DK LAS ARTES PLÁSTICAS. 269 CAPÍTULO i n . HISTORIA DE LA ESCULTURA. Mientras el espíritu en su desarrollo no tuvo concien- cia de sí mismo, fué imposible que tomase la forma hu- mana como elemento de representación. Luego que ad- quirió este conocimiento, aunque sin haber hallado su propia manera de ser por medios directos sino por seme- janzas y analogías , debió nacer la Escultura. Este arte según hemos dicho al tratar de su teoría , es el tipo del ideal clásico, y su desarrollo en distintos géne- ros solo puede considerarse como puramente histórico. La consideración histórica no puede tomar la aparición del ideal clásico como punto de partida, sino que debe ir á buscarla mas atrás, no pudiendo hallarla sino en lo grados anteriores de desarrollo del espíritu. Según hemos indica- do , el espíritu humano solo pudo tomar la forma hu- mana como elemento de representación, cuando adquirió conciencia de si mismo; por consiguiente no podemos buscar el origen de la Escultura ni entre los celtas , ni en- tre los asirlos, ni entre los indios , ni entre los chinos ; sino indudablemente éntrelos egipcios. No hay aqui cuestión de prioridad de cultivo ni de querer dar á un pueblo la gloria de invención en desmé- rito de otro ; ni se intenta probar que la Grecia tomase sus deidades de Egipto , ó Egipto de Grecia , ni que los 270 HISTORIA * asirlos tuviesen estatuas antes que los egipcios ó al con- trario ; solo se trata de bailar el punto de partida desde el cual puede desarrollarse la Escultura basta nuestros dias. No hay pues cuestión de nacionalidad , sino de época ó de cultura del espíritu. El antropomorfismo que quizá existió antes de este pun- to de partida, no pudo tener carácter capaz de mover el sentimiento , porque no presentó los miembros humanos como conjunto armónico, sino que consideró cada uno de ellos por sus funciones particulares , de donde debió ori- ginarse la multiplicación de miembros y basta una espre- sion especial agena de la nobleza del espíritu. En Egipto pues debe buscarse el nacimiento de la Es- cultura. EGÍIPCIOS. Bajo el punto de vista de la materia y de la for- ma la estatuaria tuvo en Egipto un carácter arquitectónico. Sus formas fueron mas bien geométricas que orgánicas. No hubo en ellas vida, ni acción, y hasta carecieron de indi- vidualidad. Sin embargo los egipcios supieron reproducir tipos, sin alterarlos en el menor de los detalles , pero sin comunicarles la vida que de suyo debe tener la forma humana. Este modo de representación es debido á dos causas , á saber : al principio simbólico que dominó en el arte egip- cio , y á la falta de libertad y de acción en el ser encarga- do de la producción. No habiendo alcanzado el arte egipcio mas que el grado simbólico , no pudo presentar la armonía y perfecto acuer- do entre la idea y la forma , sino una simple correspon- dencia entre el sentido y su modo de ser espresado. Deter- DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 271 minadas por la religión las formas de las divinidades , y prescrita por la constitución del Estado la perpetuidad de profesión en las familias , el escultor no pudo entregarse, libremente á la producción, y unos tipos tradicionales de- bieron de trasmitirse con toda fidelidad de una á otra ge- neración. Veamos atora los, caracteres de la escultura egipcia. La actitud en las estatuas es siempre envarada y forzada ya se presente la estatua de pié ya sentada. En gene- ral las figuras de hombre tienen los brazos como pegados á lo largo del cuerpo : en las de muger se ve el brazo iz- quierdo colocado sobre el pecbo. Estas actitudes parecen ser imitaciones del modo de enterrar los cadáveres , no siendo fácil asegurar si las estatuas tuvieron alguna vez los brazos libres. Créese, aunque no puede asegurarse con bastante fundamento, que los egipcios presentaron tapa- bien figuras agachadas, ó arrodilladas ó con las piernas cruzadas. Algunos autores han querido decir que uno de los ca- racteres generales de las estatuas egipcias, es el tener estas los pies juntos paralelamente. Pero esta suposición' solo se encuentra en las figuras sentadas; y si bien es verdad que las de pié no presentan muchas veces las pun- tas de tales miembros vueltas hacia fuera, sin embargo, el uno de estos aparece mas adelantado que el otro. La desi- gualdad que se ha dicho existió entonces, no debió de ser un carácter especial de la estatua egipcia, porque no puede concebirse que quien como los egipcios no trató mas que de reproducir el materialismo de la, naturaleza, pudiese atender á una razón de visualidad con tanta perspicacia. Apesar de ser los egipcios tan fieles en la reproducción 272 HISTORIA material de la naturaleza, su escultura no ha dado ningu- na individualidad , ni distinción real en la fisonomía de . los dioses y de los monarcas. A los primeros se los carac- terizó con la cobertura, y á los segundos con la leyenda esculpida en el basamento que les sirve de asiento. Supie- ron distinguir perfectamente los sexos por las formas pro- pias de cada uno, lo que no estuvo tan bien determinado en las esculturas de algunos pueblos de Asia. En el proporcionar las estatuas tendieron mas á la ro- bustez y al vigor que á la esbeltez, siempre huyendo de la ondulación de lincamientos tan propia de la vida en los cuerpos orgánicos animados. De estos caracteres generales .pasemos á mayores deta- lles. Los egipcios indicaron poco .la musculatura y osatura, peco en las partes mas salientes como las rodillas, los co- dos y tobillos reprodujeron con fidelidad lá naturaleza; habiendo omitido del todo los nervios y las venas. Proporcionaron y dispusieron bien la cabeza, pero en ella se distinguen varios rasgos particulares dignos de atención. En los rostros aparecen los ojos como dormidos ó guiñados, prolongados y colocados algo oblicuamente. Tampoco se presentan hundidos en sustitución de la vida de que siempre carecen en la escultura, sino á flor de las cejas, de manera que el hueso frontal en el cual se hallan estas indicadas por una prominencia afilada, parece com- planado. A esta circunstancia debemos añadir la muy pronunciada indicación de los pómulos. Los labios son abultados, no separándose uno de otro sino por una simple incisión, al propio tiempo que esta línea indicativa de la boca cerrada se levanta en sus dos estremos. — La barba I)E LAS AKTES PLÁSTICAS. 273 es siempre pequeña y hundida hacia atrás. — Por lo demás los contornos de las cejas, de los párpados y de los labios, ordinariamente están indicados por líneas hendidas. — La nariz se presenta gruesa y aplanada : las orejas se ha- llan algo mas altas y mas atrás de lo ordinario, pero no parece que estas circunstancias constituyan rasgos carac- terísticos, ni puedan señalarse como regla general. A las manos no les dieron mala forma, sino que las pre- sentaron con el accidente de rudeza y tosquedad que suele producir un trabajo grosero. Los pies los figuraron algo complanados y largos, no teniendo indicada articulación alguna; si bien dieron al dedo pulgar una suave disminu- ción hacia su estremo, dejando que el meñique siguiese una dirección recta, no indicando quizá las uñas sino por simples incisiones angulares. Por último, el pecho se presentó complanado en las fi- guras de hombre: las costillas de debajo de la tetilla muy poco marcadas; el ombligo muy hundido; los homopla - tos apenas indicados; y las nalgas cenceñas ó enjutas. Por lo general las figuras se representaron desnudas , pero no en una desnudez completa, porque atendieron muy especialmente á la decencia. Así fué que á lo menos rodearon la cintura de las estatuas con un refajo corto, cubriendo con una esclavina los hombros y la parte su- perior del pecho y espalda, con una especie de toca la cabeza. En las estatuas vestidas apenas se distingue el traje, y solo se conoce por lo poco que hacia los pies y las manos se separó el borde del vestido. Algunas estatuas hay sin embargo en las cuales se ve un pliegue que cae desde el pecho hasta los pies. No parece que la escultura egipcia fuese tan defectuosa 18 274 HIKTOUIA en la representación de los animales, habiéndolos esculpi- do con mayor dulzura de contornos, pero sin dar una completa y perfecta idea de la vida que los anima. Trabajaron el bajo relieve: y aunque fueron pródigos de él, sin embargo, sus representaciones son mas signifi- cativas que espresivas, y á lo mas domina en ellas el prin- cipio simbólico. Pero el relieve es tan poco sensible y de tal naturaleza que puede decirse, que las figuras no sobre- salen del fondo sino en cuanto el fondo está rebajado; y muchas veces no pasan de ser simples figuras esgrafiadas. Como quiera que sea, no puede negarse á los egipcios una delicadeza de ejecución , ni puede dejarse de encarecer lo esquisito de su trabajo ; pero es preciso confesar que la escultura no pasó entre ellos del período de la infancia, ya fuese por razón de que el espíritu humano no hubiese al- canzado mayor grado de cultura en aquella civilización , ya que el poder de las creencias y de las instituciones le hubiese contenido en su desarrollo. Respecto de los asuntos