser decorativa, á cuya cir- cunstancia debió su menor perfección y armonía en las lí- neas y su menor idolatría por la esquisita forma del hom- bre. Por su única mira áproducirefeclo en las masas des- estimó ciertos detalles de la griega su madre á la cual llegó á no saber imitar como debía, viniendo á ser arte de convención. De todo lo dicho se deduce: que la belleza concedida á las estatuas antiguas es mas bien convencional que ver- dadera , y que los artistas al tomarla por modelo deben corregirla con el estudio de la naturaleza. Pasemos á examinar ahora qué valor tenga esta belle- za concedida á los autores de los siglos 300 y 400.—Sabi- do es, señores, como decayó el arte y cuan vergonzosa y humilde fué su existencia cuando faltaron aquellos maes- — 19 — tros de la antigüedad que tanto la enaltecieran con las pre- ciosas obras de que nos hemos ocupado. Compañerafielde la civilización, hermana de la literatura es como ellas el reflejo del espíritu de los siglos, nos transmite junto con las mismas su imagen viva, pero con toda exactitud, con todas sus perfecciones y defectos. Juntas son quizás mas veraces que la historia. Pero esta misma suerte tan igual que corren con las tendencias de la época les man- tiene en este estado variado é inconstante, }es da esta vida digámoslo así enfermiza, durante la cual se las ve á veces cobrar robustez y frescura para languidecer des- pués ó caer en el abatimiento.—Tal es la suerte de las bellas artes.—Cuando el cristianismo mudó con sus ten- dencias de amor y de salud eterna el espíritu de las na- ciones, imprimió también su sello en el carácter y miras del arte. Este como todos los demás ramos del saber humano siguiólos impulsos de tan grandioso cambio, pe- ro con la lentitud con que este se verificó. Sin embargo el hecho fué consumado, y unas tendencias tan opues- tas á las del paganismo le dieron el carácter original que nos importa fijar en el presente caso. No hay duda que del austero silencio de los claustros salieron los primeros y mas poderosos destellos que pre- pararon la reforma , el verdadero renacimiento llevado á cabo y formulado mas tarde por el gigante de la pin- tura , el aventajado discípulo de Cimabue, el inteligente Giotto. Habíase mantenido ya demasiado tiempo estacio- naria la pintura con las obras de Lazare, Transfurnari, Lucas Apollonio y demás autores bizantinos que no eran mas que sencillas copias de ellas mismas. Aparecieron aquí y allí algunos artistas, quienes siguiendo las inspi- raciones de la época hallaron originalidad en la imita- ción de la naturaleza, sacudiendo animosos el yugo de — 20 — una rutina tan insulsa.—Vióse en Florencia á Juan Ci- mabue, quien consultando á la naturaleza corrigió la ri- gidez del perfil, animó las cabezas é hizo pliegues en las ropas... En Roma á Urgolino d' Orviette, á Pedro de la Francesca, á Pedro Vanucci llamado Perugino, en cu- vo estilo á pesar de la ceguedad, rudeza y alguna mez- quindad en los trajes, brillan á la par del colorido la gracia en las testas y movimientos de las figuras. En Venècia Juan del mismo nombre, Martinello de Bassa- Do, Alberegno, Pierano etc. fueron también imitadores de la naturaleza'sobresaliendo en el colorido. En Mantua Andrés Mantegna, Bernabé; Serafín en Módena, Ali- gheri en Ferrara; en Milán Juan de Milán, Novara, Edesia, Laodiceo también la imitaron sobresaliendo en la perspectiva, por cuya circunstancia se hicieron después célebres las escuelas lombardas. En Bolonia ad- quirieron también celebridad durante el siglo xiii en el perfilar y vestir las Madonas Guido, Ventura, ür.sone , ven el siguiente Oderiggi de Gubbio, Franco, Vilale, Cristophoro , siendo igualmente célebres Francisco d' Oberto en Genova, Simón en Ñapóles , etc. El carácter dominante que tan vivo resalla en las obras de estos grandes artistas es una espontaneidad sacada de la naturaleza, pero espresada con toda la energía en los elementos del concepto. El espíritu religioso de aque- llos siglos, el santo entusiasmo con que se practicaban los actos sublimes de nuestra religión divina, las grandes acciones de Jesús, la caridad, el amor y la santa resig- nación de los Mártires, brillan con toda su pureza y verdad en aquellos cuadros , en los cuales ve circular el cristiano la vida espiritual que hace sallar lágrimas de ternura de sus ojos. Esta es la belleza de las obras per- tenecientes á los siglos 300 y 400.—Con todo, esta origi- — 21 — nalidad que por fundarse en la naturaleza las hace tan bellas, tampoco pudiera ser propuesta por modelo al ar- tista de nuestros dias. Lo atrasado de los elementos que debian entonces dar belleza á la forma hace de aquellos productos objetos de un mérito parcial, capaz de infun- dir al artista un amaneramiento en esta misma forma, al inspirarle la espontaneidad, pureza y enérgica espre- siott que tan vivas campean en el concepto. Veamos por último cuál sea la belleza fundada en la originalidad especial de cada una de las varias escuelas. Mas ante todo examinaremos cuáles sean estas es- cuelas y en qué consista su carácter.—Desde que Giotto dio ai arte la tendencia que se ha dicho, cesó aquélla de ser un oficio, pero conservó sus formas y su práctica. Aparecieron en la escena del mundo artístico hombres de genio, los cuales dotados de una disposición especial para retratar al vivo en sus cuadros alguna de las belle- zas de la naturaleza, llamaron la atención de la muche- dumbre y se hicieron cierto número de prosélitos. Así quedaron de hecho constituidas las categorías de maes- tro y de discípulo, de aquí tomó origen la escuela. En cada una de ellas los discípulos que llegaron á ser ins- trumentos materiales de su maestro, seguían rutinaria- mente sus máximas aprendidas mas bien práctica que teóricamente, y se multiplicaron tanto, que del siglo xv al xvi podían contarse ya en Italia las escuelas florenti- na , romana, veneciana, lombarda , boloniana, genove- sa, napolitana con otras subdivisiones de las mismas, y fuera de Italia bien que dimanando de ella la alemana, flamenca, holandesa, española,francesa,etc. subdividi- das también en otras varias. Los discípulos seguían con el rigor de la exactitud mas severa las máximas recibi- das de sus maestros, y esto daba á las producciones de — 22 — cada escuela unafisonomíapropia, tan espresa que aun hoy dia podemos distinguirlas unas de otras por este medio. Este sello especial es lo que forma el carácter de las escuelas. La circunstancia de haber producido todas ellas hom- bres grandes, cuya originalidad les valió el dictado de sumos maestros, pudiera hacernos creer que estos saca- ron de la ¡dea dominante en las mismas aquellos rasgos de belleza que aun hoy dia nos admiran. Pero no es así en realidad: pues si bien es cierto que todos ellos son hijos de las mencionadas escuelas , fácil es observar sin embargo, que estos célebres autores fueron la admira- ción de su siglo cuando rompieron los grillos con que una sistemática autoridad sujetaba los impulsos de su sagacidad y perspicacia; cuando desplegaron el vuelo de su penetrante ingenio, rompiendo las cadenas de una convención que tan lastimosamente intentaba reprimir- les; cuando saltaron atrevidos la fantástica valla del magisler dixit; cuando en fin buscaron en la naturaleza lo que encontraban falseado en los modelos hijos del arte. Los célebres Massaccio, Orgagna, Antonio de Messi- na, Leonardo de Vinci, Michel angelo Buonarotti, Bap- tiste Franco, Andrés Vanucci llamado del Sarto, son hi- jos de la escuela florentina; pero aquella pureza en el perfil, aquella elegancia en el asiento de las figuras, aquella austeridad en la espresion que aunque parezca escluir la gracia les da sin embargo una majestad ideal que parece elevarel arte mas allá de la naturaleza huma- na , solo la adquirieron cuando abandonaron la rutina de la escuela para copiar la naturaleza. Bellini, Montagna, Tiziano, Tintoreto, Bassano, Varotari, Tiepolo se for- maron en la escuela veneciana; pero esta verdad que — 93 — junto con el colorido de sus cuadros tanta celebridad les dio solo la deben á la naturaleza. Ni debió á otra causa Correggio aunque hijo de la escuela de Parma, á la par de su hermoso colorido y vigor de claro-oscuro, la gra- ciosa postura de las figuras, la finaespresion en el aire de las cabezas, aquella variedad y abundancia de ideas poéticas de sus composiciones que le hicieron olvidar alguna vez la corrección del perfil ; ni se hizo por otro motivo célebre Carlos Mantegna que por haber sabido corregir con sus estudios de la naturaleza aquella se- quedad del perfil, y aumentar mas la hermosura de las cabezas de lo que hablan hecho otros discípulos mas adeptos á las ideas de la escuela genovesa. Las obras de Novara, las de Bramante tan originales á pesar de lo ro- busto y pesado de sus figuras, las de Borgognone cuyo estremo opuesto no llega á afear aquella naturalidad y estudio de ejecución ni la espresion graciosa de tan va- riadas fisonomías... las de Ferrari, las de Solari, las de los hermanos Procaccini, discípulos todos de la escuela de Milán, solo son originales porque bebieron en igual fuente. T ¿de qué otro manantial sacaron Francin su pureza en el perfil y su naturalidad y belleza tan cele- bradas los tres hermanos Caracci, así como sus discípu- los Domeniquino , Guido, L' Àlbano, Lanfranco, Spada, Brizio , Leoni, Cignani aunque pertenecientes á la es- cuela de Bolonia? Por último la sagacidad de invención y naturalidad de figuras y trajes que admiran aun en las obras de Tesauro, las bellas circunstancias de las de Sabbatini, Curia, Imparato, Azzolini, Salvador-Bosa, Corenzio, Caracciolo, Ricci de Messina, Preti, Giorda- no, etc. de que tanto se envanece Ñapóles por ser alum- nos de su escuela, se debe todo á la misma causa. ¥ si Pinturicchio , y si sobre todos Rafael adquirió una cele- bridad inmortal, y mereció el título de divino por la su- ma belleza de sus composiciones á la cual nadie ha llega- do, es porque no quiso, no pudo ser esclavo de la imi- tación ciega de las estatuas antiguas, carácter distintivo de la escuela romana su madre. La misma observación podemos hacer en las demás es- cuelas existentes fuera del suelo de Italia.—Las escuelas de Valencia, de Madrid y de Sevilla nos han dado en el siglo X á Pedro Berruguete y a Fernando Gallegos, V en el xvi á Vicente Joanes, fundador de la escuela de Va- lencia, á Luis de Vargas, á Morales y á Coello. Poste- riormente á Francisco Herrera, á Fernandez Navarrete, á Velazquez que fundó la escuela de Madrid, á Alfonso Cano, á Zurbaran, áMoya y al célebre Esteban Murillo que dio origen á la de Sevilla. Las obras de estos maes- tros y de otros que pudiera citar han sido tanto mas be- llas cuanto menos se han dejado estos llevar de una cie- ga imitación á las estatuas y á otros modelos italianos á los cuales debieron sus rudimentos. ¿. Y no podemos hacer la misma observación en la escuela alemana, dividida en las de Nurerabergy de Colonia, al examinar las obras de Schongaüer, Schoen, Olmutz, las célebres de Alber- to Durero, las de Granach, Holbein, etc. pertenecientes al siglo X ; las de Schwarts, Witte, Van-Achen, Els- V beimer al xvi, y las de Roos, Dictrich, Weirotter, Menghs, etc. á épocas mas recientes? Examínense en fin las de Rubens, Suyders, Crayer, Schut, Van Dyck, Teniers pertenecientes á la escuela flamenca; las de Enghelbrectksen , Lucas Bernard, Van Veen, Harlera, Rembrandt tan célebre por el carácter de vida y verdad de sus figuras , las de Bloemaert, etc. de la escuela ho- landesa; las de Clein, Dobson, Hogarth, etc. de la in- glesa; las de Cousin , Pousin, Lorraine, le Soeur, Mi- — 2S — gnard, \ernet, David, etc. de la francesa, y encontra- remos la misma correspondencia de causas y efectos. Estas razones históricas, incontestables por ser razo- nes de hecho , de todos tiempos y de todas las naciones, son sin duda las mas poderosas en que podemos apoyar nuestra opinión al sentar , que solo la verdadera imita- ción de la naturaleza dará al artista la belleza que tanto apetece. SEGUNDA PARTE. ^í" '"' V '^^2t \ Si (Jone vous preñez á ia leltre votrc anatomie , si vous vous cootentez de recouvrir d e c h a i r e t d e p e a u eetécorché que vous avezdessloé avec t a n t <ïe soin et d'exactitude, vous faites un étre fantastique qui n'est ni v i v a n t , ni t n o r t ; qui ne peut ni oiarcVier f ni agir^ —L. Vitet.—Revue Uaiverselle de B r u - xelles—Juin ! 8 4 r Si tomáis al pié de l a letra vuestra anatomia y os contentáis con cubrir de carne y de piel este objeto desollado ^|<-, V v.,3 \ que habéis dibujado con tanto esmero y exactitud, creáis un ser fantástico q u e no es vivo ni m u e r t o , que no puede a n d a r ni obrar.—I.. Vitet.—Revista uni- versal de Bruselas.—Junio de 1841. Probado ya que la verdadera belleza artística consiste en la espresion de la verdad y que esta existe en la na- turaleza, fácil es concebir que cuantos medios tiendan á facilitar al artista el conocimiento de esta última serán otros tantos que le llevarán á su fin. De estos medios unos corresponden al orden moral y otros al orden físico. Pertenecen al primero la historia, la literatura, la mo- ralidad y la religión, y al segundo las ciencias natura- — 26 — les.—Estos son los medios de instrucción para el artista en los cuales encontrará cuanto necesite para el comple- to desarrollo de sus ideas, oon ellos se poseerá de la verdadera inspiración, tocará esta verdad, esta belleza, este resultado feliz que tanto anhela. Sin embargo para el logro de tan grande objeto ha de tener acierto en la elección, tino y exactitud en el modo de usarlos. Necesita belleza en el concepto y belleza en la forma, y ha de acomodar á cada una de estas dos par- tes su correspondiente elemento: si se pierde este equi- librio , si en algo se escede, caerá necesariamente en uno de estos comunísimos defectos en que tanto hemos tenido que insistir, será convencional ó amanerado. Espueslos todos estos antecedentes, podemos pasar ya á determinar cuál sea el lugar que ha de ocupar la ana- tomía entre los medios de instrucción referidos, y de qué modo debe ser considerada para conducir al artista al logro de su verdadero fin.—La anatomía, señores, como á una parte del estudio de las ciencias naturales, debe- rá considerarse como un elemento de instrucción perte- neciente al orden físico, dirigido á procunin al artista el conocimiento de la naturaleza, y limitada á la inves- tigación de lo bello por lo que mira á la forma del arte. Tal es el lugar que debe ocupar, esta ha de ser su única tendencia.—Mas antes de pasar al desarrollo de este punto, preciso es fijar el valor de este estudio artístico y dar la definición que le convenga. La anatomía artística, cuyo estudio debe ser tomado en un sentido muchísimo mas lato de lo que su nombre indica, y que yo llamaría por esta razón historia natu- ral artística, debe definirse concretándonos ala del hom- bre : aquella parte del estudio del cuerpo humano , que tiene por objeto presentarlo al artista como á verdadero — 27 — modelo de belleía enlre los elementos de la forma. Par» desarrollar como corresponde toda la idea contenida en la citada definición, V manifestar de qué modo ha de ser considerada la anatomía para obtener el fin señalado , examinemos primero ias circunstancias que deba tener aquel estudio considerado en si mismo, y segundo las necesarias para que en su aplicación quede reducido á sus límites debidos. Con respecto al primer estremo hemos de considerar que la anatomía artística no es un sencillo estudio de ob- servación , ni se dirige únicamente al solo conocimiento de las partes constituyentes del cuerpo humano. Su es- tension es mas dilatada , forma de aquellos conocimien- tos objetos de aplicación al hombre vivo, estudia al mis- rao en acción, valúa y determina todos sus actos y mo- vimientos. Por lo cual debemos considerar en ella una parte hasta cierto punto pasiva, de observación inmedia- ta ó de simple inspección, limitada al conocimiento de- tallado de las partes anatómicas que determinan la for- ma , proporciones y movimientos del cuerpo humano; y otra que llamaremos de aplicación, perteneciente á una esfera superior en la que interviene el raciocinio, la cual no siendo otra cosa mas que una consecuencia de la primera, analiza y combina la acción de los órganos que esta dá á conocer, y su influencia en las formas, actitudes y movimientos de la figura. Es necesario no perder de vista estas dos partes en que deben ser divi- didos los estudios naturales artísticos á fin de que sean metódicos, y porque su confusión llevaria perjuicios á las artes á que deben ser aplicados. ¥ tal debe ser la es- tension de aquellos estudios: no basta que el artista co- nozca las partes componentes del cuerpo del hombre, es necesario que entienda sus usos, su fin y su mecanismo, — 28 — • siéndole de todo punto imposible prescindir de estos co- nocimientos por mas que sean del dominio de la fisiolo- gía. Por cuyo motivo decia mas arriba, que la denomi- nación de anatomía artística, ó debe ser tomada en un sentido muchísimo mas lato de lo que indica su nombre, ó debe ser sustituida por la segunda que he propuesto. En estos dos grupos quedan reunidas todas las mate- rias objeto de nuestro estudio. En el primero pertene- ciente al dominio esclusivo de la anatomía, se incluyen las nociones necesarias de los huesos, músculos, entra- ñas, venas y arterias esteriores y tegumentos comunes, sea que se consideren estas partes aisladamente, sea que se estudien en su conjunto ó formando el cuerpo dei hombre, el de la mujer y el del niño.—En ei segundo que es del dominio délafisiología,se incluye por una par- te el estudio de la acción muscular del cuerpo y miembros necesaria al simple sostenimiento del hombre, à los movi- mientos de traslación y á las actitudes naturales ó violen- tas; y por otra la acción de los músculos de la cara ó fi- sonomía, ora sea natural, ora esprese los sentimientos y pasiones.—Tal es, señores, el modo como debe concebirse el estudio de la anatomía artística considerado solamen- te por lo que es en sí. Mas pasemos á examinar ahora de qué manera debe ser considerado dicho estudio eo sus aplicaciones á las artes. Este es el punto que nos importa fijar con mas pre- cisión. Para ello no hay mas que recordar los principios hasta aquí espuestos, que hemos procurado apoyar en el irrefragable testimonio de la historia, y hacer aplicación de elles á este objeto. Hemos dicho que la anatomía era uno de los medios de instrucción para el conocimiento de la naturaleza pertenecientes al orden físico, y que se — 29 — concretaba á buscar la belleza en la forma del arte. De lo cual se sigue que mientras se limite dicho estudio á esta misma forma será ventajoso, y que será perjudicial siempre y cuando quiera dominar en el concepto.—Otra consecuencia se deduce también.—Así como la forma lo mismo que el concepto debe tender á la verdad y evitar la convención y el amaneramiento, del mismo modo de- berá hacerlo la anatomía si no quiere dañar al arte en sus estudios de aplicación. Fácil nos será probar estos principios con la razón y con la esperiencia. Hemos dicho en primer lugar que la anatomía será ventajosa al artista cuando se limite á buscar la belleza en la forma del arte, y que le será perjudicial cuando quiera dominar en el concepto.—Son tan distintos los elementos de belleza correspondientes á cada uno de es- tos dos medios comunicativos del arte, que si no se ejer- cen en sus límites debidos le acarrean siempre grave da- ño. Mas si en alguno hade ser trascendental el resultado es sin diida en el que nos está ocupando. Los detalles del cuerpo del hombre, los mismos estudios anatómicos de aplicación, ora se limiten al simple sostenimiento de las partes del cuerpo, ora deban ser acomodados á la repre- sentación de actitudes mas ó menos violentas ó signifi- cativas de un afecto del ánimo, no pueden entrar mas que como á elemento de la forma, aquí deben reinar, solo aquí podrán inspirar al artista, enriquecer su idea, dirigir su mano. Quererlos llevar al dominio del con- cepto, sujetarles sus elementos que han de nutrirse en atmósfera tan distinta mas elevada y mas libre, ha- cer esclava suya la idea de la composición, la espiritua- lidad del asunto, el alma del arte que tanta libertad ne- cesita para elevarse á Dios, para hablar al pueblo, pa- ra arrancarle del vicio, para inclinarle á la virtud ó á — Sir- ia gloria según sea el asunto representado; querer digo sujetar estos elementos á los de la forma y en especial á los de nuestra anatomía, seria poner trabas al genio, doblegar el pensamiento á particularidades que le afea- rían , despojándolo de la verdad y alejándolo por consi- guiente de la belleza. En.la historia del arle podemos leer los perjuicios que alguna vez le ha irrogado seme- jante práctica. Aun prescindiendo de las causas morales y polilicas que á mediados del siglo xv contribuyeron á acariciar tanto la forma en detrimento del concepto, contribuyó muchísimo á este fin el entronizamiento del naturalismo, para lo cual se consultó con tanta avidez como exagera- ción el hombre desnudo y el cadáver. El desarrollo que posteriormente tuvieron las matemáticas, su aplicación á la arquitectura, á la filosofía, á k estrategia, empezó por invadir también el terreno de la pintura ; y si se li- mitó al principio á los arcos de triunfo, á los pórticos, á los atrios que tan bellos figuraban en et fondo de los cuadros, alcanzó finalmente también h. misma figura humana. Sus dimensiones, sus movimientos, sus actitu- des se resolvieron por las reglas de la ciencia de los pro^ blemas: y he aquí una nueva causa que al paso que di6 origen al escorzo, hizo una aplicación viciosa del estudio anatómico, y contribuyó no pocaá hacera la forma se- ñora del arte. Muchos son los ejemplos que de ello nos ofrecen las mas de las obras pertenecientes á los siglos xv y xvi, tan fecundos en sucesos ventajosos y nocivos á la vez para el arte; pero nos bastará sujetar udo solo á nuestro aná- lisis para hacer ver en qué consiste este vicio de que nos estamos ocupando. Atrevimiesto mió será sin duda escoger para e»te objeto el grande y tan celebrado cua- - 51 — dro en que Michelangelo nos representa el juicio final, obra hasta aquí inimitable y que ha debido merecer siempre la admiración de los siglos. Sin embargo por mas que una escesiva perfección en la forma constituya el vicio en cuestión, no es menos cierto que existe, y di- fícilmente pudiera negarlo el mismo célebre maestro. — No hay duda que la suma afición al escorzo, espre- sada por una tan enérgica como exactísima contracción muscular, fué la idea dominante en la imaginación de Michelangelo al trazar el grandioso cuadro. Las inspi- raciones que bebiera en las admirables descripciones de Dante, aquel alma mas estraordinaria que sublime, mas deseosa de singularidad que de afecto, como dice Selváti- co, y los conocimientos exactamente arraigados con sus profundos y continuos estudios anatómicos se dejan ver bien allí, en donde hay tanto atrevimiento en los con- tornos, tanta facilidad en lo difícil de las posiciones, tanta espresion en los ¡movimientos y actitudes. Feliz mil veces si en el calor de la inspiración hubiese limita- do sus vastos conocimientos anatómico-fisiológicos donde debía. Mas no fué así. Olvidó que éstos eran esclusiva- mente propios de la forma y sacrificó á ellos el concep- to. Abarcó con su imaginación cuanto tiene éste de gra^ ve, de majestuoso, de imponente y de terrible en el asunto representado; vio la majestad de un Dios que llama á las generaciones todas al pié de su augusto solio para juzgarlas según el rigor de su justicia divina ; opu- so á la esperanza el temor, á los remordimientos la ino- cencia , á lo horroroso del vicio la halagüeña calma de la virtud, á la santa satisfacción de los elegidos la vergon- zosa desesperación de los reprobos. Sin embargo al rea- lizar estas ideas llevó á tal estremo su afición al escorzo y á la fuerza del contorno, quiso lucir tanto en ello sus — 32 — conocimientos anatómicos, que quitó á la espresion de sus figuras la necesaria correspondencia de un medio al fin á que va dirigido. La actitud amanerada y hasta es- travagante de casi todas ellas está en completo desacuer- do con su idea. Y sino ¿qué significa aquella serpeada posición de la Virgen, aquel coquetismo en recoger sus miembros tan impropio de la Reina de los cielos? ¿Qué espresa aquella violencia en los movimientos del supre- mo Juez, la estravagante posición de los ángeles al sos- tener los trofeos de la pasión del Dios Hombre, la no menos estraña de los espíritus celestes que conducen á los mortales al supremo tribunal por medios tan impro- pios como faltos de nobleza? Esto es una falta de propie- dad en los detalles que quita la dignidad al conjunto y perjudica la idea principal, es un lujo de conocimientos anatómicos que al querer dar con toda la exactitud y maestría las mas difíciles posiciones al cuerpo olvida la necesaria y apropiada al objeto á que la composición se dirige, es en una palabra fijar toda la atención en los elementos anatómicos de la forma no cuidando de mirar si concuerdan, ó si se oponen ó avasallan los tan necesa- rios del concepto. Con esto queda ya probado el primer defecto que ha de evitar el artista al hacer uso de los conocimientos anatómicos. Fáltanos probar por líltimo la necesidad que tiene de evitar el amaneramiento y la convención.—No hay duda, señores, que aquellos mismos elementos de perfección ca- paces de enaltecer el arte manejados con la debida opor- tunidad y prudencia, se vuelven medios de destrucción y de desorden cuando al salir de sus límites invaden un terreno en donde no deben reinar, ó estienden su in- fluencia á unos objetos pertenecientes á distinta esfera. - 35 — El arte ha sido imperfecto muchas veces por faltarle los elementos que debían llevarlo á la belleza , pero lo ha sido sin duda muchísimas mas por no haber sabido com- prender ó usar debidamente estos mismos elementos cu- ya posesión habia logrado. El deseo de generalizar una idea que dio un resultado feliz llega á estraviar á sus admiradores, los cuales fascinados por los halagos de una bella realidad , olvidan el camino de la verdad para seguir el de esta belleza, que por ser real es mas enér- gica y arrebatadora. De aquí esta afición á poner en re- lieve aquella idea, este gusto en darla estension, esta necesidad de generalizarla. Cuando así resalta en los elementos de la forma con tanta estension y libertad, con tanta riqueza y detalles da origen al amaneramien- to ; si es erigida en ídolo de belleza para que su gusto sea el tipo consagrado al cual deban acomodarse aque- llos mismos elementos de la forma, entonces crea la con- vención. Aun podemos ver ejemplos de entrambos vicios en la historia del arte. Recordemos sus vicisitudes acae- cidas por los siglos X y xvi. V Cobró el arte vigor y lozanía entre los siglos xiv y xv con los trabajos de Massachio, Buonarotti, Muranese, Gentile da Fabriano, Perugino , Guirlandayo , Bellini, Cima, Leonardo da Vinci por haber estos grandes inge- nios buscado la belleza en el desnudo y en el cadáver, y no en las estatuas antiguas que no hicieron mas que observar con toda la libertad de su ánimo. Llevaron al colmo este progreso los inmortales Ticiano, Rafael, Mi- chelangelo, etc. con su feliz originalidad sacada de la naturaleza; y á nadie puede caber duda que entre los medios que á tan bello resultado les condujeron ocupa el primer lugar el asiduo y continuo estudio de la ana- tomía.—Sin embargo este mismo elemento de perfección — 34 — puesto en manos de sus discípulos ya no produjo iguales efectos. ¿Y por qué razón? Porque no supieron manejarlo como convenia. Creyeron deber buscar la originalidad en las obras de aquellos maestros y no en las fuentes de donde éstos la habian sacado, y enamorados de la ma- quinal grandiosidad de Michelangelo, fascinados por los hechiceros rasgos del gran Buonarotti quisieron trasladar- los á sus cuadras. Un gusto desmedido para estos ras-' gos rápidos, largos y enérgicos se hizo sentir desde lue-= go, en él se creyó encontrar el genio de aquellos gran- des maestros, y en su imitación se hizo consistir la ori- ginalidad , se sujetaron al mismo todos los elementos de la forma, fué el ídolo del arte. Mirad los cuadros de aquellos artistas y le veréis formando su carácter carac-^ terístico, veréis que es esa misma convención fatal que dio al arte nueva herida de muerte al fin del siglo xv cuya aurora habia sido tan brillante. La anatomía contri- buyó pues á hacer al arte tan grave daño por su carácter convencional. Sigamos la historia del siglo xvi y podremos ver en ella los malos efectos que produjo la misma anatomía al caer en el amaneramiento.—Aparece en dicho siglo una nueva época de triunfo para el arte , al feliz impulso que éste recibió del talento de los tres hermanos Caraeci. Erigieron éstos una academia, cuyos estudios fundamen- tales fueron el de la perspectiva , el del modelo vivo y el del cadáver; desdeñaron la servil imitación de las enervadas obras de los antiguos para estudiar en el ver- dadero libro de la naturaleza ; y de aquí nació la cele- bridad de aquellos maestros, de aquí la de sus discípu- los Guido, Domeniquino , Guercino, Albano que tan bien supieron aprovechar las lecciones recibidas. Enton- ces la anatomía reinó como á medio de belleza en la - - 3S — forma del arte, pero sin avasallarla; dominó en ella, pero no de un modo absoluto. Por esto fué bella, por esto lo fueron también las obras de aquellos autores que con tanto acierto supieron interpretarla. Sin embargo esta nueva era de gloria duró poco.Cuan- do dijo Luis Caracci que para ser buen artista era nece- sario poseer los efectos de la escuela de Venècia, el bello colorido de la Lombarda, lo terrible de Michelangelo, lo verdadero y natural del Ticiano , el estilo puro y sua- ve de Coreggio, la regularidad de Rafael, la decencia y solidez de Tibaldi, la invención de Primatice y un poco de la gracia del Parmesano, precipitó el arte desde el alto punto en que él mismo lo habia subido. Sus pala- bras fueron desgraciadamente interpretadas en un sen- tido material; creyeron sus adeptos que debían adquirir las bellas circunstancias recomendadas por Caracci co- piando los modelos en que respectivamente brillaban, cuando éste queria significar sin duda que era preciso buscarlas en las fuentes de donde las sacaron sus auto- res; y de aquí nació el eclectismo, cuyo resultado fué apagar el soplo de originalidad que el arte habia recibi- do.—Entonces se volvió al gusto de imitar los grandes modelos, pero no de un modo servil; se quisieron cor- regir sus defectos con el estudio de la naturaleza. La afi- ción que se tuvo á la anatomía subió entonces de punto, en ella se quiso buscar el áncora de salvación , solo a ella se confió la regeneración del arte. Ya no se estudió las estatuas antiguas con el ciego entusiasmo de otras épocas, ni fueron tampoco tomadas por modelo único; se les conocieron cosas dignas de imitación , pero otras también que debían ser corregidas. Los espíritus des- preocupados de aquel siglo, los que observaron con áni- mo libre los modelos de la antigüedad, despreciaron — 36 — aquellas formas tan bellas como convencionales de las eminencias y depresiones de la frente, la confusión de los arcos superciliares y orbitarios, la uniformidad de la frente, la falta de escotadura de la nariz y la forma vertical y recta de la misma, tan manitíesto todo en las Venus de la antigüedad y en la mayor parte de las cabe- zas de mujeres y de jóvenes. Tampoco copiaron las tan estudiadas formas del pecho, la figura del hueco del es- tómago , ora exactamente triangular como en el Apolo Pitio, ora romboidal como en el Hércules Farnecio; la figura saliente y horizontal del borde inferior del pectoral mayor, tan exagerado en las estatuas romanas. Desesti- maron también como debian esas curvas tan regulares que señalan las escotaduras del pecho y de la pelvis, los surcos laterales del vientre y los planos suprainguinales, las formas tan sistemáticas de los músculos rectos , de los surcos lumbares y de los vacíos, el borde esterno del dorsal mayor que viene tan adelante, la cortedad y es- cotadura del ángulo inferior del deltoides, !a escesiva desviación de este músculo hacia afuera, la salida del borde interno del omóplato, circunstancias posibles casi todas de notar en el Hércules Farnecio. Corrigieron tam- bién la confusión tan común en los detalles de los es- tremos superiores é inferiores, la rudeza del músculo biceps braquial, la de los tendones estensores de los dedos, la poca exactitud en las relaciones de los huesos navicular y pisiforme, el pliegue superior de la rodilla tan generalmente exagerado , el surco de la pierna tan profundo y duro de una porción de estatuas romanas, las formas tan amaneradas de los tobillos y de la eminencia superior del talón, circunstancias tan distantes de la exactitud que ofrece la naturaleza. La anatomía tomó á su cargo esta reforma tan necesa - — s i - ria, pero lo hizo con exageración. Entonces entró una afición escesiva á la demostración de las formas muscu- lares como para enseñar la exactitud con que eran cono- cidas , y esta destreza tan exagerada que se quiso lucir para ponerlas en relieve es la que condujo al amanera- miento. —Basta mirar los cuadros de la época á que nos referimos para observar, que este elemento de perfec- ción en la forma que tan inimitables resultados dio por la divina mano del nunca bien ponderado Rafael, y tan felices por las de los artistas que siguieron sus huellas, causó muchísimo daño en la de otros muchos por haber sido en este particular tan exagerados. Infinitos son en aquellas obras los ejemplos de semejante defecto, ora representando contraidos ciertos músculc» que debieran hallarse en estado laxo, ora presentando otros en relieve impropio de su acción y de la actitud de la correspon- diente figura; ya ofreciendo un volumen que está en completo desacuerdo con la constitución , temperamento ó estado moral del sugeto á que pertenecen , ya en fin acompañando una posición para la cual ó no son necesa- rios ó deben ofrecer una configuración del todo opuesta. ¥ he aquí el segundo defecto que ha de evitar el ar- tista en sus estudios de aplicación anatómica. Señores, ha llegado ya el fin de mi discurso.—He pro- bado que la verdadera belleza artística se fuoda en la espresion de la verdad, cuyo original es la naturaleza, y al señalar á la anatomia el lugar que le corresponde en- tre los medios de instrucción necesarios al artista para el conocimiento de lo bello, he hecho ver por medio del raciocinio y de la historia las circunstancias que ha de tener aquel estudio y los defectos que ha de evitar. Solo nos falta hacer la debida aplicación de estos principios á nuestra asignatura. — El arle que ha permanecido tanto — 38 — tiempo estacionario ha entrado posteriormente en un ca- mino de verdadero progreso al feliz impulso de los ade- lantos del siglo, y solo el acierto del artista en la elec- ción y manejo de los medios propios para alcanzar la belleza podrá guiarle á la perfección. La anatomía es uno de estos medios que mas parte ha de tener sin duda en el complemento de esta misión tan grande. El go- bierno de S. M., que asi vela por el fomento de las be- llas artes como por el interés general de la nación, lo ha visto, y ha dispuesto que las competentes corporaciones faciliten á los artistas unos conocimientos tan útiles y necesarios. La ilustre Academia de bellas artes de esta ciudad, fiel intérprete de tan acertadas ¡deas , abre hoy á este fin la presente cátedra de anatomía artística, pa- ra que no le falte á la culta Barcelona este ramo de ins- trucción que ha de llevar al arte tanta ventaja. El que en este momento tiene el honor de dirigiros la palabra es el encargado de iniciar al artista en estos secretos detalles de la organización del cuerpo humano, es el que ve colocado en sus manos ciertamente inespertas el depósito de una instrucción que ha de ser repartida con tanto tino para andar acertada. Convencido como estoy de las dificultades que roe cercan en este cometido, he empezado por descubrir el camino que debe seguirse para llegar al término deseado; y ojalá que los princi- pios establecidos en el presente trabajo sean como lo creo los mas apropiados á dicho objeto. Ellos son los que me propongo ya desde ahora por norma de mis lecciones, y si mi probada insuficiencia no es capaz de corresponder debidamente á las fundadas esperanzas deestaM.L Aca- demia , me lisonjearé siquiera de haber reunido todos mis esfuerzos para sustituirla por una firme y recta vo- luntad.—He dicho. — 59 — LECCIÓN S E G U N D A . OSTEOLOGÍA ó TRATADO DE LOS HUESOS (')• Comprende I . " lo qae correspomle á los huesos en si. 2." lo qne per- tenece á sns junturas. DE XOS HDB80B EH SÍ. Generalidades. Definición.—Los huesos son las partes mas sólidas de la máquina animal, que sostienen y guarecen las partes-blandas, sirven de palancasálos miembros y de- terminan las formas y proporciones del cuerpo. Situación.—Es siempre en lo interior en medio de las partes blandas. Posición.—Esta es absoluta cuando se considera con relación al todo del miembro á que el hueso pertenece, y relativa cuando se refiere á los huesos que le rodean. Asi por su posición absoluta se dirá que el coronal está en la parte superior y anterior de la cabeza, y por la relativa que se halla delante de los parietales, encima de los huesos propios de la nariz, del etmóides, maiila- 1 Este será el tratado que estudiaremos mas detalladamente, .tunque íí primera vista pudiera parecer de poco ínteres. Los tiuesos además de for- mar la base principal de todas las demás partes del cuerpo y de ser el orí- gen primitivo de sus furnias, sirven de arraigo á las partes blandas, en cu- yo conocimiento .se adelanta con paso tanto mas seguro y fácil cnanto mas minucioso ha sido el-estudio de aquellas partes súlidas. — iO — res, etc.—Para fijar los puntos de comparación al dar á los huesos las referidas posiciones se ha ideado suponer en el esqueleto puesto en pié siete planos, uno superior encima de la cabeza, otro inferior debajo de los pies, ambos horizontales: siendo de los cinco restantes verti- cales, uno anterior, olroposterior, dos laterales dere- cho é izquierdo , y el quinto medio ó interno que divide el esqueleto en dos mitades, una de cada lado. Por lo que, un hueso estará situado encima, debajo, delante, de- trás, al lado interno ó esterno de otro, según se acerque mas que este á los planos de aquellas denominaciones. En las partes que forman un conduelo se supone un eje, y en las que forman cavidad un punto céntrico, y se lla- ma interno lo mas cercano á dicho eje ó punto céntrico, y esterno lo mas distante. Magnitud.—VoT su tamaño comparados entre sí se di- viden los huesos en grandes, medianos y pequeños. Figtira.—Los huesos cuyas dimensiones de longitud, latitud y profundidad son casi iguales se llaman cortos, cuando la primera escede á las demás, largos, y planos cuando son estas últimas las mayores. Si pueden dividir- se en dos mitades iguales se denominan regulares ó si- métricos en si, lo cual sucede en todos los impares; en el caso contrario se dicen irregulares ó simétricos entre si, porque solo juntando los dos pares se forma un todo simétrico. Toman también nombres por su semejanza á otros objetos, como cuneiforme, cuboides, tibia, etc. Color.—Varía según la edad, la especie de hueso y las diferentes partes del mismo. En general los del feto son rojizos, blancos los del adulto y grises los del anciano; pero los chatos siempre son mas blancos que los cortos , y también lo son los largos en su parte media. Begiones.—En los huesos largos se distingue un cuer- — 41 — po y las estremidades, en los planos dos superficies es- terna é interna, los bordes que las limitan y los ángu- los formados por el concurso de los bordes; y en los cortos varios ángulos, bordes y superficies, llamándose en algunos cuerpo su parte mas voluminosa que es aquella en que aparece por lo regular el primer punto de osificación.—La porción de superficie de un hueso que sirve para unirse á otro inmediato se llama cara ar- ticular. Eminencias.—^c llaman apófisis cuando son continuas con el mismo hueso y epífisis cuando interceptadas por algun cartílago que se osifica con el tiempo para conver- tirse en apófisis. Estas son articulares y no articulares: y se llaman cabezas si son hemisféricas, cóndilos si mas planas y estensas en un sentido que en otro, tube- rosidades si son muy escabrosas, espinas si muy agu- das , crestas si son prolongadas, elevadas y terminan en corte, /íneossi mas superficiales, denfeí/ones, iaices,eíc. por su semejanza á aquellos objetos. Cavidades.—VÜSLS son articulares y otras no articula- res. Las primeras se llaman cotilóides cuando son hemis- féricas , glenóides si son anchas y poco cóncavas, poleas cuando tienen esta forma, alvéolos si son cónicas. Las no articulares se denominan fosas si la entrada es mas ancha que su fondo, senos si es mas estrecha, canales cuando recorren un trayecto del hueso, correderas cuan- do sobre ellas se desliza algun órgano, surcos cuando alojan vasos ó nervios, ranuras cuando tienen cierta pro- fundidad con poca longitud y son angulares en el fondo, escotaduras si son superficiales y están al borde del hue- so, hendiduras ó cisuras si son longitudinales y estrechas, conductos si son en forma de canuto y corren cierto tre- cho por el hueso conservando el mismo diámetro, si van — .i2 — estrechándose trompas, por úhimoagujeros, poros, etc. Número y denominación.—kqm debemos considerar el esqueleto que es el armazón del cuerpo, formado de to- dos los huesos sostenidosen su posición respectiva. Se di- vide en ca6esa, tronco-¿ estremidades. (Láms i.^ y 2.*) La cabeza consta de cráneo.y cara. El primero está formado por ocho huesos: el frontal, çl occipital, el es- fenóideis, el etmóides, dos parietales y dos temporales. La cara consta de dos mandíbulas, una sup. compuesta de trece huesos, dos maxilares sups., dos nasales, dos pómulos, àos úngtiis, dos palatinos, dos conchas infs y el vómer: y otra inf. formada solamente por el maxi- lar inf. Cada mandíbula contiene diez y seis dientes. El tronco se divide en coluna vertebral , pecho y pelvis. La primera consta de veinte y cuatro huesos lla- mados vértebras, divididas de arriba abajo en siete cer- vicales, doce dorsales y cinco lumbares.