> > 7 i v \ rx«'*vi»Mf<:.\ DE'L X< • ARUÜEC íSÉ DE MiNJiBRÉS 1 w H 60 GRABADOS. 1 i BIBLIOTECA ECONÓMICA DEL MAESTRO DE PRIMERA ENSEÑANZA. i A-Vlhñ d NOCIONES ARQUEOLOGIA ESPAÑOLA PR O D. JOSÉ DE MANJARRÉS. Bachiller en la facultad de filosofia, regente en la asignatura de Historia, catedrático de Teoría é Historia de las Bellas artes en la Escuela de Barcelona ; individuo de la Academia de Bellas artes y de la de Buenas letras de la misma ciudad. y£°& ^ 4 *ra v &s LIBRERÍA DE JUAN BASTINOS É HIJO, EDITORES. 1864. i?.3fom • * ES PROPIEDAD DE LOS EDITORES. Barcelona.—Imp. ds Jaime Japns, PotrlUoI. l i , principal.—I8C4. Conservación, reparación y restauración de monumentos. El origen del arte está en los sentimientos nobles del corazón y en la necesidad que el hombre tiene de vivir en so- ciedad y transmitir y perpetuar sus ideas. Los sentimien- tos nobles del corazón son el origen de la utilidad moral del arte , la necesidad que tiene el hombre de vivir en so- ciedad y transmitir sus ideas son el origen de la utilidad material. Para obtener estas dos especies de utilidad tiene el hombre tres medios, á saber : la forma plástica , la forma tónica y la forma literaria. La primera se dirige al sentido de la vista , la segunda al del oidb y la tercera à la imaginación sensible La vista, el oido y la imaginación sensible reciben las sensaciones contemplativamente: los demás sentidos las reciben prácticamente, y por esto se li- mitan al gusto individual. El medio plástico da origen á la arquitectura , á la escultura y á la pintura; el tónico á la música y el literario á la poesía. Hé aquí las formas fundamentales que el arlo reviste, constituyendo las bellas artes. Solo las arles que tienen por medio de expresión la for- ma plástica son objeto de este tratado. La arquitectura es el arte de dar formas á la materia para atender á las necesidades de la vida social, regu- = 6 = lándolas según las leyes de la geometría y de la mecáni- ca. Tiene dos objetos, el primero se limita al edificio , consiituyendo la alta'arquitectura: ,el segundo se estiende al mueble y al traje , constituyendo la arquitectura infe- rior , las arles suntuarias propiamente dichas. La escultura es el arle de representar el carácter indi- vidual del espíritu en la forma que mejor puede dar ra- zón de él, que es la humana, por medio de la materia la- brada en sus tres dimensiones. Se desarrolla en tres géne- ros, á saber: la estatua, el grupo y el bajorelieve. La pintura es el arte de representar el espíritu humano en el desarrollo de sus pasiones y sentimientos por me- dio de la ilusión de la forma plástica sobre una superficie por medio del color. Se divide en dos géneros, el histó- rico y el de simpatía. El primero puede presentarse en simple carácter y en acción: la pintura histórica en simple carácter comprende las imágenes religiosas, las alegorías y el retrato; y la pintura histórica en acción es la represen- tación de escenas tomadas de la historia. El segundo com- prende los cuadros de costumbres, el paisage, los floreros, fruteros, bodegones, etc. Las edades pasadas han dejado monumentos pertene- cientes á cada una de estas tres arles; pero la ignorancia ha enterrado muchos de ellos en el olvido ; y el tiempo y la mano del hombre han envuelto entre ruinas y escom- bros los que aquella no ha destruido. La ilustración debe sustituir á la ignorancia , así como la prevención debe evitar que se destruya lo que la bue- na suerte hiciere descubrir. De este rnodo se proporcio- narán á la historia todos los datos posibles para su mayor esclarecimiento : porque la historia es para la humanidad lo que la memoria para el individuo : y sin memoria no hay juicio posible. Esta ilustración y esta prevención, estendida à todas las clases de la sociedad, ha de hacer entrar á un país en el período conservador y reslaurador de los monumentos an- tiguos. Pero la conservación y la restauración de monumentos necesita ciertos principios á fin de no extraviarse en tan difícil como minuciosa tarea. Para presentar estos principios deben conocerse de ante- roano las causas que concurren á la ruina y mutilación de tales monumentos. Las principales son: el tiempo, las necesidades nuevas y el deseo de novedades. Tales principios son los siguientes: . 1.° La conservación de monumentos debe limitarse á tomar las precauciones necesarias para retardar la época de su ruina. Mas vale conservar que tener que reparar. 2.* Las causas que pueden deteriorar un monumento proceden de la naturaleza, ó del hombre. Proceden de la " naturaleza la vegetación parásita, las humedades: proce- den del hombre la falta de aseo, la curiosidad de los via- geros. Todas estas causas de deterioro pueden prevenir- se ; las naturales, con las continuas inspecciones, las otras con la vigilancia para evitar que se saquen calcos, extraigan fragmentos ó se trasladen objetos para enrique- cer museos. Solo es patrimonio de estos lo que quedando en su sitio pudiera perderse. 3." La dirección y colocación de calles y paseos es una calamidad para muchos monumentos, no porque ellos se opongan á estas dos necesidades, sino porque estas nece- sidades no se aplican del modo conveniente. No son los monumentos antiguos los que deben someterse á eslas ne- cesidades , sino eslas necesidades á la situación de aque- llos monumentos. 4.° El haber llegado á ser inútil un miembro de un mo- numento arquitectónico por hahersc descubierto ó haber sido aplicado un medio mejor para llenar las funciones que aquel llenaba, no es una razón para ser destruido, porque el espirita del monumento se adulteraria. o.° Un monumento antiguo no debe ceder e! puesto á otro moderno. Cuando la imposibilidad en que aquel se hallare de cambiar de sitio no lo aconsejara, el interés que le da la localidad y la edad le asignaría el privilegio de ser respetado. No basta conservar la forma de un monu- mento, es preciso además conservar su espíritu. 6." Entre los monumentos de las edades pasadas no debe haber preferencia para ser respetados; lodos me<- recen iguales consideraciones : al cabo todos son docu- mentos necesarios para la historia. Sin embargo si fuere preciso un sacrificio, siempre deberá ahogarse en favor del monumento que mas analogía guarde con nuestras creencias y con nuestras costumbres. 7." Pero aun así en ningún caso debe estarse por la destrucción: las tradiciones, la escasez de obras del misino género son la garantía que tienen tales monumeB- tos para sustraerse de una destrucción. De la conformidad de un monumento con sus necesida- des actuales puede nacer la conveniencia de una restau- ración. En un monumento puramente histórico toda restaura- ción seria atrevimiento y tal vez una profanación. En la restauración siempre será mejor lo que se hi- ciere de IÏÜJVV? y aun en este caso lo que se hiciere de- berá ser irreprochable. La tarea del restaurador es muy difícil. Para restaurar un monumento se necesita mas erudición que génio, mas paciencia que fecundidad, y mas conciencia que entusiasmo. Las innovaciones que la ciTÜizacion exija pueden y de- ben introducirse, pero nunca deben ser un motivo de mutilaciones. Las modificaciones que un edificio exija en razón de las nuevas necesidades tampoco deben hacerse en detri- mento del carácter del monumento. El mayor ensanche que deba darse á estos edificios debe considerarse como = 9 = una nueva obra y por lo mismo debe someterse á las con- diciones de la antigua. En la restauración de un monumenlo es aventurado ha- cer suposiciones: cuando no se tuvieren dalos bastante se- guros para suplir lo que faltare , mas vale detenerse que representar una antigualla de cuya existencia pueda du- darse. Si alguna circunstancia especial hiciere indispensable la demolición de todo ó parte de un edificio, nunca deberá procederse á ella sin haberse sacado antes los planos y di- bujos correspondientes. En último resultado y como resumen de lo dicho has- ta aquí: debe profesarse la máxima de que mas vale con- servar que reparar; que es preferible reparar á restau- rar; y que en ningún caso debe ser permitido añadir ni siquiera con prelesto de adornar. Los monumentos de arquitectura, escultura y pinlura que pueden encontrarse en España y en los cuales puede hacerse aplicación de tales principios son los siguientes: 2 ARQUEÓLOS í i ESÍASOIA. = 19 = Monumentos célticos é ibéricos. La raza celta fué una de las mas notables del medio dia de Europa en los primitivos tiempos. Extendióse por la pe- nínsula española , unióse con la íbera y hubieron de com- partir ambos entre sí su civilización. Están contestes los autores en que hubo bastante analogía en las creencias religiosas y políticas de estas razas. Y sin detenernos en hacer conjeturas acerca del origen de tales creencias y de la civilización de tales pueblos, puede consignarse: que el Druidismo fué la religión que dominó, y que las asambleas de notables , (indudablemente en armas) fué uno de sus principios políticos. Tampoco nos detendremos en dar razón de la doctrina del Druidismo , porque no es cuestión de este momento: baste saber que la Luna figuró por mucho en esta religión como símbolo de una de las principales divinidades (si no como una divinidad misma); que los bosques fueron los templos en donde se tributó a tales divinidades un culto especial; y que los sacrificios humanos fueron una parte muy principal de este culto. Con estos dalos puede hallarse una razón de ser de algu- nos monumentos existentes en Europa, Asia y África, cuya rudeza es la expresión de una civilización en la infancia. Estos monumentos estan formados de enormes pedrus- cos y de fragmentos de peñascos, casi siempre sin género alguno de pulimento. Asi como algunos anticuarios se han perdido en conjeturas acerca de su objeto, la superstición íes ha cobrado un respeto fatídico. Son los siguientes: Peuloan ó Menhir. Es el monumento céltico mas sen- = ti — cilio. La etimología de la palabra da razón de su forma, pues ambas voces célticas valen en español poste de piedra, piedra larga. Las hay- de varias dimensiones variando su altura desde uno à diez y siete metros. Suelen tener ma- yor volumen en la parte superior; y en alguno de ellos re ha querido ver como [desbastado un rostro humano. Se ha divagado mucho acerca del significado de estos mo- numentos ; pero el buen sentido ha considerado deber atri- buirles un carácter religioso, militar y civil á la vez : ya porque debajo de alguno de ellos se han encontrado restos de sepulturas, y por consiguiente han servido de estelas ó ó piedras tumularias; ya porque fué costumbre de los pri- mitivos pueblos de Europa colocar erectos lapides, como di- ce Olao Magno, en los sitios en donde habián alcanzado una victoria; ya porque algunas de ellas han servido de mojón , según ciertas inscripciones relativas á este objeto que se leen en la superficie; si bien este destino quizá se les dio en época posterior, cuando ya no tuvieron el ca- rácter religioso ó militar. Ringleras. Este monumento no consiste mas que en varios peulvanes dispuestos en tilas paralelas. Algunas veces están guarecidos de fosos ó de una calzada de tierra. Ocupan una extensión de terreno considerable. Los arqueólogos se han perdido en conjeturas acerca del objeto de esta clase de monumentos , aun que comun- mente se cree que sirvieron á la vez de tribunales y de sitios de asambleas. Cromlec.' Palabra céltica que puede equivaler á la ex- presión española, piedras en circulo. El monumento no con- siste mas que en varios menhires colocados acierta distan- cia unos de otros ya en círculo, ya en semicírculo, ya en elipse. Algunas veces varias de estas curvas se presentan concéntricas; otras veces el monumenlo está circuido de un foso. El número de piedras que forman estos recin- tos nunca, que se sepa, ha bajado de doce. En el centro de los Cromleques suele haber un aliar (hirminsul) ó un* esfera druidica (feyra). = 12 = Estos monumentos tienen gran relación con los períbo- los sagrados que existieron en algunos pueblos de oriente. Créese que sirvieron á la vez de templos, de tribunales de justicia y de sitios para asambleas militares, exaltación de gefes ó inbumanacion de sus cadáveres. Piedras bamboneables Consiste este monu mento en una piedra de grandes dimensiones cuya parrte inferior afecta una forma cónica, ingeriéndose su cúspide en un peñasco fijo en el suelo, quedando equilibrado, de tal manera, que al menor impulso se deja sentir un bamboneo muy mar* cado. Algunas de estas piedras llegan ;t girar sobre el in- dicado eje. Estos monumentos han sido considerados ya como pie- dras probatorias de la culpabilidad de un acusado, ya co- mo medio de expresión de algun oráculo ó augurio. Lidiaban ó Trilitos. La primera denominación se deriva del céltico, y puede equivaler en español tabla de piedra: la segunda deriva del griego y vale tres piedras. Con efecto J& el monumento está formado por este número piedras, co- locadas como las jambas y el dintel de una puerta. Su objeto no es bien manifiesto, porque considerados como altares de oblación se ofrece la circunstancia de que su altura no es proporcionadaá la talla mayor del hombre. Dolmen. Palabra céltica que vale en español mesa piedra. El monumento consiste eu una piedra mas ó menos lar- ga y de forma mas ó menos tosca colocada por su longitud sobre otras piedras fijadas verlicalinenle en el suelo, una al lado de la otra. La piedra sostenida está colocada de manera que forma un plano inclinado, y