en que la escultura egipcia se ocupó, debe saberse, que los egipcios no obedecieron á la inclinación de representarlo que satisface y mueve el alma por la sola razón de su belleza, sino llevando un fin del todo exterior. Este fin no fué otro que reproducir y certi- ficar acciones, hechos y servicios de naturaleza determi- nada ; de modo que las estatuas, donde quiera que se pre- senten, tienen un carácter histórico monumental 7 yendo acompañadas de geroglíficos, como aclaratorios de la re- « presentación. Varias estatuas de príncipesy de sacerdotes existen, que se consideran como trabajos egipcios aunque por mas no sea que por la costumbre que existió entre tales persona- DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 275 ges de tener que depositar su propia estatua en el templo durante su vida. Y decimos esto porque en cuanto á la procedencia egipcia, solo puede darse entera fé á las esta- tuas colosales, como las de Memnon que existen en la comarca de Tebas, á una de las cuales se le atribuyó la propiedad de despedir sonidos al despuntar la aurora. Ade- mas de estas estatuas colosales deben considerarse también de procedencia egipcia las esfinges, sobre todo la colosal monolita erigida en la parte de la cadena líbica que se adelanta hacia el llano, no lejos de la antigua Menfis, y á corta distancia de la gran pirámide á la cual se cree con fundamento sirvió de entrada. FEMCIOS. Estos son otros de los pueblos que al par de los egipcios, monopolizaron la civilización antigua ; pero entre ellos el espíritu no halló mas que un desarrollo hacia las empresas de utilidad material. Situado el país que habitaron en las costas del Asia bañadas por el mediterráneo, navegaron en toda la estension de este mar, quizá salvaron las colu- nas de Hércules para dirijirse hacia las islas británicas ó dar la vuelta al rededor del África, y fundaron colonias así en Grecia como en las Gallas y como en la península Ibérica : pero sus creencias se resintieron del simbolismo deforme y hasta lúbrico de las creencias asiáticas, de modo que su antropomorfismo no pudo proporcionar á la escul- , tura el grado de perfección que, partiendo de las represen- taciones egipcias, alcanzó entre los griegos. 276 HISTORIA HEBREOS. Mucho menos debió de proporcionárselo la religión de los hebreos. Ya dijimos en la historia de la arqui- tectura que el arte griego se presentó en el mundo co- mo reverso de la medalla del arte hebreo, ya que este, en el modo sublime de considerar al Ser supremo, no pudo fa- vorecer al arte plástico. Y es preciso reproducir aquí esta idea porque en este lugar puede entrarse de lleno en la cuestión relativa al antropomorfismo poético de Grecia que produjo la perfecta armonía entre la idea y la forma, proporcionando al espíritu su verdadero modo de aparecer en el mundo de lo sensible. GHIBGOS. Es indudable que á la civilización egipcia siguió la griega; porque no es posible negar la succesion de hechos que señalan la anterioridad de consideración que Egipto tuvo en el mundo civilizado; y el mismo gra- do superior de desarrollo del arte alcanzado por los griegos es un dato que lo justifica. Egipcios fueron los que funda- ron colonias en Grecia , y mejor enterados que los mismos griegos estuvieron los egipcios de muchos sucesos refe- rentes á la guerra de Troya, como se deduce de sus anales. La escultura no obtuvo en Grecia el grado de perfec- ción que tanto la distinguió, por un paso repentino y muy notable , sino que debió subir escalones interme- DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 277 dios, habiendo tenido un desarrollo histórico especial que merece la atención mas detenida. Eemontémonos á los primitivos tiempos de la civiliza- ción griega para llegar al verdadero punto en que la es- cultura adquirió los caracteres necesarios para recibir el sello de perfección que la ha distinguido en todos tiem- pos , y no olvidemos que en las creencias religiosas ha ha- llado siempre el arte el punto de partida de sus concepciones. Un pilar grosero ó un poste de piedra ó madera debió de ser en aquellas remotas épocas objeto de culto, consi- derándose que para ello era menos necesaria la forma que la consagración. Mas adelante , la tendencia del espíritu humano á fijar la atención en lo sobrenatural y maravi- lloso ocupó al arte en la representación de seres horribles, no alcanzando á interesar ni hacer sensible la idea de la divinidad sino por medio del terror. Las cabezas de las Gorgonas quizá fueron las primeras concepciones de los escultores griegos. La imaginación procuró luego asimi- lar mas los objetos del culto á la forma humana, y debieron de añadirse á aquellos partes, cabeza, brazos y viüfallus ; y he aquí el Sermes. Y mientras se esculpieron tales objetos en piedra, se trabajaron en madera ó metal en plan- cha , estatuas de vestir, envaradas y sin movimiento, cerrados los párpados, unidos los pies , pegados los bra- zos al cuerpo, y siempre con ejecución grosera. El arte ce- rámico también se ocupó en modelar estatuitas para el culto doméstico , asi como algunos anáglifos para adornos de arquitectura. Con tales obras el arte no habia nacido todavía, y era necesario mayor grado de cultura y de li- bertad del espíritu. Es preciso tener en cuenta , que las ideas sociales de los 278 HISTORIA primeros helenos se resintieron de los principios de vin- culación de las profesiones en las familias, que liemos visto se observaron en Egipto. Un corto número de nombres representan familias y aun generaciones enteras de artis- tas autores de las estatuas de aquella edad: por ejemplo Dédalo, representa á los escultores áticos y cretenses; Smi- lis á los de la isla de Egina; y los Telchinios quizá re- presenten á los de Sicione y de Eodas. Semejante vincu- lación de profesiones debió de cesar al aparecer y adqui- rir vigor las leyes de Licurgo en Esparta y sobre todo las de Solón en Atenas: pues desde esta época la estatua- ria anduvo hacia la perfección con la rapidez que pudo comunicarle la libertad que el artista adquirió como ciu- dadano . Ya no familias de artífices, sino individuos con genios para ser calificados como artistas , fueron los que cultivaron el arte. Además, las ciencias, la filosofía y las artes fueron ya parte de la educación de los griegos ; y mientras el espíritu , que ya habia adquirido concien- cia de sí mismo, trataba de exterioriarse , los ejercicios atléticos que constituían principalmente los juegos olím- picos y habían adquirido bastante importancia, conduje- ron los artistas al estudio de las formas humanas. En- tonces la escultura se desarrolló con una fuerza poco co- mún, y debió de nacer el estilo en la escultura griega para tomar en seguida su desarrollo especial. El primer grado de este desarrollo es el estilo hierá- tico ó arcaico que precedió al de las escuelas de Atenas y de Sicione en sus dos períodos; viniendo en seguida un estilo de imitación y de individualización que mató al arte escultórico en brazos de los romanos. En el estilo hierático hallaremos el ideal plástico bajo el DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 27Í) dominio de lo general, sin rechazar la individualidad ; al paso que las dos citadas escuelas ofrecen los restantes grados que la escultura debió recorrer para alcanzar todos los medios de perfección necesarios; distinguiéndose el primero por los caracteres del verdadero ideal, y esten- diéndose el segundo á los encantos de la gracia. ESTILO ARCAICO. En la escultura etrusca y egineta ha- llaremos los rasgos del estilo arcaico. Griegos fueron los etruscos como los eginetas, de orí- gen pelásgico los primeros y helénico dórico los segun- dos. A Grecia debió la Etruría en los primitivos tiempos las tradicciones históricas y la mitologia ; nada tiene pues de estraño que las primeras obras escultóricas de los etrus- cos , fuesen parecidas á las mas antiguas de los griegos tanto en el fondo como en la forma; mientras que las esta- tuas griegas de estilo antiguo no fueron mas que las atri- buidas á los eginetas. Estatuas eginetas. En la estatuaria egineta no puede concebirse la -diferencia notable que hay entre el modo de presentar las actitudes, ademanes y rasgos de la fisonomía, y el modo de tratar el resto del cuerpo. Las actitudes y ademanes las caracteriza el envaramiento y como la de- tención espasmódica, al paso que se observa en la ejecu- ción, hasta nna amanerada uniformidad. En el rostro falta la vida del espíritu, echándose siempre de ver el mismo ademan apesar de la diversidad de actitudes y situaciones. La nariz es puntiaguda y la frente siempre complanada : los ojos son prolongados y están casi á flor del hueso fron- tal, y oblicuamente inclinados hacia arriba. La misma di- rección tienen los estremos de la boca, presentándose como 280 HISTORIA nna reproducción del estilo egipcio: y mientras las mejilla» conservan cierta carnosidad, la barba se presenta puntia- guda contribuyendo á la afectada forma oval del rostro. En el pelo y en el plegado de los ropages se observa una disposición simétrica tradicional bastante monótona. Sin embargo en