—El pecho es- tá formado del esternón y de doce costillas á cada la- do , dichas verdaderas las siete sups. y falsas las cinco iafs.—Lapelcis consta de cuatro huesos, los dos iaomi- nados, el sacro , y el coxis. Las estremidades, son dos sups. y dos infs. Las prime- ras comprenden el hombro formado por la clavicuh y el omóplato, el brazo por el húmero, el antebrazo por el cubito y radio , y la mano. Esta se divide en carpo, me- tacarpo y dedos. El carpo consta de ocho huesos dis- puestos en dos filas, los cuatro de la fila sup. contando de delante atrás son el navicular, d semilunar, el cunei- forme y el pisiforme: y los de la inf. el trapecio, el tra- pzóides, el hueso grande y el ganchoso. En el meta- carpo se cuentan cinco huesos llamados de delante atrás primero, segundo, tercero, cuarto y quinto; y en los dedos tres en cada uno, dichos/a¿iingí«, primera, según- — 43 — da y tercera, escepto el pulgar que solo tiene dos, pri- mera y segunda. Las estremidades infs. se dividen en muslo formado por el hueso fémur , en rodilla que lo es por la róíu- la, en pierna por la tibia y el peroné, y en pié. En este se distingue el tarso formado por los huesos calcáneo y astrágalo en la primera fila, y en la segunda contando de dentro afuera por el escofóides, las tres cuñas, grande, pequeña y mediana, y el cuboides; en metatarso que cuenta de dentro afuera el primero, segundo, tercero , cuarto y quinto hueso dichos del metatarso, y en dedos dispuestos según el mismo número y orden de falanges que los de la mano. Además de estos huesos constantes, entre los cuales debe contarse el hióides que está sostenido solo por las carnes en la parle sup. y ant. del cuello, hay otros ac- cidentales , como son los wrmianos, existentes á veces entre I3S suturas de los huesos del cráneo, y los sesa- moídeos entre los ligamentos especialmente de los pies. Dejaré de enumerar también los del oido por no ser de utilidad al artista. Diferencias según la edad.—Los huesos son tanto mas cartilaginosos cuanto menor es la edad. En el niño la mayor parte de apófisis no son mas que epífisis y se ha- llan en este caso las estremidades de los huesos largos. Los huesos planos son lisos y poco marcadas las comba- duras de sus superficies, los límites de sus bordes y el perfil de sus ángulos; los largos son redondeados y uni- formes, y las regiones de los cortos mal limitadas y poco desarrolladas. Hacia la edad de pubertad los estremos de los huesos largos se confunden con su cuerpo, y el des- arrollo de los huesos queda completado entre los quince, veinte ó veinte y cinco años. Hasta los cincuenta queda — 44 — este como en un estado estacionario, mas adelante van perdiendo los huesos su densidad, se adelgazan, aumen- tan sus cavidades ints. por cuyos motivos se hacen mas ligeros, y el tejido fino y compacto que les asemejaba al marfil se vuelve mas terreo y frágil, los cartílagos de- saparecen gradualmente, y á medida que adelanta laosi- ficacion llegan á soldarse algunos huesos contiguos, es- pecialmente los del cráneo y vértebras del dorso Diferencias según el sexo.—Los huesos del hombre se distinguen en general de los de la mujer por su mayor y mas rápido desarrollo, por ser mas espesos, y por presentar mas marcadas las cavidades y eminencias, especialmente las que dan inserción á músculos y liga- mentos. sascaivcioii DB I«S Rnsoc EX rAancdXAM. Huesos del cráneo. HUESO CORONAL Ó FHONTAL.—Este hueso, uno de los mas interesantes al artista, es par al principio de la vida, des- pués impar , simétrico, de figura mas que semicircular como una concha. Sit. Está un poco oblicuo en la par- te ant. y sup. del cráneo y de la cara, delante de los pa- rietales, encima del esfenóides, etmóides, maxilares sups., nasales, úngüis y pómulos con los cuales se arti- cula. Biv.—Superficie ant.—Heneen su parte inf. y media lií eminencia nasal, (¡/ám. 4.*) de cuyos lados se despren- den hacia arriba y afuera los arcos superciliares, los cuales determinan encima una depresión transversal frontal, con- vexa hacia abajo, defiguracasi triangular. Encima de ella empieza la eminencia frontal media, especie de elevación —« — lineal que se dirige y pierde verticalmente hacia el bor- de sup. del hueso, y es el vestigio de la sutura que unia las dos mitades primitivas del mismo, k. los lados de ella y encima de la depresión frontal hay las càolladuras frontales, y mas arriba una superficie lisa en cada lado, dividida hacia su parte mas est. é inf. por una cresta saliente, principio de la línea semicircular que limita la fosa temporal. Superficie tn/.—Escotada y cóncava, tiene en la línea media la escotadura nasal con la espina del mismo nom- bre que se eleva de su parte media, de sus remates sa- len hacia fuera los arcos orbitarios que limitan las dos superficies ant. é inf. y cuyos estremos se llaman ángu- los ó apófisis orbitarias est. é int. Detrás hay la super- ficie triangular que forma el techo de la órbita, separada de la del lado opuesto por una escotadura etmoidal. Superficie post—Cóncava, corresponde á la cavidad del cráneo. Borde sup.—Semicircular, dentellado.—/dem inf.— Horizontal, delgado. Diferencias según la edad.—En el niño son muy po- co manifiestos los arcos superciliares y la eminencia na- sal, y falta por consiguiente la depresión frontal, siendo en cambio muy pronunciadas la eminencia frontal media y sobre todo las laterales. Esto da á su frente una forma muy saliente y lisa. En el anciano dichos objetos tienen una disposición del todo opuesta. Diferencias según el sea;o.—En la mujer también es superficial ó nula la depresión frontal, y mas salientes que en el hombre, aunque menos que en el niño, las abolladuras frontales. H. ETMÓIDES.—Hueso impar, de figura cúbica. Sit. En la parte ant. y media de la base del cráneo y sup. — 46 — de la nariz, debajo del frontal, delante del esfenóides, en- cima de los maxilares sups. y palatinos, detrás délos nasales y úngüis con los cuales se articula. />»!).—En seis superficies, sup. inf. ant. post. y la~ terales. Bástale saber al artista que estas últimas con- curren á formar la pared int. de las fosas orbitarias , y la inf. la sup. y tabique de las fosas nasales, [lám. ^.*) ESFENÓIDES.—Hueso impar, simétrico, muy irregular. Sit. En medio de la base del cráneo, delante del occi- pital y temporales, en medio de los pómulos y parieta- les , detrás del frontal, etmóides, maxilares sups. pa- latinos y vómer con los cuales se articula. /)íD.—En cuerpo y ramas.—En el cuerpo hay seis superficies; la ant. confundida y articulada con la post. del etmóides, la inf. correspondiente á las fosas nasales, la sup. á la cavidad del cráneo , la post. articulada con el occipital, y las laterales que forman parte de la pared int. y sup. de la órbita, [lám. 1.") En cuanto á las ramas debe saberse que forman tres superficies, la sup. correspondiente á la cavidad del cráneo, la ant. á la orbitaria, y la est. á las fosas tem- poral y zigomática, cuyas dos correspondientes porcio- nes están separadas por una cresta. OCCIPITAL.—Hueso impar, romboideo. Sit. En la parte inf. y post. del cráneo , detrás del esfenóides, tempora- les y parietales, y encima de la primera vértebra del cuello con cuyos huesos se articula. Div.-~Superficiepost. convexa, ofrece la protuberan- cia occipital est.; [lám. 1.") de sus partes laterales salen las líneas curvas sups^, y de la inf. la cresta occipital est., que tiene en su remate el grande agujero occipital con los cón- dilos en su borde. Entre este agujero y la línea curva sup. bay otra inf. - 47 — Superficie aní.—Corresponde á la cavidad del cráneo. Cuatro bordes dentellados, dos sups, y dos infs., y cuatro ángulos, dos laterales , uno sup. y otro ¡nf. dicho apófisis basilar, articulado con la cara post, del cuerpo del esfenóides. PARIETAL.-^Hueso par, plano , irregularmente cuadri- látero; Sil. En la parte lateral y sup. del cráneo , detrás del frontal, encima de los temporales y esfenóides, y delante del occipital con los cuales se articula, /Jí«,-"En superficie int. que mira á la cavidad del cráneo. Superficie est.—Tiene en su parte media la elevación parietal^ y mas abajo la linea curva temporal, continua- ción de la del coronal. Borde sup.-"Articulado con el del otro lado. Borde oní.—Con el sup. del coronal. Hordepost.—Con el sup. del occipital. jffor^e ín/.'—Escotado. Cuatro ángulos.-^Sup. ant., sup. post., inf. post., é inf. ant. Este es agudo, truncado, y se articula con el estremo del ala del esfenóides. TEMPORAL.—'Hueso par, de figura muy irregular. Sit. En las partes lats. infs. y medias del cráneo, de- trás del esfenóides y pómulo, debajo del parietal, y de- lante del occipital, y articulado con ellos.—Tiene tres partes, una int. inf. llamada petrosa ó peñasco, piramidal y prolongada hacia delante y adentro; otra posl. dicha mastoidea, y otra sup. escamosa. Div. Superficie int.—Querairaá la cavidad craneana. Superficie est.—Lisa por arriba, tiene en su parte me- dia la apófisis zigomática. Estase dirige hacia adelante y afuera, y su base se divide en dos raices, una ant. inf. apófisis articular ó transversa, que tiene detrás la cavidad — -iS — glenoidea, y otra post. que tiene debajo el orificio del conducto del oido, y se subdivide en dos ramas, conti- nua la sup. con la linea semicircular que limita la fosa temporal. Mas atrás y abajo hay la apófisis mastóides. Circunferencia.—Limítala por delante y arriba el bor- de mas que semicircular cortante de la porción esca- mosa, articulado con el inf. del parietal y grandes alas del esfenóides; por abajóla parte inf. del peñasco, en donde sobresale la apófisis estilóides, por detrás el bqr- de post. de la porción mastoidea articulado con el late- ral inf. del occipital, y que forma con el de la escamosa un ángulo entrante que recibe el inf. post. del pa- rietal. Diferencias individuales.—La porción escamosa es al- gunas veces convexa en vez de plana ó cóncava, lo cual puede dar mucho relieve á la sien. Es verdad que esto puede depender también de la abundancia de gordura, cuyo defecto produce por el contrario una escavacion en dicha fosa temporal, como se observa en los moribundos después de una enfermedad larga. BUSSOS DB LA GABA. MAXILAR SUP.—Hueso par, irregular. Sit. En la par- te lateral y media de la cara, debajo del coronal, nasa- les, úngüis, y etmóides, en la parte int. de los pómu- los , y esl. del vómer y conchas infs., delante de los pa- latinos con todos los cuales se articula, y encima del maxilar inf. Div.—Superficie int., time la apófisis palatina [lám. 1 .*) que articulada con su compañera forma la bóveda del paladar por abajo, y por arriba el suelo de las fosas na- sales. - 49 — Superficie est.—Convexa en su totalidad, tiene la apó- fisis malar ea medio, y corresponde por arriba á la ór- bita, y por abajo á la mejilla y labios. Circunferencia.—Hay por delante la mitad de la aber- tura ant. de las fosas nasales con la espina nasal en su parte inf., por arriba la apófisis ascendente del maxilar, articulada por su estremo con la escotadura nasal del coronal, por detrás la tuberosidad maxilar, y por abajo el arco alveolar con los alvéolos que reciben los dientes. Dif. según el sexo.—-Los alvéolos tienen una figura mas elíptica en la mujer, y mas redondeada en el hom- bre. PÓMULO Ó MALAR.—Hueso par, cuadrangular. Sil. En la parte lateral y sup. de la cara, debajo del coro- nal , delante del temporal y esfenóides y por fuera del maxilar sup. con quienes se articula. Div.—Superficie int.—Tiene en medio la apófisis orbi- taria, la cual forma por delante parte de la órbita, y por detrás parte de la fosa temporal.—^wp. esf.—Correspon- de á la parte mas saliente de la mejilla.—Cwaíro bor- des.—Sup. ant., que hace parle del contorno de la órbi- ta , sup. post. escotado, inf. ant. unido al maxilar, inf. post. horizontal y Ubre.—Cuatro ángulos.—Swp. articu- lado con la apófisis orbitaria est. del coronal, post. . articulado con la apófisiszigomálica del temporal; el ant. y el inf. se unen al maxilar. NASAL.—Hueso par, cuadrilongo. Sit. En la parte media y sup. de la cara, debajo del coronal, delante de la apófisis ascendente del maxilar y del etmóidea con los cuales se articula. üiv.—Superficie int., mira á las fosas nasales.—Su- perficie est.—Cóncava por arriba y convexa por abajo, corresponde al dorso de la ü3im.—Cuatro bordes.—Jnt. — so — articulado con su compañero y etmóides; esl. con la apófisis del maxilar; sup. con la escotadura nasal del coronal; inf. libre. ÚNGÜIS.—Hueso par, cuadrilátero. Situado debajo del frontal, encima y detrás del maxilar, y á la parte est. del etmóides con quienes se articula. Concurre á formar la pared int. de la órbita. PALATINO.—Hueso par , muy irregular* Sit. En la parte post. de las fosas nasales y bóveda del paladar, cuyos objetos concurre á formar junto con la apófisis palatina del maxilar sup. Corresponde delante del esfe- nóides y á la parte post. é interna del mismo maxilar con quienes se articula. CONCHA INF.—Hueso par, irregular, situado en la pa^ red est. de las fosas nasales, á la parte int. del maxilar palatino y úngüis, y debajo del etmóides con quienes se articula. VÓMEB.—Hueso impar , de forma de un romboide ir- regular. Sit. Vertical en medio y detrás de las fosas nasales, debajo del esfenóides y encima de la unión de la apófisis palatina del maxilar y palatinos, detrás y de- bajo del etmóides, y articulado con ellos. MANDÍBULA INF.—Hueso par en el feto, después ira- par, simétrico, parabólico. Sit. En la parte inf. de la cara, debajo de los temporales y de los huesos de la man- díbula sup. Div.—En un cuerpo y dos ramas.—En el cuerpo se consideran :—La superficie, aní. convexa, algo aplanada y replegada sobre sí misma en su parte media é inf. for- mando la eminencia triangular dicha mentón , de la cual parte hacia uno y otro lado una linea oblicua.—Super- ficie «ni.—Ofrece en su parte mas cóncava la fosita di- gástrica y otras desigualdades para inserción de mus- — 51 — culos.—Dos bordes.—Vno sup. ó alveolar, ofrece los alvéolos de los dientes infs. : otro inf. ó base de la mandíbula, grueso y redondeado.—Z,OÍ ramas, son dos, una de cada kdo. Por su borde post. forman con el inf. del cuerpo de la mandíbula un ángulo, y tienen en su estremo sup. dos apóQsis, una ant. coronóidet, y otra post. cóndilo de la mandíbula, separadas por una esco- tadura llamada sigmoidea. El cóndilo, transversalmente oval, se articula con la cavidad glenoidea de los tempo- rales. Diferencias según la edad.—^En los primeros y últimos años de la vida el ángulo de la mandíbula es mucho mas abierto que en la edad adulta, y en la vejez la emi- nencia de la barba ó mentón se vuelve puntiaguda. Los alvéolos desaparecen después de caldos los dientes, y el borde alveolar forma una línea bastante delgada. DIENTES.—Son treinta y dos, diez y seis sups. y otros tantos infs. Constan de una corona que es la parte li- bre , de una raiz que es la metida en el alvéolo, y de un cuello ó límite de entrambas. Olvídense para cada man- díbula en cuatro incisivos que son los medios, dos cani- nos ó inmediatos, uno en cada lad(\, y cinco molares que siguen á estos últimos.—La disposición de los dientes es tal que juntos forman dos arcos horizontales y sobre- puestos, pero de modo que el sup. algo mas estenso que el inf. sobre todo hacia delante, le cruza ligeramente como una hoja de unas tijeras á su compañera.—En algunos sugetos falta esta disposición y los dientes se corresponden directamente por sus bordes; en ellos la barba es mas saliente porque la mandíbula inf. adelanta mas. Difs. según la edad.—Hasta los siete años solo existen veinte y cuatro dientes llamados de leche ó de-la prim«- — 52 — *ra dentición. Su desarrollo es el siguiente: al sexto ó séptimo mes del nacimiento salen los dos incisivos me- dios infs., después los sups., luego los dos incisivos late- rales y después del año los caninos. A los dos años ó mas tarde salen los cuatro primeros molares infs. y sups. y á los cuatro ó cinco los siguientes que no suelen caer en la segunda dentición. Esta acaece á los siete años; entonces se renuevan por un orden semejante al de su aparición los incisivos, caninos y pequeños molares, y á los ocho ó nueve años aparecen los cuatro penúltimos, dos infs. y dos sups. Las cuatro últimas muelas llama- das del juicio suelen hacerlo á los diez y ocho, veinte ó másanos, y aun en la edad adulta y hasta en la vejez. Difs. del sexo.—Los caracteres que distinguen unos de otros los incisivos, caninos y molares no son tan mani- fiestos en la mujer como en el hombre; los dientes de aquella son todos mas pequeños y parecidos. H. HYÓTDES.—Impar, parabólico, convexo por delan- te, cóncavo por detrás, suspendido horizontalmente en la parte media ant. y sup. del cuello, üiv. En cuerpo y cuatro aulas, dos mayores largas, horizontales, con- tinuación del cuerpo; y dos menores, como dos granos de cebada, que miran hacia arriba y atrás. D e la cabeza en general. (Lám. 1.> flg. 1.' 2 . ' y 3.') Consideraremos en ella los objetos siguientes: SUTURAS.—Los dentellones que por su unión y traba- zón afianzan unos con otros los huesos del cráneo se lla- man «uíwras.—Estas son la coronal f\xK une el coronal con el borde ant. de los parietales, la longitudinal ó sa- gital que afianza entre sí por su borde sup. á los dos pa- rietales; la lambdoidea que junta el borde post. de los parietales con el sup. correspondiente del occipital, to- —Sa- mando las demás el nombre de los dos huesos que arti- culan , como occipito-mastoidea, occipito-petrosa, esfe- no-pdrosa, etc. Las que uiien los huesos de la cara entre sí ya no se denominan en general de esta manera. Los espacios que los cuatro ángulos de los parietales dejan entre sí y entre los huesos inmediatos cuando en el niño no han llegado á su completo desarrollo se llaman fonta- nelas. La sup. ant. es la mayor, de forma de trapecio, la post. sup. es triangular, las demás son menores.—Estas fontanelas desaparecen mucho tiempo antes de la edad adulta, y las suturas se sueldan adelantando la edad y aun desaparecen en una muy avanzada. REGIONES DE LA CABEZA.—Óvalo sup. , convexo, su mayor diámetro es entero post., y su estremidad mayor vuelta hacia atrás: limitanlo por delante las abolladuras frontales, por detrás la protuberancia occipital y lineas curvas sups. y por los lados las líneas semicirculares parietales. Óvalo ant. ó cara.—Su mayor diámetro se dirige de arriba abajo, y su estremidad corresponde á la parte sup.; limitanlo por arriba las abolladuras frontales, por abajo el mentón y base de la mandíbula inf., y por los lados los pómulos y partes laterales de la misma mandí- bula. Óvalo inf. ó base del cráneo.—Su mayor diámetro es ántero post., y su estremidad mayor corresponde atrás. La base de la mandíbula inf. la limita por delante, por detrás la protuberancia occipital y arcos semicirculares, y por los lados las apófisis mastóides. Estos tres óvalos se confunden por sus estremidades y dejan en cada lado de la cabeza UNA SUPERFICIE TRIANGKLAR ESFÉRICA.—Limitada arriba por la línea semicircular del coronal, parietal y tempo- — 5i — ral, adelante por el pómulo, y abajo por la apófisis zigo- matica.—La superficie de cada una de las referidas re- gmnes de la cabeza está formada por los huesos ó por- ciones de los mismos comprendidos entre sus límites, presentando los objetos descritos particularmente en ca- da uno de ellos. Sin embargo hay E I E CA T C VD D S resultantes de la reunión de MN N I S AIAE dos ó mas huesos.—Eminencias.—La de la nariz. — Formada por los huesos nasales y apófisis ascendentes de los maxilares, situada debajo "del hueso coronal con quien forma un ángulo bastante obtuso. Las eminencias malares ó de la mejilla, formadas por los pómulos y hue- sos maxilares, situados en las partes laterales de la ca- ra.—Los arcos zigomáticos formados por la apófisis de este nombre correspondiente al temporal, y por el ángu- lo posterior y porción de los bordes inmediatos del pó- mulo. (CAVIDADES.—Fosas orbitarias, ó cuencas de los ojos.— Son dos, una en cada lado de la eminencia de la nariz y debajo de la frente, y tienen VÍIAparedsup. formada por el coronal y esfenóides, otra inf. por el maxilar y palati- no, otrajní. por el úngüis, etmóides y esfenóides, y otra esL por este mismo y por el pómulo.—FOMS nasales.— Situadas en la parte media de la cara, su abertura ant. está debajo de la eminencia de la nariz y entre los maxi- lares. Están formadas principalmente por estos huesos, y por los nasales, esfenóides, etmóides, palatinos, úngüis y vómer; este forma el tabique que las divide.—fosa* tem- porales.—Son dos, una de cada lado, y forman las sie- nes. Limítalas por delante la apófisis orbitaria est., por detrás y arriba la línea semicircular que empezando en dicha apófisis, sigue por el parietal y temporal y termi- na en la base de la apófisis zigomática ; y por abajo el — 5S — arco zigomático. Están formadas por la porción escamo- sa del temporal, grande ala del esfenóides, y por una porción del pómulo y coronal. DEPRESIONES COMPUESTAS.—Los puntos en que se unen con los huesos circunvecinos los dos ángulos sups. y el inf. ant. del parietal forman unas depresiones, cuyo co- nocimiento interesa al artista por manifestarse en el per- fil de la cabeza vista de lado, especialmente las dos sups. CONFIGURACIÓN Y DIÁMETROS DEL CRÁNEO.—Esta gran caja huesosa es ovoidea, convexa y lisa por arriba, des- igual y aplanada por abajo y en las sienes, su estremi- dad mayor es post., y tiene un diámetro antero-post. es- tendido desde la protuberancia nasal á la occipital que es de unas siete pulgadas, otro vertical desde la sutura sagital á la parte ant. del agujero occipital, y otro trans- versal desde la raiz de una apófisis zigomática á la otra; ambos tienen cerca de cinco pulgadas. CONFIGURACIÓN Y DIÁMETROS DE LA CARA.—Esta repre- senta una pirámide cuadrangular, inversa, colocada de- bajo y delante del cráneo, y pegada á él por su base, con un vértice hacia abajo y adelante correspondiente á la eminencia de la barbilla, y con cuatro lados ó regio- nes : una ant. ó cara propiamente dicha, otra post. ó gúturo-maxilar, y dos ests. ó zigómato-maxilares. Hay en la cara el diámetro vertical, estendido desde la raiz de la nariz hasta la barbilla y tiene cuatro pul- gadas largas. Otro transversal de la parte mas saliente de un pómulo á la del otro, tiene mas de cuatro pulga- das y media.—Se supone además circunscrita por tres líneas ideales; una sup. eslendida desde el agujero auri- cular á la raiz de la nariz, otra inf. desde el mismo ori- ficio basta la punta de los dientes incisivos medios sups. y otra anl. que de dichos dientes se dirige á la raiz de la — ft6 — nariz. El ángulo resultante de la unión de las dos líneas inf. y ant. es el llamado facial, ó el famoso ángulo de Camper, cuya mayor abertura se supone corresponder aJ mayor grado de inteligencia. DiFs. INDIVIDUALES.—Son varias las que ofrece, ora con respecto á su magnitud, ora por lo tocante á la con- formación ó disposición de sus regiones. En unos indivi- duos es chocante el volumen de la cabeza, al comparar- la sobre todo á la marcada pequenez de la de otros; en algunos nos admira el abultamiento de la frente, en es- tos su aplastamiento, en esos la escesiva elevación del vértice, en aquellos su crecida dimensión transversal. Pero en medio de tanta inconstancia se puede establecer por regla general, que en las variedades de conforma- ción, la capacidad de la cabeza siempre es la misma, ganando en un sentido lo que pierde en otro. Asi el aplastamiento transversal coincide con el aumento del diámetro vertical ó antero-post.; la estrechez de la fren- te con el abultamiento del occipucio, y así respectiva- mente. DiFS. S G N u EDAD.—En el niño el cráneo es en su EÚ totalidad mas redondeado y el aplastamiento transversal propio del adulto solo queda completado pasada la pu- bertad. Los huesos de la cara son en el primero mas pequeños comparados á los del cráneo, y este es tanto mas voluminoso con respecto á aquella cuanto menos adelantada es la edad. En la época del nacimiento la es- tension vertical de la cara es muy limitada á proporción de la transversal y del desarrollo de ia frente en su par- te inmediata a las órbitas. Esta región sup. de la cara comparada á la inf. es proporcionalmente mucho mas ancha (|ue en el adulto, mas al salir los dientes aumen- ta la estension vertical, en cava circunstancia tiene mu- — 57 — cha parte el crecimiento de las mandíbulas, el aumento de las fosas nasales y la formación de los senos. La ar- ticulación de la mandíbula inf. viene casi al nivel del arco alveolar sup. en el niño y mucho mas arriba en el adulto, la raiz de la nariz es en el primero menos hun- dida, y la dirección de lacarà que en el mismo se acerca á la perpendicular va inclinándose adelante y arriba á medida que se desarrollan las mandíbulas, que lo hacen alargándose y creciendo en aquel sentido. De aquí re- sulta también que el ángulo facial es mas abierto en el niño que en el adulto.—En el anciano se estrecha la frente deprimiéndose por arriba y aumentando por abajo al nivel de los senos frontales, lo que da á la parte ant. del cráneo una oblicuidad que no tenia en las primeras edades de la vida. La caida de los dientes disminuye nue- vamente el diámetro vertical de la cara, la articulación de la mandíbula inf. viene también mas abajo aunque no tanto como en el niño, y la eminencia de la barbilla hecha mas prominente y puntiaguda se dirige hacia ar- riba como para alcanzar la nariz. DiF. S G N E SEXü.—En la mujer la estremidad ant. EÜ L del cráneo comparada á la post. es menos desarrollada que en el hombre, y sus huesos son también proporcio- nalmente mayores que los de la cara. La forma reducida de estos últimos da cierta pequenez á los agujeros cra- nianos, á la bóveda del paladar, á la cavidad de la boca, á las fosas nasales y á todos los senos que comu- nican con ellas. La cara es en ella mas comprimida transversalmente que en el hombre, y el ángulo que forma con la frente la nariz es mas suave. — Si CoLüNA VERTEBRAL—JRácuíiS, cf^pinü del dorso, espi- nazo.—Es un vastago ó pilar compuesto de veinte y cua- tro huesos llamados vértebras, divididas según dijimos en siete cervicales sups., doce dorsales medias , y cinco lumbares infs. VÉRTEBRAS EN GENERAL.—Son unos huesos cortos^ im- pares, irregulares, y presentan los objetos siguientes: £1 cuerpo ó parte ant., la mas gruesa, tiene una super^ie ant. cóncava de arriba abajo y convexa trans- versalmente, olmpost. ligeramente cóncava, y dos ca- ras, sup. é inf. articuladas con las respectivas de las vértebras contiguas.—¿a porción antiíar.-Formada por la superficie post. del cuerpo y por dos láminas ó arcos laterales.—£' agujero vertebral.—Es el espacio que de- jan los objetos acabados de decir.—Cuaíro escotaduras de conjunción.—Dos sups. y dos infs. correspondientes al punto de unión de la porción anular con el cuerpo de la vértebra.—Síeíe apófisis.—Una espinosa post. y me- dia, prolongada hacia atrás y abajo; dos transversas , la- terales, y cuatro articulares, dos sups. y dos infs. con una-cara lisa en cada una. [Lám. 1." fig. 1 .* 3.* S.'' 6." VÉRTEBRAS EN PARTICULAR. — Estas tienen caracteres comunes en cada región, y entre algunas de una misma región hay diferencias notables. VÉRTEBRAS CERVICALES , traquelianas ó del cuello. — Son en su totalidad complanadas de delante atrás, ofreciendo los siguientes caracteres particulares. — La primera vértebra cervical, atlas, forma un anillo irre- gular, mediante dos arcos, de los cuales al ant. reem- — 59 — plaza el cuerpo de la vértebra y tiene en su parte céntrica y post. una cara articular. Las apófisis articu- lares sups. casi horizontales, cóncavas, están dispuestas para ajustarse á los cóndilos del occipital, y las infs. son planas. Su agujero vertebral es el mas considerable. —La segunda vértebra cervical, axis, tiene el cuerpo muy voluminoso. Presenta encima la apófisis odontóides, só- brela que gira el atlas con quien se articula por la cara de su arco ant.—Las apófisis articulares sups. se diri- gen arriba y afuera para unirse con las infs. del atlas. —La séptima vértebra cervical, prominente, es la ma- yor, y su apófisis espinosa, es muy larga y tuberculosa. ¡Lám. ^^ fig.H. 12.) VÉRTEBRAS DORS.^LES , Ó de la espalda.—Son en su to- talidad comprimidas lateralmente y mas altas por de- trás que por delante. Tienen dos medias caritas articu- lares en cada lado de su cuerpo, y una carita en la apó- fisis transversa.—Además: La primera vértebra dorsal, tiene el cuerpo parecido al de las cervicales, siendo el mayor su diámetro transversal, la apófisis espinosa es casi horizontal, y la carita articular sup. es completa. —La décima, undécima y duodécima vértebras dorsales solo tienen á cada lado y hacia arriba una cara articu- lar completa, sus apófisis espinosas son horizontales, la duodécima tiene muy cortas y sin cara articular las apófisis transversas, y el diámetro mayor de su cuerpo es el transverso. VERTEBRAS LUMBARES.—Las mas voluminosas, su cuer- po es mas alto por delante que por detrás, y su mayor estension transversal.—ia última lumbar tiene |la cara inf. cortada muy señaladamente de arriba abajo y de atrás adelante. COLUNA VERTEBRAL EX GENERAL.—Unidas las verte- — 60 — bras cada una con su inmediata toman en su totalidad una dirección vertical y recta ofreciendo los objetos si- guientes : TRES CORVADURAS.—Una hacia adelante en el cuello y lomos, y otra hacia atrás en el dorso. UNA INCUNACION TOTAL adelante y algo hacia el lado derecho. FORMA.—Es la de una pirámide irregular, truncada en su vértice correspondiente al occipital, y de base inf. SUPERFICIES.—Son cuatro: la ant., ancha y convexa en el cuello y lomos, y estrecha y cóncava en el dorso; ofrece la serie de articulaciones de los cuerpos de las vértebras, unidos por susfibrocartilagos,gruesos, y los canales transversales de los mismos cuerpos separados por sus bordes salientes. La post., cóncava en el cuello y lomos y convexa en el dorso, presenta en su parte me- dia la línea de apófisis espinosas, casi horizontales en la cerviz y lomos, y muy salientes, aproximadas y dirigi- das hacia abajo en el dorso. Forma á cada |ado de las mismas el canal vertebral post., interrumpido por los espacios intervertebrales que dejan las láminas de las vér- tebras , el cual empieza debajo del occipital y se conti- nua con el del sacro.—Las superficies laterales, de figu- ra de una S por las curvas referidas, presentan la serie de apófisis articulares que se corresponden recíprocamen- te, y las transversas que están mas adelante en el cue- llo y lomos y mas atrás en la espalda, la serie de agujeros de conjunción resultantes de la unión de las escotaduras, mas anchas cuanto son mas infs. colocadas entre las apó- fisis transversas en el cuello, y delante de las mismas en el dorso y lomos. BASE.—Es ancha, oblicua hacia abajo y adelante, y se une al sacro con el cual forma por delante un — 61 — ángnlo saliente, dicho sacro vertebral ó promontorio. VÉRTICE.—Truncado, se articula con la cabeza por medio del occipital. CONDUCTO VERTEBRAL.—Resulta de la continuación de los agujeros vertebrales, y recorre toda la longitud de la coluna. DIFERENCIAS SEGDN LA EDAD.—Las corvaduras son mas manifiestas cuanto mas se adelanta en edad. En la vejez la del dorso, muy marcada por la desecación de las cuerpos vertebrales que llegan á osificarse, hace que el tronco puede llegar á formar un medio círculo. DIFERENCIAS SEGÚN EL SEXO.—En la mujer el cuerpo de las vértebras y los cartílagos intermedios tienen ma- yor altura que en el hombre, lo que da al total de la coluna una longitud proporcionalmente mayor; las apó- fisis laterales tienden mas hacia atrás, y los lomos son también mas largos en aquella que en este. DIFERENCIAS SEGÚN LA TALLA.—Esta depende mas bien de la longitud de los miembros infs. que de la del raquis. En la edad adulta las dimensiones de la coluna vertebral son casi las mismas en todos los sugetos, mide en los bien conformados como los dos quintos de la longitud total del cuerpo, dependiendo las diferencias del mayor à menor aumento de las corvaduras mas bien que de la longitud real de la misma coluna. Pecho. ESTERNÓN. —Hueso impar, plano. Sit. En la parte ant. y media del pecho, en dirección oblicua hacia abajo y adelante, y paralelo á la coiuna dorsal, entre las terni- llas de las costillas, y debajo y en medio de las claví- culas , con quienes se articula.— Eu el adulto consta de tres piezas, una sup. ancha y corta, otra media mas es- — es- trecha y larga, y otra inf. ternillosa hasta una edad muy avaniada. [Lám. 1 .*fig.^.") JDiv.— Superficie ant.—Convexa, con cuatro eminen- cias lineales transversales, entre las que la sup. corres- pondiente á la unión de las dos piezas sups es mas ma- fitsla. —Superficie post.—Mira, á la cavidad del pe- •cho. -^ Dos bordes laterales. — Tienen siete cavida- des articulares.—ííírenw'dadsup.^Gruesa y ancha, de tres pulgadas, tiene en medio la escavacion llamada horquitla, y á cada lado una cara articular, inclinada hacia atrás y abajo, y que forma una prominencia en la parte sup. y lateral de la superficie ant.—Estremi- 4ad in^.—Formada por la tercera pieza, estrecha y *. 6S — duodécima vértebra dorsal. También interesa mucho al artista conocer con exactitud la escotadura del pecho. Es formada por la unión de las dos últimas piezas del esternón y borde inf. de los cartílagos de las séptimas costillas verdaderas y demás de las falsas. Tiene en el esqueleto una forma angulosa de vértice sup. y los lados son representados por el reborde de los cartílagos costa- les. Dicho reborde, redondeado hacia abajo y afuera tiene unas eminencias irregulares correspondientes á la convexidad que forma cada cartílago esternal para unirse al sup. inmediato. VKRTICB.— Tiene la figura de un triángulo, y es oMi- cuo hacia abajo y adelante. EíES.—Hay tres: el del vértice, resultante de una lí- nea tirada perpendicularmente por el centro de su aber- tura, y que va á parará la base de la coluna dorsal: el de la base, que pasando verticalmente por su centro termina en el cuerpo de las primeras vértebras del dor- so, Y el de la totalidad del pecho, que teniendo sus es- tremos en los dos puntos céntricos del vértice y de la base que se acaban de decir, y atendida la corvadura y longitud desigual de las paredes del mismo pecho, es- tá representado por una línea curva convexa por detrás é inclinada hacia abajo y adelante. DIÁMETROS.— Los transversales son mayores qué los antero-posteriòres, y aumentan de una manera pronta y gradual de la primera á la séptima costilla : después crecen aun, pero ligeramente. DIFERENCIAS SECIIN LA EDAD.—El pecho que en el feto es corto, redondeado y muy ancho hacia abajo sobre todo de atrás adelante, se ensancha ya en el nacimiento hacia los lados. En la niñez crece la capacidad vertical á medida que mengua la antero-post., pero siempre su- 5 — 68 — cede que la región ant. del pecho formada por el ester- nón es en el niño prominente, corta é inclinada hacia arriba, las laterales son deprimidas, y la posti propor- cionalmente mas larga; ya por la corta dimensión de la ant., ya también por sérmenos pronunciada la corvadu- ra de la espina dorsal. Las mismas vértebras dorsales forman mayor relieve durante la primera infancia por ser menor entonces la corvadura post. de las costillas. Cuando en la pubertad crece rápidamente el esternón y se encorvan mas las costillas y las vértebras del dor- so, aumentan los diámetros transversales del pecho, hasta que éste adquiere en el adulto las disposiciones anter. descritas. En la vejez los cartílagos costales se osifican , se acortan, y forman al fin un todo continuo con las costillas y esternón, el cual se pone mas per- pendicular y paralelo al espinazo. DIFERENCIAS SEGÚN EL SEXO.-^ La capacidad del pecho C8 generalmente mayor en el hombre que en la mujer. En ésta su longitud es menor especialmente desde la cuarta costilla para arriba, pero en cambio es mayor la dimensión transversal) en cuya circunstancia tiene qui- zás mayor influjo la longitud de las clavículas que la amplitud real del pecho. La estremidad inf. del esternón de la mujer solo alcanza el nivel de la cuarta costilla cuando la del hombre llega al de la quinta, y siendo mas corlas las costillas de la primera es mayor la longitud de sus cartílagos costales. El largo trecho que han de cor- rer por esta razón los de las costillas mas infs. para lle- gar al esternón, hace que sea mas agudo el ángulo cor- respondiente á la articulación del cartílago con la costi- lla , y mas agudo también el de la escotadura del pecho. En las acostumbradas a! continuo uso del corsé es mu- cho mas estrecha y reducida en todos sentidos la parle inf. del pecho. — 61 — Pelvis ó bacinete. H. SACBO.—Hueso impar, simétrico, de forma de una pirámide triangular de base sup. S»/.En la parte post. y media de la pelvis, encima del coxis, entre los inomi- nados, y debajo de la última vértebra lumbar con los cuales se articula. — Viv. — Superficie ant. — Cóncava, corresponde á la cavidad de la pelvis.—S. poíí.—Con- vexa , tiene en su centro la linea de apófisis espinosas, con unos canales laterales, continuación de los verte- brales , y mas afuera los agujeros sacros.—Bordes late- rales. — Mas anchos hacia arriba en donde tienen una cara articular—iïaíe.—Gruesa, tiene una cara ant. y dos laterales posts, articulares para la última vértebra lumbar, y en medio la abertura del remate del conducto vertebral.— Keríic«.—Tiene una carita articular. Bif. del sexo.—En. la mujer el sacro es mas corto, ancho y encorvado. Coxis.—Hueso impar, formado de tres ó cuatro piezas, situado en la parte post. é inf. de la pelvis, debajo del sacro y articulado con él. ÏNOMINADO.— Iliaco, coxal, h. de la cadera ó del an- ca.—Es un hueso plano, de forma cuadrilátera irregular, estrechado y como encorvado sobre sí mismo por su par- te media. Sit. En la parte lateral y ant. de la pelvis, de la cual forma los cuatro quintos , delante del sacro y encima del fémur con quienes se articula.—Div.— E[ inominado tiene en la primera edad tres porciones, reu- nidas en la cavidad coliloidea. Una es sup. tleon, otra inf. isquion y la última ant. púftí's.—Considerado el hueso en su totalidad se divide en— Superficie est. fe- moral, convexa en su totalidad y doblada por el centro, forma dos porciones, una sup, post. que mira atrás y abajo, llamada fosa ilíaca est., y otra inf. inclinada adelante, abajo y afuera, que tiene por detrás la cavi- dad cotiloidea, semi-esférica ,• muy ancha y profunda; en la restante estension forma la fosa obturatriz est., atravesada por una grande abertura agujero obturador. — Superficie int. pélvica. Tiene en medio una margen saliente. Encima hay la fosa iliaca int., y debajo se ve hacia atrás la tuberosidad del íleon con una cara ar- ticular correspondiente á la del borde sacro, y hacia delante la fosa obturatriz int. — Cuatro bordes, uno sup cresta del ileon encorvado en forma de S, otro inf. ver- tical en su tercio sup. y articulado con su compañero para formar la sín^sis del pubis, oblicuo en los dos ter- cios restantes correspondientes al arco del pubis. Otro ant. ofrece de arriba abajo las dos espinas ilíacas ants., sup. é inf. separadas por una escotadura, un ángulo en- trante, la eminencia ileo-pectinea y la cresta y espina del pubis. Otro post. presenta de arriba abajo las dos espinas iliacas posts., sup. é inf., separadas por una escotadu- rita, la escotadura ciática, la espina y la tuberosidad del ísquion separadas por otra escotadura. (Lám. 1 .* ^g.9.10.) Difs. según el sexo.—En la mujer el íleon es mas an- cho , mas complanado y echado hacia fuera que en el hombre, las tuberosidades ciáticas mas gruesas y achatadas, el espacio comprendido entre ellas y las ca- vidades cotiloideas mas corto, la escotadura ciática mas grande, mayor la distancia del pubis á la cavidad coti- loidea, y mas ancho el agujero obturador. Pélvii en general. Tiene la figura de un cono aplanado de delante atrás y de vértice inf. truncado. Consta de : — 69 — SüPEBFiciE EST. —Tiene cuatro regiones, una ant. ó pubica , es la mas corta. Hay en su centro la sinfisis del pubis, y mas afuera la fosa obturatriz est. con el agu- jero obturador, y la cavidad cotiloidea á los lados. — Otra post. ó sacra con los objetos de la superficie post. de este hueso y del coxis en su parte media, y la ar- ticulación del mismo sacro con el inominado á los la- dos. Dos regiones laterales, son las mas largas, tienen arriba la fosa ilíaca est., adelante el reborde de la ca- vidad cotiloidea y abajo la tuberosidad ciática. SUPERFICIE WT.—Cavidad de la pelvis. Un reborde sa- liente formado por la base del sacro y por la margen elevada de la superficie int. del ileon, forma el estrecho sup. de la pelvis, y divide la cavidad de la misma en dos, una sup. pelvis grande y otra inf. pequeña. CIRCUNFERENCIA SUP. , base de la pelvis, tiene adelante una grande escotadura formada por los bordes ants. de los inominados, hacia los lados se eleva é inclina hacia fuera según la línea ondulante trazada por las crestas ilíacas, y se deprime nuevamente por detrás al nivel de la base del sacro que la limita en esta parte. GB ü F R N i INF., estrecho inf. ó vértice de la pel- i C N E E CA vis , ofrece tres escotaduras, dos posts., ciáticas, y uqa ant. orco del/rófiís ,• y tres eminencias, dos ants. tubero- sidades ciáticas y otra post. formada por el coxis. DIÁMETROS.—En la circunferencia sup. hay el trans- versal que va del punto medio de una cresta ilíaca á la otra, y tiene en el adulta bien conformado ocho ó nue- ve pulgadas. En la circunferencia inf. ó estrecho inf. el diámetro transversal estendido de una tuberosidad ciáti- ca á la otra tiene tres pulgadas, y el antero-post. det coxis al pubis, tres y un cuarto.— En el estrecho sup. el transversal que mide su parte mas ancha tiene cuatro y — 70 — media pulgadas, y el ántero-post. que se estiende del sacro al pubis unas cuatro pulgadas. DIRECCIÓN Y EJES.