tiene varios hue- cos que se comunican entre si por medio de unos regueros. Algunas veces esta piedra está taladrada: otras está ador- nada con figuras groseras en hueco ó en relieve. Se ha observado que si las piedras sustentantes dejan un espa- cio practicable, este miraáoriente. Cuando la piedra sos- tenida descansa por uno de sus extremos sobre el suelo, han convenido los arqueólogos en llamar hemi dolmen al monumento. La altura de los dólmenes no escede de unos 8 pies. La opinión mas comumente admitida acerca del objeto de estos monumentos es que sirvieron de altar de sacrifi- cios. Créese también que sobre ellas se proclamaban los gefes qae habían sido elegidos. Viene á confirmar la pri- mera opinión, los huecos que se bailan en las piedras sos- tenidas y el ahugero que las atraviesa, pudiendo tener por objeto recibir las libaciones que sobre ellas se hacían. Ade- mas junto à los dólmenes se han encontrado huesos hu- manos inhumados. Los dólmenes algunas veces están solos, otras se han encontrado algunos reunidos, y se han descubierto algu- nos acompañados de peukanes. Caminos cubiertos. En estos monumentos, puede con- siderarse ya un principio de construcción bien determi- = li = nado. Están formados por dos líneas de piedras verticales de unos 9 pies de altura , y por otras horizontales, que cubren el espacio intermedio. Están cerrados por uno de sus extremos Su dirección suele ser de occidente á oriente. Algunas veces están divididos en sentido transversal, por otras piedras. Parece que su objeto mas propio debió ser la proclama- ción de gefes, y quizá fueron altares para sacrificios. Túmulos. Son montículos artificialmente levantados so- bre los despojos mortales de algun personaje, ó con el ob- jeto de conmemorar algun suceso. Hay túmulos formados de guijarros y tierra y cubiertos de yerba: los hay formados con piedras. Afectan la forma cónica. Suelen estar rodeados de un foso ó de un recinto de pedruscos. Este recinto paiece ser un preservativo con- tra los desmonoramientos. Se encuentran levantados en las llanuras, junto á los caminos, en las riberas de los ríos, en los yermos y en los lomos ó parte superior de las cuestas. Se han encontrado túmulos hasta de 60 metros de altura; y parece que la elevación está en razón directa de la ma- yor categoria del personage inhumado , ó de la mayor im- portancia del suceso conmemorado. Estos monumentos han ofrecido en-su interior distinta disposición: unas veces se han encontrado los cadáveres encima de una especie de pavimiento de piedras al nivel del suelo: otras veces se han encontrado estos sobre nn le- cho de piedras sirviendo de núcleo al montículo : otras se han encontrado cámaras sepulcrales encerrando esqueletos ó urnas cinerarias : otras veces el esqueleto ocupa el cen- tro del monumento. Los esqueletos se han presentado ya tendidos, ya sentados, ya de pie y colocado el cráneo entre dos piedras. Déjase entender que los túmulos simplemente conmemorativos no tienen mas que un núcleo de piedras. Se ha n descubierto túmulos elípticos: y la experiencia ha demostrado que los de esta forma encierran mas de un ca- dáver. El eje mayor de los túmulos de esta clase llevan la dirección de oriente á poniente. =s (5 = Algunos túmulos han ofrecido recuerdos de las costum- bres de remotas épocas en las alhajas, vasos, armas y otros objetos encontrados junto á los esqueletos allí enterrados. Es necesario advertir que la erección de túmulos para se- pulturas no ha sido una costumbre peculiar de los celtas sino la de todos los pueblos en la infancia de su civilización. ¿ Melur. Existe en España cerca de los restos de la anti- gua Olèrdola (Cataluña) un monumento del cual no se han ofrecido gran número de ejemplos en la historia del arte. En la ladera de una roca se ven ciertos rehundimienlos que por su forma, simetria y dimensiones no dejan la menor duda acerca de su deslino. Ofrecen á la vista el lugar de la cabeza hombros y disminución de la figuia humana hacia los pies tal como puede presentarse el cadáver hu- mano con los brazos tendidos à lo largo del cuerpo. ¿Por- qué no pueden atribuirse estos monumentos á los íberos ? Y si á estos no se refieren, dígasenos si los celtas, los fenicios, los griegos, los cartagineses y los romanos han ofrecido se- pulturas de esta forma en los demás países que han visi- tado. Solo las cajas de las momias de Egipto pueden pre- sentar alguna paridad con las sepulturas de Olèrdola; pero nos guardaremos bien de atribuirlas á los egipcios. Monumentos fenicios. Talayols. Diminutivo de talaya ó atalaya que vale tor- re de observación. Es preciso antes de todo advertir que este nombre es debido á la vulgar consideración que tales monumentos merecen en las Islas Baleares, que es el país en donde existen, consideración con la cual la arqueolo- gía no està conforme. Estos monumentos tienen la forma de un cono trunca- do sobre planta circular ó elíptica; y están construidos con grandes piedras labradas mas ó menos toscamente, y colocadas en seco por hiladas horizontales, disminuyendo en dimensiones hacia la cúspide. Tienen hacia el sudeste una puerta sumamente pequeña, por la cual apenas pue- de pasarse à gatas, y que va sucesivamente agrandán- dose, volviendo algunas veces á achicarse. Estas puer- tas dan entrada á unas escaleras ó rampas abiertas en es- piral en el espesor del muro con ventanitas para dar luz y ventilación. Estas escaleras conducen á unas cámaras con techo plano ó abovedado en ojiva, con nichos abiertos en las paredes. Algunos de estos monumentos está le- vantado en el centro de un Cromlec. Muy discordes andan los eruditos acerca del origen y objeto de los Talayots, como también lo están acerca del origen y objeto de las Nuraghas de la Isla de Cerdeña de los cuales no difieren mas que en circunstancias muy accidentales. Sin embargo con todos los visos de probabi- lidad créese que son debidos unos y otros monumentos á colonos fenicios ó tal vez etruscos; y que fueron cons- trucciones à la vez religiosas para la adoración de los as- tros, y fúnebres para honrar la memoria de los ascen- dientes. Monumentos pelásgicos. La mayor parte de arqueólogos están de acuerdo en atribuir á la raza pelásgica esas coeslrucciones (mejor que monumentos) que existen en Grecia, Italia y algunos puntos de España, manifestando los esfuerzos de un pue- blo poderoso que hizo ensayos sobrenaturales en el arte de construir. No sin razón se ha dado el epiteto de cicló- nicas á tales construcciones como para indicar esos ensa- yos, considerándolos como obra de gigantes. Estas construcciones han sido empleadas en la erección de, murallas de ciudades y recintos sagrados. Presén- tanse bajo cuatro distintos aspectos, á saber : 1.° Piedras enormes de distintas dimensiones y en toda su rudeza, colocadas también rudamente, y llenos los interslicios de piedras mas pequeñas, y lodo ajustado sin argamasa alguna. 2." Piedras de grandes dimensiones cortadas en polí- gonos irregulares y perfectamente ajustadas sin argama- sa alguna. 3.° Piedras poligonales combinadas con otras escua- dradas. 4." Piedras cuadranglares dispuestas por hiladas ho- rizontales aunque con las nniones verticales en distintas direcciones. Las puertas abiertas en estas construcciones tienen tam- bién varias formas: ó tuvieron jambas perpendiculares ó inclinadas hacia la parte superior, sosteniendo un dintel de una sola pieza: ó un arco ojival no dovelado, esto es, solamente interrumpidas las hiladas horizontales de mas á menos en dirección ascendente hasta unirse en un punto. El vano de esta forma se encuentra algunas veces in- terrumpido á la altura conveniente por un dintel. 3 1R0.1E0I.0SU ESPAÑOL*. Los verdaderos monumentos artísticos levantados por ios pelasgos no han llegado hasta nuestra edad de modo que puedan someterse á la inspección del curioso; solo algunas substrucciones llamadas Tesoros, existentes en (irecia y Asia menor en forma de bóvedas parabólicas, no doveladas, pueden citarse como muestra. Los túmulos de piedras labradas que se encuentran en algunos puntos «Je Italia se atribuyen también a los pelasgos. Monumentos egipcios. Si alguno existe en España, no deberá de pertenecer á la arquitectura; por que ni la historia ni la tradición dicen que los antiguos egipcios se estableciesen en algun punto de la Península Ibérica. Si existieren algunos pictóricos ó escultóricos deberían ser, por consiguiente, importados: no pudiendo menos de consistir en figuritas de pequeñas dimensiones, ó en escri- tura geroglí/ica: sin movimiento ni vida las primeras, esgrafiada ó colorida la segunda y con toda la rudeza de eonforno consiguiente ; que son los caracteres que las producciones egipcias de este género tuvieron. Monumentos griegos. A la raza pelásgica sucedió en Europa la raza helénica que heredó de Oriente la civilización ocupando las co- marcas de Grecia, y andando los tiempos pasando á Ita- lia y á otros puntos de la Galia y de España bañados por el Mediterráneo. Sin embargo disputándoles á los helenos la primacia en el cultivo del arte, aparece el pueblo etrusco, mezcla de la rasa celta y pelasga que se estableció al norte de la pe- nínsula itálica y se eslendió, si bien por poco tiempo, ha- cia las comarcas meridionales. Pero contra esta primacia á anlerioridad salen razones de gran peso, tales como = <9 = e! que las primeras obras de los etruscos fueron pareci- das á las de los primitivos griegos, de modo que en to- das aquellas casi no se Ven representados mas que asun- tos tomados de la historia y de la mitología del pueblo griego. Lo único que puede admitirse es la comunidad de cultivo del arte que hubo en Grecia y en Elruria, so- bre todo en los primeros tiempos en que se introdujo la civilización en Europa; y que ambos países se prestaron mutuo apoyo sirviendo de recíproco refugio en las res- pectivas épocas calamitosas. Mientras Grecia se vio afli- gida por las guerras de Mesenia, Etruria disfrutó de una paz envidiable; y cuando principió para Grecia el perío- do de gloria, sonó para Etruria la hora de su desapari- ción del mundo político bajo el peso de las armas ro- manas. No debe pues considerarse como absurda la idea de que lo etrusco no puede ser distinto de lo primitivo griego, así en arquitectura como en escultura, y en pin- tura. Idea general de lar arquitectura griega. Antes de dar razón de los monumentos que la civiliza- ción griega exigió, conviene hablar del estilo arquitectó- nico propio y peculiar del genio griego. Los griegos usaron la arquitectura en platabanda, la eual consta de tres partes principales, á saber : Basamen- to que pudo consistir en una gradinata A: eo/ww B y Cornisamento C. Lámina 1 ' No debe creerse que fuesen ellos sus inventores porque probablemente antes que los griegos, la emplearon los egipcios en muchas de sus construcciones : prueba de ello son los hipogeos de Beni-Hasas y los templos del alto Egipto. Pero el arle es deudor à los griegos de los bue- nos tiempos de la erección de semejante estilo en siste- ma, pues con su razonar justo y esa filosofía especial que les hizo ver las causas y los efeclos de ludas las cosas = 20 = Lám. 1. a = i\ = tuvieron el crilerio suficiente para conocer el camino que debían seguir y aquel que debian dejar. Pudieron hallar en Egipto la idea del pórtico, pero supieron acomodar sus parles á las necesidades del clima en que vivían y de la civilización, añadiendo aquellos miembros que el mo- do de construcción ó los materiales exigió: y en lo que solo el gusto hubo de presidir, tuvieron bastante resolu- ción para seguir su propio sentimiento y formar un es- tilo especial. Por esto introdujeron el ftonton D, que da razón de la cubierta de dos pendientes: añadieron el friso, E, que da razón de un lecho de madera, {material que apenas emplearon los egipcios); y eslendieron el abaco F, à todo el vuelo del tambor del capitel G, en lugar de li- mitarle al volumen del fuste H. La decoración griega responde à la solidez, por la sim- ple ley de la gravedad. La presión vertical domina y por lo mismo el sistema de lineas que en ella campea está fundado en la horizontal. Emplea la coluna como ele- mento fundamental de la decoración ; y fiel al principio de que en arquitectura nada debe haber en acción que no esté en función, y que los adornos deben sacarse de la naturaleza de la cosa misma , tomaron de las cubiertas de madera la razón de los entablamentos y frontones. Proporcionaron sus construcciones por la relación de las dimensiones entre sí, y no respeclo de una medida es- tablecida de antemano : así obtuvieron una grandiosidad, si se quiere, material, que mejor puede comprenderse que sentirse; pero que es inalterable. La arquitectura griega tuvo un desarrollo histórico especial, sobre el que están basados los tres estilos que pueden distinguirse en ella, tomando los nombres de los tres grados que alcanza la civilización del país.—Sabido es que los pelasgos fueron arrojados de Grecia por las tribus helénicas en el siglo XYII antes deJesu-Chrislo. De estas tribus que nuevamente ocuparon el país, las dóri- cas fueron sin género alguno de duda las primeras que se r= 22 — civilizaron, dejando sentir su influencia DO solo en Grecia, sino también en Italia.—Los jonios no menos dispuestos que los dóricos á seguirlos adelantos de las ideas, llega- ron á adquirir preponderancia en el continente de Grecia ven el Asia menor, de manera que al principiar el siglo VIII antes de Jesu-Christo, se habían manifestado con todo su esplendor y su elegancia.