las demás partes del cuerpo la severidad de formas y la fiel reproducción del organismo se presentan de una manera muy marcada. Estatuas ctruscas. Los etruscos, ya fuese que olvidan- do la comunidad de origen adquiriesen un nuevo modo de pensar y de ver, ya que por espíritu de rivalidad hubiesen adoptado de intento nuevos principios, se apartaron de este estilo casi al mismo tiempo que los griegos, después de haber adquirido un período de gloria que los hizo due- ños absolutos de la civilización, dieron á la escultura un vigoroso impulso. Desde luego se dedicaron con mayor ahinco al modelado del desnudo; se entregaron á una gran fuerza de espresion presentando contornos mas fuer- temente indicados, y marcando del mismo modo las arti- culaciones , la musculatura y la osatura; afectación que se nota especial y constantemente en lo pronunciado de la canilla y en la sección austera de las pantorrillas. El des- arrollo que quisieron dar al carácter, y el empeño en al- canzar mayor energía hicieron las actitudes forzadas, y se prefirió lo violento á lo tranquilo y á lo decente, mien- tras que la exageración dió por resultado la dureza en los lineamientos. En la disposición del pelo y de todo vello así en las figuras humanas como en los animales, presenta- ron un escalonado eurítmico que poco se aviene con el verdadero efecto artístico. Puede decirse que los etruscos con este estilo se apar- DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 281 taron de la individualidad , habiendo representado muchas de sus divinidades, casi con unos mismos caracteres. No se achaque pues á un carácter melancólico este modo con que los etruscos trataron las obras escultóricas. La exis- tencia de este carácter no puede concebirse, porque lo des- mienten los asuntos que trataron, y le hace imposible la naturaleza del suelo en que habitaron. Quizá se hallará mejor la razón en las creencias religiosas y políticas que tomaron de oriente, y á la influencia de las costumbres de los galos con quienes continuamente se rozaron. Los asuntos que tanto los eginetas como los etruscos trataron fueron sacados de la historia y mitología griegas; pero en las divinidades se echan de ver reminiscencias asiro-fenicias. Los géneros que cultivaron fueron : desde la estatua colosal hasta las figuritas de las divinidades domésticas; desde el anáglifo para la decoración arquitectónica, á la obra mas diminuta de escultura , habiendo cultivado el grabado en hueco para los cuños. El sistema monetario egineta y el etrusco guardan entre sí mucha analogía consistiendo sus timbres en tortugas, pegasos, caraco- les , etc. El bronce fcé el material en que especialmente traba- jaron sus estatuas, sobresaliendo en la fundición. Muy escaso es el número de estatuas de mármol que se conser- va; y en las pocas que quedan, se revela ya un estilo mas adelantado : quizá el de la época en que floreció la escul- tura en Grecia. ESTILO BELLO. — Esencia de Atenas. — Con el siglo v 282 HISTORIA antes de J. C. principió para la Grecia el período de gloria que dejamos indicado. Vencedores de los persas, obtuvie- ron los griegos la paz imponiendo condiciones; y á los héroes de la guerra que brillaron en Maratón, Termopi- las , Salamina , Platea y Micale sucedió Pericles héroe de la paz que dio su nombre al siglo en que vivió. Entonces fué cuando el genio de Fidias obró la grande y rápida revolución que dio al arte un vigoroso impulso y con ello parece que animó á la misma naturaleza. A él se debió la fundación de la escuela de Atenas preparada por Cálamis y Pitágoras, y á él encargó el arconte Pericles todas las obras de arte con que quiso realzar la gloria de Atenas. Fidias trabajó muy especialmente en oro y marfil (cris- elefantina). La grandiosa simplicidad de sus estatuas se realzó con la ornamentación de los pedestales y atributos ; y nadie le aventajó en la representación del Júpiter que esculpió para la ciudad de Olimpia, cuyo tipo fijó en la creencia religiosa de los griegos de un modo tal, que en su presencia creyeron estos ver al dios cara á cara. Los discípulos de Fidias compitieron entre sí en la re- presentación de los dioses ; y la hermosura en todo su es- plendor , la grandeza dulce y tranquila de las facciones, caracterizaron las figuras de las diosas. La escuela de Fidias dejó muestras de su existencia en es- culturas de exornación arquitectónica, si bien no reveló en este trabajo las cualidades que dejó ver en la estatuaria. Distinguióse esta escuela ateniense por la verdad toma- da de la naturaleza en lo esencial, depurada y purificada para alcanzar lo ideal en su mas alto grado de esplendor. Dejó ver animación en los movimientos cuando el asunto lo exigió, pero se distinguió mas especialmente por la li- DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 283 bertad j tranquilidad del reposo , particularmente en las divinidades, y trató los paños con verdad y lijereza, mo- tivando ingeniosamente los grupos de pliegues. La influencia vivificadora de esta escuela emancipada de las trabas de la antigua rigidez arcaica se manifiesta patente en todas las obras de esta época, la cual se esten- dió hasta mediados de) siglo iv antes de J. C. Escuela de Sicione. Al lado de la escuela de Atenas se le- vantaron las de Sicione y Argos que alcanzaron un grado de esplendor aventajado bajo la dirección de Policleto. Este se distinguió en las estatuas de atletas, con lo cual, sin ol- vidar el carácter peculiar y propio de cada una de ellas, tra- tó de presentar las formas mas puras y las mas justas pro- porciones del cuerpo humano en la edad juvenil, consti- tuyéndose con ellas el llamado Canon de Policleto. (Hasta entonces las proporciones del cuerpo humano hablan sido cortas y anchas). Si se ha de dar crédito á Plinio , Poli- cleto fué el primero que sentó el principio de colocar el centro de gravedad del cuerpo humano sobre un pié. Con lo que se acaba de decir acerca de las cualidades de la escuela de Policleto, no parecerá inconveniente con- siderar la ventaja que en cierta manera llevó respecto de las amazonas, habiendo sobresalido en las figuras de estas célebres mugeres, que presentó llenas de vida, robustez y fuerza. Aunque la estatua-retrato fué también cultivada con conocimiento por el mismo Policleto, sin embargo el arte se mostró mas material en las obras de Mirón, quien fué conducido por su individualidad á concebir la fuerza de la vida física en la variedad de sus fenómenos, con la verdad é ingenuidad mas grandes. Sus Pentathlos y Pancraciatas, 284 HISTORIA y hasta su mismo Hércules, indican la tendencia de su genio hacia dicho género. Sin embargo restos déla inmo- vilidad , frialdad y dureza de los fundidores de bronce de la época anterior se dejan ver en sus obras. Esta escuela acabó por la nimiedad y minuciosidad de detalles y la individualidad mas pronunciada. Muestra de ello son las representaciones de viejos que ejecutó Deme- trio , llevando la imitación hasta lo repugnante. Estas dos escuelas siguieron distinto rumbo después que la Grecia quedó bajo el poder de los macedònies á mediados del siglo iv antes de J. C. bajo la respectiva dirección de otros maestros. Veamos. ESTILO DE EFECTO.—Escuela de Atenas.— Praxiteles sucedió á Fidias en la escuela de Atenas y esta se apartó enteramente del camino que hasta entonces habia seguido, pero no por espíritu de innovación sino para acomodai'se á las nuevas costumbres áticas. Los trastornos interiores del país que la guerra del Pe- loponeso habia ocasionado, tuvieron una influencia nota- ble en el carácter de las artes. La sensualidad y la pasión por un lado, la educación sofística que desde entonces principió á darse, por otro, sustituyeron al raciocinar justo y al buen sentir de los tiempos anteriores. El pueblo griego traspasó los límites que las antiguas costumbres le hablan señalado; y del mismo modo que en la vida polí- tica, necesitó en la artística goces mas violentos, sensa- ciones mas fuertes. Asi es que la plástica en sus creaciones fué mas sensual y satisfizo exigencias de placer material. i'raxiteles y Scopas fueron los que dieron al arte un ca- DB LAS ARTES PLÁSTICAS. 