—El eje total de la cavidad pélvica tiene una dirección oblicua de arriba abajo y de delante atrás, pero como los planos de los dos estrechos sop. é inf. no son paralelos sino convergentes hacia adelante, i5us dos ejes no pueden representarse tampoco por una misma linea. Así es que el del estrecho sup. dirigido oblicuamente de arriba abajo y de delante atrás, está representado por una línea que pasando perpendicular- mente por el centro del plano de dicho estrecho, tiene un estremo en la parte inf. de la concavidad del sacro, yendo á parar el otro en el ombligo. El del estrecho inf. oblicuo al contrario de arriba abajo y de atrás adelante, está formado por una línea, que pasa verticalmente por el centro de su plano, y tiene su estremidad sup. de- bajo del ángulo sacro-vertebral. Mas para formarse una idea de la inclinación total de la pelvis debemos buscar la que guarda con un plano horizontal el diámetro ante- ro-post. de su estrecho sup. Por él veremos que aunque variable según los individuos, siempre forma dicho diá- metro con el plano horizontal un ángulo de unos treinta y cinco á cincuenta grados. DiF. D L PELVISSEGüN L EDAD.—Desarrollo—En el E A A niño es poco, y mas adelantado el de la grande que el de la pequeña pelvis. Las fosas ilíacas son casi planas y ver- ticales.—Dimensiones.—Ln perpendiculares muy limita- da en la infancia, y los diámetros transversos son pro- porcionalmente mas cortos que los ántero-posteriores. De aquí es , que las tuberosidades ciáticas, cavidades cotiloideas, focas iliacas etc. derechas é izquierdas son poco distantes entre sí; y las regiones del sacro y del pubis mas salientes v estrechas. Por igual razón son — 71 — también mas anchas las escotaduras ciáticas.—Incli- nación.— Es mayor en el niño que en el adulto, de modo que una línea horizontal tirada desde la parte sup. del pubis á la post. de la escavacion de la pelvis, iria á parar á la parte inf. del sacro en el primero, y en el segundo se acercarla muchísimo mas á la articula- ción sacro-vertebral. La coluna vertebral del anciano al inclinarse adelante arrastra hacia arriba la parte post. de la pelvis, y da nuevamente á esta última la oblicui- dad propia de la infancia. DiF. S G N E S X . —Sou las síguíeutes : EÚ L E O Desarrollo.— Es mas precoz en la mujer. Diámetros.~Ea el hombre predomina el mayor des- arrollo de los verticales y en la mujer el de los horizon- tales. Estos tienen en ella una pulgada ó pulgada y me- dia mas de estension , especialmente el transversal de la circunferencia sup. que llega á veces á once pulgadas. Oblicuidad.—Es mas considerable en la mujer. Fosas iliacas.—&oa en la misma menos profundas. Crestas irtacoí.—Mas echadas hacia afuera y menos dobladas en forma de S. Pelvis pequeña. —Mas corta, escavada y espaciosa. Figura del estrecho siip.—Ea el hombre se parece mas á la de un corazón y en la mujer á la de un óvalo. Sin^is del pubis. — Es en la misma menos espesa, menos saliente hacia atrás y mucho mas corta. Arco del pubis.— Es en la mujer muy ancho y redon- deado por arriba, y sus ramas muy distantes y echadas hacia afuera; estas son mas recogidas en el hombre y la parte sup. del arco, angular. Distancia entre el ángulo del pubis y la cavidad coli- loidea.— Mayor en la mujer. Agujero obturador.—Tkw en ella una forma trian- — 72 — guiar, y es oblicuo de arriba á bajo y de dentro á fue- ra. En el hombre no es tanta esta oblicuidad y su figura se acerca mas á la oval. • -.i.i , ESTHESUOADES SUPEHIOBES. ( Lám. i.t) HOMBRO.—H.OMÓPLATO.—iff. déla espaldilla—EsJÍAT, aplanado, de forma triangular. Sit. En la parte sup. y lateral post. del pecho, encima y al nivel de las siete costillas verdaderas, detrás de la clavícula y encima del húmero con cuyos dos últimos huesos se articula.—Z>ÍÜ. superficie ant. coííaL —Cóncava, llamada fosa sup-es- capular.—S. post. dorsal.—La, divide en dos porciones dichas fosas, una sup. supra-espina, y otra inf., infra- espina, una apófisis transversal, espina del omóplato, oblicua hacia arriba y afuera. Aquí termina en una emi- nencia complanada y prominente, apófisis acrómion, que tiene en su estremo una cara articular.—Jrei bordes.— Uno int. base del omóplato, el mas largo; otro est., axi- lar , el mas grueso, y otro sup. el mas corto y delgado. Este tiene hacia afuera y adelántela apófisis caracóides. —Tresángulos.—Inf., int. y est. Este consiste en una cavidad , glenoidea. CLAVÍCULA.—H. largo, par. Sit. Transversalmente en la parte sup. y lateral ant. del pecho, entre el esternón y omóplato con quienes se articula.—3iv. Cuerpo.— Tiene la figura de una S, es combado hacia adelante en su mitad int. y hacia atrás en la est., redondeado en la primera y aplanado de arriba abajo en la segunda.— Estremidades.—Hay una int. gruesa, articulada con la cara lateral de la primera pieza del esternón, y otra algo mas post. y sup. que la primera que se articula con la apólisis acrómion. — 73 — Diferencias según el sexo—En la mujer la clavícula es mas delgada, redondeada, y menos encorvada. BRAZO.—HÚMERO.—Es un hueso largo , par. Sit. Ver- tical á lo largo del brazo, debajo y por fuera del omóplato y encima del cubito y radio con los cuales se articula. —J)iv.—Cuerpo.—Es aplanado por abajo y mas redon- deado por arriba, en donde presenta hacia afuera una im- presión muscular deltoidea y hacia dentro una sinuosidad. —Estremidad sup., escapular.—Tiene tres eminencias; una int. la mayor, semiesférica, cabeza del húmero, in- clinada arriba y adentro y articulada con la cavidad gle- noidea del omóplato; otra esterna tuberosidad mayor, con tres caritas, y otra ant. tuberosidad menor.—Estr. inf. antibrachial.—Estensa lrans\ersalmente: presenta de dentro afuera, la tuberosidad est., el cóndilo, la polea, y la tuberosidad int. Tiene encima de la polea dos cavida- des , una ant. coracóides, y otra post. mas profunda, olé- cranotl·. ANTEBRAZO.—CUBITO.—H. largo, par. Sit. En la parte int. y post. del antebrazo, debajo del húmero, al lado post. é int. del radio, y encima del hueso cuneiforme con quienes se articula.— Div. — Cuerpo.—Prismático triangular, mas grueso por arriba que por abajo.— Estremidad sup. /wmeraí. —Gruesa, tiene una apófi- sis post. olécranon, y otra ant. coronóides, separadas por una cavidad sigmoidea articulada con la polea del húmero. Por fuera de la apófisis coronóides hay una cara articular.—Esl. inf. carpiana.—Pequeña , la for- ma una cabeza que tiene por abajo y por fuera una cara articular, y por dentro una apófisis estilóides. RADIO.—H. largo, par. Sit. En el lado est. y ant. del antebrazo , debajo del húmero, delante y por fuera del cubito, y encima del navicular y semilunar con quie- — Ti- nes se articula.—Z)ir.— Cuerpo. Prismático triangular mas grueso cuanto mas inf.—Estremidadsup., humeral, ó cabeza, achatada, se articula por arriba con el cóndilo del húmero, y por dentro con la carita lateral de la apófisis coronóides. La sostiene un cuello, en cuya par- te inf. é interna hay la tuberosidad bicipilal.— kstr. inf. Voluminosa; tiene debajo dos caras articulares separadas por .una cresta; por dentro otra articulada con la cabeza del cubito, y por fuera una apófisis, eslilóides. MANO.—Está formada de 27 huesos, tiene una super- ficie ant. cóncava, palma de la mano, otra post., con- vexa, dorso: un borde est. radial y otroinl. ó cubital, y tres partes, carpo, metacarpo y dedos. CABPO.—Los ocho huesos de sus dos filas, navicular, semilunar, cuneiforme y pisiforme, trapezio, trape- zoides , hueso grande y el unciforme ó ganchoso, se arti- culan entre sí por los lados correspondientes, quedando en cada uno de ellos una porción de superficie cóncava en su totalidad, correspondiente á la palma de la mano y otra convexa perteneciente al dorso. De los sups., el na- vicular y semilunar se articulan con las caras de la es- tremidad inf. del radio, y el cuneiforme con la del cu- bito. METACARPO.—Div. Sus cinco huesos , tienen cada uno un cuerpo, una estremidad inf. ó cabeza, y otra sup. ó base. Por ella los cuatro últimos se articulan late- ralmente entre sí, y por arriba el primero lo verifica con el trapezio, el segundo con el trapezoide, el tercero con el hueso grande y el cuarto y quinto con el unci- forme. DEDOS.—üiv. Son cinco, llamados de fuera adentro, pulgar, índice, medio, anular, y auricular. Las falan- — 75 — fjes que los forman son unos huesos largos , cuya mag- nitud disminuye de las primeras á las últimas y tienen un cuerpo y dos estremidades. De estas las sups. de las primeras se articulan con la cabeza de los huesos del metacarpo, y lasinfs. con las sups. de las segundas: las infs. de estas últimas lo verifican con las sups. de las terceras, y de estas las infs. son redondeadas, delgadas y libres, correspondiendo á los estremos de los dedos. E S T B E U O S UfFEHIOSES. FÉMca.—H. largo, par. Sil. Oblicua hacia abajo y aden- tro en el muslo, debajo y por fuera del inominado, en- cima de la tibia y detrás de la rótula con los cuales se articula.—Div. Cuerpo. Encorvado hacia adelante, re- dondeado por arriba y mas aplanado de delante atrás por abajo, tiene detrás la linea áspera.—Estr. sup.— Tiene tres eminencias: una int. esférica, cabeza, inclinada arriba y adentro, articulada con la cavidad cotiloidea del inominado, sostenida por un cuello de una pulgada de largo, unido al cuerpo del hueso en ángulo obtuso; otra est. trocánter mayor, y otra post. é inf. trocánter menoi\ —Estr. in/.—Muy voluminosa, formada por dos cóndi- los separados anter. por una polea. RÓTULA.—H. corto, par. Sit. En la parte ant. de la rodilla.—Div. Superf. ant. Convexa de figura triangu- lar.—S. post. Dividida en dos caras articuladas con la polea del fémur. Tiene dos bordes laterales, otro sup. ó base, y un vértice inf. que forma una punta roma. J)if. edaá.—En los primeros tiempos de la vida es cartilaginosa y solo empieza á osificarse á los dos años. TIBIA.—H. par, largo. Sit. En la parte int. y ant. de la pierna, debajo del fémur y de la rótula , por dentro — 76 — del peroné, y encima del astrágalo con quienes se arti- cula.—Div. Cuerpo. Mas grueso por arriba que por aba- jo, triangular, con un borde ant. muy saliente ligera- mente contorneado en forma de S, cresta déla tibia. —Estremidad sup.—Gruesa, tiene dos cóndilos muy achatados por arriba y articulares, correspondientes á los del fémur, de los cuales el est. tiene por detrás y abajo una carita articular. Anter. hay la tuberosidad de la tibia.—Estr. inf.—Es casi cuadrada, tiene debajo una cara articular, por dentro el maléolo int. PERONÉ.—H. largo, par. Sit. En la parte est. y algo post. deia pierna, al lado est. de la tibia, y encima del astrágalo coa quienes se articula.—Div. Cuerpo. Pris- mático triangular, retorcido sobre sí mismo.—Estremi- dad sup. ó cabeza del peroné.—Tiene encima una cara articulada con la del cóndilo est. de la tibia.—Estr. inf.—Prolongada por fuera formando el maléolo est., tiene por dentro una cara articular correspondiente al astrágalo, y por encima de la misma se une á la tibia. PIÉ.—Ultima parte de las estremos infs. Se le conside- ran: una parte sup. ó dorso, otra inf. ó planta, una es- tremidad ant., ó punta del pié, y otra post. ó talón. TARSO.—Div. En siete huesos dispuestos en dos filas. La primera es formada por dos, el astrágalo ó sup. arti- culado por arriba con la estremidad inf. de la tibia y del peroné, y por el calcáneo ó inf. articulado super.^ con el astrágalo y prolongado hacia abajo forman-t do el-talón. La segunda fila la forma por fuera el cu- boides que se articula con el calcáneo, y por dentro el escafóides articulado con el astrágalo y las tres cu- ñas. Estas corresponden delante del escafóides y dentro del cuboides con quienes se articulan, y de ellas, una es int. mayor, otra media menor y otra est. mediana. — 77 — METATARSO.—Div. En cinco huesos puestos horizon- talmente unos al lado de otros. Los tres primeros ó ints. se articulan por su estremidad post. con las tres cuñas, y los dos últimos con el cuboides. La estremidad ant. de todos forma una cabeza articulada con los DEDOS.—Están dispuestos como los de la mano, pero sus falanges son mucho mas cortas é irregulares. OBL ESQUELETO BH GEMBRAI.. Consideradas en conjunto todas las partes huesosas es- tudiadas hasta aquí forman un todo representado por un tallo central, cabeza y tronco, apoyado en dos colunas paralelas, estremidades infs., y que sostiene en sus par- tes laterales y sups. dos apéndices colgantes, estremos sups. El tallo central tiene una coluna, la vertebral, en su parte post. y media, con una eminencia voluminosa y esferoidal en su vértice, Z cabeza: se ensancha en su a parte media á favor de unos apéndices, costillas, que circunscriben una cavidad cónica, pecho, y forma en su base otra espansion circular, cavidad de la pelvis,. Entre estas tres partes mas abultadas del tronco que- dan dos espacios: uno sup. entre la cabeza y el pe- cho , correspondiente al cuello, y otro inf. entre el mis-^ mo pecho y la pelvis, propio del abdomen. El estudio mas interesante que del esqueleto debe hacer el artista «s el de sus diferencias relativas á la edad, al sexo y á la talla. Después de las descritas, y propias de cada una de las partes del mismo, las del conjunto son las siguien- tes. DIFERENCIAS DEL ESQUELETO SEGDN LA EDAD.— Cabeza. —Comparada al tronco y miembros es tanto mas vo- luminosa cuanto menor es la edad. En el segundo — 78 — mes del embarazo forma la mitad del volumen total del cuerpo, el cuarto en el níBo de nueve meses, el quinto en el de tres años, y el octavo en el adulto. franco.—Atendidas las diferencias del pecho y de la pelvis descritas en su debido lugar, se deduce que el desarrollo déla parte sup. dertronco predomina tanto mas sobre el de la inf. cuanto menos adelantada es la edad. Asi es que el niño comparado al adulto tiene el pecho mas ancho y saliente, la pelvis mas reducida, mayor la distancia del pubis á la escotadura del pecho y el tronco mas largo en su totalidad. Favorecen esta últi- ma circunstancia la menor corvadura de la coluna ver- tebral, la mayor inclinación de la pelvis, y la cortedad de la pared anl. del pecho. Los diámetros antero-posts. del tronco son eú la infancia proporcionalmente mayo- fes que los transversales, adquiriendo una disposición inversa en las edades sucesivas. Miembros.—Nótase en el niño un predominio de los sups. sobre los infs. Los primeros pasan mas allá de la mitad del muslo en aquella edad y en la adulta no llegan á ella. Es de notar en el niño el desarrollo del hombro producido por el de la clavícula, cuya longitud en la época del nacimiento es un cuarto menor que la del hú- mero cuando en el adulto nO alcanza mas que su mitad. La mano del niño es también muy desarrollada y gran- de comparada al brazo y antebrazo. Sus miembros infs. son cortos, y las estremidades de los huesos largos muy abultadas; de aquí el volumen de la rodilla á pesar de v.o existirentonces la rótula. Esta cortedad de las piernas, aumentada por su torcimiento hacia afuera, tiene mucha parle en la mayor longitud comparativa del tronco, de modo que la pelvis corresponde debajo de la mitad de la «Itura del cuerpo: la del adulto de talla regular alcanza — 79 — este mismo nivel. El pié á diferencia de la mano es pe- queño á causa de su desarrollo tardío. En el anciano la considerable corvadura del tronco hacia adelante hace que los estremos infs. se doblen por la rodilla para con- trabalancear el peso del cuerpo. Esta circunstancia ade- más de mantener las piernas en mediaflexiónles dá una cortedad aparente. DIFERENCIAS SEGCN EL SEXO* — Sabidas las especiales de cada una de las partes del esqueleto, diremos lo si- guiente con respecto á su conjunto. Cabeza.—-Comparada al todo del cuerpo es mas vo* luminosa en la mujer que en el hombre, diferencia que según Clarke se observa ya en las primeras edades. Tronco.—La mayor longitud de las vértebras lumba- res del esqueleto de la mujer y la cortedad del esternón aumentan la distancia de la circunferencia inf. del pe- cho á la sup. de la pelvis, y dan mayor capacidad al es* pació del vientre. El predominio de los diámetros ho- rizontales de la pelvis en la mujer y el de los del pe- cho en el hombre hacen que el tronco de la primera tenga sus mayores dimensiones en la parte inf,, y que en el último correspondan arriba. Así e s, que en ella cuatro lineas perpendiculares y tangentes á las cuatro paredes ant. posL y laterales de la superficie est. del pecho tenderán á caer por dentro de los ileos, del pubis y de la superficie post. del sacro, y en el hombre pasarán por fuera de los mismos huesos. Esto unido á la mayor inclinación de la pelvis en el mismo esqueleto de la mujer esplican la mayor corvadura de sus lomos, y la salida y característica amplitud de sus caderas y nalgas. Estrtmidades.—Las sups. de la mujer son en su tota- lidad mas cortas que las del hombre. En el hombro de la primera predomina el desarrollo de la clavícula y en — so- ci del segundo el del omóplato; sin embargo el hombro de aquella no es por esto mas saliente. Su clavícula aun- que menos encorvada y mas larga tiene menor inclinación hacia arriba, y forma con el esternón un ángulo recto. Esto al paso que aleja del mismo esternón la articula- ción del brazo, deprime el hombro y le pone mas en de- clive hacia la parte de la espalda. En el hombre el ma-- yor desarrollo del omóplato y consiguiente volumen de la apófisis acrómion, unido á la mayor cortedad y direc- ción de la chavícula hacia arriba, adelanta mas la arti- culación sup. del brazo y da á la totalidad del hombro mayor robustez y elevación. Las demás partes de la es- tremidad sup. de la mujer son poco desarrolladas, espe- cialmente la mano que es pequeña y los dedos afilados. —Estremidades infs.—En el hombre son comparativa- mente mas largas, rectas y verticales. En la mujer la ma- yor anchura de la pelvis las tiene muy separadas por su articulación sup., por cuya circunstancia son conver- gentes hacia abajo. Pero esta convergencia es mucho mayor desde el muslo á la rodilla que desde esta al pié, de modo que las piernas de la generalidad de las muje- res son paralelas ó divergentes de la rodilla para abajo. La misma rodilla es muy saliente hacia adentro á causa de la referida convergencia de las piernas y del mayor abultamiento del cóndilo int. del fémur, y poco hacia adelante por el menor volumen de la rótula. El pié es pé- queñito y proporcionalmente corto y ancbo. — 81 — LECCIÓN TERCERA. ^^*,^ -rsr.i- H ir;.-.i:!,.i.sKs' '''7 ' ARTROLOGlA Ó TI'.ATADO DE LAS ARTICULACIONES. ARTICULACIONES BU OEIiraiAX. Estableceremos ante todo los principios siguientes: i." Los huesos forman el armazón sólido del cuerpo , ó esqueleto, uniéndose entre sí por sus estremos, por sus bordes ó por sus caras articulares. 2." Estas articulaciones son con movimiento, diar- throdiales, ó sin él, synarthrodiales. 3." Las regiones articulares de los huesos están cu- biertas de un cartílago, que sirve en las articulaciones sin movimiento para afianzarlas, y en las movibles para facilitar el juego de los huesos mediante la superficie muy lisa que les forma. 4.° Afianza las articulaciones movibles un tejido fi- broso, dispuesto ya en forma de membrana que las en- vuelve, y se llama la cápsula articular, ya en forma de cintas ó ligamentos, que se estienden de nno á otro hue- so articulado, por dentro ó por fuera de la cápsula. S.° Los huesos de esta manera afianzados pueden eje- cutar varios movs. que se reducen á laflexión,estension, inclinación lateral, cirmmduecion y rotación. — En la flexión los huesos articulados forman por su juntura un ángulo mas ó menos agudo, y la parte movida Se acor- f ta.—En la estension ce deshace el roov. ant. y los ejes de los huesos tienden á confundirse con la línea recta.— En la inclinación lateral la parte movida se éirige hacia 6 — 82 — el plano medio del esqueleto, y formà el mov. llamado de adduccion ; ó se dirige hacia uno de los planos late- rales formando el de abducción.—hsicircumduccion resul- * ta de los movs. sucesivos de flexión, adduccion, esten- sion y abducción , con la cual el hueso movido describe un cono, cuya cúspide corresponde á la art. ó centro del mov.—La rotación es el mov. que forma un hueso mediata ó inmediatamente sobre su eje. 6." El mayor ó menor número y estension de los movs. referidos depende de la disposición especial de los estreraos huesosos articulares. PP 7.° El artista debe estudiar en las arts. sus elementos, M, ^ el número de movs. de cada una y los límites de estos mismos movs. ^ enterándose de los de cada art. en sí, y agrupándolos después para determinar los compuestos, pertenecientes á un solo miembro, ó á todo el cuerpo. 8.° Es necesario al artista el estudio de las arts. tal como se propone, para que pueda doblar con propiedad y en los puntos correspondientes los estremos y el cuer- po de las figuras ó estatuas, y para que no pase los lí- mites de la estension posible de cada mov., sin cuya circunstancia podria presentar los miembros dislocados, M I T I 0 i n . A C I O M E 8 BM VABTICDIAB,. ARTICULACIONES DE LA CABEZA.—MANDÍBULA.—Ékmen- toSi—La cavidad glenoidea y el cóndilo de la mandíbula con un cartílago inter.-articular intermedio y ligamen- tos circunvecinos —Art. temporo-maxilar. MOVIMIENTOS.—Depresión.—Se ábrela boca basta se- pararse los dientes la distancia de una pulgada larga.— Elevación.—Limitada por el contacto de los dientes.— Mov, háfia, adelante.—Toáo el maxilar camina horizon- — 85 - talmente separándose los dientes unas 4 ó 6 l/neas, sien- do necesario para que esto pueda verificarse un ligero movimiento de depresión total del maxilar.—Vd. de late- ralidad.—Por él se dirige dos ó tres lineas á derecha é izquierda.—Id. hacia atrás.—Es aun mas limitado.—Id. de rotación.—Es la combinación sucesiva de los descri- tos, teniendo en el sentido de cada uno de ellos la es* tensión que respectivamente les corresponde. ARTICULACIONES DEL IBONCO.—ABT. DE LA COLUPÍA VER- TEBRAL.—¿"/ewieMíos.—Son por parte de cada vértebra las caras sup. ó inf. de su cuerpo, unidas por un fibro-car- tilago Ínter vertebral bastante grueso y muy elástico, y las apófisis articulares.—Unos ligamentos membranosos unen unas á otras las apófisis espinosas, las transversas y las láminas de la porción anular; y se estiende á lo largo de la coluna por delante y detrás de los cuerpos vertebrales un ligamento común.—La art. del atlas con el axis está afianzada por «n ligamento trans- versal que asegura fuertemente la apófisis odontóides de la segunda vértebra detrás del arco ant. de la primera. Movs.—Flexión (hacia adelante) muy estendida en la región cervical, menos en la lumbar, y mucho menos en la dorsal.—Extensión (hacia atrás). Nótansele circuns- tancias iguales.—Inclinación lateral, casi igual en las tres regiones.—Circumduccion.—Resulta de la combina- ción sucesiva de los ants.—Rotación.—Es muy limitada, pero mas en el dorso que en los lomos y que en el cue- llo. En este tiene dicho mov. mucha estensioa entre la primera y segunda vértebra. ARTICULACIOINES DEL PECHO.— Elementos.—^n la parte post. las cabezas y tuberosidades cosíales con los cuer- pos y apófisis transversas vertebrales, arts. costo-verte- brales; anler. los estreñios de los cartilagos eon las ca- — 84 — ritas del esternón y estreñios de las costillas, reforzadas todas por ligamentos, arts. esterno-costales. Movs.— Elevación de las costillas y esternón (inspira- ción.) Se aumentan los diámetros horizontales del pecho, y este se ensancha por su parte ant. \ laterales, espe- cialmente de abajo para arriba.—Depresión de las cos- tillas y esternón (espiración.)—El pecho se retrae y vuelve á su estado regular. ARTICULACIONES PE LA PELVIS. — Son todas inmóviles. ARTICULACIÓN DEL TRONCO CON LA CABEZA.—Elementos. —LOS dos cóndilos del occipital y las dos caras articu- lares sups. del atlas.—Arí. occipito-atloidea.—^o\s.— Casi nulos. Movs. C M N S A T O C Y C B Z . — Flexion de la O U E L RNO AEA cabeza hacia la pelvis.—Tiene una inclinación de 245°, pero no es uniforme; porque quedando casi inmóvil la porción dorsal, las vértebras cervicales y cabeza forman dos tercios de dicho mov., y las lumbares solo el tercio restante.— flexión hacia atrás.—Tiene menos estension, verificándose con circunstancias iguales al ant.—Incli- nación lateral.—El mov. es mas uniforraeraente repartido entre todas las regiones del tronco. — Circumduccion.— Mucho mas estendida en la cabeza y vértebras cervica- les.—Rotación.—Su estension disminuye de la parte sup. á la inf. del tronco. La cabeza por la articulación del atlas con el axis puede rodar como una octava parte de círculo, ayudada del mov. de todas las vértebras cervi- cales una cuarta parte, llevando la barba hasta al nivel de la punta de la espalda, y puede tener aun este mov. alguna mayor estension por el de las porciones restantes del tronco. ARTICULACIONES DE LOS ESTREMOS SUPS.—ART. DEL HOM- BRO,—Elementos.—Las caras de la primera pieza del es- — Ho — temen y de la estremidad esternal de la clavícula por una parte, articulación esterno-clavicular; y por otra su estremidad escapular y la apófisis acrómion con los correspondientes ligamentos, art. escápulo-clavicular. Movs.—Se efectúan en la articulación escápulo-clavi- cular que es el centro y son: Elevación.—Sube la estre- midad escapular de la clavícula y lleva oblicuamente el omóplato arriba y adelante.—Depresión.—Sucede lo con- trario.—Mov. hacia adelante.—Dicha estremidad de la clavícula adelanta, y el omóplato se aleja de la coluna vertebral.—l/ou. hacia atrás.—Se observa lo contrario. —Circumduccíon.—Sucesión simultánea de los cuatro movimientos referidos.—Para fijar los limites de estos movs. sépase que la clavicula describe en los de eleva- ción y depresión un ángulo de 40° y en los de delante atrás una de 25°. ART. DEL BBAZO.—^/emeníoí. — Cavidad glenoidea y cabeza"del húmero, sujetas por una cápsula articular, por otras fibras ligamentosas y tendones: art. escápulo" humeral. Movs.—Elevación. — El húmero se aparta del tron- co y describe un cuarto de círculo hasta quedar ho- rizontal.—Depresión.—Baja hasta encontrar el tronco.— ifo«.Aócíaade¿aH/e.-Alcanza un cuarto decírculo,—Mov. hacia atrás.—Es mas limitado.—Circumduccion.—Se va- lúa por los descritos.—ñoíacíon.—Por él el húmero colo- cado en su posición natural puede describir un cuarto de círculo hacia adentro y otro hacia afuera, como se conoce- rá verificándolo al estar el antebrazo en media flexión. ART. DEL ANTEBRAZO.— Elementos.—Por arriba las ca- ras articulares de los estremos infs. del húmero y sups. del cubito y radio; art. humero-cubito-radial, y por aba- jo las estreraidades de estos dos últimos entre si, arti- — 86 — tttlacion radio-cubital.—Se hallan afianzados por cápsu- las articulares y otros ligamentos, ocupando el espacio medio entre el cubito y radio uno llamado interóseo. Movs.—Flexión.—Es completa cuando queda entre el brazo y antebrazo un ángulo de 40°. La dirección de la polea del húmero hacia adentro hace que en dicho mov. el antebrazo vaya á parar naturalmente á la par- te ant. del pecho.—Estension.—El brazo y antebrazo no pueden llegar á formar una linea recta, sino un ángulo muy obtusoy saliente por la parte post.—l'ronacion.— El radio rueda sobre su eje por su estremidad sup. y se vuelve de fuera adentro al rededor de la estremidad infer. del cubito, describiendo medio círculo, y cruzan- do á este último hueso en su totalidad.—Supinación.— En ella se deshace el mov. ant. ABT. DE LA MAíio.—Elementos.—Los estremos infs. del cubito y radio y los huesos navicular, semilunar y cuneiforme , afianzados anterior y pòster, por varios li- gamentos, art. cúbiío-radio-earpiana. Movs.—Flexión.—La mano casi llega á formar con el antebrazo un ángulo recto.—Estension.—No es tan es- tensa.—Inclinación hacia el cubito.—Lo es menos.—Id. hacia el radio.—Menos todavía.—üircumduccion.—Su estension es proporcionada á los ants. movs. ABTS. ESPECIALES DE LA MANO.—Los elementos óseos descritos en la osteología están unidos por cápsulas y ligamentos laterales. Movs.—Entre los huesos del metacarpo, el primero articulado con el trapecio se mueve en todos sentidos, acercándose á los demás, adduccion, apartándose, abduc- ción, inclinándose hacia adelante, oposición, de cuyos mo- vimientos resulta uno de círcumáuccíon.—Losdemás tienen un ligero mov. de inclinación hacia la palma de la ma- "íf.·m no, que se pronuacia mas del segundo al quinto con lo cual puede aumentar la concavidad de dicha palma.— Las primeras falanges se mueven en todos sentidos enci- ma de las cabezas de los huesos del metacarpo, pero su mayor mov. es la flexión, único que poseen las demás por el cual unas se doblan sobre otras en ángulo recto hacia la palma de la mano. Deshacen dicho mov. con el de estension, que las coloca en línea recta. MOVIMIENTOS GENEBALES DEL MIEMBRO SÜP.—Todos los descritos pueden combinarse de varios modos, de lo cual nacerán otros tantos movs. compuestos. Para no ser de- masiado difusos en la descripción de los muy variados que de dicha combinación pueden resultar, diremos que en general pueden reducirse à dos grupos: uno que in- cluye los que se hacen en una misma dirección, ó cuan- do todas las articulaciones son estendidas, ó dobladas, como en el acto de dar un abrazo etc.: y otro que com- prendé las que se verifican en direcciones opuestas, co- mo son las que se ejecutan en el acto de coger un objeto, en el de dar un golpe, nadar, etc. Para saber el artista los limites de estos movs. cora- puestos deberá recordar la mayor estension posible de cada uno de los componentes, y los encontrará en la su- ma resultante. Así discurriendo sobre la elevación total del estremo sup. compuesta de la elevación del brazo y del hombro, diremos que dicho estremo puede llegar á alcanzar la cabeza; que en el mov. hacia adelante llega á ponerse vertical; que la pronacion total del brazo re- sultante de la pronacion del antebrazo y rotación del húmero puede describir un círculo entero, etc. ARTICDLACIONES DE LAS ESTBEMIDADES INFS.^^AUT. DEL MUSLO. — Elementos. — La cavidad cotiloidea, la cabeza ^ del fémur, una cápsula articular y un ligamento int, — 88 — robusto que del medio de la cabeza del fémur va al fon- do de dicha cavidad cotiloidea, art. coxo-femoral. Movs.—Flexión.—El fémur se levanta hacia adelante hasta ponerse casi en dirección horizontal.—Estension. —Se inclina hacia atrás recoi riendo un espacio mucho mas limitado.—Tal es la estension de estos movs. cuan- do la pierna está estendida, que alcanza unos 90°: mas cuando la pierna está doblada entonces tiene la flexión del muslo mucha mas estension, alcanzando unos 140" y llegando á ponerse en contacto con la parle inf. del tronco.— Abducción.— Adduccion.—Tienen juntas una estension de 90°.—Circumduccion.—Se deduce de los descritos.-—fioíflCíon.—Mas estendida de dentro á fuera que en sentido contrario, tiene unos 80°.—El ángulo que forma el cuello del fémur con su cuerpo hace, que al rodar la cabeza del mismo dentro de la cavidad coti- loidea el trocánter mayor describa un arco, y que sobre- salga por delante ó detrás de la articulación según el sentido en que la rotación se verifique. ART. DE LA KODILLA.— Elementos. — Los cóndilos del fémur, los de la tibia y la cara post. de la rótula sujetos por una cápsula. Art. fétnoro-rótulo-tibial.—Lsi rótula está unida fuertemente á la tuberosidad de la tibia por un robusto ligamento que en todos los movimientos man- tiene á los dos huesos á una misma distancia. Movs.—Flexión.—Se verifica hacia la parte post., su estension es de 140° llegando á ponerse en contacto la pierna y el m\is\o.—£slension.—Deshace el mov. ant. quedando la pierna y el muslo en linea recta.—Rota- ción.—Nula en la estension de la pierna, va siendo mas manifiesta cuanto mayor es laflexiónde la misma, pero es poco pronunciada, y menos hacia adentro que hacia afuera. Cuando dichaflexiónestá en su máximum (140°) — 89 — tiene dicho mov. unos 30° de estension; cuando aquella tiene 90° este alcanza 25°, y luego disminuye rápida- mente hasta ser nulo en la estension completa. ART. DEL PIÉ.—Elementos. — Las caras de la estre- midad inf. de la tibia y peroné y la del astrágalo suje- tas por la correspondiente cápsula y ligamentos: art. ti- bio-peroneo-tarsiana. Movs.—Estension.—Flexión.—Son casi iguales descri- biendo juntas unos 70°. Adduccion.—Titm 35°. Abduc- ción , es casi nulo. Circumduccion.—Calcúlase por la es- tension de los ants. ARTS. ESPECIALES DEL PIÉ.—Elementes.—Son los descri- tos en la osteología, pág. 76 á los cuales hay que a ñ a - dir los ligamentos.— Movs. — En el tarso se veriOcan unos movs. muy oscuros de torsión hacia afuera y hacia adentro , los cuales dan mayor estension á los de latera- lidad y circumduccion del pié que se han descrito.— En cuanto á los del metatarso y dedos podemos decir lo mismo que de los de la mano, advirtiendo empero que son mas reducidos. MOVIMIENTOS GENERALES BEL MIEMBRO INF.— Pueden combinarse como las del sup. y se atenderá para su co- nocimiento á lo dicho acerca de este último. MOVIMIENTOS DE LA TOTALIDAD DEL CUERPO.—Por lo di- cho en los generales de los miembros puede colegirse cuan variados sean los resultantes de la combinación de todos los descritos. Sin embargo para facilitar su cono- cimiento los reduciremos á seis que llamaremos funda- mentales. Son: Flexión del cuerpo.—Resulta de la flexión de la ca- beza V del tronco, y de la de este sobre los estremos infs. que no se doblan. El cuerpo representa un ángulo recto, de cuyos lados uno es vertical y recto represen- — Do- tado por las estremidades infs. y el otro horizontal y cóncavo hacia abajo formado por el tronco , cuya con- cavidad debe medirse por la eslension del mov. de fle- xión del mismo, pág. 84. El vértice corresponde á la art. coxo-femoral, la que forma el máximum del mov. Estension ó flexión hacia atrás.—Resulta de la eslen- sion de la cabeza y tronco, estension del muslo, flexión de la pierna, y estension del pié. Atendida la estension de cada uno de losraovs.componentes se ve que el má- ximum corresponde á la flexión de la rodilla en donde puede formarse un ángulo mas ó menos agudo, repre- sentando por arriba el resto del cuerpo una línea cónca- va hacia atrás bastante uniforme. Inclinación lalerat.—Esta, resalta de la inclinación de la cabeza y tronco y abducción del muslo. El máximum de mov. corresponde á la articulación coxo-femoral en don- de se forma un ángulo mas ó menos obtuso, quedando recta por abajo la estremidad inf. y encorvándose por arriba el cuerpo. Rotación.—Es el resultado de la rotación de la cabe- za, tronco, muslo y pié. En este mov. el cuerpo se tuerce sobre su eje describiendo medio círculo, de modo que permaneciendo los pies inmóviles vuelta la punta hacia adelante, la cabeza liega á mirar directamente atrás. Siendo muy limitada la rotación del pié y la del tronco, la mitad de dicho mov. se pasa en la articula- ción coxo-femoral, y el restante en la cabeza. — 91 — LECCIÓN C U A R T A . MIOLOGÍA Ó TRATADO DE LOS MÚSCULOS. DE I.OS BnrSCTII.06 EN QEmiRAI.. Def.—Los múscolos son unas masas blandas, fibrosas, rojas , capaces de contraerse y relajarse , y los princi- pales agentes de los movimientos. Disposición.—Es simétrica, constituyen las carnes y la mayor parte de la masa de los animales, y contribu- yen á determinar sus formas esteriores, sus actitudes y movimientos. Situación.—En todo el cuerpo, debajo de la piel y al rededor de los hs. Están colocados por capas, cubrien- do sucesivamente los superficiales á los mas profundos, pero no de un modo completo, por cuya disposición aparecen parte de los segundos por entre los primeros. Bajo este respeto dividiremos los músculos en profundos y superficiales, y en estos consideraremos dos capas; correspondiendo á la primera los que aparecen en toda su estension, y á la segunda los que solo se muestran en parle por entre los espacios que dejan los primeros. Figura.—Según sea ella se dividen los ms. á la ma- nera de los hs., en anchos, largos y cortos. Los prime- ros se encuentran con preferencia en el tronco, los cor- tos al rededor de los hs. cortos también , ó en los para- jes en que se necesitan esfuerzos considerables, y los largos en los miembros rodeando á los hs. de igual figu- ra, pero siendo al revés de estos mas abultados en su — 92 — parte céntrica que en sus estremos, lo que concurre á dar una bella elegancia á las formas de los miembros. Regiones.—Tienen los ms., un cuerpo, que es su par- te media, mas abultada y carnosa , y esta libre. Además los largos forman dos estremidades, y los planos y cor- tos una circunfereneia por cuyos medios establecen sus adherencias. Fibras.—Tienen dos órdenes: las carnosas ó rojas que forman manojos y son las únicas que se contraen, y las blancas que ocupan regularmente las estremidades ó cir- cunferencia, y sirven para las inserciones, ora reple- gándose á manera de una cuerda y formando lo que se llama el tendón, ora estendiéndose como una tela consti- tuyendo las aponeurósis. Aponeurósis.—De estas unas son propias de los ms. y se llaman de inserción, sirviendo para recibir sus fibras carnosas, ó para arraigarse á los hs. Otras llamadas aponeurósis de cubierta forman juntas como una tela celu- lo-fibrosa general, estendida por toda la superficie del cuerpo. Es mas robusta en sus partes infs. que en las sups., y al paso que envuelve á los ms. en su totalidad, penetra y da por ^us intersticios prolongaciones secunda- rias. Estas forman otras vainas que envuelven á cada m. en particular, y se arraigan en los hs. con lo cual quedan aquellos muy bien afianzados. En la muñeca y empeine del pié estas aponeurósis forman mediante va- rias fibras transversales unas fajas que sujetan los ten- dones y se llaman ligamentos anulares. J)ireccion.—Es muy varia, recta, curva, vertical ó transversal, como se verá en la descripción de cada m. Número y clasi^acion.—Aunque son mas de 500 los músculos del cuerpo humano no es necesario que el ar- tista los conozca todos. Bastándole á este conocer los que — 95 — influyen en las formas esleriores y en los varios movi- mientos, y recordando la división que hemos hecho de aquellos en capas , estudiaremos 1." los ms. superficia- les de la primera capa, 2." los superficiales de la segun- da, y 3.° los ms. profundos, recorriendo sucesivamente los de la cabeza, tronco y estremidades. iinscni.os s u VABTICOLAS. é .»ri.- Cabeza. (Lám. 3.'f>8. 3.") Primera cafa de ms. superficiales.—M. FRONTAL.—Se halla encima de la abolladura de este nombre. Sus fi- bras carnosas se insertan por abajo en el arco orbitario y dirigiéndose arriba terminan formando un semicírculo en una aponeurósis que cubre todo el cráneo.—Debajo el—M. O BC L R D L S P R A O forma como una faja RIUA E O ÁP D S carnosa de fibras paralelas , dispuestas en círculos con- céntricos que rodean la abertura de la órbita.—Entre ellos el—M. PIRAMIDAL DE LA NARIZ, baja en forma de fi- bras carnosas por la parle sup. del dorso de la misma á la cual cubre —De cada uno de sus lados parte el—M- E E A O C M N del ata de la nariz y del labio sup. c u - LV D R O Ú yas fibras carnosas oblicuas hacia abajo y afuera se es- tienden de la apófisis nasal al ala de la nariz y al labio sup.—Debajo de ellos hay el—M. TRANSVERSAL Ó triangu- lar de la nariz.—Sus fibras carnosas pasan transversal- mente por el dorso y lados de la nariz cuya parte inf. cubren.—Mas abajo al rededor de los labios el—M. ORBI- CULAR D LOS LABIOS rodea con sus fibras la E abertura de la boca describiendo curvas elípticas concéntricas. En las partes laterales de la cabeza ocupa la fosa teío- poral el—M. TEMPORAL, ócrotáfUfs.—Se estiende desde toda la linea semicircular ó arco temporal á la apófisis — 9Í — coronóides. Está cubierto por una fuerte aponeurósis lla- mada temporal, que se adhiere á todo el contorno de Ja foffli y al arco zigomático, encima de la cual se ven los—Ms, AüRiCBLAHEs.—Son tres manojitos de fibras; uno sup. otro ant. y otro post. que de los puntos correspon- dientes de la concha de la oreja se estienden y pierden en la aponeurósis temporal.—En los lados de la cara, se estiende por fuera de la rama de la mandíbula el— M. MASETERo.—Del arco zigomático remata en la base y ángulo de la-mandíbula inf. En las partes laterales y medias de la cara atraviesan la mejilla oblicuamente de arriba abajo y de fuera aden- tro dos ms. uno Int.:—M. ZIGOMÁTICO Ò risor menor.— Desde el pómulo va á terminar en el orbicular de los labios.—El esterno es el—M. ZIGOMÁTICO Ó risor mayor. — De la parte ant. del arco zigomático va paralelo al ant. á terminar en el ángulo de los hbios.—A los lados y por fuera de la barba se halla el—M- DEPRESOR DEL ÁNGULO D L BOCA.—Tiene una figura triangular, su vértice se E A une á la comisura de los labios, y su base que es inf., al cuerpo de la mandíbula. En la parte post. de la cabeza el—M. OCCIPITAL , ar- raigado en la línea curva occipital sup. termina á la ma- nera del frontal en la aponeurósis que cubre el cráneo. Segunda capa de ms. superficiales.—Los ms. orbicular de los párpados, elevador común del ala de la nariz y labio sup. y zigomático menor limitan un espacio trian- gular ocupado en su mitad int. por el—M. ELEVADOR PRO- PIO DEL LABIO SÜP.—Desde el borde de la órbita va á di- cho labio.—En la parte est. del referido espacio y entre los ms. zigomáticos se ve el origen del—M. CANINO Ó elevador del ángulo de la boca , que va del maxilar á di- cho ángulo.—Los ms. raasetero y zigomático mayor li- — 95 — mitán con el borde maxilar otro espacio atravesado por las fibras horizontales y ondulosas del—M. BUCCINA- DOR, estendido desde el límite ant. de la rama del maxilar y bordes alveolares al ángulo de la boca.-^Los dos ms. depresores del ángulo de la boca , el orbicular de los labios y el borde inf. de la mandíbula circunscri- ben un espacio de figura de trapezio, ocupado por el— M. D P E O D L L BO INF. Ó cuadrodo de la barba.'" ER S R E A I Desde la línea ant. del maxilar y confundido en medio de la barba con el del otro lado sube á unirse al orbicu- lar de los labios. . Ms. profundos.—Encimsí y ocupando el arco superci- liar se halla el m. superciliar ; el párpado sup. tiene el «i. elevador, arraigado dentro de la órbita; y detrás del labio inf. el m. elevador de la barbilla va de esta á la mandíbula. Cuello. (Lám j - flgs. I - y S.") Primera capa de ms. superficiales. — Parte ant.—M. CUTÁNEO.