—Mas tarde los corintios, de raza dórica, dominados por el deseo de brillar en razón de los tesoros que habían acumulado, añadieron á esta esplendidez y" elegancia la pumpa, la riqueza y el fausto que el lujo requería, sin apartarse por esto de los razo- nables límites que el buen sentido aconseja. Hé aquí ¡os tres estilos que pueden distinguirse en la Arquitectura griega : el dónco, el jónico y el corintio , re- presentando no una nomenclatura científica sino, un desar- rollo histórico de la Arquitectura griega en conformidad con el de la civilización de las razas helénicas que prepon- deraron en aquel país. ESTILO DÓRICO—La severidad y la robustez constituyen el carácter especial del estilo dórico ; y le caracterizan tanto las proporciones como los miembros que se emplearon , y su disposición. La altura de la coluna nunca bajó de cua- tro veces su diámetro inferior. Los dorios se mostraron fieles á la teoría de una cons- trucción de madera , que lomaron por tipo originario; no ocultando ninguna de las partes que este tipo ofreció , co- mo puede verse en la decoración del friso E en cuyos tri- glifos I quieren verse (lám.* 1.*) las cabezas de las bigas, y en cuyas inetopasJIos espacios que estas bigas de- jaron. Hicieron poco uso de algunas partes admitidas general- mente en los miembros arquitectónicos, tales como la base. Los demás rasgos característicos de la decoración dórica son los siguientes: Las eslrias del fuste se unieron por arista no llegando á tener la cavidad de un semicírculo. Los capiteles no constaron mas que de dos ó tres filetes, un cuarto bocel B y un abaco sencillo: G: El astra- C ! D 'ÏJJ-ZJZ—X-SXJIM "ioJÏHJl galo le constituyeron algunos glifos abiertos horizontal- megle debajo del capitel: D: El friso llevó triglifos y melopas con golas angulosas lám." 1.* K: sobre el arqui- trabe : L. La corona SI: estribó sobre niululos, cuya sofito tachonaron de clavos. Una circunstancia es de notar en la distribución de los triglifos, y es, que siempre se encuentra un triglifo en el estremo del arquitrabe fuera del aplomo del eje de la co- luna , al paso que la metopa última es algo mas estrecha, por razón de ser menor el espacio que separó las dos co- lunas angulares. En los cantos de las paredes siguieron la fisonomía de las colunas. Yitrubio llama Antas á esta apariencia de co- luna prismática. Una coluna dórica en una medalla fué el símbolo de un palacio. ESTILO JÓNICO.—Este estilo conservó un medio entre la robustez del dórico y la riqueza del corintio : sus colunas tuvieron pues mayor elevación , no llegando casi nunca á == 24 = ocho veces el diámetro inferior. La base constó general- JEODOOOOI L mente hablando, de una escocia A entre dos toros B B; base que suele calificarse de ática. Algunas veces suprimie- ron el loro inferior. Las eslrias del fuste se unieron con un filete, y tuvieron la cavidad semicircular. Quizá no fué tan sensible la disminución del diámetro del fuste, como en el estilo dórico. El capitel tuvo en su fachada principal volutas A so- bre un cuarto boce, B como resultado del p u A oAAai Afi aba- = 85 = laustrado de'la fachada lateral, que viene á constituir una cortina arrollada. Usaron algunos resaltos en el arquitrabe: el friso no tu- vo metopas ni triglifos j y la corona estuvo sostenida por dentículos. Las antas tuvieron pocas veces las volutas del capitel. Una coluna jónica en las medallas , recuerda ideas fú- nebres. ESTILO CORINTIO.—Este estilo no ofrece gran número de circunstancias distintas de lafisonomíadel jónico, no sien- do mas que una mayor riqueza de este Sin embargo , es preciso tener en cuenta que la construcción del capitel dá mayor altura á las colunas, no pasando jamás de nueve ve- ces el diámetro inferior. Este capitel constó de un tímpano A al rededor del 4 itQUBOLGaíi ESPlSOLi. == 26 = cual se agruparon uno ó mas órdenes de hojas de acanto, algunos caulículosy volutas, coronado el todoporun abaco B de lados cóncavos mas ó menos accidentados por mol- duras. Por lo demás, hasta las antas son iguales á las del estilo jónico , exceptuados sus capiteles en los cuales casi siempre hay hojas de acanto , pero no volutas. Como regla general común a los tres estilos, puede de- cirse que los vanos tuvieron entre los griegos la forma pi- ramidal ó la rectangular: sin embargo, suponen algunos que también usaron la circular y la elíptica. Las jambas de aquellos vanos sostuvieron dinteles que se extendieron fuera del aplomo de ellos presentando la forma de T. : siendo estos miembros recorridos por unas mismas mol- duras. A todas las molduras curvilíneas dieron los griegos una forma mas b;en elíptica que circular, como muy propia para dejar al genio toda la libertad posible del trazo. Usaron la pintura policroma en el esterior de los edifi- cios ,.con el objeto de dar realce á los miembros y moldu- ras y producir contrastes entre unos y otras. En algunas construcciones griegas se encuenlran restos de semejante exornación. No contribuyeron poco al efecto de la decoración los ma- teriales que emplearon y el modo de su disposición. Los materiales tuvieron distintos colores y distintas formas, en- contrándose en los edificios griegos , así la piedra arenis- ca y la calcárea , como los ladrillos. Los géneros de construcción fueron varios. Emplearon en ella las piedras de forma cúbica de arista viva ó achafla- nada. Todos estos materiales los dispusieron de distintos mo- dos , ya por hiladas iguales ; ya por hiladas desiguales ; ó por hiladas diagonales. Las construcciones de ladrillo las ocultaron debajo de un revoque de estuco. Los lechos estuvieron dispuestos en artesones cuadrados ó losanjados. = 27 = Las cubiertas de los edificios las formaron con lejas: plana y rebordada la lomada; angular , ó curvilínea la ensillada. Se llegaron à fabricar tejas de mármol y de bronce. En las extremidades inferiores de cada fila de las lejas ensilladas colocaron una ante-fisa especie de boca-teja adornada. Veamos ya los monumentos arquitectónicos que la civi- lización griega exigió. TEMPLOS.— No fueron solamente el santuario de las creencias del pueblo, sino también el museo de sus artes y de sus glorias nacionales. Constaron muy especialmente de dos parles, á saber: la cel-la A y el vestíbulo B ó pórtico. La cel-la no fué mas A que la mansión de la divinidad , y el pueblo no entraba en aquel recinto para orar, sino que asistía desde fuera á las ceremonias del cullo. El altar estaba fuera de la cel-la. Los templos mas antiguos fueron de planta rectangular. La cel-la no recibió luz sino por la puerla. Los dos muros laterales adelantándose hasta la línea de las colunas, con- tribuyeron con ellas al sostenimiento del frontón y presen- taron dos antas. Mas larde se introdujo la novedad de su- primir los muros laterales del vestíbulo , sustituyéndolos por dos colunas, y quedó constituido el pórtico A. Es- te pórtico se repitió alguna vez en la parle posterior de la celia; otras veces la rodeó; y hasta hubo templos cuyo pórtico tuvo dos filas de coluoas. Dicese que los griegos constituyeron templos circulares; sin embargo, no se con- serva de esta forma ejemplar alguno. Hubo tem píos que tuvieron la celia dividida en tres na- ves por medio de colunas; otros cuyasnaves laterales tu- vieron dos pisos; otros que tuvieron la nave central al ai- re libre (hípetros). Los templos mas importantes tuvieron un departamento para guardar los tesoros: y si el culto lo exigió, tuvieron substrucciones, como el templo de Ceres en Eleusis, cuyos misterios fueron célebres en la antigüe- dad. Los dorios orientaron sus templos dirigiendo la puer- ta al occidente: los jónios los orientaron al contrario. = 29 s s TEATROS. LOS juegos escénicos (que así llamaron los griegos á las representaciones teatrales) fueron autoriza- dos , y hasta cierto punto, exigidos por las creencias de aquel pueblo. Hubo dos clases de teatros, unos para la representación de tragedias y comedias, y otra para el canto y para ensayos de declamación y peroración. A estos últimos se los llamó odeones, y estuvieron por lo regular inmediatos á los primeros—Los griegos construyeron sus teatros en terrenos pendientes ó sobre un macizo de pie- dra, y siempre en forma semicircular. No tuvieron techo. y estuvieron orientados mirando la galería al norte, lo cual debió tener el objeto de que el sol no incomodara á los espectadores. Al espacio que quedaba al pié de la gradería A llamaban orquestra. La pared del fondo de la escena B tuvo tres puertas, la del centro llamada real; las laterales que representaban, una la puerta de una caverna y otra la de una casa.—Los odeones fueron por lo regular circulares y tuvieron techos de madera. GIMNASIOS. Tuvieron por objeto la educación lanío físi- ca como intelectual de la juventud. No puede darse ra- zón determinada de la disposición de un gimnasio, la cual solo fué regulada por las necesidades de la educa- =-- 30 = cion. Déjase pues entender que si hubo sitios destinados para los ejercicios orqueslricos y palestricos, romo circos, estadios é hipódromos, hubo pórticos que lo mismo sirvie- ron para algunos de tales ejercicios como para pasearse y explicar sus principios les filósofos. AGORAS. Plazas públicas en donde se celebraron las asambleas populares. Estuvieron rodeadas de pórticos, y en ellas hubo los lescos, sitio de conferencias públicas. PROPILEOS. Estos monumentos no fueron mas que unas construcciones suntuosas sirviendo de ingreso a los re- cintos que circuyeron algunos establecimientos públicos. Consistieron en un vestíbulo precedido y terminado por un pórtico. Esta construcción se elevó sobre un basa- mento con' gradas : la gradinata , según las necesidades del establecimiento, tuvo en el centro una rampa para facilitar el paso à los caballos y á los carros. EDIFICIOS PARTICULARES.—Las casas griegas terminaron por lo regular en un techo plano ó azotea. Apenas tuvieron ventanas en la parte de la calle. Su aspecto exterior fué sen- cillo en los primeros tiempos: mas adelante estuvieron ador- nados con esculturas y aun pinturas representando sím- bolos ú objetos apreciados del dueño del edificio. Junto á las puertas de entrada construíase un altar dedicado al dios de los caminos, y un banco de piedra para salir á solazar- se. El interior de las habitaciones tuvo una disposición es- pecial. La primitiva civilización griega DO permitió que las doncellas frecuentasen el trato con los jóvenes. Así fué que la habitación de los hombres (audronitis) estuvo en el piso de la calle , y en el de encima la de las muge- res (gineceo): después estuvieron ambos en el de la calle, pero siempre con entera separación. MONUMENTOS FÚNEBRES.—Los griegos quemaron los ca- dáveres , pero conservaron embalsamados los de perso- najes notables. Las cenizas de los primeros las guar- daron en vasos llamados por su uso, cinerarios: los cada- = 31 = veres embalsamados, los guardaron sobre lechos mortuo- rios en cámaras sepulcrales abiertas en las rocas cuya en- trada se anunciaba por una decoración , ó colocadas en sarcófagos se cubrían estos con un edículo formado por cua- tro colunas conteniendo una cubierta. Hubo fuera de las poblaciones recintos destinados para las sepulturas y Se- pulcros, y solo por privilegio especial permitióse un en- terramiento denlrode una ciudad Eleváronse sobre losetf- terramienlos unos monumentos de categoria inferior ala de los sepulcros: tales fueron las esleías. Los túmulos con pared de sostenimiento siguieron en uso. La ESCULTURA y la PLNTÜKA ofrecieron á la ci vilzacion grie- ga monumentos de mérito sobresaliente que dieron forma visible á los seres que según ¡os poetas poblaban el Olim- po; completándose por este medio una religión panteisla hasta el eslremo de levantar aliares al Dios desconocido, sin duda por temor de dejar olvidado alguno. Sin querer decir que la escultura y la pintura griegas procedieron de la egipcia, no deberá parecer absurdo su- poner que en las estatuas, bajos relievesygeroglifosegipcios puede verse el origen de dichas dos ai tes, si bien se ha de confesar que lodo lo que en ellas produjo Ejiplo durante la civilización que precedió ala griega, es mas significati- vo que expresivo, teniendo mas bien el carácter ó de una arquitectura orgánica ó de una simple exormacion arqui- tectónica. Remontémonos á los primitivos tiempos de la civiliza- = 32 — cion griega para llegar al verdadero punto en que la es- cultura adquinó los caracteres necesarios para recibir el sello de perfección que la ha distinguido en lodos tiem- pos. Un pilar grosero ó un poste de piedra ó madera debió de ser en aquellas remotas épocas objeto de culto, con- siderándose que para ello era menos necesaria la forma que la consagraciou. Mas adelante, latendenciadel espíri- tu humano á fijar la atención en lo sobrenatural y mara- villoso ocupó el arle en la representación de seres horri- bles, no alcanzando á interesar ni hacer sensible la idea de la divinidad sino por medio del terror. Las cabezas de las Gorgonas quizá fueron las primeras concepciones de los escultores griegos. La imaginación procuró luego asimi- lar mas los objetos del culto á la forma humana, y debie- ron de añadirse à aquellas partes, cabeza, brazos y un fa- llas; y hé aqui el hermes. Y mientras se esculpieron lales objetos en piedra, se trabajaron en madera ó metalen plan- cha, estatuas de vestir, envaradas y sin movimiento, cer- rados los párpados, unidos