285 rácter mas propio para satisfacer á estas exigencias. Sin embargo, estos dos maestros no cedieron sumisos á la ten- dencia de la época, sino que supieron combinarla con buen éxito con la concepción noble y grandiosa del asunto. He aqui como estos dos maestros supieron llenar lo que suele llamarse la misión del artista. Scopas dio la preferencia al mármol que producía su patria Paros, sobre el bronce, y basta en esta circunstan- cia responden sus obras á la sensualidad de la época. Fué el primero que trató asuntos referentes al entusiasmo bá- quico , presentando formas enteramente libres de toda traba. Las divinidades que representó ni tuvieron la se- veridad en que Fidias tanto babia sobresalido, ni las trató como este artista. Eligió aquellas divinidades susceptibles de una espresion mas marcada y de mayor arrobamiento; y en este trabajo sobresalió, aunque alterando las formas que el arte babia consagrado. En una palabra, supo com- binar la magostad divina, la grandeza heroica , la altivez y la plenitud de la vida con la molicie y la gracia. El Apolo Pitio, los grupos de divinidades marítimas de cuyo carácter y formas báquicas se le atribuye la invención, son una prueba de lo que acaba de decirse. Prescindiendo de la cuestión relativa á si debe atribuirse á Scopas ó á Praxiteles el grupo de Niobe y sus hijos que figuró en Roma (Templo de Apolo Sociano), lo cierto es que este grupo corresponde á esta tercera época de la es- cultura ; y que en él se echa de ver el genio en la elección de asuntos propios para mover profundamente el alma, escitando el mayor interés en favor de una familia, objeto de la cólera de los Dioses. En ninguna de estas figuras se hallan alterados los rasgos característicos del rostro por el 286 HISTORIA dolor físico que sufren; al paso que en la Niobe está es- presada la desesperación tranquila, si es posible decirlo así, del amor materno. Praxit«les en sus figuras báquicas supo hermanar con la gracia, la espresion del entusiasmo báquico y la mali- cia picaresca; y en sus reproducciones del niño Cupido re- presentó la gracia de la edad infantil. En su Venus desnuda reunió los encantos y atractivos de la belleza física á los de la espresion mas espiritual, de manera que la diosa misma parecía atormentada déla pasión amorosa que inspiraba. Todas estas estatuas fueron bellas, pero su belleza no fué la de las estatuas del período anterior llenas de magestad y de poder divino, sino la belleza sensual, un tributo rendido á la forma física. La vida del artista, co- mún con la de las cortesanas, debió de contribuir á este rumbo que tomó el arte. Los discípulos de esta nueva escuela ateniense dejaron sentir todavía mas la tendencia hacia los atractivos de la forma física : así es que se esculpió el Ganímedes, el Her- mafrodita, la Jocasta moribunda, tratándose otros asuntos semejantes capaces de conmover profundamente el alma íCon sensaciones tan vivas como distintas. Esciiela de Sicione. Mientras la escuela ateniense se- guia este rumbo, la de Sicione con Eufranor y Lisipo á su frente continuó siguiendo las huellas de su antiguo maestro Policleto, ocupándose especialmente en el estudio de la belleza corporal, y aun en la representación de la fuerza heroica y atlètica, aunque con distinta aplicación. Así fué que el Hércules recibió bajo el cincel de Lisipo un carácter enteramente nuevo que fué conservado y ca- nonizado por la posterioridad. l ) t L W AKTHS PLÁSTICAS. A 287 Pero el siglo ya no reclamaba las estatuas honoríficas de los atletas, quizá porque el cultivo de la gimnástica ya no robustecía como en otros tiempos los cuerpos de los jóvenes griegos: aquella época exigió ya estatuas-retratos para adular á los magnates y poderosos, degenerando el arte hasta la imitación fiel de los rasgos esteriores. Si Lisipo sobresalió pues en el retrato dando á estas obras la vida y animación convenientes, su hermano Lisistrato fué un servil imitador de la forma física, circunstancia que parece simbolizada con la invención del vaciado en yeso que se le atribuye. La estatua-retrato de Alejandro Magno se cita como una obra maestra de Lisipo en su género. Fiel sin embargo este escultor á las tradiciones de su escuela, y si se quiere, contemporizando con las ideas de su tiempo, introdujo algunas mejoras en el modo de tratar ciertos detalles, y sobre todo dispuso el cabello de una manera mas natural y aun mas pintoresca de lo que hasta entonces se habia dispuesto. Se ocuparon los artistas de esta escuela en hacer un serio estudio de las proporciones del cuerpo humano adoptando un nuevo sistema que presentó las estatuas con esbeltez quizá escesiva. Eufranor fué el primero que siguió este sistema , y Lisipo le imprimió la armonía que le faltaba, quedando desde entonces dogmatizado en el arte griego. Se hace indispensable convenir sin embargo, en que este sistema fué debido menos á una idea particular que se tuviese de las formas naturales, que á los esfuerzos hechos para elevar la obra de arte sobre la realidad. El deseo de distinguirse no debió de tener en ello pequeña parte ; y el gusto pronunciado en la época por lo colosal, no dejó 288 HISTORIA de ser la consecuencia precisa de estos antecedentes. Como resultado de las dos escuelas de que se ha tratado, se produjeron vastas obras de arte que pertenecieron á una idea, ya no generadora, sino de imitación. De la escuela de Sicione fué hija la que apareció en Eodas bajo la in- fluencia de Chares; escuela que tuvo una tendencia mar- cada hacia el efecto que brilla y deslumhra. Infinidad de colosos salieron de los cinceles de aquellos artistas, y obra de Chares fué el que cerró la entrada del puerto, coloso citado como una maravilla del mundo. Tampoco dejaron de producirse en esta época obras ori- ginales de mérito, aunque resintiéndose del rumbo que habia tomado el arte hacia el desarrollo del carácter. El grupo de Laocoonte fué esculpido entonces, habiéndose resuelto en él un problema relativo al efecto dramático, digámoslo así. Otro tanto puede decirse del grupo llamado Toro farnesio. El escultor Pirómaco fué el primero que trató de in- mortalizar la victoria alcanzada por Átalo I y Eumenes II sobre los celtas, en grupos de estatuas de bronce, siendo estas obras origen de otras estatuas célebres de aquella edad por su espresion penetrante. Por estos tiempos floreció en Efeso, ciudad á la sazón en su período de prosperidad, una escuela que produjo escenas de combates parecidas á las de la escuela de Sicione. En las ciudades en donde tuvieron establecida su corte los monarcas macedonios, las imágenes de los dioses fue- ron ejecutadas mas bien á imitación délas obras antiguas, que según ideas nuevas. El problema que á los artistas se les proponía á la sazón , era el de legar á la posteridad la DE LAS ARTES PtÁSTICAS. 289 figura de los dominadores de la época, con las estatuas retratos , dando origen á ingeniosas producciones. La identificación de los príncipes con las divinidades conoci- das empleando al efecto el traje y los atributos de estas, abrió un vasto campo á la imaginación; mas el abuso y la continua reproducción de las fisonomías de los Seleuci- das de Siria, de los Ptolomeos de Egipto y de los reyes macedonios, imprimió un sello de vulgaridad á estas figu- ras que acabaron por hacerse insignificantes. Pero la época del arte griego habia terminado; y á pesar de los esfuerzos del lujo, á pesar de la escuela que se res- tauró en Atenas en tiempo de Filipo V de Macedònia y produjo los dos Cleomenes, autor el padre de una Venus repetición de la de Praxiteles, y distinguido escultor el hijo por su manerade esculpir en mármol; la ejecución, en ge- neral fué muy grosera. La civilización griega habiasido su- plantada por la romana, ennoblecida respecto de las bellas artes, mas por las esculturas que reunió en la gran ciudad arrebatadas á los países conquistados , que por las que pro- dujo dentro de sus muros; y aun así, si hubo artistas en Ro- ma, ó fueron griegos, ó discípulos de las escuelas de Grecia. Conocido el desarrollo histórico de la escultura griega, conviene indicar los caracteres generales y particulares de sus formas. El principio que domina en el arte griego respecto del rostro, es presentar los contomos con la mayor simplicidad posible ; de donde nace el perfil llamado por lo mismo per- fil griego. A este perfil le distingue la línea no inter- rumpida de la frente y de la nariz, y el hundimiento considerable de los planos que se estienden desde la bar- 19 290 HISTORIA ba hasta las mejillas, redondeándose en curvas suaves. Por medio de la combinación de las diferentes partes del ojo, supieron los griegos dar á esta parte del rostro toda la vida necesaria. Con el mayor vuelo del párpado superior y abriendo y arqueando ambos párpados en toda su esten- sion sin pecar en lo exagerado, supieron imprimir en el ros- tro el carácter de' magestad; y por medio de un pliegue particular de los mismos párpados, dieron languidez y dulzura á la mirada. La frente no la presentaron los griegos mas que con mediana elevación; y aun esta se baila disminuida varias veces por las crenchas en arco bajo las cuales la encerraron. Aunque la proyectaron hacia delante, sin embai'go no presentaron jamás en ella protuberancias notables; á no ser en las fisonomías que debieron espresar la plenitud de las fuerzas vitales. Ademas el contorno delicado y fino qué dieron al arco superciliar, contribuyó á las bellas formas de las cejas aun en los casos en que ni siquiera estas estu- vieron indicadas. La nariz que llamaremos normal en el arte griego, es la que desde su nacimiento sigue una línea recta teniendo su lomo aplanado. Este carácter que en las fisonomías de todas las estatuas de los buenos tiempos del arte griego se echa de ver, no puede menos de considerarse como tipo déla regularidad, como si se dijera, el término medio en- tre la nariz aquilina ó aguileña y la remangada, aplastada ó chata; debiendo tener en cuenta que los griegos consi- deraron este último carácter como deforme y horroroso, y como uno de los rasgos