—Especie de tela carnosa cuadrilátera, algo estrecha en su parte media , situada á los lados y delan- te del cuello, estendida desde la clavícula á la base de la mandíbula. M. ESTERNo-CLEiDo-MASToiDEO.—Es prolongado, prin- cipia por un tendón bifurcado en el esternón y clavicu- la , y convertido luego en una masa carnosa sube obli- cuamente por las partes laterales del cuello á terminar en la apófisis mastóides. Parte post.—M. TRAPEZIO.—Es ancho, aplanado, trian- gular , se estiende desde la línea curva occipital sup. y apófisis espinosas ra-espinoso, que de la fosa de este nombre va á la tuberosidad mayor del húmero; y debajo del omóplato hay el m. supescajmlar. Brazo.—Ms. ants.—M. BÍCEPS BRAQDIAL.—Es prolon- gado, redondeado, situado á lo largo de la parte ant. é int. del brazo. Se ata á la apófisis coracóides y parte sup. de la cavidad glenoidea por arriba, y por abajo á la tuberosidad del radio.—Las dos porciones sups. cu- biertas por el deltoides y pectoral mayor se reúnen h a - cia el tercio sup. del húmero en un cuerpo que remata en un tendón ancho.—Hacia la parte esterna sobresalen las fibras verticales del—M. BRAQDIAL ANT. Ó iní.—Desde la impresión deltoidea y superficie ant. del húmero va á la apófisis coracóides del cubito.—Hacíala parte mas sup. é int. del m. bíceps bajan algo oblicuamente las fibras del—M. cÓRACo-BRAQüíAL.—Del vértice de la apófisis co- racóides va á terminar en la mitad de la superficie y borde int. del húmero. Parte post.—M. TRÍCEPS BRAQÜIAL , ó braquial post.— Tiene tres porciones, una media la mas considerable llamada eslensor largo, fija debajo de la cavidad glenoi- dea , otra est. estensor corto, adherida á la parte sup. del borde est. del húmero, y otra int. braquial est. que nace del borde int. del mismo hueso, debajo del ten- don del dorsal y redondo mayores. Las tres se reúnen en un solo cuerpo carnoso que cubre y se adhiere á la superficie post. del húmero, y termina adelgazado en la apófisis olécranon. Tiene el tríceps braquial una por- ción aponeurólica post. de figura oval, prolongada des- de el olécranon á la mitad de la altura del brazo, en cuya circunferencia van á terminar oblicuas las fibras carnosas de sus tres porciones. — 102 — Antebrazo.—Primera capa de ms, superficiales.—Par- te oní.—Son varios y empezando de dentro afuera se hallan dispuestos según el modo siguiente:—M. CUBITAL ANT. ó ¿ni.—Ocupa el lado int. y ant. del antebrazo. De la tuberosidad int. del húmero bajan sus fibras carno- sas á terminar por un tendón en el hueso pisiforme.— M. P L A MENOR, Ó iarjo.—Fíjase por arriba á la tube- AM R rosidad int. del húmero y hecho tendinoso en su mitad inf. termina en el ligamento anular.—M. PALMAR MAYOR, Ó radial ant. ó int.—Se fija á la tuberosidad int. del h ú - mero y convertido hacia su parte media en un tendón remata en la base del segundo h. del metacarpo.—M. P O A O MAYOR O rcdondo.—Desde la tuberosidad int. HNDR del húmero va oblicuo hacia afuera y abajo á terminar por un tendón ancho en la parte medía y est. del cuerpo del radio.—M. SDPINADOR MAYOR Ó íargio.—Forma en la parte ant. est. y sup. del antebrazo un cuerpo carnoso redondeado, inserto por arriba á la superficie ant. y borde est. del húmero mas arriba de su cóndilo est., y se adelgaza y convierte hacia su tercio inf. en un ten- don que se fija en la raíz de la apófisis estilóides del ra- dio. Parte post.—Examinando el antebrazo de fuera aden- tro se ve en su parte esterior algo oculto por el antece- dente el—M. RADIAL MAYOR Ó primer radial est.—Empie- za siendo carnoso en el borde est. del húmero debajo del supinador mayor, y hecho tendinoso hacia la mitad del radio remata en el segundo h. del metacarpo.—A su lado int hay el—M. ESTENSOR COMÜN DE LOS DE- DOS.—Se ata por arriba detrás del cóndilo est. del h ú - mero por un vientre carnoso el cual al llegar á la mi- tad del antebrazo se divide en tres porciones, y de ellas la mas post. se subdivide en otras dos. Todas se con- — 105 — vierten en cuatro tendones aplanados que pasan por de- bajo del ligamento anular post. del carpo, y rematan en la cara convexa de las segundas falanges, y estremidad sup. de las terceras de los cuatro últimos dedos.—Mas adentro se ve el—M. ESTENSOR PROPIO DEL DEDO PEQUEÑO. —Se fija por arriba al cóndilo est. del húmero, y hecho tendinoso al nivel de la mitad del radio se ata infer. á la cara convexa de la segunda falange y á la base de la tercera del dedo pequeño.—Mas adentro hay el—M. CU- BITAL POST. d e i í . - D e l cóndilo est. del húmero baja su cuerpo carnoso, que convirtiéndose en un tendón hacia su tercio inf. remata en la base del quinto h. del meta- carpo.—En la parte int. y sup. de este m. se ve el—M. ANcóNEo.—Sus fibras salen del cóndilo est. del húmero para terminar divergentes en el cuarto sup. del cubito. Segunda capa de ms. superficiales. — Anteriormente en los espacios que dejan entre sí los ms. cubital ant. y palmares se ven atravesar algo oblicuas y reunidas principalmente en dos tendones las fibras del —M. F E O SUPERFICIAL Ó sublme de los dedos.—Se i n - LX R serta por arriba al cóndilo int. del húmero y parte sup. del cubito y radio, y por abajo á la superficie int. de las segundas falanges de los últimos dedos, mediante cua- tro tendones hendidos. — Entre el supinador y palmar mayores vense también oblicuas en la parte mas inf. las fibras del—M. FLEXOR MAYOR Ó largo del pulgar.—De la superficie int. del radio va á la última falange de dicho dedo. Posteriormente se ven entre los ms. radial mayor y estensor común de los dedos las fibras y tendón del—M. RADIAL MENOR Ó segundo radial est.—Se estiende del cón- dilo est. del húmero á la base del tercer h. metacarpia- Do,—Entre este y el mismo estensor común hacia el ter- — lOi — CÍO int. del antebrazo salen oblicuas las fibras carnosas convertidas en un tendón del—M. ABDUCTOR MAÏOR Ó L R O DEL PULGAR.—Del cuerpo del cubito y radio y liga- AG mento interóseo va á la base del primer h. del metacar- po.—Debajo de él salen en igual disposición las fibras y tendón del—M. ESTENSOR MENOR Ó CORTO DEL PULGAR.— Del cuerpo del cubito va á terminar en la base de la primera falange del pulgar. £stos dos últimos ms. c r u - zan oblicua y superficialmente los tendones de los ms. supinador y. radiales, haciéndolo igualmente debajo de los mismos el tendón del—M. ESTENSOR MAYOR Ó LARGO D L PULGAR.—Va de la superficie est. del cubito y liga- E mento interóseo á la base de la última falange del pul- gar.—Por entre los espacios que dejan los tendones de los ms. posts, superficiales del antebrazo vese atravesar el—M. ESTENSOR PROPIO DEL ÍNDICE.—De la superficie est. del cubito y ligamento interóseo va á la segunda falange de este dedo. Ms. profundos.—Levantados los superficiales acaba- dos de mentar vense anter. debajo del m. sublime el— M. F E O P O U D DE LOS DEDOS.—De la Superficie int. LX R R F N O del cubito y ligamento interóseo va á terminar en las terceras falanges de los cuatro últimos dedos mediante otros tantos tendones que atraviesan y son abrazados por la hendidura en que se parte cada uno de los del sublime. —Debajo de este hay el—M. PHONADOR CUADRADO.—Se inserta en la parte mas inf. del cubito y radio Poste- riormente ocupa la parte mas profunda el—M. SUPINA- DOR M N R ó CORTO.—Se estiende del cóndilo est. del h ú - EO mero y parte sup. del cubito al tercio sup. del radio en- cima del cual da una vuelta. Mano.—Casi todos sus ms. ocupan la palma. Cuatro corresponden al dedo pulgar, y son contando de fuera — IOS — adentro el—M. ABDUCTOR MENOB Ó corto del'pulgar.—^Del ligamento anular va á su primera falange: sigue el—M. O O E T DEL PULGA».—Del ligamento anular sigue todo el P NNE borde radial del primer h. del metacarpo en donde se radica.—Corresponde á su lado mas interno el—M. FLE- XOR M N R ó corto del pulgar.—Bd ligamento anular y EO huesos del carpo inmediatos va á la base de la primera falange de este dedo.—Por dentro de él pasan transver- sales y divergentes las fibras del—M. ADDUCTOR DEL PUL- GAR.—De la base de la primera falange va al tercer h . del metacarpo. Hacia la parte mas int. de la mano se hallan cuatro ms., uno superficial ó—M. PALMAR CUTÁNEO , corto ó int. —Consiste en manojitos musculares puestos transversal- mente hacia el lado radial del ligamento anular int.— Debajo de él se hallan tres pertenecientes al dedo p e - queño, á saber el—M. ADDUCTOR DEL MEÑIQUE.— Del ligamento anular y hs. inmediatos va al lado post. de la base de la primera falange de este dedo.—M. FLE- XOR MENOR O corto del meñique.—Dt\ ligamento anular á la base de la primera falange del mismo dedo.—M. OPO- NENTE D L MEÑIQUE. —Del ligamento anular int. á toda E la longitud del borde cubital del quinto h. del meta- carpo. En la palma de la mano pasan longitudinalmente por debajo y al lado est. de los tendones del flexor profun- do los cuatro—^Ms. LUMBRICALES.—Se insertan á los ten- dones del profundo y á la base de las primeras falanges de los cuatro últimos dedos.—Además por las dos super- ficies de la mano llenan los espacios que dejan entre los huesos del metacarpo los—Ms. INTERÓSEOS , ests. é ints. Jïslremos infs.—Muslo.—Primera capa de ms. super- ficiales.—Anteriormente aparece como una cinta carnosa — 106 — y recòrffénffo el muslo hacia abajo y adentro el—M. S R O I . S inserta por arriba á la espina iliaca sup. A T RO— e ant. y por abajo á la parte sup. é int. del cuerpo de la tibia.—Mas afuera hay el—M. RECTO ANT. Ó crural.— Adhiere por arriba á la espina ilíaca ant. inf., aparece en el tercio sup. del muslo por medio de una aponeuró- sis, de cuyas partes laterales bajan oblicuas las fibras carnosas convergentes y reunidas infer. en un tuerte tendón que termina en el borde sup. de la rótula.—Mas ester. se veel—M. TENSOR DE LA APONEORÓSISCRURAL Ó de lafacialata.—^as fibras carnosas insertas por arriba á la espina ilíaca sup. ant. se pierden mas abajo del ter- cio sup. del muslo en la aponeurósis crural. En la parte post. hállase muy prominente á lo alto del muslo ó nalga el—M. GLÚTEO MAYOR.—Muy voluminoso y grueso, aplanado y cuadrilátero, se une por arriba al quinto post. de la cresta del íleon, á una porción de la superficie est. de este hueso, á la post. del sacro y pun- tos inmediatos.—Susfibrasbajan formando manojos ma- nifiestos hacia adelante y afuera, convergiendo algun tanto y convirtiéndose encima del trocánter mayor del fémur en un ancho tendón que se radica en el mismo h. debajo del referido trocánter.—Despréndese de la parte inf. de estem, por fuera el—M. BÍCEPS-FEMORAL.—Tiene arriba dos porciones, una que nace de la tuberosidad del ísquion y otra de la mitad inf. del fémur. Se unen para convertirse en un tendón que corresponde á la parte mas est. del m. y termina en la cabeza del pero- né. Por dentro baja el—M. SEMITENDINOSO.—Sus fibras carnosas verticales y paralelas insertas en la tuberosi- dad del ísquion se convierten inferior y pòster, en un ten- don que se fija debajo de la tuberosidad int. de la tibia. —Mas adentro y hacia la parte int. del muslo se ve el— — 10- — M. R C O I T R O D L M S O Ó grácU.—Bd la rama del ET NEN E UL pubis va á terminar mediante un tendón debajo de la tu- berosidad int. de la tibia algo cubierto por el sartorio. Segunda capa de ms. superficiales.—El m. sartoriojun- to con el recto int. y el pliegue de la ingle limitan en la región sup. é int. del muslo un espacio triangular en el cual aparecen varios ms. En la parte inter. se des- prenden de un tendón las fibras del—M. ADDUCTOR PRI- MERO ó MEDIANO DEL MUSLO.—Se ata á la rama del pubis, y á la parte media de la línea áspera del fémur.—Mas adelante y á su lado est. se ven las fibras del—M. PEC- TÍNEO.—Del borde sup. del pubis va á terminar debajo y detrás del trocánter menor del fémur.—Mas afuera' aparece una porción del—M. PSOAS.—Termina en el tro- cánter menor del fémur, siendo su origen dentro del vien- tre en las vértebras lumbares —Mas ester. hay el—M. ILÍACO.—Su terminación es en el trocánter menor, sien- do suorígen dentro del abdomen en la fosa ilíaca int. En la parte sup. y ant. del muslo se desprenden hacia arriba desde los lados del m. recto ant. las fibras carno- sas de las dos masas laterales del—M. TRÍCEPS FEMORAL. —Su porción int. llamada m. vastoint. se adhiere por d e - trás á la línea áspera del fémur; la est. ó vasto est. m a - yor que la primera á la misma línea áspera, y la ant. ó m. crural á la superficie ant. del cuerpo del mismo fé- mur. Esta se reúne anter. con las otras dos que contor- nean este h. cada una por su lado respectivo, y se con- funden infer. en un tendón aponeurótico fijo en la rótula y parte sup. de la tibia. El vasto est. es muy manifiesto en la parte est. del muslo debajo del m. de la facialata. En la parte est. del muslo el m. glúteo mayor deja por arriba entre su inserción ant. y el m. de la facialata un espacio en la fosa ilíaca est. ocupado por las fibras — 108 — oblicuas hacia abajo del—M. GLDTEO MEDIANO.—Se in- serta por arriba á los tres cuartos ants. de la cresta ilíaca y por abajo al trocánter mayor del fémur.—Pòs- ter, entre el m. semitendinoso y el recto int. queda un espacio ocupado bácia arriba por las fibras del—M. AD- DUCTOR T R E O ó mayor.—Viene del ísquion á terminar E CR en la linea áspera del fémur.—Debajo de él y ocupando infer. el espacio arriba dicho pasan verticales y conver- tidas en su mayor parte en un tendón int. lasfibrasdel —M. S M-- E B A O O— c inserta C la parte post. de E I.M M R N S . S U las tuberosidades ciática é inter. de la tibia. Está casi cubierto por el semi-tendinoso. Ms. profundos.—M. OBTURADOR ESTER.—De la fosa ob- turatriz va al trocánter mayor del fémur. Pierna.— Primera capa de ms. superficiales.—En la parte ant. y algo int. de la pierna se manifiesta libre de arriba abajo la superficie int. del cuerpo de la tibia que solo está cubierta por la piel. Por fuera de ella se pue- den estudiar los ms. del modo siguiente:—M. TIBIAL ANT.—Se ata carnoso á la parte sup. y est. del cuerpo de la tibia y al ligamento interóseo. Sus fibras conver- gentes hacia el eje del m. como las barbas de una plu- ma se convierten mas abajo de la mitad de la pierna en un tendón que se fija en la parte int. de la primera cu- ña y en la base del primer h. del metacarpo.—A su lado est. hay el—M. ESTENSOR MAYOR Ó largo común délos de- dos.—Si ata por arriba á la parte mas sup. de la tibia á la superficie int. del peroné y ligamento interóseo. Sus fibras carnosas van oblicuas á un tendón manifiesto por el borde ant. del m. y que queda libre hacia el cuarto int. de la pierna, pasando por debajo del liga- mento anular en donde se divide en cuatro menores que se fijan en la base de las segundas falanges y estremo — 109 — de las terceras de los cuatro últimos dedos.—Mas afuera y en la parte est. de la pierna hay el—M. PERONEO LA- TERAL largo ó mai/or.—Se ata por arriba á la parte sup. de la tibia y peroné. Sus fibras adhieren á un tendón que -desde la mitad de la pierna baja por el lado est. de! m. en forma de aponeurósis, y se manifiesta ya mas infer. al pasar por detrás del maleólo est. desde cuyo pinto se oculta para ir á buscar por la planta del mismo la base del primer h. metatarsiano. En la parte post. de la pierna se ve el—M. TRÍCEPS SU- RAL—Tiene tres porciones: dos posts, llamadas mí. geme- los, est.é int. que nacen de los respectivos cóndilos del fé- mur, y otra ant. n». soleo que empieza en la parte post. y sup. de la tibia y peroné. Las dos primeras forman dos vientres carnosos ovales, uno est. qae alcanza hasta al tercio sup. de la pierna y otro int. que llega á poco me- nos de la mitad en donde se unen y pierden en una apo- neurósis. Esta recibe por delante las fibras de la tercera porción ó del soleo que llegan hasta su parte inf. en don- de se estrecha y forma el robusto tendón dicho de Aqui- les que se radica en ta parle post. é inf. del calcáneo. Segunda capa de ms. superficiales.—En la parte ant. de la pierna los ms. tibial ant. y estensor común de los dedos dejan un espacio por el cual aparece un tendón recibiendo oblicuamente las fibras carnosas del—M. E S - TENSOR P O I DEL DEDO GORDO. —Se estiende desde la R PO mitad inf. del peroné á la base de la última falange del pulgar.—Entre el m. estensor mayor de los dedos y el peroneo mayor se manifiestan rematando oblicuamente en un tendón las fibras del—M. PERONEO ANT. Ó menor. f-Desde la mitad inf. ant. del peroné y partes inmedia- tas en donde se inserta, remata en la base del quinto h. metatarsiano.—Entre el peroneo lateral y tríceps s u - — no — ral, y casi debajo del primero hay el—M. PERONEO LA- T B L coBTo, Ó mediano.—Se inserta super. en el pero- EA né y su tendón que recibe por detrás las fibras carno- sas, se desliza por detrás del maleólo est. con el del pe- roneo mayor, y por encima del mismo á quien cruza va á rematar en el quinto h. metatarsiano.—El borde int. del tendón de Aquíles se halla recorrido por el tendón del—M. P A T R DELGADO.—Sc inserta por arriba al cón- L NA dilo est. del fémur y porabajo á la parte int. del calcáneo- —El espacio que media entre el borde int. del tríceps sural y la tibia se halla recorrido de arriba abajo por otro tendón al cual van á terminar oblicuas las fibras del—M. F E O M T B Ó lafgo común de tos dedos.— L X R AO Atase por arriba á la tibia, y su tendón que pasa por detrás del maleólo int. se divide en la planta del pié en cuatro que terminan en la base de las terceras falanges de los cuatro últimos dedos.—El limitado espacio que deja dicho m. y la tibia está ocupado por el tendón del—M- TiBiAL POST.—Se inserta por arriba á la tibia y peroné, y su tendón que pasa por detrás del maleólo int. remata en la superficie plantar del escafóides y primera cuña. Ms. profundos.~So\o quedan dos en la parte post., el poplíteo, situado en la parte post. de la corva, y el flexor mayor ó largo del dedo gordo, que se estiende del pero- né á la ultima falange de este dedo. Pié.—Superficie dorsal.—So\o hay el—M. PEDIO Ó es~ tensor menor ó corto de los dedos.—Está situado oblicua- mente de atrás adelante y de afuera adentro. Se ata pòs- ter, en la parte ant. de la superficie est. del calcáneo, y se divide anter. en cuatro tendones que cruzan á los del estensor mayor y rematan en las primeras falanges de los cuatro primeros dedos. Plafüa del pié.—Ms. superficiales.—Primera capa.— ~ m— Se ve en la parte media el—M. FLEXOR MENOR Ó corto común de los dedos, unido por detrás á la tuberosidad del calcáneo, y que termina dividido en cuatro tendo- nes en las segundas falanges de los cuatro últimos dedos. —Hacia el borde int. del pié hay el—M. ABDUCTOR Ó apartador del dedo jordo,—Va de la parte int. de la tuberosidad del calcáneo á la inf. é int. de la base de la primera falange de este dedo.—Hacia el borde est. del pié el—M. A D C O ó apartador del dedo pequero, va BUTR de la tuberosidad del calcáneo á la base del quinto h. metatarsiano y á la primera falange del dedo pequeño. Segunda capa de ms. superficiales.—Entre el m. fle- xor menor y abductor del dedo gordo hay el—M. FLE- XOR M N R ó corto del dedo gordo.—Va del calcáneo y EO hs. inmediatos á la base de la primera falange de este dedo.—Entre el m. flexor menor y el abductor del dedo pequeño se halla el—M. FLEXOR MEIÍOR Ó corto del dedo pequeño, estendido del quinto h. del metatarso á la base de la primera falange de este dedo.—Entre los espacios de los tendones de los ms. flexores, y pegados á los mismos aparecen los—Ms. LUMBRrcALEs.—Se atan á los tendones del flexor mayor y al lado int. de la base de las primeras falanges de los cuatro últimos dedos. Ms. profundos.—Son el M. transversal de los dedos, estendido transversal mente por debajo de las cabezas de los cuatro últimos hs. del metatarso, y los ms. inter- óseos sups. é infs. dispuestos como los de la mano. - Ui LECCIÓN Q U I N T A . VASOS SUPERFICIALES, TEGUMENTOS Y ÓRGANOS. VASOS S C F E B n C I A l C S . ARTERIAS-.—Son unos conductos ramificados, que lle- van la sangre del corazón á todas las partes del cuerpo; taq solo la temporal que recorre serpeando la sien se ha- ce á veces visible en el adulto y en personas muy flacas. VENAS.—Conductos que vuelven la sangre al cora- zón.—Aparecen al través de los tegumentos con su color azul verdoso , y forman en ciertas regiones del cuerpo eminencias que modifican las formas esteriores.—Fren- te.—Vese en su parte ant. y lateral la vena frontal ó preparada, la cual recibe las sups. de la cabeza por ar- riba, algunos ramos por su lado est. y se une con fre- cuencia por el int. con la del lado opuesto mediante un ramo notable.—Cuello.—Recorre el borde ant. del m. esterno-cleido-mastoideo la vena yugular ant., pero hay otra mas voluminosa, la yugular est. que del borde post. de la mandíbula baja oblicuamente hacia atrás cruzando el m. esterno-cleido-mastoideo y se pierde detrás de la clavícula.—Tronco.—A veces la vena tegumentaria del vientre se estiende serpeando desde la ingle por encima de la aponeurósis del m. oblicuo esterno. Estremos sups.—Dos son las venas que hay en el bra- zo, una ester., cefálica, que aparece debajo de la claví- cula , recorre el espacio medio entre el pectoral mayor y deltoides, y baja por el borde ester. del bíceps; y _ H5 — otra int. basílica, que aparece á la mitad de la altura del brazo y recorre el borde int. del mismo bíceps bra- quial. Las dos se bifurcan al llegar á la flexura del bra- zo. La basílica produce una rama ester. mediana basí- lica, y otra ínter, cubital, la que pronto da origen á otras dos, cubitales, que recorren y cruzan oblicuamente hacia atrás el borde cubital del antebrazo. La cefálica da una rama int. mediana cefálica y otra ester. radial, que recorre y cruza oblicuamente hacia afuera y atrás el borde radial del antebrazo. Las dos ramas medianas, cefálica y basílica convergen hacia el medio del ante- brazo, y se unen en forma de V por debajo del tendón del m. bíceps, dando origen á una vena, mediana co- mún, que se dirige hacia abajo y afuera á buscar el borde radial del antebrazo, cruzando el m. supinador mayor.—En el dorso de la mano hay un arco venoso ir- regular, convexo hacia abajo, y estendido del segundo al cuarto h. del metacarpo, cuyos estremos correspon- den á las venas radial y cubitales, y cuya convexidad recibe unos ramos de los intervalos de los dedos. De una á otra de las venas descritas, van oblicuamente otras ramas mas oscuras é inconstantes, cuya disposi- ción da á estas venas y especialmente á las del antebra^ zo la forma de una red de mallas polígonas. Miembros infs.—La vena safena int. ó mayor, apa- rece á dos ó tres dedos del pliegue de la ingle, signe el borde int. del m. sartorio, se oculta detrás del cóndilo int. del fémur, y es de nuevo bastante manifiesta for- mando una ó dos ramas que siguen al borde int. de la libia. Encima del tobillo int. se muestra otra vez un tronco bástanle voluminoso de la misma, que sigue por el borde int. del pié, y dando vuelta hacia afuera for- ma encima del metalarse un arco, cuya convexidad re- 8 — Ui — cibe una rama del intervalo de cada dedo. De la estre- midad est. de este arco nace la vena safena est. que pa- sa por detrás del cóndilo de su lado, y sube oblicua ha- cia afuera y atrás por la parte est. de la pierna para perderse por entre los vientres de los gemelos. DIFERENCIAS.—Edad.—En el niño la abundancia de la gordura hace que en general sea menos manifiesto que en el adulto el sistema venoso, el cual en cambio lo es mas aun en el viejo por una razón inversa.—Sexo.— La misma abundancia de gordura en la mujer oculta igualmente las venas debajo de los tegumentos, por cu- ya razón aquellos vasos manifiestan mas bien que su vo- lumen su azulado color al través de la delicada y tras- parente piel que los cubre. Con todo al llegar la mujer á una edad avanzada es consiguiente á la disminución de la grasa la mayor manifestación de las venas al través de la piel floja entonces y arrugada. Difs. individuales.—Son también muy desarrolladas las venas en los sugetos que ejercitan sus fuerzas mus- culares en trabajos penosos , especialmente cuando di- chos sugetos llegan á la edad viril. El temperamento bi- lioso se acompaña generalmente del predominio del sislema-venoso-subculáneo, viéndose todo lo contrario en el temperamento linfático, y estos estados llegan á modificar todas las circunstancias relativas al sexo y edad de que acabamos de hacer mérito. TEGmaENTOS COmDHES. Comprenden la pial y el tejido celular.—Este es blan- quecino , blando y esponjoso, forma como una almohada estendida por toda la superficie del cuerpo entre la piel y las capas musculares, á las cuales cobre y envuelve — 113 — á la manera de un molde en el que están embutidas; v aunque rellena sus espacios intermedios, representa sin embargo en su superficie mas esterior todas sus formas. La piel se estiende por encima de esta capa grasosa, v forma para toda la superficie del cuerpo una cubierta general, densa, suave, muy estensible, acomodándose á la figura de las partes musculares ú óseas subyacen- tes, cuyas formas deja percibir con suavidad y disimulo, continuándose al nivel de las aberturas naturales con la delicada membrana que las reviste. PLIEGUES DE LA PIEL.—Los hay de distintas especies: «nos son pasajeros debidos á las contracciones muscula- res, como los que determina en la frente el m. frontal, ó en el ángulo est. de los párpados el orbicular, etc. Otros se hallan al nivel de las articulaciones , por el lado de la flexión ó por el opuesto. Los primeros son de- bidos á la presión producida en la piel por la repeti- da flexión de las articulaciones y, ó son permanentes como en las articulaciones de las falanges, ó no perma- nentes como en el doblez del brazo. Los segundos son efecto de la falta de resorte déla piel, que por la reitera- da distensión que sufre se repliega sobre sí misma.— Hállanse otros pliegues, arrugas, debidas á la falta de resorte por efecto de la edad , y son las que determina en la piel del anciano la disminución de volumen de los órganos subcutáneos.—Hay enfinotros, lineas papila- res, muy superficiales, que describen curvas regulares concéntricas en lo« pulpejos de los dedos, palma de la mano, y planta del pié. TINTE.—El color blanco de la frente, cuello, parte int. del brazo, etc. es mas encarnado en la parte est. del mismo , palma de la mano, nariz, barba; subiendo aun mucho mas en las mejillas, y en los labios. Los so- — H6 — bacos, el bajo vientre y la parte post. sup. de los mus- los tienen un color morenuzco. DEPENDENCIAS DE L PIEL.—Pelos.—Casi los hay en A toda la superficie del cuerpo, á escepcion de la palma de la mano y planta del pié, pero ofrecen diferencias en cada una de las regiones. Muyfinosy aislados en la parte int. de los miembros, son ya mas abundantes y gruesos en la est.; vense ensortijados y agrupados en la ant. y media del pecho y vientre, encrespados y muy espesos en la'sup. del pubis, en los sobacos, en la bar- ba y labio super., y mas espesos y largos que en nin- gún otro punto en la región sup. de la cabeza.—Í7ñaí.— Cubren la superficie dorsal de la última falange de los dedos de las manos y pies. Tienen el ápice ó estremidad libre, la mas dura y gruesa, la raíz contenida en un redoble de la piel, y el cuerpo ó parte media, de un color encarnado que tiene hacia la raiz una mancha se- milunar blanca, lunilla. DIFERENCIAS INDIVIDUALES.—La abundancia ó escasez del tejido celular á mas de influir en el mayor ó menor volumen del cuerpo, modifica las formas de los órganos. Da origen á otro tejido, adiposo ó grasa, situada debajo de la piel, pero preferentemente en los intersticios musculares, al rededor de las articulaciones mayores, y sobre todo en las nalgas, ingles, muslos, axilas, parte ant. del vientre y pecho, mejillas, y demás pun- tos en que las formas son mas redondeadas. El artista no debe olvidar estas circunstancia, porque como la abundancia ó escasez de este tejido constituye la obesi- dad ó demacración, las formas de las regiones en que predomina son las modificadas de preferencia en los in- dividuos flacos ó gordos.—¿os pliegues de la piel son mas manifiestos en los individuos flacos que en los gor- — 117 — dos, pero en cambio se originan en estos últimos otros mayores, ó surcos, en los pantos de conjunción de las partes de los miembros ó de estos con el tronco, ó en los límites de las regiones en que predomina el tejido adiposo.—El tinte, blanco de lecheen unos, es encar- nado en otros, oscuro y morenuzco en algunos.—Con respeto al peto sugetos hay en quienes apenas se distin- gue, á escepcion del cabello que es constante, cuan- do en otros sombrea toda la superficie del cuerpo; p e - ro siempre en estos últimos es proporcionalmente mas abundante en las regiones referidas, ni dejan tampoco las mismas de ostentar algunos en los primeros. Sabido es además de todos que el color del pelo varia entre el n e - gro, castaño; pardo, etc. DIFERENCIAS SEGÚN LA EDAD. — Goriura. — En el niño su mucha abundancia rehinche debajo de la piel todas las parles, á las que dá un abullamiento y redondez de formas solo peculiar suya. Hacia la pubertad disminuye, sobre todo en el hombre, y deja sobresalir las eminen- cias huesosas y musculares que antes ocultaba. En la edad adulta adquiere consistencia, y se marchita y seca en la vejez.—Pí'ei.—En el niño es muy delgada y lisa, destituida de pelos, encarnada, y lejos de manifestar las formas de los órganos determina unos dobleces inme- diatos á las articulaciones, y unos hoyuelos encima de la parte de la estension de las mismas. A medida que adelanta en edad crece el cabello, apunta en la pubertad la barba, el pelo de los sobacos y de las partes genita- les, que en lo sucesivo se desarrolla con el de las res- tantes regiones, y en la vejez se cae, especialmente el cabello después de volverse cano. La piel se arruga en esta edad, se reseca, se pone áspera y terrosa. DiFs. B L SEXO.—La abundancia del tejido celular, E — 118 — al paso que disimula los planos musculares, da á la mu- jer esa redondez de formas, y suavidad y blandura de carnes que tanto atrae, y las modificaciones que el pre- dominio del tejido adiposo produce en el pecho, vien- tre, nalgas, y demás regiones en que se ha dicho exis- tia, tienen no poca parte en el conjunto de diferencias que anatómicamente distinguen á los dos sexos. El cu- tis de la mujer es mas suave, fino, blanco y rosado, uno que otro.pelo cubre apenas la superficie de los miem- bros , los pliegues mas notables se hallan en las articu- laciones , y estas conservan aun por el lado de la esten- sion los hoyuelos de la infancia. ,j ÓROUfOS , v i s C E R A S T O I K Í N D U L A S . GENERALIDADES.—Hay en el cuerpo humano tres cavi- dades mayores, una en la cabeza, otra en el pecho y otra en el vientre.—En ellas están contenidas las en/ra- ña^, notándose en las paredes ests. de alguna de las mismas ciertos espacios, cavidades menores, ó eminen- cias, que sostienen, alojan, ó sirven de arraigo á otros órganos.—La cavidad del cráneo es huesosa, las del pecho y vientre son parte huesosas y parte carnosas, y las separa un tabique musculoso, diafragma, situado horizontalmente y en declive hacia atrás á modo de una bóveda móvil, formando un suelo convexo para la cavi- dad pectoral y un techo cóncavo para la del vientre. VISCERAS T ÓRGANOS EN PARTICULAR.—CAHÍZA.—Caoí- iod.—Aloja el encéfalo, ó sesos, gran masa nerviosa, centro de todos los nervios sensitivos y motores. Tiene una parte sup. mayor, cerebro; otra post. cerebelo; y otra inf. médula, que se prolonga por el conducto ver- tebral formancjo los primeros manojos nerviosos. — H9 — Esterior de la coéeza.—ÓRGANO DE LA V\SI\.—Cejas. Son dos eminencias prolongadas, cubiertas de pelos so- brepuestos unos á otros que siguen la dirección de los arcos superciliar y orbitario á cuyo nivel corresponden, y de cuyos estremos el int. cabeza, apoya en la parte int. é inf. del referido arco superciliar, y el est. cola, se pier- de adelgazado hacia la sien. Párpados. Son dos velos membranosos, semitrasparen- tes y movibles, uno sup. mayor .y olro inf., desprendi- dos de la semicircunferencia respectiva de la órbita, terminados hacia delante del ojo en un borde libre, y cuyos estremos unidos forman dos ángulos, uno int. y otro est. algo mas elevado que el primero. Cuando los párpados se abren el ángulo int. forma un asa, de cu- yos estremos nacen por arriba y por abajo los bordes li- bres de los mismos párpados, describiendo el sup. una curva cóncava hacia abajo y mas pronunciada en su par- te int. y el inf. otra en sentido contrario, mas suave que la primera, y mas marcada hacia afuera. Dichos bordes son corlados al bisel, el sup. de delante atrás y de arriba abajo, y el inf. en dirección opuesta; los guar- nece una línea de pelos, pestañas, mas largas en el pri- mero, y se unen en su ángulo est., agudo, prolongado en un surco que se pierde en la sien. £1 sup. al reple- garse sobre sí mismo para abrir el ojo describe nn surco que sigue á algunas líneas de distancia la dirección de su borde libre, y cuyo vestigio se conserva aun cuando cerrado ; y el inf. tiene algunas líneas superficiales que del ángulo int. del ojo se pierden hacia abajo y afuera. Cuando abiertos dejan ver por la abertura transversal- mente oval que circunscriben la parle ant. del globo del ojo, y al cerrarse, que lo hacen bajando el sup. y su- biendo un poco el int., se borran sus ángulos, se des- — 120 — hacen las curvas de sus bordes, y estos se confunden en una línea transversal, sombreada por las pestañas, y ligeramente convexa hacia abajo y adelante. Ojos.—Son dos globos alojados en las órbitas y situa- dos hacia su parte ant. en medio de una almohadilla de grasa. Están formados por una esfera membranosa, blanca, opaca, esclerótica, corlada verticalmente en su quinto ant. y á cuyo segmento cortado reemplaza otro trasparente, y que pertenece á una esfera mas peque- ña , córnea. Esta última circunstancia hace que la cór- nea sea mas prominente que la esclerótica. La traspa- rencia de la primera deja ver en el interior del globo ocular un tabique, iris, plano, circular, con una abertu- ra redonda en su centro, yupüa, y cuya superficie que dá el color al ojo presenta 70, ú 80 estrias convergentes hacia el centro. Dicho color varia entre el pardo, cas- taño, negro, azul y verdoso, mas ó menos subidos.—La superficie est. de la esclerótica da inserción á seis mús- culos propios del ojo, cuatro rectos, sup. inf. est. Ín- ter. , y dos oblicuos, los cuales se arraigan por su eslre - midad opuesta á las paredes de la órbita y dan al ojo los variados movimientos que se dirán en otro lugar. NARIZ.—Tres cartílagos, uno unido al vómer y dos la- terales ; y cuatro fibro-cartílagos infs., dos en el lóbu- lo y dos en las alas, completan por delante el armazón sólido de la nariz descrito en la osteología, pág. 54.— Juntas estas partes óseas y fibro-carlilaginosas repre- sentan una pirámide triangular, hueca, de vértice sup. que se eleva de la parte media de la cara y á la cual está como pegada por una de sus superficies. Las dos latera- les, libres, son ligeramente convexas, y tienen en su parle inf. el abullamiento de los cartílagos de las a t e de ¡a nariz, limitado por una depresión sup. Se confun- — 121 — den por su borde ant. y forman el dono de la nariz, r e - dondeado, estrecho en su parle sup., mas ancho en la unión de los cartílagos con los huesos nasales y que vuel- ve á estrecharse ligeramente mas abajo, para ensancharse de nuevo y redondearse en su estremo inf., formando el lóbulo de la nariz. El vértice sup., raiz de la nariz, cor- responde á la articulación de los huesos nasales con la escotadura del coronal, y la base inf. está libre. Un ta- bique divide de delante atrás la cavidad de la nariz, y determina en la base de la misma dos aberturas, conver- gentes y mas estrechas hacia adelante, inclinadas abajo y afuera en razón de ser mas largo el tabique que las alas ó límites ests. BOCA.—Es una cavidad cerrada anter. por dos velos músculo-membranosos que constituyen los labios. Uno de ellos es sup., mayor, recorrido de arriba abajo por tin surco medio que limitan dos bordes salientes; y el otro es inf. y no se le ve tan manifiesta esta última dis- posición. Se reúnen por dos ángulos ó comisuras, y se besan por sus bordes libres y vueltos hacia afuera. El del labio sup. tiene en su parte media una salida recibida en una escotadura del inf., y este tiene dos salidas late- rales recibidas á su vez en dos escotaduras correspon- dientes del primero. De esto depende la forma sinuosa y ondeada de la línea de unión de los labios. Por fuera de esta línea ostentan estos todo el grosor de sus bordes, muy rubicundos, y limitados en cada uno de ellos por otra línea sinuosa que corta su rubicundez separándola del restante color blanco de la piel del labio. Dichas lí- neas son convergentes por sus estremos ests. que se con- funden con las comisuras de la boca. OÍDO.—£ I pabellón de la oreja , ú oido est. tiene una superficie est. y algo ant. cóncava y otra opuesta con- — 122 — vexa. La primera ofrece cuatro eminencias que forman en la segunda otros tantos hoyos de igual forma, y son el hélix, reborde esterior de la oreja, que recorre toda la circunferencia del pabellón, determinando debajo de todo su trayecto una ranura. El anthélix es la segunda eminencia curva, estendida debajo de la primera, cuya estremidad ant. horquillada determina una fosa, navi- cular. El trago y el anti-trago son dos eminencias ape- zonadas, situadas hacia abajo de la concha, delante del conducto auditivo ; la primera es ant., la segunda post. y en ella termina el anthélix. La concha es una cavidad circunscrita por las tres últimas eminencias, y que tie- ne en su fondo el conduelo auricular. La piel que cubre el pabellón de la oreja deja ver todos los objetos descri- tos, y forma en la parte iqf. de dicho pabellón un apén- dice blando, llamado pulpejo de la oreja. La abertura del conducto auricular está guarnecido de algunos pelos que en la vejez llegan á ser á veces muy largos y grue- sos. TRONCO.—Laringe.—Está en la parte media y sup. del pecho. Tiene el cartílago tiróydes, prominente en la lí- nea media como si fuese formado por dos láminas reuni- das en aquel punto, y que determinan dos planos incli- nados lateíales. Esta línea es escotada en su parte sup. y mas saliente, llamada manznna de Arfan.—El cartíla- go cricóydes forma como un anillo debajo del anterior. {Lám. S.^fig. 4.*) PECHO.—Los pulmones llenan casi toda su cavidad. Su color rojizo en los niños es en los adultos leonado, páli- do, mezclado de blanco \ parduzco, con multitud de matices azulados, mas negruzcos hacia la vejez.—El co- razón, contenido eu una bolsa, pericardio, tiene una fi- gura entre conoidea y piramidal, un volumen como el — 125 — del puño, un color rojo subido, está situado detrás del esternón y de los cartílagos de la tercera, cuarta y quinta costillas izquierdas, y tiene cuatro cavidades, dos mayores, ventrículos, y dos menores aurículas. VIENTRE , abdomen.—Le dividen en seis regiones ar- tificiales cinco líneas: tres transversas que pasan una por el hueco del estómago, otra dos dedos por encima y otra dos por debajo del ombligo limitan de arriba aba- jo la región epigástrica, la umbilical, y la hipogáslrica. Dos líneas que suben verticales de la espina ilíaca sup. ant. de cada lado dividen en tres cada región anterior. La media sup. se llama epigastrio, y las laterales hipo- condrios ;. la media de la segunda ombligo, y las latera- les, BOCÍOS; la media inf. hipogastrio, y las laterales Heos óijares. Cavidad del vientre.—Visceras.—HÍGADO.—Es la mas voluminosa, ocupa debajo del diafragma todo el hipo- condrio derecho y parte del epigastrio. Tiene un color rojo moreno, oscuro, es grueso en su parte derecha y post., y forma en la izquierda y ant. un borde que viene al nivel y algo mas abajo de la escotadura del pe- cho.—BAZO.—Situado debajo del diafragma en la parte post. del hipocondrio izquierdo, al nivel de las tres úl- timas costillas falsas; tiene un color azulado, mas ó menos lívido ó negruzco, y una forma ovalar.—ESTÓMA- GO.—Es una especie de saco membranoso que ocupa transversalmenle el hipocondrio izquierdo y el epigas- trio. En él empiezan los INTESTINOS, formando un con- ducto estendido hasla el ano, cuya longitud es seis ó siete veces mayor que la del cuerpo. Ocupan la mayor parte del abdomen , replegándose sobre sí, y formando una multitud de vueltas; son libres y ondulantes por de- lante, y están unidos á la pared post. del vientre por los — 124 — repliegues de una membrana mesenterio y mesocólon.— RÍÑONES.—Son dos glándulas situadas en los lomos, de- lante de las dos últimas costillas falsas y al nivel de las dos últimas vértebras dorsales y dos primeras lumbares. Tienen lafigurade unajudía de seis dedos de longitud, y un color rojo moreno. Transmiten la orina mediante dos conductos, uréteres, á la VEJIGA URINARIA, especie de bolsa ovoidea, situada detrás del pubis.—Una membrana lla- mada O E T ó redaño, formada de dos hojas traspa- MNO rentes, fija por arriba al estómago, se estiende y cubre como un delantal los intestinos. Estertor del íronco. —Delante del pubis cuelgan los órganos ests. de la generación, formados por el pene, que viene delante y es cilindrico, y por el escroto que for- ma una bolsa detrás de él. Los dos testículos, contenidos en este último forman dos abultamientos, el izquierdo baja mas que el derecho, y una línea esterior como una costura señala las dos separaciones en que están conte- nidos. GLÁNDULAS.—G/ánáu/a tiróyies. — Está debajo de la laringe , se divide en dos partes laterales, lóbulos, y forma en su totalidad una superficie ant. convexa , cor- respondiente á la parte inf. y ant. del cuello.—Paróí»- da.—Está situada en los lados de la cara, estendida desde el arco zigomático hasta el ángulo de la mandíbu- la, prolongándose por delante y debajo de la oreja. tii ¡n> — 12S — LECCIÓN S E S T A . FORMAS ESTERIORES DEL CUERPO. OE I.AS roBaus ER OEHBRAJ.. <.° Las formas ests. del cuerpo son las modificacio- nes que determinan en su superficie por la especial dis- posición de sus planos los varios objetos subcutáneos.— Estes objetos son los huesos, algun cartílago ó ligamen- to, la parte carnosa de los músculos, sus tendones ó aponeurósis, las venas, algunos órganos ó visceras, y alguna arteria. 