los pies, pegados los brazos al cuerpo, y siempre con ejecución grosera. El arte cerámico también se ocupó en modelar estaluitas para el culto do- méstico, así como algunos anáglifos para adornos de ar- quitectura. Con tales obras el arle no habia nacido toda- vía, y era necesario mayor grado de cultura y de libertad del espíritu. Los griegos cultivaron lodos los géneros de escultura, desde la estatua colosal hasta el diminuto trabajo del sello y del cuño, y desde la severidad clásica de la estatua de Júpiter Olímpico, bástala individualidad de la estàtua re- trato, sin olvidar lo dramático del grupo y del anáglifo: y puede decirse que en la estatuaria dieron los griegos à la posteridad ejemplos dignos de ser estudiados, alcanzan- do una gloria que difícilmente podrá disputárseles. La arcilla, la cera, el yeso, el bronce fundido, la pie- dra, el metal en làmina, la madera, el marfil, el vidrio y = 33 = las piedras preciosas fueron los malerialas que los griegos empleron en sus obras de escultura. Corinto y Atenas fueron las ciudades donde mas floreció la cerámica, y de aquellos talleres salieron lasestatuilas para el culto domés- tico que se conocen. El vaciado en metal le cultivaron con bnen éxito Egi- na, Délos y mas adelante Corinto, sobresaliendo no solo en las aleaciones sino en el procedimiento, y habiendo sa- bido dar distintos matices al bronce. La isla de Samos fué célebre por sus cinceladores y embutidores de metal en lámina; siendo de notar que el hierro fué metal en que no trabajaron. La madera, empleada en los primitivos tiempos para to- da clase de divinidades, fué, andando el tiempo, emplea- da únicamente para las deidades de los campos y de los jardines. La isla de Paros y el monte Penlelicon proporcionaron á los griegos los mejores mármoles para sos estatuas, sin que por esto dejasen de emplear otras piedras mas groseras. No pulimentaron e! mármol en los 'primeros tiempos, sí bien para aumentar el efecto le frotaron con cera de un color especial, y hasta le doraron en algunas partes. El marfil le emplearon hasta para estatuas de grandes dimensiones; y en los muebles le sustituyeron algunas ve- ces con los dientes de hipopótamo. Aunque echaron mano de toda clase de piedras precio- sas para sus trabajos glípticos, esceptuaron muy particu- larmente el diamante y el carbunclo. Tuvieron especial predilección por la amatista y el jacinto, habiendo traba- jado también el vidrio de color. Las piedras monocromas Jes sirvieron especialmente para los sellos, y tasfpolicromas para los camafeos.—Macedònia y Calcidia sobresalieron en los cuños para medallas y monedas,s¡ bien se observa poca destreza en los medios mecánicos de ejecución. Los asuntos que en primer lugar atrajeron la actividad escultórica de los griegos fueron los religiosos. 5 ÍBQUBOLGOÍÀ ESFÁÑOU. = 34 = Las deidades que tuvieron mayor predilección en la es- cultura fueron aquellas cuyo carácter se supuso con ma- yor actividad y vida. Tales fueron los dioses del gran Consejo del Olimpo en los distintos caracteres ó situacio- nes individuales, y los seres que formaron los cíelos en medio de los cuales figuraron algunos de ellos, por ejem- plo: Nepluno con sus Nereidas y Náyades: Apolo con las musas: Venus con las Gracias, etc. En segundo lugar trató la escultura griega los asuntos que ofreció Baco, como personificación de la espresion mas sublime de la vida natural y física. No merecieron menos de dicho arte los seres de naturaleza mas grosera que componen el ciclo de esta divinidad, tales como los sá- tiros, silenos, paniscos, ménades, centauros, etc. A Eros ó el amor le tomaron los escullóles griegos por objeto de sus representaciones ya en sus relaciones con Psiquis, personificación del alma, ya como modificacio- nes de la misma ¡dea en Pothos é Imeros y en Anteros: y por analogía, ocuparon al arle la formalidad de Himeneo y la sensualidad misteriosa de Hermafrodila. Las divinidades que inmediatamente salieron del Caos de la materia, nunca fueron objeto de la escultura; si bien Cronos ó Saturno y Rea ó Vesta por su afinidad con las primeras deidades, hicieron un papel importante en las re- presentaciones artísticas. El arle griego dio á los dioses principales del infierno los caracteres de los del Olimpo: y por medio de escenas sacadas del ciclo místico de alguna divinidad especial, se presentaron imágenes agradables de la vida futura, no siendo fácil distinguir el Sueño de la Muerte, la cual, alo mas, apareció representada simbólicamente en las estelas fúnebres, por una señal de despedida sin designación de lugar ni de tiempo de ausencia. Las únicas deidades del Deslino que ofrecieron asunto ala escultura griego fueron las Parcas. Alegóricamente presentó este arle las Horas, las Esta- = 35 = ciones y las distintas comarcas y poblaciones personifican- do estas ideas: habiéndose hecho estas personificaciones, mas comunes, cuanto mas adelantaron los tiempos. Los héroes y sus ciclos fueron representados con for- mas análogas á las determinadas deidades. Sin embargo solo un reducido número de héroes se reconoce fácilmen- te en los monumentos del arte, muy especialmente Hér- cules en el cual el ideal heroico ha sido elevado al mas alto grado. La representación de los héroes establece el paso del arte hacia el retrato por razón del deseo que debió nacer de honrar la memoria de personas determinadas. Los gimnasiarcas merecieron muy especial atención de la escultura: y debió ser así, si se atiende á que uno de los principales problemas del arle griego consistió en las bellas formas del cuerpo humano. Las escenas de la vida ordinaria forman en bajos relie- ves un repertorio curioso , presentando especialmente ce- remonias del culto, nupciales, fúnebres, tiasas báquicas, ejercicios campestres y agonísticos , y luchas guerreras. Por último , los animales en sus mas nobles especies fueron objeto de la escultura, siendo una de las tendencias del arte griego el presentarlos en bosquejo atrevido y vi- goroso especialmente luchando entre sí. Un arte como el griego que no llevó otro objeto que la representación sensible de la vida y del espíritu, siendo la forma humana la que se reconoció mas digna del arte, de- bió conceder la mayor importancia al dibujo, exigiendo de él la mayor delicadeza y precisión. Así fué que en las es- cuelas artísticas de Grecia se exigió del alumno una larga práctica en el manejo del grafio 6 estilo en tablas de cera, y en el manejo del pincel con un solo color en tablas de boj, antes de pasar á la pintura polícroma; viniendo à re- sultar las obras ejecutadas por este último medio lo que entre nosotros se llama una silueta. Fácilmente se com- prende la precisión que debió haber en una clase de di- m 36 tat bujo en que no existió la línea convencional del contorno; y cuanla exactitud debió haber en la mano que manejaba el pincel que llenaba, ó bien el espacio del fondo para de- jar la figura con el color de la superficie sobre que se pin- taba , ó bien el espacio de la figura, quedando en ambos casos limpia la forma. Dos clases de dibujo usaron pues las escuelas griegas empleando eí estilo unas veces y otras el pincel con un so- lo color. Las obras ejecutadas por este método se Mamaron lUowcrómata, asi como las trazadas con el estilo se llama- ron monogramma. Por este último medio ejecutó algunos Parrhasio, asi como con el primero trazó los suyos Zeuxis. La exactitud y precisión del dibujo la concibieron los griegos hasta matemáticamente , de manera que Pámfilo de Sicione, el maestro de Apeles, exigió de los que que- rían aprender el dibujo , conocimientos matemáticos pre- paratorios. Conocidos los métodos que los griegos emplearon en el dibujo, veamos los referentes á los procedimientos para pintar. Los griegos pintaron al temple y al encausto, habiendo empleado al propio tiempo el mosaico; pero se ignora ó no es posible asegurar categóricamente, si pintaron al fres- co. Al dar al dibujo una preferencia muy notable se ma- aifestaron por largo tiempo tímidos en el colorido, habien- do crecido este temor tanto mas cuanto mas exacto y -mas puro fué el dibujo. La misma escuela jónica que tan apa- sionada fué por el brillo y viveza de los colores, se con- tentó hasta la época de Apeles con cuatro colores material y propiamente dichos, obteniendo con ellos la diversidad de tonos y matices que de su mezcla y combinación pudo resaltar. Los colores se desleyeron con agua de cola ó go- ma, ya en la paleta por medio del pincel, ya en la moleta, tal como se practica en el dia. Pintaron en tablas de cedro y muy especialmente de alerce. El uso de decorar los templos y tumbas con pintu- = 37 = ras debió conducir naturalmente à la pintura mural pro- piamente dicha, costumbre que debió de pasar à los inte- riores de las habitaciones privadas. Por lo demás hicieron los griegos los mayores esfuerzos para hallar y observar las relaciones armónicas de los co- lores; habiendo hecho con acierto una buena distribución de las masas de luz que debió presentar el cuadro, y pro- ducir la unidad de efecto de la luz en general. Después de estas ligeras nociones sobre los procedi- mientos empleados por los griegos para la pintura por su- perposición, debemos hacer mención de los procedimientos por juxlaposicion que se usaron , cuales son el mosaico y el tapiz. Los primeros mosaicos de que hace mención la historia datan de la época alejandrina, y consistieron en la combi- nación de pequeños cubos de arcilla. Este material se con- virtió mas adelante en mármol, en otras piedras preciosas y en vidrio. No es probable que en la época griega tuvie- se el mosaico otra aplicación que en los pavimentos. El tapiz tan apreciado en los tiempos modernos habien- do sido elevados sus trabajos á la categoría artística , tuvo también entre ios griegos muestras dignas de ser aprecia- das, siendo conocido por parapetásmata. Plutarco al enea, recer la grandeza de Fidias en el arle y en el renombre •que gozó en tiempo de Pericles dice, que tal artista tuvo bajo su dirección todas las obras del arle que se ejecuta- ron en aquella época, eitando entre los tectenes , plásticos, tárenlas y otros, á los poiquiltas. Estos operarios no faeron mas que los obreros de lanas de diferentes colores y los èordadores, cuyas obras contribuyeron á la exornación de los templos y estatuas de marfil. Este arte fué procedente deFenicia de donde debieron de importarlo los griegos; ha- biendo noticia de los magníficos ropages con que se vistió al Apolo deifico y á Palas, y del manto que los rodíos re- galaron á Alejandro Magno. Los griegos dominados por la idea de atribuirá! cuerpo = 38 s= humano las mas bellas formas que su gusto podia suge- rirles, repugnaron los medios perspectivos que presentan los objetos no tales cuales son en sí, sino en conformidad con las reducidas facultades de nuestra vista. Asi es que si bien conocieron la perspectiva, no hicieron de ella el uso que hacemos en el dia , y fueron muy avaros de los efec- tos que este arte produce. Esta idea hizo que diesen pre- ferencia á la estatuaria sobre el bajo relieve, dando al ba- jo relieve el carácter de !a estatuaria , y en cierto modo tratando la pintura como un bajo relieve. Esto no quiere decir que los griegos no conociesen ó no pusiesen en plañía en sus obras los principios de la pers- pectiva , la cual formó una rama particular de la pinlura; pero no puede menos de conocerse que en general los grie- gos dieron mas importancia á la representación completa de las formas en toda su belleza y en todo su carácter, que á la ilusión producida por medio del escorzo y de la dis- minución de las figuras, en una palabra, mayor importan- cia que á la naturalidad de la perspectiva. Esta misma importancia que los griegos dieron á la forma humana, exigiendo del artista la euritmia, y una grande exactitud de proporciones, esplica la razón que qui- tó igualmente la importancia á la perspectiva aérea, que es la que presenta la degradación de tintas y tonos que el aire interpuesto produce. Así fué que el pintor solo trató de acercar cuanto mas le fué posible á los ojos del espectador, ios objetos que pintó en sus cuadros, colocándolos en un punto enteramente iluminado. Por esto las sombras y la luz no estu vieron destinadas como en la pintura moder- na álos contrastes y oposiciones de las masas, y á los efec- tos generales de esta naturaleza, sino al modelado de la fi- gura ó del grupo aislado, que fué el carácter que dieron á sus composiciones pictóricas; carácter que, se acercó al bajo relieve, como el bajo relieve se acercó á la estatuaria, = 39 = Monumentos romanos. El arle romano, puede decirse que no es mas que un epílogo del arte griego. A medida que las armas romanas fueron sometiéndolos distintos pueblos del mundo entonces conocido, la capital, absorviendo la vida de los pueblos conquistados, reunió en su seno á los mejores artistas, así como reunió á los hombres mas sabios En el siglo II antes de Jesu-Cristo, sucumbió Coiinto, y con ella perdió Grecia su importan- cia política, siendo declarada Provincia romana con el nombre de Acaya. Las artes griegas pasaron á servir á la Sociedad romana: ya no hubo originalidad, ya no hubo elección; no hubo, en general, mas que imitación, y an- dando los tiempos, adulteración, así en arquitectura como en escultura y como en pintura. Idea general de la arquitectura romana. -: Antes de dar razón de los monumentos arquitectónicos, debemos hablar del estilo que en esle arte adoptaron los romanos. La arquitectura griega recibió distintas modificaciones en sus tres estilos, dórico, jónico y corintio, En primer lugar: la decoración dórica fué empleada pocas veces por los romanos. Quizá la hallaron demasiado severa y poco conveniente á la suntuosidad, y por esto la modificaron. Dieron á los miembros mayor altura, enri- quecieron las molduras con adornos, y no pudiendo pres- cindir de la tendencia á regularizar formas, colocaron los triglifos angulares á plomo del eje de las colunas que les correspondieron, formando el ángulo los melopas; y por último, usaron de la mayor libertad en la exorna- ción de dicho estilo basta llegar á aplicarle miembros que mejor convienen à los eslilosmas esbeltos.