de la fisonomía de los bárbaros. Sin embargo reconocieron en ella cierto carácter infantil y cierta travesura agradable; así es que la produjeron en DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 291 la familia de los sátiros y silenos, quizá llevando la repre- sentación hasta la caricatura. En la boca son notables las pequeñas dimensiones del labio superior, y su abertura dulce , la cual con el marca- ^ do rasgo de oscura sombra que presenta, dá animación á la fisonomía. Pero uno de los caracteres mas esenciales de toda fiso- nomía griega es le barba esférica j grandiosa, no deján- dose notaren ella accidentacion ni boyo alguno. Dieron los griegos á las orejas una forma delicada y fina, esceptuando las de los atletas, que según ha becho notar el erudito Winckelman, se presentan algo mas in- chadas, bien por razón de los percances á que el ejercicio de la lucha y pugilato esponía, bien por razón de la ro- bustez que debia dominar en toda la estatua. El cabello fué tratado por los escultores griegos con no menos cai-ácter è importancia que las demás partes del rostro-. Las figuras atléticas ó gimnásticas fueron repre- sentadas con el pelo corto, rizado y pegado al cráneo, como tuvieron por costumbre á causa de los ejercicios á que se dedicaban , contra el uso que hubo en Grecia de llevar el pelo largo cayendo en bucles. Asi es que la es- pi*esion varonil tuvo aquel modo de representar el cabello; al paso que el carácter dulce se espresó con el pelo largo- tendido en líneas onduladas á los lados de las mejillas y sobre las espaldas. Un carácter fiero y confiado en sus fuerzas, fué indicado por el pelo levantado sobre la frente para caer ondulado á los lados del. rostro. Sin embargo, la disposición del cabello particular- á cada uno de los dioses y héroes, aunque en general es sencillo , se halla modificado por la diferencia del traje, pueblos, edades y 292 HISTORIA estados; pero siempre con gracia y elegancia. —No deja de haber algo de convencional en esta manera de repre- sentar el cabello y aun toda clase de vello, pero su origen puede bailarse en los esfuerzos que el arte hacia para pro- ducir por medio de una marcada separación de las masas, los efectos de luz que el verdadero pelo ofrece á la vista. Lo mismo que acabamos de decir del cabello debe en- tenderse del vello del rostro; debiendo advertir que la ausencia de este vello en las estatuas, indica que la esta- tua procede de época posterior á Alejandro, en tiempo de cuyo monarca principió la costumbre (Je raparla, si bien no se introdujo sino con harto trabajo. Partiendo de la cabeza y ciñéndonos al cuello y espal- das , será fácil distinguir por los músculos principales de estas partes las organizaciones vigorosas y endurecidas en los ejercicios gimnásticos, de las de constitución mas débil: en las primeras el esternón, el trapecio y el del- toides tienen una estension considerable y de una forma mas abultada; en las segundas al contrario, la garganta es mas larga y menos envarada. El pecho no se presenta en grande anchura en las esta- tuas de hombres, al paso que en las figuras de muger, se distinguen las formas mas dilatadas que anchas del arte primitivo, de las mas redondeadas y llenas generalmente adoptadas en los últimos tiempos del arte. Las inflexiones formadas por el músculo recto en el vientre y la línea de los ríñones estan marcadamente acu- sadas en las figuras de hombres, asi como el magnus in- ternus de la espalda. En la manera de tratar las rodillas hallaron los griegos el justo medio entre lo demasiado pronunciado de los hue- DE LAS AIITES PLÁSTICAS. 293 sos , y de cada una de sus partes, y lo inexacto de una indicación vaga. Bespecto de las proporciones del cuerpo humano difícil- mente podrá decirse algo que no sea aventurado, si se tienen en cuenta las proporciones cuadradas del arte pri- mitivo, tomadas probablemente de la conformación ó tipo nacional griego, las del Canon de Policleto apenas conocido, y las mas esbeltas délos últimos tiempos del arte, atri- buidas á Eufranor de la escuela de Sicione. No es menos importante que la espresion del rostro la espresion típica de la actitud; y sobre este particular el arte griego tiene caracteres muy marcados. Asi, el reposo, se halla indicado con un brazo sobre la cabeza, siendo mas completo cuando están ambos brazos en la misma actitud. La reflexión, con la cabeza apoyada en la mano; la per- suacion elocuente, por medio de la tensión y manera de levantar el brazo derecho; la súplica y la adoración están también caracterizadas por cierto movimiento de brazos y manos: el abatimiento está espresado perlas manos cru- zadas sobre las rodillas: la posición de pié apoyándose de espaldas en algun objeto y con las piernas cruzadas, espre- sa el reposo y la tranquilidad: y la sumisión la hallamos en el ademan de prosternarse. Todas estas actitudes y aun las deshonestas y obscenas de que tan pródigas fueron las naciones meridionales de aquellas remotas épocas, y de las cuales se conservan todavía algunos restos, son de grande importancia para la esplicacion de las obras del arte, me- reciendo un estudio particular del artista para saber hacer aplicación de principios en sus producciones. Los ropages fueron tratados por los artistas griegos ha- bida razón de su significado; de modo que en la elección 294 HISTÜHIA del traje y en la manera de colocarle se adivinase el carác- ter y la actividad del personaje representado. En los bue- nos tiempos del arte, la importancia del vestido estuvo del todo subordinada á la del cuerpo que cubrió, esto es, el trage acusó perfectamente la forma y movimientos del cuerpo. El traje griego respondía perfectamente á esta exijencia del arte: sencillo en el corte, holgado y suelto en 6U disposición, ofrecía medios para el contraste de líneas, para una perfecta economía en el plegado y para una su- bordinación de los detalles á las formas principales. En el estilo arcaico ó hieratico se observa regularidad y limpieza en los pliegues: en las dos épocas siguientes hay regula- ridad y rigidez cuando son necesarias estas cualidades; hay ingenio y riqueza en la distribución de los grupos principales y subordinación en los secundarios; y en uno y otro caso hay verdad y ligereza. Pero en el arte griego siempre se observa una tendencia á manifestar cuanto es posible, las formas del cuerpo por medio de la contracción y tensión del ropaje, como si fuera motivado una y otra por un peso en sus estreñios inferiores. lísta jactancia del arte hacia el desnudo, no ha dejado de ser alguna vez per- judicial al arte griego, porque desprendiéndose de todas las ventajas de aquel traje, presentó todas las desventajas de nuestros vestidos modernos. Visto lo referente á la figura humana en el estado que la naturaleza suele ó puede presentarlo, debemos indicar algo respecto de su asociación á otras formas : asociación que no es propia de la naturaleza, pero que creada por la fantasía , el arte la hace sensible sin salirse de los límites á que se halla circunscrito, con el oljeto de hacer mas DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 295 inteligible la idea que quizá el poeta ha tenido ó la tradi- ción ha dejado oscura. En esta clase de combinaciones parto de la imaginación griega, debe muy especialmente notarse que los miembros humanos forman la parte anterior de la figura. Los cen- tauros con cuerpo de caballo y cabeza y cuerpo de hom- bre , los sátiros con piernas, pies y cuernos de cabra, son pruebas de lo que se acaba de decir. Aplicaron también alas, á varias divinidades, para simbolizar ya su agilidad corporal, ya su ligereza moral, ya para demostrar el arrobamiento del alma. Los griegos cultivaron todos los géneros 4e escultura, desde la estatua colosal hasta el diminuto trabajo del sello y del cuño, y desde la severidad clásica de la estatua de Júpiter Olímpico, hasta la individualidad de la estatua retrato, sin olvidar lo dramático del grupo y del anáglifo: y si bien sus ideas acerca de estos dos últimos género» di- fieren mucho de las que se tienen en el dia sobre el parti- cular, puede decirse que en la estatuaria dieron los griegos á la posteridad ejemplos dignos de ser estudiados, alcan- zando una gloria que dificilmente podrá disputái"seles. La arcilla, la cera, el yeso, el bronce fundido, la pie- dra , el metal en lámina, la madera, el marfil, el vidrio y las piedras preciosas fueron los materiales que los griegos emplearon en sus obras de escultura. Corinto y Atenas fueron las ciudades donde mas floreció la cerámica, y de aquellos talleres salieron las estatuí tas para el culto do- méstico que se conocen. El vaciadp en metal le cultivaron con buen éxito Egi- n^i, Délos y mas adelante Corinto, sobresaliendo no solo 296 HISTORIA en las aleaciones sino en el procedimiento, y habiendo sa- bido dar distintos matices al bronce. La isla de Samos fué célebre por sus cinceladores y embutidores de metal en lámina; siendo de notar que el hierro fué el metal que menos trabajaron. La madera, empleada en los primitivos tiempos para to- da clase de divinidades, fué, andando el