í^j'íÍ \ *AJlíM ^!íi\ áp«|í!iM'ihAn lSÇ«»}.wVü{[ ':VUíi»« Ví^\AVirîgl« MiÊM ISEwip UînWi.' )i-Vjiíl i:'r^y 'V*leîS• El llICADOR âRiEOlÔfilCO DE TARRAGONA. MANÜAL DESCRIPTIVO DE LAS ANTIGÜEDADES QüE SE CONSERVAN EN DICHA CllDAD T SUS CERCANIAS, COK DESIGNACION DE LOS l'UNTOS DONDE SE ENCUENTRAN Y RUTA QUE DEBE SEGUIRSE PARA RECORRERLOS CON FACILIDAD. POR D. í3. S. g S). 3. M. îicl. -.^WViA/uv^ TARRAGONA, Imprenta de los Sres. Pulgrubi y Aris. 1867. INTRODUCCION. Fodas las poblaciones de Europa, aun las mas in¬ significantes, tienen manuales que bajo el título de Ciceroni, Guia ó Ilinerario describen la situación, an¬ tigüedad ú otras circunstancias notables de los mo¬ numentos, palacios, templos, fábricas ó establecimien¬ tos públicos ó privados que poseen, á fin de facilitar su conocimiento â las personas curiosas que viajan con egle objeto. Era pues de estrañar que la célebre metró¬ poli romana en España, la vetusta TARRAGO carecie¬ se de un guia seguro, que tomando como por la mano al viajero le fuese señalando el lugar que restos existentes, ocupan los que á manera de mudos cuerdan el poder, la testigos re¬ grandeza y opulencia de los do¬ minadores del mundo. La fama de los descubrimien¬ tos, que desde algunos años ban ido ofreciendo las escavaciones que se practican en la cantera en ex¬ plotación para la obra de este puerto, ha el número de multiplicado viajeros que diariamente visitan nuestra ciudad, marchándose la mayor parte disgustados de ver defraudadas sus esperanzas, no porque no existan objetos dignos de ser examinados, ni monumentos cu- IV riosos que esludiar, sino poique no han leniclo la suerle de encontrar quién les indique el punto de su situación; y he aquí demostrada la necesidad de un Iti¬ nerario que es el objeto de esta obra. La multitud de asedios y destrucciones que ha sufri¬ do esta ciudad desde su fundación, la ha hecho célebre en la historia, diferenciándose sin embargo de otras sus contemporáneas que cayeron para no levantarse mas. Tarragona renació sucesivamente como el ave Fenii de propias cenizas y unas generaciones se estable- sus cian sobre las ruinas de otras que les hablan precedi¬ do, utilizándose de sus restos, y esto ha ocasionado tal confusion, que es necesario una vista perspicaz y una práctica extraordinaria para distinguirlos y clasifi¬ carlos. Este trabajo formará parte, aun que en compen¬ dio, del nuestro, á fin de pre.sentarlos al arqueólogo tales como los hemos podido comprender; para ello creemos indispensable que ante todo prefceda una bre¬ vísima reseña histórica y una descripción topográfica de la ciudad, á tin de facilitar el conocimiento de es- las mismas antigüedades, que han podido escapar de la destrucción de los hombres y de la carcoma lenta del tiempo y de los elementos. Piescindirémos en este lugar, como ageno al objeto que nos hemos propuesto, de entrar en consideraciones sobre si la primitiva población de España se verificó poco despues de la dispersion de lás gentes en las lla¬ nuras de Scnaar, debida á los Noachidas acaudillados por Tubal ó Tarsis nietos de Noë, según la opinion vulgar, ó si por el contrario fueron los Atlántides ó Iberos los primeros que pusieron el pié en la Penín¬ sula española. Prescindiremos igualmente desi el fun¬ dador de Tarraco fué el mismo Tubal, como piensan Jos hebraistas, dándola este nombre que significa jmia ó reunion de paslores, ó si se debe su erec¬ ción á Hércules después de sus célebres expedicio¬ nes á la India, según pretenden los mitagogos; V bástanos únicamente saber que la primera población (le España se remonta á una época sumamente le¬ jana que la hisloria solo brujulea, y procede sin duda de aquellas grandes emigraciones en masa, muy co¬ munes y frecuentes en los primitivos tiempos, de pue¬ blos salidos del Asia central, los cuales esparramándose porel antiguomundo se establecieron con preferenciaeii las islas y orillas del mar Mediterráneo quizás cuando aun la España formaba parte del África, unida á ella porel istmodeGades y en ocasión tal vez en que los Pi¬ rineos y los Alpes estaban separados por un brazo de mar, () porterrenos de reciente formación. Es muy posible sea cierta la tradiccion que asegura baber sido la loma de Tarragona uno de los primeros puntos habitados de España; pero los restos mas anti¬ guos que en aípiella se conservan indican pertenecer á una segunda emigración, acaso de las mismas que la historia recuerda confusamente bajo el nombre ge¬ nérico ó colectivo de lllKSOS ó PELÂSGOS. Según puede deducirse, esta colonia venida por mar estableció su Acrópolis en la cumbre de la citada colina, atraida sin duda por la amenidad y feracidad del pais, por las ven¬ tajas que ofrece su posición military por la notable cir¬ cunstancia de una fuente ascendente que nace entre unas rocas enel punto mas culminante de la misma, arrojando quizás de ella á sus primitivos pobladores y merodeando en la fértil campiña de Tarragona. Calculamos igualmente que estos estrangeros, odia¬ dos á causa de su género de vida por los pacíficos naturales, se vieron obligados á levantar estos in¬ mensos y toscos muros, dentro de los cuales oculta¬ ban el fruto de sus frecuentes rapiñas: y he aquí 1 probablemente el origen tradicional del Hércules, símbolo de fuerza, cuyo obscuro pero significativo mito vemos siempre preceder á la fundación de las mas an¬ tiguas ciudades, debidas á acpicl pueblo misterioso y primitivo, sobre todo á la de Tarragona. Es de creer que VI verían con gusto los indígenas, sencillos é indefensos, no gravosos hués¬ el establecimiento de tan terribles como pedes, y que mas de una vez procurarían arrojarlos de este territorio; pero todos sus esfuerzos hubieron de estrellarse contra aquellas inexpugnables fortificacio¬ nes llamadas ciclópeas, las cuales subsisten en gran parte, y en algunos puntos ostentan aun toda su pri¬ mitiva grandeza en altura y espesor. Sospechamos tam¬ bién que el recinto de Tarragona, muy circunscrito en un principio ó en la época á que nos referimos, fué aumentando progresivamente á proporción del desar¬ rollo de la creciente población, basta llegar á un perí¬ metro tan considerable que no admite comparación con ninguna otra ciudad pelásgica conocida. La colonia emigrante trajo consigo la religion y mi¬ tos del pais de donde provenia; y ya fuese tal como conjeturamos, ó bien que á su paso por el Egipto ó Pa¬ lestina hubiese adoptado la religion y costumbres de estos pueblos, ello es que tanto en los muros como en las excavaciones mas profundas de Tarragona se bailan vestigios del culto índico ó del egipcio, coher¬ manos y fáciles de confundir, pero en ambos casos de- genei'ado; indicios semejantes se han encontrado en otros ¡)unlos de la cuenca del Mediterráneo en donde se es¬ tablecieron los pelasgos. ¿Se deberá tal vez á este pue¬ blo la denominación índica de COSE-TANIA que en lo antiguo se dió á esta region, y la de COSE, primiti¬ vo nombre que tuvo Tarragona su capital, como se deduce de las lápidas y de los historiadores y lo com¬ prueban las inscripciones de las medallas ibéricas à ella pertenecientes, que con tanta profusion se descu¬ bren-en sus excavaciones? No nos atrevemos ni tampoco á Ajar la á decidirlo, época ni el pueblo que taladró en la peña de la colina el pozo profundísimo de la plaza de la Fuente, y el Hecinto sagrado, que describirémos, abiertos en roca viva; pero creemos que no habrá dificultad en admitir VII que fuese el mismo que erigió los muros, el cual como procedente de alguna tribu troglodita estaba acostum¬ brado á esta clase de construcciones. La disposición de las capas de tierra de detritus que llenaba el último de estos monumentos, la clase de objetos que entre ellas existían y su colocación, demuestran con la mayor evidencia la antigüedad de la perforación no solo de estos dos restos, sino de la multitud de pozos y algibes que se han descubierto al desmontar la cantera del puerto, siendo de presumir que existirán muchos otros desconocidos dentro del perímetro ciclópeo. No es menosaventurado calcular el tiempo que duró el estado de lucha entre la colonia advenediza y los in¬ dígenas expulsados, porque á nadie se oculta que suce¬ sos tan remotos y obscuros no pueden fijarse; se adivinan solamente sorprendiendo alguno que otro dato, pero siempre con reserva y en concepto hipotético; 'mas en lo que no cabedudaes, que despues de un dilatado período se fundieron por fin ambos pueblos en uno, y que esta ciudad pasó entonces áser esencialmente ibera, consti¬ tuyéndose cabeza de una dilatada comarca que de su capital se denominó COSE-ÏANIA, opinion que confir¬ man las inscripciones y medallas según queda dicho, y el trozo de muralla ibérica con caractères del alfabeto llamado celtibérico, primitivo ó desconocido, profun¬ damente esculpidos en cada uno de los sillares que la componen, de la cual al través de los siglos y de las vi¬ cisitudes ba llegado un gran trozo íntegro hasta nues¬ trosdias. Las medallas mencionadas la con leyenda celtíbera <^^\^íCoseJ que se encuentran con gran frecuencia y en extraordinario número en cualquier punto que se excave del recinto primitivo, manifiestan no solo el adelanto progresivo de la civilización de esta ciudad, por sus grabados, desde el estado mas tosco y grosero hasta alcanzar un sorprendente grado de perfección y belleza en sus tipos sino también que la religion de los YllI iberos Iiasla la ocupación romana fué el sa- época de la beisnio, eslo es, el sencillo culto de los astros, demos¬ trado en los emblemas de la estrella y luna creciente, que se \'e en ellas, el mismo sin duda que trajeron con¬ sigo los primeros colonizadores. No podemos menos de impugnar en este punto la idea equivocadamente vertida por algunos historiadores modernos, de que los muros ciclópeos de Tarragona fueron levantados por los fenicios. Es tan pueril é in¬ subsistente esta opinion que creeríamos perder un tiempo precioso en combatirla; porque, ¿á quién se le ocurre imaginar, supongamos, que pudieran los cultos Y civilizados fenicios erigir una construcción tan tosca y primitiva, existiendo ya en la época histórica de su venida á España las célebres ciudades de Tiro, Sidon y Biblos justamente encomiadas en los libros sagrados? Sin duda lardaron aun mucho tiempo en levantarse del seno délas aguas estos prodigios de una civilización lle¬ vada á su colmo, cuando ya Tarragona ostentaba su robustéz. Si no estuviésemos plenamente convencidos de la antelación de los muros ciclópeos de Tarragona á la época de las expediciones fenicias, lo comprobarla la notable circunstancia de no haberse encontrado en estas excavaciones, ni existir en su museo el menor resto que denote la presencia de los tirios en esta ciudad. Rechazamos igualmente que los celtas hubiesen sido los autores de tan colosal obra: además de las muchí¬ simas razones históricas y críticas que nos asisten, es necesario saber que si los celtas visitaron Cataluña en alguna de sus irrupciones fué para destruir, no para crear; yno hay dalo alguno que demuestre la perma¬ nencia de aquel pueblo agreste en esta region; al con¬ trario, los vestigios que se hallan en los puntos mas profundos de las excavaciones de Tarragona mezclados con los restos primitivos manifiestan de un modo ine¬ quívoco las consecuencias desoladoras del tránsito de aquellas salvajes bordas, de la misma manera que deja IX en un edificio raslros de su terrible paso cl dia de una tremenda rayo en tempestad. Para acomodarnos con el uso hemos denominado al¬ guna vez celtibéricas las letras que adornan los muros y las medallas de Tarragona, pero hora es ya de dese¬ char semejante calificación, por desgracia bastante ad¬ mitida. Los celtas gente inculta y feroz no trajeron á España la civilización; vinieron al contrario á apren¬ derla; y cuando en las dos principales raza céltica estableció irrupciones la sus aduares ó sus ranchos al septentrion y al occidente de la península, no matar sus selváticas y feroces costumbres pudo acli¬ en ella, como tampoco la religion druídica transportada del Norte: los ilustrados turdetanos, cuya antiquísima cultura ha sido justamente elogiada por los escritores griegos y latinos, hubiesen creido rebajarse en aceptarlas, y ásu ejemplo los demás habitantes del litoral del Mediterráneo en contacto íntimo con las naciones mas ilustradas de la Italia, de la Grecia y del Asia. Llámese enhorabuena celtibera la raza que resulto de la mezcla de los cel¬ tas advenedizos con los iberos indígenas de esta privilegiada; region pero será siempre una vulgaridad im¬ propia de la dignidad española, rebajarse á dar otra denominación que la de civilización IBERA á la tenian nuestros ascendientes que desde una época que se pierde en la lejana obscuridad de los entrados en la dominación tiempos hasta muy romana. Este ejemplo de independencia é ilustración de los turdetanos fué imitado por ha hilantes o rien tales de Es¬ paña basta los Pirineos, de manera que unos y otros conservaron incólumes y puros con su religion, su al¬ fabeto y escritura primitiva, no obstante de su juidad y relaciones con proxi- los fenicios y los Casi constantemente griegos. en las excavaciones los restos primitivos encima de y entre objetos de la, civilización ibera aparecen otros etruscos y griegos, ya aisladamente, ya confundidos, lo que denota á nuestro entender un X contado intimo entre nuestra ciudad y estos dos pue¬ blos, y (|uizás entonces mudó su primitivo nombre por el de TA URACO, de tipo marcadamente etrusco, que sin dificultad adoptarían los romanos cuando condu¬ cidos por los Scipiones se aprovccbaron de las fortifica¬ ciones y defensas de esta ciudad Pelásgica ó Tirrénica, ennobleciéndola y latinizándola como hija mimada de Roma. El de.sarrollo de la población ibero-romana de Tar¬ ragona en la época de Augusto fué asombroso, según as pomposas descripciones de los escritores latinos, y entonces se dió á la ciudad una nueva forma que se adaptase á las costumbres é índole de los nuevos po¬ seedores. El inmenso perímetro del recinto ciclópeo se dividió en dos partes desiguales; la menor comprendía desde la actual rambla de S. Cárlos hasta el extremo septentrional de la ciudad y se destinó á edificios pú¬ blicos, .subdividiendo esta parte de la colina en tres es¬ calones ó mesetas; en la primera, que formaba un rec¬ tángulo prolongado de Oriente á Occidente en el lugar que hoy ocupa la plaza de la Fuente y Pescadería, se hallaba situado el Circo. Encima de la gradería, del mismo correspondiente al Norte descollaba majestuo¬ samente el palacio de Augusto, cuyos dos ángulos occi¬ dental en el Pallol y oriental en el castillo de Pílalos subsisten todavía, y las casas comprendidas entre losmis- mos en las calles de la Nau y Caballeros edificadas so¬ bre las ruinas del palacio ostentan aun la magnífica posi¬ ción de éste, elevado sobre la área del Circo. El pala¬ cio, pues, formaba, según la costumbre romana, uno de los costados del Foro ó gran plaza, cuya figura tra¬ pezoidal indican aun al presente las calles de Sta. Ana al Oriente, Mercería y Cevadería al Norte, y bajada del Rosario al Occidente. En la época romana se coloca¬ ban en este sitio los arcos de triunfo, las estátuas y las inscripciones honoríficas, que eran en Tarragona innu¬ merables; y en los tres muros restantes del Foro exis- XI lian la Biblioleca, los Archixos, los Comicios y demás oficinas de la adminislracion civil. Aclualmenle esta segunda mesela, nivelada convenienlemenle por los romanos, la llenan cualro cuarteles de casas dividi¬ das en islas por varias calles que los cruzan. Comunicáiiase el Foro con el Circo por una magní¬ fica graderia de mármol jaspeado del pais, cuyos vestigios se encontraron Diciembre de 1838 al construir en la en bajada de Misericordia la cloaca que conduce las aguas pluviales ai mar; por esta escalinata se llenaban los cú¬ neos de la derecha é izquierda del Circo; y calculamos se atravesaría el palacio de Augusto por medio de un pórtico, donde sin romper la unidad del edificio daria libre paso á los espectadores de los juegos circenses. Confirman esta conjetura las dos torres salientes del mu¬ ro general del palacio que existen actualmente en las casas de Morenes y de Arandes, por entre las cuales corresponde laescalinata referida. La entrada del Foro desde el exterior seria al incipal pi parecer entre el pala¬ cio y el castillo de Pilatos donde se ven todavía los vestigios de un pórtico. Las actuales escaleras de la catedral ocupan el mis¬ mo lugar de otra magnifica escalinata por la que se siibia desde el Foro al Capitolio y al Arce; se halla si¬ tuada en el centro del muro septentrional del cuadrado que formaha dicho Foro, y enfila directamente por la actual calle Mayor con la otra de mármol que hemos descrito y que asimismo dividia en dos al lienzo N. del Circo. partes iguales El Arce y Capitolio eran un remedo de las antiguas Acrópolis de los pelasgos y de los griegos; y asi como en estas custodiaban con el se mayor cuidado el Pala¬ dión, los Lares, el Hieron, el fuego sagrado etc., enei Capitolio romano se guardaban las armas, el tesoro los graneros para los casos de y guerra, y en su recinto se elevaba el templo de Jiipiter Capitolino; de manera que, por una singular coincidencia, en el mismo punto Xll donde los llegada habían erigido en pelasgos desde su Tarragona su Acrópolis, en épocas posteriores los su¬ cesores de este pueblo colocaron su Arce, dándole casi igual deslino que babia tenido originariamente; para completar la semejanza, siete siglos despues los árabes pusieron en este punto su Alcazaba y su Mezquita, y al arrojar los cristianos á los nuizlimes de Tarragona levantaron con las ruinas de la Acrópolis pelásgica, del Arce romano y del Alcazar árabe los rebustos castillos del Patriarca y del Paborde; y encima de los cimientos del Hieron, del templo de Júpiter Capitolino y de la Mezquita, los arzobispos construyeron su magnífica Catedral; así es ((ue el recinto prominente de la ciu¬ dad desde los mas primitivos tiempos fué constante¬ mente destinado al culto de la divinidad y á la defen¬ sa de sus vecinos. El Arce y Capitolio, pues, ocupaban la tercera meseta de la colina en el punto mas culminante, y se bailaban rodeadas de robustas murallas en gran parte subsisten- íes. Una puerta romana situada al Septentrion, aun vi¬ sible, daba salida al campo, á semejanza de las puertas del socorro en nuestros castillos y modernas cindadelas. Era costumbre entre igual que entre los romanos, al los pelasgos y los griegos,el que las Acrópolis y los Ar¬ ces fuesen muy circunscritos para facilitar la defensa; así es que el Arce romano de Tarragona solo ocupaba una parte de la tercera meseta, dividiéndola un muro que corria en línea recta de N. á S. desde el ángulo que formaba el antiguo castillo del Patriarca, demolido en 1823, ahora subida del mismo nombre, y continuando por la casa de los huérfanos basta la torre romano-ciclopca de S. Magín. En el espacio comprendido á la izquierda de este muro divisorio se bailaba el Capitolio con el tem¬ plo de Júpiter y el Arce, y el de la derecha lo ocupaba en gran parte un magnílico templo de mármol blanco, que la provincia tarraconense levantó en honor de Au¬ gusto desi)ues de su apoteosis, y cuyos grandiosos vesli- XIII gios se encuenlran casi á flor de tierra al praclicaralguna pequeña excavación en cualquiera de las casas de las manzanas que forman las calles de S. Lorenzo, Merced, Carnicerías y otras conliguas. Además existirían en este mismo espacio y en el que dejaba el Foro dentro del antiguo recinto ciclópeo, otros templos de los cuales se ven aun vestigios en la manzana de casas que forman las calles de Rebellât, Talavera y S. Bernardo, como explicarémos en su lugar. Se calcula muy fundadamente que la Alcazaba ó Al¬ cázar de los AValies ó Gobernadores árabes ocupaba una gran parte del recintomas culminante ó; Arce, como queda expresado, cuyas obras de fortificación se de¬ molieron á últimos del siglo pasado al construirse el palacio arzobispal. Explicado el destino de esta mitad superior del recin¬ tociclópeo desde la actual Rambla hasta la torre de San Magín, nos falta manifestar el que tenia la otra mitad comprendida, desde la Rambla basta el mar, rodeada igualmente de muralla ciclópea. Los considerables vestigios que diariamente se descu¬ bren en las excavaciones de la cantera vienen á demos¬ trar que desde tiempos muy remotos fué poblada esta parte de la ciudad, y los restos de ricos son mosáicos de edificios, como gran mérito, baños revestidos de mármol eslucosdebrillantescolores, y jaspes etc. cuyas muestras se conservan en el Museo arqueológico, inducen á creer que las gentes ricas y de comodidades de la población ha¬ bían constantemente elegido este sitio para su morada; mas por catástrofes que calla la historia, peroquenoslas demuestran las ruinas, quedó despoblado durante un pe¬ ríodo mas ó menos largo hasta la venida de los Scipiones, quienes siguiendo en un todo los pasos de los habían precedido en esta que les ciudad, destinaron esta hermo¬ sa ladera para su población privilegiada, ru inas y encima délas peiásgicas griegas y etruscas erigieron sus palacios y-magníficas viviendas los espléndidos romanos con todo XIV el iujü y uiagnificencia de que eransuscepliWes las eos- lumbres de a(¡uella época, bastando actualmenie bacer una profunda excavación para enconirar á capas super¬ puestas en el orden indicado, los vestigios de aquellas generaciones y pueblos que se sucedieron, de una ma¬ nera tan patente que no deja lugar á la duda. El caserío en esta parte de la ciudad llegaba basta re¬ flejar su imagen en las calmosas aguas del Mediter¬ ráneo, cubriendo la cala formada por la prolongación de la colina de Tarragona al internarse en el mar, quedando por consiguiente rodeado de edificios el puer¬ to en donde sin duda muchísimos siglos antes aportó por primera vez la colonia emigrante, el mismo en el que posteriormente ancláronlos buques griegos y tirrénicos, y por último en el que desembarcaron los ejércitos romanos conducidos por los Scipiones. El ex¬ tremo de la citada cala ó colina es actualmente el arran¬ que del muelle moderno; y tanto han mudado de fiso¬ nomía estos terrenos, que lo que era puerto ó babia en lo antiguo, cegado hoy por las arenas del mar y el limo yguijarros qne acarrea el Francolí, ostenta ahora una población moderna, rica y numerosa, la cual ocupa el mismo espacio en el que en otros tiempos se balancea¬ ban los buques mercantes y de guerra de las naciones que allí sucesivamente se establecieron. Resguardaba el puerto de los vientos E. y NE. la colina citada, que en gran parte ha desaparecido para construir el muelle actual. y describía una pronun¬ ciada curva ó ensenada desde el arranque del citado muelle atravesando diagonalmente la plaza de Fernan¬ do VII, y calle de Apodaca basta el huerto de capuchi¬ nos; allí se encuentra la loma del Fuerte Real cortada casi perpcndicularmente y en figura de arco de circulo que defendía el puerto de los vientos N. y NO., y en fin una lengua de tierra de aluvión formada por las ave¬ nidas del Francolí, en el punto donde boy se halla el molino del puerto, mantenia el mar tranquilo de los fu- XV riosos O. y SO; de manera que esta bahiase bailaba al abrigo de los vientos de ios 1res cuadrantes, quedan¬ do solo abierta á ios tempestuosos del S. y para ob¬ viar este inconveniente ios romanos construyeron una sólida escollera, que arrancaba del centro de la actual plaza de Fernando YII y cortando la línea NS. en di¬ rección oblicua, cerraba la cuenca de esta bahía cons¬ tituyéndola un puerto seguro para las naves de aquella época. Aun se ven en la playa entre el muelle y el laza¬ reto los vestigios petrificados del martillo ó extremo de esta dársena, fabricada de hormigón con cal hidráulica, que visitarémos á su tiempo. La población plebeya se extendía por la vertiente sua¬ ve de la colina de Tarragona al Occidente hasta el rio Tulcis ó Francolí; pero fué tan terrible y completa la destrucción de esta parte indefensa al verificarse la irrupción de los bárbaros en el siglo III, que nada de¬ jaron en pié; si á esto se añade el continuo laboreo de estos terrenos convertidos en huertas durante centena¬ res de años, no debe extrañarse que haya desaparecido hasta la menor señal de habitaciones, vestigios de aque¬ llapasada grandeza. Hecha esta rápida reseña topográfica de Tarragona, principiarémos la ruta por el centro de la primera me¬ seta, recorriendo ante todo una mitad de la ciudad alta basta el punto mas culminante, para descender despues por la opuesta á fin de invertir el menor tiempo posible y no hacer retroceder al viajero, sino que, describiendo un zig-zag pueda hacerse cargo de todos los restos exis¬ tentes en los puntos donde radican. RUTA. La primera lápida que se encuentra inmediata al punto de partida se halla en el muro de la iglesia de S. Aguslin, y calle del mismo nombre, forman¬ do casi una de las jambas de la puerta cuartel de ca¬ ballería;es interesante, pues se refiere á un legado augustal y propretor de las provincias de Tracia, Ca- padocia, Siria Mayor y España Citerior ó Tarraconense; se la dedica un centurion de la legion séptima Gemi¬ na Feliz Severiana Alejandrina. Se sospecha por este último dictado de la legion, que la lápida se erigió en tiempo del emperador Alejandro Severo, en el año 222 de nuestra era, está escrita así: y Q. ARRIO. CLONIO LEG. AVG. I'R.PR PROVINCIA RVM TIIRACIAE CAPPADOCIAE SYRIAE MAIORIS HISPANIAE CITERIO CLAVDIVS. IVSTVS. LEG. Vil. GEM. P. F. SEVERIANAE ALEXANDRINAE PRESIDI. APSTI NENTISSIMO 2 — 2— En los bajos de la casa del Gobernador luililar, que sirven de almacén de artillería, formando parle de una techo y puesta al revés de las pilastras que sostienen el hay otra lápida; tiene aignna importancia por pertene¬ cer Quinto Athracio á una tribu ó familia romana des¬ conocida llamada Yelina: obtuvo los cargos de Magis¬ trado de Tarragona, Edil y Duumviro y se lee: Q. ANTíRACIO O. F. YELINA INGENVO AÜLECTO. IN ORDINE. TARRAGON AEDIL. II. YIRO DIDIA. AMARILIS MARITO OPTIMO En el ángulo que forma el convento de MM. Monjas Clarisas enla Rambla y la calle de Santa Clara, existé otra dedicatoria de familia; la ofrece una madre y una hermana á un Decurión y Pontífice con honores edili- cios; la inscripción se expresa así: M GRAMO. PRORO DEC . PONTIl·ICI. AE DILICIIS IIONO . RIBYS.FYNCTO CAECILIA GAL . LA MATER ET . . HERENNIA.APURO DITE. áOROR En la acera opuesta y frente á esta lápida se halla el parque de artillería, donde se eleva una torre octogonal, de moderna construcción llamada de Cárlos Y. Esta torre se halla sustituyendo otra romana que flanquea¬ ba la muralla del Circo. — 3 — Aules de describir los inleresanlcs reslos que del in¬ dicado Circo se conservan, creemos indispensable hacer una sucinta reseña de su planta para mas fácil inteli¬ gencia; algunos puntos está completamen¬ mas como en te destruido este monumento, supliremos lo que falta con una simple explicación, valiéndonos del Circo de Caracalla en Koma, tanto por su buena conser\ac¡on, como por su analogía con el de Tarragona en forma y dimensiones. CIRCO 0Ë TÂRRÂGO^Â. El Circo deTarragona describia un rectángulo de Oriente á Occidente, según dijimos en la introducción, y los cuatro lados del paralelógramo tienen relación con los cuatro vientos cardinales. En uno de los lados mavo- res, el del S. habia un muro llamado Oppidum, por la semejanza (|ue tenia con los de una ciudad: partia de la expresada torre de Carlos V, y siguiendo en toda su longitud la actual Rambla iba á otra torre, que en el mes de setiembre de 1700 fué volada por un rayo; su emplazamiento y restos seven á la derecha fuera" de la puertadeS. Francisco. Lamurallacitada, queserviaaun de defensa en el siglo pasado, se conserva en gran parte dentro de las casas de la Rambla, entre estas y las déla plaza de la Fuente: contra ella .se apoyaban las bóvedas quesostenian la gradería, las cuales describe muybienen el tomo 24 de su España Sagrada el P. M. Florez, divi¬ didas en tres cañones cada una; el superior era horizon¬ tal, por encima del que pasaba la plataforma; otro incli¬ nado que sostenia las gradas ó asientos, á semejanza de losde nuestras plazas de toros, que en este Cii'co eran do¬ ce; yotro inferior con una pequeña inclinación, que se apoyaba contra el Podium donde se hallaba un pasadizo que corria, como la escalinata referida, por tres de los -h~ costados del Circo. Igual disposición que esle costado guardaba el delN. con pequeñas variaciones interiores que explicaremos á su vez. En el exterior del muro ú Oppidum habla practicadas puertas de comunicación para subir á la gradería con comodidad y desembarazo, por medio de escaleras interiores. Uno de los testeros de este rectángulo, el del E, estaba dispuesto en forma de arco, se llamaba Meniana, y tenia igualmente doce filas de gradas ó asientos; era por decirlo así la prolongación de los dos costados largos del paralelógramo N. y S. En el Circo de Garacalla al centro de esta curva se bailaba la puerta triunfal, pero en el que describimos habría la puerta llamada Libiíi- naria ó Saiidapilaria por la que se sacaban las personas ó animales muertos ó heridos en los juegos circenses. La puerta de triunfo, por razón de la topografía del terreno, calculamos existiría en el costado S. donde hoy se halla la espaciosa calle del Portalel. Finalmente en el testero extremo correspondiente al O. se halla¬ ban las Cárceres; tenia asimismo una pequeña curva¬ tura y aun alguna poca declinación sobre el eje mayor del rectángulo. En este costado no había gradas; lo ocupaban solamente unas reducidas bóvedas, por lo común doce, de fábiica sumamente ligera y abiertas por uno y otro costado, Colocadas una al lado déla otra, y cada una de ellas lo ocupaba uno de los carros que debían correr al rededor de laáipma. En el terrado de estas cárceres estaban sentados los jueces que presi¬ dian los juegos y adjudicaban los premios, dirimiendo las cuestiones dudo.sas ó disputas que se suscitaban entre los contendientes. A espaldas de estas Cárceres, entre ellas y el muro, había una pequeña plazoleta llamada Pomcernim don¬ de se aguardaban, sorteaban y numeraban los auri¬ gas antes de entrar en las Cárceres. Una magnifica puer¬ ta que daba al exterior, y se denominaba Ostia, servia exclusivamente para dar entrada á los carros, y por ella salían terminada la función. El suelo ó pavimento de esta larga plaza se llamaba Arena; comprendía lodo el espacio desde la pescadería al Palacio del Ayuntamiento y Diputación, y la dividía en toda su longitud un ancho inurallon que denomi¬ naban en cuyos extremos había las Metas ó Ili- tos que eran una especie de obeliscos, al rededor de los cuales daban los aurigas cierto número de vueltas con sus carros. Las dimensiones generales del Circo son como siguen. 360 metros desde la puerta Ostia hasta el muro opuesto, en el que se apoyaba la Mcniana, que la longitud máxima exterior del Circo. era 110 metros de latitud, desde el Oppidum ó muro exte¬ rior á Mediodía, hasta el cimiento del palacio de Augusto al Septentrion. 306 metros de longitud interior tenia la Arena desde las Cárceres al Podium de lá Meniana. 76 metros de anchura la misma arena desde uno á otro Podium de la escalinata ó gradería. Para mejor inteligencia ponemos un simple perfij del plano del circo. f /( /S k - ■k Oc dO a Extremo occidental del palacio de Augusto ( Pal loi j. b Extremo oriental. (Castillo de Pílalos), c Torre occidental del Oppidum. (Puerta de San Francisco). d Torre oriental del mismo. (Torre de Carlos Y.) En estas torres se colocaban los músicos. — 6 — e Puerta Ostia. (En el muro detrás de Sto. Do¬ mingo). e f Pomœrium. (Calle de las Salinas y casasconliguas). i Puerta Triunfal. (Calle del Porialel). h Puerta Lihitinaria y Meniana. (Pescadería), g Cárcercs. ( Antiguo Convento de Sto. Domingo, hoy casas consistoriales), jSpina Circi ( (Toda la calle del Cos del Bou haslsi kk Met.e. . ) la mitad de la plaza de la Fuente). . Conocida la disposición general del Circo, menciona- rémos algunas de las partes de este monumento mas dignas de llamarla atención, explicando en globo las demás de menos importancia. Al pie de la mencionada torre de Cárlos V se ve ya una puerta moderna abierta en el Oppidnm ó muro ex¬ terior del Circo, que cubre otra mucho mas grandiosa y elevada, existente en la parle interior, por la qne se entra á una extensa bóveda de un solo canon, de 56 me¬ tros de longitud por o.'" 10° de ancbo y C."' 23° de al¬ tura; Al extremo de esta bóveda hay otra destruida que la corta en ángulo recto, á la izquierda, la cual iba á salir exactamente á la niitad de la curva de la Meniana por una puerta que hemos dicho seria la Libitinaria, destinada á sacar por ella del recinto del Circo las per¬ sonas ó animales muertos ó heridos en las corridas, en los combates ó cacerias, pues por lo común estas diver¬ siones iban acompañadas de episodios sangrientos, que como nuestras corridas de toros eran su mayor aliciente. La bóveda primera ó mayor sirve actualmente de parque de artilleria, y la transversal, de la que solo se conservan los estribos, es el callejón por donde tiene salida la bóve¬ da grande y da á la pescadería entre las modernas casas N. lo y n, que ocupan el lugar de la antigua Meniana. En la casa de Bové, hoy destinada á fonda, cuyos tres frentes dan á la Rambla, á la calle de S. Olegario y á la Pescadería, existen dos restos de bóvedas perte¬ necientes al extremo del costado S. del Circo; y en el _7— rincón de la plazoleta formada entre esta casa y las de la pescadería hay una bóveda (actualmente almacén del Sr. Virgili) en la que se observan dos inclinaciones, una bácia la pescadería, encima de la cual se bailaba la gra¬ dería ó tendido de la Meniana, y otra paralela á la bó¬ veda grande del parque, destinada á sostener una esca¬ linata por donde subian desde el exterior los concur¬ rentes que debian ocuparlos asientos de este testero: la entrada se bailaba al lado de la puerta moderna ya mencionada, junto á la torre de Cárlos V. Desde la plazoleta de la pescadería basta la casa N." lo de la misma acera bay seis pequeñas bóvedas pa¬ ralelas al eje mayor del Circo, con igual inclinación que la que sirve de aln)acen, y sostenían los asientos de la Meniana. No merecen descripción especial, pues nada tie¬ nen de notable. Antes de la guerra de la independencia desde la casa N.° 17 al castillo de Pilatos existían otras bóvedas que terminaban la curva de la Meniana; pero el general francés^Sucbet al abandonar la plaza de Tar¬ ragona las bizo llenar de pólvora y las voló en la no¬ che del 18 de Agosto de 1813, destruyéndose en gran parte, al igual que otros monumentos antiguos con¬ servados basta la citada época; sin embargo, pudieron salvarse del desastre algunas de las citadas bóvedas que existen en los sótanos de las casas N.os 23 y 25 las cua¬ les se comunican entre sí, y con la que vamos á descri¬ bir perteneciente al parque de fortificación. Aun se distingue en la cuesta rápida de la pescadería que sube á Pilatos, entre estas casas y el jardin délos ingenieros, en elpisode la calle, la obra de mampostería destina¬ da á sostener la gradería de asientos que unia la Me¬ niana con el costado N. del Circo. Por debajo, pues, de este empedrado corren las bóvedas subterráneas de las expresadas casas N"® 23 y 25. El costado N, el mas largo de este rectángulo, está formado de un sin número de bóvedas bastante bien conservadas, que á partir del pié del castillo de Pilatos pasan por debajo del Enladrillad-) y aaWaDeis Ferrés, hasta muy cerca del Palhl, y se hallan apoyadas contra el muro del palacio de Augusto que seguia la misma di¬ rección deE. á O. y sostenian el tendido ó gradería de asientos de todo este costado, que dividirémos en tres partes ó cuatro cúneos {'). Ell primer trozo, correspon¬ de desde el castillo de Pilatos hasta la casa habitación del comandante de ingenieros de la plaza; la bóveda subterránea que contiene es de un solo cañón que cor¬ re deE. á O, tiene 91 metros de longitud sin nin¬ guna interrupción, y sirve actualmente de parque de fortificación; se halla bien conservada y sostenia á la sazón el primer Cúneo. El segundo trozo compren¬ día el espacio que media desde la casa de los ingenieros hasta la escalera de Cedazos, y lo forman una série de bóvedas en número de 21 en dirección de N. á S. y ca¬ da una tiene tres cañones, según se dijo; uno horizon¬ tal, por donde corria la plataforma, hoy calle del En¬ ladrillado, cuyo testero se apoya contra el referido pa¬ lacio; otro con una inclinación de 45." destinada á sostener los asientos, y por último otro con menos in¬ clinación donde se apoyaba el podium y pasadizo; éste ha desaparecido casi por completo al abrir las calles del Triquet vell y plaza de Cedazos. Las mencionadas bóve¬ das formaban los dos Cúneos centralesdel Circo. El ter- certrozo, por fin lo componia otra bóveda de un solo cañón, que al igual de la del parque de ingenieros tiene la dirección de E. à 0: se halla debajo de la calle deis Ferrés desde las escaleras de Cedazos al Pallol y sostenia el cuarto Cúneo. En lo antiguo se entraba á la bóveda del parque de (*) En los Circos y anfiteatros se llamaban cúneos unas 'divisiones masó menos grandes de estos edificios, cada una de las cuales tenia su puerta y escalera particular, de ma¬ nera que sin confusion ni desórden se llenaban todos los asientos en un breve espacio. Vomitorios eran varias aber¬ turas que de la escalera sallan al tendido: — 9 — forliíicaciüii por una pnorla que se ve tapiada en el seo deS. pp- Antonio, detrás de un depósito de agua que existe debajo del castillo de ibiatos; y por tres vomito¬ rios que dan al Jardin de ingenieros se llenaba el pri¬ mer Cúneo de este costado, el cual servia para los ha¬ bitantes de la vertiente oriental de la ciudad. La bóveda descrita no tiene otra cosa particular que su extension c integridad, y el comunicarse con las descritas de la A/eaí'awaque están debajo de las casas N.»