2." La parte mas saliente de estos objetos se mani- fiesta al est. por un abultamiento y el espacio compren- dido entre sus límites por una depreíion.—Cuando el abultamiento tenga alguna estension le llamaremos pla- «0, y si es redondeado elevación ó eminencia.—LA de- presión hueca reducida y profunda, tomará el nombre de/bía, cuando sea prolongada y superficial el de surco, si es muy profunda la llamaremos ranura. 3.° Crea poder establecftr por ley general que los planos son generalmente formados por los músculos y en especial por sus porciones carnosas, y las elevaciones por los huesos: cuando estas son prolongadas corres- ponden á los tendones ó al cuerpo de los huesos largos. Prescindo de las mas superficiales y producidas por las venas. 4." También puede establecerse por principio que los surcos corresponden principalmente á los límites de los — 126 — planos musculares, y las fosas á los intersticios de los mismos en la parte inmediata á su inserción á los hue- sos. 5.° Los dos principios ants. demuestran cuan infun- dada sea la opinión de Gerdy y la de otros autores fran- ceses al sentar como á proposición general que : «casi todas las elevaciones de la superficie del cuerpo corres- ponden á las fibras carnosas y las depresiones á las par- tesfibrosasú oseas.» 6." Détese advertir sin embargo, que en los sugetos de escesivo desarrollo muscular la elevación producida por la robustez de las fibras carnosas en su inserción á un hueso puede convertir en un surco la eminencia que este formaba. Mas esto solo sucede en determinadas re- giones del cuerpo, como veremos al describirlas, y for- ma mas bien la escepcion que la regla general. 7." No debe creerse que los planos musculares ni las elevaciones huesosas se representen al est. tales como son en sí y se ven en el despellejado ; el tejido celular y la piel las armonizan y medio confunden, y como aquel tejido no tiene un grosor igual en todas las regiones del cuerpo, los objetos que cubre son mas ó menos modifi- cados según su mayor abundancia ó escasez. 8.° De lo dicho anteriormente se deduce que la mu- cha abundancia de gordura ocultará los planos y emi- nencias subcutáneas, dando uniformidad á la superficie del cuerpo ; y que su escasez los dejará ver medio dise- cados debajo de la piel, que quedará como pegada á aquellos objetos. 9." También podemos sentar por principio que: el mucho desarrollo de los músculos y consiguiente mani- festación est. de sus planos ocultará ó disminuirá las elevaciones huesosas, y que estas serán por el contrario — 127 — tanto mas manifiestas cuanto mas disminuida sea la par- te carnosa muscular. OE LAS F O B H A 8 EM P A & T I C m A H , CABEZA.—Limites.—Libre por toda su superficie sup., está unida infer. al cuello, y forman los límites de es- ta unión el borde inf. del cuerpo y el post. de la rama del maxilar inf., la apófisis mastóides, la línea semicir- cular sup. del occipital, y su protuberancia. Formas.—Aparecen muy prominentes en la superficie del esferoide de la cabeza los aparatos ú órganos perte- necientes á los cuatro sentidos especiales , de la vista, ojo , párpados, cejas; del olfato, nariz; del gusto, boca; y del oido , oreja. Estos objetos ofrecen las formas des- critas en su lugar, págs. 119, 120, 121. Por lo que toca á los planos musculares de esta parte del cuerpo debemos manifestar ante todo que son tan superficiales, tan confusos y envueltos en tanta cantidad de gordura, que apenas se manifiestan al esterior tales como están debajo de los tegumentos. Sin embargo la exacta manifestación de las elevaciones huesosas y cier- tos límites ostensibles de los referidos planos musculares, nos permitirán estudiar con exactitud las formas de la cabeza. {Lám. 3.* (ig. 3.*) Cubierta por el cabello en casi toda la esiension de su óvalo sup. ofrece en su parle ant. y mas elevada to- dos los objetos de la respectiva superficie del hueso co- ronal, (pág. 44) apenas modificados por el m. frontal y tegumentos que los cubren. La base de la órbita forma una elevación por medio de su semicircunferencia sup. é inf. y determina un surco en el punto de inserción de cada párpado, mas profundo en el de arriba. El pómulo — 128 — hace sensible al esteríor su eminencia malar, lo es asi- mismo ant. é infer. toda la base de la mandíbula, sus ángulos y el borde post. de sus ramas; en las partes la- terales las apófisis mastóides, y la protuberancia occi- pital en la post. Entre esta última apófisis y la rama de la mandíbula hay una ÍOSA , mp-auricular, principio de un surco. Uno de los planos musculares mas manifiestos es el del m. elevador común del ala de la nariz y labio sup., el cual determina á los lados de estos órganoc: una eminen- cia prolongada en el sentido de la dirección de sus fi- bras. En su borde est. la limita un surco, naso-palpe- bral, correspondiente al punto de contigüidad de este m. y del orbicular de los párpados; y en el int., otro, naso- labial , que señala el punto de contigüidad del mismo m. y del orbicular de los labios.—^El mismo plano con- curre á formar un surco semicircular que limita el ala de la nariz recorriéndola por arriba atrás y ahajo. El m. orbicular de los labios señala detrás de los mismos un plano, elevado en su totalidad por su parte media, y li- mitado por una ligera depresión circular correspondien- te á su circunferencia. Esta es mas profunda en su parte media inf. en donde forma un surco, mento-labial. Es- te plano ofrece una elevación mayor al nivel de los án- gulos de la boca, producida por la confluencia en este punto de casi todos los músculos de la cara. Dicha ele- vación produce un pliegue vertical y algo oblicuo háci» afuera que corta la comisura de la boca; y la prolonga hacia abajo un plano correspondiente al m. depresor del ángulo de los labios. En el punto en que este m. se se- para del orbicular de los labios se forma una depresión, y el espacio que circunscribe con su compañero del lado opuesto, correspondiente á la eminencia del mentón y - 129 — músculos cuadrados , forma una elevación redondeada bastante uniforme. El m. masetero determina en la par- le lateral de la cara un plano cuadrangular, en cuya parte ant. y al nivel del m. buccinador hay un hueco limitado pòster, por el citado plano, super. por una li- gera elevación del m. zigoraático mayor, anter. por la del m. depresor del ángulo de los labios, é.infer por el cuerpo de la mandíbula. En las partes laterales del cráneo el m. temporal forma un plano ligeramente con- vexo que ocupa toda la sien cubierta en parte por el ca- bello. Diferencias individuales.—Las eminencias de los ar- cos superciliar y orbitario se confunden frecuentemente en una sola debajo de las cejas. Estas, unidas en algunos individuos por sus cabezas, ó muy separadas en otros, son à veces delgadas y arqueadas con uniformidad, y otras muy espesas, ásperas y erizadas. Pueden ser tam- bién horizontales en una mitad y encorvadas en la otra, 6 tener una forma angulosa, ó entrecortada; y no es rart) verlas colocadas en algunos á la mitad de la frente cuan- do en otros llegan á rozarse con el párpado sup. Las superficies laterales de la nariz son á veces muv abultadas hacia afuera, y otras se deprimen dando* una soma delgadez á la raiz de este órgano. El dorso ora es recto y vertical, ora mas oblicuo hacia adelante; ya describe una curva uniformemente convexa ó que forma un ángulo mas ó menos saliente en la unión de los huesos con los cartílagos, ya una línea cóncava. El lóbulo puede ser flaco, delgado y seco, dejando entrever las dos emi- nencias estrechas de los fibro^cartílagos anfs. .separadas por un hueco; ó bien carnoso y uniformemente redon- deado: á'veces es afilado y otras parece como cortado de delante atrás y de arriba abajo. El borde inf. del ta- 9 — ISO — bique, horizontal en la generalidad, tiene en algunos una escotadura post., en otros se inclina arriba y atrás< y en muchos atrás y abajo. Las alas de la nariz ora se deprimen y cierran su abertura, ora la abren levantán- dose hacia afuera, y la raiz se ve en algunos sugetos abrazada por varias arrugas. El ojo, ó es muy metido en la órbita ó sobresale por fuera de esta cavidad. La primera circunstancia puede reconocer por causa la mucha salida de la frente, ó la escasez del tejido grasoso de la órbita que envuelve á aquel órgano. En este caso son mas profundos los surcos de los párpados y muy saliente y manifiesta al esterior la abertura orbitaria.—'El borde del párpado sup. ó bien describe un arco completo , ó bien baja y se estiende en sentido horizontal cortando la prunela; j* la abertura del ojo puede tener mucha dimensión transversal por la separación de los ángulos de los párpados, ó mucha ver- tical por la menor distancia de estos últimos. También {Juede ser mayor ó menor la distancia que media entre los dos ojos. Los labios son á veces delgados ocultando casi ente- ramente sus bordes, otras son salientes y gruesos, cir- cunstancia que puede recaer en uno solo ó en los dos á la vez. La linea de unión de los mismos describe en al- gunos sugetos las inflexiones que se han dicho, y en otros forma una recta ; y los ángulos de la boca ora se inclinan arriba, ora ofrecen una disposición opuesta. El labio iof tiene á veces una elevación en su parte media. La barba es en su totalidad mas ó menos saliente y carnosa, podiendo tener una figura redondeada, com- planada, puntiaguda ó angular. En los gordos tiene una fositi y á veces la divide transversalmente un surco. Cuando la grasa abunda en la mejilla esta es lisa, re- — 131 - * dondeada y abultada; en el caso contrario es hueca: y retraída: á veces ofrece un hundimiento triangular, otras ciertas eminencias ondulantes mas ó menos gracio- sas, otras surcos difíciles de determinar. Vésela también de veï en cuando como caida y colgante, siendo una de las regiones cuyas formas son raas variables. El mucho abultamiento del m. temporal en los suge- tos bien musculados convierte en un surco la eminencia semicircular que forma en los flacos la mitad aot. de la línea temporah Diferencias según la edad.—Ante todo haremos aquí una observación general que se aplicará á todas las de- más regiones que nos toca describir, y es: que la mucha abundancia de gordura y tejido celular oculta y disimu- la en el niño los planos musculares y las eminencias huesosas, ya de sí poco desarrolladas.—Los espacios in- termusculares son consecutivamente menos manifiestos, y de aquí esa redondez rolliza y carnosa, solo interrum- pida por ciertos hoyuelos y pliegues mas ó menos pro- fundos. Según estas circunstancias y atendidas las del esqueleto de la cabeza del niño, estudiadas en su lugar pág. 56 , se ve en este una frente uniforme y saliente, unas mejillas abultadas con igual uniformidad, las cua- les disminuven la eminencia de la barba ya de sí retraí- da, y ocultan los bordes y ángulos de la mandíbula ¡nf. y los planos de los ms. elevadores del ala de la nariz y del ángulo de los labios. Las cejas son cubiertas de un vello escaso y fino, los ojos salientes y muy abiertos, los dos párpados tienen una longitud bastante igual, la nariz es deprimida en su dorso y de base arremangada, y el labio sup. grueso y saliente abraza al inf. raas re- traído que él Los cabellos del niño son escasos, cortos, delgados y suaves como la seda. — 152 — triste es ciertamente el contraste qué ofrece el aspec- to del anciano cuando se le compara al del niño que aca- bamos'de describir. La superficie ant. del coronal, el borde de la órbita, las eminentias malares, la base y ángulos de la mandíbula manifiestan debajo de los tegu- mentos secos, delgados y retraídos que tienen encima todas sus modificaciones propias'de la edad. Esta misma retracción de la piel señala cotí exageración los planos musculares y los surcos que los limitan; y á medida que desaparece el tejido celular aquella se repliega en todos sentidos, y forma: arrugas transversales en la frente, otras circulares al rededor de la órhita, otras divergen- teshácia la sien, otras semicirculares en la mejilla, las cuales mas tarde se entrecruzan y cortan en todos senti- dos. Los ojos se ocultan en las órbitas, las mejillís se hunden , el labio inf. adelanta y sube cómo para cubrir al inf., la'barba lleva arriba y adelante su cstre'midad puntiaguda y las orejas se adelgazan. Los cabellos se caen poco á 'poco ó con prontitud y en época mas ó me- nos temprana, empezando generalmente por dejar en descubierto la región sup. ant. y media del cráneo, y si la osificación no está muy adelantada se trasparentan al través de su piel lisa y brillante las suturas coronal y sagital. Diferencias propias del sea;o."^También haremos con respeto á la mujer la misma observación general que so- bre la abundancia de gordura hemos indicado en el ni- ño. Este tejido oculta asimismo en ella las eminencias de los huesos y los planos dé los ms'., produce ciertas fos&s y pliegues, y da uniformidad y armonía á las for- mas. Una piel fina y blanca, sonrosada en las mejillas y barba , en cuyos puntos suele formar otras tantas fosi- las tan suaves y delicadas cómo gi^ciósas, de)a entre- — 153 — ver con igual suavidad y dulzura los objetos duros-y blandos que cubre, modificados según las circunstancias privativas del sexo. Unas cejas delgadas y suavemente dobladas en arco, unos ojos grandes, no muy abiertos, bastante salientes y algo separados, una nariz recta, de hechura uniforipe y bien proporcionada, unos labios delgados y reducidos que se ro7,an con suavidad ó se juntan sin violencia, las ondulaciones que. traza coa tanta exactitud la línea de unión de estos mismos labios perdida hacia sus ángulos en dos estremos ro- mos, huecos y ligeramente levantados, la delicadeza de las orejas, la abundancia y finura del largo cabello, capaz de, prestarse á todos los caprichos de la imagina- ción y del gusto, para ser-trenzado, recogido á manera de guirnalda undulante, ó convertido en hermosos rizos; son otros tantos objetos que dan al sexo débil la gracia y seductor atractivo, cuya fuerza triunfa del carácter varonil y poder mas enérgico del otro sexo. CUELLO.—¿t»u7es.—Son por arriba los iofs. de la c a - beza, y por abajo la horquilla del esternón, la clavicu- la , la apófisis acrómion, la espina del omóplato y la apófisis espinosa de la séptima vértebra cervical. Formas.—Las mayores y predominantes son los pla- nos de los ms. eslerno-cleido-masloideos que tienen una (fepresion triangular, fosa mastotdea, correspondiente á la separación de sus dos orígenes infs. y la mitad sup. trian- gular del plano de los ms. trapecios, mas prominente, hacia la parte sup. y post. del «uello por la presencia inf. de los n>s. complexos. La separación sup. de los trapecios determina debajo deloccipital una fosita, occi- pital; su unión inf. una superficie redondeada que sigue á la fosila, y mas abajo la aponeurósis semielípticA de ios mismos ms. forma una superficie complanada, cer- — iU — vico-dorsal, que se continua por el dorso. En medio de esta superficie sobresale la apófisis espinosa de la sépti- ma vértebra cervical. Recorred borde ant. del m. esler- no-cleido-mastoideo un surco al cual corresponde la ve- na yugular ant. Es mas superficial en su centro que en sus eslremos, de los cuales el sup. termina en la fosita sup-auricular, y el inf. al unirse á su compañero en la horquilla del esternón forma una fosa profunda, supra- esíemal. El área triangular ant. del cuello, pág. 96, ofre- ce en su porcfon horizontal debajo de la mandíbula una salida media ántero-post., determinada por los vientres ants. de los ms. digástricos, y dos depresiones laterales, infra-barbales, correspondientes al plano mas profundo de los milo-hioideos. En la parte media y sup. de su porción vertical se eleva en forma de cuña la eminen- cia del cartílago tiroides, nuez de la garganta, mas abajo el cuello se redondea al nivel de la glándula tiroides, y forma después un hueco que termina en la fosa supra- esternai. El área triangular lateral del cuello, pág. 96, re- dondeada por arriba ofrece infer. una fosa, siipra-clavi- cnlar, atravesada por la vena yugular esterna. Difs. individuales.—Prescindiendo de las variaciones de grosor y longitud del cuello, y tomando en conside- ración la circunstancia general de ser mucho mas pro- nunciadas las formas en los flacos por la escasez del te- jido celular, diremos que en algunos individuos ofrece el cuello por debajo de la barba una elevación en forma de media luna, separada de la mandíbula por una ra- nura, formando lo que se llama segundabaiba.EHA cir- cunstancia coincide generalmente con una obesidad ge- neral. A/, según la edad.^Eï cuello del niño sumamente oorto solo ofrece uno ó dos surcos que dividen horizon- — 155 — talmente su forma rolliza y carnosa.—En el anciano la falta de tejido celular marca exageradamente todas las formas de esta parte del cuerpo al través de un tegumen- to moreno,flojoy arrugado, con dos pliegues principa- les«stendidos á lo largo de so parle ant. Dif. >egun el sexo.—^n la mujer son menos marcadas todas las depresiones y consiguientemente las eminencias musculares. La protuberancia de la glándula tiroides es mayor, especialmente en las que han tenido muchos hi- jos, la elevación del cartílago tiroides es menor, y el plano del m. trapezio mas uniformemente redondeado. TRONCO.—Límites.—Por arriba le separan del cuello los infs. de este último, lateralmente le aislan de los es- treraos sups.: por delante el espacio intermuscolar del pectoral mayor, y deltoides, y por detrás toda la cir- «nnferencia del omóplato, marcada principalmente por la aponeurósisesl. del m. trapezio, borde post. del mis- mo hueso y sup. del dorsal mayor: inferiormente la cir- cunferencia del h. inominado lo separa del estremo inf. Formas.—Preséntase anterior y superiormente el pla- no del m. pectoral mayor, algo deprimido arriba y afue- ra y ligeramente abultado en su parte inf. Esteriormente está separado del m. deltoides por un surco que aloja la vena cefálica, y termina debajo de la clavícula en una fosa triangular, sub-clmia. Por dentro limita con su corapaBero un canal, esternal, mas ancho en sus estre- mos que en la parte media, formado en su fondo por el esternón dispuesto según sus tres planos y dos ángulos descritos en la osteología, pág. 64. Inferiormente forma on borde convexo hacia abajo, tanto mas doble cuanto es mas esterior, que corresponde y sigúela dirección del cartílago de la quinta costilla para perderse en la par- te sup. del brazo. El pezón está situado en la parte inf. y — 156 — esterna de este plano, casi al nivel del borde sup. de la quinta costilla. Mas abajo se estienden los planos de los ms. reotos mas estrechos y salientes en su parte inf., con unos surcos transversos superficiales que señalan sus in- tersecciones. Encima de ellos se eleva- transversalment© la escotadura ant. del pecho, pág. 65, con un hueco en su centro, boca del esíómago, en el que remata el canal esternal. La elevación formada por el reborde de dicha escotadura determina infer. un surco, costo-abdominal, y circunscribe con el borde inf. del pectoral y la linea de digitaciones del ra. oblicuo mayor un espacio triangular en cuya superficie se dejan ver los cartílagos de las pri- meras costillas falsas La separación de los dos ms. rec- tos forma desde la boca del estómago al ombligo un surco que desaparece desde este último punto al pubis. Enci- ma de este se eleva iMia eminencia triangular, monte de Vému, cubierto de pelo en la pubertad y separado por nn surco , púbieo^ (Lám. 3." fig. i .*) En la parte lateral y sup. del tronco forma una ligera elevación el plano triangular del m. serrato mayor; y en ta inf. se ve el del ra. oblicuo mayor, muy prominente hacia abajo y adelante en su porción carnosa semilunar, y que deja entrever mas deprimido per arriba la línea de susdigitacionesentrecruzadascon las del m. anl. pag. 99. La porción aponeurótica del oblicuo mayor estendida des- de el pecho á la pelvis forma un surco, lateral del I'Í««- la salida del m. bíceps, complanada en su cuarto inf, perteneciente á su tendón : y en la post. el m. tríceps deja apreciar el plano de su porción aponeurótica y las elevaciones de los tres vientres carnosos, sup. est. é int. Los planos de es- tos dos ms. limitados arriba por los surcos del deltoides, determinan en las partes laterales del brazo das surcos, uno est. que empieza en el ángulo deltoideo, y otro int. en Iji axila. ANTEBRAZO.—Todas sus formas son producidas por las eminencias de los ms. é intersticios que los separan. Las masas de los ms. insertos en las tuberosidades est. é in- terna del húmero forman en la parte sup. ant. y latera- les del antebrazo dos grandes eminencias ovalares. Nacen cada una respectivamente del remate inf. de los surcos laterales del brazo y se reúnen en la parte media y quinto sup. del antebrazo : limitan por arriba un espacio an- gular de vértice inf. en el que se ocultan el tendón del m. bíceps, y forman en su unión ¡un ligero surco. La interna mas saliente en su parte sup. y ant. está forma- da por los ras. pronador redondo, palmares mayor y me- nor y cubital ant. cuyos intersticios dejan ver cuando son muy nutridos, y en su inserción sup. sobresale la - 143 - tuberosidad int. del húmero, que determina debajo oaa depresión ó escotadura. La ester. mas uniformemeBie abultada es producida por los ms. supinador mayor y pri- mer radial est. La conversión de las fibras carnosas de estos ms. en tendones al llegar á la mitad inf. del ante- brazo da á esta parte una forma mas complanada. Los tendones de los ms. palmares determinan en su parte media ua surco algo oblicuo hacia abajo y afuera, y dos canales laterales. De los dos tendones el esl. ó del pal- mar mayor es mas doble. De los canales el est. está li- mitado hacia afuera por el tendón del supinador mayor, y manifiestaá veces en su fondo un cordón poco saliente producido por la arteria radial, y el inter. está limitado hacia adentro por el tendón del cubital ant. y aloja en su fondo el manojo de tendones del m. flexor superficial de los dedos, manifiestos en el acto de doblarlos con fuerzíi. En la parte pcst. del antebrazo examinada de fuera adentro vese oblicuo hacia abajOj afuera y adelante el pla- no referido de los ms. supinador mayor y primer radial est., limitados infer. por un profundo surco. Por dentro de este surco se ven los principios superiores confundi- dos de los ms. estensor común de los dedos, estensor pro- pio del dedo pequeño y cubital post^, distintos en su parte media en tres planos fusiformes, correspondientes el ma- yor al primero, el menor al segundo y el mediano al ter- cero ; y que se pierden inferiormente al nivel de sus ten- dones en un plano bastante igual. Entre el espacio de los ms. primer radial ester. y estensor común de los de- dos, pág. loa, aparece en la mitad sup. el plano del m, segundo radial ester. terminando en punta sup. é infe- riormente, y mas abajo sale oblicuo hacia abajo y afuera el de los ms. abductor mayor y estensor menor del pul- — Mi — gar formando una eminencia en aquel sentido. En la parte super. é int. del m, cubital post. se ve el plan» triangular del m. ancóneo, y un surco que recorre toda la longitud del antebrazo separa las masas musculares referidas de otra mas int. correspondiente al m. cubital ant. Este surco de figura de S muy prolongada es for- mado porel cuerpo del h. cubilo. Su estremo sup. pro- duce con la apófisis olécranon la eminencia angulosa del codo, manifiesta en laflexióny casi nula en la esteusion del brazo, en su parte int. y media entre ella y la tube- rosidad int. del húmero se estiende una superficie plana é ligeramente escavada; y corresponde á la esterna al ni- vel de la articulación húmero-radial una fosita radial si- tuada en el surcodelosms. supinador y radial, pág. 143, y aumentada por la presencia de los mismos. La estre- midad inf. del mismo cubito trasforma el surco en una eminencia redondeada correspondiente á su cabeza, así como el radio forma también en el lado opuesto una ele- vación mas inf., y mucho mas superficial. MANO. —Un pliegue sencillo ó doble, eslendido Irans- vèrsalmente en la parte inf. y ant. del antebrazo señala el límite de este y de la mano. Hállanse en él dos emi- nencias, una en su estremidad int., muy saliente, for- mada por el h. pisiforrae, y otra en la unión de su ter- cio medio con el ester., mas ancha y superficial, cor- respondiente al h. navicular. Están separadas entre si por una depresión, y dan origen á dos eminencias, una ester., tenar, estendida hacia el dedo pulgar y borde est. de la mano, y otra int. hipotenar, hacia el pequeño, y borde correspondiente. Ambas están formadas por losms- de los dedos respectivos. La est., mayor, es triangu- lar, su base está vuelta hacia la palma de la mano y se- parad» de ella por un pliegue déla piel, y su vértice — US — corresponde á la base del pulgar. Ofrece bastante pro- minentes ios planos de iosms. abductor menor, oponente y flexor menor; y se deprime encima del adductor de aquel dedo. La eminencia hipotenar, correspondiente á los ms. adductor yflexormenor del dedo pequeño es mas superficial y prolongada, y se pierde á medida que ade- lanta hacia su estremo inf. Dichas eminencias limitan lateralmente el plano triangular mas deprimido de laapo- neurósis palmar, en cuya superficie forma la piel cuatro pliegues de figura de una M mayúscula. La primera ra- ma está formada por la base de la eminencia tenar, la última empieza en el borde cubital de la mano, á un dedo por encima del meñique, y termina en la unión del ín- dice y medio; y las ramas intermedias parten de la es- treraidad esterna de las descritas, cruzándose en el cen- tro de la mano y prolongándose la iofer. hasta el borde cubital, y la sup. bástala eminencia pisiforme. Las adhe- rencias de la aponeurósis palmar á los estremos infs. de los hs. metacarpianos produce depresiones que alternan con otras tantas eminencias, situadas al nivel de las ar- ticulaciones de aquellos hs. con los dedos. Hacia el bor- de radial de la mano la eminencia del estremo inf. y apó- fisis estilóides del radio determina debajo una escotadura seguida de una fosa, radial »'»/'., limitada hacia adelante por los tendones reunidos de los ms. abductor mayory es- tensor menor del pulgar, y hacia atrás por el estensor ma- yor del mismo, bastante manifiesto hasta la articulación de su última falange. La superficie dorsal de la mano, algo cóncava de arriba abajo y convexa transversalmente, ofrece las eminencias de los tendones estensores de los mismos, que son longitudinales y divergentes hacia los dedos y dejan entre sí unos espacios angulares, ocupados por las eminencias poco manifiestas de los ms. inter- 10 — ue — óseos. De estos el primero es mas saliente. El borde cu- bital de la mano ofrece debajo de la eminencia de la ca- beza del cubito una escotadura, tanto mas pronunciada cuanto mas se mira hacia el dorso de la misma, pudién- dose apreciar después en el trayecto del mismo borde una eminencia post. perteneciente al quinto h. metacarpia- no, y que un surco separa de una almohadilla ant. for- mada por la eminencia hipotenar, especialmente por los ms. oponente y abductor del dedo pequeño. La union'de los cuatro últimos dedos á la mano está señalada por cuatro eminencias dorsales, mas manifies- tas en laflexiónde aquellos, y por las que determina en la palma la aponeurósis palmar. El vértice arqueado del espacio que los separa se llama comisura, esta es mas baja por la parte de la palma que por la del dorso, ma- yor cuanto mas separados son los dedos, y las tres juntas describen un arco de convexidad inf. cuyo estremo inter. sube mas que el opuesto. La que separa el pulgar del ín- dice es mas alta y estensa, está formada por un pliegue sencillo y arqueado de la piel cuando el primero de di- chos dedos se dirige directamente adelante, cuando se acerca á los demás en un movimiento opuesto el arco de la comisura se dobla y deshace, y es reemplazado por un pliegue transversal que se pierde hacia la palma y dorso de la mano, y cuando el mismo dedo se dirige adentro ó afuera se forman en el mismo arco de la co- misura dos ó tres pliegues en el sentido de su inclinación. Los dedos, cilindroideos, ofrecen unos pliegues inmedia- tos á sus articulaciones. En la superficie palmar la arti- culación de las primeras falanges, aun dedo por debajo de la misma y al nivel de las comisuras, cuenta dos para cada dedo, esceptuando el índice que solo tiene uno, la de las segundas ofrece dos, cóncavas, opuestas por su con- — 147 — cavidad y que vienen encima de la misma articulación, viéndose en el mismo punto de la juntura de las terceras un pliegue sencillo. Por la parte del dorso se ven enci- ma de la articulación de las primeras falanges con las segundas numerosos pliegues circunscritos en un espacio ovalar, y que son mas transversales y menores en nú- mero encima de las terceras. Las caras laterales de los dedos solo ofrecen un ligero abultamiento al nivel de cada articulación, y los estre- mos infs. cubiertos posteriormente por las uñas mues- tran en su parle ant. el pulpejo. Las formas que se acaban de describir son sumamente modificadas por la presencia de las venas correspondien- tes al estremo sup. y que se presentan en el mismo por encima de los planos musculares tales como han sido des- critas en su lugar debido (pág. <<2). , Diferencias individuales.—kl aplicar al estremo super. la ley de las modificaciones gtaerales producidas por la mayor ó menor abundancia de gordura, debemos hacer notar que por mucha que esta sea nunca llega á borrar la fosa radial, pág. 145, pero que convierte en hoyuelos las eminencias dorsales de los cuatro hs. metacarpianos. Edad.— Solo hay las diferencias generales relativas al desarrollo y á la presencia ó falta de gordura, como son las fositas que en el niño reemplazan la eminencia del olécranon, las que se forman en la superficie dorsal de las articulaciones de los dedos, y la salida de todos los estremos huesosos articulares tan manifiestos en el anciano al través de su piel marchitay arrugada. Uiiica- mente haremos notar en el niño el pliegue que determina la abundancia de gordura al rededor de la muñeca, mas voluminosa que la del adulto. Sexo.—LA misma abundancia de gordura y tejido ce- — 148 — lular nos esplica las difs, á él relativas. Aquel tejido es el qae oculta las eminencias de los hs. y los planos mus- culares, solo manifiestos por ligerísimas elevaciones per- didas con no menos suavidad por el blando y uniforme contorno de la totalidad del miembro: él determina las fositas articulares, suaviza los pliegues de la piel, la da con la mayor tensión mayor transparencia y finura, y solo deja entrever algunos tendones del antebrazo, espe- cialmente losde su parte media y anter.—El hueco de la axila es en la mujer menos profundo y mas estendido transversalmente, y el brazo complanado lateralmente en el hombre, es en ella mas redondeado. MIEMBROS mís.—Limites.—Se han dicho ya en los del tronco. (Lám. 5.' (igs. 3.* y 4.^*) Formas.—Muslo.—Dt la eminencia de la espina ilía- ca sup. ant. nacen dos planos divergentes hacia abajo: uno est. mas corto formado por la porción carnosa del m. tensor de la aponeurósis orural, y otro int. por el sar- torio, saliente en su mitad sup. y deprimido en la inf. á cuyo nivel determina un surco en el muslo. La separa- ción de estos planos produce una depresión angular de la cual nace formando un relieve ovalar el plano del m. recto ant. del muslo, cuyo tendón inf. determina una su- perficie plana triangular fija su base en la rótula. A los lados de este m. y debajo de los dos anteriores producen dos nuevas elevaciones losms. vastos ester. é int. La pri- mera se estiende uniformemente por todo el lado ester. del muslo, y termina inferiormente redondeado á unos tres dedos del nivel de la rótula; y la segunda, defiguraova- lar, muy aguda por arriba, alcanza mas oblonga por abajo hasta el mismo nivel de dicho h. En la parte sup. é int. del muslo el área triangular li- mitada por el pliegue de la ingle, ra. sartorio y recto — 149 — Ínter., pàg. 107, forma un plano que no deja ver los ms. contenidos en sus límites, siendo solo estos los manifies- tos, especialmente el del recto int. que forma una emi- nencia aumentada mas arriba y atrás por la del m. ad- ductor tercero que se le sobrepone. En este plano se ve una porción de la vena safena int. En la parte posterior preséntase por arriba muy prominente el plano del m. glúteo mayor, separado de su compañero por una ranu- ra profunda, de la nalga. Una porción de grasa y la presencia inf. del ísquion hacen que este plano sea muy saliente y redondeado por su parle int. éinf. deprimién- dose por arriba y afuera, y muy señaladamente encima de su superficie aponeurótica detrás de la eminencia del trocánter mayor del fémur. Este plano se continua in- sensiblemente por arriba y adelante con el del glúteo mediano, é inferiormente lo limita un pliegue, de la nalga, horizontal, algo cóncavo superiormente, muy profundo por dentro, y que va deshaciéndose insensiblemente hacia afuera para perderse en la depresión est. del mismo pla- no situada detrás del trocánter mayor. Mas abajo la parte post. del muslo ofrece una superficie convexa separada de la antecedente por el pliegue del glúteo. Los planos de los ms. bíceps, semi-tendinoso, serai-membranoso y ad- ductor tercero que la determinan quedan uniformemente confundidos en ella, solo sus estremos tendinosos for- man dos elevaciones laterales en la parte inf. de dicho plano, algo mas deprimida en su totalidad que la sup.Un surco, est. del muslo, que empieía en la depresión post. del trocánter mayor, y señala ei espacio media entre los ms. vasto est. y biceps femoral, limita por faera dicha superficie, confundida por dentro con la elevación del adductor tercero y recto inter. hacia arriba^ y más abaja con la depresión inf. del m. sartorio. — 130 — Rodilla.—En su parte media y ant. debajo del plano tendinoso triangular del m. tríceps se ve la eminencia igualmente triangular de la rótula, cuyos dos ángulos sops. son redondeados, y el ínf. se une á la tuberosidad de la tibia mediante su ligamento propio algo deprimido en su parte céntrica. Detrás de este ligamento y de la mitad inf. de la rótula hay un pelotón de tejido gra- soso, que tiene como aquel h. una figura triangular de vértice inf. y ángulos redondeados. La rótula parece como engastada por la superficie post. de su vértice inf. en la base sup. de dicho pelotón grasoso, cuyos dos án- gulos sups. y laterales forman por debajo de los de di- cha rótula dos elevaciones redondeadas, confundiéndose el inf. con la tuberosidad de la tibia. La parte int. de la rodilla, saliente en su totalidad, ofrece las eminencias de los ángulos laterales del pelotón grasoso y de la rótula. Un surco ligero vertical separa esta última eminencia de la que forma el cóndilo int. del fémur, la cual esta separada á su vez de otra mas ancha propia de la tuberosidad de la tibia por un nuevo surco horizontal superficial que señala la arti. de los dos hs. Encima déla elevación del cóndilo int. del fémur se apre- cia la de su tuberosidad; y la de la tibia está abrazada post. é infer. por los tendones de los ms. recto int. semi- membranoso y semi-tendinoso, bien distintos algunas veces, detrás de los cuales la piel forma un surco cón- cavo hacia adelante. La elevación de estos tendones y el surco que pòster, determinan forman el límite int. de la corva , siendo producido el est. por el tendón inf. del m. bíceps menos manifiesto, y por un surco que recorre su borde int. La corva ó espacio medio forma en la esten- sion del miembro una superficie convexa transversalmen- te, y solóse ahueca al sobresalir mas durante la flexión — 151 — los tendones que lateralmente la limitan. La superf. est. de la rodilla, entrante en su totalidad al revés de la inl., además de las tres eminencias ants. correspondientes á la tuberosidad de la tibia y á los ángulos ests. del pelotón grasoso y rótula separados pòster, por un surco, tiene la eminencia del tendón del bíceps femoral aumentada por la tuberosidad del fémur que está debajo, y que ter- mina en una depresión formada en su fondo por la ca- beza del peroné. Mas adelante sobresale la tuberosidad ester. de la tibia. Pierna.—El borde ant. y superficie int. de la tibia muestran todas sus inflexiones debajo de la piel que los cubre inmediatamente. Dicha superficie int. inclinada en su totalidad abajo y adentro forma por su estremo inf. el tobillo int. de tbrraa cuadrilátera: y la cresta tibial aun- que mas obtusa y redondeada en la parte en que la so- brepuja el m. tibial ant. deja ver su figura de S muy prolongada. En su parte est. se estienden de arriba abajo dos planos, correspondiente el iprimero á los dos vien- tres carnosos de los ms. tibial ant. y flexor común de los dedos, y el otro mas ester. á los peroneos laterales. El primero, fusiforme, empieza por arriba en la tuberosidad de la tibia, y manifiesta á veces por abajo el tendón que sigue el borde ant. del mismo h., el segundo empieza en la depresión de la cabeía del peroné, pág. 131, y baja has- ta el maléolo est. señalando con una entrada el punto en que se convierten en tendón las fibras caínosas del pe- roneo lateral mayor. El espacio que dejan infer. estos planos y que ocupan en el despellejadoel m. peroneo ant. y los tendones del estensor común de los dedos es bas- tante uniforme, sin qufe nunóa deje ver las eminencias que corresponden á dichos objetos. Únicamente sobresale en su parte roasbaja el esliemo inf, del peroné, ó tobillo est. — 152 — Este forma una eminencia vertical pero algo inclinada hacia adelante, es mas estrecho, viene mas atrás y un dedo mas abajo que el int., es mas elevado por su parte post. que por la ant., remata en una punta que prolongan á veces hacia adelante los tendones de los ms. pero- neos laterales, y determina en su parte post. é inf. un surco. En la superficie post. de la pierna se desprenden de la parte int. de los limites laterales de la corva los dos pla- nos de los ms. gemelos. Estos, estrechos por arriba, algo deprimidos en el plano correspondiente á sus aponeurósis sups. se ensanchan y entumecen en la porción muscular, y forman dos vientres voluminosos, uno est. mas largo que el int., separados longitudinalmente por un ligero surco que remata en una depresión angular. Esta está formada y señala el remate de las porciones carnosas de los ms. y el punto en que empieza la aponeurósis conver- tida mas abajo en el tendón de Aquíles, cuyos objetos se trasladan fielmente al ester. El soleo que sobrepasa los límites laterales de esta aponeurósis forma dos elevaciones, una mayor en el bor- de est., y la robustez del tendón de Aquíles, convexo transversal mente y algo cóncavo de arribaabajo, es au- mentada por dos surcos laterales profundos cuyos fondos son ocupados, el del int. por los tendones de los ms. flexor común de los dedos, flexor propio del dedo pequeño y tibial post ; y el del est. por los peroneos laterales casi nunca manifiestos ai través del tegumento. Estos surcos están limitados anteriormente por los maléolos á los cua- les circuyen por la parte post. é inf., y se prolongan hacia arriba por las partes laterales de la pierna. El est. bastante superficial sigue y señala el espacio medio en- tre los peroneos y el borde est. del m. tríceps sural -, y — 133 — el ¡nt. mas profundo corre por el bordeest. del mismo m. tríceps, y señala el relieve que forma el soleo y gemelo int. sobre la superfície int. de la tibia, terminando en el surco lateral de la rodilla. Pié.— Su dorso, convexo, inclinado adelante y afue- ra, deja ver varios tendones que lo recorren divergentes hacia adelante, y son, contando de dentro afuera, el del m. tibial ant., el del estensor propio del dedo gordo, los cuatro del largo común de los dedos, y el del pero- neo ant. Detrás de este forma una eminencia el plano carnoso del m. pedio. La planta del pié es cóncava, in- clinada hacia arriba y adentro en cuyo paraje ó borde int. forma un arco que no apoya en el suelo. La salida del calcáneo, los ms. del borde est. y los estremos ants. de los hs. del metalarse cubiertos por un tegumento du- ro provisto de tejido grasoso, forman una especie de al- mohada , redondeada en el talón, estrechada en el borde est. y prolongada y saliente debajo de las cabezas de los hs. roetatarsianos, aunque complanada en todos estos puntos por la presión que sufre contra el suelo; y cir- cunscriben una concavidad recorrida por arrugas longi- tudinales que se entrecortan con otras transversales. El borde int. del pié, muy grueso en su parte mas post., y que se adelgaza á medida que viene adelante, es arqueado por abajo, algo escotado debajo del maléolo por la ranu" ra del mismo, saliente en el punto que corresponde al escafóides por la eminencia que forma este h., y hen- chido al nivel de la articulación del dedo gordo. Los ms. que tiene debajo, cubiertos uniformemente por la piel, le dan una forma redonda para continuarse con la planta. El borde est. mas delgado, algo escotado por debajo y de- lante del maléolo, es redondeado y ofrece una elevacioB producida por la estremidad del quinte h. metatarsiano. — im — El talón forma por debajo y detrás del pié una salida es- feroidal. Por detrás presenta dos elevaciones, una sup. formada por el tendón de Aquíles en su inserción al cal- cáneo, y que viene al nivel del eslremo inf. del maléolo est. y otra inf. formada por la mitad inf. de la tuberosi- dad del mismo calcáneo. Los dedos son como unos apéndices cilindricos unidos al metatarso por su base á cuyo nivel corresponde infer. un surco profundo convexo hacia adelante. Están unidos entre sí por "unas comisuras que vienen mas adelante por la parte de la planta, y les separa un espacio interdigi- tal, solo manifiesto entre el primero y segundo dedo. El dorso de los dedos deja conocer ligeramente sus articu- laciones últimas, manifiestas en su parte plantar median- te dos surcos: esta última circunstancia no puede apre- ciarse cuando los dedos se estienden, puesto que su cor- vadura natural hacia abajo oculta completamente dicha superficie plantar, dejando ver tan solo los estremos pul- posos digitales, redondeados y algo complanados por la presión contra el suelo. La estreraidad anl. está provista super. de una uña como en los dedos de la mano. La estreraidad inf. á la manera de la sup. está recor- rida por las venas correspondientes, pág. 113, las cuales modifican con su presencia las ibrmas que se acaban de mencionar. Dif.1. individuales.