tiempo, emplea- da únicamente para las deidades de los campos y de los jardines. La isla de Paros y el monte Pentelicon proporcionaron á los griegos los mejores mármoles para sus estatuas, sin que por esto dejasen de emplear otras piedras mas grose- ras. En cuanto al modo de ejecución técnica debieron de usar los mismos medios que en el dia, si bien quiere su- ponerse que no trabajaron á prevención sobre un modelado hecho de antemano, sino de primera, fundándose en al- gunas imperfecciones que en las estatuas se notan. Am^ bas conjeturas son probables si no se toman en toda su estension y se concillan. No pulimentaron el mármol en los primeros tiempos, si bien para aumentar el efecto le frotaron con cera de un color especial, y hasta le doraron en algunas partes El marfil le emplearon hasta para estatuas de grandes dimensiones; y en los muebles le sustituyeron algunas veces con los dientes de hipopótamo. Aunque echaron mano de toda clase de piedras precio- sas para sus trabajos glípticos, esceptuaron muy particu- larmente el diamante y el carbunclo. Sin embargo parece que tuvieron especial predilección por la amatista y el ja- cinto , habiendo trabajado también el vidrio de color. Las piedras-monocromas les sirvieron especialmente para los DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 297 sellos, y las policromas para los camafeos. Los trabajos glípticos de esta época griega que se conservan, en la ma- nera de ser tratado el asunto, revelan según algunos , la escuela de Fidias, pero mas comunmente , según otros, el espíritu y gusto de la escuela de Praxiteles. — Mace- dònia y Calcidia sobresalieron en los cuños para medallas y monedas, si bien se observa poca destreza en los medios mecánicos de ejecución. Los asuntos que en primer lugar atrajeron la actividad escultórica de los griegos fueron los religiosos; no pu- diendo menos de ser así, toda vez que siendo la religión griega bija de la imaginación, esta actividad, en sus es- fuerzos para desarrollarse quiere emplear toda su fuerza creadora, de la manera mas interesante y con toda su li- bertad. Las deidades que tuvieron mayor predilección en la escultura fueron aquellas cuyo carácter se supuso con mayor actividad y vida. Tales fueron los dioses del gran Concejo del Olimpo en los distintos caracteres ó situaciones individuales , y los seres que formaron los ciclos en medio de los cuales figuraron algunos de ellos, por ejemplo: Neptuno con sus Nereidas y Náyades: Apolo con las musas : Venus con las Gracias etc. En segundo lugar trató la escultura griega los asuntos que ofreció Baco, como personificación de la espresion mas sublime de la vida natural y física. No merecieron menos de dicho arte los seres de naturaleza mas grosera que componen el ciclo de esta di-vinidad, tales como los sátiros, silenos, paniseos, menades, centauros. Á Eros ó el amor le tomaron los escultores griegos por ob- 298 HISTORIA jeto de SUS representaciones ya en sus relaciones con Psi- quis, personificación del alma, ya como modificaciones de la misma idea en Pothos é Ipieros y en Anteros : y por analogía, ocuparon al arte la formalidad de Himeneo y la sensualidad misteriosa de Herjiíftfrodita. Las divinidades que inmediatamente salieron del Caos de la materia nunca fueron objeto de la escultura, si bien Cronos ó Saturno y Rea ó Vesta por su afinidad con las primeras deidades hicieron un papel importante en las re- representaciones artísticas. El arte griego dio á los dioses principales del infierno los caracteres de los del Olimpo : y ppr medio de escenas sa- cadas del ciclo místico de alguna divinidad especial se presentaron imágenes agradables de la vida futura, no siendo fácil distinguir el sueño de la muerte , la cual, á lo mas, apareció representada simbólicamente en las estelas fúnebres, poruña señal de despedida sin designación de lu- gar ni de tiempo de ausencia. Las únicas deidades del destino que ofrecieron asunto á la escultura griega fueron las Parcas. Alegóricamente presentó este arte las horas, las esta- ciones y las distintas comarcas y poblaciones , personifi- cando estas ideas: habiéndose hecho estas personifica- ciones mas comunes cuanto mas adelantaron los tiempos. Los hépoes y sus ciclos fueron representados, distin- guiéndolos el arte por analogías con determinadas deida- ides. Sin embargo solo un reducido número de héroes se reconoce fácilmente en los monumentos del arte , muy especialmente Hércules en el cual el ideal heroico ha sido elevado al mas alto grado. La representación de los héroes establece el paso del arte DE LAS AETES PLÁSTICAS. 299 hacia el retrato por razón del deseo que debió nacer de tonrar la memoria de personas determinadas. Los gimnasiarcas merecieron muy especial atención de la escultura: y debió ser así, si se atiende á que uno de los principales problemas del arte griego consistió en las bellas formas del cuerpo humano. Las escenas de la vida ordinaria forman en bajo relieve un repertorio curioso, especialmente ceremonias del culto, nupciales , fúnebres , tiasas báquicas, ejercicios campes- tres y agonísticos, y luchas guerreras. Por último, los animales en sus mas nobles especies fue- ron objeto de la escultura, siendo una de las tendencias del arte griego el presentarlos en bosquejo atrevido y vigoro- so especialmente luchando entre sí. ESTILO DE IMITACIÓN. — JEpoca romana. — Acababa de transcurrir la primera mitad del siglo ii antes de J. C., cuan- do Corinto sucumbió bajo el peso de las armas de Roma. Coa esta ciudad sucumbió también la Grecia, que perdiendo & u existencia política, fué declarada provincia romana con el nombre de Acaya. La escultura griega sin embargo so- brevivió á su patria nativa para trasladarse en su período de decadencia á Roma, que la habia de imprimir la sen- sualidad y molicie de una sociedad orgullosa de sus triun- fos y de las riquezas que habia acumulado. A medida que las armas romanas fueron sometiendo los distintos pueblos del mundo conocido , la capital, absor- viendo la vida de los pueblos conquistados, reunió en su seno á los mejores artistas de Grecia, de Egipto y de Si- ria, del mismo modo que reunió los talentos que se desarro- llaron en los pueblos of eidentales. En la época de Sila, de ríOO HISTORIA Pompejo y de Octavio se hallaron en Roma los mejores toreutas * fundidores y escultores del mundo. Praxiteles, Archesilao, Decio y Chares deben citarse por su mérito so- bresaliente. Al principiar la época imperial, la escultura se halló ya en un terreno resbaladizo que debió conducirla á la sima en que se sumió. Fué que principió á obedecer vergonzosamente al lujo, á la adulación, y á la sensuali- dad. Sostúvose sin embargo con algun mérito hasta el úl- timo de los Antoninos, (mediados del siglo n.). Los manantiales mas seguros para la historia de la es- cultura en esta época son: las esculturas de los monumen- tos públicos, las estatuas y bustos de los emperadores , los camafeos y las medallas. —Las esculturas en bajo relieve de los monumentos públicos quizá no remontan mas allá de la época de los Flavios (siglo i de J. C.) El arco de Ti- , to , el templo de Palas, las colunas trajana y antonina ofrecen las principales muestras de este género. — Las es- tatuas y bustos de los emperadores necesariamente deben de pertenecer á la época de cada uno de ellos; pudiendo distinguirse perfectamente por sus trajes. Sin embargo , deben distinguirse las estatuas y bustos que reproducen la individualidad sin pretensiones de deificación, de las obras de igual género que representan la individualidad bajo un carácter divinizado ó heroico. Las primeras ya lle- van el traje usual ó bien el de ceremonia del tiempo de paz, ó tienen la cabeza cubierta con la toga para indicar su carácter sacerdotal, ó visten la armadura del guerrero, ó por último son estatuas ecuestres ó triunfales de cu- yos carros tiran bigas ó cuadrigas. Las segundas se pre- sentan de pié ó sentadas pero siempre desnudas y apo- yadas en una lanza: y cuando están sentadas, el palio les BE LAS ARTES PLÁSTICAS. 