® 23 se halla llena de tierra hasta la y 25: hoy mitad de su altura y se entra á ella por uno de los vomitorios del jardin de in¬ genieros. Puede examinarse sin dilicultad. Las bóvedas del .segundo Cúneo correspondientes á la càWedel Triquet vell son absolutamente semejantes entre sí ypor lo tanto basta ver una de ellas para formarse una idea de las demás; sirven en la actualidad de almace¬ nes, establos ó lagares, y como están visibles á todasho- ras no nos detendrémos en describirlas, merecen pero las que una pai'ticular atención son las dos llamadas de centrales, Espoy del Gotso, por su objeto y estado y de conservación. Todas las bóvedas de este costado, se¬ gún queda dicho, se apoyan en el muro del palacio de Augusto y no pasan de allí; mas estas dos rio son de una por el contra¬ extraordinaria longitud; tienen ambas su entrada en la mencionada calle; pasan de la cuesta por debajo Bajada de Misericordia, y se internan en la calle Mayor. Al entrar á ellas se encuentran los mis¬ mos tres cañones al igual de las sosteniendo el pasadizo, el demás; el primero segundo la gradería y el ter¬ cero horizontal; pero en vez de en las demás apoyarse este cañón como contra el muro del palacio, lo atraviesa prolongándose hasta llegar debajo de la casa N.° 2 la calle de Mayor; el cañón entonces toma una dirección oblicua hácia arriba, y antes de construirse las calles de la Nau y Caballeros sobresaldrían mucho mas que el piso actual de estas dos calles. En un tenia confusos la variedad principio nos de direcciones de ambas — (O — bóvedas (absolutarnente iguales) y no podíamos atinar su objeto, pero una casualidad vino á orientarnos. Â1 abrirse en 1858 la cloaca ó sumidero destinado á re¬ cibir las aguas pluviales en la Bajada de Misericordia, hubo necesidad de demoler un trozo de una de estas dos bóvedas, la de Espoy, y profundizar basta más de dos metros en el piso de la calle del Triquet veil. En la jamba derecha de la puerta de entrada á esta bóveda hicimos esculpir una linea horizontal, la cual marca que átres metros de profundidad y perpendicular al mismo pun¬ to sehalla el podium y corredor del Circo (*), y d^-sde allí se despedían cinco escalones de mármol jaspeado del pais. Estos escalones tienen relación con otro exis¬ tente y visible al entrar en ambas bóvedas, y también con otros tres que se encontraron arriba al construir el sumidero: el objeto de ellas se esplica fácilmente; era, pues, una comunicación del Foro al Circo, atra¬ vesando por medio de un pórtico el palacio de Au¬ gusto y por una escalinata de ái escalones de mármol se bajaba á los dos cúneos centrales; el de la izquierda por encima de la bóveda de Espoy y el de la derecha por la del Gotso. Creemos dignas de ser visitadas am¬ bas bóvedas por su robustez, extension y buenas pro¬ porciones, pues cada una tiene 33 metros de longitud basta donde están interrumpidas y i.™ de latitud; son bastante altas, pero lo eran mucho mas en un princi¬ pio, antes de rellenarlas de tierra para ser habitadas. Fin nuestras investigaciones hemos averiguado, que su altura total era de 9.™ ()7,r es à saber, 5."'Ha.": que tienen hoy, y 4.n> 32."^ cubiertos por la tierra que for¬ ma el actual piso. A la bóveda del Gotso siguen otras diez que compo¬ nen el tercer Cúneo; se bailan todas en la plaza de Ce¬ dazos y son idénticas á las descritas de la calle del {*) Por lo visto, en este punto lia sabido el terreno algo mas de cuatro metros sobre la antigua area del Circo. -T-il- Triquet vell; únicamente nos detendréinos la penúltima, en explicar correspondiente á la casan." 20de la ex¬ presada plaza, en todos conceptos digna de lar exámcn. un particu¬ Esta bóveda no sigue la dirección de N. á S. como sus compañeras; es de un solo cañón y se dirige de E. á O. paralela al eje mayor del Circo. El objeto de ella, según la tradición, era el de encerrar las fieras desti¬ nadas á las cacerías simuladas y otros espectáculos del mismo género que se verificaban en el vamente su forma Circo, y efecti¬ parece confirmarlo. Se entra á ella por una abertura ó boquete abierto en el espesor de la manipostería del tendido, y dicese que bace poco se conservaban aun los vestigios de los hierros de una fuerte reja que la cerraba, pero se perdieron al ensan¬ char la entrada. La longitud del cañón de esta bóveda es de 17 metros, la anchura de á.™ y la elevación ac¬ tual de í.'" 30.r A un tercio á la izquierda de esta bóveda se ve una plataforma que se eleva del suelo 2.m 30.*= do constituyen¬ una especie de terrado ó terraplén, desde donde pudieran verse, supongamos, con comodidad y seguri¬ dad las fieras. En el techo de la bóveda, hay practica¬ da una abertura ó respiradero circular, ámodo de bro¬ cal de pozo, formada por unos inmensos sillares, pro¬ bablemente destinada á dar paso á la luz y al aire; aun se ven en la piedra los agujeros de la reja que la cerra¬ ba. Se bajaba á esta plataforma ó terraplén desde el pa¬ lacio de Augusto por una escalera abierta en el muro del mismo, contra el que se apoya la bóveda. Actiml- mente se ve dicha puerta labrada de sillería, y se per¬ ciben dos de los escalones; la ruina que vino de arriba la tiene obstruida y seria muy curioso examinar su dirección; igualmente está obstruido con ruina el bro¬ cal ó claraboya del techo. Es lástima que esta bóveda, tan bien conservada é interesante, sirva hoy de letrina y de establo, llena de telarañas é Inmundicia. 12 — Debemos hacer observar una circunslancia curiosísi¬ ma en esta bóveda y es, que el muro que servia de ci¬ miento al palacio de Augusto es ciclópeo, lo cual, con otros antecedentes viene á confirmar ([ue el perímetro de la ciudad ciclópea estaba dividido en varios recintos por otros tantos muros transversales. Comunicase esta bóveda con la inmediata, pertene¬ ciente á la casa n.° 14 del callejón Escaleras de Cedazos, por una especie de mina, al presente de un metro de altura; corre por debajo de la plataforma, y no es po¬ sible atinar su objeto como no sea el paso de las fieras de una á otra bóveda; la del n.° 14 es espaciosa y en el largo corredor de entrada hasta el fondo de la bóveda (cimiento del palacio) se ve la longitud total de los tres cañones en que se dividia, que es de 17 metros, igual à la mejor conservada del costado S. Esta bóveda es la última del tercer Cúneo y en ella hay una abertura por la que se entra ú la bóveda de un solo cañón, colateral á la del parque de ingenieros, la cual sostenía la gradería del cuarto cúneo; actualmente sirve de sumidero y se halla bastante deteriorada á causa de las humedades que se infiltran de las habitaciones supe¬ riores, y llena de lodo producido por aquellas inmundas aguas que vienen de arriba; este descuido de los propie¬ tarios es en notable perjuicio suyo, pues apoyándose las paredes maestras de sus casas encima de la clave de esta larga bóveda, acaso venga dia en (]ue deba fabri¬ carse un muro cimiento para el sostén de esta y aque¬ llas á fin de evitar un desplome; muy del caso seria que la mandasen limpiar y restaurar para propia seguri¬ dad. Termina esta bóveda en una fuerte pared antigua, y corresponder al exterior casi á la mitad de la viene á calle deis Ferrés. En el jardin de la casa de Montoliu hay un terraplén que cubre el tendido de este último cúneo, y si se practicaran excavaciones, se encontrarían de seguro los escalones ó asientos como se descubrie¬ ron en el jardin de los ingenieros en el extremo opues- lo; indudablemenle cxislirán también como allí los vo¬ mitorios. Hemos dicho que las actuales calles del Enladrillado y de los Herreros ocupan el mismo lugar que en lo anti¬ guo la plataforma del Circo, la cual tenia relación con el palacio de Augusto, contra cuyo muro se apoyaba; efec¬ tivamente, en la casa n.° 2 de esta última calle y sir¬ viendo de caballeriza se encuentra una magnífica puerta rectangular de grandes dimensiones, formada de inmen¬ sos sillares; esta construcción es muy notable y un mo¬ delo de arquitectura, por lo que aconsejamos su visita á las personas inteligentes, y les proporcionarà la llave el dueño de la misma D. J. Rovira y Altisench, que vive en la plaza del Pallol n.''o. Además de la puerta pueden examinarse dos muros almohadillados, uno interior y otro exterior del citado palacio enla mejor conservación. El convento de Santo Domingo, hoy Casas consisto¬ riales y Diputación provincial, ocupa el lugar donde existían las Cárceres en el testero Oeste del Es de presumir rectángulo. que al construir el convento se destrui¬ rían los restos de las citadas Cárceres, si antes no fueron ya demolidas (*) y nada tiene de estraño que no se conservado como las demás hayan partes del Circo, supuesto que su construcción era naturalmente muy endeble y superficial. En el dia no se conserva el de este menor vestigio edificio, solo se ve que para construir la plazuela llamada Ponwrnm rebajaron los romanos una pequeña prominencia que hace allí de colina, y comprendía lo que fué aula capitular é iglesia de Sto. Domingo, y los sótanos de las casas de la calle de las Salinas (*) Aprovecliando la oportuniiiad de tenerse truir los cimientos para las que cons¬ paredes interiores dei nuevo pa¬ lacio de la Diputación, e.xaminamos las excavaciones abier¬ tas al objeto, y aun que se' encontraron vestigios de otros edificios eran modernos relativamente, pertenecientes sin duda á alguno anterior á la erección del convento, pero do época posterior á la romana. —î/t— hasla muy cerca de la calle de los Herreros. La puerta Ostia por donde entraban los aurigas con sus carros al l'omœrium, se vela hasta hace poco en la muralla moderna detrás de Slo. Domingo, pero fué tapiada en 1862 al construirse lacasaJN.°l déla misma calle; so¬ lo aparecían las robustísimas dovelas que constituían el arco en semicírculo de la puerta, pues las jambas es¬ taban enterradas en una cisterna construida en el hueco que dejaba esta puerta en el muro; allí las vimos en 18o7, y para examinarlas mejor bajamos á dicha cis¬ terna. Finalmente, las bóvedas del cosladoSur, tan íntegras aunen tiempo de Florez, según la descripción que de ellas hizo en 1750, se destrui¬ hallan actualmente casi das, ocupando su lugar una hermosa línea de casas de moderna construcción: pocas son las que se conservan en el día, y en breve con el afan de ediíicar, por la importancia que ha adquirido esta parte de la ciudad, no se encontrará un solo vestigio de los tres órdenes do bóvedas que allí al igual del otro costado ostentaban su robustez; no obstante pueden ex'nrnarse las tres bóvedas ó cañones en los sótanos ó najos de las casas N.o® 3, 6, 17, 19, 31, ti-l y 13; igualmente puede verse el podium y su pretil ó antepecho con la moldura que menciona Florez (España Sagrada Tomo 21 pag. 221), en la entrada de las casas que acabamos de citar N.os 3, o y 13. Como cada una de las casas nmdernas se ha levantado en el espacio que ocupaba cada bóveda, y las paredes laterales ó medianeras de aquellas descan¬ san encima de los estribos de dichas bóvedas, es fácil saber el número délas que existían en este costado, y efectivamente son las 19 que coloca en su plano el P. M. Florez. Antes de separarnos de la plaza de la Fuente creemos necesario mencionar un resto nolabilisimo, que hace siglos está llamando justamente la atención de los ar¬ queólogos, por su antigüedad, objeto, forma y dimen- — 1 o — siones, y que nopodemos dejar de atribuirlo á los pri¬ mitivos fundadores de esta ciudad; hablamos del Pozo ciclópeo. Es muy posible que la fuente ascendente natural que nace entre unas rocas en la parte mas alta de la colina de Tarragona, causa eficiente de la fundación de esta ciudad, bastase á cubrir las no indispensables necesida¬ des de la primitiva colonia á proporción que se fué de¬ sarrollando, y entonces bubo de pensarse seriamente en el modo de buscar un nuevo manantial, que, sin nece¬ sidad de separarse del recinto ciclópeo, proporcionase el abasto á la creciente colonia : con efecto, según los indicios parece que se resolvió abrir un pozo en la se¬ gunda meseta de la colina, y en el centro de las fortifi¬ caciones; esta empresa nos parece sumamente árdua á primera vista, supuesto que desconocemos la índole estado de civilización de y aquel pueblo primitivo; pero es de creer que les sería fácil á causa de bailarse muy familiarizados en este género de trabajos trogloditicos; grande era en verdad el empeño, si consideramos que no solo se tralaba::.del trabajo material de taladrar la peña viva, tan duéa casi como el granito, sino que tam¬ bién debia entrar en cuenta la eventualidad de encon¬ trar á una profundidad tan inmensa y de un trabajo tan prolijo el manantial que buscaban; esto nos demuestra los conocimientos hidráulicos que aquel pueblo poseia. Abrióse pues este inmenso pozo, y á una profundidad considerable se encontró el agua con tanto buscada afan, al parecer en cantidad sobrada para el abasto general, potable, cristalina y con todas las condiciones bles: todo lo arrostraron á apateci- trueque de no alejarse á buscarla á dos tiros de piedra del recinto fortificado, te¬ merosos sin duda de caer en manos de los indígenas, que constante y tenazmente les asediaban. Los constructores eligieron para abrir el pozo una pequeña cañada que forma la reunion de las dos ver¬ tientes de la colina por donde las aguas pluviales iban — 16 — conducidas, como hoy dia, al mar. Es cvidenle que aquellos sabian por experiencia, que en el fondo de los valles y tórrenles es por donde acostumbran pasar las aguas subterráneas, y así se verificó: pero en épocas posteriores los pueblos que ocuparon Tarragona, ó tal vez la misma naturaleza, fueron acarreando tierras en aquel punto basta nivelar las dos vertientes. Los romanos, según las obras que se ven en el interior, utilizaron el agua de este pozo durante el ])rimer perío¬ do de la ocupación de esta ciudad; pero luego lo abando¬ naron rellenándolo de tierra jiara construir allí la area del Circo, y desde enlonces quedó oculto hasta que una casualidad hizo descubrirlo en 1468. Los cónsules de la ciudad y el arzobispo 1) Domingo Ramos, vista la esca- séz de agua que sufría entonces Tarragona, trataron de aprovecharse de este feliz descubrimiento haciendo en él nuevas obias y construyendo una máquina para su¬ bir aquella desde el manantial á la superficie de la tier¬ ra, en donde durante un largo transcurso de años los habitantes se proveyeron de este producto, basta que á fines del siglo último el arzobispo D. Francisco Ar- mañá concluyó el acueducto comenzado por su antece¬ sor Santian, el mismo que boy abastece á la ciudad abundantemente de una agua sabrosa y saludable; por consiguiente quedó este pozo otra vez relegado al olvido. Cuando los franceses en 1808 se apoderaron de Bar¬ celona, las autoridades del Principado se refugiaron en Tarragona, y temiéndose con razón un asedio y por consecuencia la interceptación del acueducto, se pen¬ só de nuevo en sacar partido del pozo; desde luego se construyeron unas magníficas bombas de presión, mo¬ vidas por una ingeniosa y sencilla máquina; se repa¬ raron las antiguas obras, y se verificaron otras indis¬ pensables, de manera que el agua volvió á salir de las profundidades de la tierra. Pasado el peligro se abandonó otra vez, quedando de él solo un recuer¬ do. Descosa sin embargo la Comisión de Monumentos — 17— de que el público pudiese examinar un monumenlo tan notable como antiguo, hizo inspeccionarlo, abriéndose con este objeto en el mes de Octubre de ISíiO. Con este motivo tuvimos el gusto de ser los primeros en des¬ cender basta su fondo y veren las entrañas déla tierra el nacimiento de este caudaloso manantial. Se hicieron por cuenta de la citada Corporación las obras necesa¬ rias para poder exhibirlo al público, construyendo las escaleras necesarias á fin de facilitar su descenso sin dificultades, y con la menor incomodidad posible, evi tando cualquier peligro; de manera que, este pozo es hoy otro de los monumentos notables de Tarragona, y hermano délas célebres murallas ciclópeas de esta ciu¬ dad. Aunque este viaje subterráneo es algo fatigoso sale el visitador satisfecho no sabiendo que admirar más, si lo colosal yárduode la empresa, ó los conocimientos hidráulicos que poseían sus constructores. La entrada de esta construcción verdaderamente tro¬ glodítica se halla al lado del farol del paseo de la plaza de la Fuente, exactamente delante de la casa n.° 43; la profundidad vertical de este pozo es de 240 palmos ó 47 metros desde el plan terreno del paseo hasta el nivel del agua; esta no nace en el mismo pozo, á él y viene por una gran grieta que hay á unlado, y á pié enjuto puede penetrarse á ella con algun trabajo. La profun¬ didad del agua en el criadero es de 3 metros hasta don¬ de ha podido llegarse, pero será sin duda mayor á pro¬ porción que vaya internándose en la caverna que se pierde la oscuridad y en las sinuo.sidades de la en roca, no siendo por tanto posible hacerse cargo de la canti¬ dad de líquido que contendrá este inmensísimo La roca de la colina depósito. no comienza á encontrarse hasta el segundo piso, esto es, á ocho metros de la de la tierra y allí es en donde superficie verdaderamente empieza la construcción troglodítica; la tierra que llena este es¬ pacio pertenece á varias épocas, en cuyo espesor se ven asomar grandes y toscos pedruscos iguales en un todo 3 — 18 — á los del muro ciclópeo, de ios que se han encontrado muchísimos al ahrir los cimientos de varias casas in¬ mediatas, confirmando lo que dijimos al hablar de las bóvedas, es á saber, que el gran perímetro del muro ciclópeo estaba dividido en varios recintos por otros tantos muros transversales. Este inmenso cúmulo de tierra de acarreo colocado encima de la superficie de la roca viva fué probablemente obra de los siglos, y no puede dudarse que existia ya á la venida de los Scipio- nes, pues las paredes de los dos pisos primeros son de mampostería romana, como lo son las once bóvedas ó pisos en que está dividido el pozo en toda su profundi¬ dad, lo cual facilita el descenso basta su fondo. Cuan¬ do la construcción del Circo, indudablemente los roma¬ nos llenaron de tierra estos dos primeros pisos, como dijimos, á fin de solidar la area por donde debían veri¬ ficarse las corridas de carros, caballos, etc. y así per¬ maneció basta el siglo XY en que una casualidad lo descubrió. Se bailan todavía existentes las cadenas de hierro á las que daban movimiento unos gruesos cilindros de madera que se conservan en el segundo piso, y aque¬ llas á su vez á los émbolos de una magnífica bomba de bronce fundido, de una .sola pieza, de grandísimas di¬ mensiones que se baila en el mejor estado en el fondo del pozo. Es una visita arqueológica sumamente curio¬ sa, que no ofrece peligro ni incomodidad alguna; la llave la poseen los individuos de la Comisión de monu¬ mentos, y se baila encargado el portero del Museo de enseñarlo á las personas que lo soliciten. Inmediata á este pozo se encuentra la cuesta ó Baja¬ da de Misericordia, antigua comunicación del Circo con el Foro, según dijimos, y subiendo por ella nos pondre¬ mos al nivel de las calles de los Herreros á la izquierda y del Enladrillado á la derecha que ocupan el mismo lugar (le la plataforma del Circo, apoyado como expli¬ camos contra el muro del palacio de Augusto. Las dos torres llamadas de Arandcs y de Morenes es presu¬ mible pertenecieran al cuerpo adelantado c|ue formaba el pórtico, por debajo del que se pasaba desde el Cir¬ co ál Foro. En un ángulo de la torre de Arandes, junto al balcon del entresuelo, se baila una lápida de algun inlerés por ser geográfica, refiritindose á un hijo de Sa- gunto y se expresa así: C-ATILIO C-F-QVIR. CRASSO SEGONTIXO OM.X-HONOR IN-REIPVR-SVA FVNCTO-FLAM PROV-HISP-CIT P. II. C. Lasparedes de lodo el frente de casas que dan á la calle del Enladrillado están apoyadas encima de los ci¬ mientos del muro del palacio de Augusto; las moder¬ nas ventanas de esta calle y de la de los Herreros ó Eerrés lian venido á sustituir los antiguos miradores desde donde se dominaba toda la área del Circo, vién¬ dose con la mayor comodidad los espectáculos; de ma¬ nera que,el Emperador sin salir desu palacio podia ver desde él y á la vez losjuegos circenses y los del Anfi¬ teatro que también dominaba. Estas ventanas suplían lo que en los Circos se conocía por Pulainarii, esto es, los palcos de preferencia destinados á los emperadores en losespectáculos públicos. No hace muchos años que se veia aun en la pared de aquellas casas un gran trozo del muro del citado palacio, de dos metros degrue¬ so, y otros tantos de altura, el cual fué demolido al construir los modernos edificios. Con dolor vimos levan- — so¬ lar uno magníficos sillares que lo componian, á uno los colocados lodos en seco y Irabados enlre sí con gruesos grapones de hierro del que solo quedaba el óxido. No se creaque el ángulo orienlal del palacio de Au- guslo, llamado hoy Castillo de PUatos—ignoramos por que,—sea absolutamenle romano, lo es casi lodo el muro que dá frenle á la iglesia de Nazaret, donde se ven unas pilastras de órden dórico, hasta la banqueta encima del arquitrabe, y un trozo del ángulo que dá tuera del muro exterior encima del paseo, con algunas paredes interiores; lo demás son restauraciones de épo¬ cas mas modernas, especialmente del siglo XIII y pos¬ teriores. Los grandes y toscos sillares que en el muro se ven descarnados debajo de las citadas pilastras, son ios cimientos del edificio y marcan el nivel que tenia el Foro en la época romana. A principios de este siglo era este edificio de mayores dimensiones, y conserva¬ ba muchos restos de construcción romana, pero las tropas de Bonaparte tuvieron la ilustrada idea de vo¬ larlo al abandonar esta ciudad en 1813,del mismo mo¬ do (|ue destruyeron otros según esplicarémos, desa¬ pareciendo para siempre; una casualidad hizo que el estrago fuese mayor hacia la parte oriental del edificio, que era mas moderno, conservándose este ángulo del antiguo palacio, cuyas pilastras revelan no solo que el Foro estaba rodeado de un pórtico interior, sino tam¬ bién que este espacio ó abertura era enlonces una de las entradas del exterior al Foro por medio de una es¬ calinata ó suave pendiente hácia el actual paseo de Santa Clara. Antes de 1825 se conservaba todavía de los en uno muros magnifica exteriores del castillo de Pílalos una y robusta puerta romana de buenas formas y grandes proporciones, en un perfeclo estado de conservación, la cual hizo desaparecer el mal gusto é ignorancia del ingeniero militar que en mala hora concibió la idea de cubrirla con el mezquino cuerpo de guardia de la cár- cel, edificio raquílicoy de pésimas formas que afea en vez de adornar laplaza del Rey. Cumpliendo con nues¬ tro empeño de no dejar olvidado ningún resto, en bre¬ ves palabras vamos á describirla, seguros de que nos lo agradecerán nuestros lectores. La figura de esta puerta es rectangular; las jambas están compuestas de unos sillares almobadillados al igual del muro, y el dintel lo forman 1res enor¬ mes sillares ; los de los costados se introducen parte dentro del muro saliendo fuera como cosa de un ter¬ cio de la anchura de la puerta: entre estos dos robus¬ tos apoyos decansa otro inmenso sillar, en forma de cuña, el cual ajusta perfectamente, cogiendo en su an¬ chura ó profundidad iodo el grueso del muro. Este dintel, comodeja comprenderse, carecía de la solidez necesaria para resistir el incalculable peso del elevado muro que encima de él gravita, y á fin de obviar este inconveniente, el arquitecto construyó sobre el dintel un arco de sillería formado de siete dovelas almohadi¬ lladas que le dan un aspecto agradable, disimulando la macizo de la construcción. Casi ningún otro vestigio queda del palacio de Au¬ gusto, ni ha sido posible averiguar sus primitivas di¬ mensiones; pero es de presumir que tendría lodo el ancho de la actual calle de la Nau y profundidad de las casas hasta el Enladrillado. A la mitad de la calle de la Nau y cortándola en ángulo recto se encuentra la calle de ïa Destral, y en la esquina que forma esta con la de las Cuiralerias se ven algunas lápidas; las de la izquierda se hallan empotradas en la pared de la casa N.° 10 y son las si¬ guientes; — 22 — FVLVIAE M. F. CELERÀE FLAM. PERFET CONCOR. AVG FVLVIVS DIADOCllYS LIB. PATRONAE. ASSALICAE. L. F. AVITAE CORNELIA. L. F AYITA. MATER POPILIAE. M. F. SECYNDAE FLAMINICAE COL. TARRAC FYLYIA. CELERA MATRI. OPTIMAE. P. FABIO. P. F. SER LEPIDO. F QYAE. EX. DD. TARR QYOD. FACTYM. POST MORTEM. ElYS. POSITA. EST ADIECTÎS. ORNAMENTIS AEDILICIS. REMISSA IMPENSA. QYAYI. MATER EIYS. TYLIA. SEX. FILIA. REBYRRINA. DE. SYO. FECIT. — 23 — Las dos primeras tienen poco interés, pero la últi¬ ma es apreciable por haber sostenido una estálua re¬ vestida de todos los honores edilicios, según expresa la inscripción. En la esquina de la derecha de la misma calle casa N.° 13 hay otra que dice : M. AYR. M. F. FAB. LVCILIO. POETOYION EX. SINGVLARIB. IMP.> LEG. I. ADIVT. LEG II. TB. LEG. VIII. AVG LEG. XIIII GEM. LEG VII. CL. LEG VII. GEM. III. HAST. PB ANNOBVM. LX. STI. PENDIOBVM. XXXX VLPIA. IVVENTINA VXOB. ET. HERES MA RITO PIENTISSIMO ET. INDVLGENTISSI MO. FACIEND. CVBAVIT Esta lapida, además de ser interesante por perte¬ necer Poetovion á la familia Fahia, nueva en las ins¬ cripciones de Tarragona, tiene la circunstancia de haber ya formado esquina en la época romana y de existir actualmente en el mismo punto y sobre la mis¬ ma base en que la colocaron los romanos: creemos que sin tocarla de su sitio levantaron encima de ella la es¬ quina del edificio al reconstruirse la ciudad, marcando las dos calles actuales de lasCuirateríasy de la Destral. En la casa de la esquina opuesta N.° 2 entrando en la calle de Caldereros se ve otra pequeña lápida que en cinco líneas tiene la inscripción siguiente : VENERI LATINILLAE SPEDIVS. MA TERNIANVS MARIT V S —24 — Continuando por la calle de las Cuiralerías se halla en una de las jambas de la puerta de la casa N.° Ti esta inscripción: AEMILIO. VALERIO CllORINTO. HOMI NI. BONO. QYI. VI XIT. ANN. XXXX DE FVNCTO. HONORI BVS. EDILICIS. ANTO NI.\ FRONTONIA HABITO. OBSEQV ENTISIMO B. M. F. Cuyos caracteres manifiestan pertenecer al último período del imperio romano, en la decadencia abso¬ luta de las artes y de la literatura. Al fin de esta calle y atravêsando la de Ventaiiols, se sale á la de Santa Ana, en donde se baila la iglesia de la Trinidad cons¬ truida lo mismo que todas las casas de la derecha de esta calle, encima del muro oriental del Foro, apa¬ reciendo al pié de las mismas los inmensos sillares que lo componían. Todavía en la pared de la iglesia, deba¬ jo del campanario, se distingue una pilastra, rebajada á pico, hermana de las del Castillo de Pilatos; además se vé otra en el rincón que forma al unirse la calle de Santa Ana con la de Santa Teresa en la casa Hor¬ no llamado de Salas N.° 8,ángulo oriental del Foro. Desde la esquina del callejón de los Angeles pue¬ de observarse como la pared del citado ex-convento enfila perfectamente con la del Castillo de Pilatos, é igualmente hasta donde llegaba el nivel del Foro, cuyo terraplén cubría los sillares descarnados que forman los cimientos de aquel. Atravesando por la plazuela de los Angeles se sale á la plaza de Rovellat y en el trozo de calle que pro¬ media desde esta á la de Granada, en el punto donde se estrecha mas, sobresalen á derecha é izquierda en la pared de las fachadas de las casas N.° 7 y 11 dos robustas columnas estriadas, de piedra ordinaria. Es¬ tas columnas subsisten en el mismo local que ocupa¬ ban en la época romana, y enfilan con otras que se conservan en el interior de las casas hasta llegar al jardin de la casa de ü. Juan Ferrer y Durán calle de Talavera N.° 13. Cuando en Junio de 1839 D. Miguel Cabré dueño de la casa N.° 9 de la calle de Rebellât hizo algunas obras interiores se descubrieron dos capiteles pertene¬ cientes á dichas columnas, de orden corintio, de gran¬ des proporciones, uno de los cuales se hallaba perfecta¬ mente conservado; la altura del capitel incluso el abaco era de 90 centímetros, y la columna (que igiialiuientese halló entera) tenia en la sola caña 6 metros 30 centíme¬ tros de altura. De una columna á otra mediaba el es¬ pacio de 3.™ 20.®, y sostenían una série de arcos que aun se conservan en el interior de dichas casas y son visibles en el jardin de la citada casa de Ferrer y Duran. Al fin de la calle de Granada, en la plazuela de San Antonio y en la esquina que forma la casa N.° 20 con la calle de la Merced, hay casi cubierta con el guarda ruedas una preciosa lápida alusiva al cullo egipcio conservado en esta ciudad por los romanos; es intere¬ santísima supuesto que no son muy comunes en la España romana. Sin duda hará muchos años que se halla allí y el roce se ha comido parte de las letras de la izquierda, salvándose perfectamente las que es¬ tuvieron resguardadas por el guardacantón, pero de todos modos debe leerse así : — 26 — ISIDI. AYG SACRVM IN. HONOR. ET. MEMORIA M IVLIAE SARINAE CLAYD. ORSIANA MATER Nos parece oporlunoadverlir aqm' la equivocación de los autores que ladescriben, y se nos extraña que los que podian verlatodos los días hayan perpetuado en sus publicaciones el grave error de añadirle dos renglones SEMPRONIA. LYCHNIS. AYIA que no ban existido nunca. Esta añadidura, inexacta, ha hecho traducir mal la inscripción, dando mucho que dis¬ currir á los sabios, hasta el caso de suponerla falsa. Al extremo de esta misma calle de la Merced se encuentran las dos pequeñas plazas del Oli y de la Pes¬ cadería vieja ; en la primera exislian hasta hace muy poco dos grandes sillares encima de los que se mide el aceite que se expende al público por mayor; una tradición nunca desmentida asegura que vinieron allí volando por los aires al incendiar un rayo en 1700 la torre romana que describimos y se halla fuera de la puerta de San Francisco, de la que ambas piedras formaban parte. Aunque es mucha la disiancia, todo puede creerse de la fuerza de la pólvora. Mas fácil es creer esto, que lo que dice el escritor Blanch y es, que buho piedras de esta torre que llegaron á dos horas de la ciudad. En este mismo punto se levantaba el famosotemplo que los agradecidos tarraconenses erigieron enhonor del DIYO AYGVSTO despues de su apotéosis, de cuya época datan las medallas roma¬ nas de Tarragona alusivas al mismo objeto. Costosísi- — 27— ma obra seria este monumento y muy suntuoso, á cal¬ cular que todo era de mármol estatuario de Carrara, de una grandeza extraordinaria. Muy à menudo se en¬ cuentran restos arquitectónicos y fragmentos de sus columnas, las cuales tienen 8 palmos de diámetro, lo que supone (siendo como se cree de órden corintio) sobre 40 metros de altura sin contar los pedestales ni la bóveda de la que también se han hallado restos. Este magnífico templo cogía al parecer desde las ac¬ tuales carnicerías, por toda la calle de S. Lorenzo que viene enfrente, hasta el cuartel del Carro. Calcúlese, pues, lo que costaría solamente el transporte del ma¬ terial sin contar la mano de obra. En cualquier punto de esta calle y adyacentes que se excave hay seguri¬ dad de encontrar á 20 centímetros de profundidad, fragmentos mas ó menos preciosos de mármol de aque¬ lla maravillosa obra. En el Museo Arqueológico, se conservan de él preciosos fragmentos con bellísimas esculturas greco-romanas, demostrando que parala erección de este célebre edificio se buscaron los pri¬ meros y más distinguidos artífices de la época. En este templo hizo reparaciones el emperador Adriano en el año 122 cuando pasó un invierno en Tarragona, y otra vez fué restaurado por Septimio Severo cuando estuvo de pretor en la Tarraconense, á consecuencia de un sueño ó vision que tuvo, según refiere Sparciano. Por indicios muy probables su ruina fué posterior al empe¬ rador Alejandro Severo, y ocurrida á la asoladora en¬ trada de los godos en esta ciudad en tiempo de Eurico. La fachada de las carnicerías es en gran parte lo mismo que en el interior, construida con mármoles jaspeados del país, y el escudo de armas de Tarrago¬ na de mármol blanco que adorna la clave del arco cen¬ tral es del que perteneció al referido templo, encon¬ trado al practicar los cimientos del edificio en 1842, —28 — como lo iguairaenle ios escudos reales que decoran son las puertas de la ciudad llamadas de S. Antonio, S. Francisco y Sta. Clara: el de esta se sacó de un ca¬ pitel corintio del referido templo. Frente las Carnicerías, en la casa N.° 28 de la calle de la Merceria, tienda de droguero, hay un mostrador que á modo de mosaico está formado con mármoles y jaspes de varias clases, formas y dimensiones, encon¬ tradas entreestas ruinas, lo cual además de ser muy vistoso por la diversidad de colores, es un verdadero cuadro-moslruario de casi lodos los jaspes que en esta ciudad emplearon los antiguos para enlosar los pavi¬ mentos de sus casas y adornar sus edificios. En esta misma calle de la Mercería en ambas esqui¬ nas á la calle de S. Pedro y Estuvas se encuentran cuatro lápidas; en la esquina de la izquierda se lee la siguiente: D. M. L. T.\DIO SIMILI CI. LEG. AVG PR. II. C. C. Y TAÜIA lio NORATA. F En la de la derecha hay las otras 1res; una de ellas fué, por lo visto, mutilada para darle otro destino; así es que se halla algo incompleta la inscripción; feliz¬ mente es de escasísimo interés; las otras dos se hallan completas. Importante es la de TitoMamilio Presente por la referencia al pueblo de su nacimiento Tritium Magali, debiendo advertir que hubo dos ciudades en España llamadas Tritium, con el sobre nombre de Tuboricum la una y la otra ya citada, que correspon¬ de actualmente á Trejo cerca de Nájera: este Tito fué hijo de L. Antonio Silon que desempeñó muchos car- — 29 — gos de la provincia Tarraconense, citado por Finestres pág. 191 y por Florez pág, 132. Además Tito Mami- lio fué Flamen de la España citerior y Decurión de Itálica ( Sevilla j. El contenido de las tres lápidas es como sigue: PERPERNA . .YMISIAN . . .... CAVI... . . LICI . . . . . MICO . . . . . PTIM. . . TITO MAMILIO . SILONIS FIL. QYIR. . PRAESENTl TRITIEN MAGALLl . OMNIBVS. HONORIR IN. R. P. SVA. FYNCTO DECYRIALI. ALEC TO. ITALICAM EX CYSATO. A. DIVO PIO. FLAMINI. P. H. C ^ P. H. C FABIAE SATYRNINAE YXORI. OPTIMAE C. BAEBIYS MYRISMYS SEYIR. AYGYST En la misma calle, en la casa N.° 3 propia de D. Bue¬ naventura Hernandez, se conserva en el interior otra lápida dedicada á la esposa de Porcio Feliz, maestro de los sevires augustales y está concebida así: — 30 — D. M. _PORC. FELIX VIR. AVGVST. ET MAGISTER T. CORNELIAE VICTORIAE. YXORI PIISSIMAE Además se conserva en esla casa una magnífica co¬ lección de medallas que comprenden una buena sec¬ ción de ibéricas, muchas de ellas raras é incdilas; olra regular de las coloniales; bastante número de las consulares, y todo el imperio comprendido desde Au¬ gusto basta Rómulo Augustulo y no pocas del imperio de Oriente ó bizantinas. Además enriquecen la colec¬ ción una série de los Ptolomeos de Egipto, otras feni¬ cias y algunas púnicas recogidas en excavaciones de Cartago. Posee además el Sr. Hernandez un reducido pero curiosísimo gabinete arqueológico, compuesto de objetos pertenecientes á distintas épocas, descubiertos en varias ruinas de esta ciudad. Larápida subida llamada del Patriarca nos indica que pasamos del Foro al Arce ó Capitolio situado en la tercera ó última meseta en lo mas prominente de la colina de Tarragona. Los romanos la dieron el mis¬ mo destino que los primeros ocupantes de esta ciudad, esto es, de Acrópolis ó cindadela, destino que tuvo igualmente en tiempos posteriores durante la domi¬ nación árabe y época de la restauración. La isla de casas formada por las calles del Patriarca, calle Nue¬ va, Mercería y Carnicería era á principios de este siglo un soberbio castillo, habitación ó Palacio de los anti¬ guos prelados de la Diócesis: lo hizo erigir el arzobis¬ po D.Bernardo Tort en el año 1147 para defenderse — si¬ de los conlínuos asaltos de los moros, quedándole el nombre de Castillo del Patriarca. El principal objeto de este prelado fué no solo asegurar su morada, sino también la del Cabildo que vivia en comunidad y el naciente edificio de la Catedral, allí inmediato, Al abandonar el ejército francés en 1813 esta ciudad se pusieron hornillos en él, volándolo la noche del 18 de Agosto, y su esplosion fué tan terrible que causó la ruina de todos los edificios contiguos, siendo un pro¬ digio hubiese quedado ilesa la Catedral. En este cas¬ tillo existia una torre, en la que estuvo custodiado I Francisco 1.