—No adultera- ron menos el estilo jónico. Las colunas fueron mas altas, y muchas veces carecieron de estrías. El capitel ofreció variantes que le presentaron mas raquítico: pues unas veces el astrágalo estuvo unido al óvalo, quedando su- primido el friso; y otras la voluta apareció en cada uno de los cuatro ángulos suprimiéndose la almohadilla late- ral. Por úilimo, se empleó mayor ó menor profusión de adornos en los miembros secundarios, y hubo gran va- riedad en las cornisas.—El estilo corintio nacido en la úl- tima época del arte griego cuando la faustuosidad princi- pió á adulterar lo artístico, se acomodó perfectamente al caràcter espléndido de los romanos; y al arrogarse el de- recho de enriquecerle, abusaron de este derecho. De aquí la profusión de adornos y por consecuencia la confusión de miembros y hasta de estilos. En segundo lugar, no puede dudarse de que la arqui- tectura romana fué una continuación de la elrusca.— En la época de los reyes, Roma no tuvo otra conside- ración- que la de una ciudad elrusca. Etruscos fueron sus reyes, y obra de artistas etruscos fué su ciudad. Sometida la Etruriaà mediados del siglo III antes de Jesu- cristo , la construcción en arco procedente de aquel país fué adoptada por los romanos, poniéndola^frenle á frente de la construcción en plata-banda tomada de los griegos un siglo mas tarde, y aun amalgamando ambos sistemas, hasta encumbrarse el uno á costa de la pureza del otro. m—m En los últimos tiempos de la República, cuando las con- quistas de Grecia, Siria y Egipto acumularon preciosida- des artísticas en Roma, quiso esta asimilarse una ciudad macedónica; de modo que cuando se creó el imperio prin- cipió el cultivo de la bella arquitectura. Un período de trescientos años comprende este cultivo basta su completa decadencia presentando tres distintas fases. Eí reinado de la 1.* se extiende desde la crea- ción del imperio por Octavio hasta el último de losFlavios: la 2.* se extiende hasta la anarquía militar (mediados del siglo III de J. G.}: y la última llega hasta princi- pios del siglo IV de J. C. en que Constantino trasladó la silla imperial desde Roma á Bizancio después de haber abrazado el cristianismo y declarádole religión del Im- perio. 6 AHQCIOLCííl ESnÜOLi. = 42 — 1.* Desde los primeros tiempos del imperio los maci- zos y los arcos constituyeron un sistema de construcción, quedando los miembros de la arquitectura griega relega- dos á simple exornación exterior del muro. Sin embar- go, ambos sistemas existieron independientemente uno de otro, de modo que los templos se construyeron enteramen- te à la griega. Él uso del arco y de la bóveda y la revo- lución sobre su eje trajeron la construcción de las cúpulas que se llamaron tolos. La familia Flavia levantó edificios que exigieron distintos pisos, tales como el Coliseo, y en- tonces debió de nacer la práctica de superposición de es- tilos. Por otra parte, esta disposición de los edificios en distintos altos ó pisos fué procedente de los etruscos. 2.* Las construcciones de Trajano y de Adriano pue- den disputar la grandiosidad á todas las que se levantaron en épocas anteriores. Las de los Antoiiinos anunciaron los últimos dias de la bella arquitectura. Pero en esta época ya se deja notar cierta prodigalidad de adornos, y tenden- cias á desmenuzar las masas. Se generalizó el uso de los pedestales como parte desgajada de los basamentos conti- nuos y aplicados, sin género alguno de duda, á dar mayor elevación á las colunas y producir el mayor número posi- ble de formas para agruparlas convenientemente. Pero en lugar de la esbeltez que se buscó, no se halló mas que pesadez por razón de los contornos que afectaron Io¡5 miembros y molduras. La forma circular, siempre exacta y sujeta a la reproducción, fué la adoptada para las mol- duras curvilíneas, así como la libre forma elíptica había — 43 — sido empleada por los griegos. Esta circunstancia no hace mas que indicar cuanto la imaginación habia perdido en actividad, no entregándose ya al libre trazo, ni á la fluida combinación de curvas. 3.* Después de Marco Aurelio la decadencia de la ar- quitectura fué rápida. Se hacinaron los ornamentos hasta tal punto, que las líneas capitales quedaron en la mayor confusión. Se colocaron miembros secundarios inoportuna- mente, se diversificaron todas las formas simples, sequiló álos miembros principales sufisonomíay significado par- ticular, y de esta diversidad nació una uniformidad em- palagosa. En esta época sin duda nació el capitel llamado por los arquitectos del siglo xvi compuesto, el cual no es mas que una mezcla incongruente de estilos y un abuso déla libertad de exornación. Aunque generalmente ha- blando, fuese buena la construcción, sin embargo la eje- cución de los detalles fué cada dia mas tosca; disminuyen- do el esmero en el trabajo por razón de la prodigalidad de adornos. Todas estas circunstancias fueron debidas á la influencia que ejerció en el ánimo de los arquitectos y constructores, el gusto de los pueblos de Siria y Asia me- nor que no dejaba de tener cierta magnificencia. Después de la anarquía militar, la prodigalidad de exor- nación degeneró en un barbarismo tal, que quedaron ol- vidados los principios fundamentales de la antigua árqui- ML =» u = lectura. Entonces quizase introdujo el uso de hacer estri- bar los arcos sobre el cornisamento ó inmediatamente so- bre el abaco de las colunas: se arquearon los entabla- mentos, y se principió á exornar basta los fustes de las co- lunas, ya retorciéndolos, ya cubriéndolos de obras de talla. Las desproporciones crecieron de punto, y así es que se ven cornisas que aplastan, por decirlo así, el entabla- mento y todas sus partes. La ejecución fué entonces mez- quina y grosera, y solo algunos restos del primitivo gusto romano se dejaron entrever en la grandiosidad del plan general. Sin embargo continuaron ejecutándose cosas maravillosas respecto de la parle mecánica de la construc- ción. Los materiales que emplearon en sus construcciones los combinaron de distintas maneras constituyendo un ele- mento de exornación. £1 opus incertum le constituyeron las piedras en su tos- quedad sin labrado alguno y sin otro orden que un com- pleto ajuste en el paramento exterior. £1 ángulo del muro estuvo construido algunas veces con piedras labradas ó con ladrillos. El opus reticulatum le constituyeron piedras cortadas á escuadra y dispuestas por tendeles diagonales cruzándose entre sí. El opus spicatum se compuso de ladrillos colocados de canto en sentido diagonal y opuesto. £1 opus quadratura se formó de piedras cuadrangulares colocadas por llaga y tendel. Hubo el grande, el medio j el pequeño aparejo; y hasla hubo la distinción entre el atadrado y el cuadrilongo. El ladrillo ya rectangular, ya triangular, hizo gran pa- pel en las construcciones romanas. El opusmusivum, musaicum ó mcsaicumsirvió para pavi- mentos. Fué una especie de pintura por juxtaposicion, y secompuso de mármoles ó vidrios de varios colores, coa un engaste de cimiento. = 45 sa Conocido ya todo lo respectivo à la decoración arquitec- tónica empleada en la época romana, veamos las formas en que se desplegó la actividad de los arquitectos deaque- lla época, á fia de responder á las necesidades de la sun- tuosidad y grandeza romanas. Caminos. Ninguna nación aventajó, ni igualó siquiera, á los romanos en cuanto tuvo relación con las obras de utilidad pública. Dieron à estas obras un carácter de gran- deza y solidez que no se halla en las construcciones de otro pueblo alguno. A los romanos no les arredró obstá- culo ni fatiga alguna, y lo mismo aplicaron las fuerzas vitalesde la nación á estender los límites del imperio, que á abrir vias de comunicación. Todas sus construcciones fue- ron prodigiosas por su estension y por su consistencia; y desde el uno al otro eslremo de tan vasto imperio, cruza- ron veinticinco grandes caminos de mil quinientas á mil seiscientas leguas de estension. Además de estas grandes vias de comunicación general, huho otras secundarias cla- sificadas según su importancia.—A lo largo de estos ca- minos se hallaban casas de posta, piedras ó poyos para montar á caballo, (puesto que hasta fines del siglo iv ó principios del v después de J. C. no se conocieron los es- tribos) y piedras miliarias para indicar á los viajeros las distancias. Estas piedras por lo regular fueron cilindricas, sin capitel alguno, elevándose á una altura de cinco á ocho pies y estando fijas en el suelo por medio de bases cúbicas. Además los grandes caminos en las inmediaciones de los grandes pueblos estaban decorados muchas veces con arcos de triunfo, templos, quintas y sepulcros, contri- huyendo á hacer mas pintoresco el pais y mas llevaderas las fatigas del viaje.—El camino mas antiguo de cons- trucción romana, data del siglo IV antes de J. C. Los de las provincias no remontan mas allá de la época de Oc- tavio. Campamentos. Los hubo mudables, y fijos: los prime- ros se levantaron según la mayor ó menor proxi midad del = 46 = enemigo lo exijia: los segundos sirvieron para invernar á las tropas ocupadas en la conquista de los distintos paises; habiendo sido el origen de muchas poblaciones. Por lo demás conviene conocer el arte de guerrear de los roma- nos y los distintos cuerpos de tropas deque constó su ejér- cito para conocer la utilidad de la distribución deuncam- pamenlo. Cloacas. Fueron otras de las obras romanas importan- tes por su utilidad y por su buena construcción. El mas antiguo monumento de esta clase remonta á la época de los Turquinos (siglo VI antes de J. C); y la cloaca Máxi- ma ha sobrevivido á los incendios y devastaciones que Ro- ma ha sufrido desde su fundación. Sin embargo, es pre- ciso entender que se han hecho en ella distintas restaura- ciones. De todos modos es la bóveda de medio punto construida con dovelas ó piedras cuneiformes roas antigua que se conoce. Acueductos. Fueron construcciones cuyos restos admi- ran por su grandiosidad. t,)uizá indican el atraso en que estaban tas ciencias físicas, pero no puede negarse que son modelos de construcción. Son subterráneos, ó aparentes: los primeros estuvieron construidos con bóveda : los se- gundos atravesaron valles uniendo los subterráneos. Los acueductos aparentes se hallan colocados sobre uno ó mas, órdenes de arcos, ó sobre un macizo. Durante la república se hizo la construcción con sillares, y durante el imperio, ya fueron de ladrillo, ya de manipostería. La canal la colo- caron en la parle superior, y estuvo revestida interior- • = 47 = mente de un cimiento muy duro. Los arcos van sostenidos por pies derechos ó pilares afectando algunas veces la for- ma piramidal al arrancar de los cimientos.—Rara vez si- guieron los acueductos la línea recta; presentando ciertas sinuosidades para minorar la impetuosidad de las aguas, así como estuvieron promediados de trecho- en trecho por piscinas á fin de que se sedimentase allí el barro y otras partículas gruesas que trajesen las aguas. £1 acueducto conducía las aguas auna especie de repartidor, desde don- de se distribuía á las fuentes públicas, à los terrenos y á los particulares por medio de tubos de tierra cocida, de plomo ó quizá de madera. JSinfeos. Las grutas en donde manaban los manantia- les de agua fueron decorados por los romanos con pórticos y estatuas; y pusieron á su alrededor asientos para que las gentes pudiesen gozar de lo delicioso de aquellos sitios, los cuales, de lugares de diversión inocente, pasaron á ser sitios de disolución y de crápula. Puentes. En los puentes se presenta á primera vista la utilidad, la comodidad y el conocimiento de las leyes físi- cas, al propio tiempo que son monumentos de arte. Arcos de triunfo. Los primeros monumentos de esta cla- se fueron de invención romana, si bien Plinio la atribuye •á los griegos; sin embargo ningún vestigio nos ha queda- do de arcos de triunfo de la época griega. ni autor alguno de ¡a antigüedad hace mención de ellos. Por otra parte la forma que los romanos les dieron, debió de ser muy es- pecial y distinta cuando el mismo Plinio los llama de nue- va invención.—En su origen estos monumentos se constru- yeron sobre planta circular. Mas adelántese les dio mayor suntuosidad y se construyeron á manera de puertas ó vas- tos pórticos, levantándose ó en la entrada de las poblacio- nes, ó en las grandes avenidas, en los puentes ó en otros sitios de paso. En los primeros tiempos los arcos de triunfo fueron de madera y se adornaron con los despojos arreba- tados á los enemigos. Dióseles después un carácter monu- = 48 = mental, y se construyeron de ladrillos , de sillería, de mármol, y el bronce figuró en ellos para mucho.