301 cubre los muslos á la manera que solia ser representado Júpiter. He aquí perpetuada la costumbre de idealizar el retrato hasta la divinización , habiéndose practicado con bastante genio. —Las estatuas alegóricas délas ciudades y provincias del imperio continuaron como en la época de los monarcas de Macedònia, siendo un ramo peculiar de los artistas distinguidos, y sirviendo de exornación en los monumentos elevados á los emperadores. El estudio de las monedas de aquella época son una prueba de ello. — Las piedras grabadas ofrecen á la historia del arte entre los romanos, materiales no menos importantes que las es- tatuas. En todas las principales obras de este arte reina el mismo sistema de representación de los emperadores, co- mo seres que gobiernan y protegen al mundo, ó como apariciones de las mas poderosas divinidades. El dibujo de estas piedras grabadas es espresivo y cuidadosamente tra- zado ; pero habia desaparecido ya el genio de la ejecución y la nobleza de las formas. Lo mismo en los camafeos que en los bajos relieves y en muchas estatuas imperiales, se echan de ver las formas propias de los romanos, distiü- guiéndose muy perceptiblemente por su pesadez, de las es- beltas formas griegas. — En las monedas acuñadas en esta época por orden del senado aparece el arte á la misma altura. Las cabezas están llenas de vida y concebidas con tanto carácter como nobleza. En las composiciones mito- alegóricas de estas monedas destinadas á representar el estado del imperio y de la casa imperial se nota ingenio y gusto de invención, sin embargo de estar tratadas las fi- guras de una manera convencional. El amor de Adriano á las Bellas artes aunque un tanto afectado, hizo concebir á la escultura esperanzas de una 302 HISTOKIA restauración. Las comarcas que en aquella sazón recibieron el favor del monarca tales como la Grecia y el Asia me- nor , produjeron artistas que supieron dar vida al arte; pero no por amor al arte, sino para satisfacer los deseos del em- perador. En aquellos países fué donde se esculpieron la multitud de estatuas del favorito de este principe (Anti- nous) bajo las formas mas variadas que darse podian, sin hacerle perder nada de su individualidad, bien le presen- tasen bajo los rasgos de un hombre, de un héroe ó de un Dios. Entonces estuvo en boga imitar el estilo egipcio, aunque suavizándole un'tanto. En algunas estatuas del mismo Antinous puede hallarse una prueba de esta verdad. La mayor parte de ellas están esculpidas en la piedra ne- gra llamada basalto; porque es preciso advertir que á la sazón se habia introducido el gusto por la magnificen- cÍÉi y brillantez de las piedras de color ; y el basalto no era de las que menos apasionados tenia, sin duda por acomo- darse mejor al estilo egipcio , que como se ha dicho, estaba entonces en boga. En la época de los Antoninos el mundo romano descansó de sU8 luchas : yjiubiera podido alcanzar un tanto de su perdido esplendor, á haberlo sido posible recobrar sus de- caídas fuerzas: era una sociedad ya muy entrada en años, y el vigor en la edad madura no se recobra como en la de la juventud. Después de esta época la hinchazón y el oropel asiáticos por un lado , y la sequedad y pobreza por otro, fueron ad- quiriendo dominio. Su efecto se hace en cierta manera sensible en los bustos de los emperadores, cuya cabellera y barba bajan en numerosos y apiñados grupos, y cuyos ac- DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 303 cesorios están tratados con elegancia, sí, pero llena de afectación; mientras que los rasgos de la fisonomía están tomados y reproducidos con notable trivialidad. Las me- dallas de esta época siguen el misino carácter bajo el pun- to de vista artístico, si bien las acuñadas en Roma son mas perfectas que las del Asia menor y Tracia, donde sé ocuparon mas en presentar con todo el orgullo de los re- tóricos y sofistas, las imágenes de sus dioses y sus mitos locales, que én producir objetos de arte dignos de admira- miración. En los tiempos mas agitados de Cómodo y de sus inme- diatos sucesores, la deóadencia se hizo de cada dia mas notoria. Apesar de todo no puede decirse que esta época se hallase enteramente desprovista de aquella actividad que liabia de añadir nuevos eslabones á la serie de actos del desarrollo del viejo mundo artístico. En efecto, las escul- turas de los sarcófagos, que son las únicas que en esta época se hacen comun,es, presentan ingeniosas concepció^ nes relativas á la esperanza de una regeneración y reden- ción del alma, hallándose espresadas bajo diferentes for- mas con asuntos tomados de los ciclos de Ceres ó de Baco, ó de la fábula de Psyquis, que Representa los dolores del alma separada del Eros divino. Al propio tiempo la escul- tura se esfuerza en dar cuerpo á las ideas de una civiliza- ción del tqdo oriental; y después de haber creado mu- chas cosas notables en figuras de divinidades egipcias, menos poderoso y mas grosero, dirije su atención hacia el culto de Mitra cuyas sepresentaciones nada notable ofre- cen. Ya no se contenta con las formas admitidas délas an- tiguas personificaciones helénicas de los dioses, y tiende á espresar las mas excéntricas y generales ideas, degene- 304 HISTORIA rando succesivamente hasta producir deformidades mons- truosas. La superstición ecléctica de la época se sirve de piedras preciosas como amuletos mágicos contra enferme- dades é influencias demoníacas; graba constelaciones pro- picias en las piedras anulares y en las monedas; y por la mezcla de creencias religiosas sirias y helénicas, aborta la figura panteista de Jaoabraxas. Mas adelante la enfatiquez y magnificencia del arte degeneraron del todo en la mas estremada pobreza. Las monedas son los objetos que bajo este punto de vista pue- den ofrecernos mas segura guia; en ellas se ve que las cabezas se hallan como comprimidas para dejar mas es- pacio á todo la figura y demás adornos accesorios que la acompañan. Y al llegar á los últimos años del siglo m pier- den repentinamente los bustos todo su relieve , el dibujo es incorrecto, la representación total apenas tiene modela- do y es poco determinada y poco característica, de modo que solo por las inscripciones pueden distinguirse los per- sonajes ; y los principios fundamentales del arte se pierden con una rapidez asombrosa. Así terminó su carrera la escultura antigua, la escultura clásica por escelencia, muriendo con la religión pagana á la que debió su ser, pero dejando señales de su existencia tan notables como indelebles, en la historia y en el cultivo del arte, por estar basada sobre principios inalterables. CEISTIANOS. Los principios elementales de la escultura se habían perdido á contar desde el reinado de Constantino. La mayor pesadez y rudeza se distinguía en las esculturas del arco DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 305 de triunfo de este emperador en Roma: y no son menos notables estas cualidades en las de la coluna y de la base del obelisco elevado por Teodosio en el hipódromo de Bi- zancio. En los sarcófagos se observa la hinchazón de las obras de los últimos tiempos: en ellos se empujan las figuras entre sí por su muy alto relieve, y la mayor parte por sus exagerados movimientos. Las composiciones ado- lecen de suma monotonía, estando casi siempre sacrificadas á las exigencias arquitectónicas, siendo la ejecución torpey pobre. Sin embargo las estatuas honoríficas sobrevivieron al arte mismo en muchas partes del imperio principalmente en Bizancio, y con ellas se recompensaron asi los talen- tos como la impudencia. Se deseó con avidez esta dis- tinción, siendo el traje heroico el exijido por el gusto de la época. En estas estatuas se estimó en mas la señal dis- tintiva del rango por medio del traje y sitio en que el personaje fué representado, que la representación del ca- rácter y de la individualidad. La escultura antigua habia tocado ásu término, y en lugar de trabajos verdaderamente artísticos se gastó el tiempo en bagatelas, tales como los dípticos de marfil para escribir, orlados de bajo relieves. Puede decirse pues que la escultura se sobrevivió á sí misma en la parte técnica. Obligados los artistas bizantinos á buscar tipos nuevos para responder á las exijencias de un culto naciente, no supieron renunciar á los tipos antiguos; y lo bello fué reemplazado solamente por lo rico. En una palabra, la es- cultura cayó en la mayor barbarie y no se conoció la be- lleza ideal de la forma. No se hallaba entonces en todo el bajo imperio un solo artista que supiera esculpir la imagen de los emperadores en las monedas. 20 306 HISTOUIA No fueron mas felices en la escidtura los cristianos de occidente que los bizantinos, j sus monumentos fúnebres y sus piedras sepulcrales ofrecen bien poco mérito artístico; siendo estas obras inferiores á las de los paganos. Pero en la misma rudeza del trabajo se ve un pueblo que espresa espontáneamente un sentimiento grande, que sin técnica alguna del arte representa con mano inexperta estas mis- mas faltas, pero con toda la efusión de sus creencias, de sus virtudes, de sus esperanzas. Asi es que esta falta de mérito artístico en las estatuas está compensada con el interés moral que excitaban. Pero en general las esculturas cristianas de aquella época primitiva, tanto en sus principales asuntos como en su disposición general solo fueron imitaciones paganas: y así es que cuanto mas antiguas son, mas perfecta ejecución tienen, y mayor riqueza ostentan, porque guardan mas relación con la escultura pagana. Apesar de que las esculturas cristianas fueron imitacio- nes paganas, no puede sin embaírgo negarse que hay en estas representaciones una intención y significación que estuvieron muy lejos de tener en el mundo pagano; de manera que aunque parecen obras de paganos su sentido es de todo punto cristiano. Los tipos del paganismo sir- vieron á los cristianos de símbolos ó alegorías para hacer comprender las ideas mas abstractas; habiendo tenido acierto en la elección de formas y emblemas, pues en sus representaciones no se hallan mas que ideas de paz, de unión, de felicidad y de esperanza. Parecerá por ejemplo singular, haUar á Orfeo amansando las fieras al sonido de la lira, entre personajes bíblicos; pero desaparecerá toda inoportunidad si se atiende á la significación que tiene. DE LAS AKTES PLÁSTICAS. 