° rey de Francia, prisionero en la batalla de Pavía, cuando las galeras mandadas por el virrey de Nápoles se detuvieron en 1520 1res días en este puerto para hacer aguada. A los esfuerzos del Arzo¬ bispo D, Pedro de Cardona y de los cónsules de la ciudad se debe el no haber sido aquel monarca vícti¬ ma del furor de las tropas que se insubordinaron y apoderaron à viva fuerza de esta fortaleza. En el año 1824 y 2o se demolieron los mutilados restos que que¬ daban y entonces fueron bailadas algunas inscripcio¬ nes romanas que cuando se erigió el castillo se hablan aprovechado como sillares; estas lápidas fueron igual¬ mente utilizadas para las nuevas construcciones levan¬ tadas hoy en el punto que ocupaba el castillo, salván¬ dose solo la que forma parte de la pared exterior de la casa N.° 5 de la calle Bajada del Patriarca, cuya inscripción es de alguna importancia por hacerse en ella mención de Lucio Sulpicio Nigro natural de Avo- briga, ciudad que con el nombre moderno de Bayona existe en las orillas del rio Miño; está escrita así: __32 L. SVLPICIO. Q. F. GAL. NIGRO. GIHB1ÂN0 AYOBRIGENSI OMNIBVS. IN, REP. SVA HONORIB. FVNCÏO FLAM. ROMAE. PIVOR ET. AVG. P. H. C. P. H. C. Aillegar ai extremo de esta cuesta ó subida del Patriarca, se descubre en toda su magnificencia la gran mole de la Catedral, echándose de ver al primer gol¬ pe de vista la falla de unidad del edificio gótico-bizan¬ tino, por las adherencias ó aditamentos que como otras tantas incrustaciones al cuerpo principal han ido acumulando los siglos al rededor de la primera obra; y como los arquitectos sucesivos siguiesen respectiva¬ mente el gusto de su época, vése afeada la gravedad y esbelteza ojival con pegotes mal zurcidos de arqui¬ tectura y gustos diferentes, observándose confusamen¬ te mezcladas y apiñadas todas las degradaciones y transiciones arquitectónicas de.sde el macizo bizantino hasta la restauración del géneroacadémico ó greco-ro¬ mano del último siglo. Descuella no obstante por en¬ cima de esta confusa multitud de mezquinas y raquíti¬ cas construcciones la nave principal de la antigua basílica con su gigantesco cimborio, á la manera de una noble y severa matrona circuida de una numerosa prole, de sexos y edades diferentes. Fué comenzada esta Catedral por San Olegario Ar¬ zobispo de esta ciudad á la vez Obispo de Barcelona y á su regreso de Palestina sobre los años 11M. Prosi¬ guió la obra uno de sus sucesores D. Espargo Barca en 20 de Junio de 1220. En 30 de Agosto de 1282 el limo. D, Bernardo Olivella construyó los dos arcos —83— correspondientes á las capillas de San Miguel y de las Yirgenes, hoy bautisterio, y el frontispicio. Final¬ mente fué cubierta la na\e del templo por el Arzobispo D. Rodrigo Tello en 1292 destinando para su coste el producto de las vacantes del Arzobispado durante cinco años. Su arquitectura pertenece al gusto bizantino, en la época de su paso ó transición á la ojival. Las demás adiciones al cuerpo principal del edificio corresponden á épocas posteriores, cuyas fechas manifestarémos al ocuparnos de su interior. El frontispicio de este grandioso monumento de la piedad cristiana mira á mediodia, sin duda por exi¬ girlo asi la disposición de los muros del Arce romano y Capitolio, que se aprovecharon, los cuales eran pa¬ ralelos y se cortaban en ángulos rectos con los del Foro y Circo respectivamente. .lunto á la puerta lateral de la derecha del citado frontispicio, rasante con el piso de la calle y formando parte del muro, hay una lápida romana algo consumida por las humedades en la que con algun trabajo puede leerse lo siguiente ; C. SEMPRONIO M. F. GAL. FIDO . . . ALAG RIT . . . TRIR. MIL. LEG III SCYTHIC. TRIB M LEG YI. FERR. TRIR MIL LEG. III. GALL TRIE. MIL. LEG. XX Y. Y. FLAMINI P. H. C La tercera línea por la disposición de las letras con los huecos de las que están consumidas, nos parece debe leerse CALAGYRRITANO, esto es, que Cayo Sempronio Fido, hijo de Marco, de la tribu Galeria, era í -34- flalural de Calagurris (que es la Calahorra moderna) y desempeñó los cargos de Tribuno militar de la Le¬ gion tercera Scitica ; de la legion sexta Ferrata ; de la legion tercera de las Gallas y de la yigésima vence¬ dora, y flamen de la Provincia de la España Citerior. Casi en el centro de la reducida plaza llamada de la Catedral, se ven los vestijios ó emplazamiento del templo de Júpiter capitolino, sin duda la parle cor¬ respondiente al pronaos. Desde este punto se descubre de un golpe de vista la fachada de la Catedral con su hermoso átrio, sin terminar todavía, según sucede en gran parle de nuestras Catedrales. También puede su¬ birse á dicha plaza desde la calle Mayor, por una ex¬ tensa escalinata, la cual ha venido á sustituir la que en la época romana ponia en comunicación el Foro con el templo de Júpiter y Capitolio, según dijimos ; de modo que por una singular coincidencia hoy tiene un destino análogo, aun que mas noble y sublime- En una de las casas de la derecha, al subir estas escaleras, entre dos ventanas, se ve una cabeza de már¬ mol, en medio relieve, de muy buen gusto y ejecu¬ ción, que por la corona de yiedra que circunda sus sienes parece representar á Baco. En el rincón que forma esta plaza con la Catedral está la casa del marqués de Tamaril y en el zaguan de la misma hay estas dos inscripciones: M. PORCIO. M. F. ANIENS. APRO II VIRO. PRAEFEC FAR. TRIR. MILIT. PROC. AVGVST. AR. ALIMENTIS FLAMINI. P. H. C. P. II. C FAYSTINAE IMP. ANTON I NI FILIAE La primera es de algun inlerés por referirse á Mar¬ co Porcio Aniense Api'o, hijo de Marco, condecorado con niuclios liluios honoríficos, y que desempeñó car¬ gos imporlanles de la República; pero mucho mas apreciable es la segunda, supuesto que es el recuerdo de una eslálua erigida por la provincia Tarraconense á la emperatriz Fauslina, llamada la joven, hija de An- tonino Pío y mujer de Marco Aurelio el Filósofo, am¬ bos emperadores. El frontispicio de la Catedral participa, al igual de toda esta basílica, de falla de unidad en el |)lan gene¬ ral de la obra, y se ven en él marcadamente dos épo¬ cas muy distintas. El centro cubre exactamente la nave mayor ; es de gusto ojival y fué construido como indicamos por el arzobispo D Bernardo Olivella, reem¬ plazando probablemente otra fachada primitiva de gusto bizantino y contemporánea de los dos costados existentes todavía del mismo frontispicio. Mas de una vez hemos sospechado que la actual puerta del claus¬ tro pudo pertenecer en un principio á este frontispicio y que cuando se consti uyó la que boy admiramos se trasladaría y acomodaria en el claustro ; hay sobrados indicios que manifiestan la posterioridad de la coloca¬ ción de la puerta bizantina en aquel lugar. Son dignas de ob.servacion las dos puertas laterales de este frontispicio, que por sus dimensiones y robus¬ tez, propias de la arquitectura bizantina, contrasta sin¬ gularmente con la noble esbelteza de la construcción ojival erigida á últimos del siglo XIII. Esta fachada tiene dos cuerpos; el superior, como .si dejeramos la pared maestra, cubre exactamente, según se ha dicho. -ac¬ ia nave ceniral, taladrándola alrevidanienle en casi to¬ da su anchura un inmenso y bien estudiado rosetón gótico circular, por entre cuyos calados atraviesa la luz que inunda en toda su extension la nave referida y llega ya muy modificada y difusa al tabernáculo ó altar mayor. La mitad inferior de esta fachada es un cuerpo adelantado, ó atrio compuesto de cuatro arcos ojivales concéntricos, que se apoyan sobre ocho do- celetes sin pináculo, que á su vez cobijan otras tantas estátuas de apóstoles y profetas. Estas estátuas y do- celetes siguen al rededor de los dos machones ó con¬ trafuertes que á modo de agujas terminan en pirᬠmide y flanquean el pórtico. Todo este cuerpo descan¬ sa en un basamento general del mismo gusto de la fachada. Divide en casi dos partes iguales la portada, que forma el arco de ingreso, un magnífico dintel de már¬ mol de una al mismo tiempo sirve de sola pieza que imposta. La parte superior, comprendiendo toda la ojiva, ostenta un precioso calado del mismo género del rosetón descrito, en cuyo centro se vé en alto relieve la estàtua del Hijo de Dios sentado entre el sol y la luna y dos ángeles que de rodillas le ado¬ ran. Entre esta estàtua y el dintel se halla una espe¬ cie de friso donde en bajo relieve está representada la resurrección de la carne por una fila de sepulcros abiertos, de los cuales salen los cadáveres al sonido de las trompetas locadas por dos ángeles que ocupan los extremos del friso; encima de cada sepulcro hay una inscripción gótica perfectamente conservadji, pero que | por la distancia es imposible leer. En el espacio que cierra la curvado los sepulcros con el dintel seven un numero infinito de figuras simbolizando los tormen¬ tos de los condenados en el inlierno. El dintel se dos halla sostenido, en los extremos por jambas de mármol de una sola pieza, y en el centro ! por un sustentáculo igualmente de mármol, cuya mi- —37— tad superior decora una grande estàtua de la Virgen con el niño Dios en los brazos, y la mitad inferior ó basamento tiene varios relieves relativos á la primera creación y pecado original. Así esta estatua como las veinte y dos que rodean el álrio y representan apóstoles y profetas, son de piedra del Albiol Nueve de ellas fueron construidas por el escultor Juan Bartolomé, y las restantes por el barce¬ lonés Jaime Castails en 1375. La pieza de mármol que forma el dintel tiene C metros 80 centímetros de longi¬ tud, y el pilar que la sostiene en el centro mide 5 me¬ tros í)2 centímetros. I.,as puertas son de roble forradas con planchas de hierro claveteadas lujosamente con florones de cobre, y fué costeado todo por el arzobis¬ po D. Gonzalo de lleredia en 1510, un año antes de su muerte. Los restos de este prelado están sepultados junto al mismo umbral, al nivel del pavimento, y la huesa se baila cubierta con planchas de cobre, en las que hay esculpida la inscripción y varios adornos. El coro situado en el centro del templo, según la costumbre de aquellos tiempos, ocupa el espacio de la tercera y cuarta bóveda de las siete de que se com¬ pone la nave central, inmediatas al crucero. Su sille¬ ría se elaboró con maderas de! bosípie de Poblet y ro¬ ble de Plandes: está llena de preciosas esculturas y foliages de buen gusto gótico, ejecutados por el artis¬ ta Francisco Gomar, natural de Zaragoza, y concerta¬ do por precio de setenta y cinco mil sueldos ( 40,000 reales vn. ), en Mayo de 1478 por el arzobispo D. Pe¬ dro de ürrea. Este prelado falleció antes de la con¬ clusion del coro, y he aquí la razón por que las dos sillas de la presidencia no siguen el mismo gusto que lo restante, demostrando con toda evidencia su poste¬ rior construcción. El gran facistol ó pupitre de la mis¬ ma madera que ocupa el centro del coro es una buena obra de ebanistería y sirve de base al Crucifijo de ta¬ maño algo mayor que el natural. -38 — La pufii'la ojival del Irascoro es de excelente arqui¬ tectura; foc construida según demuestran los escudos que la adornan por D. Hugo de Cervelló, arzobispo de esta ]\Ielrópoli desde 1104 á 1171 que murió asesina¬ do por D. Guillen de Aguiló, hijo del príncipe de Tar¬ ragona. Al lado derecho de esta puerta, saliendo del coro, se halla el panteón de D. .laime 1.° el Conquista¬ dor. Se arregló y construyó utilizando los mutilados restos trasladados de Poblet en Diciembre de 1834. Los panteones reales de aquel célebre monasterio fue¬ ron destruidos durante el año 1833 y profanadas las egrégias mómias que contenían. D. Pedro IV de Ara¬ gon los mandó construir en 1367, y eran un modelo de gusto y elegancia, destinando uno para sí, otro en el que hizo colocar el sarcófago de D. Jaime 1.°, y dejando espacio para el tercero que labró posterior¬ mente para su familia D. Fernando de Antequera. Los tres sepulcros se hallaban como suspendidos en el aire al lado del evangelio del espacioso crucero de la Ba¬ sílica de Poblet por medio de un elegante y atrevi¬ do arco escarzano que iba de columna á columna; los tres eran iguales de un gótico purísimo, y cubiertos por ricos doccies ojivales en transparente alabastro, sosteni¬ dos por delicadísimas agujas y llenos de calados que los bacian esbeltos y ligeros. Los poderosos duques de Se- gorbc y Cardona pidieron permiso al rey para cons¬ truir debajo de estos admirables sepulcros una cámara mortuoria para depositar en ella los individuos de la casa real de .\ragon, que estaban sepultados en otros puntos del monasterio, y los de su familia también de real estirpe. Conseguido este permiso se labró en el siglo XYIl debajo de aquellas diáfanas construcciones un pesado basamento de gusto plateresco, el cual ade¬ más de impedir el paso por debajo, según se verifica¬ ba antes, destruyó el maravilloso efecto que con tanta Labilidad habia conseguido el inspirado arquitecto del -39- siglo XIV. Los incendiarios del año ignorantes del mérito histórico y artístico de aquellos preciosos monumentos, se cebaron en destruirlos hasta reducir á pequeños fragmentos los calados doceles, los relie¬ ves y adornos de crestería que cubrían las tumbas y las estatuas yacentes que representaban á los monar¬ cas allí depositados, desapareciendo para siempre aque¬ llas joyas que basta entonces habían sido admiración de naturales y estrangeres. Como sucede siempre, se destruyó lo que no podía restaurarse y se dejaron aun en bastante buen estado los pesados aditamen os inferiores pertenecientes á la familia de Cardona. La Comisión de obsequios al rey D. .laime en el citado año de 185i pensó salvar lo que quedaba de aquellos restos, y haciendo trasladar el ba¬ samento dicbo, se colocó sobre él la misma urna en que estuvo depositado el cadáver de este excelso mo¬ narca en seguida de su muerte y que permaneció suspendida por tres cartelas en el presbiterio de la iglesia de Poblet sin otro adorno que unas simples pinturas y dorados de la época, durante un siglo. Para conformarse con el gusto del basamento, y habiendo desaparecido por completo, según queda dicbo, los adornos góticos, la Comisión acordó que la urna se cubriese de planchas de alabastro con esculturas de la época del renacimiento. La Comisión de obsequios ade¬ más babia resuelto colocar en el costado opuesto de este panteón otro colateral á fin de depositar en él las demás mómias reales que procedentes de Poblet exis¬ ten custodiadas en esta Catedral, á cuyo fin hizo tras¬ ladar de aquel punto las piezas necesarias; pero ha¬ biendo ce.sado aquella corporación en sus atribuciones en virtud de una Real órden por la que S. M. la Reina cedia estas excelsas cenizas al Ayuntamiento de Tarra¬ gona como custodio de ellas, quedó desde entoncés al cargo del Municipio la erección del otro sepulcro cuyas piezas posee. Para complemento de esta sucinta reseña —40— nosfalla añadir, que debe ocupar el cenlro del panteón de D. Jaime una gran lápida de mármol blanco que eslá ya construida y tiene esculpida esta inscripción; EÏERSO IMPIE ASXO MDCCCXXXV POPTLETl COENOBIO; TIOLATIS AVGVSTAE DOMES AlíAGOXlAE SEPVLCllltlS; COliPVS lACOlil I EXPVCNATOlllS DICTI, PRAECLARl ARAGOXVM REGIS E TVMVLO TBI Ï ET AMPLIVS SAECVLIS ADÛVIEVERAT, EfOSSVM, TARRAGO PIE SERVAVIT, TVEXDÍMQVE IN PERPETVVSl A TEMPORIS ET HOMISVJl IMVRIA nOC MOXVMEXTfl AERE PROVUÍCIARVM TARRACONt.NSlS ET BARCINOXEXSIS EXSTRVCTO BEXIGNE ANfiVENTE ELISABETH II DISPANIARTM REGINA IN SÏA IPSIVS BASILICA RELIGIOSA RESTITVIT DIE VII OCT. m. MDCCCLVI. El órgano colocado dentro del recinto del coro, en el arco cuarto lateral de la izquierda, era uno de los mejores del principado (1) y lo proyectó y dirigió D. Jaime Amigó, rector de Tivisa, en tiempo del Carde¬ nal-arzobispo D. Fernando de Lloases en 15G3. La madera se trajo de Tortosa y el estaño de Cadiz, apro¬ vechándose además los deshechos del órgano antiguo de que se tratará mas adelante. Ocupa todo el espacio de una de las bóvedas y está lleno de esculturas y adornas de gusto plateresco. En el pavimento del coro están sepultados varios Arzobispos á stilrcr : D. Juan de Moneada, fallecido en 1622,.se halla junto á la puerta del trascoro, entre (1) En el afio 18G.3 se tiizo una reforma general enaste órgano, renovándose en su mayor parte y añadiendo una voz, tubos y registros por el organero de Barcelona D. Ca¬ yetano Vilardebó. — 41 — esta y el facistol. Al pié de ésle se ven seis sepulturas; la de piedra de Itisós azulada pertenece á D. Rodrigo Tello en 1308; las cinco restantes pertenecen á D. Pe¬ dro de Urrcaen 1489 ; D. Bartolomé Sebastian Arroylia en 15(i8; D. Juan de Hoces en 1026; D. Juan Manuel Espinosa en 1079; Dr. Fr. José Sanchiz en 1094 y D.Joaquin de Santian y Valdivieso en 1783. Cuelga de la bóveda un estandarte que tiene pinta¬ das las armas pontificias, y es el que llevaba la galera capitana de la escuadra que armó el Papa Cali.vto 111 contra ios moros, de la cual fué Almirante el Arzobispo D. Pedro de Urrea en 1430, y se puso allí como un recuerdo. En la primera capilla de la derecha llamada de las vírgenes está el bautisterio: una bermosa pieza de mármol blanco veteado de azul de 2.1» 72.^ de longi¬ tud, 1."' 50A de latitud y l'oO de altura con 0'78 de profundidad ó excavación sirve de pila bautismal. La tradición supone que fué el baño de Augusto; es de una sola pieza, y se encontró entre las ruinas del pala¬ cio de aquel Emperador. Antiguamente estuvo coloca¬ da en un rincón obscuro del apoyada sobre crucero cuatro leones de mármolblanco; ahora se halla mejor situada y presenta un hermoso golpe de vista. La ca¬ pilla, que era de un gótico purísimo, lo mismo que el retablo que antiguamente la ocupaba, fué erigida por el Arzobispo D. Arnaldo de Cescómes, quien se halla sepultado en el pavimento de la misma capilla desde 1340. Al lado de esta sepultura hay la de D. Jaime Creus y Marti, igualmente Arzobispo de esta iglesia, fallecido en 1823. En el arco abierto entre esta capilla y la de San Miguel está depositado en un panteón de mármoles de colores el cadáver de D. Gaspar Ccrván- tes de Gaeta, Cardenal-arzobispo de esta Metiópoli fallecido en 137o. Las dos capillas colaterales de la izquierda fueron costeadas por el Arzobispo D. Pedro de Cardona; am- — 42 — bas perlenecen á la arquitectura llamada gótico florido del último período, y lo es también el arco abierto en¬ tre las dos capijlas. En este lugar se \é el paso rápido de la arquitectura de gusto ojival al del renacimiento, pues mientras se estaban construyendo estas capillas se trabajaba en Roma el panteón en mármol de Car- rara que ü. Pedro destinaba à su familia, y mandó sepultar en él á su lio el Cardenal D. Jaime de Car¬ dona y á una lia monja. Al fallecer D. Pedro en 1530 fué colocado junto á sus tios, como igualmente lo fué su sobrino y sucesor el Arzobispo de esta Dió¬ cesis D. Luis de Cardona en 1332; este sepulcro es un modelo de escultura por sus bellos detalles perte¬ necientes al gusto del renacimiento. Para construir estas dos capillas hubo de derribarse el edificio llama¬ do del priorato, dependencia del Cabildo. Habiendo fallecido en 18(11 el Arzobispo ü. José Domingo Costa y Borras, sus albaceas por disposición testamentaria le construyeron un panteón colateral al de los de Cardona, para cuya colocación se taladró el muro, construyendo otro hueco que imita la obra gótica verificada en 1520, con bastante acierto. El al¬ tar gótico dorado que hay en esta capilla fué costeado por el mismo Sr. Cosía y Borràs y ocupa el lugar del antiguo igualmente dedicado á la Anunciación de la Virgen. En la primera capilla, donde hay un retablo de Santo Tomás, existia antes otro bajo la invocación de Santa María Magdalena ; ambos altares estaban construidos con mármoles y alabastro que se trajeron de Génova por órden de D. Pedro de Cardona y fueron destruidos durante el sitio que los franceses pusieron en esta Ciudad en 18tl. La terceracapilla de la derecha está dedicada á la proto-márlir Santa Tecla patrona de la Ciudad y la¬ brada con hermosos mármoles del país; fué principia¬ da en 1758 por el Arzobispo D. Jaime de Cortada y Brú bajo la dirección del arquitecto D. José Prats. Aun- -43- ([ue excesivamenle recargada de adornos liene cosas muy buenas; la cúpula supongamos es recomendable por su ejecución y buenas formas ; pero sobre lodo el pavimento, es digno de llamar la atención de los in¬ teligentes por su perfección en el ataraceado, compues¬ to de mármol blanco, otro azul, y de llisós claro y oscuro; están encasadas sus piezas con una precision tan admirable que honra al artista. En la parte de es¬ cultura son de buen género los dos cuadros de yeso que adornan las paredes laterales; el retablo de már¬ mol blanco es muy bueno, tanto por lo que respecta al pensamiento como por la ejecución: pero particular¬ mente lo mejor en su clase son los dos medallones que hay en los plafones del fondo, igualmente de már¬ mol blanco, los cuales representan á dos doctores de la Iglesia rodeados de ángeles. Esta preciosa capilla, de orden compuesto,'fué terminada por el Arzobispo D. Juan de Lario y Lanzis, quien la consagró en 22 de Setiembre de 1773 y colocó la reliquia de la Santa en la urna. Ambos ±\rzobispos están sepultados en el pa¬ vimento de esta capilla, según demuestran sus epita- lios; el del costado del Evangelio pertenece á D. Jai¬ me de Cortada, fallecido en 17()2, y el de la epístola á D. Juan Lario en 1777. Para la construcción de esta capilla entregó D. Jaime Cortada diez y siete mil li¬ bras catalanas. En lo antiguo esta capilla era una puerta de entra¬ da á la Catedral, y se llamaba Puerta de S. Miguel, cuando la puerta actual de Santa Tecla únicamente servia de salida al Cementerio general. La puerta de San Miguel servia para los habitantes de la parte mas culminante de Tarragona situados en la parte Oriental de esta basilica, pues un gran edificio que ocupaba desde la casa del Arcediano á la Catedral obstruía el paso de la puerta principal á los citados habitantes; el Arzobispo D Rodrigo Tello compró y mandó derribar esta casa, dejaitdo así expedito el paso á la puerta —44— mayor. Cuando se construyó en 1738 la capilla de Santa Tecla se quitó la parle del Cementerio que es¬ torbaba y quedó abierta la comunicación de la Cate¬ dral por la puerta de Santa Tecla según boy vemos. A la Inmaculada Concepción de la Virgen está de¬ dicada la capilla colateral de la izquierda. Es de órden corinto y notable su cimborio ; de bastante mérito son las pinturas, al temple en la cúpula y al oleo los cua¬ dros que cubren las paredes. En ambos costados sobre¬ salen de ellas dos sarcófagos de mármol blanco y negro, de gusto plateresco, de bella escultura ; pero el retablo del género churrigueresco es lo mas malo en su clase, lleno de defectos y recargado de adornos de pésima eje¬ cución. Esta capilla fué costeada por el canónigo D. Di- daco Girón de Rebolledo de la ilustre casa de los Giro¬ nes, que falleció en (i de Abril de 1082 y so halla se¬ pultado en uno de los panteones; en el otro lo está su hermano D. Godofredo, Bailio que fué de Cataluña. La cuarta capilla de la derecha nada ofrece de no¬ table sino una severa urna de mármol obscuro, en la que fué colocado el cadáver de D. Cristobal Robuster, canónigo de esta Catedral en 1631. En la inmediata si¬ guiente está el altar de la presentación de la Virgen con .lesús en el templo, obra del escultor D. Vicente Roig. Una de las puertas laterales sirve de entrada al archivo de la comunidad de presbíteros fundada por el Arzo¬ bispo D. Bernardo de Cescomes en 28 de Diciembre de 1343, y en la pieza ó estancia que precede á la escale¬ ra existe un buen cuadro de Jesús crucificado. La cuarta y quinta de la izquierda, llamadas las ca¬ pillas nuevas, fueron construidas por el Arzobispo Virrey de Cataluña D. Juan Terés, cuyo cuerpo fué sepultado en 16(13 en el magnífico panteón interme¬ dio de una á otra capilla, que son absolutamente iguales y pertenecen al órden corintio. Para construir esla.s dos capillas y la de la Concepción fué preciso derribar el edificio llamado Camarería, otra de las dependencias del Cabildo, de lo que se infiere que originariamenle no hubo en la Catedral, á semejanza de las basílicas de Poblet y Santas Creus, otro aliar que el mayor ó tabernáculo en el ábside ; todas las capillas según ya demuestra la arquitectura fueron abiertas con mucha posterioridad á la primitiva construcción. A la derecha del crucero, debajo del gran rosetón de gusto bizantino, existen tres capillas implantadas, por decirlo así, en aquel lugar, sin gusto arquitectó¬ nico ni armonía de ningún género, un verdadero ade- fecio, sin que sea fácil adivinar el plan que se propuso el arquitecto al erigirlas si no fué el de afear la severa belleza de esta parte de la basílica. Fueron mandadas construir, así como la del Santo Sepulcro en la pared del coro, durante la prelacia de D. Gonzalo Fernandez de Heredia, el canónigo D. Juan Barceló en oca¬ por sión de una gran peste que en el año líiOS afligió á esta ciudad, y de ahí tal vez provenga la denominación de la Sahid que se dá á la devota imágen de Jesús crucificado venerada en la del centro de las tres. En la inmediata de la derecha hay un hermoso retablo pin¬ tado en madera, de gran mérito, al cual cubre un maciso altar, en forma de templete circular: mejor estaria colocado en otro punto, dejando así patente el mérito de la pintura que no tiene de mucho el tem¬ plete referido. Esto casi nos obliga á repetir lo dicho relativamente à las tres capillas. No ofrecen particularidad alguna las dos capillas del extremo opuesto del crucero, en especial la de la iz¬ quierda que es otra adherencia tanto ó mas irregular que las tres mencionadas, interrumpiendo la unidad armónica del monumento; pero por el contrario pre¬ senta buen golpe de vista, aunque de diferente arqui¬ tectura del templo, una magnífica portada que ter¬ mina en un fronton, de órdcn corintio, que dá entrada á la capilla del Sacramento, construida por el Arzobis¬ po D. Antonio Agustín: nos admira sobre manera que -4C — este célebre y distinguido anticuario hubiera preferido el greco-romano al gótico, que sin duda hubiese pro¬ ducido mejor efecto; sin embargo, iudepeudieulemente de esta falta de propiedad, dicha portada es de escelente gusto y bellas proporciones. Las columnas son de gra¬ nito, de una sola pieza, tienen í metros oO céntimeiros de altura y se cree pertenecieron al pórtico ó galería que rodeaba el Foro romano. Hé aquí acaso lo que es¬ timuló al célebre arquéologo á colocarlas allí, prescin¬ diendo de toda otra consideración, líablarémos de la capilla al tratar del claustro, del que forma parte. Sin moverse de este punto puede el curioso exami¬ nar las seis tumbas que se hallan suspendidas en las paredes laterales del crucero á una respetable altura. La mas elevada de las de la derecha contiene los restos del Arzobispo D. Hugo de Cervelló, deia ilustre y anti¬ quísima familia catalana de los Cervellons, asesinado en 1171 por el hijo de Roberto Aguiló (el Rordet) príncipe de Tarragona; y en las dos de debajo hay los restos de D. Guillen de Torroja y D. Guillen de Rocaberti, Arzobispos ambos de esta Catedral ; el pri¬ mero falleció en 1171 y el otro en 1315. Enlamas alia de la izquierda fueron colocados los del desgra¬ ciado Arzobispo D. Rerenguer de Yilademuls, asesi¬ nado por su sobrino D. Ramon de Moneada de la no¬ ble estirpe de los Moneadas, en 1193; y en las dos tumbas inferiores existen los restos de D. Raymundo de Castelltersol, fallecido en 119S y de D. Raymundo de Rocaberts en 1215. Terminan cada una de las tres naves de la Catedral en capilla, ó ábside; la de la derecha fué cons¬ una truida al comenzarse la Catedral, por el Santo Arzo¬ bispo Olegario, á quien y en el mismo punto poste¬ riormente se le erigió un altar en el que se venera su imágen; es de forma semicircular formando pro¬ piamente el ábside de esta nave. En la bóveda que le precede se halla la puerta de gusto bizantino, lia- inada de Sta. Tecla, de robustas formas. Actualmente es una de las entradas á la iglesia, pero en lo antiguo se salía por ella al Cementerio general que ocupaba lodo el espacio exterior desde el crucero hasta la igle¬ sia de Sla. Tecla. Sobre la citada puerta y sus tres contiguos arcosde medio punto, ó bizantinos, gravita la maciza torre de las campanas, y uno de estos tres arcos es el ingreso de la capilla descrita de S. Ole¬ gario. El retablo de gusto moderno, dedicado á este santo Prelado, se ejecutó á últimos del pasado siglo por el escultor D. Francisco Bonifaci. Al lado de este retablo existe la puerta donde prin¬ cipia la escalera del campanario. A los 50 escalones se halla el primer piso de la torre que sirve de habita¬ ción á los sacristanes, y en seguida subiendo otros 51, hay un pasillo que conduce al segundo piso donde está el relox. La escalera se encuentra interrumpida, y esta circunstancia manifiesta indudablemente que la primitiva idea fué construir la torre en aquel sitio. Prosigue la escalera adherida al cuerpo del campana¬ rio y por 30 escalones se llega al tercer piso en donde están las campanas: finalmente por otra mas angosta compuesta de 50 escalones se sube á la azotea, en cuyo punto se halla colocada la campana mayor lla¬ mada Capona, por haberla costeado D. Juan de Co¬ pons y Copons, Arzobispo que fué de esta metropo¬ litana desde 1729 á 1753. Un hermoso y vastísimo panorama se ofrece á la vista al llegar á esta azotea, pues presenta por un lado un inmenso horizonte marítimo, y por el otro nn extenso y magnífico paisage de todo el campo de Tarragona. Fué principiada esta torre en el año 1292 por el limo, D. Rodrigo Tello, y la misma parte construida está manifestando que le falta mucho á su altura para llegar al término proyectado. El relox, costeado por mitad entre el Cabildo de la ciudad y el metropolitano, se construyó en el año -48- 1510, como igualmente la, campana ó timbre que se halla en la aguja de la veleta. Esle relox fué des¬ truido á la entrada de las tropas de Napoleon en 1811 y el Ayuntamiento en 1815 llamó á un hábil cerrajero de Areñs de Mar, quien aprovechando la parte servible lo reconstruyó por el valor de 7(Í0 libras catalanas (7,406 rs. vn. ). Se resiente de su antigüe¬ dad, es poco exacto y su conservación corre á cuenta de la Municipalidad. Las campanas de la torre son once y tienen todas muy buen sonido. El retablo ó altar mayor es de un gótico puro y de la mejor época: está colocado debajo del cerco que divide el ábside de la nave principal. Fué comenzado por el arzobispo D. Dalmacio de Mor en 9 de Abril de 1429. Se compone de un basamento de piedra ala¬ bastrina con grupos de ángeles y seis cuadros que representan en relieve los martirios de Sta. Tecla. Las figuras son de mal gusto, y los arabescos, ca¬ lados, y follajes de admirable y primorosa ejecución. Sobre esta base hay una estàtua colosal gótica de la Virgen, de lindas formas y bien estendidos ropageS) con el niño Dios en los brazos, todo de una sola pieza de mármol. Llama particularmente la atención por su graciosa forma, la corona gótica que lleva la Vírr- gen, compuesta de foliages del mejor gusto y deli¬ cadas labores. El niño Jesús, según la costumbre de la época, no llevaba corona, pero con la mayor impropiedad se le colocó una cuyo mérito artístico está muy distante de la de la madre. Creemos sería un acto de ilustración quitársela, volviéndole así su integridad originaria. Las estátuas colaterales repre¬ sentan á Sta. Tecla y S. Pablo. En el fondo entre estas hay otros doce cuadros como los ya descritos que en medio relieve representan la vida de Jesu¬ cristo: cada uno tiene su docelete afiligranado. Tres agujas del mismo género, con calados góticos de buen gusto protegen las estátuas. Todos estos adornos y — i9 — demás entallado y ropajes son dorados, lo cual produce un efecto majestuoso. Dos puertas colaterales de buena arquitectura ojival conducen á una pieza de moderna construcción, que ocupa el espacio semicircular del ábside, detrás del altar mayor donde se halla el Sagrario de gusto churri¬ gueresco construido de mármoles del pais y costeado por D. Fray ,Iosé Llinàs arzobispo de esta diócesis en 1697. En pequeño nicho practicado en el muro del un ábside hay colocada una urna de alabastro con re¬ lieves y dorados góticos y una inscripción del mismo género, probablemente del siglo XV, que dice : HIC REQVIESCIT VIR SANC TISSIMVS CIPRIANVS PRIMAE SEDIS TARRACONENSIS CIYITATIS EPISCOPVS DEPOSITVS EST IN HVNC TVMVLVM OCTAVO KLAS MAIAS IN PACE La inscripción no expresa el año de este depósito; mas los cronistas catalanes suponen que la urna en¬ cierra los huesos de S. Cipriano arzobispo de Tarra¬ gona, el cual existia en el año 683. Como no hay en¬ tera certidumbre de que estos restos pertenezcan á aquel santo Prelado, muy acertadamente no se les tributa cul¬ to. En 16Í3 hubo necesidad de abrirse esta urna y den¬ tro habia otra de madera forrada de terciopelo negro con un liston de seda amarillo y tachuelas doradas; abierta ésta se vió que contenia un cráneo y varios huesos humanos en buena conservación. Por una constitución del arzobispo D. Espargo Rar- ca en 1320, aun vigente, dispone que en el altar se mayor no puedan celebrar misa sino canónigos de esta Catedral, los de Gerona por una hermandad recíproca y los prelados á quienes por su dignidad se les debe permitir. — 50 — En el presbilerio, al lado de la epístola, está el rico sarcófago de mármol blanco que contiene los restos del infante D. Juan de Aragon, hijo de D. Jaime 2.