— Después de las comunes debemos hacer notar que el surco est. del muslo en algunos su- getos, hacia el cuarta inf. del mismo, forma una rama que va á perderse en la corva cortando oblicuamente la emi- nencia del m. bíceps.—El plano del m. sartorio forma en algunos individuos gordos un simple surco en toda su estension , y en losflacosdos surcos laterales señalan los dos bordes del plano de este mismo m. que entonces es — ISS — mas aparente.—En algunos sugetos la rótula ofrece en- cima de su borde sup. un surco.—En otros los dos pla- nos de los ms. vasto int. y est., que al nivel del plana del tendón del m. recto ant. del muslo distan todo su an- cho de dos ó tres dedos, se acercan tanto que casi se tocan y confunden, no dejando mas que un ligero surco encima de la rótula. Es circunstancia propia de los muy musculados. Las partes tendinosas que rodean la rótula al formar inserción en su circunferencia determinan un relieve y presentan como deprimido el centro del h.Mas en algunos esta elevación es mayor en la base y vértice del h. que en sus bordes laterales, y entonces se produ- ce en la superficie del mismo un surco transversal irre- gular. Es también muy frecuente que la superficie est. de la pierna oculte los planos musculares en ella descri- tos presentándose redondeada con bastante uniformidad. Difs. según la edad.— Son iguales á las de los estre- mos sups. y dependientes de la abundancia ó falta de gordura. Unas formas rollizas ocultan en el niíío todos los planos musculares, confunden las eminencias hueso- sas de las articulaciones, determinan unos surcos pro- fundos transversos, de los cuales hay uno en la parte int. y post. del muslo debajo de la nalguilla, otro al nivel de la corva, otro en la pantorrilla y otro en la garganta del pié. Uo hoyuelo señala también la superficie de la rótula. A medida que adelanta el desarrollo y disminuye la escesiva gordura de la infancia los miembros se adel- gazan predominando las formas óseas sobre las musculo- sas; y en la vejez se presentan disecadas unas y otras debajo de la piel arrugada y floja, recorrida por las ve- nas mas voluminosas entonces y que forman nudos. Sexo.— Á. la disposición total de los estremos infs. de la mujer debida el esqueleto, pág. 79, añadiremos la — 156 — determinada por la abundancia de gordura. Los planos musculares menos manifiestos aun que en los estremos sups., las desigualdades huesosas articulares uniforme- mente confundidas, el abultamiento sup. de los muslos suavemente disminuido hacia la rodilla y reemplazado eu la pierna por el nuevo y resistente de la pantorrilla, la ligera y armoniosa articulación de la pierna con el pié que deja entrever apenas las eminencias de los tobillos, la delicadeza de este último, pequeño, lleno y alabeado, la forma total del miembro cónica de arriba abajo, la sua- vidad de contornos, todo completa en esta última parte del cuerpo de la mujer el conjunto de belleza y armo- niosa sencillez deformas que hemos admirado en las res- tantes. — 157 — LECCIÓN SÉPTEMA. REGIONES Y CONTORNOS ANATÓMICOS. BSGIOMES EM GEHEUAL. Las tres partes principales, cabeza, tronco, y e s - tremidades en que han dividido la generalidad de los autores el cuerpo humano, han sido subdivididas en otras secundarias, llamadas regiones.—Estas pueden ser circunscritas por ciertos limites naturales.—Forman es- tos limites los bordes de los planos musculares ó aponeu- róticos, las eminencias huesosas, los surcos, etc. estu- diados en el tratado de las formas esters. BEOIONES E S PABTICULAa. Cróneo.—REG. OCCIPITO-FBONTAL.—limííes.—La emi- nencia nasal y las cejas por delante, la linea semicircu- lar del m. temporal por los lados, y pòster, la protube- rancia occipital y las apófisis mastóides. La parte ant. de esta región correspondiente al h. coronal se llama frente, la sup. propia de los parietales coronilla, y la post. del occipital, occipucio.—REG. TEMPORAL.—Sien.— ¿íms.—La elevación del arco zigomático por abajo, y en su restante estension la línea semicircular en que se ata el m. temporal. Cara.—REG. ORBITARIA, Ó del ojo.—Limites.—Por den- tro el surco naso-palpebral, y en la restante estension — ISS — el borde de la órbita.—REG. NASAL.—i)e la nariz. —Li- mites.—VoT arriba el ángulo de la nariz, por abajo el plano del labio sup. y por los lados el surco naso-labial. —REO. LABIAL.—¿ÍÍMS.—Por arriba la nariz, por abajo el surco mento-labial y por los lados el naso-labial.— REG. MENTONIANA, Ó de la barba. — Lims.—El surco mento-labial por arriba, los planos de losms. depreso- res de los ángulos de la boca por los lados y el borde de la mandíbula por abajo.— REG. DE LA MEJILLA.—Lims.-— Surco naso-labial, y plano del m. depresor del ángulo de la boca por delante, el arco zigomático y eminencia malar por arriba, y el borde post. é inf. de la mandíbu- la por atrás y abajo. CueWo.—REG. ANT., ó traqueliana Límites.—El bor- de inf. de la mandíbula y las eminencias de los ms. es- terno-cleido-raastoideos.—El hueso hióydes la divide en dos, una sup. ó sub-mentoniana, y otra inf. ó de la garganta.—REGIONES LATERALES. — Supra-claviculares.— Lims.—Las eminencias de los ms. eslerno cleido-mastoi- deos y trapezio por los lados, y la de la clavícula por abajo.—REGIÓN POSI.—Cervical—nuca.—Lims.—La pro- tuberancia occipital, los bordes ests. de los ms. trape- cios, y la apófisis espinosa de la última vértebra cer- vical. Tronco.—Está dividido en dos partes, pecho y vientre, por la elevación de la circunferencia inf. del pecho. Peeho.—ílBG. ESTERNAL.—iímtíeí.—Los naturales del esternón, manifiestos al esterior por su horquilla, su apéndice xifoides y hueco del estómago, y sus articula- ciones con los cartílagos costales.—REO. D LA MAMA.— K XímiíM.—Los del plano pectoral.—REG. SDB-MAMILAB.— Límites.—El borde inf. del plano pectoral por arriba, el reborde de los cartílagos que forman la escotadura del — 159 — pecho por abajo, y por fuera una línea que cae vertical de la primera digitación del m. serrato.—REG. DORSAL. —Dorso.—Lims.—'Por arriba los límites infs. de la nuca, pág. 158, por abajo el surco lumbar sup. y por los lados los surcos dorsales laterales,—REGIONES COSTALES,—Cos- cados.—Lims.—VoT delante los ests. de las regiones ma- maria y sub-mamilar, por detrás los del dorso y por abajo el reborde de la base del pecho. Vientre.—Prescindiendo de sus regiones artificiales descritas anter. pág. 123, hay las siguientes:—REO. ANT. — Vientre propiamente dicho.—Limites.—El surco costo- abdominal por arriba, por abajo el pliegue de la ingle y el surco púbico, y por los lados el borde est. del surco lateral del vientre y del plano supra-inguinal, pág. 136. REO. POST.—Lomos Lims.—Los del plano romboidal de la aponeurósis del m. dorsal mayor.—REOS, LA- TERALES.—íjares.-^Limites,—'foT arriba la elevación del borde inf. correspondiente del pecho, por delante los del vientre, por detrás los de los lomos y por abajo el surco iliaco ó de la nalga.—^REG. INF.—Perineo.—Límites.— Doblados y puestos en abducción los muslos se puede ver esta región de figura romboidal, de cuyos cuatro ángu- los el post. corresponde al ano, el ant. al arranque de los órganos genitales, y los laterales á las eminencias de las tuberosidades de los huesos ísquios. Estremidades sups. —Hombro. — REGIÓN ANT. SDP.— Muñón del hombro.-^Lims.—Los del plano del m. deltoi- des.—REG. POST. Ó escapular.—Espalda.—Lims.—El sur- co post. del deltoides, el borde sup. del m. dorsal ma- yor, el ángulo inf. y borde post. del omóplato y el plano de la aponeurósis est. del trapecio.—REG. INF. Ó axilar. —Sobaco.-^Lims.—Las mismas cuatro paredes descri- tas en el tratado de las formas, pág. 142. — 160 — Brazo—REGIONES Y LIMITES.—El brazo forma en rigor una sola región, limitada hacia arriba por las del hom- bro y hacia abajo por las que luego se dirán del codo. Mas puede ser dividida en dos partes por los surcos late- rales, una ant. llamada vientre dé brazo, y otra post. ó dorio. Codo.—REGIÓN ANT.—Doblez del brazo.—Lims.—Por arriba la depresión de las fibras carnosas del m. bíceps al convertirse en tendón, por los lados los cóndilos res- pectivos del húmero, y por abajo la depresión angular formada por la reunión de los dos planos ovalares de los ms. del antebrazo.—REGIÓN POST.—Codo propiamente di- cho.—Limites.—La elevación del olécranon por arriba, las tuberosidades del húmero por los lados, y por abajo el principio de los planos musculares posts, del ante- brazo. Antebrazo.—REGIÓN ÚNICA.—Limítala por arriba el co- do y la muñeca por abajo. Su parte ant. se llama vientre del brazo, y la post. dorso. Puño.—REGIÓN vmcK.—Muñeca—Lims.—Los abulta- mientos de los estremos infs. del cubito y radio por a r - riba, y el origen de las dos eminencias tenar é hipote- nar por abajo separan respectivamente esta región de las del antebrazo y mano. La parle ant. toma el nombre de superficie palmar de la muñeca y la post. el de superfi- cie dorsal.—Mano.—REGIÓN ÚNICA.—Lims.—Por arriba los de la muñeca, por abajo la separa de los dedos la li- nea de las comisuras de estos órganos.—La parte ant. de esta región es llamada palma de la mano, la post. dorso, —üedos.—Se conoce su parte ant. con el nombre de vientre de los mismos, y con el de dorso la post. Estremidades inferiores.— Cadera. — REGIÓN POST.— Nalga. — Lims.—La eminencia de la cresta ilíaca por — 161 — arriba, la ranura de la nalga por dentro, el pliegue de la misma por abajo, y por delante las eminencias del tro- ránter mayor y de la espina ilíaca aot. y sup.—REGIÓN kíir.—Ingle.—La forma el pliegue de este nombre. Muslo.—HESION ÚNIC*.—Limites.—Por arriba los de la cadera y por abajo los que se dirán de la rodilla. Rodilla.—REGIÓN ANT.—Rodilla propiamente dicha.— ZíBiííes.—El borde sup. de la rótula y la terminación de los planos carnosos de los ms. vasto est. é int. por a r - riba , por abajo la elevación de la tuberosidad de la tibia, por dentro las eminencias de los cóndilos ints. del fé- mur y de la tibia, y la de los tendones de los ms. recto int. semi-membranoso, y semi-tendinoso, y por fuera la eminencia del tendón del m. bíceps, la depresión de la cabeza del peroné y la elevación de la tuberosidad est. de la tibia.—REGIÓN POST.—Corea.—Lims.—El surco post. del m. bíceps por un lado, el de los ms. recto Int., semi-tendinoso y semi-membranoso por otro, y la parte mas sup. de los planos de los ms. gemelos por abajo. Pierna.—REGIÓN ÚNICA.—Lims.—Por arriba los de la rodilla, por abajo los del empeine del pié. El abultaaiien- to de su parte post. se llama pantorrilla.—Empeine del pié.—REGIÓN ÚNICA.—Aims.—Los marca la longitud de las eminencias de los dos tobillos. Pié.—REGIÓN ÚNICA.—Bóveda del pié.—Lims —Los del empeine del pié por arriba, y por abajo y adelante que- da separada de los dedos por la linea de sus comisuras. La parte sup. se llama dorso y la inf. planta del pié. Dedos.~Consl3.n de un vientre y de un dorso como los de la mano. COItTOIlKO AHATÓMICO DÜI. C Ú e S P O BVDtAVO. VL-ilo directamente de lado lo señala por la parte aul. 11 — 162 — y de arriba abajo la eminencia frontal media, la depre- sión frontal, la elevación del arco superciliar, el ángu- lo entrante de la nariz, el dorso, lóbulo y tabique de la misma, el plano del m. orbicular de los labios y bor- des salientes de estos últimos separados por su línea de unión, la eminencia del mentón, la convexidad horizon- tal de los ms. digástricos, la elevación de la laringe, la de la glándula tiróydes, la salida del tendón del esterno- cléido-raastoideo, los tres planos y dos ángulos del es- ternón, las elevaciones carnosas del m. recto del vientre, la depresión del surco púbico, y la salida del pubis, la convexidad del m. recto ant. del muslo, el plano de su tendón, la depresión sup. de la rótula, la elevación de esta y de su pelotón grasoso, separadas por una suave depresión, una entrada formada por el ligamento infe- rior de la misma rótula en su inserción á la tuberosidad de la tibia, la curva de la cresta de esta última y m. ti- bial ant., que se hace recta todo lo largo del tendón de este m., s& inclina hacia adelante en el empeine del pié encima del ligamento anular, se vuelve convexa hacia adelante y abajo encima del metatarso, y casi horizontal sobre los dedos, con depresiones al nivel de las junturas de las falanges. Por la parte post. después de la sutura sagital depri- mid» en sus est remos ó fontanelas, sigue la convexidad occipital terminada ai nivel de su protuberancia, la lí- nea de la superficie del trapecio, cóncava por arriba, convexa por abajo, elevada al nivel de la espina del onjó-^ plato, y terminada en el ángulo inf. del mismo; la su- perficie del m. dorsal señalando en su perfil las inflexÍD- nes de la porción dorsal y lumbal del espinazo, y ofre- ciendo en su parte cóncava una entrada angular al nivel del ombligo ; la saKda del m. glúteo mayor, la entrada-del — ir.5 — pliegue de la nalga, la línea vertical y convexa formada por los ms. bíceps, serai-tendinoso y semi-membranoso, deprimida en la corva; la salida del vientre del gemelo est. algo deprimida encima de la porción aponeurólica, la línea del tendón de Aquiles, suavemente convexa encima del soleo, y algo cóncava por debajo hasta la salida del talón, li^ta, convexa, en su totalidad forma una entrada suave en la inserciooí del tendón de Aquiles al calcáneo» y sigue por la planta, saliente y complanada debajo del talón, cóncava debajo del tarso y raelatarso, mas por el lado int. que por el esterno, y saliente de nuevo debajo de los dedos. Visto el cuerpo humano de delante atrás, y con los brazos en supinación lo limitan por cada lado: la eleva- ción parietal, la depresión de la sien debajo de la cual se ve la oreja, la salida del m. masetero, la línea del cue- llo, vertical y convexa encima del m. esterno-cleido-mas- loideo, cortada por otra oblicua hacia afuera y abajo cor- respondiente al m. trapecio, convexa en su totalidad, pe- ro algo deprimida en un ángulo muy obtuso al nivel de la unión de sus dos tercios esls. con el int Esla linea ter- mina en una elevación formada por la articulación esca- pulo-clavicularen donde empieza el miembro sup. Los li- mites eslernos de este son la elevación del m. deltoides, k depresión de su ángulo inf. tendinoso, la convexidad de la porción est. del tríceps y otra del m. bíceps del braio, se- paradas por una entrada, la elevación de las masas museu- iarcs ests. del antebrazo, las cuales forman una convexi- dad correspondiente al supinador mayor y primer radial esl-,y otra inf. al segundo radial est. seguida d> una lí- i nea fecta encima délos tendones de estos ms.; la conve- xidad de los ms. cstensor menor y abductor mayor del pulgar, que una depresión separa de la salida de la apó- — 164 — lisis estilóides del radio, la escoladnra inf. de éSta apó- fisis y el perfil de los dedos de la mano.—Los límites ints. del miembro sup. son, debajo de la axila : la con- vexidad del m. córaco-braquial y la de la porción in- terna del tríceps del brazo, la salida de la tuberosidad int. del húmero, la convexidad del m. cubital ant. mas deprimida en el paraje correspondiente á su tendón, la elevación de la apófisis estilóides del cubito, y la con - vexrdad del borde int. de la mano.—Debajo del sobaco forman la.conlinuacion de los límites laterales del cuer- po: la convexidad del m. dorsal mayor perdida en una línea cóncava al nivel de las últimas costillas, la conve- xidad inf. del m. oblicuo menor, la depresión del surco ilíaco, la convexidad del m. glúteo mediano, y la de la porción carnosa del m. tensor de la aponeurósis crural separadas por una depresión, la curva riel m. vasto est. deprimida en el remate de las fibras carnosas, la eleva- ción del cóndilo est. del fémury del tendón del m. bíceps crural, la salida del soleo y peroneo lateral largo depri- mida en el paraje en que este ültirao m. se convierte en tendón, la elevación del tobillo est. y la convexidad la- teral del talón y borde del pié.—Los limites ints. del es- tremo inf. son la convexidad del tercer adductor del mus- lo, separada por una depresión de otra línea inf. menor, convexa, perteneciente al plano del m.rectoint. del mus- lo: mas abajo hay la depresión del plano del m. sarto- rio, la convexidad del vasto int., la del borde int. de la articulación de la rodilla formada por el remate del sar- torio y tendones de los ms. semi-tendinoso y semi-mera- branoso, la salida del m. gemelo int. complanada en- cima de su porción aponeurótica, la cnrva mas suave del m. soleo, la salida del tobillo int. y el borde int. del talón y del pié. - - lüS — LECCIÓN OCTAVA. ESTimOS FISlOLOGKO-miSlICOS. APARATO LOCOMOTOR. Estudiaremos en este tratado al hombre en acción; mas como son tan variados y numerosos sus movimientos, para raeloditar su estudio lo dividiremos del modo es- presado en la siguiente tabla: í Apáralo locomotor. _ Movimíéiiios producidos por la Movs. Viólenlos, sencilla acción inustnlar. Fundameniales. Secundarios. Posiciones. MovIunieiUos de traslación. MovmiEnTOs VHODUCIDOS r o a UL SEMCIIXA ACCIOM nusG;ui.AR. Principios generales. 1-°—El sistema locomotor comprende dos órdenes de agentes: nnos activos, músculos, y otros pasivos, hue- sos, prescindiendo de los nervios que dan el primer im- pulso que determina el movimiento. 2,"—La parte activa de los músculos es la carnosa ó de fibras rojas; la tendinosa y la apooeurótica soa pasi- vas y no tienen acción propia. 3 °—La acción muscular se verifica en dos opuestos sentidos: en el primero se acortan las fibras, contrae- — 106 — tion, en cuyo acto el músculo gana en volumen lo que pierde en longitud; en el segundo el^njB^lilo recobrase estado priraitivo, relajación. i."—Los efectos de la contracción son acercar lose«- treraos del músculo, y en consecuencia arrastrar y po- ner en movimiento las partes sólidas en que se fijan. Los órganos movidos son generalmente los huesos y con- secutivamente las regiones del cuerpo á que pertenecen. 5."—En el acto de la contracción de un músculo pue- de quedar fijo el hueso en que se ata uno de sus estre- ñios mientras se verifica un movimiento en el opuesto, ó moverse á la va ios dos puntos de inserción. 6.."—Los músculos que obran en dirección opuesta se llaman antagonistas; tales son losflexorescomparados á los estensores, el tríceps por ejemplo comparado al bí- ceps del brazo. La acción de estos miisculoscs sucesiva; si obran juntos á un tiempo se destruye su efecto y el miembro qued§ inmóvil y firme. 7.°—La dirección de las fibras de un músculo indica el sentido en que se verifica el movimiento de las partes en que se ata. 8."—Los manojos de fibras de la mayor parte de mús- culos planos se contraen á veces aisladamente, por cuya razón un mismo músculo puede producir movimientos distintos y aun opuestos. Igual observación puede ha- cerse con respeto á ciertos músculos largos de inserción múltiple, b ush • > 9 °—Los huesos y los músculos mediante su juego res- pectivo representan en acción las palancas de primero, segundo y tercer género. — Es ya sabido que ia palanca de primer género tiene el punto de apoyo entre la po- tencia y la resistencia, asi la representa el trapecio al eslcnder la cabeza. La de segunda especie tiene la resis- • -4 _ 167 — tencia entre el punto de apoyo y la potencia, y la vemos cuando en el acto de levantarnos sobre la punta de los pies que apoya en el suelo el m. tríceps sural tira el talón hacia arriba y eleva todo el peso del cuerpo. La de ter- cera especie tiene la potencia entre el punto de apoyo y la resistencia, como se ve en el antebrazo cuando es do- blado por el bíceps y braquial anterior. • 10.—Las palancas de primera y de segunda especie y en especial las de primera favorecen la acción de la potencia y por consiguiente los grandes esfuerzos: las de tercera especie no, pero en cambio dan mucha eslen- sion al movimiento. Favorecen la agilidad y son las roas comunmente observadas en el cuerpo. H . —Las modiGcaciones que el juego de los músculos deterraioa al esterior del cuerpo son: un abultamiealo del plano de su porción carnosa en el acto de la contrac- ción , y una disminución de este mismo plano en la ac- ción contraria, ó de relajamiento. Tales circunstancias son apreciables eo los músculos superficiales; estos disi- mulan las de los músculos profundos, á no ser que por su delgadez puedan los planos de los primeros ser modi- fíeados por el abultamiento de estos últimos si es muy enérgica su contracción. ti. Puede establecerse por ley general los tres prin- cipios siguientes:—Los músculos destinados á mover un hueso ocupan siempre la fracción del miembro superior á la parte movida.—La contracción y consiguiente abul- tamiento de los músculos que ejecutan un movimiento supone siempre la relajación y consiguiente disminución de volumen de los ros. antagonistas, ó destinados á produ- cir el movimiento opuesto.—Las articulaciones aumen- tan de volumen al doblarse y lo disminuyen al eslenderse, 4 escepcion de la rodilla en la cual sucede lo contrario. — 168 — 13. Bl artista debe estudiar en este tratado cuales son losros.que determinan los movimientos de las dis- tintas partes del cuerpo y los efectos ó modiricaciones que imprimen en las formas esteriores, á cuyo fin, y pa- ra acomodarnos al orden que hemos seguido en los estu- dios anteriores los iremos recorriendo en la cabeza, tron- co, y estremidades. ; MovimientOi e n particular. Comprenden los movimientos fundamentales ó simples, y los secutidarios ó compuestos, divididos en posiciones y movimientos de traslación. KOVmiEMTOS mnAMEHTAIXS. . H CABEZA PARTES BLANDAS. — Cejas. — Movimtentos y efectos estertores.—Elevación.—La determina el m. fron- tal.—La ceja sube y la piel de la frente forma arrugas transversales. — Depresión. —M. semi-orbicular sup.— La ceja baja y es mas saliente.—Fruncimiento. — Ms. orbicular y superciliar.—Se arrugan las cejas, se acer- can por sus estremos internos y se forman pliegues ver- ticales en la piel de la frente. Párpados. — Swp. —Movs. y efectos. — Elevación. — M. elevador.—El párpado se pliega hacia el arco orbi- tario.— Depresión.—M. semi-orbicalar sup. cuando es violenta, pues cuando no lo es basta la sencilla relaja- ción del m. ant.—El párpado baja. — Párpado inf.— elevación. — Depresión.—La contracción del m. semi- orbicular inf. produce el primer movimiento, su relaja- ción el segundo.—Su estension no es tanta como en los movimientos del párpado sup. Ojo.—Movs. y efs. — Elevación.—Depresión. — Aih ^ ' " — 169 — duccion. — Abducción. —Sion determinados estos movi- mientos por los cuatro ms. respectivos.—El ojo se diri- ge directamente hacia arriba, abajo, adentro y afuera de la órbita. — Rotación.—Los dos ms. oblicuos.—Ade- lantan el ojo, y lo hacen rodar de fuera adentro; pero el oblicuo mayor hace bajar la prunela oblicuamente ha- cia adentro, y el oblicuo menor la inclina hacia arriba y afuera. — Circnmduceion.—Movimiento resultante de la combinación sucesiva de los descritos. Nariz. — Mnvs. y tfs.—Elemcion del lóbulo.—Ms. piramidales.—El lóbulo se eleva ligeramente, y se frun- ce la piel de la nariz formando arrogas transversales.— Dilatación de las narítes. — Ms. elevadores del ala de la Bariz y labio sup. — Las alas de la nariz se ensanchan y dirigen arriba y afuera. Boca. — Labto sup. — Movs. y efs. — Elemcion.—Ms. elevador propio del labio sup. y canino.—Cluando obran juntamente con los del lado opuesto levantan directa- mente el labio replegando la piel entre este y la órbita, levantando ligeramente el ala de la nariz y abultando el plano del m. elevador común. Cuando solo obran los ms. elevadores adelantan el labio y no son marcados los efec- tos en las partes que se han dicho. Pueden obrar solos los ms. de un lado y entonces el movimiento y efectos son parciales. — Z>ep>·esio«.—Se efectua por la relaja- ción de los mismos músculos. — Xafeio inf. — Depresión. —Ms. depresores del labio inf. —Bajan este labio y con él la barba. Cuando obra el de un solo lado la depresión es oblicua.— Elevación—M. elevador de la barbilla.— Suben juntos el labio y barba. — Angulo de la boca.— Elevación.—M. zigomático mayor.—Dicho ángulo se di- rige arriba y afuera, se frunce y levanta la mejilla, y se forman en la piel algunas arrugas transversales á ladiree- — 170 — cion del m.que obra. — Depresión.—M. depresor del án- gulo de los labios.—Este ángulo baja hacia afuera, pero este movimiento no tiene tanta estensioii como el ante- rior. El plano del m. motor es mas manifiesto. — Tara- bien pueden obrar aisladamente los ms. de cada lado. —Constreñimiento de la boca.—M. orbicular de los la- bios.— Se acercan las comisuras, se arrugan y constri- ñen los labios y salen hacia adelante tanto mas cuanto mas enérgica es la acción muscular. La parle media y cóncava del carrillo se deprime. —fístensiontransversal de la boca.—M. buccinador. — Los labios se tienden y ponen lisos, aumenta la elevación muscular de sus án- gulos y el carrillo se hincha ligeramente. Los movimientos descritos pueden combinarse de mil maneras, pueden ser sucesivos ó verificarse muchos á un tiempo , y los electos resultantes se calcularán por la combinación de los descritos que son los fundamen- tales. PABTES OCHAS DE LA CASKiA. — Mandíbula inf. — Movs. y efectos. — Depresión. — Ms. digástricos. — Elevación. — Ms. temporales y maseteros.—Elévanse los planos dees- tos músculos, la mejilla se deprime y la línea temporal describe un surco.—iü/oc. hacia adelante.—Fibras ants. de los nis. temporales y maseteros.—Id. hacia atrás.— Fibras posts, de los mismos ms. — /nelinacion lateral.— Contracción de los ms. temporal y masetero del solo lado á que se inclina la mandíbula. — Circumduccion. — kc- cion sucesiva y combinada de los descritos.—En todos ios referidos movimientos siempre se presentan mas ma* nifiestos y abultados los planos musculares motores. CABEZA y CUELLO.—Movs. y efs.—Flexión hacia atrás. —Ms. trapecios, espíenlos y otros profundos. — Hácen- Sü muy manifiestos los manojos sups. de los primeros — 171 — raósculos debajo de la piel que forma pliegues transver- sales, y esta muy tensa en la región ant. del cuelloofre- Cñ en mayor relieve sus formas.—/"/íarion bácia ade- lante —Ms. esterno-cleido-masloideosy demás anís, del cuello, cuva acción es favorecida por la relajación de bs ms. antagonistas.— Las formas ants. del cuello se confunden debajo de los pliegues transversales de la piel, aumentan ligeramente de volumen los planos de los ms. csterno-cleido-raastoideos, mientras que en la parte post. desaparece la fosa occipital, y el aplastamiento consi- guiente á la relajación de los ms. trapecios disminuye la profundidad del surco dorsal-medio, en cuyo fondo so- bresalen mas entonces las apófisis espinosas. — Inclina- ción lateral.—Ms. esterno-cleido-mastoideos, recto late- ral de la cabeza, escalenos y otros mas profundos.—Tam- bién se ofuscan debajo de los pliegues cutáneos las for- mas del lado de la flexión , y se manifiestan con algu- na mayor viveza las del opuesto. — Hotaeien.—M. es- teroo-cleido-mastoideo , y trapecio del lado opuesto al de la inclinación de la cara, m. esplenio del lado en que esta se vuelve y otros ms. profundos. — Manifiéstanse salientes los planos de los ms. motores y los tegumentos del otro ladú forman algunos pliegues oblicuos hacia abajo y adelante.— Circumduccion.— Estudíese en la combinación de ios movimientos simples que lo com- ponen. , TRONCO, — Movs. y efs.—Flexión. — Ms. rectos del vientre, y oblicuos de los dos lados favorecidos por otros profundos —Manifiéstanse en relieve los planos de estos 14S., fórmase un pliegue transversal algo profundo eo la parte media ant. del vientre, y las formas óseas de la superficie post. del tronco sobresalen al través y en los intersticios mas superficiales de los planos muscular«s, — 172 — cuyas fibras están reUijadas por su estado dé inacción. — Estension. — Ms. sacro-lumbar, dorsal largo, y otros profundos, ayudados algun tanto de los ms. trapecio y dorsal mayor.— Estos dos últimos contraidos hacen muv manifiestas sus porciones aponeuróticas, pero son levan- tados por los planos de los ms. sacro-lumbar y dorsal largo que aumentan considerablemente la profundidad de los surcos lumbares, especialmente en su parte inf.'"* disimulan l-as eminencias de los huesos. En la parte aiit. del tronco los ms. relajados dejan ver muy saliente la escotadura del pecho y demás formas óseas. —Inclina- non lateral.— M. oblicuo menor y todos los flexores y estensores correspondientes al lado del movimiento. —El plano mas saliente es el del m. oblicuo menor, los de- más van siendo mas superficiales á medida que se acer- can mas á la parte media del cuerpo, y la eminencia lateral correspondiente á la base del pecho forma un pliegue bastante profundo. En la parte opuesta esta mis- ma eminencia es muy aumentada.— notación. —Esta es muy reducida cuando se limita al tronco y son mas bien los profundos los ms. que la efectúan. Foresta razón ape- nas tiene interés, ni se presta al estudio del artista. MIEMBROS SUPEBIOHES. — HOMBRO. — 3íovs. y efectos.— Eletacion.-^Ls.—Fibras sups. y ests. del trapecio, y mas profundamente el m. angular, el romboideo, y las fibr^ infs. del serrato mayor.—Abúltanse lasfibrasdel trapecio que ejecutan el movimiento. —CeprMÍon.—Ms. —Fibras infs. del pectoral mayor y del trapecio, el dor- sal mayor, y mas profundamente el pectoral menor, el snbclavio y el serrato mayor.—Nótase un ligero abul- tamientoen las porcionesfibrosasde los ms. superficiales motores. — Mov. hacia adelante.—Ms.—Fibras sups. del pectoral mayor, y profundamente el serrato mayor.— — 173 — Mov. hacia aírós.—Fibras medias del trapecio.—Nóta- se la correspondiente elevación en las fibras de los ms. superficiales que ejecutan dichos movimientos.—C»r- cumduccion.—Se deduce de los anteriores.—Entiéndase que en todos los efectos producidos al esterior durante los movimientos referidos, debe contarse con el cambio respectivo de las eminencias de los huesos que se han descrito en el tratado de las articulaciones. BHAZO. — üfowí. y efectos.— Elevación ó abducción.— M. deltoides y supra-espinoso. — Se eleva el plano de estos músculos, se disimula la articulación acromio-cla- vicular, y el hueco de la axila es mas profundo. — De- presión ó adduccion.—M. pectoral mayor y fibras infs. del dorsal mayor. — Los ms. antagonistas se relajan, y el brazo tiene sus formas naturales.—itfo», hacia ade- lante.—Ms.—Parle ant. del deltoides, córaco-braquial.y pectoral mayor. —Predomina el abultamiento de la par- te ant. del deltoides.—Mov. hacia atrás.— Ms. Parte post. del deltoides, infra-espinoso.—Se abultan estos músculos, la cabeza del húmero levanta la parte ant. del hombro; y los planos del redondo mayor y sub-espino- so, el borde sup. del dorsal mayor y parte sup. del trí- ceps son mas manifiestos.— Rotación hacia adentro.—M. Rub-escapular. —/d. hacia afuera.—M. infra-espinoso, y redondo menor.—Los efectos son inapreciables.—Cir- eumduccion.—Depende de la combinación de los ante- riores. ANTEBRAZO. — itfoüi. y efectos.-Flexión, — Ms. bí- ceps, y braquial ant. —Hínchase el vientre carnoso del primer músculo, el olécranon forma una elevación muy saliente y puntiaguda, las eminencias ovalares del an- tebrazo se aplastan en su contacto con el brazo y saleii por los bordes del miembro, el plano del tendón aponeu- — 17i — rótico del iriceps es mas manifiesto, y la fosita de la ar- ticulación húmero-radial se borra. — Estension. — Ms., tríceps, y anconeo, aunque puede verificarse por la sim- ple relajación de los ros. flexores.—Las formas conser- van su estado natural.—Pronacion. — Ms. pronador re- dondo, palmares mayor y menor, y profundamente el pronador cuadrado.—Abültanse los planos de estos ms. sobresalen sus tendones y la estremidad inf. del cubito, los músculos del borde est. del antebrazo disminuyen de volumen, y todas las formas de este miembro sufren una dislocación total por su parte inf. hacia abajo, adelante y adentro, siguiendo la del radio, pág. 86.—Supinación. —Ms. supinadores largo y corlo.— El antebrazo conser- va las formas descritas, pág. i 42. MANO. — Movs. y eftctos.—Flexión. —Ms. palmares mayor y menor, y cubital ant. — Fórmanse pliegues transversales en la piel del puño por la parte doblada y la fosa radial se borra. — Estension. — Ms. radiales ma- yor y menor, y cubital post.— Inclinación hada el cu- bilo ó adduccion.— Ms. cubitales ant. y post.— Incli- nación hacia el radio, ó abducción.—Ms. radiales ma- yor y menor, y palmar mayor. — La fosa radial esalgo mas profunda. MOVIMIENTOS ESPRCIALKS OE LA MAm). —METACARPO.— Addutcion del primer hueso.—M. adductor del pulgar. —La fosita radial desaparece y las carnes comprendidas entre el primero y segundo h. del metacarpo forman dos elevaciones, una en la palma y otra en el dorso de la mano. — Aliduccion. — tils. abductores mavor y menor, y estensor largo del pulgar. —La fosita radial es muy profunda por la salida de los tendones motores.—Oposi- ción.—M. oponente. — La cmiiienria thenar se abulta y deja ver debajo de su piel arrugada sus planos muscula- — 175 — res. — Inclinación del quinto h. metaearpiano hacia lapctl' ma de la mano. — Ms. oponente, adductor y flexor cor- to del meñique. — Abúltase ligeramente la eminencia h¡- polhenar y la piel que la cubre forma arrugas que la cruzan oblicuamente: DEBOS.— Pulgar.— Flexión de la primera falange.— M. flexor menor del pulgar. — Estension de la misma. —M. estensor menor.—Flexión de la segunda falange. —M. flexor mayor del pulgar.— Estension.— M. esten- sor mayor.—MOVIMIENTOS DE LOS DEDOS ÍNDICE, MEDIO, A C A y A RC L R — Inclinación lateral hacia el pul- NLH UIUA. gar.— Ms. lumbricales é interóseos ints.—Inclinación hacia el meñique. — Ms. interóseos ests.— Flexión de las primeras falanges.—Ms. lumbricales. — Estension de las mismas.—^, estensor común de los dedos.—f/e- xion de las segundas falanges. — M. flexor sublime.— Estension de las mismas. — M. estensor común de los dedos. — Flexi'in de las terceras falanges. —M. flexor profundo. — Estension de las mismas. ^ M. estensor c o - mún.— Estension propia del índice. —M. estensor pro- pio del mismo. — Estension propia del auricular.—M. eslensor propio del mismo dedo.—Efectos.—En éstos movimientos ejercidos por la sencilia acción muscular apenas se hacen mas sensibles los planos de los múscu- los motores, pero al cerrar la mano son mas profundos tos pliegues de la palma y sobresalen mucho en su dorso las eminencias de las cabezas de los huesos metacarpia- nos. Al doblar junto con ella el puño los tendones de los ms. flexores de los dedos, asi como los del cubital ant. y palmares forman mayor elevación. MIEMBROS INFERIORES.—MCSLO. — AIovs. y efectos.— Flexión.—Ms. psoas, iliaco, recto ant. y sartorio.—Se eniamepcn los planos de estos ms., hácense mas loani- mS'i rsé — 176 — Tiestos sus límites, sus espacios tendinosos y aponeurósis; y el pliegue inf. de la nalga se deshace á medida que au- menta el déla ingle.—Eslension.—Ms. glúteos, bíceps, semi-tendinoso, y semi-membranoso.—Estos ms. se abul- tan , y el pliegue de la nalga es mas profundo, mientras que la tirantez de los tegumentos anteriores deshace el de la ingle. — Abducción. — Fibras esteriores de los ms. glúteos, y e( m. tensor de la faciajata. — El abultamiea- lo de sus planos coincide con la profundidad aumentada del surco iliaco, y con una depresión encima del punto de inserción del glúteo en el trocánter mayor.—Adduc- cion.—Ms. pectineo recto int. y adductores.—Cuando este movimiento es enérgico para llevar la pierna delante de la opuesta, la contracción y consiguiente acortamien- to de estos ms. disminuye y deprime sus planos, y la salida del trocánter mayor aumenta debajo de la piel es- terna del miembro entonces muy tirante, y complana la parte lateral de la nalga. — CíVcwmtíttecio».—Se ha de estudiar y deducir de los anteriores.—Rotación hacia afuera. — Ms. casi lodos son profundos aunque los ayu- dan en su acción los glúteos, y el sartorio.—Id. hacia adentro. —Ms. glúteos menor y mediano favorecidos por el de la facialata.—Son insignifícantes las moditicacio- ues de las formas en estos dos últimos movimientos, co- mo no sea el cambio de posición del trocánter, pág. 88. PiEBSA.—Movs. y efs. — Flexión.—Ms. bíceps, se- mi-tendinoso, semi-membranoso, sartorio, recto int. y poplíteo.—La mayor salida de estos órganos motores y la de sus tendones abulta por una parte la superficie post. del muslo, y aumenta por otra el hueco de la cor- va: y la tensión de la piel ant. del miembro, del tendón del m. recto ant., y ligamento de la rótula rechazan ha- cia las partes laterales las masas musculares del tríce{>s. — 177 — y los ángulos del pelotón grasoso. La rótula se oculta en- tre las partes blandas que la rodean, adquiriendo la ro- dilla una forma menos saliente, mas ancha y complana- da.—^síensíon.—Ms. recto ant. y tríceps del muslo, bastando la simple relajación de los ras. flexores.— Rotación hacia adentro.—Ms. sartorio, semi-tendi- noso, recto int. y el poplíteo.—Jd. hacia afuera.— M. bíceps. —Se abultan los planos de los ms. moto- res. PIÉ.—Mms.yefs. — Flexión.—M. tibial ant. favore- cido por el estensor común de los dedos, el propio del de- do gordo, y el peroneo ant. — Sobresalen los planos de estos ms. y se forman arrugas transversales delante de la articulación del pié. — £stension.— Ms. tríceps sural, plantar delgado, tibial post. y peroneos laterales.—So- lo un ligero aumento de volumen cambia las formas de estos planos musculares.—Adduccion.—M. tibial post. — Abducción.—Ms. peroneos laterales. — En estos mo- vimientos además de la mayor salida de los músculos que los efectúan, sobresale mucho el tobillo opuesto al lado de la inclinación del pié, y se oculta algun tanto el cor- respondiente á este mismo lado. DEDOS.—Para los movimientos de flexión, estensíon , abducción y adduccion de los mismos, sirven los ms. cu- ya sola denominación indica ya el uso que tienen. Como estos movimientos son tan limitados, escepto el de es- tensión de los dedos que es mayor aquí que en la mano, solo diremos que al aumento de volumen de las carnes motoras, y salida de los tendones superficiales, hay que añadir la mayor profundidad de las arrugas de la plan- ta del pié en el movimiento de flexión. MOVIMIENTOS GENERALES PE LOS MIEMBROS T DE LA TOTA- LIDAD D L cCEBPo.—Después de lo estudiado en la artro- E 12 — 178 — • logia se hallarán en la combinación respectiva de los an- teriores que acabamos de ver aisladamente. MOVUnlENTOS SECnMSAaiOS ó COMPUESTOS. IPosiciones GQ general. Las posiciones principales son las de estar en pié, sen - tadoóde rodillas, pudiendo el cuerpo guardar en todas la estación vertical, ó inclinarse adelante, atrás ó á los lados. Para entender bien el mecanismo de estas posiciones, es necesario antes saber los siguientes principios.—Se llama centro de gravedad el punto en que se reúne todo el peso del cuerpo, y la línea según la cual se ejerce este peso es y se llama línea vertical. — Punto de apoyo es aquel en que carga el referido peso del cuerpo, y la base de sustentación es el espacio comprendido entre los púna- los en que el cuerpo se sostiene. Cuando el centro de gravedad de un cuerpo cae dentro de los limites de di- cha base se dice que este está en equilibrio, en cuyo caso puede sostenerse : si la línea vertical sale de la base de sustentación esto no es posible y el cuerpo se cae. Para que el hombre pueda sostenerse bien en cual- quiera délas posiciones que se han dicho es necesario que esté su cuerpo en equilibrio y lo consigue repartiendo el peso al, rededor del centro ó punto de apoyo. De aquí es que si estando inmóvil adelanta la cabeza, el brazo ó la pierna, saca al lado opuesto de la vertical tanto peso de su cuerpo cuanto es el de la parte que adelanta. IPostcioBes e n particular. POSICIÓN EN PIÉ. — üipedestacion.—La base de sus- tentación es el espacio comprendido entre ambos pies, y — 179 — la línea de gravedad cae entre ellos pasando por el cen- tro de la pelvis. No se juzgue que sea una posición pa- siva; los raúscnlos estensores de la cabeza y tronco, y la mayor parte de los anteriores y posts, de los miembros infs. obran, bien que con poca contracción, para impedir que las diferentes partes movibles se doblen y despro- raen. Por esto se cansa el hombre en semejante posición, y si ha de ¡guardarla largo tiempo carga el peso del cuerpí) sobre uoo de los estremos. En este caso la línea vertical que parte siempre de la fosa supra-esternal, cae en el centro del pié que apoya en el suelo, el cuerpo reparte su peso al rededor de esta linea , el hombro del lado en que sienta la figura es mas bajo que el opuesto , y la ca- dera correspondiente al primero mas elevada. Las varie- dades de esta posición son la inclinación del cuerpo ade- lante , atrás ó á los lados, en cuyos casos hay dos medios de guardar el equilibrio; sacar fuera de la vertical tan- to peso del cuerpo cuanto es el de la parte que se incli- na en sentido opuesto, ó prolongar la base de sustentación alargando el correspondiente pié en el sentido en que el cuerpo se inclina. Para el juego y efectos musculares véanse los movimientos déla totalidad del cuerpo, pági- na 89, y los ms. que los verifican, pá^s. 164, 165, etc. La posición de estar sentado, y la t/e rodillas se des- prenden de las ants. y no ofrecen cosa particular. OBSEnVACIONES FIStOLÓGlCO-ARTÍSTlCAS R L TV S Á L EAI A A E A Ï A SEXO. — Nütasc en el modo de plantarse un DD L joven cierta ligereza y gallardía, espresadas por la colo- cación y sostenimiento del cuerpo sobre un solo estremo, quedando la rodilla del opuesto algo mas baja y no muy separada; el hombro correspondiente al pié que apoya es mas bajo y cae en línea perpendicular sobre la cadera del mismo lado, la cual es mas alta que la opuesta, y sa- — 180 — liente siguiendo la desviación lateral de todo el cuerpo; y los brazos con movimientos descuidados que señala la poca decisión de sus planos musculares huyen de quedar en línea recta y paralela con los miembros inmediatos. — Los niños cuyas actitudes deben figurarse siempre prontas y vivas aunque descuidadas sobre todo cuando se representan sentados, manifiestan al estar en pié cier- ta timidez, por lo cual nunca plantan generalmente sobre una sola pierna. El pobre viejo, falto de vigor muscular, con movimientos tardos y perezosos, difíciles asimismo por la rigidez de las articulaciones, para sostenerse en pié reparte también el peso del cuerpo sobre ambas pier- nas que apenas pueden sostenerlo medio dobladas por las rodillas, separa y coloca paralelos los dos pies para afian- zar igualmente en todos sentidos su base de sustentación, é indica con la inclinación de la cabeza y media flexión de los brazos el temor con que guarda una posición tanto mas difícil para él cuanto mas adelantada es la edad.