—Estos monumentos fueron mas ó menos sencillos según la im- portancia del hecho que conmemoraron, unos tuvieron un solo arco: otros tuvieron hasta tres, en cuyo caso el del centro tuvo mayor altura; y muchos emperadores , entre otros Diocleciano, erigieron en Roma arcos practicables por sus cuatro fachadas. A ellos concurrían los negocian- tes, viniendo à construir una lonja mercantil.—El enta- blamento estuvo coronado por un ático con inscripciones; y descolló en lo mas alto una estatua ecuestre ó una cua- driga. En los frisos y en los espacios de los netos del ático y en las enjutas de los arcos, figuraron bajos relieves alu- sivos al hecho conmemorado. Colunas monumentales. Los romanos, que no procuraron mas que ensalzar sus glorias y dar lustre á su patria, bus- caron cuantos medios pudieron para alcanzar este objeto. No bastaron los arcos de triunfo para perpetuar el recuer- do de un hecho, y empleándolas colunas, cuyo objeto no debe ser otro que sostener , les dieron una existencia inde- pendiente, erigiéndolas como monumentos conmemorati- vos.—Las colunas monumentales suelen clasificarse segan circunstancias especiales requeridas por su objeto. Asi es que hubo colunas estatuarias, cronológicas, militares, le- gales, limítrofes, rostrales y manubiarias , ya por soste- ner una estatua ó por llevar inscripciones históricas ó dis- posiciones legales ó alistamientos de tropas, ó por indicar los límites de un territorio, ó por tener adheridas proas de = 49 = buques , ó por estar adornadas con trofeos. Ademas hubo en Roma la coluna bélica , desde cuyo pié el cónsul arro- jaba un venablo hacia la dirección en que estaba situado el pueblo al que se declaraba la guerra. Hubo también la Jactaría, en cuya base se veia un nicho abierto donde se •depositaban ó exponían niños cuyo nacimiento necesitaba el rubor ocultar. Los romanos también erigieron obeliscos con el mismor objeto que las colunas monumentales , quizá desnaturali- zándolos también. Trofeos La mayor parte de pueblos de la antigüedad tuvieron la costumbre de perpetuar por medio de trofeos las victorias obtenidas.—Los griegos colgaron de los ár- boles los despojos y armas del vencido. Los romanos die- ron el nombre de trofeos á lodo monumento conmemora- tivo de un hecho de armas. Se erigieron los trofeos en los campos de batalla; y se consideró como un sacrilegio el destruirlos. Dan una idea de esta clase de monumentos y de su disposición los que se hallan esculpidos en la coluna trajana. Templos. Los romanos imitaron los templos de los grie- gos , del mismo modo que adoptaron su religión amalga- mándola con las tradiciones etruscas. Algunas modifica- ciones hicieron en ellos , mas para aumentar la magnifi- cencia , que la belleza. Aumentaron el número de colunas •y de galerías en los pórticos. Construyeron muchos tem- plos pseudo-dípteros y pseudo-perípteros, esto es, con co- lunas empotradas en el muro, mostrando en ello ó menos gusto ó mas tendencia á dar importancia al muro. Los construyeron también circulares monópleros ó perípteros, pero cubiertos con una cúpula. La naturaleza del culto que los romanos tributaron á las divinidades griegas exíjió ma- yores dimensiones para los templos, de modo que hasta los construyeron dobles, unidos por la parle posterior.— Las particularidades notables de los templos romanos fue- ron : el haberse flanqueado m uchas veces el basamento po *7 1BQVEOÍ.OOÍA EfPiÑOH. — 50 = pedestales: el haberse hecho el frontón en ángulo mas agudo: y por último el haberse colocado á menudo la es- tàtua de la deidad en un gran nicho, ó debajo de un fron- tón sostenido por dos colunas. Foros. El foro romano fué una imitación de la agora griega y tuvo igual objeto, por consiguiente fué plaza de mercado y sitio de reunión de las asambleas populares. En aquellos recintos los jóvenes se entregaron á los ejer- cicios gimnásticos, combatieron allí los gladiadores, y los primitivos juegos escénicos fueron allí aplaudidos por la multitud de espectadores reunidos debajo de los pórticos. Pero luego que se construyeron palestras, estadios, teatros é hipódromos, el foro continuó sirviendo para sus dos ob- jetos principales, á saber: para mercado y para asambleas públicas. Mas adelante todas las poblaciones de importan- cia tuvieron cuando menos dos foros: uno civil y judicial que sirvió para las reuniones públicas y para los tribuna- les: otro mercantil, nundinarium. En las grandes ciuda- des, el número de estos últimos se aumentó considerable- mente, hasta destinar uno para cada mercadería: así hubo- el forum boarium, olüorium, cupedinis. etc., destinados pa- ra la venta de bueyes, legumbres, granos, caldos, etc. Naturalmente se deja entender que los foros mercantiles tu- vieron una decoración sencilla, y que no consistieron casi mas que en un recinto rodeado de pórticos con tiendas y almacenes. Por lo contrario respecto de los foros civiles y judiciales, pues se los enriqueció con todas las maravillas del arte, rodeándolos de suntuosos edificios, tales, como el templo de la divinidad protectora, el erario, la curia, la ba- sílica, la cárcel, arcos de triunfo, estatuas, etc.—La deco- ración de los foros no fué uniforme, ni hubo regla general para su disposición. Unas veces la plaza fué formada por un recinto de galerías con tiendas en el piso de la calle y habitaciones en el principal: otras se halló rodeada de mo- numentos y edificios de utilidad pública, como los que an- tes se han indicado. Basílicas. Fueron edificios por lo común anexos á los foros. Se trataron allí negocios de interés público , quizá :se administró en ellosjuslicia, á veces fueron sitios de con- tracción para los mercaderes.—La planta de las basílicas formó un paralelógramoalterado algunas veces por un he- miciclo en el lado opuesto al de los ingresos. E! edificio ¡fué cerrado por un muro donde hubo abiertas grandes ventanas. El interior fué dividido á lo largo por dos ó qui- zá mas órdenes de colunas, sosteniendo un arquilrave for- mando tres naves que terminaban en una valla transversal y que se llamó transeptum. La fachada tuvo un pórtico, y «n él varias puertas correspondiendo á las naves. Sobreca- ma uno de los órdenes de colunas que dividieron las naves «stribó otra colunala, constituyendo oirá galería arquitra- bada. Esta colunala sostuvo la cubierta de la nave princi- pal, que fué apuntada con armazón de madera y algo mas «levada que la de las naves laterales, presentando la del hemiciclo, si le hubo, un cuarto de esfera, (apsis, concha). Allí estuvo el bema ó tribunal, estendiéndose á uno y otro Jado los asientos para los magistrados. Contiguas al bema ¿ubo piezas para usos particulares de la asamblea.—Su pé- nese que hubo basílicas con la nave principal descubierta, y que se edificaron otras á manera de simple pórtico, esto es, una cubierta sostenida por colunas, quedando espedila la circulación en todas direcciones. Baños y Termas. En estos establecimientos desplegaron los romanos el mayor lujo y la mayor magnificencia. En tiempo de la república el uso de los baños llegó à hacerse una necesidad cuotidiana tanto para el patricio como para — 52 — el plebeyo. Bañáronse los romanos hasta tres veces en in- vierno y cinco en verano. Desde el tiempo de Pompey» hubo en Roma baños públicos; pero el pueblo no tuvo un establecimiento destinado para su uso hasta que Agripa le hizo donación de sus Termas; y los emperadores que vi- nieron después de este yerno de Octavio Augusto, siguien- do su ejemplo, mandaron construir baños que merecieron los mayores encomios de los escritores de la antigüedad. Levantáronse edificios y erigiéronse baños en varios pun- tos del imperio y donde quiera que se hallaron manantia- les de aguas calientes. Conviene hacer aqui presente, que si bien en los primeros tiempos solo se dio el nombre de Thermas á los establecimientos de baños de aguas calien- tes, no obstante, tomando mayor estension la voz, compren- dió también los establecimientos de baños de agua fria, haciéndose una denominación genérica de todo estableci- miento que tuviese por objeto el baño. Se reunió en estos establecimientos cuanto podia recrear la vista y lisonjear la imaginación. Así es que fuera de las piezas de baño, hubo otras salas y pórticos y exedras y calles de árboles con asientos, bibliotecas, todo sirviendo de punto de reu- nión á los sabios y curiosos; y por último, en los grandes recintos de las termas se dieron espectáculos dramáticos y atlélicos. Puede considerarse que establecimientos de esta naturaleza fueron decorados profusamente. El edificio de las termas para ser completo debió con- tener un spoliatorium (sitio para desnudarse), nn unctua- rium (sitio para ungirse con ungüentos olorosos): el-es/e- risterium en donde se entregaban los bañistas á varios ejer- cicios antes de entrar en el baño común de agua caliente (caldarium). Al rededor del caldarium hubo un ándito y una galería con gradas, algo mas elevada, {schola) para los que no se bañaban. La pila del caldarium no tuvo techo. Al salir del baño se atravesaba el tepidarium, que era una sala de paso para prevenir la impresión del cambio de tem- peratura entre el caldarium y el frigidarium ó baño frió. = 5 3 ma El frigidariutn tuvo techo. Hubo además salas para tomar baños de vapor ó de estufa. Su techo fue abovedado y en • medio hubo un gran receptáculo en donde hervía el agua que esparcía el vapor, el cual salia por una abertura cir- cular practicada en el centro de la bóveda. Esta abertura se cerraba con una tapadera (clipeus). El agua se calentó en vasos de cobre después de recibirla del aquanum ó gran receptáculo; y las salas de las termas se caldearon por me- dio de tubos de tierra cocida de forma cuadrada que co- municaban con el hipocausthum, espacio que corria por de- bajo del piso y que recibía el calórico, del horno que tu- vo anexo. Teatros. Tuvieron también grande importancia entre los romanos los teatros, sobre todo desde que se les dio una construcción permanente. En los siglos primitivos so- lo se ejecutaron los juegos escénicos en tablados de quila y pon que se levantaron en el circo. En el u antes de J.-C. erigieron teatros de piedra, y cerca de nn siglo mas tarde adoptaron la disposición griega. Sin embargo el teatro ro- mano se diferenció del griego en que tuvo la orquesta me- nos espaciosa, y la escena mas profunda y menos elevada, y no estuvo colocado sobre terreno pendiente. El sitio destinado para los espectadores fue semicircu- lar, y tuvo gradas divididas por escaleras en dirección al centro del semicírculo, cuyas divisiones se llamaron cu- neus. En los primeros tiempos los espectadores se sentaron sobre la piedra; pero en tiempo de Calígula se permitió poner almohadones y tapices en las gradas. El conjunto de esta gradería estribó sobre series de bóvedas á manera de galerías; y el esleriordel monumento estuvo decorado con pilastras y colunas, galenas y pórticos, etc. y coronado to- do por un ático. El conjunto de gradas se llamó cavea y el espacio que quedaba al pié de la gradería se llamó orquestra. La escena no tuvo de ancho mas que el doble del diámetro de la orquesta; y se levantó unos cinco pies del piso. En el fondo presentó un espacio en hemiciclo — 54 — adornado el todo con colunas , estatuas y pinturas. En- frente del proscenio hubo el pulpitum que era una plata- forma que se adelantaba hacíala orquesta y donde can- taban los coros. Los actores declamaron en el proscenium. La fachada del fondo de la escena presentó tres puertas, como en el teatro griego; llamándose la del centro puerta real y hospitalia las de los lados. Esta fachada estuvo de- corada con colunas y estatuas. En las parles posterior y laterales de esta fachada estuvo el parascenium ó post- cenium que era el sitio en donde se vestían los actores. La escena tuvo dos pisos, el hyposcenium que comprendió varias piezas para el servicio de la escena , y era el piso de debajo de la escena; el episcenium era el piso supe- rior. En el centro de la orquesta se elevó una ara en la cual se sacrificaba una víctima á Baco antes de principiar el espectáculo. Al rededor del altar estuvieron colocados los músicos. El servicio de la escena entre los romanos fué mejor dispuesto que entre los griegos, efecto de los adelantos que se habian verificado. A uno y otro estremo del proscenio hubo los bastidores triangulares girando sobre un eje [ver- sátiles) ; así como presentaron cuadros a manera de telo- nes por medio de correderas (dúctiles). Pero los cambios de decoración no se hicieron á la vista éel público, sino después de haber cubierto la escena con el auleum ó sipa- rium que se levantaba delante del proscenio. Hubo tres clases de decoraciones: una para la trajedia y represen- taba edificios grandiosos, palacios, templos, etc.; otra para la comedia que representaba plazas y calles públicas; y otra para las atellanas ó piezas jocosas y satíricas que re- presentaba cavernas, montañas, bosques, etc. Además se usaron varias máquinas ya para producir el rayo, ya para imitar el ruido del trueno, ya para los vuelos, ó para levantar las decoraciones, ó para las apariciones instan- táneas. El uso de las máscaras para los actores siguió como en- — 55 — tre los griegos. Las primeras fueron de corteza de árbol, y posteriormente se fabricaron de cuero, de madera y hasta de cobre. El hueco de la boca debió dar à la voz un sonido penetrante para dejarse oir desde todos los puntos del teatro Estas máscaras fueron muy ligeras y cubrieron toda la cabeza. Según el carácter de las piezas dramáticas