°, pa¬ triarca que fué de Alejandría, arzobispo de Toledo y últimamente de esta Metropolitana: este prelado ben¬ dijo ó consagró la Catedral en 22 de Febrero de 1331. Sobre el sepulcro se vé su estàtua yacente con hᬠbitos pontificales: mnrió en opinion de Santo en 19 de Agosto de 133i. El sarcófago ocupa un grande nicho y en el fronton hay otra abertura que sirvió para depositar la reliquia del brazo de Sta. Tecla, en donde permaneció hasta que fué construida la capilla descrita, dedicada á esta Santa tutelar. El cronista Blanch asegura que al pie de las escale¬ rasque ponen en comunicación el crucero con el pres¬ biterio, halla sepultado el arzobispo D. Gonzalo de se Ixart que murió desgraciadamente de una caida de á caballo en Valls en 1433 y que la lápida que lo cubre no lleva inscripción alguna; pero sabemos positivamen¬ te que en donde se le erigió la sepultura fué en las escaleras del presbiterio de la iglesia de Valls, y no hace muchos años una casualidad la descubrió. Una de las puertas laterales del presbiterio, al lado del evangelio, conduce á la sacristía y por otra se sale á la capilla colateral, llamada de los sastres, una de las mas preciosas de la Catedral: es un modelo de arqui¬ tectura ojival perfectamente acabada. El retablo de esta capilla es de la misma época y gusto, y se compone de un cuadro de piedra, de grandísimas dimensiones, con su marco dorado. En el centro de este gran cuadro hay en alto relieve la estálua de la Virgen con el niño Jesús en los brazos, cobijada por un docel gótico que termi- ua en un pináculo ó aguja calada, todo de la misma materia del cuadro. El fondo está di\idido en cuatro zonas horizontales, subdividida cada una en seis re¬ cuadros ó compartimientos, en los cuales hay repre¬ sentados en pronunciado relieve pasos de la vida de -Sí- Jesucristo y su Santísima Madre desde la Anunciación hasta la muerte del Salvador. Cada uno de estos com¬ partimientos se halla coronado por un sencillo doce- lete gótico, cuyo conjunto es de buen efecto. La escul¬ tura es malísima, circunstancia peculiar de la época: pero el retablo es precioso como complemento de la ca¬ pillaque indudablemente puede llamarse la mejor Joya arquitectónica de la Catedral, y la pieza de mas mérito, perfectamente acabada en todas sus partes. Al lado del evangelio hay la puerta de la sacristía, sumamente lin¬ da y sus postigos de roble son ataraceados, de esquisi- to gusto y buena ejecución; aunque algo maltratada por los siglos y descuido, armoniza perfectamente en conjunto con lo demás. Entre esta sacristía y el retablo hay otra puerta muy estrecha que por medio de una linda escalera de caracol conduce á una galería gótica saliente, que á la altura de las importas lodea la capi¬ lla, cuya planta es octagonal. Si se dejase practicable esta escalera podrían los viajeros que visitan nuestras antigüedades admirar los detalles de esta bellísima cons¬ trucción Con respecto á la época de la obra .solo se sabe que existia en tiempo de D. Pedro Clasqueri, sepulta¬ do en 18 de Abril de Í3S8 en una pequeña tumba co¬ locada á cierta altura en la pared al lado de la epístola. Delante de la puerta que comunica esta capilla con el altar mayor y en el pavimento del presbiterio se baila la .sepultura de D. Alonso de Aragon, hijo del duque de Yillahermosa, y arzobispo de esta Diócesis, que falle¬ ció en Agosto de lolJ. Separa esta capilla del crucero otra bóveda, colate¬ ral á la que sostiene el campanario: en ella estaba co¬ locado el órgano antiguo construido en li99, del cual se aprovecharon gran parte de sus piezas para el ac¬ tual. según queda dicho, sirviendo lo demás para el de la iglesia de S. Francisco de Reus. Antes de salir del recinto interior del templo convie¬ ne hacer algunas observaciones curiosas relativas á su construcción. — 52 — Uno de los defectos capitales que se observa en la totalidad ó conjunto de esta grandiosa,basílicq es la falla de unidad, como hemos indicado. La ftibrica se comen¬ zó por el ábside y el primer trozo llegó basta el cru¬ cero:la imposta general, que corre á lo largo del muro á la misma altura del arranque de la cúpula del áb¬ side desde esta hasta el cimborio, indica que de allí debia desprenderse la bóveda probablemente de un solo cañón, según se observa en la pieza del refetorio que es de la misma época. El arquitecto que sucedió al prime¬ ro conociendo la falta de proporciones en la altura con relación á la longitud y latitud del plano general, con¬ cibió desde luego el pensamiento de dar mayor ele¬ vación á la bóveda; lo cual practicó sin tocar la refe¬ rida imposta y capiteles ya construidos, con objeto sin duda de demostrar la diferencia de los dos pensamien¬ tos y cuan achatada hubiera quedado aquella si se hu¬ biese seguido el primero, l'ara quitar la monotonía de un solo cañón de bóveda fabricó las bovedillas ó lune- tos actuales que se reciben en arista mucho mas airo¬ sas, pero sin abrir ventanas á fin de dejar intactas las claraboyas ojivales ya indicadas ó acaso comenzadas en el primer proyecto. Obsérvase también que en el primer pensamiento los arcos no debían ser ojivales, y lo patentizan los que se construyeron en la primitiva época, á saber, los de la capilla de S. Olegario, puerta de Sta. Tecla, arcos que sostienen el campanario y sus colaterales de la izquierda á la salida del claustro. Es asi mismo pro- hable se refieran á la primera construcción los muros del templo y sus columnas, á la altura de los prime¬ ros capiteles, con las dos puertas laterales del frontis¬ picio; lo construido encima es probable corresponda ya á épocas posteriores. Atribuimos igualmente al primer periodo los muros y rosetones del crucero que conser¬ van indudables muestras del gusto bizantino. Al segundo período pertenecerán, sin disputa, los arcôs ojivales de la nave izquierda, los cuales partici¬ pan todavía del estilo ojival de Oriente introducido pol¬ los árabes en España, bastando ponerse de espaldas á la capilla de los sastres para ver en la série consecu¬ tiva de arcos la reminiscencia del de herradura ó real¬ zados, la extraordinaria semejanza con los del mis¬ y mo género que existen en las mezquitas de Ebu-Tulum y de El-Moyen en el Cairo. Tampoco hay uniformidad en las aberturas, y todas se resienten bastante del gusto pesado bizantino; pues en lugar de los hermosos calados que se ven en las ven¬ tanas de los siglos XIV, XV y XVI, se observan en las claraboyas de este edificio unos calados en piedra que las cubren casi todas, dejando penetrar la luz conve¬ niente y calculada, necesaria para el culto. Hace pocos años se concibió la fatal idea de quitar los de la gran claraboya ó ventana ojival que está sobre el coro, y desgraciadamente por poca inteligencia del que dirigió la Operación, se destruyeron aquellas hermosas piezas, las cuales, como si hubiesen sido elaboradas por un eba¬ nista, estaban colocadas en los tres compartimientos de la ventana entrando por unas ranuras ó guias que cor¬ rían á lo largo de las columnitas y jambas con objeto de poder sacarlas una á una y limpiarlas cuando con¬ viniese. Para complemento de ignorancia y mal gusto, las pocas que se sacaron enteras se colocaron en el co¬ ronamiento de la pared exterior de la capilla de las vír¬ genes ó bautisterio, á fin de restaurar con ellas la ba¬ randilla gótica de dibujo y dimensiones diferentes, lo cUal como es de produce un efecto malísimo. ver Debemos igualmente observar que las grandes cla¬ raboyas del cimborio están dispuestas de manera que la luz entra modificada por los calados sobredichos, y parece descubrirse una ¡dea mística y simbólica en el pensamiento del arquitecto de haber dado distinta fi¬ gura á tres de ella.s, y de que los dibujos formen cru¬ ces y aspas, emblemas de martirio. Aunque groseras —1)4 — en su ejecución causan su efeclo á la altura en que se hallan. La arquitectura del claustro pertenece á dos distin¬ tas épocas: la mas antigua corresponde al gusto bizan¬ tino y es la obra del basamento general con los arcos de medio punto ó semicirculares. Los arcos y bóvedas ojivales pertenecen al siglo XIII. Ninguna noticia se tiene de la época en que se principió la obra, aunque hay sobrados indicios para creer que en su origen ha- bria servido de Aljama á los cárabes, supuesto que la mezquita se hallaba unida à este claustro como des¬ pués se dirá (1). Los muros que forman la caja del mismo son de la época romana y pertenecían al Arce ó Capitolio. Las columnas de la galería, según constante tradi¬ ción, pertenecieron al palacio del Emperador, y en efeclo se cree que el actual Palacio del arzobispo fué el caslillo ó alcazaba de los Walíes ó gobernadores árabes de Medina Tarkuna ( Tarragona ) y es probable que (1) Para que se vea la analogía que existe entre esle claustro y la Aljama de la mezquita de Córdoba copiamos la siguiente descripción de este monumento árabe, déla misma época de Abd-el-Rahman llf, escrita por Mr. Julio Gailhabaud: «Pasada esla Puerta, dice, se entra en una es¬ paciosa area, donde, como en la parte anterior de las basi¬ licas cristianas que comprendia el Atrio, presenta la mez¬ quita de Córdoba un ancho patio rodeado de galerías ó pór¬ ticos, en medio del cual existían en otro tiempo las fuentes para las ablusiones prescritas por el Koran. Varias palme¬ ras, y cipreses que formaban una espesa sombra naranjos exhalaban en derredor sus perfumes, mezclándose bajo un cielo risueño al dulce susurró de las aguas, y haciendo de aquel lugar una mansion deliciosa y enteramente oriental. Este recinto forma, por decirlo así, un jardín aéreo, porque se halla sobre una gran cisterna, y los cuatro ó cinco pies de tierra que cubren las bóvedas de la misma bastan para alimentar y conservar aquellos hermosos árboles, algunos de ellos dicen que tienen muchos años Hoy dia no existen ya las fuentes primitivas y no pueden reconocerse las ga¬ lerías ó pórticos por haberse destinado á diferentes usos.» -53- los terrados que cubren el claustro tendrían comunica¬ ción primitivamente con el Palacio lo mismo que con la mezquita, antes de arruinarse, según costumbre de los árabes en aquella época. El aspecto exterior de este claustro, visto por el jardin,"ofrece gran semejanza con los patios de las referidas mezquitas del Cairo que he¬ mos anteriormente mencionado, contribuyendo á esta semejanza las ventanas circulares con calados de lace¬ ría en piedra, de gusto oriental; los caprichosos capite¬ les demuestran haber sido fabricados en diferentes épo¬ cas: los que tienen representaciones bíblicas son mas modernos y de menos gusto que los que ostentan mar¬ cadamente el estilo árabe con entrelazos y arabescos de ingeniosa ejecución, al igual que las impostas que sostienen. En 8 de Enero de 1214 el pavorde D. Ramon de San Llorens con intervención del arzobispo D. Ramon de Rocaberti, levantó á sus expensas las bóvedas del claus¬ tro aprovechando lo que estaba construido; y en efecto se observa que esta obra no guarda analogía con la an¬ terior, cargando los cilindros de las bóvedas en falso, lo que manifiesta á simple vista que era muy distinto el pensamiento de los primitivos constructores, ó me¬ jor dicho, que los grupos de colnmnitas de mármol no se construyeron para sostener las bovedillas de di¬ ferente arquitectura y disposición. En los arcos semicirculares mencionados hay co¬ locadas unas fuertes verjas de hierro que separan las galerías del claustro de un espacioso patio ó jardin existente en el centro con várias fuentes de abun¬ dante agua las cuales producen un susurro melan¬ cólico que contrasta de una manera notable con la soledad de aquel punto; varios cipreses centenarios, laureles y otros arbustos sirven para refrescar la at¬ mósfera y dar asilo á multitud de pájaros cuyos ale¬ gres cantos interrumpen la monotonía constante en aquel solitario lugar. Una grandiosa cisterna se halla i — 56 — debajo de esle delicioso parterre, propio para el reco¬ gimiento y la inspiración: ¿seria acaso éste el punto en donde los árabes de Medina Tarkuna verificaban las ablusiones y purificaciones que previene el Koran? Ni nna spla palabra hemos encontrado en los cronistas que hablan de Tarragona, relativa á la mezquita que por órden de Abd-el-Rahman III, en el año OGO" de nuestra era, erigió Giafar su esclavo y favorito. Coinenzarémos la descripción del Claustro por la puerta de la Catedral que dá entrada al mismo, por cu)'0 punto quizá en la época árabe se entraba á la Al¬ jama ó palio de las ablusiones, que casi siempre prece¬ de á Ips mezquitas. Esta puerta, situada en un ángulo del muro oriental, es de arquitectura árabe bizantina, ejecutada en mármol blanco veteado de azul obscu¬ ro. Según el mismo gusto, la puerta de un solo derra¬ me, va estrechándose desde el arco exterior en todo el grueso del muro, hasta llegar al arco interior ó de in¬ greso, por medio de unos arcos concéntricos escalona¬ dos, de mayor á menor. En cada uno de los ángulos entrantes que dejan estos firmes va colocada una co¬ lumna con su capitel y encima prosiguen los bordo¬ nes ó cilindros del mismo grueso de los fustes de las columqqs en figura semicircular al igual que los arcos, disminuyendo como estos en radio del exterior al inte¬ rior, de manera que el aspecto de esta puerta presenta la formq de un embudo. Dos pilastras con sus capite¬ les forman las verdaderas jambas, y el arco está com¬ puesto de un hacecillo de cilindros ó bordones. Los arcos no son de medio punto como los bizantinos sino algo realzados en forma de herradurg, reminiscencias del gu-sto árabe, lo cual manifiesta que se construyó esta puerta en los primeros tiempos de la ocupación. Decoran la parle exteriqr de esta obra dos columnqs, una de las cuales tiene el grueso análogo á las descri¬ tas: la otra es de mármol jaspeado muy vistoso pero demasiado gruesa respecto á su altura: los capiteles de — S7— estas dos columnas son de estilo arábigo muy pronun¬ ciado, lo mismo que la faja ó greca que en forma se¬ micircular va de capitel á otro: igual gusto con¬ un servan los capiteles de las pilastras. El dintel es de nna sola pieza, de mármol veteado, sostenido en el centro por una columna cuyo gran capitel en figura de fanal es de tan pésimo gusto como los délos costados sus compañeros. De este mismo género son las esculturas del Salvadorcon los emblemas de los Evangelistas que ocupan el espacio semicircular entre el dintel y los arcos: hace pesada la obra el defecto de ser muy baja á proporción de su anchura, y le dá un aspecto orien¬ tal la forma de herradura de que participa el arco. Desde luego se conoce que esta puerta fué colocada en qquel punto muy posteriormente á la erección del Claustro; y tanto es así, que siendo mas ancha esta que el corredor del Claustro fué preciso deshacer las dos bovedillas inmediatas y darlas mas anchura para que cupiese la puerta; evidente que á existir esta allí es con anterioridad al Claustro, el arquitecto habría dado al corredor ó galería el mismo ancho que esta tenia, evitando así el mal efecto que produce la rápida dimi¬ nución de las bóvedas que preceden á la expresada puerta. Si se nos permite una conjetura dirémos que primitivamente perteneció á la fachada de la basílica, y cuando el arzobispo D. Bernardo de Olivella á últi¬ mos del siglo XIII construyó el pórtico, de gusto oji¬ val, dejó á los lados las puertas bizantinas antiguas, y la central fué trasladada al Claustro é implantada en aquel lugar con posterioridad á la obra: comprueba lo dicho la semejanza ó igualdad que existe entre esta puerta y las dos de la fachada correspondientes al primer período ó fábrica de la Catedral. A la derecha de esta puerta y en la misma pared oriental se encuentra en perfecta conservación la si¬ guiente lápida romana: D, M. AHONIAE CIESIENTOAE. EX. P. RVFIÏSFIAVS M. F. ET S. ElïlXO.MEJIORIAJI PERPETVA5I nORTOS. COÜEREXTES. SUE SVRïRBAXYll TRADIDIT UB. LIBERTABÏSI). EX, FAMILIA. ÏX. MARÏLLO. AXTROCLO DELESAE. TERTVLLIXAE EXEPITQ. NE QÏIS. EOS EESDERET. SET. PER GENÏS IPSORÏM. POSESSIO DECVRRERE VEL PER ATNATOS VEL MANVMISSOS Todos los que han examinado esta lápida la han co¬ piado mal, dando por consiguiente á la inscripción di¬ ferente sentido del que realmente tiene. En la segunda línea leen S. YIV. INQ. (sibi viventi) en vez del nom¬ bre propio S. YIYINO que claramente dice; de modo que en rigor debe interpretarse asi: P. Rubio Flavo, erigió el sepulcro á su esposa Antonia Clementina y á Sexlo Yivino: y para perpetuar la memoria de sus nombres cedió á Marnlo, Aniroclo, Helena y Tertulina, libertos y libertas de la familia de su mujer, unos huer¬ tos contiguos á la ciudad, con la prohibición de vender¬ los ni pasarlos á oirás manos, sino á las de sus des¬ cendientes ó libertos. A uno y otro costado de esta lápida de mármol hay dos de piedra ordinaria, que en caracléres romanos, griegos y góticos, dicen lo siguiente; A. M.C.LXXX—Yllll IDYS. FEBIIYARII OBIIT. RAIMYNDYS DE KARO. TITYLO PRESBITER. ET CANO NICYS. AC. SACRISTA — S9 — ANNO. M.C.XC.IIl X. KA. IVLII. OBIIT RAIMVNDYS BONE. MEMORIE. HVIVS ECLESIE. PREPOSITVS Ambas lápidas sonlas mas antiguas que en Tarra¬ gona se conservan posteriores á la restauración; la pri¬ mera, del año 1180, es el epitafio de Raimundo de Karo, canónigo y dignidad de Sacrista; la o'ra de 1193 lo es de Raimundo, sin constar apellido, que era Pre¬ pósito ó Presidente del Cabildo, cargo snmamenle ho¬ norífico y lucrativo que despues tomó el nombre de Pavorde. Ambos personajes fneron de los primeros canónigos reglares de S. Agustín en esta Catedral, los mismos sin duda que introdujo del convento de S. Rufo en el Delfinado (Francia) en Noviembre del año 1153 el arzobispo D. Bernardo Tort, que junto con su antecesor S. Olegario babian sido conventuales de aquel monasterio, y el último abad: el apellido eslran- gero del de la primera lápida confirma esta conjetura. Igualmente demuestran estos enterramientos en su co¬ locación que ya entonces preexistia el Claustro actual, y que las obras que verificó el Pavorde D. Ramon de S. Llorens en 1214 se redujeron á concluir lo que se bailaba comenzado y mas probablemente en restaurar lo que estaba destruido, indicando asimismo que la sacristía ocupaba entonces el mismo lugar que abu¬ ra. Todo, pues, induce á sospechar que D. Bernardo Tort, de numerario, aprovechó las obras anti¬ escaso guas que exisiian medio arruinadas para construir el Claustro, el Refectorio, Dormitorio, Sacristía, Aula ca¬ pitular y otras dependencias todas del Cabildo, á la sazón regular ó en comunidad, las mismas que aun subsisten, con señales evidentes de su anterior desti¬ no de Arce durante la época romana, y de Mezquita en la árabe, según dijimos. — 60 — Juzgamos conveniente antes de separarnos de este lugar, corregir un error gravísimo en que han incur¬ rido los estrangeres, engañados por las apariencias, con relación á la persona sepultada en 1193, cuyo epitafio hemos copiado. Las letras de la citada inscripción se hallan bastante maltratadas, sobre todo en la cuarta línea; las dos M.M. góticas mal conservadas parecen á primera vista dos W dobles ó Walonas, y la I de Memorie tiene el travesano superior mas grande que el inferior y parece una T: un viajero que estuvo en Tar¬ ragona á principios de este siglo, comprendiendo mal la inscripción, que no supo leer, en vez de BONE MEMORIE que dice, leyó BONE WEWORTE y lo atribuyó á apellido de Raimundus: publicando luego su viaje esparció por Europa la especie de que en Tar¬ ragona se hallaba el sepulcro de uno de los ascendien¬ tes de la familia de Napoleon el Grande, suponiendo que originariamente aquel era el apellido de su fa¬ milia, corrompido con el tiempo hasta convertirse en BVONA PARTE. Cuando estuvo en esta ciudad el principe Napoleon Wyse quiso informarse por sí mis¬ mo de esta circunstancia que autenticaba la antigüedad de su prole, tuvimos el disgusto de desvanecerle pero tan halagüeña satisfacción. La puerta inmediata á estas lápidas conduce à la sa¬ cristía mayor, que solo ofrece de notable los ornamen¬ tos para el culto, siendo de lo mas rico de ellos el paño mortuorio de Poblet bordado de oro en gran re¬ lieve y un frontal del exmonaslerio de Scala-Dei reca¬ mado de oro. Al extremo de la pared en este lienzo oriental del Claustro presenta la gran puerta de entrada á la ca¬ se pilla del Corpus-Christi, al aula capitular y à la secre¬ taría y archivo. Es del mismo gusto arquitectónico de la galería del Claustro con iguales grupos de columni- tas y arcos bizantinos que forman dos ventanas cola¬ terales. Es presumible que este punto fuese el de — 61 — comunicación de la Aljama con la Mezquita que exis¬ tia junto al aula capitular, entre el ábside dë la Ca¬ tedral y la antigua iglesia de Santa Tecla. El maderaje de esta puerta y ventanas es de.alerce, con adornos y entrelazos idénticos á los de la Alambra de Granada, lo cual ha hecho concebir la idea de si podrian haber pertenecido á los árabes. Junto á la reja del altar de la arriba citada capilla existe un cuadro de Santa Ana y San Bernardo pintado sobre tabla, de excelente di¬ bujo. Son también dignas de atención algunas de las estátuas de piedra colocadas en la imposta de la bóve¬ da, principalmente la primera de la derecha entrando á, la capilla que representa á Santa Margarita. En el pavimento están las sepulturas de los arzobispos D. Be¬ nito de Rocaberli que falleció en el año 1268, D. Pedro Copons y Copons en.el de 17.^3 y D. Lorenzo Despuig y Cotoner en 1761. En el mes de Agosto de 1312 se celebró en la Capi¬ lla de Corpus-Chrisli ó en el Aula capitular un concilio provincial, en el que asistieron los obispos de Aragon, Valencia y Cataluña para ver y fallar la célebre causa formada contra los caballeros templarios, acusados de delitos de hercgía y otros dignos de ejemplar castigo: terminada la causa fueron absueltos de toda .sospecha, y delante del concilio en presencia de los acusados se leyó el fallo de la absolución, el cual no bastó sin embargo para que dejase de disolverse en breve esta célebre ór- den que tantos dias de gloria dió á la religion cristiana. En el muro septentrional del Claustro hay dos ca- pilla.s, una sumamente reducida pero de buena arqui¬ tectura ojival é inmediata á ella otra dedicada á San¬ ta María Magdalena, cuyo altar es de pintura antigua en tabla; llama la atención la verja de hierro con em¬ butidos sobre planchas del mismo metal cuyos dibujos plalarescos son de buen gusto. — 62 — Hermosa es la capilla erigida á la Virgen del Claus¬ tro por el arzobispo D. Fr. Juan Manuel de Espinosa en 1665 que existe en el muro occidental; fué destrui¬ da durante el sitio de los franceses en 1811 y recons¬ truida hace pocos años. El aliar de mármoles del pais, data del año 1852. En la pared de la izquierda al en¬ trar en la capilla se halla el sarcófago construido en mármol blanco y de llisós, que conliene los restos del arzobispo D. Antonio de Echanove y Zaldivar fallecido en el año 1851; este monumento nada tiene de ele¬ gante ni que deba llamar la atención de los artistas. pavimento del claustro y frente á esta capilla En el hay algunas sepulturas; la mas notable es una en cuyo epitafio se lee que alli fué enterrado D. Francisco de Plaza, Milanès, capitán de caballos coraces, dice la ins¬ cripción, y que su altura pasaba de 12 palmos; murió de edad años, en el de 1011. Inmediata á dicha capilla hay una puerta y por una escalera .se comunica el Claustro con el Palacio ar¬ zobispal; ella se vé un magnifico fragmento del mu¬ en ro romano compuesto de grandísimos sillares del Arce almohadillados, con dos puertas adinteladas de cons¬ trucción particular; no podemos menos de recomen¬ dar su exámen á las personas facultativas é inteligen¬ tes: en caso de hallarse cerrada la puerta que dá al Claustro, puede entrarse por la sacristía de la capilla ó por la plaza del Palacio arzobispal, casa n.° 7. Es también romana la pared meridional del Claus¬ tro, aunque revestida como las otras tres de sillería moderna y en la que hay dos puertas que son la de en¬ trada lateral á la gran capilla del SS. Sacramento y la que dá salida á la calle atravesando el antiguo re¬ fectorio construido en 1147 por el arzobispo D. Ber¬ nardo Tort. Créese y es probable que el recinto que forma el refectorio fué alguna de las dependencias del Arce ó Capitolio; ello es que las paredes, ó por lo me¬ nos parte de ellas, son romanas, y la bóveda es ojival -ca¬ de la época de la reslauracion. El refeclorio se erigió con el objeto, según indica su nombre, de comer en él los canónigos cuando originariamente vivian en comu¬ nidad; despues de secularizados se destinó este edificio como hoy á almacén; el arzobispo D. Antonio Agus- lin, eminente arqueólogo, dividió aquel espacioso local endos parles en 1583, tomando la inmediata á la Ca¬ tedral para capilla del Santísimo Sacramento, abrien¬ do una puerta de ingresoen el testero del crucero se¬ gún queda dicho, taladrando luego la bóveda ojival y se hizo descansar sobre ella el cimborio y cúpula de piedra de sillería de un inmenso peso: esta obra es atrevidísima y puede tomarse como un modelo de ar¬ quitectura; por este cimborio entra la luz á la capilla. En ella hay el panteón de aquel célebre prelado, honor de nuestra literatura, del gusto del renacimiento: en el suelo se vé la tumba del arzobispo D. Juan Miguel Ta- berner que falleció en 1721. Son notables y dignas de exámen las dos estátuas de piedra que se bailan en dos nichos á los lados del Sagrario, y representan á Mel- quisedech y Aaron; ambas son de escelente escultura. También llamamos la atención de los inteligentes sobre las pinturas de esta capilla; las del tabernáculo, al óleo, son obra del pintor Isaak Hermes que datan del año 1387 y nada tienen de despreciables las de. la cúpula pintadas al temple: también es recomendable un cua¬ dro que representa la coronación de la Virgen, en el altar de una de las capillas laterales, de época mas moderna que las demás. Siguiendo la pared meridional del claustro se en¬ cuentran incrustados en ella entre las dos citadas puertas algunos fragmentos arquitectónicos de la época romana pertenecientes quizá al friso del templo de Jú¬ piter Capitolino que descollaba donde hoy la Catedral; hay en ellos esculpidos en alto relieve los signos ponti- —fií — ficales el Apex, el Aspergilhm y el Bucrmhm, adorna¬ dos de unos festones de encina de excelente escultura: en el Museohay otros fragmentos del mismo friso. Se halla igualmente en la pared, junto á estos restos, el Mihrab ó adoratorio interior de la Mezquita de Tarra¬ gona, que se encontró al demoler uno de los muros de la secretarla del cabildo en el Corpus Cliristi, lo cual manifiesta que las paredes del Aula capitular se cons¬ truyeron con los restos de la Mezquita en el mismo punto en donde existia esta. Al rededor del arco de herradura de dicho Mihrab está esculpida en relieve una inscripción árabe, en caractères cúficos, que tra¬ ducida dice así: EN NOMBRE DE DIOS: BENDICION DE DIOS SOBRE EL SIERVO DE DIOS ABDERRAHMEN PRINCIPE DE LOS FIELES ( SOSTENGA DIOS SU EXISTENCIA) EL CUAL MANDÓ HACER ESTA OBRA FORMANOS DE GIAFAR SU FAMILIAR Y ESCLAVO. AÑO SIETE Y CUARENTA Y TRES¬ CIENTOS. (1) .Tunto al Alihrab hay una gran lápida en mármol blanco cuya inscripción con caractères góticos es inmen¬ sa; son al parecer varias mandas ó disposiciones tesla- menlarias de un tal Boario Ulpodio, noble, que falleció en. 27 de Marzo del año 129í. En el suelo, á tocar casi Debemos esta fiel traducción á la condescendencia (1) de dignísima persona, ilustrado orientalisla, no obstan¬ una te de que hasta el dia se ha tenido por exacta la que copia¬ mos á conlinuacion, cuyo sentido viene á ser el mismo en el fondo,!! corla diferencia I.a época de ambas traduccio¬ nes corresponde á los años flno de J. C. EN NOMBRE DE DIOS: LA BENDICION DE DIOS SOBRC ABDALA AB¬ DERRAHMEN PRINCIPE DE LO.i FIELES. PROLONfiDE DIOS SU PERMA¬ NENCIA QUE MANDÓ QUE ESTA OBRA SE HICIESE POR MANOS DB GIAFAR SU FAMILIAR T LIBERTO. AÑO TRESCIENTOS CUARENTA T NUEVE, —GS — con la puerta grande de entrada al Claustro, y sirvien¬ do de poyo ó asiento, hay un sepulcro de mármol con unos escudos al frente; en la pared y en la parle mas alta se halla el epitafio que le corresponde, igualmen¬ te en mármol blanco, que en letra gótica, dice así: M^0. Di\I. M.CC.lXillI. X. KL. IVfilI OMIT. A. GIBOTI. PREPrOSlTXS IITIXS EClESll BlC. mm. ET. CASTVS. DlïhXO DOCM.ATE. PAST. PRVDENS. ET, SORP.IVS. EXTIïlT. ATRVE. FIVS llAGSATV. TERE. Bbl. FERA. SCITIT. lili SIMPLEX. ET. DOCILIS. ÔTB.S AC.HTMILIS K. SOCIIS. STMIT. RARE. PIVHIM. CSCE. SCITIT OÍA. f POTTIT. TOLLEIIE. ITS. PÏDTIT. IIIC. CORAM. SCTS. STET. STP. AD. ORA. T0S.4STIS. En frente de este sepulcro y en el pavimento hay una tumba,que antiguamente estuvo cubierta de plan¬ chas de cobre, las cuales han ido desapareciendo; en ellas estaba escrito el epitafio de D. Pedro de Sagarri- ga, arzobispo de esta Metrópoli que fué allí en el mes de sepultado Agos.to de 142b, despues de siete años de su fallecimiento. Antes de salir del Claustro podrá el arqueólogo exa¬ minar los dos sarcófagos romanos que existen en e\ jardin sirviendocomo el anterior de poyos ó asientos; el de mármol blanco tiene en relieve varias figuras que representan el rapto de Proserpina; otro, casi existe en el Museo igual, arqueológico de Barcelona; el otro es de mármol del pais; tiene en la parle anterior una linda inscripción romana concebida así: 6 -66- MEMORIAE FIRMIDI. CECILI ANI. B. F. COS. LEG. GEM, P. F. YALE RIA PRIMYLA. YXOR MARITO. B. M. F. Este sepulcro posteriormente fué aprovechado para enterramiento de algun miembro de la noble familia de Bañeras, en la edad media, según el escudo que hay esculpido en la cara posterior del mismo. con¬ Para la servación de ambos sarcófagos seria muy laudable que el limo. Cabildo permitiese fuesen trasladados al Mu¬ seo; de lo contrario en breve con la intemperie queda¬ rán destruidos. Consideramos oportuno poner aquí las DIMENSIONES DE LA CATEDRAL. 28m72c Desde la puerta principal al coro 23 '68. Todo el coro Del coro al presbiterio 33'32 . Todo el presbiterio 12'12. 6'16. Abside Loníjihtd Mal. lOi'OO. Ancho de la 7' 93. primera nave Ancho de la principal.. . 16 '14. Ancho de la lateral. . . . 7'93. Latitud. 32'00. —tí7— DETALLES. Fronton de la capilla del Sacramento coa co¬ lumnas de granito; altura 4- ' SO . Crucero desde esta capilla á la del Santo Cristo 53 ' 07 . Altura de la bóveda del cimborio 48 ' 30 . Idem de la torre campanario desde el suelo basta la barandilla 65 ' 45. Número de escalones 199. 1 Lado Norte 47 ' 19 , Claustro. < Lado Este 46 90. /Lado Sud 47'IV. ' Lado Oeste 46 ' 31. Dintel de una sola pieza en la fachada prin¬ cipal 6'80 . Pilar que lo sostiene: alto 5 ' 92. Gran claraboya ó rosetón de la fachada, diᬠmetro 10'32 , Pila bautismal: longitud 2 ' 7'2 . Latitud 1 ' 56 . Altura 1 ' 36 . Profundidad ó hueco. ... 78. Puerta del claustro; altura . 6'25. Ancho 6 ' 07 . Espesor ó grueso (como el muro. ) 1 ' 51. Al salir por la puerta de Sta, Tecla se encuentra un átrio ó ante-pórtico que la pared de la Catedral une con el Cementerio antiguo; fué construido en 183 ; es uno de los mas feos aditamentos pegados á este tem¬ plo y manifiesta el mal gusto del llamado arquitecto que concibió el pensamiento y del que permitió su eje¬ cución. Seria un acto ilustrado y un obsequio á las -G8- bellas arles, si el limo. Cabildo lo mandase derribar y sustituir por otro mas sencillo pero de mejores propor¬ ciones. Prescindiendo de la poca gracia arquitectónica de esta portada, se vé que la estàtua de Sta. Tecla que corona el ático no se construyó para este lugar, y se pu.so allí para aprovecharla; pero lo que produce un pésimo efecto son los ridiculos leones de mármol blanco que parece se están mofando del que tuvo la in¬ feliz idea de ponerlos en aquel lugar impro|)io. No obstante, estos leones de detestable escultura, en otro tiempo tenian su objeto, y pueden considerarse como un resto arqueológico. Hemos dicho anteriormente que la pila bautismal se hallaba en otro tiempo en el cru¬ cero de la Catedral junto á la capilla del Sto. Cristo de la salud, encima de un basamento de mármol, y en¬ tonces estos leones la sostenían, pareciendo agoviados por el enorme peso de aquella magnifica pieza; alli, pues, representaban su época y en este concepto no eran nada ridículos como lo son ahora. Los 1res queru¬ bines que hay en las claves de los arcos de la porta¬ da son de buena mano; pertenecieron á los panteones reales de Poblet y adornaban la imposta que sostenia los 1res sepulcros de D. Alfonso 2.", de D. Juan 1.° y D. Juan 2.". En, el punto que ahora ocupan no tienen significación alguna, y si no se quitan de allí, en bre¬ ve estarán absolutamente informes, pues el agua llo¬ vediza destruye el alabastro de que están formados. En un sillar de la misma esquina donde se apoya el póríieo, la cual pertenece al crucero hay esculpidas á bastante altura en caractères de grandes dimensiones estas palabras EPHES S. MAG -69- Desdeluego se conoce que la inscripción es incom¬ pleta; pero debajo hay otra bien conservada que se lee así: Q. CAECILIO L. F. GAL FRGNTONI QVAEST. II VIR PROCVRAT AVG. cn cornelivs fvpelastvs et CIV GORNELij^ EVllORMVS OB MERITA OPTIMO AMIGO En este mismo muro, debajo del hermoso roselon bizantinohay, según costumbre de aquella época, dos grandes claraboyas ó tragaluces, hoy tapiadas, en las que todavía subsisten restos de unos lindos calados bi¬ zantinos, análogos á los que hemos descrito al hablar de las ventanas de la Catedral; la intemperie por una parte y las pedradas de los muchachos las han casi destruido. En frente de este muro se presenta la calle llamada de Sta. Tecla, y se entra á ella por un arco escarza¬ no de moderna construcción; en las paredes donde se apoya se observan los vestigios de una especie de pór¬ ticos de gusto puramente bizantino, cuyos arcos son idénticos á los de los claustros que acabamos de des¬ cribir, pero que casi han desaparecido debajo de in- nnmerables capas de cal: ignórase su destino y objeto. Es digna de observación una estàtua de piedra ordi¬ naria que representa á Sta. Tecla: se halla encilna del arco dentro de un nicho y le falta la cabeza. — 70 — Al extremo de esta calle cruza trans versal ra en le otra llamada de S. Lorenzo, la cual toma este nombre de una pequeña iglesii antigua, de ningún mérito, que allí existe dedicada al referido Santo. Antes de llegar á ella, en la pared de la casa n.° 22 se vé una inscrip¬ ción, notable por haber sido el personaje en ella nom¬ brado centurion de cinco distintas legiones. Es como sigue; L. NUMERIO L. F. FjnJCI :=► LEG. Yll G. F LEG. XXVI C. T. LEG. m C. Y R i=-'LEG. XXÎI. P. R. ^ LEG. lli ITALIC MAMILIA FRISCA MARITO OPTIMO A espaldas de este pequeño teniplo se baila la calle del Arco de S. Lorenzo y en este punto debemos lla¬ mar la atención del arqueólogo y del curioso. En el patio de la casa n.° 6 existe la fuente ascendente na¬ tural de que hablamos al comenzar esta descripción; recibe el agua una cuenca ó receptáculo excavado en la misma roca desde los mas antiguos tiempos, pro¬ bablemente por los primeros pobladores de Tarragona; este hueco tendrá sobre una tonelada de capacidad; se baja á ella por dos ó tres escalones, y el agua que guarda constantemente el mismo nivel tanto en tiem¬ po lluvioso como de sequia, es cristalina y fresca y de una diafanidad admirable. Ignórase la procedencia de este manantial y por donde se desvía, bien que por las observaciones que tenemos hechas parece ser por —71 — una grieta horizontal ó estratificación de la misma roca. No ha podido averiguarse tampoco la cantidad de agua que nace allí, pues np sale toda por un mismo punto; hace pocos años que vaciaron enteramente este re¬ ceptáculo limpiarlo, al obscurecer el dia, y al para amanecer del siguiente se hallaba ya el agua en su an¬ tiguo nivel, lo cual supone una cantidad bastante con¬ siderable. Como se halla casi en la parte mas culmi¬ nante de la colina de Tarragona, parece indudable que el agua viene por sifón de otro punto aun más alto. La circunstancia de encontrarse en el centro del pri¬ mer recinto ciclópeo esto es, lo que constituía lapri¬ mitiva Acrópolis, nos ha hecho sospechar si el pueblo originario que alli se estableció, emigrante y venido por mar, apreciando la posición de esta loma para sus fines, y aprovechando este recurso de la naturaleza hizo asiento levantando sus tiendas ó aduares al rede¬ dor de estemanantial, calculando oportunamente, que obligados á vivir del merodeo, mas de una vez les blo¬ quearían los indígenas, y que sin este recurso debían necesariamente sucumbir. Apoyan esta conjetura los silos excavados en roca viva en sus alrededores dentro de las casas, y otros que estarán cegados y se igno¬ ran. Cuando la población en tiempos posteriores se desarrolló, nosiendo suficiente aquel manantial, fué sin duda cuando se formó el segundo recinto mucho mas considerable y se perforó la roca en la plaza de la Fuente en busca de mayor cantidad, como dijimos. Según el análisis que se ha hecho, esta agua es ab¬ solutamente idéntica á la del pozo citado y á la de otro pozo natural que en 18ül descubrieron los barrenos en la cantera del puerto, cuya agua corriente manifestaba un gran manantial; todo lo que induce á suponer que existe un considerable depósito en el seno de la colina de Tarragona y que la fuente que describimos es solo una ramificación de aquel gran criadero. La citada casa que contiene' este fenómeno natural — 72 — está enclavada en una extensa manzana que forman dicha calle del Arco de S. Lorenzo, la de Puig den Pa¬ llas y la del Carro hasta apoyarle contra el muro ci¬ clópeo. Al extremo de la última se levanta la iglesia de S. Magin, que originariamente era una simple capilla construida en el hueco que dejaba una puerta ciclo- pea; y la pared en que hoy sevé pintada la efigie del Santo es la misma del muro referido. Al extremo déla calle dePuig den Pallas existe la puerta romana del Arce, llamada modernamente Puerta del Socorro; de ambas ocuparémos al describir el exterior. A la nos mitad de esta misma calle, casi enterrada en el suelo y muy mutilada, se encuentra una lápida romana in¬ teresante por referirse á un general, á cuyo cargo es¬ taba la costa dé Barcelona y se expresa así: Q. LICINÍO. SIL VANO. GRANJA NO. FLAM. AVG PROV. nisp CITER PRAEFECTO. ORAE MARITliMAE. LALE TANIAE. PROCVRA TORi. AVGVSTl C. TERENTIYS. PIULE TVS. DOMO ROMA Prosiguiendo el curso interrumpido en la calle del Arco de S. Lorenzo, al salir por la plaza de las mon¬ jas de la Enseñanza, se nos presenta de frente la pre¬ ciosa é.histórica iglesia llamada de Sta, Tqcla la vieja. La piedad de los fieles, y la ignorancia de las épocas arquitectónicas por los escritores é historiadores de estos últimos siglos, han perpetuado la equivocada idea, de que así este pequeño templo como el de S. Pa- -73- blo que nos va á ocuparen seguida, son los mismos que los crislianos levantaron en honor de ambos Santos al martirizar el emperador Nerón á S. Pablo en Roma viviendo aun Sta. Tecla. El gusto de la arquitectura de ambos edificios manifiesta no obstante de una ma¬ nera evidentísima la época de su construcción, poco anterior á la de la Catedral por S. Olegario. Del primitivo templo de Sta. Tecla solo e.viste el frontispicio y la pared correspondiente al ábside ó tes¬ tero interior, puramente bizantinos; la bóveda y sa¬ cristía pertenecen sin duda á la misma época de las bóvedas ojivales del Claustro de la Catedral. Esta pe¬ queña iglesia, sobre ser la mas antigua de Tarragona, tiene la especial circunstancia de existir en el mismo punto donde se cree se hallaba la mezquita mandada erigir por el esplendido é ilustrado Abd-el-Rahman III, califa de Córdoba; á lo menos así lo hace presumir el Mirhab que se encontró al deriibar unos muros viejos contiguos á esta pequeña iglesia, del cual tratamos al describir el Claustro, y acaso no sea improbable que al arruinar los cristianos la mezquita en alguna de;sus bruscas irrupciones se hubiera erigido con sus restos la iglesia de Sta. Tecla. Pero todo concurre á demos¬ trar que fué anterior á S. Olegario y que sirvió exclu¬ sivamente para el culto de los nuevos habitantes de Tarragona despues de la conquista, en tiempo de este prelado, ínterin se levantaba lenta pero magesluosa- mente la Catedral comenzada por el indicado santo ar¬ zobispo; y es posible también que entonces fuese cu¬ bierta de un simple artesonado y techada sin bóveda, según indican los rápidos derrames del fronton de ia fachada. Los arcos y bóvedas actuales corresponden á la arquitectura ojival délos siglos XIII ó XIV. Al pre¬ sente esta iglesia está sin uso, y puede considerarse como un verdadero panteón, según las tombas que allí se ven interior y exteriormente, unas en el pavi¬ mento, otras suspendidas en las paredes por medio —Ti¬ de cartelas, y un sin número de lápidas funerarias, cuyas inscripciones las mas antiguas datan del si¬ glo Xill. La tradición dice que la imagen de Sta. Te¬ cla, que se venera en los claustros de la Catedral era la que priniiliyamente tuvo culto en esta iglesia. Lo que no es del todo imposible. Debajo de un arco ojival, en la izquierda, hay un sencillo sepulcro que contiene los restos del arzobispo D. Bernardo Olivella, á quien se debe la construcción del frontispicio de la Catedral y la de las dos naves á él contiguas. Este prelado fué el primero que como metropolitano primado, coronó á los reyes de Aragon, pues antes iban á Roma para consagrarse y D. Bernar¬ do lo veriticó en virtud de una bula de Inocencio V. Fué tan modesto este prelado que antes de morir dis¬ puso que se le erigiese su sepultura en este pequeño templo pero que no se esculpiera inscripción alguna laudatoria y ni aun epitafio. Su cadáver que hemos vis¬ to, se halla en buen estado de integridad; conserva aun el báculo y tiene á su lado un cáliz de cobre sobredo¬ rado. Finalmente la iglesia de Sta. Tecla es memora¬ ble tanto por su gusto arquitectónico como por los actos que se han celebrado en su recinto, pues en 14 de Marzo de 11i8 se firmó allí la donación de Tarra¬ gona por S. Olegario à favor del príncipe D. Roberto Aguiló (elBordet). En 9 de Febrero de 1148 D. Ber¬ nardo Tort sucesor de S. Olegario ratificó en este tem¬ plo la donación y en el mismo tres años despues re¬ nunció D. Roberto el principado de Tarragona: final¬ mente en su recinto se celebraron algunos concilios cuya enumeración y objeto no son de este lugar. Desde la iglesia de Sta. Tecla se descubre con toda su magnificencia el ábside de la Catedral, en el que se manifiesta de un modo imponente el estado de agitación y sobresalto en la época de su erección, y demuestra , — 75- asimisino cuan poca confianza lenian los cristianos en la conquista de Tarragona: estamos persuadidos deque mas de una vez operarios ocupados en la los artistas y construcción de este templo-castillo se vieron obliga¬ dos á trocar con precipitación el cincel por la espada y la escuadra por el broquel para defenderse de alguna de las muchas é imprevistas algaradas que practicaron los moros contra la ciudad para arrojar á los conquis¬ tadores y demoler su obra, y que los religiosos en me¬ dio de sus cánticos sagrados hubieron de abandonar el coro para guarecerse detrás de las almenas de este ábside. En la casa n.