— Tipo de pudor, de recogimiento y falta de audacia, jun- ta vergonzosamente la mujer las dos piernas, acerca al tronco los brazos, inclina y vuelve á un lado la cabeza, y muestra siempre con sus ademanes compuestos y or- denados el recato de su espíritu y corazón. Movimientos de traslación. ANDAR.—Mecanismo—Al empezar este movimiento se carga el centro de gravedad del cuerpo sobre la pierna que ha de quedar fija en el suelo y se da el primer paso con la opuesta. Esto se verifica doblándose la pierna por sus articulaciones para ir á buscar mas adelante apoyo en un punto del suelo. Durante este movimiento el cuer- po es llevado igualmente adelante y trasporta su peso encima de este último estremo, que se constituye punto — 181 — fijo, para que la primera pierna doblándose á su vez verifique su paso correspondiente. El estudio que ha de hacer el artista en este tratado versa sobre los puntos siguientes. Cambios de forma de una pierna durante dos pasos. — Durante dos pasos cada pierna obra en parte como apo- yo que sostiene y en parte como apoyo que empuja el cuerpo adelante. Mientras la pierna apoya cambia dos veces la forma. En el primer momento de alcanzar el suelo, y cuando se halla delante de la vertical que cae de la articulación superior del fémur, se dobla, y á me- dida que el cuerpo adelanta para cargar sobre ella se va estendiendo. Esta estension se verifica primero en la ar- ticulación de la rodilla en la cual se va deshaciendo el ángulo obtuso que forma la corva hasta que desaparece en el acto de quedar la pierna vertical; en este momento empieza á eslenderse el pié, en cuyo movimiento se des- prende del suelo sucesivamente del talón á la estremi- dad de los dedos, á la manera de una rueda que gira sobre la superficie de la tierra. Esta estension del pié es la que da el principal empuje al cuerpo para ser tras- portado encima de la estremidad opuesta.—La pierna que queda suspendida al tronco y que es arrastrada por él ejecuta un movimiento al rededor de su articulación coxo-femoral, por cuyo medio es empujada de atrás ade- lante, oscilando en este sentido como un péndulo, y en esta oscilación se dobla por la rodilla acortándose un nono de su longitud total. De este modo se desprende del suelo doblándose solamente por la articulación de la ro- dilla como acabamos de decir, puesto que el pié y los dedos permanecen estendidos. Cambios de forma de las dos piernas durante un solo paso. —Al considerar los movimientos ejecutados por las — 182 — dos piernas en un solo paso, observamos dos tiempos: uno mas largo, durante el cual el cuerpo toca al suelo por una sola pierna, y otro mas corto en que contacta con el mismo por las dos á la vez. En este último, que empieza cuando la estremidad anterior se coloca en el suelo y acaba cuando la posterior lo abandona, esta se levanta sobre sus dedos. Esta misma pierna posterior , estendida, abandona el suelo en el instante de ser verti- cal la anterior, en cuyo acto ambos estremos forman con dicho suelo un triángulo rectángulo. Cambios que esperimenta el tronco m el andar. —Es- tos son varios. Sufre una inclinación adelante lo mismo que un palo que quisiéramos llevar guardando el equili- brio encima de un dedo.—Sufre alternativamente una oscilación lateral á derecha é izquierda por su estremo inferior en los actos reiterados y sucesivos de cargar so- bre una y otra de las dos piernas. —Esperimenta tam- bién otra oscitación vertical, acercándose mas al suelo al tocar en él las dos piernas, y alejándose ligeramente del mismo cuando aquellas verifican el paso. —Tiene además un movimiento de torsión inferior, cuando la pierna que oscila adelante arrastra en igual sentido la parte lateral de la pelvis correspondiente. — Y por último se le nota una ligera inclinación lateral, doblándose hacia la dere- cha cuando apoya el pié del mismo lado, y hacia el opues- to al apoyar el izquierdo. Esto hace que la pelvis de la figura que anda suba mas por el lado del miembro que apoya, y que el hombro de este mismo lado baje mas que el opuesto. Movimientos de los brazos.—Nótase generalmente en ellos un movimiento alternativo de oscilación, hacia ade- lante cuando la pierna del mismo lado lo ejecuta hacia atrás, y vice-versa. Estos movimientos acompañatorios de — 185 — las eslremidades superiores arrastran el tronco superior- mente y por uno de sus lados en el mismo instante en que una de las piernas lo verifica también por su parte inferior y lado opuesto, cuyas acciones opuestas neutra- lizan el movimiento de torsión del tronco de que acaba- mos de hablar. De aquí se sigue que esta torsión solo tiene lugar cuando andamos con los brazos, cruzados so- bre el pecho ó inmóviles, y especialmente cuando el paso es muy largo. Acción de las músculos, y sus efectos ostensibles.—Los músculos estensores de la pierna que apoya son los que se contraen para mantenerla fija y sostener el peso del cuerpo, en el cual se nota también la contracción de los músculos estensores para cargar directamente encima de su apoyo el centro de gravedad. La pierna que adelanta ostenta también un juego muscular, pero es digno de no- tarse que en el acto de oscilar adelante á la manera de un péndulo, obra como éste por su propio peso, puesto que los músculos del muslo están en completa inacción, y solo se contraen los gemelos, cuya acción consiste en doblar la rodilla y estender el pié á un mismo tiempo. Pero la contracción de estos músculos no se manifiesta al esterior de una manera muy sensible, y solo lo es la elevación de los ms. sacro-lumbar y dorsal largo que ocupan los canales vertebrales, especialmente los del la- -•do correspondiente al pié que abandona el suelo. . Caracteres fisiológico-arlisticos del andar precipitado. — La inclinación del tronco hacia adelante es mayor, el desnivel de los hombros menor, los pasos mas largos , en cuyo acto las cabezas de los fémures son menos distantes del suelo que cuando se anda despacio; la pierna que oscila se acorta mas, la que apoya es menos doblada, y en el instante de tocar ambas piernas al suelo, el ángu^ — 1S i - lo que forma la anterior con la línea vertical que cae de la articulación superior del fémur es menor que el que ^ describe esta misma vertical con la pierna posterior. — En el andar mas rápido posible la pierna que oscila se pone perpendicular á su punto de suspensión del tron- co en el mismo instant* en que la posterior abandona el suelo. Caracteres propios del andar con lentitud. —Son los directamente opuestos á los que anteceden. Caracteresfisiológico-artísticosdel paso grave, propio de tos ciegos ó de los que andan en la oscuridad.—El pintor que quiera caracterizar con precisión este modo de andar ha de tener presente que solo permite pasos pe- queños, iguales á la longitud del pié; que el pié anterior empieza á tocar al suelo con mucha suavidad y lentitud por la punta de los dedos; que la pierna que no apoya completa pausadamente su oscilación antes defijarseen tierra; que la posición del tronco es muy vertical, y dis- tante del suelo por la poca flexión de las piernas; átodo lo cual puede añadirse la ninguna oscilación de los bra- zos , medio estendidos hacia adelante para reparar el cho- que del cuerpo con los objetos que la oscuridad impide descubrir. J)el andar por un plano inclinado. —Si este es ascen- dente la pierna que adelanta se dobla mas que en un piso horizontal; y cuando después de haber alcanzado el sue- lo ha de recibir, sostener y arrastrar el peso del cuerpo, necesita aferrarse con mayor energía mediante la con- tracción de los ms.flexoresde los dedos, estensores del pié, de la pierna, del muslo y del tronco, tanto mas ac- tiva cuanto mayor sea la inclinación del plano. El miem- bro posterior al abandonar el suelo sufre previamente una dilatada estension, necesaria para empujar y tras- — 18o — ladar el peso del cuerpo encima de su compañero. La in- clinación anterior del tronco es también mayor en el presente caso. —Cuando el plano es descendente la pier- na que adelanta se encorva menos que en el caso ante- rior, la que apoya se dobla algun tanto antes de abando- nar el suelo y el tronco se mantiene en posición vertical violenta , mediante la contracción de sus músculos pos- teriores , secundada por la de los estensores de la pier- na posterior, que ceden resistiendo á la acción de los fle- xores , á fin de mantener firme en su ligeraflexiónla referida pierna que ha de sostener y contrarestar el peso del cuerpo que tiende á caer hacia adelante. Del andar por «n piso resbaladizo. — La dificultad de andar en este caso depende de la poca resistencia que opone el suelo á la pierna posterior que ha de empujar el cuerpo, ya porque cede como cuando es arenoso, ya porque resbala en el caso de ser muy liso Entonces se nota el esfuerzo que hace el miembro posterior en el acto de dar al cuerpo el empuje que le traslade encima de la opuesta, y los movimientos acompañalorios de los brazos que parecen y sirven de balancin indican la poca segu- ridad con que se sostiene y traslada el centro de grave- dad del cuerpo. CORRER. — Mecanismo.—Este acto resulta de la com- binación del paso y del salto. El hombre al empezar á correr dobla las piernas y levanta repentinamente una de ellas. La impele con violencia adelante, y antes que al- cance el suelo estiende con fuerza la opuesta que servia de apoyo, con lo cual da al tronco un movimiento de proyección y traslada su centro de gravedad encima de la primera anterior que aun flota en el aire. Entonces esta cae algo encorvada, mas se estiende al momento ar- rojando á su vez el peso del cuerpo encima de la opuesta — 186 — por un mecanismo igual al de esta última , la cual re- produce la misma acción, resultando de estos actos su- cesivos la carrera. Caracteres propios y que distinguen el correr del an- dar.—La oscilación vertical del tronco es menor en el correr; cuando las piernas sostienen verticalraente el cuerpo son mas dobladas que en el andar, y este dista menos del suelo; en este último movimiento el cuerpo llega á su mayor distancia del suelo en el instante de ser sostenido verticalraente por las piernas, siendo es- te el momento en que dista menos del mismo durante la carrera; en el andar el cuerpo siempre toca al suelo por uno ó por los dos estremos inferiores y en el correr hay un momento en que no le toca por ninguno, flotan- do libremente en el aire ; la separación ántero-posterior de las piernas es mayor en este idtimo ejercicio, y la ele- vación de la pierna posterior, que se verifica en la car- rera lo mismo que en la marcha mediante la flexión de la rodilla y estension del pié y de los dedos, es mas con- siderable en este último caso, siendo también mayor la estension total de la pierna. —Por loque toca á la ra- pidez del acto, toda figura fingirá qae corre con mayor velocidad cuanto roas desplomada esté hacia adelante. MoviimiafTos VIOLEUTOS. Principios generales. i." En todo movimiento ejecutado con violencia la contracción fuerte de los músculos productores determi- na al esterior del cuerpo mucho abultamiento en sus pla- nos , el cual aumenta secundariamente la profundidad de los surcos y demás depresiones que los limitan. * — 187 — 2.° Como en este caso la parle del cuerpo en que apoya el miembro que obra debe ofrecer un punto fijo y resistente, se contraen asimismo los músculos inmedia- tos y antagonistas que han de mantenerlo inmóvil y tam- bién se abultan sus planos. 3." Estos planos adquieren por la contracción de sus músculos una resistencia estraordinaria, de modo que no ceden ni se dejan deprimir por la acción de un cuerpo duro que los apriete, como asi sucede cuando el músculo está en estado de relajación. 4." Cuando una causa poderosa y violenta se opone á la ejecución de un movimiento y con este se trata de vencerla, los músculos productores forman relieves vigo- rosos, en ios cuales se distinguen, si las hay, las porcio- nes tendinosas ó aponeuróticas de las carnosas que son entonces muy abultadas. En este caso los músculos an- tagonistas se relajan como para dejar todo el poder á los que obran. 5." Para conocer cuanto pueden y deben influir en el concepto estos elementos de la forma bastará observar, aunque de una manera general, que: la contracción si- multánea manifestada por el abultamiento de los múscu- los antagonistas de un miembro supondrá en este una in- mobilidad; que una parte del cuerpo medianamente do- blada , estendida, etc., con poco abultamiento en los planos musculares que producen tales movimientos, su- pondrá una sencilla acción, verificada sin esfuerzo; que esta misma parte puesta medianamente en movimiento, con mucho abultamiento de los músculos que lo produ- cen, y sin que se la vea vencer una resistencia, dará á entender un movimiento ejecutado con energia, y si es- tán contraídos á la vez los músculos antagonistas supon- drá un miembro en quietud, pero que hace esfuerzo ó va — 188 — á ejecutar un movimiento violento; que una parle su- mamente doblada, ó estendida, y con poco ó ningún abul- tamiento en los músculos motores, espresará un movi- miento veloz, pero ligero, ágil, suelto, y verificado sin fuerza alguna, etc. BCoTÚnientos violento» en particular. Son casi innumerables los que ejecuta el hombre, pero pueden reducirse á cinco principales , verificados pre- ferentemente por los estremos superiores, y comprendidos en el nombre genérico aprehensión. En todos ellos los brazos se estienden, se doblan ó se dirigen en este ó aquel sentido hacia el objeto que han de coger según sea la distancia, hacen presa del mismo mediante la flexión de algunos dedos, ó de todos, ó de la mano juntamente, previa la pronacion del antebrazo á veces, según sea el volumen del objeto cogido, y con una acción muscular mas ó menos enérgica, proporcionada al volumen y peso del mismo, lo trasportan en el sentido determinado por la voluntad.—Aunque los brazos sean los principales agen- tes en estos movimientos, el cuerpo secunda su acción tomando la actitud apropiada, según las leyes espl loa- das anteriormente, pág. 178, y se afianza en el suelo mostrando una energía muscular tanto mas viva cuanto mayor sea la resistencia que se vence. Las acciones comprendidas en el movimiento general de aprehensión son las siguientes: la tracción, ó sea el acto mediante el cual el cuerpo atrae ó tira hacia sí un objeto; la sustentación, por cuyo acto lo sostiene; la compresión ó constricción, por el cual lo aprieta ó com- prime; la repulsión, por el que lo aparta; y la diduc- eion, mediante el cual lo divide ó separa.—Cuando es- tos actos son poco violentos ó solo vencen resistencias — 189 — débiles, el cuerpo toma muy poca parte en las mismas, ó emplea únicamente aquella acción muscular necesaria para formar un punto fijo á los brazos que son los agen- tes inmediatos. Mas cuando la acción es mas activa ó se emplea para vencer una resistencia mayor, entonces el mismo cuerpo ayuda con su acción, y hasta con su peso, tomando la actitud mas cómoda y apropiada. Los mús- culos que deban estar en acción serán los correspondien- tes á cada movimiento producido, y podrán estudiarse en el tratado de los fundamentales, pág. 164, contando siempre con la mayor exageración de los planos muscu- lares motores propia de un movimiento forzado, y con la relajación completa de los antagonistas. — 190 — LECCIÓN N O N A . TEMPERAMENTOS Y CONSTITUCIÓN. P a i X C I P I O B GEMERALES. Considerados estos estados en el sentido de su aplica- ción á las bellas artes, definiremos el temperamento : el predominio de ciertos elementos ó aparatos del organis- mo, que modifica en los individuos las formas y aspec- to esterior del cuerpo, al paso que imprime ó supone de- terminadas disposiciones en el espíritu y en el corazón. La constitución podrá definirse en el mismo sentido: aquella armoniosa proporción que guardan recíproca- mente las distintas partes del cuerpo, la cual al paso que mantiene la estabilidad de la salud, da á cada indi- viduo su modo especial de ser, manifiesto por su organi- zación material.—Las observaciones artísticas que de- bemos hacer sobre ambos estados son relativas, primero al organismo, y después á los actos intelectuales y afec- tivos; y en ellas haremos ver las relaciones , influencia y dependencias que guardan entre sí estos estados del alma con las especiales disposiciones del cuerpo. T e m p e r a m e n t o s en particular. TEMPERAMENTOS FUNDAMENTALES. — Admitiremos los si- guientes : sanguiíteo, bilioso, linfático y nervioso. TEMPERAMENTO SANGUÍNEO. — Manifestación en lo físi- co. — El hombre de este temperamento caracterizado por — 191 — una sobreabundancia de vida, que abastece ricamente defluidonutritivo á todas las partes del cuerpo, ofrece un talle noble, junto con unas formas elegantes y bien proporcionadas; una piel encarnada, halituosa, sembra- da de venas azuladas, ligeramente salientes, sonrosada ó encendida en las mejillas y rostro , y que oculta con uniformidad los planos musculares: la cabeza tiene un volumen regular, la cara es redondeada, la frente an- cha, la nariz bien acabada, las mejillas llenas, el ojo gris, ó azul, saliente y abierto, el cabello rubio ó cas- taño, y la barba negruzca y espesa. El pecho es ancho, bien desarrollado y el vientre regular. — Disposiciones intelectuales y afectivas.—Yàc'ú el sanguíneo á toda im- presión es por necesidad poco estable en las que recibe. Su actividad natural da brillo y viveza á su imaginación, prontitud á la percepción, facilidad á su memoria; mas no llega á alcanzar un profundo percibir capaz de con- ducirle al colmo de la gloria ó de la ambición. — Esta misma viveza é inconstancia de sus impresiones hace esplotar el ardor de los sentidos en la época de la puber- tad, de donde nace una impetuosidad en las pasiones y una fogosidad en los gustos y placeres, que se cifran pre- ferentemente en el amor, la mesa , la ciza, el juego, el lujo... con tibieza y disgusto para los goces puros del entendimiento. Cuando toma creces ese predominante amor al placer de los sentidos, produce en semejantes individuos una sujeción á las pasiones viles, y facilita en ellos la afición y alianza con los hombres corrompi- dos ; pero la conciencia del bienestar que tan felizmente disfrutan les da un carácter amable y jovial: ellos son generalmente buenos y afables, á la par que vivarachos, petulantes, veleidosos é indiferentes. TEMPER.\MBNTO mtioso. — Manifestación en lo fistco.— — 192 — Talla mediana, actitud fiera, piel seca, velluda, de co- lor de hollín, recorrida por las venas superficiales muy salientes , y que deja ver manifiestamente los músculos, consistentes y dotados de mucha fuerza de contracción , de todo lo cual resulta un cuerpo seco , ó de carnes en- jutas. El color de la tez moreno, amarillento, la cara prolongada y flaca, el cabello y cejas negros, espesos y crespos, la elevación de los arcos superciliares, los ojos pardos, de mirada viva y penetrante, la nariz recta y aguileña, los labios delgados y descoloridos, las faccio- nes muy pronunciadas: este conjunto de circunstancias da á la fisonomia del hombre de temperamento bilioso mucha espresion y cierta gravedad imponente. — Dis- posiciones intelectuales y afectivas.—Por lo que toca á las primeras se nota un Ímpetu en el funcionar intelec- tual , una energia, tenacidad y profundidad en las sen- saciones, un atrevimiento en la concepción de los pro- yectos, sostenido por una fuerza la mas constante é in- fatigable para ponerlos en ejecución.—Esta energía im- perturbable del espíritu se nota del mismo modo en el afecto, las pasiones tienen una violencia indomable, y siendo la ambición la dominante, vese á los hombres bi- liosos arrostrar cuanto se opone á su impulso , por cuyo motivo se distinguen siempre , conforme sean sus fines, por grandes virtudes ó crímenes nefandos. TEMPERAMENTO LINFÁTICO. — Manifestación en lo físico. — Unos tejidos embebidos de humor seroso mantienen en los linfáticos una complexión floja y débil,' por cuyo motivo el cuerpo sobrecargado de gordura ofrece mu- cho volumen, cierto aire de pesadez, y unas formas con- fusas y mal contorneadas. Una piel fina, de un blanco mate, recorrida por una red venosa azulada muy su- perficial, oculta con la gordura que tiene debajo los pla- — 193 — nos musculares; y la cabeza, con un cabello lacio, rubio ó ceniciento, con cejas delgadas, con ojo azul y como empañado, con tez descolorida, ofrece un aspecto insig- nificante al través de una fisonomía fría y tranquila; bien que á veces la uniformidad y lo lleno de las for- mas junto con un ligero sonrosado en las mejillas y l a - bios dan al semblante una morbidez especial que no deja de tener cierta gracia y agradable atractivo. —Disposi- ciongs intelectuales y afectivas. — Unas sensaciones poco vivas y profundas, una atención poco estable, una me- moria infiel, unas ideas escasas y perezosas, aunque algo despejadas por esta misma causa; tal es el corto patri- monio intelectual de estos seres faltos del resorte nece- sario á la energia y actividad de las funciones, el cual apaga en aquellos celebros toda concepción viva ó s u - blime , y los dispone únicamente á los trabajos tranqui- los de atención y de paciencia. —Los impulsos del cora- zón aun participan de la misma apatía propia de todas las partes del cuerpo; no hay que buscar energía en el afecto ni arrebato en la pasión, que estos resortes del alma son siempre movidos con languidez, indiferencia, ó á lo mas con una apacible dulzura : un carácter seguro, una conducta moderada, siempre prudente, siempre tranquila ; unos gustos como la opinión jamás espontá- neos ni decididos, siempre acomodados á las opiniones y gustos ajenos... tal es el carácter moral inherente a este temperamento, bastante común en la mujer, y que niega al que lo posee de una manera esclusiva el percibir esas vivas impresiones, profundas y sentidas, que tocan V que conmueven las fibras mas delicadas del corazón. TEMPERAMENTO NERVIOSO. — ifoni/eííacíon en lo físico. — Una irritabilidad escesiva que aguza de continuo y como sucesivamente así la parte moral como la física de i3 — 19i — los individuos de este temperamento , les da cierta lan- guidez é inercia que se echa de ver no solo en las distin- tas partes del cuerpo, sino también en el movimiento, ac- titud y modo de plantar del sugeto. El mismo cuerpo es flaco y delgado, circunstancias que predominan sobre todo en los miembros; la piel seca y descolorida, des- provista de gordura, se acomoda á las parles que tiene debajo y deja ver las venas, los estremos superficiales de lo& huesos y los músculos, pero con la delgadez que tie- nen estos últimos en semejantes personas. La cabeza algo voluminosa y prolongada por la cara está coronada por un cabello pardo ó negro, es hueca en las mejillas, aloja unos ojos negros y vivos, y aunque en general el rostro tiene un tinte pálido, es sin embargo susceptible de un aumento pasajero en el color, todo.lo cual espresa esa inquietud y mobilidad de lafisonomía.— Disposiciones ttUelectuales y o/'eeíÍBas.—Todas las facultades intelec- tuales tienen viveza y prontitud en el funcionar, pero son inconstantes, por lo que se nota mucha variedad en los juicios y determinaciones: así es que el nervioso abandona la idea viva y exaltada que concibió para aco- ger entusiasta otra idea acabada de concebir cou igual exaltación y viveza. Estas circunstancias escluyen las mas veces la solidez y profundidad de los conceptos.— En la parte moral se ve el mismo fuego é inconstancia: hay en la pasión ardor, entusiasmo , locura; pero estas circunstancias á la manera de un fuego fatuo solo se de- jan ver para desvanecerse en un instante: y es tal en se- mejantes sugetos esta susceptibilidad, que así se hacen accesibles á las pasiones mas estrepitosas y alegres como á las tristes y melancólicas en grado mas profundo. TEMPERAMENTOS COMBINADOS.—La descripción de los temperamentos que hemos admitido, tal como acabamos — 195 — de hacerla, nos representa por decirlo asi el tipo puro de cada uno; pero preciso es confesar que raras veces se ven tan aislados en la naturaleza, y es lo mas común que se mezclen y combinen recíprocamente para formar temperamentos mixtos. T en estas combinaciones resal- tan siempre los atributos de cada uno de los componen- tes con el mismo carácter propio y en la proporción cor- respondiente á su predominio, cosas todas fáciles de de- ducir en vista del prototipo que hemos trazado de los fundamentales. GRADACIONES EX LOS TEMPERAMENTOS FUNDAMENTALES.— Tampoco son siempre tan marcados como se han des- crito los temperamentos simples ó fundamentales. Ofre- cen distintos grados que les dan mayor ó menor exage- ración ; y aunque fuera inútil manifestarlas, no pode- mos prescindir de hacer notar dos principales varieda- des que tiene el temperamento bilioso; variedades que vienen á formar como dos temperamentos diferentes. — Uno de ellos, llamado bilioso suave, ó moderado, se une á cierta actividad del sistema sanguíneo, de cuya unión resulta una armonía perfecta en todos los órganos, y un feliz conjunto de las mas bellas cualidades morales. —El otro es el bilioso exagerado, ó atrabiliario, primer gra- do de este estado morboso conocido con el nombre de melancolía ó hipocondría, el cual engendra un malestar general que uniéndose á una exaltación de la sensibilidad da lugar á unas ideas lúgubres y sombrías, determina la propensión á la misantropía ó á la destrucción, y constituye los caracteres irascibles, ásperos, celosos, sombríos v vengativos. •^ _ — 196 _ Constitacion. Esta depende de la organización material de la per- sona y de las fuerzas vitales que coinciden con ella. Mas nosotros prescindiremos de estas últimas por no intere- sar á nuestro objeto, y nos fijaremos en la primera, e s - tudiando la relación que guardan sus manifestaciones esteriores con los actos intelectuales y afectivos. Estas manifestaciones las estudiaremos en los puntos siguien- tes : TALLA. —Puede ser alta, mediana ó corta. La p r i - mera y última muy exageradas, denotan generalmente poca energia física y mucha debilidad de espíritu. La ta- lla mediana es la mas favorable al equilibrio y bello es- tado de las funciones de todo género, es la que suele presentar una fuerte actividad que coincide con la vive- za del espíritu y la nobleza del sentimiento. VoLÍ'MEN D L CDEBPO.—Pucde Ser muy aumentado, E reducido, ó guardar un término medio.—Una sensibili- dad esquisita, la vivacidad del espíritu y una tendencia decidida á todas las pasiones suele coincidir con la fla- queza del cuerpo.—La mucha gordura apaga la sensi- bilidad, obtunde las sensaciones, crea una escasez de ideas, y engendra el amor al reposo; nótase en una p a - labra que los individuos de esta complexión tienen una inacción y torpeza de sentimientos y afectos que corres- ponde exactamente á la general de su pesado cuerpo. Solo en una proporción regular del volumen se halla la justa armonía que hemos notado en la estatura mediana. VOLÍMEIS P O O CO A D LAS TRES C VD D S BEL RPRINL E A I A E CUERPO.—Generalmente hablando, siempre predominan las funciones dependientes de los órganos contenidos en la cavidad que es proporcionalmente mas voluminosa. — 197 — Cuando esta es la cabeza se nota en el correspondiente individuo un desarrollo de facultades intelectuales; y aunque á la verdad un volumen escesivo arguye gene- ralmente la estupidez ó el idiotismo, es sin embargo ob- servación constante que la abultada cabeza del escrofu- loso y la del estevado raquítico son un manantial de be- llas agudezas, de dicbos prontos y á tiempo; presentando aquellos seres tan pobres en dotes físicas una memoria tan precoz como estraordinaria, y hasta concepciones bellas y sublimes, y rasgos del mas profundo talento.— Un pecho voluminoso aloja grandes pulmones y cora- zón , los cuales elaboran y transmiten á todos los órga- nos una sangre rica y abundante que les da buen tono con su vivo estímulo. T el celebro con tan ventajoso in- flujo ofrece por atributos una concepción pronta, feliz, y una imaginación ardiente; notándose en tales indivi- duos igual ardor é ímpetu en las pasiones.—La estre- chez del pecho se opone á la libre circulación de la san- gre , lo cual ocasiona cierta falta de nutrición y de calor al cuerpo y una impresionabilidad á los nervios de la cual nace una inquietud y mal estar que caracteriza la melancolía. —EJ vientre que contiene los órganos de la digestión y adquiere mucho volumen por efecto de la glotonería y destemplanza, puede por esta causa ser in- dicio de ciertas inclinaciones morales, y suponer ten- dencia al embrutecimiento. COLOR DE LA PIEL.—Puede ser moreno, amarillento, blanco crudo, blanco de cera y blanco rosado. —El tinte moreno, ó amarillento indica vigor, especialmente si va acompañado de cierta injeccion de los vasos capilares sanguíneos , y es propia de los propensos á la cólera y á dejarse llevar con ímpetu de la pasión. Si domina el tinte amarillo se puede augurar una esquisita sensibí- — 198 — lidad, un carácter ardiente, capaz de pensamientos pro* fundos, de grandes crímenes ó virtudes. — El color blan- co de cera es propio de los sugelos escrofulosos cuyas circunstancias morales ya se han descrito. FiNüBA ó A P R Z D L PIEL.—También pueden te- SE E A E A ner alguna signiñcacion : el hombre vigoroso tiene una piel subida de color, dura, doble, llena de desigualda- des; cuando por el contrario una piel blanca, traspa- rente, delgada, suave y muy lisa, denota debilidad, molicie , apatia, y es propia de los niños, de las mujeres jóvenes, etc. >i lí'.i « f i - í f t í •«!,'• •••f!')«»í| í ^ 199 -, L E C a O N DÈCIMA. INFLUENCIAS DE CIERTOS AGENTES FÍSICOS Ó FISIOLÓGICOS. Las modifícaciones que sufren las formas esteriores del cuerpo del hombre por la acción continuada de estos agentes son relativas á los objetos que siguen: CLIMAS. —Estos dan cierta disposición general á los individuos que respectivamente los habitan. —Címtu cfAxenlti ó meridionalei.—El calor produce unraovi» miento de espansion en los fluidos y de dilatación ea los. sólidos por el cual el cuerpo adquiere mayor desar- rollo. Los órganos de la perifèric se exaltan , sobre todo la piel que es colorada y húmeda , y la gordura es poco abundante, de lo cual resulta un cuerpo flaco y unasfor* mas reducidas. El temperamento mas generalmente ob- servado en los habitantes de estos climas es un tempe- ramento mixto, resultante de la combinación del bilioso, linfático y nervioso.—Semejantes localidades enervan, y esto determina cierta debilidad radical por efecto de la relajación de los tejidos, de la cual nace la indolen- cia y apatía, y aunque se nota la exaltación del sistema nervioso que da á los individuos agilidad en el cuerpo, viveza en las sensaciones, exaltación de ideas é imagi- nación , se vé con todo que esta fogosidad es poco per- manente y que aparece como por sacudidas que con- mueven así la actividad física como la moral é intelec- tual.—C/imos fríos ó íí|)/en — ais- lan separados q«e entre ellos media á veces el espacio de cinco ó seis dedos, la nariz es tan aplastada que en vez de las ventanas casi solo se perciben dos agujeros : tienen las rodillas vueltas hacia afuera y los pies hacia dentro. —Los pequeños tártaros ó tártaros-nogais, son menos feos que los kalraukos. Los tdrtaros-vagolislas de Sibèria tienen el rostro ancho como los kalmukos, la na- riz corta y gruesa y pequeños los ojos. Según se adelan- ta hacia el Oriente en la Tartaria-Independiente las facciones de estos pueblos van mejorando, bien que no abandonan nunca los caracteres esenciales de su raza.— Los tártaros mongoles son los menos feos y mal forma- dos, bien que conservan los ojos pequeños, el rostro ancho y chato, poca barba, negra ó roja, la nariz aplas- tada y corta, y el culis moreno y menos aceitunado. — Los tártaros de Crimea y de la provincia de Cuban hasta Astracán, son de estatura mediana, anchos de espalda , enjutos de ijares, tienen los miembros nerviosos, el cu- tis moreno y los ojos negros. — Los tárlaros-kergisis y teheremissis son mas pequeños y rehechos, menos ágiles y mas agrestes, tienen también los ojos negros, moreno el cutis y el rostro mas ancho que los primeros.—Al- gunos de estos son tan blancos como los polacos por SH mezcla y unión con los circasianos y georgianos: carac- teres que suben de punto en los tártarns-kabardinskis, en cuyo pueblo asi los hombres coreólas mujeres son de singular hermosura, por su figura noble, el culis fres- co y de buen color, los ojos grandes vivos y negros , y la estatura alta y bien formada. — Los tártaros son na- turalmente fieros, belicosos y cazadores; amantes de la fatiga é independencia, ásperos y rústicos hasta tocar en brutales. RAZA CHINO-TIBETANA. —Se estiende hacia las partes — 219 — meridionales y orientales del Asia y se compone de los chinos, coreos, conchinchinos, japoneses, etc. — Los chinos aunque descendientes de la raza anterior tienen las facciones mas dulcificadas; los miembros son de me- jores proporciones, el cuerpo mas rehecho y gordo, el rostro ancho y redondo, los ojos pequeños y oblicuos, las cejas grandes, los párpados elevados, la nariz pe- queña y aplastada, la boca grande, los labios espesos, las orejas altas, el cabello negro, liso, claro ó escaso, lo mismo que la barba; y véseles aparecer en los labios siete ú ocho mechones también negros. El color es ge- neralmente amarillo de paja; con todo los que habitan en las provincias meridionales son mas morenos y tienen el cutis pardo, y los habitantes en el centro del imperio son blancos como los alemanes. Las mujeres chinas tie- nen muy buena tez, los ojos largos y pequeños, la nariz aplastada, los labios rojas, la boca bien hecha, las ore- jas largas, anchas, abiertas y pendientes, y el pelo muy negro. El talle es en ellas delgado, aunque sean gene- ralmente gruesas, y asegura Biervillas que la tez y el cutis de las chinas son admirables y sus ojos los mas hermosos del mundo.— Los chinos son tenidos por vo- luptuosos, pacíficos, indolentes, supersticiosos, humil- des, ceremoniosos y cumplimenteros hasta el esceso.— Los japoneses son semejantes á los chinos , pero tienen el color raas amarillo, ó mas moreno, una complexión re- cia , el rostro y la nariz anchos y chatos, los ojos peque- ños , poca barba y pelo negro. Son aguerridos, vigoro- sos , mañosos, atentos, agasajadores y fecundos en cum- plimientos. Mas los que habitan el pais de Jeso, ó Jedso, al norte del Japón, son ya mas groseros y brutales; tie- nen el cuerpo grueso y membrudo, el pelo largo y eri- zado , los ojos negros, la frente chala, la tez amarilla, y — 220 — soB muy vélS«dosy cerrados de barba—Los eochincM- Hos son mas «órenos y feos que los chinos, y lo? íun- fuineses^ son mas bien formados y roas bellos. Estos úl- timos tienea la estatura mediana , la tez morena y el cu- tis hermoso y terso. Su rostro es por lo común chato y ovalado, la nariz y labios bastante bien proporcionados, el pelo negro, largo y muy poblado. RAZA LAPONO-OSTIACA, Ó HIPERBÓREA.—Comprende los kamtchadalos, chutchis, ostiakos, tungusos, samoye- das, una parle de los lapones, esquimales y los groen- landeses,—Todos estos pueblos se distinguen por la talla pequeña de sus habitantes, la cual no escede de ordina- rio la altura de cuatro pies y medio, son rechonchos, y caembrudos aunque flacos, y tienen la cabeza muy gran- de, las facciones groseras y desmirriadas, el rostro ancho y corto, aplastado en la frente, los ojos muy distantes en- tre sí, con el iris de un color amarillo oscuro tirando á negro, los párpados retirados hacia las sienes, la nariz aplastada y roma, las mejillas sumamente elevadas, la boca muy grande, los labios gruesos y remangados, la barbilla estrecha, el cabello negro, duro y lacio, la barba escasa, el color amarillo, muy oscuro, como ahu- mado.— Los borandianos son aun mas pequeños que los tapones, tienen el blanco del ojo de un color amarillo ro- jizo, son también mas morenos, y tienen las piernas grue- sas; los lapones las tienen delgadas.—Los samoyedas son mas membrudos que los lapones; tienen la cabeza mas enorme, la nariz mas ancha, el color mas moreno, las piernas mas corlas, las rodillas mas inclinadas hacia afuera, el pelo mas largo, y menos poblada la barba. —Los groenlandeses tienen el color mas oscuro aun que cuantos se han dicho, consistiendo en un aceitunado su- cio ó negro—En todos estos pueblos las mujrres son tan — 221 — feas como los hombres y muy parecidas á eflios. Las de Groenlandia son de estatura muy pequeña, pero bien proporcionadas, pelo negro, culis suave de color acei- tunado muy oscuro, pechos lacios y muy largas, rostro, ancho, ojos pequeños muy negros y vivos, manos y pie» cortos. RAZA COBRIZA Ó AMERICANA.—Situación.—En la Amé- rica. — Caracteres comunes. —Reina en toda ella el color de cobre mas ó menos claro, inclinándose al de latón ó de naranja; el rostro es semi-oval 6 triangular en los habitantes de la América septentrional, y circular en ios de la meridional, el cabello largo, negro, lacio y poco abastecido, la barba escasa y á mechones, la frente pe- queña y redondeada, los ojos grises ó pardos, de ordi- nario pequeños y algo estirados por la parte superior hacia las sienes, las mejillas prominentes, la nariz grue- sa, corta y un poco remachada, los labios delgados y estendidos, los dientes agudos j apretados, el pecho al- to, los muslos gruesos, las piernas arqueadas, el pié chico , con puente, los miembros bien proporcionados, la espresion generalmente apacible, el cutis liso y sin vello. — Las mujeres son pequeñas, rollizas y ya cuando jóvenes suelen ser gruesas y de buen talle; tienen las cejas negras, los ojos alegres, vivos, y llenos de fue- go, la boca de mediana magnitud y por lo general sus facciones son bastante regulares. Familias de la raza americana. — Las tres en que ha sido dividida por algunos autores son: la COLÓMBICA originaria de los habitantes de la América septentrional , la AMERICAKA propiamente dicha, y la PATAGÓNICA , con- finada en la estremidad meridional de la América del Sur.—Caracteres especiales.—Kntre los individuos de la primera rama se hallan los salvajes que habitan las par^ — 222 — tes roas septentrionales de América, quienes son todos robustos, y de grande estatura, fornidos y bien propor- cionados; su pelo y ojos son negros, los dientes muy blancos, el color bazo, poca barba , y poco ó ningún pe- lo en lo restante del cuerpo. Los salvajes del Canadá y de toda la Tierra Firme hasta el Golfo de Méjico son muy parecidos á los tártaros. Los de la Florida , MissiS' sipi y demás parajes meridionales del continente de la América septentrional son mas morenos que los del Ca- nadá; y las mujeres de la Florida son altas, robustas, muy ágiles y de color aceitunado. — Los caribes sonde buena estatura y aspecto; gruesos, vigorosos, robustos, muy ágiles y sanos; tienen la frente hundida, los ojos negros, pequeños y salientes, la nariz chata, los dien- tes hermosos, blancos y bien colocados, el pelo liso, largo, y negro, el ciitis bazo ó aceitunado, de cuyo co- lor participa el blanco de los ojos; su aspecto es triste, melancólico y pensativo. Sus mujeres son mas pequeñas, gruesas, y bastante bien hechas; su rostro es redondo, los ojos y pelo negros, la boca pequeña, los dientes muy blancos; tienen el semblante mas alegre, risueño y des- pejado que el délos hombres, y son modestas y bastante circunspectas. — Los pueblos que habitan el reino de Méjico ó Nueva España están de tal modo cruzados que apenas ofrecen dos rostros de un mismo color.—Los ha- bitantes del Jslmo de América, ofrecen los caracteres generales de la raza, pág. t21.—Los salvajes del lira- sil son casi de la estatura de los europeos, aunque mas robustos, vigorosos y ágiles; su pelo es negro y rara vez encanece, su cutis de un color entre moreno y pardo que tira á rojo : tienen la cabeza abultada, y las espal- das anchas.—Los habitantes del Paraguay, suelen te- ner buena estatura, el rostro un poco largo, y aceituna- ~ 223 — 'Jo el color. —Los de Chile son de buena estatura, mem- brudos, anchos de pecho, y de rostro desapacible; tie- nen los ojos pequeños, las orejas largas, y et pelo n e - gro, aplastado y grueso como crines. Las mujeres chileñas tienen fama de bellas, son de talle ligero y gracioso, de maneras dulces y voluptuosas, y reúnen aventajadas do- tes de espíritu y corazón. — Las tribus patagónicas en fln comprenden los indios pampas, los araucanos y pa- tagones. Los primeros son los fronterizos con las provin- cias del rio de la Plata, sus costumbres son tártaras.— Los araucanos son sin duda la raza mas noble de indios: sus formas son atléticas, sus facciones regulares y agra- dables, esceden de la estatura coman, y por la mezcla que han tenido con los españoles de ambos sexos, tienea el cutis mas claro que el de los demás indios.—Los pa- tagones son los indios mas indolentes de toda la Ameri- cio , su talla es gigantesca y la mayor que se conoce lle- gando á cinco y seis pies, su color bronceado, ó cobrizo oscuro; tienen una cabeza enorme, el rostro largo y algo complanado; el cabello y ojos negros, la nariz ancha y aplastada, la boca muy grande, los labios espesos, los dientes pequeños y bien puestos, la barba clara, las es- paldas muy anchas, ia parte superior del cuerpo muy alta, los muslos y piernas no guardan proporción con la longitud del tronco, pero son fornidos; toda su comple- xión es robusta, gruesa, sus músculos rigidos, su carne firme y sólida. RAZA MORENA Ó MALAYA. — Situación.