se usaron unas ú otras máscaras. Dicese que la voz de los actores se hacia también inteligible á causa de unos vasos de bronce ó tierra cocida empotrados en la gradería, con la boca hacia la escena. Las representaciones teatrales se ejecutaron de dia; y como los teatros no tuvieron cubierta, se deja entender la razón por la cual se estendió sobre los espectadores un tol- de color de pórpura ó adornado con dibujos : toldo que se aseguraba en unos mástiles h'jadosen medio de la orques- ta y en la parte superior del muro de la cavea, por me- dio de unas grandes clavijas metidas en una especie de modillones agujereados. Estuvieron también en uso entre los romanos, los Odeo- nes, y sus circunstancias no difieren en lo mas mínimo de las que dieron los griegos á estos teatros de música. Anfiteatros. Para los espectaculoso combales de gladia- dores y de bestias fieras, usaron los romanos los anfitea- tros, edificios de invención etrusca, á los cuales, al adop- tar su disposición, dieron mayores dimensiones, escedien- do á sus inventores en lujo y magnificencia. Su planta fué comunmente un óvalo ó elipse, rodeado de gradas forman- do distintas proecinctíones, divididas por varios cuneos: al pié de las gradas hubo un espacio bastante estenso que se llamó arena , porque en efecto , de este material estuvo cubierto el piso, ya para absorver la sangre que habia de correr, ya para ofrecer á los combatientes un medio de afirmar mejor los pies. Detras de la gradería hubo varias galerías que fueron acusadas en la parle exterior del edi- ficio por \arios órdenes de aberturas semicirculares de- coradas con colunas y estatuas. Estos edificios no tuvieron = 56 = techo, pero no cabe duda que á favor de unas clavijas que hubo en la parle superior, y de unos mástiles plantados al pie dp las gradas, se estendió sobre ellos un toldo (vela- rium). La arena fue circuida por un foso que.se llena- ba de agua, y por una pared de unos quince pies de ele- vación sobre la cual estuvieron los asientos de preferencia. A espiadas de estos alzóse olra pared desde la cual se es- tendieron los asientos de los demás espectadores. Se deja comprender que hubo substrucciones para guardar las fie- ras.—La capacidad de los anfiteatros fue extraordinaria: baste saber que en el llamado Flavio [Coloseum) cupie- ron hasta cien mil personas, según cálculos : número que parecería exagerado si no estuviese confirmado por varios autores. El anfiteatro mas antiguo de piedra fué mandado construir por Augusto. En estas arenas recibió la reli- gión crisliana el sello sangriento de su santidad. Naumaquias: no fueron mas que unos aníitealros cu- ya arena podia llenarse de aguapara poder celebrarse comba/es navales. Circos é hipódromos. El objeto principal de los circos fué las cocridas de carros y de caballos, si bien en oíros tiempos sirvió para combales de gladiadores y fieras. Los circos aunque fueron edificios particulares de la civiliza- ción romana, sin [embargo tuvieron mucha analogia con el estadio griego. El primero que se erigió en Roma data de Tarquino el anciano; mas adelante la munificencia de César, la de Augusto y la de otros emperadores dotaron r JR= á la ciudad de muchos monumentos de esle género. La palnla de esle edificio fué un óvalo muy prolongado, cor- = 57 — tado en linea casi recta por uno de los estreñios; y con la arena ó área rodeada de un foso, que llenaban de agua, de unos diez pies de ancho. Esto prueba que en sus prin- cipios el circo tuvo el mismo objeto que el anfiteatro. • Una pared de ladrillo de unos cinco pies llamada spina, dividió el área desigualmente á la izquierda de) especta- dor, y por su eje mayor, sin llegar á los estremos de I» periferie. El objeto de esta desigualdad fué dar á los car- ros y caballos mas espacio para correr en el principio de la carrera, pudiendo adelantar con mayor facilidad. En los estremos de la spina estuvieron las metas, que consta- ron de un basamento mas ancbo que la «pina sobre el cual estribaron tres poyos. En la spina hubo varios pasos practicables para el servicio del circo, y sobre ella se le- vantaron estatuas, altares, etc. En el centro se elevó el obelisco del sol y otros símbolos. Algunas veces hubo jun- to á la spina estanques que sirvieron de abrevadero y pa- ra remojar las ruedas de los carros. La gradería de los cir- cos estuvo dispuesta como la de los anfiteatros; y en la» parte eslerior hubo pórticos con tiendas. En el estremo- circular estuvo la puerta triunfal por donde salian los ven- cedores. Los ángulos del estremo opuesto, tuvieron cada* uno una puerta para el servicio, y una especie de torre* unfdas por un muro en línea curva, con cuadras y coche- ras para los carrosy caballos. En el centro estuvo lapuer- ta,pompa circensis. El palco del emperador [ediculus) sos- tenido por colunas, estuvo enfrente de la primera meta: el de los jueces, casi enfrente de la segunda. Para las corridas de caballos y carros tuvieron también los hipódromos que fueron unos espacios de una estension inmensa en cuyo estremo sefijóla meta á que debia lle- garse. Su área estuvo circunscrita en un cuadrilongo cir- cuido con una valla de piedra á la altura de un antepecho, ofreciendo su piso distintas pendientes. Edificios particulares. Dejemos las cabanas de los tiem- pos de la primitiva sociedad romana, y las casas de ladri- 8 ARnCEOLOOÍ.V ESPAÑOL!. — 58 — líos en crudo, porque no hallaríamos el verdadero carác- ter arquitectónico romano aplicado á usos domésticos, ni quizá las necesidades domésticas peculiares de la civiliza- ción romana á que la arquitectura debió responder. Es- tas necesidades no datan mas allá de la época de la con- quista de Grecia, que fué cuando se buscaron las como- didades á causa de las riquezas que se habían acumulado en la ciudad, y cuando el gusto artístico se desarrolló, desprovisto del lujo desmesurado. Los romanos vivieron en unión con sus esposas, y por consiguiente sus viviendas siguieron un sistema distinto del que adoptaron los griegos. El rasgo característico de estas viviendas consistió en los dos peristilos ó patios ro- deados de pórticos, en los cuales tuvieron salida las habi- taciones, comunicándose por medio de un corredor. Los gabinetes de uno de estos patios sirvieron para recibir las visitas de los forasteros, y los del otro, para uso privado y doméstico. Rara vez estos gabinetes tuvieron ventanas á la calle, y la mayor parte de ellos solo recibieron la luz por la puerta de entrada. En la parte eslerior de la habi- tación solía haber tiendas donde los esclavos vendian los productos de las fincas de su señor. La parte superior del edificio formó un tecbo angular ó una azotea con plantas, flores y emparrados. En el centro del primero de los peristilos hubo un estanque ó recipiente (impluvium) á donde iban á reunirse las ag'jas de los tejados, y de su centro saltaba un surtidor. En el peristilo estuvieron las habitaciones de las mujeres (talamus) , el tocador (venereum), exedras para la conversación, y los lararios, cocinas, despensas y demás dependencias de la casa. Se deja entender muy bien que cuantos mas medios tuvo un particular,#mayor riqueza hubo en los materiales y mayor fué el número de habitaciones en que estuvo dis- tribuida la casa, y los salones de visitas (aeci) fueron de- corados con mas ó menos gusto: asi es que hubo el sa- lón tetrástilo, el corintio y el egipcio; la enfermería {hospi- = 59 = tium), la biblioteca, el comedor íjriclinium), el gabinete de juego (alealorium), y la sala de baños, etc. Los gabinetes tuvieron el techo ya abovedado, ya pla- no, y solo recibieron la luz por una abertura practicada en la parte superior de la puerta. Si hubo ventanas, fue- ron muy elevadas, y estuvieron guarnecidas de láminas de piedras transparentes. Las puertas interiores solo se cer- raron con un lápiz: la del vestíbulo se abrió ya hacia dentro, ya hacia fuera, y se doblaron sus hojas en dos 6 tres parles. Los pavimentos fueron enlosados con már- moles, ó cubiertos de mosaicos.—Para calentar las habi- taciones hicieron uso de los hipocaustos, si bien tuvieron braseros donde encendieron lumbre, y hasta usaron chi- meneas las cuales se parecieren á una hornilla. En Roma los edificios estuvieron aislados unos de otros y constaron de muchos pisos. Augusto fijó la altura en setenta pies. A un grupo de casas se le llamó ínsula. De. los edificios urbanos pasemos á las fincas rústicas. La agricultura fué entre los romanos de la república una de las ocupaciones favoritas. Cultivaron sus huertas con sumo cuidado y esmero, y de ellas sacaron pingües rentas. En la época imperial, de agricultores que habían sido, se convirtieron en floricultores y en cultivadores de plan- tas aromáticas y de mero adorno. Ya no fueron huertas sino jardines adornados con grutas, fuentes, estatuas y to- do género de recreos, y allí tuvieron calles de árboles co- pudos y sitios destinados para los ejercicios paléstricos. Estos jardines ó quintas lomaron el nombre de vil-las. En lis vil-las se distinguieron tres parles: 1." la casa de recreo (villa ó predia urbana); 2." la alquería, {villa rús- tica) ; 'i.° el frutal. En las quintas de mero recreo la ha- bitación de invierno estuvo separada de la de verano; diferenciándose estas casas de recreo de las de la ciudad,, en su disposición y en lo mas espacioso de su atrio y pór- ticos. Sobre el edificio descollaba una torre con el objeto< de poder gozar de agradables vistas. =5 60 — Sepulcros. La inhumación como todas las demás prác- ticas religiosas, se verificó, entre los romanos eon gran solemnidad. Los funerales fueron públicos ó privados, se- gún los costeó el estado, ó la familia. En los primeros si- glos de Roma, los cadáveres fueron enterrados; pero en jos últimos años de la república adoptaron del todo la costumbre de quemarlos y guardar sus cenizas. Sila el dictador (siglo 1 antes de J. C) fué el primer patricio cu- 1 yo cadáver fué espuesto sobre una pira. Duró esta cos- tumbre hasta el siglo iv de J. C. Distinguiéronse muchas especies de sepulturas, pero solo el sepulcrum fué el que contuvo los restos mortales de- positados allí con ceremonias fúnebres. Los demás llevaron -el nombre de monumentum, cenolafium, mausoleum, etc. Difícilmente puede decirse cual fué el tipo ó forma ge- neral de los sepulcros romanos. En la mas remota edad parece que depositaron el féretro en un hoyo, levantándose sobre él un túmulus. Mas adelante erigieron edículos jcomo los griegos, y mas tarde fueron innumerables las formas adoptadas. Cipos. Entre los monumentos fúnebres de orden inferior pueden citarse los cipos , que fueron una especie de esle- lasgriegas. En uno de los frentes se ponia la inscripción. A veces remataron en frontón con antefisas angulares ó con •volutas y almohadillas. Los cipos tuvieron á menudo un receptáculo en la parle superior y un agujero que atravesó hasta las urnas colocadas debajo del monumento, á fin de que llegasen allí las libaciones. Columbarios. Fueron cámaras sepulcrales con nichos se- micirculares. Cada nicho contuvo dos urnas que llevaron en la parte anterior el epitafio. Estas cámaras estuvieron amuebladas, y en ellas se han encontrado mil objetos de uso del difunto y otros que debieron serviren los funerales. • L«s romanos tuvieron la costumbre de hacerse erigir las tumbas durante su vida, y en ellas acostumbraron à inscribir ciertas disposiciones testamentarias. — 61 — He aquí los principales monumentos arquitectónicos que la civilización romana erigió en el vasto espacio de su ter- ritorio. La arquitectura de aquella civilización, como dice muy bien un autor contemporáneo , ha ejercido bastante tiranía sobre la arquitectura moderna para que no merez- ca ser examinada bajo todos sus aspectos. La grandiosidad de los monumentos ha debido llamar sobradamente la aten- ción de los arquitectos de la edad moderna ya que pre6- rieron aquel estilo á todos los demás ; llegando la rutina á ser la causa principal de su adopción esclnsiva. Idea general de la Escultura y de la P i n t u r a e n t r e los r o m a n o s . ESCULTURA. La escultura griega sobrevivió á su patria nativa para trasladarse à Roma, que habia de imprimirle la sensualidad y molicie de una sociedad orgullosa de sus triunfos y de las riquezas que habia acumulado. En la época de Sila, de Pompeyo y de Octavio se halla- ron en Roma los mejores toréalas, fundidores y escultores del mundo. Al principiar la época imperial, la escultura se halló ya en un terreno resbaladizo que debió conducirla à la sima en que se sumió. Fué que principió á obedecer vergonzosamente al lujo, á la adulación, y á la sensualidad. Sostúvose, sin embargo, con algun mérito hasta el último de los Antoninos, (mediados del siglo n de J. C.) Los manantiales mas seguros para la historia de la es- cultura en esta época son: las esculturas de los monumen- tos públicos, las estatuas y bustos de les emperadores, los camafeos y las medallas.—Las estatuas alegóricas de las ciudades y provincias del imperio continuaron como en la época de los monarcas de Macedònia, siendo un ramo pe- culiar de los artistas distinguidos, y sirviendo de exorna- ción en los monumentos elevados á los emperadores. El estudio de los camafeos de aquella época son una prueba de ello.