° 7 de la acera opuesta, la cual forma esquina á la plaza de las monjas de la Enseñanza, se conservan tres lápidas en la imposta del arco de la es¬ calera, encima del capitel de una de las columnas que lo sostienen, y dicen: T. FISEVIVS. T. L. ERüS SEVIR lY VENTI A. DL. PRIMA VXOR lYVENTiVS. OL QVIETVS .... NTIA. C. ET. OL. PRISC. T. FISEVIVS. T. L PAMPHILVS T. FISEVIVS. T. L. EROS IVVENTIA. DL. PRIMA C. TARQVITIVS. DL. PRIMVIVS. HM. HNS. — 76 — D. M. IVNIO. CONSTAN TIO. AVRELIA. A FRODITE. MARI TO. GYM. QVO. yiXl ANNIS. XVIIIi MENSIBYS. Yl. B. M. F. Las dos primeras eran lápidas de un columbario que contenia en urnas las cenizas de toda familia, al¬ una gunos de sus nombres están repetidos en ambas ins¬ cripciones. La otra también pertenece á un columbario dedicada por una mujer á su marido; con quien vivió diez y nueve años y medio. Rodeando la Catedral en dirección al N. y en el punto mas culminante de la colina de Tarragona se encuentra el pequeño pero lindo templo de San Pablo, del que tenemos hecha mención, cuya fachada es pu¬ ramente bizantina, de la época del siglo X ú XI ante¬ rior por lo tanto á la Catedral y acaso á la iglesia de Santa Tecla la vieja de que hemos hablado; es de buenas formas y de arquitectura sumamente severa; no obstante de que sus piedras están carcomidas es un excelente modelo del estilo romano-bizantino, y aconsejaríamos á los cuidan de ella no vuelvan á que pintarla interior y exteriormente, puesto que en vez de exaltarla según piensan, rebajan por el contrario su mérito confundiendo su grande antigüedad. Al igual que su compañera y vecina la iglesia de Santa Tecla, originariamente estuvo solo techada, y las bóvedas que hoy la cubren se erigieron en el siglo XIII al mismo tiempo que las de los claustros de la Catedral, pues son cohermanas. Quizás este templo en su principio te- -77- nia interiormente mayores proporciones, pero nunca ha conseguido la importancia histórica de! de Santa Tecla, según queda demostrado. Están engañados los que piensan que ambos se levantaron en tiempo de San Pablo y de su discípula Santa Tecla; pero si, seria curioso saber, cómo ya antes de la reconquista se in¬ trodujo en Tarragona el culto de esta Santa, de procé- dencia cstranjera, y que desde entónces ha sido la tu¬ telar de esta ciudad, como igualmente lo son ambos de la Catedral, según lo demuestran las dos estátuas que adornan su altar mayor. Durante la primera época de la restauración, en los siglos XII y XIII, cerca de este punto y á espaldas de la Catedral mostrábase arrogante sobre todos los de¬ más edificios de esta ciudad, el magnifico castillo deno¬ minado del ¡'aborde. Un robustísimo muro cíclope- romano, que aun subsiste incólume, lo defendía por el N. en el exterior, y otro de construcción mas moderna, describiendo un trapecio por el interior, lo constituía en verdadera cindadela. Su única entrada estaba flan¬ queada pordos robustísimas torres, las cuales á mane¬ ra jiganlcs de mármol vigilaban por la seguri¬ de dos dad del Presidente de la comunidad de canónigos reglares de San Agustín, que vivían en comunidad entre este castillo y la Catedral. Fué tanta la impor¬ tancia que adquirió en épocas posteriores esta digni¬ dad, y tanto el orgullo de los que la poseían que los sucesores del arzobispo D. líernardo Tort se vieron obligados à suprimirla á fin de evitar el constante cho¬ que que tenían con los arzobispos y aun con el mismo cabildo, por la autoridad, riquezas y consideración de que gozaban estos magnates. Hay probabilidades para creer que el castillo del Paborde se levantó sobre las ruinas del Arce romano y de la A/cazaJa ó palacio fortaleza en donde residieron — 78— los Walies ó gobernadores árabes durante el dilatado período del imperio muziímico en esta ciudad, la cual tanta importancia tu\o á la sazón según los histo¬ riadores. De esta fortaleza solo quedan al presente la (orre gótico-ciclopea llamada del Arzobispo con el mu¬ ro romano exterior y algunas paredes interiores; lo demás se demolió á últimos del pasado siglo, para le¬ vantar en su lugar el gracioso palacio arzobispal, de gusto greco-romano, de buena arquitectura y digno de íigürar en un punto mas público de la ciudad. Todo lo que tiene de bello en su frontispicio desapa¬ rece en el interior, por que aun participa del carác¬ ter de fortaleza que tuvo primitivamente. El cISustro ó galeria que rodea el gran patio tiene buenas for¬ mas y proporciones, digno hermano de la fachada. En uno de los aleros del mismo, en los bajos y en la pa¬ red del Norte, se conservan embutidas en el muro nue¬ ve inscripciones romanas que describirémos por el ór- den de categoría. La primera está dedicada á Marte Campestre por la salud del emperador Marco Aurelio Cómodo; la erigió Tito Aurelio Décimo en las calendas de Marzo en que eran cónsules Pomponio .Mamerlino y Rufo (1.° de Marzo del año 182 de J. C. ) y se expresa así: MARTI. CAMPESTRE SiC. PRO SAL. IMP. M. AVR. COMMOD. AVG. ET. EQVIT. SING. T.AVREL. DECIMVS í'. LEG. VIL G. FEL PRAEP. SIMVL. ET CAMP. DEDIC. K. MAR MAMERT. ET RVFO. COS. La segunda fué dedicada por el presidente y pro¬ pretor de la España Tarraconense Marco .A.urelio Va- — 79 — lentiniano al emperador Carino entonces príncipe de la juventud y dice así; VICTORIOSISSIMO PRINCIPI. lYYENTV. M. AYR RILISSIMO CAESARI COS. PROCOS. M. AYR YALENTINIANVS. Y. C. PRAESES. PROY. HISP. CIT. LEG. AYGG. PR. PR. D. N. M. EIYS. Radio Macrino presidente como el antedicho de la España citerior, elevó probablemente como sus ante¬ cesores una estàtua al emperador Constancio Cloro, padre de Constantino Máximo, así lo revela la tercera lápida que es como sigue: PIO ADQYE. INCLITO D. N. CONSTANTIO. NO RILISSIMO. AC. FORTIS SIMO. ET. FELICISSIM CAESARI. RADIYS MACRINYS. Y. P. P. P. H. T. NYMINI MAI ESTA TI QYE EIYS SEMPER DEYOTISSIMYS Un precioso monumento de la antigüedad es la lápi¬ da cuarta, en la que se vé en bajo relieve la figura del distinguido áuriga Eutiques con una palma en la mano ocupando el espacio central de los tres primeros renglones. Es tal la elegancia de la inscripción que no podemos prescindir de presentarla traducida á nuestro idioma. El original dice así; -80- EVTY AÏRIG FL. RVFI NVS. ET SEÎ1P. DIOFAMS SERVO. B. II. F HOC RVDIS hmm. REQCÍESCVJÍT. OSSA. SEPULCRO NEC TAREN IGNARl. FLECTERE, LORA. AIANV lAM. QVÍ. QVADRIIVGOS. AVDERE.AÍ, SCA.NDERE. CVRRVS ET. TAMEN. A.RliVGIS. NON REllOVERER. EQVIS • INVIDERE. HEIS. A5N1S. CRVDELIA. FATA FATA. (jVlBVS, NEOVEAS. OPPOSViSSE. MANÏS NEC. .Allill. CONCESSA. EST. AlORlTVRO. GLORIA. CIRCI DONARET LACRIAIAS. NE. PIA. TVRRA. Miill VSSERE ARDENTE. INTVS. MEA. VISCERA. MORRI VINCERE. OVOS. MEDICAE. NON. POTVERE. HANVS SPARGE. PRECOR. FLORES. SVPRA. SIEA. RVSTA. VIATOR FAVISTI. VIVO. FORSITAM. IPSE MlHI TRADUCCION. Descansan esle sepulcro los huesos de un auriga en (ó cochero) hisoño, pero baslanle Instruido en el ma¬ nejo de los caballos; pues, sin dejar mi coslumhrc de correr con una pareja ( hi iugis) me atreví cá veces á montar e) carro cuatro caballos con (quadri iugos). Envidió mis días el deslino cruel, aquel deslino, á quien es en vano hacer frente. Ni aun la gloria se me ha concedido de morir en el Circo, en donde el pueblo piadoso habría derramado lágrimas por mi desgracia. Me ha quemado las entrañas una fiebre ardiente, cuyo fuego no pudo el arle médico apagar. Siembra de flores, pasajero, este mi sepulcro; quizá tu mismo cuando yo vivia me miraste con amor. Flavio Rufino y Sempronió Diofano pusieron esta memoria á Euliques su siervo benemérito, de edad 22 años, porque bien lo merecía. -81- La quinta pertenece á un general de marina, gefe de las cohortes 1." y 2.°. Masdeii la atribuye á un guarda costas de la época de Domiciano. Está conce¬ bida así: L. CORNELIO C. F. GAL. CELSO II. VIR. PRAEFECTO ORAE. MARITVME COIIORTIS. I. ET IL POMPEJA DONACE YXOR. Es de algun interés la sexta como lápida geográfi¬ ca, por referirse á un mallorquín, hijo de Guiunta y ciudadano de Palma, de origen griego y dice así: CN. GAVIO. CN. GAVI. SEVERE FILIO QVIR AMETÍIISTO BALEARICO. PALMENSI ET. GVIVNTANO OMNIBVS. HONORIBVS IN. REBVS. PVBLICIS. SVIS FVNCTO. No ha podido averiguarse qué pueblo de Mallorca se llamaba en la antigüedad Guiunta, pues no se halla en los geógrafos ni escritores antiguos. Igualmente lo es la lápida séptima dedicada á un natural de Aquae Flaviœ Bracarense, hov Chaves. " 7 C. CERAECIO C. FIL. QVIR FVSCO. AQVI. FL EX. CONVENT RRACAR. AVG OMNIB. II. IN. R P. SYA. FVNC De este mismo Cavo Cerecio Fusco se encontró en Chaves, antigua Aquae Fiaviae, de donde era natural, un ex-voto ó inscripción dedicada á la deidad espa¬ ñola Ermes Eiduorio, lo que demuestra el origen es¬ pañol de este personaje, que obtuvo todos los honores de su patria La octava hace referencia á un hijo de Tarragona, perteneciente á la tribu Palatina, quien además de ha¬ ber sido tribuno de la cohorte 1.° Macedónica desem¬ peñó todos los cargos de la república con tanto acierto, que la Provincia Citerior le puso á costas de la misma esta inscripción: L. NVMISIO L. FIL. PAL OVINIANO TARR.VC OMNIB. IIONORIB IN. RE. P FVNCT TRIBVNO. CnORT. I MACEDONICAE FLAM. P. II. C. P. II. C. Por fin la última se reduce á un recuerdo de fami¬ lia ó simple lapida funeraria de poca importancia, y dice así: — 83 — MV. FLA.VIVS. M. F. GEME ANNOR. XXVTI. II. S. E ST. SERVILIVS. CN. F. M. .. FL.AVIÂ. SVCCESSA. MATER. G. El Palacio del .ArzobLspo no llene como en lo anti¬ guo comunicación directa con los claustros de la Ca¬ tedral, pero por una puerta que hay enfrente entre las casas números d y 7, y por una escalera de tres tra¬ mos se sale á la capilla de Ntra. Sra. del Claustro. Recordamos aquí, que en esta escalera se halla un trozo del muro del Arce con dos puertas rectangula¬ res dignas de curioso exámen, según dijimos al hablar del Claustro de la Catedral. Además de esta comuni¬ cación hay otra entre el palacio y el Claustro por una escalinata que existe al extremo de la plaza por la cual se baja à la plazuela de las carnicerías del Cabildo, y de allí se entra al Claustro por la puerta que, según dijimos, abrió atravesando el recinto del antiguo se refectorio. En laesquina que forma el horno de los ca¬ nónigos en la expresada plazuela hay colocadas dos lápidas de familia, cuyas inscripciones dicen: M. YOLVM.NIVS. M. LIB. PRIMVLVS SEVIR M. YOLVM.NIVS. M. F. MODESTINVS. SEPTlMIEiNA. MODESTA. MATER M. VOLVMIVS... M. LIB. CELADVS VOLVMNIÂ.M. LIB. CALLAIS M. YOLVM.NIVS. DOMESTiCVS. FIL. -84- C. VAL. REBYRRO VET. MARCIA. PROCV LA VXOR. ET. VAL RERVRRLNVS. FI LIVS. PATRI. PIEN TISSIMO La primera lápida es una memoria que varios lil)er- tos pusieron á su patrono Marco Volumnio; la otra no tiene interés. Encima de estas lápidas hay otra frac¬ turada on cuya parle superior existe esculpida en me¬ dio relieve la estàtua de Palas con su tórax ó coraza, apoyándose en el Clypeo; le faltan la cabeza y mano derecha, y debajo hay esta inscripción incompleta TIB. CLAVÜ TABVLARIVS opinion general es, que esta ofrenda fué dedica¬ La da al emperador Tiberio Claudio en el año 41 de nues¬ tra era por los Tabularins de la Provincia, lo cual se¬ ria una idea equivocada si es exacto lo que dice Julio Capitolino, que los Tahularios .se establecieron por primera vez bajo el imperio de M. Aurelio el Filóso¬ fo; pero verémos mas adelante (pág. 91 ) que esto no es cierto; sin embargo, como esta lápida es incom¬ pleta, así podia ser dedicada á aquel emperador como á un simple particular y en nuestras inscripciones te¬ nemos muchos Tiberios Claudios que no fueron em¬ peradores; y sin mas datos no puede formarse juicio exacto de un monumento tan mutilado. La casa de enfrente n.° 6, que hace esquina á la plazuela dicha y calle del mismo nombre, es propia de I). Juan Francisco Albiñana; este señor, que habita en ella, posee algunas antigüedades de no poco mérito -85- así en mármoles y barroscomo en medallas; nolable- menle figura entre ellas la lápida de un columbarius con esta inscripción: D. M. ANTONIAE VALENTINAE CONIVGI. IIAR. AE. M. DONAT VS MARITVS Entre la D y la M hay esculpido un corazón al que el capricho del artista dió la forma de huho. Siguiendo la misma calle de las Carnicerías del Ca¬ bildo se sale á la de las Escribanías viejas, donde ra¬ dica la antigua casa del Dean con el n.° 6: una de las ventanas bajas, junto al portal, está formada de dos lápidas que constituyen las jambas y en ellas se leen las siguientes inscripciones: D. M. M. HERENNIVS. iMASCEL LIO. SEVIRVM. TARRACON FECI. ME. VIVO. MEMORIAM SIMVL. AMRORVS. MIHI ET. IIERENNIAE. FAONICE NI. BENEMERENTI LIBER TAE. ET. VXORÍ. SIMFLICIS SIMAE B. M. F. D. M. DOMIT. GEMELII NAE. CAECIUVS PRISCIANVS CONIVGI OPTIME. DE. SE MERITAE -86 — Los caractères de la inscripción de Ilerenio, sin em¬ bargo de hallarse perfectamente conservados, mani¬ fiestan pertenecer à la época de la decadencia del im¬ perio llena de nexos y defectos ocasionados por la poca pericia del que la esculpió, perouquc ha de leerse tal como la ponernos. Mas interesantes queellas son sin duda dos tumbas de piedra ordinaria del pais, embutidas en la pared, la una formando el dintel de dicha ventana, y la otra entre esta y el portal, con inscripciones hebreas casi ilegibles por su mala conservación, correspondientes ambas á la época árabe, porque, según el geógrafo árabe Xerif Aledris, Taii-agona era ciudad de judería, y probablemente su sinagoga se hallaría, seguir varios indicios, en estas inmediaciones; hé aquí otra de las pruebas de la gran importancia comercial que disfrutó esta ciudad durante la dominación muslímica, pues es sabido que los judíos no suelen establecerse sino en puntos donde hay comercio. Ambas tumbas fueron descubiertas casualmente á fines del pasado siglo, (según la relación que el limo. Sr. D. Felix Torres Amat remitió al celebre D. Jaime Villanueva) por el distinguido anticuario, canónigo de Tarragona D. Cárlos de l*o.sada, en las inmediaciones de la playa del Milagro, sirviendo de muro á la carre¬ tera que va al fuerte de la Reina. Una de ellas tiene l.ra 17.c de longitud por 7i.c de anchura; y la otra mayor, mide l.m 53.0 de longitud por 9bo de latitud. En los primeros momentos, á causa de estar muy gas¬ tados los caracteres de las inscripciones por el aire del mar, se tomaron por árabes, pero advertido el error y copiadas con cuidado por el Sr. Torres Amat se vio que eran hebreas y las tradujo así: Este sepulcro es del Rabino Janama, hijo de Simeon Arlahí, que murió en la luna de Abril del año i84 (724 de J. C. ) La menor dice: -87- Este sepulcro es del JR'abino Jaian hijo de Isaac, que murió en Marzo del año 395 ( 635 de J. G. ) Al extremo de la calle de las Escribanías viejas se halla lacasa n,°2 que hace esquina á la calle de Miser Nogués, la cual construyó encima de uno de los se robustos muros del Arce romano que también entonces formaban esquina según indican los restos de ellos que existen al pie de las dos fachadas de dicha casa, y la dirección de aquellos muros enfila á la casa Horno de los canónigos á encontrar el antiguo refectorio, de que formarian parle. El callejón del Vidrio conduce desde esta calle á la plazuela de S. Juan, y la casa n.° 15 situada en la es¬ quina de la izquierda se halla á alguna altura sobre el ángulo que forman las calles inferiores de las Moscas y Cebaderia. Esta casa, pues, se apoya en lo que en la época romana era ángulo entrante septentrional del Foro, el cual en este punto estaba adosado á la roca de la colina: los tuvieron que romanos rebajarla á pico; y hé aquí la razón porque esta plazuela se baila á algu¬ nos metros de altura sobre las citadas calles, que tie¬ nen el mismo nivel antiguo del Foro, asi como la pla¬ zuela de S. Juan ocupa el que tenia el Capitolio. Cuan^ do se reedificó esta casa, en la parte baja que forma rincón con las dos espresadas calles, se notó la exis¬ tencia de dos muros romanos pertenecientes á los la¬ dos N. y O. del Foro, que se unian en aquel punto, y en ellos se veian una porción de pilastras iguales en un todo á las del Castillo de Pílalos y á las que se conservan en el jardin de las MM. Beatas que des- cribirémos seguida; esta circunstancia confirma la en opinion de frue rodeaba al Foro un pórtico según di¬ jimos. Al quitar las ruinas de la casa vieja pudo observar¬ se que estas cubrían una de las bases de las pilastras -88- dichas y un zócalo corrido, lodo de mármol blanco, y vióse también que las pilastras y la pared estuvieron antiguamente revestidas de estuco: cuando la Socie¬ dad arqueológica adquirió estos restos, que figuran en el Museo, se notó ([ue tanto la base de mármol blanco como el zócalo ó basamento estaban unidos al muro con fuertes grapones de bronce. Desde la plazuela de S. Juan se entra á la calle Da- jada del Rosario, donde hay uno de los restos mas no¬ tables, sin ninguna duda el mas curioso que se con¬ serva en Tarragona, y el único de su clase en España. La calle referida lo era ya en la época romana, y cor¬ ria entre el murallon del Foro y la muralla de la ciudad, con presunciones para creer que la puerta actual del Rosario ocupa el lugar de otra romana, la cnal con la calle dicha Rajada del Rosario, estaba destinada á po¬ ner en comunicación el Capitolio el exterior y aun con con el Foro, como diremos. En el de la ciudad, muro pues, desde la esquina de la plazuela de S. Juan ba¬ jando á la derecha se vé el basamento ciclópeo en el mejor estado de conservación, y encima se halla apo¬ yado un gran trozo de la muralla ibérica, igualmente bien tratado, formada de grandísimos sillares almohadi¬ llados, en cada uno de los cuales se vé esculpida profun¬ damente y en grandes proporciones una de las letras del alfabeto ibérico, sin formar dicción sino duplicadas ó repetidas. Este monumento tan curioso ha pasado desapercibido hasta el presente, y nuestros antiguos cronistas ni siquiera lo liabian observado, al igual de otras mil curiosidades que existían en Tarragona; por tanto, este resto revela que esta antigua ciudad tuvo una respetable importancia anterior al periodo roma¬ no, cuando muchas otras quealcanzaron renombre durante su dominación aun no existían, demostrando al mismo tiempo que los Scipiones al apoderarse de -89- ella no tuvieron otro trabajo que restaurar sus' anti¬ guos muros. A buen si Anibal en vez de seguro que atravesar Catalufia por la alta montaña al dirigirse á Italia, se hubiera hecho dueño de Tarragona dejando de guarnición en ella el ejército que tenia Hannon, en vez de situarlo en las avenidas de los Pirineos, muy difícil hubiera sido á los generales romanos poner pié en España; mas de una vez, sin duda, se arrepentiría Anibal de tan incalificable descuido. Este pequeño trozo de muralla ibérica es mucho mas considerable en el exterior y se tratará de ella con mayor extension al describir las antigüedades de las afueras. Enfrente de dicha muralla está la calle llamada del Arco de Toda y se pasa por debajo del arco de este nombre, el cual se formó taladrando los dos muros in¬ terior y exterior del Foro. El arquitecto moderno que dirigió la perforación conociendo y abusando aun de la bondad y robustéz de la construcción romana, pres¬ cindió de formar un arco, que sostuviera uno de aque¬ llos muros enla ruptura, según requería el arte, á fin de sostener el peso que alli gravita; sin embargo, á pesar de esta omisión, la obra despues de mas de tres siglos no ha hecho el menor movimiento. Encima de este boquete, correspondiente al muro interior y junto à un largo balcon, bay esta lápida incompleta IBVNICIOS . . . ESPASIANO. PIISIM. Al extremo de esta calle se encuentra la iglesia de S. Miguel, en cuya esquina se ven tres preciosas lᬠpidas dignas de ser conservadas en mejor sitio. La pri¬ mera tiene un sentido muy obscuro y confuso, y los -90- literalos están muy discordes sobre su significación; opinamos, sin embargo, que puede dividirse según su sentido en dos parles, una anterior á la otra; la prime¬ ra parece manifestar que Valeria Silvana habla erigi¬ do á Lucio Valerio Tempestivo, su marido (Marito fecit de la cuarta linea ), padre de Valerio Galo algun ob¬ jeto honorífico, probablemente una estatua, que por causas ignoradas no se dió al público; pero posterior¬ mente según la otra mitad de la inscripción, los here¬ deros, tio y suegra de Tempestivo, despues de redimida con dinero de Valeria Silvana la porción hereditaria de Valerio Avilo sacaron la estàtua ó lo que sea de la casa en donde estaba desde la muerte de aquél y la co¬ locaron en el Foro, y esta parece ser la idea de la se¬ gunda parte de esta interesante inscripción, cuyo ori¬ ginal fielmente copiado dice: L. VAL. TEMPESTIVO PATRL VAL. GALLI VALERIA SILVANA M F QVINTIVS. FLACCVS AVONCVLVS VALERIA VERANA SOCRVS HEREDES REDEMPTA PORTIONE VALERI AVITI CVIVS PRETIVM VALERIA SILVANA INTVLIT IN DOMO REPERTAM IN FORO POSVERVNT La segunda lápida tiene igualmente mucho inte¬ rés por pertenecer á la clase de las que se llaman sa¬ gradas, y .se reduce á una dedicatoria que Aulo Time- to, Tabidario (escribano de provincia) hace al Dios Silvano, ó de la~s selvas, por la salud del emperador -91- Adriano Anlonino Pio y de hijos; asi opinan Gru- sus lero, Florez y Masdéu; las úllinias letras del quinto renglón no son PH. PP. como dicen, sino PH. Ñ lo cual con todo el sexto renglón hace confuso y dudoso el sen¬ tido de la lápida. Si debiese traducirse como indican aquellos escritores, no podria convenir á otro empera¬ dor que á M. Aurelio Antonino Pio, ya porque fué el único de los cuatro Antoninos Pios que tuvo hijos, ya también porque según Julio Capitolino, los Tabúlanos se establecieron por primera vez durante su reinado; pero la lápida, prescindiendo del sentido confuso de las palabras del quinto y sexto renglón, estaba terminan¬ temente dedicada á Adriano Antonino Pio, suegro y antecesor de M. Aurelio, cuando aun vivia; lo que prue¬ ba con toda evidencia que los Tabúlanos fueron ante¬ riores á M. Aurelio, á pesar de la autoridad de Capitoli¬ no; de manera que, esta lápida es doblemente aprecia- ble, por contener un dato contemporáneo y fehaciente que destruye la opinion del escritor del siglo IV. La inscripción copiada exactamente del original dice así: SILVANO AVG SACRVM PRO SALVTE IMP CAESARIS HADRÎANI ANTONINI AVG. PHÑ ET LIBERORVM EIVS ATÍMETVS LIB TABVL. P. II. C. Finalmente la otra pertenece á Lucio Ovinio Rústico Cornel ano cuando solo era designado cónsul, y lo fué en propiedad en el año 237 con Perpetuo; por consi¬ guiente la làpida fué erigida en 236: de,sempeñó ade¬ más otros destinos honoríficos de la República en dis¬ tintas provincias. Poco examinada esta inscripción se ha puesto equivocadamente por unos Rústica Oviniana, -92- y por Giros Ruflia Oviniaiia; para resolver definiliva- mente y con acierto hiciinos excavar la parte enter¬ rada debajo del nivel de la callo, y leinios perfecta¬ mente y sin dificultad alguna Rufria Omnia Corneliana, tal como transcribimos fielmente del original. Masdéu sospecha muy fundadamente que este con¬ sul del tiempo de Gordiano Africano fué natural de Tarragona, en donde vivia su hija en el año 236. L. OVINIO. L, F QVIR. RVSTICO CORNELI ANO COS. DESIG. PRAEF INTER, TRIBVNITIOS AÜLECTO CVRAT. VIAE. FLAMIN LEG. LEG. MYS. INFER.... CVRAT. VIAE TIBVRTIN CVRAT. R. P. RICINIEN RVFRIA. OVINIA CORNELIANA FILIA PATRI. PIENTISSIMO Cualquiera de las dos calles ([ue llanquean la igle¬ sia de S. Migliel, sea la de Gay ó de las Moscas, con¬ ducirá á la calle de la Cebadería. Las casas de la izquierda tomando la de las Moscas están construidas delante del muro occidental del Foro, y en el interior de ellas subsiste todavía el expresado muro, el mismo que está aportillado en el Arco de Toda, y llega hasta el rincón que forma esta calle con la de la Cebadería en la casa n." 2, donde existían las pilastras de que nos ocupamos arriba. Las casas de la izquierda de la calle de la Cebadería están fabricadas delante del mu¬ ro septentrional del Foro, enclavado por decirlo así en la colina que según se dijo tuvo que rebajarse hasta — 93— el nivel de esta gran plaza. Al extremo de esta mis¬ ma calle, en la casa n.° 36 propip del labrador Alasá se halla una magnífica y bien conservada bóveda, per¬ teneciente sin duda á los Comicios ú otra dependen¬ cia del Foro. Actualmente tiene este recinto los des¬ linos mas viles y asquerosos, cubierta de telarañas, y llena de inmundicias y basura; estamos bien seguros de que en otro país sería tratada esta bóveda con mas decoro y cuidado. Los muros que la sostienen son de sillería, almohadillados, observando en sus hiladas una perfecta regularidad y hermosura, lo que nos ha in¬ ducido á creer que tendria en la época de su cons¬ trucción un uso bien diverso del actual. Esta bóveda, de un solo cañón seguido, lleva la dirección de Occi¬ dente á Oriente, por lo tanto paralela al muro septen¬ trional de que se trata: se apoya en una especie de imposta ó cornisa corrida, de grandísimas proporcio¬ nes, de piedra de sillería y de una extraordinaria vo¬ lada. Esta bóveda y muros se hallan interceptados en su longitud por una pared moderna divisoria, pero prosigue por debajo de la casa de Castellví, y puede verse aun parte de ella en la casa tienda n.* 2 de la Plaza de la Verdura. En 184S se hallaba entera y bien conservada en este punto, en mejor estado aun que en la casa de Alasá, pues la bóveda que allí es de mam- postería estaba aqui revestida de unas losas de piedra, que tenian el aspecto exterior de dovelas, y dismi¬ nuían la volada casi excesiva de la cornisa descrita. En aquel año se reconstruyó la casa de Castellví dando á la bóveda ( sin destruirla ) otra distribución y destino que la ha hecho perder su primera y original fisono¬ mía, Por fin continua el cañón de esta misma bóveda y su cornisa en la casa n.° 4 de la citada plaza, divi¬ dido horizonlalmente en dos partes por un piso, pu¬ diéndose examinar perfectamente y tocar con la mano dicha bóveda y cornisa. Esta casa n.° í forma ángulo con las escaleras de la Catedral, é interiormente ter- — 94 — mina también la bóveda en un robusto muro; la cor¬ nisa retorna en el testero por el expresado muro unien¬ do un lado con el otro. Esto lia confirmado nuestra conjetura de que allí estaba interrumpido el muro sep¬ tentrional del Foro para dar lugar k una magnífica es¬ calinata que ponia en comunicación el Foro con el templo de Júpiter Capitolino, como en Roma; y hoy por una singular coincidencia, en el mismo punto con iguales escaleras, conducen á la Santa Iglesia Catedral que ocupa el propio lugar que el templo citado. La gradería de estas escaleras, renovada hace poco, no es la romana, destruida en alguno de los muchos si¬ tios que ha sufrido esta ciudad. Se sacó la piedra del pavimento de uno de los templos antiguos que existia entre el baluarte de S. I'ablo y el fuerte Real; de ma¬ nera que, aun cuando en rigor no es la escalinata de aquella época, se halla no obstante construida con ma¬ teriales de procedencia romana. Enfila con esta escalinata la calle Mayor, que diu'- de el antiguo plano del Foro en dos partes iguales, y pone en comunicación aquella con la bajada de Mise¬ ricordia en linea recta, y precisamente en la época romana el mismo lugar que ocupa esta calle era la gran via que igualmente ponia en contacto la escali¬ nata del Arce con la gradería del Circo según se ha dicho en otra parte. En este lugar debemos hacer una observación curiosa é importante para los que visiten nuestras antigüedades, y es, que como la ciudad alta se construyó encima de las ruinas romanas aprove¬ chando sus restos, la division de calles y manzanas ac¬ tuales está calcada sobre la antigua forma, de manera que con la mayor facilidad puede restaurarse la ciu¬ dad pública romana. La gran área del Circo, .supon¬ gamos, está boy señalada por las plazas de la Fuente y Pescadería, en donde cada uno de los edificios de los — 95 — números impares que forman la primera, ocupa el es¬ pacio de unade las antiguas bóvedas, construidos to¬ dos ellos con los restos de la gradería ó asientos del tendido que para este fin se demolieron. La bajada de i^Iisericordia, se erijió encima de la gradería; y la ma¬ yoría de las calles de la parle correspondiente al Foro tienen por base los muros que lo circuían, ó se han le¬ vantado sobre las lapidas que lo ocupaban. Hemos hablado ya de las escaleras de la Catedral, y en la calle Mayor se encontraron vestigios de los arcos de triun¬ fo colocados según costumbre romana en la Viatriunfal que conducía desde la Basílica ó palacio de los Césares ( en Tarragona casas de la calle de la Nau y Caballe¬ ros ) al Capitolio. Así se esplica como no obstante de haber cambiado de forma y de objeto la ciudad alta, la fisonomía general es la misma que tenia la ciudad ro¬ mana pública ó monumental. En la casa n.° 17 de la calle Mayor propia de los herederos del ilustrado anticuario D. Ramon Foguet, canónigo que fué de esta Metropolitana, se conservan varios cuadros al óleo, algunos de muchísimo mérito y dignos de exámen. El monetario y biblioteca que con mucho afan y diligencia había reunido durante su vida lo cedió al monasterio de S. Francisco de esta ciudad, creyendo prudentemente que quizú así se conservaría, pero á la entrada de los franceses en 1811 fué robado el primero y casi destruida la segunda; mejor suerte cupo á los cuadros. Cortan trasversalmente la calle Mayor, la de las Cui- raterías á la y la del Abad á la derecha, y izquierda en esquina que forma esta con la de Riudecols se vé la una lápida muy desgastada por el roce de los carros; es de las llamadas geográficas por ser Músculo hijo de Flavia Augusta, y dice así: —90- L. A^FID. MASCV LI. F. CELERI.MAS CVLINü. QVIR FLAVIAYGVSTAN FLAMINI. DESIG. P. H. C. R. P. S. D. D. Hasta el presente se ignoraba la existencia de este pueblo llamado Flavia Augusta, y aun despues de des¬ cubierta la lápida no saben los geógrafos donde situar¬ lo, pero j)arece que seria cerca de Baeza, á causa de haberse encontrado en sus inmediaciones otra lápida en la que consta que L. Auíidio Masculino, acaso pa¬ dre de nuestro Aufidio, hace una ofrenda á la deidad española llamada Siiítinio. En la misma calle de Riudecols, á mano derecha, y formando parte de la pared de un jardin se ven dos lápidas, ambas geográficas; la primera está concebi¬ da así: M. VALERIO M. FIL GAL ANIENSI CAPELLIANO DAMANTIANO ADLEG TO IN COLONIAM CAESARAVGVSTANAM EX BENEFIG DIVI HADRIANI OMNIB. ÍIONORIB. IN VTRAQ. REP. FVNGT. FLAM. ROM. DIYOR. ET AYG P. n. G. Esto es, que la Provincia Citerior puso esta memo¬ ria á Marco Valerio Aniense Gapcliano, hijo de Mar¬ co, de la tribu Galeria, natural de Damania; fué ele- — 97— gido para desempeñar algun cargo distinguido en la colonia de Zaragoza, y obtuvo por protección del em¬ perador Adriano todos ios honores en una y otra Re¬ pública. El pueblo de Damania se hallaba en la Ede- tania, y corresponde boy á Domeño, partido del Villar del Arzobispo en la provincia de Valencia. Esta lápida presenta una dificultad de difícil solución Según el P. Maestro Florez, el ANIENSI de la tercera línea de¬ biera significar la tribu Aniense, así por lo menos lo manifiesta al hablar de la lápida existente en la casa del Marqués de Tamarit dedicada á M. Porcio Apro, y dice era la trigésima segunda de las tribus romanas; sin embargo en la que nos ocupa, que no conoció Flo¬ rez, vemos que M. Valerio Capeliano era de la tribu Galeria y naturalmente no podia pertenecer á dos di¬ ferentes tribus. Es verdad que siempre se halla el Aniensi anies del apellido, en el lugar donde soban los romanos poner el nombre de la tribu, pero igno¬ ramos si la palabra Aniensi es el apellido gentilicio que también acostumbraban poner antes del apellido co¬ mún, de lo cual nos ofrecen muchos ejemplos las lápi¬ das, y en este concepto Valerio Capeliano era descen¬ diente déla ciudad de Anio, lo mismo que Porcio Apro y 0. Herenio, de cuya lápida bablarémos luego. Cree¬ mos no obstante que esta duda deben resolverla los filólogos; nosotros nos contentamos solamente con lla¬ mar la atención. La segunda, á la que hemos restaurado las pocas le¬ tras que faltan, también fué puesta por la Provincia de la España Citerior, en honor de Lucio .lunio Paterno Laúdense, hijo de Baebio, de la iribú Quirina, natu¬ ral de Maronia (ciudad de la Romanía, en la Turquía europea ) y desempeñó muchísimos cargos honoríficos de la República; la inscripción está concebida así: 8 -98- L. lYNIO. Baebi FIL. QVIRInae MiRONI^Nsi PATERNO. LANCÍENsi OMNIBVS. IN. REPVBLICA SVA. HONORÍB. FVNCTO II. VIR. BIS. SACERD. ROM. ET AVG. CONVENT. ASTVRVM ADLECTO. IN. QVINQ. DECYRia legITYMAE. ROMJl. lYDICANT FLAMINI. AYGYSTALI. P. H. C. P. H. C. Enfrente de estas dos lápidas, descansando en el (ünlel de la puerta n.° 8 y formando el antepecho de una ventana del entresuelo, existe otra preciosísima, en el mejor estado de conservación, dedicada al Genio de la provincia de Tarragona, y se refiere á una cláu¬ sula testamentaria de L. Minicio Aproniano, en la cual dispone la erección de una estatua de lo libras de pla¬ ta en esta forma. GENIO. COL. I. Y. T. TARRAC. L. MINICIVS. APRONIANYS II. YIR. QQ. TESTAMENTO EX ARG. LIBRIS. XY PONI. lYSIT Este Lucio Minicio floreció tiempo de Trajano, en según una lápida que existe el Museo y era Tarra¬ en conense como se deduce por otra que existe en Caldes de Mombuy dedicada á Apolo por el citado Minicio, la cual en comprobación copiamos íntegra. — 99 — APOL·LINI L. MINICIYS APRONIANVS GAL. ÏARRAC T. P. 1. Coria Iransversalmenle esta calle la llamada de Ca¬ balleros, que con la de la Nau, segun hemos repelido, ocupan lo que en olro tiempo el Palacio de Augusto, y por lo tanto forman ambas el costado S. de! Foro. En esta calle y enfrente de la casa n.