—En la penínsu- la de Malaca, islas Filipinas , Molucas, de la Sonda, Marianas, Célebes, en l a d e T i m o r ; viéndose también individuos pertenecientes á la misma en Madagascar, en la tierra de los Papuas y Nueva Guinea. —Caracteres particulares. — Se distinguen por un color cobreño oscu- — 22í — ro, cabello negro , largo, liso y lustroso, rostro apla- nado, nariz remachada, boca grande, labios algo espe- sos , estatura mediana y miembros bien proporcionados. — De esta raza se desprende una rama, oceánica, que comprende la mayor parte de los habitantes en las islas del mar del Sur y cuyo tipo se halla en los indígenas de !as islas llamadas de la Sociedad. Estos individuos son generalmente bien formados, su rostro es de figura oval, la frente descubierta y redonda, el cabello negro y liso, los ojos rasgados, las cejas muy pobladas, la nariz me- diana, muy poco achatada, la boca un poco grande, la barba redonda, los labios espesos, la tez de color de cobre rojo, el ángulo facial tan abierto como el de los europeos. Tienen el cuello grueso, pero bien proporcio- nado , las piernas muy bien trazadas, su estatura de cinco á seis pies. Las mujeres son bien parecidas y al- gunas de singular hermosura. Tomando por modelo las taitianas, observamos un color de amarillo claro de li- món , una estatura de cinco pies y seis pulgadas, unos coolornos perfectos; lo queies dá verdadera escelencia en el talle. Sus facciones son bastante delicadas, el cu- tis fino, muy suave, los ojos no son hundidos, tienen mucha viveza y espresion , ó manifiestan dulce sensibi- lidad , la frente no es elevada , la nariz algo aplastada, la dentadura igual y muy blanca. Las manos son también lindas v delicadas. — 225 — LECCIÓN DUODÉCIMA. MODIFICACIONES APRECIABLES AL ESTERIOR lELATIVAS Á LOS ACTOS INTBLECTDALES T AFECTIVOS. Prineipiof generales. Muchosfisiólogoshan querido deducir el carácter pro- pio de cada individuo de ciertos rasgos defisonomía,6 de íJgnn movimiento habitual del cuerpo. Lavater y con él otros escritores han hecho sobre este objeto un estudio es- pecial , y nos han señalado el carácter que coincide con esta ó aquella Forma de la nariz, de los ojos, de la frente, ó con tal otra disposición general de la cabeza y del cuer- po.—Si bien es verdad que al parecer la esperiencia DO ha confirmado aun decididamente todos los principios que aquellos observadores han establecido, es cierto sin embargos que en general se observan en el organismo de alguno sugetos ciertos señales que parecen argüir una disposición moral ó afectiva determinada, y no en vano inspira confianza, adhesión , odio, ó indiferencia el solo aspecto de una persona, como puede haber obserrado cualquiera de nosotros en el momento de ver á algu- no que se nos presenta por primera vez,- sin preven- ción alguna contraria ó favorable al mismo, y auB ig- norando la ciencia físionómica que él célebre filósofo de Zurich ha desarrollado tan eruditamente. — Estas so- las razones nos autorizan sin duda para dedicar una lec- ción al estudio de la físonomia, v buscar la relación — 926 — que guardan sus modificaciones con las dotes de la in- teligencia , y con los impulsos del corazón. Caractereí en particular. Para tratar este asunto de la manera debida, estudia- remos la significación que tengan en la representación del estado habitual del hombre interior los objetos este- riores siguientes: CABEZA. —(Joòeza en ¡/«ñera/.—Una cabeza prolonga- da hacia arriba denota tranquilidad y sosiego, una alar- gada de la frente ai occipucio ímpetu y actividad. Si es prolongada hacia adelante y elevada, entonces supone mucha fuerza de voluntad y un tesón invencible. La que es voluminosa en esceso indica estupidez y la muy reducida falla de aptitud mas ó menos completa. Cráneo. — El que es aplanado por los lados y sale abollado por la frente y occipucio es el de proporciones mas bellas, y arguye un armonioso equilibrio entre to- das las facultades del entendimiento. Los detalles freno- lógicos , de valor dudoso por una parte, no ofrecen tam- poco al artista ventajas que nos muevan á estudiarlos en este lugar. Sin embargo pueden servirnos para establecer por ley bastante segura : que cuando el volumen de la frente predomina sobre el del occipucio, el desarrollo de las facultades intelectuales es mayor que el de las nece- sidades físicas, é instintos groseros , sucediendo lo con- trario cuando á un occipucio muy prominente corres- ponde una frente reducida, baja, ó aplastada. Cara —Cuando su altura escede de un tercio á su an- chura supone bellas dotes de espíritu y de corazón. Si es demasiado ancha, con la nariz poco saliente y los pó- mulos voluminosos, el talento es obtuso, grosero, limita- do, y el carácter terco; si redondeada, oblonga y de con- — 227 — tornos suaves, hay poca energía y elevación de sentimien- tos; si complanada, puede suponer el fanatismo. La cara que se divide en dos partes iguales por una línea tirada transversalmente por debajo de la nariz indica la estu- pidez. Una frente deprimida ó mas corta que la nariz supone falta de talento. También es estúpido el semblan- te en el cual la distancia que media entre el ángulo in- terno del ojo y el ala de la nariz es menor que la que va de este último punto al ángulo de la boca, ó cuando la distancia de los ojos entre sí es mayor que la dimensión transversal de uno de ellos. Frente. —Si es estrecha denota un talento débil y li- mitado ; vertical, juicio y penetración; arrugada de ar- riba abajo y en el arranque de la nariz, reflexión ó me- lancolía. Cejas.—Suavemente arqueadas indican dulzura, mo- destia y sencillez; dispuestas en línea borizonlal y recta, un carácter varonil y vigoroso; sr en esta forma son complanadas y espesas, suponen un raciocinio frío y cal- moso , y un juicio fuerte y sano. Las horizontales en una mitad y encorvadas en la otra auguran fuerza de es- píritu hermanada con una bondad ingenua; las angulosas y entrecortadas, actividad de un talento productivo ; las delgadas, sosiego y debilidad; las espesas, ásperas y erizadas, un carácter intratable é irascible; las muy distantes entre sí una concepción fácil, ó un alma cal- mosa y tranquila;. muy bajas ó arrimadas al ojo, un ca- rácter serio, profundo y sólido; delgadas y puestas ar- riba como partiendo en dos mitades la frente, jamás su- ponen un genio pensador, profundo, ni juicioso ó firme. Ojos.—Acules son indicio de debilidad, blandura y afeminación ; pardos ó negros, de energía; verdosos, de viveza,, arrebato y valor; grandes, de una suave me- — 228 — lancolía; pequeSos, de vivacidad ó cólera; rasgados á manera de almendra, de ternura; circulares, incuria y estupidez, sobre todo si están medio cubiertos por un pár- pado pesado. —Guando los párpados son retraídos y es- cotados anuncian un humor colérico, y convienen á un artista ó á otro hombre de gusto; esto ea la mujer su- pone una fuerza estraordinaria de juicio y espíritu. Si ei borde del párpado superior describe un arco completo la persona suele tener un natural bondadoso ó delicado , y á veces tímido é infantil; cuando es horizontal y corta diametralmente la pupila, entonces arguye sutileza, ma- ña, ironía; pues los sugetos que miran con los ojos me- dio cerrados, casi siempre son astutos y ladinos. Nariz.—Su dibujo bello y perfecto supone siempre un carácter escclente y distinguido. Si es aguileña anun- cia un genio impetuoso, capaz, fírme ea sus proyectos, y ardiente en llevarlos á cabo; si perpendicular, cons- tancia varonil: prominente junto con una boca salida, presunción, temeridad, descaro y habladuría ; corta y achatada, sensualidad grosera, é inclinaciones egoístas; pequeña, timidez é incapacidad para aventurar la me- nor empresa; suelta y vibrante en sus alas, mucha de- licadeza de sentimiento, que puede degenerar en sen- sualidad y voluptuosidad impetuosa, sobre todo si la pun- ta está arremangada. La tumefacción y rubicundez ha- bitual de este órgano puede significar estravíos en el ré- gimen alimenticio y en la continencia. tfoca.—Los labios gruesos y bien proporcionados in- dican bondad y franqueza; carnosos, una tendencia pronunciada á la sensualidad y á la pereza; delgados y recortados, á la avaricia.—Si el labio superior sale mas que el inferior se puede augurar una bondad afec- tuosa; si el inferior es el que sobresale, esto indica una — 229 — honradez fría y sincera. Este mismo labio escavado en su parte media descubre el buen humor ó una blanda malicia.—La boca estrecha, con la abertura en línea recta que no deja ver los bordes de los labios, supone sangre fria, aplicación, amor al orden, exactitud y lim- pieza. La elevación de las comisuras labiales indica mucha pretensión, vanidad y frivolidad maliciosa. A una boca cerrada con suavidad corresponde un espíritu firme, reflexivo y juicioso; á la que es siempre abierta, nece- dad.—Los dientes pequeiíos y cortos denotan mucha fuena, ó penetración de espíritu ; pequeños y reentran- tes, finura sin mala intención, y aun un carácter des- contentadizo y vengativo; largos, debilidad y timidez; salientes y como que descansan sobre el labio inferior, poca energía , escaso talento, pero un carácter cáustico j siempre dispuesto á morder. Barba.—Lsi que en su perfil se encuentra en línea con la boca y tiene un suave hoyuelo inspira confianza ; ti- rada atrás señala afeminación; prominente, un espíritu activo, firme y delicado; prominente en esceso, pusila- nimidad ó avaricia; plana, frialdad; puntiaguda , astu- cia; cuadrada, fuerza, ó un carácter arrebatado; pe- queña, maldad; blanda, carnosa y con pisos, sensuali- dad; cortada en su parle media, resolución y cordura. Mejillas. —Carnosas podrán indicar jovialidad y ape- tito sensual; flacas y retraídas, padecimiento; atrave- sadas de surcos groseros, rudeza y bestialidad; corlada por trazos ligeros, graciosamente ondulados, templanza v cultura de espíritu; con hoyos ó hundimientos trian- gulares fuertemente diseñados, ambición, celos, envi- ^ ^ dia; anchas y colgantes, la gula; levantadas suave y graciosamente hacia los ojos, un corazón sensible, ge- neroso , incapaz de la menor bajeza. — 230 — Orejas.—Pequeñas anuncian vivacidad é ingenio; an- chas y lisas sin redondez en los contornos, debilidad del celebro; tiesas y muy arrimadas á la cabeza, ingenio, ó amor á la independencia; cuando son lisas, blandas y groseras en su totalidad escluyen el talento. Cabello. — Liso, flexible y fino anuncia un natural débil é igualmente flexible; áspero y crespo, un carác- ter salvaje ó descontentadizo; negro, liso, espeso, y grueso, poco talento , pero asiduidad y amor al orden; negro y fino, plantado sobre una cabeza medio calva, de frente alta y bien arqueada, juicio sano y limpio, y un espíritu destituido de invención y de recursos; rojo puede caracterizar al hombre soberanamente bueno, ó escesivamente malvado; é inspira desconfianza cuando tiene un color distinto del de las cejas.—Hasta la com- postura, desaseo ó descuido del cabello podrán influir conforme ellos sean en manifestar el carácter ó tenden- cias de la figura que se quiera representar. CUELLO. —Bien proporcionado augura solidez de ca- rácter; espeso y corto, cólera ; gordo , necedad y gula; delgado y largo, timidez y cortas facultades intelectua- les. Si deja caer la cabeza adelante acusa poca energía y amor propio; si la endereza y tira atrás, vanidad y jac- tancia : las personas exageradas en las prácticas religio- sas llevan generalmente la cabeza inclinada al hombro. DoHso Y ESPALDAS.—La dcsviacíon de la coluna ver- tebral, y las deformaciones y jibosidades, tales como se ven en el raquítico, favorecen la finura y actividad del entendimiento, con disposición á la exactitud, al or- den y á cierta causticidad. MANO.—Unos dedos largos y bien afilados casi nunca coinciden con un espíritu grosero é inclinado á la luju- ria ; los cortos y redondeados anuncian la torpeza de es- — 251 — pirita y la pereza. Una mano gordita señala sensibilidad. CONFORMACIÓN G N R L BEL CUERPO.—Véase para ello E KA la lección dedicada à los temperamentos y constitución, pág. 190, y compárese la relación que guardan con cada uno de ellos los actos intelectuales y afectivos. GESTOS, ACTITUDES Ó POSICIONES.— Una cabeza inmó- vil , una boca abierta, unos ojos apagados, los brazos colgando, las manos vueltas atrás y afuera, el cuerpo caido y afianzado apenas por las piernas medio dobladas, vueltos los pies hacia adentro; hé aquí la espresion de la estupidez, del mas completo idiotismo. El hombre re- flexivo nunca coge una actitud tan grotesca. — Tampoco se agita con violencia el hombre de genio dulce y tran- quilo ; ni es arrebatado ó iracundo aquel cuyo porte es comedido y sosegado. — El andar rápido desvanece toda idea de pereza ó apatía, asi como tampoco se tras- tuce nunca este espíritu de actividad que desprecia cual- quier obstáculo ó peligro en el aire de aquel que arras- tra el pié descuidadamente y con flojedad, ó que anda como contando los pasos. — Es natural al necio ó al va- nidoso echar la cabeza hacia atrás, mirar con sobrece- jo , guiñar los ojos, y erguir el cuerpo : y aun la misma inacción tiene un valor negativo en la manifestación de las disposiciones internas, puesto que el descanso del idiota, echado en su silla sin objeto determinado, es- pecie de ser aiuerto ajeno á cuanto le rodea , es nauy distinto del que toma el pensador profundo, cuyo estado de inacción no tiene mas objeto que el de reparar los re- sortes de su agotada imaginación. TRAJE. — Hasta en este objeto accidental de la figura puede hallar el artista un medio de espresion por lo que ella es una señal característica del gusto de la persona á que se refiere, .Así enseña la observación , que el que — 232 — habitualmente elige vestidos de color negro ú oscuro, es- trechos, muy abrochados, y cala el sombrero hasta los ojos, tiene un carácter poco espansivo; al paso que vesti- dos holgados, abiertos y de color vivo merecen la elec- ción de aquellos hombres generalmente de menos or- den y perseverancia, aunque mas francos y amables que los anteriores. Nótase en el traje del sabio la sencillez y el aseo, no se acicala ni sigue la moda, mas tampoco choca demasiado con ella. Quien la sigue de una manera exagerada indica ser ocioso, superficial, sin carácter y de mai gusto; el que afecta vestir de un modo diame- tralmeote opuesto á la misma, denota un carácter testa- rudo , cáustico, y poquísimo tacto. Pasione< en general. Las pasiones en sus momentos de crisis producen en el cuerpo uno de estos tres órdenes de movimientos, con- vulsivos, concentrados, óespansivos.—Entre lasque de- terminan el primer orden de movimientos se cuentan el temor, el terror, la desesperación , la cólera, etc. y los manifiestan por la palidez ó lividez del semblante, los suspiros, la angustia, la sofocncion, imprimiendo al sis- tema muscular contracciones violentas y ataques como espasmódicos, ó frenéticos. Los movimientos concentra- dos corresponden á las pasiones opresivas, como son la envidia, los celos, ía timidez, y se manifiestan por la contracción del semblante, reducción de las facciones, disminución del calor y co>or de la piel, la cual adquiere un tinte pálido, amarillo ó aplomado. Por último los movimientos del tercer orden acompañan á las pasiones espamivas^ como son la esperanza, el amor, la devo- — 255 — eion, ia alegría; ellos dilatan y espanden las facciones del rostro, dan blandura á sus contornos, las coloran con un tinte brillante y animado, les imprimen esta se- renidad que denota el contento del alma y el dulce bien- estar de todo el cuerpo. El semblante es el teatro en donde mediante este ó aquel otro rasgo ó modificación representan su papel las distintas pasiones que agitan el alma. Sin embargo, el cuerpo no queda indiferente en esta trágica escena, y como por instinto toma ciertos y determinados mcvi- mienlos según sea la pasión que se desarrolla. El interés que lleva al artista esta parte mímica que las acompaña, hará que la recordemos con preferencia en el estudio que vamos á hacer de cada una de ellas. El artista debe saber igualmente que en las pasiones desordenadas y ruines, que en estas tempestades del alma en las cuales estalla con tanto ímpetu el huracán del instinto envolviendo en su torbellino á la razón, la cual perdido su dominio abandona al hombre en un es- tado de abyección, y lo presenta al observador como un ser odioso y aun repugnante; no ha de representar este cuadro con la exagerada y fea verdad con que lo hace la naturaleza entregada á sí misma. Deber suyo es evi- tar esta fealdad, repararla con los recursos de la belleza y del buen gusto , cubrir con delicado artificio el natu- ral desagrado que escita el hombre en estos tristes ins- tantes en los cuales queda eclipsada la luz de la razón, este brillante destello déla divinidad, al impulso violento y tiránico del instinto exaltado. —Tampoco debe olvidar el artista que la educación, el temperamento, el carác- ter, la posición social de la persona á quien una pasión sobrecoge, modifican los movimientos ó actos ostensibles que esta misma pasión determina, por mas que en el — 234 — fondo los primeros impulsos sean siempre los mismos. Advertiremos por último que tomamos la palabra pa- sión en su sentido mas lato , entendiendo que van com- prendidas en esta voz todas las afecciones del alma, aun- que en rigor algunas de ellas no puedan llamarse pa- siones. P a s i o n e s en particular. ATENCIÓN. — Simple atención.—Las cabezas de las ce- jas bajan y se acercan entre sí, las pupilas se vuelven hacia el objeto á que se atiende, la boca se abre por su parte superior, y la cabeza se inclina y se fija. — Aten- ción con estima. — Es un movimiento compuesto de la atención y de la admiración sencilla. La cabeza de las cejas baja hacia la nariz y se hace saliente, la opuesta se eleva, el ojo muy abierto fija la pupila en el objeto de su atención, las alas de la nariz son algo tiradas hacia abajo, las mejillas medianamente deprimidas, la boca entreabierta con los ángulos inclinados y dirigidos ha- cia atrás, los músculos y venas de la frente se hinchan, y son también manifiestas las que están al rededor de los ojos. DESEO. —Las cejas se cierran y adelantan por enci- ma de los ojos, estos son roas abiertos de lo natural, la pupila inflamada se fija en la mitad del ojo, las paredes laterales de la nariz se deprimen y se levantan las alas, la boca queda entreabierta y el color del semblante es animado. ESPERANZA.—Es una sensación compuesta del deseo y del tetpor, y se espresa mediante la combinación de los signos de estos dos alectos componentes. COMPASIÓN. —Las cejas bajan hacia el medio de la frente, la pupila se mantiene fija en el objeto que esci- — 23o — ta la compasión, las alas de la nariz tiradas snave y directamente hacia arriba hinchen ligeramente la mejilla aumentando el pliegue de la misma, el labio superior sube, adelanta y mantiene la boca algo abierta, todos los músculos del semblante están en estado de tensión. ADMIRACIÓN.—/'rímer grado. —Las cejas se levantan en arco, los ojos abiertos se fijan en el objeto que nos admira y la boca ligeramente entreabierta no cambia sensiblemente la forma de las mejillas, —/'aimo.—Nó- tase una exageración de los movimientos anteriores. Las cejas suben mas arriba, el ojo muy abierto adelanta y se fija , sin que el iris toque á ninguno de los párpados, los labios se separan mas, y todo el semblante está en una tensión mas sensible. —Arrobamiento. — Es la ad- miración llevada á su mas alto grado. Generalmente le acompaña la veneración; entonces además de inclinarse á un lado la cabeza, las cejas y la prunela se levantan directamente, la boca se entreabre, y sus dos ángulos se levantan algun tanto. — Jüntanse á estos movimien- tos del semblante la elevación de la cabeza, cierta posi- ción del cuerpo que se retira 6 da un paso hacia atrás sucediendo constantemente que el sugeto sobrecogido de admiración, sorpresa ó asombro suspende todo movi- miento y se mantiene en la misma postura que tenia en el acto de recibir la impresión. TBJSTEZA. — Gradaciones. — Abatimiento. — Las cabe- zas de las cejas se arriman y levantan hacia la frente, los párpados se hinchan, se bajan y quedan algo cerra- dos , el ojo pierde su brillo y se levanta quedando la pa- pila medio oculta por el párpado superior, el blanco del ojo es amarillento y un cerco lívido rodea los párpados, las alas de la nariz y los ángulos de la boca son tirados hacia abajo, esta se entreabre por la elevación del labio — 236 — superior, la relajación de los músculos del rostro deja caer las mejillas, con lo cual el rostro se retrae y pro- longa , los bordes labiales pierden el color, y la cara en su totalidad es pálida ó aplomada.—Llanto. — Las cejas se arriman hacia la frente y se forman arrugas en la raiz de la nariz, los párpados se ponen rubicundos, su án- gulo esterno baja , los ojos casi cerrados se llenan de lá- grimas, las cuales rebosan y corren por las mejillas de- teniéndose por intervalos, la nariz se estrecha, sus ven- tanas se hinchan, la boca se cierra ó entreabre por el centro, y sus ángulos que bajan mucho forman pliegues en las mejillas, el labio inferior se eleva y renversa, to- das las facciones en general decaen y prolongan la cara, los músculos y venas de la frente se hacen muy aparen- tes, todo el semblante se arruga y como que se frunce, tiñéndose de rojo en las cejas, en los ojos, en la nariz y en las mejillas. — Por lo que toca á las demás partes del cuerpo se observa que la cabeza se inclina adelante ó á uno de los lados, ios brazos están caldos, y todo el cuer- po guarda cierta inmovilidad. HoLOií. — Dolor corporal sencillo.—Su espresion se parece á la de la tristeza: las cejas se acercan y se le- vantan menos, la pupila parece fijarse en algun objeto, las alas de la nariz se levantan , pero el pliegue que for- man en las mejillas es menos sensible que en la triste- za, la boca se entreabre y los dos labios suben por su parte media.— /Mor agudo de cuerpo y espirilu.—Las cejas se acercan recíprocamente, se levantan hacia la mitad de la frente por su estremidad interna y se depri- men por el centro, la pupila se oculta bajo la ceja, las ventanas de la nariz se dilatan determinando un pliegue en las mejillas, y la boca se entreabre y se retira hacia atrás. —Sumo dolor corporal. —La posición de las cejas — 257 — es aun mas exagerada que en el caso anterior, las pupi- las se ocultan también debajo de las mismas, y la bo- ca mucho mas abierta y retirada hacia atrás circunscri- be con su abertura casi la figura de un cuadrado.—En todos estos movimientos tumultuosos del semblante se pone en contracción la totalidad de los músculos de la fisonomía, fórmanse varias arrugas en la frente, la ca- beza ora se cae hacia atrás, ora se vueive de lado como en ademan de suplicar al cielo, el pecho se levanta, las espaldas se elevan también con una violenta contrac- ción , todo el cuerpo se estira y contorna en varios sen- tidos. L^s estremidades se envaran medio dobladas me- diante la fuerte contracción de todos sus músculos, las ma- nos se cierran con fuerza, ó bien se abren , muchas ve- ces se vuelven hacia atrás arrastradas por los brazos que se separan de delante del cuerpo, otras están pendientes hacia la tierra con los dedos enlazados estrechamente, y casi siempre se aplican al punto dolorido cuando es puramentefísicoel dolor que atormenta al paciente. AMOB.—Cuando es tranquilo y feliz, se pinta en la cara un leve color encarnado y el rostro á la par que se anima parece como que se dilata y espande; los ojos medianamente abiertos se ponen húmedos y brillantes, 'anzando una mirada ora viva y ardorosa, ora lánguida y apacible; las cejas se levantan ligeramente por la par- te hacia que se dirige la pupila, píntase en los labios en. rojecidos y algo hinchados la sonrisa de la dicha , cuya inefable dulzura se exhala de la boca entreabierta y por sus ángulos graciosamente elevados; la cabeza se inclina suavemente hacia el objeto de su amor, todo es blandu- ra, suavidad, delicadeza, lo que espresa mediante sus movimientos el cuerpo en esta feliz afección tan dulce y profundamente sentida, que ocupa todo el corazón , — 238 — que difunde á pesar nuestro sus hechiceros rayos de ale- gría por la mas serena atmósfera de la vida en la cual se mecen ante los ojos de nuestra alma sus mas halagüe- ñas esperanzas. —En el amor desenfrenado, y que solo respira lascima y concupiscencia, se humedece mas el ojo, el párpado inferior se eleva, la hoca y las ventanas de la nariz son bastante dilatadas. —Cuando el amor es con- trariado ó no correspondido, se une al enflaquecimiento de todo el cuerpo la palidez y abatimiento del semblante, el hundimiento de los ojos, la mirada fija é inquieta , to- das las señales en fin de la tristeza y del pesar; infeliz estado del alma que abandona al hombre á una lastimosa indiferencia para cuanto le rodea , que le deja sin cesar abstraído ó meditabundo en un caos de embrolladas con- tradicciones que nunca logra aclarar su espíritu apesa- dumbrado. ZELOS. — La frente se arruga , la ceja se frunce depri- mida , la pupila centellea oculta debajo de la misma, y se dirige oblicuamente hacia el objeto que escita la pa- sión, todo el ojo es vivo y lleno de fuego, las aberturas de la nariz pálidas y abiertas se retiran hacia atrás, fór- manse algunos pliegues en las mejillas que son algo caí- das , la boca unas veces se abre y otras se cierra con al- guna violencia, indicando que los dientes están apreta-^ dos, sus comisuras se dirigen atrás y abajo, el labio su- perior sale mas que el inferior, y los dos son pálidos y lívidos aunque el resto del semblante se muestra infla- mado , los músculos maseteros parecen perder algo de üü volumen. —Las muchas causas que pueden determi- nar ios zelos, modifican tan especialmente el carácter que toma esta pasión, que difícilmente se puede señalar el gesto que de una manera general le corresponde. Pero «Liempre se observa que los movimientos y posiciones del — 259 — zeloso tienen algo de siniestro como sus miradas; tirano ó esclavo, se encoleriza desmedidamente, ó se deshace en ruegos perdida su dignidad; por lo general se esfuer- za en ocultar á la vista del mundo los tormentos que le agitan , su roedora pasión ya degenera en desprecio , ya en furor, ya se convierte en horrorosa melancolía; cuan- do ella tiene por origen la ambición, unas veces se es- presa por la vergüenza, otras por un disgusto parecido á la cólera secreta; últimamente la mirada curiosa, la risa del desden y de la ironía, la opresión del dolor, las quejas amargas, las lágrimas, el arrebato, el furor, y aun la muerte, tales son los resortes que pone en juego esta pasión según sean sus gradaciones, ó el carácter y educación del desgraciado que se deja llevar de su im- pulso. MIEDO. — Rostro pálido y desconcertado , facciones marchitas, cejas elevadas y fijas en su contracción, pár- pados retraídos, mirar az<>rado, ojo saliente, boca abier- ta, labios lívidos.—Todos los músculos del cuerpo pier- den su fuerza de contracción, las rodillas se doblan tem- blando, los brazos se arriman á la linea media. ESPANTO Ó SUSTO.—La ceja se levanta por el lado de la nariz, la pupila brillante é inquieta se situa en me- dio del ojo, la boca mas abierta por los lados que por la parte mediase levanta hacia atrás, y el labio inferior se deprime y retira masque el superior. — El cuerpo que- da inmóvil y en la actitud que tenia cuando recibió la impresión. TERROR Ó PAVOR. —Las cejas se arquean , manifestán- dose bastante los músculos de la frente los cuales se opri- men y bajan hacia la nariz, esta parece como estirada hacia arriba y sus alas se levantan, los ojos se abren estraordinariamente, el párpado superior casi se oculta en Wk — 240 — la ceja, la esclerótica se tiñe de encarnado, la pupila desviada de su dirección natural se oculta en parte de- trás del párpado inferior, la circunferencia inferior del párpado se hincha y pone lívida, los músculos de las mejillas se entumecen y forman un ángulo á cada lado de la nariz, la boca se abre y manifiesta mucho sus co- misuras, los cabellos se erizan, y el color es pálido y lívido, especialmente en las narices, labios y orejas. — El cuerpo coge siempre en estos casos una actitud defen- siva apropiada al medio ú ocasión mas ó menos opor- tuna que tiene para evitarel peligro que le amaga. Por lo que el hombre aterrorizado ó bien se retira hacia atrás, ó vuelve la cara, ó aparta la cabeza, ó se lapa los oidos con ambas manos, ó echa á correr levantando cuanto puede los pies, ó se agacha temblando, etc HORROR. — La ceja se frunce y baja mucho mas que en el desprecio, la prunela vuelta hacia abajo está medio oculta por el párpado inferior, la boca mas ó menos abier- ta lo es siempre menos por su parte media que por los eslremos, y determina pliegues en las mejillas; el sem- blante es pálido, los labios lívidos, los músculos y ve- nas aparentes.—En este trastorno general los brazos le- vantados con rapidez quedan inmóviles, el hombre sin volverse dirige el cuerpo hacia atrás, ó da en este sen- tido algunos pasos. DESPRECIO. —Cuando se desprecia alguna cosa con odio la frente se arruga, la ceja se frunce, baja por el lado de la nariz y se levanta por el opuesto, el ojo es muy abierto y la pupila cae en la parte media de la abertura de los párpados, las ventanas de la nariz se levantan, el labio inferior sube y adelanta arrastrando algo hacia ar- riba el superior cuyo borde cubre, con lo cual queda muy cerrada la boca v las comisuras abatidas.—Cuan- — 241 — do se hace mofa y desprecio, se levanta de un lado el labio superior descubriendo un tanto los dientes, con un ligero movimiento de sonrisa al lado opuesto', la na- riz se tuerce hacia el lado en que aquel se levantó, el ángulo de la boca se retira, el ojo del mismo lado ca- si se cierra quedando el otro abierto á lo acostumbrado, y las dos pupilas se inclinan como en ademan de mirar de arriba abajo.—Los demás signos generales que sue- len acompañar estos movimientos son : volver el cuerpo y presentarse de lado, mirar por encima del hombro, volver la cabeza á la parte opuesta, elevarla para diri- gir la mirada oblicuamente, ó bajarla y levantarla va- rias veces sucesivamente como para medir mirando de arriba abajo á la persona despreciada, levantar las es- paldas con desden, contestar fríamente con la vista vuel- ta á otra parte, etc. CoiERA.—Los ojos se inflaman, se enrojecen y pa- recen saltar de las órbitas; la pupila centellea y se des- via de su dirección natural, las cejas ora se deprimen, ora suben hacia la frente, esta se arruga y se forman varios pliegues en la raiz de la nariz, las ventanas de esta última se dilatan, los labios estirados por el mús- culo labial dejan á descubierto los dientes que aparecen muy apretados, los músculos espasmódicamente contrai- dos se abultan así como las venas de la frente y del cue- llo, los cabellos se erizan, toda lafisonomíase hincha y anima cubriéndose de un color rojo. —Aunque la cólera puede producir una tranquilidad perfecta en un hombre intrépido, generalmente manifiesta por medio de movi- mientos resueltos y violentos la viva agitación del alma. El cuerpo se endereza, levántase el pecho, los hombros se retiran, las manos son agitadas por contorsiones vio- lentas , y la fuerza aparece en todo el esterior del cuerpo 16 — 242 — por medio de una enérgica contracción de todos los mús- culos antagonistas, manifestándose mas aumentada con preferencia en las partes propias para atacar, abrazar y destruir. Además de estos signosfisionómicosque indican la cólera llamada roja ó espansioa, hay otros propios de la llamada cólera blanca ó espasmódica, propia de los su- getos débiles y de las mujeres; en ella la cara pierde enteramente él color, los ojos quedan fijos, las mandí- bulas apretadas, y los miembros agitados por un tem- blor convulsivo, bañados de sudor frió, permanecen in- móviles ; los brazos cuelgan sin fuerza á los lados del cuerpo. DesESPERACioN. —Fórmansc arrugas verticales en la frente, las cejas bajan hasta á los ojos y oprimen la raiz de la nariz, el ojo inflamado está cubierto de venas lle- nas de sangre, la pupila estraviada centellea oculta bajo • la Ceja, los párpados son inflamados y lívidos, las alas de la nariz se hinchan, se abren y el pulpejo baja, los la- bios estirados hacia atrás se separan mas por los lados que por su parte media, çl inferior se hincha y renver- sa, los cabellos se erizan, los bordes labiales son lívi- dos como el resto del semblante.—La ira ó rabia tiene una espresion roas violenta: la cara se pone amoratada y Se cubre de un sudor frió, los cabellos se erizan, la mirada es vaga, estraviada y los ejes de los dos ojos pierden su paralelismo, todas las formas del semblante son muy aparentes é hinchadas.—El cuerpo se entrega á las contorsiones mas violentas y toma las posturas mas estravagantes; todas las actitudes son fuertes, los movimientos se revisten de ardimiento y resolución, y se nota una tensión en todos los miembros, especialmen- te en los pies y manos. Unas veces están cerrados los — 2i5 — puños, otras se ven las manos abiertas con los dedos separados ó en violenta flexión; una de las acciones mas naturales al hombre desesperado ó poseído de ira es abalanzarse hacia el enemigo, amenazarle ó dirigir cos- tra él los brazos, uno después de otro; tan pronto se para como encamina con viveza los pasos'hácia el mismo con- trario, golpea el suelo con los pies, pugna por desasirse d^as trabas que tal vez le sujetan, acomete fuerzas ir- resistibles, etc. ALEGRÍA.—Tiene varios grados. Hállase en primer lugar el gozo, manifiesto por un tinte vivo, encarnado, frente serena , cejas elevadas por la parte media de su arco, ojo medianamente abierto, pupila viva y brillan- te , aberturas de la nariz un poco dilatadas, bordes de los labios que se rozan apenas, ángulos de la boca ele- vados muy ligeramente —En el segundo grado asoma la sonrisa, en la cual además de las modificaciones del semblante referidas se retiran afuera los ángulos de los labios sin que estos se separen, y se elevan las mejillas que ofrecen en su parte media un hoyuelo. —Mas allá viene la risa; entonces las cejas bajan por su estremidad interna y se elevan por la opuesta, los ojos medio cer- rados se humedecen, la boca entreabierta deja ver los dientes y tira arriba y atrás sus comisuras, las alas de la nariz se levantan y abren las ventanas de la misma , las mejillas se hinchen y son cortadas por un pliegue oblicuo hacia abajo y afuera, y aumenta bastante el co- lor rojo del semblante.—Últimamente esplota la riso i'n- modtrada, ó la carcajada, durante la cual los párpados se retraen dejando casi cerrados los ojos, las mejillas se hinchen y suben cuanto pueden arrastrando y arrugando por arriba el párpado inferior, la nariz se arruga, los ángulos de la boca se estienden, elevan y separan hasta — tu — no poder mas, esta se abre y deja ver los arcos denta- rios separados, y el color del rostro es encendido.—Du- rante estos distintos grados de alegría, la cabeza, los bra- zos y el cuerpo se agitan con movimientos mas ó menos prontos y variados , el vientre sube y baja con precipi- tación, la cabeza y pecho suelen inclinarse adelante , y aun en el último grado hace la persona varias contorsio- nes que hasta .pasan á ser movimientos convulsivos. ^ Nota. —La razón de haberse insertado en la lección primera el discurso inaugural leído por el autor á la academia de Bellas Artes de esta ciudad, en el cual se incluyen algunas reflexiones sobre la parte anatómica de las principales estatuas antiguas y de otras obras de las varias escuelas, hace que se suprima el juicio anatómico- crítico que se prometía en el prospecto; y en cambio se ha dado mayor estension á las dos lecciones últimas. ^* FIN. ÍNDICE DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN LA OBRA. P.if.- LECCION PRIMERA.—ISTnODicciO?í,—0«é es la verdaHera belle?^ y en dónde ha de buscarla el artista de niiestra<ï iMas.—Cuáles .son los medios que tiene el artista para alcanzar la belleza , qué lugar ocupa entre ellos la anatomía , y de qué modo ha de ser conside- rada para lograr aquel fin 4! LECCIÓN SEGUNDA.—OSTEOLOGÍA.—Generniidades.—Huesos en par- ticular,—del cráneo,—de !a cara.—Cabeza en general,—Diferencifis anatómico-artísticas relativas á los Individuos.—Id. según la edad. —Id, según el sexo,—Tronco ,^-coluna vertebral,—Difs, según la edad,—según el sexo,—segan la talla.—Pecho.—Pecho en general. —Difs. anatómico-artísticas segnn la edad,—según el sexo.—Pelvis. —Pelvis en general.—Difs. anatómIco-artiNticas según la edad ,—se- gim el sexo.—Estreinidades.—Sups.—infs.—Esqueleto en general. Difs. anatómico-artfsticas según la edad ,—segim el sexo. . . . . 39 LECCIÓN TERCERA.—ARTROLOGÍA.—Articulaciones en general.—Id. en particuIar.~Artículaciones , movimientos y límites de estos mis- m o s movimientos,—en la Cabeza.—Tronco.—Pecho,—Pelvis.—Tron- co con la cabeza.—Estremos superiores.—Inferiores.—Movimientos generales de los m i e m b r o s , y sus limites.—Movimientos de la t o - talidad del cuerpo y sus limites 81 LECCIÓN CUARTA.—MiOLOGÍA.—Músculos en general.—Id. en parti- cular.—Cabeía.—Primera capa de músculos superficiales.—Segunda capa de músculos superficiales.—Músculos profundos.—Cuello.-» Primera capa de m s . superficiales.—Segunda id-—Tronco.—Primera capa de m s . superficiales.—Segunda id.—Ms. profundos.—Estremi- dades superiores.—Primera capa de m s . superficiales.—Segunda id, Ms. profundos.—Estremidades lofs.—Primera capa de m s . superfi- ciales.—Segunda id.—Ms. profundos 9I LECCIÓN QUINTA.—VASOS SI'PEHFICIAI.ES.—Artenas.—Venas.—De la frente.—Cuello.—Tronco.—Estremos sups.—Infs.—Diferencias se- g ú n la edad.—Id. según el sexo.—Id. individuales.—TEcriMENTOS COMUNES,—Tejido celular.—Piel.—Pliegue».—Tinte.—Dependencias de la piel.—Diferencias individuales.—De la edad.—Del sexo,—OR- c , \ : v o s , VÍSCEBAS Y G I Á S D I Í L A S . — C a b e z a , — ó r ç a n i i de la vista.— — 2i6 — Nartz.—Boca.—Oido,—Tronco.—Laringe,—Pecho.—Pulmones.—Co- razón.—Vientre,—KegEones.^-Visceras —Hígado.—Bazo.—iistóma- go.—Intestinos.—Rioones.—Vejiga urinaria.—Órganos rte la g e n e - ración.—Glándula tiróydes,—parótida Hi LECCIÓN SESTA.—FoBMAs E S T E B I O R E S B E L C U E H P O . — I d . en g e n e - ral.—Id, en particular.—Formas y límites de la cabeza.—Difs. in- dividuales.—De la edad.—Del sexo.—Formas y límites del cuello.— DIfs. Individuales,—edad ,—sexo.—Formas y límites del tronco.— Difs. individuales ,—edad ,—sexo.—Formas y límites de los m i e m - b r o s sups.—Difs. individuales,—edad ,—sexo,—Formas y limites de los miembros lufs.~Difs. individuales ,—edad ,—sexo.. . . . 125 LECCIÓN SÉPTIMA.—REGIONES Y CONTORNOS ANATÓMICOS.—Reglo- nes en general,—iíl. en particular.—Límites y denominación de las regiones del cráneo ,—cara ,—cuello ,—pecho,—vientre ,—-estremi- dades sups. é i n f s . - C o n t o r n o anatómico del cuerpo h u m a n o . . 15*7 LECCIÓN OCTAVA. — E s t u d i o s fisiológtco-artisticos.—APARATO LOCO- MOTOR.—Movimientos producidos por la sencilla acción muscular.— Principios generales.—Movimientos en particular,—Movs. fundamen- tales, músculos productores y cambios que d u r a n t e los mismos s u - fren las formasests.—de la Cabeza.—-Cuello.—Tronco,—Miembros,— Movs. secundarios ó compuestos.—^Posicions en general,—id en p a r - ticular.—Posición en pié,—de estar sentado,—de rodillas.—Observa- ciones fisiológico-artísticas relativas á la edad y al sexo.—Movs. de trasl.-icion.—Andar,—mecanismo.—Cambios de forma de una pierna (turante dos pasos^—id. d u r a n t e un solo paso.—Cambios que esperi- m e n t a el tronco en el andar —Movs. de los brazos.—Acción de los mús- culos y sus efectos ostensibles.—Caracteres fisiológico-artisticos del a n d a r precipitado,—id,del a n d a r con lentitud ,—id. del paso g r a v e propio de los ciegos y de los que a n d a n en la oscuridad,—td. del a n - d a r por un plano inclinado,.—id. por un piso resiialadizo.—Correr, —Mecanismo,—Caracteres fisiológico-artisticos que distinguen el cor- r e r del andar.—Movimientos violentos.—Principios generales.— Movs. violentos en particular 165 LECCIÓN NONA.—TEMPERAMENTOS Y C O N S T I T U C I Ó N . - P r i n c i p i o s ge- nerales.—Temperamentos en particular.—Fundamentales.—Mani- festación física y m o r a l del t e m p e r a m e n t o sanguíneo ,—bilioso ,— linfático, — nervioso. —Temperamentos combinados. — Gradaciones en lus t e m p e r a m e n t o s fundamentales —Constitución ,—según la t a l l a , — v o l u m e n Jel c u e r p o , — v o l u m e n proporcional de las t r e s cavidades del mismo,—color de la ptel j-—finura y aspereiui de la misma . tOO LECCIÓN DÉCIMA.—INFLUENCIAS D E C I E R T O S A C E N T E S F Í S I C O S 6 FISIOLÓGICOS.—Modificaciones que sufren las formas del cuerpo por los climas,—Habitación ó permanencia.—Naturaleza del t e r r e - no,—Ejercicio.—Reposo.—Reclusión.—Profesión.—Miseria.—Lujo. — Usos y costumbres.—Aplicación artística.. . 199 LECCIÓN DNDÉCIMA,—RAÏAS.—Principios generales.—Razas en p a r t i - cular un LECCIÓN DUODÉCIMA.—MoDiFiCACiosES A P R E C I A R L E S A L E S T E - EIOR RELATIVAS Á L O S ACTO» INTELECTUALES V AFECTIVOS.— CARACTERES.—Principios generales.—Caracteres en particular — — 247 — Significación que tienen en la representación del estado habitual del hombre interior—la cat>eza eo general ,—el crAneo ,—la cara , —la frente ,—las cejas,—los ojos,—la nariz,—la boca,—la barba , —las mejillas,—las orejas,—el cabello,—el cuello ,—el dorso y e s - paldas,—la mano,—la conformación general det cuerpo ,—tos ges* tos , actitudes ó posiciones,—el traje.—PASIONES—en general,—en particular.—^Lambíos que imprimen en las formas esteriores del cuerpo los afectos siguientes y sus gradaciones.—Atención.—Deseo. —Esperanza.—Compasión.—Admiración.—Tristeza—Dolor.— Amor. —Zelos.—Miedo.—Espasmo ó susto.—Terror ó pavor.—Horror.—Des- precio,—Cólera.—Desesperación.—Alegría. . 223 FIN DEL ÍNDICE. ERRATAS. Pie. iiD. 2tt 6 ceguedad sequedad 34 14 carácter carclerístico estilo característico 35 13 en que a que 88 25 mantiene á los dos mantiene los dos 101 4 supescapular sub-escapular 101 15 coracóides coronóides 104 1." int. inf. 122 21 pecho. cuello. 155 33 el al 216 12 conglabada conglobada Um. lin. úive léase 2.a 26 Cabeza Cóndilo 3.» 29 Ottlicuo menor. Oblicuo mayor. 'í-0-*-< Esta obra es propiedad del autor. ATENEUBARCELONESCDEFGH BIBLIOTECA Reg. 3úSñil Sign. GO 6 4 ^ IJKLMNOPQRSTUVWXYZ ^ ^