307 referente á la misión del Dios hecho hombre en la tierra. En el simbolismo cristiano fundióse pues el art* pag-ano en occidente, trasformándose para adquirir nuevo ser; pero pasando á un periodo de formas y alegorías que, como tales, tuvieron poca vida, no debiendo" considerarse mas que como restos del arte pagano. Duró esta barbarie en la escultura hasta el siglo xn en que la estatuaria, recobrando su importancia y dignidad, comenzó á desarrollar el principio cristiano. En occidente apareció la escultura con toda la ingenui- dad y rudeza,del arte en su infancia. Produjo figuras de formas incorrectas, estatuitas envaradas y yertas, ciñén- dose casi únicamente al adorno de capiteles y frisos, sin que por esto quiera decirse que no se ejecutasen estatuas de relieve entero; pero siempre sin la libertad artística conveniente, no pasando de ser objetos de exornación arquitectónica. Los asuntos evangélicos fueron en esta época y la si- guiente un objeto de predilección. Mientrasque la escultura yacía estacionada en occidente y respecto de sus formas solo se manifestaba por groseras representaciones, guardaba en su antiguo país natal, en Grecia representada por Bizancio, algunas tradiciones y como antiguos recuerdos de su perfección primera. Si los artistas bizantinos no pudieron alcanzar la pureza de la forma antigua, á lo menos supieron dará sus estatuas y bajos relieves, cierta regularidad en el conjunto y cierta precisión en los detalles. Sus caracteres fueron : envara- miento en la actitud; tranquilidad en la fisonomía; pro- porciones sometidas à la decoración arquitectónica; ple- gado menudo; en muchas partes pliegues concéntricos ó 308 HISTORIA en espiral (efecto debido, según Mr. Merimée, á la manera de lavar de los orientales), y exornación rica hasta la pro- fusión en los trajes. La importancia del arte bizantino produjo una verda- dera restauración en la estatuaria de occidente, y de esta restauración se siguió un gran cambio en el aspecto este- rior de los edificios religiosos, introduciendo un nuevo elemento en la exornación. Ya no fueron figuras de pe- queñas dimensiones las solas que se esculpieron , sino estatuas de tamaño natural: obispos, reyes, reinas , caba- lleros, profetas, patriarcas, y todos en trajes ricos. Sus caracteres fueron: bustos prolongados, estatura recbon- cba, un tanto envaradas, poco movimiento en los ropages; pero en cambio cierta candorosidad y sencillez encanta- doras , y una expresión cristiana admirables. Estas figuras fueron esculpidas según un tipo bierático determinado, no introduciendo mas que pequeñas variantes en la forma, actitud, traje y ecbado de los pliegues. Los bajos relieves todos tienen un carácter especial, no presentándose mucbas veces mas que como contornos rehundidos y mas ó menos redondeados los bordes de las hendeduras, siendo casi nvilo el modelado. En la época de la arquitectura ojival la escultura alcan- zó todos los adelantos que podian esperarse de una época en que el estudio del desnudo se hubiera mirado como una falta de decoro, y el de la anatomía como una profanación. La escultura adquirió mayor esbeltez y un tanto mas de elegancia, y el plegado de los ropages fué razonado y bello; y sobre todo hubo un mistici^no sentimental y un candor y resignación dignos del cristiano. Se circunscri^ * DE LAS ARTES PLÁSTICAS. 301) bió á la estatua ya aislada decorativa de la arquitectura, bien yacente de los sarcófagos ú osarios; sin que pueda de- cirse que adelantase en el grupo ni en el bajo relieve, ni en la idea ni en la forma. Si la escultura no dio en esta época ningún paso hacia la perfección fué por el carácter nuevo que debió tomar. Con efecto el mundo cristiano en sus primeros tiempos hizo menos uso de la escultura que de la pintura; y hasta con el apoyo del concilio Iliberitano (año 300 de J. C ) , que fué el primero que se ocupó de esta cuestión, puede decirse, que el cristianismo en sus primitivos tiempos estu- vo siempre mas dispuesto en favor de la segunda que de la primera. El escrúpulo de las conciencias timoratas en la acepción mas severa de las creencias, llegó á rehusar la adoración de imágenes en escultura. Esto detuvo el arte escultórico en su carrera para la creación de tipos de per- sonages dignos de veneración. Así es que modelados estos por un tipo arbitrario, cuando no fueron imitaciones de obras paganas, siempre cierta rudeza y tosquedad, cierto en- varamiento, si no forzada actitud, fueron los caracteres de las obras plásticas de la edad media. Pero esto no debe entenderse respecto del sentimentalismo y aun del plegado, porque estos rasgos fueron los que adquirieron un carácter especial que ha distinguido siempre la escultura cristiana de la pagana. Sin embargo es preciso tener en cuenta que en Italia debió abrirse un camino hacia la perfección, y sentarse los principios de una escuela. Los písanos y sus discípulos dieron á luz monumentos de escultura originales , siguién- doles en esta tarea los florentinos. Desde 1250 los magistri L·pidum y los escultores, formaron en la ciudad de Siena una corporación. Ignórase sin embargo si se organizaron 310 HISTORIA oficialmente, si bien se sabe que solicitaron reglamentos especiales para ello. Pero siempre esta circunstancia es una prueba de que se halló la escultura en el curso natural de desarroUd. Por otra parte, sábese que á fines del mismo siglo xni, Nicolás pisano estudió los sarcófagos romanos y á mediados del siglo xiv Cola Rienzi encabezó una serie de coleccionistas que debieron de fijar en aquel país primero que en ningún otro de occidente, el punto de partida del arte escultórico. RESTAURACIÓN. En el siglo xv las estatuas yacentes van succesivamente dejando esta posición y se levantan de sus lechos mortuorios como si quisiesen animarse para propor- cionar á la escultura nuevas ocasiones de desarrollarse en un nuevo principio. Nace el siglo xvi y las estatuas que hablan apoyado la cabeza sobre cojines se arrodillan en ademan de súplica para su eternasalvacion, llegando hasta ponerse en pié sobre el mismo sepulcro para presentar el carácter espe- cial con que brilló el personage durante su vida, y dejando el pensamiento religioso al cargo de simples atributos. Esta circunstancia sola basta para manifestar que en el siglo XVI, conocido por el de la restauración de las ar-tes, se efectuó la revolución en virtud de la cual la escultura an- tigua vino ya no á restaurarse, sino á acomodarse al prin- cipio espiritualista que las creencias cristianas introduje- ron, y que si bien no es el propio y peculiar de sus medios de representación tampoco le rechazan estos de un modo absoluto. Miguel Ángel Bonarroti que floreció desde los últimos años del siglo xv, dio al mundo artístico el ejemplo de se- mejante combinación; y sus obras apésar de la energía de DE LAS ARTES PLÁSTICAS. '311 los contornos, apesar de los alardeb de anatomía que pre- sentaron , son el punto de partida de la escultura moderna. Los asuntos mitológicos , valiéndose de la libertad, que la restauración les dio, quisieron también aparecer de nuevo, y á la individualidad de los dioses del paganismo tubo de suceder la generalidad y frialdad de la alegoría. DECADENCIA. Después de Bonarroti y en los primeros años del si- glo xvn, la rivalidad entre Bernini y Borromini abortó en escultura el barroquismo. Émulos el uno del otro llegaron á hacerse extravagantes á fuerza de querer origi- nalizarse: y la exageración del principio á que nuevamente se habia acomodado la escultura condujo á este arte á una transgresión voluntaria de los principios por los cuales debe rejirse, á una alteración de toda forma, y á una es- presion mímica, que dieron á la estatua, aun á la del género religioso, el carácter de un histrión adocenado; á los grupos, el de unas combinaciones difíciles de entender; y desplegando en los bajos relieves un aparato escénico, donde los efectos perspectives tuvieron que adulterarse en lo limitado de un teatro sin fondo,- y en la falta de medios de espresion de lo que en el mundo material carece de forma, como son la luz y el aire. Los adelantos de lafilosofíay de las teorías sistematiza- das en presencia de las producciones del arte es lo único que puede conducir á la escultura por el verdadero camino, según el grado de desarrollo que el espíritu ha adquirido, 312 HISTORIA sin dejar por esto de ser fiel á su origen y á los medios ma- teriales deque puede disponer. La escultura no ha muerto, como algunos han querido suponer, porque no en la sola deidad griega está reducido el círculo en donde puede desarrollar sus mas acendrados principios; y si en la ac- tualidad no hay mi^os que crear, hay caracteres cuyo tipo está determinado por las tradiciones ó por la fantasía de los poetas y que es preciso presentar á la humanidad y á los pueblos si no como mitos religiosos, como mitos socia- les para sostener viva la fé en los adelantos del espíritu hu- mano en favor de la civilización.