° 2, propia de Calvet existió hasta hace muy poco otra lápida geográfica por la que constaha que Cayo Yivio Porciano Quinto I ítaliciano, natural de Libisosa, obtuvo varios cargos y distinciones en tiempo del emperador Adriano, en esta forma: P. II. C C. YIRIO. C. F GAL. PORCIANO QINTIO. ITALICIA NO LIBISOSANO EQYO. P. DONATO A. DIYO IIaDRIANO. OMNIB. lío NORIB. IN. REPYBLICA S YA. FYNCTO. FLAM P. il. C. La colonia Libisosa, estación militar en la época romana, segun el Itinerario de Antonino, tuvo mucha importancia en aquel tiempo, pero hoy se halla redu¬ cida á un corto villorrio llamado Lezuza, situado en¬ tre Alhacéte y Alcaráz, donde se han encontrado otras lápidas y antigüedades. La que nos ocupa fué recogi¬ da por el dueño del edificio al reedificarse, junto con otras tres que ponemos á continuación; — 100 p. H. C. L. FÂBIO. L. F. QVm. SILONI BRIGIiECINO II. YIRO. SACERDOTI ROM. ET. AVG CONVENT.ASTVRYM ADIECTO. IN. DECY. lYD. ROMA FLAMIN. P. IÍ. C P. II. C Q. HERENNIO Q. F. ANIENSI AQYILAE OMNIB. ÍIONORIB IN. REP. SVA. FYNCTO lYDlCYM. ROMAE ADIECTO. FLAMINI P. II. C M. AEMILIO SEVERO MARCI FILIO Las dos primeras son geográficas, una se refiere á L. Fabio Silon natural de Brigielo, nombre escrito con bastante variedad en ios códices, que corresponde á Castreilin, en el camino de Astorga á Tordesiilas. La otra de Q. Ilerenio Aniense dice que era natural de Aquiia, ciudad del reino de Ñapóles; sobre la palabra Aniensi recordamos lo que de ella dijimos al hablar de la lápida dedicada á M. Valerio Capeliano. En la propia casa de Calvet citada y casi en la mis¬ ma esquina existe otra bastante maltratada cuyo con¬ tenido se lee así: —101— L. AYFIDIO. Q. F. VELIN.Y SECVNDO PALMENSI OMNIB. HONOR. IN. REPYB. SVÂ.FYNCTO FLAMI. P. H. G P. H. G Esto es, que la Provincia de la España Giterior puso aquella memoria á Lucio Aufidio Secundo, hijo de Quinto, de la tribu Yelina natural de Palma. Es curioso observar que en un pequeño recinto se han encontrado muchas lápidas geográficas, lo que in¬ duce á que en esta parle del Foro se hallarían creer reunidas todas las de esta clase. Sin separarse de la misma calle y en el zaguan de la casa n." 10 propia de ü. Plácido de Montoliu se hallan dos pequeñas lápidas romanas; una es de mármol blan¬ co, sumamente pequeña que se lee así: . . GI. ADIA. . . . NIGI. ET. M AYRELI. AN TONINI. AVG F. IMP. DE. . . Esta lápida es parte de otra mayor ó mas prolon¬ gada que se dedicó al emperador Septimio Severo Pió Adiabénico, y a su hijo Garacalla. Algunos la han tra¬ ducido muy maJ, y por cierto no es nada difícil res¬ taurarla bien, como vamos á manifestar: PRO SALVTE IMP. CAES. SEPTIM. SEVERI PII PERTINACIS. AVG ARABICI ADIARE NICI. ET M. AVRELI. AN- TONINI AATx F. IMP. DESIG NATI &c. Tampoco ha sido bien comprendida é interpretada la otra, de mármol del país, fracturada en dos partes; y la ecfuivocacion consiste en que se han tomado como nombres propios las palabras Veterano^ Nemauso, con¬ viniéndolas en persona dedicante que allí no existe: el original se expresa así: C. YALICIVS AVILIYS. YOLT. NEMAYSO. YET ERANYS. LEG. YII G. F. DEFYCTYS. ANN. XL. H. S. E Yertida al castellano dice: Aquí está sepultado Cayo Yalicio Avilio, déla tribu Volteya, natural de Nemau- so (Nimes); y fué veterano de la legion 7." Gemina Feliz. Falleció á los LO años. En el último tramo de lagrandiosa escalera de la misma junto á la puerta de entrada al piso prin¬ casa cipal y embntido en la pared se halla visible á todas horas del dia un grande y precioso fragmento de már¬ mol blanco, formando una tabla de l.m 80." de longi- -103- lud, por 69 centímetros de altura, y 2i centímetros de espesor. En ella hay representado en alto relieve un episodio de la guerra cantábrica, tan célebre en la an¬ tigüedad, que para terminarla hubo de venir Augusto en persona á España, por cuyo motivo residió tanto tiempo en Tarragona, y pudo embellecerla. Créese que esta tabla con otras de que vamos á hablar y han de¬ saparecido para siempre adornando quizá los museos estranjeros, pertenecían á las impostas de un arco de triunfo, levantado según se cree en honor de Augusto al terminar aquella larguísima y destructora guerra que ocasionó una grave enfermedad al emperador. Débese la salvación de este preciosísimo relieve al haber estado oculto hasta nuestros dias, sirviendo de brocal de una cisterna en la casa antigua de Montoliu, calle Mayor esquina á la del Abad, en donde se han encontrado lápidas, un sepulcro de mármol y otros restos que se hablan aprovechado al construir en re¬ motos tiempos dicha casa, que se halla ocupando casi el centro del Foro. Pons de Icart hace mención de otros relieves de análogas proporciones al de que tra¬ tamos, opinando juiciosamente que representaban al¬ gun acto de triunfo, de esta manera: »... Esta tabla de mármol blanco tiene X pal¬ omos de largo y quatro de ancho, la cual de re- en »lleve hay un cavallo con un personage encima á cada »cabo yen medio otros personages que entre todos «son diez personas, presúmese que es parte de algun » triumpho. Otros pedazos de otra tabla de diverso «triumpho está en la pared de la casa de Miguel Co- »lom &c. ( Grandezas de Tarragona cap. XXX. ) Todo lo cual induce á creer que pertenecieron en realidad á algun arco de triunfo colocado en la calle Mayor ó via triunfal, y aun subsisten en la pared de la calle enfrente de esta casa restos de mármoles del pais que es posible hubiesen correspondido al basa¬ mento de aquel arco. — 104— El carácter de lasfiguras manifiesta de un modo in¬ dudable que son iberos los que pelean con los romanos,, y así lo indica el pelo crespo y ensortijado de sus cabe¬ zas, como se vé en las medallas llamadas celtíberas, y el montar á caballo á pelo, observándose además que las^ bridas de los caballos son formadas de tripas de aní¬ males trenzadas, según usaban los Cántabros á imita¬ ción de los Celtas, Tracios y Sellas, de quienes según Estrabon lomaron las coslumbres; de manera que el artista quiso representar la célebre caballería celtíbe¬ ra, nervio principal del ejército español. No debe de¬ jar de examinarlo el curioso, porque además de serle muy fácil por hallarse en punto accesible, como he¬ mos dicho, es de lo poco que hay hien conservado. Formando parte de la puerta de la casa inmediata, n.° 12, propia del Sr. Ixart, hay otra lápida, cuya ins¬ cripción, aunque ilegible por su malísimo estado, di¬ ce así: VIRI.\E FLA.VIN1AE FIL C. VIRI FRONTO NIS. FLA MINIS P. II. C En otro tiempo existia en esta ciudad una lápida que según su contenido, por decreto del consilio ó consejo de la provincia de España Citerior fué dedicada á este Cayo Virio Fronton, Flámendela provincia, quien á lo que parece era natural de Lugo; pero estainscripción ha desaparecido como tantas otras. En el zaguan de la casa contigua, n." lá, de Caste- llarnau se conservan dos lápidas en buen estado; una — iOo— • de ellas, de poquísimo inlerés, es una memoria que Celsa Flavina puso en honor de su hija carísima ful- via Prócula. La segunda tiene mayor importancia, pues por voto común del Consilio de la Provincia de la Es¬ paña Citeriorse puso en memoria de Lucio Septimio Manno. Según Florez los Concilios, diferentes de los Conventos ó Chancillerías y de los Comicios, venian á ser como nuestrosj congresos ó córtes; la inscripción dice en cinco renglones L. SEPTIMIO MANNO C. V CONCILIVM P. II. C Es conveniente advertir que los dos relieves que se hallan encima de estas lápidas nada tienen de común con ellas y solo fué un capricho el colocarlos allí; el primer medallón de piedra floja y casi informe re¬ presenta, á lo que se cree, el busto del emperador An- tonino Pió, pero ni el perfil de la cabeza ni la dis¬ posición del pelo indican remotamente á este empera¬ dor. El otro busto esculpido en mármol y en mejor estado figura la casta Lucrecia con el puñal clavado en el pecho. Los cuatro restos mencionados se hallan allí desde muchísimos años, cuando aun esla casa per- tenecia á D. José Figuerola; así es que los mucha¬ chos han mutilado á pedradas la cabeza de Lucrecia hasta dejarla desfigurada; á ella sin duda se refiere el P. M. Florez, lomo XXIY pág. 239 que la vió aun entera, hace mas de un siglo. Es atrevido el arco de la escalera de esta casa, apoyado sobre una delicada co- lunmita gótica con su pedestal y capitel, que no deja de producir buen efecto. — 106 — Termina la calle de Caballeros en la plaza llamada del Palhl donde existe un edificio público destinado à primera enseñanza, levantado sóbreles restos del án¬ gulo occidental del palacio de Augusto, uno de los cos¬ tados del Foro: gran parte de sus muros pertenecen todavía á desaparecido aquel régie alcázar, pero han debajo de las modernas construcciones; cuarenta años atrás podían aun verse en su estado natural muchos de aquellos muros; hoy para ver el ángulo exterior que formaba este palacio con el Foro es preciso salir á un terradito que se halla a! mismo nivel de la plaza, y dá á la calle deis Ferrers. Recordamos aquí, que en la casa n.° h de esta mis¬ ma hallaba en la época romana una de las plaza se puertas de comunicación entre el Foro y el Circo, de que hablamos ya (pág. 13), y se conserva todavía in¬ tegra en los solanos de esta casa. En uno de los costados de esta misma plaza del Pa- llol subsiste el convento de MM. Beatas de Sto. Domin¬ go, y en el huerto se vé regularmente conservado un trozo del muro occidental del Foro, con pilastras idén¬ ticas à las que adornan una de las fachadas del castillo de Pílalos; el terraplén del jardin ha cubierto la mitad inferior de estas pilastras, y la continuaeion por uno y otro costado se halla obstruida por las construccio¬ nes modernas. El convento fué edificado encima de unas magníficas bóvedas enfilan directamente romanas que con el arco de Toda, ya descrito, y debe procurar el anticuario examinarlas, lo que al presente es muy fᬠcil, á causa de que la puerta de entrada á la principal da salida á la misma plaza debajo de un gran arco oji¬ val, y se halla casi de continuo abierta. Se observará que durante mucho tiempo esta bóveda sirvió de igle¬ sia cuando los PP. Dominicos ocuparon este convento antes de pasar á la plaza de la Fuente, y aun se con- — 107— serva el coro, el hueco del aliar mayor y las criptas. La otra bóveda conlinuacion de la presente tiene su entrada en la calle Bajada del Rosario, casa n.° 13 y recibe luces del huerto de las Beatas ya citado. El mu- 1 ro interior de estas bóvedas está formado de enormes o piedras de sillería, almohadilladas, dispuestas en hila- s das regulares y de bellísima construcción, hermana de e las que hemos descrito de la calle de la Cebadería, La e bóveda primera de que hemos hablado y que dá á la n [liaza del Paliol de un solo cañón, es de mampostería á y no dudamos que en otro tiempo fué como aquellas cubierta de losas de piedra para imitar la sillería de los muros. Esta gran bóveda no es sino parte de otra ma¬ is yor, cuyo emplazamiento se vé en el suelo de dicha le I plaza distinguiéndose perfectamente los cimientos de ambos muros interior y exterior hasta formar rincón en la casa n.° 5; de manera que esta bóveda, la que la si¬ gue, el arco de Toda y el muro contenido dentro de las casas de la calle de las Moscas basta el rincón de la calle i- de la Cebadería forman el costado occidental del Foro, a- Al lado de la puerta de entrada actual á esta bóveda in hay un callejón, que pasa por debajo de un arco se¬ ll- micircular compuesto de inmensas dovelas; primitiva- llo ' mente, cuando la bóveda proseguía hasta la casa n.° o, ad esta era la puerta ó vomitorio por donde se salla de no ella al exterior, según hemos dicho arriba al hablar io- de la calle Bajada del Rosario y plaza de S. .luán, las Desde el ángulo que forma la calle Bajada del Re¬ ate sario y la de los Herreros se puede examinar perfec- el lamente el ángulo exterior occidental del palacio de • fá_ Augusto de que hemos hecho ya mención, compuesto pal de grandísimos sillares sumamente carcomidos por los jji- siglos. Queda consignado en otra parte que la calle de ará los Herreros pasa por encima de las bóvedas del Gir¬ óle- 00 y constituía la plataforma ó visorium que se apo¬ nte yaba contra el muro del palacio; las escaleras de Ce- on- dazos y de Arbós están formadas sobre la gradería del -ios- Circo hasta llegar al plan terreno de las plazas de Ce¬ dazos y de la Fuente, antigua area del expresado mo¬ numento. Si fuera fácil al viajero subir á alguno de los terrados de las casas que dan encima de la calle de los Herreros podrá formarse una levísima idea del mag¬ nífico golpe de vista que debiera disfrutarse desde las ventanas del palacio de Augusto en dias de juegos cir- cences, pues se abaixaria de una mirada todo el Circo al que dominaba á grande altura, y no será raro que al percibir los gritos y voces de los concurrentes á la plaza de la Fuente, se le imagine ver y oir la agi¬ tación, gritería y tumulto de la mncbedumbre que ocupaba los asientos del tendido ó gradería en cuya comparación son pigmeos nuestras mas grandiosas pla¬ zas de toros. Continuación de la calle Bajada del Rosario es la de las Salinas y ocupa gran parte de esta, á la izquier¬ da, el palacio de la Diputación provincial y Ayunta¬ miento. En los bajos de este edificio con puerta á la lachada principal se baila establecido el Museo Ar¬ queológico donde tienen depositados sus objetos la Co¬ misión de Monumentos de la provincia, la SociedacT Arqueológica fundada en 1843 y varios particulares. Este Museo, uno de los mas copiosos é interesantes de España, contiene objetos arqueológicos que datan de.s- de remotísima antigüedad, primitivos, etruscos, iberos, griegos, romanos y de la edad media, bien clasificados y que forman una magnífica colección. Seria trabajo interminable y ageno de este lugar hacer la descrip¬ ción minuciosa de los muchos que allí existen, y esto demuestra que si en menos de treinta años ha podido reunirse tal número de objetos, cuanto mayor sería s' se hubiera tenido cuidado en recoger solamente los que han aparecido en lo que corre de este siglo, es á sa¬ ber desde el momento de haberse comenzado á expío- -I co¬ lar la cantera del piierlo, mina riquísima, de la cua! liasla ei eslableciraienlo de la Sociedad Arqueológica, se han aprovechado los museos eslranjeros y personas aficionadas. Dos solas observaciones harémos con rela¬ ción al Museo; la primera es, que lodo cuanto encierra este eslahlecimienlo, que en la actualidad tiene adqui¬ rida ya fama europea, ha sido encontrado en las ruinas de Tarragona y en algunos pocos puntos de esta pro¬ vincia, sin que figure en él nada de procedencia es- tranjera; y segunda, que reúne la colección mas com¬ pleta é interesante de lápidas existente en España, de grandísimo interés histórico, la cual aumenta diaria¬ mente. Termina finalmente la larga calle de la Bajada del Rosario y Salinas, que se ha recorrido toda á seccio¬ nes, y que tantos monumentos contiene, en la Rambla de S. Carlos, pudiendo el arqueólogo dirigirse enton¬ ces al primer punto de partida con la seguridad de haber examinado todos los restos existentes en la pri¬ mera division de Tarragona, esto es; la ciudad pú¬ blica ó monumental de los romaúos. Cualquiera de las calles existentes en la acera me¬ ridional de la Rambla dicha conducirá al arqueólogo á la Esplanada ó nueva Rambla punto divisorio de la ciudad alta y baja. No hace muchos años que esta di¬ vision sehallaba marcada por una cortina de mura¬ lla que desde el baluarte de S. Pablo corria hasta el denominado de Cervantes, construida en tiempo del arzobispo cardenal D. Gaspar de Cervantes en 1B76. En 1884 y 1855 se derribó completamente esta mura¬ lla, de poquísima importancia militar para la defensa de la plaza, y al demoler el baluarte de Jesús que existia junto al gran patio del Cuartel de S. Agustín se descubrió uno de los monumentos mas dignos de ser estudiados en Tarragona con referencia á su an- — 110 — ligüedad, pertenecienle sin ninguna duda al primer pueblo ocupante de procedencia asiática que se esta¬ bleció en esta colina en épocas muy remolas. Consistía pues, en un rectángulo excavado á pico en la peña viva, de íG metros de longitud de Este á Oeste, I7 metros de latitud de Norte á Sud y de 4.m 50.c de profundidad. A este resto se le dió desde un principio el nombre de Recinto Sagrado, por la analogía que guardaba su forma y materia con otros de su clase. Las paredes de este monumento se levantaban corla¬ das verticalmente á pico en la roca de la colina; los tres costados N., S. y O. se unían en ángulo recto: el cuarto costado ú oriental era mas corto y no cerraba con los lados N. yS. dejando unas aberturas que hi¬ cieron presumir serian unas sacellas laterales ó capillas según costumbre de los primeros pueblos. Esta pared ó costado estaba también cortado perpendicularmente á pico por ambas partes para dejar un muro de unos 25 centímetros de espesor, distinguiéndose perfecta¬ mente en la parte superior del mismo la antigua su¬ perficie ondulante de la colina que quedó en el mismo estado al desmontarse. Este muro por su parte interior ú occidental, según las catas que so practicaron, tenia la misma profundidad de los otros tres; pero en el ex¬ terior ú oriental media solo 5.m 92.c de altura y des¬ de allí iba el desmonte subiendo en suave declive basta encontrar la superficie natural de la colina. Concíbese fácilmente que el objeto de los constructores fué pro¬ porcionar con este rebajo fácil acceso al templo, cuya puerta de ingreso se hallaba practicada, asimismo á pico, en el muro oriental; siendo de advertir además, que este muro se hallaba perfectamente orientado de N. á S., de manera que á las 12 del día estando el sol en el Zenit no proyectaba sombra alguna; en una palabra, constituía un verdadero gnomon: esta cos¬ tumbre religiosa era peculiar de los pueblos primiti¬ vos adoradores del astro del dia. Difícil es adivinar la -til- causa recinlo ó templo troglodita no fué porque este terminado, pues en el costado occidental se comenza¬ ron las ranuras ó zanjas abiertas en la peña, paralelas al costado mayor del mismo, con el intento visible de dejar el muro aislado en la misma disposición que se hallaba el oriental, pero la obra fué abandonada. Este templo era hipcelros ó sin techumbre, y sabido es que los templos en la mayor antigüedad eran descubiertos; y presumimos además, por comparación, que las pa¬ redes de este monumento, cortadas en la roca \iva, se completarían con otras de piedra arrancada en el mismo punto, según se vé en el templo ciclópeo de la isla de Gozo llamado de los Gigantes, que ofrece bas¬ tante analogía con el que estamos mencionando. Nos hemos detenido tanto en la descripción, porque este notabilísimo resto desapareció á impulsos de la pólvo¬ ra en febrero de 18G6, con motivo del desmonte de la nueva Rambla, dejando así de existir uno de los tes¬ timonios que acreditaban la presencia en esta ciudad de un pueblo de origen indudablemente troglodita. El hueco que dejaba esta excavación en la roca es¬ taba lleno de tierra de detritus, muy apisonada, que al extraerse se hallaba à capas superpuestas, de di¬ ferente naturaleza, manifestando cada una de ellas otra de las dominaciones que desde su fundación ha sufrido esta antiquísima ciudad. En la superficie, á poco mas de un metro, se encontraron ruinas con res¬ tos romanos; á alguna profundidad revestimen- mayor tos y barros decarácter etrusco; y en la parte inferior junto á la roca restos carbonizados, indicios de una gran catástrofe primitiva, á semejanza de los descu¬ biertos constantemente en todas las excavaciones que se han practicado los demás puntos de la cantera de en que nos vamos á ocupar. Los restos alli encontrados se hallan en el Museo con la clasificación conveniente. — Í12 — Una línea de lindas casas de moderna fábrica sepa¬ ran la Esplanada de la canlera, que desde iillinios del sig'o pasado se explota para la construcción del puer¬ to de esta ciudad, habiéndose ya trasladado al mar casi toda la parte de la colina sobre la cual se asentaba la ciudad patricia en la época romana, y anteriormente habitada por otros pueblos, cuyos restos acumulados á capas por orden sucesivo de antigüedad, han apare¬ cido al quitar la gruesa faja de tierra que la cubria, producto de las mismas ruinas. Mas de una vez, y muy recientemente, se ha presentado de un modo tan pal¬ pable y manifiesto aquel orden sucesivo de épocas en el corte vertical que dejaba la excavación, que no deja lugar á la duda. Ocupaban la parte superior de estos terrenos pavimentos romanos cubiertos de ruinas con evidentes señales de un gran incendio: debajo de estos pavimentos salian á cierta profundidad otros de carác¬ ter griego con objetos interpuestos entre los dos per¬ tenecientes al mismo periodo y pueblo; luego apare¬ cían á mayor profundidad y mezclados con tierra de detritus, medallas eiruscas é ibéricas, fragmentos de es- lucos y tiestos de vasijas de fisonomia tirrénica; y por último, en la parte inferior, vasijas sumamente toscas, que patentizaban una civilización muy atrasada y pri¬ mitiva, confundidas con vigas carbonizadas, piedras calcinadas, huesos quemados y metales fundidos, se¬ ñales inequívocas de un violento y destructor incen¬ dio. No .se crea que esta superposición de terrenos, se¬ gún llevamos explicado, fuese una circunstancia ac¬ cidental y en puntos determinados; por el contrario, en donde existían solamente dos metros de terreno era seguro encontrarlo la disposición antedicha, y cons¬ en tantemente la capa inferior carbonizada inmediata á la roca estaba formada de tierra ennegrecida del fuego mezclada con carbones y ceniza, metales fundidos y piedras calcinadas. Por regla general, debajo de esta capa negra é in- — 113— (acta se han deseubierlo trabajos notables verificados en la roca de la colina, los cuales, pasaron desaperci¬ bidos á los pueblos que se establecieron en Tarragona en tiempos posteriores, sobre todo â los romanos que edificaron sin cuidarse de loque exislia debajo. Dichas construcciones consisten en pozos profundos taladrados en la peña y cegados por la primera ruina; algibes ó depósitos con surcos ó canales abiertos á pico, destina¬ dos á recoger las aguas |)Iuviales que descendían por el declive de la colina; y finalmente rebajos hechos en la misma, que confirman, de acuerdo con lo que diji¬ mos al tratar del pozo ciclópeo de la plaza de la Fuen¬ te y del Recinto Sagrado, que los primeros habitantes de Tarragona tenían costumbres troglodíticas que traje¬ ron cónsigo de países bien distantes, l-or desgracia to¬ dos ëstos datos preciosos de la antigüedad, desconocidos én la historia, han desaparecido á impulsos de les barrenos, y solo queda un recuerdo de ellos que des¬ aparecerá con la actnal generación; y hé aquí otro de los motivos que nos obligan á consignarlos en este lu¬ gar coriio testimonio de lo que hemos visto. Junto á la bajada llamada de Despeñaperros y en la misma cantera existe la casa propia de D. Juan Fer¬ nandez donde sé conservan algunas antigüedades des¬ cubiertas en los terrenos contiguos de su propiedad, siendo de notar entre ellos un fragmento de mármol jaspeado con una inscripción en caractères ibéricos que dice: ENDOVELICO, nombre de una de las antiguas deidades españolas ó indígenas, y una lápida de már¬ mol blanco sumamente linda, que se bailó al construir la casa en un nicho abierto en una de las paredes de un baño octogonal y sostuvo al parecer la esláiua de Venus al salir del agua, que fué hallada en aquellos terrenos y existe en el museo: la elegante inscripción que hay esculpida en dicha lápida manifiesta claramen¬ te el objeto público á que se dedicó el establecimiento .sobre cuyas ruinas edificó el Sr. Fernandez, dice así: 9 — 114— SI NITIDVS VIVAS ECCVM DOMVS EXORNATA EST: SI SORDES PATIOR SED PVDET HOSPITÍVM. Hace muchos años, cuando aun la subida de Despe- ñaperios era un mal sendero que con mil lortuosida- des conducía como hoy del puerto á la ciudad, existían muy cerca del punto donde ha edificado el Sr. Fer¬ nandez y que era entonces terreno secano, los restos de un edificio romano cuyos cimientos de figura se¬ micircular parecían de una torre: al demolerlos se en¬ contró entre la ruina la magnifica estatua del Baco joven que actualmente figura en el Museo como una de sus maspreciosas joyas, pues compite en mérito artístico con las mejores griegas y romanas que se conservan de la antigüedad: por desgracia se halló mu¬ tilada fanlándole la cabeza y estremidades, de las que solo fué posible encontrar uno de los pies. Todos es¬ tos hallazgos indican que aquel circuito lo ocupaba en la época romana un soberbio edificio erigido sobre los re.stos de tiempos anteriores, entre los cuales era notable un gran tiozo de muralla ciclópea, descubierta á gran profundidad junto à la roca viva en 18o3, cu¬ yos enormes peñascos hizo desmenuzar con barrenos el Sr. Fernandez y sirvieron para construir el cercado de su huerto. La expresada muralla formaba en aquel punto un ángulo entrante sumamente obtuso, en dirección al ar¬ ranque del muelle por una parle, y bácia el mirador de Sea. Clara por otra, confirmando esto la descripción que de ella hice Pons de Icart. Este mirador, supone¬ mos será el actiuü paseo de Sta. Clara al extremo de la ya indicada subida, desde cuvo punto se descubre un bellisimo panorama marítimo. En efecto á Occidente y en lontananza, cuando el — lio — horizonte está muy sereno se perciben las pequeñas colinas ó el Delta que forma la desembocadura del cau¬ daloso y célebre rio Ebro la antigüedad dio que en nombre á la IBERIA. Algo se distingüela mas cerca azulada cumbre del monte Sellus, celebrado por Feslo Ayieno, cuya altura y distancia con relación á Tarra¬ gona es tal, que parece una isla rodeada del mar. Los romanos le denominaron Sub-saltu y establecieron en ella una estación ó descanso militar, en la via ó cal¬ zada romana que iba de Tarraco á Cahuín: hoy se llama Coll de Balaguer, y se halla á 26 millas de Tar¬ ragona, según se vé en el Itinerario de Anlonino. Esta encumbrada montaña es una de las ramificaciones déla áspera cordillera de Prades, y se introduce en el mar como una inmensa cala, dejando un vasto seno en cu¬ yos áridos arenales se levantaron en tiempos muy le¬ janos las ciudades helénicas de Labeduncia, cerca del rio Oleum, y la de Salauris, las cuales no existían ya á la venida de lo.s romanos; encima de las ruinas de la primera erigió el pueblo de Oleaslrum, junto al rio se Oleasler, igualmente estación romana, situada á 21 mi¬ llas de Tarragona. Al presente se halla reducida esta ciudad á un pequeño viilorio llamado Hospitalet, en donde subsisten todavía ruinas aniiquisimas y restos de la via romana A tocar con el pueblo pasa el rio Ollastre, corrupción de la palabra latina Oleaster. Casi no puede dudarse que el moderno pueblecito de Salou se halla donde en lo antiguo Salauris, y en sus inmediaciones se algunas antigüedades. El encuentran cabo Salou interponiéndose entre el Sellus y la colina de Tarragona forma con esta nn extenso seno, en cu¬ yas arenas y rodeados de una transparente laguna lle¬ na de peces, selevantaban orgullosos los muros de la elegante CallipoHs, que los romanos no alcanzaron ver, y que no es dudoso fué digna rival de Tarragona en los mas antiguos tiempos. Su situación debia hallarse entre el moderno pueblo de Viilaseca y el Santuario — no¬ de la Pineda, cuyos terrenos pantanosos y llenos de lagunas confirman la descripción de Aviene quien la tomó de Dionisio Periergetes y otios geógrafos griegos mas antiguos. Al Oriente de Tarragona se distinguen confundidas con celages las cumbres de las montañas del Panadés, en las que se halla la vetusta Olerdula, ciudad pebásgi- ca hermana de Tarragona. En segundo término se des¬ cubre perfectamente, perlilando el horizonte, la mo¬ derna Altafulla, corrupción según se cree de la Pal- furiana de los romanos, situada en la cresta de una prolongada série de colinas, que desde la encumbrada cima del Mont-agut, en la cordillera de Prades, vie¬ nen en descenso hasta internarse en el mar formando un cabo, y en su extremóse levanta la torre déla Mora, de donde ha tomado aquel su nombre; esta torre la construyeron los cárabes dueños de Tarragona y á ma¬ nera de un centinela avanzado ponia en comunicación á esta ciudad con el pintoresco y bien fortificado cas¬ tillo de Tamarit, batido de las olas del mar. Al abrigo de este cabo se halla casi cegado por las arenas, el puerto natural en donde quizá desembarcó Cneo Scipion, á la vista de Tarragona, dudoso del mo¬ do como le recibirían los belicosos cosetaneos. Mas in¬ mediata y al través de una selva descuella el rojizo se¬ pulcro romano, conocido generalmente por el Sepulcro de los Scipiones, corroído del aire del mar, cuyo salitre ha conseguido casi borrar la inscripción que sin duda esplicaba el objeto y la verdadera época de su erección. Por último desde el paseo de Sta. Clara se domina perfectamente el Anfiteatro romano: una mitad de este monumento era de mamposteria, bañado en aquella época por el mar, y la otra mitad estaba exca\ado en la pendiente de la colina, á la que la naturaleza ha¬ bla dado la configuración elíptica á propósito para el objeto á que se la destinó. De este edificio solo quedan restos de algunas atrevidísimas bóvedas inclinadas que — 117 — sostienen aun parle de la gradería, apoyadas sobre otras bóvedas horizontales construidas al objeto de salvar el gran desnivel ó sallo que forma en aquel pun¬ to la colina. El paseo de Sta. Clara enfila directamente con la abertura que deja en la actualidad el Castillo de IMIa- tos con la Iglesia de Nazaret, abertura que existia ya en la época" romana, según demuestran las pilastras subsistentes, de presumir que entonces formaria y es una especie de átrio ó pórtico de entrada al Foro; he aquí de donde proviene la conjetura de que desde este pórtico se bajaba al actual paseo de Sta. Clara, ó dí¬ gase al exterior, sea por medio de una rampa suave, ó por una escalinata; y es de colegir igualmente, que los emperadores ó pretores se dirigirían del palacio al ImpluiHum del Anfiteatro en días de espectáculos por este camino, si bien desde las ventanas del ángulo oriental del referido palacio (castillo de Pílalos) podía perfectamente distinguirse cuanto ocurría en la área del Anfiteatro, al que dominaba á grande altura. Subiendo del paseo de Sta Clara al de S. Antonio se pasa á tocar el referido ángulo, que es romano con puro, y en el rincón que forma con la muralla moder¬ na se vé una puerta semicircular, tapiada, por donde .se entraba á la bóveda septentrional del Circo como dijimos antes; muchos años atrás era una de las entra¬ das de la ciudad y se denominaba Puerta del Rey. An¬ tes que los franceses volasen en 18l3 el Castillo del Rey, hoy de Pilatos, existia allí una gran torre cua¬ drada, romana, y otros restos de la misma época que desaparecieron en la explosion, pero se distinguen en el suelo los vestigios délos cimientos. En este punto comienza á descubrirse la muralla, ciclópea, la cual continua hasta haber dado vuelta á la ciudad alta y desciende luego hasta la puerta de Lérida en donde se pierde otra vez. —118— Ailles de recorrer esla extensa cortina de muralla conviene hacer algunas observaciones importantes, asi por lo que se refiere á la construcción ciclópea como á la romana, tá fin de dar mayor claridad á la descrip¬ ción. Es curioso observar, en corroboración de que los constructores del muro ciclópeo eran estranjeros veni¬ dos por mar y enemigos de los indígenas, que en toda la fortificación que miraba á la parte déla marina no hay ni ha existido jamás torre alguna saliente; por el contrario en la dilatada línea de defensa que corres¬ ponde al interior del pais, ó á la parte de tierra las torres eran numerosísimas, según relación de F'ons de Icart, prueba de que estas formidables construcciones militares se habian levantado contra los naturales del pais. Por lo común cada torre flanquea una puerta, asimismo ciclópea. La segunda observación es, que durante el largo período de la ocupación romana fueron restauradas cuando menos tres veces las murallas de Tarragona; asi que son tres diferentes los sistemas de construc¬ es ción que seven en ellas indicando cada uno un período diferente. El primero se refiere al arribo de los Sci- piones á España, cuando ocuparon esta ciudad, eli¬ giéndola como centro y punto de apoyo de sus opera¬ ciones militares, cuartel de invierno y depósito de municiones: era necesario tenerla convenien¬ por tanto temente disposición de resistir un golpe fortificada y en de mano. Estos generales, á lo que parece, encontra¬ ron ya amurallada la ciudad, parte con el recinto ci¬ clópeo, y parte con la muralla almobadillada cons¬ truida por los iberos: una y otra fortificación se ha¬ llaban á la sazón en malísimo estado, y concibieron entonces el feliz pensamiento de reedificarlas. Fueron tan considerables las obras que hicieron para esta res¬ tauración, que dio motivo á Plinio para decir, aunque hiperbólicamente, que Tarragona era fundación délos Scipiones. De este período queda ya muy poco, á -no- causa de las injurias del y de las ruinas su¬ tiempo cesivas que ha sufrido la ciudad desde la venida de aquellos célebres caudillos. La sepunda reslauracion de eslas fortificaciones corresponde al emperador Au¬ gusto, al cual se atribuye el ensanche y hermoseo de la ciudad que le albergó durante lanío tiempo: de esta época, pues, son la mayor parle de los muros romanos mejor conservados. La tercera reparación se cree data del tiempo de Trajano y Adriano cuando este último emperador á semejanza de Augusto estuvo enfermo en Tarragona y residió en ella por espacio de muchos meses: entonces nombró á Calpurnio Flaco prefecto de los muros y de los templos para cuidar de su con¬ servación, según la explicación de Pons de Icart acer¬ ca de la lápida siguiente descubierta en esta ciudad: CALPURNIO P. F. OVIR. FLACCO FLAM. P. H. C CVRATORI TEM PLI PRAEFEC. MVRORYM COL. TARR. EN I). D. CALPVRNIVS. FLACCVS HONOREM ACCEPIT IMPENSAM REMISIT. Ultimamente nos resta advertir, como prueba evi¬ dentísima de la robustez de la construcción ciclópea, que los romanos no obstante de ser muy celosos de la solidez de sus monumentos públicos, aceptaron como cimiento de su muralla la ciclópea, edificando inme¬ diatamente sobre ella en el mismo estado en que la encontraron: á esta circunstancia, pues, debemos no solo la conservación de aquella obra gigantesca, sino también el conocimiento de su estado ruinoso ya al tiempo de la venida de los conquistadores del mundo á España. Hechas estas observaciones proseguirémos el — 120 — corso, momenláneanieale inlerrumpido, subiendo ha¬ cia el paseo de S. Antonio. A la mitad de este paseo, entre el baluarte de Ca¬ denas y el de S. Antonio, antes de llegar á la puerta del mismo nombre existe una de las entradas primiti¬ vas á esta ciudad. Esta notable puerta se comppne de seis robustos y toscos pedruscos que forman las jam¬ bas, y otro gran peñasco atravesado encjma (jue consr tituye el dintel. Actualmente se baila tapiada, y nq puede examinarse por la parte interior, pero se nos figura será igual á la del Rosario, que en -breye ten¬ dremos ocasión de describir. Este lienzo de niuralla ciclópea continuab., hasta e] baluarte de S. Antonio en donde primitivamente ocu¬ pó su lugar una torre del mismo género, que flanquea¬ ba el ángulo formado por aquel lienzo y el que mira al Septentrion hasta encontrar la torre ciclope-romana de S. iMagin. El basamento de este muro es ciclópeo, como queda dicho, hasta unos dos metros de altura: lo restante hasta su coronamiento es romano sin mez¬ cla ni restauración alguna estraña ó de diferente época. A (in de que el arqueólogo pueda formarse un ver¬ dadero concepto de lo que estamos esplicando sería muy conveniente que se proporcionara un permiso para entrar en el recinto fortificado exterior, que ciñe esta parte de muralla antigua, denominado Falsa-bra¬ ga, cuya entrada se halla al extremo de. la cqlle de Puig dea Pallas CO,nacida por la Í'íierta del Socar,ro.. Supuesto el permiso acompañaremos al curioso viaje¬ ro en esta interesante: escursion. En los mas antiquísimos tiempos, al erigir los pplas- gos. la Acropolis ciclópea en la parte mas culminante de la colina de Tarragona, construyeron allí una aber¬ tura que á manera de puerta de socorro moderna, permitía salir de este recinto sin necesidad de comu- — 121 — nicarse el interior de la población. Los romanos con imitando las costumbres militares de sus antecesores habian establecido su Arce ó cindadela en donde exis¬ tió a()uelia Acrópolis, según dijimos anteriormente, y durante los primeros tiempos de la ocupación se sir¬ vieron de la citada puerta ciclópea dándole el mismo uso; pero en la época del emperador Adriano, abrieron otra saiida en el muro septentrional, la al pre¬ que sente subsisto el en mejor estado de conservación. Tradiciones que consideramos verídicas aseguran que los árabes se utilizaron de esta puerta con el mis¬ mo objeto, la época de la restauración cuan¬ y aun en do los cristianos se apoderaron definitivamente de esta ciudad, la rebabililaion, según acreditan los restos que quedan. En tiempos mas modernos, durante los reina¬ dos de Felipe IV y Felipe V, al construirse la Fa'sa- óruí/a se tapió esta puerta romano-gótica, volviendo á utilizarse la ciclópea (|ue defendieron con ladroneras y matacanes: así sirvió basta los tiempos modei nos en que otra vez fue condenada abriéndose un rastrillo en la puerta romana, boy Puerta del Socorro que vamos á atravesar. El arco que forma en el interior esta puerta es oji¬ val y demuestra, según dijimos, el uso que tuvo en la edad media: la muralla interior ([ue sostiene