—Las piedras grabadas ofrecen á la historia del — 62 — arte entre los romanos, materiales no menos importantes que las estatuas. El dibujo de estas piedras grabadas es espresivo y cuidadosamente trazado; pero habia desapa- recido ya el genio de la ejecución y la nobleza de las for- mas. Lo mismo en los camafeos que en los bajos relieves y en muchas estatuas imperiales, se echan de ver las for- mas propias de los romanos, distinguiéndose muy percep- tiblemente por su pesadez, de las esbeltas formas griegas. —=En las monedas acuñadas en esta época por orden del i senado aparece el arte á la misma altura. Las cabezas es- tán llenas de vida y concebidas con tanto carácter como nobleza. En las composiciones mito-alegóricas de estas mo- nedas destinadas á representar el estado del imperio y de la casa imperial, se nota ingenio y gusto de invención, sin embargo de estar tratadas las figuras de una manera convencional. £1 amor de Adriano á las Bellas artes aunque un tanto afectado, hizo concebir á la escultura esperanzas de una restauración. Las comarcas que en aquella sazón recibie- ron el favor del monarca tales como la Grecia y el Asia menor, produjeron artistas que supieron dar vida al arle; pero no por amor al arte , sino para satisfacer los deseos del emperador. En aquellos países fué donde se esculpie- ron la multitud de estatuas del favorito de este principe (Antinous) bajo las formas mas variadas quedarse podían, sin hacerle perder nada de su individualidad, bien le pre- sentasen bajo los rasgos de un hombre , de un héroe ó de un Dios. Entonces estuvo en boga imitar el estilo egipcio, aun- que suavizándole un tanto. En algunas estatuas del mis- mo Antinous puede hallarse una prueba de esta verdad. La mayor parte de ellas están esculpidas en la piedra ne- gra llamada basalto: porque es preciso advertir que á la sazón se habia introducido el gusto por la magnificencia y brillantez de las piedras de color; y el basalto no era de lasque menos apasionados tenia, sin duda por acomodarse = 63 «se mejor al estilo egipcio, que como se ha dicho, estaba en- tonces en boga. En la época de los Anloninos el mundo romano descan- só de sus luchas: y hubiera podido alcanzar un tanto de su perdido esplendor, á haberle sido posible recobrar sus decaídas fuerzas: era una sociedad ya muy entrada en años, y el vigor en la edad madura no se recobra como en la juventud. Después de esta época la hinchazón y el oropel asiáticos por un lado, y la sequedad y pobreza por otro, fueron ad- quiriendo dominio. Su efecto se hace en cierta manera sensible en los bustos de los emperadores , cuya cabellera y barba bajan en numerosos y apiñados grupos, y cuyos accesorios están tratados con elegancia, sí, pero llena de afectación, mientras que los rasgos de la fisonomía están tomados y reproducidos con notable trivialidad. Las me- dallas de esta época siguen el mismo carácter bajo el pun- to de vista artístico , si bien las acuñadas en Roma son mas perfectas que las del Asia menor y Tracia, donde se ocuparon mas en presentar con todo el orgullo de los re- tóricos y sofistas, las imágenes de sus dioses y sus mitos locales, que en producir objetos de arte dignos de admi- ración. En los tiempos mas agitados de Cómodo y de sus inme- diatos sucesores , la decadencia se hizo de cada dia mas notoria. Apesar de lodo no puede decirse que esta época se hallase enteramente desprovista de aquella actividad que había de añadir nuevos eslabones á la serie de actos del desarrollo del viejo mundo artístico* En efecto las escul- turas de los sarcófagos, (que son las únicas que en esta época se hacen comunes,) presentan ingeniosas concepcio- nes relativas á la esperanza de una regeneración y reden- ción del alma, hallándose espresadas bajo diferentes for- mas con asuntos lomados de los ciclos de Ceres ó de Baco, ó de la fábula de Psiquis, que representa los dolores del alma separada del Eros divino. Al propio tiempo la escul- = 64 = tura se esfuerza en dar cuerpo á las ideas de una civiliza- ción del lodo oriental; y después de haber creado mu- chas cosas notables en figuras de divinidades egipcias, menos poderoso y mas grosero, dirige su atención hacia el coito de Mitra cuyas representaciones nada notable ofre- cen. Ta no se contenta con las formas admitidas de las an- tiguas personificaciones helénicas de los dioses, y tiende á espresar las mas excéntricas y generales ideas, degene- rando succesivamenle hasta producir deformidades mons- truosas. La superstición ecléctica de la época se sirve de piedras preciosas como amuletos mágicos contra enferme- dades é influencias demoníacas; graba constelaciones pro- picias en las piedras anulares y en las monedas; y por la mezcla de creencias religiosas sirias y helénicas , aborta la figura panteisla de Jaoabraxas. Mas adelante la enfatiquez y magnificencia del arte degeneraron del todo en la mas eslremada pobreza. Las mohedas son los objetos que bajo este punto de vista pue- den ofrecernos mas segura guia; en ellas se ve que las cabezas se hallan como comprimidas para dejar mas es- pacio al resto de la figura y á los demás adornos accceso- rios que la acompañan. T al llegar à los últimos años del siglo ni, pierden repentinamente los bustos todosu relieve, el dibujo es incorrcc>o, la representación total apenas tiene modelado y es poco determinada y poco característica, de modo que solo por las inscripciones pueden distinguirse los personages; y los principios fundamentales del arte se pierden con una rapidez asombrosa. Así terminó su carrSra la escultura antigua, la escultu- ra clasica por escelencia, muriendo con la religión pagana à la que debió su ser, pero dejando señales de su existen- cia,tan notables como indelebles, en la historia y en el culti- vo del arte, por estar basada sobre principios inalterables. PIHTÜRA. La pintura griega tuvo su epílogo al caer en manos de los romanos; y si la arquitectura en la época del imperio recibió un grado de desarrollo , desplegando = 65 = mayor grandiosidad y esplendidez; si la escultura fué tina continuación délo que hicieron en este arte los áltiraosde los griegos , la pintura no fué roas que una mera imita- ción de lo que se encontró hecho, por consiguiente tus* corta vida. En la época de César la pintura presentó en Roma mues- tras de buen estado , y las escenas trágicas hasta el roas elevado punto parecieron á los mas distinguidos artistas de aquella época de sumo interés y especialmente dignos de ser tratados. No fué menos apreciada la pintura de re- tratos. En la época imperial quedó abandonada la pintura de caballete, siendo practicada la mural con preferencia, mas para satisfacer los caprichos del lujo , que para proporcio- nar á la obra las conveniencias de localidad necesarias à la'caracterización. Enel reinado de Octavió Augusto la pintura del paisaje tomó¡uh carácter particular debido al genio del pintor Lu- dios, elevándose hasta formar un ramo aparte. Como de- coración del interior de las quintas y de los pórticos, pintó dicho artista jardines artificiosamente dispuestos, parques, riOs, canales , puertos , marinas y otros puntos de vista de la naturaleza muda ; animando estas combinaciones con la presencia de figuras ocupadas en varias tareascam- pestres, y en toda clase de actitudes cómicas y festivas. Yifrubio habla de cinco clases distintas de pintura mu- ral : 1.', imitaciones de miembros arquitectónicos y már- moles. :2.a vistas arquitectónicas en.eseenografia. 3.a esce- nas trájicas, cómicas y satíricas. 4.a cuadros de paisajes» 5. a cuadros históricos, como , figuras de divinidades, es- cenas mitológicas representadas con accesorios de paisajes. Parece que se acostumbró pintar las escenas trágicas y; có- micas indicadas en tercer logar, en los salones {exedras), y los. cuadros de paisajes en los sitios que sirvieron para, paseo ; así como la imitación de miembros arquitectónicos solo se empleó en el interior de las habitaciones. 9 iE2l"E0L0SÍA ESPAÑOLA. = 66 = En Pom pe ya se han hallado los colores prodigados en el menor detalle de arquitectura, y hasta en el mas redu- cido cuarto de las mas humildes habitaciones particulares. Inútil es decir cnanto en materia de pintura se ha hallado en las exedras y otros departamentos de los monumentos públicos. Lienzos de pared se han encontrado revestidos de una tinta igual ya negra, ya roja, ya amarilla, ya azul, ya verde, pintada sobre el revoque fresco; y en ella representados arabescos y asuntos históricos y mitoló- gicos. Esta pintura hasta el presente se habia considerado co- mo hecha por el procedimiento al encausto; pero desde que se descubrió la casa llamada Fábrica de cobres del du- que de Toscana, se ha reconocido que los colores se fijaron por medio de la resina. Numerosos ejemplos de !a pintura mural de igual natu- raleza , ejecutados desde el reinado de Octavio Augusto hasta el de los Anloninos, atestiguan el carácter del arle en esta época. Los cuadros de la tumba de Cayo Cestio situar da junio á la puerta de Ostia en Roma , los de los varios departamentos de la casa de Nerón , el número conside- rable de pinturas murales de flerculano, Pompeya y Sta- bia que va diariamente descubriéndose, y el que se des- cubre en varios puntos donde alcanzóla dominación ro- mana, todas estas obras sin escepcion, manifiestan una productividad y genio de invención inagotables en el mis- mo arle degenerado. Las cualidades mas.nolables del arte de la pintura en esta época se distinguen perfectamente, en lo fantástico y rico de los adornos, en lo ligero y risueño de las esceno- grafías arquitectónicas, en lo caprichoso de los follages y guirnaldas suspendidas en el aire que se figuraron en los techos jugueteando á su alrededor multitud de pájaros, en el carácter encantador de las figuras de divinidades , y en las escenas mitológicas representadas en un vasto fondo, bien sean correcta y cuidadosamente trazadas, bien esbo- = 6T = zadas con suma ligereza, como asi se presentan la mayor parte. Por último, son cualidades notables en las pinturas de esta.época, la viveza de los colores y la simplicidad y mo- deración con que se emplearon las luces, el sentimiento de la armonía de los colores con que estas composiciones,están ordenadas y ejecutadas, y el efecto general de policromia arqitectónica. Pero todas estas cualidades quedan un tanta rebajadas desde el momento en que puede decirse con bastante fundamento, que las obras pictóricas que esta época ofrece son copias de composiciones anteriores; por- que es muy sabido que casi todos los artistas solo procu- raron reproducir de la manera mas exacta las pinturas an- tiguas. En la época de Vcspasiano , Plinio ya consideró la pin- tura en estado decadente , lamentándose de que con tan magníficos colores no se hiciera obra alguna recomenda- ble. La escenografía, que habia tomado muy especialmente en el Asia menor un carácter fantástico, fué empleada en la decoración del interior de las habitaciones todavía con mas caprichoso carácter. En los fragmentos de arquitectu- ra que se representaron, no solo fueron olvidadas las mas necesarias reglas de la construcción, sino que se reempla- zaron ciertos miembros arquitectónicos con objetos des- provistos de la naturaleza que exigía el oficio a que se los destinaba, de modo que hasta se representaron techos sos- tenidos por plumas, complaciéndose en combinar de una manera extravagante las formas vegetales para constituir una arquitectura transparente y aérea. En la época de Adriano la pintura sintió la influencia del impulso que este emperador dio á las demás artes del dibujo: pero los esfuerzos qUe hizo el arte para restaurarse no fueron mas que los últimos resuellos del moribundo. Si bien pertenecen á esta época algunas obras notables, co-^ mo el cuadro de Alejandro y Roxana en el que se veían los amores jugueteando con ambos esposos y con las ar- mas de este monarca macedónico , si bien florecieron cé- = 6S = lebres pintores como Aetíoo , Eumelus ti Hilarius, y aun el mismo Adriano, sin embargo, degeneró la pintura nmy notablemente en un verdadero pintorroteo; contribuyendo quizá á la pérdida del gusto , el baberse abandonado á los esclavos el arte de cubrir las paredes de cuadros según el capricho de su señor, y de hacerlo con la mayor pronti- tud, (cito.) La decadencia de la pintura fué haciéndose sensible: el lujo y galas délos adornos arquitectónicos se perdió in- sensiblemente, reemplazándose por una grosera simplici- dad ; cesó de! iodo el estudio coucienzudo de la naturale- za ; y se perdió la habilidad técnica del arte. Así se llegó a l a época de Constantino y déla traslación de la corte imperial áBizancio. Monumentos cristianos. i. h Í, > Vamos á entrar en un período de la Historia completa- mente distinto. A favor de unas creencias con principios opuestos á los que habían reinado en las sociedades grie- ga y romana , la civilización iba á tomar nuevo rumbo: y el «ste debió regenerat se con la sociedad. nou. £4oraperadar Constantino , dueño de un imperio vastí- simo , buscó un punto mas céntrico que Roma .desde el cual pudiese tener á la vigía el Oriente y el Occidente. Es- te punto fué Bizancio: allí trasladó su corte, y desde en- tonces la ciudad lomó el nombre de ConstantinopoUs. Por otra parte había adoptado nuevas creencias religiosas, y dado nueva forma á la Constitución del Imperio; y con estos dos elementos sociales no hubiera sido fácil que Roma hubiese transigido. Al mismo tiempo las tribus ger- mánicas, atraídas por las riquezas que habían visto en el imperio durante sus correrías, ó cuando durante la anar- quía militar babian estado asueldo de.los varios ambicio- soS)quft«e,d»epuAafeg) t KÍ 2 M * *N