es tam¬ bién de la misma época, y se edificó aprovecbando los sillares y otros restos romanos pertenecientes á al¬ guna ruina contigua. Examinada esta puerta por el exterior, se vé que los arquitectos del tiempo de Adria¬ no apoyaron ambas jambas sobre dos enormes peñas¬ cos del muro ciclópeo, que la sirven de base, y la cer^ raron con dos arcos superpuestos y aun otro tercero formado por los sillares apuntados en ángulo obtuso, exceso de precaución para sostener el peso del muro que allí gravita. Una vez colocados en la Falsa-braga pasarémos á examinar sin estorbo todo el lienzo septentrional, que —m— hemos abandonado por un monienlo, el cual se halla entre el baluarte de S. Antonio y la torre de S. Magín; en este resto puede el arqueólogo de una sola mirada distinguir fácilmente las épocas ó construcciones de los diferentes períodos que dejamos indicados, es á saber, la ciclópea ó pelasgica que forma el basamento del muro y de la torre adyacente; la obra romana del tiem¬ po de los Scipiones, que aunque muy maltratada forma el coronamento de dicha torre; la muralla correspon¬ diente al segundo período ó del tiempo de Augusto des¬ de la torre, á qne está solamente adosada pero no uni¬ da, hasta la puerta romana hoy puerta del socorro, y desde ella inclusive hasta el baluarte de S. Antonio que es lo perteneciente á la tercera época romana ó de Adriano. Los sillares que componen la muralla de los Scipio¬ nes son de gran magnitud y ligeramente almohadilla¬ dos: se conoce que las torres serían á la sazón mas altas que el muro, puesto queen el coronamento siguen las hiladas hacia el interior hasta formar un cuadrado perfecto ó cuatro caras; pero al reconstruirse los mu¬ ros en tiempo de Augusto se elevaron estos à mayor altura hasta igualarlos con las torres, aproximándolos áellas, aunque sin unirlas dos construcciones: en con¬ firmación de lo dicho obsérvese que las hiladas de la torre, compuestas de sillares mucho mayores que los del muro, continúan hácia el interior, con una separa¬ ción muy notable. Los sillares del tiempo de Augusto son por lo regu¬ lar muchísimo prolongados que altos; sus almoha¬ mas dillas son sumamente realzadas y se hallan colocados en seco, y sin gran cuidado en la union de uno con otro. Los sillares de la tercera época son cuadrangulares, por lo común trapezoidales, de buenas proporciones y de un trabajo de cantería excelente; sus aristas están cortadas perfectamente en ángulo recto, por cuyo mo¬ tivo los sillares se hallan tan unidos unos con otros, que — 123 — «n bien conservados dificilmente podria ha¬ los punios llarse unagrieta por donde pudiera penetrar la hoja de un cortaplumas: desgraciadan)ente la piedra de que est<án formados los sillares de esta última época es caliza y de poca dureza, razón porque gran parte de ellos están sumamente carcomidos y muy desgastados; sin embargo estemuro que cuenta quince siglos pro¬ mete aun durar otros tantos. Junto á la puerta existe la union de los dos maros, y así en la diferencia de la piedra, de distinta cantera, como en la de construcción, y en el escalonamiento de los sillares se puede obser- var la prioridad del muro de la segunda época al de la tercera. La turre cíclope-romana de S. Magín se halla en el punto mas elevado de la ciudad, y desde ella se abar¬ cado sola ojeada la dilatada can)i)iña á la izquier¬ una da que comprende gran parle del feráz Campo de Tarragona por el que serpentea como una cinta de pla¬ ta el manso rio Tulcis, boy Francolí. Una série de co¬ linas escalonadas, ramificación de la áspera cordillera de Prades interrumpe la vista de la vega por el frente, y por la derecha se divisa un país montuoso bañado por el Mediterráneo hasta inmensas distancias. Esta torre, pues, es un verdadero punto estratégico, una atalaya desde donde un solo centinela puede vigilar por mar y por tierra cualquiera invasion; y eslá fuera de duda que la construcción pelásgica se comenzó por aquí como hemos dicho en otra parte. En este mismo monumento existen dos restos impor¬ tantísimos dignos deestudiados; restos que tal vez ser contribuyan á esclarecer algo la espesa niebla que cu¬ bre la historia del pueblo que erigió tan colosal obra, verdaderamente titánica. En uno de los grandes pe- druscos colocados en la parle mas elevada de la torre se vé toscamente esculpida una cabeza, al parecer de mujer, de grandes proporciones, cuya cara redon¬ da, nariz aplastada y abierta en su base, y labios be- — 124 — zos ahuilados, dan nianiíieslos indicios de la raza ín¬ y dica, á la que quizá perlenecian los conslruclores. Una bala de cañón durante el sitio de e^la ciudad en 1811 se llevó casi toda la frente y parte supeiior de esta cabeza. El otro resto no os menos significativo é igualmen¬ te esculpido en otrode los pedruscos anguiaies de la misma torre; consiste en tres cabezas saliente.s, casi del tamaño natural, reunidas las tres en un solo tron¬ co; lo tiene mucho contacto con las cos¬ que nos parece tumbres indo-persas en la multiplicidad de miembros de sus divinidades, queriendo tal vez lepresenlar en este grupo la célebre trinidad mitríaca, oriunda de la India. Estas cabezas están sumamente corroidas por la intemperie, y una de ellas se desprendió, proba¬ blemente hace algunos siglos, pero ha dejado la señal de su existencia en la piedra al lado de sus compañe¬ ras. Llamamos la atención del observador .sobre estos únicos vestigios de escultura que subsisten en todo el muro ciclop. o, en el que, según hemos repetido, no se vé otra señal de herramienta. Al lado izquierdo de esta torre y junto á ella existe la puerta ciclópea de que hablamos antes; al presente se halla muy desfigurada por haberse ensanchado du¬ rante las guerras de succesion, cuando utilizándose de nuevo se la denominó l'iierta del Carro: en el hueco que dejó al tapiarse á últimos del siglo pasado se eri¬ gió la capilla de S. Magin que ha dado nombre á la torre; aun subsisten en el interior cubiertas de un ta¬ bique las puertas, cuya madera está bastante carcomida. Desde esta torre à la que sigue llamada del Capiscol hay ,en el muro tantas restauraciones que es difícil pre- cis-ar la época de ellas, porque toda la muralla es un rtómiendo; esto pone de manifiesto que en otros tiem¬ pos era aquel punto objeto de los ataques de los ene¬ migos que asediaban la ciudad: á pesar de lo dicho no debemos dejar olvidado un gran fragmento de muralla —125 — ciclópea incólume en loda ¡a altura primitiva, compro¬ bada por otro trozo unido á la torre del Capiscol y aun la torre misma, por su l^uen estado de conservación. Algunos opinan que originariamente era mayor la al¬ tura de ellas y que los romanos las rebajaron al cons¬ truir la muralla encima; pero esta hipótesis es tan di¬ fícil de probar como de impugnar. La torre ciclópea del Capiscol tiene una semejanza absoluta con la de S. Magin, y flanquea como esta otra puerta ciclópea, sobre la que se apoya un gran trozo de muralla romana del segundo período restaurada en tiempo de Adriano. En el coronamento de esta bay un antepecho ó pretil de construcción árabe adornado de almenas y adarves, fabricado todo de pared de tapia distinguiéndose perfectamente las saeteras y otras de¬ fensas propias del siglo á que corresponden La fortificación en este punto describe un pequeño ángulo obtuso saliente, y desde luego se descubre en loda su integridad un bellísimo lienzo de muralla ro¬ mana de ta segunda época ó del tiempo de Augusto, que terminando en la torre llamada del Arzobispo sirve de defensa á otra puerta ciclópea que tiene á su derecha, igualmente bien conservada. El Palacio del Arzobispo se baila apoyado contra esta muralla, en la que se han abierto ventanas al exterior. Es digno de observar que en la mayor parte de los sillares de esta muralla hay profundamente esculpida, en grandes pro¬ porciones, una de las letras del álfabelo ibérico, ó des¬ conocido, y el mayor número de estos sillares existe junto á la torre del Arzobispo, y va disminuyendo á proporción que se aproxima á la del Capiscol basta desaparecer del todo: mas adelante emilirémos nues¬ tro juicio sobre esta notable circunstancia. La torre del Arzobispo tiene, al igual que las descri¬ tas, el basamento ciclópeo y la construcción restante pertenece al siglo XII en que se edificó el castillo del Paborde. Para su fabricación se emplearon los mate- — 126 — ríales de ruinas anleriores, sobre todo romanas: es de una respetable altura, y se halla coronada de almenas y ladroneras al uso de aquellos tiempos, con aspilleras y saeteras en sus cuatro costados, formando el techo de la torre una magnífica y elevada bóveda ojival. También es de sumo interés el lienzo que sigue á la torre arzobispal pues comprende oiro trozo de muro ciclópeo que como el ya descrito conserva toda su pri¬ mitiva altura, y allí debe el curioso meditar de qué medios mecánicos se valdrían los constructores para elevar á tanta altura las inmensas peñas de que se compone, y que hoy á pesar de nuestros perfecciona¬ dos é ingeniosos sistemas de locoraocion, difícil no.« i fuera manejar aquellos peñascos: colígese obstante no que usarían el sencillísimo pero lento método de los j planos inclinados empleando la fuerza bruta; pero á pesar de lodo, muy numeroso y potente debía ser el pueblo que acometió tamaña empresa en realidad titᬠnica. Está interrumpida bruscamente esta muralla por una restauración moderna, pero todavía subsiste una puerta ciclópea, y es de suponer que según costumbre existiera á su lado otra torre análoga à las descritas. Nada mas de notable ofrece la fortificación, hasta pasado el baluarte de Sta. Bárbara ó Fuerte negro, j desde cuyo punto hasta el rastrillo del Rosario ostenta toda su hermosura y robustéz un magnífico trozo de muralla ibérica, perfectamente conservada, del mismo género de la que acabamos de hablar, y de la que des¬ cribimos al recorrer la calle Bajada del Rosario, pero mucho mas considerable en el trozo que nos ocupa y en mayor integridad. En éste al igual que en aquellas cada sillar tiene profundamente esculpida y también en grandes proporciones una letra del alfabeto ibérico, debiendo advertir que no forman dicción ni lectura al¬ guna; unas están repetidas ó alternadas caprichosamen¬ te y otras invertidas, por lo que sería tarea árdua adi¬ vinar el objeto que en ello se propusieron los construc¬ tores. —127— Los sillares son de figura rectangulary almohadillados como los rotéanos; pero el sistema de construcción es distinto, supuesto que las hiladas en esta son paralelas y siguen la inclinación y las sinuosidades de la roca de la colina encima de la que se apoya; al contrario de la romana que busca siempre el nivel, ya por medio de despiezos y ya disminuyendo progresivamente la altura de aquellos á proporción que sube el terreno. Es de creer que los romanos trataron de imitar en parle esta construcción al aprovechar la muralla arruinada, eri¬ giendo la suya con las ruinas que allí encontraron, la¬ brando los sillares que les faltaban á imitación de los ibéricos, pero sin letras. Üa motivo á esta conjetura el ver en la muralla romana del Palacio Arzobispal con¬ fundidos, según hemos dicho, los sillares romanos con otros ibéricos; y como junio á la torre del Arzobispo hay mayor niimero de estos últimos, de inferir es que existiria allí mas cantidad de ruina aglomerada al res¬ taurarla los romanos, debiendo suplir la falta de los iberos á proporciou que se aproxima á la torre del Ca¬ piscol al N. en donde desaparecen estos completamente. Prueba además una restauración é imitación posterior, la circunstancia de que los sillares con letras abundan mas en la parte inferior de la muralla que en la supe¬ rior ó coronamento. Son importantísimas y de grande interés estas observaciones para la historia de España anterior al periodo de la ocupación romana; y recor- darémos aquí nuestra opinion, emitida anteriormente, de que los cai tagineses no ocuparon Tarragona ni aun las costas marítimas desde el Ebro á los Pirineos; lo contrario inferiría grave ofensa á la memoria del una prudentísimo Anibal, considerándole tan imprevisor que á sabiendas abandonara á merced de sus enemi¬ gos ( no ignorando que con sus naves se bailaban ya en camino para España) una plaza marítima y bien forti¬ ficada, de tanta importancia como Tarragona. También sería inexplicable la conducta de Anibal si fuese cier- — 128 — lo que Barcelona, de origen púnico, se hallaba en po¬ der de los cartagineses, porque á ser asi, ^-cónio se es- piicaria, supongamos, que Cuco Scipion al recorrer las cosías catalanas no encontrara en sus apostaderos una sola nave enemiga, ni en su territorio un solo sol¬ dado cartaginés que se opusiera á su d 'sembarco? ¿Qué se hicieron, pues, y en dónde se hallaban las galeras de Asdruhal que debian secundar los movimientos de las tropas de tierra, y aun el ejército de llannon desti¬ nado expresamente, según Folibio, á tener sometidos à los catalanes, no muy afectos á los cartagineses, y â impedir la agresión de los romanos? Nada de esto cons¬ ta; y por tanto, de estas observaciones deben deducirse tres consecuencias históricas inleresantisimas: primera, que no es exacto cuanto dicen los cronistas sobre la di¬ vision del ejércilo de Anibal en dos secciones al pene¬ trar en Cataluña, ocupando una de ellas la costa ma¬ rítima, sino que por el contrario, unido y compacto la atravesó por la alta montaña en dirección al Pirineo dejando para su custodia á llannon en Ci.ssa (Guiso- na): segunda, que Barcelona, ciudad indígena, no te¬ nia entonces consideración alguna, pues ni siquiera la mencionan las historias contemporáneas; por consi¬ guiente debe considei'arse una fábula lo de sus célebres murallas cartaginesas: último, y por que Tarragona habiendo sido antes una ciudad de mucho valer é im¬ portancia capital de la Cosetania, por circunstan¬ como cias que .se escapan á toda indagación se hallaba en la época de la segunda guerra púnica en un estado de decadencia notable, lo cual comprueban ciertos indi¬ cios descubiertos en las excavaciones de esta ciudad, cuya explicación de este-momento. En resúmen, no es todo á demostrar que concurre Anibal no conoció la parte baja de Cataluña. En el centro del muro ibérico que estamos descri¬ biendo, y que ha dado lugar á la anterior digresión, se observa un gran boquete ó brecha restaurada mo- —120— dernamenle, que présenla lodo el aspeclo de haber sido abierla con el árlele en su parle baja ó basamenlo, fal¬ lándole el cual riño abajo el muro superior, á excep¬ ción de las dos hiladas del coronamenlo que apun¬ tándose al caer formaron un arco basta dejar el boquete en figura circular. En este punto termina la fortificación contenida en el recinto de la Falsa-braga y lo que sigue está risi¬ ble á todas horas y sin necesidad de permiso. Lo primero, pues, que debe llamar la atención del arqueólogo es la puerta ciclópea que se baila junto á la moderna del Rosario; este monumento, sin duda el mas antiguo de España, merece una particular des¬ cripción. El aspecto exterior que presenta á primera rista es mas bien el de un corredor que el de una puer¬ ta; sus proporciones rerdad bien exiguas, tanto, son en que apenas podria pasar por ella cómodamente un hom¬ bre á caballo: esto nada tiene de estraño, porque en los antiguos tiempos procuraban hacerlas tan reducidas como era posible, á fin de poderlas cerrar y defender mas fácilmente. La altura ó vano de esta puerta desde la peña viva en que se apoya basta el dintel mide so¬ lamente 2.™ Í6.cy la anchura ó luz desde unaá otra jamba es de l.m 4fi.c La longitud de este corredor (que comprende todo el espesor del muro ciclópeo) es de b.m 11,c: forman las paredes laterales, la de la dere¬ cha once grandes pedruscos superpuestos y doce la de la izquierda, sin cal ni argamasa de ningún género que los una, sostenidos solo por su propio peso. El techo de este corredor ó puerta lo constituyen cuatro inmen¬ sos peñascos, tan toscos como toda la construcción. Dos reflexiones ocurren naturalmente al penetrar por esta puerta; la una es: ¿de dónde sacarían los cons¬ tructores el inmensísimo material para la erección de estos muros, cuando en todas estas inmediaciones no 10 —130— existe cantera alguna explotada? y segundo ¿cómo se manejarían para cerrar estas entradas en momentos de peligro, atendido que no se observa en ellas batiente, eje, ranura, ni vestigio alguno que revele haber exis¬ tido allí en ningún tiempo puerta labrada sea de ma¬ dera, que era lo mas sencillo, ó de piedra según se vé en la pnerta del mismo género que se conserva en la antigua Tirynlo en la Argólide? Desde luego se co¬ lige que por medio de planos inclinados, con rastras y empleando la fuerza material, según dijimos, subi¬ rían los peñascos de la llanura á la cresta de la colina; pero queda siempre subsistente la duda, de dónde se sacaron estos, cuando para ello necesitaban por lo me¬ nos vaciar una montaña. Con respecto á lo segundo, opinamos que debían cerrarlas obstruyéndolas con troncos de árboles ó arrimando otras piedras, pero lo¬ dos estos medios eran lentos, imperfectos é ineficaces, sobre todo atendida la clase de gente que debian com¬ batir, siempre vigilante y dispuesta á imprevistos ata¬ ques, como que vivia en las inmediaciones y tenia un interés en arrojarles de su territorio. Sin embargo, no deja de formar gran contraste esta rudeza y la de la construcción, que demuestra toda la sencillez primiti¬ va, con los conocimientos estratégicos puestos en prác¬ tica en la colocación de sus puertas junto á las torres, y cierto arte en el sistema de fabricación que revela no vulgares conocimientos militares; en esta contra¬ riedad de principio se pierde la imaginación, y con¬ sideramos que será siempre un misterio impenetrable su estudio, como lo es el conocimiento de la época fija de estas construcciones y la indole y procedencia de los que las erigieron. En la época romana esta puerta ciclópea fué con¬ denada y se hizo pasar por delante de ella, casi hasla cubrirla enteramente, el acueducto que desde la parte alta conducía el agua á la ciudad baja; precisamente lo mismo sucede hoy por haberse aprovechado parte de — 131 — la antigua obra. En el siglo pasado el hueco de esta puerta se habilitó para cisterna, y á fin de que se adaptara el betún en los pedruscos que la forman se rebajaron á pico, y despues de veinte siglos de estar cerrada volvió á ver la luz del dia á mediados del año 18S8 en que se abrió al público. A poca distancia de esta puerta el muro ciclópeo se oculta detrás de la muralla moderna para reaparecer pasada la puerta de S. Francisco entre esta y el ba¬ luarte de S. Pablo. En esta misma cortina de muralla entre las puertas del Rosario y de S. Francisco hay una torre cuadrada moderna que probablemente re¬ emplazó á otra ciclópea y en la parte alta de ella y junto á un balcon se vé la mitad de una lápida que hemos restaurado de esta manera; L. LucRAEClO L. F. MONTANO SeVIRO. MAG. Larum AVGVSTALl L. LucRAEClO. A pocos pasos antes de llegar á la puerta de S. Fran¬ cisco se ven todavía en el suelo los cimientos ó em¬ plazamiento de una torre romana que flanqueaba el ángulo occidental del Circo llamado Oppidum. En esta robustísima torre que en lo antiguo se llamaba la Torre grasa cayó un rayo durante la noche del 13 de Setiem¬ bre de 1700, é inflamó toda la pólvora y granadas rea¬ les que se tenían allí depositadas. Es imponderable el estrépito y los estragos que causó la esplosion, pues dejó completamente asolado el convento de PP. Francis¬ cos, mas de la mitad del de los Dominicos y todas las calles contiguas; murieron entre sus ruinas muchos religiosos y seculares y hubo multitud de heridos. — 132 — Desde este punto se distingue en panorama casi todo el Campo de Tarragona, por cuyo centro serpentea como dijimos el rio Francolí; y remontándonos en ima¬ ginación á la época romana, debemos considerar que lo que al presente es vega de esta ciudad y campos lle¬ nos de verdura y arboleda, era entonces un caserío in¬ menso destinado á albergar la población plebeya, y que llegaba hasta el pie del muro. Esparcidos por la ex¬ tensa llanura existen en gran número los pueblos, que en su origen fueron sin duda olios tantos pagos, vicos, alquerías ó cómodas viviendas de placer y de la¬ branza de los ricos habitantes de Tarragona. La des¬ tructora irrupción de los Germanos en el siglo tercero por una parte, la poco grata visita del "VVisigodo Eu¬ rico en el quinto por otra, y la decadencia progresiva de la antigua Metrópoli de la España Citerior á la caí¬ da del imperio romano en occidente, fueron causas su¬ ficientes para precipitar la ruina de la ciudad plebeya cuyos frágiles edificios, evidentemente mas débiles que los grandiosos monumentos romanos que descollaban . en la parte prominente de la colina ya recorrida, no pudieron resistir á tan poderosos elementos de des¬ trucción. Si á lo manifestado se agrega el continuo la¬ boreo de los campos durante el transcurso de centena¬ res de año.s, no se estrañará que apenas queden ves¬ tigios de una población, que por lo numerosa y rica, mereció los encómios de los geógrafos y escritores de la antigüedad. La cortina de la muralla á la izquierda de la puerta de S. Francisco hasta el baluarte de S. Pablo subsiste como la restante cimentada en el muro ciclópeo. En este punto el terreno hace un resalto, y á últimos del siglo pasado se veía en el espacio que media entre el citado baluarte y el de Orleans la prosecución de aquel muro con restos de las torres salientes, cuya minu- — 133 — ciosa descripción hace Pons de kart en sus Grandezas de Tarragona. En el año 1821, cuando se regularizó la forlificacion del Puerto, echóse mano de los peñascos ciclópeos para la construcción de la nueva muralla, y hoy se distingue todavía en la contra-escarpa del foso una linea de ellos toscamente amontonados hasta el punto donde se introduce la acequia del Bech Majó á la ciudad. Entre la puerta de Lérida y la citada ace¬ quia se encontraron entonces, al buscar la roca de la colina para apoyar la muralla moderna, dos sepulcros abiertos en peña viva enteramente iguales á los de Olérdula y, como ellos, en dirección de Oriente á Occi¬ dente: estos sepulcros es de creer pertenecerían á los constructores del muro ciclópeo, pues se hallaban en el interior y a! pie del mismo, cubiertos al presente de una de tierra. gruesa capa La modernapuerta de Lérida ocupa el mismo lu¬ gar de otra mas antigua que Pons de kart menciona flanqueada por dos lortes ciclópeas en la via ó camino de Sagunto. En la pared del cuerpo de guardia de di¬ cha puerta hay incruslrado un fragmento de lápida que dice: L. BAEVIV SEGILV. . . BAEBIA. L. L. P. B. . . . Entrando por la puerta de Lérida lo primero que se ofrece á la vista es una fortaleza ó castillejo mo¬ derno llamado Fuerle Real, cuya situación próxima al corte perpendicular de la colina, que en este punto tiene una considerable altura, permite dominar la par¬ te baja de la ciudad, ó sea población del puerto, cons¬ truida durante el presente siglo en una extensa lla¬ nura que se ha ido formando de los aluviones que ha dejado el mar al retirarse y las tierras, guijarros y broza que arrastra el rio Francolí en sus avenidas, Este -134- rio en loantiguo lamia la colina del Fuerte Real; pero hoy habiéndose llenado de piedras y arenas su anti¬ guo cauce ha ido ladeándose hácia Occidente, y su alevo dista mas de un kilómetro de la ciudad. En el punto que ocupa el mencionado fuerte hubo en épocas anteriores un lujoso templo, cuyas ruinas subsisUan en tiempo de Pons de Icart, quien las des¬ cribe de esta manera: «En la viña que agora se dice de Francisco de Mon- »serrate existian unas columnas según afirman mu- »chos que las han visto, se entiende claramente como «el mar estaba bajo en lo hondo, y los muros (ciclo- «peos ) de la ciudad passa van poco mas abajo de dichas «columnas que allí estaban corinihias bien labra- muy «das, las quales cayeron por un terremoto no ha cin- «quenta años (1520 ), según soy informado de mi pa- «dre, demi suegro y de otras personas antiguas que »me han mostrado el lugar donde las vieron derechas »y en donde hay ruinas de grandes edificios y no se «sabe qué era.» Estas columnas, sin duda, peiienecian á un templo de Nepluno; tal por lo menos hace sospecharlo un gran trozo de mosaico que se descubrió en 1800 casi á to¬ car conla acequia Maytr á pocos pasos de aquella fortaleza: en él se hallaban representados con sus pro¬ pios colores y de tamaño regular varios peces con tal propiedad, que era fácil distinguir sus especies; igual- ; mente se veía la parte inferior de una persona cuyos pies y piernas figuraban estar metidas dentro del agua suponemos sería Nepluno por los restos de un tridente i que llevaría en la mano derecha. Este mosaico se en- | conlró en la misma orilla del despeñadero, y la otra mitad que faltaba se derrumbó, sin duda cuando el terremoto de 1S20, de que habla Pons de Icart, des¬ plomó parle de la colina en que se apoyaba el mosai¬ co y acaso las columnas descritas, arrastrándolo todo en su caída al fondo en donde batia el mar: al des- -135- embarazarse aquel terreno en 1861 vimos no solo los fragmentos de la roca desprendidos de su matriz, sino también trozos de robustas paredes de construcción ro¬ mana caidos de lo alto. Si nos colocamos al pié de las murallas del Fuerte Real dando frente à Mediodía, podrémos de una sola mirada apreciar la posición natural de todos aquellos terrenos, á causa de su altura, y se verá que esta colina es la continuación de la misma sobre la que se asienta Tarragona y viene en suave descenso desde la torre ciclópea de S. Magin basta el punto donde nos encontramos, corlándose de pronto y perpendicular- mente á nuestros pies. Se observará igualmente, que la colina se prolonga á la izquierda basta introducirse en el mar po/ medio de una larga cala; y debe su¬ ponerse que los aluviones arrastrados por la corrien¬ te del Francolí á la derecha formaban otra punta sa¬ liente hácia el mar, con lo que quedaba una ensenada en forma de media luna, que constituía un puerto na¬ tural abrigado de los vientos del primero, tercero y cuarto cuadrantes; he aquí, pues, el golfo de que ha¬ bla Estrabon por autoridad de Artemidoro, no siendo exacto lo que dijo Eratóstenes de que no tenia buen fondo para las áncoras, pues precisamente es esta una de las mejores condiciones de todas estas costas, según los marinos, y en esto estuvo mas acertado el primero de aquellos escritores griegos, demostrándolo el haber sido uno de los puertos mas concurridos y seguros de España durante la época romana desde la llegada á él de los Scipiones con su numerosa escuadra. Que el agua en lo antiguo batia contra este peñasco según hemos dicho, lo comprueba la circunstancia de que al buscar los cimientos para edificar la casa de D. Manuel Compte, situada en la intersección de las calles de S. Magin y Sta. Tecla, n." 1, se encontraron — 136 — fragmentos de una escollera con unas fuertes armellas de bronce destinadas á sujetar las naves; y además los restos de undique de construcción, con unas es¬ caleras que bajaban á su fondo, del cual quedan ves¬ tigios notables en los sótanos ó almacenes subterráneos de dicha casa, siendo uno de ellos un plano inclinado hácia el mar que facilitaba botar los buques en él cons¬ truidos, resto digno de ser examinado y de fácil acceso. Según hemos dicho arriba, el único defecto de la ensenada ó puerto natural de Tarragona es el mismo de que adolecen todas las de estas costas del Mediter¬ ráneo, es á saber, el hallarse desabrigadas de los fu¬ riosos temporales promovidos por los vientos del se¬ gundo cuadrante: este inconveniente lo hicieron desa¬ parecer los romanos construyendo una escollera que á partir de la cala saliente oriental (hoy plaza de Fer¬ nando VII ) corlaba oblicuamente la linea N. S. de di¬ cho puerto, resguardándolo así de los vientos tempes¬ tuosos del Mediodía, conocidos por los marinos bajo el nombre provincial de Müjorn. Esta escollera distaba mucho de parecerse á nuestros muelles, esto es, un camino ó calzada que sale desde el fondo del mar; la formaba por el contrario una larga serie de machones alineados, construidos de un fuerte hormigón hidráu¬ lico colocado en grandes cajas de madera dispuestas unas sobre otras á determinadas distancias hasta apa¬ en la superficie del recer agua, y de uno á otro iba un arco de sillería cuyo conjunto venia á formar un gran puente sumergido en el agua. Con este artificio conseguían tener siempre limpio el puerto de arenas aglomeradas, pues las que arrastraban unas corrientes submarinas las quitaban otras contrarias. Cada machón tenia su correspondiente espolón ó tajamar que mira¬ ba al exterior contra los cuales se rompían los oleajes. Encima de este puente marítimo se hallaban los edifi¬ cios destinados á almacenes ó depósitos, cuya altura resguardaba las arboladuras de los buques de los fu- — 137— liosos vendavales de Levante y Mediodía, consiguien¬ do así la seguridad y comodidad de sus naves en el puerto durante las mayores tempestades. La entrada del puerto, sumamente espaciosa y fran¬ ca se hallaba como ahora situada al Occidente, cuyos vientos amortiguaba la contrapunta formada por la des¬ embocadura del Francolí (Tulcis) dando libre y des¬ pejado acceso y seguro anclage á los buques que como boy venían de arribada ó empujados de los tormento¬ sos levantes desde el puerto de Marsella: en una pala¬ bra; aproxímese un kilómetro el puerto moderno á la colina del Fuerte Real, y se tendrá una imágen del puerto de los romanos y del de los árabes. Los sólidos y lujosos edificios que llenan el vasto terreno desde la calle del Mar á la loma de Capuchinos y desde la calle de Apodacaá la puerta de Francolí, ocupan el mismo espacio en el que se balanceaban dulcemente las ga¬ leras romanas en tiempo de Scipion, de Augusto y de Antonino, y las árabes de Abd-el-Rahman 1.° A mitad del siglo pasado subsistían aun en mar pro¬ funda algunos de aquellos machones debajo de la su¬ perficie del agua, y los buques venian á tropezar con ellos al buscar la entrada de este puerto. En dias de tormenta ó gran marejada aparecían por un momento sus negruscas y mohosas cabezas para ocultarse ense¬ guida, mugiendo como otro Caribdis al estrellarse con estrépito el oleage contra sus robustas moles: así es que en todo tiempo eran de mal augurio para los bu¬ ques que venian á buscar un refugio en nuestro puer¬ to los restos delpuerto romano. En las cartas hidro¬ gráficas estaban señalados estos escollos como peligro¬ sos. Hoy que los aluviones han adelantado mucho, estos peñascos artificiales se hallan en la misma playa, al rompiente de las olas y casi en seco. Hace pocos años iban á visitarlos los curiosos con lanchas y el ma¬ yor, llamado el Farelló { Faro ) porque en tiempos an¬ tiguos se ponia en él un farol durante la noche á fin — 138 — de anunciar el peligro á los navegantes, sobresalía del mar unos tres metros; y mas de una vez hemos obser¬ vado en él distintamente los vestigios que hablan de¬ jado los cajones al petrificarse el hormigón hidráulico de que eran formados aquellos machones. Reciente¬ mente uno de los capitanes del puerto los hizo saltar por medio de barrenos, igualándolos con la arena; sin embargo, pueden todavía examinarse 1res de ellos que se conservan junto al terraplén del Ferro-carril de Va¬ lencia en el antiguo varadero. Durante el dominio de los árabes el puerto de'Tar¬ ragona volvió á tener alguna importancia, á pesar de que ignoramos las reparaciones que se hicieron en él, mas al apoderarse los cristianos de Tarragona decayó otra vez. En los tiempos posteriores á D. Jaime 1.° el puerto estaba reducido á una simple escollera que so¬ lamente alcanzaba desde la casilla de Carabineros á la casa de la Sanidad. El puerto actual comenzó en ene¬ ro de 1790, y hasta su terminación ha sufrido diver¬ sas alternativas. A la derecha del Fuerte Real y en el mismo ribazo del despeñadero á cosa de doscientos metros del mo¬ saico de Neptuno hubo en otros tiempos unas ruinas atribuidas á algun templo antiguo, las cuales se hun¬ dieron cuando el terremoto ya mencionado. En el huer¬ to del Sr. Compte y junto al ribazo, se vé un robusto murallon de sillería de construcción romana, que ha¬ bla pertenecido al puerto. Cuando se desembarazó el dique de construcción, cuyos restos subsisten en la casa del Sr. Calbó, se vió que habla sido cegado por los fragmentos de roca desprendidos de lo alto de la co¬ lina y por restos de paredes pertenecientes á las ex¬ presadas ruinas, y en efecto no deja duda que era un templo dedicado á Minerva el haber encontrado entre ellas una hermosa pira de mármol cuya inscripción su¬ mamente interesante se halla concebida así; — 139 — Q. ÂTTIVS. MESSOR EXllEDRE. CVM FRONTE. TEMPLl MINERVAE. AYG. VETVSTATE CORRVPTO. PER TECTOR. ET PICTOR DE. SVO. REF ET. C. D. Para completa inteligencia de esta lápida y de lo que vamos á añadir, conviene hacer preventivamente sobre ella dos observaciones: la primera es, que por la forma de las letras y por el gusto de esta inscripción se deduce que se esculpió en los buenos tiempos de Roma, es á saber, en el último período de la Repúbli¬ ca ó á los principios del Imperio; y segunda, que las Exbedras de la que aquella hace mención, eran de origen griego, y consistian en unos ante-pórticos ó ga¬ lerías semicirculares, situadas por lo común delante de los templos de Minerva, donde concurrian los poetas, gramáticos oradores para leery discutir sus escritos, y recibiendo allí los plácemes y felicitaciones, ó para ser impugnados por los sabios á quienes consultaban. Es- las Exbedras venían á ser en pequeño lo que despues fueron las Academias y Ateneos. Los Romanos primi¬ tivamente tomaron de los Griegos esta costumbre, pero fué cayendo en desuso luego de introducidas las tri¬ bunas en los Foros, donde su espaciosidad permitía ma¬ yor concurrencia. La inscripción traducida dice: «Que Quinto Atlio Messor (Segador), pintor y retejador restauró á sus ex¬ pensas la Exbedra y Frontispicio del templo de Miner¬ va Augusta, consumido por su vejez, y dedicó la obra á esta divinidad.» De todo lo dicho se colige, que la restauración se hizo á principios del imperio, cuando — Ido¬ los Romanos hacían poco uso de las Exhedras; y que el ser muchisiina la vejéz de este leinplo, el cual se arruinaba por si mismo, ha hecho sospechar á algunos que quizá seria ésle uno de los templos que constru¬ yeron los griegos durante su permanencia en Tarrago¬ na: de todos modos no puede dudarse por el citado testimonio, que en aquel punto existió un templo de¬ dicado á Minerva. La lápida ó pira descrita existe en el Museo. Acaso formarían parte de este templo las ruinas an¬ tiguas que se descubrieron en 18o9 en los solares pro¬ pios de D. Juan Resell, situados entre este corte de la colina y la calle del Gasómetro, antigua via de Sa- gunlo, en los qiie se edificó una manzana de casas de gusto moderno. Á lo que parece, la entrada del tem¬ plo, cuyas eran las ruinas, se hallaba junto á la mis¬ ma via de Sagunto, pues al quitar la tierra aparecieron los vestigios de un gran pórtico ó peristilo compuesto de ocho col'umnas estucadas, de órden jónico, sin ba¬ ses, de gusto griego y entre la ruina se encontraron gran número de medallas de COSE, lamparillas de bronce y de barro, con otros restos antiguos de épo¬ ca indeterminada; pero el hallazgo mas interesante para la historia, verificado en lodos estos terrenos es el que se efectuó á principios del año 1864 de una manera singular y casual que merece describirse. Un vecino de Tarragona compró un reducido solar entre la manzana de del Sr. Rosell y la puerta casas de Lérida con objeto de construir un pequeño edificio. Al abrir las zanjas para echar los cimientos en la leve capa de tierra (apenas un metro ) que cubre la roca de la colina, tropezaron los peones con el orificio de uno de los infinitos pozos que en épocas remotísimas se taladraron en peña viva. Casual fué este descubri¬ miento, supuesto que al practicar la excavación, un poco mas á la derecha ó á la izquierda hubiera pasado desapercibida la existencia de este pozo, como estarán —1-il — ignorados muchisimos'otros, ocultos bajo una capa de tierra de detritus aun intacta que cubre la loma de Tarragona. Este pozo, pues, estaba lleno de ruina y mezclados con ella fueron sacando fragmentos de es¬ tatuas de mármol pertenecientes á varias deidades del gentilismo, de dimensiones muy diferentes y de'distin¬ tos mármoles; trozos de escultura arquitectónica; lᬠpidas romanas; medallas del alto y bajo imperio, mu¬ chas de ellas posteriores á Constantino; preciosos jar¬ ros de bronce; páteras, acetras y otros objetos que demostraban Inexistencia de un templo pagano en este punto. Lo mas importante del descubrimiento fué una hacha goda de las llamadas Franciscas, de dos filos ó cortes, con mango de acero, y además la parte supe¬ rior de un montante, arma que los godos introdujeron en las Gallas y en España. Estas armas y las medallas dichas son un testimonio irrecusable de la época en que se verificó la ruina de la ciudad alta, que denomi¬ namos 'patricia-monumental, ruina que había dado mo¬ tivo á sostenidas controversias entre los sabios, en in¬ dagación de la verdadera época en que ocurrió, apli¬ cándola uno.s, apoyados en Pablo Orosio, á la entrada de los germanos bajo el reinado de Galieno, otros atri¬ buyéndolo á Eurico, y no pocos á ambos períodos; pero el descubrimiento último viene à resolver la cuestión. Nopuede ponerse en duda que Tarragona durante el período romano fué arruinada dos veces; pero á pe¬ sar de nuestras indagaciones y de una esquisita vigi¬ lancia, no hemos encontrado en las excavaciones de la ciudad alta ó patricia otros vestigios que los de una sola ruina. Sentado esto, faltaba resolver si aquella ruina debia atribuirse á los germanos ó á los vvisigo- dos, pero la presencia de las medallas posteriores á Ga¬ lieno, las armas Godas y los vestigios de incendio en¬ contrados en el pozo, nos patentizan que tuvo lugar en la última. Sin embargo, existe de por medio la au¬ toridad de Pablo Orosio, que aun alcanzó ver los tris- — 142 — les efectos de la primera, y esleliistoriador había falle¬ cido mucho antes del nacimiento de Eurico: pensamos por lo tanto que pueden consiliarse todas las opiniones atribuyendo á los germanos la destrucción de la parle baja ó ciudad plebeya abierta é indefensa, respetando por entonces la ciudad alta que se hallaba bien forti¬ ficada y defendida la cual no pudo resistir al sitio pues¬ to en toda regla dos siglos despues por los visigodos, mas civilizados y mejor pertrechados que los germa¬ nos. Todos los objetos mencionados los adquirió la So¬ ciedad Arqueológica y existen en el Museo. El actual gasómetro se levantó en 1858 con los res¬ tos de once robustísimas bóvedas romanas, cuyo ob¬ jeto y destino se había ignorado hasta el presente; no obstante habiendo comparado su sistema de construc¬ ción con vestigios análogos, descubiertos en las otros excavaciones delHerculanoy Pompeya, nos indujo esto á pensar que debían pertenecer á unos Thermas ó ba¬ ños antiguos, confirmándolo su proximidad al mar. No deja duda de que eran romanos la circunstancia de haberse encontrado en una de las bóvedas un gran sillar que cubría pequeño Ikicco lleno de monedas un de Teodosio, Arcadio, Honorio, Valentiniano y Gra¬ ciano. Casi á tocar con la parroquia de capuchinos se halla la casa de D. Salvador Escofet que dá frente á la calle de Apodaca, y al practicar los cimientos para edificarla se encontraron varios restos curiosos unos romanos y otros indudablemente árabes, los cuales se conservan en dicha casa. En la misma calle de Apodaca, en la esquina que — U3 — forma coa la de Santian existe una làpida bien conser¬ vada, notable por hacer mención de un tribuno militar de la legion V Clauda y haber conseguido todos los honores en la Aquitania; dice así: C. AEMILIO. C. F. GAL. FRATERNO PRAEF. F ARRI TRIB. MIL. LEGIO NIS. V. CLAVDJ; FLAMIN. P. H. C HIC. SENSYM EGIT. IN. PROVING GALLIA. AQVITAN P. H. C A pocos pasos de esta lápida y en la misma acera subiendo hácia la ciudad en la casa n." 26 pertenecien¬ te á D. José María Corbella, se encontró otra preciosí¬ sima lápida que actualmente forma parte de uno de los pilares del almacén y la inscripción, en toda su inte¬ gridad dice así: L. CAECILIO L. C. CHARITO NIIS. FIL. GALLiE CIANO. EQYITI ALARENSI. EXs CAR TAG. OMNIRYS. HO NORIRYS. IN. REP. SYA FYNCTO. FLAMINÍ P. 11. C. P. ÍI. C Este Lucio Cecilio Galeciano ó hijo de Galicia fué caballero de Álava en el convento ó chancillería de Cartagena y obtuvo todos los honores de la República. -lid- En casi (odas las casas á derecha é izquierda de ia calle de Apodaca y de la Union se encontraron, al edi¬ ficarse, restos romanos pertenecientes á la ciudad pa¬ tricia que existia en este mismo punto; pero como unos fueron destruidos y otros no están visibles se omi¬ te el mencionarlos; vínicamente dirémos que al cons¬ truirse la casa del Sr, Peig en esta liltima calle, n." 39 se encontró otro pozo profundísimo, y entre la tierra de ruina que lo cegaba aparecieron varias monedas y otros objetos antiguos siendo lo mas notable un busto de bronce que representa un Sileno coronado de hie¬ dra; es de pequeñas dimensiones, pero es un excelente trabajo de escultura digno de figurar en el mejor museo. Cualquiera de las calles transversales de la izquier¬ da descendiendo por la de Apodaca conduce à la gran plaza que ha dejado la explotación de la cantera; y figúrese el asombro que causaria á alguno de los pri¬ mitivos habitantes de esta ciudad, sea pelasgo, griego ó romano si pudiera boy examinarla, al considerar que tuyo su vivienda cien pies mías alta del actual ni¬ vel de la plaza, y cuanta mayor seria su admiración si supiera que toda esta colina ha sido trasladada al mar por mano de los hombres! La poca afición y el descui¬ do con que se han tenido estas excavaciones basta hace muy pocos años, ha sido causa de haber desapareci¬ do mucbisimos objetos arqueológicos de suma impor¬ tancia, especialmente lápidas, las cuales han sido des¬ truidas sin siquiera haberse tomado nota de sus ins¬ cripciones !!! Siguiendo la carretera que de la población baja ó del puerto dirige á Barcelona, se encuentran los ves¬ tigios de uno de los monumentos mas importantes de la época romana en Tarragona; el Anfiteatro. Este edificio, que en todos conceptos era digno de la capital de una de las provincias mas importantes del — 145 — Imperio, fué erigido, según Ja opinion general no des¬ mentida fiasta el dia, durante la época de Augusto, qui¬ zás por Statilio Tauro, cuando pasó á desempeñar el cargo de procónsul en España, á poco de haber ter¬ minado en Roma el primer Anfiteatro que se construyó de manipostería. El Anfiteatro de Tarragona ofrecía la notable cir¬ cunstancia de que una mitad estaba labrado en la peña viva de la colina, á cuyo fin se aprovechó la forma elíptica que esta tiene naturalmente en aquel punto, y la otra mitad se construyó de un hormigón tan duro y compacto, que al practicar en Junio de 1802 los des¬ montes para la explanación del ferro-carril de esta ciu¬ dad á la de Barcelona, que pasa rasante al edificio, buho de emplearse la pólvora, demoliendo con su au¬ xilio parte de los estribos de las bóvedas y fragmentos de estas que se bailaban caldos encima de la via. En nuestras investigaciones arqueológicas hemos ob¬ servado que aun se conserva parte de la gradería la¬ brada en la peña viva, la que al presente se baila cu¬ bierta de tierra vejetal, colocada á bancales, á fin de ocurrir al desnivel ó declive rápido que presenta la co¬ lina y poder ser laboreada; pero á pesar de esta tierra y de lo? edificios, paredes y otros estorbos de que he¬ mos hecho mención, desde el paseo de Sta. Clara que lo domina descubrimos yaá vista de pájaro y en con¬ junto la configuración general del antiguo Anfiteatro. Dijimos que al hacer la excavación para el ferro¬ carril, se hablan encontrado las paredes ó cimientos délos estribos de las bóvedas que sostenían la gradería por la parte del mar, al que se halla inmediato. Estos estribos ó muros conservan una irradiación común des¬ de el centro del área ó arena del Anfiteatro, y por su longitud puede colegirse el número de gradas ó filas circulares de asientos que tenia originariamente ó en su estado de integridad. El Anfiteatro de Nimes, el me¬ jor conservado que existe, tenia treinta v cinco gradas Ï1 :— 146 — Ó filas de asientos; el de Tarragona tuvo á lo que pa¬ rece igual número, divididos probablemente en tres mmianas; la primera ó mas inferior (ima junto al podium y primer prœcincto, guardada por una fuer¬ te reja ó verja de hierro para seguridad de los espec¬ tadores, estaba destinada á los magistrados, senadores y á los patricios, constando de diez gradas que pueden todavia contarse en el corto resto que se conserva. La segunda ó media baila separada de la pri¬ catea que se mera por un pequeño muro de poco mas.de un metro de altura, llamado balíeus, con su correspondiente p-œ- cincto, tendria también diez gradas, de las cuales se conservan los vestigios de cuatro: esta meniana estaba destinada á los simples ciudadanos: la última ó supe¬ rior, summa canea, junto con la galería cubierta en el visorium apoyaba contra el ático; la primera servia se para la plebe (popularia), y para las mujeres la segun¬ da, pero al presente una y otra han desaparecido por completo. Es sabido que la planta de los Anfiteatros describía una elipse mas ó menos pronunciada, y en el que nos ocupa, á pesar de no poderse lomar las medidas con la exactitud debida en razón de los edificios modernos que lo obstruyen, parece que el eje mayor tenia en la arena 93 metros, y 71 cents, el menor: el espesor ó anchura de la gradería, según los cimientos descubier¬ tos recientemente, era de 23 metros. Las dimensiones del ya citado Anfiteatro de Nimes diferian poco de las de Tarragona, pues el área tenia 101 metros de lon¬ gitud por 70 de latitud y 81 metros de espesor el ten¬ dido y galerías. En tiempo de Pons de Icart ( 1570 ) existían, en este punto, aunque derribadas, algunas columnas de orden dórico. La fachada exterior del de Nimes, del que nos hemos valido para la comparación por ser el mejor con¬ servado de cuantos existen, estaba dividida en dos par¬ tes ó pisos, el primero era de orden toscano y el se- — 147 — gundo dórico, por lo que no seria estrado que estos monumentos hubiesen sido copiados uno de otro. La disposición topográfica de la colina, que formaba las dos terceras partes de la circumferència ó períme¬ tro del Anfiteatro de Tarragona, hacia innecesario el prodigioso número de galerías interiores y escaleras de comunicación que existe en el de Niines, supuesto que en todas las alturas de la gradería podían estable¬ cerse salidas al exterior, sin mas escaleras que las ne¬ cesarias para facilitar la comunicación la particular de gradería de cada cúneo por los corredores ó precinctos que dividían las menianas: de manera que al contra¬ rio de los demás monumentos de este género, la en¬ trada general no se hallaría, como era regular en la planta baja sino en la plataforma, visorio ó terrado que venia rasante casi con el nivel del piso de la ciudad, bajando desde allí los concurrentes á los cúneos in¬ feriores; debe suponerse sin embargo, que tendrían practicadas en cada precincto de las dos primeras ca- veas, entradas particulares, según lo permitiría el de¬ clive de la colina. Otra particularidad tendría este Anfiteatro debida á su situación con relación á la ciudad, y es que á los habitantes de los edificios particulares que coronaban la loma en el punto donde hoy se halla el convento de Sta. Clara, les era fácil sin separarse de sus casas, pre¬ senciar cuanto sucedía en la área ó arena en días de espectáculos,y los emperadores ó pretores podían igual¬ mente desde el ángulo oriental de su palacio ( castillo de Pílalos) presenciar á un mismo tiempo los juegos y corridas del Circo y las luchas de fieras y combates de gladiadores en el Anfiteatro, aunque funcionaran á la vez, y esta circunstancia lo hacia original en su clase; y be aquí la razón tal vez, de que á pesar de ser el menos conservado de todos han hecho siempre los arqueólogos especial mención del Anfiteatro de Tar¬ ragona. - 148 — Al expulsar á principios del siglo XII á los sarra¬ cenos de esla ciudad, se trató desde luego de santifi¬ car la arena que habia recibido la sangre de innume¬ rables inárliles que la hablan derramado en confesión de la fé de Jesucristo, contándose entre este número al santo arzobispo de esta metrópoli Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. Los templarios pues, de¬ moliendo los restos del Anfiteatro construyeron con ellos su Priorato y el templo bajóla invocación {no sabemos por qué) de la Virgen del Milagro, cuya de¬ nominación ha alcanzado hasta nuestros dias. Cuando en IJIO fué disuella la órden de los tem¬ plarios, los reemplazaron en la iglesia y convento los Trinitarios descalzos; pero á mediados del último siglo subieron estos á la ciudad, y el Gobierno destinó á cuartel del presidio el templo y monasterio contiguo, V al mismo objeto persevera al presente, conservándose todavía en toda su integridad una de las puertas bi¬ zantinas que daba ingreso al templo. Una de las bóvedas inclinadas que sostienen los res¬ tos de la gradería ha servido hasta hace muy poco de redil para encerrar ganado; en la otra, que según to¬ das las probabilidades seria entonces uno de los vomi¬ torios ó entradas al primer podium, lo ocupan el cuar¬ to del gefe del destacamento y e! de los capataces vi¬ gilantes. No puede dudarse que en la actualidad el piso se halla como dos metros mas alto que la antigua área; y la bóveda horizontal que se halla debajo de las do.s oblicuas ya descritas, seria sin duda alguna la que en¬ cerraba las fieras, y cuya puerta comunicaría con la arena en el ya citado podium; por la razón enunciada, hoy se halla subterránea con relación al actual piso del gran palio del presidio, que ha venido á sustituir la arena del Anfiteatro. Tcrminarémos esta descripción diciendo que en las excavaciones hechas en el año 1802 en estos contornos — 1Í9 — se enconlraron algunas medallas pertenecientes al alto imperio, tesera de gladiador que posee el Sr. Her¬ y una nandez, en cuyo anverso hay esta inscripción FORTV- NATYS y en el reverso esta nota numeral Ylill; es de marfil y sehalla en buena conservación, subsistiendo el agujero por donde pasaba el cordon con objeto de lle¬ varla colgando ostensiblemente del cuello, según esta¬ ba ordenado por la ley. Al unirse la carretera del presidio ó del Milagro con la general de Valencia á Barcelona se encuentra el camino ó via militar que conduce á los fuertes de S. Jorge, de la Reina y de las Horcas. La calzada de este camino á la derecha (pasada la posesión del Sr. Ca¬ beza) se apoya sobre unos restos antiguos, los cuales se ven en el muro que la sostiene, consistentes en gran¬ des sillares evidentemente romanos, piedras con mol¬ duras y vestigios de paredes y pavimentos etc. Hace algunos años que entre estos restos se hallaba un gran sillar, ó por lo menos parecía serlo; pero los mucha¬ chos jugando rompieron un trozo de él, y se observó que estaba hueco interiormente, resultando que en vez de un sillar era un sepulcro antiguo: dícese que en su cavidad existían huesos y cenizas pertenecientes á un cuerpo humano, y mezclada con ellos se encontró una moneda que nadie se cuidó de averiguar á qué época ni pueblo correspondía. En este mismo muro se descubrieron los sepulcros hebreos de que hicimos mención en la página 86 y aun al presente se ven unas grandes piedras en forma de tumbas que presentan la misma fisonomía que aque¬ llas; su superficie está tan corroída, que no puede de¬ cirse con certeza si en otro tiempo hubo letras. Todas estas ruinas y las demás que se descubren en el recuesto que va á morir en el mar, otras en la viña de Foraster junto al reducto llamado Plaza de — 1 oO — Armas, en la del Sr. Cabeza y en el descenso de la colina en cuya cima descuella la ciudad, pertenecerían sin dispula á la población romana, que se extendia también por este costado hasta la misma punta ó cala del Milagro, cuyos edificios se reflejarían en el mar durante los días de gran calma en el pequeño golfo ó seno que allí forma, entonces de muchas mayores di¬ mensiones que las que hoy tiene. Igualmente estaría poblada la citada colina en las inmediaciones del baluarte de la Merced y fuertes de la Cruz y de S. Jerónimo, comprobándolo la multitud de vestigios de habitaciones que se hallan disemina¬ das por todos aquellos contornos. Entre la torre de S. Magin y la de S. Jerónimo existían en tiempo de Pons de Icarl unos trozos de acueducto con dirección de Oriente á Occidente, y opina este escritor que en otro tiempo una série de arcos uniría la colina de Tar¬ ragona con la próxima del Lorito y que los romanos to¬ marían el agua del rio Gayá en aquella dirección en¬ tre el Catllar y Altafulla para conducirla á Tarragona; pero á Pons de Icarl no se le ocurrió que esto era ma¬ terialmente imposible, supuesto que el agua en aquel punto pasa considerablemente mas baja que la colina de Tarragona. Es cierlisimo no obstante que los ro¬ manos tomaron las aguas del rio Gayá para el abasto de la ciudad; pero para buscar el nivel conveniente, fué preciso tomarla en las montañas deBufragaña, cerca del pueblo de Pont de Armentera á cuatro leguas de Tar¬ ragona; desde aquel punto venia encajonada hasta me¬ dia legua al N. de la ciudad, donde, para salvar una cañada que forman dos pequeñas eminencias, constru¬ yeron unas arcadas extremadamente atrevidas, com¬ puestas de bien labrados sillares, sin cal ni argamasa de ningún género; esta obra si no es tan magnifica como el justamente celebrado acueducto de Segovia, por lo menos es el segundo de España en importancia y conservación. Ambos acueductos están compuestos — 131 — de dos órdenes de arcos; el de Tarragona tiene en el inferior 11 arcos y el superior 53. Hace pocos años se hallaba tan deteriorado que amenazaba próxima ruina, pero en 1833 y 1830 fué restaurado por órden de la Comisión central de monumentos, hallándose al pre¬ sente en el mejor estado de conservación. La piedra necesitó para la construcción de este grandioso que se monumento fué extraida de una cantera que se abrió en una colina inmediata, situada á un tiro de fusil del mismo hácia el Norte(*). Aconsejamos al curioso que no se olvide de visitar el acueducto porque es digno de ello: existe bajo la denominación vulgar de Puente del diablo ó de las Ferreras junto á la carretera de Yalls, á una hora escasa de Tarragona. Ponemos aquí las di¬ mensiones de este monumento, porque no es fácil to marias sin algun peligro. (*) Debemos advertir, que es un error cuanto se dice de que para este objeto se aprovechó la cantera subterránea llamada Covas de la pedrera, y este error se funda en la pro¬ ximidad de dicha cantera al acueducto. Es verdad que los romanos ta explotaron pero fué para construir las murallas de la ciudad, asi como sirvió para el mismo la can¬ objeto tera llamada El Medo, corrupción de Olmedo, junto á la car¬ retera de Barcelona, á poca distancia del sepulcro de los Scipiones. Es curiosa la visita á aiflbas canteras; la primera consiste en una colina ahuecada, con gruesas y toscas co¬ lumnas que sostienen el techo, y para recorrerla se necesi¬ ta luz artificial. La del Medo es una excavación en grande escala, y aun se vé allí el sistema de explotación adoptado por los romanos, quienes por un capricho dejaron en el centro de una gran plaza un obelisco que sefiala lo que se profundizó, el cual se vé dividido en dos partes en toda su altura por un estrato de la roca que se advierte en las pa¬ redes verticales que dejó la excavación. La piedra de ambas canteras, conocida en el pais bajo el nombre de Piedra de soldó es calcárea, de poca dureza y se deja trabajar fácil¬ mente aun con inslrumentos de carpintería. DIMENSIONES DEL ACDEDDCTO ROMÂNO. Met. Cs. Met. :Cs. PniMEB CUERPO. 3 33 Ancho del machón lora!, junio á la roca. 3 9o Profundidad ó espesor del mismo. . . . Altura del mismo hasta la imposta. . . . 3 35 Ancho de la imposta. Profundidad de la misma 3 53 Altura de ella Altura luz del arco sobre las impostas. Abertura luz del ojo del arco en idem. . 5 70 Profundidad de las dovelas. ...... 1 90 Altura de la dovela llave Altura del filete en el primer cuerpo. . Ancho superior de este primer cuerpo en (ù el filete Z Dz Longitud de los 11 arcos inferiores ó del 73 00 primer cuerpo xUtura máxima de los primeros arcos desde la roca.. SEGUA'nO CUERPO. Anchura de los machones. ...... 1 90 Profundidad de los mismos 90 Altura de los mismos hasta la imposta Ancho luz de machón á machón.. . . C 31 Ancho de la imposta 2 00 Profundidad de la misma 1 90 Altura de la n)isma Altura, luz del ojo del arco encima la imposta Abertura luz del ojo del arco en idem. 6 72 Profundidad de las dovelas 1 io Altura de la dovela llave Altura del filete que forma el corona mento Ancho del coronamento por donde pasaba el arcaduz 1 92 Longitud total de colina á colina.. . 217 00 Altura máxima desde la roca al corona¬ mento — Iü3 — Este acueducto por las ruinas que quedan (*) se \é que venia serpenteando y buscando el nivel en las cres¬ tas del sin número de colinas de que hemos hablado ya y forman una cordillera desde la Conca de Barbera hasta el mar, siendo la de Tarragona la última de ellas. Unas veces pasa el acueducto por la superíicie de la roca, y en otros puntos penetra en ella á la manera de nuestros túneles. Al llegar à la colina del Olivo se di¬ vidia en dos ramales; el uno se dirigia como el acue¬ ducto moderno al fuerte llamado del Olivo, según al¬ gunos vestigios que quedan, y desde allí salvaba el valle que forma la separación de los dos collados de Tarra¬ gona y del Olivo por medio de otra série de arcos á fm de ganar la cumbre de la ciudad en el punto donde se hallaba el Arce ó cindadela, de la misma conformidad con que hoy entra el agua que la abastece. Al llegar al pie de las murallas de la ciudad se subdividia el acueducto en tres ramales; el uno entraba directamen¬ te á la cindadela por una abertura que aun se vé en el muroantiguo; el otro se encaminaba á Oriente y sus vestigios se conservan junto á la Falsa-Braga de¬ bajo de la torre del Capiscol, y sin duda serian los que menciona Pons de kart cerca de la torre de S. Jerélíi- mo, por cuyo medio se proveería de agua la pobla¬ ción que se e.xtendia por este costado hasta el Milagro; y el tercer ramal dirigia á occidente, según indican se otros restos que se ven debajo del Palacio arzobispal y siguen adheridos al muro de dicha Falsa-Braga, de¬ bajo del Fuerte negro, por delante de la puerta mo¬ derna del Rosario y de la antigua ciclópea y en fin el foso entre la puerta de S. Francisco y el baluarte de ( * ) Los Arzobispos aprovecharon modernamente gran parte tie los restos del acueducto romano para construir el suyo que actualmente conduce el agua á la ciudad. La obra moderna comenzó en 17 de Abril de 1781 durante la prela¬ cia de D, Joaquín de Santlan y Valdlvlelso y la terminó su sucesor D. Fray Francisco Armafiá á últimos del pasado si¬ glo con los fondos que aquél habla dejado con este objeto. -154 — S. Pablo por donde es probable se dirigirla á la ciudad patricia. Que existían en lo antiguo una série de arcos desde el Olivo á Tarragona no puede dudarse; ya porque de otro modo no era posible subir el agua á aquella altura, supuesto que según se cree los antiguos no conocían el sifón; ya también porque el citado Pons de Icart alcanzó aun ver los restos de los machones ó estribos de los arcos cuyos restos se constru¬ con yeron los del moderno acueducto: en el recuesto de la colina del Olivo, junto á las arcadas modernas .subsis¬ ten todavia parte de los machones ya mencionados. El otro brazo del acueducto que dejamos antes de llegar á la colina del Olivo, parece que estaba desti¬ nado á proveer de agua á la población plebeya: de él quedan considerables vestigios en el descenso suave occidental de la ladera de dicha colina y siguiendo el camino llamado del Ángel. En algunos puntos subsis¬ te aun entero el arcaduz abovedado, de una altura sufi¬ ciente para pasar con comodidad un hombre de pié, y el curioso puede examinar todavia un trozo perfecta¬ mente conservado en el citado camino á corta distancia de la ciudad: en de este arcaduz se vé el sedi¬ el pan mento calcáreo dejó el agua á su paso, y se ha con¬ que vertido en piedra. Este acueducto se pierde al llegar al glasis de la fortificación, y no dudamos que tor- ceria á la derecha bácia la ciudad baja ó plebeya que se extendía por toda esta llanura hasta la otra parte del rio Tulcis boy Francolí. No nos detendrémos en detallar los restos romanos que existen en los contornos de Tarragona, supuesto que son de poca importancia, solamente mencionare¬ mos las dos conocidas ruinas de Mongons'^ de Centcellas. El primero de estos dos edificios no sería estraño hu¬ biese sido un depósito de esclavos de ambos sexos, y se verificaria allí el inmoral y denigrante tráfico de compra y venta de esclavos como sucede hoy en los — 155 — bazares turcos y con los mismos repugnantes episodios. La denominación moderna viene á confirmar esta opi¬ nion, que en verdad varia bien poco de la palabra la¬ tina que significa lo mismo. Con relación á Centcellas han hablado de su anti¬ güedad y objeto casi todos los escritores que se han ocupado de Tarragona, pero con harta variedad y no siempre con la debida crítica. Todos, supongamos, re¬ ducen el origen de la palabra á Centum Cellœ por lo general equivocadamente; también la traducen cien ei- llas, unos creyendo que se referían à las cien sillas del consejo de Tarragona, à la manera del antiguo Conse¬ jo de los ciento en Barcelona; y otros hablando meta¬ fóricamente las aplican á un cuerpo de cien ginetes, especie de guardia municipal dispuestos siempre, di¬ cen, á botar en las sillas y correr en persecución de los malhechores; pero tanto la traducción como una y otra aplicación son hasta ridiculas; creemos que la pa¬ labra latina significa Cien celdas y tenemos motivo para creer que era un cuartel ó habitación para cien solda¬ dos. En Roma en la villa Adriana existen los vestigios del cuartel en donde estaba alojada la guardia pretoria¬ na, y se denomina asimismo Centum-cellœ; precisamen¬ te la tradición señala ála villa de Constantí, en cuyas inmediaciones subsiste este resto, como la antigua casa decampo en que el emperador Adriano estuvo restable¬ ciéndose de la grave enfermedad que le sobrevino en Tarragona; de manera, que por analogia podremos darle la misma aplicación que tenia la Centum cellœ de Roma. Encima de las ruinas de este edificio romano se levantó una basilica cristiana despues de expulsados los moros de esta comarca, y aun se ven las paredes de un edificio contiguo que tiene toda la apariencia de mo¬ nasterio habiendo siempre conservado la denominación algo bastardeada de Centsellas. De todos modos ni es¬ tas ruinas ni las de Mongons merecen la pena de ser visitadas. Lo que si aconsejamos al arqueólogo no deje — 156 — de visitar ei célebre sepulcro llamado de los Scipio- es nes existente á media legua de Tarragona junto á la antigua via Aurelia, hoy carretera de Barcelona, por ser un monumento digno de exámen en todos conceptos. Este sepulcro, bastante bien conservado se compone al presente de tres cuerpos rectangulares sobrepuestos: el inferior se reduce á un simple basamento; el segun¬ do está adornado de dos estátuas de alto relieve, de buena escultura, vestidas con elsagum guerrero, cuya caperuza les cubría la cabeza. El aire marítimo ha con¬ sumido de tal manera las estatuas, que apenas pueden rastrearse sus bellos contornos y delineamientos: ambas están en posición plañidera, y sobre sus cabezas, cor¬ re un largo cartelon en el que hubo una inscripción dispuesta en dos líneas. En tiempos antiguos se leía, aunque brujuleándose, gran parte de ella; hoy está tan corroída la piedra que solo se vislumbran alguna que otra letra, las cuales no tardarán mucho en des¬ aparecer. Copiárnosla aquí del mismo modo como los citados escritores la vieron. 0RN...TE...EA(}ÜAE...l..0..mS ÏER..BVSTVS.I..S..SEGL... ÏÍ...VA... Fl.. RVS VRI. PERPEIVO REMASE... Las tres últimas palabras son las que se conservan mejor. El tercer cuerpo no está, terminado y eviden¬ temente se arruinó con el tiempo; colegimos, sin em¬ bargo, que remataria en una pirámide cuadrangular, ála manera de los sepulcros etruscos. Continuamos las dimensiones de este monumento, por no ser fácil lo¬ marlas en aquel solitario y agreste sitio. El primer cuerpo, ó ba.samento, desigual á causa del desnivel del terreno, tiene en su parte mas alta 1 me¬ tro 74 centímetros, y 4.m 72.c de anchura cada uno de sus lados. El segundo cuerpo, que es la parte princi¬ pal del monumento tiene 4.m 05.c de elevación y 3.™ 94.c de anchoen cada una de sus cuatro caras; — 157 — forma su base una gola inversa, con dos filetes, y gola directa con otro filete, todo 0'34.c de altura. Cada es¬ tatua tiene 1 m 76.c de alta y se hallan encima de unos pedestales de l.m 17.c, inclusa una pequeña cor¬ nisa. En el centro de este cuerpo, entre las dos esta¬ tuas hay un sillar movible que tiene la forma de una cuña, abierta del interior hacia fuera, y se ajusta exac¬ tamente con la cavidad que de intento se dejó en la construcción y esta era la única entrada al sepulcro; pero no pasa de una fábula lo déla piedra alabastri¬ na con una inscripción que dice Pujades existió allí en otros tiempos. El tercer cuerpo tiene en la actualidad 3.m 27.c de altura y 3.m 36.c de ancho en cada cara, pero es de advertir que aun le falta el coronamento. La elevación total son 9.m 17.c, equivalentes á palmos catalanes 4" '/l6' En las inmediaciones delsepulcro se ven ruinas de edificios al parecerde la época romana que correspon¬ derían tal vez á alguna villa ó alquería y dicho sepul¬ cro pertenecería sin duda á la familia, según costum¬ bre de aquel pueblo. A tiro de fusil de este monumento hacia Occidente se halla granja, llamada Mas-ltabasa. En el patio una al pie de una elevada torre se vé esta inscripción que se halla bien conservada D. M. L. LVCIFERO . . NICEPHO . RO. SEYIR AVGVSTOR. Llegamos al último resto que debe ocupar la ya atención del arqueólogo y lo designamos como uno de los mas notables por sus formas, dimensiones y buen estado de conservación. Es el sencillo y elegante arco — 1S8 — que se hallala misma via Aurelia hoy carrelera de en Barcelona, la cual pasa por debajo de él. Hace pocos años que por orden del comandante general del distri¬ to fué restaurado, á la verdad con bien poco acierto, quitando los restos de cornisa que existian y sustitu¬ yéndolos con un mal entendido cornisamento ageno é impropio de la arquitectura del monumento; sobre todo, se cometió la profanación de picar la inscripción an¬ tigua que existia en e! friso, reemplazándola con otra esculpida en planchas de mármol blanco, las cuales tuvieron que quitarse al poco tiempo. Por fortuna en la cara que mira á Oriente y en el arquitrabe se con¬ servan vestigios de la inscripción antigua que era esta. EX. TESTAfflTO l. LICIXl. l. F. SERG. SVRAE. CON... TDM. Los críticos leen Ex testamento LucH Licinii Surae, Lucii filü Sergia confectim ó constructim en vez de con- secratum que otros dicen. Las dimensiones son: altura del ojo del arco 10 me¬ tros li centímetros; anchura del mismo 4.m 87.c; es¬ pesor ó grueso del monumento 2.® ¡li.c y altura mᬠxima basta el cornisamento 12.m 28.c y otros 12 metros total anchura. Este arco se halla á dos leguas de Tar¬ ragona, y se presume haber sido erigido por órden de Lucio Licinio Sura, en tiempo de Trajano, por pura ostentación y sin objeto determinado. Una singularidad debemos hacer observar y es, que la inscripción que en el costado que mira á Tarragona se hallaba en el friso, según queda dicho, en la parte de Barcelona se halla en el arquitrabe, y á esta feliz casualidad se debe la salvación de los vestigios de la sobredicha inscrip¬ ción: de la que aun puede con cuidado distinguirse des¬ de abajo esta cláusula mutilada AMENTO. L. LICIN. Con este monumento damos fin á nuestra descrip¬ ción de losantiguos restos que al presente enciei'ra Tarragona. Bien pocos son en verdad si se considera — 159 — la^ gran importancia que tuvo esta ciudad, capital en tiempos de mas de la mitad de la Península es¬ ■cítrros pióla; pero ha de tenerse presente que además de las dos destrucciones monumentales, que sufrió aun du¬ rante el imperio romano, le cupo la fatal suerte de ser casi completamente demolida en los últimos mo¬ mentos de la dominación árabe en Cataluña. Por otra parte, las ruinas de Tarragona han sido una verda¬ dera cantera de construcción, que por espacio de mas de trece siglos se ha esplotado, aprovechando los in¬ apreciables restos de la antigüedad para la erección de modernos edificios, podiendo decirse sin exageración, que desde la suntuosa catedral hasta la mas pobre ca¬ bana, han sido edificados con materiales romanos, la mayor parte de los cuales solo han variado de objeto pero no de forma. Raro es el edificio entre cuyas pa¬ redes no exista algun resto arquitectónico, ni cimiento enel que no se haya empleado alguna lápida; á esta causa continua de destrucción debe añadirse el gran número de objetos que han sido arrebatados (*) y ad¬ quiridos los estrangeros enriqueciendo así sus mu¬ por seos. Esto tan exacto cuanto que del infinito nú¬ es mero de lápidas descritas por Schotto y Grutero, que existian incólumes en tiempo de D. Antonio Agustin, (11)86) se conservan muy pocas en la actualidad: de los restos que menciona Pons de Icart en su Grandezas de Tarragona cap. XXX no pudo ya ver ninguno el P. M. Florez; y de los que describe este erudito es¬ critor á mediados del siglo pasado en el tomo 24 de su EspaTia sagrada, muchos han ya desaparecido: asi es que el Museo actual, recomendable por el número (*) El Dean de Alicante citado por Florez Esp. Sag. t. 24 pag. 2í4, dice: «Per próxima beiia, cum eruditi quídam An- gli Tarraconensem agrum diligentius lustrassent, raagnam ínscriptorum iapidum vim duabus onerariis impositam, iu Alagonis portum miscrunt, ut inde in Angiiam aveherentur- Etiam in Gailiam non nihil abductum. Lib. 22. Epist. 4. — 160 — y mérito desus restos, á pesar de que solo cuenta veinte años desde su formación está compuesto de ob¬ jetos que no habian conocido aquellos escritores, reco¬ gidos todos desde el segundo tercio de este siglo; con¬ sidérese pues lo que sería en la actualidad si desde dos ó tres siglos se hubiesen recogido y conservado. Felizmente España ha entrado en un período de regeneración y cultura, y si antes eran mirados con indiferencia ó desprecio los vestigios de la antigüedad, ya no sucede en nuestros tiempos en que los adelan¬ tos de la civilización han despertado en ja juventud ilustrada el interés y amor á las antigüedades, prin¬ cipalmente desde que en esta pohiacion algunos de nuestros compatricios concibieron y llevaron á cabo el laudable pensamiento de fundar la Sociedad Arqueo¬ lógica Tarraconense y establecer el Museo que, si bien en un principio pudo ser insignificante, tiene en el dia grande importancia y ha de progresar y prosperar in¬ dudablemente bajo la poderosa protección de la Dipu¬ tación provincial y Municipio, de cuyo ilustrado celo y patriotismo es de esperar que secundando las pres¬ cripciones del Gobierno y los nobles y desinteresados desvelos de la Comisión de Monumentos y Sociedad Arqueológica, coadjuvarán eficazmente al fomento de una- ciencia que, al paso que enaltece nuestra patria con los gratos recuerdos y testimonios de sus antiguas glorias, contribuye á la ilustración denuestros con¬ ciudadanos y atrae gran número de estudiosos viajeros de todos países, escitados por la fama de las notables antigüedades que en su seno conserva nuestra ama¬ da Tarragona. FIN. ÍNDICE de los objetos mas notables que se mencionan en este libro. Páginas. Circo romano 3. Pozo ciclópeo IS' Foro romano 18, 89, 106. Angulo oriental del palacio de Augusto (Casti¬ 20. llo de Pilatos ) 26. Templo dedicado á Augusto 30. Capitolio romano 32. Iglesia Catedral. U. Claustro de la misma 60. Aula Capitular ó capilla de Corpus-Christi., Capilla titular de la Yírgen del Claustro. . 63. Capilla del Sino. Sacramento, antes Refectorio Mezquita de Abd-el-Rhaman 64, 73. Dimensiones de la Catedral 66. Fuente a.scendenle natural 70. 72. Iglesia de Sta. Tecla (ta vieja), bizantina. . 74. Abside exterior de la Catedral 76. Templo bizantino de S. Pablo. ..... 77. Castillo del Paborde, Arce romano y Alcazaba Palacio del Arzobispo 78. Muro ibérico; brecha con el ariete. . . • 88,126 Angulo occidental del palacio de Augusto (Pallol) 106 Museo arquelógico 108 Recinto Sagrado ó templo troglodita.(Esplanada) 109 Ciudad patricia; ruinas en la cantera del puerto. 112 Miradoí" de Sta. Clara; panorama que desde él se disfruta H'l Anfiteatro romano; (Presidio) l'ri,116 Muros ciclópeos y romanos; su descripción. . 117 Páginas. Falsa-braga; restos ntlabies que su recinto en¬ cierra 120. Torre cíclope-romana de S. Magín 123. Torre del Arzobispo 125. Puerta ciclópea del Rosario 129. Puerto primitivo y romano í3o. Templo de Minerva; sus vestigios 138. Ruinas de Tarragona por épocas ( cantera del puerto) lio. Termas ó baños romanos . . Ii2. Plaza de la cantera lid. Acueducto romano . 130. Mongons y Centsellas . loi. Sepulcro de los Scij iones 136. Arco de Sura ó Bará " . . . 137. ERRATAS. PÁG. Lm. Dice. Debe decir IV 10 del nuestro de nuestros estudios, IX 3d de la, civilización de la civilización i;í 30 apatecibles apetecibles 23 1 Las dos primeras Las tres primeras Id. 2 una eslálua la estatua de una persona 27 7 sobre 40 meiros sobre 20 metros 33 24 ...ALA&, KIT.. ..ALAG..RIT. . . 3í 22 yedra hiedra 38 33 diáfanas aéreas. 42 32 en esta Ciudad á esta ciudad " 46 29 Rocaberts Rocaberti 48 12 debajo dei cerco debajo del arco 98 2 QVlRInae QVlRIna 116 24 Coselaneos cosetanos 134 4 alevo , álveo 139 2 EXHEDRK EXHEDRA 14fi 2.3 y 71 cents y 71 metros N.® Registro: Signatura; Armario Estante :í-r->ííP;'i:gíj: ,v»v.:^^ '/i%T.í J···'·í·-Ír ■i:i;TEr>:-K%^f: WSM^.